• No se han encontrado resultados

Ignacio de Loyola Escritos Esenciales, Dios en todas las cosas

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Ignacio de Loyola Escritos Esenciales, Dios en todas las cosas"

Copied!
64
0
0

Texto completo

(1)

IGNACIO DE LOYO

<

. ; • < : ' " • • • " • > • • : • - • • • • • - •

Dios en todas las cosas

(2)

Colección «EL POZO DE SIQUEM»

210

Ignacio de Loyola

Escritos Esenciales

Dios en todas las cosas

Editorial SAL TERRAE

Santander

(3)

Título del original alemán:

In allem - Gott © 2006 by Echter Verlag GmbH,

Würzburg

Edición en español realizada con la mediación de la Agencia Literaria Eulama (Roma)

T r a d u c c i ó n de los textos

no p u b l i c a d o s previamente en castellano:

Ramón Alfonso Diez Aragón

Para la edición española: © 2007 by Editorial Sal Terrae Polígono de Raos, Parcela 14-1

39600 Maliaño (Cantabria) Fax: 942 369 201 [email protected]

www.salterrae.es Diseño de cubierta:

Fernando Peón / <[email protected]> Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley. cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública

y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de la propiedad intelectual.

La infracción de los derechos mencionada

puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y s. del Código Penal).

El Centro Español de Derechos Reprográfieos (wWw.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.

Con las debidas licencias Impreso en España. Printed in Spain

ISBN: 978-84-293-1706-0 Depósito Legal: B1-879-07 Impresión y encuademación: Grafo, S.A. - Basauri (Vizcaya)

índice

Fuentes y abreviaturas 7 Prólogo a la edición española,

por José Antonio García Rodríguez, SJ 9

Presentación, por Philipp Górtz, SJ, Willi Lambert, SJ,

y Dominik Terstriep, SJ J 9

1. AMAR:

«En todo amar y servir» 23

2. COMUNICACIÓN:

«El amor consiste en comunicación de las dos partes» 29

3. ORAR:

«La facilidad para unirse a Dios» 37

4. EJERCICIOS:

«Todo lo mejor...» 47

5. DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS:

«La discreta caridad» 59

6. ASCESIS:

«Ejercicios espirituales... para ayudarse» 65

(4)

-7. TRABAJAR JUNTOS Y UNOS POR OTROS:

«Cómo Dios trabaja y labora por mí» 75

8. PIEDAD Y LETRAS:

«El estudio..., una oración continua» 85

9. POBREZA:

«La amistad con los pobres

nos hace amigos del Rey eterno» 89

10. OBEDIENCIA:

«Por solo nuestro Criador y Señor» 93

11. SALUD Y ENFERMEDAD:

«La meditación sobre la muerte..., un gran gozo» . . . 99

12. AFORISMOS:

No más de dos frases» 105

índice general 121

Fuentes y abreviaturas

AHSI Archivum Historicum Societatis Iesu. App. Apéndice (en el tomo XII de MI Epp.).

Autob. Autobiografía, en (Josep M. RAMBLA BLANCH, SJ

[ed.]) El peregrino. Autobiografía de san Ignacio de hoyóla, Mensajero/Sal Terrae, Bilbao/Santander

1991 [entre corchetes se indica el número o los nú-meros de página de esta edición].

Const. Constituciones, en (S. ARZUBIALDE - J. CORELLA -J.M. GARCÍA LOMAS [eds.]) Constituciones de la Compañía de Jesús, Mensajero/Sal Terrae, Bilbao/ Santander 1993 [entre corchetes se indica el número o los números de página de esta edición].

Diario Diario, en (Santiago THIÓ DE POL, SJ [ed.]) La intimi-dad del peregrino. Diario espiritual de san Ignacio de hoyóla, Mensajero/Sal Terrae, Bilbao/Santander 1991 [entre corchetes se indica el número o los nú-meros de página de esta edición].

EE Ejercicios Espirituales, en (Santiago ARZUBIALDE, SJ

[ed.]) Ejercicios Espirituales de san Ignacio. Histo-ria y análisis, Mensajero/Sal Terrae, Bilbao/ Santan-der 1991.

Mem. Memorial, en (Benigno HERNÁNDEZ MONTES, SJ

[ed.]) Recuerdos ignacianos. Memorial de huis Gon-calves da Cámara, Mensajero/Sal Terrae, Bilbao/

(5)

Santander 1992 [entre corchetes se indica el número o los números de página de esta edición].

MI Epp. Monumenta Histórica Societatis lesu. Monumenta Ignatiana. Epistolae et Instructiones I-XII, Matriti

1903-1911 (después de cada texto epistolar citado se indica entre paréntesis el número de la carta a la que pertenece según esta edición). Para la transcripción de los textos de las cartas seguimos la edición de las «Cartas e instrucciones», en (Ignacio IPARRAGUIRRE

-Cándido de DALMASES - Manuel Ruiz JURADO [eds.]) Obras de San Ignacio de hoyóla, BAC, Madrid 19915, pp. 699-1.103 [entre corchetes se indica el nú-mero o los núnú-meros de página de esta edición; cuan-do la carta citada no se encuentra en ella y la hemos traducido del italiano o del latín, se añade entre cor-chetes orig. it. u orig. lat.\.

orig. it. Original italiano. orig. lat. Original latino.

8

-Prólogo a la edición española

rb>°°&\

¿De dónde surge el renovado interés por la espiritualidad ignaciana, no sólo entre los jesuitas, sino también en otros ámbitos de la Iglesia? ¿Cuál es la razón de que una espiri-tualidad nacida en pleno siglo xvi aparezca como «mo-derna» hoy en día y capaz de inspirar la vida de los cre-yentes y su presencia cristiana en el mundo? ¿Qué sentido tienen y qué uso podría hacerse, por tanto, de estos Escritos Esenciales de Ignacio de Loyola?

A preguntas como éstas quisiera responder la presen-tación de la edición española. ¿Cómo? Relacionando sus textos con los momentos clave de la peregrinación espiri-tual de su autor. Buscando (si se me permite la expresión) el Sitz im Leben en que nacieron. De este modo podremos acercarnos a ellos, no como a una colección de textos sin más, sino como a los hitos de un camino hacia Dios, el de Ignacio de Loyola, capaz de inspirar el nuestro.

(6)

-1. Para Ignacio ese camino se inicia en Loyola, adonde lle-ga, a finales de mayo de 1521, maltrecho y seriamente he-rido como consecuencia de su participación en la defensa de Pamplona. Enfermedad y recuperación son para él un tiempo de agitación y de movimientos interiores. A través de ellos se hace consciente Ignacio de la presencia de es-píritus encontrados en su vida; pero, sobre todo, de que Dios quiere entrar en diálogo con él, hacerse interlocutor suyo, participar en su situación presente y, en particular, en su futuro.

La sorpresa es mayúscula para el derrotado Ignacio. Hay que afirmar, sin embargo, que ahí comienza su aven-tura espiritual y, de un modo especial, su gran aportación a la Iglesia: el discernimiento. No porque él lo inventara, sino por la sistematización que hizo de este modo de acer-carse Dios al hombre, ayudado ciertamente por conversa-ciones y lecturas posteriores, pero sobre todo por su capa-cidad de introspección interior sobre sus movimientos in-ternos. El Sitz im Leben del discernimiento espiritual ig-naciano, el lugar humano de donde nace, es fundamental-mente la peregrinación espiritual del propio Ignacio.

Dicen que cuando uno da con lo más personal suyo, es-tá dando con lo más personal de los demás. Eso explicaría la transculturalidad de la doctrina ignaciana sobre las mo-ciones espirituales y el discernimiento, la actualidad de su mistagogía en este terreno concreto de la vida espiritual.

Al creyente actual le cuesta muy poco comprenderse como un campo de batalla donde se dan cita presencias contrarias, con efectos emocionales, afectivos y direccio-nales también contrarios. Se ve fácilmente reflejado en

ellos y encuentra que la doctrina ignaciana sobre ese mun-do tan complejo y sobre el momun-do de abordarlo sigue sien-do válida para él. De ahí su «modernidad».

En este librito podrá encontrar el lector muchas refe-rencias al discernimiento ignaciano. Unas diseminadas aquí y allá. Otras más concentradas, sobre todo en el capí-tulo 1 y en el 5, este último dedicado enteramente a este tema.

2. Lo primero que aparece en esa interlocución divina, en el intento de Dios de entrar en la vida y el futuro de Ignacio, es Jesucristo, un Dios y Señor a quien servir. El caballero mundano se convierte en caballero cristiano, si bien ello no irá sucediendo sino a través de un largo pro-ceso de purificación. Crece en él el amor a Jesús y el de-seo de imitarlo y seguirlo hasta convertirse en la pasión que unificará y totalizará toda su vida. Un punto culmi-nante de ese proceso se producirá en 1538, en la capilla de La Storta, pocos kilómetros antes de llegar a Roma, su de-finitiva Jerusalén.

