Análisis léxico–semántico de bantuismos en el teatro bufo del siglo XIX
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(2) Resumen. Esta investigación realiza un estudio léxico–semántico de los bantuismos presentes en obras bufas, pertenecientes a la Colección «Francisco de Paula Coronado», localizadas en la biblioteca de la Universidad Central ―Marta Abreu‖ de Las Villas. Los objetivos del trabajo están orientados hacia una caracterización de los principales fenómenos léxico–semánticos en los bantuismos que aparecen en obras bufas del siglo XIX cubano, así como su comprobación etimológica y la agrupación por campos semánticos. Los significados descritos están relacionados directamente con el contexto del cual fueron extraídos en pos de facilitar un mejor entendimiento y comprensión de las obras. De esta manera, la novedad científica del trabajo radica, precisamente, en el aporte de nuevos significados con los que el Diccionario de bantuismos del español de Cuba no cuenta en los momentos actuales. El informe final quedó conformado, además de esta introducción, por dos capítulos. En el Capítulo 1 se abordan los aspectos teórico–metodológicos que sustentaron esta investigación y que giran en torno a la africanía y a los conceptos sobre los fenómenos semánticos que tienen lugar en el nivel lexical. El Capítulo 2, por su parte, muestra el análisis léxico–semántico de bantuismos en obras del teatro bufo del siglo XIX y los agrupa según el campo semántico al que pertenecen. Luego, aparecen las conclusiones, recomendaciones, bibliografía y anexos..
(3) Agradecimientos. Mi mayor agradecimiento va dirigido al Dr. Luis Alfaro Echevarría por su apoyo incondicional y por haberme acogido como su diplomanda. Agradecer a mis colegas del Departamento de Literatura y Lingüística, de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, por su apoyo incondicional en la realización de este trabajo: a Yamilé Pérez, Gema Mestre, Gema Valdés, Myddri Leyva. Gracias por sus consejos y por haberme brindado la oportunidad de trabajar con ustedes durante casi seis años. A mi familia por sostenerme. A mis madres Fredesvinda Díaz y Mercedes Garcés por tratarme con dulzura y sobrada paciencia. A mi padre Rafael Díaz por acompañarme en mis desvelos. A mi prometido Enrique San Gil por alentar con amor el deseo de ver realizada esta tesis. A mi cuñado y mejor amigo, Víctor San Gil, a quien agradezco su incondicionalidad y su apoyo con la tecnología para la realización de este trabajo. A todos los que aportaron un granito de miniestra a esta investigación..
(4) A: Mariquilla Endoqui Viramundo Vence Batallas Ensasi Malongo Yaya.
(5) Índice. Tabla de contenido Introducción ...................................................................................................................... 6 Capítulo 1. Marco Teórico–Metodológico ................................................................... 14 1.1 El influjo africano ................................................................................................... 14 1.2 Herencia lingüístico–cultural subsaharana ............................................................... 19 1.3 Visión panorámica de los estudios antropológicos y de africanía en Cuba desde el siglo XIX hasta la actualidad ........................................................................................ 22 1.4 Importancia del estudio del nivel lexical en el teatro bufo cubano del siglo XIX ..... 26 1.5 Algunas precisiones conceptuales y metodológicas ................................................. 30 Capítulo 2. Análisis léxico–semántico de bantuismos en obras del teatro bufo cubano del siglo XIX...................................................................................................... 36 2.1 Análisis léxico–semántico de bantuismos en obras bufas del siglo XIX .................. 36 2.2 Bantuismos agrupados por campos semánticos ....................................................... 40 Conclusiones.................................................................................................................. 66 Recomendaciones ......................................................................................................... 68 Bibliografía ..................................................................................................................... 69 Anexos ............................................................................................................................ 81.
(6) Introducción. La búsqueda de los orígenes signa la vida de cada erudito. Así como la Biblia constituye un referente de obligada revisión para teólogos, científicos y hasta fanáticos; las obras del teatro bufo forman parte de ese libro igualmente sagrado, escrito por miles de hombres y mujeres: la identidad del pueblo cubano. El desarrollo de los estudios de antropología lingüística devela, una vez más, el sentimiento nacionalista que perdura en los investigadores contemporáneos. Mismo sentimiento experimentado por los costumbristas cubanos del siglo de oro cubano en afán de encontrar en las costumbres todo el imaginario popular edificado sobre la esencia de lo nuevo, lo idiosincrático y lo folklórico, centrarían su mirada en lo que actualmente forma parte de nuestro patrimonio, bien de manera tangible, o intangible: las tradiciones orales, musicales y materiales. Aludir, entonces, a fenómenos históricos y socioculturales es de vital importancia para la continuidad de esta y otras investigaciones futuras que habrán de realizarse, por cuanto nos acercan objetivamente a la perspectiva clasista de la Cuba del siglo XIX. Una Cuba donde la producción azucarera le permitió ocupar un papel preponderante y privilegiado respecto a las demás colonias españolas. Por tal razón, fueron hechas una serie de concesiones a los hacendados cubanos relacionadas con la libre introducción de esclavos. Una avalancha de negros sobrevino. Durante las décadas del 20' y del 30' la población negra superaba a la blanca, y era diversa su procedencia desde el África. El desbordado caudal afroides de brazos y piernas que se extendían hacia campos de cañas, ingenios y Página | 6.
(7) cafetales resultó determinante en los procesos de formación y consolidación de nacionalidad cubana. Es el siglo XIX cubano partícipe de una real y maravillosa coincidencia de dos ríos que, a pesar de sus diferencias, convergían en el infinito mar del saber popular. El teatro, como género literario, y específicamente el teatro bufo, bien lo demuestra a través de sus escenas costumbristas, la representación de bailes, calles habaneras que toman voz propia, guapos, guajiros, negros y mulatas sandungueras. Prestigiosos autores como José Guillermo Nuza, José R. Barreira, Manuel Mellado y Montaña, Alfredo H. Piloto, José María de Quintana y otros muchos, mojaron sus plumas en las tintas de lo criollo, lo rústico, lo vulgar, lo tosco, lo primitivo, lo gallego, lo asturiano, lo africano, lo rural, lo citadino y obtuvieron un producto netamente cubano. Una valiosa muestra de obras del teatro bufo, manuscritos en su mayoría, perteneciente a la Colección Francisco Coronados, es atesorada por la biblioteca de la Universidad Central ―Marta Abreu‖ de Las Villas. Abierta a la investigación han sido numerosos sus aportes, pues constituyen fuente viva y textos de obligada referencia que acercan al lector a realidades históricas, socioculturales y lingüísticas. circundantes.. Se. han. realizado. desde. caracterizaciones. sociohistóricas hasta estudios literarios, de composición y estructura teatral de las obras y, en menor escala, lingüísticos. La gran mayoría de estos análisis han estado centrados en el personaje negro y el choteo como uno de los elementos más importantes del bufo. Aunque al hacer referencia a este teatro no puede hablarse de realismo, no debe obviarse que constituyó un reflector de las costumbres del pueblo cubano. Téngase en cuenta los grupos sociales que se representaban unidos a sus costumbres, rasgos distintivos, ambientes en los que se desenvolvían con extrema picardía, gracia, estilos propios y gran sabiduría popular. El teatro vernáculo del siglo XIX llevó a las tablas las particularidades sociolingüísticas de una Cuba colonial, y fue el medio que encontraron sus más prolíferos creadores para expresar, a través de la risa, la burla, la distorsión y la sátira, el pesar que sentía el pueblo cubano ante la inestabilidad de una colonia zozobrante. No por gusto Página | 7.
