CIUDADANÍA JOVEN, EN BÚSQUEDA DE LA
PARTICIPACIÓN SUSTANCIAL EN UN ESTADO EN CRISIS
*1Macarena Paz Gálvez Arriagada
**2Universidad de Santiago de Chile, Chile [email protected]
RESUMEN: El neocapitalismo se ha instaurado de manera agresiva en nuestro país, por lo cual, la participación social se conceptualiza desde el ámbito del consumo. A consecuencia de esta situación, los/as jóvenes comienzan a configurar su identidad a través de la individualización, por medio de la familia como el grupo de pares, que constituyen pilares básicos de identificación y refugio, ante este sistema social lleno de incertidumbre. En este contexto, los/as jóvenes a partir del plano micropolítico comienzan a construir nuevas maneras de relacionarse y ejercer ciudadanía, que van más allá de las reglas del mercado, donde la solidaridad marca la articulación de estas nuevas identidades.
En este escenario se busca construir una participación sustancial y no funcional, en esta universalidad perdida a través de la configuración de una identidad determinada en el particularismo, buscando agrupar a los/as ciudadanos/as desde una identidad periférica determinada. A razón de lo expuesto, es posible vislumbrar una nueva forma de participación social-política que no se configura desde las estructuras partidarias, sino desde la construcción cultural e identitaria de los ciudadanos/as jóvenes a través del empoderamiento de una identidad abyecta que reacciona frente a un sistema y es-tado que no es capaz de escuchar a todos/as sus ciudadano.
Palabras clave: Ciudadanía, participación, juventud, identidad.
* Trabajo recibido el 04 de mayo y aprobado el 28 de junio de 2012.
Uni-YOUNG CITIZENS IN SEARCH OF SUBSTANTIAL PARTICIPATION IN A STATE IN CRISIS
ABSTRACT: The neo-capitalism has been introduced aggressively in our country, therefore, social participation is conceptualized from the realm of consumption. A consequence of this situation, young people begin to shape their identity through the identification, through family and peer groups, which are pillars of identification and shelter to the social system fraught with uncertainty. In this sense, young people from the plane begin to build micropolitics, new ways to interact and exercise their citizen-ship, which go beyond the rules of the market, where solidarity marks the articulation of these new identities.
This scenario seeks to build a substantial, non functional, this universality lost through the configuration of a particular identity in particularism, seeks to bring together citizens from a particular peripheral identity. A view of the foregoing, it is possible to envision a new the party structures, but from the cultural construction and identity of young citizens though empowerment of an identity abject reacts to a sys-tem that is able to listen all citizens.
Keywords: Citizen, participation, youth, identity.
1. CIUDADANÍA JOVEN, EN BÚSQUEDA DE LA PARTICIPACIÓN SUSTANCIAL EN EL PLANO MICROPOLÍTICO, MEDIANTE EL RECONOCIMIENTO Y
EMPODERAMIENTO DE IDENTIDADES PERIFÉRICAS
El neocapitalismo se ha instaurado de manera agresiva en América Latina, sobre todo en nuestro país, a través de políticas que promueven la privatización incluso de servicios básicos, y ámbitos relevantes para cualquier sociedad, como la educación y la salud. Dichas medidas paulatinamente han quebrado el vinculo social entre ciudadanía y estado, ya que bajo estas lógicas las formas de integración y participación social ciudadana, se instauran desde la mirada
de consumidor(a)/productor(a), debido a lo cual, se espera una participación funcional de la
po-blación a las políticas del sistema, donde los/as ciudadanos/as se deben adaptar a las reglas del
mercado. En este escenario, el sistema fabrica mundos posibles para dichos ciudadanos, donde
sólo algunos tendrán acceso a dichos paraísos, mientras que otros se verán excluidos/as, a razón
de lo anterior, hasta el subsistir se convierte en un acto de consumo.
y desde el ámbito privado, debido a lo cual la familia como el grupo de pares constituyen sus pilares básicos de identificación y refugio ante este sistema que nos lleva a la incertidumbre,
donde nada es seguro, ante el desvanecimiento de las grandes ideologías1.
En dicha trama, es posible vislumbrar un estado que no es capaz de responder a las ne-cesidades básicas de los/as ciudadanos/as, donde sólo es posible satisfacer las nene-cesidades de un sistema económico-social implacable, en el cual existe la libre competencia en todos los ámbi-tos, incluso aquellos relevantes como la educación y la salud. En este contexto se vislumbra un estado en crisis, el cual no es capaz de responder con necesidades básicas como las descritas, que son parte fundamental de los derechos humanos. Este escenario explica en parte, la perdida de vinculo entre ciudadanos/as y estado, como la configuración de una nueva identidad por parte de los/as jóvenes en un estado en crisis.
