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Gaceta municipal de Barcelona. Año 041: Suplemento nº6 (1954)

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(1)

AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

GACETA

MUNICIPAL

l.ntrada marítima de Barcelona (Poto Valls)

(2)

»

GACETA

MUNICIPAL

Año XLÍ Barcelona-Marzo de 1954 Suplemento n.° 6

Lacorrespondencia sedirigirá alilustrísimo señor Secretario general del Excelentísimo Ayuntamiento de Barcelona

WAGNER

EN

BARCELONA

Barcelona,

organismos

con sus

y sus magníficas

excelentes

instituciones musicales, goza de una merecida fama de

ciudad filarmónica y, como tal, es apreciada en el mundo. Viene a

ser Barcelona, en este aspecto de su vida cultural, un sismógrafo que re¬ gistra los más sutiles movimientos y las más avanzadas tendencias. Así, cuando

se produjo el fenómeno wagneriano.

nuestra ciudad lo captó y se dió cuenta

en seguida de su enorme trascendencia.

Ricardo Wagner, el innovador que

se permitía superar las viejas concepciones de las

formas musicales, sin someterse a los cánones y es¬ tilos hasta entonces intangibles, hubo de verse discu¬

tido y combatido con saña. Sólo un superdotado

como él podía desdeñar el formidable alud de con¬ tradicciones y dicterios. En la lucha entre wagneris-tas y antivvagüeristas tomó parte Barcelona, con tan

brillante alegación en pro del innovador que éste hubo de exteriorizar en diversas ocasiones su reco¬

nocimiento a los barceloneses. Era natural que así

aconteciera, porque nuestra ciudad fué la

introduefo-ra del wagnerismo en España.

En 1872 se formó una sociedad por acciones para

construir el teatro de Bayreuth, dedicado exclusiva¬

mente a representar las obras del músico de Leipzig,

y en 1876 se inauguró aquel local con las primeras versiones completas de la Tetralogía.

El doctor Letamendi, gran médico, filósofo y ex¬ quisito artista, recogía ya en 1877 el sentir wagne¬ riano de nuestra urbe, se proclamaba acérrimo de¬

voto del maestro y apadrinaba al culto escritor Joa¬

quín Marsillach, quien, después de ensalzar en una

larga campaña al creador de la ópera moderna, pu¬ blicó su interesante libro, "Ricardo Wagner", edita¬

do en Barcelona el año 1878. Luego dió a conocer,

con éxito, en el teatro del Liceo, las discutidas pro¬

ducciones del genio alemán, en cuya interpretación

había de sobresalir, hasta producir un eco mundial.

la figura de nuestro tenor Viñas, mien¬

tras el famoso musicólogo Joaquín Pena, fundador de la célebre "Asso¬

ciació Wagneriana", acaudillaba ese movimiento musical en toda España.

Las esencias del wagnerismo calaron hondo en nuestro pueblo y siempre han

estado presentes en sus manifestacio¬

nes artísticas.

Barcelona va a dar, al cabo de los

años, un paso gigantesco gracias a la iniciativa de don Antonio María

Si-marro Puig, Alcalde de la ciudad,

quien, no contento con lanzar la idea, efectuó viajes, celebró entrevistas, llevó a cabo per¬ sonalmente delicadas gestiones, sin regatear esfuerzo

alguno. Merced a su depurada inquietud espiritual. Barcelona ha obtenido el singular privilegio de cele¬

brar en el Gran Teatro del Liceo los famosos festi¬

vales de Bayreuth, tal y como se desarrollan en aque¬ lla población alemana, a cargo de los mismos elemen¬ tos, consumados especialistas (unas trescientas perso¬ nas), que representan maravillosamente las obras de

Wagner en el teatro ideado por el propio maestro ("")•

Hasta ahora, ninguna ciudad ha logrado lo que acaba de alcanzar Barcelona, mediante el contrato

con los nietos de Wagner, firmado el día 4 de marzo

en el Palacio del Ayuntamiento, en presencia del

Excmo. Sr. Gobernador civil, don Felipe Acedo, in¬

fatigable alentador de las altas empresas culturales y artísticas y que tanto interés puso en la iniciativa de nuestro Alcalde, valiosamente secundado por el

Patronato, que preside el conde de Egara, y por la

Junta de propietarios del Gran Teatro del Liceo.

A partir, pues, de la primavera del próximo año 1955, podrá gozar Barcelona, en su propio ámbito, de los máximos festivales que la historia de la mú¬ sica registra, y de esta suerte se confirmará su pres¬ tigio como centro filarmónico mundial, hará fulgir

con nuevos esplendores su nombradla de ciudad culta

y atraerá nutridos y selectos contingentes de turismo, para prez y gloria denuestra urbe y de España entera.

(*) «.Un hombre sobrio y tesonero —don Antonio María Éimarro, Alcalde de la ciudad— haconseguidogara nues¬

tro país el honor jamás dispensado a otra< nación: trasladar fuera de la famosa, ciudad bávara el gran festival

wagneriano. El señor Si-marro, de extraordinaria sensibilidad musical, es un asiduo concurrente a las represen¬

taciones de Bayreuth que se celebran entre julio y agosto en todos los años. Allí ha tenido ocasión de ponerse en

contacto con los nietos del genial músico alemán.» Martín Canigó: «Los fectivales wagneria-nos de Bayreuth a Es¬

paña», en «Pentagrama», Valencia, abril, 1954*•

(3)

NUEVA NECROPOLIS

ROMANA

por Agustín Duran y Sanpere

El sepulcro ele Flavia Theodota totalmente al descubierto

El descubrimiento

azar, gran protector de la

Arqueología,

^

nos ha sorprendido nuevamente con ines¬

perados hallazgos romanos en el subsuelo de

la Ciudad.

El día 4 de marzo, los encargados de ciertos trabajos previos a la cimentación de un nuevo

edificio que va a ser construido en la

plaza de la Villa de Madrid, se dan cuenta de

que una gran piedra enterrada a buena profundidad presenta una rara inscripción y algunos ador¬

nos inusitados y

ponen el hecho en conoci¬

miento del Servicio Municipal de Edificios Ar¬

tísticos y Arqueológicos. Don Adolfo Floren¬

sa, Jefe de Servicios y uno de los

arquitectos encargados de la construcción proyectada en

la aludida plaza, ordena de momento

que se

paralice la excavación hasta determinar la importancia del hallazgo. Noticiosa asimismo

la Delegación Municipal del Servicio de

Ex¬

cavaciones Arqueológicas, se

persona inmedia¬

tamente en el lugar del descubrimiento v cer¬

tifica que se trata de un sepulcro

romano, al parecer intacto, del tipo de cupa, con inscrip¬

ción repartida en tres líneas, colocado sobre un zócalo de piedra.

