VEGUETA, Numero 3,1997-1998, (65-87) 65
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w n l 1 7 f l ~ A 1
Y V U P Y v C w w w V u V C WY
V V ~ v ~ w C V ' Cde
las
comunidades indíwnas
o -
del Alto
Duero
a través de las fuentes
literarias y arqueológicasz
-66 Mnnuei E. Rarnírez Sánchez 1.- Introducción
En el presente artículo intentaremos esta- blecer el territorio sobre el que se asentaron los pueblos indígenas del Alto Duero, los arévacos y pelendones, recurriendo para ello a la información que suministraron los autores grecolatinos y a las aportaciones d e la arqi~enlogía Corno tendremos ncasión de
mostrar, la documentación literaria no es, tal y como tradicionalmente se ha analiza- do, unñ fuente precis. para estah!ecer !os posibles límites fronterizos entre los pue- blos indígenas a la llegada d e los ejércitos
remuíies. Y!!e se debe, principa!ri?eritc, r. dos causas: por iin lado, al desconocimiento d e los antiguos geógrafos sobre las posibles í?ifcrcr.Sn-, cd?türn!cs de ünu ü vtro pücF!o
v,
por otro, al hecho de que los historiado- res se ocuparan esencialmente d e la narra-- : A - J.. ! - -
----
L . . - : - : - - L - - L z l : - - - --!- C l V l l U C I V J L L C V I I L C C I I I L I C I L I V J V C I I C V J , L C l C - gando a u n plano secundario la descripción d e l marco geográfico d e estos acoiiteci- mientos y las diferencias culturales de los pueblos indígenas sometidosz.Antes d e adentrarnos en el tema objeto d e este artículo. conviene que aclaremos algunos aspectos de especial importancia. En primer lugar, no debemos obviar las dificultades que presenta cud1quit.r irileiito por fijar el "territorio" d e los pueblos indí- genas d e la Hispania antigua, aunque resul- ta muy común leer en la bibliografía exis- tente s o b r e este particular expresiones como "límites" y "fronteras" refiriéndose a u n piieblo determinado. Debemos tener muy presente que, para empezar, descono- cemos los criterios que siguieron los geó- grafos e historiadores antiguos para ubicar a las distintas etnias sobre u n territorio con- creto, por no hablar aquí d e algunas "equi- vocaciones" en las noticias de algunos auto- res que han podido ser detectadas. Así, por citar u n ejemplo directamente relacionado con los ccltíberos, vemos que Estrabón sitúa la c i u d a d d e Scgcda e n t r e los a r f v a c o s (3,4,13) cuando sabemos por otros autores que era una ciudad d e los bclos. Qué duda cabe que esta "equivocación" del geógrafo
d e Amasía, fruto quizá de las buenas rela- ciones entre segedenses y numantinos que t l conociera a través d e o t r v s a u t o r e s , nunca podría haber sido "corregida" si no hubiéramos contado con las referencias de Apiano (hisp. 441, Diodoro Sículo (31,391 y Floro (1,34,3) sobre el episodio de Segeda
de! 1 % a C
'
Si aceptamos que el concepto d e "fronte- ra", como límite entre dos unidades políti- cas, tan s6!o p e d C ser sUste~t2de nnr r-- onti-
---
dades políticas d e naturalen estatal, parece factible hablar de fronteras políticas entre
les, cc!k,%crGq 7 7 3 J " - 3 ' 3 y--,
.'
7 ,U..ó-.. &,"*Q.. nn.. Y"' la iFsfcr.mación que nos suministran las fuentes lite- r a r i a s y p o r la evidencia d e emisiones
,,,,b,l," 2, ,1,..,,, ,,,,"-1 ,o,,, ,4-1,,,4,
. L L L J , . C L ' . . L J L.< U ' b L " " ' " CL\"-', "L I 1 L ' l l L l . l " L . 1 C . I
el siglo 11 a. C., aparecen constituídos en u n a organización u r b a n a o poliada ( G . r- n -r i r 1 0 0 1 . ? T L r ) ? 7 .
n I ~ V I . L I U - L I I , F. BU!<LLLG
1986:545). En nuestro país hasta hace bien
poco ha sido frecuente establecer la delimi- tación de estos "lerritorios" tomando como base u n mapa cartográfico y siguiendo los accidentes orográficos o hidrográficos (autthticos "límites naturales") que luegu se proyectan a la esfera administrativa, esta- bleciéndose así los "límites políticos" entre d i s t i ~ i t o s p u e b l u s (P. V. CASTRO, F.
G O N Z Á L E Z 1989:lO-13). En e l e s t a d o
actual d e la investigación no parece legítimo coritinudr trdbajdndv en esta líriea que, pese a ser relativamente cómoda para el investi- gador, no contribuye en absoluto al debate científico. Continuar aceptando como váli- dos los mapas y límites fronterizos entre los pueblos celtibéricos y sus vecinos inmedia- tos que trazaran Schulten, Rosch Gimpera o Taracena supone afirmar que la investiga- ción ha avanzado muy poco en los últirnos sesenta anos. Y resulta evidente que la reali- dad es bien distinta. (Mapa 1)
nuestro estudio por el norte y sur, respecti- vamente. En muchas ocasiones, ia imposibi- lidad d e establecer una concurrencia preci- sa d e a s p e c t o s d i v e r s o s tales c o m o etnicidad, costumbres, cultura y lengua en un "territorio" fijo y estable (G. PERFlRA 1992:35), arranca d e problemas previos comr) ia dificii deterrninacicin dei contenido d e términos como cthnos, gens, tribu o popu-
l i t s empleados por los autores antiguos, por
lo q u e resulta necesario, al menos para poder determinar el territorio de los aréva- cos y pelendones, establecer qué eiitende- mos por "etnias" o "pueblos indígenas" aunque, como el lector habrá podido obser- var en este trabajo, somos reacios a utilizar indiscriniiriadaniente estos términos y pre- ferimos servirnos d e otros más abstractos, aunque a nuestro juicio menos problemáti- cos, como el de "comunidades indígenas".
2.- El arca de expansión de los arévacos y pelendones.
Tomando como fuentes principales la infor- mación suministrada por los autores greco- latinos, los restos arqueológicos, la lingüís- tica (inscripciones celtibéricas), la onomástica indígena (antropónimos y uni- dades organizativas indígenas) y la niimis- mática (emisiones de las cecas celtibéricas), es posible reconstruir el territorio d e los arévacos y pelendones, tradicionalmcntc englohados bajo el término de relfi'bevos inlte- r i o m o celtíberos orientales. Conviene des- tacar que, en el estado actual da la invrsti- gación, el establecimiento d e los límites territoriales de la Celtiberia plantea varios problemas derivados de la heterogeneidad d e la información q u e s u m i n i s t r a n las diversas fuentes (literarias, epigráficas, lin- g ü í s t i c a ~ , arqueológicas, etc)'. Establecer unos límites fronterizos para el pueblo arríi- vaco tomando como base las fuentes litera- rias (Estrabhn, Plinio y Ptolomeo, entre otros) entraña unos riesgos derivados d e la siguiente evidencia: las noticias que sumi- nistran las fuentes literarias pertenecen a marcos cronológicos diferentes por lo que,
en determinados casos concretos, rcsulta aventurado intentar reconstruir ri ,'territo- rio arévaco" siguiendo únicamcntc este tipo d e informaciones. A ello habría que añadir las limitaciones intrínsecas d e las propias fuentes (lejanía temporal con respecto a los hechos que narran, inte~pretatio, prejuicios ideológicos, etc.) que obligan a tomar con suma precaución la información que sumi- nistran. Ante este panorama no es d e extra- fiar que la interpretación d e un determina- d o fragmento d e la obra d e Estrabón, en coricretu el tan traído y llevado parágrafo
III,4,19, haya generado tanta controversia y,
al rnisnio tiempo, tantas opiniones iriteresa- das en incluir a los vacccos, a los bcrones, a los pelendones o, por último, a los "celtíbe- ros propiamcntc dichos" bajo esa supuesta quinta parte de los celtíberos'. Por último conviene recordar que debemos evitar el el anacronismo, por desgracia muy frecuente en otros trabajos de investigación, que con- siste en retrotraer la información que sumi- nistran las fuentes literarias, en su mayoría datadas en los primeros siglos d e nuestra era, sobre el "territorio" de los pelendones y d e los arévacos a u n marco cronológico cuatro o cinco siglos anterior.
opinión, cualquier intento por establecer
una sccucncia diacrónica del poblamiento
celtibérico en el área objeto de nuestra aten- ción pasa por el necesario incremento de las prospecciones arqueológicas extensivas en
aquellas zonas e n las q u c carecemos d c
información alguna. Hasta que estos traba- jos no se lleven cabo, consideramos q u e resulta poco viable cualquier intento por ordenar el poblamiento del "territorio arC- vaco" en época prcrromann.
