SEMANARIO PINTORESCO.
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BLANCA CAPELO.
L E Y E N D A V E N E C I A N A .
I .
N o lejos del ángulo norte del p la c ió Ducal de Vene- cía , detrás del puente de los Suspiros, y á la orilla de un obscuro canal que rara vez animan los rayos del sol, i Izase un palacio de severa arquitectura, cuyas paredes ennegrecidas por el tiempo despiertan sin saber porque en el ánimo del viajero tristes y melancólicos pensa mientos.
La puerta se abre en frente de un pucntccillo tan triste como el edificio; el agua que corre por bajo apa rece mas turbia y sombría que la de los otros canales; un silencio mortal reina en aquel solitario recinto, y su aspecto terrible se aumenta también con la obscura som bra que le produce el edificio de las Cárceles, que de lante tiene.—
En los pasados siglos conocidos por la edad media,
habitaba este celebre palacio una familia patricia, la fa milia Capelo, y la casa que enfrente está se bailaba ocu pada por los Salviali_, nobles florentinos que habían es tablecido en ella su banco de comercio. Porque es bueno
TOMO III.—Trimestre 11.
advertir que en aquella época los italianos no partici paban de la preocupación de otros paises, y las fami lias nobles no tenían i menos ocuparse en el comercio, y enriquecerse con él.
Un joven florentino llamado Pietro Buonavtnturi
acababa de llegar á Venecia para seguir el comercio en la casa de los Salviali, y gracias i la actividad y conoci mientos quedó muy pronto encargado eselusivamente de la dirección de dicha casa.
El ¡oven Pietro era extremadamente hermoso, de una talla elegante y esbelta; fisonomía espresiva, y una es merada comportura en el Testir; tenia una rubia cabelle ra que cayendo en bucles sobre el cuello y frente liada resaltar la blancura y delicadeza de su tez, y el brillante azul de sus ojos; Era en fin un muchacho mny propio para hacer perder la tranquilidad de los corazones.
Tenia la costumbre de colocarse por las tardes é la ventana para gozar de la fresca brisa de los lagos, y con templar el resplandor de la lu n a , i quien solia saladar con apasionadas canciones acompañadas de la guitarra al estilo de su pais.
Porque tanto el viejo senador Capelo tenia una hija única, llamada Blanca , que era la esperanza de su veje«,
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y como u l , y con deseo de preservarla de seducciones, (a guardaba con todo el atan que nn vicio avaro pone en ocultar su tesoro* Unicamente los dias festivos la permi tía salir 4 la calla para asistir 4 la misa, y eso cubierta de un velo espeso, y escollada por una nodriaa antigua y
lu escudero.
Pero Blanca por desgracia no era ciega, y por entre las celosías de sus miradores había visto un dia a Pietro, su vecino. Desdo aquel momento no -hubo ya uno sola' de reposo para e lla ; y noches y dias le pasaban an tur profundo tormento sin qiuModaa ana infantiles oe«pac¡o- i nes ni sus egercicios religiosos . pudieran -alcanzar a dis- J
ga , de sustos y miseria arribaron á Florencia , donde BuDoarroti depositó en manos de su madre á la noble ve neciana Capelo.
n .
Na pasaron machos dias sin que la crédula 4 impru dente UJanea reconociese su e rro r, y llorase
amargamen--el tal Pietro era tan miserable, y su madre pobre anciana ala-Ja mas hayreoadicien. incapaz de atender 4 sus mas
i y sarmaÉnllosa«1 eabaihs%o dejaba un instante de gritar. 'fPietéa.tPáelra, me faaMMIgañado!
la parroquia de la Saii«Jto, Blanca observó que Pietro la • seguía, y observó también que al entrar en la iglesia Pie- tro se arrodilló ó su lado sin dejarla na momento de
m irar. u
—Mi buena madre (dijo por lo bajo la joven mácente- á su nodriza ) , mirad * ese joven que nos sigue; es el que am o, y me dejaró matar ai mi padre no consiente en que
sea mi esposo.—
La nodriza sobrecogida con esta oxálico declaración.:
unavida licenciosa, pasaba tos días y nuches en franca chelas con sus camaradas plomando antes la precaución de dejar encartada i Ulanos con"sa madre.
qnc de Plansttoia de u sa p a rtid a de caza, seguido de
quiso rep licar, pero:U laacañaiatenum píó de nuevo di
ctándola : /
— Dejadnos solos, bBenaumadrav^porqbrdi sabe que
a o rta , al atravesar- Ja p i n a de tanta Marta JVove/Ia vie se ó Blanca paamntra las celosías de su ventana, y por el oaádadeqiia>*Ms-paso.« • Ocultarse llamó su aleación, le amo, y yo se «jue «or nrnmudia utf>r naco quince
rio » theldad.
de pedir C mi padre.
Pietro pudiera oirlas. ”
favorito deLprincipa, tosió 4 su Oargo tan arriesgada ave- «ágaaciim tai fa e ls m a n s queso dió, que 4 los pocos ' días pal»eodiM Índ la luadre ds Pietro 4 que viniese 4
la noche ird 4 casa do tu padrsá.pcdiióoi*Bitneao.— ■ i_ ■tiran.