Comunicado el hallazgo a la Dirección de la Caja de Pensiones

para la Vejez y de Aho¬ rros, propietaria del solar, destaca a don An¬

tonio Paulí, al arquitecto señor Cases

Laino-11a, y la Comisaría Provincial de Excavaciones envía en su representación a don José de C.

Serra Ràfols.

De acuerdo todos los interesados, es decla¬

rado el interés arqueológico del hallazgo y la necesidad de proseguir el estudio del subsuelo en las proximidades del sepulcro descubierto,

donde pueden producirse nuevos hallazgos, para lo cual es unánime el ofrecimiento de procurar las mayores facilidades.

Como el hecho había ocurrido enjugar muy

céntrico, la noticia del descubrimiento, pro¬

(4)

pe-riodistas de todos los diarios barceloneses, sin

excepción, compitieron para

ofrecer

a sus

lec¬

tores las primicias de la información.

Descripción

La base del sepulcro descubierto está situa¬

da a 3,40 metros de profundidad bajo el nivel

actual del piso de la plaza. El monumento

aparece formado por un zócalo

de

planta cua-drangular, compuesto de piedras desiguales,

en forma de doble grada, en cuya parte supe¬

rior se advierte la piedra sepulcral de caras verticales v lomo redondeado. La cara ante¬

rior ostenta un encuadramiento central desti¬ nado a la inscripción que dice así:

D. M

FL AVIAE TU LODO TAE . H . EX . T

Es decir: A los dioses Manes de Flavia

Theo-dota, su heredero por testamento.

El carácter de letra es bastante correcto,

pero no la distribución de las palabras que

ho que queda de la

calle de la Mare de Déu, pronta

(i desaparecer.

Al pie, el hoyo de la excavación donde apareció la necrópolis romana

El sepulcro de Flavia Theodota poco después de ser descubierto

resulta tosca y parece haber querido reservar

un espacio central para algún elemento que no se puso o no ha llegado a nosotros. El mar¬ co de la inscripción repite el contorno

que ya

nos era conocido por otros varios sepulcros

barceloneses, con la parte superior dispuesta de manera une recuerda los áticos rebajados

y avolutados de las aras.

Por la forma de la piedra tumbal y por el tipo de letras de la inscripción, el monumento

puede atribuirse a fines del siglo n. Se trata, pues, de un sepulcro romano anterior a la

construcción de las murallas de la Ciudad, en cuyos cimientos han sido descubiertos muchos

otros sepulcros similares, conservados ahora

en los Museos de Arqueología

y de Historia

de Barcelona.

Levantada la piedra superior del sepulcro, quedó visible en el zócalo el espacio irregular destinado a depósito de los restos incinerados.

Aparecieron solamente pequeños fragmentos de huesos y fragmentos más insignificantes to¬

davía de cerámica. Entre éstos se distingue una muestra de cerámica sigillata y un trozo

de vaso de exterior ahumado y con huellas

muy visibles del torno, abundante en el si¬

glo II.

(5)

La piedra superior está en gran parte hue¬

ca, a fin de aumentar la capacidad del depó¬

sito funerario, pero no contenía más que tierra

muy fina depositada probablemente por filtra¬

ciones de lodo muy líquido entre las juntas de las piedras.

En las proximidades del sepulcro de Flavia

Theodota fueron apareciendo algunos sepul¬

cros más. Uno de ellos construido con piedras

y tejas planas, recubierto todo él con mortero que había estado coloreado. En el interior, muy destrozado, existía, vuelta al revés, una

urna de cerámica con asa lateral que contenía

pequeñas astillas de huesos. La urna es de ce¬

rámica y del tipo del fragmento hallado en el primer sepulcro.

A poca distancia y repartida en

fragmentos

dispersos, fué hallada una loseta incompleta

de mármol con doble inscripción. El anverso, de letras elegantes, atribuible a una época im¬

precisa, entre los siglos i y II, dice: )M

)ONTON1 )L . LEG . V

VALENS HER

P C

Esto es: A los dioses Manes de Frontonio, sol¬

dado de la legión VL Valens, heredero, cuidó del monumento.

El reverso de la anterior inscripción fué uti¬

lizado posteriormente, aunque

no más acá del

siglo ni, para una segunda leyenda con carac¬

teres sumamente incorrectos. Dice así:

)M )MIL

MATERNE

AEMILIVS ZOSIMVS

F

que puede interpretarse de este modo: A los

dioses Manes deAemilia Materna, Aemilio

Zo-simo hizo (el monumento).

Restos de otros dos enterramientos quedan

a poca distancia de los primeros, formados

por

tejas planas, con cubierta a dos vertientes uno de ellos y otro en forma de caja cuadrangular,

vacío y como esperando una inhumación. Al

lado de este último fué recogida una jarrita de

cerámica con asa helicoidal, destinada proba¬

blemente a ofrendas.

Entre la tierra que cubría los monumentos se hallaron algunos trozos de lámparas de tipo

pagano y fragmentos cerámicos que pueden atribuirse a los siglos il a v. Las escasas

mo-La cubierta del sepulcro levantada

para examinar su interior

(6)

Sepulcro de tejas y mortero con urna cineraria en el interior necias que se conservaron están en tan mal es¬

tado que no es posible identificarlas. Por su

tamaño y peso parecen, corresponder al siglo iv.

El conjunto de los sepulcros descubiertos basta ahora se encontraba embebido en un ma¬

cizo de tierra muy compacta,y fina,

producida

probablemente por precipitación en las creci¬ das fangosas de la vecina riera de las

Ramblas.

Este macizo se interrumpe dos veces por restos de pavimentos toscos, formados por piedras y

mortero, con señales de haber transitado por ellos. En un nivel superiorlas tierras contienen arena gruesa ypiedras rodadas,muchas

de ellas

de pizarra, procedentes de la sierra

del Tibi¬

dabo.

