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Michael Roberts

y “La larga depresión”: algunos comentarios al

respecto

Diego Solimeno*

Alan Rebottaro**

Introducción

En este artículo pretendemos presentar una serie de comentarios1 sobre la

entrevista realizada por Mark Kilian, redactor del periódico holandés Socialist, a

Michael Roberts sobre su nuevo libro “La Larga Depresión”.2

Roberts es un destacado marxista británico, especialista en temas de política y

economía internacional, que ha trabajado durante más de 30 años en la City de Londres.

Posee una vasta producción de trabajos y libros que pueden encontrarse en diferentes

sitios web como Rebelión, Sin Permiso o en su blog personal “The Next recession”.3

1Las citas textuales fueron extraídas de la entrevista original: “La larga depresión. Entrevista a Michael

Roberts”. Revista electrónica Sin Permiso. 13/08/2016

* Profesor en Geografía por la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP). ** Profesor en Geografía por la Universidad Nacional de Luján (UNLu).

2

Para leer la entrevista original acceder a http://www.sinpermiso.info/textos/la-larga-depresion-entrevista.

3

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El capitalismo y las depresiones económicas

En la entrevista mencionada el autor comenta las dificultades que viene teniendo

la economía mundial y especialmente los países centrales para superar la crisis

económica 2008-2009, a diferencia de otras, la recuperación les está insumiendo mucho

más tiempo de lo normal. Por ejemplo, casi diez años después apenas están recuperando

su nivel. “Por ejemplo, Italia: el FMI ha presentado un informe que es verdaderamente

sorprendente. No solo Italia sufre una gran crisis bancaria que podría venirse encima de

los bancos muy pronto a menos que el gobierno pague su rescate, sino que el FMI

calcula que el PBI y la producción de Italia no volverán al nivel del año 2007 ¡hasta el

2025! Eso supone dos décadas perdidas de producción, ingresos, empleo y mejores

condiciones de vida para el pueblo italiano” (Roberts, 2016).

A diferencia de otros autores Roberts reconoce esta crisis como una depresión y

no como una recesión normal. De esta manera la compara con otros episodios a los

cuales tuvo que hacer frente el capitalismo moderno (1873-1897, 1929-39). Para

Michael Roberts, el sistema capitalista ha sufrido tres grandes depresiones desde el siglo

XIX hasta nuestros días. Las mismas acontecieron entre los años 1873-1897, 1929-1939

y 2007-2008 y afectaron fuertemente la economía mundial. Las tres crisis tuvieron

origen en alguno de los países capitalistas por excelencia antes de expandirse por todo el

mundo. La primera depresión ocurrida en 1873 se desencadenó en Gran Bretaña,

Alemania y EE.UU, las potencias capitalistas de la época. La segunda depresión fue la

llamada “La Gran Depresión de 1929” y su epicentro, al igual que la depresión de 2008,

fue EE.UU. En palabras de Roberts:

“Después de la crisis de 1929 los EE.UU., la economía más grande del mundo, entró en

la depresión más profunda. Hubo desempleo masivo prolongado, y no hubo

recuperación real durante la década de 1930”.

Según su análisis, en las depresiones las recuperaciones son particularmente

lentas para volver a tasas de crecimiento aceptables. En los periodos mencionados, la

economía mundial tuvo que esperar incluso veinte años para regresar a la senda del

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La segunda guerra mundial (1939-1945)

El significado que cobra la Segunda Guerra Mundial, como uno de los

acontecimientos más importantes del siglo XX, es realmente relevante, porque en

realidad, fue la respuesta de los principales países capitalistas a la gran crisis de 1929

según los argumentos del autor analizado.

En ese entonces, la producción comenzó a recuperarse de la mano de la industria

armamentista y no como consecuencia de la aplicación de las llamadas ´políticas

keynesianas´. La guerra impulsó la economía, en recesión desde hacía muchos años.

Roberts, lo formula de la siguiente manera:

“Solo cambió la situación cuando los EE. UU. entraron en la Segunda Guerra Mundial,

junto con Gran Bretaña, contra las denominadas potencias del eje. La producción

pública se incrementó, lo que llevó al crecimiento económico y la recuperación.”

