¿Qué puede un cuerpo? Una investigación del colectivo Charco sobre el cuerpo horizontal

Texto completo

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Volume 12 • 2018

Arte Factu

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¿Qué puede un cuerpo?

Una investigación del colectivo Charco sobre el cuerpo horizontal

Francisco González Castro & Lucy Quezada Yáñez*

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Una introducción

El presente texto es un diálogo entre tres formas de desplegar la investigación realizada por el colectivo Charco, con relación al uso del cuerpo horizontal en el arte reciente en Chile. Esto se manifiesta en la separación en tres columnas del artículo: la primera responde a un texto colectivo que desde el aforismo como formato, refleja las múltiples visiones sobre el problema tratado y las diferencias propias de un colectivo; la segunda columna, la central, muestra imágenes de los trabajos que se vinculan con algunos de los aforismos, y la tercera columna, se presenta como una reflexión -de parte de dos de los integrantes del grupo- más sistemática y acorde a un ámbito más académico.

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nuestro quehacer e incidir en el imaginario territorial donde se implementa1.

Habiendo dicho lo anterior, el camino que seguirá este texto atravesará diversos nudos: el origen de este proyecto, dado por la conjunción de trabajos y artistas con los cuales nos relacionamos, así como la relación con nuestro propio quehacer; la presentación de algunas de las propuestas a las que nos referimos; el proceso de producción de la investigación, el que se centró en la escritura de un texto colectivo sobre el problema del cuerpo horizontal (texto de la primera columna); una relación entre fragmentos de aquel texto con algunas de las obras que hemos incluido en la investigación -siendo esto parte del resultado del proyecto- y, finalmente, reflexionaremos sobre qué significa este tipo de producción para el contexto chileno del arte contemporáneo hoy.

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I

El cuerpo horizontal es múltiple, variado; siempre el mismo y siempre otro. Pura reiteración de la posición, una y otra vez, volver a acostarse, yacer, caer, estar...

II

Los cuerpos son lugar de resistencia y acción activa. En el cuerpo se aloja la diferencia frente a la norma y el riesgo frente al sistema. El cuerpo crea y se crea cada día; yo soy soberano de mi y de mi cuerpo. El cuerpo es normado y disciplinado; es el lugar donde se concretan los acontecimientos, así como la cicatriz se imprime en la carne.

Para que exista una diferencia, una resistencia y una creación frente a la homogeneización que aplasta, a los sedantes que nos son impuestos y a la mentira de lo que se llama creación desde el mercado, el cuerpo debe aparecer y responder a estos. Debemos examinar nuestro cuerpo (colectivo e individual) y ver

Para comenzar, nos resulta interesante referir al título de la investigación: ¿Que puede un cuerpo? Esta pregunta la extraemos de una frase de Gilles Deleuze y Félix Guattari sobre el pensamiento de Spinoza, donde trata los afectos de los cuerpos y cómo estos se constituyen desde allí. Nos dice Deleuze y Guattari:

«Los afectos son devenires. Spinoza pregunta: ¿qué puede un cuerpo? Se llamará latitud de un cuerpo a los afectos de los que es capaz según tal grado de potencia, o más bien según los límites de ese grado. (…) Nada sabemos de un cuerpo mientras no sepamos lo que puede, es decir, cuáles son sus afectos, cómo pueden o no componerse con otros afectos, con los afectos de otro cuerpo, ya sea para destruirlo o ser destruido por él, ya sea para intercambiar con él acciones y pasiones, ya sea para componer con él un cuerpo más potente»2.

Para nosotros, la pregunta supone un espacio de interpelación a las múltiples posibilidades y potencialidades del cuerpo en sí mismo, y en este caso particular, en lo que refiere al cuerpo horizontal como estrategia utilizada por los distintos artistas a los que hemos llegado.