El nivel más profundo, donde descansan o

se abren lossepulcros, abunda en piedras grue¬ sas que producen la impresión de muros caí¬

dos. Entre las piedras quedan espacios con

restos de combustión incompleta, formando

condensaciones de forma ovalada, algo como fondos de hoyos crematorios en los que, entre carbón y ceniza, aparecen trozos de huesos humanos.

Tal es el resultado inmediato de las excava¬

ciones practicadas en la nueva necrópolis ro¬

mana. Las obras, en las que colaboraron los

obreros especializados de la Delegación Muni¬

cipal de Excavaciones, tuvieron que suspen¬

derse para dar lugar al derribo de las viejas casas de la calle de la Mare de Déu, en cuyo

solar había de levantarse el nuevo edificio de la Caja de Pensiones para la Vejez y

de

Ahorros.

Deducciones provisionales

El estado de los trabajos no permite estable¬

cer conclusiones definitivas, pero sí considera¬ ciones que pueden ayudar a la valoración

de

los hallazgos efectuados.

1.a—Evidentemente, se trata de una necró¬

polis romana de rito pagano y de larga dura¬

ción, a juzgar por la cronología atribuïble a las inscripciones encontradas. Pudo recibir suce¬

sivos enterramientos desde fines del siglo i liasta fines del siglo III.

Hasta ahora conocíamos la existencia de otras varias necrópolis en las

proximidades de

las murallas de la Ciudad. Una de ellas en lo

une es ahora Vía Layetana, entre las plazas

de Antonio Maura y de Ramón Berenguer.

Esta necrópolis apareció en momentos inopor¬ tunos por las prisas con que, en 1908, se

lle¬

(7)

de la Ciudad, impidiendo toda labor de exa¬ men. Varios centenares de sepulcros,( construi¬ dos con tejas y ánforas, desaparecieron enton¬ ces sin dejar huella ni descripción. Salvóse únicamente un pequeño sarcófago

con decora¬

ción escultórica, que representa a Jesús entre

Inscripción de Frontonio, soldado de la Legión VI

los Apóstoles, aparecido más liacia el

mar, en

la calle de la Nao, v depositado ahora en el

Museo Arqueológico

por voluntad de su pro¬ pietaria la señorita Teresa Amatller.

En 1930, los trabajos de cimentación del

edificio del Gobierno Militar habían puesto de

manifiesto otro espacio de terreno dedicado

asimismo a enterramientos de inhumación, con sepulcros de tejas

y de ánforas, ya, pro¬

bablemente, de época cristiana.

Descubrimientos casuales y poco

precisa-bles sacaron a la luz sepulcros de análoga

na¬

turaleza, diseminados alrededor de las mura¬

llas. Pero ningún indicio nos dejaba sospechar que también hubiese existido un cementerio romano en las vecindades de las calles de Ca¬ nuda y de la Puerta Ferrissa, donde se está ac¬ tualmente urbanizando la plaza de la Villa de

Madrid.

Estamos, pues, ante una nueva precisión de

lo que nudo ser la topografía urbana de la

an¬ tigua Colonia Favencia Barcino. Esta necró¬

polis puede, a su vez, señalar el curso de un camino paralelo a la riera de la Rambla,

pues¬

to que la orientación de los sepulcros coincide

con la dirección de la riera, y es .harto cono¬

cida la costumbre romana de enterrar a orilla

de los caminos. La forma de sedimentación de

las tierras que cubrían los sepulcros, refuerza la misma hipótesis.

2.! — Durante el siglo

XIX, y especialmente

en 1876, al desaparecer el Convento de la En¬

señanza de la calle de Aviñó, los derribos par¬

ciales de las.murallas romanas permitieron re¬

tirar de sus cimientos varias piedras tumbales en forma de cupa, de gran semejanza con la del sepulcro de Flavia Theodota, materiales existentes en la actualidad en el Museo Ar¬ queológico. También durante las obras de re¬

cimentación de las murallas correspondientes

a la plaza de Ramón Berenguer III, se salva¬ ron otras dos piedras similares, situadas en el Museo de Historia de la Ciudad.

Hasta ahora se trataba solamente de las pie¬

dras de cubierta con la correspondiente ins¬

cripción, pero removidas de su emplazamiento

originario y sin vestigios del monumento com¬ pleto. El sepulcro de la plaza de la Villa de

Madrid es, por el contrario, íntegro

e intacto, y nos presenta, por primera vez en Barcelona,

la parte que correspondía a la cupa encima

del zócalo escalonado que le servía de base. También tenemos ahora, por vez primera,

la oportunidad de explorar el interior de un sepulcro de esta clase, donde se comprueba y

ratifica el rito romano de enterramiento sim¬

bólico, pues los restos de incineración halla¬

dos en el interior del sepulcro, además de ser

escasos, pertenecen a diversos individuos y van

acompañados de huesos de animales. La cerá¬

mica, que debió ser colocada al mismo tiempo

(8)

que las

cenizas, está

reducida

a

insignificantes

fragmentos

de

diversas

piezas.

El

conjunto

produce

la

impresión de

que,

después de la

incineración, era recogido y enterrado un sim¬

ple

puñado de

huesos, mezclados

con

tierra,

piedras y

fragmentos de cerámica del hoyo de

cremación, sin grandes respetos hacia los res¬

ins y como si lo más importante

del sepulcro

fuese la inscripción y las declaraciones jurí¬

dicas que en ésta se hacían; las cuales, si

bien

en nuestro caso se reducen a fijar la condición

de heredero que tenía el que cuidó del monu¬

mento, muéstranse en otras ocasiones mucho

más explícitas y complejas.

3.a — Son tres las inscripciones descubiertas

hasta ahora en la nueva necrópolis. Una de

ellas fué grabada en una losa de mármol pre¬ parada al efecto. Sus caracteres son correctos

y la obra del grabador o cuadratario(

perfecta.

Recuerda muchas inscripciones marmóreas ha¬

lladas anteriormente en Barcelona. Otra ins¬

cripción fué grabada en elreverso de la prime¬

ra con bastante posterioridad, sin duda

cuando

la anterior había ya perdido su significado. En ésta los caracteres son incorrectos y el trabajo

del grabador tosco por demás. La tercera, per¬

teneciente a Elavia Tlieodota, está grabada en

piedra arenisca de Montjuich y presenta,

ade¬

más de la tosquedad a que obliga el grano

de

la piedra, una falta evidente de elegancia.

