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Estrategias y redes de los empresarios textiles de la Compañía Industrial de Orizaba S. A. 1889-1930

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(1)UNIVERSIDAD VERACRUZANA Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales. Doctorado en Historia y Estudios Regionales. Estrategias y redes de los empresarios textiles de la Compañía Industrial de Orizaba S.A. 1889-1930. Tesis que para obtener el título de Doctor en Historia y Estudios Regionales:. Presenta Mtra. Erika Yesica Galán Amaro. Director de tesis: Dr. Feliciano García Aguirre. Xalapa, Veracruz, Agosto 2010..

(2) A mi asesor: Por su paciencia y conocimiento A mis maestros: Por sus enseñanzas A mi familia, compañeros y amigos Por su apoyo incondicional Y a todos los que contribuyeron a que logrará esta meta. ii.

(3) INDICE Introducción. 1. Capitulo 1. Experiencias historiográficas Miradas Nacionales Miradas Regionales Empresarios barcelonnettes Consideraciones teóricas. 10 12 27 53 59. Capitulo 2: Importancia de una red Comerciantes Fundación de la Cía. Industrial de Orizaba SA (CIDOSA) Sociedades fundadoras Los principales socios Redes de negocios Red de negocios interpersonal Red de negocios interinstitucional. 68 72 81 93 116 123 135 138. Capitulo 3: Estrategias de los empresarios en CIDOSA En la producción Principales fábricas y compañías textiles en México Recursos Agua Procesos de trabajo Patentes En la comercialización Marcas. Redes de distribución Laborales Salarios y el papel del Estado Prestaciones y seguridad social. Financieras Inversiones y rendimientos Dividendos y capital. 148 150 150 166 166 178 186 190 190 196 203 203 210 214 214 221. Capitulo 4: Efectos regionales Importancia de CIDOSA Industria textil de algodón CIDOSA en el Valle de Orizaba Derrama económica Un acercamiento a la urbanización de Orizaba. 230 233 233 244 250 256. Conclusiones. 266. iii.

(4) Bibliografía. 274. Fuentes:. 284. ANEXOS Anexo A. Datos sobre la Industria textil Nacional 1917-1933 Anexo B. Maquinaría Anexo C. Salarios Anexo D. Balances Anexo E. Resultados del Primer censo industrial, 1930 Anexo F. Datos de la industria textil de algodón en los Estados en México, 1926-1939.. 285 286 287 300 343 344 347. iv.

(5) Introducción Las primeras organizaciones consideradas empresas en Occidente fueron las ferias y las bolsas de mercancías, o ferias permanentes como la de la ciudad de Brujas. En éstas se podía contratar mercancías, valores y títulos. Los primeros comerciantes diversificaron sus actividades en comercio al menudeo, posesión de minas, propiedades rústicas, créditos a artesanos, municipios y hasta en la monarquía. Algunas, como las compañías marinas holandesas, en el comercio internacional. Sin embargo, a pesar de esa diversidad, algunas empresas se especializaron en el comercio de lana, hierro, trigo, tejidos y otras mercancías. Los primeros comerciantes fueron dueños, gestores y administradores de sus negocios. Fue a partir del siglo XVI que contrataron comisionistas para realizar tratos ajenos.1 En lo que respecta a las unidades productoras, éstas se organizaban como: A. Industrias domésticas y familiares2, en las que se producían artículos no agrícolas para el autoconsumo. B. Talleres artesanales, en éstos los aprendices, oficiales y maestros elaboraban artículos textiles, metales, cuero, alimentos, artículos de construcción y de madera para vender en el mercado. C. Industrias concentradas, como en el caso de la industria de la seda, la porcelana o de barcos, en éstas y debido al alto costo de su materia prima, el secreto de sus diseños, o por las dimensiones de su operación, los bienes debían elaborarse en un mismo taller o edificio, bajo la vigilancia de un director. D. Industrias rurales (a domicilio), en las que un empresario mercader repartía las materias primas en 1. García Ruiz, José Luis (Coor.).Historia de la empresa mundial y de España. Serie Historia Económica. Editorial Síntesis, España, 1998. Capítulo 1 y 2, pp. 15-67. 2 En la literatura económica se ha confundido la firma familiar con una empresa pequeña y/o artesanal, pero lo importante no es el tamaño de la firma, sino la distinción entre propiedad y control. Se dice que una empresa es propiedad familiar cuando un porcentaje suficiente de socios con derecho a voto tiene vínculos familiares (sanguíneos o políticos). Se dice que una empresa está controlada de forma familiar cuando el gerente general, ejecutivo en jefe, y/o las posiciones claves de dirección son controladas por miembros que pertenecen a una familia. Los miembros de la familia que pertenezcan a la empresa como socios o directores no necesariamente deben ser la mayoría, pero sí los que tengan el mayor poder de decisión (Casson, Mark. “The family firm in analysis of the dynastic motive” en Casson Mark. Enterprise and leadership: studies on firms, markets and networks. Cheltenham Edward Elgar, 2000, pp. 197-235).. 1.

(6) diferentes hogares, para que las trabajarán. Posteriormente, recogía los productos que él mismo comercializaba en la región. Con el desarrollo de sistemas legales e institucionales que permitían la asociación de capitales (como el Código de Comercio napoleónico de 1807 3), el desarrollo de algunos medios de transporte y comunicaciones -el telégrafo y los ferrocarriles (1820-1850)-, pero sobre todo con el impulso de la primera Revolución industrial (en Inglaterra a finales del siglo XVIII), se generó un nuevo tipo de empresa, mecanizada, con grandes instalaciones, un gran número de obreros, con múltiples departamentos y técnicas especializadas de contabilidad, almacenaje, distribución, y concentración de los procesos productivos en un solo edificio. Es decir, el sistema centralizado de la fábrica moderna, o gran empresa.4 Las primeras grandes empresas modernas en el mundo fueron las compañías ferroviarias, mineras y de textiles de algodón. Las compañías ferrocarrileras desde sus inicios necesitaron grandes sumas de capital y miles de trabajadores para operar y dar mantenimiento a las vías y a los vagones de los trenes. También requirieron de supervisores y directores de tiempo completo para controlar y coordinar el trabajo de los empleados operativos. Además, en el terreno de la administración, necesitaron innovadores procedimientos contables y de control interno, así como nuevas estructuras organizacionales. Las compañías ferroviarias fueron algunas de las primeras en crear las jerarquías administrativas, introducir organismos asesores y establecer la división de funciones en departamentos más especializados: control de tráfico, mantenimiento, almacenes de materiales, contabilidad de costos y finanzas.5. 3. El código napoleónico identificaba tres tipos de sociedades: la sociedad colectiva, donde todos los socios son responsables de las deudas y gestión de la empresa; la sociedad comanditaria, en la que algunos socios aportan el capital, pero no participan en su gestión, y la sociedad anónima, constituida por accionistas con responsabilidad limitada. Sin embargo, desde el siglo XVI ya encontramos la figura de la commenda (donde varios socios se agrupan por un tiempo determinado y negocio concreto, aportando dinero o capital, y siendo responsable sólo por el capital aportado), la compagnia (donde varios mercaderes crean una sociedad con u fin y un periodo de años concreto, cada uno aporta un determinado capital y participa en la gestión de la compañía) y las compañías por acciones. (García Ruiz, Op.cit. 1998, pp.21-23,52-53). 4 Idem, pp. 15-67. 5 Chandler, Alfred D. La mano visible: la revolución en la dirección de la empresa norteamericana. Tr. Ángeles Conde. Madrid, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1987, p.131.. 2.