En este punto es correcto referirnos a cómo nos planteamos esta investigación, la cual asumimos como parcial y fragmentada, en ningún caso exhaustiva y abarcadora de todo un espectro (el de la escena actual del arte contemporáneo chileno), que nos excede en la tarea de rastrear un panorama absoluto. Como colectivo no es nuestro interés levantar una escena: no representamos a nadie, sino

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qué biografía se aloja en este, qué genealogía.

III

Reposo. El cuerpo horizontal está en detención, más que en descanso. Pienso qué hizo antes, qué hará después, qué está antes y después de esa posición, qué tiempo ocupa esa posición, ¿es el comienzo?, ¿es el fin de algo? ¿Hay un tiempo para ese cuerpo?

¿Qué puede un cuerpo?: puede dormir, morir, soñar, descansar, caer, someterse, sentir y sentirse, fundirse; desencadena un sin fin de acciones donde sea que se instale.

IV

El cuerpo horizontal escapa a la imagen tradicional: es más acción que la representación de cualquier acción, ya que solo se afirma en su presencia. Este cuerpo

Colectivo Charco / A un año Atacama

que nos sustentamos en la concordancia de prácticas y procedimientos3. Por fuera de ello, nuestros

encuentros con distintos artistas y obras para esta curatoría han sido azarosos, guiados por el afecto y las confluencias en el trabajo mismo; relaciones afectivas que se distancian de lo productivo en términos de medir los vínculos humanos en función del interés y las ganancias que dejan, y que apuntan a un encuentro desde la gratuidad del deseo y la creación.

Así, el origen de la investigación se encuentra en nuestro propio quehacer como colectivo: por una parte, en nuestro trabajo A un año, Atacama, y por otra, en experiencias individuales frente al uso del cuerpo horizontal. Tal como la constitución como colectivo emergió de un encuentro de trabajos, de la misma manera esta investigación surgió de un encuentro de nuestras producciones en una obra conjunta, al tiempo que reconocimos en las relaciones que mantenemos con otros artistas y sus propuestas, un procedimiento común.

En específico, A un año, Atacama (2016) fue

una performance que realizamos en el contexto de

conmemoración del aluvión ocurrido en Chañaral en 2015, localidad del norte de Chile. Paula Urizar

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se sostiene a sí por su pura aparición: afirmación y gozo sin voluntad ni fin, diferencia que desafía toda lógica de interés. Frente al que se pone de pie y pretende ser alguien, el que se acuesta y vive. Sobre este último convergen las líneas que configuran un acontecimiento. Uno no necesita pararse para sobrevivir, necesita dormir y descansar –‘naturalmente’– con el cuerpo horizontal.

V

El cuerpo horizontal representa: materia no autónoma de su carga representativa, potenciada cuando es disruptiva. Independiente de la intención hay representación: no hay ausencia de esta. La utilización de la horizontalidad corporal no es acorde al contexto, es un gesto disruptivo; no es un gesto antojadizo, sino uno con una carga representativa. El cuerpo horizontal marca, conmemora, interpela y cambia la estructura: no más jerarquía ni interés, solo relaciones horizontales en y sobre la superficie.

Francisco González Castro / El Castillo

realizó allí una residencia artística meses después de ocurrida la tragedia, y nos interpeló como grupo a dar forma a una acción colectiva que problematizara dicha situación al cumplirse un año de la catástrofe. El aluvión visto desde Santiago era poco o nada visibilizado por los medios, cuando en Chañaral seguían, literalmente, embarrados. Es así como la

performance consistió en realizar las acciones

cotidianas de una mañana, cada uno de nosotros en sus espacios, desde la propia casa hasta el banco, para juntarnos en la Plaza de Armas de Santiago a almorzar un completo4. Todas estas actividades

fueron realizadas embarrados de pies a cabeza. El haber confluido en los procedimientos de A

un año, Atacama, fue la antesala para la propuesta que

hizo surgir esta investigación sobre el cuerpo horizontal, interpelados esta vez por Cristian Inostroza.

