PALABRAS DE LA SEÑORA MINISTRA OLGA SÁNCHEZ CORDERO DE GARCÍA VILLEGAS, EN EL DESAYUNO CON MOTIVO “DEL DÍA DEL ABOGADO 2013”, EN EL QUE SE RINDE HOMENAJE A DON PEDRO OJEDA PAULLADA.
DECÁLOGO DE SAN IVO (1253-1303). Abogado. Patrono de la Abogacía.
I. EI Abogado debe pedir ayuda a Dios en sus trabajos, pues Dios es el primer protector de la Justicia.
II. Ningún Abogado aceptará la defensa de casos injustos, porque son perniciosos a la conciencia y al decoro profesional.
III. El Abogado no debe cargar al cliente con gastos excesivos.
IV. Ningún Abogado debe utilizar, en el patrocinio de los casos que le sean confiados, medios ilícitos o injustos.
V. Debe tratar el caso de cada cliente como si fuese el suyo propio.
VI. No debe evitar trabajo ni tiempo para obtener la victoria del caso que tenga encargado. VII. Ningún Abogado debe aceptar más causas de las que el tiempo disponible le permite. VIII. El Abogado debe amar la Justicia y la honradez, tanto como las niñas de sus ojos. IX. La demora y la negligencia de un Abogado causan perjuicio al cliente y cuando eso acontece, debe indemnizarlo.
X. Para hacer una buena defensa el Abogado debe ser verídico, sincero y lógico.
SEÑORA PRESIDENTA DEL COLEGIO DE ABOGADOS A.C. DOCTORA MARICELA MORENO CRUZ.
MIEMBROS DEL COLEGIO DE ABOGADOS. COLEGAS, AMIGAS Y AMIGOS.
Me siento muy honrada de encontrarme el día de hoy con ustedes, integrantes del Colegio Mexicano de Abogados, en la celebración de nuestra profesión.
Dignos representantes de la abogacía, que conforma uno de los colegios de mayor tradición en nuestro país, precursores e impulsores de grandes avances legales y aportaciones académicas.
Hoy, celebramos el día del abogado, que año tras año se festeja, con motivo de la Prima de Leyes, de la Real y Pontificia Universidad de México e impartida por Don Bartolomé Frías y Albornoz, precisamente un 12 de julio, pero de 1533.
Hace cuatrocientos ochenta años, que nuestro país, aun previo a su independencia, se preocupó y ocupó de la enseñanza del derecho, la jurisprudencia y enaltecer el valor de la justicia.
En sus inicios la carrera de leyes impartida por la Real y Pontificia Universidad de México, hoy Universidad Nacional Autónoma de México, de la cual honrosamente soy egresada y he sido catedrática, comprendía de cinco años de Prima y Vísperas de Derecho y dos
cursos más de un año de Jurisprudencia Civil, en el que se impartían los conocimientos necesarios para su aplicación.
En esta importante tradición jurídica de nuestro país, que se ha destacado por aportaciones al mundo, como lo es el juicio de amparo o los derechos sociales; una figura representante de la enseñanza del derecho y que lamentamos su reciente perdida, es precisamente quien fuera presidente de este honorable Colegio, Don Pedro Ojeda Paullada.
Sentimos su fallecimiento con profunda pena y dolor, sus colegas, compañeros y amigos, fuimos privilegiados con su compañía, enseñanzas y experiencias.
Como dijera el poeta inglés Alfred Tennyson: “Yo soy una parte de todo aquello que he encontrado en mi camino.”
y precisamente, nosotros, los amigos y compañeros de Don Pedro Ojeda Paullada, somos una parte de lo que él nos enseñó en vida.
Celebramos el día del abogado, y a la vez, celebramos honrando la vida de nuestro querido maestro; pues como expresó Beatriz Paredes, en una carta publicada el 7 de enero de este año “in memoriam”, “pedro Ojeda Paullada honró la vida, siempre construyó.”
Formador de muchas generaciones en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, en las materias
derecho económico y de la seguridad social, en las que siempre con análisis profundo, pero con la claridad que distingue a los grandes catedráticos, transmitía a sus alumnos su conocimiento.
Maestro no sólo en las aulas universitarias, pues también formó una basta escuela en los ámbitos de la administración pública, por los que dejó la huella imborrable de su paso, en altos cargos que dignamente desempeñó, como Procurador General de la República, Secretario de Estado (Trabajo y Previsión Social, y Pesca) y legislador. Siendo característica su entrega, patriotismo y dedicación en cada una de las tareas que se proponía.
En alguna ocasión Don Pedro señaló que nuestra época sería recordada como “la era de
los derechos humanos”. Cita emblemática que hace patente que fue un hombre de su tiempo, jurista vigoroso y preocupado por el Estado Constitucional, Democrático y Social de Derecho.
Siempre atento, a los grupos en condición de desigualdad, interesado en las mejores condiciones para la clase trabajadora, aportando instrumentos jurídicos para su defensa frente a la clase patronal, a través de procesos sólidos.
Destaca en la defensa de los trabajadores, su aportación consistente en que la falta del aviso escrito al trabajador de la causa y fecha del despido es suficiente para considerar que fue injustificado el despido; o el buscar
métodos alternativos de solución en los conflictos laborales, como la conciliación.
Buscó siempre, el desarrollo y participación en condiciones de equidad de las mujeres. Lo que realizó desde su época como Procurador General de la República, cuando coordinó la primera conferencia mundial de Naciones Unidas sobre los derechos de la mujer, celebrada aquí en la Ciudad de México, en 1975, comprometiéndose a cabalidad con los acuerdos tomados en tal conferencia.
Respaldó en múltiples ocasiones a destacadas mujeres del ámbito político, a quienes apoyó en lo profesional y moral en la
obtención de cargos públicos y reconocimientos.
En lo particular, puedo compartir con ustedes, que fue un entrañable amigo mio y de mi familia, con el que compartimos innumerables veladas, en las que siempre con su característico buen humor, trato fino, amable, con el comentario siempre brillante, de elevada inteligencia y amplísima cultura, sin hacer gala de ello.
Como anecdóticamente recordó el sacerdote que ofició su misa de cuerpo presente, en la que Don Pedro le decía a uno de sus hijos, en una reunión familiar:
“acuérdate que el bien se hace con discreción, se hace en silencio, que hablen otros, que otros gocen con sus discursos, nosotros trabajemos, nosotros hagamos el bien.”
Si tuviera que definir a Pedro, lo haría con sus propias palabras, pues SIEMPRE TRABAJO, SIMRPE HIZO EL BIEN.
Recordamos con admiración y respeto a Pedro Ojeda Paullada, pero especialmente con gran cariño.