Jorge Piccini en ARTE Y OFICIO páginas 18 a 22
Año 12 / Nº 65
Octubre / Noviembre 2020
B a r i l o c h e - P a t a g o n i a / D i s t r i b u c i ó n g r a t u i t a
Editorial
La revista del TOdO
Queridos amigos:
Llegó la primavera y con ella este número 65 de Revista TODO. Íntimamente sentimos que los brotes, el aire renovado y la luz prolongándose hacia el ve-rano, nos devuelven algo de las ganas mermadas en el esfuerzo diario de sobrellevar, cada quien como puede, la situación adversa que atravesamos. Esta edición, en cuyo corazón laten –al pulso de las pala-bras y las imágenes– historias de vida protagoniza-das por vecinas y vecinos de nuestras zonas rurales (curtidos en adversidades e inclemencias climáticas e históricas) es de algún modo nuestra forma de to-mar conciencia y agradecer, el ejemplo que nos brin-dan, de temple y humildad, ante los avatares siempre imprevistos y misteriosos, del tiempo y de la vida. Y también nuestra forma de sentirnos cerca de cada una y cada uno de ustedes, nuestros queridos lec-tores y lectoras, razón de ser de esta iniciativa edi-torial, que se realiza y se completa en el afecto y el reconocimiento que saben dispensarnos y nos ex-presan habitualmente de diferentes maneras. Así es que vaya nuestro agradecimiento junto al deseo de que ¡la disfruten!
El equipo de Revista Todo
Staff
Dirección General: Roberto Juan Gilio Dirección Editorial: Sebastián di Silvestro Dirección Comercial: Irene Peralta
Escriben en este número: Raúl Catalá, Sara Itkin,
Sebastián Carapezza, Carolina Biscayart, diego Rodríguez Reis, Mariano Chiappe, Laura M. Méndez, Julio Cortázar, Cholo Pereira e Irene E. Peralta.
Colaboraron con este número: Gabriela Salamida, Rubén
darío Lagrás, Jorge Piccini, Laura M. Méndez, Alina Carey, Federico Silin, Carolina Biscayart, diego Rodríguez Reis y Laura García Rodríguez.
Ilustración: Martín Chirulo
Redacción y Corrección: Raúl Catalá
Producción Editorial: EdICIONES PATAGONIA ESCRITA Diagramación: dIdOT/diseño & diagramación
Impresión: Arcángel Maggio / Lafayette 1695 (C1286AEC)
Buenos Aires - Argentina
Propietario de la Publicación: Quetrihué S.A.
Dirección: Luis Piedrabuena 5152 – Bariloche / Río Negro Registro de la propiedad intelectual Nº 57634478
Sumario
archivo Visual Patagónico Pág. 2 Radiografía de una celebración
Por Raúl Catalá y federico Silin
Salud, Ciencia y Conciencia Pág. 8 Se respira primavera
Por Sara Itkin
El fogón del Encuentro Pág. 11 Rubén darío Lagrás
Por Sebastián Carapezza
Arte y Oficio Pág. 18
Jorge Piccini
Mensajes al Poblador Rural
Páginas Patagónicas Pág. 23 Cuentos mensajeros
Por Carolina Biscayart y Diego Rodríguez Reis Hombres y Mujeres de mi tierra Pág. 28 deportes barilochenses en los años ´30
Por Mariano Chiappe y Laura M. Méndez todos los Chicos Pág. 32 Juegos, curiosidades
y cuentos para pensar…
Instrucciones para subir una escalera Por Julio Cortázar
Costumbres del Sabor y del Saber Pág. 36 Primavera en Corea
Por Cholo Pereira Muffins salados sin gluten Por Irene Enriqueta Peralta
Cartas de Papel Pág. 39
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Archivo Visual Patagónico
Radiografía de una celebración
En “Identidades en pugna. Lo local y lo nacional en las conmemoraciones
barilochenses. 1910-1934”* alina Carey y Laura Méndez analizan, entre
otras, la histórica celebración de la denominada “Conquista del desierto”.
Por Raúl Catalá y Federico Silin
En su trabajo “Identidades en pugna. Lo local ylo nacional en las conmemoraciones barilochenses. 1910-1934”, las historiadoras Alina Carey y Laura Méndez repasan diversas fiestas que se celebraban por estas tierras durante dicho período. En este estudio las autoras afirman que “Tras la campa-ña militar a la Patagonia (1877-1885), la población que comenzó a habitar esta fracción del territorio fue muy heterogénea en cuanto a su origen. En la Norpatagonia Andina de las actuales provincias de Río Negro y Chubut convivieron inmigrantes euro-peos, argentinos, un grupo poblacional muy nume-roso de sustrato chileno y algunos indígenas sobrevi-vientes a la razia militar. En San Carlos de Bariloche, en particular, y en todos los Territorios Nacionales, el Estado argentino puso en marcha una serie de dispo-sitivos para, a través de un proceso de territorializa-ción, incorporar a la población a una nacionalidad. La escuela fue, sin duda, una de las instituciones
cla-ve en la concreción de este propósito en cuanto asu-mió un enérgico programa de educación patriótica que, a partir de un conjunto de rituales y contenidos escolares, se proponía fabricar argentinos. En este contexto multicultural, el Estado apeló a la educación primaria libre, gratuita, laica y obligatoria, tal cual lo establecía la ley 1420 de Educación Común, como uno de los dispositivos de control y homogenización. (…) la sintonía discursiva entre funcionarios políticos, maestros y corresponsales de prensa obedeció al pen-samiento hegemónico de principios del siglo XIX. En el espacio regional norpatagónico, el ejercicio de las actitudes patrióticas implicó prácticas etnocéntricas y xenófobas orientadas a indígenas y chilenos po-bres, a quienes se les acusaba de portar el “estigma de la raza” que los condenaba a la vagancia, el vicio y la barbarie.”
Luego de reseñar celebraciones “oficiales” como las realizadas los 25 de mayo y los 9 de julio –que
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Archivo Visual Patagónico
tenían por epicentro el Ciprés Histórico junto a la no menos histórica Escuela N° 16– o la realizada el 8 de febrero de 1925 en homenaje a Carlos Wiederhold reconociéndolo “(…) como el fundador de Bariloche, por haber abierto ese día, treinta años atrás, en los terrenos del actual Centro Cívico, la primera casa comercial de la ciudad (…)” y también celebracio-nes “populares” como las de los carnavales o las ramadas con las que se conmemoraban los 18 de septiembre el día de la independencia chilena, las cuales “(…) duraban no menos de tres días durante los que se organizaban comidas típicas, como
asa-do con cuero, curanto y cazuela de gallina, siempre “harto picantes” y acompañadas de cuantiosa chicha, lo que hacía necesaria la intervención policial para evitar desmanes productos de borracheras (…)”, las autoras refieren los pormenores de la celebración del 2 de abril, día en el que durante las primeras décadas del siglo XX se conmemoró la fecha en la que el Coronel Conrado Villegas izó por primera vez la bandera nacional en el cerro Carmen –bautizado así en honor a su esposa– al arribar al Nahuel Huapi al mando de su regimiento durante la denominada “Conquista del desierto”.
Párroco Faustino Clavería, Primo Capraro Cnel. Mohr, Pte. de Parques Nacionales Ing. Horacio Anasagasti y oficiales, año 1931
Inauguración del Monumento a los Expedicionarios al Desierto
Co. Carmen Villegas, 3 de abril de1927 – Col. Alcoba Pitt en Museo de la Patagonia
Cnel. Guillermo J. Mohr en el 50º aniversario de la culminación de la campaña militar
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Archivo Visual Patagónico
Según las historiadoras “En febrero de 1927 tenía previsto arribar a Bariloche Antonio Tiscornia, militar que había participado en la guerra contra el indígena. Ante la inminencia de su visita se decidió festejar el 46º aniversario del 2 de abril, fecha en la que se izó la bandera nacional en el cerro Carmen a manos del co-ronel Conrado Villegas. Nada se dejó librado al azar: la banda de policía de Río Negro dio la bienvenida en clave musical; Ferrocarriles del Estado abarató los pasajes para promover la afluencia de turistas y or-ganizó un tour desde Buenos Aires al Nahuel Huapi; y el “Centro Militar de Expedicionarios al desierto”
envió una placa a colocarse en la pirámide que se estaba construyendo.
