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Bioetica - Lino Ciconne

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Carlos Alberto Rodríguez Ofm

Academic year: 2022

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Colección: Pelicano

Director de la colección: Juan Manuel Burgos C Edizioni Ares, 2003

ü Ediciones Palabra, S.A,, 2005

Paseo de la Castellana, 210 • 28046 MADRID (España) O Traducción: Antonio Esquí vi as

Diserto de La cubierta: Carlos Bravo I.S.B.N. 84-8239-899*7

Depósito Legal: M. 2.863-2005 Impresión: Gráficas Rogar, S. A, Prlnted in Spain - Impreso en España

Todo* los derechos reservados.

No « t i permitida la reproducción total o parcial de este libro, nt su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o par cualquier medio, ya sea

electrónico, mecánico, por fotocopia, por registra u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor.

LINO CICCONE

BIOÉTICA

HISTORIA. PRINCIPIOS. CUESTIONES

Pelícano

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PREFACIO

El título, Bioética: historia-principios-cuestiones, indica ya con bas­

tante claridad la fisonomía esencial de este volumen. Primero fue pen­

sado como un complemento al libro de Moral de la vida física: La vita umana (Ed. Ares, Milán 2000). Un texto, por tanto, que podía aspirar a ser utilizado también en las escuelas de teología, y así se anunciaba ex­

presamente en el Prefacio. Sin embargo, al comenzar la redacción me he dado cuenta de que ese proyecto era excesivamente ambicioso y presun­

tuoso. Una elaboración sobre bioética no puede marginar, desde los co­

mienzos, una serie de complejas y discutidas cuestiones, unas profundas, otras sutiles, que se tratan en la literatura sobre el tema, pues equivaldría a que su comprensión quede reservada solamente a los especialistas en el tema.

Por este motivo, me ha parecido necesario por mi parte replantearme el proyecto inicial. Este volumen quiere ser solamente un primer acerca­

miento a la bioética, a su historia, a su fisonomía y a alguna de las nume­

rosas cuestiones concretas que una praxis difusa y consolidada considera que pertenecen al campo de la bioética y que se encuentran ampliamente presentes en los medios de comunicación, por lo que tam bién forman parte de la cultura de la gente común.

Por consiguiente hay aspectos, elementos, cuestiones, íntegramente suprimidas, otras apenas esbozadas. Sin embargo, no faltan, entre las notas y las referencias bibliográficas, referencias de algunos de los m u­

chos estudios existentes en los que se pueden encontrar desarrollos y profundizaciones.

Por tanto, el libro no es para quien haya asistido a cursos de bioética o, cuanto menos, estudiado tratados amplios sobre el tema. Se dirige, más bien, a quien se acerca a la bioética por primera vez y quiere tener una primera orientación.

Teniendo en cuenta estos límites, ¿puede todavía ser este libro un complemento suficiente para los estudios sobre Moral de la vida física de las escuelas de teología? La respuesta depende del espacio que se dedica a la Moral en la ordenación de estudios de cada instituto. Espacio que ñor-

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malmente es apenas suficiente para asegurar lo esencial de lo que los cur­

sos del nivel institucional deben desarrollar en los diferentes ámbitos de la teología moral. La relación entre bioética y moral de la vida física será expuesta en su lugar correspondiente. El modo en que esa relación es ex­

puesta en la organización académica es un problema susceptible de diver­

sas soluciones. Sin embargo, no se puede dudar que, tanto para los futu­

ros pastores como para los laicos cristianos que se preparan para tareas de apostolado o, al menos, de diálogo con el mundo, un conocimiento su­

ficiente de la bioética es decididamente indispensable, puesto que nume­

rosas cuestiones de importancia fundamental son objeto de debate pú­

blico, en los lugares más diversos, desde los medios de comunicación a los Parlamentos y los lugares de decisión internacionales, donde se trata de los términos, las concepciones y las perspectivas de la bioética.

Al autor le gustaría que la presente publicación pueda ser útil tam ­ bién para esas personas, muchas, que no acuden a ningún curso acadé­

mico como los señalados, para ello ha evitado en lo posible toda termino­

logía extraña al lenguaje corriente, aunque sea sugerente en ocasiones y sea la preferida por muchos filósofos, teólogos y especialistas en bioética.

Como se desprende con facilidad del índice, la exposición se divide en dos partes; en la primera se desarrollan las cuestiones que se pueden de­

nom inar Bioética general y fundamental, partiendo de la historia de los orígenes de la bioética. La segunda, bajo el título Cuestiones particulares, afronta una serie de temas particulares, escogidos entre los muchos que, con razón o sin ella¡ son considerados tema de la bioética.

Por tener incluso entre los posibles destinatarios de este volumen también a quienes no tienen familiaridad con las publicaciones de teolo­

gía moral, he tenido cuidado en evitar las cómodas abreviaturas y poner íntegros los títulos de las obras y revistas que se citan.

PARTE PRIMERA

BIOÉTICA GENERAL Y FUNDAMENTAL

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Capítulo I

LOS ORÍGENES DE LA BIOÉTICA

Hace tan solo treinta años, hasta 1970, nadie hablaba de bioética, ni siquiera existía el término el lengua alguna. Por esto no sorprende que no exista una definición compartida de bioética y que existan muchas discu­

siones sobre su estatuto epistemológico. Incluso la historia de sus oríge­

nes, a pesar de hallarse tan cercana a nosotros, es compleja y discutida en muchos de sus detalles. Voy a intentar dibujarla simplificando una realidad que es más compleja.

1. LOS ANTECEDENTÉS INMEDIATOS

Lo que toma el nombre de bioética no es algo que parte de cero. Exis­

ten antecedentes cercanos, es decir, un terreno favorable para su surgi­

miento, y existen antecedentes remotos o raíces lejanas y profundas. Pro­

blemas m orales sobre la vida, la salud, la m edicina eran objeto de estudio serio y sistemático desde hace tiempo. Limitando nuestra aten­

ción al siglo xx, podemos decir que, en el mundo occidental, un estudio de ese tipo era terreno casi exclusivo de la teología moral de la Iglesia ca­

tólica; mientras que algunos aspectos, de los problemas sobre la vida y la salud humana, afines a los morales, eran objeto también de otras disci­

plinas, como la deontología médica y la medicina legal. En teología mo­

ral, el tema tenía habitualm ente su lugar en los Manuales de Teología Moral de los centros de enseñanza de teología.

Sin embargo, ya a partir del final del siglo xix se había añadido un fi­

lón monográfico que presentaba un estudio específico de esos proble­

mas, incluyendo los que pertenecen al ámbito de la sexualidad, con m u­

cha m ayor amplitud y sistematización. El iniciador fue un sacerdote, profesor de ciencias naturales, Giuseppe Antonelli, que en 1891 publicó, en dos grandes volúmenes, la obra Medicina pastoralis in usum confessa- riorum. La Medicina pastoral se convirtió enseguida en una nueva mate-

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ría, al menos en las universidades eclesiásticas y en muchos seminarios, con la consiguiente aparición de manuales más o menos amplios.