Los estudios numismáticos tambicn han contribuido a la delimitación de las distin- tas "áreas étnicas" de la Península Ibérica
(J. UNTERMANN 1975) y en el tema con-
creto que nos ocupa, lia contribuído eficaz-
ii-lei-lte a :oca:ización nprvni,Tadñ de
determinadas cecas q u e acuñan moneda indígena en la Celtiberia". Así, la numismá- tica ha perinitido d e l i m i t a r el á r e a d e expansión arévaca respecto de sus vecinos occidentales, los vacceos, que algunos auto- res han considerado como el quinto pueblo celtibérico d e Estrabón ( R . M A R T I N
VALLS, A. ESPARZA 1992:270), opinión esla que rio cuiiiparliiiios. Sobre este parti-
cular se ha ocupado recientemente M"'.
García-Rellido, qiiien ha considerado que
las diferericids existentes entre vacceus y
celtíberos ante el fenónienu d e la amvrieda-
ción expresan claran~ente quc se trata d e
dus puebius cuii sisieind suciu-e~ui-i6ii-1icvs,
y posiblemente también políticos, diferen-
tes (M". GARCÍA-BELLIDO, En prensa).
i d cuiiiribuciÚii dc ius csiudiüs sübi-r
onomástica indígena ha sido también fun- damental para poder establecer la existen- cia d e unos líiniles claius de la Celtibrrid sirviéndonos únicamente d e la concentra-
ción y dispersión d e los antrophnimos y de
ios nombrcs d e uniciadcs urgiirii~aiivds
indígenas dentro de la extensa zona geográ-
fica en la que las fuentes literarias sitúan a los celtfberos. Los trabajos d e M . L . Albertos en este campo han aportado a los especialistas una ayuda inestimable para poder establecer los límites d e la Celtiberia tomando como base el testimonio antropo-
nímico (M. L. ALBERTO5 1979). Reciente-
mente ha visto la luz una actualización d e
los trabajos de Albertos sobre la onomástica
indígena cn Celtibcria y una comparación
entre la antroponimia celtibérica y gala (E.
R. L U J Á N 1996).
2.1.- E l área de expansión de los pelendo-
nes: núcleos de población.
Tan sólo tres ciudades menciona Ptolomco, e n el s i g l o 11, e n t r e los p e l e n d o n e s :
Ulsonflon, Augustobrzgn y Salrin (PTOL. geog.
2,6,53). A esta exigua relación a l g u n o s
autorcs suclcn añadir Ntiinaiztia, mcncionn-
da por el propio Ptolomeo entre los aréva-
cos, al seguir la noticia transmitida por
DI:-:,. f . " " ,
i i i i i v ,,irti. J,4,2G). ? v i !as razones ijüc y n
han sido expuestas en otro lugar (cfr. s2)
nosotros hemos incluído Nuninntin entre las
ciudades aréracas, aunque no dejamos d e
a n o t a r a q u í la noticia t r a n s m i t i d a p o r Plinio.
Auprstobrign ?. Debido a la presencia d e
evidencias arqueológicas de época romana -restos de viviendas con pavimentos musi- vos, cerámicas, monedas, iiiolinos circula- res, etc.- e indígenas -materiales cerárnicos
y numismáticos, fundamentalmente- parece
lógica la identificación d e la a n t i g u a Auguslóbriga con la actual población d e Muro de Ágreda, en la provincia d e Soria
/ A 7 - r ~ A n ? n o n r r l n . 1~ r A T n v n r ~ ~ r \n. 1 W V i-il\ 1 7 0 7 . J U 7 , I V l . L . L X L U G L \ l U J
i990:133, nQ13; V V . A A . 1993:58). Sin
embargo, corivierie advertir que se desco-
i.lüce id enisiri.icia d e i.esios ai.yueo:"gicüs
en esta zona adscribibles a la llamada "cul- tura castreña soriana", por lo que cualquier intento por identificar lus restos arqueulúgi- cos de Muro de Ágreda con los pelcndones
carece de sentido, al menos si se sigue man- -
ieriieiidu cuiiiu vdiidd id icieriiiiicdciúrl pru-
puesta por Taracena entre "cultiira castreña
soriana" y pueblo pclendón. De la misma
opinión es A. Ocejo quien, apoyándose en
los datos suministrados por Ptolomeo y en
70 Manuel E . Kanlírez Sánchez
d e los pelendones en el NE de la provincia d e Soria (A. OCEJO 1995:482-486).
Salria8. Basándose e n criterios mera-
mente fonéticos s e ha intentado identifi- car esta población mencionada por Ptolo- meo con la Soria actual (A. SCHULTEN 1914:128; B. TARACENA 1954:202; A. TOVAR 1989.346). ~ 1 i n q i . i ~ la arqii~olngíñ no ha podido aportar ni una sola prueba que apoye esta hipótesis. En la actualidad, los investigadores qlie re ha: o c l ~ p a d o de! tema aún continúan identificando a Sauia con Soria sin aportar datos que lo confir-
F.en (F. J . L(Zh/i.r\S !9KK:KK), y ~ n n i i o n t r n c
7"'
---
a u t o r e s h a n e x p u e s t o s u s reservas ( M . SALINAS 1991:214; J. SANTOS 1991:128,L.
HEXNAP\TEYZ
?992:28). Entrn ! c s m i s entusiastas partidarios d e esta identifica- ción se encuentra Tovar quien, basándose,,,A+,&,, ,,c,;,&,,,,&, $,,A+;,,, ,,,.l
C E E C I I L L L I \ I < 7 C . 7 L 1 I C L U L I I L . I L L C I I I I . C L L C ~ I . 7 , I I U C k
derivar el actual nombre d e Soria d e la Sauia d e Ptolonieo (A. TOVAR 1989346).
En el índice topográfico d e la Hoja K-30 d e la Tnblrln Irnpevii Romani se ha preferido denominar a Sauia como /ormrrr i g n o t u m ( V V . AA. lC)93:205). E n nuestra opinión, y
a la espera d e q u e la arqueología aporte nueva luz sobre esta cuestión, considera- mos que esta opinión es la más correcta. No obstante, recientemente se ha plantea- d o que la Sairin mencionada por Ptolomeo
pudo estar localixada rn el yaciniiento d r
Ntra. Sra. d e la Vega, en la localidad bur- galesa d e Huerta d e Abajo ( A . OCEJO
1995:443, 11.55).
Visontiunzq. Fue J. Loperráez quien rela-
cionó por vez primera la ciudad menciona- da por Ptolomeo con la localidad soriana de
Vinuesa, l l e g a n d o iiicluso a s e n a l a r la ausencia d e restos arqueológicos en las inmediaciones q ~ i e pudieran ponerse en relación con la Visontium de los pelendo- n e s ( J . LOPERRÁEZ 1788:28-29). T a n t o Cchulten como Boscli Gimpera corrobora- r o n la localización d e V i s o n t i u m e n Vinuesa a p o y 6 n d o s e ú n i c a m c n t c e n la fonética y e n la noticia d e Plinio ( n n t . 4,34,112) d e q u e el Duero nace entre los
pelendones (A. SCHULTEN 1914:128; P. BOSCH GIMPERA 1932:556). opinión com- partida por Taracena, quien advertía que esta localización es válida "sólo como hipó- tesis d e trabalo piiw los halla7gns arqii~oló- gicos d e a q u e l l a s a l t u r a s n o p a s a n d e pobres restos del pastoreo celtibérico" (B.
TML4CEN.A 1933,394! Pese a aceptar la
relación Visontium-Vinuesa, Tovar advierte que de ser cierta la teoría d e R. Menéndez
I'idal cnhro origen Q ~ C I de! nombre d e
- -
- -
-- - - -
esta ciudad "habría que buscar otro lugar para Visontium" (A. TOVAR 1989:355). En
I D ? i r C i i ~ l i r l ? r l !y p e ~ t ~ r a UR&r.ime o ~ t ~ s ley
--
-L...-.L---especialistas parece aceptar, aunque con a l g u n a s reservas, la localización d e V i s ~ ~ t i u m e:: !a p ~ b ! a c i h ~ i u r i a - u de Vinuesa (F. J. LOMAS 1988:88; M. SALI-
NAS 1991:214; L. H E R N Á N D E Z 199328;
\,IXvI. ,A,$, l O O ' i . 9 A Q \
-..-,-..,.
..-A,..L,.-,.-&,.1 . 1 % 1 . 1 7 L > , , ' 1 L I I I y U C I C C I C I I L C I I I C I I I C
se ha propuesto localiiar esta ciudad pelen- d o n a e n el i n t e r i o r d e la p r o v i n c i a d e Burgos, concretamente a orillas del río A r l a n z ó n , e n Villavieja d e M u ñ ó ( A .
CICEJO 1995:493, n.55).
2.2.- El área de expansión de los arévacos:
núcleos de población.