El programa comenzó el 30 de marzo con la recep-ción del gobernador en punta de rieles, una bienveni-da formal en la Escuela 16 y una función de biógrafo. Continuó con un paseo por el lago Nahuel Huapi en el vapor El Cóndor, cedido por Primo Capraro, quien también obsequió el almuerzo a bordo. Ese día fina-lizó con un baile social que comenzó al atardecer. El 1° de abril se realizó un paseo en automóvil y el bautismo de cuatro calles céntricas con el nombre de “expedicionarios del desierto”: los generales Conrado Villegas y Nicolás Palacios, el vicealmirante Eduardo O´Connor y el sargento Andrés Rolando. Luego de escuchar el discurso del director de la Escuela 16, co-menzaron los juegos populares y carreras de sortijas, para culminar ese primer día del mes con otro baile popular en la cancha de pelota del pueblo. En el día más esperado, 2 de abril a la salida del sol, veintiu-na bombas de estruendo y diaveintiu-na despertaron a los vecinos. A las nueve de la mañana, salida al cerro Carmen, misa, himno nacional coreado por los alum-nos, inauguración del monumento, almuerzo popular, conferencia cultural y banquete oficial.
En 1928 a los festejos habituales se le sumó el bautismo de otras seis calles de la ciudad. En cada una de las ellas pronunciaron un discurso el repre-sentante del gobierno, los miembros de la escuela nacional y algún acaudalado vecino. Al bautismo de
Julio Comezaña y público asistente en el 50º aniversario, 5 de Abril de 1931 - Col. Beveraggi en AVP Francisco Molinelli pronunciando su discurso
en el 50º aniversario, 5 de abril de 1931 Colección Alcoba Pitt en AVP
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Archivo Visual Patagónico
las calles siguió por la noche una función cinemato-gráfica en el Cine Bar Bariloche que culminó con un vermut danzante. El 2 de abril el vecindario íntegro se encaminó en camiones, coches y cabalgaduras al monumento levantado en el cerro Carmen, donde se desarrolló el acto central. Tras regresar al pueblo se ofició un solemne Te Deum, seguido por un almuer-zo popular y una serie de juegos hípicos e infantiles. El día fue despedido con salvas de fusilería y bombas de estruendo, tal como se hiciera a la mañana a la salida del sol. Banquetes y paseos fueron corolario de la jornada.
La conmemoración del dos de abril se repitió año a año hasta el primer lustro de la década de 1930. de la liturgia de los actos llama particularmente la atención la dimensión nacional que se pretendió dar a la conmemoración. La prensa de la época reiteraba el reclamo barilochense de que la Argentina se hiciese eco de esta fecha y que en diferentes puntos del país se replicara el homenaje. Resulta curioso el intento de utilizar el acto como una atracción turística. La casa “Valle” filmó el acto y luego la película fue ex-hibida en Viedma, en el teatro Garibaldi de Carmen de Patagones (Provincia de Buenos Aires) y aún en la casa Rosada, donde fue aplaudida por el presidente Alvear. (…)”
Luego de ahondar en los pormenores de esta celebración –felizmente caída en desuso– al
lle-gar a la instancia de las reflexiones finales Laura Méndez y Alina Carey concluyen que “En San Carlos de Bariloche existió una agenda local de fes-tejos que adquirió mucha relevancia en las prime-ras tres décadas del siglo y que permitió construir una historia regional que comenzó con la llegada del “expedicionario del desierto” Conrado Villegas al cerro Carmen y tuvo su andamiaje en la vida de pioneros como Carlos Weiderhold y Primo Capraro. En esta historia lo indígena no tiene cabida y el pa-sado que se reivindica tiene como hacedor al colo-no extranjero.
Oficial expedicionario Tte. Coronel Ángel Alegre pronunciando su discurso en el 50º aniversario, 5 de abril de 1931 - Col. Alcoba Pitt en AVP
Alumnos de la Escuela Nº 16 en el Monumento
Expedicionarios al desierto, Co. Carmen Villegas
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Archivo Visual Patagónico
vecinos organizaba la conmemoración. Su compo-sición evidencia que al evento festivo le condice la participación política, la relevancia social y el mundo de los negocios. La prensa territoriana dio mucho espacio a las conmemoraciones nacionales y en especial a la del 2 de abril, concebida como fiesta bisagra entre la nación y la ciudad, y muy poco dijo de las fiestas chilenas y los carnavales que fueron verdaderas fiestas populares sobre las El pasado fue traído al presente a través de la
conmemoración y, con el propósito de contribuir a la unidad de la comunidad local más allá de cre-dos y países de orígenes, se despojaba a ese pasado de conflicto y contradicción para transformarlo en un relato armónico que permitía identificar notas de argentinidad y patriotismo. Las Comisiones de Festejos se constituyeron en esta trama como só-lidas redes de relaciones en las que un grupo de
Desfile con motivo del bautismo de calles de Bariloche 3 de abril de 1927 - Col. Frey en Museo de la Patagonia
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Archivo Visual Patagónico
que el Estado ejerció una cautelosa tutela, en pos de evitar desmanes y excesos.
La figura de Moreno en los comienzos del viejo San Carlos se vinculó con el añoso ciprés -concebido como lugar de la memoria- y con su presencia en Bariloche secundando la acción contra el indígena, en pos de la civilización y el progreso. Moreno va a continuar formando parte del panteón de próceres locales en las décadas posteriores a la del treinta, pero tras la creación de Parques Nacionales en 1934, se lo va a destacar como precursor de los Parques Nacionales en Argentina, como patriota y como científico.
Primo Capraro fue sin dudas el epicentro de esta forma de ver el pasado y construir espacios de socia-bilidad. Su muerte marca un clivaje en el proceso his-tórico regional ya que la toma de timón por Parques Nacionales en el espacio local va a imponer otra litur-gia patriótica, centrada esta vez en el Perito Moreno como quien donó las tierras para el Parque y definió límites, en Roca como conquistador del desierto y en el propio Bustillo como prócer. Las fiestas mayas y julias intentarán recuperar protagonismo de la mano de la restauración conservadora de los años 30. Esas conme-moraciones y festejos forman parte de otra historia.” Podés encontrar la versión completa del trabajo reseñado ingresando a:
http://revele.uncoma.edu.ar/htdoc/revele/index. php/Sociales/article/view/1939/58340
Conmemoración de la llegada de los Expedicionarios al Desierto Co. Carmen Villegas, 3 de abril de 1939 - Libro Histórico Escuela N° 16
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Salud, Ciencia y Conciencia
Se respira primavera
“Vuelve la esperanzadora primavera a revivir los jardines.
Renace el tiempo de los brotes, el pewün para quienes
habitamos este sur. Y vuelve a florecer la Vida.”
Por Sara Itkin, Médica Generalista y Naturista
Este particular e inolvidable invierno 2020, pan-démico y nevador que nos obligó a guardarnos en nuestras casas, comenzó su retirada.
Vuelve la esperanzadora primavera a revivir los jardines. Renace el tiempo de los brotes, el pewün para quienes habitamos este sur. Y vuelve a flore-cer la Vida.
Reverdecen los tréboles, generando una alfom-bra mullida en los prados y jardines, e invitándonos a recostarnos sobre ellos a tomar un poco de sol y tentar nuestra suerte buscando uno de 4 hojas. Se trata de hierbas perennes –de hasta 30 centíme-tros aproximados de altura– provistas de estolones. Gracias a estos brotes laterales, que nacen en la base del tallo y crecen horizontalmente a nivel del suelo, la planta se distribuye cubriendo la superficie, ade-más cada estolón es capaz de enraizar y producir nuevas plántulas. Sus hojas están compuestas por tres folíolos, de allí su nombre botánico Trifolium que hace referencia precisamente a esos tres folíolos que conforman la hoja, cada uno de los cuales presenta una mancha blanca central. El segundo nombre –re-pens– alude a su carácter reptante, razón por la cual se le llama “trébol rastrero”.
Las flores de Trifolium repens –por lo general blancas o pálidamente rosadas– se agrupan en ca-bezuelas florales y son muy aromáticas, atrayendo abejas y otros polinizadores. Por eso a esta espe-cie de trébol también la llamamos “trébol blanco”. El fruto es una pequeña legumbre con 4 a 5 semillas en su interior.