En tiempos más cercanos a nosotros se dibuja otro filón de la teolo­

gía moral y también de filosofía, con carácter monográfico, con la deno­

minación de Ética médica. Como indica el título, se trata de estudios que se ocupan exclusivamente de esos problem as en que se encuentra en juego la vida y/o la salud, y en los que interviene personal médico.

A todo esto se añade la intervención del Magisterio pontificio, de­

bida a Pío XII. Muchos de los problemas que serán objeto de la bioética fueron tratados con amplitud y profundidad en una serie de discursos, a m enudo verdaderam ente «magistrales», dirigidos casi siempre a un auditorio altamente cualificado, como son los Congresos y los organis­

mos científicos1. La riqueza y validez de este Magisterio es tal que al- gún investigador de relieve no duda en ver en él la prehistoria de la bio­

ética2.

Hay que añadir algún otro elemento con referencia a los Estados Uni­

dos, debido a que ese será más adelante el lugar del nacimiento de la bio­

ética3. En la década de los sesenta sucedieron algunos hechos que term i­

naron por provocar un interés nuevo y difundido en los problemas éticos en el ámbito de la vida y de la medicina. La divulgación de abusos come­

tidos en la experimentación con seres humanos y en otros ámbitos de in­

vestigaciones biomédicas suscitó discusiones vivaces en la opinióft pú­

blica y en el mundo científico, con significativas repercusiones también a nivel político. Aparte de los abusos, una toma de conciencia creciente de aspectos y consecuencias deshumanizadoras de una medicina cada vez más técnica aportaba una contribución considerable a la difusión de un ambiente cultural que era favorable, inconscientemente, para acoger lo que será el fenómeno de la «Bioética». De este modo, en 1967, se produjo en el terreno académico la fundación del primer departamento de Cien­

cias humanas para estudiantes de medicina en el campus de Pennsylva- nia y, por parte del gobierno USA, la constitución de un comité para el control de la experimentación sobre sujetos humanos, mientras que en los ambientes del Congreso se percibía un interés creciente por los Valo­

res Humanos en la Medicina.

1 Estos discursos, además de en Jas colecciones oficiales, se encuentran reunidos en el libro dirigido por F. A n g e lin i, PíoXII. Discorsi ai m e d id , Orizonte Medico, Roma 1959 (y posteriores ediciones).

2 G. Russo, La «prehistoria» de la bioética, en G. Russo y colaboradores, Bioética gene- rale e fondamentale, Sei, 1\irín J995, pp. 381-383.

3 Para más información, además de las que se indican, ver G. Russo, La prima pietra:

L'Hastings Center, en G. Russo y colaboradores, Bioética generate e fondamentale (o. c ), pp. 387-393.

En este clima y contexto, y gracias a la genialidad de un conocido fi­

lósofo, Daniel Callahan, ayudado por un amigo psiquiatra, Willard Gar- din, se funda en 1969 una institución cuyo título es ya un programa de bioética antes de que exista: Institute of Society, Ethics and the Life Scien­

ces, más conocido como Hastings Center, debido al nombre de la ciudad en la que tuvo su sede, Hastings-on-Hudson, a 20 millas al norte de Nueva York. Su inspiración de fondo era que «los problemas éticos de las modernas biotecnologías necesitan, para poder ser solucionados, un es­

fuerzo interdisciplinar sin precedentes y una clara voluntad de reunir ciencias experimentales y ciencias hum anas»4. Enseguida podrem os constatar que en estas concepciones se encuentra ya el núcleo central de lo que va a ser llamado «Bioética».

En este m omento tenemos elementos suficientes para com prender cómo se ha llegado a la aparición de la bioética, evitando el riesgo de atribuirla enteram ente a la genialidad de una o dos personas, aunque esta genialidad se ha producido. Ahora vamos a centrar la atención en este último factor, que, en el contexto que acabamos de describir, sin fal­

sas exageraciones aparecerá como un papel, desde luego, de prim er plano, aunque no como factor único y determinante.

2. EL NACIMIENTO DE LA BIOÉTICA

Este papel de primer plano en el nacimiento de la bioética hay que re­

conocérselo a dos científicos clínicos, de origen holandés, pero que en los años sesenta trabajaban en los Estados Unidos: el oncólogo Van Renselaer Potter y el fisiólogo de embriología humana André Hellegers (1925-1979), ambos catedráticos universitarios e investigadores. Potter posee el mérito de haber forjado el término «bioética» y haber elaborado los rasgos esen­

ciales de la fisonomía de esta nueva ram a del saber. Por su parte, Helle­

gers «fue quien introdujo el término bioética y, con él, un campo de inves­

tigación de interés común, en el mundo académico, en el de las ciencias biomédicas, en el gobierno y en los medios de comunicación»5, apo r­

tando, además, cambios notables al modelo de bioética delineado por Pot­

ter. Pero sobre todo esto hay que aportar algunos datos posteriores.

La aparición del térm ino «bioética» tiene fecha y «lugar» precisos.

En 1970, Potter publicó un artículo con el título Bioethics: the Science o f

* G. Russo, La prima pietra: L'Hastings Center, en G. Russo y colaboradores, Bioética gerterale e fondamentale (o. c.), p. 389.

5 W a r r e n T. R e ic h , Modelli di bioética. Potter e Kennedy Institute a confronto, en G. Russo y colaboradores, Bioética generale e fondamentale (o. c.), p. 31.

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14 Bioética

Survival6. El título, además de lanzar el nuevo término, proponía una concepción precisa de bioética: «ciencia de la supervivencia». Ense­

guida veremos cuál es el significado de esta expresión. Potter, al poco tiempo, le añade otra y no con un artículo, sino con todo un libro: Bioe- thics: Bridge to the future, que aparece en enero de 19717 y en el que es­

tán recogidos varios de sus artículos8.

Reduciendo a lo esencial todo lo que habría que decir, incluimos un mínimo de explicación de la no habitual terminología y de la concepción inicial de la bioética por Potter. Potter compartía con otros estudiosos y pensadores la convicción de que la existencia de la especie hum ana no solo no está garantizada, sino que se encuentra seriamente amenazada.

Esta amenaza se ha hecho particularmente grave en nuestro tiempo de­

bido a las graves alteraciones de los equilibrios biológicos y a la creciente contaminación de los ecosistemas, fruto de un saqueo insensato de la na­

turaleza por parte del hombre, que actualmente se encuentra en posesión de formidables poderes manipuladores, que le han conferido los vertigi­

nosos progresos tecnológicos, especialmente en las biotecnologías, pro­

ducidos en un contexto de separación neta entre ciencias experimentales y ciencias humanas, especialmente la ética. Por esto se produce la pro­

puesta de una nueva materia de estudio con la tarea específica «de la in­

vestigación de una sabiduría, es decir, de un conocimiento que nos haga capaces de realizar juicios adecuados en relación con lo que podría cons­

tituir un progreso físico, cultural o filosófico para una supervivencia hu­

mana valiosa»9.