; 1 Luego <pu» Uegaron al palacio de Mondragon, y que
ha , y regresaron juntas al palacio Capelo. " <
Ptálro cumplió su palabra, y aquel miamo d u pidió adviniéndola primero que todat aquellas riquezas eran railn», la madre , y el favorito dejaron sola 4 Blanca, suyas; y mientras Blanca embebecida coii aquel fausto que le recordaba la casa de su p ad re, abría los tocado r e s , probaba aquellas galas y se miraba 4 todos lus espe jos que la revelaban su hermosura , un hombre apareció de repente en el salón, y lanzándose 4 sus pies la decla ró que era el gran duque de Toscana Francisco, que sa bia toda su historia, que estaba ciegamente enamorado de ella , y que se proponía darla su mano y castigar la in solencia de Buonavenluri. Blanca sobresaltada pudo con grandas esfuerzos escapar de los brazos del príncipe, y regresar i su posada, cuidando de ocultar 4 su amante tan señalada aventura.
Pero el celoso servidor del príncipe Mondragon ha lló medio de ligar relaciones Con Pietro, halagándole con la mano de Blanca ¡ pero el viejo Capelo á tal propuesta
se cntrogó al mas violento fu ro r, como quien bien sabia que aquel hombre que osaba aspirar á an bija no era mas que el dependiente de la casa S alv ali, y de obscura no bleza y extranjera, luterrum pió, p u es, bruscamente su demanda, y sin hacer caso de sus ruegos hizo que sus criados le arrojasen del palacio. Pietro entonces escribió 4 su amante suplicándola que aquella noche se encontra se 4 la puerta del palacio de su p a d re , porque tenia l i grandes nuevas que revelarla.
Blanca acudió á la cita sus consultará sus g» ardas, es capándose del.lecho á media noche y y viniendo á buscar i Buonarroli que la esperaba en al puente., sin siquiera cuidar dal desaliño de sus vestidos y de lo arrojado de l au conductas Pietro al ver á Blanca se cebó 4 sus pies, y asegurándola de su amor y de su.constancia, la contó la negativa de su padre, procurando de ceo.uno hallar medios de convencerle.
Poro las boca* pasaban en esta conversación animada, y ya las primeras luces de la aurora comenzaban i b ri l l a r , cuaudu uu proveedor de la casa Capelo entró en , ella y cerró la puorla que Blanca había dejado abierta, oen que impidió inadvertidamente 4 esta de poderso re ti ra r , y la obligó 4 permanecer en compañía de au aman, te , triste y desaliñada, y «apuesta 4 las aeradas iodiscrc- t tas da ios barqueros que cruzaban el canal.
Pietro «alonaos encubriéndola con su capo Ja persua dió quole siguiese 4 Florencia, en donde su madre, rica y noble señora, según d ijo , les ¡recibiría en ia casa y les daría su amor y su bendición. Blanca nolstubcó apenas, y se dejó .conducta-á una góndola, lias la que llenos de
fali-una plaza eu la C orte,- y haciéndole conducir 4 ella á Blanca, ya esposa suya. Pietro embebecido en lo r honores y riquezas cortesana», se entregó entonces sin freno á lodos su desarreglo de vida, hecho nn perdonavidas y corriendo ebrio por la»calles bascando pendencias, basta que una noche en una de ellas fue muerto 4 estocadas sin que se supiera p o r quien.
Blanca en fin después de na año de duelo hubo de ceder 4 las soHcitndes de Francisco, y dándole su mano fue reconoeidr£ran Duquesa de TosCana. El viejo sena dor veneciano. Capelo, sabedor de la alta dignidad á que H fortuna habia elevado- i sa hijá.'condolió en Volverla 4 ver. y vino 4 Florencia con los Embajadores que !» se renísima República de Vence!» «vivió á cumplimentar al gran duque por su matrimonio.
Nada faltaba ya ó la fortuna fle Blanca. Su elevación y su grandeza habla borrado de saimrginaeiou la
memo-ría de iríetm.: Verdadera'reina eo nombre de sa tlribil es poso, sa orgullo y «•' fatulo crecieron hasta tal » tre m o que el a n n O ' pueblo que aplaudió so elevación, comen-
¿ó iaaaptáear al cielo quw le librase de so tiranía. Por «le «gracia ek castigo d e la providencia no se hilo esp«rar;: fcl gran duque tenia un hermano Cardenal que se bahía .opuesto oou todas sos faenas i an casamiento, pnrqnaontpaim asegurada en an propia persona la suce sión de la corona ducal.
Un dia llegó el cardenal á Florencia, y Blanca que le temía hizo prepararle un magnifico festín en la villa
de Poggio en Caí a no Aceptólo el cardenal, sombrío y receloso, y pasando con destreza al gran duque el man ja r que Blanca lo ofrecía, clavó los ojos en esta, y le
vantando una voz terrible esclanió.
