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Notas de Clase 6

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Academic year: 2020

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NOTA DE CLASE 6

Problemas de Información

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Finanzas Públicas I – Comisión 4.

Sebastian Rocha

En los últimos años, una de las áreas de la teoría económica que se ha desarrollado con mayor rapidez es la de la economía de la información. Este desarrollo se basa en la existencia de información asimétrica en un gran número de situaciones dentro de la economía, o sea, situaciones en las cuales una de los agentes económicos posee información sobre un determinado aspecto que el resto desconoce.

Hasta ahora, en nuestro análisis, hemos asumido que todos los agentes estaban perfectamente informados acerca de la calidad de los bienes que se ofrecen en el mercado. Sin embargo, en la realidad existen ciertos mercados en los que puede resultar muy costoso e inclusive imposible, obtener información acerca de la calidad de los bienes que se ofrecen, para quien los quiera adquirir, a pesar de que quien los ofrece podrá conocer muy bien la calidad del bien en cuestión. Este tipo de asimetrías en la información genera una serie de problemas para el funcionamiento eficiente del mercado. Veremos a continuación algunos casos de este tipo de problemas.

Mercados con bienes de distinta calidad

Como ya hemos mencionado, muchas veces es costoso o imposible determinar qué productos son de buena calidad y cuáles son de baja calidad, dado que los precios no se ajustan reflejando la verdadera calidad de los bienes que se comercializan en el mercado. En consecuencia, los compradores y vendedores poseen diferente información acerca de los bienes que intervienen en una transacción.

Un caso de estos lo representa el mercado de autos usados. Los compradores no conocen con exactitud si los coches son “buenos” o “malos” aunque los vendedores probablemente tengan información certera acerca de ello. De esta forma, se torna problemático el funcionamiento eficiente del mercado.

Pensemos en un modelo simplificado representado por un mercado con 1.000 personas que quieren vender autos usados y 1.000 personas que quieren comprar autos usados. Cada uno de ellos sabe que 500 autos son de mala calidad y 500 son de buena calidad. Además, cada propietario conoce la calidad de su auto (que vende), pero los posibles compradores desconocen si un auto en particular es “bueno” o “malo”. El propietario de un auto “malo” espera obtener $ 2.400 y el de un auto “bueno” espera obtener $ 4.000. Por su parte, los compradores de autos desean pagar $ 4.200 por un auto “bueno” y $ 2.600 por uno “malo”. Si fuera fácil verificar la calidad de los autos no habría problemas en el

1 La presente nota está basada en el Capítulo 36 del libro de VARIAN, H. “Intermediate Microeconomics,:

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mercado. Los autos “malos” se venderían a un precio entre $ 2.400 y $ 2.600 y los autos “buenos” a un precio entre $ 4.000 y $ 4.200. El problema es que los compradores no pueden observar la calidad de los autos.

En este caso, los compradores tienen que estimar o inferir cuál es el valor de los autos, con el riesgo de estar equivocándose. Supondremos entonces que la forma en que los compradores infieren este valor es el siguiente: si un auto “malo” es igualmente deseado que uno “bueno”, entonces un comprador estaría dispuesto a pagar el valor esperado del auto, es decir el valor promedio. Dado el ejemplo, esto significa que los compradores estarían dispuestos a pagar ½ x $ 2.600 + ½ x $ 4.200= $ 3.400.-

Ante esta valoración de los compradores, la pregunta que debemos hacernos es si existen propietarios que estén dispuestos a vender su auto a este precio. En efecto, los propietarios de autos “malos” lo estarían, mientras que los propietarios de autos “buenos” no querrán vender sus autos a este precio (al menos desearán obtener $ 4.000). En esta situación, el precio que los compradores desean pagar por un auto “promedio”, es menor que el precio que los vendedores de autos “buenos” aceptarían por vender sus autos. Así, sólo los autos “malos” serían los que se ofrezcan a la venta.

El problema es que si los compradores tuvieran certeza de que están comprando un auto “malo”, no querrán pagar $ 3.400 por ese auto. En efecto, los precios de equilibrio en ese mercado deberían variar entre $ 2.400 y $ 2.600. Para un precio en ese rango, sólo los propietarios de autos “ malos” ofrecerían sus autos a la venta, y los compradores esperarían (correctamente) estar comprando un auto “malo”. En este escenario los autos “buenos” no tendrían mercado. Aunque el precio al cual los compradores están dispuestos a pagar por un auto “bueno” es superior al precio al cual los vendedores quisieran vender sus autos, la operación no se realizará.