Esto hace suponer que, aparte las

varieda¬

des que acusan una diferenciación

cronológi¬

ca, existen dos grupos de inscripciones según que la materia utilizada sea el

mármol

o

la

piedra arenisca. Las del primer grupo, mejo¬

res, sin duda, pudieran haber sido

grabadas

en Tarragona, de donde procede el mármol y donde es de presumir que

hubiera buenos lapicidas.

En cambio, las grabadas en piedra son siempre medio¬

cres y forzosamente trabaja¬ das en Barcelona por ope¬

rarios de menos aptitud.

La inscripción del rever¬ so de la loseta de mármol fué grabada en Barcelona, tal vez en la misma necró¬

polis en que yacía olvidada,

y se ha de tener por obra de algún

grabador

local, de escasas aspiraciones.

Vaticinios

Es de esperar que la continuación

de las

obras iniciadas en la plaza de la Villa de

Ma-Urna cineraria

drid depare nuevos

descubrimientos

arqueo¬ lógicos. Mientras tanto, sería

extemporáneo

hablar de las posibles soluciones a que pue¬

dan obligar los hallazgos presentes y

futuros.

Pero cabe indicar, como más adecuada, la de

dejar los objetos in situ, con la

habilitación

de

locales subterráneos en el edificio que va a ser

construido. Otra solución sería —de no ser

aquélla posible — la

de si¬

tuar las piezas principales

en lugar próximo a la nue¬ va plaza con aditamento

de

jardines. La última

solución,

el Museo de Historia de la

Ciudad o sus alrededores, so¬

bre todo en el caso de que

fueran múltiples los monu¬

mentos que hubieran de ser

removidos de su primitivo emplazamiento.

(9)

EVOCACIÓN

Y HOMENAJE

DON

ANTONIO

MAURA,

PALADÍN

MUNIC1PALISTA

por Mariano Pérez-Terol

i a continuidad y la perseverancia en la obra de go¬

bierno es esencial en toda acción política,

para que resulte eficaz. En este aspecto, el timbre de mayor gloria que nos ofrece la vida egregia de don Antonio

Maura radica en su proyecto de Bases de reforma de

Administración local. A ellas consagró sus denodados esfuerzos y constituyeron

su bandera en el curso de sus más altas empresas políticas.

En la restauración de unos Municipios fuertes, bus¬ ca Maura el medio de vitalizar el

espíritu colectivo del país. Dando pujanza a la vida local,

a través del estímulo para la cooperación de los vecinos

en la cau¬ sa del procomún y que, a la vez, experimenten

aqué¬ llos la influencia de su amparo, quería infundir sen¬

tido práctico

y fecundo a las

Corporaciones locales para que sirvieran de base a un positivo

engrandecimiento de la comuni¬ dad. nacional.

Por eso, una publicación como esta Gaceta,

portavoz de Muni¬ cipalidad de tan prestigiosa rai¬

gambre histórica y de tan ilus¬

trada calidad presente como es la de Barcelona, ha de dar ca¬

bida en sus páginas, con motivo

del centenario de Maura, a unas

líneas de homenaje a la memoria del excepcional estadista, que no sólo tuvo el más cabal de los conceptos sobre cuanto es y re¬

presenta el Municipio, sino que

a él dedicó los frutos de su pri¬

vilegiada mente y los esforzados afanes que caracterizaron su

preeminente actividad política.

Fué para Maura la reforma de nuestra

vida local, el asunto de mayor entidad

y trascendencia, y afirmó, desde un principio,

que lo consideraba la parte más viva de toda la preocupación

con que un hombre pú¬

blico español había de mirar el

porvenir. Por eso sos¬

tuvo que toda resurrección

política había de pasar pol¬

la previa reforma local,

porque, además del influjo decisivo que debía tener sobre el bienestar de los

pue¬

blos, sin ella no se encontraría modo de

que la Ad¬

ministración del Estado respondiese a sus fines. No

puede atribuirse a su pensamiento el carácter de as¬

piración alejada de la realidad,

pues Maura quería

"'plegar las reformas a los antecedentes históricos,

apoyándolos, en cuanto cabe, a lo existente", y lo hizo

"'guardando la posible fidelidad a la tradición in¬

mensa y latente

que preside la vida de la humanidad

como la gravitación en el mundo

físico", porque

—añadía—, "convendrá atenernos a una regla que pol¬

la naturaleza misma está sancionada, a la cual nunca se falta impunemente, y es

que la reforma se haga (todas las experiencias lo recomiendan y lo aconseja la sana razón) apoyándola en lo que existe, aprove¬

chando la vitalidad que conserva lo

que existe". Concibió don Antonio Maura sus jjroyectos sin

mixtificaciones subjetivas, como cuestión de interés nacional, por encima o al margen de las rivalidades

partidistas. No los elaboró de una manera improvisa¬

da. Los sometió a jDrolongado, reflexivo

y sereno es¬

tudio. Los presentó en 1903, siendo ministro de la

Gobernación en el Gobierno que presidía don Fran¬ cisco Silvela como consecuencia del acuerdo a que

ambos prohombres llegaron para

promover la rege¬ neración de Esjjaña. Duró poco

esta formación mi¬ nisterial, jjor la resistencia contra la que chocó su joropio impulso renovador. Nuevamente planteó Mau¬

ra sus proyectos en 1904, esta vez

ya desde la Presi¬ dencia del Consejo de Ministros, pero también la bre¬ vedad de su permanencia en el Poder —un año— le

impidió ver cumplido su propó¬ sito. Finalmente, en 1907, al frente de la Jefatura del Gobier¬

no, con asistencias más numero¬ sas que las de costumbre en

los equijjos gubernamentales de

aquellos tiempos, acometió deci¬ didamente la tarea ingente de

presentar, discutir y aprobar sus

proyectos de reforma de la Ad¬

ministración local.

Durante dos años y medio fue¬

ron objeto, en el Congreso

y en el Senado, de prolijos

y acalo¬ rados debates. Aspiraba Maura

a que la reforma

que él j3ioponía fuera la obra de todos, puesto que era para todos y todos ha¬ bían de aplicarla. No se trataba

de favorecer a un partido deter¬

minado, ni de imponer una particular significación.