— «Nadie salga de esta sala si quiere vivir mas. Acu dan al socorro del gran duque Francisco 4 -quien la ve neciana Blanca Capelo acaba de envenenar, conxsle man jar compuesto por sus manos.« —
Blanca estremecida de semejante acusación quiso des m entirla, lanzándola sobre el miatuo qu« i él ia dirigia; pero el cardenal y sus secuaccs'-ohogaron sus voces, y entonces avalentándose al plato fatal, devoró lo que restaba y lanzó e' último suspiro al lado de su ilifiiDlo marido.
El cardenal entonces tomó la corona quo sos servi dores le presentaron de rodillas, y púsola cobre so cabe za declarando que úl era el Irgiliino heredero «luí gran ducado do Toscana, pues que la muerte acuitaba de arre batar d tu muy caro r ainado hermano Francisca de Medicit.
LAS VENDIMIAS.
E„
Jn todos los países donde se conoce ia vid, y se ob tiene de este precioso vegetal ui licor generoso que ale gra el corazón del hom bre, el tiempo de la vendimia ha sido mirado como la mas solemne de las fiestas campes tres, y celebrado en la antigüedad con dantas y ceremo nias religiosas.No solamente se hacia esto para dar gracias á los dio ses de un beneficio digno de toda wi grandeza, sino por conservar la memoria de un descubrimiento que asegu ra al hombre el remedio de tnuehas malea t bebida ver daderamente encantadora, cuya dichosa influencia «obre nuestras facultades físicas y morales, hizo c«clamar * Horacio : « T ú ablandas los corazones ma» duros , y dos- »cubres los secretos roas profundos: tu llenas de espe r a n z a el corazón abatido, y das valor al cobarde : con- atigo desprecia el furor de los tiranos, y sus batallones «berizados de picas. *
La vid y la civilización peregrinaron juntos, y los pueblos se apresuraban á ofrecer U hospitalidad á estas dos viageras, hijas del oriente. En esto afortunado clima
No* , e quien la escritura llama labrador, fue el prime ro que plantó las viñas.
Lo que la Mitológia refiere de Baco, de sus conquis tas, y de las persecuciones que sufrió de parte de los hom bres, cuya felicidad quería asegurar, sometiéndolos i sus ley es, debe considerarse como una noticia de la introducción de las viñas en los diversos países donde se cultivaba , como ha India , Egipto , Grecia ó Italia.
Los hombres ijuo hicieron «slc presente á sos serne- Íant«s adquirieran los derechos toas incontestables A su reconpciuiicnt ¿ l u e g o abasando de este beneficio se 1c» consi’je r¿ CO|DO one,n¡gos del reposo público.
Diodoro de Sicilia espliea asi la fábula de-Baco. El norab e de este celebre personaje, según algunoonniuh. na logos , no era otro que m ilitan* , qu e quine* decir « a - i . i -
mo ; y en cuanto ai hacerle nacer en Grecia d e la-ion- >al fortunada Scm ela, y darle por abuelo al Fanicio Gadtno .al rey de T ebas, ¿no sa vé oculta bajo asta narraeioa «Je— >t> górica la intención de añadir i loa beneficios que el país M había recibido de su fundador, el descubeimian tt dal se vino que el habia hecho, descubrimiento no menos pre cioso para aquellos pueblos , que el de las. letras del al fabeto, de quien la Grecia, según llerodato, le era igual mente deudora?
Dejando aparte algnnos escesos que se cometieron entonces como en nuestros dias, y acarrearon á los que daban al -mal ejemplo , el desprecio público, y las enfer medades que son siempre el fruto de la intemperancia; los hombree se-habituaron poco i poco al uso del vino segnn tos preceptos de la higiene, y á no tomarlo hasta el estremo de embrutecerse y perder la dignidad de hombres, como ncoutecia al vencedor de Persia.
Para fijar al hombre en este grado de moderación, los legisladores y ministros de las religiones prim itivas, con la mira d e bnccr é los hombres mejores, y de que no olvi dasen la vietud , tuvieron macho que trabajar para que su vez fuese oida de la báquica m ultitud, oponiendo á sus frivolos discursos los graves preceptos de la moral, y enseñándolos á preferir una vida exenta de escesos, y unos placares honestos i los placeres peligrosos qnc es- traviando la raxou, lucían muchas veces clavar el pañal del asesino en el seno de un hermano.
En an tiempo en aso la ilustración había progresado poco, ora necesario, al dirigirse 4 la multitud, poner el ejemplo al lado del precepto. Uno de los medios que inas contribuyeron á mejorarla forrou las escenas alegóricas, qua dando 4 la celebridad de la» vendimias el dnb'o ca rácter de fiesta pública, eran lecciones instructiva« para lot que abusaban de loe presentes de Bsco. Tal fue el objeto de las fiestas llamadas flaco,
sor de los abusoa.
t Bacanales ó dlonisiscas áp e - s, y monstruosidades que a lte n -ron el candor primitivo de estas sabias instituciones.