Podemos intuir ya en qué sentido los nuevos estudios se configuran como «ciencia de la supervivencia» y «puente hacia el futuro», puente entre ciencias experimentales y ética que esté en condiciones de garanti­

zar el paso, un «puente» hacia el futuro. Pero ¿por qué llamarla bioé­

tica? Es singular y sorprendente la respuesta que el mismo Potter da a Reich en una entrevista de 31 de agosto de 1992: «Un día, mientras se alejaba de “McArdle Laboratories forCancer Research" de la University of Wisconsin, se brotó en la mente de golpe la palabra "bioética”, que

"fue precisamente un Eureka feeling”»*0. Intuición de la que el mismo Potter se ha encargado de mostrar la racionalidad de significados y con­

6 En la revista de la University of Wisconsin, «Perspectives in Biology and Medicine»

14(1970), pp. 120-153.

7 Editorial Pentrice-Haü, Engelwood Cliffs.

8 Datos que proporciona el autor mismo: V. R. Potter, Bioética globale: la mia filoso­

fía, en G. Russo (dir.), Bilancio di 25 anni di Bioética, Un rapporio dai pionieri, Elle Di Ci, Leumann (Tlirín) Í997, p. 75.

9 Warren T. Re ich, Modelli di bioética. ... (o. c.), p. 36.

10 WarrenT. Re ich, Modelli di bioética. ... (o. c.), p. 30 y nota 16 en la p. 609.

m mmmma

t

lo s orígenes de la bioética 15

tenidos: «La Bioética ha aparecido como una nueva materia de estudio que enlaza el conocimiento biológico con el conocimiento de los siste­

mas de valores humanos [...]. He escogido bio para indicar el conoci­

miento biológico, la ciencia sobre los sistemas vivos, y he elegido ética para indicar el conocimiento sobre los sistemas de valores hum anos»11.

De modo más amplio: «El género hum ano necesita urgentem ente de una sabiduría como guía para la acción, un saber cómo utilizar el cono­

cimiento para el bien y el futuro de la condición hum ana, de una ciencia de la supervivencia, la bioética, que tiene el requisito fundam ental de promover la calidad de vida. Consideramos que esta ciencia de la super­

vivencia debe ser construida, desde luego, sobre las ciencias biológicas pero llegando más allá de sus confines tradicionales, es decir, inclu­

yendo los elementos fundamentales de las ciencias sociales y antropoló­

gicas, con particular referencia a la filosofía en su sentido estricto de

“amor a la sabiduría"»12.

Potter también indica cuáles han sido sus principales inspiradores: C.

H. Waddington, profesor de genética animal de Edimburgo, «un bioético antes de que la palabra fuese inventada»; M. Mead, la conocidísima an- tropóloga, quien en un artículo decía: «tenemos necesidad en nuestras universidades de cátedras de futuro»; T. Dobzhansky, «que colaboró vital­

mente en toda la estructura de la bioética que yo estaba pensando», por último, Aldo Leopold, un ecologista que tuvo el mérito de entender la co­

rrelación entre comportamientos humanos y equilibrio del ecosistema, y sus efectos en la evolución del mundo y de ía especie humana. A propó­

sito de este último, Potter indica: «He dedicado un libro mío a la heren­

cia de su pensamiento»13.

3. PRIMEROS DESARROLLOS

El térm ino bioética tuvo un éxito fulgurante, superior quizá a cual­

quier otro neologismo. Enseguida penetró en todos los ambientes, desde los universitarios y de la investigación científica a los de los lectores de

11 V. R. Po t t e r, Humility with Responsability - A bioethics por Oncologist: President Adress, en «Cáncer Research» 35 (1975), 2297, 2299, citado en G. Russo y colaboradores, Bioética generale e fondatnentale (o. c.), p. 29. El párrafo citado está en inglés.

12 G. Russo - V. R. P o t t e r , La prima idea di bioética, en G. Russo y colaboradores. Bio­

ética generale e fondatnentale (o. c.), p. 14.

13 G. Russo - V. R. Potter, La prima idea di bioética, p. 12. El libro dedicado a Leopold es V. R. Potter, Global Ethics, Building on the Leopold Legacy, Michigan State University Press, Esat Leasing 1988. Una breve y precisa información sobre los dos principales inspi­

radores de Potter aparece en: G. Russo, Leopold, Waddington e Van Renselaer Potter, en G. Russo y colaboradores, Bioética generale e fondamentale (o. c.), pp. 384-386.

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periódicos, desde los parlamentos y sedes internacionales a los ambien­

tes privados y los bares.

Sin embargo, es muy diferente el destino que le correspondió a la concepción o modelo de bioética elaborado por Potter. En el origen de que pasase a la sombra y se impusiese un modelo diferente, se encuentra el ya recordado André Hellegers. Pero, antes de exponer su concepción de la bioética, es útil saber algo más sobre sus méritos, a los que ya se ha aludido, en la rápida difusión de la bioética. «Ha sido él quien ha levan­

tado y dirigido el primer instituto del mundo dedicado específicamente a la "bioética", un instituto universitario único en su modo de hacer inter- disciplinar. Fue él [...] quien estableció que la palabra bioética apareciese en el nombre del instituto desde 1971: "The Joseph and Rose Kennedy Institut for the Study of Human Reproducirán and B io e th ic s instituto que estaba integrado, como una de sus tres secciones, por un “Center for Bioethics”»14. Se trata de un instituto perteneciente a la Georgetown Uni- versity of Washington, una universidad católica, dirigida por los jesuítas.

De este modo, Hellegers creaba también «el prim er equipo permanente de investigación interdisciplinar sobre bioética, que enseguida se convir­

tió en un centro piloto a nivel internacional»15.

No obstante, la concepción de la bioética que promovían Hellegers y la Georgetown University no coincidía con la propuesta por Potter. Una divergencia que es debida a diversos factores y que solo en un estudio más amplio es posible resaltar16. Renunciando aquí a un análisis deta­

llado de divergencias y convergencias entre las dos concepciones17, me limito a citar algunas afirmaciones sacadas del estudio de Reich ya ci­

tado. Para Hellegers, la bioética no es una nueva m ateria, sino que

«forma parte de una antigua materia, pues es una rama de la ética apli­

cada clásica». Su tarea es «resolver [concretos] problemas morales en el campo biomédico a través de la aplicación válida de principios éticos ya existentes y universales». Debido a una serie de factores de diverso tipo y nivel (Reich da una lista de unos diez), «la definición y el enfoque de la bioética de Georgetown se convierten en dominantes, m ientras que la idea de Potter sobre la bioética ha quedado en su mayor parte como marginal»18.

