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Sociedad y mundo funerario en el III y II milenio A.C. en la región del Jarama

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FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

DEPARTAMENTO DE PREHISTORIA Y ARQUEOLOGÍA

SOCIEDAD Y MUNDO FUNERARIO EN EL III Y II MILENIO A. C.

EN LA REGIÓN DEL JARAMA

TESIS DOCTORAL RAQUEL ALIAGA ALMELA

DIRECTORAS: CONCEPCIÓN BLASCO BOSQUED Y CORINA LIESAU VON LETTOW-VORBECK

MADRID, 2012

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AGRADECIMIENTOS

En primer lugar, quiero agradecer de manera especial la labor de mis directoras de tesis, Concha Blasco y Corina Liesau, sin cuyas indicaciones, correcciones y apoyo no podría haber completado esta investigación. Por todo lo que me han enseñado a lo largo de estos años y por su incansable dedicación y entusiasmo.

En segundo lugar, a los arqueólogos y empresas de Arqueología por haberme propor- cionado acceso a la información de los yacimientos excavados por ellos, muchos de los cuales permanecen aún inéditos. Por ello, quiero dar las gracias a Lorenzo Galindo y Vicente Sánchez-Sánchez de ArqueoEstudio-Coop.; a Esther Andreu de ArqueoMedia S. L.; a Jorge Morín de Audema; a Jorge Vega de ArGea S. L. y a Raúl Flores de Pagadel S. L. , sin cuya ayuda no habría podido reunir un catálogo tan amplio y completo.

Tampoco puedo dejar de agradecer la ayuda y el interés de Jesús Bermúdez, Técnico de la Delegación de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, que se ha volcado en la búsqueda de expedientes para que pudiese reunir todos los datos necesarios para esta investi- gación. Y la de Antonio Dávila, Jefe del Área de Conservación e Investigación del Museo Ar- queológicoRegional, quien me ha facilitado la consulta de la Carta Arqueológica y me ha ayu- dado con los trámites de la Administración para la consulta de memorias de excavación.

Quiero agradecer también a Patricia Ríos su ayuda con la cartografía, sus consejos acerca de la tesis y su apoyo al final a este proceso; y a Ester Moreno y a Arantxa Daza su la- bor en el laboratorio y gabinete del equipo. Y quiero reconocer el trabajo desarrollado por to- dos mis compañeros y compañeras del Departamento de Prehistoria de la UAM, especialmente en lo referente al yacimiento de Camino de las Yeseras, tan importante para esta investigación.

No puedo olvidarme tampoco de Cristina Rihuete, quien con sus consejos y recomenda- ciones me ha ayudado de manera importantísima a determinar el enfoque de esta tesis docto- ral, me ha resuelto dudas y me ha abierto caminos nuevos.

También quiero agradecer a José Luis Gómez su dedicación al estudio de los restos humanos de Yeseras y Humanejos y, en especial, su colaboración en el estudio del enterra- miento múltiple de Camino de las Yeseras que fue objeto de mi Tesis de Máster, ya que con él empezó la labor de investigación que culmina hoy en esta tesis doctoral.

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Quiero dar las gracias, especialmente, a Ángel Fuentes, que me convenció para estu- diar Arqueología hará ya 10 años, y que después me ha permitido formarme en el campo de la Arqueología Forense junto con su equipo. Sin sus consejos y sin su labor como profesor no hubiera podido abordar este estudio.

Por último, quisiera agradecer a todos aquellos que de alguna manera y en algún mo- mento me han ayudado, aconsejado y animado con este trabajo a lo largo de estos años. Todos y cada uno han sido importantes en este proceso.

(4)

SOCIEDAD Y MUNDO FUNERARIO EN EL III Y II MILENIO A. C. EN LA REGIÓN

DEL JARAMA

(5)
(6)

PRESENTACIÓN ………...……… 1

I. INTRODUCCIÓN ……… 5

1. ESTADO DE LA CUESTIÓN ………... 7

2. OBJETIVO DE LA PRESENTE INVESTIGACIÓN ……….. 30

II. PRINCIPIOS TEÓRICOS Y METODOLÓGICOS ………31

1. TERMINOLOGÍA BÁSICA: enterramiento, tumba y sepultura ………. 33

2. BASES TEÓRICO-METODOLÓGICAS ……….34

2.1. La Arqueología de la Muerte o Arqueología Funeraria ………. 34

2.1.1. Breve desarrollo historiográfico ………. 34

2.1.2. Principios teóricos de la Arqueología Funeraria desarrollados en esta tesis …………. 45

2.2. La Antropología de campo o l’Anthropologie de terrain ………... 50

2.3. La Arqueología Espacial ……… 53

2.3.1. Análisis macro-espacial ………. 54

2.3.2. Análisis meso-espacial ………... 56

2.3.3. Análisis micro-espacial ……….. 57

3. CRITERIOS PARA LA CATALOGACIÓN DE YACIMIENTOS ……… 57

3.1. La clasificación de yacimientos ………. 58

3.2. La base de datos ………. 59

4. EL ANÁLISIS DE LOS DATOS ………. 68

4.1. El cálculo del valor social de los enterramientos ………... 68

4.2. El análisis espacial de las prácticas funerarias ………... 70

III. EL MARCO GEOGRÁFICO Y CRONOCULTURAL ……… 71

1. EL ÁREA GEOGRÁFICA DE ESTUDIO: LA REGIÓN DEL JARAMA ………. 73

2. EL PERIODO DE ESTUDIO: LA SECUENCIA CRONOCULTURAL ………… 77

1.2. Etapas culturales y límites cronológicos ……… 77

1.2.1. El Calcolítico ……….. 79

1.2.2. La Edad del Bronce ……… 82

(7)

1. ASPECTOS CUANTITATIVOS Y CUALITATIVOS DE LA

INFORMACIÓN RECOPILADA ……… 91

2. LA DISTRIBUCIÓN DE LOS RESTOS FUNERARIOS EN LA REGIÓN DEL JARAMA ……… 97

2.1. Relación entre zonas de uso funerario y lugares de hábitat ………97

2.1.2. Las zonas llanas ………. 97

2.1.3. Las zonas de sierra ………. 105

2.2. Relación espacial entre enterramientos y recursos ……… 106

3. TUMBAS Y CONTENEDORES FUNERARIOS ………... 109

3.1. Las fosas simples ………109

3.1.1. Morfología y dimensiones ………. 113

3.1.2. Cronología ……….. 115

3.1.3. Localización topográfica y relación con lugares de hábitat ………117

3.2. Las fosas con nicho lateral ………. 119

3.2.1. Morfología y dimensiones ………. 119

3.2.2. Cronología ………. 122

3.2.3. Localización topográfica y relación con lugares de hábitat ………123

3.3. Los hipogeos ……….. 124

3.3.1. Morfología y dimensiones ………. 127

3.3.2. Cronología ………. 128

3.3.3. Localización topográfica y relación con lugares de hábitat ………... 129

3.3.4. Otros ejemplos no catalogados ……….. 133

3.4. Las covachas ……….. 133

3.4.1. Morfología y dimensiones ………. 134

3.4.2. Cronología ………. 135

3.4.3. Localización topográfica y relación con lugares de hábitat ………136

3.5. Las tumbas de pozo ………137

3.5.1. Morfología y dimensiones ………. 137

3.5.2. Cronología ……….. .139

3.5.3. Localización topográfica y relación con lugares de hábitat ………140

3.6. Las tumbas con cubrición tumular ………. 141

3.6.1. Morfología y dimensiones ………. 142

3.6.2. Cronología ………. 143

3.6.3. Localización topográfica y relación con lugares de hábitat ………144

(8)