Los sacrificios, las oraciones públicas, y las ceremo nias en loa templos y en los campos, señalaban el mo mento en qne el eiefit iba i dar i la tierra su mas bello presente Los bombeas y mujeres coronados de pámpanos corrían por las campiñas dando fieros ahulitdos, hacien do ridiculas muecas, y profiriendo palabras, qnc la hue lla moral prohíbe, todo con el objeto de demostrar palpa blcinente «l horroroso estado á qnc puede conducir el vino: inas como se abusase también de la libertad qnc se concedía en estos juegas, el senado romano dió an decreto aboliendo las Bacanales.
Antes de tomar esta medida; ¡que espectáculo tan animado ofrecían las bellas campiñas de Grecia y de Ita lia ! Cuando conocían qne la uva estaba del todo madura se dirigían á las viñas al son de los instrumentos y de los melodiosos coros que repetíanlos ecos lejanos. Separaban los dorados facimos del sarmiento que los habia nutrido, y colocados en vistosos canastillos eran conducidos al la gar. Allí se cantaban los versos do Tbeocríto y Anacreon- te , mientras el mosto corría en las vasijas donde debia conservarse, y adquirir sus calidades preciosas.
Sogun algunos viajeros parte de estas costumbres exis ten todavía en Italia, y mas particularmente en la mo derna Grecia, en donde’ hay una danza llamada Falaca, en que se figuran todas las operaciones de los vendimiado-a re s , y los domingos de setiembre y octubre, Jas Lunilla* dé los aldeanos van á divertirse i las viñas, y á bailar delante de ellas.
SEMANARIO PINTORESCO.
Los anligaos asaban, como nosotros, mucha variedad en las riñas que plantaban; también se serrian de em parrados, y machas reces sostenían los sarmientos con las ramas dol fresno y del olmo. Cuidaban de separar las diferentes clases de a r a , no tan solo por la diferencia que pnede establecerse al tiempo de sa m adures, y que conducirla, según Columcla, i recoger el fruto Urdió con el tem prano, sino por el gracioso golpe dd vista
que resulla de esta colocación renU¡osa que sorprende, y uo se puede menos de mirar con placer.
Ratos usos y practicas que acabamos de referir se in - trudugeron en Eoropa con el cultivo do la planta p re ciosa que los motivaba; y en todas partes donde se cultiva la vid la «.‘poca en que rinde su fruto signe siendo señala da con alegres regocijos de las familias campesinas, y da muchas de las ciudades que corren i. tomar parte en ellos.
X I . R I C I N O .
E l Ricino, llamado vulgarmente Palma cristi , es un irb a l bastante fuerte, de 25 á 30 pies de altura, de bella presencia por Jas hojas anchas, abroqueladas y festonea das como se encuentra en los países de la India y
Bcrbe-ria; pero cal tirado en Europa no ofrece ma.S que una f la herbácea anual, cuyo tallo de 6 d 8 pies ü'e largoe¡ tuloso, cilindrico, do color garzo regixo y en misma es ación se ve florecer y dar fruto. L asfc ‘*f *s
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p*n la parle superior de los lallos y de las ramas donde están dispuestas en un largo ramillete piramidal. Si se le abriga anualmente en la estafa, el tallo se robustece, y
se hace leñoso; lo que prueba que no es una planta her bácea , sino en que el tallo y las raíces perecen i fines de otoño, ó i principios de invierno. Como es de natura- le u de Qorecer y dar fruto, desde que tienen un año se le aumentan los granos.
Los semillas del Ricino te componen de una sustancia blanca, compacta y iecbosa, parecida ■ la de las almen dras. Contienen en abundancia un aceite craso y dulce que se saca facilmente, sea por presión, ó por infusión en el agua hirbiendo. Es de notar que las calidades emul- Btos, aceitosas y dulcificantes de estas semillas pertene cen exclusivamente, al tegumento que envuelve al embrión, el cual parece contener sus calidades acres, hirritantes y nauseosas , que gozan de propiedades me dicinales muy diferentes, según conservan ó no este órgano central esencialmente venenoso, al cual de ben la propiedad de excitar el vómito, de ser un pur gante activo, y de alterar é inflamar ciertas partes do la menbrana mucosa recobrando su disposición digestiva. Muchos observadores dignos de fe atestiguan liaber visto resultar los accidentes mas funestos y aun la muerte de algunos sugetos que babian tragado dos ó tres granos enteros.