(8) Esther Suárez Durán expresa que este teatro, un tanto extravagante, se localiza «entre las matrices que sustentan el proceso de construcción de la nacionalidad cubana…» (2006:149). Curiosamente en las obras bufas, a pesar de la diversidad de personajes que se enrolan, existe una propensión a colocarlos en un mismo nivel económico. De esta manera, los «personajes son igualados y ubicados en un mismo nivel económico» (Martínez, 2013:7). Y aunque aparentemente la música final solucionaba los conflictos, no era más que un espejismo. La autora de esta investigación coincide con Martiatu, pues esta no era más que una visión un tanto ingenua del problema. Realmente el teatro bufo denigraba y excluía al negro. El choteo le desvalorizaba, aunque al mismo tiempo le sirvió a este género para sobrevivir. Con todos estos pintorescos personajes en escena «las diferencias sociales se expresan y tienen innumerables connotaciones. No hay ningún anhelo de convivencia racial, los hechos posteriores y actuales lo demuestran» (Martiatu, 2008:65). Nadie escapaba a un problema cuyas raíces eran mucho más profundas. A pesar del racismo y la invisibilización sistemática de los aportes de las culturas africanas y del negro, la escena cubana del siglo XIX estuvo signada por una. tremenda. influencia. lingüística. subsaharana.. Elemento. que. unido. indisolublemente al valor documental que poseen estos textos no puede ser relegado a un segundo plano. Es el teatro bufo, por tanto, «un buen muestrario de los fenómenos lingüísticos que intervienen en la heterogeneidad del habla popular cubana, especialmente la del siglo XIX» (Alfaro: 1997:23). Las razones expuestas con anterioridad constituyen la base sobre la cual fue concebida la presente investigación, que tiene como: Antecedentes Durante la revisión bibliográfica se encontraron trabajos que aluden en su mayoría a estudios literarios, sociológicos, sobre la composición teatral y en muy pocos casos referidos a fenómenos lingüísticos. Ninguno de ellos enfoca su estudio en el empleo de términos de origen africano, ni a la importancia de estos para una caracterización lingüística del siglo XIX cubano. No obstante, pueden ser Página | 8.
(9) mencionados algunas investigaciones sobre el teatro vernáculo que tienen como centro de atención el lenguaje, por ser considerado por sus autores como elemento medular para estudio de los personajes que conforman las obras. El libro, Teatro de la emigración asturiana en Cuba. Aproximación lingüística y literaria a la biblioteca «Francisco de Paula Coronado» (1997), de Leopoldo Sánchez Torres et al., realiza un análisis sobre la presencia asturiana en Cuba, a partir de diversos estudios entre los que se encuentra el trabajo de Luis Alfaro Echevarría y Ricardo H. Reyes Perera «Notas preliminares sobre la morfosintaxis y el vocabulario del teatro bufo cubano». Objetivos muy semejantes se aprecian en «Apuntes sobre el léxico del teatro bufo en el siglo XIX» (1982), de Ricardo Reyes así como el trabajo de diploma de Madeline Fernández Toledo y Mayelin Martínez González, «Caracterización sociolingüística de los grupos sociales del teatro bufo del siglo XIX» (1999). Por otra parte, destacar El teatro de tema histórico en la isla de Cuba durante el siglo XIX. Principales obras y autores (2011), de Virginia B. Piña Suárez donde son presentados un conjunto de aspectos que permiten tener una mejor documentación histórica y un panorama más amplio sobre el desarrollo del teatro. Uno de los libros más loables sobre el tema, publicado en el 2008, Bufo y Nación, recopila las pesquisas de un prestigioso grupo de ensayistas e investigadores que se acercaron críticamente a los anales de este teatro. Entre ellos se encuentran, Alberto Abreu Arcia, Rine Leal, la investigadora norteamericana Jill M. Lane, y la española Tánit Fernández de la Reguera. Todos estos materiales constituyen antecedentes inmediatos de esta investigación. Problema científico ¿Qué características léxico–semánticas presentan los bantuismos encontrados en obras bufas del siglo XIX? Objetivo general Caracterizar desde el punto de vista léxico–semantico los bantuismos presentes en obras bufas del siglo XIX. Página | 9.
(10) Objetivos específicos Comprobar la etimología de los bantuismos encontrados en obras bufas del siglo XIX. Describir los fenómenos léxico–semánticos que presentan los bantuismos en las obras bufas del siglo XIX. Agrupar por campos semánticos los bantuismos presentes en obras bufas del siglo XIX. Campo de estudio Se ubica en un estudio, desde el punto de vista lingüístico, de las obras bufas que integran la colección «Francisco de Paula Coronado». Fueron consideradas como muestra textual las diecisiete obras seleccionadas por Rine Leal en la antología Teatro Bufo Siglo XIX (1975) y otras veinte inéditas. Todas estas piezas representan el universo cultural, histórico y lingüístico, no solo del género, sino de las clases medias populares durante el siglo XIX en Cuba. Aunque más de la mitad de las obras estudiadas son inéditas, su análisis permite incrementar su información sobre ellas, así como atraer nuevos investigadores interesados en debelar. otros. fenómenos. lingüísticos. que. posibiliten. la. comprensión. e. interpretación del discurso dramático que el bufo nos brinda. Objeto de estudio Esta investigación consideró como objeto de estudio la localización, inicialmente, de vocablos africanos en las obras del teatro bufo cubano que luego devendría en un estudio sobre bantuismos, con el objetivo de demostrar las fuertes raíces que desde esos instantes unían a Cuba y a África. Por otra parte, el estudio de estos vocablos tiene especial importancia, pues son expresión de una cultura popular, nacional, que deviene en los procesos de formación y consolidación de la nacionalidad cubana, que desde el siglo XIX se afianzaron. Palabras de la Dra. Gema Valdés Acosta corroboran lo expresado anteriormente, por tal razón «[…] es en el léxico donde estas potencialidades de supervivencia se Página | 10.
(11) hicieron más fuerte; y es en este nivel donde confluyen los procesos de transferencia» (Valdés:,28) que tuvieron lugar desde la llegada del primer negro a la isla. Tipo de investigación y métodos empleados Este estudio descriptivo pretende identificar los vocablos de origen africano en el teatro bufo cubano del siglo XIX y al mismo tiempo determinar su significado en dicho contexto y cuáles de ellos constituyen bantuismos. De manera que fue necesario combinar visiones sincrónicas y diacrónicas para que al contrastar las palabras recogidas con la bibliografía cubana contemporánea a las piezas teatrales, y con las más actualizadas se pudiese obtener la información necesaria sobre su procedencia, variación y conservación de los términos. Del nivel teórico fueron aplicados los siguientes métodos: el histórico–lógico, válido para tener un mayor conocimiento sobre los antecedentes del tema en cuestión, así como su evolución hacia adentro de los estudios lingüísticos; el analítico–sintético fue aplicado con el fin de conocer los distintos criterios sobre la africanía y sus enfoques dentro de los análisis lingüísticos, y sistematizar algunos de los conceptos manejados en la investigación; el inductivo–deductivo, por su parte, permitió arribar a generalizaciones, elaborar el producto final que se ofrece, así como las conclusiones correspondientes, a través de datos lingüísticos concretos. El análisis documental fue el método empleado del nivel empírico. Este fue aplicado desde la fase exploratoria y en la muestra textual. Posibilitó registrar el comportamiento de los bantuismos y su abundancia, con respecto a los demás términos de procedencia africana, en las obras bufas seleccionadas. En cuanto a los métodos específicos para el estudio del nivel lexical se consideró el análisis contextual para ubicar el significado de las palabras en los textos objeto de análisis. Al tiempo que un análisis semántico estableció los diversos campos semánticos a los que podían integrarse cada vocablo y permitió su descripción de fenómenos desde este punto de vista. Página | 11.
