(Mito, "Praxis" y Poder)
POR
JOSÉ MARÍA C A M A L L O FERNÁNDEZ.
Doctor en Economía por la Universidad de Rama.
S U M A R I O :
I. Avatares de la concepción económica de la Empresa.
1) El mito de loe objetivos.
2) Nuevas e inéditas complicaciones.
II. De la Praxis al Poder.
1) El fermento Machiavellico.
2) Poder, dimensión y soberanía.
ha publicado varios extractos del trabajo L'economie a l'envers del Profesor Marcel de Corte (1), en los cuales éste muestra cómo la economía moderna, en lugar de desarrollarse a compás de las necesidades reales del consumidor, está orientada al logro de la máxima producción, que es preciso acrecentar siempre cada vez más para que el sistema no se hunda, a cuyo fin se ha
«fabricado» la sociedad de consumo, concepto —este de consumo—- abstrac- to, que viene a funcionar como un recipiente sin fondo destinado a absolver los excesos de produccinó; y se ha recurrido a las intervenciones del Estado y a los planes para impulsar el mayor desarrollo de la producción de ese tipo de economía. Con ello, el Estado ha dejado de ser el arbitro que con- cuerda las relaciones privadas entre sí, que es en lo que consiste el bien co- mún, para convertirse en portador de un interés colectivo, por el que llega, a fin de cuentas, «a erigir la productividad en criterio único, de la salud de la sociedad moderna y de la solidez de la economía», y a convertirse, cada vez más, en «una inmensa máquina industrial», destinada «únicamente a per- petuar el monopolio de aquellos que, de un modo cualquiera, se hubieran apoderado de ella», según expresivas frases del propio Profesor de la Uni- versidad de LÁeja.
Sociólogos, filósofos y juristas prudentes han advertido hace tiempo, como lo advirtieron las encíclicas sociales desde la Rerum Novarum a la Mater et
•Magistra, el peligro de erigir el máximo de la producción y del beneficio como criterio moral y como ba.se fundamental de planes y programas, ya sea de las empresas o del Estado, Sin ernbargo, por doquier, se sacrifica todo a la reali- zación de planes de desarrollo y expansión, se procura el máximo de bene- ficio económico de empresas, o Estados, sin reparar mayormente en otras consecuencias; se impulsa a la concentración de las empresas, favoreciendo que vayan a parar a manos del gran capitalismo o absorviéndolas el Estado total o parcialmente, con lo cual el poder se va concentrando cada vez más en menos manos, las mismas que trazan los planes de la producción futura que imposibilita todo desenvolvimiento espontáneo, y que es dirigida por el «Stafh tecnocrático» introducido en las empresas, por la llamada «revo- lución de los managers», y en el Estado planifkador.
Hoy, a estas voces, empiezan a sumarse alarmadas las de muchos eco- nomistas que advierten de los riesgos: de la teoría abstracta de la firma y de su detentación por los managers interpuestos entre empresa y empresario; de la praxeología dominante, es decir, de la aplicación de técnicas y métodos analíticos orientados a asegurar la eficacia y el logro de lo que se pretende, erigidos en criterio decisivo; de la concentración y de los conglomerados de empresas, incluso por el despilfarro de bienes y capacidades, pero más gra- ves aún en el aspecto sociológico; y de unos planes proyectados con olvido de que todas las previsiones «están perturbadas por desviaciones de natu- raleza aleatoria, impregnadas de incertidumbre, en datos y parámetros».
Por eso hemos creído de gran interés la publicación de este estudio de José María Carballo Fernández, que recoge esas preocupaciones de muchos economistas actuales enfocadas al análisis de la sociedad tecnocrática capi- talista, pero que no pueden ser resueltas, sino agravadas con la mayor inge- rencia en estas materias del Estado tecnocrático si éste, en lugar de actuar como árbitro, interviene como gestor a través de su burocracia más o menos tecnocratizada.