Pertenece el trébol a la familia de las Leguminosas o Fabáceas. Las leguminosas representan el principal grupo de plantas capaces de fijar nitrógeno del aire en sus raíces, transferirlo al suelo y enriquecerlo. El nitrógeno es parte de la alimentación básica de las plantas y para fijarlo a la tierra las leguminosas ne-cesitan de la ayuda de unas bacterias llamadas rizo-bios –Rhizobium leguminosarum– que forman nódu-los en las raíces de las plantas. Estas bacterias toman el nitrógeno de la atmósfera para convertirlo en ni-trógeno disponible para las plantas. Los rizobios se encuentran siempre en el suelo y se “activan” cuan-do sembramos leguminosas. Cuancuan-do las bacterias reciben señales de que hay leguminosas en el suelo, se acercan y entran a las raíces. Es un gran ejemplo de ayuda mutua, ya que se benefician ambas partes: los rizobios ayudan a las leguminosas a asimilar ni-trógeno y estas le brindan a ellos componentes or-gánicos, obtenidos a través de la fotosíntesis, que le sirven de alimento.
trébol rosado - trifolium pratense trébol blanco - trifolium repens
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Salud, Ciencia y Conciencia
Podemos sumar el trébol blanco a nuestra alimen-tación: las hojas, sin el pecíolo que resulta algo duro, se emplean crudas en ensalada cuando son tiernas –antes de la floración– o cocidas como verdura. No son fáciles de digerir, por lo que se aconseja comenzar a comer poca cantidad. Por otro lado tanto las hojas como las flores secas despiden un aroma a vainilla y pueden añadirse a postres, a los que les dará un sabor dulzón y agradable. Secas y molidas junto a las semi-llas las flores también pueden mezclarse con la harina para hacer pan. Además el néctar que contienen les confiere un sabor azucarado por lo que pueden su-marse a diferentes infusiones. Sus raíces son comes-tibles cocidas al vapor y la infusión de sus flores –que podemos hacer vertiendo agua hirviendo sobre las mismas y dejando reposar antes de colar– en forma de compresas alivia ojos irritados. También se reco-mienda la infusión de sus hojas y flores para “limpiar la sangre” y aliviar de este modo dolores reumáticos.
En los mallines y zonas húmedas encontraremos al “trébol rosado”, “trébol rojo” o “trébol de los pra-dos”. Pertenece al género Trifolium al igual que el trébol blanco, pero lo diferenciaremos a simple vista principalmente por su cabezuela floral más grande y de un color rosa liláceo a purpúreo, por sus tallos erectos y ascendentes y por su altura, que puede lle-gar a los 60 centímetros. Observando en detalle ve-remos que sus tallos y hojas están cubiertos por finos pelitos, sus folíolos son ovalados y sus pequeñas hoji-tas abrazan la cabezuela floral que es muy aromática. Las hojas se comen crudas en ensalada, aunque tam-bién cocidas en sopas o potajes. Son ricas en minera-les, especialmente calcio, selenio, potasio y magnesio. Las flores de trébol rosado también son ricas en fitoestrógenos. Se trata de unos componentes que contienen ciertas plantas los cuales ayudan a regular el funcionamiento hormonal. En el Trifolium praten-se praten-se encuentran diversos tipos de fitoestrógenos, todos benéficos para la salud, entre los que se des-tacan dos tipos en particular: cumestanos e isofla-vonas. Su acción será la de aliviar los sofocos y mo-lestias en la época cercana a la menopausia y regular el nivel de colesterol que puede alterarse en este ciclo de la vida. Dichos fitoestrógenos también for-talecen los huesos. Para aprovechar estos beneficios saludables se realiza un té con 3 a 4 cabezuelas flo-rales por taza de agua hirviendo debiendo beberse 3 tazas por día. La misma infusión ayuda a depurar la sangre, siendo muy útil para personas con exceso de ácido úrico. También ayuda a aliviar lesiones de la piel como quemaduras, eccemas y psoriasis, apli-cando sobre ellas compresas tibias.
Las Oxalis son un grupo de hierbas que habi-tualmente se confunden con los tréboles ya que sus hojas tienen algún parecido. El nombre Oxalis alude
al sabor ácido que poseen. En los bosques húmedos
www.saraitkin.com.ar
de la patagonia crece a ambos lados de la cordillera el cuyi-cuyi, llamado también cuye amarillo o pastito salado, su nombre botánico es Oxalis valdiviensis y podemos cultivarla en nuestros jardines. Es una hier-ba pequeña, de aproximadamente 25 centímetros de altura. Sus hojas están divididas en tres folíolos acorazonados de color verde, que se unen entre sí en el punto medio de la hoja y presentan un largo pecíolo o tallo redondeado y cilíndrico de color ver-de. Las hojas son muy numerosas y crecen de forma vertical o inclinada formando montículos redondea-dos. Florece en verano. Sus flores son pequeñas, de color amarillo brillante, compuestas por cinco pé-talos ovales ligeramente superpuestos entre sí que sobresalen por encima de la vegetación. Se cierran al atardecer para abrirse de nuevo con la luz solar. Tanto hojas como tallos y flores presentan un deli-cioso sabor ácido. Al ser ricas en vitamina C es bueno agregarlas a las ensaladas y también preparar un rico refresco alimonado para calmar la sed.
¡Vivamos un saludable reverdecer!
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El Fogón del Encuentro
a la vera del fogón:
Rubén Darío Lagrás
Por Sebastián Carapezza
Rubén es un referente de la radiofonía patagónica que desconoce fronteras
entre el campo y la ciudad. Charlamos sobre los medios hegemónicos y
sobre su relación con la gente de campo, sus caminos y sus tiempos.
Gestaste programas musicales, fuiste operador,trabajaste en radios alternativas y en medios pú-blicos. ¿Cómo transitaste esos cambios de pro-yectos y audiencias?
Es algo que se fue gestando con el correr del tiempo y sobre todo cuando pasé de ser técnico operador a “pretender hacer micrófono”. Hubo un momento en que realmente sentí las ganas y casi la necesidad de hacer algún programa propio. La radio inundaba mi vida, mi cabeza y mi alma de tal manera que no me conformaba con seguir operando, aun-que siempre disfruté mucho de producir técnicamen-te algún espacio, elegir cortinas, musicalizar, etc...
Yo ingresé a LU8 Radio Bariloche a principios del 80 (en el 81 pasó a ser Radio Nacional), y esa “trans-formación” de operador a conductor se dio en el año 1987, cuando ya tenía algunos años de rodaje radiofónico. Y por supuesto que mi corazón rockero tuvo la primera palabra. Arranqué balbuceando un programa con un estilo muy “dark” que se llamaba “Al Margen”, con poesía de Artaud y música de The Cure, Joy Division entre otros, que tuvo escasas en-tregas. Enseguida, ya en el año 88, llegó “Después de Todo” (DDT), que pudimos hacer en el trasno-che de Radio Nacional. Ahí me acompañaron Eddie Alegría y muchos amigos con los que compartíamos no sólo la música, sino que vivíamos como
auténti-12
El Fogón del Encuentro
cos rockers callejeros y noctámbulos... fue todo muy adrenalínico... muy fuerte. El programa se transformó rápidamente en un referente de la juventud barilo-chense y disfrutamos de una audiencia y un alcan-ce fenomenales. También duró (radialmente) lo que una tormenta de verano... Habrán sido unos siete u ocho meses de vértigo total, pero sin querer había-mos plantado una semilla que pronto tuvo muchos brotes en la radiofonía de Bariloche, sobre todo con la proliferación de las FM, que también aparecieron más o menos por aquella época.
Con respecto a la pregunta en sí, empecé a tener aire en la legendaria FM Mascaró, en el 91, reedita-mos DDT con un equipo fantástico: Adrián Moyano, El pelado Mike (Umaña), Javi Grosfeld y una verdadera “tribu” de artistas barilochenses. Ahí hacíamos el pro-grama y de ese propro-grama furibundo, me iba a cubrir mi horario de trabajador de Radio Nacional, en el que tenía momentos de locutor de turno dando alguna información, denunciar temas musicales selecciona-dos por la discoteca de la radio y presentar obras clásicas. O sea que de estar “en llamas” mientras ha-cíamos DDT –con Megadeth, Metallica, Sex Pistols– y estar llevando adelante un proyecto de comunicación marcadamente irreverente, contestatario y transgre-sor, pasaba a la fría formalidad de presentar música de Sergio Denis, Abba, Eduardo Falú casi sin escalas.