De esta manera a la problemática anterior se suma la categoría de joven, articulada desde
una identidad periférica, ya que históricamente se ha considerado como un periodo de
morato-ria para la posterior integración a la vida adulta, no obstante y a pesar de lo expuesto, ser joven
implica el disponer de un recurso básico para la participación, l`incompletezza, (termino
abor-dado por Melucci), que refiere a la sensación donde el desarrollo personal no se encuentra com-pleto, lo cual promueve esta actitud vital que permite estar abierto a los cambios y la búsqueda de nuevos significados, de esta manera, si bien hoy en día la acción colectiva de los/as jóvenes no se orienta desde dimensiones ideológicas, si se articula desde la reivindicación de identidades abyectas como el ser estudiante, donde se agrupa a los/as ciudadanos/as a través de esta catego-ría (como podcatego-ría ser otra), para apalear la universalidad perdida y alcanzar mediante el reclamo
social, derechos sociales plenos como la educación2.
Para entender lo expuesto es necesario revisar de manera general como se articula la construcción de identidad en el contexto de modernidad tardía, desde la categoría de consu-midor en lugar de ciudadano bajo esta lógica neocapitalista, ya que sin este marco referencial es difícil comprender las nuevas formas de articulación juvenil y sus posibles consecuencias desde esta construcción micropolitica y sus implicancias en el plano público, como respuesta a estas lógicas que articulan la posmodernidad.
En relación a lo anterior, la crisis del capitalismo industrial, comenzó a ser visible a prin-cipio de los años 70´, ya que se impuso a nivel mundial las llamadas políticas neoliberales, las cuales han significado hasta el día de hoy grandes cambios en nuestra sociedad. Dichos cambios comenzaron a gestarse drásticamente en el contexto de las décadas de los 50´ y 60´, lo cual se sigue articulando actualmente. Este neoliberalismo expresa una particular salida jurídica,
cultu-1 González, Juan. Ciudadanía Juvenil en el Chile post dictadura. El Movimiento Secundario del año 2006 y las Organizaciones de Autoeducación Popular <En línea>. Equipo Observatorio Chileno de Políticas Educativas, Santiago de Chile, 2006
2 Cornejo, Rodrigo, et al. “Las luchas del movimiento por la educación… y la reacción neoliberal” <En línea>. Equipo
ral y económica a la crisis que atraviesa la economía del mundo capitalista, como producto del agotamiento del régimen de acumulación fordista, iniciado a fines de los 60´y 70´, expresando la necesidad de establecer una hegemonía burguesa en el marco de esta nueva configuración en
el sentido global3.
En este escenario América latina es considerada como la región del mundo donde se han aplicado con mayor profundidad y constancia desde los años 70´hasta el día de hoy las políticas neoliberales, de esta manera Chile cuenta con el dudoso honor de ser el país más neoliberal de la región, cambio que comenzó a articularse desde la instalación del régimen militar, y que
si-guió aún después con el retorno a la democracia durante los gobiernos de la concertación, en los
años 90´hasta el día de hoy4.
Referido a lo expuesto nuestro país se destaca por las políticas neoliberales implementa-das, en este país como en ningún otro, se han privatizado casi la totalidad de los servicios bási-cos (agua, luz, medicamentos, bancos), transporte (ferroviario, aéreo, transporte urbano), el sistema
de pensiones (excepto Fuerzas Armadas), la explotación de recursos marinos, pedazos de tierra,
como relevantes ámbitos de la seguridad social como la Salud y la Educación, esta última en todos sus niveles.
De esta manera se configura un sistema ultra segregado, con una heterogeneidad, y des-igual integración económica y una creciente exclusión de las mayorías, ya que si bien las ganan-cias de los grupos económicos han sido los más altos de la historia, al aumentar las gananganan-cias en la banca alrededor del 720%, la distribución del ingreso en el país se ubica entre las 12 peores
del mundo de acuerdo al PNUD5.