Ignacio retrasa voluntariamente la celebración de su primera misa un año y medio. Durante todo ese tiempo ha estado pidiendo a María «que quiera ponerle con su Hijo».

Ser puesto con el Hijo expresa en toda su hondura la

aspi-ración más alta de Ignacio, a la vez que la condición de to-do lo demás. Al grupo de los primeros compañeros, y so-bre todo a él mismo, les quedan muchas incertidumso-bres acerca de cómo serán recibidos en Roma, de si saldrá ade-lante el proyecto «Compañía de Jesús» o si, al ponerse a disposición del Papa, la experiencia de «amigos en el

(7)

Señor», tan querida para todos ellos, terminará en una dis-persión apostólica sin más... Nada de ello importa defini-tivamente. Lo verdaderamente importante, lo primero y único, es la gracia de ser puesto con Jesús, que lleva la cruz. En aquella capilla se le confirmó a Ignacio la gracia tanto tiempo impetrada: «vio claramente que Dios Padre lo ponía con Cristo, su Hijo» (Autob. 96 [p. 97])

La centralidad de Cristo en la espiritualidad ignaciana tiene su lugar de origen en esa experiencia primera de Ignacio en Loyola y en Manresa, en su largo proceso de maduración y purificación espiritual posterior y en su cul-minación en la capilla de La Storta. Imposible prescindir de ella. Viene inevitablemente a la memoria aquella doble afirmación de Jesús en el Evangelio de Juan: «nadie viene a mí si mi Padre no lo atrae» y «nadie va al Padre sino por mí».

Muchas cosas llaman la atención con respecto a Ignacio. Una de ellas es cómo, siendo un hombre sin ape-nas formación, llega tan rápidamente a una comprensión y vivencia tan hondas de Dios, de Jesucristo y de la Trini-dad. Del Padre creador que desea entrar en su vida y re-girla; del Hijo en cuanto Dios encarnado a quien servir; del Espíritu como Voz y maestro interior de la concreción de su entrega...

Imposible aludir a citas concretas donde este libro aborda la centralidad de Cristo en la espiritualidad igna-ciana. Todos sus textos la rezuman.

3. Una segunda aportación de Ignacio al patrimonio espiri-tual de la Iglesia es su famoso lema «buscar y hallar a Dios

12

en todas las cosas», lema que un discípulo suyo de la pri-mera generación popularizó como «contemplativos tam-bién en la acción» (por cierto, suprimir el tamtam-bién, dejan-do sólo «contemplativos en la acción», no traduce bien ni a Nadal, su autor, ni mucho menos a Ignacio, cuyo pensa-miento quedaría entonces peligrosamente limitado: hay muchas cosas en la vida que no son acción y en las que, se-gún él, estamos llamados a ser igualmente contemplativos).

¿Otra novedad ignaciana en la Iglesia? Como idea y deseo, no; como énfasis, sí. Y, sobre todo como proceso espiritual para llegar a dicha contemplación. Ignacio no es novedoso en cuanto a los conceptos; su genialidad está en los procesos, para encarnarlos y hacerlos reales.

Si nos preguntáramos de dónde le viene a Ignacio esta intuición -la espiritualidad del buscar y hallar a Dios en todas las cosas-, habría que referirse claramente a Manre-sa. Allí se le hizo espiritualmente patente -dejando en él una impronta que no hará más que crecer hasta su muer-te- que si el mundo surge del amor creador de Dios, Dios está en él dándolo y dándose, habitando, trabajando, des-cendiendo... (como escribirá más tarde en la «Contempla-ción para alcanzar amor») y que, al menos por lo que a él toca, no querrá ya amar y servir a Dios sino amando y sir-viendo al mundo. Así de sencillo. Así de novedoso tam-bién para aquella época.

¿Sólo para ella? Hay un ansia extendida en muchos creyentes actuales de una espiritualidad así. De convertir su vida cotidiana y su implicación en el mundo, y no sólo su vida oracional, en espiritualidad. Por eso suena tan ac-tual la propuesta ignaciana.

(8)

-Ahora bien, el horizonte espiritual de buscar y hallar a Dios en todas las cosas no se reduce para Ignacio a una es-tética religiosa o a una mística de unión, sin más. Se trata de un encuentro en el interior del cual se produce una identificación de la libertad humana con la libertad de Dios. Así se explica que las grandes experiencias místicas con que fue agraciado Ignacio en Manresa sean al mismo tiempo el hontanar de su pasión por «ayudar a los próji-mos». Ignacio busca a Dios y se une a Él no sólo cuando celebra la Eucaristía, sino también cuando busca y elige cómo servir mejor al Reino de Dios. Ese alargamiento del horizonte espiritual y el modo concreto de encarnarlo constituyen su gran novedad.

Algo de esta mística y de su proceso mistagógico po-drá encontrarlo el lector en el capítulo 3, dedicado a la ora-ción, y en el 7, sobre cómo trabajar juntos.

4. Una tercera marca de la espiritualidad ignaciana la constituye el magis, el «más», una expresión que aparece miles de veces en los escritos ignacianos hasta convertirse en una de sus características más notables: «a mayor glo-ria de Dios», «para que más le ame y le siga», «los que más se querrán afectar y señalar»...

No siempre se ha entendido bien esta máxima igna-ciana. Sus críticos creyeron encontrar en ella la raíz de ese voluntarismo espiritual de que se acusó con frecuen-cia a la espiritualidad de los jesuítas. Sea de ello lo que fuere, una cosa queda clara: el más ignaciano nunca tiene como acto primero la decisión de la voluntad humana, si-no la experiencia previa del amor siempre mayor de Dios;

de que siempre soy más amado, más perdonado, más lla-mado. El acto primero del más es siempre un acto de Dios: su amor siempre mayor. A esa experiencia respon-de el respon-deseo respon-del hombre con un más que no es sino reflejo y respuesta al más de Dios. Ignacio se muestra muy cau-to con respeccau-to al innacau-to deseo de protagonismo humano: nadie ha de adelantarse a lo que la gracia va haciendo po-sible en él. Pero, a la vez, nadie debería distanciarse de ella. En la vida espiritual, vida según el Espíritu, no exis-ten tres estadios: progreso, regresión y estancamiento; tan sólo existen dos: progreso y regresión. El estancamiento es regresión si no incluye la dinámica del más. Bien en-tendida, por supuesto.

El capítulo 6, dedicado a la ascesis, y muchos de los aforismos ignacianos del capítulo 10 giran en torno a es-te es-tema.

5. El capítulo 7, «Trabajar juntos y unos por otros», abor-da un tema ignaciano de especial interés hoy. ¿Por qué?

Articular correctamente la acción de Dios y la colabo-ración humana constituyó siempre un problema teológico de enorme calado. Hoy existe el peligro de que el antiguo voluntarismo en la vida espiritual -la primacía de la liber-tad y la volunliber-tad humanas sobre la gracia de Dios- vaya siendo sustituido por otra polarización igualmente errónea de una gracia sin decisión humana. Lo que Bonhoeffer lla-maba «gracia barata», o lo que más modernamente llama-mos espiritualidad light. Ignacio esbozó una articulación de ambas realidades que sigue siendo ejemplar y atractiva para nosotros hoy. ¿Cuál es su planteamiento?

(9)

La prioridad para Ignacio la tiene siempre la gracia de Dios y los medios que cultivan la relación con Él: «bon-dad y virtud, y especialmente la cari«bon-dad y pura intención del divino servicio y familiaridad con Dios...» (Const. 813 [p. 345]). Llama la atención la rotundidad con que afirma esta prioridad para sus jesuitas, dado que la orden que ha fundado es eminentemente apostólica: para el fin que se pretende, «los medios que juntan el instrumento con Dios y le disponen para que se rija bien de su divina mano son más eficaces que los que le disponen para con los hom-bres» (ibid. [p. 345]). ¿Se está descalificando con ello la absoluta necesitad de poner en juego los medios huma-nos? No: «Sobre este fundamento, los medios naturales... ayudarán universalmente» (Const. 814 [p. 345]). Lo que está afirmando Ignacio es que los medios humanos, si no están articulados en los divinos, tienden a degradarse y, con ello, a perder su eficacia apostólica: «Porque aquellos interiores son los que han de dar eficacia a estos exterio-res para el fin que se pretende» (Const. 813 [p. 345]). ¿No confirma una y mil veces la vida que esto es verdad; que los medios humanos sin pureza de intención, sin humil-dad, sin auténtica carihumil-dad, corrompen a quien los utiliza y no son más que ayuda parcial para quien se beneficia de ellos? Toda actividad apostólica que no transforme a quien la realiza está lastrada por dentro.