Las ciudades que l'tolomeo menciona, en el siglo 11, entre los arévacos son las siguien- tes: C o n f l o e n t a , C l ~ i n i a , T P Y H I P S , Llxa1~ln
A r g a i l a , S r g o r t i n L n r i k a , L I P I I I c R , Y ' i i r r í s ,
Nilmnntia, S ~ g o u i a y Noua Augilstn (L'TOL.
grog. 2,6,55). La información que transmite Pliniu u n siglo anles no es tan coiiipleid como la suministrada por Ptolomeo, ya que menciona tan sólo seis oppida: Secoiitin, U x a m a , Segouin, Nova A u g i ~ s t a , T e r m e s y
Clirriin ( P L I N . n n t . 3,4,27). Otras fuentes, fundamentalmente los historiadores que se ocupan de las guerras celtibéricas (154-133
Los núcleos de población de las comunidades indígenas del Alto Duero ... 71 gua celtibérica durante los siglos 11 y 1 a. C.
(como por ejemplo, la d e Sekobiiikes), que los n u m í s m a t a s h a n s i t u a d o d e n t r o d e l territorio tradicionalmente considerado como arévacol". Al final d e este artículo aparecen recogidos en u n cuadro todos los núcleos d e población "arévacos" menciona- dos en las fuentes literarias y los respecti- vos autores aparecen ordenados cronológi- c a m e n t e , d e tal f o r m a q u e u n s i m p l e vistazo al mismo permite establecer qué ciudades s o n mejor conocidas y e n q u é época concreta (Figura 1).
Hemos omitido incluir entre las ciiida- des arévacas varias ciudades que las fuen- tes adscriben a este pueblo pero que sabe- m o s , g r a c i a s a l a s m e n c i o n e s de o t r o s autores, que pertenecieron a pueblos veci- nos. Tal es el caso, por ejemplo, d e las ciu- dades d e Srgeda y Pallantia que Estrabón (3,4,13) equivocadamente adjudica a los arévacos, cuarido en realidad fueron ciuda- des de !m belcx y i 2 c c e ~ c , rcupcctivamen:e.
Tampoco l-ieriios incluído entre las ciudades arévacas la población d e Tuttia o Tutia mencionada en algunos manuscritos d e Floro (epit. 2,10,9) q u e los editores h a n corregido por Clunia, y que algunos auto- r e s c o m o h l ü l l e r h a n c o n s i c l e r d d u u n a corrupción d e Tucrís, cuya meiiciúii ha sido obviada en repertorios toponímicos recien- tcc, (VI. AA. 1393), pese a ser iriciuícia en otros anteriores (A. TOVAR 1989:228, C-128 bis) (Mapa 2).
Belgeda". Ciudad celtibérica que tradi- cionalmente se ha puesto en relación con Segeda, basándose en la similitud d e ambos
. . . 1 . / n r r r 77.- r--
ii"lnvie3 (c. n Ü ~ ~ \ i c l i X E i i i : Z Ü i i . Se ha
propuesto su identificación con la ceca cel- tibérica belikiom, que acuña plata y bronce
con signario ibérico a partir d e fines del siglo 11 a. C. (A. VIVES 1926: Iám. 44, ceca 49; J. UNTEKMANN 1975: A.47), con toda
probabilidad identificada con el yacimiento d e l P i q u e t e d e la A t a l a y a , e n A z u a r a , Zaragoza (F. BURILLO 1979). Descartada la identiticación con Segeda, cuya localización en el Poyo d e Mara y Durón de Belmonte
(Zaragoza) parece segura (F. BURILLO, M. OSTALE 1983-84; F. BURILLO 1986:540- 543), únicamente cabe calificar la Belgeda d e las fuentes como una ciudad d e localiza- ción incierta que, al menos como hipótesis d e trabajo, pudiera considerarse que estuvo emplazada en el alto Jalón, lo q u e vendría a suponer que era una ciiidad d e las belos. En cualquier caso, la ausencia d e d a t o s seguros no permite ninguna afirmación al respecto.
Colendan. Desde el siglo XVII se viene
identificando esta ciudad mencionada por A n i a n o e n !2 leculidai', s c g o v i a n t i de &éllar (D. DE COLMENARES 1637:4) tra- dición que continuaron otros eruditos d e siglos posteriores (C. DE SOMORROSTRO
1861:XXIX), siempre localizándola entre las ciudades vacceas del sur del Duero. Única- mente Ceán Bermúdez, al esgrimir razones - d e c a r á c t e r fonético, l l e g ó a s i t ú a r d
Colenda e n Calanda, villa del partido d e A1calii.z (Tei ueij, iucaiización ésta totaimen- te injustificada (J. A. CEAN BERMUDEZ 1832:139). Ya en el presente siglo Bosch Giiiipera y Taracena sitúan la ciudad d e Colenda dentro de los límites territoriales d e los arévacos aunque sin localizarla en un l u g a r p r e c i s o (P. IJOSCH GIMPERA 1932:555; B. TARACbNA 1954:199-200). Por esas feclias A. Molinero excava la necrópo-
r--
---
MAPA
2.
NUCJ3.OS
DE
I'OBLACION
W
EL
CURSO
ALTO
DEL
DUERO
MENCIONAWS
EN
LAS
Fm
LITERARIAS.
hecho de que mientras para unos se trata de luna "cii'?dad celtihbrica" rin mác (VV. AA.. 1993: IOO), otros la definen como "ciudad arévaca" d e localización incierta ( F . J .
LOMAS 1Y88:XX: AA. SAL!.k!A$ 1991:310!.
D e s d e u n a perspectiva arqueológica J. Barrio ha aportado nuevos elementos a la &ccc?cihn rra J" niio, 7"- tras con.firF.2r existen-
cia d e u n poblado celtibérico en el mismo núcleo urbano d e la actual Cuéllar conside- ra -up 1 &kc Ycbn cunsidcraruc Un mc!nvc vacceo, rechazando así la ubicación d e la Colenda d e Apiano en esta localidad sego-
v i n n n (J. BARRIC! ?388:28!.
Confloenta
'. Por el nombre d e esta ciu-
d a d tradicionalmente s e ha creído q u e-1-L:- ^.L^.. l - - - . l - .l....
UCIJIU = > L a 1 t l l l l y l d & a u a C I L L I C u v a 11ua
(HUBNER RE III:873), y algunos han creído que el Duero es uno de ellos (A. SCHUL- T V X , ,nq 4 - m * r, m , r , A nPXT A q n r " " " F
1 E l \ L 7 l ' f . l J l , U. 1 k i l \ k i L E I U f i 1 7 J ' k . L + / ,
n.131, aunque otros autores han propuesto el A r l a n z a y A r l a n z ó n (C. M U L L E R 1883:173 a). Frente a la tradicional interpre- tación que veía en el nombre d e esta ciudad una referencia a la confluencia de dos ríos, Scntenacli defendió que Confloenta debía significar "replegada" (N. SENTEKACH 1914:ll). Ya e11 el siglo XVIII LopcrrAcz, al ocuparse de las ciudades arévacas mcncio- nadas por Ptolomeo, puso d e manifiesto que sobre esta Confloenta "en el día no se descubre señal alguna, aunque se dcbc dar c o n f i n a n t e con los vacccos" ( J . LOPERRÁEZ 1788:262). La hipótesis d c Müller, quien propuso su localización en la confluencia del Arlanza y el Arlanzón (C. MULLER 1883:173 a), está totalmente des- cartada debido a su ubicación demasiado occidental. En la actualidad la opinión más extendida, que nosotros compartimos, sitúa esta ciudad entre los arévacos aunque sin proponer u n emplazamiento concreto (U. ESPINOSA 1984314; F. J. LOMAS 198837; M. SALINAS 1991:214; VV. AA. 1993:lOl).
C o n t v e b i a L e u c a d e i 4 . Se conocen tres
ciudades entre los celtíberos que tuvieron el nombre d e Contrebia, diferenciadas por sus rcspcctivos cognornim: Cavbica, Lcucade y
Belaiscn, sobre cuya localización se ha publi-
cad^ 1.m ~ f u d i n a! que remitimnc (F. RURT-
TLO 1986:534 SS, 546, fig.1). La que aquí nos
ocupa, C o n f r c b ~ n Lrucndc, es d e todas ellas la q'le aparece mejor dociimentarla e n !as
fuentes literarias, seguramente debido a las dificultades que debió afrontar Q. Caecilius Meto!!m, ros. 142 2. C., p2r2 ! q p r su m m o -
timiento. Los trabajos d e excavación efec- tuados por Taracena durante los años 1934
y Tu35 cfi p! y a c i m i c f i t ~ sit::aC?~ prLtrc ~nestrillas y
vera
del Río Alhama, en la margen iziuierda del mencionado río, die- ..------
..,."..l&..A,. 1 - 1--..1:---:,<- A -..-
J C I L C C V L L ~ V L ~ J C ~ ~ C C ~ C ~ U I C I ~ V C c u ~ L i a C ~ u ~ L uc u 1 1 poblado celtibérico con ocupación romana d e 12 Ha d e superficie, provisto de u n siste-
bien careada y fosos excavados en roca
y
con viviendas rupestres d e una sola planta
(E. TARACENA 1934.244j. L a oyiriií~ri un&-
nimente aceptada parece identificar el yaci- m i e n t o d e Inestrillas con la C o n t v e b i ~ i L c u c n d e d e l a s f u e n t e s ( M . S A L I N A S
1991:214, VV. AA. 1993:103-104), aunque algunos autores se muestran aún algo inse- guros a! respecto (F. J. LOMAS 1986:88).