(12) Muestra La integran treinta y siete obras de diferentes autores y años, enmarcadas en el período que incluye el desarrollo del teatro bufo desde sus inicios en el año 1847 y hasta su decadencia en la primera década del siglo XX. Se trabajó con las piezas originales, consultadas en su totalidad en la colección «Francisco de Paula Coronado». Solamente diecisiete de ellas fueron compiladas en Antología del Teatro Bufo Siglo XIX, por Rine Leal. Como dato general de la muestra se analizaron quince piezas impresas en la época, diecinueve manuscritos y tres ejemplares mecanografiados. Aportes de la investigación Constituye la primera investigación que toma como muestra más de quince obras manuscritas del teatro bufo cubano. El aporte se encuentra centrado, fundamentalmente, en validar la presencia africana en textos literarios y a través de un género popular como lo es el teatro bufo. Es sin dudas un estudio valioso sobre los vocablos de origen bantú lo cual permitiría un completamiento de la información del Diccionario de bantuismos en el español de América, de la Dra. Gema Valdés Acosta, pues su primera edición aún no alude a fuentes literarias en las que aparecen dichos términos. Pueden considerarse, además, los nuevos significados que aportan los bantuismos recogidos en estas obras. Por otra parte, esta investigación sigue la línea trazada por el Departamento de Literatura y Lingüística, de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas referida al estudio de la antropología lingüística; y al mismo tiempo colabora con el proyecto nacional liderado por la Universidad de La Habana, relacionado con el estudio de documentos históricos que permiten el estudio diacrónico y sincrónico del español cubano. Estructura El informe final quedó conformado, además de esta introducción, por dos capítulos. En el primero se abordan los aspectos teórico–metodológicos que Página | 12.
(13) sustentaron esta investigación y que giran en torno a la africanía y a los conceptos sobre los fenómenos semánticos que tienen lugar en el nivel lexical. En el segundo, por su parte, se muestra el análisis léxico–semántico de bantuismos en bufas del siglo XIX y los agrupa según el campo semántico al que pertenecen. Luego, aparecen las conclusiones, recomendaciones, bibliografía y anexos.. Página | 13.
(14) Capítulo 1. Marco Teórico–Metodológico. 1.1 El influjo africano El negro llegó a Cuba para quedarse. Abandonados a la merced de sus dioses, en las galeras de barcos negreros, arribaron a nuestras costas casi simultáneamente con los españoles. Así lo afirmaban Eduardo Torres Cuevas y Oscar Loyola Vega al expresar que el primero vino en una de las naves de Colón, pues « [...] muchos hidalgos se trasladaron con sus sirvientes, entre los cuales se encontraban negros [...] Su presencia acompañó, como su sombra a la del blanco...» (2001:60). Sin embargo, no fue hasta 1501 que se autorizó de manera oficial la entrada de negros en América, por la Corona Española. El objetivo: la introducción de mano de obra, que no se detuvo y continuó incrementándose en años posteriores. Convirtióse la raza negra en el tercer componente social de la Isla. Sobre estos tres núcleos Rómulo Lachatañeré expresa en su «Nota sobre la formación de la población afrocubana» que «los rasgos diferenciales se agudizaron mucho más [...] en la medida que la esclavitud se afianzaba más en el suelo cubano. [...] De los esclavos incrementados por el alza de la producción dependió el índice de aumento de la población cubana [...] las cifras numéricas que expresaban el aumento de la población de la Isla estaban referidas a la estupenda aglomeración de esclavos en la plantaciones de azúcar y café, cuyo porcentaje, añadido al de la población libre de color, relegó a la población blanca a una minoría, en la cual ésta se mantuvo mientras la trata de negros pudo reparar desgastes producidos en la maquinaria esclavista, con nuevas introducciones de bozales» (citado en Actas del Página | 14.
(15) Folklore, 1961:108). Ello no le valió al negro para dejar de ser marginado, avasallado, arrancado de sus hogares y obligado a enfrentarse a nuevas realidades totalmente desconocidas, las que habrían de moldear ante una adaptación forzada. Juan de la Riva lo patentiza en su «Cuadro Sinóptico de la Esclavitud en Cuba y de la Cultura Occidental», en Actas del Folklore. Este documento constata, además, la supremacía negra y mulata en la población cubana. Los autores más conservadores sobre el tema de la esclavitud en Cuba aseveran que, desde el siglo XV hasta que se prohibió la trata, fueron exportados desde el África aproximadamente quince millones de negros. Razón por la cual hacia finales del XVIII, la población en Cuba contaba con menos blancos que negros (un total de 272 304 habitantes, de los cuales 138 700 eran negros). Aunque en 1880, año en que fuese abolida la esclavitud en Cuba, un censo ya develaba un mayor número de pobladores blancos, los esclavos africanos les secundaban con cifras superiores a la de mulatos y chinos. Al decir de Sergio Valdés Bernal, en su libro Las lenguas del África subsahareana y es español de Cuba, toda esta masa de negros procedía del antiguo reino del Congo (1978:107); tesis que corrobora Miguel Barnet, en la Fuente Viva (1983:198). Aunque la Trata Negrera acarreó crueldad indescriptible, ha de señalarse que constituyó la vía mediante la cual el negro fue integrándose a un nuevo entorno cultural sin dejar a un lado sus costumbres, idiosincrasia y religión. Algunos ideólogos enfatizaron en la no aceptación de los africanos y sus descendientes como cubanos. El miedo al negro se hacía sentir en frases de Arango y Parreño y José Antonio Saco. Este último habría de manifestar: «Blanquear, blanquear y hacernos respetar», «Cuba sería blanca y podría comenzar a ser cubana» (Martiatu, 2008: 148). Un análisis de estas expresiones revela la evidente exclusión del negro ante cualquier proyecto nacional. Este temor de los blancos se evidenció de dos maneras. Durante los años 40' del siglo XIX surgieron teorías sobre posibles conspiraciones que estaban siendo organizadas por esclavos. Este hecho solo provocó que se tomaran medidas Página | 15.
(16) represivas contra la población negra y, por consiguiente, la muerte de varios de ellos. Por otra parte, tuvo lugar la liberación de esclavos pues la década del '50 estuvo signada por presiones internacionales en el orden de la política. Por cuanto, algunos políticos comenzaron a sugerir la libertad de los esclavos. Este suceso no tuvo repercusión alguna en el sector de las plantaciones. De alguna manera, estas decisiones unidas a otros factores económicos provocaron una división en la sociedad blanca. Así, entre 1840 y 1860 los blancos se vieron exceptuados de la economía altamente desarrollada. Las plantaciones pequeñas y con pocos esclavos no podían insertarse en el mercado internacional al no contar con la capacidad suficiente para hacer inversiones. Fue precisamente esta división la que causara el estallido de la primera Revolución por la independencia cubana, en la que muchos dueños libertaron a sus esclavos para que pelearan juntos a ellos. Dueños, por supuesto, de pequeñas plantaciones. Se crea así, en medio del siglo XIX, una situación en la que la población de color estaba bajo una fuerte tensión pues los sentimientos hacia ellos oscilaban entre simpatía y un profundo racismo. El racismo de los años ´40 motivó el desarrollo de una africanización. La no integración de la población de color en la sociedad provocó la marginalización tanto de los esclavos africanos como de los libres de color y desarrolló la voluntad de estos hombres y mujeres de mantener un nexo con los contextos sociales de donde fueron sacados. Música africana, religiones, fiestas rituales de enterramientos, etc., tomaron peso rápidamente. Importante es recordar aquí que todos elementos de la cultura africana tuvieron un renacimiento, sin que por ello correspondieran con exactitud a la tradición ancestral. La mezcla de etnias diferentes, el cambio de medio geográfico y la aparición de descendientes nacidos en Cuba, sin recuerdos de la cultura africana, dio lugar a una nueva cultura que garantizó el mantenimiento de su legado. La preservación de las tradiciones posibilitaba definir una especie de identidad, y la identidad representaba una recuperación de cierta dignidad además de asegurar el nexo entre los esclavos y los hombres de color que vivían en aislamiento (García: 2004, citado en Voss, s.a.:17).. Ciertamente, a la par de todos estos violentos procesos descritos con anterioridad, que acarreó el desarraigo de africanos de distintos grupos étnicos, tuvo lugar otro del cual se ha venido haciendo referencia: la formación de la nacionalidad cubana. Si bien costó trabajo, lágrimas, sufrimiento y sangre Página | 16.