(1) Publicado en ITINEUAIRES 141, marzo 1970, que I>. m. proyectamos re- producir en. VERBO núm. 91-92.
Véase también en VERBO 87-88 la comunicación del mismo De Corte al Congreso de Lausanne 1970, " E l Estado y di dinamismo de la Economía".
(Mito, Praxis y Poder)
I. AVÁTARES DE LA. CONCEPCIÓN ECONÓMICA DE LA EMPRESA.
Cada uno interpreta a su modo la música de los cielos.
(Prov. chino).
I) El mito de los objetivos.
Ha sido general considerar a la empresa, desde los lejanos tiempos de Cournot y Bowüey, a través de los diferentes plan- teamientos de su actuación en el -mercado (perfecto o imperfecto), como un "sistema cerrado", centro de decisiones económicas orientadas al específico —y único— fin de hacer máxima su ci- fra absoluta de beneficios.
El análisis de la empresa partía, piara 'hacer posible un des- arrollo de aparente rigor, de los supuestos de perfecta informa- ción de los modos de reacción del ¡mercado, en su conjunto; del conocimiento de las expresiones analíticas de sus costes; de una completa libertad competitiva y de la identidad de empresa y em- presario.
Diversos métodos de cálculo y programación permitían deter- minar los valores de las variables tomadas como "subobjetivos", a fin de alcanzar el valor máximum maximorum de ila varia-
ble principal, representada por el beneficio neto.
No hace 'falta advertir, a nuestro juicio, que para pretender prever las reacciones del ¡mercado se impuso aceptar, como hipó- tesis subentendida, la racionalidad del comportamiento económi- co, sin otras influencias y tensiones que la® exclusivas del domi- nio de la economía.
Pues bien, el conjunto de postulados de partida, en esta forma de plantear la teoría y la acción económicas de la empresa, va padeciendo, cada vez en mayor medida, como un ingenuo e in- aceptable "Modelo" de .la realidad.
Alain Touraine, por ejemplo, en un conocido libro sobre la Empresa y da Economía del siglo xx, dirigido por Bloch-Lainé y Perroux, en -un agudo análisis, puso de relieve la influencia que los valores irracionales, ligados a la empresa en forma inevita-
ble, ejercen sobre su manera de actuar, incluso superando la de los procesos racionales.
Scitovsky advirtió que, para que la maximación del beneficio neto constituyera un objetivo programable, sería obligado admi-
tir que las expresiones analíticas de los costes tienen propieda- des de permanencia, lo cual, a su juicio, es insostenible.
Heimos de añadir, a las observaciones de la mayoría de los autores, que la forma de plantear el problema de hacer máxima la cifra absoluta de beneficio neto deja de tomar en cuenta las acotaciones y limitaciones impuestas por muchos de los medios
operativos, internos y externos, , También conviene advertir da gravedad de las hipótesis que
suponen la posibiUidad de "información perfecta", cuando es, sin duda, inevitable dejar ignoradas gran número de variables de importancia, tanto por el hecho de desconocer su existencia o es- tim&bilidad, en el momento del análisis, como por juzgarlas, erróneamente, irrelevantes.
De una información incompleta sólo puede derivarse una ca- ricatura de racionalidad o, en el mejor de los casos, una "racio- nalidad acotada", por usar una expresión de Simón, más pro- piamente cercana a una "irracionalidad de comportamiento".
Nada más peligroso que suponer que ú contorno tiene un único sistema de respuestas cuando, en esa gran maestra de expe- riencias competitivas que es la guerra, han sido los cambios de doctrina estratégica leus elementos máximos de desconcierto en la acción del contrario.
Los pronósticos de partida suelen hacer un uso abusivo de la extrapolación y aceptar como incontrovertible la permanencia es- tructural de íos 'Modelos Económicos. Pero la realidad es que las previsiones están perturbadas por desviaciones de naturaleza alea- toria, impregnadas de incertidumbre, en datos y parámetros, he- chos de azar no siempre sometibles a una probabilizaoión medible.