Frente al panorama de artistas que trabajan con el cuerpo horizontal, se abre la cuestión de cómo elaborar una propuesta que no sea una mera selección de obras (como muchas veces se malentiende la práctica curatorial), sino que estas estén relacionadas, tanto en un contexto más amplio que su mera producción (el territorio en que se insertan, la contingencia a la que apelan, entre otros aspectos), así como por lo que implica pensar el cuerpo horizontal como procedimiento o imagen a

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VI

El cuerpo horizontal habita, no transita por el contexto. No hay fondo o escenario detrás de él, solo relaciones desde la superficie en que se posa. No busca representar sino integrar, asumiendo el devenir de sus propias pasiones. El cuerpo horizontal se entrega libremente al entorno; no posee, se desprende. Desestructura al que pasa y lo vé, ya que es solo un cuerpo tendido: se disuelve en el contexto.

Este cuerpo rompe y es parte del paisaje, un paisaje que es sociopolítico. Es el territorio y la superficie: repartido, cercenado y descuartizado por todos y por unos. ¿Cómo defender este cuerpo horizontal, que es mi territorio y mi tierra?

VII

El cuerpo horizontal aparece en

representación de las periferias; cuerpos dañados por la exclusión, afectados y tirados sobre un territorio igualmente

Cristian Inostroza / Botados

Cristian Inostroza/Cuerpo y territorio de un paisaje fragmentado

trabajar. Ello nos llevó a la escritura de un texto donde pudiéramos poner en palabras lo que implica el significante “cuerpo horizontal”.

La escritura de este texto colectivo, que en un principio parecía algo relativamente sencillo, evidenció las múltiples visiones que tenemos sobre el cuerpo horizontal, dificultando el llegar a un consenso sobre qué debía decir el texto. De modo que dejamos de lado toda pretensión de buscar una coherencia entre los cuatro integrantes del colectivo y asumimos la multiplicidad de miradas, respondiendo a nuestras inquietudes de forma libre, realizando un texto orgánico, con un carácter más poético que ilustrativo del problema (como teníamos en mente en un principio). Aquel trayecto lo podemos poner en diálogo con el pensamiento de Deleuze, el cual, refiriéndose a la experiencia de escritura junto a Félix Guattari, plantea: «Tenemos [Deleuze y Guattari] más bien una individualidad de acontecimientos, lo que no es en absoluto una fórmula ambiciosa, ya que las haecceidades pueden ser muy modestas y microscópicas»5. Con esto,

Deleuze pareciera aludir a que lo construido entre individuos como colectivo, en medio de la creación, sitúa una nueva individualidad en el mismo acontecimiento de creación colectiva: así, habría un acontecimiento Deleuze-Guattari, de la misma manera que podría existir un acontecimiento Charco.

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explotado, mercancías vendidas y compradas. Este cuerpo está abatido, fue vencido al igual que el territorio: este cuerpo es Chile.

Aquel cuerpo ha sido abatido, donde pasivamente se funde con el paisaje y comparece como un primer territorio. Aquel cuerpo es neutro, es inactivo y está indefenso; ¿que puede hacer este cuerpo más que aceptar la derrota?, ¿sucumbir y asumir?

VIII

La victoria del cuerpo acostado. Luego del movimiento la victoria es el descanso, y sin movimiento previo, es la victoria de un deseo sin fin, de un descanso que no es por la actividad ni para la actividad. No hay tiempo idóneo para ese descanso, para esa postura del cuerpo horizontal, hecho uno con la línea entre la tierra y el cielo, esa línea que nunca vemos entremedio de la ciudad. Tampoco esos cuerpos los vemos. Lo horizontal es lo invisible, todo crece hacia arriba, vertical y en movimiento constante, no hay un abajo.

Lucy Quezada y Francisco González / Capas de desaparición.