3.7.2. Cronología ………. 146

3.7.3. Localización topográfica y relación con lugares de hábitat ……….. 146

3.8. Los contenedores funerarios: tinajas o pithoi ……… 148

2.8.1. Características formales ………. 148

2.8.2. Cronología ……….. 148

4. LOS ENTERRAMIENTOS ……….. 153

4.1. Los restos humanos ……… 153

4.1.1. Tipos de depósito ………153

4.1.1.1. Depósitos primarios ………. 154

4.1.1.2. Depósitos secundarios ………. 162

4.1.1.3. Depósitos desplazados/reducidos ……… 163

4.1.2. Tipo de enterramiento ……… 164

4.1.2.1. Enterramientos individuales ……… 166

4.1.2.2. Enterramientos múltiples ……… 170

4.1.2.3. Enterramientos colectivos ………176

4.1.2.4. Casos particulares ………181

4.1.3. La colocación de los cuerpos ………. 183

4.1.3.1. Posición de los cadáveres ……… 183

4.1.3.2. La orientación de los cuerpos ………. 190

4.1.4. Tratamiento del cadáver y manipulación de los cadáveres ……… 191

4.1.4.1. Pigmentos o sustancias de coloración rojiza ……….. 192

4.1.4.2. Huellas de la acción del fuego ……… 197

4.1.4.3. Movimiento de cuerpos ……… 199

4.2. Ajuares y ofrendas ………. 201

4.2.1. Rasgos generales ……… 201

4.2.2. Tipos de ajuares ………. 207

4.2.3. Los ajuares del Calcolítico ………. 208

4.2.3.1. Calcolítico Inicial ……… 208

4.2.3.2. Calcolítico Pleno ………. 209

4.2.3.3. Ajuares calcolíticos sin adscripción clara ……….. 220

4.2.4. Los ajuares de la Edad del Bronce ………. 220

4.2.4.1. Bronce Antiguo ……… 220

4.2.4.2. Bronce Pleno ………221

4.2.4.3. Bronce Final ……… 223

4.2.4.4. Ajuares de la Edad del Bronce sin adscripción clara ……… 223

(9)

4.2.5.2. Recursos abióticos ………... 230

5. LA POBLACIÓN ENTERRADA ……… 239

5.1. Características de la población por yacimientos ……… 241

5.1.1. Camino de las Yeseras ………... 241

5.1.1.1. Edad, sexo y esperanza de vida ………... 241

5.1.1.2. Paleopatologías ………... 246

5.1.1.3. Indicadores de estrés sistémico y marcadores de estrés ocupacional ……… 249

5.1.1.4. Deformaciones no patológicas ……… 250

5.1.1.5. Paleodietas ……….. 252

5.1.2. Humanejos ………. 254

5.1.2.1. Edad, sexo y esperanza de vida ……….. 254

5.1.2.2. Paleopatologías ………... 258

5.1.2.3. Indicadores de estrés sistémico y marcadores de estrés ocupacional ……… 258

5.1.3. Soto del Henares ……… 259

5.1.3.1. Edad, sexo y esperanza de vida ………... 260

5.1.3.2. Paleopatologías ………... 262

5.1.3.3. Indicadores de estrés sistémico y marcadores de estrés ocupacional ……… 263

5.1.4. La Loma del Lomo ……… 264

5.1.4.1. Edad, sexo y esperanza de vida ………266

5.1.4.2. Paleopatologías ………... 266

5.1.4.3. Indicadores de estrés sistémico y marcadores de estrés ocupacional ……… 268

5.1.5. Los Berrocales ……… 268

5.1.5.1. Edad, sexo y esperanza de vida ………... 268

5.1.5.2. Paleopatologías ………272

5.1.5.3. Indicadores de estrés sistémico y marcadores de estrés ocupacional ……… 274

5.2. Características de la población por etapas ………. 275

5.2.1. El Calcolítico ……….. 275

5.2.1.1. Edad, sexo y esperanza de vida ………... 276

5.2.1.2. Paleopatologías, indicadores de estrés sistémico y marcadores de estrés ocupacional ………... 278

5.2.1.3. Estatura ……… 279

5.2.1.4. La cuestión de la distancia biológica ……….. 279

5.2.1. La Edad del Bronce ……… 281

5.2.1.1. Edad, sexo y esperanza de vida ………... 282

5.2.1.2. Paleopatologías, indicadores de estrés sistémico y marcadores de estrés ocupacional ……… 284

(10)

V. ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN DE LOS DATOS ……… 289

1. CAMBIOS Y VARIACIONES EN LAS PRÁCTICAS FUNERARIAS DEL III Y II MILENIO A. C. ……… 291

1.1. Periodización y cronología del registro funerario ……….. 293

1.1.1. Características del registro funerario del Calcolítico ………. 293

1.1.1.1. El Calcolítico Inicial ……… 294

1.1.1.2. El Calcolítico Pleno ……… 296

1.1.2. Características del registro funerario de la Edad del Bronce ……… 298

1.1.1.1. El Bronce Antiguo ……… 298

1.1.1.2. El Bronce Pleno ………... 299

1.1.1.3. El Bronce Final ……… 300

1.2. Explicación a la diversidad funerario del III y II milenio a. C. en la región del Jarama ………... 301

1.2.1. Diferencias sincrónicas ………301

1.2.1.1. El Calcolítico Inicial ……… 301

1.2.1.2. El Calcolítico Pleno ………. 306

1.2.1.3. El Bronce Antiguo ……… 336

1.2.1.4. El Bronce Pleno ……….. 339

1.2.1.5. El Bronce Final ……… 346

1.2.2. Diferencias diacrónicas ……….. 346

2. OTROS ASPECTOS DE INTERÉS REFLEJADOS EN LOS DATOS DEL REGISTRO FUNERARIO DEL III Y II MILENIO A. C. EN LA REGIÓN DEL JARAMA ………359

2.1. Aspectos rituales y simbólicos de las prácticas funerarias ……… 359

2.1.1. Prácticas rituales ……… 359

2.1.2. Apuntes sobre el posible significado simbólico de algunas ofrendas ……….362

2.1.2.1. La cerámica y sus contenidos ……… 362

2.1.2.2. Las ofrendas animales ………. 365

2.1.2.3. Armas ………... 367

2.1.2.4. Molinos y cereales ………369

2.2. Datos para un interpretación desde la Arqueología de Género ………. 370

2.2.1. Datos demográficos ……… 371

2.2.2. Datos socioeconómicos ……….. 372

2.3. Casos de trepanación y otras prácticas quirúrgicas ……… 373

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1. EL CALCOLÍTICO INICIAL: LAS CUEVAS DE INHUMACIÓN

COLECTIVA EN LA MESETA Y OTRAS ZONAS PENINSULARES ………… 377

2. EL CALCOLÍTICO PLENO: FOSAS, TUMBAS MONUMENTALES Y AJUARES CAMPANIFORMES EN LA MESETA Y 2.EN EL VALLE DEL TAJO ………... 383

3. EL BRONCE ANTIGUO Y PLENO: EL MUNDO FUNERARIO DE LA MESETA Y LA INFLUENCIA ARGÁRICA ………. 390

4. EL BRONCE FINAL: EL MUNDO FUNERARIO DE LA ETAPA DE PLENITUD DE COGOTAS I ……… 392

VII. CONCLUSIONES ……… 395

BIBLIOGRAFÍA ……….. 409

ÍNDICE DE FIGURAS ……… 443

ÍNDICE DE TABLAS ……….. 447

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PRESENTACIÓN

Esta tesis doctoral es un estudio sobre el mundo funerario y las prácticas mortuorias de las poblaciones del pasado, y, más concretamente, de las asentadas durante el III y II milenio a.

C. en la región del Jarama. En ella, se muestran los resultados de la investigación llevada a cabo durante cuatro años y todo lo aprendido hasta le fecha acerca del fenómeno de la muerte en es- tas comunidades, cuya importancia en el estudio de la Prehistoria Reciente del centro peninsu- lar es cada vez más evidente, como reflejan los nuevos hallazgos y los cada vez más abundantes trabajos de investigación centrados en ellas*.

Esta investigación sigue una estructura sencilla, que arranca del análisis de la cuestión y de lo que hasta el momento de realizar este trabajo se sabía sobre el mundo funerario del III y II milenio a. C. en la región del Jarama. La síntesis de la información disponible y de las principa- les interpretaciones acerca del mundo funerario de esta etapa en dicho contexto geográfico que- dan así recogidas en el primer capítulo, y sirven de punto de partida para formular los objetivos de esta tesis doctoral: caracterizar las distintas fórmulas funerarias a lo largo de estos dos mile- nios con la finalidad de identificar cambios y variaciones en las mismas que permitan realizar un análisis y una interpretación del registro en clave social e histórica. Es decir, poder, en la medida de lo posible, reconstruir los procesos de transformación social e ideológica que están detrás de las prácticas funerarias de estas gentes.