Cluilia". El nombrc d e Clunia está ates-
tiguado en las emisiones d e moneda con letrero indigeiia acunadas desde el 72 a. C.
y cn las cmisiones con le) enda latina desde mcdiados del siglo 1 a. C. (koloz~i~iokii
/
cloii- riioq). La identificacion d e la ciudad romana con C o r u ñ a d e l C o n d e h a s i d o la m á s cxtcndida aunque no es correcta, ya que el v e r d a d e r o emplazamiento d e la Clunia romana está en el Alto del Castro d e la veci- n a población d e Pcñalba d e C a s t r o (Burgos), a u n q u e conviene seiialar que, como ya expuso en los años setenta Pedro d e Palol, la Clunia arévaca seguramente está localizada en la margen izquierda del Arandilla, frente a la misma ciudad roma- na, en el l u g a r conocido como Alto del Cucriio, donde se han encontrado algunas e s t r u c t u r a s habitacionales, molinos d e mano y cerámica celtibérica (P. PALOL ctaíii 1991:234; J . D. SACRISTÁN 1994:141-
74 Mnizuei E. Ramírez Sánchez
en este yacimiento celtibérico n o aporte resultados satisfactorios convendrá seguir dceptdrido la identificación Clunia-Peñalba d e Castro, aún cuando todos los datos con- f i r m e n la e v i d e n c i a d e q u e la Clulzia Celtiberiae finis mencionada por Plinio n o estuvo emplazada en el Alto del Castro.
l.qtzi'h. F1 n n m h r ~ d e esta riiidad SP ha
intentado identificar, por simple homoni- mia, con el apelativo d e la E~yopría ATyitn
[PTOL. g ~ q . 2,6,55! tradiciona!mente !oca!i-
zada en Langa d e Duero (Soria) y con la localidad soriana d e Layna, situada m u y cercr de Medimce!i (A. EfC?!?S ?95?:57?). Tovar advierte que la identificación de esta Lagni con la ceca que acuria bronces con
. .
r.igEur;v :heriC3 (!Mkinc) dcsdc --;-,,+--
Y"""'"
mitad del siglo 1 a. C. no parece segura, ya q u e "los hallazgos d e monedas sitúan a
Lngni en k r r i t o r i u c e r c a n o ii Léridz" ( A .
TOVAK 1989:461). Frente a esta opinión, en la actualidad parece segura la localización d e esta ceca en el valle medio del Ebro (J. UNTERMANN 1975:210-211, A.22; F. BURILLO 1995:168)
y
recientemente se ha vuellu a pruyorier su posible relación con la Lagni d e las fuentes literarias (VV. AA. 1993:137-138).Ltiliu". Se lia que[-ido idenliIicar-, yor- simple semejanza fonética, con las localida- des sorianas d e Cantalucía y Lubia, aunque la arqueulugía riv ha yudidu cvr-rvborar esle dato. Tradicionalmente se ha situado en C a n t a l u c í a (A. SCHULTEN 1914:134 ;
TDEM R E XV:784; IDEM 1937:80), pero no
hay constancia d e la existencia d e algún poblado d e época celtibérica en la zona (B. TARACENA 1941:49). La localización en Lubia presenta los mismos inconvenientes (N. SENTENACH 1914:11). Algunos auto- res defienden la localización d e la Lutia mencionada por las fuentes en la localidad d e Luzaga (Guadalajara), basándose en la homonimia y en la presencia de u n posible adjetivo derivado d e Lutia (liitiakci) en el bronce de Luzaga (A. TOVAR 1989:404), o en la existencia~de u n poblado celtibérico d e g r a n s u p e r f i c i e e n e l cerro d e "El
Castejón" d e L u z a g a ( J . SÁNCHEZ- LAFUENTE 1995). Otros investigadores. basándose en la semejanza foiGtica, han propuesto la localización de Lutia en Luzón (Guadalajara),. al NE d e Luzaya
(T.
UNTER- MANN 1964:116). No obstante, la informa- ción que en el siglo 11 proporciona Apiano s n h r ~ la dictanria ~ I I P s~pílrñha 7 i h n d~ la Nutnantla de Retógenes, ha llevado a varios investigadores a considerar la posibilidadcabecera del río Cidacos, donde se conser- van los restos d e u n un importante poblado en bri!!ur de! R í e (M. P. !'ASCUAL, R.
c.
PASCUAL 1984:117). A n t e t o d a s e s t a s opciones posibles, consideramos seguro A , . - -,.nA- Y"'"' ..r.l-~;,.--,..-r. 1 - 1 ..+;o A- Av.;-mr.
" L ' " " " ' " ' "
' " A """U U' ' 'Y"""'
(hiqp. 94) con la ceca que acuna bronces con s i g n a r i o ibérico Irrtinko4 ( A . V I V E S
~ ~ > T L . I : - K L
----
L C . I ~ r hr r C r ~ n , í ~ h r h ~I ~ L U . I ~ I I L . J U , c r c n u ~ i , J . u l u L i . ~ \ i v ~ n ~ u . u
1975:298-299, A.76), cuya Localización geo- gráfica es desconocida (VV. AA. 1993:144- 145), y con la palabra lutinkei expresada en el bronce de Luzaga. Pese a todo, en el esta- - d o actual d e la investigación, no creemos ~uriveiiit.nle lvcali~drla en uii puiitu geugr d- fico d e t e r m i n a d o , y a sea e n Soria, Guadalajara o Logrono'"
Muliu". Nus ericuiitraiiius ante uri casv semejante al d e la ciudad d e Lutia (cfr. szqm). La única mención que poseemos d e esta ~ i u d d l t arevaid Id ~ ~ ~ J ~ I I I U S dl liisturid-
1 oq niíclros d~ pnhlación d r las comuiiidades indígenas del Alto Iliiero 75 mayor parte d e los autores incluyen a Malia
entre las c i i i d a d ~ arPvacas, a i i n q i i ~ d ~ s t a - cando s u localizacián desconocida (F. J.
LOMAS 1988:88; VV. AA. 1993:346).
N n u n A w g > i t n L ' . F! n o m h r ~ d e N n u n Augustn evoca a la fundación d e la ciudad en época augústea, posiblemente con el r-.ngo de ~nmlinidrrrl yeregrina, ai'!nniip 1--
cabría la posibilidad d e que se tratara d e una fundación ex nozro creada con el fin d e eqtu~!ccer ~n centre .?~mii.ictrutii~ r l n n l í k i -
J i.'A-u
co en una zona poco romanizada caracteri- zada por un hábitat disperso (H. GIMENO,
M. M,\YLI? ?093:3?8-JIo). Ccr.tcr,ach !vc,>li za esta ciudad en Monteagudo (Soria), sin aportar mayores datos (N. SENTENACH
in? ~ . n \ n-.. ---L.. RA::IL.. L A -
~ 7 ~ t . 7 , . I VI J U yai r c ~ v ~ u i i c i , rviiiniiuv cviitv
base a Ptolomeo (2,6,55) propone s u identi- ficación con Augusfobrign y considera que s u ve¡-dddeiü i i ü ~ i i b i ~ e debió se¡- ?v'üiii?
A u g z i s t o b r i ~ n p a r a d i f e r e n c i a r s e d e la Augusfobriga d e los vettones (C. MULLER 1883:174). S c h u l t e n , Bosch Girripera y Taraceiia t a m b i é n la i d e n t i f i c a n c o n Augusfobriga (A. SCHULTEN 1914:134; B. TARACENA 1941 b : l l 8 - 1 1 9 ; I D E M
1954:199). En cambio, Tovar propone locali- zarla entre Segouin, Nurnnlzcia y T u r n e s (A. TOVAR 1989:360). Actualmente la mayor parte d e los autores, siguiendo a Müller, sugieren la localización de esta ciudad en Muro d e Agreda (F. J. LOMAS 1988237; M.
SALINAS 1991:214).
Recicntemcnte se han esgrimido nuevas hipotesis que pretenden dar con la verda- dera localización d e N o u n A ~ t p s t n . Así, mientras Knapp ha planteado la posibili- dad d e que estuviera localizada en Duraton (Segovia), b a s á n d o s e e n la hipótetica reconstrucción d e u11 itinerario que, a su juicio, subyacería bajo el texto ptolemaico (R. C. KNAPP 1992:264), Gimeno y Mayer se oponen a esta identificación y, en cam- bio, p r o p o n e n la localizaci6n d e Nova Augusta en la localidad burgalesa de Lara de los Infantes (H. CIMENO, M. MAYCR 1993). La propuesta d c estos autorcs se apoya en la abundante documentación epi-
gráfica d e la región y en la posible relación familiar d~ i i n individiin d r la 7ona
(1.