1002 de 7000

La escritura de este texto no obedece a una investigación curatorial como la entendemos tradicionalmente, plagada de reglas dadas por una puesta en circulación meramente académica, sino que elegimos el formato del aforismo como una forma que permite el despliegue de nuestras propuestas y la constitución del acontecimiento Charco en la misma escritura. Sobre el aforismo en Nietzsche reflexiona Deleuze: «Un aforismo considerado formalmente se presenta como un

fragmento; es la forma del pensamiento pluralista; y

en su contenido, pretende decir y formular un

sentido»6, de tal modo que el texto que construimos se

constituye desde los fragmentos de nuestros pensamientos individuales para recalar en la formulación de nuestro sentido colectivo. Como Charco, asumimos la multiplicidad que significa escribir en colectivo, y cruzamos nuestras cuatro individualidades para crear una quinta, plagada de contradicciones y perspectivas diferentes, pero que confluyeron todas en el marco dado por una misma escritura. Es por eso que, en muchos momentos, el texto parece caer en discordancias y paradojas.

Si bien adscribimos al formato fragmentario de los aforismos, nos permitimos aglutinarlos con ciertas imágenes, las que a la vez otorgan pausas necesarias a la lectura. Es por ello que hemos elegido algunas de las obras de esta curatoría para ir

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IX

Un cuerpo en detención. Cuerpos indigentes y victoriosos de las calles por las que camino todos los días. Cuerpos que eligen la calle como lugar, y a los que no les pertenece ningún tiempo, porque deciden no atarse a ninguno. Casi no les queda espacio ni tiempo, sólo la calle y el deseo de yacer en ella. La maleza, las enredaderas a ras de suelo y todas aquellas plantas que sólo se expanden hacia los lados, podrían cubrir a esos cuerpos tendidos en el suelo, podrían crecer sobre ellos pasándolos como obstáculos. Estos cuerpos siguen creciendo en su horizontalidad, en ellos no hay reposo si no pura energía de cubrir todo lo que tocan.

Esos cuerpos nos son ajenos, nos son extraños. Son bultos que dificultan el paso apurado de quienes elegimos la frenética actividad versus ese reposo caprichoso y lleno de deseo. Me muevo, ellos no. Corro, los esquivo, los evito. La aceleración y la lentitud en una esquina de Santiago.

Sebastián Riffo/ Estoy contigo

hilvanándolas con el análisis sobre el discurso que se aloja en el texto de los aforismos, análisis que comenzaremos con un contexto general, para luego examinar algunos de estos párrafos en relación a las obras que hemos incluido en esta investigación. A continuación, desarrollaremos tal exégesis.

Si vamos al párrafo I, vemos que nuestro texto es introducido simplemente por el cariz práctico del acto que se aloja en el cuerpo horizontal, no en lo que implica sino sólo en lo explícito de este.

El segundo aforismo resume en sí las distintas posturas que como colectivo tenemos frente al cuerpo horizontal, haciéndolas convivir en tal espacio de escritura. Es por ello que vemos una relación con la obra A un año, Atacama, trabajo en el que se encuentra alojada (en cierta medida) nuestra identidad como colectivo. En la propuesta se ve tanto la independencia de cada uno de nosotros como la orgánica que nos constituye como colectivo.

Luego está el tercer aforismo, que reflexiona sobre la detención misma, sobre el reposo del cuerpo horizontal, y que funciona como una bisagra dentro del texto, abriendo la pregunta por las posibilidades del cuerpo, al hacer eco de la interrogante levantada por Spinoza.

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X

Cuerpos apilados en la muerte, apilados en su pura horizontalidad eterna. El cuerpo horizontal aparece ahora en nuestro paisaje, antítesis de la imagen que habita en nuestra imaginación y recuerdos: los detenidos desaparecidos. Aquellos son los cuerpos que no aparecieron más y el cuerpo horizontal es el que aparece como un espectro, el espectro de memorias desaparecidas.

XI

El enfermo recupera la salud acostado, con el cuerpo horizontal. El cuerpo es el que debe aparecer para sanar; y así, debe vivir la enfermedad como un punto de vista de la salud. Porque acaso, ¿no vivimos en una sociedad y cultura enfermas?, en la cual el cuerpo es solo la representación de una idea y no surge en sí mismo.

