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YAKKA REVISTA DE ESTUDIOS YECLANOS

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(2) YAKKA REVISTA DE ESTUDIOS YECLANOS.

(3) índice. I ARTÍCULOS.. Bibliografía sobre el Paleolítico de la Región de Murcia hasta 1999. Por Ginés David Piñero Zaragoza. 7. El arte rupestre Paleolítico en la Región de Murcia. Por Miguel Ángel Mateo Saura. 19. Yecla y la tardoantigüedad en el contexto regional. Notas para un acercamiento a la investigación. Por Antonio Gómez Villa. 33. La batalla del Huerto de las Bombas. El Ranero (Murcia). Por José Antonio Marín Mateos. 61. Documentando la vida del P. Carpena Díaz (O.P.), Obispo de Fokien. (China) (1760-1849). Por Francisco Candel Crespo. 65. La resistencia de Yecla al dominio del barón del Solar. Por Francisco Javier Salmerón Giménez. 71. Los ayuntamientos durante el periodo 1835-1840. Po Miguel Ortuño Palao. 81. Aportaciones al movimiento cantonal en la Región de Murcia. Por Ricardo Montes Bernárdez. 101.

(4) La correspondencia entre el farmacéutico José Azorín y el botánico Carlos Pou: un testimonio sobre el estudio de la flora yeclana en el primer tercio del siglo XX. Por Fernando López Azorín. 107. Yecla, ciudad y arquitectura. Por Francisco Javier Delicado Martínez. 117. Pablo Corbalán en el panorama de los estudios de la vanguardia en España. Por Francisco Javier Díez de Revenga. 137. Periodismo y crítica literaria en la obra de Francisco Martínez-Corbalán Pérez. Por Luciano Palao Rico. 143. Aspectos pedagógicos y teóricos del mueble y de su relación con el diseño industrial. Por Edmundo Palop. 175. Algunas consideraciones acerca del estudio del folclore de Yecla. Por Miguel Ángel Puche Lorenzo. 197. La fabricación del hielo y sus aplicaciones industriales y domésticas en Yecla. Por Gerardo Palao Poveda. 205. Los Boteros. Por José Puche Forte. 217. II DOSIER. Música Judeo-Española de tradición oral. Por Juan José Ruiz Molina. 227.

(5) I ARTÍCULOS.

(6) BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL PALEOLÍTICO DE LA REGIÓN DE MURCIA HASTA 1999. Ginés David Piñero Zaragoza. Introducción. Con esta recopilación bibliográfica se intenta aportar una información de interés al panorama que ocupa en la arqueología de la Región de Murcia el Paleolítico. Pretendemos con ello facilitar y hacer más accesible esta información a todos aquellos que estén interesados en el desarrollo de trabajos en relación con el periodo que aquí es objeto de estudio. Omitimos voluntariamente toda la bibliografía de carácter general sobre el Paleolítico, así como también toda la que está en relación con la tipología paleolítica, centrándonos en trabajos relacionados con yacimientos e interpretaciones concretas sobre la cuestión. El autor pide disculpas por la posible omisión, siempre involuntaria, de algunas obras que debieran aparecer en el trabajo, animando a sucesivos investigadores a ampliar, corregir y mejorar en general esta relación bibliográfica. Con esta pequeña aportación pensamos que existe ya un interesante repertorio bibliográfico sobre la prehistoria regional, repertorio que completa los trabajos sobre bibliografía en Prehistoria Reciente y Arte Rupestre de Lomba Maurandi1. En la breve. 1 Lomba Maurandi, J. (1996), "Bibliografía sobre Prehistoria reciente de la Región de Murcia hasta 1995", Panta Rei, II. Murcia, pp 121-136. - (1997), "Bibliografía sobre Arte Rupestre de la Región de Murcia hasta 1996", Panta Rei, III, Murcia, pp 161-168.. síntesis que sigue a esta introducción figuran algunos rasgos importantes del paleolítico en Murcia, acompañados de la cita de autores que han trabajado sobre el tema, sin indicar año de publicación, de manera que el lector pueda acceder a la obra completa de cada autor en cada caso concreto.. El Paleolítico en la Región de Murcia. Como introducción a este artículo bibliográfico es necesario hacer una breve introducción sobre el periodo que se trata en la Región de Murcia. Para una mejor comprensión del tema dividiré la introducción en los tres grandes periodos en que se divide el Paleolítico: Inferior, Medio y Superior. La arqueología se halla en la actualidad en un clima de evolución constante, desde que dirige sus investigaciones a valorar la relación del hombre y el medio, que ha contribuido a un conocimiento más detallado del medio donde vivieron las comunidades humanas en la Prehistoria. Estos grupos seleccionan el lugar de hábitat en función no soló de las características del relieve sino también de los recursos que el entorno le ofrece. Así, el participan de 7.

(7) su entorno natural como una comunidad viviente más, inmersa en las dinámicas naturales del ecosistema en el que viven. La arqueología prehistórica ha orientado sus trabajos hacia la búsqueda de datos que aporten otras disciplinas de la investigación, como la geología, paleontología, paleobotánica, paleoantropología, etc. Así, el estudio de fenómenos geológicos, las variaciones de la fauna y de la flora, ayudan al prehistoriador a conocer las condiciones climáticas, geológicas y biológicas en que se desenvolvió la vida humana durante el Paleolítico. En la actualidad, la investigación sobre el Paleoítico Inferior, concretamente en el Sureste español, se halla en un clima de progreso continuo, debido al impulso innovador y constante de especialistas que han centrado su atención en la importancia de los hallazgos realizados en este tiempo geológico y espacio geográfico concreto. El Paleolítico Inferior, como el resto del Paleolítico, se desarrolla a lo largo del amplio intervalo cronológico que denominamos Pleistoceno, conocido también como el estadio de los primeros grupos humanos depredadores que vivieron en nuestro pasado más remoto. En 1973, el Congreso del INQUA, acordó establecer la división tripartita del Pleistoceno en los siguientes términos: inferior, medio y superior. Esta correlación de periodos o etapas del Pleistoceno se puede seguir perfectamente en los yacimientos de la Región de Murcia. Otro hecho importante dentro de este periodo geológico en la aparición y expansión del género Homo. Así, se puede constatar el inicio nada concreto de la presencia 8. humana podría estar entre los 5.5 y los 3 ó 2 m.a., si se atiende a los restos de homínidos más antiguos o a los primeros testimonios culturales y utensilios fabricados. En la Región de Murcia, al igual que en el resto del mundo, los hallazgos más frecuentes del Paleolítico Inferior consisten más en utensilios de piedra que en fósiles humanos. Las investigaciones llevadas a cabo por Gibert y su equipo en el Sureste de la Península Ibérica sugieren la presencia humana en Europa occidental entre 1.3 y 1.4 m.a., apareciendo el Sureste español como el lugar de posible ocupación humana más antiguo de la Península Ibérica; un ejemplo claro es Cueva Victoria (Cartagena) (Gibert). Los estudios geológicos, faunísticos y paleobotánicos realizados tanto en el Levante Español como en el sur peninsular, han permitido reconstruir el cuadro climático que caracterizó durante el Pleistoceno la vida de los primeros pobladores que se asentaron en el área del Sureste. Las manifestaciones humanas más primitivas de la Región se limitan a escasas evidencias arqueológicas, principalmente referidas a estaciones con industria lítica. En el Sureste los yacimientos del Paleolítico Inferior corresponden al tipo de asentamientos al aire libre, íntimamente relacionados con el agua, por un lado, interestratificados en terrazas fluviales, y por otro, en torno a antiguos lagos y encharcamientos de origen endorreico. La Fuente de Yecla es un ejemplo de este último tipo de yacimientos. Generalmente se sitúan en el interior del territorio regional. Los estudios geológicos realizados en el área murciana han demostrado la exis-.