A . ABÁSOLO 1984199; AE 1984, 568) con el C ( a i u s ) A n t o t z i u s A q u i l u s N o u a u g u s t a n t 4 s mmrinnadn en i i n a t n h u l n d~ Castrnman Creemos q u e esta reciente propuesta d e Gimeno y Mayer es interesante en la medi-da en qiue intrnduce una ni'ierra perqwctiva
en el estudio del poblamiento en época romana d e la zona de Lara de los Infantes,
cpe d p n c s 2 ~ t o r o c tri.dici~nu!mente h 2 n
considerado bajo la influencia d e grupos de
criticadas.
cerro d e La Muela d e Garray es establecida
3 .. . , 1 -. -1.1.. \,r TT - - " 7 , r T r T.. . - - - - .-L.
UUIdlLLe 1UJ J l ~ l U b A V1 y A V 11. U l l d V C L e5Ld-
blecida la localización de Numancia desde época tan temprana, las únicas discusiones
que han vcupadv la iiteiicióri de los especia- listas se han centrado en asuntos como la extensión d e la ciudad, la existcncia d e defensas artificiales y la localización d e la necrópolis ccltibérica (A. JIMENO 1994). La fecha de fundación d e la ciudad cs contro- vertida, ya que Schultcn la situó en torno al . -
300 a. C. y esta opinión h a continuado sien- d o mantenido por algunos autores hasta nucstros dias (M. S A L I N A S 1986:84.65), aunque Taracena propuso rebajarla debido a que "la carencia de ciertos tipos d e armas obliga a suponer algo más moderna, en los comienzos del siglo 111" (B. TARACENA 1934:234). Esta última fecha parece ser la que goza d e mayor aceptación en la actuali- dad, por lo que podría situarse la fundación d e la Numancia arfvaca "en la primera mitad del siglo 11, y quizás en el primer ter- cio d e este siglo o como mucho al final del 111 a. C." (A. JIMENO 1994121; A. JIMENO, M. ARLECUI 1995:122).
Segortia Lnncai2. Loperráez menciona
76 Mnnirel E . Rnmírez Shnchez
1788:264). S e n t e n a c h considera q u e l a
Segm-tia l a m a de l a r fiwnter dehe i d ~ n t i f i -
carse con la Sigiienza actual (N. SENTE- NACH 1914:12), aunque al ocuparse d e la S n v p x t i n r;lici t r a n c m i t e Estrabón (3,4,?2)
s e n a l a q u e p o d r í a localizarse e n S a n E s t e b a n d e G o r m a z ( N . SENTENACH
!9??:9). E! Inistorizdor o!crnAE A. C z h d t c n
e n u n p r i m e r m o m e n t o identifica a Segontia Lanca con la ceca que emite monc-
A - -
---
-1 1 - L L - l . - * : - - l - l - - . . -.-e -:.- usa cvii ci i c r i c i u a L - n < / u u J r u n u a auiiyur ui11localizarla en u n lugar preciso (A. SCHUL- TEN 1914:134), pero posteriormente relacio-
iia :d J ' e ~ ~ ~ ~ r r í i ü de Esiiabúii cuii id Sqiiriiu
Lancn d e Ptolomeo, insinuando que "acaso Sergtiiztiu cs Scpiztia Lanca, hoy Langa d e
-
uucro" (A. SSH'Li'LTEN 1932247). Farcce seguro que Segontia Langa estuvo situada s o b r e el e l e v a d o c e r r o c o n o c i d o c o m o Cuesta dei ivíoro, ai sur de ia viiia soriana de Langa d e Duero (F. J. LOMAS 1988:87; M. SALINAS 1991:214). Igualmente se suele identificar con la ceca indígena d e localiza- ción iri-iprecisa que acufia monedas de plata y bronce en época anterior a las guerrds de Sertorio, con el letrero i r k o l i r c ~ l a k u ~ (F. DURILLO 1995:166, Fit; 3).
Segontia2'. El topónirno Segoritin es inuy
frecuente en la Península Ibérica y desde el punto de vista meramente fonético, la ideii- tificación Segontia>Sigüenza parece segura, pero que esta Segorlliu sea la que las fuentes adjudican a los arévacos es discutible (J.
GÓMEZ-PANTOJA 1992:ll8-l22). L o p e rráez, basándose en la semejanza fonética, sitúa la Segorztia de los arévacos en la actual Sigüenza (Guadalajara), siguiendv lu que ya era una opinión extendida entre los eru- ditos de la época (J. LOPERRAEZ 1788:21). Esta opinión será la que prevalezca prácti- c a m e n t e h a s t a n u e s t r o s díds, l l e g a n d o incluso a proponerse la identificación d e esta Segnnfin (Sigüenza) con la ceca q u e emite moneda indígena con el letrero Seko- tias (J. UNTERMANN 1975:299-300, A77).
En la actualidad algunos autores localizan la Segontia mencionada por las fuentes c o m o p e r t e n e c i e n t e a l o s a r é v a c o s e n
Sigiienza (F. J. LOMAS 198897; A. TOVAR
! 98Q:?A5; M. S.A.LTP\JdS 1-91 :3?4; J . Y .
ABASCAL 1993:208).
Siguiendo la opinión expuesta ya desde
e! cig!e pasade, Ahlrca! mricidera Y u- e!
oppzdunz arévaco asediado por Catón en el 195 a. C . d e b e localizarse e n el c e r r o
T J ; l l ~ r , : " ; * * 2 1,- A,. 1 - - - & . . - l c:,..':
----
i i i ' i v i c I 'a, U Y R l l l UI: 11' L I C C U C L L c l l ~ L I C L L L i U , aunque reconoce que los hallazgos d e esta época son cscasos y en su mayor parte pro-
- - A - - L - - A - J . 1 3 - / T x.,
L C U C I I L C ~ u r I L U L I L I ~ ~ UCI 31t;lu yaaduu \ J . IVI.
ABASCAL 1982:50; IDEM 1986:216; VV. AA. 1993:208). Sin embarzo, frente a esta
contrarias que, bien a partir de la informa- ción arqueológica (N. MORERE 1983:53), bien n través de un antíiisis sistemático d e la información d e las fuentes escritas (A. CAPALVO 1996:71), h a n d e s c a r t a d o la identificación dei oppidurn arévaco mencio- nado por Plinio con la actual Sigüenza.
Segouia". La identificación de la Segouia d e los arevacos con la Segovia actual arran- ca va desde el siglo XVII. Loperráez consi- dera segura la localización d e la Segovia arévaca en la actual hegovid, aunque como él inisiiio señala "no faltan inconvenientes"
Los núcleos de población de las comunidades indígenas del Alto Duero ... 77 (P. BOSCH CIMPERA 1932:553, B. TARA-
CENA 1954:lYY). Para Wattenberg, Segovia es arévaca, aunque la sitúa en el mismo límite fronterizo de los oacceos (F. WAT- TENBERG 1960:154). En la actualidad algu- nos autores siguen d a n d o por válida la localización de la Segovia arévaca en la Segovia actual (A. TOVAR 1989:348; M. SALINAS 1991:214-213; J. M. ABASCAL 1993:208), mientras que otros prefieren considerar su localización indeterminada (F. J. LOMAS 1988:87).
Termes?'. Desde el siglo XVI está atesti-
g u a d a la localización d e la ciudad d r
Termes en el cerro de la Virgen del Castro, junto a la antigua ermita de Nuestra Señora de Tiermes. La antigua ciudad de Tiermes, situada al norte de la Sierra de la Pela, estu- vo emplazada sobre una plataforma rocosa ~lipsoidal, a una altura media de 1.200 m. y en la divisoria de las aguas de las cuencas hidrográficas del Duero y Tajo, un punto
esty~tégicn y d~ionci~vc! cor.struiUu a! a---- Y' "-
vecliar la topografía escarpada del terreno. El anónimo de Rávena cita una mnnsio des-
pués d e Uxnma y Clunia cuyo nombre,
Turbes, se ha considerado una corrupción d e l n o m b r e d e Termes (C. M U L L E R
1916:155), aunque otros autores cierii q u e
debe identificarse con Tucrís (A. TOVAR 1989:359). En la actualidad la opinión más
cox,- ArL L:-- 2 - m
L ~ C L L U C a C U I ~ S ~ L ~ ~ I ~ I 1 u r ú e b (RAVENN. 311,6) como una errata del ori- ginal Termes (VV. AA. 1993:219). A nuestro juicio esta idenliíicdcióri e s válida como hipótesis d e trabajo, aunque convendría someter a revisión el texto del anónimo de
R&vt.iid, yd que no sóio desconocemos con
seguridad la localización de esta Turbes sino también la d e la siguiente rnansio que cita, Mancellus (J. M. KOLDÁN 1975:126).