(7) En el caso de la minería, es posible identificar innovaciones de capitalización y organizacionales en los inicios de la Revolución Industrial. El crecimiento de la demanda de carbón hizo que fuera necesario aumentar el tamaño de las minas, con un mayor número de máquinas, la construcción del ferrocarril para transportar personas. y materiales,. numerosos. obreros,. y una. compleja. estructura. organizacional con mandos medios. En cuanto a la industria textil algodonera, constituyó uno los primeros sectores que se mecanizó, debido a la producción artesanal que existía en esa rama, y porque los primeros inventos de la Revolución Industrial eran aplicados en ella (telar mecánico, 1785, la lanzadora volante, 1733, hiladora mecánica, 176467, etc.). Es importante señalar que las primeras empresas textiles en su mayoría fueron de tamaño medio (entre 100 y 200 obreros). Requirieron poca capitalización por la sencillez de las primeras máquinas de hilado y tejido y fueron familiares, no había una clara división entre la propiedad y la dirección. Asimismo, en ellas el dueño fungía como administrador. Los familiares eran los empleados directivos, y se confundían las estrategias empresariales con las familiares. Por ejemplo, eran frecuentes los matrimonios para expandirse. Las primeras empresas textiles no requirieron grandes capitales. Cuando esto se hizo necesario, los empresarios usaron la reinversión de sus ganancias, el préstamo de redes de amigos, familiares, o el contrato de créditos a corto plazo con alguna institución financiera. Manchester fue de las primeras regiones que desarrolló fábricas textiles movidas por maquinaria. No obstante, el proceso de industrialización, en general, y el agrandamiento del tamaño de las fábricas fue lento y progresivo. Hasta mediados del siglo XIX lo que predominó en el sector industrial de la mayor parte de los países europeos, así como en Estados Unidos, fue la pequeña y mediana empresa. Antes del año de 1850 sólo empresas como Atkinson, McConnel y Kennedy, Ashworth, Dolfus-Mie, Motte y Bossut, y la fábrica de Robert Owen, en New Lanark (con 1600 obreros), en el sector textil; Guest de Dowlais, Cyfarthfa y los complejos minero metalúrgicos de Cokeril, en Bélgica, o las minas de Chauncy Townsend, fueron casos de empresas de gran tamaño, elevado número de 3.

(8) empleados y con integración vertical parcial: por un lado, eran proveedores de sus propias materias primas y, por otro, sus propios distribuidores. Al mismo tiempo, en lo que concierne a su integración horizontal, fundaron empresas similares para controlar la competencia.6 Años después, se facilitó la posibilidad de fabricar a gran escala con: I) la segunda. Revolución. Industrial. (1880-1900),. que. generó. principalmente. innovaciones tecnológicas en la química, el petróleo y la electricidad. II) La disminución de los costos de transporte por la expansión de las líneas del ferrocarril. III) La ampliación de los mercados, en buena medida por el crecimiento de la población. IV) La ampliación del sector financiero (tan sólo en EU los bancos se incrementaron de 87, en 1812, a 700, en 1826) e instrumentos bursátiles como obligaciones, opciones, acciones convertibles, etcétera. La producción a gran escala difirió de la producción fabril en que la maquinaria y equipo no substituyeron a las operaciones manuales, sino que posibilitaron una producción mayor en cada una de sus fases. En estas compañías, la maquinaria se situaba y utilizaba, de manera que las distintas fases estaban integradas y coordinadas tecnológica y administrativamente dentro de un mismo establecimiento industrial. Por eso el flujo de materiales y productos era mayor en cada fase que si cada una de ellas se hubiera realizado en establecimientos independientes.7 Además, a medida que crecía la producción, la empresa establecía para cada proceso productivo un departamento principal con maquinaria especializada, una fuente central de energía (hidroeléctrica, eléctrica), un control y coordinación de cada subunidad, una producción integrada vertical y horizontalmente, así como una oficina central dentro de la fábrica. No obstante, los grandes rendimientos de estas empresas no provenían del tamaño del establecimiento (en términos de número de trabajadores o valor del equipo), sino del incremento de la velocidad y 6. García Ruiz, José Luis. Op. Cit.,1998 pp. 42-43. y Chandler, Alfred. Scale and Scope: The dynamics of industrial capitalism. Cambridge, Mass. Belknap Press, 1990. 7 Chandler, Op.cit.1987, pp.340-349. Este aspecto que nuestro autor destaca claramente, en realidad tiene que ver con las posibilidades de extracción de plusvalía absoluta y relativa, descubierta y expuesta por Carlos Marx en El Capital Sección 4 y 5, Siglo XXI, México, 1979 pp. 379-645. Estos mismos fenómenos habrían de revalorarse en la medida que otras formas de organización empresarial y tecnológica apareciense en la historia económica moderna, como sucedió con el taylorismo y el fordismo.. 4.

(9) en el volumen del flujo de materiales, que disminuía los costos y aumentaba la producción por trabajador y por maquinaria.8 En México, las grandes empresas, en términos de capital, número de obreros y complejidad de organización, existieron desde fines del siglo XVIII. Fueron las grandes casas mercantiles pertenecientes a los consulados de comercio de México o Veracruz, el monopolio de tabaco que tenía 8000 operarios, más 500 empleados administrativos y varios millares de estanquilleros. Y la compañía minera La Valenciana, en Guanajuato, que contó con 3000 operarios, y un alto volumen de inversiones. En estas empresas sus trabajadores fueron asalariados. Contaron con una singular división y especialización del trabajo, con una elaborada estructura financiera y contable, así como un sistema productivo y comercial integrado.9 En el siglo XIX se unieron a estas grandes empresas, las fábricas textiles y el ferrocarril. Éste último nació en 1837, con la concesión otorgada a Manuel Escandón para construir la vía México-Veracruz, la cual debido al atraso tecnológico, la mano de obra no calificada, la falta de financiamiento (inversiones internas) y la no clara regulación e inexistentes instituciones dirigidas al sector, fue terminada en 1873. Fue hasta 1880, con las concesiones10 otorgadas al capital privado en su mayoría extranjero, que el sector ferroviario cobró auge. Empresas como las estadounidenses: Nickerson, Atchinson, Topeca y Santa Fe Railroad, construyeron el Ferrocarril Central Mexicano (1884), que poseía la ruta México-Ciudad Juárez. La Cía. Palmer y Sullivan fundaron el Ferrocarril Nacional Mexicano (1888), el cual viajaba de México a Nuevo Laredo. La. 8. Ídem. Marichal, Carlos y Cerutti, Mario. Historia de las grandes empresas en México, 1850-1930, UANL y FCE, México, 1997, pp.20-21. Los aspectos relacionados con las grandes empresas mercantiles han sido estudiadas en Veracruz por Camen Blázquez, Abel Juárez, Soledad García, Filiberta Gómez y Yolanda Molohua. 10 Las concesiones otorgadas a los ferrocarriles eran por 99 años o más. El estado se comprometía a otorgarles una subvención para ayudar a construir las vías ($6 a $8,000/Km.), les concedía el derecho de vía de 70 metros hacia cada lado de la línea, les regalaban terrenos para la construcción de oficinas, talleres, etc.; y también podían contar con materiales para la construcción gratis (piedra, arena, madera) que encontraran en sus rutas. Además, no pagaban impuestos a la importación de maquinaría y material para su funcionamiento por 20 años, así como una exención del impuesto a la producción y capital por el mismo periodo de tiempo (San Juan Victoria, Carlos y Velásquez Ramírez, Salvador. “X. El Estado y las políticas económicas en el Porfiriato”, en Cardoso, Ciro (Coordinador). México en el siglo XIX (1821-1910). Historia económica y de la estructura social. Nueva Imagen, México 1980, pp.291). 9. 5.

(10) Huntihgton Southern Pacific Company construyó el Ferrocarril Internacional (1888), que iba de Piedras Negras a Torreón, conectando al ferrocarril Central. Estas tres líneas, junto con el Ferrocarril Interoceánico que viajaba MéxicoVeracruz (igual que el Ferrocarril Mexicano), fueron las principales del sistema ferroviario mexicano.11 En el ramo textil, las primeras fábricas de algodón en México fueron la fábrica de Colima fundada en 1826 propiedad del inglés George A. Resol, “La Aurora Yucateca” construida en 1833 y propiedad de Abarda y Cía. y “La Constancia Mexicana”, propiedad de Esteban de Antuñano y establecida en 1835; ambas ubicadas en Puebla; “La Magdalena Contreras”, de Antonio Garay, Lozada Carrera y el inglés Archivaldo Hope que se situó en el Valle de México e inició operaciones en 1836; al igual que “Cocolapan” localizada en Orizaba, propiedad de Lucas Alamán y los hermanos Legrand; “La Abeja” de los ingleses L. Hammekan y Gradison, y la fábrica “La Colmena” propiedad del inglés Hope y del francés Massie, ambas ubicadas en el Estado de México y fundadas en 1839. De estas fábricas la que más sobresalió fue Cocolapan. En 1841, fue “la hilandería más grande del país con 240 telares, su propio sistema de iluminación y alrededor de 600 empleados que trabajaban en tres turnos”.12 A pesar de estos ejemplos, la mayoría de las empresas en México durante los siglos XVIII y XIX fueron unidades productivas del tipo familiar, con menos de 100 empleados y tecnología tradicional.13 Fue a partir de 1876, con Porfirio Díaz en el poder, que se aceleró la formación de manufactureras de producción a gran escala porque se generó la infraestructura urbana (telégrafo, electrificación, vías de comunicación, puertos, etc.), la red de transporte ferroviario, algunas instituciones financieras con sucursales en todo el país (como el Banco Nacional de México en 1884, Banco de Londres y México en 1889, Banco Central Mexicano 11. Herrera Canales, Inés. “XV. La circulación (comercio y transporte en México entre los años 1880-1910)”, en Cardoso, Ciro, Op.cit. 1980, p. 439 12 Rivera Carbó, Eulalia. Herencia colonial y modernidad burguesa en un espacio urbano. El caso de Orizaba en el siglo XIX. Colección historia urbana y regional. Instituto Mora. México, 2002, pp.64 y 66. Es necesario no perder de vista, la importancia del Banco de Avío (1830-1842) y su papel como financiero. 13 Marichal, Carlos y Cerutti, Mario. Op.cit., 1997 pp.20-22 Estos autores utilizan este concepto para describir los sistemas de trabajo artesanales utilizados en los obrajes, en las pequeñas y medianas compañías mineras y en la mayoría de las haciendas, latifundios y plantaciones de principios del siglo XIX.. 6.