Para ello, ha sido necesario recurrir a toda una serie de planteamientos metodológicos procedentes de la Arqueología Funeraria, que quedan concretados en el capítulo II, donde se realiza un breve repaso historiográfico sobre la Arqueología de la Muerte con el fin de com- prender los cambios epistemológicos y metodológicos acontecidos dentro de esta disciplina. En ese mismo capítulo se expone también cómo y qué principios teóricos y metodológicos emana- dos de esta corriente y de sus enfoques más recientes son los que se aplican al trabajo de inves- tigación desarrollado en esta tesis de cara a conseguir el objetivo propuesto.

* En este conjunto de trabajos destaca los desarrollados por la Universidad Autónoma de Madrid dentro de varios proyectos de investigación que han financiado buena parte de las dataciones que se ofrecen en esta tesis (yacimientos de Camino de las Yeseras, Humanejos, Los Berrocales y Soto del Henares), así como los estudios antropológicos de los restos humanos de Humanejos y Camino de las Yeseras, y otros análisis de materiales que se incluyen en este trabajo (publicados en Blasco, Liesau y Ríos, 2011). Estos proyectos son: Economía y sociedad durante el Calcolítico de la Meseta: el yacimiento de Camino de las Yeseras (San Fernando de Henares, Madrid).

Recursos minerales y actividades (I+D HUM2007-6405) dirigido por Javier Baena; Materiales y recursos arqueo- biológicos durante el III Milenio a.C. en la Comunidad de Madrid (CCG08-UAM/HUM 4061) dirigido por Corina Liesau; Poblamiento de Madrid en el III Milenio a.C. Comunidad de Madrid (Dir. Gral. De Patrimonio Histórico:

1635/2007/00) dirigido por Concepción Blasco; Economía y ritualidad en el tránsito del III al II milenio a. C. en la Comunidad de Madrid (CCG06-UAM/HUM 0469) dirigido por Corina Liesau; y Las sociedades calcolíticas y su marco temporal en la region de Madrid. Una revision a la luz de nuevos datos (HAR2011-28731 3), dirigido por Corina Liesau.

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Partiendo, tal y como queda expuesto en el segundo capítulo, de un enfoque bioarque- ológico y de una perspectiva “neo-marxista” matizada, este trabajo aborda el estudio de las prácticas funerarias de las poblaciones del Calcolítico y la Edad de Bronce de la región del Ja- rama. Los límites cronológicos y geográficos de esta investigación quedan delimitados en el capítulo III, donde se analizan los datos disponibles con el objeto de establecer una periodiza- ción de estas dos grandes etapas de la Prehistoria Reciente en nuestra área de estudio, delimita- da y definida en la primera parte de este tercer capítulo. Su finalidad es, por tanto, la de ofrecer un marco temporal y físico para los datos e interpretaciones expuestos en la tesis.

A diferencia de otras tesis doctorales, el apartado referente al marco geográfico en este trabajo no es exhaustivo, y no aborda un estudio detallado de las características geológicas y físicas del entorno. Se trata, simplemente, de justificar el por qué de la elección de la región del Jarama como marco de estudio, ya que las implicaciones del medio geográfico con los restos funerarios se abordan de manera particular en los diferentes apartados correspondientes a la ex- posición de la información disponible. Así, la relación entre enterramientos y recursos y mate- rias primas empleados en la elaboración de los elementos de ajuar se aborda cuando se analizan estos últimos; y la distribución espacial de las sepulturas dentro del entorno geográfico se anali- za al desarrollar el estudio de las tumbas y estructuras funerarias. De este modo, quiere evitarse la inclusión de un capítulo sobre medio geográfico que no tenga relación alguna con nuestro tema de estudio.

En el capítulo IV se exponen todos los datos recopilados en esta investigación, sin em- bargo, no constituye en ningún modo un catálogo de yacimientos –que se incluye en un anexo digital–, sino una síntesis en la que se ofrece un análisis de la información recogida a lo largo de los cuatro años de investigación, ordenada en torno a cuatro grandes puntos: la distribución geográfica de los hallazgos, los tipos de tumba, las características de los depósitos (restos humanos y ajuares/ofrendas) y los datos de población.

Este cuarto capítulo es el esqueleto sobre el que se asienta toda la tesis, ya que compone la base de conocimiento con la que se va a caracterizar el mundo funerario de las comunidades del III y II milenio a. C. de la región del Jarama y sobre el que se van a construir las interpreta- ciones socio-históricas acerca de las transformaciones y permanencias percibidas en el mismo a lo largo del periodo. Estos dos aspectos son los que se abordan en el capítulo V, que, junto con el IV, constituye la mayor aportación del presente trabajo de investigación.

De este modo, el quinto capítulo contiene las verdaderas conclusiones de la tesis, la in- terpretación y análisis histórico de todos los datos expuestos en el capítulo anterior. En él se buscan y plantean explicaciones a la diversidad de formas y patrones funerarios, tanto sincróni- ca como diacrónicamente a lo largo de todo el periodo de estudio; y junto al análisis de los cambios del registro interpretables en clave social, se exponen también otros aspectos derivados de la investigación sobre el mundo funerario referentes a posibles prácticas rituales y a las transformaciones sufridas por éstas a lo largo de dicha etapa de la Prehistoria. Lo expuesto en

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este capítulo, por tanto, permite dar respuesta a las cuestiones planteadas al inicio de la investi- gación, reflejadas en los objetivos propuestos para esta tesis doctoral.

El penúltimo punto de esta tesis aborda la contextualización del mundo funerario del III y II milenio a. C. en la región del Jarama dentro del marco geográfico peninsular. Su finalidad es la de relacionar las realidades funerarias constatadas para las diferentes etapas en la región de estudio con lo que acontece en los mismos periodos en el resto de la península, especialmente en las regiones geográficamente más cercanas. Se trata de analizar si existen similitudes y dife- rencias entre las prácticas funerarias de los distintos grupos que habitaron estos territorios, con el objetivo de buscar posibles relaciones con otros focos e integrar el conocimiento obtenido para la región del Jarama en un contexto más amplio, evitando así la construcción de fronteras artificiales delimitadoras de realidades culturales ficticias.

Por último, el capítulo VII de esta tesis presenta una recapitulación de los principales avances conseguidos en este trabajo de investigación, que funciona a modo de conclusiones fi- nales. Constituye un resumen de las ideas expuestas en el capítulo V y de las conclusiones par- ciales que han podido ir concretándose a partir de la lectura de lo expuesto en el capítulo IV, cuya finalidad es la de ofrecer una visión general de los resultados de esta tesis doctoral. A la luz de estos mismos, puede considerarse que se ha conseguido cumplir con el objetivo inicial- mente planteado, si bien esto no supone, ni mucho menos, que se haya llegado al final del cami- no. Éste, a partir de los resultados presentados, ofrece nuevas bifurcaciones, nuevas cuestiones y vías de investigación que deberán ser abordadas en futuros trabajos.

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INTRODUCCIÓN

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I. INTRODUCCIÓN

1. ESTADO DE LA CUESTIÓN

1.1. BREVES APUNTES SOBRE LA REGIÓN DEL JARAMA EN LA INVESTIGACIÓN DE LA PREHISTORIA RECIENTE PENINSULAR

Hasta fechas relativamente recientes, la región central de la Península Ibérica era consi- derada una zona poco poblada y marginal en la evolución socioeconómica que caracteriza la primera Edad de los Metales en otros territorios peninsulares más dinámicos (Bueno et al., 2000: 48; Díaz-del Río, 2001: 17).

A sostener esta interpretación contribuía la ausencia de poblados con arquitectura en piedra y/o con estructuras defensivas. En su lugar, los “campos de hoyos” (Bellido, 1996), con escasísimos ejemplos de estructuras de habitación y falta de estratigrafías que argumentasen a favor de su antigüedad, eran relegados a un segundo plano en la investigación e interpretados como evidencia de un poblamiento seminómada, propio de sociedades ganaderas e igualitarias (Harrison, 1985). La escasez de trabajos que abordaran el estudio de este tipo de yacimientos, considerados poco atractivo en comparación con los de otras regiones peninsulares, comenzó a paliarse en la década de los 90, cuando hicieron su aparición varias publicaciones que ponían de relieve la enorme extensión de este modelo de ocupación por el territorio europeo y peninsular durante toda la Prehistoria Reciente (Bernabeu et al., 1989; Bellido, 1996; Mordant y Richard, 1992; Camalich y Martín, 1999).