Maria José Contreras / Querer no ver

diferencia frente a otros modos de posicionarse en la sociedad, donde la verticalidad y sus acciones, son las que priman. En El Castillo, el artista va a encontrarse con las ocho empresas chilenas que más dinero ganaban en el 2008 (de acuerdo con el ranking Forbes de ese año), y se enfrenta a estas con el gesto de acostarse en la entrada de cada edificio corporativo; no acción, no oposición, sino diferencia y afirmación. Esta situación se prolongaba en cada edificio hasta que un tercero interviniera, por lo que en algunos casos fueron sólo unos minutos, mientras que en otros, horas. Vemos que la potencia que se aloja en la obra es la diferencia frente a las estructuras tradicionales y de poder, así como una diferencia frente a los modos de confrontación y lucha tradicionales. La presencia y afirmación del cuerpo es lo que prima.

Situándonos en el quinto aforismo, podemos observar cómo este se contrapone al inmediatamente anterior. Si en el IV el cuerpo horizontal es tratado desde su presencia, en el V es abordado desde su carácter representativo. Esta potencia la

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XII

El cuerpo horizontal es múltiple, variado; siempre el mismo y siempre otro. Pura reiteración de la posición, una y otra vez, volver a acostarse, yacer, caer, estar...

Cuerpo Indisciplinado/ Sala de espera

estructuras.

El sexto aforismo posa la mirada en la relación entre el cuerpo horizontal y el paisaje, en el vínculo entre cuerpo y contexto. A partir de este nexo, emerge la identificación del cuerpo con el territorio. Es en este sentido que emparejamos el trabajo Cuerpo y territorio de un paisaje fragmentado, de Cristian Inostroza, con este aforismo, el cual es una reflexión visual de la crisis sociopolítica que vive el territorio chileno, donde el artista utiliza su cuerpo posado para develar un acontecimiento: los efectos provocados por el sistema neoliberal en las diversas localidades a lo largo del país y en su propio cuerpo. Estas imágenes se suceden como un loop en donde el cuerpo es el mismo activando diversos lugares: casas de tortura, los escenarios del extractivismo forestal, pesquero y minero, hitos históricos que enuncian relatos, escombros del mito patriótico y ruinas trágicas que deja el progreso. Sin embargo, esta presencia constante del cuerpo nos abre a múltiples preguntas ¿Qué es lo que aparece en esta sucesión de imágenes? ¿existe acaso un límite señalado por este cuerpo?

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diferenciarse de este. Y es en este vínculo del cuerpo colectivo e individual con el territorio, cuando el territorio-cuerpo se articula como un paisaje sociopolítico en disputa.

Pasando por alto el VII aforismo, nos posicionamos en el VIII. Frente a este texto, que nos recuerda lo que no se ve, lo que crece horizontalmente, lo que está en la línea entre el cielo y la tierra, los cuerpos que no aparecen, nos aventuramos a relacionar tal reflexión con la obra

Capas de desaparición: 1002 de 7000, de Lucy Quezada

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también la imagen de la frontera, del cuerpo migrante caído, un cuerpo perseguido por el calor y los mecanismos policiales de control; un cuerpo que termina por desaparecer.

El aforismo IX propone la imagen de los sin-casa, vagabundos que han hecho de la calle su hogar. Su cuerpo nos parece quieto y ausente entre el bullicio de una ciudad frenética. El artista Sebastián Riffo apeló a esta imagen en un cruce con la pintura, con la obra Estoy contigo (2008). Este trabajo es el resultado de un proceso de ejercicios en el espacio público sobre el rendimiento que tiene una pintura al comparecer frente al mismo cuerpo que representa. En un principio Riffo retrata a indigentes, personas marginadas o automarginadas de la sociedad; los retrata en medio del tránsito, en la calle. De hecho, en uno de los paseos peatonales más transitados de Chile. Pero luego de tal gesto, Riffo se da cuenta o intuye el uso que hace de la imagen de estas personas, las utiliza: su solución es habitar él mismo la calle, en posición horizontal y retratarse a sí mismo. Aquella imagen, en una operación tautológica, es instalada en la vía pública para cubrir su propio cuerpo en la misma posición. De esta forma, al ocultar el cuerpo que se acuesta en la calle, que la habita, lo hace aparecer en esta veladura de sí mismo. De esta estetización inicial emerge el cuerpo cubierto por su representación.