Esta relación ignaciana entre medios humanos y divi-nos ha quedado plasmada en una anécdota de la que tam-bién se hacen eco los autores en este libro. Normalmente solía atribuirse a Ignacio el dicho: «Confía en Dios como si todo dependiera de él; y ponió todo enjuego como si

to 16 to

-do dependiera de ti». Todavía hay personas que le atribu-yen este eslogan espiritual. En realidad, Ignacio nunca se expresó así, pero es que ni siquiera parece que este dicho responda bien a su pensamiento. Más acertada parece la interpretación que dio de él un jesuita húngaro, Gabriel Hevenesi, de quien se pensó en un principio que se había equivocado. Su formulación del pensamiento de Ignacio decía en sustancia así: «Confía en Dios como si todo de-pendiera de ti y nada de Dios; y ponió todo enjuego como si todo dependiera de Dios y nada de ti». Es decir, practi-ca un tipo de confianza en Dios que movilice tu libertad, que ponga en juego todas tus energías humanas; así será una confianza operante. Y vive tu implicación en el mun-do como un mun-don que te viene de Dios, pues realmente lo es; así tu acción en el mundo será prolongación de la de Dios. En la primera fórmula no hay articulación entre gra-cia y libertad; en la segunda, sí. Ignacio está claramente en esta última.

6. Hay un concepto que le fue muy querido a Ignacio y que se encuentra con frecuencia en las Constituciones de la Compañía y en sus Cartas. Se trata del famoso «modo nuestro de proceder». En este término incluye Ignacio ciertamente conductas y actitudes ad extra de los jesuitas, pero el asunto va mucho más allá. Se extiende también a un modo concreto de relacionarse con Dios, de orar, de sentir a la Iglesia, de obedecer, de afrontar los problemas de la vida en toda su variedad y amplitud, etc. Con un concepto muy cercano, hablaríamos hoy de «cultura jesuítica».

(10)

-Pues bien, este librito, al recoger en sus diversos capí-tulos textos esenciales de san Ignacio, nos está ofreciendo los rasgos típicos de ese «modo de proceder», de esa cul-tura jesuítica, de esa peculiaridad carismática con que Dios quiso enriquecer a la Iglesia para bien del mundo. Otra clave con la que leer esta obrita...

* * *

Termino ya con una propuesta práctica sobre el modo de utilizar este libro. No parece aconsejable leerlo seguido. No creo que esté escrito para eso. Se trataría, más bien, de que, utilizando los índices, se fueran escogiendo por días aquellos temas en los que uno se sienta interesado: ¿qué dice san Ignacio sobre este asunto?

Por otra parte, no son textos para ser únicamente leí-dos. Se trata de pasajes que llaman a la meditación, a con-siderar y sopesar lo que dicen, a preguntarnos en qué ilu-minan nuestra vida, a qué nos impulsan. Muchas veces querrán terminar en plegaria. Sólo así, creo yo, cumplirán su finalidad.

Jesuítas o no, los lectores de este libro pueden encon-trar en él un medio para conocer más a fondo la espiritua-lidad ignaciana y nuevos estímulos para avanzar por ella. Estamos muy necesitados de una espiritualidad que -más allá de las gastadas e infructuosas polarizaciones- articule satisfactoriamente el amor a Dios y el amor al prójimo al modo de Jesús. La espiritualidad ignaciana aparece hoy como un instrumento especialmente apto para lograr esta integración.

JOSÉ ANTONIO GARCÍA RODRÍGUEZ, SJ

Presentación

fb^a&t

Ignacio de Loyola (1491-1556), nacido en el seno de una familia de la nobleza vasca, destinado a hacer carrera en la Corte y, después de su conversión, transformado en un pe-regrino de Dios al servicio de Jesucristo y del prójimo, fue un hombre de acción y preocupado por lograr la configu-ración de la vida. «El amor se debe poner más en las obras que en las palabras», afirma en sus Ejercicios. Y tal vez sea éste el motivo por el que no hay muchas selecciones de sus escritos, aunque se conservan más de 6.000 cartas suyas, el libro de los Ejercicios Espirituales, una

Autobio-grafía, parte de su Diario y las Constituciones de la

Com-pañía de Jesús, que también reflejan su espíritu.

Con ocasión del 450 aniversario de su muerte, publi-camos ahora una selección de pensamientos e impulsos que permiten vislumbrar algo de este gran maestro de la espiritualidad (¡y de su secretario, Juan de Polanco!), que también hoy está presente e influye sobre todo a través de los Ejercicios y de la Orden que fundó.

(11)

Sólo se aprende a comprender a Ignacio - si no se teme el esfuerzo de la reflexión;

- si se leen siempre las expresiones ignacianas junto con su polo opuesto: libertad y obediencia; poder de Dios y acción humana; contemplación y acción; etcétera; - si se tiene en cuenta que con frecuencia sus palabras

necesitan una cierta traducción del mundo de su pen-samiento y lenguaje al nuestro;

- si se ven algunas de sus expresiones extrañas como una oportunidad para relativizar en parte nuestra pers-pectiva contemporánea y no entrar en el debate de conceptos;

- si se considera que sus palabras son indicaciones pa-ra la realización de experimentos espirituales y de la propia vida, no elucubraciones para adquirir más conocimientos.

Hemos elegido el subtítulo «Dios en todas las cosas» por-que expresa de forma concisa lo esencial de la espirituali-dad ignaciana: «Buscar y hallar a Dios en todas las cosas». A la edad de 62 años cuenta Ignacio que en ese momento su facilidad para unirse a Dios era mayor que en toda su vida. En este sentido, las palabras de este libro desearían ser postes indicadores que faciliten el acceso a Dios desde el centro de nuestra vida. Si se realiza esta finalidad, se ha-brá cumplido también la pasión de la llamada de Ignacio:

iuvare animas, ayudar a las personas.

20

-Estructura y configuración

La mezcla de algunos textos más largos y fundamentales con expresiones más breves y con los aforismos del último capítulo pretende servir al conocimiento de la espirituali-dad ignaciana, no sólo para la reflexión personal, sino también para la preparación de cursos, etcétera. La distri-bución temática, en la que a veces se producen solapa-mientos, no pretende sistematizar el pensamiento de Ig-nacio, que es de carácter pragmático-espiritual, sino pro-porcionar accesos a diferentes ámbitos de la vida.

PHILIPP GÓRTZ, SJ WTLLI LAMBERT, SJ DOMINIK TERSTRIEP, SJ

(12)

-1

AMAR

«En todo amar y servir»

Ignacio, de carácter más bien reservado, dijo en cierta oca-sión, cuando elogiaban el amor que él mostraba, que en rea-lidad se estaban engañando. Necesitó mucho tiempo hasta encontrar un «amor respetuoso» y un «respeto lleno de amor». Y en una ocasión escribe que, aun habiendo cumpli-do ya 53 años, mucho tiempo después de su conversión, no tenía ni idea «de humildad, amor y paciencia».

En el punto culminante de los Ejercicios, en la «Contem-plación para alcanzar amor», pide «en todo amar y servir». Éste es el núcleo de su espiritualidad. Ignacio entiende que amar es com-partir, es el libre juego de recibir y dar. Una de las características que distingue a la espiritualidad ignaciana es la tríada siguiente: el crecimiento (el magis o «más» ig-naciano), la discreción (el discernimiento) y la acción con-creta del amor.

(13)

«Amor» en el libro de los Ejercicios

Abrazo amoroso de Dios

«...en los tales ejercicios espirituales, más conveniente y mucho mejor es, buscando la divina voluntad, que el mis-mo Criador y Señor se comunique a la su ánima devota, abrazándola en su amor y alabanza, y disponiéndola por la vía que mejor podrá servirle adelante» (EE 15).

Pedir el conocimiento de Cristo

«Demandar lo que quiero; será aquí demandar conoci-miento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga» (EE 104).

Contemplación para alcanzar amor

«El amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tie-ne, o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante» (EE 230-231).

Ingratitud - Gratitud

«En la su divina bondad considerando (salvo otro parecer mejor) la ingratitud ser cosa de las más dignas de ser abo-minada delante de nuestro Criador y Señor, y delante de las creaturas capaces de la su divina y eterna gloria, entre todos los males y pecados imaginables, por ser ella desco-nocimiento de los bienes, gracias y dones recibidos, cau-sa, principio y origo de todos los males y pecados, y por el

24

-contrario, el conocimiento y gratitud de los bienes recebi-dos, cuánto seia amado y estimado, así en el cielo como en la tierra» (Carta 38; MI Epp. 1, 192 [p. 754]).