Tucrís2< Algunos autores (C. MULLER
1883:174 a) han propuesto su identificación con la ciudad d e 'l'uttia mencionada en algunos manuscritos de Floro (epit. 2,10,9), q u e los editores tradicionalmente h a n corregido por Clunia (A. TOVAR 1989:366). Loperráez advierte que "dcl sitio d e esta
ciudad nada se puede averiguar, por falta d e ruinas y memorias que lo manifiesten" (J. LOPERRAEZ 1788:264), aunque ya en aquella época era común la opinión entre los eruditos de que la antigua Tucrís estuvo emplazada en el cerro d e Castro, al N. d e Las Cuevas de Soria. El propio Loperráez, siguiendo a Lope de Morales, nos describe con detalle los restos materiales q u e se encuentran en el yacimiento: "armas y per- trechos d e guerra", "piedras lahracias de bastante magnitud e incluso inscripciones latinas (J. LOPERRÁEZ 1788:29-30). Unos
to y menciona que los materiales que se observan en superficie son escasos (E. SAA-
VEDRA 1861:26), opinión que compartc
Taracena, para quien este yacimiento no pasa d e ser "un pequeño castro céltico, donde el aflornmicnto d e escasísimos ties- tos de barro celtibérico y terva sisillata sólo indican ocupación temporal en tiempos
m& modernos" (8. TARACElljA 1941 b:39j.
Recientemente, Knapp ha planteado la posibilidad dc que la ciudad de Tucrís men- cionada pul I'tolumeo (2,6,55) estuviera localizada en Turégano, a 21 millas d e Segovia, basándose ello en la hipóteti- ca reconstrucción de un itinerario que, a su juicio, subyacería bajo el texto ptolemaico (R. C. KNAPP 1992:264).
Ltxama Wrgaeiaz'. La correcta ubicacion
78 Manuel E. 12amívcz Sánchez
tibérica e interpreta equivocadamente la cita d e Apiano (hisp 47) al considerar qiie se menciona a una ciudad nueva, Axeilia, que él localiza en Berlanga (Soria) por su carácter estrathgice y ccmerci! (b!. $ENTE-
NACH 1914:193). Identificada con la ceca que emite monedas de bronce con la leyen-
da c s c r i ~ r a ir,&-cnn dUcJdc lc,
a
primera mitad del siglo I a. C. (J. UNTER- MANN 1975279-280, A.62). Sin embargo, la
' 1 - ~ # ' ¡ : - - - ' < - 2. - - L . .:..J. J . - l L : l - L - : - -
I ~ ~ I L L L I I C C L C I U I L UT e 3 ~ d C L U U ~ U C ~ I L L W C L L C ~ CULI
la ceca que, por estas mismas fechas, acuña bronces con el letrero indígena ~rs'urnus, es bastante problemática (J. UNTERMANN
1975:290-291, A.72).
a iza-
Voluce2? Los partidarios de la loc 1' ción d e Voluce en el lugar conocido como "Fuentes d e Avión", e n Blacos (Soria), intentan hacer derivar el nombre d e esta localidad del transmitido por el Itinerario, Voluce>Blacos ( A . BLÁZQUEZ, C . S Á N C H E Z ALBORNOZ 1921:18). Tradicionalmente han sido identificadas la O U k h o u ~ a d e P t o l o n ~ e o y la V o l u c c del Itinerario de Antonino, pero las discrepan- cias se establecen al fijar un lugar concreto donde situar esta ciudad. Se ha propuesto su localización en varios lugares, como en el cerro de los Castejones, situado a 1060 m d e a l t i t u d , 1 k m a l S O d e l p u e b l o d e Calatañazor (E. SAAVEDRA 1861:19; B. TARACENA 1941 b:46; IDEM 1954:199, 246 n.15) o en Fuentes d e Avión en Blacos (J. LOPBRRÁEZ 1788:32-33; h . BLÁZQUEZ, C. SÁNCHEZ ALBORNOZ 1921:18). En un detallado estudio sobre la localización d e V o l u c c publicado hace varios años se ha a b o r d a d o la cuestión, a p o r t a n d o nueva d o c u m e n t a c i ó n arqueológica s o b r e e l p o h l a m i e n t n r o m a n o del á r e a d e
C ~ l a t a i í a z o r y una estado d e la cuestión bibliográfica (J. GÓMEZ SANTA CRUZ 1991). A juicio de su autor, la rnnwsio recogi- d a e n e l I t i n e r a r i o y m e n c i o n a d a p o r Ptolomeo surge en época Julio/Claudia como coiisecueiicia del auge que alcanza esta z o m debido al paso d e la vía XXVII y que debió ser un núcleu de escasa entidad
cuya localización puede situarse en algiino de IOS y a r i m i ~ n t n i rnmanns r i ~ Ppnra impe- rial conocidos en el área d e Calatañazor (J. GÓMEZ SANTA CRUZ 1991:13-14).
5.- Conclusiones
Respecto a las ciudades que las fuentes lite- rr?rizs r n m c i ~ r , z ~ mfre !VI P e ! ~ ~ Y ~ ~ ~ s , eri
diferentes épocas, se observa que, salvo el caso de Augustobrigri, perfectamente identi- ficada ea ?düm de Agreda (!vcn!idac! quc
presenta evidencias de una ciudad hispano- rromana con abundantes restos arqueológi- cos celtibéricvs pero, sobre todo, de Ppoca romana imperial), las restantes ciudades presentan numerosos problemas en cuanto a su localización. En el caso d e Srrzlio del~e
considerarse como una ciudad de incierta localización, ya q u e la identificación con Soria resulta imposible, al menos desde el punto de vista arqueológico y con la infor- mación q u e poseemos e n la actualidad. Respecto a Visorrfi~rm nos encontramos con una situación parecida, aunque la existen- cia d e u n a vía r o m a n a s e c u n d a r i a y el hallazgo d e sendas inscripciones (incluímos aquí la de Santervás de la Sierra), permiten aventurar la hipotética existencia d e una ciudad romana bajo el pueblo actual d e Vinuesa o en sus inmediaciones. Así pues, si la información d e las fuentes literarias sobre los pelendones es ya de por sí insigni- ficante, no deja d e ser desalentador que la localización geográfica d e estas ciudades (a excepción de Airgusfohriga) sea en la actuali- dad tan incierta como lo era ya en tiempos d e J. Loperráez (Figura 1).
Los núcleos de población de las comunidades indígenas del Alto Duero ... 79
mínima que sea, que permita suponer la existencia d e algún poblado encuadrable dentro d e lo que se conoce como "cultura castreña soriana" en las cercanías de estas poblaciones actuales? La respuesta es bien sencilla: carecemos de cualquier indicio que permita suponer la existencia d e algún yacimiento encuadrable dentro d e la llama- d a "cultura castreña" tanto en el lugar conocido como "Balcón d e Pilatos" e n Vinuesa, como en el cerro del Castillo en Soria o en el propio pueblo d e Muro d e &reda. Los restos cerárnicos hallados en estos lugares son ya claramente celtibéricos por lo que, d e aceptarse la reducción cultu- ra castreña = pelendones, nos encontramos con que ni siquiera la identificación de la Augustohrign d e los pelendones con Muro de Ágreda es segiira ya que, pese a las evi- dencias epigráficas y al hecho de que esté plenamente identificado el tramo d e vía romana ni10 L--- u& i m b c ph!.acienrs, C ~ T C
cemos de los restos arqueulógicos que per- mitan plantear la hipótesis d e que en las inmediaciones d e la actual población d e Muro de Agreda existió algún asentamien- Lo h u m a n o e n la 1 Edad d e l Hierro. Convicne destacar aquí el reciente esludio de 12. Ocejo sobre la situación geográfica de los pelendones a través d e los datos que süixinistrii Ciñüdiu F'iui~~iiieu eii b u
Geopralzrke hyphegesis. Contrario a las tesis tradicionales que, con argumentos diversos y en la mayoría de los casvs contradictorios, han localizado a los pelendones en la serra- nía de Soria, Ocejo ha propuesto situar a los peiei-iduiies íuera ciei ámbito soriano, con- cretamentente en el territorio burgalés, en el área montañosa que va desde la mitad superior de la cuenca del Arlanza hasta la línea d e l Arlanzón y la Sierra d e la Demanda (A. OCEJO 1995:492-493).
En lo que se refiere a las ciudades que las fuentes literarias mencionan entre los arévacos, la proporción d e localizaciones seguras es mayor (Contrebia Leucade, Clunia, Numantia, Segortia Lanca, Segovia, Termes y Uxama) aunque la cifra total d e
ciudades d e localización incierta es muy elevada, nueve d e un total d e diecisiete (Belgeda, Colenda, Confloenta, Lagni, Lutia, Malia, Nova Augusta, Tucrís y Véluce) (Figura 1). El caso de Segontia, tra- dicionalmente identificada con Sigüenza (Guadalajara) es problemático. Desde el p u n t o d e vista lingüístico la reducción Segontia > Sigüenza es segura, pero la
arqueología y la onomástica indígena de la
zona no apoyan esta localización. Si nos apoyamos en la noticia que nos transmiten las fiimtes CIP que " $ ~ c n ? ? ? i ~ el V x n ~ n , q m e nonzinn crebro aliis i n locis u s u r p a n t u r " (PLIN. tzat. 3,4,27), creemos que puede ser considerada como válida la hipótcsis d e que la Segontia de la que deriva el nombre de la actual Sigüenza no es la Segontia de los arévacos y quc ésta probablemente esté localizada en otro lugar.
