LA' LITERATURA CHILENA EN EL SIGLO XIX
E'l estudio de la ,vida literaria en los, países de ,América colo~ al observador er;1 una postura ineludible con respecto
a
la historia. El pa~orama intelectual de los países europeos pu~d~ abarcarse' con la' m'irada . en .a,bsol~ta segu~iElad de que podemos estimarlo e~ toda '¡a extensió~ de su superficie his- .tórica graci,as a la .compepetración de hechos y. relieves que forman el tejido' o J~ urd,imbre, diríalJ}()~ mejor', de nuestra~ultura tr~dicional.. Pero. cuandp intentamos esbozar en con- junto un bosquejo.!ie la evolución intelectual en una nación joven, no podemos prescindir del ambiente político y social en que se han ido produciendo Sl,lS más felices y representa- tiv~s manifestaciones. CJar~ esiá que toda época literaria, desglosada de la ~ida contemporánea,
y
por tanto distanciada 'pOT'el tiempo de nuestras modalidades temperamentales d.e.hoy, nos obliga a buscar una, a!;ociación directa entre la his- toria civil de u~ pueblo y los frutos: inielect~ales que ha ofre- 'cido en el decurso de su, desarroll~ cultural. Y esta asociación
debe merecer más reiterado afá~ in~estigador, de acuerdQ con el mayor o menor conóci~iento que ha alcanzado a difundir el país. obseryado con,relación as~ esorito~8 más preclaros.
En lo que concierne a nue'stra América, los manualts litera-
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rios adolecen d~ una carencia de atmósfera históriea que sirva de clave al estudioso para descifrar las causas y coneausas de la evolución intelectual.
Existe, a nuestro juicio, una verdadera correspondencia, y hasta hablaríamos de una trabazón, entre el escritor y su época, por lo cual, para dar una idea del cuadro intelectual que tratamos de análizar habrmnDs de
hacer _
referencia a les más culminantes hechos politicos, los que se eslabonan indi- rectamente a la evolución del pensamiento, pasando a ser, a la luz de la critica, como elementos consustanciales, inte- grantes de la morfología intelectual de toda una nación.El siglo XVIII, con sus reflejos de Enciclopedia un tanto enrojecidos por la Revolución Francesa, ha de influir nota- blemente en los primeros escritores chilenos de la pasada cen- turia. El libro francés, de aparición clandestina en el ambiente colonial santiaguino, regido a la sazón por los cáno~es de la enseñanza hispana, iba a encender en determinados espíritus la chispa de la rebelión emancipádora. La sonrisa ática de Voltaire y el naturalismo racionalista de Juan. Jacobo, al burlar las aduanas de una culturá tradicional conservadora, llegaban a la adormecida capital chilenl\ con el sigilo y la alarma de un fruto prohibido. Camilo Henríquez, el cura de la Buena Muerte, Egaña, Salas, Infante, y otros, ofrecen el fervor de sus ideas y la acción ardorosa .de sus plumas,
a la causa libertadora. .
. Pero ese influjo subrepticio no logró sino animar ideas que ya habían germinado. La Universidad de San Felipe, cuya biblioteca estaba' formada por cinco mil volúmenes, mantuvo enhiesto el florón. de la culiura peninsular y permi- tió cons'ituir en los medios sociales de Chile una pléyade de jóvenes personalidades, de entre los cuales hubo de surgir el
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impulso c[vico de 1810. En hono'r a la verdad, y por ende a la justicia, que siempre la necesita por guía, la cultura espa- ñola, de sólidos sillares grecolatinos y de profundo senti- miento católico, había trazado huellas imperecederas en la inteligencia y en el espiritu. La docta casa unive~~itaria, que se fundó en 1734, como homenaje al rey Felipe IV, gracias a las peticiones de Ruiz de Berecedo"y a la intercesión del licenciado Tomás de Azúa, llevó al solar chileno las mejores simientes del siglo XVIII.
Estos escritores de la Independencia entremezclaron a su pensamiento español las premisas de la Francia de la Basti- lla, secundando con el acento de sus ideas la acción militar del ejército antirrealista.