(11) en 1898, entre otros), oficinas de gobierno (Secretaría de Obras Públicas y de fomento) y leyes necesarias para la expansión de este sector (Código de Comercio, Ley de instituciones de Créditos). Las manufacturas a gran escala que más sobresalieron en el país de 1890 a 1930 fueron: la Fábrica Vidriera de Monterrey (1909); la Cía. Industrial Jabonera de La Laguna (1896); la Cía. de Papel San Rafael y Anexas (1890); la Cervecería Cuauhtémoc (1890); la Cía. Cigarrera El Buen Tono (1873), y las compañías textiles de San Antonio Abad (1892), San Idelfonso (1895); Cía. Industrial de Atlixco. (1902);. Cía.. Industrial. de. Guadalajara. (1899);. Cía.. Industrial. Manufacturera, Cía. Industrial de Orizaba SA (CIDOSA, 1899), y la Cía. Industrial Veracruzana SA (CIVSA, 1892).14 Se han realizado numerosos estudios que describen la historia del desarrollo industrial en México, gracias a esas investigaciones quienes actualmente nos hemos interesado por estudiar algunos casos concretos del desarrollo industrial y empresarial, nos hemos visto grandemente beneficiados y estimulados. Algunos de estos estudios se han enfocado a la industria en general, otros al análisis de un solo sector industrial, y otros a una empresa concreta, como Mario Cerrutti que estudio los casos de la Cía. Fundidora de fierro y Acero de Monterrey S.A. para los años de 1900 a 1930 y el de la Cía. Industrial de la Laguna para el periodo 1880-1925. La presente investigación está orientada a estudiar la experiencia que nos ha legado la Compañía Industrial de Orizaba SA (CIDOSA). Usaremos como hilo conductor del presente estudio las redes y estrategias de negocios utilizadas por sus empresarios para crecer y sostenerse durante los años que van de 1889 a 1930. Se eligió a esta compañía como objeto de estudio debido a su importancia en la economía nacional de la época y por el destacado papel de sus empresarios, inmigrantes franceses provenientes del Valle de Ubaye, conocidos como barcelonnettes.. 14. De acuerdo a Haber, éstas fueron las 12 corporaciones industriales que obtuvieron las mayores ganancias en México durante el periodo de 1890-1940. Haber, Stephen. Industria y subdesarrollo. La industrialización de México 1890-1940. Alianza Editorial Mexicana. México, 1992, pp.109-151.. 7.

(12) El periodo de estudio se definió tomando como punto de partida la firma del acta constitutiva de CIDOSA (1889) y se termina en 1930, por la conjugación de una serie de circunstancias: una de ellas y tal vez la más importante, es sin duda el poder apreciar en el sistema contable de la empresa en este año una caída en su nivel final de ventas y por ende en sus ganancias; aspecto que se conjugó con los vientos de crisis internacional iniciada el año anterior en Estados Unidos. Estos fenómenos sin duda se enlazaron con las dificultades del inicio de la vida republicana que en esos años se reflejaron en crecimientos negativos del producto interno bruto y las dificultades de financiamiento de los programas de gobierno. Adicionalmente y en términos prácticos, la imposibilidad de consultar los archivos notariales de la Ciudad de México en fechas posteriores a la década de 193015. Por ello, nuestro periodo de análisis se ajustó a los años trascurridos entre 1889 y 1930. La presente investigación pretende demostrar que en el caso de la Cía. Industrial de Orizaba SA, la red fue uno de los instrumentos más aptos para adaptarse en contextos impredecibles y de cambios turbulentos. La red de intereses comerciales, industriales y financieros, permitió a CIDOSA convertir la incertidumbre en riesgos y maximizar sus ganancias. Fueron las redes creadas por sus propietarios las que condujeron al éxito económico, amén de los apoyos y políticas gubernamentales de la época. Con la finalidad de probar la hipótesis enunciada, se revisaron los estudios historiográficos realizados por otros investigadores, referentes al objeto de estudio. Esto permitió una mirada integral de las formas y los métodos empleados por quiénes me han precedido en este camino. También se tuvo acceso a fuentes primarias documentales como: los contratos de alianzas y fusiones depositados en el Registro Público de la propiedad de los municipios de Orizaba, Nogales, Ciudad Mendoza y Río Blanco, Veracruz y en las escrituras del Archivo Histórico de Notarías de la Ciudad de México. El Archivo General de la Nación, Archivo Histórico del Centro de Estudios de Historia de México CARSO, Archivo Histórico 15. Es necesario aclarar que el reglamento de consulta de los mencionados archivos indica que solo se puede tener acceso a los libros notariales con setenta años de antelación. Para el momento que esta investigación se había concluido, se pudo tener acceso a la década de 1940.. 8.

(13) del Agua, Archivo Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca, Archivos Históricos de BANAMEX y Archivos Históricos de patentes del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. Adicionalmente, gracias a la asistencia de ciertos coloquios nacionales e internacionales y al acercamiento con especialistas destacados. Se efectuaron algunas entrevistas a investigadores que continúan indagando diversos aspectos de la historia de la industria y desarrollo empresarial. Dichas entrevistas permitieron ubicar aspectos no contemplados en el diseño original de esta indagación. Con el propósito de presentar los resultados obtenidos, se realizará el siguiente. recorrido. capitular:. en. el. Capítulo. uno. titulado. Enseñanzas. historiográficas, se efectúa una valoración de la producción historiográfica nacional referida al desarrollo industrial y empresarial para la época que nos ocupa. Lo cual permitió explorar la manera en que han sido analizados las empresas y los empresarios de la industria textil. Un doble objetivo se prefiguró con este análisis. Primero examinar los asideros teóricos, empíricos y epistemológicos de otros autores y segundo hurgar en la manera en que se ha estudiado el papel de los empresarios en tanto actores de una trama, con estrategias y formas de relacionarse. En el Capítulo dos bajo el titulo Empresarios Barcelonnettes, se describen los antecedentes y el entorno sociopolítico y económico que influyeron en la forma organizacional bajo la cual se fundó y trabajó el grupo empresarial propietario de CIDOSA, de 1889 a 1910. En el Capítulo tres, nombrado Estrategias de los empresarios textiles del Valle de Orizaba se estudian a profundidad las estrategias que los empresarios de CIDOSA aplicaron en sus fábricas durante el periodo de 1911-1930. En el Capítulo cuatro, titulado Efectos regionales son descritas las influencias que empresas como CIDOSA ocasionaron en el entorno social, cultural y económico de la región de Orizaba. Para finalizar, se ofrecerán una serie de conclusiones, que sintetizan cada uno de los recorridos anteriores.. 9.