(8) tencia de reductos de extintas áreas lacustres en las comarcas de Jumilla, Yecla y Hellín. La Fuente de Yecla (Montes), se encuentra situada junto a un antiguo lago pleistocénico. Desafortunadamente su estudio no ha sido posible debido al reciente desfonde de sus sedimentos, que ha eliminado cualquier muestra de presencia humana. El territorio yeclano, en el marco geográfico de la comarca de el Altiplano, ha aportado en los últimos años una valiosa información para el estudio del Paleolítico Inferior del Sureste peninsular. Así lo demuestra el yacimiento de La Fuente de Yecla (Montes), que suponen la incorporación de la zona a los estudios sobre el Paleolítico Inferior; así como a los análisis de sobre cómo y por qué se establecieron allí las primeras comunidades, relación con áreas lacustres, recursos abióticos (material para Industria Lítica Tallada), presencia de fauna, etc. En relación con todo ello, los vestigios arqueológicos del Paleolítico Inferior de los que tenemos constancia hasta el momento se han visto afectados por tales procesos, planteando a los paleolitistas problemas metodológicos para la identificación y reconstrucción de la realidad de los primeros pobladores humanos. En cuanto a la ocupación de sitios, se puede observar una tendencia por parte de los primeros pobladores en la elección del hábitat al aire libre, asentándose sobre terrazas fluviales y junto a lagos, ya que estas zonas ofrecían un suministro de agua seguro y buenas oportunidades para cazar. Para la zona del Sureste la concen-. tración de restos arqueológicos en el norte regional (Jumilla, Yecla y Hellín), parece sugerir cierta "movilidad " de grupos humanos, impulsados por la presencia de áreas lacustres donde los recursos no eran difíciles de conseguir. Sabemos de las manifestaciones materiales del hombre primitivo durante el Paleolítico Inferior. Sin embargo, poco sabemos de la vida no material; los datos existentes sobre la vida social y espiritual durante el Paleolítico Inferior son extremadamente oscuros. No por ello debemos ignorar la existencia de una tradición cultural que sentará las bases de la posterior evolución reflejada en la complejidad social, religiosa y tecnológica que caracterizará al hombre de Neanderthal, ya dentro del Paleolítico Medio, caracterizado por la industria musteriense. Del utillaje de los yacimientos musterienses estudiados se pueden colegir diversas e interesantes cuestiones, como la posible dedicación de un yacimiento a tal o cual tipo de trabajo concreto. Destacan sobre todo en el Sureste la utilización como materia prima por un lado de cuarzo y, por otro la escasez de piezas de sílex. Generalmente, los yacimientos en el Paleolítico Medio, así como en el resto de los yacimientos paleolíticos, se encuentran cerca de fuentes de agua (ríos, lagos, y el mar). Así, las oscilaciones observadas en las estadísticas de los diversos estratos no parecen indicar una clara evolución de los instrumentos líticos desde los estratos más antiguos a los más recientes. Las especies faunísticas más frecuentes en los yacimientos son sobre todo: cabra, ciervo, caballo, jabalí, conejo y lagarto. Esta información parece sugerir la posibi9.

(9) lidad de que la caza estuviese determinada por una selección voluntaria y la abundancia de este tipo de animales en el área de explotación de las comunidades paleolíticas que habitaron la Región de Murcia. Considerada la fauna desde otra perspectiva, se concluye que toda ella pertenece, en conjunto, a un clima de seco o templado-seco. Por su parte, en zonas costeras, los moluscos son relativamente abundantes, destacando las monodontas, lapas, y mejillones, que sugieren un marisqueo de roca. La vegetación aporta por el momento la presencia de plantas comestibles y unas condiciones climáticas templadas y especialmente áridas, predominando la estepa a lo largo de toda la costa. Hasta el momento sólo han aparecido restos de Neanderthal en el yacimiento conocido como Cabezo Gordo (Walker y Gibert), aunque en un principio son hallazgos que se han realizado sin una estratigrafía clara. Gibert les atribuye a estos restos una antigüedad que oscila entre 146.000 y 42.000 años. Los pueblos que pueblan estas comarcas de la región murciana durante el final del Paleolítico muestran una gran conexión con los territorios que explotan, y por consiguiente un conocimiento más completo de los recursos potenciales junto a una mayor predicción a la hora de conseguirlos. Si la diversidad de elementos explotados nos está refiriendo a un tipo de economía que no dudaríamos en calificar de amplio espectro, con fuentes de provisión alternativas, y en cierto modo capaz de anticiparse a las necesidades, parece claro que nos hallamos ante un modelo que anuncia cambios importantes 10. en las condiciones de supervivencia y productividad. Así, parece que al menos a partir de la fase media del Paleolítico Superior no sólo se detecta un mayor número de lugares con asentamientos, sino también un paulatino cambio de estrategias en los modos de subsistencia con respecto a otros yacimientos más intensivos del territorio con una movilidad logística que parece vincular más estrechamente a estos grupos con áreas ambientales más concretos, todo ello en detrimento de los grandes espacios controlados por los antiguos cazadores - recolecctores. Durante las etapas finales del Paleolítico, la utilización económica de recursos vegetales, la caza de pequeños mamíferos y aves, la pesca y el marisqueo no sustituirán a las tradicionales capturas de ungulados de tamaño medio, como la cabra o el ciervo, que seguirán siendo objeto prioritario de la actividad cinegética, pero contribuirán a garantizar una estabilidad que sin duda estaba preludiando un estilo de vida más sedentario..