Fue lo que paso en la Segunda Guerra Mundial. Se dijo a las grandes empresas: ´No

pueden seguir produciendo coches, ahora hay que fabricar tanques´. Hubo un control

directo del gobierno dirigido al esfuerzo de guerra. En cierto modo, se puso fin a la

producción capitalista con fines de lucro y se reemplazó por la producción dirigida por

el gobierno. Los capitalistas siguieron ganando dinero y teniendo beneficios, pero

estaban completamente controlados y dirigidos por el estado militar con el fin de llevar

a cabo la guerra.”

Los“años dorados”del capitalismo (1945-1960)

De esta manera no fueron las denominadas “políticas keynesianas” la estrategia

que dio respiro a la crisis de 1929, sino la Segunda Guerra Mundial. Luego de esta

confrontación, el sistema vivió un periodo que se denominó “Los años dorados del

capitalismo” o los “años gloriosos” del capitalismo, en donde muchos países crecieron

(4)

“El período de 1945 a mediados de los años 60 fue un período excepcional; se le llama

la "edad de oro" del capitalismo. Había un crecimiento bastante alto, más o menos pleno

empleo, muchos países desarrollaron un mejor estado de bienestar, educación gratuita

hasta el nivel universitario, servicios de salud gratuitos, programas estatales de

vivienda; mejores pensiones, etc.

Pero fue un período excepcional. ¿Por qué? Lo que impulsa el crecimiento en el

capitalismo es la posibilidad de obtener beneficios. La salud de la economía capitalista

depende de lo que ocurre con la rentabilidad del capital, la tasa de ganancia en cada

inversión realizada por los capitalistas. Al final de la Segunda Guerra Mundial, como

resultado de la destrucción física en Europa, de la mayor parte de la maquinaria,

fábricas, etc., y una enorme cantidad de mano de obra disponible a precios baratos, la

rentabilidad de las grandes empresas capitalistas se disparó en Europa en la medida que

se iban recuperando. Y consiguieron crédito barato (incluso gratis) de los EE.UU. En

los EE.UU. se había producido una devaluación del viejo capital, y el nuevo capital

trajo una nueva tecnología que era muy rentable, y hubo una enorme expansión de la

fuerza de trabajo. Lo mismo se aplica a Japón. En todo el mundo, el capitalismo tuvo un

alto nivel de rentabilidad de la inversión.”

Como podemos apreciar, la gran destrucción provocada por la Segunda Guerra

Mundial, tanto en Europa como en Japón, permitió el avance del capital

norteamericano, y la posibilidad de combatir los perjuicios de la crisis de 1929.

Sin embargo, el desarrollo de la economía mundial desde 1945 hasta la

actualidad, no ha sido un proceso armonioso, sino que comprende un conjunto de auges

y recesiones.

La década de 1960 fue el límite de ese crecimiento, debido a una caída en la

rentabilidad capitalista. Michael Roberts manifiesta que:

“Este período se llama la crisis de rentabilidad. La teoría de las crisis en el capitalismo

de Marx es que, si la rentabilidad es la fuerza impulsora del crecimiento, no puede

aumentar continuamente. A medida que el capitalismo se expande y acumula capital,

hay una tendencia de la rentabilidad a caer. Esta es una ley fundamental en la economía

política que Marx percibió. Y en ese proceso de la tasa decreciente de ganancia, el

capitalismo tiene problemas y las crisis se desarrollan con mayor frecuencia.

La edad de oro de los años 1950 y 1960 dio paso a las crisis. Yo era joven entonces y

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trabajadores lucharon porque tenían una gran cantidad de conquistas que no querían

perder y los sindicatos eran relativamente fuertes.”

Así, estos “años dorados”, de crecimiento aparentemente “ilimitado”,

encontraron su freno en la caída de las ganancias.

Por lo tanto, se puede decir que fue una época de expansión de la economía

capitalista (y de la norteamericana en particular), marcada por la reconstrucción material

de Europa, a través del Plan Marshall, y Japón, y por la expansión del crédito a favor de

la banca estadounidense.