El aceite de Ricino se prepara mas particularmente en las Indias orientales y occidentales, en los Estados Unidos, y e n e i Mediodia de Europa. Fue conocido de los antiguos que lo empleaban bajo el nombre de Oleo-ri cino. Como el aceite del embrión sale con mas dificultad
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ue el del pericarpio, no se deben someter las semillas el ricino mas quo i una presión moderada, ó bien su mergiéndolas en agua caliente para obtener su aceite; queviene luego á nadar en la superficie del liquido, muy dulce y semejante al de las otras substancias eiuulsivas. Cuando por el contrario se aprieta fuertem ente, el em brión precisado 4 ceder sus principios acres y venenosos contracta sus propiedades corrosivas, y constituye uno de los purgantes mas violentos y mas peligrosos que se co nocen. El aceite dulce de Ricino esta recomendado espe cialmente para muchas enfermedades sean agudas ó cró nicas, y sobre todo en las afecciones verminosas contra las cuales ha probado bien : se puede tomar solo con azú car , jarabe, limón, ó cualquiera snbstanria aromitica agradable. Muchas veces se le añade la mitad ó la cuarta parte de su peso de yema de huevo ó de goma arábiga y se hace de él una emulsión que se dulcifica convenien temente. Ademas, las hojas del Ricino parece tienen cua lidades emolientes y dulcificantes, luego qae están ligera- mentesecas se las aplica algunas veces i las articulaciones para calmar los dolores de la gota; á la cabeza para disi par la jaqueca, y al vientre para mitigar los cólicos.
El aceite de Ricino arde también en las lámparas ; y un autor refiere que los habitantes de la ludia lo mezcla ban con la cal apagada, y servia para blanquear las ca sas , los navios y las maderas expuestas al aire, añadien do que esta argamasa la empleaban también en la cons trucción de cisternas, estanques e tc ., llegando con el tiempo i hacerse tan sólida como la piedra.
SOCIEDAD
N U paoPACia r l u o u s u p o r r i n o s o b l p i f.b l o,
m i T A X A C I O N D E L A J U S T A D X B K V O H A S .
E,
il Domingo 14 se celebró en el salón del colegio de sordo-mudos una reunión de las señoras que se han ins cripto hasta el dia en esta sociedad, con el fin de pro ceder al nombramiento de las que babian de componer la junta que según el artículo 5 .a de las bases constituti vas de la misma debe tener por objeto el mayor cuida do y mas eficaz inspección de las escuelas. Presidió la reunión el Eterno, señor Presidente de la sociedad acom pañado de los señores Secretario y Vice Secretario gene rales, y fueron elegidas las señoras siguientes.Para Pretidenla.
Eterna, señora duquesa de San Fernando
Vice Presidenta.
Excma. señora marquesa de Malpica.
Secretaria.
Señora marquesa de Valdejema.
Vice Secretaria.
Excma. señora condesa de Expélela. Excmas señoras duquesa viuda de Gor. y duque» de Gor.
Sras. Doña Jacoba Corcuera de Tutor. Doña Manuela de la Fuente de Iglesias. Doña María Jiménez de Vallejo. Doña Ramona Aguirrc y Rosales. Doña Virjinia Montesinos. Doña Iguacia González Alomo.
Doña María del Patrocinio Cbacon Manrique de Lar*. Doña Fernanda Hardají de Cano Manuel.
Doña Margarita Jiménez de Cbcli. Doña Mercedes Villaurrutia de Ramírez. Doña María Cleofe Huerta , viuda de Garrota. Doña Josefa del Valle.
Doña Isidora González Alonso. Doña Paula del Acebal y Arratia.
De estas 16 señoras las ocho primeras compondrán con las señoras Presidenta, Vice P resid en » . Secretaria y Vice Secretaria la comisión de inspección de esencias.
S. M. la reina Gobernadora se ha dignado no sola mente perm itir que su real nombre y el de nuestra au gusta reina vayan al frente de la lista de Socios, como Patronas y protectoras de la sociedad, sino también sus cribirse por cien acciones, subiendo en el dia los susert- lores i mas de 500 por mas de 1200 acciones de á veMi ta reales anuales.
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EL JAQUE DE ANDALUCIA.
-Válaga.
X ¡Ida el u ! , en accidenta la llama trémula hundía, y con celaje« de grana velaba au faz rojiza. No quedaba de ata hoguera sino una luz blanquecina
r
débil el horizonte iu con fin dea pedia. Y lánguida e n laa a re n a l del pérfido Aguar -median lo» Obi• UV ■■autiiouMlno«, fie leodia. Croza lisn el ancho cauca por Tiriat opuraUa riza loa fatigado) obrero* que dejaban,la marina, penaando groseramente •A aolazar ana fatiga«, lo» uno, en la taberna Con riño, pan y enquiña*, entre gitana«, beodo«porrazo* y algarabíat “*] loa otro« con tnaa moral
con au mujer y familia ,
y alguno, no tan mora!** en caaa déla.'... rocina.--Tendid la noche «u manto ') T asomó entre la ueblinn la luna pálida y tríate reflejando en la rampida fuá moribundo« deatrlloa
mi* lánguido* a» perdían.-- *>■} Quedó desierta la plaja
el Biplton, la Cortina, y tnlu allá en el Campillo
entre laa aiimhra« ae ría , apifiado«, platirando de tuno« una cuadrilla.