Camilo Henríquez sobresale como un precursor de las letras nacionales propiamente dichas. Escribe en verso y prosa, gusta de animar composiciones escénicas, y arroja al viento de la patria en gestaéión el primer periódico con arres- tos de libertad. La Aurora ofrece en sus columnas las me- jores prosas cívicas, enardecidas "y vibrantes, de ese hombre
pálido y enfermizo, que ostenta una blanca cruz cristiana en su negra sallina:" sacerdotal.
El estilo ell castizo, pero adolece del énfasis oratorio. El redactor de La .-1 arara vive nerviosamente de acuerdo con la etapa revolucionaria. Intenta dar a conocer en breves leccio- nes, con sabor de arenga, el pensamiento filosófico de los autores franceses e ingleses sietecentistas.J-oaquín Blest Gana, juzgándole, dice: (( Camilo no escribía para la poste- ridad sino para su tiempo. No escribía como" "literato sino como" servidor de una causa social... n.
Este juicio encuadra con la realidad de la primera etapa de "la literatu~a de Chile. Todos los escritores, entre" ellos el
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propio Bernardo Vera, y P~n~a~~ .. !'Il.poeta argentino que concibiera lasp~imeras estrofas del .Himno Patrio 'chile- no, obedecen.a un p~ríodo ~ gullrra,: asonadas y ca~diHa
je, que les impide dar la obra' ser~Ba, ql.le surge de la me- ditación y del sentimie':lto!~ a.1~ .sombrjl. de . los tiempos de paz.
Un euc.eso tan trascendental como era la ema1,lcipación lograda,: qabia de engendrar caudillos militares y no poetas.
Era un cambio total de la decoració~, u.n descu~je del árb«?l hispano que había bri,ndado, en el suelo chileno, maravillo- sos frutos sazollados por nuestra naturaleza, desde las sonoras.
octavas reales de La Araucana, el Pgema épico de don.Alons() de ErciUa, a las páginas históricas d.e Rosales, a los relatos.
estilísticos del insigne prosista Alonso Ovalle o ala fecunda y .sabia ~rudicióri del ~bate Molina, autor de la Historia Na-.
tural del Reino de Chile.
Ele!!cenario quedaba vacío, aguardando la presentación de.
un nuevo pensamiento hermanado a la nueva nacionalidad ~.
como una tierra arada, poseedora. en sus entra.ñas de un hu-
mu..~ inapreciable --:: a)m~ y lengua hispanas - abierta al, surco de otras semillas y1l1 esplen~or de otra~ cosechas.
La cimentación de un p~s que atien~e a la absoluta trans- formación eJe sus instituciones es, ,de por sí, una eta~ POC() propicia para el desenvolvimiento de la literatura y las bellas.
artes, como expresiones. desinteresadas de una cultura. N()
~s extraño, .por tan~o, que transcurran lDás de tres lustros sin:
manifestaciones de singular relieve.
En 1827, el dia~i.o El Mercurio in~ó su existencia divul- gando algunas producciones de autores nacionales y extran- jeros.Ep. Santiago se funda un peribdico para combatir la dict~dura portaliall.a, El Philopolit'l, en el que dejaron hue-
BA.o\L, XIV, 19&á LA L,T . . lTUIA calL . . . 0· EL I,GLO u . ~UJ'
nas de su talento, hombres como 'Manuel Rimjifo, Diego José Benavente y Manuel José GandafilIas.
El aSE!sinato de Diego Portales, acaeCido en momentos difíciles para la politicainterna y externa· del país, dió el afio de 1837 una primera lumbrarada p(¡ética. Es una voz de
~ujer la que inic~a con su acento· lírico el desarrollo de la poesía nacional. Así como don José Zorrilla se revela poe.ta insigne ante la: tumba de Larra - ave caudal que levanta el vuelo sacudida por el pistoletazo de tI Fígaro ) - así surge en el parnaso americano Mercedes· Marín del Solar, con una elegía a Diego Portales, que tiene por comienzo estos versos:
(( Despierta, musa mía, - del profundo letargo en que abis- mada - yaces por el dolor ).
Esta dama ilustre, de espíritu cívico, es una precUl'sora entre las mujeres intelectuales del continente.