La caída de la tasa de ganancia a partir de la década de 1960

La situación descripta en el apartado anterior, se mantuvo hasta 1970 cuando

comenzó a caer la rentabilidad. Es sabido que la acumulación del capital presenta

contradicciones y no puede expandirse ilimitadamente ya que hay una tendencia de la

rentabilidad a caer. En este caso el capitalismo apunto a mantener su tasa de ganancia

presionando sobre la fuerza de trabajo, por ejemplo a través de: recorte del gasto

público; eliminación de derechos de los trabajadores; trabajo más intenso; introducción

de nuevas tecnologías ahorradoras de mano de obra; privatizaciones; etc. Cuando esto

no fue suficiente se recurrió a desposeer de recursos naturales a los países más pobres, a

la introducción de nuevas tecnologías y al aumento de las horas de trabajo (Roberts,

2016).

En palabras de Roberts:

“Los sindicatos fueron aplastados en las recesiones de principios de la década de 1980 y

el movimiento obrero fue derrotado y sometido en muchas batallas. El capitalismo trató

de aumentar la rentabilidad a través de recortes en el gasto público, privatizaciones, la

explotación de la fuerza de trabajo, la eliminación de todas las protecciones de la fuerza

de trabajo, la globalización, etc. Es el período neoliberal de los últimos 20 años del siglo

XX.”

De aquí en más, el principal objetivo de los capitalistas fue recuperar los

(6)

“Uno de los factores para contrarrestar esta tendencia fue trasladar la inversión al sector

financiero, a los bancos y a otras instituciones, para obtener beneficios a costa de

menores inversiones en el sector productivo.”

Ciertamente, en este nuevo periodo se crearon las condiciones para nuevas crisis

y depresiones. A pesar de algunos intentos, como el auge del crédito y la mayor

especulación en los mercados financieros, la inversión productiva disminuyó en la

mayoría de los países capitalistas en las últimas décadas del siglo XX, registrándose un

crecimiento relativo en los países subordinados, como lo enuncia Roberts:

“La inversión productiva disminuyó en la mayoría de las economías en los años 1980 y

1990. Esto es una indicativo de la debilidad de la economía capitalista hacia el final del

siglo XX y de la necesidad de desviarla a la financiación y a otros lugares. Así que sí,

esto es una parte importante del proceso de la crisis. Pero, al mismo tiempo, es un

síntoma de la incapacidad para aumentar la rentabilidad.”

La crisis de 2008

Luego de décadas de problemas en la rentabilidad capitalista y avance en contra

de la clase trabajadora, emergió la crisis del año 2008, poniendo de relieve los

problemas más profundos del sistema.

Michael Roberts describe brevemente los alcances y consecuencias de la actual

crisis:

“Cada vez que sucede (una depresión de este tipo), millones de personas ven sus vidas

arruinadas, pierden sus puestos de trabajo y, posiblemente, sus casas, porque no pueden

pagar el alquiler o la hipoteca. Además, los gobiernos aplican toda una serie de

medidas, de recortes en el estado de bienestar y en los servicios públicos, que afectan a

la población también. Además, todo ese período de declive es una pérdida permanente.

Si no hubiera habido caída, la producción y los ingresos habrían sido mayores, el

volumen y la calidad del empleo hubieran sido mejor. Eso nunca se puede recuperar.”

Ante esta situación desde diversos grupos de economistas, incluso marxistas, se

insiste en que la salida a estos momentos de crisis se produce a través del aumento de la

participación del Estado en la economía, ya sea creando demanda efectiva o

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se ha intentado implementar estas medidas y aunque las mismas pueden ser efectivas

por un tiempo, en el mediano plazo generan contradicciones internas que devienen en

nuevos estancamientos (principalmente afectando la rentabilidad del sector

empresarial). Contrariamente a esto los gobiernos frente a la actual crisis han efectuado

políticas de recorte de gasto público y contrarias a aumentar la demanda.

Según el análisis del economista nadie del campo de la burguesía se percató,

paradójicamente, de la llegada de la crisis que impactó profundamente en el mundo. Y

mucho menos efectivos fueron en la resolución de la misma. Roberts lo explica muy

claramente:

“Hasta ahora no saben realmente qué hacer para que el sistema funcione de nuevo. Las

instituciones, los bancos centrales y los gobiernos todavía están luchando para conseguir

una recuperación por encima del débil nivel donde está, pero, como no entienden lo que

pasó, no saben qué hacer al respecto.”