No ha; ningún hombre de bien; todo« «on gente de chilpe;
y como dice el refrán toda cent* atn camina. H a/ ladronea, garitero«,
hay gente de la marina, trampoana, pillo«, fullero« chulo« / eontrabandutaa, 7 entre ello« también ae cuenta
el jatjuc de Indalucla__ AHI catan como ellos mismo* aentaih» junto la hermita donde ha tiempo ae señera el Cristo de Zamarrilla.— Cada cual cnenta animoso la« hazaña, de aquel día, laa milagrosa» empresa«, Jas estafas peregrina« oue «in conciencia cargaron del prójimo en ta« costilla«, 7 ae ríen , r se aplauden
L
otraa nueras se meditan.— medio de aquella zambra callado permanecía el jaquetón anajaluz, la prca de 1« pillería, tan cobarde cuino el solo, encerrado en ana patillas, escachando con desden aquella gente perdida que «e alababa de cosas tan tribialea y merouinas que por au poco salar sombrarse no merecían. Asi estnbo indiferente escachando «alentias,E
Uñándolas la rida, a qne si fin nno de ello» en ademan de homicida tirándole un montera» 1« tacó da au* casilla«.——(Que tienes, Diego Jiménez, qne es lis hecho nn alcornoque?— —Muchas ganan de Usbss-mu-
nn aenieDUrio.con hombre*, que disparan mouteraaos j qne, como td, dan cozea— —Vamos que «eró algo manóse- —Ni naenoz ni mas, /a lo oJ«*t
líbrate Juan si me amosco le llene • I cuerpo de azotea,
i qne le aeqoe el bautismo de un tirón por loa talones.— —Terrihio estás, Diego—
—Y mocho; qne TOT á diñar nn bofe
en la fita aunque seo á Cristo ai alguno piensa esta noche pisarme el bulto; i lo cntieoúe»?— —Si que te entiendo i pero, hombre. Está» tan aerio.... ¡ q u e lienee?— —Juanillo, /a me conoces.—
—I Tiene» muermo ?—•
—Tengo ¡ | Sangre I -—Terciana« f—
N o
-Mal de amores r— —¡Ay Juanillo I-dijo el Jaque
sacando de loa pulmones un muy ardiente ae.piao. - - --Kxo tenga, r eala noche
no ya á quedar en el «telo en cnanto anroen laa dose ■i ase toa, ni querubines, ni angelitos, ui aageleSra---— Pues quién la actalulU el *Um.Ii— —La Carrillo Prrdigonei—
Ese eaeurrao con refajo, que por darme en luí «igelea ae cató por la mañana sin decir ante ni minie,
y nata noche eael bodorrip.—• —Pero con quién.?—
— Con Sisa —Con Blqx Lopes el torero I—, —81 señor, con rae podre__ —Y que intenta*
— Td» rengarme J- annque le pese á S«n Cosme.— —Y como le haz de rengar?— —Juanillo I, /a me conocía.
Ya sabes Id que en diciendo Jiménez ; ole con ole I
te llera detraz loz marra y se le humillan loa monte*.— —Verdá.—
— Puta quiero robarla y quiero también á Lope* enriarle á comer jollin i loz infierno* de un golpe.— —Despaaio con lo que píen»»; por que mira que BU» Lopes le pinta on /aírque al sol ai en la chichi te le pone.— —No importa ; que yo me almnerso
como López treinta hombrea, **. _ si tiro del tac«-hucha*,
Í
escupo , / me cuadro , , lo ojea }como lo ras i hacer? —De una manera que asombre.
Ya sabes ni que acostumbra ese hombre todas las noches salir á rer el ganso al ponto que den las dele, y despuez que lo rerisa ae ruelre y por lo» tablones pasa el rioi necesito para que «alga conforme la operación r mi» plaoez
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¿ O í c o Q i m i í ’
-— P ero y qué hemos- d e -h a c e r co n BI«r* Lopez ? —
— V a* f r i ó l e » E sp erarle ■I fin «le lori ealWjonex, T »1 p n w , u l e e u a lq n irr» 1«-«U mulé, y pater-nnitcr- -E n to n ce» d e éa e a a d n ll» ae a lz a ro n **«
C
gu otando por I* bajo aquella rida el Importe, huta que dijo Joan ilio. —Pero Diego, ae conoce»que estando de finta y boda Ul »e* oo saldrá en» noche’— - - r por and no, migaNchao T
i lo ho dicho p a l ero por noU l,
lo tiene por prnitenaia J ja «atri* que Hia» Impe* en cate panto ez eruttano- - --E* rerdí. —
• aia Poe* horno—
—Entonte» ,
qmeo le h» de dinar mulé’
-•Cualquiera i quinte doblnnr _ J tu» »el le entrego al punto »1 que le aferré el cogote.—
- N o h .r mas que hablar, yt> me dneargo —Que quede (croo del golpe. -- --Si quedará crptrrabao
por el Críate que n ú «ye.— —Xo que queda ht haré jo
en cunto turnen lar dote. — DijoI y «arelando la capa J recogiendo el ratoqua ae »alio de le raadrilla ,