(17) reconocer la presencia del legado africano en todos los órdenes de la vida social y cultural de la Isla; así como el temor al negro nubló el pensamiento de ilustres personalidades, nada obstaculizó la pervivencia de las manifestaciones culturales del África Negra. La danza, la música, los remanentes lingüísticos, las costumbres culinarias y la religión, imbricados en el dilatado proceso de transculturación, devinieron elementos forjadores de la cultura identitaria del cubano. Decisivos fueron los tributos al desarrollo socioeconómico de América Latina y el Caribe que hicieron los africanos y sus descendientes. La mano de obra esclava no solo edificó castillos y fortalezas en nuestro continente, sino que originó un auténtico mundo de expresiones culturales, que ha podido ser conservado gracias a la oralidad. Recurso que resistió el olvido, afianzado en la memoria colectiva y considerado un valioso patrimonio de la humanidad. Se hace necesario destacar en este trabajo una clasificación hecha por Rómulo Lachatañeré, a partir de datos recopilados por Fernando Ortiz y Manuel Pérez Beato, sobre las tribus y pueblos africanos que se amalgamaron en la Isla durante el período de esclavitud. Los grupos y subgrupos propuestos son: el grupo Lucumí (subgrupo Arará), grupo Congo, grupo Carabalí (subgrupo Sudanés y subgrupo Semi–Bantú), grupo Mandinga (subgrupo Gangá), grupo Ewe–Tshi y grupo Hamito–negroide. Todos ellos, diseminados a lo largo del territorio cubano, dejaron grabada la huella de sus costumbres. Sin embargo, corresponde al grupo perteneciente a las distintas zonas de la cuenca del Congo, el mayor número de esclavos embarcados hacia el Nuevo Mundo desde las factorías. De esta manera muchos antropólogos coinciden al decir que «Los congos procedentes del stock Bantú han dejado profunda huella en la población afrocubana» (citado en Actas del Folklore: 1961,74). De igual manera lo han hecho el grupo Mandinga, con sus influencias mahometanas y sus ritos que han pervivido hasta la actualidad; los que bajo la denominación carabalí llegaron desde el África occidental y sus descendientes conservan sociedades secretas; o los lucumís quienes de generación en generación han mostrado una mayor apertura hacia el conocimiento de sus más profundas tradiciones. Cuando llegaban los cargamentos de africanos para ser distribuidos se tenía Página | 17.
(18) en cuenta la producción, la cual de manera proporcional de Oriente a Occidente. El mayor número de bozales fueron desembarcados en La Habana y Matanzas, en la región occidental; y en Santiago de Cuba, región oriental del archipiélago cubano. Numerosas fuentes aluden que «En la zona de Matanzas [...] se desembarcaban negros procedentes del Congo y del territorio yoruba con mayor preferencia. En La Habana [...] existen fuertes indicios para aceptar la entrada de grandes cargamentos de yorubas o lucumís, siguiendo a estos los congos y los carabalís…» (citaado en Actas del Folkklore, 1961:80). Por su parte, el departamento Oriental recibió el influjo de carabalís y congos debido a ciertas peculiaridades de la trata y la producción en esta zona. Sobre este asunto se puede concluir aludiendo a la existencia de afinidades culturales que permitieron a los rasgos yorubas combinarse con los ibo–ijaw, con lo de los carabalís; a su vez los elementos semi–bantú se unieron a los bantú debido a un nivel de analogía superior. Y de esta forma tuvieron lugar los intercambios, en el Occidente, entre los diferentes grupo que concurrieron en la amalgama cubana. Para el Oriente, el proceso ocurrió a la inversa pues tuvo lugar por la aglomeración de los componentes carabalís y bantús. En un segundo plano pasarían a encontrarse la combinación de los elementos yorubas con los ibo–ijaw. Por cuanto puede aseverarse que los rasgos bantús tuvieron su predominio en la zona oriental. Para muchos antropólogos y sociólogos el negro constituye el factor étnico– social más importante. Miguel Barnet en su ponencia «Las religiones cubanas de origen africano en el diálogo de civilizaciones», publicada en La fuente viva, expone de manera acertada su visión acerca de la contribución hecha por el África Negra: «Cuba dentro de su relativa homogeneidad, es un país multicultural. Un mosaico de etnias regionales hispanas, africanas y asiáticas. [...] El signo que ha contribuido a otorgarle a nuestro cosmos cultural una originalidad y un sello único es el africano. Somos herederos también del África, que desde 1506 y como producto de la conquista–colonización y luego de la bárbara trata trasatlántica legó a la isla un tesoro de valores que la identifican y diferencian de muchos otros países del Continente» (2011:274).. Página | 18.
(19) 1.2 Herencia lingüístico–cultural subsaharana Cuando de África o lengua africana se habla casi siempre la tendencia es a pensar, exclusivamente, en los negros que fueron traídos durante el período esclavista al archipiélago cubano. Aunque árabes y bereberes pertenecen también al antes mencionado continente, no serán abordados en este epígrafe. Solo se hará referencia a los aportes que el África subsaharana brindó al proceso de formación de la nacionalidad cubana. Los esclavos bozales incorporados masivamente a los trabajos forzados, traídos directamente del África fueron activos partícipes del mestizaje progresivo que poco a poco se generalizaba a partir de la convivencia y las relaciones íntimas entres esclavos–amos, esclavos–indígenas. Sin embargo, fue el vínculo consanguíneo el que fortaleció las alianzas, la resistencia y hasta el propio rechazo del negro hacia el negro y entre el negro. En la evolución de los componentes culturales de raíz subsaharana, un elemento de vital importancia lo constituyeron los cabildos o asociaciones religioso–mutualistas que agrupaban negros africanos procedentes de una misma región o etnia. Este hecho permitió preservar la herencia cultural subsaharana y el ―yo‖ en su aspecto más puro y natural del africano (Valdés, 2007:85). Su crecimiento tuvo lugar a finales del siglo XVIII por orden del Capitán General y muchos de ellos situándose extramuros para que la población no sufriera perniciosos daños con sus músicas, sus bailes y ceremonias públicas. Se dice que estuvieron ubicados, fundamentalmente, en las provincias de Las Villas y Matanzas. Aunque la bibliografía especializada hace referencia al popular cabildo de los Congos Reales situado en La Habana, por sus atuendos, galas y músicas. «Nunca faltaron hermandades de este tipo en ninguna ciudad o pueblo donde la población de negros y mulatos, libres o esclavos, fuera numerosa. En los centros urbanos más importantes solía haber varios cabildos, en los que eran aceptados los esclavos. De tal manera, se lograba establecer un vínculo entre los que eran libres y los que no lo eran y se trataba de contrarrestar el antagonismo que existió entre quienes estaban comprometidos con el status quo y quienes no podían dejar de oponérseles» (Klein, 1986:149). Página | 19.