Un movimiento literario que habría de marcar un aconte- cimiento profundo en la cultura chilena, se gestaba en aque- lla sazón. La juventud liberal santiaguina libraba frente a los conservadores sus primeras batallas espirituales. Un español de vastos conocimientos filosóficos, José Joaquín de Mora, había dejado fructíferas lecciones en ella, adoctrinándola desde el Liceo de Chilé por él fundado. Este maestro de la
tt filosofía de· las luces 11, de temperamento moldeado en ·la escuela de los neoclásicos, contribuyó a la formación inte- iectual de un pufiado de escritores, que encabezados por el joven pensador José Victorino Lastarria, darían, elaño 1842,
un impulso notorio a la cultura nacional.
Otro extranjero eminente habría de completar la obra de Mora, en cuanto a mentores de UDa intelectualidad en cier- ne: Andrés Bello. El gramático y legislador, a más de poeta y latinista, encontraría en Chile un país sólidamente const~-
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lO' EDGAlIDO G .... ,DO M ... o BAAL, XIV, 194&
tuído, due1'io ya de su propio destino y libre de las acechan- zas del caudillismo militar y político, secuela de los tiempos
~e la Independencia. Ambiente admirable para un hombre que buscaba un ambiente adecuado a las disciplinas que im,.
ponen las leyes del idioma '"t las normas de la legislación.
Un sabio que tenía por rectores de su espíritu a Licurgo y
Nebrija. .
Mora había caído, en desgracia en la era portaliana, siendo desterrado, y Andrés Bello, vino a ejercer su ascendiente en los autores chilenos de aquella época. El neoclasicismo y el romanticismo, llegado a América con algún retrasO, dos lus- tros, poco más o menos, debaten su influencia en la genel·a- ción literaria que se inicia en mayo de 1842 con la fundación de la Sociedad Literaria·, en' cuya velada inaugural pronun- ció Lastarria su, celebrado discurso que tu~o de inmediato una extraordinaria resonancia y una larga proyección en el futuro, hasta el puuto de que las ideas preconizadas en él perduran'aún en el pensamiento nacional.
Esa pieza maestra, plena de valiosas enseñanzas para la juventud de su época, ~ué una afirmación de independencia espiritual. Es un llamado a la exaltación de las virtudes na- cionales, una indicacióli de que la, vida intelectual debe ser sustentada para bien de la democracia recién constituída en la joven república, con el noble propósito de satisfacer una necesidad social. La nueva orientación filosófica está en marCha. Lastarria alude a ello en estos términos: 11 Vos- otros tenéis mis iaeas y convenís en que nada será Chile, la América toda, sin: las luces 1). Y añade: « Hemos tenido la fortuna de recibir una mediana ilustración; pues bien" sir- vamos'· al pueblo, alumbrémosle en su marcha social, para que nues~ros hijos le veall UD día feliz, libre y.poderosOIl •
BUL, XIV, 1945 L .. LIT"'UV" CHI . . .
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En este .discurso, cllya intención política es mauifiesta, inci- taba a la jUYentud para luchar siempre en consecuencia con sus ideales.Lastarria acaudilla así I! la generación de escritores de
1842 para que conquiste una concieocia intelectual libre del peso de las tradiciones, uno actitud decidida y valiente para el ejercicio de la crítica de ideas y lIna fuena inabatible en lo que respecta al respeto de la justicia y al mantenimiento de las instituciones democráticas.
La época de Portales, férrea sin duda alguna, pero emi- nentemente constructiva, basta el punto de ser considerada como la cimentadora de la vida republicana, había definido dos tendencias políticas, que se rotulaban con donosos epí- tetos: pelucones, los conservadores o herederos del tradicio- nalismo colonial, y pipiolos, los liberales, que sustentahau sus ideas en los filósofos franceses e ingleses, tan ex.traños a las inveteradas doctrinas escolásticas.
La Sociedad Literaria celebró sesiones hasta el año 1843, y el movimiento intelectual que desarrolló - el mayor im- pulso conocido en la historia literaria chilena - coincidió con la permanencia en el país de ilustres emigrados argen- tinos como Sarmieuto, Alberdi, López, Piñero y otros.