7 cnUe Ui cali« perdióte.. . Trille y tela rttá la calle qne de losmirmaUt llaman, capas de aeattar al miedo •*' *1 miedo fot ella peaa. Ea una ralla -ombría
que ni a» retrecha bl'da ancha , pero en ranlbh» e» maa qne todas gibóte, tórrida y larga — Carca cali la med.a noel.# y lo» reeinm descantan ,
ó cuando mrnm calan para matara- en la rama; porqna ni l« t, ni otfa coaa ■amia p-r he rentanat, y reja», y miradores y puertas están cerradas. De una casa solamente »ale rumor, algaxara , y de u l modo el bollicio con el »llénelo contiasta como al fuera nn entierro con rioline» y gullarraa. Aquí *e desra'nu V duerme, «Hi ae canta cana,
aquí soledad , silencio, allí se rompen las lab« con la cachucha rl balero
y «in tino ae emborrachan ; y aai lo» unos durmiendo y loa otro» de jarana , »in querer r «in pensar * mundo a la réz retratan: pues en tanto qne uno» duermen o reían, piensan <5 rabian, Oíros cantan, beben, gritan, gozan, y sudan y danzan — En esto dieron las doce en una torre cercana y poco después la puerta de la casa en que cantaban *• abrió crujiendo, y M|¡ú un hombre ensuelio en su capa. —A Dios Blas dijo una moza
que se asomo' a la rentan»__ —Que rnelrat prooto, tni »ida,
porgar te espero con ansia__ -Currilla , al instante sueleo.— —Que no te olrides ai púa»
por lo»1 tablón», el rio, que hay «at* "gente
-'■"'-'Dfctotu. que llero aquí ftt? »abaco que despabila I n hlmaa lo Mlíftso que fin padhí tura. A Dio.—
- E l éqnligó raya— Y por la callé adelante Siguió Blas l.opee in'iSartba.—
^
también la función, -« rucado y U algazara ,«1 ruido de castañuela», «I baile, el Tino y las caía». Siguieron también au música
la» destempladas guitarras,. t
y las roe» del festejo
que hasta la calle llegaban. ;
Véa* gritan—¡Silero 1-Olro»— Juauiña, por qué do cantal? Otros—tino í—otro» iqajel Otros—¡Corra ‘ ; qhe rae matas I
y alguna.» seres «alian todas ¡ñutas las palabras , forma ii,lo con aus acentos mtrabagante «naalada. —Bien, SeñorI— . _
—ATil Van sardinal.— | —Oh!!—
—Otra casita , mi alma.— t —Que ae me »ále el zapato,—
—Juanilla, bien! — -¡T in o ,!-—iVayul , —;Otra suelta -B ien üJ . 1 —ya está.— - Hasta que se hunda la casa.— —Vaya no» ronda de mosto.— _J
- Tu» raya I— la espuela ? 1 T con tales alborotos ,
con tales ilicbiis y zambra , no pudieron escuchar
aunque • muy corta distancia ]
el Mlallidn de un tiro
uti el i Ay I que aluron la» ansia» de alguno que »obre el polro
^
iedo ron cuerpo y »in alma.— o Unto al festín seguía y con mas furia la» cañas y las tuces, y el estruendo y las palabras profana», cuando detraa Je una esquina nn hombre , que en ella «taha esperando largo ralo, aaliú terciando la capa »obre el hombro, y recatando con el embozo la car».— — «Ta «tara eu el otro mando—mni-muró el hombre fantasma.— —Ea ! calor, tuya o la noche;
no »per» roa»! I i que aguarda»?—, Y con esto ae acercó
ó la puerta de la casa donde estaba i la «ton el baile, y tocó I» aldaba.— Quien <*»?—
—E ra id , Blas?— . —Pue, toma la liare, mi alma.—
Y i la calle la arrojaren desde una angosta renta na.— El hombre la retojió con aparente cachaza, y con ella abrió la puerta, y sin saber por qué causa dejó la liase metida por defuera en la cerraja.— Sabio con paso inseguro la escalera de la cau, y lira besó uu corredor, y al fin se pu-a es la sala donde estaba al parecer el objeto qnr bascaba.— AI serle, todo quedaron cnal ai rieran un fantasma, ain acción, sin moriinienlo, como «i fueran
L.
i t
-Dej.ro« «1 pie en el aire U> parejas cjue bailaban , callaron 4 en mismo tiempo las mal sonante, guitarras-,
y U roda algar.na
de aquello, que alvorolaban ,
y las canciones quedaron ahogadas eo la garganta.— —Compadre I ¿quien es n té ▼ qué quiere eo esta casa ? dijo nno desde nn rincón de los de mas mala facha— —To toy , contesté al momento,
Diego Jiménez, de Málaga,
r
e elene con el trabuco daros mulé, canalla!— —¡ Afnera t gritaron todos-tirarlo por la Tentaría I— — Pió harén tal, porque lea dejo
como veces las entrañas.— Y en ésto tiré el embozo
y al suelo despnes la capa ,
y descubrid no iba solo, que llevaba en su compaña un trabuco narangero, dos puñales, dos navajas
y dus pares Je pistolas asidas 4 la cacaos.