¿Cuál es el motivo entonces por el cual el mercado no es eficiente? El problema acá es que existe una externalidad entre vendedores de autos “buenos” y “malos”. Cuando un propietario de un auto “malo” intenta venderlo, afecta la percepción de los compradores acerca de la calidad del auto promedio del mercado. Ello disminuye el precio que están dispuestos a pagar por un auto promedio, perjudicando a las personas que están tratando de vender autos “buenos”. Es esta externalidad la que crea la falla de mercado.

Los autos que más se ofrecen a la venta representan aquéllos de los cuales las personas desean liberarse en un mercado de usados. El simple acto de ofrecer algo para la venta, da una señal al comprador acerca de su calidad. Si muchos ítems de baja calidad son ofrecidos a la venta, ello dificulta la venta de los ítems de buena calidad.

El problema de selección adversa

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Consideremos el caso de una industria que vende seguros. Supongamos que es una compañía que vende seguros contra robo de bicicletas. Los estudios de la compañía revelan que existe una gran diferencia entre el riesgo de robo de acuerdo a la comunidad de la que se trate. O sea, el riesgo varía en cada una de las diferentes comunidades. Existen zonas con una alta probabilidad de que los robos ocurran y otras zonas con una muy baja probabilidad. Supongamos que la compañía de seguros decide ofrecer un seguro basado en la tasa de robo promedio en las diferentes comunidades. ¿Qué cree que sucederá?.

La respuesta es que la industria de seguros probablemente quebrará en pocos meses. Piense qué individuos contratarían un seguro basado en la tasa promedio de robos. Indudablemente sólo lo contratarán los individuos de las zonas de alto riesgo de robo, ya que las de bajo riesgo no tendrán mucho incentivo a contratar un seguro. En efecto, las primas de seguros basadas en la probabilidad promedio de robo representarían un indicador erróneo de las tasas de robo que registre la compañía por sus asegurados. El universo de los asegurados no reflejará los índices de robo de toda la comunidad. Por el contrario, entre sus consumidores se encontrarán mayoritariamente aquellos que resenten mayor nivel de riesgo. Esto es lo que se denomina selección adversa. Debido a ello, para que las compañías obtengan una rentabilidad media (beneficios normales) en el mercado de seguros, deberán basar sus primas sobre hipótesis cada vez más pesimistas, generando así que los consumidores con bajo riesgo, pero no despreciable, descarten la posibilidad de contratar un seguro con una prima muy elevada. De esta forma tendrán incentivo a contratar seguros los individuos con mayor riesgo, por lo cual la prima será cada vez más cara, generando un mercado sólo para individuos de muy alto riesgo y primas de riesgo excesivamente costosas. A la larga, el sistema de mercado colapsará.

Un problema similar ocurre en el mercado de seguros de vida. Las compañías sólo pueden basarse en la tasa promedio de enfermedades o problemas de salud sobre un grupo de potenciales compradores. Pero las personas que más desean comprar un seguro de salud son las que más lo necesitan, por lo tanto las primas deben reflejar la disparidad con respecto a las que menos lo necesitan.

Sin embargo, en estas situaciones, es posible pensar que todos los individuos (más riesgosos y menos riesgosos) puedan estar mejor si pudieran comprar seguros que reflejen el riesgo promedio de la población. En efecto, los individuos con alto riesgo estarán mejor porque podrían comprar seguros con primas más bajas que el riesgo actual que ellos enfrentan, y los individuos con bajo riesgo podrían comprar seguros en condiciones más favorables que las de los seguros ofrecidos si sólo las personas con alto riesgo los compran. Indudablemente, parece sorprendente pensar que el equilibrio de mercado está dominado por un plan de compra compulsiva. Durante el curso estuvimos desarrollando modelos en donde cuánto más libre es la elección de los agentes, mayor probabilidad de alcanzar equilibrios en el sentido de Pareto. Parece extraño pensar que restricciones a la elección signifiquen una mejora en el sentido de Pareto. En verdad, esto es lógico dada la externalidad entre las personas de bajo y alto riesgo.

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básica, basada en el riesgo promedio de que ocurra un incidente, y debido a que el conjunto de trabajadores está cubierto obligatoriamente, la selección adversa, de esta manera, es eliminada.

El fenómeno de selección adversa, se refiere a situaciones en donde una parte del mercado no puede observar “el tipo” o calidad de los bienes a diferencia de la otra parte del mercado. Por esta razón se suele denominar el problema de información oculta

El problema del riesgo moral

Otro fenómeno interesante que se origina en la industria de seguros debido a problemas de información, es conocida con el nombre de riesgo moral. Para explicar este problema, consideremos el mismo ejemplo de las bicicletas, suponiendo ahora que todos los posibles demandantes de seguros viven en zonas con idéntica probabilidad de robo, de forma tal que no se presenta el problema de selección adversa. Por otra parte, consideremos que la probabilidad de robo puede ser afectada por las acciones tomadas por lo propietarios de bicicletas.