Si problemática es la localización d e
determinadas ciudadcs iiic~iciuriacias en
las fuentes, por no decir imposible a la luz d e la escasa información arqueológica d e que disyoiierrios sobre el poblamiento cel- tibérico en el alto Duero, no menos desa- lentador se presenta cualquier intento por localizar en un emplazamiento aproxima- d o determinadas cecas que los numísmatas sitúan en la Celfiberia occidc~ztal. Un buen ejempio d e eiio lo tenemos en la ceca d e a r e k o í a t a s , q u e tradicionalmente se ha
82 Manuel E . Ramírpz Sánch~z
O U r v c r s d a l <le Las Panias do (,re, Canara i t o e c a U n u e s t s r s M e m m a D g a l e C a n i r i s 2015
Creemos q u e este tipo d e reducciones d e las ciudades mencionadas en las fuentes literarias o d e las cecas, p r e s u n t a m e n t e localizadas en la zona, con determinados y a c i m i e n t o s m á s o m e n o s r e l e v a n t e s , demuestran cuán escaso es el camino reco- rrido d e s d e q u e los eruditos locales del XVIII y XIX estudiaran la Historia local y las raíces primitivas de las villas y pagos d e la provincia. Sólo si partimos d e la certeza d e q u e a ú n q u e d a m u c h o p o r e s t u d i a r sobre el poblamientv prerromano d e esta extensa área geográfica podremos hacer avanzar la investigación e n los próximos años. En este sentido, conviene tener pre- sente que la documentación arqueológica no aporta ninguna prueba fehaciente sobre las controvertidas identificaciones d e Sauia-
Soria, Visontium-Vinuesa y Augustobriga-
Muro d e Ágreda. En igual situación nos encontramos al intentar la localización d e
Belgeda, Confloenta o Tucuís, por citar algu-
nos ejemplos. en el "territorio d e los aréva- cos". Consideramos que únicamente a tra- vés d e la prospección extensiva del amplio territorio e n el q u e las fuentes literarias sitúan a los arévacos y pelendones permiti- rií avanzar la investigación. Conviene recor- d a r q u e e n la actualidad e s t á n e n ciirso
-
NOTAS1 En el presente artículo recogemos varios apartados de uno de los capítulos de nuestra Memoria de Licenciatura inédita que, con el título Las ~omunidiz~lrs indÍgenus del Alto Duero
en +oca prerromana. Estudio de su organización
social y distribución territorial a través d e las fucntes escritas, fue defendida en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en febrero de 1995. Evidentemente, el tiempo transcurrido desde esta fecha hasta el momento de entregar el presente artículo para su publicación, en diciembre de 1997, nos ha obligado a actualizar algunos datos, aunque ello no ha afectado a las conclusiones que en su momento defendimos. Agradezco a los
catorce proyectos d e prospección, centra- dos en otras tantas zonas naturales, q u e revisarán la C a r t a A r q u e o l ó g ~ c a de Soria
publicada por Taracena en 1941, d e los cua- les han sido publicados cuatro volúmenes desde 1985.
N o decimos nada nuevo si advertimos d e los graves inconvenientes q u e plantea cualquier intento por fijar los límites terri- toriales d e las comunidades indígenas en - é p o c a p r e r r o m a n a . A l o m á x i m o q u e p o d e m o s p r e t e n d e r e s a d e l i m i t a r u n a serie d e fronteras naturales que, hipotéti- camente, debieron suponer u n cierto obs- táculo e n las comunicaciones, pero nada permite asegurar q u e estas fronteras natu- rales fueran consideradas por los aréva- cos, belos, vacceos, etc. como fronteras políticas. En cualquier caso advertimos, u n a vez más, del evidente anacronismo y d e los problemas q u e trae consigo cual- quier intento por retrotraer la informa- ción d e las fuentes clásicas sobre el "terri- t o r i o p e l e n d ó n " o " a r é v a c o " , e n s u mayoría escritas en el siglo 11 d . C., a u n marco cronológico cuatro o cinco siglos anterior.
Las Palmas d e Gran Canaria, enero de 1998
profesores J. A. Bachiller, F. Burillo y M".
González las sugerencias y críticas realizadas tras leer el manuscrito. Aunque a ellos debo la mayoría de los aciertos que contiene este artículo, los errores únicamente son imputables a mi persona.
Los nombres de autores y obras griegas se citan según el uso del Grrrk-Eriglish Lexicori
de H . G. Liddell y R. A. Scott (Oxford 1940,
repr. 1983). Los autores y obras latinas sc citan según el Thesau~us lingune lntinnr Trlrlrv
librorttm (Leipzig, 1990), con excepción del
Los núcleos de población de las con~unidades indígenas del Alto Duero ... 03 científicas, se citan según las abreviaturas de
L'rirztzh iiziiuiogique.
Sobre e1 proceso de definición del mapa geográfico y, posteriormente político- administrativo, de la Península Ibérica y el progresivo conocimiento del territorio y los habitantes de Celtiberia por los escritores griegos y latinos, véase la excelente síntesis de Pilar Ciprés, donde analiza la creación de la unidad geo-etnográfica de Celtiberia y los celtíberos en el contexto del pensamiento gecigráficu antiguo y r r i rl dt. Id p ~ i ~ g t . s ~ v d
dominación romana d e l territorio d e IIispania (P. CIPRÉS 1993).
Nn obstante, conviene tener p e s e n t i ~ U P
estas supuestas "equivocaciones", por llamarlas de alguna forma, quiz6 no sean tales, sino un fiel reflejo de los cambios producidos en el conocimiento que los geógrafos e historiadores antiguos tienen del territorio y de los núcleos de población indígenas dei inrerior yeninsuiar. E n este qentido, conviene recordar las variaciones que encontramos en el propio Estrabón sobre el concepto geogrifico de Lusitnnia o del término lusitanos. Coino ha explicado PIL.AR CIFRES, aunque pudiera parecer que estas variaciones sean fruto d c "la ligereza, la imprecisión o la ambigüedad con la que, por desconocimiento, los escritores antiguos han utilizado este término, según ha valorado la historiografia moderna en distintas ocasiones" no puede desdeñarse que, en realidad, "esta diferente aplicaci611 pueda deberse a LE;> e~tensián en la iiti!inacih del término para designar a u n conjunto d e pueblos más amplio, que represcntc una realidad histórica vinculada con la conquisla" (P. CIPRÉS 1993.273).
En este sentido, conviene deqtacar aquí la delimitación d e cuatro niveles d e
irir iiuiiaiiddii Út. id Crliibwid yiupuesia yui
F. Burillo: a) un primer nivel, que coincidiría con la región geográfica en la que las fuentes literarias s i t ú a n a l o s celtíheros; h ) u n
segundo nivel, que vendría dado por las referencias, directas o indirectas, d e determinados autores grecolatinos a la existencia de una Crltibcria citerior y una ulterior; c) un tercer nivel, que serían 111s
populi mencionados en las fuentes literarias;
y d ) , u n cuarto y último nivel, que correspondería a la ciudades ( p l e i s o ciititates) que surgen en una época más tardía
(F. BURILLO 1991:22-24). Sobre la localización
Úr id CdiiÚcrirr ulieriür, v&sc :LI i-ecieiitc kcsk
defendida por Álvaro Capalvo acerca de su localización en la Hispani~i ulterior, y no en las tierras del Alto Duero, como se venía defendiendo desde los trabajos d e A. Schulten (Á. CAPALVO 1993; IDEM 1995:107- 116), aunque conviene señalar que P. Cipr6s no comparte esta tesis de Capalvo y propone interpretar d c diferente forma el problcma
(P. CIPIIÉS 1993:282-283).
Sobre este particular remitimos a l a s comunicaciones presentadas por A. Capalvo
y M. V. García Quintela en el 111 Simposio
snhrp Ins w l t í h p r n ~ celrhrarln m Darora en
1991, donde se abordó, desde perspectivas diferentes, la pertinencia o n o d e la traducción tradicionalmente aceptada, que se apoya en la edición d e Casaubon (A. C A P A L V O 1995; M . V. G A R C ~ A Q U I Y T E L A 1995).
-
4ci principdi probierria yue preseriid id numismática celtibérica se centra en la cuestión cronológica y en las causas del inicio d e la amoncdnci8n, y a q u e desconocemos aún en qué fecha y por qué ra7ón determinadas ciudades indígenas comienzan a acuñar moneda siguiendo los patrones romanos, mientras que otras jamis llegan a emitir moneda (J. U N T E R M A N N 1975161; F. BELTRÁN 1986; M. TARRADELL 1986; M- P. GAKC~A-BLLLIUO 1993; L. VILLAIWNLA 1994).
PTOL. geog. 2,6,53: A 6 y o u o ~ Ó ~ p i y a ; 1TIN.
