LA URGENCIA DE ESTUDIAR LOS
I
CLIMAS DE LAS URBES
VERACRUZANAS
ADALBERTO TEJEDA MARTINEZ *
Durante los últimos mil años de la era pasada y los primeros cuatroscleñtos de la pre
sente, en Mesoamérica -y en otras partes del mundo- se fueron fundando ciudades. El ’
fenómeno de la urbanización’^. fue el resultado de la acumulación laboriosa de un con
junto importante de conocimientos científicos, topográficos, geológicos, astronómicos,
químicos, zoológicos y botánicos-, de las experiencias obtenidas en la agricultura y las
artesanías y de la destreza práctica adquirida en esos trabajos...” (De Gortari, 1380). Ésa
madurez alcanzada en la agricultura permitió a determinados estratos sociales especia
lizarse en otras actividades, pero a su vez el avance tecnológico que propició la urbani
zación impuso la necesidad de avanzar en el conocimiento de aspectos nuevos de la vi
da cotidiana, entre ellos el clima urbano, que notoriamente empezó a ser distinto al de
los alrededores rurales.
Varios autores en la antigüedad
documentaron sus observaciones sobre las alteraciones de las con diciones climáticas urbanas (Sé neca y Horacio, entre otros). La
reina Isabel I de Inglaterra
(1533-1603}'prohibió quemar carbón du
rante las sesiones del parlamen
to; John Evelyn (1620-1706) publi
có un panfleto al respecto, pero
Luke Howard, químico también de nacionalidad Inglesa, publicó
en 1818 un estudio en el que ya habla sobre la Isla de calor o Isla
térmica, fenómeno del clima de las ciudades que no se presenta
enel campo (Landsberg. 1981).
¡Bien se puede pensar que la
primacía en estudios de climato logía drbana corresponde a Ingla terra porque fue ésta cuna de la
Revolución Industrial.
Estudios sobre los climas de París, Vlena y Munich fueron pu blicadosporRenou (1855), Wllhelm Schmldt (1917) y Augusto Sch- mauss (1927), respectivamente (Landsberg, 1981).
SI bien las referencias históri
cas pueden buscarse tan remota mente como las fuentes de Infor mación lo permitan, los estudios sistemáticos de la climatología urbana son prácticamentede este
siglo. La razón es simple: la cli
matología es una ciencia -como
ciencia- muy reciente.
El barón de Humboldt (1769-1859) fue el primero en usarel conc°p-ü
to de clima, si bien hasta 1923
Koeppen lo definió casi como se
le conoce actualmente: “el esta
-do promedio y la marcha acos tumbrada del tiempo atmosférico
en un lugar determinado’’.
Pues bien, ese estado medio y
esa marcha acostumbrada, de ben ser descritos con magnitu
des (presión, temperatura, hume
dad, precipitación pluvial, viento,
etc.) que se miden
experlmen-talmente. Sin embargo, no pue de decirse que las primeras me diciones sean muy viejas. Torrl-
celll construyó el primer baró
metro en 1643, y los datos más antlgüos de presión se tomaron de 1649 a 1651 en Italia, Suiza y
Francia. Las primeras mediciones de temperatura ambiente se hi
cieron en el periodo de 1654 a 1670, en Florencia y Plza a cargo de la Academia de Cimento. Las de precipitación pluvial datan de
los Inicios de nuestra era en la In dia e Israel, en 1535 en Chile y a partir de1677 en Inglaterra, donde también por primera vez (en 1670)
se hicieron estimaciones del viento con Interés científico.
Después de algún tiempo se
llegó a la homogenlzación délas
tomasde datos y se empezó a vis lumbrar su utilidad. En 1854, du rante la guerra en que RusiayTur
quía se disputaron la península
de Crimea en el mar Negro, la
flota francesa, que actuaba al la
do de los turcos, fue aniquilada
en una batalladonde una tormen
ta Inclinó la balanza en favor de los rusos. Nueve años después, en 1863, se organizó el primer Ser vicio Metereológlco Nacional del Mundo, en Francia. El Servicio Metereológlco Mexicano fue fun
dado en 1877.