14 WarrenT. Re ic h, Modelli di bioética ... (o. c.), p. 31.

15 WarrenT, Re ic h, Modelli di bioética ... (o. c.), p. 33.

16 Por ejemplo, se puede ver lo que escribe sobre este punto uno de los estudiosos que fu e protagonista, junto a Potter, de las vicisitudes de la recién nacida bioética: W. T. Reic h, II termine «bioética». Nascita, Provenienza, Fotta, e n G. Russo *{dir.), Storia delta bioética, Armando, Roma 1995, pp. 157-206; aquí interesan las páginas 186-194.

17 Véase el estudio de Warren T. Re ic h, Modelli di bioética ... (o. c.), pp. 27-45.

18 WarrenT. Reic h, Modelli di bioética ... (o. c.), p. 36.

1

Además, teniendo en cuenta el desarrollo de los dos enfoques, Reich puede afirmar y documentar: «Pasando a la comparación entre los dos planteamientos, he visto que Potter y Hellegers no se encontraban tan distanciados, a pesar de las diferencias entre los dos [...], de hecho cada uno ha desarrollado en bioética una perspectiva que, debido a amplitud - de motivaciones, puede considerarse global»19. Global desde más de un punto de vista. Antes de nada debido al horizonte asignado a la ética, que es el bien del mundo entero. Además, porque en la bioética deben encon­

trar un lugar todos los problemas éticos planteados por las ciencias de la vida y de la salud. De nuevo hay que otorgar el mérito a Potter por haber forjado el término «bioética global», es decir, que comprende la médica y la ecológica20 o, con palabras del mismo Potter: «una bioética en la que la calidad de la vida física (medical Bioethics) esté coordinada con la cali­

dad de la vida ambiental y ecológica (ecological Bioethics)». También:

«Una bioética global, como ciencia de la supervivencia, debe poder defi­

nir lo que es justo y lo que es equivocado en términos de supervivencia y protección de la biosfera»21.

Ya se ha aludido al rápido éxito que tuvo el término bioética. Hay que añadir que por el mundo (al menos el occidental) no solo se difunde el término, ya que en pocos años surgieron un poco por todos sitios, Cen­

tros e Institutos universitarios de bioética, Comisiones y Comités de bio­

ética a diversos niveles, desde el estatal e internacional, al local de con­

cretas instituciones sanitarias, tanto de atención al enfermo como de investigación. También apareció una rica floración de revistas científicas de bioética. Sobre esta difusión de la bioética diremos algo enseguida.

Es sorprendente, también, la rapidez con la se ponen en marcha di­

versas formas de coordinación internacional. Desde 1984, los siete países más industrializados organizan una Conferencia Internacional de Bioé­

tica, en la que participan expertos elegidos por los gobiernos. Las conclu­

siones se envían a estos últimos con ocasión del habitual encuentro eco­

nómico. En diciembre de 1992 se constituye la Asociación Internacional de Bioética (AIB). Menos de un año después, en septiembre de 1993, la UNESCO constituyó un Comité Internacional de Bioética, cuya sede se encuentra en París22.

151 W a r r e n T. R eich , Modelli di bioética ... (o. c.), p. 39.

20 La re fe re n c ia p ro c e d e d e l a o b ra , y a c ita d a , V. R. P o t t e r , Global Ethics, Building on the Leopold Legacy (o. c.).

21 G. Russo - V. R. Potter, L’idea originaria di bioética, e n G. Russo (dir.), Storia della bioética (o. c.), p. 153 s.

22 Para informaciones más amplias de estos puntos ver E. Sgreccia, Manuale di bioé­

tica I. Fondamenti ed etica biomédica. Vita e Pensiero, Milán 1996, en su capítulo primero

«Origini, diffusione e definizione della bioética», especialmente, pp. 32-42.

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18 Bioética

La rapidez de la aceptación de la bioética en la sociedad contemporá- nea es un signo y una prueba evidente de que la bioética constituye la respuesta a una expectativa y una necesidad profunda y ampliamente di­

fundida, aunque no sea explícitamente percibida por todos. En síntesis, se trata de la necesidad de una ayuda seria para individuar las vías de sa­

lida de una situación cargada de amenazas mortales, para el hombre y para toda forma de vida de la tierra. Su finalidad es no dejar solo en ma­

nos de biólogos, médicos e investigadores la gestión de los nuevos y siempre crecientes poderes sobre la vida, a los que se ha llegado con los rápidos y revolucionarios progresos científicos y técnicos23.

Como último dato sobre el nacimiento y el desarrollo primero de la bioética, hay que hacer notar el papel de prim er plano jugado, entre otros, por filósofos y teólogos, tanto católicos como protestantes. Por in­

dicar solo algunos entre los nombres que pueden ser considerados como los más influyentes; Ramsey, Haering, McCormick, Curran, Joseph Fuchs24. Por otro lado es significativo el hecho, ya puesto de relieve, que precisam ente en una universidad católica, Georgetown University, es donde la bioética ha adquirido la fisonomía que ha tenido la mayor difu­

sión en el mundo.

4. EL PAPEL DETERMINANTE DE LOS FACTORES CULTURALES ,

A los diversos elementos citados hasta ahora hay que añadir otro or­

den de factores, que resultan necesarios para una mejor comprensión del proceso del nacimiento de la bioética en nuestro tiempo, factores de tipo netamente cultural.

Se puede considerar que la generalidad de las personas ha adquirido la suficiente toma de conciencia de las amenazas que gravan la posibili­

dad misma de la vida en nuestro planeta. Por un lado, amenazas de heca­

tom be nuclear, debida a una nueva guerra m undial siempre posible;

amenazas de catástrofe ecológica, debido a la grave y siempre creciente contam inación del aire, el agua, la tierra, por tanto, de todo lo que el hombre come y respira, en una palabra, la qóntaminación de la biosfera.

Se podría considerar que también es conocida otra amenaza a la que se ha aludido ya, la que se refiere a los nuevos poderes sobre la vida, otor­

23 Cf. G. Russo, Storia delta bioética, en S. Leo n e- S. Privitera(dir.), Dizionario di bio­

ética, Edizioni Dehoniane, Bolonia - Istituto Siciliano di Bioeticá, Acireale, 1994, pp 94- 96.

24 G. Russo, Storia della bioética dalle origini ad oggi, en G. Russo (dir.), Storia della bio­

ética (o. c.), p. 13.

1

Los orígenes de la bioética 19

gados por los recientes desarrollos de las ciencias biomédicas. Pero en este punto es demasiado frecuente el caso de conocimientos aproxima­

dos y fragmentarios. Por esto es conveniente decir algo, aunque sea bre­

vemente y como una mirada global.