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(16) Leyenda.. Yacimientos más Importantes. (1) Abrigo de la Rambla de Torralba; (2) Abrigo Grande de Zúñiga; (3) Águilas; (4) Algarrobo; (5) Ahumada - Tesoro; (6) Barranco de la Hoz; (7) Barranco de los Grajos; (8)CalabreIaIV;(9)Cerco,El;(10)Cejo del. Pantano; (11) Cola de Caballo; (12) Cueva de la Higuera; (13) Cueva de los aviones; (14) Cueva Bermeja; (15) Cueva Victoria; (16) Cueva del Monte Miral; (17) Cueva Cabeza de Asno; (18) Cueva Perneras; (19) Cueva del Hoyo de los Pescadores; (20) Cueva Palomarico; (21) Cueva del Saltador; (22) Cueva del Buho; (23) Cueva Hernández Ros; (24) Cueva de la Fuente del Lentisco; (25) Cueva de la Moneda; (26) Cueva de la Tazona; (27) Cueva Horadada; (28) Cueva Negra; (29) Culebrina, La; (30) Dentones, Los; (31) Fuente de Yecla, La; (32) Monje, El; (33) Mortolitos. (34) Rincón de Yéchar; (35) San Ginés; (36) Sima de las Palomas; Zagales, Los. 17.

(17) EL ARTE RUPESTRE PALEOLÍTICO EN LA REGIÓN DE MURCIA. Miguel Angel Mateo Saura. El descubrimiento de las cuevas del Arco, de las Cabras y de Jorge supone la documentación de las primeras muestras de arte rupestre paleolítico en la Región de Murcia. Coincide en el tiempo con el hallazgo de las pinturas y grabados rupestres de la Cueva de Ambrosio, en Vélez-Blanco (Almería), lo que viene a confirmar que el vacío existente en el extremo más suroriental de la Península Ibérica en lo que a manifestaciones paleolíticas se refiere, ya que sólo se conocían el solitario grabado de équido de Piedras Blancas en Escúllar (Almería) (Martínez, 1986/87) y, en arte mueble, el prótomos de caballo del compresor-retocador de la propia Cueva de Ambrosio (Cacho y Ripoll, 1987), era producto antes bien de una laguna en la investigación que no de su ausencia real. Aunque estos hallazgos han sido, en gran parte, fruto del azar, es de esperar que confirmada la existencia de arte rupestre paleolítico en la región los trabajos de prospección que actualmente están en curso, entre ellos los promovidos por el Museo Municipal de Cieza o también los que nosotros desarrollamos en la Comarca del Noroeste, amplíen el número de muestras. Descubiertas en 1992 por miembros del Club de Espeleología Los Almadenes, las cuatro cavidades pintadas se localizan en el. 1. Datos obtenidos del Mapa Geológico de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. Instituto Tecnológico Geominero de España-Consejería de Política Territorial y Obras Públicas. Madrid, 1993.. paraje conocido como Los LosaresAlmadenes, dentro del término municipal de Cieza. Se trata de una zona de relieve poco abrupto, en el que sólo sobresalen las estribaciones más orientales de la Sierra del Molino, desgajadas del grueso de la sierra por el curso del río Quipar. Las máximas altitudes se alcanzan sobre los 655 m.s.n.m. en Palera. En este relieve, inscrito en el dominio tectosedimentario del Prebético Interno, hay una preeminencia de materiales cretácicos, entre ellos dolomías, eventualmente calizas, con afloramientos de calizas, margo-calizas y margas blancas y rojas 1. Como elemento vertebrador de toda esta zona se nos muestra el río Segura que excava un potente desfiladero de más de 50 m de desnivel medio, aunque en algunos puntos supera ampliamente los 150 m de desnivel. En esta área se conocía desde antiguo la existencia de diversos conjuntos de arte rupestre postpaleolítico, tanto de estilo levantino como esquemático, entre ellos los Abrigos de las Enredaderas y la Cueva de la Serreta sobre el curso del propio río Segura, la Cueva de los Pucheros o, más al oeste, los Abrigos del Pozo. Cueva de Jorge Con una orientación sureste, se trata de una pequeña cavidad de poco desarrollo 19.

(18) 2. Los datos referidos al color de las figuras y a sus medidas son los reseñados en los distintos trabajos publicados por los primeros investigadores de las pinturas. 3 La topografía de las distintas cavidades es la realizada por Club de Espeleología Los Almadenes y Constantino J. González López, mientras que los dibujos de las pinturas son de Antonio Moreno Marín. (Publicados en Salmerón y Lomba, 1995; Salmerón, Lomba y Cano, 1999).. longitudinal, con apenas 5 m de profundidad y 1 m de anchura2. Alberga tan sólo dos motivos pintados que localizados al fondo de la covacha quedan sometidos a la luz solar directa durante la mayor parte del día. La figura más destacada es la representación de un équido, silueteado con trazo grueso, que conserva todas las partes anatómicas, salvo las extremidades de las que tan sólo se aprecian sus arranques (27 cm de alto y 45 cm de largo. Color rojo3). Conserva en buen estado la cabeza, en donde se ven las dos orejas representadas por dos cortos trazos dispuestos en "V" hacia el frente, la quijada, que muestra una ligera inflexión que, no obstante, no llega a determinar la típica forma de "pico de pato", la crin no está señalada y la línea cérvico-dorsal, en "S" poco pronunciada, desciende suavemente hasta la grupa, en donde se marca una larga cola con una línea simple (fig. 1:1). Su estado de conservación es deficiente ya que la figura se ha visto afectada por concreciones orgánicas, al tiempo que la pintura está muy desvaída en diversos puntos de su trazado. El segundo motivo de la cavidad no es posible determinarlo en su tipología ya que al estar cubierto por una capa de materia negruzca, muy posiblemente de origen orgánico, únicamente se visualizan restos de pintura en forma de trazos. Cueva de las Cabras Con una orientación de boca hacia el sur y un desarrollo longitudinal notable que supera ampliamente el centenar de metros distribuidos en diversos habitáculos, sólo se han documentado pictografías en una de estas salas, en concreto la situada más cerca de la entrada de la cueva. 20. Las representaciones se localizan en dos paneles distintos, denominados por los primeros investigadores que estudiaron el conjunto como la y Ib. En el panel la sobresale la figura de un motivo de aspecto esquemático de 12,3 cm de alto y 9,1 cm de ancho (fig. 2: 1), adscrito a la pintura postpaleolítica como esquema humano (Salmerón, Lomba et alii, 1995; 1999). No obstante, no estamos seguros de que debamos descartar por completo su filiación paleolítica, pudiendo tratarse de uno de esos motivos que englobamos en el heterogéneo grupo de los signos, en concreto, nos recuerda mucho a los motivos en forma de "flecha" de los grupos VIII y IX (G.R.A.P.,1993), en ocasiones relacionados con las figuras de animales o también situados en el interior de galerías subterráneas, como si fuesen elementos de señalización de un hipotético recorrido a seguir (Groenen, 2000). Junto a éste, vemos otros restos de pintura a modo de trazos puesto que la figura se ha visto muy afectada por la acción de una colada calcítica y por desconchados en el soporte que limitan en gran manera su lectura. Por su parte, el panel Ib lo integran cuatro representaciones zoomorfas. Comenzando por la izquierda vemos la figura silueteada de un cuadrúpedo (fig.2:2), descrito como bóvido (Salmerón, Lomba et alii, 1995; 1999) pero cuya lectura como tal bóvido nos plantea algunas dudas ya que su por aspecto morfológico podría tratarse también de un equino (27 cm de alto y 37,3 cm de ancho. Color rojo). Los dos cortos trazos de la cabeza interpretados como la cornamenta del animal podrían ser las propias orejas, la forma general de la línea cérvico-dorsal, levemente insinuada, se asemeja más a los modelos de los équidos que a la de bóvidos, baste compararla con el bóvido representado a su lado, y la cabeza, de aspecto triangular.