Por ejemplo, si los propietarios de bicicletas no se preocupan por utilizar un sistema de seguridad o “candado” para cuidar sus bicicletas o utilizan un sistema muy fácil de violar, es más probable que sean robadas que si utilizan un sistema más seguro para evitar el robo. Otro ejemplo se puede visualizar con el caso de los seguros de salud. Es claro que si los individuos mantienen una vida sana y realizan ciertas acciones preventivas (realizar ejercicios físicos, no fumar, cepillarse los dientes) es menos probable que necesiten utilizar un seguro de salud. En definitiva, nos estamos refiriendo a acciones que afectan la probabilidad de que algún evento ocurra, en aquellos casos en los que el evento podría ser evitado en alguna medida a través de cuidados preventivos.

Bajo este concepto, cuando las compañías calculan las primas de los seguros, tienen que tomar en cuenta los incentivos que tienen los potenciales consumidores para tomar cierta cantidad de cuidado. Si los seguros para bicicletas no existieran, los individuos tomarán los máximos cuidados posibles, ya que de esta forma, serán ellos mismos quienes se harían cargo del costo de sus acciones. Esto los incentivaría a “invertir” en tomar cuidado hasta que el beneficio marginal por las medidas de cuidado adicional iguale al costo marginal de haber realizado esta “inversión”. Sin embargo, si es posible comprar un seguro contra el robo de bicicletas, el costo en el que el individuo incurre por el robo de su bicicleta será mucho menor. En efecto, ante la denuncia de robo la compañía responde con dinero para que el asegurado se compre una bicicleta similar. En el caso extremo, en el cual la compañía le reembolsa por la totalidad del valor al individuo asegurado, éste último no tiene incentivos para tomar ningún tipo de cuidado. Esta carencia de incentivo para tomar cuidado es lo que se denomina riesgo moral (el riesgo de hurto depende de la moral del individuo asegurado por tomar mucho o poco cuidado).

Nótese el trade-off involucrado en este problema: poco seguro o un seguro de baja calidad implica que los individuos asumirán mucho riesgo, mientras que mucho seguro significa que las personas tomarán un cuidado inadecuado.

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asegurado. En la vida real, es común para las compañías mantener diferentes primas para negocios con sistemas anti-incendios con respecto a los que no lo poseen, o a fumadores con respecto a no fumadores en el caso de los seguros de salud. En estos caso, las compañías intentan discriminar entre usuarios dependiendo de las elecciones que cada uno hace con respecto a acciones que afecten la probabilidad de ocurrencia del hecho fortuito ante el que están asegurados. Sin embargo, las compañías no pueden observar todas las acciones que afectan esta probabilidad. Por lo tanto, si el seguro es muy completo, los individuos tomarán poco cuidado porque no enfrentan el costo de sus acciones.

Resta preguntarse entonces, qué tipo de seguro será ofrecido por las compañías. En general, las compañías no querrán ofrecer un seguro completo a los consumidores. Estas siempre querrán que los consumidores enfrenten parte del riesgo. En particular, los seguros incluyen un componente que tiene que pagar (asumir) el asegurado cuando el hecho fortuito ocurra. De esta forma, las compañías se aseguran de que los individuos que contratan un seguro tomarán alguna medida de cuidado.

Aún si las compañías desearan asegurar completamente a un consumidor, porque pueden verificar el cuidado tomado por él, la compañía no permitirá que el conumidor compre tanto seguro como él quisiera, sino sólo el que es compatible con el nivel de cuidado observado por la compañía.

Este resultado es paradójico comparado con los que arroja la teoría marginal. Nótese que la cantidad de un bien a comercializarse en un mercado competitivo, está determinado por la condición de igualdad de la demanda con la oferta (es decir, cuando el deseo marginal por comprar es igual al deseo marginal de vender). En el caso de la existencia de moral hazard, un mercado de equilibrio tiene la propiedad de que a cada consumidor le gustaría comprar más seguro, pero la compañía sólo ofrecerá más seguro si el consumidor continúa tomando algún tipo de cuidado. Esto encierra una paradoja ya que si los consumidores pudieran aumentar la cantidad de seguro a comprar, elegirían tomar cada vez menos cuidado y no más.

Referencias

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