(20) No caben dudas de que el gran número de subsaharanismos en el español de Cuba, sobre todo en el habla marginal y en la popular se debió a los cabildos de negros y a la función de estos como gestores de las religiones africanas. La existencia de estas organizaciones legitimó la segmentación de los grupos africanos y posibilitaron la conservación de las diferencias rituales, los distintos estilos musicales y otros rasgos propios de los yorubá y los congos. Cuando desaparecieron los cabildos, quedaron las casas–templos regidas por una influencia conga menos precisa y más compleja, pues cada Tata Nganga al frente de ellas ejercía su criterio a voluntad o asumía la religión desde su perspectiva y sobre la base de sus tradiciones familiares. La Regla de Osha o Santería, procedente del sur de Nigeria, resultó ser la que más se popularizó en las ciudades al ser mayor el número de esclavos yorubas a Cuba. Este sistema de cultos lucumí manifestado con mayor fuerza en La Habana y en localidades matanceras, tuvo como rasgo determinante el sincretismo entre los santos católicos y los orishas. Carácter sincrético que procedía de las relaciones del negro con la religión católica y la apropiación de los elementos religiosos que pertenecían a las distintas culturas yoruba. Las culturas de origen congo poseen rasgos propios, una estructura familiar así como un modo animista de ver la vida. Por tal razón, sus ritos poseen propiedades singulares. La ductilidad de las creencias, la imprecisión del origen etnográfico de sus entidades, dioses y semidioses en los cultos congos despertó una imaginación más creadora y fantástica, en total oposición con el dogmatismo yoruba. Sobre este aspecto resulta válido resaltar las palabras de Esteban Montejo: Yo conocí dos religiones africanas en los barracones: la lucumí y la conga. La conga era la más importante. En Flor de Sagua se conocía mucho porque los brujos se hacían dueños de la gente. Con eso de la adivinación se ganaban la confianza de todos los esclavos. Yo me vine a acercar a los negros viejos después de la abolición. Pero de Flor de Sagua me acuerdo del chicherekú. El chicherekú era conguito de nación. No hablaba español. Era un hombrecito cabezón que salía corriendo por los barracones, brincaba y le caía a uno detrás. Yo lo vide muchas veces. Y lo oí chillar que parecía una jutía. Eso es positivo y hasta en el Central Por fuerza, hasta hace unos pocos años, existía uno que corría igual. La gente le salía huyendo porque decían que era el mismo diablo y que. Página | 20.
(21) estaban ligados con mayombe y con muerte. Con el chicherekú no se puede jugar porque hay peligro. A mí en verdad no me gusta mucho hablar de él, porque yo no lo he vuelto a ver más, y si por alguna casualidad... bueno, ¡el diablo son las cosas!" (Barnet, 1980:33).. Los congos también trataron de preservar la lengua africana bantú. Y el hecho de la flexibilidad hacia el interior de sus rituales fue el elemento que permitió y la el surgimiento de una jerga con expresiones y léxico que procedían de un mismo tronco lingüístico formado por diferentes lenguas bantú, además del léxico superestrato español (Valdés, 2007:89). Por último, y no menos importante, se extendió el ñañiguismo por intra y extramuros de La Habana hacia fines de la cuarta década del siglo XIX. Sus núcleos principales se localizaron en el barrio de Jesús María y la demarcación conocida por los Barracones. La primera sociedad abakuá de blancos quedó establecida hacia 1863 a manos del mestizo Andrés Facundo de los Dolores Petit, célebre también por sus aportes a la Regla de Palo con la elaboración del cuerpo conceptual y ritual de la variante Kimbisa. El ñañiguismo no está desligado de las creencias africanas, en torno a la influencia que ejercen los antepasados. En todas sus ceremonias religiosas se convoca a los espíritus para garantizar el desarrollo del acto ritual, a partir de rigurosas normas litúrgicas. La representación simbólica es el Ireme o diablito. Las actividades de culto se realizan todas en templos, diseminados por las provincias de Ciudad de La Habana y Matanzas y distribuidos en los municipios de Guanabacoa, Marianao, Regla, San Miguel del Padrón, Cárdenas y la ciudad de Matanzas. La religión abakuá, se halla en los límites de lo marginal y lo popular. Mientras algunos la catalogan, por razones de desconocimiento, una asociación de personas de bajo nivel y con elevado índice de delincuencia; otros, sobre todo los nuevos practicantes, la consideran máxima expresión de valentía. Los adeptos de dicha religión o Masones de África, defienden la práctica de guardar el secreto, lo que hace inaccesible conocer a fondo lo que representa ser abakuá, en cuyas reglas se excluye la participación de la mujer como miembro de la secta.. Página | 21.
(22) El alcance de la sociedad secreta abakuá ha llegado al habla popular, la danza, la literatura, las artes plásticas y hasta a los instrumentos musicales incorporados a las orquestas. En definitiva, estas religiones heredadas del África Subsaharana; dígase abakuá, Palo Monte y Santería, continuarán contribuyendo a través de sus mitos y rituales al enriquecimiento del caudal lingüístico y las formas de expresión y comunicación propias de la nacionalidad cubana.. 1.3 Visión panorámica de los estudios antropológicos y de africanía en Cuba desde el siglo XIX hasta la actualidad Realizar un inventario sobre el estudio del componente africano en Cuba es, por sí solo, un extenso tema que podría constituir una investigación. Por tal razón, este epígrafe pretende hacer un breve recorrido desde el siglo XIX y hasta la actualidad sobre los distintos enfoques antropológicos que tienen como centro los estudios de africanía. En 1876 la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, galardonó la obra Antropología y patología comparadas de los hombres de color africanos que vivieron en Cuba, de Henri Dumont. Hecho considerado como el inicio de la antropología médica cubana. Durante el proceso de intervención norteamericana nuevos modos de vida, hábitos, costumbres amordazaron el carácter popular del pueblo cubano. Como expresara Miguel Barnet, se había emprendido una nueva batalla «[…] más lenta y dolorosa, para obtener una libertad absoluta, imprescindible para desarrollar la personalidad que se fue forjando a través de los siglos anteriores. En toda esta etapa (casi sesenta años), negros y blancos, así como otras nacionalidades existentes en el país, lucharon juntos por un objetivo común: la subsistencia» (2011:172). La decadencia nacionalista que atrajeron los males y vicios a la república fue expuesta por Fernando Ortiz en su obra La decadencia cubana, como ejemplo del desacuerdo del pueblo que no dejó de manifestar sus sentimientos y que no había abandonado sus rasgos propios. Rasgos que habrían de ir siendo estudiados poco a poco. Este proceso de acercamiento hacia la expresión más genuina del folklore Página | 22.
(23) y las tradiciones no fue ni fácil ni rápido, pues todavía el pensamiento de los hombres más avanzados de la época estaba permeado de prejuicios económicos y raciales. Se ha expresado que el primer intento científico con el objetivo de acercarse a las clases más populares para ser estudiadas, partió de Fernando Ortiz con su obra Los negros brujos, libro publicado en el año 1905 sobre etnología criminal y una fuerte visión antropológica. Siguieron a este hecho de manera muy aislada intentos por estudiar el folklore cubano, que contaron con poca divulgación. Debe destacarse los esfuerzos de Carolina Poncet y el lingüista José María Chacón y Calvo como las primeras personas en interesarse de manera objetiva y científica por esclarecer fenómenos culturales. La concreción de todos estos esfuerzos tuvo lugar en el año 1924 tras la fundación de la Sociedad del Folklore Cubano, por Fernando Ortiz y su órgano de divulgación, la revista Archivos del Folklore Cubano, vigente hasta el año 1930. Sin embargo, hasta este momento el tema sobre el legado africano no había captado la atención, y solo aparecían pequeñas publicaciones sobre leyendas y cuentos de esta procedencia. Los años posteriores contribuyeron a delimitar el campo de estudio sobre el folklore, donde el interés por la cultura africana iba haciéndose mayor. Por un lado, la línea poética encabezada por Guillén, Ballagas, Talet la cual recoge de una manera artística el proceso vivencial del negro; y por otro, la del folklore afrocubano a cargo de Fernando Ortiz con enfoque estrictamente científico. Así pues, en el año 1937 se creó la Sociedad de Estudios Afrocubanos y la revista Estudios Afrocubanos, dirigida por Emilio Roig de Leuchsenring. Esta publicación contribuyó al deslinde y a la investigación de los cultos de origen africano. Gracias a los trabajos de Ortiz y Rómulo Lachatañeré se aclararon conceptos, comenzaron a emplearse términos que ya estaban en el pueblo y se distinguieron vocablos de origen popular que caracterizaban a las religiones africanas. En la década del '40, la Universidad de La Habana decidió incluir dentro de sus Página | 23.