(19) con el hocico redondeado, creemos que también encaja mejor en el conjunto de los équidos. Las extremidades anteriores están indicadas por medio de dos únicos trazos paralelos mientras que de las posteriores sólo se percibe su arranque. Una línea de despiece se desarrolla desde la quijada hasta las patas delanteras. Un paralelo estilístico muy cercano lo vemos con el equino piqueteado en el panel superior de la Roca 12 del conjunto de Domingo García en Segovia (Martín y Moure, 1981; Ripoll y Municio, 1992) (fig. 6:E). La diferencia que advertimos es la disposición de las orejas que en el ejemplo segoviano se disponen acusadamente hacia el frente y en la figura ciezana la inclinacion es menor, pero la forma general de la cabeza es similar y el cuerpo, de volúmenes redondos, muestra la misma línea cérvico-dorsal poco señalada y la gravidez ventral.. insinuada (fig. 2:4). La escasa longitud de las patas delanteras, representadas con dos trazos simples mientras que de las posteriores sólo se percibe su inicio, otorgan a la figura un aspecto desproporcionado. Dos cortos trazos dispuestos en "V" hacia atrás indican la cornamenta, mientras que dos líneas de despiece atraviesan al animal transversalmente, desde los cuartos delanteros hasta la mitad dorsal. La otra figura de cuadrúpedo presenta un mal estado de conservación (fig. 2: 5). Se observa el cuerpo, menos voluminoso que en la figura anterior, y el arranque de las extremidades anteriores, pintadas por medio de dos líneas simples (10,3 cm de alto y 15,5 cm de ancho: Color rojo). Aunque se ha propuesto como la representación de un cérvido (Salmerón y Lomba, 1995), nos parece arriesgado pronunciarnos sobre la identidad de su especie al carecer de rasgos definitorios claros.. Superpuesto parcialmente con la línea cérvico-dorsal a la cabeza y cuerpo de esta figura encontramos a su derecha la silueta, en rojo, de un bóvido de 48 cm de alto y 70 cm Cueva del Arco I de ancho, (fig. 2: 3). La parte conservada se corresponde con la cabeza, de tendencia Con una orientación sur, se trata de rectangular, con el hocico redondeado y con una galería de unos 15 m de longitud, de ligera tendencia al "pico de pato" que no apenas 1,20 m de anchura media y menos de termina de definirse. La cornamenta aparece 2 m de altura. Las pictografías se reparten en en perspectiva absoluta y la cerviz está muy dos paneles, uno sobre la pared derecha de la pronunciada. Se aprecia el arranque del pecho cavidad y el otro en la pared contraria. y la larga línea cérvico-dorsal, que como Los motivos representados en el hemos indicado se superpone a la figura de panel 1 son dos prótomos de équinos, uno équido, llegando hasta su vientre. Ésta se mirando a la derecha y el otro hacia la dispone paralela a la línea de despiece del izquierda. El primero de ellos muestra las equino. orejas por medio de dos cortos trazos Completan el panel otras dos dispuestos en "V", con la crin del animal representaciones de cuadrúpedos. La primera señalada por medio de una línea de mayor de ellas se corresponde con un caprino (22 grosor que en el resto de la figura (fig. 3:1). cm de alto y 21,4 cm de ancho. Color rojo), La quijada presenta una forma convexa y una de cuerpo voluminoso, con marcada gravidez acentuada inflexión que determina una ventral y una línea cérvico-dorsal apenas morfología muy próxima al típico "pico de. 21.