Temor y amor

«Dado que sobre todo se ha de estimar el mucho servir a Dios nuestro Señor por puro amor, debemos mucho alabar el temor de la su divina majestad. Porque no solamente el temor filial es cosa pía y santísima, mas aun el temor ser-vil, donde otra cosa mejor o más útil el hombre no alcan-ce, ayuda mucho para salir del pecado mortal; y, salido, fá-cilmente viene al temor filial, que es todo acepto y grato a Dios nuestro Señor, por estar en uno con el amor divino» (EE 370).

«Amor» en las Constituciones

Proemio

«Aunque la suma sapiencia y bondad de Dios nuestro Criador y Señor es la que ha de conservar y regir y llevar adelante en su santo servicio esta mínima Compañía de Jesús, como se dignó comenzarla, y de nuestra parte, más que ninguna exterior constitución, la interior ley de la ca-ridad y amor que el Espíritu Santo escribe e imprime en los corazones ha de ayudar para ello; todavía porque la suave disposición de la divina providencia pide coopera-ción de sus criaturas, y porque así lo ordenó el Vicario de Cristo nuestro Señor, y los ejemplos de los Santos y razón

(14)

-así nos lo enseñan en el Señor nuestro, tenemos por nece-sario se escriban Constituciones» {Const. 134 [p. 90]).

Cualidades del Prepósito General: caridad y buen juicio

«Que sea persona cuyo ejemplo en todas virtudes ayude a los demás de la Compañía. Y en especial debe resplande-cer en él la caridad para con todos prójimos, y señalada-mente para con la Compañía, y la humildad verdadera, que de Dios nuestro Señor y de los hombres le hagan muy amable» {Const. 725 [p. 320]).

«Y si alguna de las partes arriba dichas faltasen, a lo me-nos no falte bondad mucha y amor a la Compañía y buen juicio acompañado de buenas letras»

{Const. 735 [p. 322]).

Amor al prójimo - Amor a Dios

«Tendremos cuidado de guardar el corazón con mucha limpieza en el amor de Dios, de suerte que ninguna cosa amemos, sino a Él, y con solo Dios deseemos conversar, y con el prójimo por amor de Él, y no por nuestros gustos y pasatiempos» (MI Epp. 12, App. 6, 11, 674).

«Una de las cosas en que nos habernos de fundar para agradar a nuestro Señor, será echar de nosotros todas las cosas que nos pueden apartar del amor de los hermanos, trabajando de los amar con entrañable caridad; porque di-ce la suma Verdad: "En esto conodi-cerán todos que sois dis-cípulos míos..."» (MI Epp. 12, App. 6, 11, 675).

Purificación por medio del amor divino

«Y cuanto a los [males] particulares, es cierto necesario que, quienquiera que se conoce, los reconozca en sí; pues no dejará de haberlos en el estado de la presente miseria, hasta que en la fragua del eterno amor de Dios nuestro Criador y Señor se consuma toda nuestra malicia entera-mente, siendo de Él penetradas y del todo poseídas nues-tras ánimas, y así las voluntades del todo conformadas, an-tes transformadas en aquella que es la misma esencial rec-titud y perfecta bondad»

(15)

2

COMUNICACIÓN

«El amor consiste

en comunicación de las dos partes»

Ignacio no es sólo un santo, fundador de una Orden y gran artífice de los Ejercicios, sino también un maestro de la

co-municación. A ello contribuyó su larga formación en la Corte, así como lo que aprendió de los numerosos encuentros que mantuvo a lo largo de toda su vida.

Su arte de la comunicación está documentado en sus cartas y en las instrucciones que dio a los compañeros en-viados en misión. Tienen un gran valor informativo, sobre to-do, las Reglas para la comunicación que imparte a los jesuí-tas enviados al concilio de Trento. También los Ejercicios son un testimonio de ello: su eficacia procede no sólo de las me-ditaciones, sino también, y muy especialmente, del diálogo diario con la persona que los da. La actividad pastoral de los jesuítas, de cuño netamente comunicativo, ha de ser

aman-ter et prudenaman-ter, escribe el primer secretario de la Orden,

Juan de Polanco. La descripción decisiva de la comunicación se encuentra en la caracterización ignaciana del amor: «El amor consiste en comunicación de las dos partes» (EE 231).

* * *

(16)

-Reglas fundamentales para la comunicación

Instrucción para los padres enviados al concilio de Trento

«Primero. Así como en conversar y tratar con muchas per-sonas para la salud y provecho espiritual de las ánimas con favor divino mucho se gana, por el contrario, en la tal con-versación, si no somos vigilantes y favorecidos del Señor nuestro, se pierde mucho de nuestra parte, y a las veces de todas.

Y porque, según nuestra profesión, de la tal conversa-ción no nos podamos excusar, cuanto más fuéremos pre-vistos y por algún concierto enderezados, tanto más ire-mos descansados en el Señor nuestro.

Se siguen algunas cosas, de las cuales o de otras sími-les, quitando y poniendo, nos podamos ayudar en el Señor nuestro.

2. Sería tardo en hablar, considerado y amoroso, ma-yormente cerca definir las cosas que se tratan o son trata-bles en el concilio.

3. Sería tardo en hablar, ayudándome en el oír, quieto para sentir y conocer los entendimientos, afectos y volun-tades de los que hablan, para mejor responder o callar.

4. Cuando se hablare de símiles materias o de otras, dar razones a ambas partes, por no se mostrar afectado con pro-pio juicio, procurando de no dejar descontento a ninguno. 5. No traería por autores personas algunas, mayormen-te siendo grandes, si no fuese en cosas mucho miradas, ha-ciéndome con todos y no me apasionando por ninguno.

6. Si las cosas de que se hablare son tan justas, que no se pueda o deba callar, dando allí su parecer con la mayor quietud y humildad posible, concluyendo salvo otro pare-cer mejor.

7. Finalmente, para conversar y tratar en las materias adquiridas o infusas, queriendo hablar en ellas, ayuda mu-cho no mirar mi ocio o falta de tiempo con priesa, esto es, no mi comodidad, mas traerme a mí mismo a la comodi-dad y condición de la persona con quien quiero tratar, pa-ra moverle a mayor gloria divina»

(Carta 123; MI Epp. 1, 386-387 [p. 784]).

«Uno una noche ruegue a todos los otros para que le rrijan en todo lo que les pareciere; y el que así fuere co-rregido no replique, si no le dijeren que dé razón de la cau-sa por la cual ha sido corregido.

El segundo haga lo mismo otra noche; y así consi-guientemente para ayudarse todos en mayor caridad y en mayor buen odor de todas partes.

A la mañana proponer, y dos veces examinarnos en el día.

Esta orden se comience dentro de cinco días después que fuéremos en Trento. Amén»

(Carta 123; MI Epp. 1, 389 [p. 786]).

Comunicación en la actividad pastoral

Conversar con los interlocutores indicados

«Así como hace daño el hablar mal en ausencia de los ma-yores a la gente menuda, así puede hacer provecho hablar

(17)

de las malas costumbres a las mismas personas que pue-den remediarlas» (EE 362).

Comunicación entre superiores y subditos

Comunicación entre superiores y subditos

«1. El que ha de tratar con superior, traiga las cosas diges-tas y miradas por sí, o comunicadas con otros, según que fueren de más o menos importancia. Con esto, en las co-sas mínimas o de mucha priesa, faltando tiempo para mi-rar o conferir, se deja a su buena discreción, si, sin comu-nicarlas o mucho mirarlas, deba representarlas al superior, o no.

2. Así digestas y miradas, propóngalas, diciendo: este punto se ha mirado por mí, o con otros, según que fuere; y ocurríame o mirábamos si sería bien así o así. Y nunca di-ga al superior, tratando con él: esto o aquello es o será bien ansí; mas dirá condicionalmente si es o si será.

3. Así propuestas las cosas, del superior será determi-nar o esperar tiempo para mirar en ellas, o remitirlas a quien o a quienes las han mirado; o nombrar otros que mi-ren en ellas o determinen, según que la cosa fuere más o menos importante o difícil.

4. Si a la determinación del superior, o lo que él toca-re, replicare alguna cosa que bien le parezca, tornando el superior a determinar, no haya réplica ni razones algunas por entonces.

32

-5. Si, después de así determinado el superior, sintiese el que trata con él que otra cosa sería más conveniente, o se le representase con fundamento alguno, aunque sus-pendiese el sentir, después de tres o cuatro horas, o otro día, puede representar al superior si sería bien esto o aque-llo; guardando siempre tal forma de hablar y términos, que no haya ni parezca disensión ni alteración alguna, ponien-do silencio a lo que fuere determinaponien-do en aquella hora.

6. Con esto, aunque sea la cosa determinada una y dos veces, de ahí a un mes o tiempo más largo, puede repre-sentar asimismo lo que siente o le ocurriere por la orden ya dicha; porque la experiencia con el tiempo descubre mu-chas cosas, y también hay variedad en ellas con el mismo.