Los óptimos, determinados en función de datos y modelos im- precisos, partiendo de hipótesis de acción interna, o externa, mal contrastadas, no pueden llamarse, en rigor, óptimos.
Estas consideraciones, que sin duda ihemos esquematizado al
extremo, por razones obvias, han llevado a concluir que el plan- teamiento de la política económica de la empresa, desde eü punto de vi-sta "unidimensional" de persecución del máximo de bene- ficio, es poco adecuada al mundo real, debiendo, además, tener en cuenta que, «por otra parte, las empresas se encuentran con limitaciones a su libertad de acción o decisión procedentes de factores políticos o de tensiones derivadas de los grupos de pre- sión, capaces de modificar los elementos principales de juicio, en forma intencional y, muchas veces, insospechable.
Al objetivo de máximo beneficio absoluto, se han propuesto diversas alternativas sustitutivas (o complementarias): Chamber- lain habló del logro de una posición satisfactoria en el mercado;
Baumol se refirió a la maximación de las ventas; Penrose des- tacó la persecución del crecimiento del capital; Marris de la má- xima tasa de crecimiento, etc. ...
Pero hoy 'en día predominan (las concepciones que c o n t e m p l a n
un conjunto complejo de Objetivos simultáneos, que no siempre son entre sí coherentes y que han impuesto la necesidad de puesta a punto de (técnicas para abordar los problemas de aproximación y ordenación de preferencias.
Ha ido así surgiendo un confuso conjunto, disperso, de con- cepciones y planteamientos, no siempre exento de contradic- ciones.
Koonte, refiriéndose a las teorías del Management, habló de una jungla frondosa, llegando a identificar, entre ellas, hasta seis diferentes. El impacto más importante, sin duda, procede de dos de ellas: la BehaviouraA y la Organizativa.
Frente a la concepción de la empresa como "sistema cerrado", han ido creándose modelos que la consideran como un "sistema abierto", capaz de reaccionar ante él contorno, a través de me- canismos análogos al de lia HOMEOSTASI'S en la CIBERNE- TICA, idea usada por Bouldimg y Knaut.
Y acaso pueda aplicarse a la empresa el esquema de Monod para los organismos, que concibe a éstos cómo un fruto dél a z a r
y de la necesidad, residiendo él azar en la estructura y la nece- sidad en la selección.
En esta línea de ideas, Abhiano (puso el énfasis principal en la lucha de 'la empresa para sobrevir y ¡ser aceptada por su con- torno vitaü (tesis dicha de "la viabilidad").
Y también hay tesis que pretenden coordinar Jas concepciones de los "sistemas abiertos" y las de los "sistemas cerrados", ha- ciendo compatibles la racionalidad y la irracionalidad, la incer- teza con la certidumbre. Entre ellas figura la concepción de Thompson. Las (tesis sociales contemplan a la empresa solamente en su aspecto "organizacionaí", ¡mientras las llamadas ecológicas sólo se preocupan por las acciones de reciprocidad entre empresa y contorno, al nivel institucional.
2) Nuevas e inéditas complicaciones.
Esta Diajonia ton doxon, esita pluralidad de concepciones, transforma en aventura toda pretensión ide establecer una teoría económica de 'la empresa y siu política. Y todavía sería mayor la confusión "babélica" si hubiéramos de trascender de los límites interpretativos del edificio conceptual socio-económico del mundo de Oocidente, al que aludió, con 3a denominación de OOCIDO- OENTRISMO, Abdel-Malik, en su reciente intervención en la Reunión internacional de Sociología, de Varna, en septiembre último (1970).
Pero la pretensión de crear una teoría abstracta de la empre- sa en sí, a la que los anglosajones denominan TEORIA DE LA FIRMA, presenta todavía más importantes y graves dificultades.