Lo que se buscaba era el bien

general. El conjunto nacional iba a beneficiarse con el resultado de las de¬

liberaciones, enmiendas y aprobación de la iniciativa del Gobierno presidido por Maura. A la

representa¬ ción de la colectividad, pues, confiaba la labor

y en¬ tregaba la responsabilidad de perfeccionar y conver¬ tir en hecho real el proyecto.

Pese a que la intención fuera

tan diáfana y tan ajustado el procedimiento a los más exigentes cáno¬

nes del sistema entonces

imperante, la oposición de

las minorías se caracterizó por lo tenaz y prolongada. Se registraron más de tres intervenciones del eximio orador en los debates jjarlamentarios. Las enmiendas se sucedían una tras otra, y las más de ellas

para

entorpecer la deliberación y desvirtuar la noble y constructiva finalidad que se perseguía. Maura llevó

a

cabo inusitadas proezas de ^paciencia y de flexibilidad

para soslayar las dificultades que a

su paso se acumu¬ laban, encaminadas a distraersu atención y la del país.

Sacrificó proyectos (la ley contra el terrorismo,

por

ejemjDlo) y ocasiones de dar la batalla a los elementos anarquizantes, por entender que lo peor que en aque¬ llos momentos podía acontecer era dar pie a

que se

frustrase el emjjeño reformador

que le absorbía y se

(10)

La opinión no podía tener un concepto exacto de obra tan amplia y compleja, y menos aún después de

la atmósfera que alrededor del proyecto había for¬

mado la Prensa más popular. De esto se valían las

minorías, seguras de que podían contar con torrentes

de publicidad, por baladí, artificiosa y falsa que fue¬

se la base elegida para sus ataques.

Las fuerzas disolventes confabuladas hallaron la

ocasión procurada con tanto ahinco para que se pro¬

dujera el obstáculo insuperable. Habíase aprobado ya el proyecto de reforma de Administración local en el Congreso, y faltaba su aprobación en el Senado, des¬ pués de haberlo sido en todo lo relativo a la parte

municipal. Dábase por descontado que en el otoño

de-aquel año, 1909, quedaría coronada la magna labor

legislativa, llamada a dar cauces de bendición a la

comunidad española. Con este ánimo se suspendieron las sesiones de Cortes en virtud de las "imperiosas"

vacaciones de verano. Mas en el interregno parlamen¬

tario surgieron los succesos de Melilla y la Semana

Trágica de Barcelona, y al reanudarse, en el mes de octubre, la actividad de las Cortes, la conjura inter¬ nacional, secundada por los revolucionarios españo¬

les, a quienes suicidamente ayudaban ex ministros del

Rey y ex presidentes del Consejo, pensando en ser los beneficiarios, dió en tierra con el Gabinete Maura, al

faltarle a éste el apoyo de la Corona para hacer frente

al asalto demagógico.

Muchas cosas vitales para España sucumbieron en

aquella aciaga jornada. Entre ellas, claro está, las re¬ formas de la Administración local de Maura, en el momento en que se hallaban ya a la vista del puerto

que había de poner término triunfal a su borrascosa navegación. Y cuando, años después, en un supremo

designio para salvar lo que entonces se perdió, el ge¬ neral don Miguel Primo de Rivera grabara en la His¬ toria de España la fecha del 13 de septiembre de 1923,

un preclaro discípulo de Maura, don José Calvo

So-telo, hizo fecundo el precedente, al transformarlo en Estatuto municipal, por el que reconoció al Munici¬ pio personalidad y medios para su resurgimiento e inició una nueva era para la existencia de las Cor¬

poraciones locales.

De cómo don Antonio Maura conservaba la fe en sus reformas, aun viéndose condenado al ostracismo, nos da prueba fehaciente en estos mismos días el que

fué su fidelísimo y esclarecido secretario, don Pru¬

dencio Rovira y Pita. En su monumental obra "Mau¬

ra, acuarelista", que acaba de salir a la luz, alude el señor Rovira a una conversación que sostuviera don

Antonio con una campesina, en ocasión de cultivar

el gran político su afición a la acuarela. Comentando las lamentaciones escuchadas de labios de aquella sencilla mujer del pueblo, decía Maura a su acompa¬ ñante e interlocutor, que lo era aquel día el académi¬

co de Bellas Artes don Angel Avilés: "...Luego me

llaman chiflado por mi tenacidad en conseguir la re¬ forma de la vida local. Me dicen que me paseo por la Vía Láctea. ¿Cómo yo, por mi profesión, acostumbra¬ do a trabajar sobre realidades de intereses y dere¬

chos, puedo perder la cabeza y el tiempo en enderezar

entuertos imaginarios? Se trata de positivas urgen¬

cias que afectan a relaciones primarias de los grupos humanos..." "Acabamos de oírlo a esa buena mu¬

jer; millares de bocas lo estarán repitiendo en todos los rincones de España, aunque sean tan plácidos co¬

mo éste...", "...yo insisto en decir que sin Municipios

bien regidos y sin Haciendas locales sanas, no hay

grandeza nacional posible. Sin esa base firme, todo lo que se diga o proyecte sobre cultura, sobre obras públicas, sobre Marina, sobre Ejército, sobre todo lo que pueda engrandecernos, serán bengalas que ilumi¬

nen por un momento la realidad tenebrosa. Será como

escribir en el agua... Y en este caso agua pútrida, lo

que yo he llamado alguna vez la Estigia pestilente." Así se expresaba, así mantenía su pensamiento

mu-nicipalista, en plena campiña santanderina, el año

1915, aquel singular estadista que no abdicaba de

sus arraigadas convicciones en la hora en que sufría

desgracia del Príncipe, abandono de los que se habían dicho sus amigos y discípulos y feroz hostilidad de

la anti-España exterior y —lo que es verdaderamente bochornoso—- de la interior.