7. ítem, se acomode el que trata a la disposición y po-tencias naturales del superior, hablando distinto y con voz inteligible, y claro, y a tiempos que le sean oportunos, cuando fuere posible»

(Carta 5400a; MI Epp. 9, 90-91 [pp. 1058-1059]).

Comunicación escrita: «viniendo a los particulares...»

«Es necesario que, para escribir prudentemente, procure de conocer la persona a quien se escribe, y advertir sus cualidades, para conformarse a ellas en lo que se puede, ahora sea de fuera de la Compañía, ahora della. Si es de fuera, la prudencia dicta que a personas en lo temporal grandes, se escriba con más reverencia; a difíciles y áspe-ras, con más blandura y más retenidamente; a rudas y gro-seras, más abiertamente; a ingeniosos, con más diligencia;

(18)

-a doctos, con más s-abor de doctrin-a; -a ocup-ados, breve; -a desocupados, más largamente, si quisiere; a personas ale-gres, más alegremente; a humanas, más sin escrúpulo; a severos, con más severidad; a tristes, con demostración de tristeza; a ciertos amigos, con más confianza; a inciertos, más recatadamente, y con los tales por letras breves es de tentar su voluntad, demostrándoles amor, etc.; a iguales, con más familiaridad; a poco conocidos, con respeto y graciosamente, sin demasiado bajarse; a inferiores, con mucha humanidad, no como de lugar alto, sino igual o in-ferior, etc. Y adviértase que comúnmente en las primeras cartas es necesario más miramiento, en especial con las personas no conocidas; y procúrese que parezca la causa que mueve a escribirles, pía» (AHSI 29 [1960], p. 317).

Oír largo y con gusto

«En el negociar con todos, y máxime con iguales o meno-res según dignidad o autoridad, hablar poco y tarde, oír largo y con gusto, oyendo largo hasta que acaben de ha-blar lo que quieren, después respondiendo a las partes que fueren, dar fin, despidiéndose; si replicaren, cortando las réplicas cuanto pudiere; la despedida presta y graciosa» (Carta 32; MI Epp. 1, 179 [p. 752]).

Comunicación con personas de diferentes caracteres

«Para conversar y venir en amor de algunos grandes o ma-yores en mayor servicio de Dios nuestro Señor, mirar pri-mero de qué condición sea y haceros della, es a saber: si es colérico y habla de presto y regocijado, tener alguna

manera en conversación su modo en buenas y santas co-sas, y no mostrarse grave, flemático o melancólico. Que a natura son recatados, tardos en hablar, graves y pesados en sus conversaciones, tomar el modo dellos con ellos, por-que apor-quello es lo por-que les agrada: "Me he hecho todo a to-dos" (1 Corintios 9,22).

Es de advertir que, si uno es de complexión colérico y conversa con otro colérico, si no son en todo de un mismo espíritu, hay grandísimo peligro que no desconcierten en sus conversaciones sus pláticas; por tanto, si uno conoce ser de complexión colérica, debe de ir, aun en todos los particulares cerca conversar con otros, si es posible, mu-cho armado con examen o con otro acuerdo de sufrir y no se alterar con el otro, máxime si lo conoce enfermo. Si conversare con flemático o melancólico, no hay tanto

pe-ligro de desconcertar por vía de palabras precipitadas» (Carta 32; MI Epp. 1, 179-180 [pp. 752-753]).

Carácter público de la conversación

«En todas conversaciones, máxime en poner paz y en plá-ticas espirituales, estar advertidos, haciendo cuenta que to-do lo que se habla puede o verná en público»

(19)

3

ORAR

«La facilidad para unirse a Dios»

¿Qué es lo característico de la comprensión y la praxis de la oración de Ignacio? Lo más llamativo y lo más significativo, desde el punto de vista de la historia de la piedad, es la amplitud de su comprensión de la oración. El dicho que mejor lo expresa es éste: «Buscar y hallar a Dios en todas las cosas». Y con ello se refiere literalmente a todo: en el pensar, en el hablar, en el trabajar, en el descanso, en la cele-bración de los sacramentos, en la oración, etcétera. Todo es y se hace oración en la medida en que está dirigido interior-mente a Dios y es expresión de una entrega llena de amor. De este modo, la persona puede ser «contemplativa en la acción».

Desde aquí se comprende que Ignacio no insista rígida-mente en determinadas formas de oración. Él está conven-cido de que el modo de orar mejor para cada individuo es aquel «donde Dios nuestro Señor más se comunica». Y, por consiguiente, hay que probar diferentes modos.

No obstante, insiste en que la persona tiene que some-terse a un proceso de liberación del yo, es decir, tiene que morir a esa temerosa obsesión por el yo que hace que tam-bién en la oración dé vueltas sólo alrededor de sí misma,

(20)

-para que surja una nueva vida. Ahí radica el verdadero valor del concepto medieval de la mortificación, que ha sido obje-to de falsas interpretaciones. Ignacio obje-toma como referente la experiencia de Jesús en el huerto de los Olivos: «Padre, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42).

* * *

Grados de oración:

«donde Dios nuestro Señor más se comunica»

«Es mucho mejor [...] buscar más inmediatamente al Señor de todos, es a saber, sus santísimos dones, así como una infusión o gotas de lágrimas, agora sea, 1.°, sobre los propios pecados o ajenos; agora sea, 2.°, en los misterios de Cristo nuestro Señor en esta vida o en la otra; agora sea, 3.°, en consideración o amor de las personas divinas; y tanto son de mayor valor y precio, cuanto son en pensar y considerar más alto. Y aunque en sí el 3.° sea más perfec-to que el 2.°, y el 2.° más que el primero, aquella parte es mucho mejor para cualquier individuo, donde Dios nues-tro Señor más se comunica mostrando sus santísimos dones y gracias espirituales, porque ve y sabe lo que más le conviene, y como quien todo lo sabe, le muestra la vía; y nosotros para hallarla, mediante su gracia divina, ayuda mucho buscar y probar por muchas maneras para caminar por la "que le es más declarada", más feliz y bienaventu-rada en esta vida [...]»

(Carta 466; MI Epp. 2, 235-236 [pp. 831-832]).

Hallar a Dios en todas las cosas (carta escrita por el secretario Polanco, por comisión de Ignacio)

«Cuanto a la oración y meditación, no habiendo necesidad especial por tentaciones, como dije, molestas o peligrosas, veo que más aprueba procurar en todas cosas que hombre hace hallar a Dios, que dar mucho tiempo junto a ella. Y este espíritu desea ver en los de la Compañía: que no hallen (si es posible) menos devoción en cualquiera obra de caridad y benevolencia que en la oración o meditación; pues no deben hacer cosa alguna sino por amor y servicio de Dios nuestro Señor; y en aquello se debe hallar cada uno más contento que le es mandado, pues entonces no puede dudar que se conforma con la voluntad de Dios nuestro Señor» (Carta 1848; MI Epp. 3, 502).

«De otras cosas a tiempos se sirve Dios más que de la oración»

«Sería bien que mirase que no sólo se sirve Dios del hom-bre cuando ora; que, si así fuese, serían cortas, si fuesen las oraciones de menos de 24 horas al día, si se pudiese, pues todo hombre se debe dar, cuando enteramente pudie-re, a Dios. Pero es así que de otras cosas a tiempos se sirve más que de la oración, y tanto que por ellas la oración huelga él se deje, cuánto más que se abrevie. Así que "con-viene orar siempre y no desfallecer"; mas bien entendién-dolo, como los santos y doctores lo entienden»

(21)

Examen de conciencia diario y amor al prójimo como oración

«Primero, no os olvidéis de poner cuidado en conservar y acrecentar el buen espíritu, y haced todos los días el exa-men de conciencia; y si podéis, oíd misa y atended a las devociones acostumbradas, aunque se pueden abreviar para ayudar al prójimo, porque es oración lo que por él se hace» (Carta 2926; MI Epp. 4, 456-457 [orig. it.\). Recreación como oración

«Usad muy moderadamente todo ejercicio mental, haced cuenta que la recreación exterior ordenada [...] es oración, y que en ella agradáis a Dios nuestro Señor, cuya gracia siempre abunde en vuestra alma»

(Carta 4351; MI Epp. 6, 587 [p. 999]). También la oración corta es oración

«Que oración de una y dos horas no es oración, y que son menester más horas, es mala doctrina, contra lo que han sentido y practicado los santos»

(MI Epp. 12, App. 6, 3, 651 [p. 858]). «Mortificación» y engaños en la oración

«Y por fin concluyó: "[A] un verdaderamente mortificado bástale un cuarto de hora para se unir a Dios en oración". Y no sé si entonces añadió sobre este mismo tema lo que le oímos decir otras muchas veces: que de cien personas muy dadas a la oración, noventa serían ilusas»

{Mein. 196 [p. 1491).