«La medicina ha cambiado más durante los últimos cincuenta añoa que durante los cincuenta siglos anteriores»25. Esta afirmación, aun sin la autoridad de su autor, Claude Bemard, tiene la evidencia de un dato de hecho. El espectacular desarrollo de la medicina, según el mismo Ber- nard, es fruto de dos revoluciones que se han producido en rápida suce­

sión: «La revolución terapéutica, que comienza en 1937 con las sulfami- das, y la revolución biológica, que la sigue, con la ingeniería genética y la patología [sic, quizá biología] molecular». Como consecuencia, nuevos y complejos problemas se presentan también para la ética. Otra fuente de nuevos problemas surge, m ientras tanto, de la aparición y difusión de técnicas de reanimación y trasplante de órganos. Hay que añadir que la revolución biológica, con el dominio que otorga sobre la reproducción, sobre el patrimonio hereditario y sobre el sistema nervioso, levanta raci­

mos de problemas éticos que implican no solo a los médicos, sino a to­

dos.

Antes de pasar a indicar las más profundas raíces de la aparición de la bioética, en lo que se refiere al humus favorable para su germinación, se puede establecer una prim era conclusión, basándose en los datos puestos de relieve hasta aquí. La bioética está constituida por el confluir de dos factores, que están relacionados e interactúan entre sí: por un lado, un progreso sin precedentes de las ciencias biomédicas, que plan­

tean nuevos e inquietantes problemas; por otra, la sensibilidad de algu­

nos estudiosos, acostumbrados a la reflexión ética en los problemas que se refieren a la vida y a la salud, en un país, los Estados Unidos, que se encuentra en la vanguardia de la investigación científica.

5. LAS MÁS PROFUNDAS RAÍCES DE LA BIOÉTICA

Para comprender mejor el surgimiento de la bioética y su fisonomía, es necesario ir más al fondo y también más atrás en el tiempo; solo de este m odo se puede escapar al peligro de asim ilar su aparición a un hongo que aparece después de una lluvia abundante, mientras que se pa­

rece más a una ram a frondosa que se desarrolla en un gran árbol «que hunde sus raíces en la historia cultural de Occidente: en los desarrollos

25 C. Bernard, Evolution de Vethique de la biologie, en «Encyclopedie Medico Chimrgi-

cale», 63 (1992), n. 5, 1. La siguiente cita es de la p. 5.

(9)

históricos de la práctica médica y en los teóricos del pensamiento filosó­

fico»26, de modo más amplio, en toda la evolución cultural de la sociedad occidental moderna.

Entre los antecedentes inmediatos de la bioética hemos situado tam­

bién a la Ética médica. Pero, para disipar malentendidos, hay que añadir que se trata de una corriente de pensamiento que hunde sus raíces en tiempos lejanos. Los comienzos documentados históricamente son los escritos que tradicionalmente se atribuyen al médico griego Hipócrates (alrededor 460-370 a. C.). Síntesis de lo esencial de esa ética puede ser considerado el llamado Juramento de Hipócrates. Elaborado en ambiente y cultura paganos, fue recogido y parece también que completado en al­

gún punto, en ambiente cristiano. Dejando de lado las importantes cues­

tiones histórico-críticas sobre este texto27, llevo la atención a las concep­

ciones fundamentales de la ética hipocrática.

La relación médico-paciente es vista como evidentemente asimétrica, aunque también su línea es que debe ser así. El médico es el único sujeto que actúa y el enfermo es el sujeto o, mejor, «objeto» paciente. El deber del médico es hacer el bien del paciente, el deber del paciente es aceptar todas las decisiones del médico. Cuál es ese bien y con cuáles medios se logra, compete al médico decidirlo autónomamente y sin ser sometido a control externo alguno, con la posibilidad de imponerse incluso al pa­

ciente. Esto es un poder similar al del pater familias, «padre-señor?, que hoy no se dudaría en calificar como «paternalista». Pero, en una cultura diferente de la nuestra, este planteamiento se presentaba como plena­

mente correcto, pues se hallaba en sintonía con una organización social y política de tipo verticalista, que reservaba a uno o a pocos el derecho de decidir lo que hay que hacer por el bien común, teniendo los demás la obligación de obedecer.

El paso desde esta cultura a la que se denomina moderna se produce gracias a la contribución convergente de corrientes filosóficas, doctrinas políticas y otros factores, cuya expresión más fuerte y orgánica es el ilu- minismo, interactuando de modo complejo con esa vasta evolución so­

cio-cultural que se denomina «industrialización».

En este conjunto, que integra otros elementos a los que no se ha alu­

dido, se origina el camino del progresivo descubrimiento y afirmación de

26 S. Spinsanti, Prefacio a la edición italiana de la obra de D. Gracia, Fondamenti di bioética, San Paolo, Milán 1993, p. 6. El original español es D. Gracia, Fundamentos de bioética, Eudema, Madrid 1989, pero aquí se cita por la edición italiana.

27 Para una elaboración más que suficiente de estas cuestiones, ver, entre otros: S.

Spin sa n ti, La normativitá etica nel campo bio'tnedico, en T. Goffi - G. Piaña(editores), Corso di morale, vol. 2, Diakortm, Queriniana, Brescia 1983, p. 129; 141; D. Gracia, Fonda­

menti di bioética (o. c.), pp. 57-62.

nuevas implicaciones concretas del respeto a la dignidad de cada per­

sona humana, expresados en términos de «derechos humanos» y de «li­

bertades civiles».

Ahora se puede comprender que no es retórica, sino que tiene funda­

mento la afirmación de que «la bioética es una consecuencia necesaria de principios que están dando forma a la vida espiritual de los países oc­

cidentales desde hace dos siglos hasta hoy»28. La consistencia de esta afirmación se va a ver confirmada a medida que emerja la realidad que el término bioética indica.

6. PUNTO DE LLEGADA Y DESARROLLO DE LA BIOÉTICA EN ITALIA Y EN OTROS PAÍSES EUROPEOS29

La prim era aparición del término «bioética» en Italia se produce en 1973. Su «importador» fue un profesor de la Universidad de Pavía, que enseñaba biología marina, el doctor Menico Torchio. En junio de aquel año, en su revista «Natura» apareció un artículo suyo sobre Relaciones hombre-naturaleza según las principales metafísicas orientales, sus impli­

caciones bioéticas y ecológicas («Rapporti uomo-Natura secondo le princi- pali metafisiche orientali, loro implicazioni bioetiche ed ecologiche»). Con el término, el autor introducía en Italia también la concepción de Potter de bioética. Algunos años después, en 1982, el mismo estudioso fundaba un «Grupo católico de Bioética, constituido por científicos, filósofos y teólogos confesionalmente católicos, acompañados, como expertos, por científicos no católicos, pero dispuestos a proporcionar aportaciones es­

trictamente científicas. La marginación que se iba extendiendo de la con­

cepción de Potter acabó alcanzando también a Torchio y a su grupo.

En ese mismo año 1982, la bioética planteada por Hellegers y la Ge- orgetown University con características originales se implantaba en Ita- liá, debido al trabajo de la Universitá Cattolica del Sacro Cuore de Milán.