Prácticamente al mismo tiempo, se publicaban los primeros trabajos de síntesis sobre el III y II milenio a. C. que incluían la región del Jarama, intentando ofrecer una visión lo más completa posible acerca del desarrollo histórico de las comunidades de este territorio a lo largo de la Prehistoria Reciente con los datos disponibles (De Álvaro, 1987; VV.AA, 1987; Martínez Navarrete, 1988; Blasco, 1994, 1997a y 1998; Muñoz, 1993, 1999a y b). Gran parte de estos datos, sin embargo, procedían de investigaciones mucho más antiguas, de las excavaciones y trabajos de Pérez de Barradas, desarrollados en la segunda mitad de la década de los 20 y la pri- mera mitad de los 30 (cf. Blasco, 2008)1; o incluso anteriores, como en el caso de las tumbas de Ciempozuelos, descubiertas a finales del s. XIX (Riaño et al., 1894), o del yacimiento de Las Carolinas, de principios del s. XX (Obermaier, 1917).

1Los trabajos de Pérez de Barradas fueron, sin duda, el pilar sobre el que se sustentaron todas las investigaciones posteriores. Este investigador, no sólo ejerció una indispensable labor en el rescate y excavación de los yacimien- tos descubiertos en las cuencas del Manzanares y el Jarama como resultado de la explotación de áridos o de la construcción de infraestructuras, sino que trató de sistematizar y ordenar toda la información obtenida de dichos trabajos. Sus estudios permitieron reconstruir la primera secuencia prehistórica de la región, incluida en las prime- ras síntesis generales de Prehistoria peninsular (Bosch Gimpera, 1932; Pericot, 1934; Del Castillo, 1947) y que tuvo una evidente influencia en las investigaciones posteriores.

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Desde mediados de la década de los 90, el número de trabajos centrados en el estudio de la Prehistoria Reciente en la región del Jarama ha ido creciendo paulatinamente. De esos años, destacan especialmente las síntesis elaboradas por Blasco Bosqued y Muñoz López-Astilleros en las que se realiza un análisis detallado de los datos, se caracterizan las distintas fases cultura- les o periodos y se ofrecen interpretaciones de carácter histórico (Blasco, 1994, 1997a y 1998;

Muñoz, 1993, 1999a y b). A partir de estos momentos, la realidad arqueológica del centro pe- ninsular, especialmente de la Cuenca del Tajo, comienza a salir de su particular ostracismo y a llamar la atención de las nuevas generaciones de investigadores.

En efecto, con el nuevo siglo se inician también trabajos que van a abordar de forma concreta el estudio del III y II milenio a. C. en la región central peninsular (p. e. Garrido, 2000) y, especialmente, la región del Jarama. Así, la publicación de las tesis doctorales de Díaz-del Río Español (2001) y Ríos Mendoza (2011a), junto con la de los últimos trabajos llevados a cabo por el Grupo de Investigación de la Universidad Autónoma de Madrid, dirigido por Con- cepción Blasco (Blasco, 2002 y 2004; Blasco y Baena, 1999; Blasco y Santafé, 2000; Blasco et al., 2005, 2007, 2009, 2011; Liesau et al., 2008; etc.), van a cambiar de forma radical el conoci- miento y la visión aceptada por la comunidad científica sobre la Prehistoria Reciente en esta zona de la península. Con estos trabajos, la región del Jarama deja de ser considerada una zona retardataria y empieza a valorarse como un territorio ocupado por comunidades con una eco- nomía plenamente agraria y una red de intercambios consolidada, que desarrollan sistemas ide- ológicos complejos vinculados a la territorialización del paisaje (Díaz-del Río, 2001).

La multiplicación del número de hallazgos, así como el aumento de la calidad de los da- tos ofrecidos por éstos y la aplicación de nuevas metodologías de análisis con resultados muy positivos van a permitir un avance sin precedentes en el conocimiento de estas etapas, y al mis- mo tiempo, van a plantear nuevas preguntas a las que dar respuesta (cf. Ríos, 2011).

1.2. EL MUNDO FUNERARIO DEL III Y II MILENIO A. C. DE LA REGIÓN DEL JARA- MA EN LA INVESTIGACIÓN DESDE SUS INICIOS HASTA NUESTROS DÍAS

En lo que respecta al mundo funerario, el desarrollo de la investigación ha sufrido una evolución similar a la del resto de manifestaciones arqueológicas del periodo, si bien el número de publicaciones que hacen referencia a este tema sigue siendo menor. Así, a pesar de que los hallazgos funerarios han sido siempre objeto central de la atención de los investigadores, son muy pocos los trabajos que han intentado abordar su análisis de forma conjunta con la intención de ofrecer un panorama general sobre las manifestaciones funerarias del III y II milenio a. C. en nuestra área de estudio.

1.2.1. Primera etapa: desde finales del s. XIX hasta finales del s. XX

Hacia finales del s. XX, se conocían más de una treintena de yacimientos con restos fu- nerarios de la Prehistoria Reciente para la región del Jarama (Tabla 1). Sin embargo, a excep-

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ción de unos pocos, la mayoría procedían de hallazgos casuales, se trataba de ejemplos aislados fuera de contexto o provenían de excavaciones antiguas, con lo que se había perdido gran parte de la información que pudieran proporcionar. El panorama era el de un mapa salpicado de pun- tos, cada uno de los cuales, salvo contadas excepciones (La Loma del Lomo, Caserío de Pera- les, La Dehesa), representaba una sola tumba aislada, muy pocas veces relacionada con áreas de asentamiento.

Por otro lado, el historicismo cultural que impregnaba las primeras investigaciones ar- queológicas convertía a los hallazgos funerarios en objetos susceptibles de ser clasificados cro- notipológicamente, con la finalidad de establecer secuencias temporales y culturales que permi- tiesen identificar y definir las diferentes etapas y culturas que se desarrollaron en la región du- rante la Prehistoria Reciente. No fueron, por tanto, objeto de interés específico hasta finales del s. XX, cuando empiezan a introducirse los primeros planteamientos teóricos procesuales y pos- procesuales, que conceden a los restos funerarios un especial interés de cara a la reconstrucción histórica de los procesos socioeconómicos del pasado (vid capítulo II, apartado 2.1).

En este sentido, ninguno de los trabajos llevados a cabo en los primeros años del s. XX abordaron el análisis de las prácticas funerarias del III y II milenio a. C. en la región del Jarama, si bien sí que recopilaron toda la información disponible referente a los hallazgos funerarios producidos en el territorio. Destacan, en este sentido, la publicación de los hallazgos de la necrópolis de Ciempozuelos (Riaño et al., 1894) o de la tumba de Las Carolinas (Obermaier, 1917), así como los ya mencionados trabajos de Pérez de Barradas (1923, 1926, 1927, 1929, 1930, 1933 y 1936 ), que dieron a conocer un número importante de enterramientos, como los de Arenero de Valdivia, Casa del Moreno, San Fernando de Henares, la Casa de Campo, Tejar del Sastre o Colonia del Conde de Valdecilla. El carácter anticuarista de la arqueología de esos momentos, que primaba el interés por la pieza en detrimento de su contexto, hizo que gran parte de la información referente al mismo se perdiese para las investigaciones futuras y que los datos referentes al mundo funerario se limitasen a la descripción somera de la tumba y a una más ex- haustiva descripción de los elementos del ajuar. No obstante, se dieron algunas excepciones, como los trabajos de Antón (1897) y Deselaers (1917) sobre los restos óseos de las tumbas de Ciempozuelos y Las Carolinas, que reflejan un destacable interés por la información antropoló- gica extraíble de los restos funerarios, aunque dentro de los parámetros de los estudios cráneo- métricos y raciales del momento.