—¡A» de aquel qnc se menée'-- di|o sonando las armas.
S
Ay de aquel que escupa , d mire! lezucritto! mal lo pasa! que le he de sacar laa tripasy ahorcarlo con la maa larga.— —¡A la calle II!—
— Soaianiche !— — Pues qué busca usté eu mi casa ?—
dijo la noria saliendo debajo de una canalla.
—A uzté la busco, mala hembra I ain vergüeña, y sin palabra. ¿Quién le manda 4 usté calarse y deapreciar mi calaña ?
¿No aabe uzté que Jimenea ea una Cera, so plasta 1— --¿Y no «abo usté Jimenea que me casé esta mañana porque...
--Por qné, so pelona?-- --Porque me did la real gana. —Ay Dio* mío! qna julepe
va 4 llevar rala muchacha --Márchese usté so espantajo
que parece usté une tranca.-- -•Usté una utémia párese
con esa cara tan Usía.-- • •Váyase nstd. mala sombra,
al insume de mi cau porque «endri mi murió, y le saldré 4 usté 4 la cara.-- --Qué ha de Teñir? ninfos mengues
té t a jeten las entrañas ! Pongase uzté bien coa Dioz ó pongñtí »*«* *» “ T* para Teñirse conmigo i donde quiera llevarla. ~ --Quien,
yo?--■ - S i - *
- - S o pnede ser f
ni lo nno ni lo otro, ; mandria'— —Pues quien zc
opone?----Nosotros gritaron los 'e la zambra aparada la paciencia con tantas baladronadas. —Vooolrna, malaz gallinas
se me os Tenis 4 Isa barbas ! Pues rrsir sinenenta creo« y encomenderos el alma.--
—Dt esta suerte —y todo, ¡noto, hacía Diego »e adelantan , y al irle va 4 acometer y 4 hacerle el pellejo rajas, Blas Lopes apareció en la puerta de la sala.-- —Qué es esto'--dijo aeereéodose
hécia el tamollo —
-Qué pasa’-- Y al »crie Diego Jimenea tiró en el sudo laa armas,
MADRID: IMPRENTA
T tapó con una mano lo que pudo de la cara, y con la otra hilo la ernx y á Lopes en fin demanda.-- -•Yo te pido por el nombre
do la virgen soberana ,
C
e te TneUaa, sombra tríate , I otro mundo 4 la catsoiia, y que dejes 4 Jimenea que siga teniendo calma siquiera por los cuartillos de Valdepeñas y Málaga que cebamos ea otro tiempo en la tienda de Colata.-- — Está usté mmtegarná?--lo dijo Lopes con rabia. O ea naté compadre mió el qnc ha dispuesto la basada de que al salir cita noche entre dote tne mataran , que si no es por mi trabuco acaso no lo contara?-- ,
—Con que estas tito, Blas Lopes?— --Vito estoy en cuerpo y alma.-- — Pues, Señor, yo no te maa,
(dijo, tomando laa armas y en ademan de escurrirse),
Í
ue lo que td me relatas. on que--pasar buena noche, divertirse, hasta mañana.-- --Espera! repuso Lopesasiéndole de la capa.— A qné has subió tu aquí?-- --Por.... ya lo sabrás mañana. — —Noi ahora
mismo.--—Pues hombre, has de saber qnc pasaba
por la calle á una eligaucia , senil que había jarana
¡
subí..,. ¡ por ealaa cruces! oir cantar una caña: --Que miente! —gritaron todos. -•Señor! ,por santa Escolástica. —¿quién te abrid la puerta?— —Yo.-* dijo la noria asustada--
porqu« finjid que eras til, T 1« eché por la vantana la llave, v subió hasta aquí
E
ra insultar á la sala.--ss tenemos, compadra? • ■Blas Lopes, es una chanta.--
Ea ana chanta ? , pues loma !— y le tiró una puñada
que le salid cuatro dientes, fe deshito la quijada y le dejó las nances por toda la vida chatas.-- —. Ay, Blas López ! tiene usté
muy poquísima criansa!-- dijo Diego incoiporándose
Í
sacudiendo la capa.-- ero mañana habrá lu*.... ?ya noz veremos mañana.— -Pnes toma por esta noche!y le asento una descarga de moquetes tan bien dados
Í
ue le hito rodar la sala— 'ios mioü asearme pronto de entre esta gente tan basta , que si no van á morir T el matarloz me da lástima.-- —N'o hay de qué--cootestd Lopes ivas ha salir y ain gana — Y á una seña le cercó aquella junta sin alma , y le alzaron todos juntos como al que Ucean en andar,
J
despnes dieron con él una roa por la remana.-- —Quiso volar el matón,pero no encontró las alas, y tuvo por precisión
I
ue ha jar con mala cana e cabeza hasta la calle, y día que cuando bajaba entre ahogado iba diciendo•,ya nos veremos mañana v
T. R. Rtrat. DE D: TOMAS JORDA.V.