Aquel año, la revista «Medicina y moral», fundada en 1950 por el mismo fundador de la Universidad, Agostino Gemelli, adoptó como subtítulo:

Revista trimestral de Bioética, Deontología y Moral Médica. El año si­

guiente, 1983, se constituye una Cátedra de Bioética, y en 1985 comienza su actividad el Centro de Bioética en la Facultad de Medicina y Cirugía de la misma universidad. El último escalón es la constitución del Instituto

28 D. Gracia, Fondamenti di bioética (o. c.), p. 19.

29 La exposición del párrafo está extraída casi enteramente de G. Russo, Storia della bioética dalle origini ad oggi, en G. Russo (dir.), Storia della bioética (o. c.), pp. 44-81.

(10)

22 Bioética

de Bioética. En todo este desarrollo ha tenido un papel primordial el pro­

fesor Elio Sgreccia, con la colaboración de otros profesores, en particu­

lar, por los profesores Adriano Bompiani, director del Instituto de Obste­

tricia y Ginecología, y Angelo Serra, director del Instituto de Genética Humana. Las características originales de las que se ha hablado son prin­

cipalmente dos. En prim er lugar, la fidelidad sustancial a la concepción de Potter de la bioética como puente entre las ciencias biomédicas y las materias humanistas. Bompiani lo expresa como una mediación bioética

«entre una cultura científica, que muy a menudo se presenta como mate­

rialista en su inspiración y utilitarista en sus contenidos, y una cultura humanista, que muy a menudo es rechazada por las ciencias experimen­

tales»30. La segunda característica es asignar a la bioética «una base ética estructuralm ente abierta a la metafísica», con un planteamiento o mo­

delo, que es calificado, esto lo veremos mejor más adelante, como perso­

nalismo ontológico, que «reconoce el valor central de la persona como punto de referencia esencial para responder a las nuevas problemáticas surgidas en el contexto del progreso científico y tecnológico»31.

En el espacio abierto por la Universitá Cattolica de Milán han apare­

cido en Italia centros de estudio y diferentes iniciativas sobre la bioética que aquí solo se pueden en parte nombrar: la Fondazione Lanza en Pa- dua, el Instituto Siciliano de Bioética en PaJermo.

Esta bioética procedente del área católica ha sido la primera #n algu­

nos puntos: El prim er Manual de Bioética*2, que es del profesor Sgreccia, apareció en 1988; el prim er diccionario de bioética, que es del instituto siciliano, es del año 1994, coordinado por su director Salvatore Privitera y por Salvino Leone, y en el que han colaborado numerosos estudiosos33.

Las iniciativas análogas procedentes del área laica se han formulado expresamente contra el planteamiento puesto en marcha por la Universi­

dad Católica de Milán y comparten, sustancialmente, lo indicado'para las recordadas antes y otras34.

30 G. Russo, Storia della bioética dalle origini adúggi, en G. Russo (dir.),Storia della bio­

ética (o. c ), p. 61.

31 G. Russo, Storia della bioética dalle origini ad oggi, en G. Russo (dir.), Storia delta bio­

ética (o. c.), p. 61.

32 El manual, en dos volúmenes, ha sido editado por Vita e Pensiero, y en 1999 estaba en la tercera edición.

33 El diccionario ha sido editado por la Editorial Dehoniane de Bolonia y por el Isti- tuto Siciliano di Bioética.

La observación es de G. Russo, Storia della bioética dalle origini ad oggi, en G. Russo (dir.), Storia della bioética (o. c.), p. 61, quien la fundamenta en afirmaciones de uno de los principales autores del área laica, Maunzio Morí, Let bioética, cos'é, quando é nata e perché.

Osservazioni per un chiarimento della «natura» della bioética e del dibattito italiano in mate­

ria, en «Bioética» 1 (1993), 115-143, en particular, en las conclusiones, p. 142 y siguientes.

1

Los orígenes de la bioética 23

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(11)

^ 5

HACIA UN ESTATUTO EPISTEMOLÓGICO

Como ya se ha indicado, la juventud de la bioética hace problem á­

tico y, según algunos, todavía prem aturo dibujar un estatuto epistemo­

lógico preciso. El mismo P otter lo reconoce, y no duda en declarar:

«A pesar de que la bioética ha tenido una amplia acogida en la cultura, aunque esté presente en el lenguaje com ún, en los periódicos, en la constitución de centros de investigación específicos, en los debates políticos, todavía podemos documentar una insuficiente claridad epis­

temológica»35. Por esto se explica el poco habitual título dado a este ca­

pítulo.

1. DEFINICIÓN DE BIOÉTICA

La confirmación más significativa de esta situación se encuentra en el hecho de que existe una notable diversificación de la definición de bio­

ética. Ante la imposibilidad de hacer un repaso36 aquí y realizar una elec­

ción con fundamento crítico, me limito a recoger la definición conside­

rada clásica, realizada en la ya mencionada Encyclopedia o f bioethics, y que fue adoptada por el grupo de cualificados expertos que redactaron en 1991 el llamado Documento de Erice sobre las relaciones entre la bioé­

tica y la deontología médica con la Medicina legaW.

«E studio sistem ático de la conducta hum ana en el campo de las ciencias de la vida y déla salud, examinada a la luz de los valores y prin­

cipios morales».

35 G. Russo - V. R. Potter, La prima idea di bioética, en G. Russo y colaboradores, Bio­

ética generale e fondamentale (o. c.), p. 5.

36 Una lista de algunas definiciones, aunque sea más bien «a título de ejemplo que de clasificación», se encuentra en S. Leo n e - S. Prtvitera(dir.), Dizionario di bioética (o. c.).

p. 90.

37 El texto del documento aparece en «Medicina e Morale» 41 (1991), pp. 561-567.

(12)

26 Bioética

Un comentario breve puede ser suficiente para resaltar alguno de los puntos de esta definición que ofrecen un punto de partida para estable­

cer una hipótesis fundamentada de estatuto epistemológico.

Remitiendo al apartado siguiente en lo que se refiere al método, cen­

tramos nuestra atención en el objeto de la bioética. Su ámbito resulta ser con claridad aquel en que se mueven las ciencias biológicas y médi­

cas, o ciencias biomédicas. Ya ha habido ocasión de poner de relieve el enorme aumento de las posibilidades de intervención del hombre sobre la vida, especialmente, en el momento en que surge y en su tramo final.

Antiguos problemas han adquirido de este modo un aspecto nuevo, por ejemplo, la contracepción, la esterilización, el aborto; también han sur­

gido problemas radicalmente nuevos, baste pensar en las técnicas de re­

producción artificial, en la diagnosis prenatal, en los trasplantes de órga­

nos o en las posibilidades de reanimación.

Hay otro amplio campo que se ha abierto debido a la tom a de conciencia, más viva y científicamente fundamentada, del importante papel que juegan en la salud y en la misma vida factores no estrictamente médicos, como son hábitos de alimentación, condiciones de trabajo, elecciones de conductas, políticas sociales y otras. De este modo han en­

trado en el campo de la bioética problemas como la toxicodependencia, el alcoholismo, el tabaquismo, el sida, el justo reparto de los recursos y, sobre todo, el conjunto de problemas que afectan a la ecología, dgspués del descubrimiento de las nefastas consecuencias sobre vida y salud, de la contaminación de la biosfera causada por el hombre.