(14) Capítulo: 1.Experiencias historiográficas El periodo transcurrido entre el inicio del siglo XIX y principios del XX ha sido considerado por los historiadores occidentales como el de los años dorados del capitalismo industrial.16 En América Latina, el siglo XIX fue el siglo de la liberación y construcciones nacionales, momento de convulsiones sociales, golpes de Estado, invasiones, mutilaciones territoriales. También fue el periodo en el que con más fuerza se impulsó la modernización de las instituciones, los sistemas productivos, medios de transporte, tecnología empleada por la fuerza productiva y los sistemas financieros. Fueron los años de elaboración de constituciones, reglamentaciones y de presencia de legendarios personajes orientados a abrir espacio al capital, sobre todo transnacional. En este sentido histórico quienes promovieron el reconocimiento de México como nación en los países centrales se encargaron, también, de ofrecer el país a los inversionistas extranjeros. En el caso de México las élites ilustradas de la época, liberales y conservadores por igual, desde 1830 en adelante impulsaron reformas, entre ellas la desamortización de los bienes de la Iglesia, que ampliaron el mercado interno de mercancías y crearon condiciones para la acumulación de capital en manos de comerciantes y hacendados, como Juan Antonio Béistegui, Manuel Escandón, la familia Martínez del Río, Cayetano Rubio, Antonio Garay, Gregorio Mier y Terán, entre otros. Estos comerciantes participaron activamente haciendo valer su poder económico-, en la dirigencia del país en un periodo favorable a sus intereses, como fue el Porfiriato. Durante esta época, las fuerzas políticas y económicas de México se amoldaron a la cambiante realidad de Europa y América. Los cambios tecnológicos, la utilización del vapor y del acero, impactaron el transporte de mercancías ultramarinas. La expansión ferrocarrilera generó la más grande acumulación del capital ocurrida en el mundo durante ese periodo, y las primeras industrias, las fábricas textiles, llegaron a México impulsadas por este oleaje capitalista. 16. Wallerstein, Immanuel. El capitalismo histórico. XXI: México, 5ª. Edición, 2003.. 10.

(15) La industria textil, identificada como un emblema de la modernización capitalista por el valor agregado que generaba, se instaló inicialmente en el centro de Veracruz, justo en la segunda década después de consumada la independencia de España. Posteriormente, en la ciudad de Puebla, Valle de México, Guadalajara y Querétaro. Se eligieron estos lugares porque los inversionistas los consideraban estratégicos, con agua en abundancia, clima benigno, accesibilidad a los mercados nacionales y extranjeros y, por supuesto, con facilidades administrativas, burocráticas e institucionales otorgadas por parte de las autoridades políticas y militares. Entre los promotores de la industrialización en México se ha identificado a Lucas Alamán, Esteban de Antuñado, y los hermanos Escandón. Ellos pusieron especial énfasis en el transporte de personas y mercancías entre el puerto de Veracruz y la Ciudad de México. El recorrido histórico de la experiencia industrializadora antes referido, fue identificado como la vía promisorio para lograr el desarrollo económico. Este fenómeno historiográfico se ha explorado con acuciosidad. La intención de tales búsquedas pretende identificar los motivos que condujeron al desarrollo industrial. Así, se ha podido centrar la atención en los factores institucionales importantes; en los entornos sociohistóricos; en la importancia coyuntural de un factor productivo; en las penurias de pueblos enteros; el tamaño y consolidación del mercado interno; en la importancia de los triunfos militares o en el papel del espíritu empresarial emprendedor. Incluso, en el factor religioso o en la laboriosidad e inventiva de los pobladores, etc. De la misma manera, se ha destacado la importancia de la prontitud con que fue asumido el régimen de producción capitalista y las capacidades locales para difundir sus efectos socioculturales al resto de las regiones de un país. Sin la intención de agotar la extensa y compleja problemática aludida, se procederá a la revisión general del legado historiográfico mexicano referido a la historia económica nacional y regional de la industria textil, tratando de responder a las siguientes preguntas: ¿Cuáles fueron las primeras fábricas? ¿Dónde se establecieron? ¿Cuál fue su organización? ¿Cuál el entorno institucional en el que 11.

(16) operaron? ¿Quiénes fueron los sujetos sociales implicados en su desarrollo? Y, finalmente, ¿qué posturas teóricas se han utilizado para estudiarlas?. Miradas Nacionales Entre las obras más importantes que nos han legado conocimientos sobre la industria y el desarrollo industrial destacan, Keremitsis Dawn (1973), Walter Bernecker (1992), Aurora Gómez-Galvarriato (1999), John Coastwoth (1992), Stephen Haber (1992) y Manuel Plana (2004). También aquellos que han estudiado las condiciones en que el desarrollo del país se ha llevado a cabo: Ciro Cardoso (1981), Mario Ramírez (1987), Aldo Musacchio y Ian Read (2007). Una de las obras precursora e imprescindible de conocer, si se realizan estudios sobre la industria textil, es el libro de Dawn Keremitsis, La industria textil mexicana en el siglo XIX. Para realizar esta investigación, Keremitsis consultó fuentes de la Biblioteca Bancroft, de la Universidad de California, en Berkeley, del Centro de Estudios de Historia de México de Condumex, del Archivo General de la Nación, de la Biblioteca Nacional, la Hemeroteca Nacional, de la Biblioteca de la Secretaría de Hacienda y del Colegio de México. En esta obra, el autor realiza una descripción y análisis de los factores que impulsaron u obstaculizaron el proceso de crecimiento de la industria textil en México desde la Colonia hasta los primeros años del siglo XX. Para Keremitsis, los factores que impulsaron el desarrollo de la industria textil fueron el uso de la energía eléctrica, la importación de maquinaria mecanizada, la asociación entre inversionistas franceses, españoles y asturianos, y la política gubernamental de Porfirio Díaz. Durante el Porfiriato se impulsó la industrialización a través de: I. La estabilidad política y económica que impuso el régimen; II. La implementación de derechos aduanales e impuestos arancelarios para proteger la industria nacional; III. El otorgamiento de concesiones y privilegios a inversionistas extranjeros que instalaran fábricas en el país; IV. La creación de estructuras institucionales y legales (como el Código de Comercio, reformado en 1883 y 1886) que fomentaban la creación de sociedades económicas; V. La. 12.

(17) fundación de escuelas técnicas y comerciales; VI. El establecimiento de una burocracia más eficiente. A la vez el mismo autor señala que, los obstáculos al desarrollo fueron: los periodos de inestabilidad política y económica -como la Reforma, la intervención francesa, la pérdida de Texas y la Revolución Mexicana-, la falta de mano de obra, pero sobre todo la falta del algodón. Esta obra a pesar de ser no tan reciente, sigue contando con elementos explicativos vigentes del desarrollo de la industria textil. Otra obra importante que analiza el desarrollo industrial del país desde 1500 hasta 1990’s, es la escrita por Manuel Plana, Las industrias siglos XVI al XX. El autor basado en fuentes secundarias elabora una significativa síntesis del mencionado desarrollo, enfatizando los siguientes aspectos: 1. Las manufacturas e industrias intensivas de recursos naturales renovables es decir, el obraje y la industria textil; 2. Las manufacturas e industrias de transformación de productos primarios donde incluye al ingenio azucarero, las fábricas de tabaco, las fábricas cerveceras, de papel, jabones y calzado; 3. Las industrias de recursos naturales no renovables e intensivas de tecnología siderúrgica y química; 4. Las industrias de transformación de bienes de consumo final mecánica, secundaria y automotriz. Éste es uno de los esfuerzos con mayor alcance temporal del que se dispone hasta el momento. Respecto a la industria textil, Plana menciona que el proceso productivo de algodón era más sencillo que el de la lana. Fue por eso que este último se desarrolló con fuerza para el siglo XVIII. Sin embargo, -describe el autor- para 1804 el aumento de las importaciones de algodón de Inglaterra y el inicio del movimiento de independencia en 1810, frenaron el crecimiento de la naciente industria textil. El autor menciona que los industriales textiles durante la primera mitad del siglo XIX, debieron enfrentar la escasez de algodón, el aumento de las empresas fabriles y, consecuentemente con ello, el aumento de la producción de hilados, las tarifas internas sobre el comercio, las importaciones y el contrabando. A diferencia de otros estudiosos, Plana reconoce que México sí contaba con mano de obra 13.