40

-Papel fundamental de la «mortificación». Elogio de la oración que tiene «a Dios siempre ante los ojos»

«Al día siguiente, hablándome el Padre de lo mismo, y contándome las prolongadas oraciones que había hecho, me decía que, a su juicio, no podía haber mayor error en las cosas espirituales que querer dirigir a los otros según uno mismo; y después me añadió que de cien que se entre-guen a largas oraciones y penitencias, la mayor parte cae-rán ordinariamente en grandes inconvenientes; se refería sobre todo el Padre a la dureza de juicio; por eso el Padre ponía como fundamento de todo la mortificación y abne-gación de voluntad. [...]

Sin embargo, el Padre alaba mucho la oración, como he observado yo mismo muchas veces, especialmente la que se hace teniendo a Dios siempre ante los ojos»

(Mem. 256 [pp. 181-182]).

Efectos de la oración: lágrimas, consuelo, ser uno con Dios

«Mi querido Padre, "el corazón obstinado tendrá mal fin" (Eclesiástico 3,27), pero el corazón deseoso de la ayuda de las almas, como el de Vuestra Reverencia, y del servicio divino, no puede llamarse duro; y teniendo, en la voluntad y en la parte superior del ánima, compasión de las mise-rias del prójimo, queriendo socorrer de su parte, y hacien-do el oficio de hombre que tal voluntad eficaz tiene en pro-curar los medios, no son necesarias otras lágrimas ni otra

(22)

ternura de corazón. Y aunque algunos lo tengan, por ser tal su natural que el afecto del alma superior redunda fácil-mente en la inferior, o porque Dios nuestro Señor les da tal derretirse en lágrimas, porque ve que les conviene, no por eso tienen mayor caridad, ni son más eficaces que otros que no tienen tales lágrimas; aunque no tienen menor afecto en la parte superior, e.d., voluntad tan fuerte y efi-caz (la cual es acto propio de la caridad) para el servicio divino y bien de las almas, como los que abundan en lágri-mas. Digo además a V. R. (como lo siento) que a algunos, aunque estuviese en mi mano darles las lágrimas, no se las daría, porque no les ayudan a la caridad y les causan daño al cuerpo y a la cabeza, y en consecuencia impiden cual-quier ejercicio de caridad. Así que no se dé pena V. R. por la falta de lágrimas externas, y conserve su voluntad buena y eficaz, mostrada en obras, que esto basta para la perfec-ción propia, ayuda del prójimo y servicio de Dios» (Carta 3924; MI Epp. 5, 714 [p. 968]).

Felicidad del ser humano liberado del yo

«Considerando que las personas, saliendo de sí y entrando en su Criador y Señor, tienen asidua advertencia, atención y consolación, y sentir cómo todo nuestro bien eterno sea en todas cosas criadas, dando a todas ser, y conservando en él con infinito ser y presencia»

(Carta 101; MI Epp. 1, 339 [pp. 779-780]).

No es posible una ininterrumpida y plena conciencia de Dios

«Parece imposible, según el curso común, aun de los muy espirituales y santos, porque tal presencia [de Dios] re-quiere actual consideración de entendimiento y fija, antes inmovible, lo cual repugna al estado de la vía; quejándose aun los muy devotos siervos de Dios de las evagaciones e instabilidad del entendimiento»

(MI Epp. 12, App. 6, 3, 648-649 [p. 856]).

¿Melancolía? No después de un cuarto de hora de oración

«Aconsejándole una vez el médico que no cayese en depresión, que le haría daño, dijo después el Padre: "Yo he pensado en qué cosa me podía dar malencolía, y no hallé cosa ninguna, sino si el papa deshiciese la Compañía del todo: y aun con esto, yo pienso que, si un cuarto de hora me recogiese en oración, quedaría tan alegre y más que antes"» (Mem. 182 [p. 143]).

Cuidado con los esfuerzos compulsivos del entendimiento y el cuerpo

«Toda meditación en la cual trabaja el entendimiento hace fatigar el cuerpo; otras meditaciones ordenadas y descan-sadas, las cuales son aplicables al entendimiento y no tra-bajosas a las partes interiores del ánimo, que se hacen sin poner fuerza interior ni exterior, éstas no fatigan al cuerpo, mas hacen descansar [...]»

(23)

La virtud es más importante que los sentimientos de devoción

«Cuanto a la ceguedad o aridez de espíritu, que le parece encontrar en sí, puede fácilmente proceder de la descon-fianza o pusilanimidad, y consiguientemente curarse con lo contrario; y sobre todo se acuerde Vuestra Reverencia que Dios busca en nosotros las virtudes sólidas, como es la paciencia, humildad, obediencia, abnegación de la voluntad propia, caridad, es decir, buena voluntad de ser-virle a Él y, por lo mismo, a los prójimos; que otras devo-ciones las concede su providencia cuando ve que es con-veniente; pero como no son cosas sustanciales, no hacen perfecto al hombre cuando abundan, ni tampoco imper-fecto cuando faltan.

Y no más diré de esto, sino rogar a Jesucristo Señor nuestro sea siempre en ayuda nuestra y favor de todos nosotros» (Carta 4020; MI Epp. 6, 110 [p. 972]).

El hablar de Dios -«sin ruido alguno de voces»— acogido con humildad

«Acaece que muchas veces el Señor nuestro mueve y fuer-za a nuestra ánima a una operación o a otra abriendo nues-tra ánima; es a saber, hablando dentro della sin ruido algu-no de voces, alzando toda a su divialgu-no amor, y algu-nosotros a su sentido, aunque quisiéramos, no pudiendo resistir; y el sentido suyo que tomamos, necesario es conformarnos con los mandamientos, preceptos de la Iglesia y obedien-cia de nuestros mayores, y lleno de toda humildad, porque el mismo espíritu divino es en todo»

(Carta 7; MI Epp. 1, 105 [p. 733]).

44

-La señal de la cruz

«Para hacer la señal de la santa cruz ponemos la mano en la cabeza, que significa Dios Padre, el cual no procede de nadie; cuando ponemos la mano en el vientre, significa su Hijo, nuestro Señor, el cual procede del Padre, y vino hasta el vientre de la sacratísima Virgen María; cuando ponemos la mano de un lado al otro significa el Espíritu Santo, el cual procede del Padre y del Hijo; cuando pone-mos las manos juntas, significa que las tres personas son una verdadera esencia; cuando ponemos la cruz en la boca significa que en Jesús, nuestro Salvador y Redentor, está el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios nues-tro creador y señor, y que la divinidad nunca fue separada del cuerpo de Cristo en su muerte» («Suma de las predi-caciones del Maestro Ignacio sobre la doctrina cristiana»; MI Epp. 12, App. 6, 10, 667 [orig. it.\).

(24)

-4

EJERCICIOS

«Todo lo mejor...»

Ignacio escribe en una carta que los Ejercicios son «todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo como pa-ra poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos» (Carta 10; MI Epp. 1, 113 [p. 736]). Gracias a los Ejercicios

Espirituales, reconocidos por la Iglesia en 1548, ha prestado

a lo largo de varios siglos una ayuda decisiva a muchas per-sonas en su camino de fe.

Los Ejercicios son un camino de meditación y ejercita-ción espiritual en que la persona se confía por entero a la vo-luntad amorosa de Dios, tal y como ésta se regala al mundo en Jesucristo. El ejercitante se deja liberar y transformar en este camino y configura su vida en el servicio al prójimo co-mo respuesta al aco-mor de Dios. Ignacio caracteriza breve-mente lo que sucede en los Ejercicios con estas expresio-nes: «ordenar su vida», el Señor se comunica «a la su ánima devota, abrazándola en su amor».

En los Ejercicios ignacianos hay momentos de ejercita-ción, de experiencia espiritual, de orientación según la

(25)

vo-luntad amorosa de Dios, de liberación de la confusión del yo; y en ellos están presentes también la oración, la fuerza del silencio, el diálogo del acompañamiento diario y la configu-ración de la propia vida desde la relación con Jesucristo y su Evangelio. Del mismo modo que uno no se sacia con la lec-tura de una receta, tampoco se sacia con la leclec-tura del libro de los Ejercicios, que fue escrito ante todo para la persona que los da, no para el ejercitante.

* * *

De las anotaciones introductorias en el libro de los Ejercicios

Sentido de los Ejercicios

«Anotaciones para tomar alguna inteligencia en los ejerci-cios espirituales que se siguen, y para ayudarse, así el que los ha de dar como el que los ha de recibir. La primera anotación es que por este nombre, ejercicios espirituales, se entiende todo modo de examinar la conciencia, de me-ditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras es-pirituales operaciones, según que adelante se dirá. Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corpo-rales, por la misma manera, todo modo de preparar y dis-poner el ánima para quitar de sí todas las afecciones de-sordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman ejercicios espirituales» (EE 1).