¿Cuáles considerás tus mayores logros como co-municador?
Es una pregunta que me hago de tanto en tanto. Alguna vez Adrián (Moyano) me definió como un “intuitivo” del medio. Y creo que mi propia historia de comunicador le da la razón. Si hay algo por lo cual me siento absolutamente privilegiado, es por haber desarrollado varias propuestas radiales, haber parti-cipado en algunas gráficas, y en todas tener cierta respuesta de la gente, cierta repercusión. Sobre todo en radio, que además de DDT, me ha tenido (y me tiene) desde el año 2003 en adelante, como con-ductor de “Patagonia, Camino y Tiempo”, programa netamente dirigido a los pobladores rurales. Con al-gunos altibajos, he disfrutado de tener una audiencia muy importante en la región y en Bariloche también.
Con respecto a los logros, creo que disfruto tam-bién haber conseguido un estilo de radio “creíble”, situándome mucho más “al lado” del oyente que en ningún otro sitio. Siempre estaré agradecido a quie-nes me guiaron a ese lugar. Me refiero a quiequie-nes me inculcaron el concepto de la comunicación horizon-tal: Adrián, Leo Jalil Bayer, Pancho García, mi compa-ñera Marisa entre otros. Siempre me gustó sentirme codo a codo con la gente, desde mis programas roc-keros, tomando birra en la plaza del barrio con los pibes que me escuchaban todos los días, hasta los mates, las tortas fritas y algún churrasquito en al-gún cálido ranchito de la línea sur. Cuando encarás la comunicación desde ese lugar, no hay nada que hacerle, la gente se identifica, te reconoce y hasta desarrolla afecto por vos y tu labor.
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El Fogón del Encuentro
tu programa “Patagonia, Camino y tiempo”, es un espacio reconocido tanto para los oyentes ur-banos como rurales. ¿Qué te llevó a pensar, crear y sostener este programa que perduró tantos años?
Siempre recuerdo el “hallazgo” que significó para mí el caer en la cuenta –mientras mateaba y charlaba con algunos compañeros sobre el concepto radial de “audiencias cautivas”– que no existe una audien-cia más cautiva que la de los obligados oyentes de la zona rural. Ellos no tienen alternativas a la hora de elegir qué medio escuchar. Lo único que pudie-ron escuchar durante muchos años ha sido la AM de Bariloche, Jacobacci o El Bolsón. Y salvo honrosas y recordadas entregas como “La Patagonia y su Gente”, “El Inta en la Patagonia” (aún vigente) o “Habitando el Sur”, habían sido muy pocos los programas dedi-cados en exclusividad a la temática.
Entonces empecé a maquinar ideas como la de “sacar la radio al campo” o “llevarle la radio a la gente”. Ir hasta allá, a ver qué pasaba y cómo era la vida en esos parajes alejados. Un día armé una salida al paraje Corralito, contando con la generosidad de Jhony Zilly, que puso su auto, y Enrique Pfaab, un amigazo perio-dista que me acompañó en la aventura. Estuvimos en la escuela del paraje y grabamos algunas entrevistas a docentes, chicos de la escuela y algún poblador de los tantos que fueron a la cita que habíamos anunciado desde la radio. Ese día, literalmente entré a otro uni-verso. Enrique y yo éramos “bichos de ciudad”,
acos-tumbrados a salir corriendo a buscar la noticia, graba-dor en mano, a cubrir la urgencia, a tener la primicia informativa y todo eso que hacemos vertiginosamen-te en Bariloche. Allá... en ese paraje chiquito, de po-cas po-casas y la escuela... la gente que había ido no era para dar entrevistas ni para hacer declaraciones a la radio... ellos habían ido –como nos dijo un paisano– “para conocerlos a ustedes nada más (…) a ver cómo son los que hablan en la radio”.
A partir de entonces tuve que aprender muchas cosas. Para empezar, aprender que los tiempos “ur-banos” son completamente distintos a los tiempos “rurales”, el tiempo discurre distinto. La relación con los elementos de la naturaleza es distinta. La trans-parencia de las personas es distinta, no sé, es como más cristalina, más clara, más genuina.
Y bueno, rápidamente me embalé con desarrollar el trabajo y así llegaron salidas a El Caín (al borde de la Meseta de Somuncura), Río Chico, Menuco Negro, Pilquiniyeu del Limay... y sigue y sigue la cuenta y los miles de kilómetros transitados para lograr testimo-nios. Y se transformó en un programa documental radial, en el que se escuchó sostenidamente la voz de los alejados, de los que obligadamente nos escucha-ban día a día, pero que difícilmente eran escuchados. Si algo me tiene conforme es que ha sido un progra-ma “inclusivo” desde su nacimiento.
¿Las historias de estas personas tienen cabida en los medios hegemónicos?
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El Fogón del Encuentro
Deberían tenerla. Sin duda es escasa la informa-ción sobre la temática que se transmite a través de los medios hegemónicos. Con algunas salvedades como Darío Aranda por ejemplo, que publica en Página 12 dedicando vida y profesión a la proble-mática, sobre todo, de las comunidades rurales.
Los medios están mucho más abocados a “lo que vende”, al devenir político-económico, a las roscas y contubernios de los que ellos forman parte di-rectamente y a ver cómo hacer la vista gorda para favorecer la invisibilización de la gente rural, para no molestar mucho a los posibles negociados que llegarán a través de la minería, la sojización, la ex-tranjerización del territorio, la demonización de los originarios. En fin, seguir adelante con la conquista, todo eso que ya conocemos tanto y frente a lo cual es fundamental la supervivencia de las asambleas, de los medios alternativos y de todos los espacios que puedan ayudar a contrarrestar semejante avance del poder económico sobre los territorios y las personas.
¿Qué función cumple la radio pública con el po-blador rural?
La radio pública es absolutamente fundamental para los pobladores de la región, que excede el ám-bito de la estepa. La radio pública es fundamental para la gente de El Foyel, El Manso, el perilago en inmediaciones de Villa la Angostura, hay oyentes en la zona de lago Huechulafken, lago Meliquina, todos lugares del circuito turístico por excelencia de
nues-tra zona. Es fundamental también para pobladores del Parque Nacional, comunidades originarias, po-bladores chilenos que están en Paso El León, Lago Vidal Gormaz o El Torrentoso, inmediatamente del otro lado de la frontera en El Manso inferior. Y por supuesto el enorme territorio hacia la Línea Sur, los pueblitos al lado de la Ruta 23 y los parajes disemi-nados en toda esa geografía. Solo los pobladores de esos lugares saben lo que “realmente” significa para ellos contar con esa herramienta que es la radio pú-blica y todo lo que depende de ella.
Creo que a pesar de estar ya avanzado el siglo XXI y con los milagros tecnológicos de la telefonía celular e internet, la AM por largo tiempo tiene mucho para dar en este sentido. Como siempre digo: el Servicio de Mensajes al Poblador de Radio Nacional Bariloche es una especie de “corazón” para la función de la emisora.
Una vez, allá por el 2004, tuve oportunidad de charlar con un poblador de Pilquiniyeu del Limay, Don Hipólito Mesa. Me contó su historia personal y su relación con una gran estancia contigua al pa-raje, que lo tuvo como peón desde que él contaba con apenas 16 años. En su relato recreó el itinerario de su propia vida siguiendo la evolución de la firma que regenteaba la estancia. Contó cómo la misma fue entrando en desgracia con el correr de los años pasando de tener miles y miles de animales y una cantidad enorme de personal a la ruina paulatina por mala administración cuando fue traspasada a otros dueños. Finalmente la estancia se redujo a animales abandonados y él como último empleado,
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El Fogón del Encuentro
do seguir adelante con algo absolutamente perdido. Hizo su relato con tal maestría, que cuando lo puse al aire llamó una oyente emocionada desde Dina Huapi para agradecerme a mí, por hacer conocer historias como esa a la gente de la zona urbana.
¿Cómo es la recepción de mensajes? ¿Recordás inconvenientes o algún mensaje que te hizo reír?