(18) capacitada para realizar el trabajo textil; especialmente la mano de obra poblana, como afirmó Jan Bazan17. Afirma que la fuerza de trabajo que utilizaron las primeras empresas textiles fue la misma que usaron en los países centrales, por lo que ese no fue jamás un obstáculo para la industrialización de este tipo. No sucedía lo mismo con el capital, que en cambio sí podía influir en la forma, uso y funcionamiento de todos los componentes de la actividad económica específica. De ahí la importancia de analizar el comportamiento de las empresas textiles como unidades específicas de producción. Según el autor, otros elementos que impulsaron a la industria textil entre 1889 y 1911, fueron la creación y ampliación de la red ferroviaria, el incremento de inversión extranjera directa a las minas y los servicios públicos, la energía eléctrica pero principalmente la disponibilidad de algodón; como fueron los cultivos de algodón en la región de La Laguna, Mexicali, Baja California Norte y Camargo, Chihuahua.18 Plana concluye que desde el inicio de la Revolución Mexicana hasta la segunda Guerra Mundial, la industria textil mexicana seguía dependiendo de las importaciones. Además afirma que con la crisis de 1929, los empresarios decidieron disminuir los salarios y los empleos para continuar con el mismo margen de ganancia. Así, a pesar de que Plana realiza un análisis ágil y adecuado del desarrollo de la industria textil desde la Colonia a la actualidad, su estudio queda como una visión muy general. No profundiza en aspectos claves del proceso de industrialización como: actores sociales, condiciones institucionales, cambios tecnológicos y estrategias empresariales, etc. Sin embargo, esto no demerita su obra, ya que finalmente cumple con el objetivo planteado desde su inicio: realizar una síntesis del desarrollo de las industrias en México, que es muy importante para quienes estudiamos la historia industria y la industrialización en nuestro país. Otra obra especialmente importante, dedicada a estudiar el proceso de industrialización en México y enfatizando los obstáculos del desarrollo económico 17. Bazant, Jan. “Evolución de la industria textil poblana (1544-1845)” en Historia Mexicana, Vol. XIII, No. 4. El Colegio de México, México, abril-junio 1964. 18 Plana, Manuel. Op.cit. 2004 pp.43-44. 14.

(19) en el periodo de 1800 a 1880, es el libro de John Coastsworth, Los orígenes del atraso. Nueve ensayos de historia económica de México en los siglos XVIII y XIX. Los textos reunidos en esta obra, fueron en su mayoría publicados con antelación en revistas o libros de México, España (Revista de Historia Económica), República Federal de Alemania (Reinhard, Liehr. América Latina en la época de Simón Bolívar. La formación de las economías nacionales y los intereses económicos europeos 1800-1850) y Estados Unidos (American Historical Review) en el periodo de 1975 a 1989. No obstante Coastsworth en el ensayo Los orígenes del atraso, señala que no fueron la Iglesia, ni la organización de la tierra ni el colonialismo español, los elementos que limitaron el desarrollo económico de México a principios del siglo XIX, sino la geografía accidentada, montañas, mesetas, valles y la falta de transportes adecuados. México no contaba con suficientes ríos navegables para transportar las mercancías que generalmente se producían en los valles alejados del mar. Además, registraba una ineficiente organización económica, pues las instituciones y políticas gubernamentales, como la alteración de precios, controles de producción, aduanas e impuestos internos, así como las leyes que prohibían la movilidad de la mano de obra, entorpecían las actividades productivas en vez de fomentarlas. Un estudio más, que retoma la explicación de los obstáculos de desarrollo industrial mexicano es el libro de Sthepen Haber, Industria y subdesarrollo. La industrialización de México 1890-1940. En esta obra se realiza el estudio de las estructuras de producción, estrategias empresariales y rendimientos económicos de las doce corporaciones industriales que obtuvieron las mayores ganancias en México durante el periodo de 1890-1940, las cuales fueron: Fábrica Vidriera de Monterrey (1909); Cía. Industrial Jabonera de La Laguna (1896); Cía. San Rafael y Anexas (1890); Cía. Nacional Mexicana de Dinamita y Explosivos (1901); Cementos Hidalgo (1906); Cementos Cruz Azul (1907); Cementos Tolteca (1909); Cervecería Cuauhtémoc (1890); Cervecería Moctezuma (1890); Cía. Cerveza de Toluca y México (1865); Cía. Cigarrera El Buen Tono (1873); Cigarrera Mexicana, Tabacalera Mexicana, Cía. San Antonio Abad (1892); Cía. San Idelfonso (1895); 15.

(20) Cía. Industrial de Atlixco (1902); Cía. Industrial de Guadalajara (1899), Cía. Industrial Manufacturera (1899), Compañía Industrial de Orizaba SA (CIDOSA, 1889) y la Compañía Industrial Veracruzana SA (CIVSA,1892). En base a datos obtenidos, principalmente de los archivos de las empresas, de los informes de la Bolsa Mexicana de Valores y los publicados por el periódico El Economista Mexicano, de los años 1895-1911, el autor calcula que estas empresas obtuvieron tasas de rendimiento promedio del 5 por ciento de 18961910 y 4.7 por ciento de 1901-1910. Haber explica que estas tasas eran bajas debido a que no podían ocupar toda su capacidad productiva porque el mercado interno era estrecho y, además, no les era posible exportar por sus altos costos de producción, derivados de la escasez de capital financiero, la importación de maquinaria y la baja productividad de la mano de obra mexicana. Para poder aumentar sus ganancias, estas manufactureras decidieron repartirse el mercado interno, organizándose en oligopolios y monopolios a través de la integración vertical y horizontal, la compra o fusión de la competencia y la limitación de la participación de otras empresas en el mercado, a través del bloqueo al acceso de la. tecnología,. materia. prima,. protección. gubernamental. y. red. de. comercialización.19 El autor afirma que con la revolución de 1910, se reforzó la estructura industrial del Porfiriato. Es decir, los oligopolios integrados verticalmente. Durante los primeros años de guerra civil (1910-1913), los empresarios disminuyeron su producción, enfrentaron la ocupación de sus fábricas por los ejércitos revolucionarios y la destrucción de los sistemas de transportes. No obstante, no dejaron de producir. Incluso, fábricas de telas y cigarros generaron utilidades y repartieron dividendos. Por lo tanto no fue una etapa de destrucción y caos total como otros autores indican. El mismo autor refiere que en el periodo de 1926 y 1932 la producción, la demanda y la inversión en México disminuyeron principalmente por: 1. Los conflictos políticos; 2. La organización de la clase obrera (CROM); 3. La desconfianza en las nuevas leyes (Constitución de 1917, Ley del trabajo, etc.); 4. 19. Haber, Sthepen. Op.cit. 1992, pp.109-151.. 16.

(21) Aumentos de salarios para los obreros sindicalizados, 5. Disminución de las Cías. petroleras extranjeras, que emigraron a Venezuela, donde la extracción del petróleo era más barata y más fácil; 6. Caída de los precios internacionales de la plata, el cobre y el plomo; 7. Deportación de los trabajadores mexicanos de EU; 8. Caída en los ingresos del gobierno por reducirse las exportaciones de minerales y petróleo y 9. La aplicación de una política monetaria y fiscal restrictiva por parte del gobierno mexicano. Estos factores, junto con la contracción de la demanda en Occidente, por la crisis del 29, provocaron que en México las industrias que mayormente disminuyesen sus operaciones fueran: las de bienes de consumo, textiles de algodón, tabacaleras y cerveceras y no las de bienes intermedios materiales de construcción como cemento y acero, como al principio del siglo XIX. El libro de Haber presenta un análisis novedoso del desarrollo del proceso de industrialización en México, al basar su explicación en las estructuras de producción, finanzas y estrategias empresariales de las 12 compañías que menciona el estudio. Sin embargo, su obra sólo da prioridad al enfoque económico-financiero, sin considerar la actuación y el contexto social, cultural y político de los empresarios. Dentro de esta misma línea de investigación –obstáculos al desarrollo industrial-, aparece el libro: La Industria textil en México, compilado por Aurora Gómez Galvarriato. El libro incluye los siguientes ensayos: I. Protoindustria colonial, de Manuel Miño Grijalva; Continuidad y cambio en la industria manufacturera mexicana, 1800-1870, de Guy P.C. Thomson; Industria versus comercio: ¿Orientación hacia el interior o hacia el exterior?, de Walter L. Bernecker; Fragilidad institucional y subdesarrollo: la industria textil mexicana en el siglo XIX, de ella misma; Mercados financieros y desarrollo industrial en Brasil y en México, 1840-1930, de Stephen Haber, y Los momentos de la actividad textil, de Leticia Gamboa.20 Las obras de Leticia Gamboa y Aurora Gómez serán revisadas más adelante cuando se aborde el análisis regional. 20. Todos esos ensayos ya habían sido publicados anteriormente en obras de los propios autores, pero al reunirlos en esta antología se pretende contribuir al mejor entendimiento del desarrollo de la industria textil. El de Manuel Miño en un artículo de la Revista Historia Mexicana, del Colmex, en su volumen XXXVIII,. 17.