Puesto que a nivel global enel
mundo tiende a aumentar la po blación y además a concentrarse en ciudades, es de gran actuali dad el estudio de la climatología urbana, cuyo problema consiste en evaluar las diferencias entre
una zona urbana y una rural que
estén bajo las mismas condicio
nes climáticas de escala grande y
local; para ello se pueden seguir
dos caminos, ambos propuestos
porGelger(1957):
a) Analizar en el tiempo cómo
modifican-ZSRUV RADIO UNIVERSIDAD VERACRUZANA
PROGRAMA:
LA
RESEÑA CIENTIFICA
EMIoION:
L0¿>
CLIMA¿>
DE
LAS
URBES
VERACRUZANAS
PECHA: 5 de julio de 1989
\
RESPONSABLE: Patricia Maldonadn
Rúbrica musical
Loe 1
La_ Redacción. Periodística de Extensión
Universitaria y Radio Universiisucxaxda
Veracruzana presentan:
Loe 2
La Reseña Científica
Loe
1
Reportajes, entrevistas y comentarios
sobre la acción social en su entorno
social.
Loe
2
En esta emisión presentamos LOS CLIMAS
DE LAS URBES
VER
aCRUZANAS
.
SALIDA
Loe 1
La Redacción Periodística de Extensión
Universitaria y Radio Universidad Vera-
cruzana presentaron:
Loe 2
La Reseña Científica
Loe 1
Reportajes, entrevistas y comentarios
sobre la acción universitaria en su
entorno social.
Loe 2
Texto: Adalberto Tejeda Martínez
a) Analizar en el tiempo cómo la urbanización ha ¡do modifican doel clima,o bien
b) Simultáneamente estudiar
lugares urbanos y rurales que es tén bajo condiciones similares del clima a escala grande y local.
Si adoptamos el punto de vista
(a), esto es, determinar cómo a lo largo del tiempo la urbaniza ción ha modificado el clima, ladi ficultad consiste en que el clima presente no por fuerza es distinto
al del pasado debido a la urbani zación, puesto que hay otras
posibles causa de variación cli mática, como la contaminación atmosférica, las erupciones vol
cánicas, las fluctuaciones en la
actividad solar o las variaciones
de la órbita terrestre.
Si por el contrario adoptamos
el punto de vista (b) -analizar si
multáneamente un sitio urbano y otro rural cuyas condiciones geo
gráficas sean similares- la dificul
tad estriba precisamente en po der contestarque se entiende por “condiciones geográficas simila res”.
Ese segundo criterio ha sido el
más aplicado para evaluar las modificaciones climáticas por
la urbanización. En sitios de
latitudes medias se han encontra do ciertos patrones de comporta
miento que enumera prolijamente
Landsberg (1981, resumidos en
una entrega anterior (Tejeda, 1988),
consistentes en islas citadinas de mayortemperatura, mayor llu via, más sequedad y vientos des viadosy debilitados.
Como esos resultados no se pueden extender de manera auto
mática a las regiones tropicales la Organización Metereológica
Mundial celebró en la ciudad de
México, en noviembre de 1984,
unaConferencia Internacional so
bre climatología urbana tropical.
En esa ocasión, el brasileño
Fi-gueiredo fue muy claro al decir que ty^pese a los muchos indi
cios que mostraban que el proce so deurbanización se hallaba Inti mamente vinculado a la degrada
ción del medio ambiente local y
circundante, la importancia de los problemas económicos y so-cialesllegaron a segundo término
los problemas medioambientales sin que se prestara atención al
guna a los cambios climáticos en
lasciudades”.
Una primera consecuencia de lo anterior es el hecho de que los
estudios en nuestras latitudes no se hayan iniciado con instrumen
tos y estaciones climáticas ade cuadas, sino que haciendo aco pio del mfnimo de recursos, se empleen los datos generados por
las estaciones climatológicas ya
existentes en la ciudad y su entor
no, básicamente con los registros
de estaciones establecidas con
fines sinópticos o hidrológicos, (Jáuregui, 1986 A).
El mismo autor empezó por re conocer algunas diferencias sus
tanciales entre las ciudades tropi cales y las de latitudes medias.
La altura del tejido o palio urbano es menor en las tropicales, una
proporción considerable de ca lles no están pavimentadas y
existen pocas áreas verdes. Nie-wolt, en la misma reunión, argu
mentó que si bien la ausenciade sistemasde calefacción disminu
ye la emisión de calor antropogé- nico, la mayor radiación solar y la menor evapotranspiración, hacen que las islas de calor tropicales
sean preocupantes, toda vez que ocurren en sitios donde la hume
dad del aire es muy alta, dificul
tando al ser humano el bienestar
térmico.