(24) cursos de verano el de Etnografía Cubana, del cual formó parte Argeliers León, investigador que asimiló años más tarde los valores de la música afroide y permeó su obra con ellos. En ese mismo período se destaca Lydia Cabrera, fiel exponente de los estudios del folklore afrocubano. Publica obras que permitieron enriquecer la literatura cubana y el conocimiento sobre el imaginario afrocubano: Cuentos negros de Cuba, El monte, Anagó, La sociedad secreta abakuá, entre otros. La década que habría de sobrevenir fue prolífera para la ciencia etnológica y el folklore, pues tiene lugar la publicación de varios volúmenes bajo la autoría de Fernando Ortiz: Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba, La africanía de la música folklórica de Cuba, Los instrumentos de la música afrocubana, por citar solo los más conocidos. Estos trabajos, sin dudas, sentaron pautas para numerosos investigadores a través de la descripción y análisis del componente africano en la cultura cubana desde diversas aristas. Con el triunfo revolucionario en el año 1959, renacen los esfuerzos por rescatar el patrimonio nacional y se avivan los estudios del folklore y la etnología en Cuba. El impulso partiría de figuras como Argeliers León y Fernando Ortiz. No obstante, los estudios de este tipo encuentran otra figura descollante en la región central de Cuba: Samuel Feijóo, quien dirigía el Departamento de Investigaciones Folklóricas en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas. Las revistas Acta del Folklore, Etnología y Folklore favorecieron el desarrollo del estudio del componente africano y sacaron a la luz autores como Rogelio Martínez Furé, Leovigildo López (dedicado a la investigación sobre las firmas mágicas y la sociedad abakuá), Jesús Guanche, entre otros. Sin embargo, a partir de los años '90 y tras la creación del Instituto Cubano de Antropología (ICAN), dirigido por Jesús Robaina Jaramillo, tuvo como misión elevar el nivel cognoscitivo de nuestro pueblo sobre temas de la antropología social y lingüística, elementos del folklore y de arqueología. Años más tarde se creó la Fundación «Fernando Ortiz», presidida por Miguel Barnet, con el objetivo de difundir la obra de esta importante figura. Cuenta además esta institución con varias colecciones, entre las que se encuentra La Página | 24.
(25) Fuente Viva, que revelan el panorama social cubano desde puntos de vista en los que son elementos fundamentales la sincronía y la diacronía. Entre los estudios más significativos que han sido publicados por esta colección relacionados con el legado africano pueden mencionarse Componentes étnicos de la nación cubana (1996), de Jesús Guanche; Negreros catalanes y gaditanos en la trata cubana, 1827–1833 (1997), de Enrique Sosa Rodríguez; El culto de San Lázaro en Cuba (2000), de Laciel Zamora; Antropología lingüística (2000), de Sergio Valdés Bernal; Tras las huellas de las civilizaciones negras en América (2001), de Argeliers León; Rodar el coco. Proceso de cambio en la santería (2002), de Lázara Menéndez; Los remanentes de las lenguas bantúes en Cuba (2002), de Gema Valdés Acosta; Cazadores de esclavos. Diarios (2004), de Gabino La Rosa y Mirtha T. González; Los gangá en Cuba. La comunidad de Matanzas (2005), de Alessandra Basso; y muchos más. Una de las instituciones que ha desarrollado un importante desempeño en la divulgación del folklore es la Casa del Caribe en Santiago de Cuba, a través de la revista Del Caribe y el festival la Fiesta del Fuego. También debe hacerse referencia a otra institución perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana: la Casa de África, la cual posee una sala dedicada a la impartición de conferencias sobre la obra de Fernando Ortiz y de otros estudiosos de la africanía en Cuba, y al mismo tiempo expone piezas y objetos personales del maestro. Meritoria ha sido la labor de las Casas de Cultura, conjuntos folklóricos del país y revistas como Signos e Islas en su aporte al conocimiento de las expresiones populares, abarcando no solo un panorama nacional sino también regional. Aunque la lista de investigadores sobre la africanía en Cuba es extensa, no deben ser obviadas dos figuras importantes en el campo de los estudios lingüísticos: Sergio Valdés Bernal y Gema Valdés Acosta. Los artículos y libros publicados por Sergio Valdés Bernal « […] son contribuciones sustanciales a la forma del habla del continente y una fehaciente muestra de la transculturación lingüística que ha tenido lugar en América Latina» (Barnet, 2011:191). Por su parte la lingüista Dra. Gema Valdés Acosta ha hecho numerosos Página | 25.
(26) aportes en el campo de los estudios de los remanentes bantúes en el español de Cuba y de América. Así lo corroboran el Diccionario de bantuismos en el español de Cuba (2009) en el que comparte la autoría con Myddri Leyva Escobar y el Diccionario de bantuismos en el español de América (2013). Actualmente dirige la línea de estudio de antropología lingüística sobre remanentes bantúes y otros estudios sobre africanía en el Departamento de Literatura y Lingüística de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas.. 1.4 Importancia del estudio del nivel lexical en el teatro bufo cubano del siglo XIX La lengua, «como uno de los indicadores de la identidad de una nación […] constituye un monumento histórico muy complejo que refleja las ideas que han sucedido en las diferentes épocas de su evolución, el nivel de desarrollo de la ciencia, de la cultura, y el arte, de los procesos sociales. Refleja […] las tendencias ideológicas y estéticas que forman la conciencia nacional, así como también los valores materiales y espirituales de un pueblo» (Cárdenas, 2004:66). Estas razones exigen el compromiso de cada investigador de continuar estudiando la herencia cultural de la cual es acreedora, esencialmente, la lengua española. Lienhard (1990), aclara que la oralidad no puede ser minimizada a la vertiente vocal del discurso verbal. Es un fenómeno relacionado con la escritura y con el lenguaje dramático por cuanto opera con un conjunto de códigos expresivos que requieren la totalidad de los sentidos para ser percibido. El término oralidad secundaria, definido por Gisela Cárdenas y con el cual el teatro guarda relación, «se manifiesta en los textos de los medios de difusión masiva que, aunque originariamente son productos de la escrituridad constituyen un discurso oral unidireccional dirigido a grandes auditorios que desempeñan el papel de oyentes pasivos» (Cárdenas, 2004:70). Aunque es la conciencia lingüística del autor en el género teatral la que selecciona los rasgos que este cree son característicos del habla y la referencia sobre la realidad lingüística del momento, pueden ser apreciados elementos propios de la cotidianeidad que impulsan procesos en el desarrollo de las variantes de una lengua.. Página | 26.
(27) El teatro bufo como género popular abarca el sentir de su época, donde la representación, devenida en mímesis de lo hablado, le hace acreedor de un carácter distintivo si se compara con otras manifestaciones artísticas. No por gusto Rine Leal expresara sobre sus aportes desde el punto de vista lingüístico: «Lo que es más importante: lo hicieron hablando en cubano. Es ahí, en el lenguaje, tanto dramático como musical, donde los bufos se instalan para siempre en escena […] crearon un arsenal idiomático que se transforma en algo más que palabras o términos costumbristas o folclóricos: se convierten en un ritmo, una manera, un oído y una lengua diferente de la española» (1975a:18). El análisis léxico–semántico en este tipo de obras resulta, indiscutiblemente, una aproximación a la realidad lingüística de la época. Numeroso son los fenómenos. semánticos. que. tienen. lugar. y. que. permiten. configurar. psicológicamente a los personajes y su entorno. La elaboración de abstracciones que tiene lugar en el lenguaje y que se evidencia en las muestras textuales analizadas no se produjo en el espacio de tiempo que encierra la vida de un individuo. Fueron constituyéndose en el producto de toda una historia que va mucho más allá de la conciencia de los usuarios; sedimentándose a lo largo de los siglos en expresiones, locuciones y modos de razonamiento trasmitidos de generación en generación y decantados por la historia, hasta ser remodelados por la experiencia colectiva de cada época. Los estudios afectivos en la teoría de la semántica dependen de la visión que sobre el lenguaje se posea. Y este debe ser visto como la encarnación de un ideal lógico o el producto vivo de la historia que tiene su comienzo en la acción de los individuos. Los cambios semánticos pueden originarse por muchas causas, y no tienen lugar en las palabras de manera aislada, sino en los vocablos o unidades léxicas integrados a campos semánticos. La desviación individual parece ser una de las causas más frecuentes del cambio. Sin embargo, se pueden encontrar causas lingüísticas, Históricas, sociales y psicológicas asociadas a estos cambios. La evolución social, las transformaciones de la civilización, la alteración de los hombres al significado debido a razones emotivas o mentales, así como otros. Página | 27.