(22) En el ensayo de Guy Thomson, señala que las primeras fábricas textiles en México debieron enfrentar dos grandes obstáculos: la falta de insumos productivos y energéticos, así como la escasez de mano de obra. El primero de estos obstáculos fue un problema temporal que pudo resolverse con el algodón cultivado en la región de La Laguna, el uso de la fuerza hidráulica, así como el descubrimiento de unos depósitos de carbón en Coahuila. El segundo fue un problema estructural, debido a que no sólo se refería a la escasez física de mano de obra, que algunas veces se resolvió con migraciones, sino también a la falta de experiencia y resistencia a la disciplina y trabajo fabril que presentaban los primeros obreros textiles- en su mayoría campesinos-. Este problema se resolvió importando mano de obra de Gran Bretaña y Estados Unidos, sobre todo para puestos administrativos y técnicos encargados de la instalación, operación y mantenimiento de la maquinaria. Este trabajo contrasta con las tesis desarrolladas por Viqueria, Jan Bazan y Manuel Plana que afirman que la mano de obra nunca fue un verdadero obstáculo, ya que existían ciertas destrezas entre la población creadas por los obrajes. Otros problemas estructurales de la industria textil durante el periodo 18301870, señalados por él mismo fueron: I. El bajo poder adquisitivo de las clases rurales que representaban el principal mercado de la industria textil, sobre todo los hombres que consumían manta para sus trajes diarios. II. La falta de una infraestructura de transportes y comunicaciones internas que limitaban la amplitud y profundidad del mercado interno. III. La baja calidad y altos precios de los textiles nacionales que limitaban el mercado externo y frenaban el crecimiento de la industria.21 En el ensayo de Gómez-Galvarriato, Fragilidad institucional y subdesarrollo: la industria textil mexicana en el siglo XIX, sostiene que la industria textil en No. 4 de 1989; el de Guy Thompson, en el libro de Jean Batou: Between development and underdevelopmente: the precocious attemps at industrialization of the periphery, 1800-1810. editado por Librarie Doz, Ginebra, 1991. El de Haber en su libro “How Latin America fell behind?”, publicado en 1997 por la Universidad de Stanford. El de Bernecker en su libro “De agiotistas y empresarios. En torno de la temprana industrialización mexicana (siglo XIX.)”, que se analiza más adelante. El de Gamboa en su libro “Los empresarios de ayer. El grupo dominante en la industria textil de Puebla, 1906-1929”. El ensayo de Gómez Galvarriato fue una traducción de un apartado del primer capítulo de su tesis doctoral: “The impact of revolution: Busines and labor in the Mexican textil industry, Orizaba Veracruz 1900-1930”. 21 Thomson, Guy, Op.cit. 1999, pp. 81-82.. 18.

(23) México durante el periodo vio obstaculizado su desarrollo debido a la inexistencia de un régimen de leyes que estableciera de manera eficaz los derechos de propiedad. Las políticas gubernamentales cambiaron constantemente, afectando los aranceles a la importación del algodón, beneficiando a unos cuantos empresarios, quienes fueron los que monopolizaron el mercado, como Antonio Béistegui, Manuel Escandón, Cayetano Rubio Antonio Garay, Gregorio Mier y Terán y Patricio Milmo.22 Este estudio, al igual que el de Coastsworth, intenta explicar el crecimiento económico mediante el sistema institucional establecido con anterioridad al desarrollo capitalista. Un libro publicado con antelación, dedicado a analizar los casos de algunos de los empresarios que fueron beneficiados por las políticas gubernamentales, es el coordinado por Ciro Cardoso, Formación y desarrollo de la burguesía en México Siglo XIX. Éste se ha convertido en una obra obligada para conocer la historia de los primeros inversionistas en la industria textil del siglo XIX. El libro se conforma con los ensayos de Margarita Urías Hermosillo: Manuel Escandón: de las diligencias al ferrocarril 1833-1862; Guillermo Beato: La casa Martínez del Río, del comercio colonial a la industria fabril 1829-1864; Rosa María Meyer: Los Béistegui, especuladores y mineros 1830-1869; Shanti Oyarzábal: Gregorio Mier y Terán en el país de los especuladores, 1830-1869; Mario Cerutti: Patricio Milmo, empresario regiomontano del Siglo XIX. En torno a la acumulación de capitales en Monterrey (1845-1890), y Roberto Hernández Elizondo: Comercio e industria textil en Nuevo León, 1852-1890. Un empresario: Valentín Rivero. Margarita Urías identificó que Manuel Escandón de 1833 a 1862 fue propietario del primer negocio de diligencias en la región Veracruz-Puebla-México, de la Mina Real del Monte en Pachuca, Hidalgo, del estanco de tabaco y la fábrica textil de Cocolapan, en Orizaba, y de la concesión para construir el ferrocarril México-Veracruz. En palabras de la autora, Escandón decidió invertir en las ramas básicas, de la minería y el transporte, para poder monopolizarlas e integrarlas. Pero también invirtió en productos como el tabaco, pues de esa manera podía aprovechar un mercado cautivo. Asimismo, los préstamos y contratos celebrados 22. Gómez Galvarriato, Aurora. Op.cit., 1999, pp. 142-182.. 19.

(24) con el gobierno y las diferentes relaciones económicas estratégicas con grupos de poder militar, redes de parentesco y capitalistas extranjeros, le permitieron mantener el control de ciertos mercados y aumentar constantemente sus ganancias.23 Guillermo Beato utilizó fuentes del Archivo de Notarías de la Ciudad de México y del Archivo Judicial de 1830 a 1870, para describir cómo la familia Martínez del Río, ingresaron a México desde 1829 e invirtieron en la Cía. Restauradora del Mineral de Tlalpujahua, 10 minas en Tepejupilco, Mineral del Chico y Santos Ángeles Custodios o Zopilote, en Pachuca, Hidalgo, donde se asociaron con Manuel Escandón. También analiza cómo se convirtieron de comerciantes a agiotistas y posteriormente a industriales textiles, al fundar en el Distrito Federal, en 1840, la fábrica textil Miraflores, la cual entre 1840-1855 se ubicó en el quinto lugar en la producción nacional.24 Rosa María Meyer estudió a Juan Antonio Béistegui, quien de 1820 a 1846 prestó dinero con la condición de que si no se pagaba a tiempo, se apropiaba de los bienes. Además también actuó como banco al recibir dinero, invertirlo y pagar por ello un interés del seis por ciento anual. Bajo estas prácticas de especulación, Juan A. Béistegui logró adquirir el estanco de tabaco en Sinaloa y la mina La Purísima, en Guanajuato. También se asoció con Archivaldo y Cuthberto Hope y Eduardo Keon para fundar la fábrica de hilados y tejidos de algodón “La Abeja” y “La Colmena”. Asimismo, en 1855 participó como socio de la fábrica de hilados y tejidos de San Idelfonso, la Cía. Real del Monte, Cía. Mineral de oro y Tlalpujahua, Mineral de Catorce y del Estanco de Tabaco de México, donde era socio de Manuel Escandón, Miguel Bringas, Ewen Mackinstosh25. La autora afirma que a pesar de ser socio en estos negocios, el principal destino para invertir de Juan Béistegui eran los bonos de caminos en Europa, que eran más seguros y no tan. 23. Urías Hermosillo, Margarita. Op.cit. 1981, pp. 25-56. Beato, Guillermo. Op.cit, 1981, p.57-107. 25 Ewen C. Mackintosh fue el cónsul inglés en la Ciudad de México, y otorgó varios préstamos al gobierno y a la Iglesia, además de ser socio en la casa comercial Manning y Mackintosh. 24. 20.