Después de la suspensión de las excavaciones y trabajos arqueológicos durante la Gue- rra Civil, las investigaciones llevadas a cabo entre las décadas de los 40 y 70 no varían dema- siado el panorama general del mundo funerario de la Prehistoria Reciente de la región. Siguen sin producirse síntesis ni recopilaciones específicas de los hallazgos, que apenas se incrementan con respecto a los conocidos antes de la contienda. Así, en tres décadas, tan sólo los enterra- mientos del Arenero de Miguel Ruiz (Loriana, 1942), la Fábrica de Euskalduna (Almagro, 1960), las cuevas de La Cantera de los Esqueletos (Cuadrado et al., 1964), el Km. 19 de la ca-

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rretera de Vaciamadrid (Gaibar, 1974), la Aldehuela y Mejorada del Campo I (Harrison, 1977) se suman a la lista de yacimientos funerarios de la región.

Hay que esperar hasta los años 80 y las primeras síntesis de la Prehistoria Reciente de la región central peninsular para que los hallazgos funerarios sean de nuevo objeto de estudio. No obstante, en estas investigaciones no son nunca los protagonistas ni el tema principal, y se limi- tan a ser considerados como un elemento tipológico más a la hora de caracterizar un grupo o etapa cultural. Así lo demuestran, por ejemplo, los trabajos de Martínez Navarrete (1987 y

ENTERRAMIENTOS DEL III Y II MILENIO A. C. EN LA REGIÓN DEL JARAMA PUBLICADOS HASTA EL AÑO 2000

CRONOLOGÍA YACIMIENTO PUBLICACIÓN

TUMBAS NMI

CALCOLÍTICO

Cantera de los Esqueletos Cueva de Peñamala Cueva de Juan Barbero

Cueva del Destete Cueva de Jarama I

Aguas Vivas El Tomillar Cueva de El Rebollosillo

Cueva de Jarama II

Cuadrado et al., 1964 Cuadrado et al., 1964 Martínez Navarrete, 1984

Jiménez y Barroso, 1995 García Valero, 1995 Cuadrado Prieto, 1995

Fabián, 1995 Díaz-del Río, 1996 Mestres y Jordá, 1999

2 1 1 1 1 1 1 1 1

12

? 11

? 4 1 11

4 10

CAMPANIFORME

Ciempozuelos Las Carolinas Arenero de Miguel Ruíz

Mejorada del Campo I La Aldehuela Barranco Conejero Mejorada del campo II

Arenero de Soto Juan Francisco Sánchez

Cueva de la Hoz

Riaño et al, 1894; Antón, 1897; Deselaers, 1917; Sampedro y Liesau, 1998

Obermaier, 1917 Loriana, 1942 Harrison, 1977 Harrison, 1977 Quero y Priego, 1978

Blasco et al., 1994 Blasco et al., 1994 Blasco et al., 1994 Balbín y Alcolea, 1955

3 1 1 1 1 1 1 1 1 1

4?

1 1 1

? 1?

? 1 1 1

BRONCE ANTIGUO Y

MEDIO

Colonia del Conde de Valdecilla Arenero de Quitapenas

Tejar del Sastre Fábrica de Euskalduna Km. 19 de la carretera de Vaciamadrid

Fábrica de Ladrillos Presa del Rey Caserío de Perales La Loma del Lomo

El Espinillo Príncipe 11 La Dehesa Soto Pajares

Pérez de Barradas, 1929 Pérez de Barradas, 1936 Pérez de Barradas, 1923

Almagro, 1960 Gaibar, 1974 Priego y Quero, 1983

Geanini, 1991 Blasco et al., 1991

Valiente, 1992 Baquedano et al., 1994

Ortiz y López, 1996 Macarro y Silva, 1996

Macarro, 2000

1 1 2 1

? 1 1 5 18

1 1 4 1

1 1 2 2

? 1 1 6 23

1 1 6 1

INDETERMINADA

Casa de Campo Casa del Moreno San Fernando de Henares Cueva de Pedro Fernández

Pérez de Barradas, 1926 Pérez de Barradas, 1927 Pérez de Barradas, 1927 Sánchez Meseguer, 1979

? 1

? 1

? 1

?

? Tabla 1: Lista de los hallazgos funerarios del III y II milenio a. C. en la región del Jarama hasta finales del s. XX.

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1988), que abordan el estudio del Calcolítico en la Submeseta Suroriental, sentando las bases para las investigaciones posteriores sobre el III milenio a. C. en la región2.

En lo referente al mundo funerario, la división en dos etapas para el Calcolítico que hace Martínez Navarrete se concreta en dos modelos de enterramiento diferenciados: para el Calcolí- tico Precampaniforme la norma serían los enterramientos colectivos en cueva; mientras que pa- ra la fase Campaniforme lo serían los enterramientos individuales en fosa o “fondo de caba- ña” (Martínez Navarrete, 1987 y 1988). Los datos con los que cuenta para establecer esta distin- ción son pocos y, como la misma autora reconoce, presentan importantes problemas, destacan- do la falta sistemática de estudios antropológicos y la ausencia de contextualización de los hallazgos (Martínez Navarrete, 1987: 78).

El primer trabajo de investigación centrado en el mundo funerario de la Prehistoria Re- ciente que incluye el estudio de la región del Jarama será la tesis doctoral de Galán Saulnier, defendida en 1985 y titulada Calcolítico y Bronce Inicial en la Meseta: los enterramientos. Este estudio, como la misma autora indica, tiene como objetivo “establecer la tipología de los ente- rramientos meseteños correspondientes al Calcolítico y al Bronce Inicial, objetivo a alcanzar mediante la puesta en práctica de un método de trabajo basado en el estudio de cuantos aspectos relativos a las características morfológicas, contexto material y ritual funerario nos fuese posi- ble conocer” (Galán, 1985: 1374).

Esta tesis doctoral pone de relieve la existencia de una realidad funeraria muy compleja, con multitud de manifestaciones diversas y serios problemas de clasificación cronológica para los distintos tipos de tumbas y enteramientos. Propone una secuenciación de los hallazgos fune- rarios, clasificándolos tipológicamente y encuadrándolos en un eje temporal en el que se apre- cian cambios y evoluciones para cada tipo, los cuales interpreta como resultado de un proceso de complejización y transformación de los grupos neolíticos meseteños que, por contacto con las zonas culturales mediterráneas más desarrolladas, se convierten en sociedades

“verdaderamente” calcolíticas (Galán, 1985: 1404-1405).

Esta transformación de la sociedad de los grupos de “origen neolítico” tiene su máxima representación en la aparición de los primeros ajuares campaniformes y los objetos de oro y co- bre, que reflejan el aumento del poder adquisitivo de ciertos grupos (Galán, 1985: 1406). Para la autora, que los ajuares de este tipo aparezcan tanto en tumbas colectivas como individuales es producto de la existencia de una población con una base cultural común pero socialmente heterogénea, donde existen diferentes grupos sociales con modos de vida distintos que, en con- secuencia, practican formas de enterramiento diferentes. Están ausentes, por tanto, las explica- ciones de carácter socioeconómico de tipo procesual, y el punto más significativo al respecto es que interpreta la aparición del enterramiento individual en fosa como resultado de la inhuma-

2 Los trabajos de esta investigadora suponen la primera crítica sólida de las bases interpretativas y del registro ar- queológico sobre el que se sustentaban los trabajos realizados hasta el momento, y plantean por primera vez la necesidad de proponer una visión del Calcolítico fundamentada tanto en la crítica metodológica como en un dis- curso teórico coherente y explícito sobre la sociedad y la Historia (Vicent, 2001), de ahí su importancia.

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ción de personajes que “morían demasiado lejos de sus lugares de habitación, [que] nunca lle- garon a hacer suyo el rito de enterramiento colectivo, [o que] quisieron separarse de «lo tradi- cional» por alguna razón que se nos escapa” (Galán, 1985: 1406). Tampoco se observan plan- teamientos de la Arqueología Contextual, más allá de la importancia que otorga a las relaciones espaciales existentes entre enterramientos, vías de comunicación y recursos para explicar su localización.

Se trata de un trabajo aún muy tradicional desde el punto de vista epistemológico y me- todológico, donde prima establecer categorías de ajuares, tumbas y ritos de enterramiento con valor cronotipológico, de cara a realizar una interpretación de carácter histórico-cultural muy marcada, además, por planteamientos difusionistas. Sin embargo, constituye la recopilación y clasificación más completa hasta la fecha de hallazgos funerarios para gran parte del III y II mi- lenio a. C. en la región central peninsular, por lo que su valor es incuestionable en este sentido.