Por el contrario, existen otras posturas que percibieron la proximidad de la crisis:

“Unas pocas personas advirtieron de los peligros que acechaban en la primera década

del 2000. Fueron capaces de ver que la enorme burbuja inmobiliaria de los EE.UU. no

podía sostenerse; otros percibieron el enorme aumento de los créditos a particulares con

un sector financiero altamente comprometido. Así que uno o dos economistas radicales,

fuera del consenso, reconocieron los peligros reales. Y uno o dos marxistas plantearon

la idea de que, a pesar del enorme auge de los precios inmobiliarios y del crédito, la

rentabilidad estaba empeorando y se produciría una crisis. Uno de ellos fue Anwar

Shaikh. Predijo una gran crisis y una depresión subsiguiente.”

En fin, lo que trata de remarcar Roberts es que la gran mayoría de las personas

especializadas en estos temas ni siquiera percibió las señales que brindaba el sistema,

solamente unos pocos, provenientes del campo del marxismo, entendieron lo que estaba

sucediendo.

El fin del capitalismo

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Para él, los retos a los que se enfrenta el sistema son diversos: cambio climático,

calentamiento global, desigualdades en la riqueza y el ingreso en el mundo, enormes

tensiones sociales y la desaceleración de la productividad.

Roberts admite que:

“Todos estos factores ponen en peligro el futuro del capitalismo para satisfacer las

necesidades de las personas y la capacidad de los EE.UU. para mantener su posición

hegemónica. Así que la rivalidad entre las grandes potencias capitalistas se incrementa y

también entre los EE.UU. y China, porque China es una amenaza importante en el

comercio y la producción, y, probablemente, lo será en las finanzas y la tecnología en

un futuro. Estas son las contradicciones crecientes que existen en el capitalismo, que

incluso ponen en peligro la existencia del planeta.”

Conclusión

Frente a toda esta cuestión, Michael Roberts aclara que, históricamente, las

respuestas “keynesianas” a las crisis, en donde los Estados se hacen cargo de apaliar las

consecuencias de las mismas, nunca han dado resultados positivos, ni en la década de

1930 ni ahora. Así, asevera que:

“Los economistas keynesianos creen que la solución a estas crisis es que el gobierno

gaste más dinero en gasto social, o dé dinero a las empresas para invertir, o lleve a cabo

sus propios programas de producción y por lo tanto que la gente tenga trabajo. Esto

impulsaría la economía capitalista y la pondría de nuevo en marcha. Esa es la solución

keynesiana a estas crisis.”

Pero la realidad ha demostrado que las cosas funcionaron de manera muy

distinta. El capitalismo ha tratado de “resolver” sus crisis mediante la eliminación del

capital “sobrante”,y las guerras han sido la expresión más concreta de la necesidad de

recuperar la rentabilidad. Por lo tanto, Roberts aclara que:

“Eso significa destruir el capital que ya no es productivo. (…)Por supuesto, esto será a

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de la producción, todo ello en aras de una mayor rentabilidad. Una crisis, tal vez una

serie de depresiones, puede hacer eso. Entonces vamos a seguir con la actual depresión.

El sistema tiene que deshacerse de una gran cantidad de deuda, aplastar una gran

cantidad de bancos, cerrar un montón de viejas industrias y empresas. Eso es horrible,

pero eso es lo que hace el capitalismo para resucitar.”

Por el contrario, y en contraposición a las ideas precedentes, Roberts argumenta

que la única salida a las crisis capitalistas es una respuesta socialista, esto:

“implica que los gobiernos se hagan cargo de los principales sectores de la economía

para producir para las necesidades sociales en vez de hacerlo con fines de lucro. Eso

significa el control de la inversión y la propiedad de todos los principales bancos y otras

grandes empresas. Algo drásticamente diferente de lo que los keynesianos proponen

ahora y que iría aún más lejos de lo que ocurrió en tiempos de la guerra.

Según el entrevistado, el capitalismo todavía tiene posibilidades de expandirse,

implementando las nuevas tecnologías (robots, automatización, internet) y explotando

áreas del mundo que aún no están proletarizadas o urbanizadas, pero que son parte del

sistema capitalista mundial.

Sin embargo, Michael Roberts es contundente, y concluye la entrevista

sentenciando que, a pesar que se experimente otro periodo de crecimiento económico en

el corto plazo, en realidad, el capitalismo tiene fecha de caducidad en términos

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