Landsberg, por su parte, al ha cer uso de la palabra enfatizó sobre los edificios altos en las
costeras de ciudades portuarias
de latitudes bajas, que impiden la
penetración de la brisa marina refrescante aumentando la inco
modidad fisiológica de los
tantes del interior, en las horas de
mayortemperatura.
Flguelredo, para el Brasil, en
contró que la isla de calor se pre senta en ciudades de más de 150
mil habitantes, mientras que Jáu-regui habló sobre la ciudad de
México y se refirió a la isla térmi
ca intensa y a una isla de lluvia
localizada en el sur de la ciudad, además de la frecuencia alta de
eventos de polvo, pero sobre to
do, aclaró que sus conclusiones fueron posiblesgracias a la relati
vamente densa red de estaciones con que cuenta el Distrito Fede ral.
El mismo Jáuregui, hablando
sobre el puerto de Veracruz, dijo que *‘los aguaceros nocturnos,
característicos de un régimen
océanico, se intensifican proba
blemente al amanecer porel efec to delaislade calor**.
No obstante el crecimiento ur bano que habrá de experimentar elmundo en lo sucesivo, la infor
mación metereológicano es
toda-vfa orientadora fundamental de
arquitectos, planificadores y ur banistas. Por una parte, porque la fase del modelaje (maquetas in mersas en túneles de viento, si
mulación computacional, etc) no hahlegado a la plenitud de su de sarrollo, pero por la otra porque
las fuentes de información climá
tica siguen siendo escazas. Por lo demás, la difusión de estos te
mas tampoco es suficiente ni s
siquiera entre los especialistas,
menos entre autoridades o públi
co en general.
Asi pues, es claro que el con fort humano en gran medida está condicionado por el clima (por el clima urbano en el caso de habi
tantes citadinosj y puesto que las ciudades de Veracruz, Poza Rica, Jalapa, Coatzacoalcos, Ori zaba, Córdoba y Minatitlán re
basan cada una los cien mil ha bitantes sumando entre ellas alrededor de dos millones, ade
más deque las modificaciones al
clima por el crecimiento urbano
son sólo una parte de la cadena desforestación-industrialización •urbanización, se proponen las si
guientes medidas:
a) Es imprescindible que ios
gobiernos Federal y Estatal, la Uni versidad Veracruzana y todos los
centros de investigación ubica dos en el estado relacionados con la problemática ambiental, incre
menten sus recursos e interés en meteorologíay climatología.
b) Es necesario que la red de estaciones pluviométricas se in
tensifique, pero ya es tiempo de que la información que se ha re
copilado por años se publiquetra tada estadísticamente. Estos da tos son igualmente útiles si pro
vienen de sitios urbanos o rurales,
puesde ambos tipos son necesa rios para conocer el impacto cli
mático antropogénico.
c) Para las ciudades de más de
cien mil habitantes, se debeneva
luar las modificaciones climáticas urbanas y hacer análisis de la ca
lidad de la lluvia y del aire, así como de la estabilidad atmosféri
ca ten vías a analizar la potencia
lidad de dispersión de los conta minantes).
d) En los mismos sitiosse deben efectuar análisis bioclimáticos tendientes a obtener recomenda
ciones para e diseño urbano y
arquitectónico y el emplazamien to industrial.
REFERENCIAS
DE GORTARI, E. (1980). La ciencia en la historia de México. Ed. Grijalbo. Mé xico. p. 29.
GGEIGER, R. (1957). The climate near the ground. Harvard Univ. Press. Cam bridge. pp. 379-396.
LANDSBERG. H.E. (1981). The urban cli mate. Ac. Press, New York.
TEJEDA, A. (1988). “Clima, arquitectura y urbanismo en Veracruz y Xalapa". Extensión No. 27.
WORL METEROLOGICAL ORGANIZA TION (1986). Urban climatology and its applications with special regard to tropical areas. Procee dings of the Technical Conferencie organi zed by the WMO and co-soponsored by the World Health Organization. México, November 1984. Publication No. 652, Geneva. Switzerland. De esta publicación fueron consultados:
figueiredo-MONTERO, C.A. "Some as pects of Ihe urban climates of Tro pical South America: The Brazilian Contribution", pp. 116-198 Jáuregui. E. "Tropical urban climates: Review and assessment”, pp. 26-45. (A).
JAUREGUI, E. "The urban climate of Me xico City", pp. 63-86. (B).
LANDSBERG, H.E. “Problema of design for cities in the tropics", pp. 461- 472.
NIEWOLT, S. “Design for climate in hot humid cities", pp. S514-534.