(28) factores constituyen la base de estos cambios que tienen su máxima expresión en el significado. En los cambios de significado, como se destacaba anteriormente, concurren una serie de factores que los propician: unos, de naturaleza extralingüística; otros, derivados de la dualidad del signo lingüístico (significante/significado) y otros, relacionados con la psicología de los hablantes y su actitud frente al lenguaje. Teniéndose en cuenta este último punto, es oportuno mencionar que existe una clasificación psicológica de los cambios semánticos basada en las asociaciones o relaciones que entre los significantes o significados de las palabras, establecen los hablantes. Las asociaciones de contigüidad o proximidad (elipsis, metonimia), de semejanza (metáfora, etimología popular o error auditivo) están latentes en los textos bufos. De esta manera, se hace necesario precisar la existencia de dos formas que poseen los elementos de un enunciado para remitirnos a una realidad extralingüística. Debe hablarse pues, de referencia absoluta y referencia relativa. La primera establece su relación con la realidad exclusivamente a partir del conocimiento de la lengua, o de una lengua particular ligada a conocimientos más generales y disponibles para la mayoría de los miembros de una comunidad lingüística. Sin embargo encontramos su oposición en la llamada referencia relativa, donde resultan obligatorios ciertos conocimientos suplementarios si se quiere interpretar adecuadamente las unidades de que se trate. Esta referencia, dependiente de las particularidades del intercambio que se instaura entre los interlocutores, puede corresponder a su vez dos tipos de referencia, en dependencia del hecho de que la información suplementaria haya que buscarla en el contexto o en la situación. También resultaron válidos para el estudio algunos criterios de V. Nyckees relacionados con la importancia de lo implícito. En este aspecto se presenta una dualidad que agrupa sentido y significación y se relaciona directamente con el sentido literal y el sentido figurado. Hay que aclarar que. en la. significación literal es aquella que la lengua permite prever, mientras que la significación figurada se vincula al empleo de la palabra o de la oración en Página | 28.
(29) ciertas circunstancias. Todo enunciado requiere informaciones anexas que se encuentran implícitas, pues un mensaje nunca es implícito en su totalidad. La adquisición de un sentido, en el enunciado, está basada en un fondo de elementos que son propios de locutores específicos, los cuales pueden tener una participación casuística en la vida e historia de diversos grupos y en ocasiones muestran incapacidad o resistencia para hacer explícitos sus pensamientos y liberar interrogantes. Por eso, la participación del receptor es necesaria para comprender o descifrar un mensaje figurado. La participación consiste en hallar los elementos pertinentes de la situación o del contexto que sean capaces de brindar un sentido satisfactorio al mensaje recibido, rasgo muy asociado a la referencia relativa. Aunque, esta colaboración, podría estar sujeta a la movilización de un conocimiento compartido por los interlocutores en el acto de descifrar una alusión. Las. relaciones que se establecen entre los diferentes sentidos de una. misma palabra corresponden a fenómenos polisémicas y homonímicos. La polisemia y la homonimia no deben ser vistas como obstáculos para la comprensión, pero sí para aclarar confusiones o determinado contrasentido que tienen lugar con mayor frecuencia en la lengua escrita que en la hablada. Tales confusiones pueden ser generadas debido al desconocimiento que el usuario tenga de las particularidades del código empleado, en la lengua literaria o formal o en las jergas técnicas. La vitalidad de la lengua depende de la adaptación y renovación de sus significaciones al proyectarse en diversos contextos, asociados a su experiencia histórica. La renovación, entonces, depende de los cambios de sentido y la polisemia es su recurso más efectivo. Una nueva significación, surge de otras ya preexistentes, pues la experiencia colectiva y sus circunstancias devienen en un desplazamiento del sentido y en la creación de nuevos términos.. Página | 29.
(30) Y es que el estudio del nivel lexical, en el teatro bufo cubano, reafirma su importancia a partir de la existencia «en esta conducta verbal […] de una oralidad latente, visible a nivel textual. Signos de una memoria transmitida oralmente, y que están dados por el reciclaje de las palabras, giros de la lengua bozal […] y otras representaciones del imaginario de la cultura popular tradicional» (Abreu, 2008:233). Por tanto, en pos de un nuevo acercamiento al estudio del teatro bufo, receptáculo y fuente viva de los fenómenos lingüísticos que se presentan en la variante cubana del siglo XIX, se decidió estudiar la presencia lingüística bantú en treinta y siete obras bufas, cuyos autores constituyen los máximos exponentes del género vernáculo.. 1.5 Algunas precisiones conceptuales y metodológicas El Capítulo 2, está dedicado completamente al análisis de los vocablos de origen bantú encontrados en las piezas teatrales consultadas. Como se hiciera referencia en la Introducción se trabajó con treinta y siete obras del teatro bufo cubano del siglo XIX. Inicialmente se procedió a la lectura del Glosario de afronegrismos, de Fernando Ortiz; el Diccionario de la lengua conga residual en Cuba, de Teodoro Díaz Fabelo; el Diccionario de bantuismos en el español de Cuba, de Myddri Leyva y Gema Valdés y también, de esta última autora, el Diccionario de bantuismos en el español de América, para tener un mayor dominio de los vocablos de origen africano y sus características etimológicas. Este hecho provocó que se determinara con facilidad la procedencia de los datos obtenidos: en un primer momento su origen africano y en un segundo, su origen bantú. La lectura y minuciosa revisión de las obras aportó 71 vocablos de origen africano, que consultados en obras lexicográficas demostraron la preeminencia de los bantuismos, por encima de vocablos ñañigos y yorubas. El trabajo cuenta con otra peculiaridad, y fue la decisión de la investigadora de contrastar todas las palabras del corpus léxico con la duodécima edición del Diccionario de la lengua española de la RAE, publicada en el año 1844. Página | 30.
(31) Se tuvo en cuenta la propuesta por Valdés Acosta en su artículo «Conguerías lingüísticas: propuesta de glosario de bantuismos en el español de Cuba», pues permite un manejo fácil de los términos recopilados para su análisis léxico– semántico. Por lo tanto, se tendrá en cuenta inicialmente la estructura formal del dato, en la que deben ser descritas todas las variantes formales de cada término, en caso de que existan diferentes formas para un mismo término. En el comportamiento semántico del dato tiene lugar la descripción del significado que ha sido generado a partir del análisis lingüístico y teniendo en cuenta el contexto en el que se desenvuelve hacia el interior de la pieza teatral, en este caso. En ese aspecto resulta valioso el interés en especificar el campo semántico al que pertenece el dato y si guarda o no relación con el original. Por supuesto, en la investigación no se precisa si son los bantuismos encontrados, religiosos o no religiosos. Para ello es fundamental contar con una documentación etimológica del dato pues es este aspecto el que revela con exactitud la procedencia bantú, a través del contraste entre obras en las que se brindan aportes y teorizaciones sobre la etimología del vocablo. Se decidió para la investigación no tener en cuenta el registro en el que funciona el dato, debido a la realización de un análisis de tipo documental. Por último, la documentación en textos escritos y en este caso en obras de la literatura cubana, asegura el manejo funcional extendido del dato; al mismo tiempo, comprobar su estabilidad semántica.. Aunque esta investigación no tiene entre sus objetivos la creación de un glosario, pues solamente se ha pretendido reconocer en las obras bufas los términos de origen africano para luego ser contrastados con obras lexicográficas y establecer su origen bantú, se debe aclarar que fue necesario consultar bibliografía especializada sobre la lexicografía contemporánea y la tradición de los estudios africanísticos en Cuba. Pudo notarse un énfasis en el estudio de las unidades fraseológicas y su importancia desde el punto de vista semántico. En este trabajo se apreciará que la mayoría de los vocablos forman parte de unidades fraseológicas, en las que el contexto lingüístico constituye un elemento primordial Página | 31.