Hoy por hoy todo se circunscribe a internet y a te-lefonía celular. En estos días de pandemia y aislamien-to hay una compañera exclusivamente abocada a esta tarea desde su casa. Antes de la pandemia los avisos se recepcionaban en la mesa de entrada de la radio. El horario de emisión es “sagrado”. La gente espera puntualmente la llegada “del social” como lo llaman. Y ese es un momento casi solemne en cada casita de adobe allá en la estepa. El horario varía según sea ve-rano-otoño o invierno-primavera, porque las tareas y el desempeño de la gente en el campo también cam-bian según las estaciones. En invierno se levantan más tarde por el frío y las heladas, en primavera y verano el día empieza mucho más temprano, por lo tanto el servicio de las 8 de la mañana hay que adelantarlo a las 7. Hacia el final de cada año la actividad en el campo se acrecienta de gran forma, llegan la esquila y la señalada y muchas otras actividades que hacen que la cantidad de avisos se incrementen también.
Recuerdo una vez, disfrutando de un asado en la radio, se hizo la hora de leer los avisos ya entrados en la sobremesa. Nos tocaba el turno de leerlos a
una compañera y a mí, así que fuimos hasta el estu-dio y acometimos la tarea. Veníamos muy bien hasta que descarrilamos. Había un aviso que mencionaba el envío de “una máquina hormigonera” para hacer trabajos en un campo. Cuando llegó el momento de leerlo, lo hizo mi compañera y le salió “una má-quina hormiguera”, yo intenté seguir adelante con toda seriedad pero ella misma se tentó de risa y yo no pude aguantar. Tuvimos que poner un tema mu-sical y después continuar con el resto de los avisos. Después me confesó que la tentación le vino porque se imaginó “una máquina de la que salían hormigas”.
¿Cómo definirías al poblador rural? ¿Creés que la geografía y el clima inciden en su personalidad? ¿Qué dicen sus miradas y sus silencios?
Lo que para mí define al poblador rural es la trans-parencia. En un sentido amplio pero a la vez total-mente directo de la palabra. El paisano puede ser una gran persona o también un personaje taimado y la-dino. Pero es lo uno o lo otro. Hay muy pocas medias tintas o grises. Los urbanos somos bastante más com-plejos, aprendimos a utilizar infinidad de disfraces, en general lo hacemos para concretar nuestros objetivos o para que se cumplan y ejecuten nuestros designios. Solemos volvernos bastante soberbios a la hora inclu-so de exhibir nuestros conocimientos. Y ni hablar de las mezquindades y miserias que nos habitan.
En la zona rural la gente se encuentra afortuna-damente bastante preservada de semejante
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El Fogón del Encuentro
minación. Eso es notable cuando empezás a entrar en esas casas de adobe y hablar con sus habitantes, la mayoría de sangre originaria, algunos paisanos mestizos y otros netamente descendientes de grin-gos. Pero casi todos con la misma nobleza, la misma mirada cristalina y el mismo apego a lo natural, a la tierra de la que forman parte. El paisano parece es-tar hecho de viento, de ramas de sauce, de coirón y de tosca, de ojo de agua, de menuco y de piedra, de arcilla y espinas tan duras como clavos… Perdón por el ataque de poesía pero no hay con que darle... El habitante rural es de lo más verdadero que podés encontrarte en el ambiente humano.
Con esto de los silencios recuerdo una salida que hice a Pilquiniyeu del Limay hace varios años. Yo es-taba acampando al costado del arroyito que pasa cerca del paraje y una familia me ofreció utilizar el sanitario de su casa, además de compartir la mesa y sus comidas. Y era de mañana, yo recién levantado me acerqué a la vivienda y encontré al dueño de casa preparando desde temprano el estofado de capón para compartir al mediodía. Después de mi aseo ma-tinal, me senté a la mesa para unos mates con pan casero, y al darme cuenta que el cocinero estaba en-simismado en sus pensamientos mientras revolvía la olla, agarré un diario viejo que encontré sobre una repisa y me puse a revisarlo. Después de un rato es-cuché un suspiro de lo más sonoro y el paisano dice: “¡Aaaahhhh… así es la vida don Lagrás! Así nomás... es jodido ¿eh!? ¡No si…!” y otra vez guardó silencio por un buen rato mientras seguía revolviendo el estofa-do. La misma secuencia se repitió un par de veces mientras yo trataba de imaginarme en qué estaría pensando el hombre sin atreverme a preguntarle...
simplemente para no romper la magia del momento. Así son muchos. Dialogan con el silencio.
Soportan sequías, cenizas de volcán, pandemia, aislamiento por nieve, hiperinflaciones, aban-dono estatal y sin embargo ahí siguen estando. ¿Dónde reside su fortaleza?
Sin dudas están hechos de pedernal. Y aman ese lugar al que sienten pertenecer como si fuesen par-te del entorno. Porque el sacrificio y el sufrimiento forman parte de esa existencia. Para ellos el padecer forma parte natural de la vida y son expertos en ha-cerle frente. Pocas cosas llegan a quebrarlos, aunque creo que perder los animales que crían para ellos es como un piedrazo al corazón.
De cualquier forma, no nos podemos olvidar que se ha producido un éxodo tremendo de familias en-teras del campo a la ciudad. Con el dólar uno a uno allá por los ´90 la lana de ovejas y chivas pasó a valer prácticamente nada y al ser casi su único sustento no les quedó otra que emigrar buscando paliar hambre y miseria. Los que aguantaron entonces son los que la siguen peleando hasta hoy.
Resiliencia y tenacidad se quedan cortos como términos para graficar tanta valentía. Es por eso que merecen nuestra infinita admiración. Igual agrego con dolor, que hoy por hoy, van quedando los viejitos en el campo. Los jóvenes sienten que no hay posibi-lidades para ellos si se quedan y esto presenta una proyección angustiante del asunto.
A la hora de los bifes, el espectro de la política, casi maquiavélicamente hay que decir, también hace esa diferenciación. El paisano vive ligado a la
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dad de sus pueblitos y parajes y no tiene un gran peso electoral. Entonces la marginación viene desde ese punto de partida. Son tenidos en cuenta un rato antes de las elecciones y después si hay que atender a la región por alguna emergencia. No es una elu-cubración mía, me lo han dicho en cada uno de los rincones que he visitado. Es una realidad que todos conocemos pero no se modifica en absoluto. Tiendo a pensar que detrás de semejante realidad se escon-de un fin bastante oscuro, que tiene que ver princi-palmente con el vaciamiento previo y los negociados que pretenden hacer con el territorio.
¿Qué objetivos laborales tenés a mediano plazo?
La verdad es que vengo extrañando ya desde hace años, esa adrenalina del rock, de la poesía y es-cribir textos para leer en radio, ése vértigo que sig-nifica vomitar tus convencimientos, por equivocados que le puedan parecer a cualquiera, tomar a la radio como elemento del arte, crear y romper climas, po-nerle ritmo a la locura informativa de cada día, si es posible con una guitarra potente y distorsionada, con una batería que conmueva, con una voz que cante lo que hay que cantar por estos días. En fin, volver un
poco a ese lugar en el que empecé a abrir la boca delante de un micrófono.
Así es como estoy embarcándome en un proyec-to de un medio que tiene base en Puerproyec-to Montt, en Gulu Mapu. Es una especie de radio virtual. Se llama Décima Sinfonía. Según me decía su principal referen-te, Enzo De la Hoz, es porque está en la décima región de Chile pero además por aquello de la mítica décima sinfonía que tanto les ha costado a los grandes com-positores clásicos. Me pareció un lugar que propone mucha aventura comunicacional y si es aventura ¡allá vamos! La idea es ver de desarrollar un proyecto la-tinoamericano, con muchas expresiones patagónicas claro, de ambos lados de la cordillera. Tengo ahí un programa en ciernes y por otro lado, a pesar de haber tomado mi retiro voluntario después de 38 años en radio Nacional, sigo haciendo mi “Patagonia, Camino y Tiempo” los domingos de 10 a 13. Lo hago por la enorme satisfacción que me produce hacer radio pero también para darle continuidad a ese vínculo que me une a la audiencia rural. No podría romperlo así como así. Son demasiados años de afecto.