(20) pato" (11,5 cm de alto y 14,4 cm de ancho. Color rojo). Por su parte, la otra figura sí muestra la forma de "pico de pato" y las orejas en "V" por medio de dos líneas ligeramente separadas (fig. 3:2). No se marca la crin (10,4 cm de alto y 13,4 cm de ancho. Color rojo). En la pared izquierda de la cavidad encontramos un segundo panel pintado. El primer motivo es un signo formado por tres líneas de disposición vertical ligeramente serpenteante unidas en un mismo punto en su extremo superior (fig. 3: 3). En el inferior, un desconchado en el soporte impide conocer si convergen también en un único punto o permanecen separados (19,9 cm de alto y 5,9 cm de ancho. Color rojo). La otra representación de este segundo panel es la figura silueteada de un cérvido. En una actitud próxima a la de carrera muestra un pronunciado alargamiento del cuerpo, sobre todo del cuello, si bien no conserva las extremidades, de las que sólo se advierten los arranques de las delanteras. La línea cérvico-dorsal apenas está insinuada y la cornamenta queda determinada por dos cortos trazos curvos dispuestos hacia atrás en forma de "V". Otro reducido trazo insinúa una de las orejas del animal cuyo tamaño alcanza los 22,3 cm de alto y 40,8 cm de ancho (fig. 3: 4). No obstante, estas líneas curvas también han sido consideradas como las orejas propiamente dichas (Salmerón y Lomba, 1995). Cueva del Arco II Situada a escasos metros de Arco I, es una pequeña covacha de apenas 2,5 m de longitud y 2 m de anchura, orientada al suroeste. Los motivos más destacados de esta cavidad son dos prótomos de cápridos 22. descritos, en nuestra opinión de forma errónea, como prótomos vistos de frente (de 13,5 cm de alto y 13,2 cm de ancho el primero, y 10,5 cm de alto y 9,2 cm de ancho el segundo). Analizados los detalles representados consideramos que no se trata de una vista frontal de tales caprinos sino, más bien, de una vista cenital de dos calaveras en las que con singular definición se han pintado las apófisis cornuales, que no se verían de ese modo si la perspectiva fuese frontal, los huesos parietales que forman parte del techo de la propia cavidad craneal, los huesos frontales con los arcos cigomáticos señalados y la prolongación anterior de la cabeza a través de los huesos nasales (fig. 4: 4-5). Aunque contamos con unos pocos ejemplos de figuras en perspectiva frontal, sobre todo en arte mueble, los testimonios en los que la perspectiva es cenital son mucho más infrecuentes. Como posibles paralelos parietales tan sólo podríamos señalar los de la Cueva del Otero en Secadura (Cantabria) (González, Muñoz y San Miguel, 1985), si bien en ellos se perciben claramente las diferencias entre los puntos de vista frontal de éstos y la cenital de los motivos murcianos. Detalles como la disposición de las orejas o las cornamentas y el desarrollo de líneas longitudinales para indicar el cuello y cuerpo del animal son rasgos reveladores sobre el particular. En arte mueble, los ejemplos son más numerosos, pudiendo reseñar los documentados en un bastón perforado de El Pendo, un compresor de Urtiaga, un hueso decorado en La Torre, o también en Sofoxó (Corchón y Hoyos, 1972/73), La Paloma, Morín, Valle, Aitzbitarte o Ekain (Barandiarán, 1972). Sin embargo, una vez más la mayor parte de las figuras presentan una perspectiva frontal, pudiendo indicar como representaciones cenitales, aunque no tan claras como.

(21) las de El Arco II, alguna de El Pendo, Cueto de la Mina o Aitzbitarte IV (fig. 5). Junto a estas representaciones vemos un signo formado por cuatro líneas verticales de trazado ligeramente serpenteante que se unen en ambos extremos, similar al que veíamos en Cueva del Arco I pero con la diferencia de que desde el extremo superior parten otros tres trazos rectilíneos (fig. 4:1). Otro motivo es el formado por dos líneas horizontales convergentes en uno de sus extremos (26,3 cm de largo y 3,4 cm de ancho) que, ocupando el centro de la covacha, pudiera ser otro de esos elementos en forma de "flecha" de los que hemos hablado para la Cueva de las Cabras ya que apunta directamente hacia las figuraciones de los cápridos (fig. 4: 3). Completa el conjunto un numeroso grupo de motivos pintados con técnicas aerográficas, hasta un total de 23, aunque no presentan formas definidas (fig. 4: 2). Paralelos y Cronología Sin que pretendamos agotar la relación de paralelismos que se podrían apuntar para estas representaciones murcianas, vamos a reseñar tan sólo aquellas que nos permitan establecer mejor su encuadre cronológico y estilístico ya que, de lo contrario, la lista de ejemplos, de utilidad discutible de otra parte, se podría hacer interminable. Con este marco de actuación, no cabe la menor duda de que los paralelos más próximos, tanto en el espacio geográfico como por los rasgos morfológicos de las representaciones, los encontramos entre el équido de la Cueva de Jorge y el pintado en el panel II (núm. 5) del conjunto almeriense de la Cueva de Ambrosio, hasta el punto de que por. las notables semejanzas que muestran podríamos decir que ambas figuraciones parecen pintadas por la misma mano (fig. 6: A). Ésta relación se convierte en un hecho muy importante que va más allá de lo puramente estético por cuanto la cueva almeriense constituye uno de los pocos casos en los que el arte parietal, ya sea pintado o grabado, cuenta con el apoyo de la estratigrafía arqueológica como elemento fidedigno de cronología absoluta (Ripoll, 1996). La ocultación de motivos parietales por depósito arqueológico han permitido datar en el Solutrense superior el conjunto de representaciones de la cavidad. El équido de la Cueva de Jorge podría, por tanto, en virtud de la comunión en los rasgos con esa figura de Cueva de Ambrosio situarse en un periodo cronológico y cultural próximo, que vendría apoyado también por el análisis estilístico que lo enmarcaría en el Estilo III avanzado de Leroi-Gourhan (1965). Distinta es la situación que plantean los motivos de la Cueva de las Cabras, donde sobresale la superposición entre los dos primeros motivos pintados. Aunque se ha postulado la sobreposición de la figura de bóvido núm. 2 sobre la núm. 1, en realidad la similitud en el trazo y el cromatismo de ambas figuras no permite dilucidar de manera inequívoca la prioridad en la ejecución. Asimismo, el análisis estilístico de ambas figuras orienta más bien en la sobreposición contraria, del équido núm. 1 sobre el bóvido núm. 2. En éste último, la cerviz tan pronunciada, la disposición de la línea cérvico-dorsal, la perspectiva de la cornamenta en perfil absoluto y la forma de cabeza de tendencia rectangular son rasgos arcaicos que lo llevarían a una fase antigua dentro del Estilo III. Además, la presencia de un cuerno de trazado sinuoso y proyectado 23.