(32) a la hora de determinar el significado de cada uno. Sin embargo, a pesar de las limitaciones que algunos autores hayan referido en sus obras sobre los estudios lexicales, se consideró partir de este nivel «[…] por su función nominadora, su garantía diacrónica, y sus técnicas de inclusión en el sistema director de la lengua española, constituye el punto de partida y de llegada de la metodología, ya que durante siglos ha sido el nivel de la resistencia lingüística a la desaparición y es el reservorio actual del legado lingüístico bantú en América» (Valdés Acosta, 2001:63), y de igual manera funciona para el resto de los remanentes de origen africano presente en el idioma español. Sin que la investigación se apartara de la obra iniciada por Fernando Ortiz se propone la organización de los datos de la siguiente manera: bemba: 'labios gruesos, típicos de los negros' Información lexicográfica: FO: (51) Bezo. Origen africano sin precisar. KL: (28) bemba 'boca grande' (kikoóngo) KL: (527) mbembo 'voz, palabra, lengua' 'canto fúnebre' GV: (16) f. coloq. Cub, Mx, Gu, Ho, ES, Ni, Co, Ve, Ec, Pe, RD, PE, Pa: labios gruesos. TDF: (21) Bemba: 'Bemba' DLE: No se encuentra registrado. Testimonio literario: Obras del teatro bufo cubano del siglo XIX. FLORINDA: Uté ta mirando el bembón! ¡¡Bembón!! ¡¡Bembón!! ANDRÉS: Bueno qué con toa esa bemba se larga de aquí… (Mellado, 1880: La casa de Taita Andrés, esc. XVI. P.) PEDRO: […] que se me arrime para que veas como le pongo las bembas. (Barreiro, 1897: La noche de San Juan, c.3, esc. I, p.) Con el objetivo de lograr precisión en la información lexicográfica de los vocablos se tuvieron en cuenta criterios de Sergio Valdés Bernal, Joan Corominas, Esteban Pichardo, S. J. Swartembroerckx, Natalia Bolívar. Sin embargo, se Página | 32.
(33) consideró oportuno hacer referencia directamente a aquellas obras que resultan fundamentales para el completamiento de la información lexicográfica. Las claves empleadas para su identificación son: FO: Diccionario de afronegrismos, de Fernando Ortiz FOa: Los negros curros, de Fernando Ortiz KL: Diccionario kikongo–francés, de Karl Laman GV: Diccionario de bantuismos, en el español de América DLC: Diccionario de la Lengua Castellana (duodécima edición, 1844) TD: Diccionario de la lengua conga residual en Cuba, de Teodoro Díaz Fabelo LC: La sociedad secreta abakúa, de Lydia Cabrera LO: «La herencia afrohispánica en Cuba: El léxico de origen africano en el español (afro) cubano de hoy», de Luis A. Ortiz El análisis de los vocablos sigue la siguiente estructura: a). vocablo y su significado en las obras;. b). información lexicográfica;. c). testimonio literario.. Para determinar el origen bantú no solo se emplearon los diccionarios mencionados. Se tuvo en cuenta además la definición de Valdés Acosta sobre remanentes bantúes: «Incluimos en este concepto todas las formas lingüísticas, rituales o no, cuyo origen está demostrado lexicográficamente y que han sido transmitidas dentro de la cultura conga en Cuba» (2002:45). Las palabras fueron ubicadas, según el criterio de L .Berubé, en el campo semántico correspondiente. Este autor define dicha categoría como un «conjunto de unidades–palabras que comparten un mismo campo de significados y cierto número de constituyentes semánticos (semas)» (1991:54) y propone una clasificación por campos semánticos, un total de nueve campos. La investigadora, sin embargo, consideró necesario agregar un nuevo campo semántico Música y baile debido a la connotación que alcanzan en el teatro bufo cubano, como elementos indispensable para la configuración de la escena teatral del siglo XIX. Por su parte, Ullman expresa que el campo semántico es «un sistema organizado Página | 33.
(34) en el que todo se equilibra, en el que los elementos se delimitan recíprocamente y obtienen su valor dentro de las posiciones que ocupan en el seno del campo. Los elementos que lo constituyen no conforman un conjunto cerrado (como en la fonología), pues el léxico de una lengua es limitado y está sujeto a constantes normas de variación: suprimir e incorporar nuevos elementos. La existencia de un campo semántico presupone: a) un sentido unitario (significado), y b) este sentido unitario se encuentra fraccionado entre las distintas oposiciones entre sus elementos (palabras)» (1976:53). Para Pierre Giraud constituye «un conjunto de relaciones del que cada término extrae su motivación, pero esas relaciones no son necesarias ni sistemáticas sino que tienen un carácter contingente, por lo que es a veces difícil reducir el léxico a un sistema completamente estructurado» (1960:103) 1. Los animales. 2. Las plantas. 3. La comida y la bebida. 4. Los fenómenos naturales. 5. Los objetos. 6. El hombre físico. 7. Relaciones sociales. 8. La religión. 9. Los nombres propios. 10. Música y baile. Posterior a cada ejemplo que valida la presencia del vocablo en el texto literario, aparece para las obras impresas y mecanografiadas (Ver Anexo 1) las siguientes nomenclaturas: a) para las compiladas por Rine Leal en Teatro Bufo. Siglo XIX (Autor, año: título de la obra, tomo, página); b) para las impresas o mecanografiadas durante el siglo XIX (Autor, año: título de la obra, esc, página). Página | 34.
(35) Para las obras manuscritas, de las cuales son excluidas las que aparecen en la antología de Rine Leal, un total de trece piezas (Ver Anexo 2), se decidió que la nomenclatura fuera la siguiente para una mejor localización del dato: (Autor, año: título de la obra, cuadro, acto, escena, página) Por su parte, las abreviaturas empleadas fueron: Cuadro (c.) Cuadro único (c.u) Acto (act.) Escena (esc.) Página (p.) Tomo (t.). Página | 35.
(36) Capítulo 2. Análisis léxico–semántico de bantuismos en obras del teatro bufo cubano del siglo XIX. 2.1 Análisis léxico–semántico de bantuismos en obras bufas del siglo XIX Los bantuismos analizados en obras del teatro bufo del siglo XIX, fueron contrastados con el Diccionario de la Lengua Castellana (1844), de los cuales 16 aparecen recogidos en esta fuente: guarapo, ganga, changüí, congo, cachimba, bomba,. bombo,. sandunguero,. guasa,. tango, timba. mondongo,. mondonguero,. y timbal. Este. hecho. resultó. sambumbia, útil en el. esclarecimiento de los significados de algunos vocablos, pues analizados en el contexto tenían una significación diferente a la que se leía en los diccionarios de bantuismos. El bantuismo timba aparece en la obra aludiendo a un juego al azar. Sin embargo, este significado no se corresponde con el dado por la Dra. Gema Valdés Acosta, en el Diccionario de bantuismos en el español de América. Por tal razón, fue pertinente consultarlo con la duodécima edición de la RAE. La polisemia, vista como la propiedad de una sola y única palabra dotada de varias significaciones, constituye uno de los fenómenos que deviene en aporte. Yuca, localizada dos veces en En un cachimbo, de Emilio Sarachaga y El brujo, de José R. Barreiro confirma lo antes expuesto. En la primera, se refiere al baile de los negros que se acompaña por el tambor de yuca; en la segunda, al tubérculo Página | 36.
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