Es evidente que las ideas y proyectos del gran

político mallorquín justifican de manera sobrada que

se tribute, en el ámbito municipal, rendido homenaje

a su memoria, pero tratándose de Barcelona, al re¬ memorar aquella señera figura de un ayer que gra¬

vita sobre todos nosotros, ha de hacerse patente que,

entre los hechos de más relieve en su ardorosa lucha

por la salvación de España, tampoco se olvidaque supo derramar su sangre en aras de unos ideales que, si

hubieran sido debidamente comprendidos y compar¬ tidos, habrían librado a la Patria de muchos dolores

y tragedias; y que donde la derramó fué precisamen¬

te en Barcelona, por dos veces: una en funciones de

Presidente del Consejo de Ministros, cuando se arries¬ gó a que el Rey hiciera su primera visita a nuestra Ciudad; y la segunda vez, fuera ya del Poder, pero

como víctima escogida por su condición de adalid de

altos principios que a Barcelona importaban muy es¬

(11)

$a

tJirgen

dr

los

(¡oiwllerí

por Juan Ainaud de Lasarte

as operaciones de consolidación, restaura¬ ción y limpieza de las que está siendo ob¬

jeto la magnífica talla de Litis Dalmau, cono¬ cida con la denominación de "La Virgen de los Consellers", le dan cierta actualidad e in¬ vitan a recordar sus valores históricos

y artís¬

ticos.

Es el único elemento que subsiste del mo¬ biliario medieval de la Casa de la Ciudad, y

su valor y calidad excepcionales son bien co¬

10—

nocidos de quienes saben apreciar el interés de nuestra pintura gótica.

Desde 1401 existía una capilla u oratorio en la planta baja de la Casa de la Ciudad, cerca de su vergel o patio con

naranjos pa¬ recido al de otros edificios públicos de enton¬

ces: la Lonja y la Diputación. Sin embargo,

la decoración de esta capilla, terminada hacia

(12)

insuficien-te al cabo de algún tiempo. A 4

de septiembre

de 1443, los Consellers y la Comisión de doce

prohombres,

designada

para

el

caso en

junio

del mismo año, acordaron encargar la obra del

nuevo retablo al pintor mejor y más apto, y

decidir con él las condiciones y forma en que debería ejecutarse la pintura y carpintería

de

la obra. Para dotar al retablo de una ilumina¬

ción adecuada, se acordó abrir una ventana en

el muro de la capilla y decorarla con una vi¬

driera. Este último extremo se puso ^en ejecu¬

ción por parte del maestro vidriero Thierry

Denies o de Metz, que de ambas maneras se le

nombraba, quien reprodujoen grisalla realzada de amarillo, al gusto flamenco, el cartón o mo¬

delo del pintor barcelonés Guillermo Talarn.

Ello es sólo un síntoma, entre muchos, del

gusto y aceptación de la

novedad

que repre¬ sentaban en Barcelona las más recientes mo¬

dalidades de la pintura flamenca, hecho

del

que fué y es máximo exponente

el propio

re¬ tablo. Junto con el contrato, de 29 de octubre de 1443, y con las firmas de los

avalistas

o

fia¬

dores consignadas un mes más

tarde,

se con¬

serva una primera imagen,

de

su proyecto. Para su realización, el imaginero Francisco Gomar contrató, a 26 de noviembre del mis¬

mo año, la labor de carpintería, en buena ma¬ dera de roble de Flandes, por el precio

total

de setenta y cinco florines. Excepto

la

predela,

de la que sólo tenemos

referencias

por

el

con¬

trato y por la traza de

Dalmau, el

resto

de la

(13)

obra, incluso el gran marco ele talla dorada, subsistió casi por completo hasta el pasado si¬

glo, a juzgar por antiguas fotografías, y toda¬

vía hoy pertenece.a ella la parte superior del

marco, de forma arqueada, centrado por dos

figuras de ángeles que sostenían las armas rea¬

les mientras dos escudos de la Ciudad flan¬

queaban la predela. En los montantes latera¬

les, se aprovecharon todavía buena parte de

los elementos de talla, figurando hojarasca,

y

procedentes de la antigua decoración. Incluso

en la naturaleza del soporte de madera se qui¬

so seguir la nueva moda norteña,

en contradic¬

ción con el uso constante de la madera de

álamo blanco empleada en Cataluña

y Valen¬

cia igual que en Ttalia.

En la escritura con Dalmau se fijaba como

precio de su labor la suma de cinco mil suel¬

dos barceloneses,

y a través de su texto y de

la traza o dibujo antes mencionados podemos

hacernos cabal idea del proyecto, así como de

las diferencias que presentaba respecto a su

realización definitiva.

La imagen sedente de la Virgen

que centra la composición se describe situada en una sun¬

tuosa cátedra, con el Niño en los

brazos, efi-giada y vestida con variedad de colores vivos

realzados y de buena apariencia. Se indica

también que el manto debe ser del azul más

fino que pueda hallarse,

con fresadura o bor¬

de de oro fino (en realidad fuépintada al

óleo)

sembrado de perlas y pedrería figurada. En el

lado del Evangelio, hallamos la

imagen de

Santa Eulalia "patrona y singular abogada de

la ciudad", con la

palma y ecúleo de su mar¬ tirio, que presenta a Ja Virgen el Conseller en

cap Juan Lull, y a sus colegas tercero y quin¬

to, que eran, respectivamente, Francisco Llo¬

bet y Juan de junyent. En el lado

opuesto

hallamos a los Consellers

segundo y cuarto,

Ramon Savall y Antonio de Vilatorta, presen¬

tados por San Andrés,

santo en cuya

festivi-12

-dad se celebraban anualmente las elecciones

para la renovación del Consejo municipal bar¬

celonés.

Especificaba el contrato que los Consellers

debían ser "efigiados según

las proporciones

y habitudes de sus cuerpos, con las faces así

apropiadas como las que ellos mismos vivien¬

tes han formado, vistiendo zamarras y

cape-Grupo de ángeles cantores

roñes de color

rojo tan hello que parezca ser de grana, con las

postas y lenguas que parez¬

can ser forradas de hermosas

pieles. En el

fondo, debía haber campos dorados según lo habitual en la mayor parte de retablos cata¬

lanes de la época; pero Dalmau, con

un con¬

cepto radicalmente distinto del aquí

tradicio-nal, dispuso una hermosa decoración arqui¬

tectónica en cuyo fondo,

a través de cuatro

ventanales calados, aparecen (los

grupos de

(14)

pra-dos, castillos y delicados celajes en los que flotan algunas nubecillas.