(22) hacia adelante se nos presenta como rasgo característico de los bóvidos del Gravetiense y/o Solutrense inferior en las plaquetas de El Parpalló (Villaverde, 1994a; 1994b). Mientras, la figura de équido núm. 1 mostrarían detalles como las orejas dispuestas al frente, la línea cérvido-dorsal sólo insinuada, la cabeza de forma triangular con el hocico redondeado o las líneas de despiece que lo situarían en una fase más avanzada dentro del Estilo III. Las otras dos representaciones de cuadrúpedos del conjunto muestran algunos rasgos morfológicos que las situarían cerca de la figura de bóvido. Entre ellos, el poco dominio de las proporciones anatómicas que desemboca en cuerpos grandes y cabezas reducidas, y el poco desarrollo longitudinal de las extremidades, lo que otorga a las figuras un aspecto desproporcionado. Estos detalles, de acuerdo con la secuencia estilística obtenida a partir de las plaquetas de El Parpalló, las englobaría, al igual que sucedía con la figura de bóvido, en un Gravetiense y/ o Solutrense inferior (Ibidem, 1994b). No obstante, detalles como las líneas de despiece del cuadrúpedo núm. 3 suponen cierta nota de "modernidad". Esta circunstancia nos lleva a pensar que si bien la superposición entre los motivos y las características morfológicas entre ellos marcan cierta separación temporal en la ejecución del conjunto, este lapsus no debió ser demasiado prolongado por lo que quizás no sería demasiado arriesgado situar al grupo de representaciones en un momento de transición desde el Estilo III al IV. Muy próximos a los motivos de la Cueva de las Cabras habría que situar, en nuestra opinión, los dos prótomos de équido de la Cueva del Arco I, en los que, si bien su morfología general los encuadraría sin mayores problemas dentro del Estilo III, se 24. percibe, empero, algún rasgo arcaizante como es la tendencia al "pico de pato", más acentuado en la figura núm. 2. Sobre las dos figuras de calavera de cápridos de la Cueva del Arco II, sí las incluimos en el mismo grupo de representaciones zoomorfas en perspectiva frontal, debemos considerarlos dentro del Estilo IV de Leroi-Gourhan (1965), otorgándoles al mismo tiempo una cronología reciente, en el Magdaleniense superior-final, tal y como revelan los objetos de arte mueble decorados con este tipo de representaciones (Barandiarán, 1972). Así pues, consideradas en conjunto estas representaciones paleolíticas, por las características morfológicas que desprenden, con la convivencia de algunos rasgos arcaizantes con otros propios de momentos más avanzados, pero con una cierta homogeneidad de representación que envuelve a casi todas las figuraciones, nos inclinamos a considerarlas dentro de un periodo que iría desde finales del Estilo III a las primeras etapas del Estilo IV, sin que debamos descartar, como hemos apuntado para la Cueva de las Cabras, que nos encontremos en una fase de transición entre los dos estilos. Sin duda, la aplicación de procedimientos de estudio más técnicos que los puramente estilísticos permitirán en un futuro puntualizar esta hipotética secuencia planteada. En este sentido, los análisis químicos de muestras de pigmento, entre ellos el análisis por PIXE, podrían revelar la eventual utilización de distintas "recetas" en la preparación del colorante, de modo semejante a como lo ha hecho en conjuntos como Gargas o Niaux (Groenen, 2000), y con ello la acción de diversos grupos humanos como autores de las pinturas y no de uno sólo..

(23) BIBLIOGRAFÍA BARANDIARÁN, I. (1972): "Arte mueble del Paleolítico Cantábrico", Monografías Arqueológicas, XIV, Zaragoza. CACHO QUESADA, C. y RIPOLL LÓPEZ, S. (1987): "Nuevas piezas de arte mueble en el Mediterráneo español", Trabajos de Prehistoria, 44, Madrid. CORCHÓN RODRÍGUEZ, M a S. y HOYOS GÓMEZ, M. (1972/73): "La Cueva de Sofoxó (Las Regueras, Asturias)", Zéphyrus, XXIIIXXIV, Salamanca, págs. 81-86. GONZÁLEZ SAINZ, C; MUÑOZ, E. y SAN MIGUEL, C. (1985): "Los grabados rupestres paleolíticos de la Cueva del Otero (Secadura, Cantabria)", Sautuola. Revista del Instituto de Prehistoria y Arqueología, IV, Santander, págs. 155-164. GROUPE DE RÉFLEXION SUR L'ART PARIÉTAL PALÉOLITHIQUE, (1993): L'art pariétal paléolithique. Techniques et méthodes d'étude, París. GROENEN, M. (2000): Sombra y luz en el arte paleolítico, Ed. Ariel, Barcelona, 135 páginas. LEROI-GOURHAN, A. (1965): Prehistoire de l'art occidental, Ed. Mazenod, París, 319 páginas. MARTÍNEZ GARCÍA, J. (1986/87): "Un grabado al aire libre en Piedras Blancas (Escullar, Almería)", Ars Praehistorica, VVI, Barcelona, págs. 49-58. MARTÍN SANTAMARÍA, E. y MOURE. ROMANILLO, J.A. (1981): "El grabado de estilo paleolítico de Domingo García (Segovia)", Trabajos de Prehistoria, 38, Madrid, págs. 97-105. MONTES BERNÁRDEZ, R. Y SALMERÓN JUAN, J. (1998): Arte rupestre prehistórico en Murcia. Itinerarios didácticos, Murcia, págs. 31-34. RIPOLL LÓPEZ, S. (1996): "Arte rupestre paleolítico en la Cueva de Ambrosio (VélezBlanco, Almería). Un hallazgo de importancia internacional", Revista Velezana, 15, Almería, págs. 7-20. SALMERÓN JUAN, J.; LOMBA MAURANDI, J.; SÁNCHEZ GONZÁLEZ, M a J.; CANO GOMARIZ, M. y GRUPO LOS ALMADENES, (1994): "Hallazgo de las primeras muestras de arte rupestre paleolítico en la Región de Murcia", Revista de Arqueología, 156, Madrid, págs. 62-63. SALMERÓN, JUAN, J. y LOMBA MAURANDI, J. (1995): "El arte rupestre paleolítico". En CHACÓN, F. (Dir), Historia de Cieza, Vol. I, Murcia, págs. 71-90. SALMERÓN JUAN, J.; LOMBA MAURANDI, J. y CANO GOMARIZ, M. (1995): "Avance al estudio del arte rupestre paleolítico en Murcia: las Cuevas de Jorge, Las Cabras y el Arco (Cieza, Murcia)", XXIII Congreso Nacional de Arqueología, Vol. I, Alicante, págs. 201-216. SALMERÓN JUAN, J.; LOMBA MAURANDI, J.; SÁNCHEZ GONZÁLEZ, M a J.; CANO GOMARIZ, M. y GRUPO LOS ALMADENES, (1995/96): "Arte rupestre paleolítico en Cieza: primeros hallazgos en 25.

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(25) 1.. 27. Planimetría de la Cueva de Jorge y dibujo del équido núm. 1..

(26) 2.. Cueva de las Cabras. Planimetría y motivos pintados.. 28.

(27) 3.. 29. Planimetría de las Cuevas del Arco I y II. Motivos pintados en la Cueva del Arco I..

(28) 4.. Motivos pintados en la Cueva del Arco II.. 30.

(29) 5.. 31. A: Cueva de Ambrosio (Vélez-Blanco, Almería), según S. Ripoll, 1996. E: Domingo García. Roca 12 (Segovia), según E. Martín y J.A. Moure, 1981..

(30) 6. A: Cueva del Otero (Secadura, Cantabria); E: El Pendo (1,2, 4, 7, 11 y 13); Urtiaga (2); Paloma (5 y 12); Morín (6); Cueto de la Mina (14 y 16); Aizbitarte IV (15); Sofoxó (17); Valle (18).. 32.