48

-Indicaciones prudentes y sobrias

«La persona que da a otro modo y orden para meditar o contemplar debe narrar fielmente la historia de la tal con-templación o meditación, discurriendo solamente por los puntos, con breve o sumaria declaración; porque la perso-na que contempla, tomando el fundamento verdadero de la historia, discurriendo y raciocinando por sí mismo, y ha-llando alguna cosa que haga un poco más declarar o sen-tir la historia, quier por la raciocinación propia, quier sea en cuanto el entendimiento es ilucidado por la virtud divi-na, es de más gusto y fruto espiritual que si el que da los ejercicios hubiese mucho declarado y ampliado el sentido de la historia; porque no el mucho saber harta y satisface al ánima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente» (EE 2).

Actitud de «grande ánimo y liberalidad»

«Al que recibe los ejercicios mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de todo lo que tie-ne, se sirva conforme a su santísima voluntad» (EE 5).

Animar en la desolación

«El que da los ejercicios, si ve al que los recibe que está desolado y tentado, no se haya con él duro ni desabrido, mas blando y suave, dándole ánimo y fuerzas para adelan-te, y descubriéndole las astucias del enemigo de natura

(26)

-mana, y haciéndole preparar y disponer para la consola-ción ventura» (EE 7).

Libertad para el que recibe los Ejercicios e inmediatez de Dios

«El que da los ejercicios no debe mover al que los recibe más a pobreza ni a promesa que a sus contrarios, ni a un es-tado o modo de vivir que a otro. [...] En los tales ejercicios espirituales, más conveniente y mucho mejor es, buscando la divina voluntad, que el mismo Criador y Señor se co-munique a la su ánima devota, abrazándola en su amor y alabanza, y disponiéndola por la vía que mejor podrá ser-virle adelante. De manera que el que los da no se decante ni se incline a la una parte ni a la otra; mas estando en me-dio, como un peso, deje inmediate obrar al Criador con la criatura, y a la criatura con su Criador y Señor» (EE 15).

Acercamiento a Dios en la soledad

«Cuanto más nuestra ánima se halla sola y apartada, se ha-ce más apta para se aha-cercar y llegar a su Criador y Señor; y cuanto más así se allega, más se dispone para recibir gra-cias y dones de la su divina y suma bondad» (EE 20).

Textos clave de los Ejercicios

Finalidad de los Ejercicios

«Ejercicios espirituales para vencer a sí mismo y ordenar su vida, sin determinarse por afección alguna que desor-denada sea» (EE 21).

Cultura del diálogo

«Para que así el que da los ejercicios espirituales, como el que los recibe, más se ayuden y se aprovechen, se ha de presuponer que todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del próximo que a condenarla; y si no la puede salvar, inquira cómo la entiende; y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve» (EE 22).

Fundamento y finalidad de los Ejercicios

«Principio y fundamento.

El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su áni-ma; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar dellas cuanto le ayudan para su fin, y tan-to debe quitarse dellas cuantan-to para ello le impiden.

Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal ma-nera, que no queramos de nuestra parte más salud que en-fermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás. Solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados» (EE 23).

(27)

Reforma de la propia vida y libertad del yo

«Para enmendar y reformar la propia vida y estado. Es de advertir que, acerca de los que están constituidos en prelatura o en matrimonio (quier abunden mucho de los bienes temporales, quier no), donde no tienen lugar o muy pronta voluntad para hacer elección de las cosas que caen debajo de elección mutable, aprovecha mucho, en lugar de hacer elección, dar forma y modo de enmendar y reformar la propia vida y estado de cada uno dellos; es a saber, po-niendo su creación, vida y estado para gloria y alabanza de Dios nuestro Señor y salvación de su propia ánima. Para venir y llegar a este fin, debe mucho considerar y ruminar por los ejercicios y modos de eligir, según que está decla-rado, cuánta casa y familia debe tener, cómo la debe regir y gobernar, cómo la debe enseñar con palabra y con ejem-plo; asimismo de sus facultades, cuánta debe tomar para su familia y casa, y cuánta para dispensar en pobres y en otras cosas pías, no queriendo ni buscando otra cosa algu-na sino, en todo y por todo, mayor alabanza y gloria de Dios nuestro Señor. Porque piense cada uno que tanto se aprovechará en todas cosas espirituales cuanto saliere de su propio amor, querer y interese» (EE 189).

Indicaciones para la meditación y la oración El examen de conciencia general

«Modo de hacer el examen general, y contiene en sí cinco puntos.

52

-El primer punto es dar gracias a Dios nuestro Señor por los beneficios recibidos.

El segundo, pedir gracia para conocer los pecados, y lanzallos.

El tercero, demandar cuenta al ánima desde la hora que se levantó hasta el examen presente, de hora en hora o de tiempo en tiempo; y primero del pensamiento, y después de la palabra, y después de la obra; por la misma orden que se dijo en el examen particular.

El cuarto, pedir perdón a Dios nuestro Señor de las faltas.

El quinto, proponer enmienda con su gracia. Pater nos-ter» (EE 43).

«La sólita oración preparatoria»

«La oración preparatoria es pedir gracia a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, acciones y opera-ciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad» (EE 46).

Coloquio de la oración

«Imaginando a Cristo nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio; cómo de Criador es venido a ha-cerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirando a mí mismo,

- lo que he hecho por Cristo, - lo que hago por Cristo, - lo que debo hacer por Cristo;

(28)

-y así, viéndole tal, -y así colgado en la cruz, discurrir por lo que se ofreciere» (EE 53).

«El coloquio se hace, propiamente hablando, así como un amigo habla a otro, o un siervo a su señor; cuándo pidien-do alguna gracia, cuánpidien-do culpánpidien-dose por algún mal hecho, cuándo comunicando sus cosas y queriendo consejo en ellas. Y decir un Pater noster» (EE 54).

Petición antes de las contemplaciones de la Sagrada Escritura

«Demandar lo que quiero; será aquí demandar conoci-miento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga» (EE 104).

Conformidad interna en la oración

«Ante de entrar en la oración repose un poco el espíritu, asentándose o paseándose, como mejor le parecerá, consi-derando a dónde voy y a qué. Y esta misma adición se ha-rá al principio de todos modos de orar» (EE 239).

El segundo modo de orar:

permanecer en la contemplación de cada palabra

«El segundo modo de orar es que la persona, de rodillas o asentado, según la mayor disposición en que se halla y más devoción le acompaña, teniendo los ojos cerrados o hincados en un lugar, sin andar con ellos variando, diga Pater; y esté en la consideración desta palabra tanto tiem-po cuanto halle significaciones, comparaciones, gustos y

consolación en consideraciones pertinentes a la tal pala-bra; y de la misma manera haga en cada palabra del Pater noster, o de otra oración cualquiera que desta manera qui-siere orar» (EE 252).

El tercer modo de orar

«Tercer modo de orar será por compás.

La adición será la misma que fue en el primero y se-gundo modo de orar.

La oración preparatoria será como en el segundo mo-do de orar.

El tercero modo de orar es que con cada un anhélito o resollo se ha de orar mentalmente, diciendo una palabra del Pater noster, o de otra oración que se rece, de manera que una sola palabra se diga entre un anhélito y otro, y mientras durare el tiempo de un anhélito a otro, se mire principalmente en la significación de la tal palabra, o en la persona a quien reza, o en la bajeza de sí mismo, o en la diferencia de tanta alteza a tanta bajeza propia; y por la misma forma y regla procederá en las otras palabras del Pater noster; y las otras oraciones, es a saber, Ave María, Anima Christi, Credo y Salve Regina, hará según que sue-le» (EE 258).

Punto culminante de la espiritualidad de los Ejercicios «Contemplación para alcanzar amor.

Nota. Primero conviene advertir en dos cosas.

- La primera es que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras.

(29)

- La segunda: el amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante. De manera que si el uno tie-ne ciencia, dar al que no la tietie-ne, si honores, si riquezas, y así el otro al otro.

Oración sólita.

Primer preámbulo es composición; que es aquí ver

có-mo estoy delante de Dios nuestro Señor, de los ángeles, de los santos interpelantes por mí.

El segundo, pedir lo que quiero; será aquí pedir

cono-cimiento interno de tanto bien recibido, para que yo, ente-ramente reconociendo, pueda en todo amar y servir a su divina majestad.

El primer punto es traer a la memoria los beneficios

re-cibidos de creación, redención y dones particulares, pon-derando con mucho afecto cuánto ha hecho Dios nuestro Señor por mí, y cuánto me ha dado de lo que tiene, y

con-sequenter [de donde se deduce que] el mismo Señor desea

dárseme en cuanto puede, según su ordenación divina. Y con esto reflectir en mí mismo, considerando con mucha razón y justicia lo que yo debo de mi parte ofrecer y dar a la su divina majestad, es a saber, todas mis cosas y a mí mismo con ellas, así como quien ofrece afectándose mu-cho: "Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memo-ria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo distes, a Vos, Señor, lo torno; todo es

- 56

vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta".