Desde la llamada Revolución de los Managers, se ha inter- puesto entre empresa y empresario, lo mismo que entre la empre- sa y los factores humanos de ella, incluso entre la empresa y la sociedad, el Stafj tecnocrático, en cuyas manos se centran ías riendas de 'los agentes económicos y únicos capaces de usar de los medios y las organizaciones, en forma adecuada, al nivel actual de las técnicas científicas.
Saxer, Monsen y Sutermeister analizaron, en un bello artícu- lo publicado en la revista italiana Mercurio, ías consecuencias que podrían derivarse para la economía en generall y para le em- presa en particular de la ¡posibilidad de que los managers im-
pongan, en el ámbito de su capacidad de acción, objetivos y fina- lidades estrictamente personales, desvinculados de Jas convenien- cias de la coflectividad y, algunas veces, acaso, contrarias a ellos.
Podría llegarse de esta manera a la insólita consecuencia de una sociedad entregada a los nuevos "magos de la micro-econo- mía", capaces de hacer revertir a la colectividad las consecuen- cias de sus fracasos, mientras disfrutan individualizadamente "sus éxitos".
No es fácil sostener la tesis de coincidencia entre los objetivos colectivos y las ambiciones personales de los tecnócratas, única que podría abrir perspectivas aceptables para la sociedad. Tesis semejante exigiría una problemática transformación, moral y men- tal, del (hombre contemporáneo, ya que la oposición entre el bien y el malí sólo tiene lugar al nivel del espíritu.
Nada más elocuente, a este respecto, .que la advertencia de S. S. Pío XI en Quadragessvmo Anno: "Salta a la vista que, en nuestros tiempos, no se acumulan solamente riquezas, sino que se crean enormes poderes y .una prepotencia económica despótica, en manos de muy pocos. Muchas veces no son éstos siquiera dueños, sino sólo depositarios y administradores, que rigen el capital a su voluntad y arbitrio".
Simón, en su Approaching the Theory of Management, ad- vertía de la necesidad de replantear la .teoría de da empresa en cada caso, en forma particular y específica, sin partir de pos- tulados preconcebidos ni concepciones unívocas. Pero resulta, ahora, que, en realidad, la teoría de da empresa se ha torna- do imprecisa y opaca, haciendo imposible la captación de sus esencias.
Y, por si esto no 'fuera bastante para dificultar las cosas, han ido desarrollándose técnicas ajenas a la economía (piénsese en las posibilidades de sugestión hipnopédica, en los descubrimien- tos de la sofrodogía, en las investigaciones neuro-fisiológicas y en los métodos de propaganda subliminar, por ejemplo) que ame- nazan con invertir dos términos de las proposiciones económicas, poniendo ©1 énfasis fundamental no en ?a adaptación de medios afines, en la adecuación de la acción al mercado, sino en la cons-
truoción artificial y arbitraria de los mercados que se desean para los fines, ¡hecho que sometió a agudo análisis André Piettre en Pourr comprendre la vie economique.
La ¡economía puede seguir contemplando los problemas desde el punto de perspectiva que le permiten sus específicos medios y métodos de acción. Pero acaso estemos asistiendo, entre tanto, a un proceso de "vaciado" de muchas de las técnicas que fueron creándose, a lo largo de la historia, para atender y servir al "dra- ma vital humano", ante la posibilidad ide una acción directa so- bre el hombre mismo, capaz de someterlo a cualquier tipo de ar-
bitrario condicionamiento. , Quien ve el cielo en el agua, dice un antiguo refrán, ve ios
peces sobre los árboles.
I I . DE LA PRAXIS AL PODER,
Grave amenaza para el ciudadano es ser gobernado por poderes ocultos. Esto acontece cuando el que manda no es el que firma.
(CONDE DÉ ROMANONES, Breviario de Políti- ca Experimental)
1) El fermento Machiavellico.