Después de este trabajo habrá que esperar hasta la década de los 90 para encontrar nue- vas investigaciones centradas exclusivamente en el aspecto funerario de la Prehistoria Reciente que aborden el estudio de la región del Jarama (Esparza, 1990; Jiménez y Barroso, 1995; Blas- co et al., 1994; González-Tablas y Fano, 1994; Blasco, 1997). En muchas de ellas puede perci- birse la influencia de las corrientes procesuales, reflejadas en la formulación de interpretaciones de carácter socioeconómico, pero, sobre todo, van a centrarse en realizar esfuerzos de síntesis con la finalidad de definir y caracterizar los comportamientos frente a la muerte de las comuni- dades del III y II milenio a. C. en el centro peninsular, intentando llenar el vacío de información existente hasta la fecha para dicho territorio. Sin embargo, a pesar del creciente auge que este tipo de trabajos experimenta en esta década y del avance cuantitativo y cualitativo de los datos referentes al mundo funerario de este periodo en esta zona, algunos de los trabajos publicados esos mismos años seguirán marginándola (p.e. Sanz del Cerro, 19943).

El primero de estos nuevos trabajos es el desarrollado por Esparza Arroyo bajo el título Sobre el ritual funerario de Cogotas I (1990), en el que analiza los hallazgos funerarios conoci- dos hasta el momento en las tierras comprendidas entre las cuencas del Duero y del Tajo, zona de desarrollo de este horizonte cultural. El autor aborda de manera conjunta todos los enterra- mientos adscritos a Cogotas I (Bronce Medio y Final), recogiendo también los localizados en la región del Jarama, que se reducen a cuatro: el Km. 19 de la Carretera de Vaciamadrid, La Fábrica de Ladrillos, Arenero de Soto y El Negralejo; de los cuales sólo el primero es incluido en el análisis por ser considerado el único del que se tienen noticias y datos fiables4.

3 En el trabajo de Sanz del Cerro la autora realiza un resumen de los resultados obtenidos en la investigación de su Tesis Doctoral, dedicada al estudio de los enterramientos del II milenio a. C. en la Península Ibérica, en el que ig- nora de forma sistemática y llamativa la región del Jarama, así como toda la Meseta Norte, limitando el análisis de los yacimientos del Bronce Argárico, el Bronce del Suroeste, el Bronce Valenciano y el Bronce de La Mancha.

4 En el Negralejo y en Arenero de Soto se localizaron restos humanos muy parciales e inconexos aparecidos en contextos de basurero, y de La Fábrica de Ladrillos se tenían noticias confusas sobre varias sepulturas de incinera- ción, que son rechazadas por el autor por la falta clara de contextos y la disparidad de las fechas obtenidas en las dataciones (Esparza, 1990: 108 y 118-119).

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En esta publicación, Esparza es consciente de la falta de investigaciones sobre el ritual funerario de las comunidades de este horizonte cultural, y de que los pocos datos que se tienen hasta ese momento se reducen a escasas menciones recogidas en síntesis de carácter más gene- ral (Martín Valls, 1984; Fernández Manzano, 1985; Almagro Gorbea, 1986), propiciadas por la publicación del hallazgo de la tumba de San Román de la Hornija (Delibes, 1978) y de las tum- bas de Los Tolmos de Caracena (Jimeno, 1984). A pesar de estos descubrimientos, sin embar- go, en los momentos de publicación del ensayo de Esparza, “sigue sin producirse una acepta- ción franca, sin reservas, de lo que suponen estos yacimientos, a los que con frecuencia se tilda de excepcionales” (Esparza, 1990: 107).

Con todas las limitaciones existentes, gracias a los ejemplos localizados en el resto de la Meseta, Esparza realiza el primer gran esfuerzo por extraer conclusiones de carácter general que permitan definir el ritual funerario de estas comunidades y ofrecer una interpretación de carácter socioeconómico.

Establece que la forma características de enterramiento en Cogotas I es la inhumación individual, aunque no faltan algunos casos de enterramientos triples, que son interpretados co- mo excepciones que responden a factores extraordinarios que habrían afectado simultáneamen- te a varias personas relacionadas entre sí por vínculos familiares (Esparza, 1990: 126). Sostiene también que la forma habitual de colocar los cuerpos dentro de las tumbas es la posición fetal en decúbito lateral, y que existe una asociación entre el sexo de los inhumados y el lado sobre el que se apoyan, izquierdo para las mujeres y derecho para los hombres (Esparza, 1990: 127), a pesar de que no se tienen datos antropológicos para todos los ejemplos. Ofrece, además, posi- bles interpretaciones para acciones rituales relacionadas con el acto del sepelio, como la exis- tencia de ceremonias fúnebres que implicasen la rotura y el esparcimiento de recipientes cerá- micos dentro de las tumbas (Esparza, 1990: 128).

Es el primer trabajo sobre el mundo funerario del Bronce en la región que asume los planteamientos procesuales de la Arqueología de la Muerte e intenta realizar un análisis socioe- conómico de la información que explique las diferencias existentes entre tumbas y ajuares. Es evidente que, a la luz de la escasez de datos, éste no puede realizarse con toda la fiabilidad de- seable por el autor, pero sí que le permite formular hipótesis acerca de la estructura social laten- te detrás de estas manifestaciones. Así, descarta la idea de que se trate de sociedades seminóma- das cuya variabilidad de formas funerarias responda a factores coyunturales relacionados con el traslado y movimiento continuo de la población, destacando el carácter consciente y normativo de los rituales de enterramiento. Aunque la existencia de “categorías sociales contrastadas” re- sulta “todavía poco practicable” (Esparza, 1990: 132), la presencia de tumbas con ajuares ricos como la del Km. 9 de la carretera de Vaciamadrid le induce a pensar en una situación de privi- legio para ciertos personajes, que habrían ido ganando su estatus progresivamente en el tiempo.

Este estatus se reflejaría exclusivamente en el ajuar funerario y no en la tipología de las tumbas, que sería heredera de tradiciones profundamente arraigadas desde el Neolítico.

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El segundo de los trabajos que abordan de forma detenida el mundo funerario de la Pre- historia Reciente en la región del Jarama es el de Jiménez Sanz y Barroso Bermejo (1995), titu- lado El fenómeno funerario durante la Prehistoria Reciente en el centro de la Meseta: la Pro- vincia de Guadalajara. En él los autores señalan los problemas que marcan su investigación:

“la endémica escasez de datos procedentes de investigaciones metódicas, la falta de hallazgos diversificados, tanto espacial como temporalmente, [y] el nivel de destrucción de los yacimien- tos” (Jiménez y Barroso, 1995: 211). Debido a todo ello, están “lejos de poder desarrollar un estudio global del fenómeno funerario en el centro de la Meseta, pero las expectativas van gi- rando poco a poco hacia un aumento de la documentación «de calidad»” (Jiménez y Barroso, 1995: 212).

En este artículo, Jiménez y Barroso recogen un completo inventario de yacimientos, ofreciendo un panorama funerario mucho más complejo de lo que se suponía hasta la fecha, con una gran diversidad de formas de enterramiento, principalmente cuevas, megalitos y enterra- mientos en fosa, a los que añaden un nuevo modelo: los túmulos no-megalíticos de la Mestilla- Abadón y El Borbollón, fuera, eso sí, de nuestra región de estudio.

A partir de este trabajo, presentado en el 1er Congreso de Arqueología Peninsular, cele- brado en Oporto en octubre de 1993, los autores caracterizan el mundo funerario del área noro- riental de la región del Jarama durante el Calcolítico como una manifestación más del fenóme- no megalítico, expresado en forma de enterramientos colectivos en cueva. Este panorama, en cambio, cambiaría a partir de mediados del II milenio a. C., con la aparición de las primeras sepulturas individuales en fosa dentro de poblado procedentes de La Loma del Lomo, que iden- tificarían las formas funerarias de la Edad del Bronce.