Lo cual se suma a un sistema educativo, que como principal política pública articuladora
los sentidos sociales en la población, no ha estado para nada ajena a esta intervención neoliberal, a través de una constitución política que le confiere importancia a los derechos económicos y em-presariales, pero no garantiza derechos como la participación o protección social, donde se
otor-ga derecho a la libertad de enseñanza y libre empresa bajo la figura de Garantía Constitucional,
pero no así al derecho a la educación, con lo que este último queda supeditado a los primeros. De lo antes expuesto, se desprende que las estrategias neoliberales apuntan a diferentes
planos; económico, social y político. En relación a este último la participación ciudadana se
ar-ticula desde una democracia de baja intensidad, donde el estado se configura como un aparato
de permite la viabilización del mercado y la libre ocurrencia del intercambio, debido a lo cual
el estado abandona las políticas universales, mientras se focaliza en estrategias de cooptación, limitando su función a atender a aquellos grupos que colocan en riesgo el funcionamiento del
3 González, Juan. op. cit. (n.1) pp. 2-3.
4 Ibíd, pp. 3-4.
mercado, para asegurar así el orden social, debido a lo cual sólo atiende a aquellos grupos de presión, como el empresariado, la iglesia, las FFAA y grupos marginados que amenazan la
esta-bilidad6.
Sin embargo, la estrategia neoliberal no sólo articula una redefinición en el ámbito po-lítico y económico como se mencionó anteriormente, sino que también este se configura en el
ámbito social, a través del campo cultural e ideológico transformando las condiciones de (re)
producción de subjetividades e identidades, puesto que el sistema de gobernabilidad democrática requiere para su mantención, de un determinado control ideológico-cultural sobre la ciudada-nía. Dicho control se comprueba en la inacción política de generaciones producto de la des-composición cultural e ideológica de los/as actores/actrices sociales, donde se instala y ocupa
en el lugar anterior, un discurso hegemónico, en el cual ser ciudadano/a se reconoce solamente
desde sus dimensiones de productor(a)/consumidor(a), ante el creciente y hoy diverso proceso de proletarización de la población, con lo cual se logra despolitizar la acción de los sujetos,
ins-talando un único horizonte; el buen ciudadano, es aquel capaz de mantener una posición
respe-table en el mercado7.
De esta manera, las llamadas sociedades post-industriales tienen como característica
prin-cipal, su articulación alrededor del consumo y la información-comunicación, lo cual se encuentra
relacionado al cambio en las subjetividades, ya que estas se encuentran afectadas crecientemente por el proceso de individuación, el cual se entiende en relación a la ruptura con la tradición. Lo anterior afecta el establecimiento de lazos sociales, reformulando particularmente la confor-mación de identidades compartidas, así como las concepciones y vías de acción colectiva. En relación a lo expuesto, las identidades colectivas parecen desfallecer, o al menos son modificadas violentamente, ya que ahora no se encuentran exclusivamente ancladas a la categoría de clase social o nación, por lo que dejan de estar dotadas de cierta rigidez, debido a lo cual en nuestra sociedad, las identidades actualmente se configuran como plurales, ya que si bien éstas se en-cuentran igualmente influidas por la tradición o la pertenencia social, los sujetos pueden ocupar diferentes posiciones identitarias, las cuales estarían caracterizadas por su flexibilidad.
A consecuencia de lo anterior, el capital financiero no se caracteriza por una fábrica de
mercancías como lo hace el capital industrial, sino por una fábrica de mundos, los cuales se arti-culan a través de la publicidad y la cultura de masas, imágenes que son invariablemente porta-doras de un mensaje que proyecta paraísos que sólo algunos/as tendrían el privilegio de conocer, producto de lo cual, se constituye una competencia y el deseo ilimitado por estos mundos,
6 González, Juan. op. cit. (n.1) pp. 10-12.
7 Miquel, Eugenio. “Las nuevas subjetividades de los jóvenes chilenos” en Revista Summa Psicología UST. Vol.4. N°2, pp.
aquello se traduce en una desigualdad, y en un valor positivo que tienen las sociedades occiden-tales para reorganizar el orden espontaneo que se genera a sí mismo en los asuntos sociales, un
orden ya existente, que se revela como la única forma de evolución social8.
De esta manera el libre mercado y el crecimiento del consumo, han fundado nuevas
subjetividades desde un sujeto ciudadano a un sujeto consumidor, donde este individuo moderno
se ve arrojado al azar del mercado, al desequilibrio social, a la división subjetiva y a la incerti-dumbre. En este escenario se constituyen comunidades como medio de intercambio y contacto entre los/as sujetos, no obstante esta misma construcción provoca la marginación de otras
co-munidades. Estas dinámicas potencian la realidad de la autonomía personal, lo cual implica por
otro lado un sentimiento de enajenación de la sociedad en su totalidad, de esta manera la pro-mesa de libertad moderna es vivenciada desde una sensación de soledad y desencuentro, articu-lando individuos solos sin capacidad de asumir la autonomía, forzando a adherir a seductoras
ideologías preestablecidas del consumo9.