La arquitectura no discrepa radicalmente

del gótico barcelonés

de

la época, aunque pre¬

senta una clara tendencia a mayor suntuosi¬ dad. Las cabezas de los cinco magistrados mu¬ nicipales están tratadas con

seguridad

y maes¬ tría y con un sentido

profundamente humano

Retratos de los Consellers Ramón Savall

y Antonio de Vilatorta

y realista, en contraste con lo convencional de

la estilización de las manos.. En la figura de

la Virgen y de los santos, y todavía más, si

cabe, en los grupos de los ángeles cantores, triunfa plenamente la fórmula pictórica de

Jan Van Eyck, aprendida directamente por

Dalmau en su viaje a Flan des, unos años antes. La monumental pintura de la "Virgen de los Consellers'1, la tabla de mayores dimen¬ siones entre las pintadas en su época, quedó

terminada en 1445, poco más de un año

des¬

pués de firmarse el contrato, según

atestigua

la inscripción con el nombre

de

Dalmau

y

la

fecha pintada en la peana

del

trono

de la

Virgen.

Objeto indudable

de admiración,

en un principio, pasó luego por muy

varias

vicisitu¬

des, cuyo punto más bajo cabe

situar

en

la

primera mitad

del pasado

siglo,

cuando de¬

molida la antigua capilla y otro

local

que

la

sustituyó provisionalmente,

fué

depositada

un tiempo en la iglesia

parroquial

de San

Miguel

v más tarde recogida en el

Archivo

municipal

por el

historiador Puiggarí.

En

1902,

restau¬

rado el marco, fué colocada en un lugar

des¬

tacado en el Museo municipal de .Bellas

Artes

y en 1934 pasó a ocupar, con

todos los

bono-res, una sala especial,

construida

a

modo de

capilla, en el Museo

de Arte

de Cataluña,

in¬

augurado entonces en el Palacio

Nacional de

Montjuicli.

Las alteraciones y desperfectos

sufridos

en

el transcurso de los años y de adversas cir¬

cunstancias, exigían una

consolidación

a

fon¬

do del soporte de madera y una

cuidada lim¬

pieza y restauración

de la pintura.

Alo

obstan¬

te, la complejidad y

trascendencia de

estas operaciones requería no

sólo

una persona

idónea y que las realizara con amor, como

don

Manuel Grau, jefe del taller

de

restauración

de nuestros Museos de Arte, sino también el indispensable detenimiento y

los

elementos

necesarios.

Los trabajos de restauración

fueron

inicia¬

dos con toda clase de garantías, tanto

desde

el punto de vista artístico como

laboral

y

ello

lia cristalizado en la normal marcha de los

mismos, que se lian

llevado

a

cabo

con un

ritmo adecuado.

Ello nos permite afirmar que no

lia

de

pa¬ sar mucho tiempo sin que la

tabla pueda

ser

(15)

14—

será bajo el ínejor aspecto posible, sin olvidar

que también se lia tenido un cuenta la nece¬

sidad imperiosa de garantizar su conservación. Creemos que se lian logrado los objetivos per¬

seguidos, pues en el desarrollo de la labor se

lia obrado con la meticulosidad y el tacto que la importancia de la obra requería.

Detalle de una con ángeles

de la

clave de bóveda

y el escudo Ciudad

Don Manuel (7rau trabajando

en la restauración de la tabla

En cuanto pueda referirse a su

aspecto téc¬ nico, no se regateará esfuerzo alguno para dar

a conocer interesantísimas particularidades

y,

al efecto, una vez terminadas las operaciones

de restauración en curso —lo que ya se lia di¬

cho

<preveemos para un futuro inmediato—

(16)

En

contraste con su

belleza

arquitectónica,

píetórica

de his¬

toria

y

de abolengo^

la

Ciudad ofrexe

estas

perspectivas

maravillosas

de

modernismo

y

grandiosidad. La Plaza de

Calvo

Sotelo,

cuyo

detalle

ofrecemos,

es un

hito rtiás

en

el

ca¬

mino

emprendido

para

el logro

de

esa

«Gran

Barcelona»

que

se

perfila desdé el

gótico

puro

de

su

barrio

procer a

la línea

(17)

arcelona, ciudad de intensa

Aida, lia presentado facetas

muy diversas. Ha sido, y es,

centro de una gran actividad comercial e industrial; sede

de variadas borrascas y agitaciones políticas;

entusiasta del Arte en sus diversas manifesta¬

ciones. Pero, como fondo continuo de todos

estos aspectos, fué, durante largos siglos, algo

de lo que lioy apenas nos acordamos: una

gran plaza de guerra, una ciudad esencialmen¬

te militar. Siendo yo niño aun se cantaba:

Para jardines, Valencia,

para tropas, Barcelona."

y cuando Jorge Sand, la novelista de mas¬

culino atuendo, pasó por aquí en dirección a Mallorca, se bacía lenguas, en su colorido es¬

tilo, de la serie de imponentes fortificaciones

que tuvo que salvar para entrar en la Ciudad. Este carácter militar le viene a Barcelona

de lejos. La primera ciudad romana debió es¬

tar desprovista de murallas o

poco menos. La pax romanasuplía atodo. Pero cuando aquella

seguridad empieza a vacilar y los francos, en el

siglo ill, irrumpen, aunque de un modo espo¬

rádico, y destruyen las ciudades catalanas, Bar¬

celonaaprende la dura lección

y, reduciendo su

perímetro, se ciñe de fuertes muros; tan fuer¬

tes, que por la proximidad y altura de sus se¬

tenta y tres torres debieron ser,

en aquella

época, algo excepcional. En los siglos de caos que siguieron a la caída del Imperio, no bay duda de que esta áspera corona de piedra

que rodeaba a la pequeña ciudad, en medio de su

llano, fué una de las mejores cartas con

que

entabló el juego de su porvenir,

y sucediendo

a Iarragona fué ya, para siempre, la primera

capital del Oriente de la Península.

Después de largos siglos, el cerco murado

no podía contener a la población,

que des-16—

La Ultima

Puerta Fortificada

de

Barcelona

por Adolfo Florensa Fekker bordaba por todas partes, extendiéndose en

arrabales o "vilanoves"; y ya en el siglo xin

bubo que trazar un nuevo recinto de mura¬

llas, que rodeaba la parte de casco antiguo,

comprendida entre el actual Salón de Víctor

Pradera y la Rambla. Estas murallas, que po¬ demos llamar de Jaime I, están indicadas en

el plano adjunto (fig. 1), así como las roma¬ nas antes citadas.