Basándose en estos elementos, se puede comprender el alcance sin precedentes del desafío ético al que el hombre ha debido enfrentarse y del que la bioética debería ayudar a superar felizmente: «Si durante si­

glos el hom bre había podido confiar en una naturaleza-am biente que, entre hostilidades y alianzas, le había permitido vivir, parece necesario que precisamente el hombre deba cuidar la naturaleza-ambiente, porque puede ser puesta en peligro por su acción, como su misma estructura biológica, que parece abrirse a sus posibilidades de programación»38.

i

2. EL MÉTODO

Este importante elemento en un estatuto epistemológico aparece en la definición de bioética, cuando se habla de «ciencias», en plural, y, to­

davía más, cuando se citan los «valores y principios morales». El enfo­

18 A. Pessina, Bioética. L'uomo sperimentale, Bruno Mondadori, Milán 1999, p. 5.

Fiada un estatuto epistemológico 27

que m ultidisciplinar e interdisciplinar es el aspecto más destacado de la metodología de la bioética. Al afrontar cualquier problema, es necesario partir de un conocimiento serio de los datos científicos, proporcionados precisamente por las ciencias biomédicas. Para entender los términos y significados en los que hoy se plantea un problema, se necesitan datos sociológicos y culturales; en este caso, los proporcionan la historia, la so­

ciología y la psicología social. Además hay muchos problemas en los que se ha producido ya, o existe la necesidad de que se produzca una inter­

vención legislativa del Estado o también de organismos internacionales, lo que hace necesaria la aportación de las ciencias jurídicas y políticas.

No obstante, la simple aportación de disciplinas diferentes asegura solo el aspecto multidisciplinar, y para poder hablar de la existencia del aspecto interdisciplinar, es necesaria también una relación ordenada y orgánica entre las diferentes disciplinas. La definición de bioética que estamos valorizando realiza un prim er e importante paso en esa direc­

ción, cuando indica que una tarea especifica de la bioética es examinar la «conducta humana en el terreno de las ciencias [...] a la luz de los valo­

res y principios morales»39. Por esto, en el acuerdo entre las diferentes disciplinas que intervienen, se descubre el papel prim ario que posee la ética. Papel que, sin embargo, se queda en m eramente formal si no se responde la inevitable pregunta: «¿Qué valores y qué principios mora­

les?» o «¿Qué ética?»40. Hasta un pasado rio muy lejano, en las socieda­

des occidentales, cuyo nervio era una civilización y una cultura de inspi­

ración cristiana, existía un marco fundamental de valores y principios éticos compartidos. El proceso de secularización-descristianización ha disuelto ese marco. Hoy vivimos en una pluralidad cultural que también incluye el campo de la ética. Pluralidad de planteamientos de la ética y, por tanto, de la bioética, que es un dato de hecho e inevitable. Por esto se han producido desde bien pronto, comenzando por los Estados Uni­

dos, intentos para establecer algunos principios fundamentales, dirigi­

dos a conseguir una vasta, incluso universal, aceptación social. Lo vere­

mos enseguida.

39 Es curiosa y sorprendente la matización sobre el significado del término «principios morales», hecha recientemente por el mismo Reich, director de la Enciclopedia y autor de su introducción y, por tanto, de la definición de bioética que contiene: «La palabra "princi­

pios'’ en esta definición no hay que tomarla en el sentido de principios éticos», sino «en el sentido de fuentes (de la moralidad)» [Warren T. Reic h, Modelli di bioética. Potter e Ken­

nedy Institute a confronto, en G. Russo y colaboradores. Bioética generale e fondamentale (o. c.), p. 612, nota 71], Por tanto, principios morales que no hay que entender en el sen- tido de principios éticos ¿j!? No se puede menos que ignorar una matización tan contra­

dictoria.

40 Sobre el tema ver: E, AGAZZI (dir.), Quale etica per la bioética?, Angeli, Milán 1990.

(13)

3. PLURALIDAD DE PLANTEAMIENTOS Y MODELOS

La exposición que hacemos a continuación simplifica un cuadro que es mucho más complejo, y reduce a lo esencial la presentación de las di­

ferentes posiciones.

1) El planteamiento contractualista o de procedimiento

En la actual sociedad pluralista, el único camino realista que se puede recorrer para conseguir soluciones a los diversos problemas, que sean aceptables para todos, es el de ponerse de acuerdo sobre los proce­

dimientos a seguir para establecer las normas. Estos procedimientos, para ser justos, deben asegurar igualdad de oportunidades para todos.

Este es el único modo para evitar la vía de la violencia que se produce cuando aparece alguien que pretende imponer a los demás una solución que estos no comparten. Se trata, por tanto, de una ética «democrática», que establece lo que está bien y lo que está mal, con base en la fiel obser­

vancia de las formalidades de procedimiento definidas en consenso.

Para quienes defienden este planteamiento resulta evidente que todo se refiere únicamente a los seres humanos que sean «personas», enten­

diendo por personas: «seres conscientes, racionales [...]. Los feto¿, los re­

cién nacidos, los disminuidos psíquicos graves y los enfermos en estado vegetativo persistente son casos de seres que, aunque son humanos, no son personas»45.

2) Planteamiento clínico

Es una posición incluso más pragmática y desenraizada que la prece­

dente. Dada la imposibilidad de encontrar un acuerdo sobre los principios generales, es mejor renunciar a encontrarlos y dedicar todo el esfuerzo de la razón a dar, caso por caso, soluciones razonables a cada situación concreta.

V

3) Planteamiento utilitario

Más que una posición que se distinga con claridad de la precedente, parece un complemento, en el sentido que proporciona el criterio para

41 H. T. Engelhard! j rManuale di bioética, IlSaggiatore, Milán 1991, p. 58. Sobre esta más bien insostenible concepción de persona y las graves implicaciones concretas que se derivan de ella, volveremos más adelante.

considerar razonable una determinada solución para un caso concreto:

un cálculo atento de costes y beneficios. Entre las diferentes alternativas hay que considerar razonable y, por esto, es la que obliga moralmente, aquella que resulta capaz de maximizar el bienestar y minimizar el sufri­

miento del mayor número de las personas que se encuentren afectadas, considerándolas todas de igual valor y con los mismos derechos y, por tanto, con absoluta imparcialidad.

4) Planteamiento personalista

Los criterios morales hay que buscarlos en la naturaleza personal del hom bre. Se trata de localizar en qué consiste la plena realización del hombre y los valores que la promueven. En otras palabras, se trata de lo­

calizar a través de qué elecciones transcurre la realización de todo el hombre en todos los hombres. Ser hombre es un dato que establece una tarea. Luego se está afirmando que existe un vínculo estrecho entre an­

tropología y ética. La ética está llamada a ubicar las elecciones que, por responder a la más profunda estructura del hombre, confirman su hum a­

nidad y lo hacen ser cada vez con mayor verdad hombre.