En dicho escenario, este deseo ilimitado y el constante riesgo de no-satisfacción, produ-ce miedo, este miedo da curso a la agresión en un constante estado de competencia cotidiano por la salvación individual, y el alivio de esta angustia fundada por los mitos impuestos por el capital, de esta manera se genera una dinámica básica en la cual el propio subsistir, se configura en una práctica de consumo.
Producto de lo cual, los/as jóvenes han levantado un escenario público juvenil caracte-rizado por la subjetividad, donde desarrollan intereses propios, articulados desde identidades heterogéneas que busca expresarse libremente, donde los contenidos juveniles son definidos por sí mismos, relacionándose de manera diferente con el escenario público, lo colectivo entonces se muestra como un espacio que expresa la dimensión de individualidad y subjetividad. Lo cual se explica desde el cambio que estos/as jóvenes y adolescentes han vivenciado, como hijos/ as del cambio que sufrió el país después del retorno a la democracia, lo cual si bien implico la apertura política y cultural a mercados internacionales, también esto significó un mundo que era desconocido para sus padres y profesores, con mayores oportunidades e incertidumbres, que han debido enfrentar a través de la construcción de proyectos individuales en un contexto cada
vez más incierto10.
En relación a lo expuesto se entiende que ser joven no se articula como una identidad fija, única e inamovible, sino por el contrario las características que este grupo configura, responde
8 Osorio, Carolina. “Las nuevas formas de acción colectiva; Nuevos movimientos contestatarios juveniles en Santiago de Chile”
pp. 12-14 <En línea>. Red de Bibliotecas Virtuales de Ciencias Sociales de América Latina y El Caribe, de la Red de Centros Miembros del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, 2003.
9 Ibíd., pp. 28-29.
10 PNUD. “Desarrollo Humano en Chile. La manera de hacer las cosas”. <En Línea> Informe del Programa de Naciones Unidas
al contexto histórico-social, en él que este segmento se encuentra inserto, de esta manera al
realizar una breve mirada histórica, se comprende que la categoría de Joven hasta la década de
los 50´, era referida a la elite y a los grupos medios, los cuales al participar de la educación
se-cundaria y universitaria, contaban con un tiempo de moratoria que los preparaba para acceder
a la vida adulta e incluso a la vida política al pertenecer a un grupo privilegiado, no obstante los
jóvenes que no pertenecían a dicha elite, seguían configurándose como una masa indiferenciada del mundo obrero, es más ni siquiera afloraban en el plano de la estigmatización, ya que esta recaía en el conjunto de sectores populares, sin distinciones de edad, sexo o de grupo étnico, debido a lo cual la política social se orientaba desde comienzos del siglo XX al conjunto de sec-tores populares sin establecer distinciones sectoriales entre ellos.
Visualizando lo expuesto es posible entender que la identidad de joven históricamente se encuentre relacionada con la categoría de estudiante, de esta manera durante los años 1970 y1973, los/as estudiantes/as a través de la articulación de un movimiento estudiantil alcanza-ron su mayor apogeo, por medio de la instalación de diferentes federaciones de estudiantes de alcance nacional, las cuales se comenzaron a consolidar con vistas a tener representantes en el poder ejecutivo, ya que si bien la Unidad Popular no contaba con una política de juventud, este sector representaba un rol estratégico en cuanto actores/actrices y conductores/as de un cambio
social11.
No obstante el régimen militar, a través de una salvaje represión, desarticuló este movi-miento, así como otros, de trabajadores e intelectuales, a pesar de lo anterior y entendiendo que los/as jóvenes eran sólo considerados como estudiantes, emergen en este contexto de protestas sociales antidictatoriales, donde se mostrarían como participes y protagonistas, diferenciándose de otros grupos de la sociedad, de esta forma a pesar de la dictadura, fue posible articular un proceso de reconstitución política y social donde la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile se refunda para el año 1984, mientras que en el año 1986 se rearticula la Federación de Estudiantes Secundarios de Chile. Ambas federaciones, junto con organizaciones sociales, terminaron por deslegitimar el régimen militar.
En esta época, las organizaciones juveniles poblacionales siguen de pie y en la universi-dad se democratizan las federaciones, no obstante se trata de un tipo de organización donde los partidos son fuertes y donde pierden protagonismo aquellas instancias centradas en las
motiva-ciones generacionales de expresar el ser joven a través de la acción sociocultural, como formas
más horizontales de talleres, debido a lo cual se postergó el quehacer artístico cultural.