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la muerte cuando se ve un cuerpo tirado en la calle. Hacia esto apunta el X aforismo y en particular, hacia la imagen de los detenidos desaparecidos, alojados en la memoria de nuestro país. Los cuerpos que no volvieron a aparecer, se presentan en nuestra memoria de forma horizontal. Y de tal modo emergen en la obra de María José Contreras, Querer

no ver, la que remite a la decisión de la

institucionalidad y la clase que la compone de no querer ver los cuerpos desaparecidos que, sin embargo, desbordan la memoria de nuestro país; actitud de la que nos hacemos cómplices al dejar ser al actual estado de las cosas. De esta forma, problematizando dicha situación, la propuesta de Contreras busca hacer carne esta memoria en dos instancias. La primera, al situar la misma cantidad de desaparecidos como cuerpos acostados en el pavimento de la ciudad, para dar cuenta de la magnitud del desastre, para ver lo que no se quiere ver en la horizontalidad eterna de este cuerpo masivo inscrito en la ciudad. Y en un segundo aspecto, quizás el más interesante: la posibilidad de que los que participaron, de forma gratuita, realicen el acto de situarse ellos mismos en el lugar del otro desaparecido, de volverlo cuerpo a partir de la presencia inactiva de estos otros cuerpos, inscribiéndose finalmente esta memoria en su propia carne y en la ciudad.

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horizontalidad a la luz de la condición del enfermo. Haciendo alusiones al reposo que llevan los enfermos, a su horizontalidad carente de energía, a su habitar la camilla, es que se reflexiona sobre esta condición, evidentemente ligada a nuestra sociedad enferma. Reflexiones similares son las que postula el trabajo Sala de espera, del colectivo Cuerpo indisciplinado en colaboración con Cristian Inostroza. Esta obra consiste en una serie de fotografías a lo largo de un día, tomadas frente al ex-Hospital Ochagavía7, en una escenificación que

simulaba una sala de espera hospitalaria. Se difundió una invitación entre los vecinos del sector para ir a fotografiarse por última vez frente al edificio comúnmente conocido como el Elefante Blanco. Cada participante se acostó en la camilla instalada y fue registrado. Un enfermo frente a un hospital que nunca atendió a ni una persona. Testimonio y adiós fragmentado que evoca un pasado que pudo ser real, pero en donde fueron truncadas las posibilidades que se estaban gestando. En este trabajo cada cuerpo comparece en forma horizontal, entregándose frente al paisaje desolado que da cuenta de un país enfermo.

El último aforismo replica al primero, dando cuenta que esta no es una reflexión cerrada, sino una

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que vuelve sobre sí misma, pudiendo incluirse nuevas perspectivas para enriquecer las posibilidades que se alojan en el cuerpo y su presencia.

Algunas conclusiones

Los trabajos que hemos presentado, así como las reflexiones y problemáticas alojadas en los fragmentos de nuestro texto curatorial, no creemos que sean anécdotas que simplemente escapan a lo común y se instalan como situaciones esporádicas. Al contrario, pensamos que son parte de un contexto actual donde se buscan nuevas formas de crear la realidad más que solamente criticarla, instalándose en medio de esta y proponiendo otros modos de resistencia que no respondan a las lógicas ya probadas antes. Esta misma situación podemos extrapolarla a nuestra metodología de trabajo y de construcción del texto compuesto de aforismos, que desde la experimentación espera situarse críticamente respecto a los espacios de inscripción en que circula (en este caso, por ejemplo, esta misma instancia académica de su publicación).

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