En su conjunto, la variabilidad de contenedores funerarios documentados para la región de Guadalajara durante el Calcolítico (cuevas, megalitos, túmulos) es interpretada por Jiménez y Barroso, entre otras hipótesis, como consecuencia de la existencia de diferencias sociales

“que lleve[n] a una élite política o religiosa dominante a depositar sus cadáveres de forma con- tinuada en el tiempo en panteones monumentales”, o como resultado de “un valor simbólico diferenciado en los tipos de tumbas utilizadas” (Jiménez y Barroso, 1995: 221).

Un año antes que el trabajo anterior se publica la monografía El Horizonte Campanifor- me en la Región de Madrid en el centenario de Ciempozuelos, editado por C. Blasco Bosqued (1994). Esta obra se convertirá en referencia indispensable para el conocimiento del Horizonte Campaniforme en la región del Jarama hasta la publicación en el 2000 de la obra de Garrido Pena El Campaniforme en la Meseta Central de la Península Ibérica (2500-2000 a. C.), y en ella se incluye un capítulo dedicado en exclusividad al mundo funerario (Blasco et al., 1994).

El trabajo de Blasco, Sánchez-Capilla y Calle (1994) recoge un exhaustivo catálogo en el que se incluyen tanto los enterramientos propiamente dichos como los lotes de materiales interpretados como ajuares, procedentes de hallazgos casuales y descontextualizados. A partir

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de estos datos, se ofrece una valoración e interpretación de carácter general con el fin de dar a conocer las formas de enterramiento campaniformes de la región madrileña.

Según estas autoras, el mundo funerario campaniforme de Madrid se caracteriza por dos modelos de enterramiento: la inhumación en megalito, ejemplificada por el único caso de En- tretérminos, situado fuera de la cuenca del Jarama; y la inhumación en fosa, con abundantes ejemplos, algunos de ellos inéditos, como los de Juan Francisco Sánchez y Arenero de Soto. A partir de la publicación de este trabajo esta forma se constituye como la más común de enterra- miento para el Calcolítico Campaniforme de la región del Jarama.

Como recoge esta publicación, la mayor parte de las fosas de enterramiento conocidas hasta el momento aparecen aisladas, sin que se conozca su posible relación con otras sepulturas o con yacimientos de hábitat localizados en las proximidades. Sólo el caso de Ciempozuelos, conocido desde antiguo, permite hablar en esos momentos de la existencia de necrópolis forma- das por agrupaciones de tumbas de este tipo.

Las excavaciones de Juan Francisco Sánchez y de Arenero de Soto van a permitir a las autoras (Blasco, Capilla y Calle) extraer nuevas conclusiones de carácter general con las que reconstruir parte de la información perdida en el caso de los hallazgos antiguos. Así se constata por primera vez, con seguridad, la existencia de pequeñas cubriciones tumulares o cierres for- mados por acumulaciones de piedras dispuestas para sellar las fosas; se asume como norma que estas tumbas contengan inhumaciones individuales y que los cuerpos se coloquen en posición fetal y en decúbito lateral; y se rompe con la idea ya establecida en la investigación de que los ajuares están siempre formados por el “lote” de las tres piezas clásicas halladas en Ciempozue- los: vaso, cuenco y cazuela.

Además, por primera vez, las autoras resaltan la existencia de importantes diferencias de riqueza en la composición de los ajuares campaniformes, que atribuyen a la presencia de dife- rentes categorías sociales dentro de un mismo grupo de población o a la existencia de un desa- rrollo económico desigual entre los distintos grupos que ocuparon el territorio.

Otro de los trabajos claves para el avance en el estudio del mundo funerario de la Pre- historia Reciente en la región del Jarama (en este caso también sobre el mismo horizonte), es el articulo de Garrido Pena El fenómeno campaniforme en la región de Madrid: actualización de la evidencia empírica y nuevas propuestas teóricas (Garrido, 1994). Esta publicación incorpo- ra, por primera vez, sólidos planteamientos teóricos procesuales al análisis de los enterramien- tos y de las evidencias campaniformes, permitiendo interpretarlos en clave social. En palabras del autor, hay que “reorientar la investigación hacia formulaciones de modelos sobre la conduc- ta económicosocial implicada en la manufactura, distribución, uso y deposición de todo el con- junto cerámico y sus artefactos”, considerados como elementos de prestigio (Garrido, 1994:

69).

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En este trabajo no se recogen datos ni hallazgos nuevos, y tampoco se ofrecen nuevas interpretaciones, pero se realiza una valoración crítica de los datos y de la información disponi- bles, poniendo sobre la mesa los problemas con los que se enfrenta la investigación debido a la antigüedad de la mayoría de los hallazgos: escasez de contextos funerarios frente a otros tipos, dificultades para asociar supuestos ajuares a restos humanos, incertidumbre sobre la composi- ción exacta y completa de éstos, ausencia de datos y estudios antropológicos, etc. Quizás lo más importante de este trabajo sea que plantea una serie de retos futuros para la investigación, haciendo hincapié en la necesidad de retomar los estudios sobre el Campaniforme desde una nueva perspectiva, procesualista, en la que los enterramientos tengan un papel clave para la construcción del discurso histórico-social: las tumbas campaniformes son, a ojos de Garrido, la prueba de la existencia de un grupo dominante dentro de la sociedad, y plantea la conveniencia de ampliar las investigaciones para confirmar esta hipótesis.

A raíz del descubrimiento del enterramiento de El Tomillar, Fabián publica en 1995 un estudio titulado El aspecto funerario durante el calcolítico y los inicios de la Edad del Bronce en la meseta norte, donde incluye también los datos recogidos de la región del Jarama.

En este trabajo, Fabián expone que, partiendo del estado de las investigaciones en el momento de su publicación, se ha aceptado que la forma de enterramiento de finales del Neo- lítico y principios del Calcolítico es la inhumación colectiva en cuevas o dólmenes, y que a fi- nales del Calcolítico, coincidiendo con la aparición del campaniforme, se generaliza el enterra- miento individual, que caracterizará el mundo funerario de la Edad del Bronce.

El autor analiza, además, los diferentes hallazgos, y resalta la creciente variabilidad de formas de enterramiento que van conociéndose para este periodo y región peninsular, aparente- mente simultáneas en el tiempo, y las explica negando la existencia de un ritual normalizado para estos periodos, es decir, por la falta de “una pauta general para enterrar a los muer- tos” (Fabián, 1995: 127 y 144).

En 1997 aparece el primer estudio de conjunto sobre el mundo funerario de la Edad del Bronce en la región del Jarama, titulado Manifestaciones funerarias de la Edad del Bronce en la Meseta y publicado por Blasco Bosqued (Blasco, 1997b), que ese mismo año la propia autora recopila también en una síntesis general sobre dicho periodo en las cuencas del Duero y el Tajo (Blasco, 1997a). Estos trabajos son el resultado de la aparición en los años precedentes de un volumen importante de nuevos datos referentes al mundo funerario de la Edad del Bronce, que por primera vez aportan información de excavaciones sistemáticas. Destacan las 18 sepulturas de La Loma del Lomo (Valiente, 1992) o las 5 de Caserío de Perales (Blasco et al., 1991), así como los hallazgos de Presa del Rey (Geanini, 1991) o El Espinillo-Fábrica de Euskalduna (Baquedano et al., 1994), que enriquecen de manera notable el panorama del mundo funerario del Bronce de la región del Jarama.

En este trabajo se abordan aspectos básicos hasta ahora apenas tratados como la relación de los enterramientos con los lugares de hábitat, y se realiza la primera secuencia cronocultural

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de los diferentes tipos de tumbas y rituales funerarios. Se analizan los distintos tipos de ajuares y su posible significado y se valoran los escasos datos poblacionales que pueden extraerse de los hallazgos.

Con toda esta nueva información, se establecen una serie de características básicas que definirán el mundo funerario de la Edad del Bronce en la región del Jarama: predominio de las inhumaciones en fosa en el ámbito doméstico (aunque perviven algunas cuevas de enterramien- to colectivo); ausencia de señalización de las tumbas (que no presentan ningún elemento arqui- tectónico); colocación de los cuerpos en posición contraída; uso de pithoi para el enterramiento de individuos infantiles; generalización del enterramiento individual; y ajuares muy variables, siendo frecuentes las ofrendas de tipo animal.