No obstante a partir de los años 90´ al verse disminuida la presencia de estructuras ins-titucionales o partidarias, las organizaciones juveniles comienzan a conformar nuevas lógicas de acción propias de las instancias básicas de sociabilidad que se encuentran en su origen, es decir,
11 Goicovic, Igor. “Del control social a la política social” en: Revista Última Década Vol. 12, pp. 103-108. Valparaíso, Chile.
el grupo de amistades. Por lo tanto, se trata de organizaciones que privilegian la horizontalidad, la autogestión, la transparencia de las informaciones y la independencia respecto a las instancias e instituciones externas. Este tipo de organizaciones opta por la constitución de colectivos que desconfían de las instituciones, por lo que obtener o no personalidad jurídica suele generar discrepancias, ya que se resisten a la lógica de cargos que esta conlleva, debido a lo cual cuando obtienen tal rango jurídico como un mecanismo de obtención de recursos, realizan un
simula-cro de elecciones directivas12.
En relación a los párrafos expuestos se entiende que la participación y en específico de
los/as jóvenes se encuentra influida por factores macropolíticos, que refieren a los elementos pro-pios de las instituciones y la sociedad, que contextualizan económica y políticamente la acción
participativa, cuandodicha acción se articula a través de la representación formal de la acción
política en el sistema vigente, mientras que el ámbito micropolítico se define como aquellos
espacios de producción en la vida cotidiana, donde se expresa la manera en que la práctica
guber-namental ha intentado racionalizar aquellos fenómenos planteados para la constitución de la
población (salud, higiene, relaciones humanas, natalidad, raza, etc.). De esta manera el ámbito
micropolítico afecta la participación, desde el sentido de la misma, en consideración a aspec-tos demográficos, diversidad de sujeaspec-tos participantes, clase social, etc. Lo cual se expresa en las acciones de los propios agentes participativos, en la producción de su propia cotidianidad y sus propias relaciones sociales, en la fricción con la lógica homogeneizante de producción de la vida social.
No obstante la lógica neocapitalista, intenta articular una participación funcional, que
hace referencia a los marcos de eficiencia o eficacia de la política y/o la económica, la cual
in-tenta subordinar la participación de los sujetos, mientras que la participación sustantiva, (la cual
intenta cultivar los jóvenes a través del movimiento estudiantil por ejemplo), implica una alian-za entre sectores populares con el poder político, cuando este último se subordina a la acción de los agentes participativos. La iniciativa parte del reconocimiento de las capacidades para participar de los sectores y grupos convocados. Sin embargo es relevante tener en cuenta que dichas definiciones son más bien tipos ideales, no obstante la participación autentica es un ideal
a perseguir13.
Entonces desde la lógica del mercado, los jóvenes se constituyen en objetos de políticas remediales y no en sujetos con capacidad para construir ciudadanía a partir de su realidad social y cultural, para después insertarse en la vida adulta desde una participación funcional que el sistema espera por medio de una política representativa a través del voto de cada ciudadano, cuando se constituyen periodos de elecciones. El punto expuesto explica la tensión que se
fun-12 Muñoz, Víctor. “Movimiento social juvenil y eje cultural. Dos contextos de reconstrucción organizativa
(1976-1982/1989-2002)” en: Revista Última Década Nº 17. Pp. 41-64. Viña del Mar, Chile. Centro de Investigación y Difusión Poblacional Achupallas
da entre el mundo juvenil y la política social, tensión que nace entre lo que desean ser y hacer, su capacidad de producción y autoproducción de identidad, lo cual se diferencia de lo que la sociedad espera que sean, ya que la juventud se concibe como un periodo de moratoria, donde se los prepara para adquirir la capacidad de integrarse al mundo adulto y ser parte de la
moder-nización14.
A lo cual, se suma la problemática de la política social, donde ésta es incapaz de reco-nocer y asumir la existencia de un colectivo social, depositario de saberes y quehaceres que lo habilitan como constructor de cultura, lo cual ocurre con los/as jóvenes, como con los sectores populares que históricamente se han edificado en los bordes del sistema, debido a lo cual, las relaciones con el estado se encuentran permanentemente conflictuadas, la defensa de la autono-mía y de los aspectos esenciales de su identidad social, los han configurado como contrapuesto a las iniciativas y mecanismos disciplinadores y homogeneizadores desplegados por las clases dominantes y el estado.