Las tesis de Alohiano, a las que ya antes hemos aludido, equivalen a introducir, en la teoría de la acción empresarial, al fijar como norma fundamental la "imitación de ios ¡modelos de comportamiento" de las empresas victoriosas, un factor analógi- co semejante a la vía preconizada por Machíavelli para la polí- tica en general, trabajando ¡con criterio realista en el laboratorio de la Historia.
A. Jay, en una conocida obra, aíirmó que hay mucho más que aprender de los hechos históricos, para quien se toma el trabajo de analizarlos adecuadamente, que de los casos de cátedra y los pocos estudiados con profundidad, sobre el Management.
Jay ponía el énfasis fundamental en el método del llamado "¡hecho crítico", a través de penetración lógica, no simplemente empiri- cásta.
En la concepción machiavellica, la forma de actuar en política
es análoga a la del capitán de una rnave, cuya única ¡misión es conduciría al punto que se haya señalado como destino, sin plan- tearse otros problemas ni tomar en cuenta cualquier otro tipo de consideraciones.
Muchos son los autores que han pretendido buscar los ante- cedentes de las teorías del Management en Machiavelli: Ches- ter, Burger, Irving Goffman, Eugene Jennings, Stechen Mi- les, etc. La razón, con toda evidencia, obedece al ¡hecho de ir ad- quiriendo, paulatinamente, la economía, el carácter de una lógica dei hombre de acción (del HOMO AGENS), que deja indeter- minada la tarea a acometer y busca métodos independientes de cualquier consideración (relativa a la .naturaleza de los íines u ob- jetivos específicos.
Fueron creándose, a lo largo del tiempo,• un conjunto agru- pado de técnicas y métodos analíticos, orientados a asegurar la eficacia y el logro de aquello que se pretenda, sea lo que sea, es- pecie de tratado de la (lógica de la acción práctica, aí que se ha dado la denominación de PRAXBOLOGIA, término que, al parecer, debe atribuirse a Kotarbiiisky.
Se ha dicho que el "espíritu praxedógico" constituye un a priori humano, análogo al de la intuición espacial y de ordenación numeral de estilo kantiano.
La doctrina de la ¡empresa ha adquirido un predominante as- pecto praxeológico, tratando de establecer métodos de validez y aplica'bilidad generales, a pesar de las limitaciones puestas de re- lieve por el historicismo, el polilogismo y las tesis antinacionales.
Garó que una de las dificultades fundamentales de la praxeolo- gía empresarial reside en la imposibilidad de adecuadas verifica- ciones, por carecerse de experiencias realizadas en condiciones suficientes de homogeneidad, capaces de permitir el estableci- miento de tendencias con la precisión y el rigor imprescindibles.
La praxeólogía se ve en la necesidad de partir de sistemas de estructura funcional más o menos imaginaria, que se limitan a excluir del análisis aquellas hipótesis que se presentan como per- turbadoras, encerrándose en una epistemología modelística que implica el postulado de "plena racionalidad económica", al que
Gide y Lange consideraban síni¡ple producto histórico del capita- lismo.
Pero lo más curioso es que 3a praxedlogía, originada en el dominio del "Arte Bélico", está impregnando de belicismo lo económico. Ya Pierre Massé, comentando la definición de Koop- mans para la actividad productiva (mejor utilización de medios limitados para alcanzar los objetivos deseados), había hecho ob- servar que también podía tomarse como concepto del Arte de la Guerra.
Claro que la adaptación de los modelos al mundo real es in- completa y que de ellos puede decirse lo mismo que Binstein de la Geometría, pero no pueden dejar de conducir al hombre a una actitud de competencia y combate frente a sus semejantes, a un sentido omnibelicista de la vida.
La sensación subjetiva de superar, en .las regularidades de co- lectivo, las imprecisiones, las incertídumbres y aleatoriedades de lo singular, conduce al sentimiento de disponer de una especie de martingala que nos asegura nuestra propia victoria, aun cuando ésta se logre a través del abuso, del dolor, de la violencia moral.