(31) YECLA Y LA TARDOANTIGÜEDAD EN EL CONTEXTO REGIONAL NOTAS PARA UN ACERCAMIENTO A LA INVESTIGACIÓN Antonio Gómez Villa. Introducción. Los siglos que han venido llamándose "oscuros" por su desconocimiento, debido a la falta de fuentes de todo tipo, son en la actualidad un período histórico de enorme importancia para la configuración de la Historia. Y ello, no sólo porque sin la llamada TardoAntigüedad es imposible entender la formación del mundo feudal y por tanto, la gestación de la sociedad medieval, sino porque en su base están muchos de los elementos que todavía hoy forman la vida moderna y los valores que mantiene la sociedad europea de nuestro tiempo. Así pues, la orientación de la investigación moderna ve en este período histórico de los siglos IV a VIII de nuestra Era, un momento de formación de nuevas estructuras sociales y de pautas de comportamiento de la población que es preciso investigar para comprender las nuevas perspectivas que ello comporta. El mal llamado hasta hace poco, período de decadencia, se vislumbra como un inmenso error en las investigaciones pues, lejos de suponer tal realidad cultural, es justamente lo contrario, período de creación de una nueva cultura, tanto en el campo espiritual con la influencia sociológica del cristianismo, como en la vida cotidiana, con los fenómenos de la ruralización de la vida y todo lo que ello supone.. Sirva el presente trabajo como una aportación reflexiva al tema desde la perspectiva de la investigación actual y la constatación de lo mucho que nos queda por avanzar en la comprensión de tan crucial período histórico.. I-La aportación historiográfica. Aunque abundante, la historiografía yeclana más antigua, poco nos aporta sobre aspectos fundamentales de este período. Unas veces se trata de una historia descriptiva de cierto valor topográfico, otras aportan datos etnográficos, en ocasiones se apuntan historias de tradición oral. Hay una historiografía que busca magnificar la historia de Yecla junto a autores que parten de ideas preconcebidas que luego han resultado equivocadas por lo que las obras pierden gran parte de su valor. En todo caso el manejo de las escasas fuentes apenas es utilizado y la impresión que trasmite es que la historiografía yeclana para los siglos IV al VIII d. C. a menudo despista y para poder utilizar sus datos conviene usar con mucha precaución algunas de sus aseveraciones. Y lo que puede parecer una crítica despiadada no lo es en el sentido de desprestigiar a las personas que a lo largo de los 33.

(32) 1 Ver el Análisis Historiográfico del Cap. I de la obra RUIZ MOLINA, L., 2000: "Hisn Yakka. Un castillo rural de Sarq Al-Andalus. Siglos XI al XIII. Excavaciones Arqueológicas en el Cerro del Castillo de Yecla (1990-1999) en YAKKA. Yecla, pp. 13/30 en la que resume las aportaciones de los distintos autores a la historia yeclana desde su aparición hasta nuestros días, de forma cronológica. El listado aportado sería: GÍL PÉREZ DE ORTEGA, C, 1777: Fragmentos históricos de la villa de Yecla (obra no publicada y de la que sólo existen fragmentos mecanografiados); LOZANO, J., 1797: Bastitania y Contestania del Reino de Murcia; de JIMÉNEZ RUBIO, P., 1867: Apuntes para la historia de Yecla. Yecla; LASALDE NOMBELA, C, 1880/1881: "Historia de Yecla" en Semanario Murciano números 152/ 158; IBÁÑEZ MAESTRE, F., 1990: Disertación histórica sobre la ciudad de Yecla; SORIANO TORREGROSA,F., 1950: Historia de Yecla (editada posteriormente en Valencia en 1972) pag. 396; BLÁZQUEZ MIGUEL, 1,1988: Yecla en su historia.. Naturalmente en su riguroso análisis historiográfico hace referencia a otros autores que escriben sobre distintos temas que afectan a Yecla. Por esta razón cita el Catálogo Monumental de GONZÁLEZ SIMANCAS, M., aparecido en 1905/1907; las obras de SPINALT Y GARCÍA, B., y de LOZANO, J..; los estudios de FERNÁNDEZ GUERRA, A., 1875: Discursos en la Academia de Historia. Madrid, de SIMONET, F., 1897: Historia de los mozárabes de España. Madrid, AMADOR DE LOS RÍOS, R., 1888: Murcia y Albacete. Madrid; MERINO ÁLVAREZ, G., 1915: Geografía histórica de la provincia de Murcia. Madrid; ZUAZO PALACIOS, J.., 1915: La villa de Montealegre y el Cerro de Los Santos.. tiempos han intentado escribir una historia de Yecla, sino por el contrario, constatar las dificultades de tal empresa en unos momentos en que la investigación histórica adolecía de recursos y tenía que afrontar retos en muchos casos insalvables. Así hay que partir del reconocimiento de las escasas fuentes documentales encontradas hasta el momento y de la casi ausencia de la epigrafía y del estado incipiente de la investigación arqueológica hasta hace poco tiempo. En tales circunstancias, el intento de escribir sobre historia es ya una empresa encomiable, pero reconozcámoslo, de grandes riesgos. Si queremos acercarnos a una historiografía general para Yecla la que me parece más rigurosa y actualizada es la que aparece en la obra de Ruiz Molina que recoge las "Historias de Yecla" desde la aparición de la obra de Gil Pérez de Ortega en 1777 hasta la de Blázquez Miguel publicada en 1988 1. 2-Nuestras tierras en el Bajo Imperio. La gran cuestión a la hora de cualquier estudio en nuestra comarca es saber "todo" sobre la población de los Torrejones y el papel jugado en el territorio. Las especulaciones a lo largo del tiempo han situado en ella desde la Egelasta de Plinio o la mansio romana de Ad Turres 2 hasta la ubicación de las ciudades de Arbócala, Asso, Adello y la mítica Ello 3. Recordemos también la sugerencia del profesor González Blanco en el sentido de la aparición del nombre de TOGOLLA en la llamada Hitación de Wamba al referirse a los límites de los obispados de toda España 4 . En los últimos años, y tras las investigaciones arqueológicas parciales, se planteó la idea de que en Los Torrejones lo que en realidad existió fue una villae señorial. 2 Tal posibilidad fue planteada en su tesis doctoral por PÉREZ ROJAS, M., 1978: Estudio estructural de las instituciones civiles a través de la epigrafía hispánica. Mientras que la mansio de Ad Turres es situada por LOZANO, J., en la obra ya. 34. ciertamente muy importante, pero sólo una villae. Pero en el paraje de Los Torrejones se han encontrado desde siempre innumerables restos de todo tipo que obran en poder de muchos yeclanos, restos que han pasado de padres a hijos y que por temor muchos prefieren silenciar lo que hace difícil la investigación. Una prueba de todo ello es el gran trabajo del investigador yeclano Azorín Cantó que a lo largo de más de treinta años ha estudiado y dibujado pacientemente todas las monedas que amablemente le dejaban procedentes de estos parajes que abarcaría desde la zona conocida de Los Baños hasta los Torrejones. y que ha llegado a reunir un Archivo en el cual hay más de dos mil fichas, de las cuales y según sus ambles observaciones unas mil pertenecerían al período histórico objeto de estudio. Archivo e investigaciones que de ver pronto la luz 5 podrá arrojar mucha información sobre este enclave arqueológico tan básico para la historia de nuestra ciudad y sus gentes. En la actualidad y tras las prospecciones recientes del equipo arqueológico dirigido por Liborio Ruiz Molina, todo apunta dada sus grandes dimensiones perimetrales, a la existencia de un núcleo urbano de bastante importancia 6. El hallazgo de una posible civitas romana en el paraje vendría a cambiar gran parte de la historia de nuestra Comarca y de nuestra Región El segundo componente de nuestro territorio son las villae como enclaves agrarios donde la obra romana es más palpable, ya que una villae es el sistema de explotación romana de la tierra por antonomasia. Hay coincidencia generalizada en situar hoy como eje fundamental de su existencia, la necesidad de la explotación agraria. Aparece pues en el centro del fundus, esto es, la finca, inmersa en el paisaje, y cuyas construcciones.