En ese escenario nos encontramos con políticas sociales que apuntan a las necesidades de los jóvenes y de los sectores populares, sin considerar la opinión de los mismos. Además es
relevante considerar que dichas políticas, no se articulan desde la constitución política, por lo cual
no se configuran como parte de la estructura del estado, sino por el contrario muchas de las po-líticas sociales, han surgido como leyes que han intentado responder a las demandas que estos sectores han articulado bajo presión. Debido a esta razón el estado desde la recuperación de la democracia, ha intentado recuperar su rol interventor en las relaciones civiles, a fin de proteger a los sectores más vulnerables, en un contexto político que reconocía la incapacidad del
merca-do para cumplir la función de igualador social.
No obstante, dichas iniciativas han sido insuficientes, ya que el estado aún se articula como protector de derechos económicos y empresariales, sin garantizar derechos como la par-ticipación o protección social, de esta manera la construcción identitaria de los/as jóvenes no se articula desde el vínculo social, sino por el contrario se conforma desde la individualidad, el hogar, el cual se visualiza como un refugio ante este mundo amenazante y desprotegido, el cual permite en parte salvarse de la pérdida de sentido, lo expuesto se traduce en una familia gene-radora de socialización primaria, donde los discursos inmediatos, placenteros y tranquilizadores parecen ser el aditivo perfecto para construir una identidad, sin mayores ideales, ni voluntad
propia, lo anterior es un caldo de cultivo para vivir la inmediatez del consumo15.
Mientras que el grupo de pares, conformado por amigos/as, actúa como un espejo que devuelve la imagen que uno cada uno construye fundándose a sí mismo/a, de esta manera el mundo parece no tener más orden del que cada uno le da, gracias a los símbolos que hace circu-lar, sin embargo los soportes de dicha construcción identitaría pueden ser múltiples, puesto que
14 Goicovic, Igor, op. cit. (n.11) pp. 110-112.
se establecen a través de la expresión de identidades que se articulan por medio de las paredes, la vestimenta, el cuerpo y que juega con identificaciones y diferenciaciones superficiales, lo cual promueve un tipo de individuación auto referida.
A pesar de que esta construcción identitaria, que se edifica desde la carencia del vinculo social y se refuerza desde la individualización, la juventud como etapa vital se muestra caracte-rizada como un proceso de búsqueda y de cuestionamientos profundos, por lo cual el elemento
contestatario se manifiesta de manera más evidente en este grupo, ya que ser joven significa
disponer de un recurso cognitivo que es básico en la participación, l`incompletezza, termino
abordado por Melucci, que refiere a la sensación donde no se encuentra completo el desarrollo personal, esta actitud vital permite encontrarse abierto a los cambios y a la búsqueda de nuevos significados, lo cual responde de mejor manera a la orientación colectiva hacia el cambio social.
Mientras que la proliferación de identidades diferentes en esta época de modernidad tardía (posmodernidad), no permite caracterizar los movimientos sociales únicamente desde las contradicciones económicas, sino más bien es necesario analizarlas además desde otra perspec-tiva, como productos del campo cultural, que afecta la identidad personal y la vida cotidiana, ya que actualmente los movimientos sociales se encuentran conformados por grupos difusos y fluidos, situación que se relaciona con la forma desentralizada en que estos grupos promueven
para la toma de decisiones16.
En consideración a lo expuesto la acción ciudadana se ejerce a través de dimensiones sociales (referidas a los movimientos)y políticas, ambos conceptos no son diferentes en esencia, sin embargo históricamente han existido instancias en que se han separado y creado estructuras específicas para tales dimensiones, de esta manera lo social refiere a identidades particulares, mientras que lo político da cuenta del accionar en espacios públicos generales y asociaciones específicas para tal labor, de esta manera los partidos políticos se configuran por un lado y las organizaciones y movimientos por otro. Los estados modernos se basan en esta separación de tales ámbitos, pero es relevante tener en cuenta que tales divisiones, han sido modalidades del ejercicio humano, las cuales no tiene nada de naturales.
Sin embargo, los jóvenes a través de los movimientos estudiantiles y sociales han intenta-do unir ambas esferas de acción rescatanintenta-do el origen social del concepto, intentanintenta-do constituir una participación sustancial, como la definición de participación que surge de la Grecia Clásica, la cual visualiza al ser humano como un ente político cuyo accionar propositivo surge desde los mundos más inmediatos, donde se proyecta a lo público como acción orientada a la construcción de una sociedad. En este sentido, las organizaciones socio-culturales de los jóvenes se
caracte-rizan por la valoración de la autonomía y horizontalidad organizacional, lo cual constituye el
germen de un accionar político que nace desde estas lógicas e identidades sociales17.