Nada más sorprendente (e irritante) que ver reproducir, me- cánicamente, la amorosa, pero desoída, prédica de AMAD A VUESTROS ENEMIGOS, en un mundo en el que el odio se encuentra plena y refinadamente institucionalizado. Y lo más ex- traño de esta observación es que haya sido expresada por Mar- cuse.
Pues bien, la concepción detl prójimo como un competidor contra el cual hemos de luchar y al que tenemos que vencer a toda costa, es lógico que conduzca a la idea del prójimo como obstáculo, como enemigo. Y el paso de una a otra de las formas de considerar a los otros es él mismo que lleva del amor al odio, de ¡la connivencia posible a la agresividad inevitable.
2) Poder, dimensión y soberanía.
La cuantificación de los medios implica las preocupaciones de productividad y "economicidad" en la empresa, que en todo caso aluden a un evidente problema de dimensionalidad.
Ahora bien, la dimensión, aun constituyendo una idea poco precisa, se considera rígida en el corto plazo, mientras consti- tuye un elemento plástico a largo término.
Cualquier problema dimensional ha de tomar en consideración, en el aspecto de los necesarios medios financieros, su período de recuperación (Payback períod). Pero lo que viene a complicar el problema es la necesidad inevitable de hacer estimaciones de variables económicas presuntas, a través de prospecciones rela- tivas a momentos de tiempo bastante alejados, estimaciones vir- tualmente inservibles por estar viciadas por incertidumbres no medibles, ni totalmente determinables.
Resulta, en consecuencia, que la pretensión de definir una "di- mensión empresarial óptima" constituye una utopía y el propio concepto se encuentra actualmente controvertido (piénsese en las importantes modificaciones que pueden producirse, al correr del tiempo, en los órdenes preferenciales socio-económicos, en las inéditas mutaciones tecnológicas que nos reserva el porvenir, en
las nuevas ideas políticas, ebc....). , Pero aun definiendo un índice de dimensionalidad (que en
todo caso habría de carecer de rigor);, cualquiera que sea la va- riable utilizada (volumen de ventas, capacidad productiva, núme- ro de productores, volumen de capitales, etc....), nada diría si no fuese referido a la dimensión del mercado o de los mercados en que actúa la empresa, que a veces se desplegan a través del mundo.
La potencia de la empresa es, en última instancia, su im- portancia relativa, pero ésta depende del contorno, circunstancia recordada por Adelman, aludiendo al ejemplo de Alicia en el País de las Maravillas.
Por otra parte, aun cuando se haya convertido en un lugar común considerar en correlación positiva Ha economicidad y lia dimensión, B erar di, en un artículo publicado en la revista Mondo Bccmomico, advirtió que la creencia en que el desarrollo tecnoló- gico implica una dimensión creciente, que aumenta la eficiencia económica y lleva a un mayor activismo tecnológico, de la que habría que deducirse que las mayores empresas de cada sector
deberían ser las más eficientes técnicamente, las de mejor coefi- ciente de productividad, costes más bajos, beneficios más elevados y más numerosas patentes e innovaciones, no parece comprobada por los datos de la experiencia. ,
Más bien parece que el mejoramiento de rendimiento inten- sivo sea una característica de las .empresas medias.
Por otra parte, si consideramos como eficiencia la máxima producción, con el mínimo de ¡recursos, al movernos en un cam- po simplemente micro-económico, para nada tenemos en cuenta los conceptos de producción y coste desde el punto de perspec- tiva de la sociedad en su conjunto.
Y es natural, e indudable, que estamos asistiendo a muchos despilfarras de 'bienes y capacidades {a los que se da hoy d pin- toresco nombre de deseconomías), a la producción de auténticos bienes negativos, a peligrosos y graves contrastes entre el bien colectivo y el bien de los singulares agentes de la economía, pro- ducto, .sin duda, del hecho de haber aceptado un tipo de empresa que trata de maximar sus beneficios sin tener en cuenta otros costes que los suyos propios, con evidente desprecio de los pro- blemas colectivos, cuando no de los éticos,
Baumol, en uno de los capítulos de la obra sobre la empre- sa y la economía en el siglo xx, a la que ya nos hemos referido varias veces, analizó con mano maestra la contradicción entre los óptimos sociales y los óptimos privados.