El segundo, mirar cómo Dios habita en las criaturas:

- en los elementos dando ser, - en las plantas vegetando, - en los animales sensando, - en los hombres dando entender, y así en mí

- dándome ser, - animando, - sensando,

- y haciéndome entender.

- Asimismo haciendo templo de mí, seyendo criado a la similitud y imagen de su divina majestad. Otro tanto reflictiendo en mí mismo, por el modo que está dicho en el primer punto, o por otro que sintiere me-jor. De la misma manera se hará sobre cada punto que se

sigue.

El tercero, considerar cómo Dios trabaja y labora por

mí en todas cosas criadas sobre la haz de la tierra, id est,

habet se ad modum laborantis [es decir, se comporta

co-mo un "obrero"]. Así coco-mo en los cielos, elementos, plan-tas, frutos, ganados, etc.; dando ser, conservando, vege-tando y sensando, etc. Después reflectir en mí mismo.

(30)

-El cuarto, mirar cómo todos los bienes y dones

des-cienden de arriba, así como la mi medida potencia de la suma y infinita de arriba, y así justicia, bondad, piedad, misericordia, etc.; así como del sol descienden los rayos, de la fuente las aguas, etc. Después acabar reflictiendo en mí mismo, según está dicho.

Acabar con un coloquio y un Pater noster» (EE 230-237).

5

DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS

«La discreta caridad»

«Discreta caridad» no significa en Ignacio un amor que tema la luz pública. La expresión quiere decir que el amor es «un amor que discierne» [discreta chantas), que pregunta siem-pre por lo que es realmente bueno para una relación o para una actividad. Lo que veo ante mí como posibilidad de en-cuentro y de actuación ¿corresponde al magis en la direc-ción de la fe, la esperanza y el amor, o tiene más del gusto de la desconfianza, la resignación y el egoísmo?

Ignacio ofrece desde su propia experiencia, sobre todo en los Ejercicios, una cantidad de ayudas y reglas de expe-riencia para examinar de dónde proceden las motivaciones interiores, los fines que se persiguen y las mociones. En es-te discernimiento ines-tervienen todos los planos de la perso-na: conocimiento profundo más íntimo, meditación y consi-deración racional, y especialmente también la sensibilidad para las mociones interiores. En este contexto se habla a menudo de «consolación» y «desolación».

En la formulación «discreta caridad» o «caridad ordena-da» se expresa tanto la unión fundamental con el Evangelio de Jesús, cuyo centro es el amor, como la acentuación es-pecífica de la espiritualidad ignaciana.

(31)

Espíritu Santo

«El medio para gustar con el afecto y ejecutar con suavi-dad lo que la razón dicta que es a mayor servicio y gloria divina, el Espíritu Santo le enseñará mejor que otro nin-guno; aunque es verdad que, para seguir las cosas mejores y más perfectas, suficiente moción es la de la razón; y la otra de la voluntad, aunque no preceda la determinación y ejecución, podría fácilmente seguirla, remunerando Dios nuestro Señor la confianza que en su providencia se tiene, y la resignación de sí mismo entera y abnegación de sus propias consolaciones, con mucho contentamiento y gus-to y tangus-to mayor abundancia de espiritual consolación, cuanto menos se pretiende y más puramente se busca su gloria y beneplácito»

(Carta 6327; MI Epp. 11, 184-185 [p. 1086]). Cristo como consolador

«Mirar el oficio de consolar que Cristo nuestro Señor trae, y comparando cómo unos amigos suelen consolar a otros» (EE 224).

De las reglas de discernimiento de las mociones interiores para la primera semana de Ejercicios Estrategias contrarias del buen espíritu y del malo (primera regla)

«En las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, acostumbra comúnmente el enemigo proponerles

60

-placeres aparentes, haciendo imaginar delectaciones y pla-ceres sensuales, por más los conservar y aumentar en sus vicios y pecados. En las cuales personas el buen espíritu usa contrario modo, punzándoles y remordiéndoles las conciencias por el sindérese de la razón» (EE 314).

Lo que significa la consolación (tercera regla)

«Finalmente, llamo consolación todo aumento de esperan-za, fe y caridad, y toda leticia interna, que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud de su ánima, quie-tándola y pacificándola en su Criador y Señor» (EE 316).

Desolación (cuarta regla)

«Llamo desolación todo el contrario [...], así como oscuri-dad del ánima, turbación en ella, moción a las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones, moviendo a infidencia, sin esperanza, sin amor, hallándo-se toda perezosa, tibia, triste y como hallándo-separada de su Cria-dor y Señor» (EE 317).

«En tiempo de desolación nunca hacer mudanza» (quinta regla)

«En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas es-tar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación, o en la determinación en que estaba en la antecedente consola-ción. Porque, así como en la consolación nos guía y acon-seja más el buen espíritu, así en la desolación el malo, con

(32)

-cuyos consejos no podemos tomar camino para acertar» (EE318).

Medidas contra la desolación (sexta regla)

«Mucho aprovecha el intenso mudarse contra la misma desolación, así como es en instar más en la oración, medi-tación, en mucho examinar, y en alargarnos en algún mo-do conveniente de hacer penitencia» (EE 319).

Gracia en la desolación (séptima regla)

«El que está en desolación considere cómo el Señor le ha dejado en prueba, en sus potencias naturales, para que re-sista a las varias agitaciones y tentaciones del enemigo; pues puede con el auxilio divino, el cual siempre le queda, aunque claramente no lo sienta; porque el Señor le ha abs-traído su mucho hervor, crecido amor y gracia intensa, quedándole tamen gracia suficiente para la salud eterna» (EE 320).

Tomar fuerza de la consolación (décima regla)

«El que está en consolación piense cómo se habrá en la de-solación que después vendrá, tomando nuevas fuerzas pa-ra entonces» (EE 323).

«Poner mucho rostro contra las tentaciones» (decimosegunda regla)

«[...] de la misma manera es propio del enemigo enflaque-cerse y perder ánimo, dando huida sus tentaciones,

cuan-do la persona que se ejercita en las cosas espirituales pone mucho rostro contra las tentaciones del enemigo, hacien-do el opósito per diametrum [lo diametralmente opuesto]» (EE 325).

Desenmascarar al enemigo que se esconde (decimotercera regla)

«Asimismo se hace [el enemigo] como vano enamorado en querer ser secreto y no descubierto. [...] De la misma manera, cuando el enemigo de natura humana trae sus as-tucias y suasiones a la ánima justa, quiere y desea que sean recibidas y tenidas en secreto. Mas cuando las descu-bre a su buen confesor, o a otra persona espiritual que nozca sus engaños y malicias, mucho le pesa; porque co-lige que no podrá salir con su malicia comenzada, en ser descubiertos sus engaños manifiestos» (EE 326).

Atender a los propios puntos débiles (decimocuarta regla)

«Asimismo se ha como un caudillo, para vencer y robar lo que desea. Porque, así como un capitán y caudillo del campo, asentando su real y mirando las fuerzas o disposi-ción de un castillo, le combate por la parte más flaca, de la misma manera el enemigo de natura humana, rodeando, mira en torno todas nuestras virtudes teologales, cardina-les y moracardina-les, y por donde nos halla más flacos y más ne-cesitados para nuestra salud eterna, por allí nos bate y pro-cura tomarnos» (EE 327).

Referencias

Documento similar

37 El TPI, en los fundamentos jurídicos del 149 al 154 de la sentencia «Virgia- micina», examinó las dos actividades complementarias que integran la evaluación de riesgos:

El Centro de juventud y familia del colegio Santa Mariana de Jesús orienta, guía y acompaña a la comunidad Marianita dinamizando espacios para la formación en liderazgo,

o esperar la resolución expresa&#34; (artículo 94 de la Ley de procedimiento administrativo). Luego si opta por esperar la resolución expresa, todo queda supeditado a que se

El interesado podrá acudir ante el señor Personero Municipal o a la Defensoría del Pueblo para que se le colabore en la elaboración de su demanda o petición, así como en los

1. LAS GARANTÍAS CONSTITUCIONALES.—2. C) La reforma constitucional de 1994. D) Las tres etapas del amparo argentino. F) Las vías previas al amparo. H) La acción es judicial en

Asimismo una reflexión calmada sobre las intrincadas relaciones existentes en el péndulo que va del ODM 1 al ODM 8, debería conducirnos a observar por qué las formas mediante las

Volviendo a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia, conviene recor- dar que, con el tiempo, este órgano se vio en la necesidad de determinar si los actos de los Estados

personas que estén santificadas, aquellas personas que hayan limpiado su corazón estén a cuentas con Dios.. VIVIENDO CONFORME