16 Osorio, Carolina, op. cit. (n.8), pp.15-17.
De esta manera, los movimientos sociales como el movimiento estudiantil actual, se
consideran bajo la expresión de Nuevos Movimientos Sociales, concepto que comienza a utilizarse
durante la mitad de los años 60´, a consecuencia de un protagonismo determinado por una variedad de individuos y grupos que no es posible situarlos en estructuras homogéneas, ya que
previo a dicho periodo el término movimiento social desde el principio del siglo XIX, se
utili-zaba con el sentido específico de designar únicamente al movimiento obrero. Los nuevos mo-vimientos sociales que se articulan en la modernidad tardía, se caracterizan por una identidad política que afecta la base, la estructura y la táctica de los mismos, abriendo nuevas formas de presentación de intereses en las democracias avanzadas.
Asimismo es importante considerar que los movimientos además se conocen por su sen-tido contestatario, el cual se entiende desde la manifestación del descontento o disconformidad con el sistema imperante, para lo cual contestan o señalan aquellos aspectos de este sistema, que no responden con los intereses que persiguen dichos movimientos. Referido a lo anterior, los movimientos son relacionales en la medida que contestan a un/a otro/a, que no ha tomado en cuenta su opinión. Asimismo el término contestatario se entiende dentro de un contexto histórico en donde impera un sistema y una cultura dominante, como es el caso de la cultura neoliberal que articula tanto procesos sociales, históricos, económicos y culturales bajo lógicas
de mercado18.
De esta manera si se desarrollaran estas tendencias a la solidificación de redes que
apun-tan cada vez más a los espacios públicos, podría configurarse una forma real de movimiento
social juvenil que haga de la acción cultural, una opción para la construcción sociopolítica de la realidad. En este escenario nos encontramos frente a una juventud critica, cuya expresión no se encausa preferentemente a través de los partidos políticos sin embargo, no se debe mitificar el compromiso político de los/as jóvenes, ya que en Chile durante los momentos más álgidos de politización e ideologización de la vida política nacional, nunca alcanzo más allá del 40% de los jóvenes estudiantes a fines de la década de los 60´.
Además influye de manera negativo a lo anterior, el dialogo intergeneracional, matriz
articulada desde el adultrocentrismo, donde lo adulto se instala como punto de referencia para
el resto de las personas, lo cual desencadena en nuestra sociedad, un poder articulado desde la gerontocracia, en donde existen posiciones de superioridad por sobre ciertos individuos según criterio de edad, como roles sociales y económicos.
A pesar de lo expuesto, el contexto social delineado en párrafos anteriores devela las pro-fundas transformaciones socioculturales que se verifican en la vida cotidiana de los/as ciudadanos/ as y especialmente entre los/as jóvenes, en ellos/as se verifican cambios en la educación, trabajo, religión, sexualidad y sociedad, destacándose dentro de esta última, la crisis de representatividad
y participación tradicional, entendida desde partidos, instancias institucionales, etc. De esta manera la autonomía cultural, entendida como los intereses, saberes y quehaceres del mundo juvenil, constituyen el soporte sobre el cual debería descansar toda política de desarrollo en este sector, ya que la cultura juvenil, como la cultura popular al discurrir al margen de las institucio-nes y disposicioinstitucio-nes normativas del aparato público, no es tomado en cuenta como identidad
válida en el sistema19.
Un ejemplo de lo anterior es la participación de los/as jóvenes estudiantes a través de movimientos sociales, construidos desde la subjetividad y las identidades compartidas, sin la fuerte presencia de los partidos políticos que desde el regreso a la democracia se preocupan principalmente del plano público y político formal. El movimiento estudiantil se rearticula a pesar del temor que vivía la población en ese entonces, caracterizado por el retorno a la violen-cia estatal y abierta vivida en dictadura, junto a la instalación político e ideológica del proyecto social que marca el transcurso de esos años, razón por la cual, durante esta década a pesar de los esfuerzos de los/as estudiantes, comienza una desarticulación del movimiento secundario a tra-vés de las FESES, para lo cual además se instalan iniciativas como el parlamento juvenil, que
bus-ca bus-capturar la organización espontanea y bus-callejera bajo un marco representativo e institucional20.
A pesar de lo anterior, el movimiento de estudiantes secundarios comienza a rearticularse durante los años 1999 y 2000, es así que el protagonismo de estos/as actores sociales comien-za a crecer el año 2001 y culmina el 2006, donde se hace presente la emblemática revolución pingüina, movimiento que dejó en claro que a pesar de los cambios que los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia ha intentado instalar, estas políticas sociales siguen siendo insuficientes, ya que los grandes beneficiarios del sistema finalmente siguen siendo los grandes grupos económicos que gozan las garantías del Estado, para que ellos lucren con la
Salud, la Educación, la Previsión Social, etc. En este escenario democrático, han sido estas
gene-raciones que legalmente no tienen derecho a voz ni a voto, las que han dado claras señales de
dicha situación21.