(25) redituables, en comparación con los negocios afectados por la inestabilidad política de México.26 Shanti Oyarzábal investigó a Gregorio Mier y Terán, quién llegó a México en 1818 y contó con la ayuda de su tío Antonio Terán, que poseía casas de comercio. De acuerdo a la autora, Gregorio Terán hizo su fortuna otorgando préstamos al gobierno, empresas, iglesias, comerciantes y hacendados. También participó en la minería, los ferrocarriles y el telégrafo.27 Mario Cerutti analizó el caso de Patricio Milmo, quién casó con la hija del gobernador de Nuevo León, Santiago Vidaurri. Debido a la guerra entre MéxicoEU (1846) que acercó a Monterrey a la frontera, la política arancelaria de su suegro (zona libre) y la Guerra de Secesión de EU (1860-65), Milmo logró vender a través de sus casas comerciales de Piedras Negras y Matamoros productos manufacturados, alimentos, etc., con los estados del sur a cambio de algodón, que durante ese periodo fue muy escaso y por ello fue vendido a precios elevados. Con esto, Milmo logró obtener cuantiosas ganancias que invirtió en préstamos dirigidos al gobierno y a los empresarios. Gracias a la falta de pago en algunos de estos préstamos, Milmo adquirió acciones de la Cía. Fundidora de Fierro y Manufactura de Monterrey; Cía. Ladrillera de la Silla, y Cía. Industrial de Monterrey.28 Roberto Hernández estudió a Valentín Rivero, quien en 1852 residía en Monterrey y ocupaba el cargo de Vicecónsul de España. Este empresario fue el primero en establecer una fábrica textil en Nuevo León, en 1854: “La Fama”. Posteriormente, en 1871, participó en la fundación de la fábrica textil “El Porvenir”, que fue en 1889 la más grande del estado, con 5,000 husos y de 30 a 40,000 piezas de producción anual29. Como se puede deducir en este recorrido historiográfico, el empresariado mexicano del siglo XIX estuvo integrado por inversionistas extranjeros y nacionales. Ellos amasaron sus capitales en las actividades comerciales y en los. 26. Meyer, Rosa, María.Op.cit, 1981, pp. 108-139. Oyarzábal, Shanti. Op.cit, 1981, pp. 140-163. 28 Cerutti, Mario. Op.cit, 1981, pp.231-266. 29 Hernández Elizondo, Roberto. Op.cit. 1981, pp. 167-286. 27. 21.

(26) préstamos a empresarios, Iglesia y Gobierno. Se sirvieron como es bien sabido, de sus relaciones familiares, políticas y asociaciones entre ellos. Otra publicación que profundiza sobre el comportamiento de los primeros empresarios durante el siglo XIX, es el libro de Walter Bernecker, De agiotistas y empresarios. En torno de la temprana industrialización mexicana. En esta obra el autor utiliza diversas fuentes documentales en archivos de Alemania, Francia y México. La tesis principal que defiende este autor es, que los verdaderos protagonistas del proceso de industrialización en México fueron los comerciantes (extranjeros y mexicanos), que tenían suficiente capital para prestar a los industriales a altas tasas de interés. Los cual les permitió apropiarse de las fábricas cuando estos últimos no tenían para pagarles. Empero, la mayoría de estos personajes no sabían nada sobre la industria. Bernecker señala que el empresariado textil no era un empresario en el sentido industrial, sino que era al mismo tiempo especulador, acreedor y partícipe de las consideraciones. políticas-económicas. y,. por. tanto,. muchos. de. ellos. probablemente no estaban interesados en eliminar los obstáculos institucionales – que muchas veces les favorecían- para permitir una rápida y amplia industrialización.30 Otra obra que refuerza la idea de que los empresarios textiles aprovecharon la existencia de obstáculos institucionales en México para obtener beneficios económicos es la de Mario Ramírez Rancaño, Burguesía textil y política en la Revolución mexicana. En esta obra el autor prueba que de 1906 a 1918 la burguesía textil en México “fue capaz de negociar con los diferentes gobiernos revolucionarios para retener sus intereses y propiedades. Además demuestra que fue por los conflictos obreros y la falta de materia prima que la burguesía textil sufrió mayores embates, y no por el conflicto revolucionario en sí, ya que generalmente el gobierno en turno protegió a la burguesía con tal de atraerla a su causa”.31 Las fuentes utilizadas para probar lo anterior fueron periódicos y revistas de la Biblioteca Lerdo de Tejada de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de. 30 31. Bernecker, Walter. Op.cit. 1992, pp. 163-191. Ramírez Rancaño, Mario. Op.cit. 1987, p.8.. 22.

(27) 1906 a 1907; información del ramo de trabajo y gobernación del Archivo General de la Nación de 1911 a 1914; periódicos de la Hemeroteca Nacional de la UNAM, el Diario de Debates de la Cámara de Diputados y Senadores y el Archivo Histórico del Centro de Estudios de Historia de México, Condumex, de 1915-1918. Ramírez eligió el periodo de estudio de 1906 a 1918 porque coincide con la formación del Centro Industrial Mexicano de Puebla, el final del Porfiriato y la Revolución Mexicana, hechos que en palabras del autor “obligaron a la burguesía textil a reordenar sus fuerzas y redefinir nuevas estrategias de acción y de supervivencia para navegar contra la guerra civil”.32 Termina en 1918, cuando se constituye la Confederación Nacional de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos. En esta obra, Ramírez coincide con otros autores que afirman que los industriales extranjeros consiguieron aliarse con la dictadura de Porfirio Díaz para gozar de su protección y ser favorecidos. Además mantuvieron una compleja red de comercio-industria-banca-tierra y fundaron sus propias organizaciones para defender sus intereses, como el Centro Industrial Mexicano en Puebla, en 1906.33 Con todo, entre los empresarios también surgieron divisiones, como señala Ramírez al describir que un grupo de empresarios textiles opositores al Centro Industrial Mexicano constituyeron el 8 de mayo de 1912 la Confederación Fabril Nacional Mexicana, con sede en la Ciudad de México. En este grupo se encontraban Antonio Reynaud, de CIDOSA; Félix Vinatier, de CIVSA, León Barbaroux, de La Hormiga, SA; Luis Veyan, de Veyan Jean y Cía; Anselmo Morín, de la Cía. Industrial Manufacturera, entre otros.34 Ramírez también afirma que “todos los gobiernos que asumieron la Presidencia de México, de 1912 a 1920, sin importar su ideología fueron generosos con la burguesía textil. Por ejemplo, Madero propone a la Cámara de Diputados un impuesto del 8 por ciento sobre la venta de hilados y tejidos, el cual se reintegrará en un 50 por ciento si el empresario cumple con las tarifas del reglamento autorizado por la Segunda Convención en julio de 1912. Con este 32. Ídem, p. 7 Ídem, pp.7, 13-14. 34 Ídem, p.62 33. 23.

(28) impuesto, el gobierno maderista resultó ser más generoso que el de Díaz al disminuir, en una tercera parte, las cargas impositivas”. 35 Otro caso fue el del gobierno de Victoriano Huerta, que “era de mayor coincidencia con los industriales debido a la política de mano dura hacia los obreros que compartía con la dictadura de Díaz, represión, uso de la policía local y especial para resguardar las fábricas textiles, y el establecimiento de propios cuerpos de seguridad rural para defender sus propiedades si el gobierno local no acudiera a su rescate”.36 Inclusive, “el gobierno de Carranza también manifestó su apoyo a la burguesía textil con el decreto del 16 de noviembre de 1915, en que obligó a los productores de algodón a vender su cosecha al gobierno, para que éste la distribuyera a las fabricas, y donde además se amenazó con la expropiación a todos aquellos productores que se negaran a vender su fibra al gobierno. Así el autor destaca que el gobierno de Carranza favorecía a la burguesía en general y especial a la textil que era su consentida.37 A pesar de que el libro de Ramírez es rico en detalles cuando narra las relaciones entre los industriales y el gobierno, no abunda en el estudio de casos individuales, como los empresarios de CIDOSA o de cualquier otra empresa. No obstante, la importancia de este trabajo -como lo afirma el propio autor- es que “no existen estudios sobre la burguesía industrial nacional para esa etapa”.38 Una obra más reciente sobre la colusión de empresarios con el gobierno es el artículo de Aldo Musacchio y Ian Read, Bankers, industrialists and their cliques elite network in Mexico and Brazil during early industrialitation. En este texto, los autores comparan las redes de hombres de negocios de México y Brasil en el periodo de 1890-1913. Para construir la red de empresarios en México, los autores utilizaron los datos de 98 empresas del Mexican Yearbook, de 1909. En él, identificaban si uno o más miembros de los Consejos de Administración de una empresa pertenecían a los consejos de otras compañías. Si esto era así, el hombre de negocios formaba parte de la red. Los autores mencionan que “las. 35. Ídem, pp.87 Ídem, pp. 98-101. 37 Ídem, pp. 185-187 38 , Ídem, p.8 36. 24.