agradecemos especialmente la colaboración de Gabriela Salamida
Las fotografías que engalanan El Fogón del Encuentro son obra y gentileza de Jorge Piccini
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Arte y Oficio
Jorge Piccini / Mensajes al Poblador Rural
Jorge Piccini nació en Basavilbaso –provincia de Entre Ríos– en 1974. Luego de vivir
20 años en Santa Fe desde el 2002 vive y trabaja en San Carlos de Bariloche. Es
li-cenciado en diseño y fotógrafo. Se desempeña como docente del Instituto Superior
Patagónico y es director, editor y productor de la Revista de Fotografía
Latinoame-ricana Bex. Expuso y dictó charlas y talleres en Argentina, Chile y Ecuador. Su pasión
lo llevó a dedicarse especialmente a la edición de libros de fotografía, entre sus
pu-blicaciones se cuentan “Ella también” –autorretratos de fotógrafas–, “Charlas con
fotógrafos latinoamericanos”, “Historia de una foto”, “Ese instante que no se olvida”,
“Reforma” –en coedición con Liliana Contrera–, “Antes de los Aplausos”, “Patagonia”,
“Pequeñas anécdotas sobre la cuarentena” –en coedición con Virginia Moreno– y
“Mensajes al Poblador Rural”. Estos mensajes, que se transmiten por las distintas
emisoras de Radio Nacional de la Patagonia desde hace más de setenta años,
cons-tituyen un servicio comunicacional único e imprescindible para los pobladores de
las zonas rurales. Las fotos de Jorge registran esta circunstancia y como afirma en el
prólogo del libro Ana Laura Suárez Cassino “(…) ponen de manifiesto una ausencia:
algo que no encuentra palabra para ser nombrado pero que se percibe. (…) Los
lími-tes entre fondo y forma se desdibujan: las imágenes son lo que parecen y más y otra
cosa. Hablan del instante y del estar, develando la belleza de lo pequeño y cotidiano
de estas vidas, incluso en el silencio. (…)”
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Páginas Patagónicas
Cuentos mensajeros
“Sentencia de invierno” de Carolina Biscayart y “Filadelfio, el milagroso”
de Diego Rodríguez Reis, integran una antología de cuentos patagónicos
–de próxima aparición– escritos a partir de “Mensajes al Poblador Rural”.
SENtENCIa DE INVIERNO
Por Carolina Biscayart
Ella hizo un pacto de silencio, esto será el castigo había dicho la última vez que habló, pero no dijo a quién castigaba.
Él nunca más escuchó su voz pero escucha otras que vienen de otros tiempos, en los que también creía que era viejo para todo, y ahora descubre que ha repe-tido exactamente tres veces esa vejez. Ahora está segu-ro de que la vida no se decide desde niño o casi niño, pero él antes no sabía eso, así que ese niño que fue, de-cidió algo que permaneció para siempre, porque cam-biar es pecado. Y así siguió, reiterándose hasta este día, bastante cercano al último. Cumple ochenta y un años.
Ella en silencio le tejió un pulóver azul y preparó un bizcochuelo con licor y chocolate. El invierno viene duro, las polillas atacaron el pulóver que siempre usa, y ya no huele bien simplemente por viejo. Tejer la distrae.
Él necesita salir todas las mañanas al almacén y a caminar un poco como le recomendó el médico.
Está bien que él salga, así ella no lo siente cerca por un rato, no es fastidio, pero algo en su presen-cia le genera intranquilidad, así ha sido siempre no sabe por qué, y esos instantes son una especie de vacación diaria. Además ella prefiere no salir nunca más de su casa. No le gusta ser vieja y no aprendió a disfrutar de nada. Por suerte encontró en un rincón de la casa, de esa casa de siempre, un lugar en el que siente cierta sensación placentera. El sillón frente a la ventana, cerca del fuego. Ahí quiere quedarse quietita hasta el último momen-to, por eso ruega que él muera después que ella, para que la cuide.
Nunca pudo quererlo, nunca pudo dejarlo, pero en este último lapso de vida descubrió que las cuen-tas se saldaban entre ellos aunque todo fuera en si-lencio, y que, aunque sin amor todo quedaría en paz. Él trae las compras y ella, sólo mirando por en-cima sabe con exactitud qué debe cocinar y lo hace en un ritual magnífico. En esos cálidos y sabrosos bocados del invierno está lo mejor de la vida.
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Páginas Patagónicas
Él arregla relojes viejos, pasa horas y horas mur-murando y un gesto de felicidad le ilumina la cara cuando otro reloj vuelve a funcionar. Le cuenta a ella meticulosamente qué hizo con cada pieza y cómo le devolvió la vida a esos aparatos en desuso. Lo escu-cha sin mirarlo. Algo en su postura le informa a él que lo está oyendo, y él sigue hablando solo. Cuando vuelve de la calle le cuenta lo que vio, la gente que se cruzó, cómo iba cambiando el barrio, detalles que se olvidan del clima cuando uno nunca sale, situaciones que le llaman la atención.
Si él no habla, ella le prepara un té con unas mez-clas de yuyos, miel y limón para que no se enferme. Si él enferma ella raciona la comida dándole a él las raciones mayores para evitar salir de la casa. No le gusta cuando está enfermo, siente mucho miedo. Un miedo parecido a la violencia como la que sintió ese día que golpearon a la puerta para decirle que su Julito estaba muerto. Pero sabe que después del miedo viene esa nada, esa espera de lo que nunca llega, aunque a veces algo llega, pero en forma de recuerdo y todo se vuelve triste. Entonces aunque no hay amor, ella sabe que él fue más fuerte, y decidió cuidarla a ella que siempre sintió a Julito como un pedazo propio, en cambio él supo que todos eran prestados y pudo querer sin que lo quieran. Ella a veces siente pena cuando lo escucha hablar del cie-lo de verano, de la nena de rucie-los rubios que vive al
lado, y se esconde en el honguito de la plaza de en-frente toda la tarde, y sus padres buscan en cualquier parte menos en ese lugar tan predecible que es una plaza para un niño. Siente pena cuando escucha la emoción de un nuevo viejo reloj en marcha. Le da pena cuando él corta flores blancas y las pone en la cocina, le da pena porque intuye una esperanza en esos gestos inútiles.
Lo ve caminar con su pulóver nuevo, azul como el color de Julito. Lo ve mirar con ternura esa torta de chocolate. Lo ve recorrer la casa sabiendo que tiene en su mente caminos que tal vez quiera contarle, pero ella prefiere mirar por la ventana. No le intere-sa escuchar y eso también le da pena. Sólo el abrigo de ese sillón está bien, tal vez tejer una bufanda. De qué color. Verde claro, a él le gusta el verde. Le pedirá que compre lana la mañana siguiente.
Recuerda que le gustaban las flores silvestres, un reloj que se detuvo, un rostro con los ojos cerrados, y esta casa, este refugio. No recuerda la alegría, no puede imaginarla. Cuándo perdió su imaginación. Mientras él reitera su vejez prematura, ella sabe que un día decidió que todo era prescindible. Todo, me-nos ese sillón cerca del fuego, meme-nos su propio mutis-mo, y que alguien, y él fue ese alguien, que determinó el pasado que a diferencia de lo que dicen siempre puede ser presente, hiciera ciertos ruidos en la casa, desplegara ciertas rutinas parecidas a una guarida.
Carolina Biscayart nació en Mar del Plata en 1972. Desde 1985 vive en Bariloche. Publicó los libros de
cuentos Invenciones (2008) y El amor, sólo una idea (2012) y los libros de poesía Eso otro se llama luna (2014), La trama que sostiene los jardines (2016), El trazo inevitable de las horas (2017) y Un lugar para los huesos (2019). Contacto: carobiscayart@gmail
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Páginas Patagónicas
fILaDELfIO, EL MILaGROSO
Por Diego Rodríguez Reis
“Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tie-nen vino. Y Jesús le dijo: ¿Qué tengo yo que ver conti-go, mujer? Aún no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que él os diga.”
Evangelio según Juan, II, 3-5 Se llamaba Filadelfio Fuentes, pero lo apodaban “El milagroso”, por contar entre sus obras varios pro-digios. El primero y fundamental, el de multiplicar el vino, razón por la cual era el convidado insoslayable de toda juntada, ya fuera algo formal como un cum-pleaños o casamiento, o de índole informal como un torneo de truco o un asado cualquiera. La primera vez que produjo el milagro fue en el casorio de un primo suyo, un tal Juan Zebedeo, que vivía en la vera sur del río. Juan, desesperado ante la feroz mengua del vino y la sed implacable de los numerosos invi-tados (la una consecuencia de la otra) pidió ayuda o consejo (o ambos) a su primo Filadelfio.