En este planteamiento coinciden sustancialmente quienes no tienen una concepción antropológica reductiva, es decir, no materialista ni tam ­ poco inmanentista, sino que responde a la realidad corpóreo-espiritual del hombre, abierta a su trascendencia.

En el rápido panoram a dibujado es fácil descubrir una afinidad de fondo entre los tres primeros planteamientos, y un claro contraste entre estos y el cuarto. El trasfondo común a las tres primeras es la negación de la existencia de principios absolutos en la ética y, por tanto, la nega­

ción de que exista una verdad moral por descubrir y acoger; y también la negación, más radical, de una verdad sobre el hombre, su ser o su natu­

raleza, que sea capaz de fundam entar el deber ser. En pocas palabras, nos encontramos en pleno relativismo ético.

4. LA DIFERENTE FUNDAMENTACIÓN ANTROPOLÓGICA

En este momento se puede comprender cómo, para la solución de problemas particulares, la frecuente contraposición entre la bioética per­

sonalista y las demás se desarrolla en el plano antropológico, antes y de forma más aguda que en el plano ético-normativo. Está claro que se llega a soluciones diferentes sobre problemas concretos según se tenga: 1) la concepción de la vida como de una tarea y una misión recibidas que hay

(14)

30 Bioética

que realizar, o de un bien que hay que gozar y que se posee de modo ab­

soluto; 2) la idea de que el sufrimiento es el verdadero mal que hay que evitar a toda cosía, o de un mal, si, pero que potencialmente es portador de valores; 3) la imagen de que la muerte es el aborrecido fin de todo o de que es un momento de importancia única para la persona y para su des­

tino ultraterreno.

La bioética personalista ha sido hábilmente etiquetada como «cató­

lica», para de ese modo confinarla dentro de la Iglesia, pues así se hace creíble la afirmación de que se fundamenta sobre principios y concepcio­

nes no demostrables por la razón y que solo quien cree en Dios y en la re­

velación cristiana puede aceptar. Se le adeuda, además, que resuelve los problemas con el argumento de autoridad, es decir, con la obediencia al Magisterio eclesial. La realidad, sin embargo, es muy diferente. La antro­

pología sobre la que se fundamenta la bioética personalista procede, en gran parte, de una veta de pensam iento decididamente racional, e in­

cluso de fuera del cristianismo, que es la filosofía clásica griega. Para esta son verdades fundamentadas racionalmente la existencia de Dios, la dependencia del hom bre con respecto a Dios, la vida más allá de la muerte; elementos estos que la bioética etiquetada como «laica» afirma que se afirman de modo fideísta y que, por esto, no encuentran sitio en una reflexión puram ente racional.

La bioética «laica», desde el punto de vista antropológico, se encuen­

tra, por tanto, alineada con las tesis de la filosofía moderna, subjetivista e inmanentista. Es laica en el sentido de que rechaza cualquier referencia religiosa o de cualquier modo trascendente, incluso solo metafísica.

Este enfrentam iento antropológico entre la bioética laica y la bioé­

tica personalista encuentra una polarización fundamental en el modo de concebir la vida desde el punto de vista ético. Pará cualquier bioética, evidentemente, la vida es un valor, y un valor primario; pero, y en esto consiste el enfrentam iento, para la bioética personalista, la vida h u ­ m ana es un valor absoluto, es decir, que lo es por sí misma, por el mismo hecho de ser la vida de una persona humana; mientras que, para la bioética laica, la vida es un valor solo en determinadas condiciones, en concreto, solo si posee una calidad suficientemente «buena», en el sentido de ofrecer buenas posibilidades de ser fuente de placer; de otro modo es una «vida-sin-valor», que, por tanto, no vale la pena vivir, pues carece de significado.

Recogiendo las dos concepciones con una fórmula concisa, algunos estudiosos han definido la bioética personalista como ética de la sacrali­

dad de la vida y la bioética laica como ética de la calidad de la vida, aun con matizaciones diferentes sobre qué hay que entender por «calidad de vida». Este es uno de los motivos por los que sería necesario no hablar de

«PP*«i

Hacia un estatuto epistemológico 31

bioética laica en singular, sino de «bioéticas laicas», pero se ha impuesto la utilización del singular.

Las dos concepciones derivan, lógicamente, de dos antropologías di­

ferentes. Para una antropología sustancialmente materialista, como es la que se encuentra en la base de la bioética laica, la vida posee sentido solo si tiene los rasgos de un bien que es posible gozar. Una situación de sufri­

miento, por ejemplo, debido a una grave enfermedad, es aceptable siem­

pre que haya una esperanza fundada de ser superada y, por tanto, de re­

cuperar una buena calidad de vida. Pero, si se plantea una situación tal que la vida se ve destinada a continuarse en el sufrimiento, cualquier de­

cisión que no sea ponerle fin del modo más indoloro posible es vista como insensata.

Luego, para la bioética laica, la vida es algo de lo que la persona puede disponer, incluso en su radicalidad. Por el contrario, para la bioética per­

sonalista, la vida es inviolable e indisponible y ya por esto puede ser califi­

cada de «sagrada», aunque este adjetivo puede adquirir posteriormente otros elementos y significados. Desde luego, no hasta el punto, como su­

cede a menudo entre bioéticos laicos, de atribuir a la bioética personalista de la sacralidad de la vida, la afirmación de la exigencia de respetar todos los dinamismos biológicos del organismo, casi sacralizado42. Para disipar otros equívocos y malentendidos, conviene añadir que también la bioética personalista acoge y valora el concepto de calidad de vida, aunque evita convertirlo en un absoluto. De acuerdo con concepciones filosóficas in­

contestables, la calidad es cualidad de algo, luego es un «accidente» de una sustancia, no algo constitutivo. La calidad de vida tiene, ciertamente, una gran importancia ética, pero no hasta el punto de poder fundamentar en ella la exigencia del respeto de la vida misma.

5. LA EVOLUCIÓN DE LA BIOÉTICA DURANTE SUS PRIMEROS TREINTA AÑOS

En el capítulo precedente se ha aludido a los primeros desarrollos co­

nocidos de la bioética, producidos inmediatamente después de su naci­

miento, debido al trabajo de sus iniciadores, Potter y Hellegers, Ahora ex­

tendem os la atención al período recorrido desde el nacim iento de la bioética hasta hoy. A pesar de su brevedad, encontraremos elementos úti­

les para comprender mejor la realidad actual de la bioética y algunos de los obstáculos que hacen particularmente difícil el camino hacia un esta­

tuto epistemológico satisfactorio.

42 Sobre este punto ver, por ejemplo, P. Cattorini, La morte ofesa, Dehoniane, Bolonia 1996, pp. 16 s, 173-181.

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Referencias

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