Entre los escritores cbilenos y los argentinos que busca- ban en la paz de Santiago un remanso que les hiciese olvi- dar momentáneamente 105 sinsabores d81a expatriación, se suscitaron illteresantes polémicas el1 las que descollaron las voces dcLastarria y Sarmiento. Lastarria, como miembro de la Facultad do Humanidades de la Universidad, recién fun- dada, y de la que era rector don Andrés Belio, presentó UDa meDlOria histórica intitulada :Jnvestigaciones SO~'"6la influen- cia social de la conquiBla y del sistema colonial de los españoles
BAAL, XtV, '94&
en Chile~ Con ardorosa pluma inteú.ta enjuiciar el régimen colonial, habland.o en nombre de la civilización democrática.
~lientan en esas páginas influencias del pensador alemán Herder, Cuyas ideas sobre la filosofía de Ji humanidad estu- vieron ,tan en boga en aquel segundo cuarto de siglo. Las.- tarria se enfre~taba, con ideas:liberales, ante el régimen his-, pánico, y en esto. hacía coincidir sus pensamientos con los de Sarmiento, no así con Andrés Bello ni COD el argentino Miguel Piñero que lo defendían, comprensores de que reali- zada ya la ohca emancipadora, en lo referente a la monar- quía, española, era absurdo desmentir los beneficios de una secular cultura que &enía y tiene por base la moral y la legis- laC(ión cristianas.
'Lastarria habría de evoluci~nar con los afios, suavizar su pensamiento y rectificar en parte aquellos arrestos de juven- tud, que acentúan con rasgos de simpatía su personalidad.
En 1874,. maduro ya en años yen ideas, ,re~la su ideolo- gía, que pudiéramos calificar de serena y definitiva en sus Lecciones·de Política Positiva.
Puede decirse' que lasc.figuras más sobresalientes del siglo
XIX SUl'gieron en, la Sociedad Literaria. Entre ellos, el pri- mero después de Lastarria, Francisco Bilbao, disCípulo de Edgar Quinet y cuyo artículo (1 Sociabilidad Chilena Ij, pu- blicado en la revista El Crepúsculo, que servía de órgaDo a los intelectuales de dicha entidad, valió a su autor un pro- 'ceso de imprenta, una condena, redimida por multa, el ser exonerado de la Universidad y por'último el salir expatria- ,do .. EI artículo aludía a la influencia del cleto en el am- biente familiar, que, según el autor, (1 atrofiaba a la socie- dad impidiendo su desarrollo y su progresO)). Se juzgó el escrito. como atentatorio contra los .dogmas de la .Iglesia
'Ca-
BAAL, XlV, .865 L .. LI1· ... ...,U C., . . . BL _LO ... ,
tólica y fué . quemado
1'01'
el verdugo...- miDúséuloauto de fe:"-en la plaza ptí.blica.Bilbao perfiló en el comedio del siglo· u':
su
figUra' de (( dandy II y de pensador revolucionario, pero su obra DO ~ i-esistido la acción del tiempo. Como su maestro'Quinet, no pasó de ser lin romántico, con esa efímera gil1l81'día' de' ese romanticismo literario que pudiéramos calificar coma una CoDvalescencia de la Revolución·francesa.De esta generación; que frisaba entre los 18 y lós 25 afios;
surgieron elcostúmbrista Vallejo (Jotabeche), cuyas cróni- cas del norte, impregnadas de un amor a la tierra, transpa- rentan el ingenio y casticismo de Larra; los poetas Sanfuen- tes y MaUa, el primero con sus leyendas patrias y suspoemis de sabor colonial; el segundo, arrebalado por un espíritu dionisíaco que lo impulsa a trazar versos diabólicos;' el cri- tico Joaquin Blest Gana, afortunado ensayista;. el sésudo Vi- cente Reyes, y el poeta Eusebio Lillo, autor de la letra de la nueva Canclin Nacional, y'cuya personalidad presenta dos fases: la del romántico que loa la belleza dé las flores; y la del revolucionario que compone las estrofas de (( La Iguali- tana'l, una candón que sirviera de himno en el a·ño ISúa a los asociados políticos de la Sociedad de la Igualdad. .