Filadelfio se apersonó al tingladito en el fondo (un lugar fresco que hacía las veces de galpón, taller y bodega) y luego de una rápida inspección, com-probó que apenas quedaban tres damajuanas de vino. Pidió entonces que le arrimaran varios baldes llenos de agua del río y todas las damajuanas que los invitados ya habían liquidado. Luego, fue fraccionan-do el vino restante, mezclánfraccionan-dolo en las damajuanas
vacías con el agua del río, logrando así multiplicarlo hasta la suma total de diez damajuanas, de las cuales los invitados y los novios dieron cuenta hasta el ama-necer. Aquí, algunas versiones difieren: algunos dicen que quedaba solo una damajuana, otros que pidió apenas un balde de agua, otros que no era agua del río sino del aljibe. Disquisiciones meramente aritmé-ticas, guarismos que no empalidecieron ni empalide-cen la fama de Filadelfio, el milagroso.
Otro rasgo, tal vez fundamental: hay quienes ase-guran que Filadelfio llevaba sujeta en la faja una bol-sita con unas especias (o una mezcla de especias) que agregaba al vino que producía. La identidad de esas especias provocó cismas entre los exégetas de Filadelfio, ya que mientras algunos pretendían que el poder residía en esa mezcla milagrosa, otros afirma-ban que lo esencial era el agua del río. Ambas teo-rías se olvidan de que, en esta historia, el verdadero instrumento de los prodigios, el único ingrediente esencial, es Filadelfio.
Trabajo fijo no tuvo o no se le conoció ninguno. Tenía un rancho roñoso cerca de las bardas del nor-te, al que volvía cada tanto. En realidad, emigraba de estancia en estancia, alegando que iba de paso hacia algún evento particular al que había sido invitado y se quedaba días que se hacían semanas. Cuando surgía algún trabajo o menester que precisaba de un par de brazos adicionales, Filadelfio reemprendía la marcha, alegando que había surgido tal bautismo o tal velorio. Esas y otras actitudes le sumaron
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Páginas Patagónicas
tores. Esas voces alegaban que Filadelfio era apenas un hábil cuentero, un vago que hacía de la necesi-dad virtud: acentuaban además la circunstancia de que luego de las dos o tres de la mañana, cualquier vino es bueno y que el paladar de esos bebedores no podía discernir con precisión un vino puro de uno rebajado y alterado.
Esos discursos ignoran que todos los santos y genios de la historia de la humanidad tuvieron sus flaquezas y sus oportunos refutadores. Lo cierto es que no pocos de esos detractores se rindieron ante Filadelfio al primer asado al que asistieron en el cual faltó el vino y hubo que recurrir a los poderes del mi-lagroso. Por lo demás, él nunca declaró poseer capaci-dades sobrenaturales: ante la acusación de que “reba-jaba” el vino, se defendía aclarando que lo “refinaba”. Otros prodigios, sin embargo, se le atribuyeron a Filadelfio: el habla en lenguas desconocidas, particu-larmente en eventos festivos y en horas de la madru-gada; el exorcismo de un cerdo endemoniado, cuyo espíritu Filadelfio expulsó arrojando al animal al río desde un risco, después de lo cual (limpio y exorci-zado) sirvió para alimentar a tres familias enteras; la maldición de una parra, cuando anhelando comer uvas y habiéndola encontrado totalmente despojada de las mismas, Filadelfio la maldijo (la puteó, dicen algunos), por lo cual la planta jamás volvió a dar fru-to; la cura de cataratas crónicas a un paisano al cual Filadelfio, durante un asado, le propinó una hábil y poderosa escupida en el ojo derecho.
Su muerte fue un misterio más. Muerte o des-aparición, ya que no se le conoce tumba alguna. Una versión (la más pedestre) cuenta que emigró al sur, en busca de nuevos rumbos, nuevos pueblos, estancias y festividades donde sus poderes asombraran tal como en sus comienzos. La versión más difundida y poética refiere que atravesó el río caminando sobre las aguas en medio de una tempestad, después de lo cual ya no volvió a vérselo nunca más. Las malas señalan que efectivamente intentó ese acto milagroso en un total estado de ebriedad y que su evidente fracaso fue lo que ocasionó su consecuente desaparición.
Poca y ninguna literatura ha producido la leyenda de Filadelfio el milagroso. Los milagros que suelen llegar a los libros son aquellos que transgreden des-aforadamente los parámetros ordinarios de nuestras humanas existencias: dividir mares, detener el curso del tiempo, devolver a un finado al mundo de los vivos. Filadelfio era un santo de a pie, un pequeño alquimista, el hacedor de un milagro humilde.
La mayor parte de las referencias a Filadelfio son orales, narradas a la vera de un fogón, cosas con-tadas de oídas. Esta reseña pretende luchar contra esa persistente omisión. Algún registro, sin embargo, ha quedado impreso, aunque de referencia velada, indirecta. El poeta, folklorista y hagiógrafo Lázaro Rosenmacher incluyó en su poemario “Leyendas de santos bebedores” este texto que compartimos y que está inspirado (indiscutiblemente) en la historia de Filadelfio, el milagroso.
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Páginas Patagónicas
Las fotografías que engalanan nuestras Páginas Patagónicas
son obra y gentileza de Jorge Piccini
Un cristo apócrifo
Hacía las veces de héroe o de loco
creaba fantasmas del barro
y les infundía hábitos humanos tales como visitar las casas a cualquier hora
fumar cigarros mestizos o tomar el mate amargo a la tarde predicaba otro evangelio después de un tiempo renunció o lo echaron se fue a trabajar al sur
dicen vagueaba todo el santo día de cuando en cuando convertía el agua en vino y multiplicaba los ciegos.
Diego Rodríguez Reis nació en La Boca, creció en el Alto Valle de Río Negro y actualmente vive en Villa
La Angostura. Publicó los libros de cuentos El Charco Eterno (2009) y Correspondencias Secretas (2015); los poemarios Lo Levemente ajeno (2013) y La anchura y la llanura (2018); y la novela Ruido Blanco (2019) en coautoría con Facundo Bocanegra. Contacto: [email protected]
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Hombres y Mujeres de mi Tierra
Deportes barilochenses en los años ´30
“(…) durante las décadas de 1930 y 1940 en la región del Nahuel Huapi
proliferó la práctica de diversos deportes, en general gracias a la acción de
vecinos y sus familias, quienes se organizaron para llevarlos a cabo. (…)”
Por Mariano Chiappe* y Laura M. Méndez**
Bariloche, una pequeña aldea de montaña, fun-dada oficialmente a inicios del siglo XX, comenzó a cambiar su vida y su paisaje a partir de 1930. Fue a partir de esta nueva postura gubernamental y aten-to a las bellezas naturales de la ciudad y su enaten-torno, que la localidad se transformó en uno de los lugares predilectos para llevar adelante nuevas políticas na-cionales, vinculadas con la preservación de la natu-raleza y el desarrollo del turismo las que, a través de un férrea intervención e inversión económica, aspi-raron a convertir a Bariloche en la “Suiza Argentina”. La determinación del gobierno de Agustín P. Justo de no permitir a las empresas extranjeras retirar sus ganancias del país, condujo a que la compañía Ferrocarril del Sur, de capitales ingleses (en conjunto con los Ferrocarriles del Estado), decidiera reinvertir sus dividendos en la culminación del tramo que unía San Antonio con San Carlos de Bariloche (restaba solamente el tramo final, ya que las vías llegaban a
la localidad de Pilcaniyeu, ubicada a pocos kilóme-tros de Bariloche). Uno de los objetivos del gobierno central era favorecer el desarrollo del mercado inter-no y comercializar, en todo el territorio nacional, los productos surgidos de la incipiente sustitución de importaciones. La llegada del ferrocarril a Bariloche en 1934 fue un factor determinante para acompa-ñar el planteo comercial, pero su gran conquista fue fortalecer el proyecto turístico local. Tan importante resultó el arribo del tren a la localidad que la canti-dad de turistas aumentó exponencialmente, de 620 en 1932 a 1500 en 1935 y a 4000 en 1940.