Sin embargo, se está asistiendo a un proceso de acelerada concentración de empresas, a escala nacional e internacional, que ha sido objeto de gran número de estudios y de temas de Con- gresos internacionales, como el recientemente celebrado en Mon- treux, en otoño del corriente año (1970).
A advertir de este proceso de OVERIALL CONOENTRA- TION se han dedicado estudios, como el excelente de Pierre Latte, recientemente traducido al español, en los que se puede advertir él serio problema de ir reduciéndose el número de cen- tros de decisión de la economía (por millares), sin que haya ra- zones tecnológicas, la mayor parte de las veces, capaces de ex- plicar el hecho.
Se está produciendo, ante nosotros, un compllejo fenómeno cuyas razones y causas hay que 'buscar más. allá de la economía, máxime cuando no puede hablarse con rigor de cuál debe ser la EMPRESA DE DIMENSION OPTIMA y tampoco las con- centraciones se operan sólo por una razón uniforme de escala, sino de difusión y diversificación de poder.
La desaparición de las empresas pequeñas y medias, únicas en las que se da el clima adecuado para Qa gestación y el cultivo de los valores humanos, está destruyendo el suelo social de la economía, cardinal escuela de virtudes de convivencia, humanidad y disciplina moral. Es muy difícil que el gigantismo actual pueda compensar una pérdida semejante.
Al masificar al hombre, al desarraigarlo de sí mismo como persona, los Big Business están contribuyendo a crear un nuevo tipo humano, cuyas características son, por ahora, difíciles de prever. Pero sí es, en cambio, conveniente advertir que lo que haya de acontecerle al hombre en di futuro, dentro y fuera de sí mismo, será, siguiendo una idea de Lenormand, no lo que merezca, sino lo que se le parezca. Y a ¡un ihomlbre indiferenciado, masi- ficado, sólo puede pa-recérsele una informe aglomeración sin sin- gularidades, sin pálpitos individuales -de mente o de alma.
Mucho más exstraño y de mayor importancia para el futuro del mundo de Occidente es, sin embargo, el fenómeno Norteame- ricano de los CONGLOMERADOS, cuya finalidad nada tiene aparentemente que ver con la eficiencia empresarial ni directa- mente puede ser interpretado en exclusivos términos económicos.
Entre las diversas explicaciones que han intentado darse del crecimiento de los conglomerados, destacan las que se apoyan en la necesidad de distribuir la acción en gran número de sectores económicos diversos, como nuevo medio de distribuir y amino-
rar ilos riesgos inherentes a la dinámica tecnológica del presente, así como la de usar las ventajas que pueden derivarse del des- pliegue geo-económico.
Es evidente, a pesar de estas justificaciones, que no siempre se encuentran, detrás de los conglomerados, razones suficientes
que permitan comprenderlos desde el estricto punto de vista de la eficiencia y la seguridad económicas.
En eil New York Herald publicó Buchwald un artículo, en octuibre de 1968, en el que describía, en términos humorísticos, la forma en que dos socios imaginarios (Dalinsky y Fischett), que comprometen en principio soflámente 30 y 35 dólares, respectiva- mente, llegan al cabo de tres años a controlar negocios por un total de 3.000 millones de dólares, en un amplio complejo de so- ciedades de las actividades más diversas. El complejo, en su con- junto, no itenía> sin embargo, otro apoyo real que los contratos de arrendamiento de los locales en que estaban instalados los ne- gocios originales (únicos de los que entendían los dos socios del cuento) de especiería y preparación de carnes. El fallo de estos contratos de arrendamiento, en la exposición de Buchwald, podía implicar el desplome de todo el conglomerado.