Lastarria, a más de pensador, se manifieata como cuentis- .ta de méritO'. Jacinto Chacón es el ~poeta que modula el pri- mer acento lírico, y por su fina inspiraCión se le considera el
nexo entre el pasado y la edacl moderna. Sus imágenes son audaces y coloridas, con IIna vibmción que aun no·ha muerto.
Diez años más tarde aparece en el ambiente literariO' un gran novelista: AlbertO' Blest Gana .. En su Aritmética del Amor, publicada en IS60,brinda su recio .temple .dé crea'- doro Es el patriarca de la novela chilena y aun no ha sido
~.IU.no G .... DO M ... lo bUL, XIV, '965 superado. En sus novelas históric85 Martln Rivas "! DuraJ7tt6 la Reconquista, recoge con admirables dotes de narrador los episodios de la Independencia, saturándolos de un perf,nne que parece emanar de los naranjos de las vieja casonas san:
tiaguinas.
Benjamín Vicuña Mackenna, el historiador de las glorias cívicas, nos deja relatos interesantes., entre ellos el de la Quin- trala, historia de una vampiresa, cuyo proceso aun huele al azufre de las viejas leyendas del coloniaje.
La novela ,rel relato tienen como principales cultivadores a Vicente Groz, que en Marianita intenta otra María de Isaac; Brieba, con sus sabrosos folletines de la guerra eman- cipadora, Sanhueza Lisardi,. con sus estampas espafiolas, y por último en la etapa finisecular Luis Orrego Luco, autor de Idilio Nuevo, y Em;]io Rodríguez Mendoza.
Pero si la madurez intelectual de la nacion, derivada de un estadQ .de cultura bien logrado., daba en el segundo me- dio siglo un número copioso de prosistas "! poetas que me- recen recordación, puede asegurar!!6 que logro su cumbre en la consagración de 10s"esludiDs históricos. Podemos citar muchos poetas, pero no superan ellos con su estro a los líri- cos de Colombia y México; podemos setialar a ensayistas notables y a periodistas ilustres comó Manuel Blanco Criar- tin, los hermanos Arteaga Alemparte y. el ingenioso Pérez Rosales, que en sus Recuerdos deL Pasado colecciona las más coloridas estampas de una v.ida. aventurera, pero la proyec- ción continental de. estos autores n.o ensombrece a los Cuer- vo, -Alberdi, Mo~talvo y Sarmiento de otras repúblicas her- manas. Diríase que Clío es la' musa de los escritores chilenos.
La vida de la nación, estremecida por algunas guerras en el Pacífico, al correr del siglo, invita a la tlarración de las pro-
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pias epopeyas y al rastreo documental que las valoriza. Los hermanos Miguel Luis y Gregorio Víctor Amunátegui, el ya mencionado Vicuña Mackenna, arquetipo del escritor patrio- ta; Diego Barros Arana, Valdés Vergal·a, Gonzalo Bulnes, Sotomayor Valdés, Crescente Errázuriz y José,Toribio Me- dina, entre otros muchos, comprueban este asel·to. Chile hace historia y escribe historia, yen, tal capítulo alcanza un puesto sobresaliente en la cultura americana.
En el último decenio, después de la cruenta revolución de 1891, descuella un gran lírico. Es el fenómeno intelectual que se produce después de las grandes conmociones sociales.
Entre poetas menores no desdeiíables, surge Pedro Antonio González con el registro lírico de un maravilloso organista.
Voz grave, acento dramático, fuerza erótica,li.no y hondo panteísmo. Sus rimas y su popular poema El Monje cru- 7.8ron la linde del siglo, y aun sostienen su fama, dentro de una producción poética que tiene hoy figuras de relieve con- tinental.
Chile cuenta hoy con 'escritores de renombre en todos los géneros de la literatura. Ensayistas, novelistas y comediógra- ros, mantienen en la prosa el espÍl·itÍl nacional de una litera- tura autónoma, que no se aparta de la fuente tradicional, que acoge con mesura los influjos europeos, y que busca inspiración en las costumbres de su pueblo y en la raigam- bre de sus sentimientos. Así perpetúan, por camiqo de per- fección, la obra estimable de los maestros chilenos del pasa-
do
siglo.EDG,\RDO GARRIDO MERIlIO.