Esta articulación del movimiento estudiantil, comienza desde el empoderamiento de su identidad de estudiantes, para reclamar derechos referidos al ámbito de la educación, debido a lo cual, este movimiento no se encontraba guiado por una ideología especifica, sino que se constituyo desde la subjetividad y la identidad articulada desde la demanda social, de esta ma-nera es posible visualizar el empoderamiento de este sector a través de la categoría de pingüinos, lo cual se constituye como parte del lenguaje coloquial, para categorizar a la masa de personas uniformadas.
19 Goicovic, Igor, op. cit (n.11) pp. 114-116.
20 Ortega, Juan, et al. Me gustan los estudiantes. Santiago, Chile. Editorial LOM, 2006, pp. 80-82.
En consideración a lo expuesto, cuando los/as pingüinos se reconocen y se apropian del término y su imagen, asumiendo todo su contenido contradictorio, desde el plano peyorativo
como afirmativo, configuran un fenómenos de identificación estratégica, donde es posible notar
el componente identitario del sobrenombre, ya que se articula desde la producción de identida-des que se resisten a la normalización, por lo que identida-desconfían del poder totalitario y la llamada
universalización, segun lo señalado por Beatriz Preciado22.
Mientras que la constitución de colectivos en los barrios, desafían las institucionali-dades y discuten sobre la personalidad jurídica, las cuales han buscado ampliar su gestión con autonomía, levantando centros culturales y redes con ritmos bastante lentos, las cuales ahora no evolucionan desde las estructuras partidarias por lo cual es un fenómeno históricamente nuevo, ya que desde la década de los 30´se articulo lo contrario a esta independencia.
Referido a lo expuesto, existen ciertas expresiones culturales que se constituyen desde la globalización hacia nuestro país, las cuales nos hablan de una identidad que se configura no
desde la categoría de nación, sino a partir de la identificación con la globalidad cultural de los
pobres, un ejemplo de ello, es el caso del break dance en las poblaciones, el cual nos habla de una mirada mundial a los barrios pobres de las urbes de Nem York, ya que en este lugar como en otro, los/as jóvenes se toman las calles con sus bailes enfrentando las dificultades y goces de la vida, desde los márgenes, en la exclusión social, desde la propia vivencia de ser joven. Un
ejemplo, más específico de lo anterior sería el grupo Legua York, aunque no podemos dejar de
lado la influencia ideológica de izquierda en este grupo juvenil23.
Sin embargo más allá de las diferencias entre estos colectivos en los barrios, (los cuales se constituyen a través de centros y/o expresiones culturales) y los movimientos estudiantiles, y en específico esta masiva articulación de estudiantes denominada Revolución Pingüina en el año 2006, la constitución de ambos presentan como elemento común la reivindicación de estas identidades abyectas, estas identidades periféricas. Lo anterior impulsa una apropiación de las mismas, lo cual como se refirió en líneas anteriores se denomina Identificación estratégica, ya que cuando el sujeto es capaz de articular lo anterior también se visualiza a si mismo/a, como un/a actor/ actriz social capaz de modificar su entorno, desde una identidad periférica ya empoderada.
Desde esta manera, es posible a partir del plano micropolítico construir nuevas ma-neras de relacionarse, y subjetividades nuevas que van más allá de las reglas e imposiciones del mercado, donde la solidaridad marca la articulación de estas identidades, que se instalan desde la periferia y se empoderan desde ahí, para reclamar y articularse como movimientos o colectivos contestatarios. En este escenario se busca construir una participación sustancial y no
22 Muñoz, Víctor, op. cit. (n.12), pp. 55-56.
funcional, en esta universalidad perdida donde a través de la configuración de una identidad determinada desde el particularismo, se busca agrupar a los/as ciudadanos/as desde una
identi-dad periférica determinada, como ser pingüino.
A razón de lo expuesto, es posible vislumbrar una nueva forma de participación social y política, que no se configura desde las estructuras partidarias, sino por el contrario desde la construcción cultural e identitaria de los ciudadanos/as jóvenes en ausencia de macro relatos, y a través del empoderamiento de una identidad abyecta a partir de la cual se construyen nuevas formas de relación y se reacciona frente a un sistema que no es capaz de escuchar a todos/as sus ciudadanos.
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