La Dirección de Parques Nacionales, creada tam-bién en 1934, tuvo como uno de sus objetivos pri-mordiales convertir a la ciudad en un centro turístico de nivel internacional. Más allá de las bellezas natu-rales con las que contaba la región, el Estado nacio-nal la favoreció económicamente debido a su condi-ción de espacio fronterizo. Las inversiones de Parques
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Hombres y Mujeres de mi Tierra
cambiaron el paisaje urbano y también la vida de sus habitantes. Hubo modificaciones en el mundo del trabajo –ya que creció la demanda de mano de obra y el sector servicios asociado al turismo– y también en la vida cotidiana de las personas, ya que surgieron nuevos espacios de encuentro y nuevas propuestas para el tiempo libre. Entre los aspectos que sufrieron grandes cambios, están la educación física y las ac-tividades deportivas en el espacio regional. A ellas nos referiremos en esta nota, teniendo en cuenta la diferencia que existió de acuerdo a si los practicantes eran hombres o mujeres.
En relación con la educación física, su enseñanza fue impartida por los maestros y maestras de grado –no se registraron profesores titulados en el Territorio hasta finales de los años ̓30– y, mientras que las niñas realizaban ejercicios gimnásticos metódicos destina-dos a fortalecer sus músculos pélvicos y prepararlas así para la reproducción, los varones tuvieron activi-dades más variadas: en cuarto grado se les enseña-ba alineación, formación y marcha; en quinto y sexto conversiones y manejo del fusil escolar.
Tanto los ejercicios de gimnasia como la ini-ciación deportiva estuvieron destinados a formar-los como futuros soldados de la patria. Las niñas se educaban para ser buenas hijas, esposas, madres de los futuros hijos de la Nación y en el caso de que participaran en trabajos asalariados, lo harían princi-palmente como cuidadoras, enfermeras o maestras, mientras que a los varones se los educaba para ser jefes y sostén de hogar, soldados y ciudadanos acti-vos de la patria. La prensa acompañó con entusiasmo estas actividades. Así lo evidencia, por ejemplo, un artículo publicado por el diario Río Negro, donde ce-lebraban los logros que traería aparejada una gimna-sia exigente para los hombres: “(…) para quienes nos preocupamos ante todo por lo que concierne al futuro de la nacionalidad, esta reacción oportuna operada en
las esferas educacionales con respecto a la materia a que nos referimos, no puede menos que comentarse con verdadera satisfacción, pues que comprendemos lo que significa para la virilidad de la raza en forma-ción, el ciudadano poseedor de un cuerpo sano y vi-goroso como sólo puede obtenerse por el ejercicio me-tódico de la gimnasia y la buena educación física en general(…)” Diario Río Negro, 30 de mayo de 1940.
Además del inicio del esquí en el cerro Otto, duran-te las décadas de 1930 y 1940 en la región del Nahuel Huapi proliferó la práctica de diversos deportes, en ge-neral gracias a la acción de vecinos y sus familias, quie-nes se organizaron para llevarlos a cabo, para recau-dar los fondos necesarios para mantener los espacios donde se practicaban y para organizar competencias. Prácticas como tiro de fusil, ciclismo, montañismo, fút-bol, carreras atléticas, boxeo, básquetfút-bol, equitación, automovilismo, pesca y ajedrez entre otras, eran acom-pañadas por eventos artísticos y encuentros sociales, como bailes y festejos. En gran medida, quienes parti-cipaban de ellas se vinculaban al comercio –como due-ños o empleados– y a las profesiones liberales, o bien formaban parte de la esfera estatal, especialmente en calidad de trabajadores en las obras pública.
La mayoría de las prácticas –excepto el boxeo, el ajedrez y en contados casos el fútbol– se realizaban en espacios al aire libre, en consonancia con una idea de la naturaleza como liberadora de las presiones de la vida moderna, considerada esta última como res-ponsable de las enfermedades y vicios de la época. En ese marco, los periódicos que circulaban alenta-ban la importancia de realizar ejercicios físicos como prácticas saludables, fortalecedoras del organismo, la moral y el carácter. Los varones tenían más posi-bilidades de acceso a dichas prácticas, procurando distracción, entrenamiento físico e intercambio so-cial. Los deportes que contaron con más adeptos, instituciones y presencia en la prensa fueron el fút-bol, el ciclismo y el tiro.
Ciclistas pasando por la esquina de calles Moreno y Rolando Ca. 1945 Archivo Histórico Regional en AVP
Competición de Ski en el Cerro Otto Ca. 1930 Col. Beveraggi en Archivo Visual Patagónico
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Hombres y Mujeres de mi Tierra
ban como espectadoras de las competencias –cuando horarios y lugares lo permitían– desde su rol de ma-dres, hermanas o esposas, asociadas a las comisiones que procuraban fondos para sostener la actividad.
El ciclismo también fue entendido como una práctica masculina. En la Argentina fueron inmigran-tes de origen italiano quienes extendieron su prácti-ca y, en la zona del Nahuel Huapi, ésta tomó impul-so en los años ´30 de la mano del italiano Leopoldo Baratta. En aquellos años, la bicicleta era un artículo suntuoso que no estaba destinado al uso cotidiano por lo que, mayoritariamente, sus practicantes perte-necieron a los sectores medios con posibilidades de adquirir y mantener una bicicleta. Debido a que por entonces, era difícil obtener repuestos –ya que éstos debían ser solicitados a la ciudad de Buenos Aires–, Baratta se dedicó a difundir el deporte, reparar, ven-der y/o alquilar bicicletas en la zona, abriendo una bicicletería que perdura hasta la actualidad.
En 1938 surgió el primer club de ciclismo deno-minado “Pedal Club”, con el objetivo de promover el desarrollo físico, moral y social de la juventud a través del fomento del ciclismo, por medio de ex-cursiones y carreras, de las que participaron jóvenes de la localidad y de pueblos vecinos.
En sintonía con el discurso médico de la época, la expansión de su práctica fortaleció la idea de una cultura física basada en el desarrollo de un cuerpo saludable, fuerte y vigoroso. Como deporte activo practicado al aire libre, se lo concebía como oxigena-dor de los músculos y purificaoxigena-dor del organismo. En su faz competitiva fue desarrollado exclusivamente por varones debido al desgaste físico que producían las largas distancias que se proponían en cada carre-ra y a la geogcarre-rafía del lugar.
“(…) Los muchachos del pedal no se muestran in-activos y el domingo hicieron disputar una carrera que comprendió una distancia de 22 kilómetros en Iniciada la tercera década del siglo XX el fútbol ya
estaba popularizado y se había convertido a nivel na-cional en un deporte profesional que atraía multitudes. La sociedad barilochense no estuvo ajena a esta pasión. En la región, los primeros clubes de fútbol aparecieron en la década de 1910 y proliferaron en los años ̓30. Por lo general, participaban de ellos varones de variados sectores sociales y nacionalidades, agrupados según su lugar de trabajo, residencia, procedencia o por sim-patía con los grandes clubes porteños.
La prensa regional daba amplia cobertura a las activi-dades deportivas, en especial a los encuentros de fútbol entre grupos o clubes de la región: Club Independiente, Maragatos, Juvenil Obrero, Club Estudiantes Unidos, Boca Juniors, Club Atlético Pilcaniyeu y Club Atlético Comayo, los dos últimos de dichas comunidades de la Línea Sur rionegrina. La frecuencia de partidos y la necesidad de organizarlos, generó la creación de una liga local: en septiembre de 1939 nació la primera or-ganización formal de fútbol en Bariloche.
De la mano del ideal de masculinidad de la época, fútbol y hombría constituyeron un binomio indisolu-ble en consonancia con la mirada recia de la activi-dad. Vigor, pujanza, fuerza y potencia eran cualida-des resaltadas en su práctica, como lo evidenciaba la prensa local: “(…) Siempre ha conquistado y conquis-tará la admiración de los aficionados, el jugador que da de sí todo lo que tiene y que hasta cae en excesos por el corazón con que actúa. Pero si algunos jueces, como está sucediendo, interpretan que un buen pecha-zo no puede tolerarse, o que un encontrón recio, leal y de frente debe ser desterrado, corremos el peligro de llegar a ver un fútbol con polleras. Y eso no es fútbol, debiendo desterrarse la mala intención, pero sin olvi-dar que el fútbol es juego de varones (…)” Periódico La Voz Andina, 22 de diciembre de 1938.
Prácticas e instituciones vinculadas al fútbol fue-ron espacios de vafue-rones. Las mujeres sólo
Integrantes del Tiro Federal Bariloche frente a la sede Ca. 1940 - Col. Rothlisberger
en Archivo Visual Patagónico Acto de inauguración de la sede del
Sport Club Bariloche, Villegas y Moreno Año 1922 - Col. Frey en Museo de la Patagonia