Un siglo escaso más tarde se lia de ampliar

nuevamente el recinto, incluyendo en él el

"'arrabal", es decir, el resto de lo que llama¬

mos ahora casco antiguo, basta las Rondas de

San Antonio y San Pablo; y este mismo tra¬

zado fué mejorado

y reforzado, especialmente desde los siglos xvi al xvin, con todos los

nuevos artificios ciue los ingenieros italianos,

primero, y después los españoles y franceses, idearon para defenderse de la nueva arma, la

artillería, que sólo entonces alcanzó verdadero

poder.

El 7 ele agosto de 1954 se cumplen cien años

del momento en

que, entre manifestaciones

de entusiasmo, se empezó el derribo de aque¬

llas murallas, que, si en siglos pasados fueron condición esencial de vida para la Ciudad, ha¬ bían llegado a oprimirla y ahogarla de

modo

intolerable.

¿Cuántas puertas tuvieron esas murallas? Fácil es el recuento, y casi podría hacerse so¬

bre el plano que publicamos. El recinto ro¬

mano contaba con cuatro, en los extremos de

las dos vías que dividían

aproximadamente

en cruz la Ciudad. El de Jaime I, ocho; las de la Drassana, "Trenta claus", Boquería,

Ferrissa, Santa Ana, Junqueras, Nueva y San Daniel. Cuando, en el xiv, se amplió el re¬

cinto, quedaron inútiles las cinco puertas

de

la muralla de la Rambla y se añadieron, en

cambio, las dels Orbs o del Angel, Tallers, San Antonio, Cagalell y Santa

Madrona. Al de¬

rribar, en el siglo xix, la

Universidad,

que ta¬ ponaba la parte alta de la

Rambla

(llamada

por esta razón, de los

Estudios),

se

abrió la

puerta de Isabel II, sólo para peatones, que

correspondía a las antiguas Torres

de Cana¬

letas (fig. 2). En total, pues,

diecinueve

puer¬

tas, aunque no fueran simultáneas.

¡No

son

muchas si se comparan con las de

Babilonia,

que tuvo cien, según se

refiere,

pero,

salvo

esta extraordinaria excepción, no son

pocas!

Queda algo de estas

puertas?

Afortunada¬

mente, sí. De las cuatro romanas, la

de la

Pla¬

za Nueva conserva íntegras sus torres; la que

correspondía a la actual

calle

del (.all,

sólo

un morro informe de hormigón que marca uno de los empotramientos del arco,

situado

en

la

casa número 5. Hace unos años estuvo en pe¬

ligro de desaparecer; pero el

Ayuntamiento

lo

evitó, facilitando además la restauración

de

la pequeña fachada medieval.

Un

vestigio

análogo queda de la puerta

del Regomir,

que

daba a la playa, entonces

mucho

más

metida

dentro la tierra. La cuarta puerta desapareció

totalmente en el siglo pasado.

Menos aún resta de las otras quince puer¬

tas, salvo una. Hace menos de cien años, el

dibujante Rigalt nos dejaba en una

de

sus

acuarelas, la exacta imagen de la Puerta de

Santa Ana, con sus dos torres ochavadas

ífi-gura 3), situada en el encuentro de las

calles

de este nombre y de la Canuda con la Ram¬

bla. ¡Quién lo dijera! Uno de los lugares de

mayor vida y tráfico actual, con sus lujosas

(18)

Las torres de Canaletas, que correspondían a la actual Plaza de Cataluña 18—

Plano de los sucesivos recintos fortificados de

Barcelona

tiendas y sus bancos, tenía en 1855 el aspecto

que pueden ver los lectores en la

reproduc¬

ción que publicamos. De la puerta

de la

Bo-quería se sabe también

algo;

pues

al abrir

en 1922 la excavación para el Metro, se vió por unas horas (y la atención vigilante

de Durán

y

Samperè corrió a

fotografiarla),

la

parte

in¬

ferior de una de las torres, análoga a las an¬ teriores. De una de las puertas del siglo xiv

conservamos algo más tangible; no una acua¬ rela ni una fotografía, sino una sólida

lápida,

hoy en el Museo de Historia de la

Ciudad,

que

en góticos caracteres y en el robusto

catalán

de la época, se identifica ella misma "La torre

apellade de Sent Urba del Portal de Sent An¬

toni, qui fo feta en lany MCCCLXXAIÎ (re¬

producida sobre el título). La otra torre se

(19)

Hemos dicho que de la destrucción de to¬ das las puertas, se salvó una. Del derribo ge¬ neral de las murallas escaparon solamente los

tramos que, unidos al gran edificació de las Atarazanas, convertido en Maestranza de Ar¬

tillería y cuarteles, siguieron teniendo carác¬

ter militar. Por suerte, en este pequeño resto

del total se han conservado, como en un mues¬

trario, trozos de todas las épocas, desde el si¬ glo xiii al xviii. Uno de los fragmentos más

interesantes es, indudablemente, la Puerta de

Santa Madrona, que, en vez de estar flanquea¬

da por dos torres, pasa a través de una. Esta

torre se había conservado bastante bien; per¬

dió su corona de almenas cuando la artillería

las hizo no ya inútiles, sino peligrosas para

Vista de la puerta de Santa Madrona desde el patio de armas interior

19 Puerta de Santa Ana, del si¬

glo xill, conservada aún en 1855, según esta acuarela de

(20)

los defensores y su puente levadizo fué susti¬

tuido por uno de bóveda, transformación

pro¬ bablemente antigua, pues ya en el siglo xvt el

Consejo de Ciento realizó una obra análoga en las puertas del Angel y de Junqueras. Las ra¬

nuras y boquetes por los que .funcionaban los

grandes brazos del puente levadizo fueron re¬

llenados con piedra. Todo esto lia sido fácil

de restablecer y una excavación lia permitido

dejar a la vista el gran talud o basamento in¬

clinado que descendía basta el foso. Las últi¬

mas figuras (figs. 4 y 5) permiten ver clara¬

mente lo que se lia obtenido y parecen, en verdad, transportarnos a siglos pretéritos.

De este modo el Ayuntamiento de Barce¬

lona, al llegar el centenario del derribo de las

murallas, liabrá preparado y obtenido la más delicada y apropiada conmemoración: la res¬

tauración amorosa y completa de lo poco que

el afán destructor respetó.

La tone-puerta de Santa Madrona,

única conservada de las numerosas

que atravesaron las distintas mu¬

Referencias

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