Por primera vez se aborda el estudio de las prácticas funerarias de la Edad del Bronce en la región central de la península de manera conjunta, lo que permite a Blasco señalar la fuerte continuidad existente entre los enterramientos del Bronce Antiguo y los del Horizonte Protoco- gotas (Bronce Medio), cuyas únicas diferencias estribarían en el abandono del uso de pithoi y en el progresivo descenso del número de sepulturas.

Por otra parte, el estudio de los ajuares se aborda desde planteamientos procesuales, bus- cando interpretaciones de carácter socioeconómico. Así, la autora identifica como indicador de riqueza o prestigio las ofrendas animales, e interpreta su presencia en tumbas de adultos e in- fantiles como indicador de la existencia de linajes o, al menos, de un estatus hereditario, en la línea de lo postulado para los grupos argáricos.

A este trabajo de Blasco y al de Esparza (1990) se le suma el artículo de González- Tablas Sastre y Fano Martínez sobre el mundo funerario de Cogotas I (González-Tablas y Fano, 1994), publicado tres años antes que la síntesis de Blasco y titulado El fenómeno de la muerte en Cogotas I: una propuesta metodológica. Es enormemente significativo porque supone un intento de formulación de un nuevo enfoque teórico para el análisis de estas manifestaciones, alejado de las corrientes puramente positivistas anteriores, y porque completa el conjunto de trabajos que han abordado el estudio de las prácticas funerarias de la Edad del Bronce hasta fi- nales del s. XX.

En este artículo, los autores resaltan los problemas que ellos consideran inherentes a la investigación del mundo funerario cogotense: la parquedad de los datos, la deficiente conserva- ción de los restos y los planteamientos metodológico-arqueológicos “anclados en el pasa- do” (González-Tablas y Fano, 1994: 93). Se trata de abordar el estudio de la muerte en Cogotas I a partir de “un proceso interpretativo que parte de un análisis «desde dentro» del fenómeno al que nos enfrentamos” (Idem). Este enfoque lleva a ambos investigadores a proponer un nuevo modelo interpretativo basado en la significación simbólica que la muerte y el muerto tienen pa- ra los miembros de una comunidad, y cómo ésta se plasma en el ritual funerario. Se introducen así, por primera vez, los principios de la Arqueología Simbólica enunciados por las corrientes posprocesuales (vid capítulo II, apartado 2.1), y en esto radica su importancia.

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De la aplicación de este modelo teórico se deriva la interpretación del fenómeno funera- rio de Cogotas I como un hecho excepcional. Ya que el número de sepulturas en relación a la extensión de los asentamientos y al periodo de tiempo de vigencia de este modelo es mínimo, los autores concluyen que sólo un pequeñísimo porcentaje de la población recibe este tipo de tratamiento funerario. Este hecho, unido a la frecuente aparición de enterramientos infantiles y de animales, junto con la presencia de restos humanos aislados en los hoyos de los asentamien- tos, es considerado como evidencia de que “la muerte de los individuos a los que se aplica la inhumación, como fórmula de tratamiento del cadáver, no tiene mayor significación que la que supone la necesidad de deshacerse del mismo” (González-Tablas y Fano, 1994: 101).

Dejando al margen el mundo funerario de la Edad del Bronce, que no volverá a ser obje- to de estudio hasta el momento actual, en los últimos años del s. XX vuelven a realizarse inves- tigaciones que abordan las manifestaciones funerarias del Calcolítico en el centro peninsular, incluyendo también la región del Jarama. Las dos más relevantes son la tesis doctoral de Jimé- nez Sanz, titulada El Calcolítico en el centro de la Meseta: la provincia de Guadalajara y de- fendida en 1998, y la de Garrido Pena, El Campaniforme en la Meseta: análisis de su contexto social, económico y ritual, defendida un año después y publicada en el año 2000.

El trabajo de Jiménez Sanz aborda el estudio del Calcolítico en la provincia de Guadala- jara, y en él se recoge el análisis más exhaustivo hasta la fecha de las manifestaciones funera- rias del III milenio a. C. en dicha región. Por primera vez se analizan en clave socioeconómica y se proponen hipótesis explicativas a la diversidad de formas de enterramiento argumentadas mediante análisis espaciales que permiten asociar tipologías de enterramiento con áreas territo- riales y paisajes determinados. Así mismo, se realiza una valoración crítica de los hallazgos y de la documentación disponible hasta el momento, cuestionando las tesis derivadas de estos da- tos.

Para la cuenca del Jarama, en concreto, quedan establecidos dos modelos funerarios: las cuevas de inhumación colectiva, concentradas en la banda de calizas de las estribaciones del Valle del Jarama; y las fosas de inhumación en ambiente doméstico, localizadas en torno a las llanuras aluviales del Henares y sus afluentes. Para este autor, las explicaciones en la elección de un modelo u otro hay que buscarlas en la disponibilidad de espacios, condicionada por el paisaje y la orografía, y no en factores culturales o socioeconómicos.

Los elementos campaniformes tienen, según Jiménez Sanz, muy poca incidencia en las formas funerarias calcolíticas de la región, así como el resto de objetos depositados como ajuar, que responden al repertorio doméstico habitual: se trata de elementos cotidianos sin valor ritual alguno. El único cambio perceptible es la consolidación de la individualidad en el enterramien- to, que sigue empleando las mismas fórmulas que en épocas precampaniformes. Según Jiménez Sanz, no puede considerarse, por tanto, que los enterramientos campaniformes tengan un signi- ficado elitista, ya que funcionan como simples agregados a contextos tradicionales.

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La publicación en 2000 de la tesis de Garrido Pena va a suponer un vuelco en el panora- ma de la investigación sobre el Campaniforme de la Meseta, aunque para la región del Jarama y la cuestión del mundo funerario apenas aporta datos nuevos. No obstante, la aplicación de aná- lisis estadísticos y de nuevos enfoques teóricos neomarxistas le van a permitir formular nuevas hipótesis interpretativas sobre las tumbas campaniformes en clave socioeconómica, así como establecer normas y patrones de asociación entre los diferentes componentes del ajuar funerario (Garrido, 2000: 64-65).

De los estudios de Garrido se concluyen una serie de aspectos que van a condicionar toda la interpretación posterior sobre el mundo funerario campaniforme de la región del Jarama:

1. Las tumbas campaniformes pertenecen a grupos de élite, a líderes o jefes, o a aspi- rante a dicha posición.

2. El tipo característico de tumba es la fosa simple, en ocasiones con cubrición o cie- rre de piedras.

3. La presencia de enterramientos campaniformes en cuevas o megalitos hay que en- tenderla como un fenómeno de reutilización de lugares funerarios anteriores. No se trata de un fenómeno excepcional, sino de una práctica habitual que responde a manipulaciones ideológicas de lugares rituales antiguos con fines legitimadores.

4. El rito de la inhumación es siempre primario e individual. No existe manipulación de los cuerpos, por lo que cada enterramiento se considera un hecho definitivo, único e irrepetible.

5. Los enterrados en las tumbas campaniformes son predominantemente adultos va- rones, colocados en posición fetal y en decúbito lateral, generalmente sobre el lado izquierdo.

6. Los ajuares no responden al azar, sino a normas que regulan la combinación de elementos. Así, el vaso es la pieza clave que siempre está presente, y puede ir acompañado por una sóla pieza, el cuenco; o por dos, el cuenco y la cazuela. Las proporciones de las formas y los volúmenes de las cerámicas también están tipifi- cadas. Aunque no existen normas acerca de su colocación dentro de la tumba, siempre lo hacen cerca del cuerpo del inhumado.

Estos principios van a ser aceptados por la comunidad científica de forma generalizada, puesto que cuentan con unos principios teórico-metodológicos aparentemente sólidos. No obs- tante, como el propio autor señala en varias ocasiones, “no podemos afirmar que el registro ar- queológico disponible en la actualidad sobre (…) [el] aspecto [funerario] sea lo suficientemente rico” (Garrido, 2000: 50). El número de hallazgos susceptibles de ser analizado era escaso, y existían importantes lagunas de información sobre los mismos debido a su origen antiguo y, en muchas ocasiones, fruto de la casualidad y hoy, efectivamente, algunos de sus postulados no se mantienen (ver Tabla 2).

Referencias

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