Es cierto que las leyes no son otra cosa que instrumentos de Gobierno y no la fuente de su pureza o impureza. Esto ilo había ya advertido Siun Tseu tres siglos antes de nuestra Era. Pero es curioso que cuando una 'sociedad que vende manzanas se une a otra dedicada al misino tipo de actividad pueda invocarse una transgresión de las leyes antitrust, mientras que al unirse a otra dedicada a la navegación o a las fabricaciones espaciales se cree un conglomerado que escapa a Jas normas de dichas leyes.
Las disposiciones orientadas a prevenir acciones monopolís- ticas y de control del mercado sólo prohiben, aunque parezca extraño, las concentraciones verticales que agrupan intermedia- rios en la fabricación de un mismo producto y las horizontales para el caso de homogeneidad de productos.
Nada se ha previsto, y esto es grave, para el caso de uniones heteróclitas.
Un funcionario americano llegó a afirmar que, si se permane- ce indiferente y quieto ante este fenómeno, pronto habrá menos de 60 centros de decisión en toda la economía americana.
Este es él tema objeto del libro de Pierre Lattes que anterior- mente hemos mencionado.
JAI saltar las fronteras, los conglomerados permiten desbor-
dar la soberanía de los Estados y superar todas las barreras, to- dos 'los controles y todas las conveniencias políticas, usando del extraordinario mosaico de heterogéneos ordenamientos jurídicos y etl dominio de filiales de distinta nacionalidad, para jugar con todas las ¡bazos de triunfo en sus manos y perseguir objetivos muchas veces contrarios a los intereses de sus propios pueblos.
Se ha citado el caso, por ejemplo, de un Conglomerado que pudo servir materiaJl estratégico a un país al que la legislación de su nacionalidad consideraba como prohibido, usando de la facilidad de no existir impedimento análogo en el país de una de las filiares del conglomerado.
Va naciendo, así, un robustecimiento de potencia que puede llevar hasta el aíbuso y la injusticia, en manos de macro-organi- zaciones con un grado de poder excesivo, capaz de superar al de los Estados mismos.
Es cierto que el exceso de poder ha sido con frecuencia la base de ¡la inseguridad y que la injusticia suele gestar 3a ruina de los poderosos, pero nada puede atenuar la peligrosidad de una estructura corno la que acabamos de exponer, aun en tér- minos tan escuetos, por el hecho de verse el mundo de Occidente comprometido, a nuestro parecer, en una extremada interpre- tación economizante de la vida.
Una potencia centralizada centraliza,, -también, la influencia en los aspectos científicos, sociales y políticos, otorgando un .peso desmedido a los businessmen, cuya intervención madiatizadora en la investigación universitaria, capaz de mermar la libre inicia- tiva y la tradicional independencia del pensamiento y de la en- señanza, ha sido magistralmente puesta de relieve por Rosenhead en un artículo publicado en la revista New Scientist, en septiem- bre de 1969.
El poder de los Big Business podría llegar a derogar todas 'las leyes del mercado y las normas de comportamiento, some- tiendo, a través de los sutiles medios de la (técnica actual, al hom- bre contemporáneo, a la más drástica de las dictaduras morales.
Muchos autores han reclamado ya una intervención limita- tiva de la libertad de acción de las empresas y los conglomera-
dos, por el peligro de que impongan la lógica de sus propios in- tereses en contra del bien colectivo.
Por el contrario, hay también quien supone posible que todos tos sistemas industriales avanzados converjan, en un marco uni- forme de lógica científica, y se produzca la identificación de los fines de las tecnoestruaturas con los fines supremos de 3a so- ciedad.
Es, sin duda, al futuro a quien corresponde dar ¡1a oportuna respuesta. Pero sería conveniente no olvidar sia advertencia sobre la imposibilidad de servir a dos señores.
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