(33) obedecen en esencia al tipo de explotación para la que está diseñada. Caro Baroja llega a afirmar que el fundus es la base de la vida económica en Occidente 7. Una de las dificultades con la que nos vamos a encontrar es que siempre se ha dedicado mucha más atención a las construcciones señoriales, suntuosas, antes que a las dedicadas a la explotación agrícola y ganadera, a las viviendas de los trabajadores agrícolas, y a ello contribuye el que hoy no se posea una excavación arqueológica completa de una villa regional y su territorio.8 La gran dificultad para nuestra Región aparte del problema de las fuentes ya reseñado, es el hecho de no poseer evidencias arqueológicas globales que nos permitiesen deducir estudios de explotación, de población, de dependencias y relaciones comerciales, con lo que la investigación queda seriamente dañada. Según Balil9, las evidencias arqueológicas demuestran que las primeras «villae» aparecen ya en época republicana en nuestro país y que, en concreto, en el sector de Cartagena vienen a ser el complemento lógico de la industria minera que se desarrolla en el litoral. Pero el desarrollo de la extensa red de villae por toda la Región se producirá a partir del Imperio hasta el siglo V. Parece en opinión de Gorges que los ingenieros de la planificación y organización de las grandes villae, son los agrónomos del siglo I, que inician la ocupación de grandes extensiones de tierra. Desde este momento el estudio ha ido parejo al de la cerámica sigilata de fines de época flaviana, y permite conocer las vías de penetración del comercio romano. En la Región de Murcia no es fácil precisar el tipo de explotación con carácter general. Podemos hablar de media-propiedad hacia el latifundio, en comarcas tales como el Campo de Cartagena,. reseñada en nota anterior al interpretar de forma equivocada el itinerario que aparece en los Vasos de Vicarello. 3 Así opina LASALDE NOMBELA en la obra ya citada en nota anterior cuando se refiere a los posibles nombres de la ciudad antigua que debió existir en el territorio circundante a los Baños y los propios Torrejones. 4 Ver su artículo de 1986:"Yecla en los Siglos de la Antigüedad Tardía" en las I Jornadas de Historia de Yecla. Homenaje a D. Cayetano de Mergelina, en concreto la pag. 70. 5 Por la gran importancia del tema exhorto a este buen amigo a publicar sus investigaciones por el gran valor que tienen y que van a ayudar. sin duda, a completar el análisis para este importante período histórico. 6 Si añadimos el terreno de los Torrejones al colindante conocido como Los Baños, estamos hablando de un territorio que abarcaría más de 100 Ha y con un limes muy rico para la práctica agrícola. 7 CARO BAROJA, J., 1981 : Los pueblos de España. Ediciones Istmo. Madrid, pp. 389/398. Da como medidas del fundo 1000/1500 hectáreas de extensión y habla para el norte de España de "fundí" o unidades más pequeñas de explotación que da al paisaje de algunas zonas un aspecto de atomización. Y aunque el estudio se refiere a las tierras romanas peninsulares del norte, me parece de interés sus estudios lingüísticos de la toponimia de estos territorios llegando a la conclusión de que el nombre de muchos de estos lugares no son sino la simple derivación de nombres de fundí transformados (parece que el fundo tomaba el nombre del primer año). Valle del Guadalentin y zonas del Altiplano, pero forzosamente hemos de referirnos al minifundio y la proliferación de varias villae pertenecientes al mismo fundus, en el valle del Segura y zonas de la huerta y su vega. Las centuriaciones romanas en España nos hablan de fundus con parcelas de 50 hectáreas equivalentes a 200 iugeres. En Catón II y III aparecen referencias al tema, pero no es posible precisar el modelo general seguido, antes bien, parece que estuvo en relación muy directa al territorio y a la necesidad de abastecimiento de la población en un primer momento, y a las zonas de penetración y red viaria con posterioridad. En esta situación ¿podríamos definir el modelo de centuriación seguido?, ¿hemos de buscar en las excavaciones parcelas de 710 metros siguiendo las fuentes?, ¿pudo existir fundus superiores a las 500 hectáreas, o podríamos suponer la existencia de asociacionismo agrario para un tipo de explotación latifundista?.Nos estamos refiriendo naturalmente al interior de la Región, en la que para conocer la existencia de la red de explotación de cada villa, sería preciso estudios complementarios en torno a los recursos disponibles, así como una excavación específica. Durante el siglo II la red de villae se consolida parejo al proceso de romanización. Será en el siglo III cuando la explotación de los territorios se intensifique de manera plena, de forma que hacia el 260 puede afirmarse que las regiones pacificadas tienen un sistema de explotación agrícola con base en una población indígena sedentarizada 10. ¿Cómo afectó la crisis del siglo III al mundo rural ? Sobre ella se ha escrito mucho y hay opiniones encontradas en torno a su alcance real. Las incursiones de pillaje. 8 GORGES, J.G., 1979: "Les villes hispano-romaines. París pp.323 9 BALIL, A., 1964: "El 'popamiento rural en el Conventus Tarraconensis". Celticum IX pp. 217/ 228. 10 GORGES, J.G., 1979: "Les villes hispano-romaines. París, pp. 38/ 42.. 35.

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