(29) redes de hombres de negocios fueron cruciales para una iniciar la industrialización en México. De estas redes se obtenían capitales o información, y estaban formadas por prominentes políticos, quienes ayudaban a los empresarios a obtener concesiones y privilegios".39 En virtud de que el artículo de estos autores todavía no es muy conocido conviene tener presente sus contenidos. El texto se divide en cuatro secciones: la primera es una introducción a la situación política y económica de cada país. La segunda explica las diferencias institucionales entre México y Brasil. La tercera señala la metodología del estudio. La cuarta presenta los resultados y conclusiones obtenidas. Aunque el artículo menciona que “no va a teorizar sobre la relación entre redes e instituciones, porque los resultado no muestran con certeza si la ausencia de instituciones guían una fuerte alianza económica en redes o si la larga tradición de los agentes económicos, operando a través de redes, debilitan el establecimiento de instituciones formales, sí logra demostrar que en México los hacedores de leyes también eran los empresarios que más beneficios obtenían, por lo que podría pensarse que estos intentaban continuar con una estructura institucional débil para seguir obteniendo ganancias de sus redes. Éstas fueron más informales, más densas, con mayor número de conexiones y con mayor influencia política que las de Brasil, donde sí existió un sofisticado sistema de instituciones formales”. 40 Si bien el artículo de Musacchio y Read muestra elementos relevantes en la aplicación de la teoría de redes para el caso de la industrialización mexicana, adolece de las mismas fallas que el estudio de Haber, al no considerar las relaciones sociales, de amistad y parentesco de los hombres de negocios. Las obras enumeradas de Keremitsis, Plana, Haber, Coatsworth, GómezGalvarriato, Cardoso, Bernecker, Ramírez, Musacchio y Read fueron publicadas entre los años 1979 y 2007. Todas analizan los factores que impulsaron y los que obstaculizaron el desarrollo industrial capitalista de nuestro país durante el siglo XIX y principios del siglo XX, sólo que Keremitsis, Bernecker, Gómez-Galvarriato y. 39 40. Musacchio. Aldo y Read, Ian. Op.cit. 2007, pp. 842-880. Ídem, pp.842-847.. 25.

(30) Ramírez únicamente describen y analizan los que afectaron a la industria y empresarios textiles nacionales, mientras que Plana, Haber, Coatsworth, Cardoso, Musacchio y Read los que afectaron a toda los empresarios y a todas las industrias. Plana realiza su obra sobre la base de una síntesis de otros libros, pero todos los demás autores construyeron su investigación con fuentes documentales obtenidas en diversos archivos, fuentes hemerográficas y estadísticas. Algunos, como Haber y Gómez Galvarriato, lo hicieron directamente de los archivos de empresas. En el caso de Bernecker, él no sólo consulta archivos nacionales, sino también de Alemania y Francia. Respecto a sus posturas teóricas, Bernecker utiliza la teoría de la dependencia versus la “autonomía”, para explicar el papel de los comerciantes extranjeros en México, que de 1820-1850 se convirtieron en industriales, invirtieron a largo plazo sus capitales en el país anfitrión, se volvieron miembros de la burguesía y renunciaron a su papel de agentes del poder “dominante”, que les asigna la teoría de la dependencia.41 Coatsworth y Gómez-Galvarriato utilizan la teoría del desarrollo del marco institucional de Douglas North, para explicar cómo la falta de leyes e instituciones favoreció la creación de monopolios textiles durante la segunda mitad del siglo XIX. Musacchio y Read utilizan la teoría de redes. En el caso de los trabajos de Keremitsis, Cardoso, Ramírez, Plana y Haber, por ser de carácter monográfico no se identifican con una postura teórica en especial. Más allá de los elementos que señalan los estudios nacionales, es necesario identificar pormenorizadamente en dónde se establecieron las primeras fábricas textiles. ¿Cuáles fueron las regiones pioneras en el desarrollo industrial? ¿Qué actores locales y regionales participaron en su establecimiento y consolidación? Para ello, es forzoso acudir a los estudios regionales.. 41. Bernecker , Op.cit., 1992, p. 273.. 26.

(31) Miradas Regionales Las regiones textileras más relevantes del país de 1890 a 1930 fueron Orizaba, Puebla, Guadalajara y el Valle de México. Existen numerosos estudios acerca de las empresas y empresarios que en ellas operaban. Para los fines de esta investigación se analiza parte de la obra de Eulalia Rivera Carbó, Bernardo García Díaz y Aurora Gómez-Galvarriato para la región de Orizaba; para Puebla, la de Leticia Gamboa, Angelina Alonso y Coralia Gutiérrez; para Guadalajara, Jalisco, la de Guillermo Beato, Jaime Olveda y Sergio Valerio; y para el Valle de México, la de Mario Trujillo Bolio y María Eugenia Romero Ibarra. También se incluyen, por su importancia en los estudios regionales, algunos libros de Mario Cerutti sobre el norte del país. La primera fábrica textil moderna, al estilo inglés, se instaló en Orizaba Veracruz. Se eligió Orizaba por su ubicación junto a corrientes de agua caudalosas que la hacían idónea para la industria mecanizada y por su cercanía con la Ciudad de México. En el libro de Rivera Carbo, Herencia colonial y modernidad burguesa en un espacio urbano. El caso de Orizaba en el siglo XIX, se analizan los elementos básicos que definieron la estructura y la actividad de la ciudad de Orizaba durante el siglo XIX, haciendo énfasis en los grupos sociales con poder que incidieron en su evolución. Utilizando fuentes del Archivo Municipal de Orizaba y de la Biblioteca Hayden, de la Universidad Estatal de Arizona, Rivera Carbo describe que el Banco de Avío hizo un préstamo al empresario Lucas Alamán para que asociado a los hermanos Legrand, originarios de Francia, instalara en 1836 la Fábrica de Cocolapan.42 Cocolapan se convirtió en la hilandería más grande del país en 1841, con 600 empleados que trabajaban en tres turnos. Debido a los servicios y oficios que requería de forma directa e indirecta la fábrica, impulsó el desarrollo de empresas de construcción y transportes en la zona. Sin embargo, por la falta de materia prima, la competencia de los productos extranjeros que eran más baratos y la. 42. Rivera Carbó, Eulalia. Op.cit. 2002, p. 15. 27.

(32) deficiencia en comunicaciones que presentaba la región, la fábrica disminuyó su producción. En 1848 fue comprada por Manuel Escandón.43 Rivera indica que “los grandes capitales detrás de la industria textil de la primera mitad del siglo XIX (Escandón, Alamán y Legrand) no tenían interés en Orizaba, más que en lo que podía afectar directamente al desempeño de su empresa. Fue hasta las últimas décadas del siglo XIX, con la llegada del ferrocarril, del comercio exterior, los distintos servicios públicos y de la política industrial impulsada por el Porfiriato y con la instalación de otras fábricas textiles en la región (“Cerritos” (1882), la “San Lorenzo” (1882) y “Río Blanco” (1892), “Santa Gertrudis (1893)”; “Santa Rosa” (1899)) que la estructura premoderna de Orizaba se modificó a fondo”.44 Dentro de los estudios regionales, referentes a los trabajadores de las fábricas textiles de la región de Orizaba, se encuentran obras como la de Bernardo García Díaz, Un pueblo fabril del Porfiriato: Santa Rosa, Veracruz. En la cual el autor ofrece una mirada amplia de las formas y los estilos de vida, sí como los avatares de la lucha obrera en las fábricas textiles Cerritos, San Lorenzo, Río Blanco, Cocolapan, pertenecientes a CIDOSA, Santa Gertrudis, Mirafuentes, y Santa Rosa, propiedad de CIVSA. También destaca el papel de todas estas empresas en la transformación del entorno urbano de Orizaba. Utilizando fuentes hemerográficas (periódico El Paladín, El Cosmopolita, El Reproductor, El Imparcial, La Revolución Social) y documentales obtenidas del Archivo General del Estado de Veracruz, del Archivo General de la Nación, del Archivo Municipal y Archivo del Registro Civil de Ciudad Mendoza, Archivo de La Parroquia Santa Rosa de Lima, Archivo Municipal de Nogales, y Orizaba, del archivo de CIVSA, y de la Colección General Porfirio Díaz, de la Universidad de las Américas, Puebla, el autor identifica que una estrategia efectiva para la acumulación de riqueza por parte de los barcelonnettes durante finales del siglo XIX e inicios del XX fue la de estandarizar el proceso productivo con un mayor control sobre los trabajadores. García narra que en las fábricas de Santa Rosa y. 43 44. Ídem, pp.64-66. Ídem, p.301.. 28.

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