A N T . 442,3: A;;gustvY;iga; RA'XNN. 31?,2: Auguslabtica.
PTOL geog. 2,6,53: I a o u í a . PTOL. X L W X 2,6,53: OÚitrÓv~iov.
Burillo h a propuesto localizar la ceca
a í e k o t a t n s e n el Sistema Ibérico, en el
territorio " ~ r i s n t a d ~ hacia o! ~ra!!o do! %re,
más al NO de tuíiasu" (F. BURILLO 1995174, n.68) Sin embargo, conviene señalar que. en opinión de este autor, no es seguro que la ceca níekoínrns pueda identificarse con los arévacos y propone relacionarla con una
e t ~ i a t c d a v í a doterm1n3r: I ~ ~ V Z C I E ,
pelendones, berones, o incluso lusoiies u otra desconocida.
D. S. 31, 39: ,"tup& B ~ ~ É 8 c x ; APP. hisp. 100: B ~ h y ~ $ q xóhsi; OROS. hict. 5,23,11: Belgidn.
13 PTOI,. grog. 2,6,55: Kop@hoÉvra.
1.1 L I V . 91,12-14: C o n f r e h i n ? n , quoe Lrttcndn
nppellatirr; VELL. 2,5,2: urbem Coi~trebiam;
VAL. M A X . 2,7,10; 7,4,5: Contrebiam; AMPEL.
18,14: Contrebiam inexpugnabileni Hispaniae
ciuiluterri; FLOR. epit. 1,33,10: Coritrebiurn;
V I L . 111. 61,4: Contrebiarn oppidzrni.
15 PLIN. mi. 3,27: Cluriia Celtil~eriae finis; PLLJT. galb. 6 : K h o u v í c t v , " I ( i q p i ~ f i v a ó h i v ; SUET.
p l b . 9,5: Cluiiiac; PTOL. gcog. 2,6,55: K h o v v í a
~ o h w v í a ; D. C . 39,54,2: K h o u v í a v : ITIN. ANT. 441,l: Cluniizrn; LIV. perioch. 92: Clirnine; EXVP. 8: Cluniani; RAVENN. 311,5: Glunin; NOT. tir. 88,22: Cluizia
16 D. S. 33,17,1-3: Accyví.
17 APP. &p. 94: A o c ~ í u bEnóhiT.
18 En comunicacicin epistolar, F. Burillo me advierte que, en su opinión, podría defenderse la existencia de dos ciudades diferentes: por una parte, la Lutia de las fuentes literarias, que se correspondería con
l t ~ t i n k o s ; por otra parte, la Lutmca que F.
VILLAR identifica en el bronce de Luzaga, y
que se correspondería con el yacimiento situado sobre El Castejón de Luzaga.
19 APP. hisp. 77: MahiaT.
20 P L I N . nnt. 3.27: Noitn Airgxsta; I"1'OL. yeog. 2,6,55: N o o v a A v y o 6 m a
21 CIC. cueciri. 98: Nurrinnlirii; CIC. h r . rcsp. 43:
foedus Ni~rnant~nirs; CIC. briit. 103: Numnntirii
foedevis; CIC. fin. 2,54: in foedere numantino;
CIC. o/{ 1,35.76: Nuruu~rliu; CIC. cff. 3,109:
Nunu~ntiriis; SALL. 1118. 8,2:; 10,2: Nirrnantin;
20,l; 101,h: hTitrnantinm; RHET. her. 4,13,19:
Scipiu Nurnuntiriam s u s t u l i t ; HOR. carrri.
2,12,1: Numnritin; IJKOIJ: 4,11,30: Nurnnnfini;
- -. -
LIL'. kg. i,36; ÜV. fast i,5Yb: ilíurtiarilin; U . 5.
33,1b, 1-2: N o p n v r í v o í ; 32,4,5; 31,26,3; STR.
3,4,12; 3,4,13: N o y a d a ; o-No y a v ~ i v o i ;
MELA 2 , 8 8 : N u m a n l i n ; P L I N . rial. 3 , 2 6 : Celt~bertiin [ ... 1 Nurnnntini; 4,112: Uurluc [.../ e f
iicxta Nuiriaiztiairr l a p s u s ; SEN. dial. 2,6,8;
1 1 1 7. 1 1 1 7 . hl.iurn.^l;nn. X r C T T 7 A 9 . .-:unn
d , l L , , , I , , l , L . , " l n , , l l l , , , , M < , " , , Y I , . L , T , L _ I L I I L I
Numaiztiam; FRONTIN. ctrat. 2,8,7; 3,17,9;
4,1,1: 7 , 2 7 : Nurnuritiir; 3,17,9; 4 , 5 , 2 3 : N ~ t m n n t i n i ; Q V I N T . inst. 8,6,30: Nirmnntioe;
3,8,3; 7 , 4 , 1 2 : Nurriar~tini; PLUT. 8,9:
' l o p a v r í a v ; 13,l; 7,7; 21,l; C. G . 15,4; 22,4;
mar. 3,2; 13.2; luc. 38,4; IVV 8,ll: Ntrmantiiri;
FLOR0 epit. 1,5,9; 33.1; 34.1; 47.3: Nurriuiitiu; APP. hisp. 46: N o ~ a v r í a ; 49; 50; 76; 77; 78; 80;
83; 84; 87; 89; 90; 93; 94; 95; 98; PTOL. grog. 2,
6 , 5 6 . N o v p a v r í a ; I T I N . A N T . 442,3 Ntrninntia; VIL. ill. 58,6; S 9 , l : Ntrniantiani;
5 9 , l - 4 : Nirniantirii; EVTR. 4,17,2: nd
Numantiam; 10,17,2: Nurnantiain; LIV. perioch.
5 4 : Nurriarilirii; OROS. h i s t . 5,4,20: apud
Nilmantmm; 5,7,1-2: Nilmantia m t e m rite~ioris
IIispaniae f...] in capite Gallaeciae sita, ultima
Celtiberoritm fuit; 5,7,10: Numantia autem in ttlmulo sita haiid procul a flumine Durio tria
miliu pussuum urnbifu rnicri timplexubtitur; ST.
BYZ. Y o p a v ~ í n rr6hii'Tl)qpiac; RAVENN.
311,3: Nurnaninm.
22 STR. 3,4,12: L s p y o u v ~ i a v ; PTOL. geoy. 2,6,.55:
Zcpyopria A á y ~ a .
23 PLIN. tiat. 3,27: Arevacis l...] Secoritia; PLU.
s e r t . 2 1 , l : Z e y o u v r í v o v ; A P P . h . c. 110: i ~ y o v ~ í a v ; iTíiú. A N T . 4 3 6 , s ; 43b,i2:
Segontia; RAVENN. 309,18: Seguntia.
24 LIV. pevioch. 91: Segouiilm; IJLIN. nat. 3,27:
Segouia; FRONTIN. strnf. 4,5,22: Scgouiei~scs;
FLOR. t7pit. 2,10,7: Srgouiam; PTOL. geog.
2,6,55: Z ~ y o u o c í a ; ITIN. ANT. 435,5: Scgouia.
25 SALL. hist. frg. 2,93: Termestinori~ni ngros; D.
S. 33,16: l ' e p y ~ c s o i o i ; PLIN. nat. 3,27: Termes;
TAC. a m . 4,45,1: nafionis Teriilestinae; FLOR.
e p t . 2,10,9: Tt~rmes: APP. hisp. 76: T e ~ ~ s v n a v :
7 7 : Tcpycvría; 99: T ~ p , u r l o b v yeyáhqv nóhiv;
i'TOL. geog. 2,6,55: TÉppeC; LIV. perioch. 54:
Termestinos; RAVEZTN. 31 1,6: Tirrbes.
26 17TOL. geog. 2,6,35: i ' o u ~ p í c .
27 P L I N . nat. 3,27: Arczincis l...] V s a i n a ; SIL.
3,384: Snrmntim ... Uvnrna muros; FLOR. rpit.
2,10,9: A t i x t i m e ; IJTOL. g r o g . 2,6,55: O S t a p a ' A p y a i h a ; APP. hisp. 47: ' A t ~ í v i o v
a ó h i v ; ITIN. ANT. 441,l: Llnsannm; EXVP. 8:
A u x ~ ~ i ~ i n i e n ; GRGC. irist. 5 , 2 3 , i 4 : üxanza;
RAVENN. 31 1,4: Uxarnn.
28 PTOL. p g . 2,56,55: O v k h o u ~ a ; ITIN. ANT.
442,l: Voluce.
29 Las menciones correspondientes a las fuentes literarias mds importantes aparecen ord.etladas c r ~ n ~ ! 6 g i c a r n t n t t . C e i r . ~ e s sabido, el autor más antiguo d e cuantos aparecen recogidos en este cuadro es Diodoro
Sícitln, q i i ~ rqcrihiií q i i R i h l i r ~ f l r ~ k ~ Iri~tnrikr~ e n el s. 1 a. C. Por su parte, Estrabón, Livio y