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El modelo de ciudad actual, la gentrificación y el riesgo

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El modelo de ciudad actual, la gentrificación y el riesgo.

Martha A. Olivares Díaz.Profesora Investigadora Universidad Autónoma de la Ciudad de México, [email protected]

Resumen.

Este trabajo aborda las consecuencias sociales y ambientales de la planeación urbana, en específico en la Ciudad de México cuyo territorio de origen rural- lacustre (ambiental y cultural) ha sido sobreexplotado, generado problemas de habitabilidad del espacio y ha colocado a sus habitantes en una condición de riesgo y vulnerabilidad.

Summary.

This work addresses the social and environmental consequences of urban planning, specifically in Mexico City whose territory of Lake origin (environmental and cultural) has been overexploited, generated problems of space habitability and has placed Its inhabitants in a condition of risk and vulnerability.

Introducción.

En el contexto actual, el modelo de desarrollo capitalista moderno ha sumido a la

población mundial en un impulso permanente y necesario por urbanizarse. Sin

embargo, la trama de la vida urbana y sus consecuencias, económicas, sociales y

ambientales son complejas. En este trabajo se pretende abordar el tema de cómo

la planeación urbana actual desde el negocio y no desde las necesidades sociales

o de reconocimiento de los territorios ambientales, ha traído consecuencias graves

para la habitabilidad de los espacios y ha colocado a sus habitantes en una

condición de riesgo y vulnerabilidad (en específico en la Ciudad de México)

vivienda, escasez o falta de servicios, hacinamiento, movilidad, crisis ambiental,

violencia, encarecimiento, segregación social. En la ciudad de México, cuyo

territorio lacustre se asienta la urbe, ha sido sobreexplotado y la extracción del

agua ha sido el factor que ha detonado y puesto en evidencia las debilidades que

existen en el suelo, pues el estrés hídrico del subsuelo se ha venido

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avanzando sobre suelo de conservación; dicho modelo urbano que en conjunto

forma un megaproyecto, sigue cambiando los usos de suelo, desecando los pocos

mantos acuíferos y cuerpos de agua que quedan, lo que ha ido provocando

cambios del paisaje y daños severos al ambiente, principalmente a los suelos,

apareciendo en la zona urbana desde el centro hasta el sur, hundimientos

diferenciales y desplazamientos del suelo que se traducen en grietas y socavones,

lo que finalmente se traduce en un riesgo para la habitabilidad urbana, en términos

de seguridad y sustentabilidad, pero también desde lo social y del derecho a la

ciudad.

Sobre el modelo urbano actual.

Con la globalización, la reorganización de los espacios de producción y

distribución ha tenido un movimiento en red que ha roto o bien ha desdibujado las

fronteras de lo urbano y lo rural. Lo que tradicionalmente se consideró como la

oposición campo-ciudad, tiene hoy en día un nuevo rol y nuevas funciones en el

entramado de las regiones donde se expresan y ejercen funciones específicas en

la jerarquía urbana global y su lógica de funcionamiento. Nos enfrentamos hoy a

un nuevo modelo urbano, no demográfico necesariamente, ni industrial, sino

articulado al mercado global y sus pautas.

La ciudad habitada por el espíritu moderno del capitalismo y de la sociedad

informacional y de mercado global, ha penetrado hasta tal punto en los espacios

rurales, que no es fácil percibir hoy diferencias en hábitos, actitudes y valores y

menos aún, en lo que se refiere a las estructuras y relaciones de producción.

Como respuesta, se han generado perspectivas teóricas y conceptos que han

tratado de acercarse y explicar estas situaciones como los conceptos rurbano,

periurbano, nueva ruralidad, espacios simbióticos, suburbanización entre otros,

que desde luego, resultan imprescindibles para explicar los cambios históricos y

estructurales que han caracterizado los procesos urbano-rurales. Ejemplos de lo

anterior son aquellas zonas rurales que permanecieron en la periferia de las

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las áreas metropolitanas rurales que son dormitorios de las personas que trabajan

en la metrópoli, pero que de alguna manera están conectadas a la red global.

Los efectos de este cambio de paradigma, son variados en cada región, pero lo

cierto es que los procesos de transformación estructural a partir de las

telecomunicaciones, apertura a mercados globales, los cambios en las

condiciones de empleo, la forma de organización del trabajo, y los cruces

culturales, son el común denominador de todas las ciudades en el mundo. (La

relación local-global) “el papel específico de las ciudades en el mundo de

urbanización generalizada, proponiendo la construcción de una relación dinámica y creativa entre lo local y lo global” (Boja y Castells, 1997: 12). Así, la

transformación de la estructura urbana de mayor visibilidad en la globalización, es

la conformación de las llamadas mega ciudades, como nodos de la economía

global y a la vez como espacios que obedecen a lógicas propias locales (

superposiciones de funciones, culturas, tiempos, espacios).

A la vez podemos decir que existen dos tendencias de urbanización que la

globalización ha provocado, primero un gran dinamismo productivo, la

urbanización formal y segundo un mecanismo de exclusión permanente que se

ubica en la urbanización informal:

..lo que la globalización produce específicamente es la aceleración de ese proceso continuo de reestructuración urbana, en función de demandas y objetivos cada vez más externos a la sociedad local. De modo que los centros urbanos van convirtiéndose en conectores globales, las ciudades centrales en espacios de reestructuración permanete y las periferias suburbanas en zonas de repliegue de los distintos grupos sociales y actividades económicas por segregación o delimitación espacial…los procesos de exclusión social más profundos se manifiestan en una dualidad intrametropolitana. ( Ibíd. Borja y Castells, p59 y 60).

Sobre la urbanización formal e informal.

Hemos visto que en los últimos años, el modelo de ciudad y de construcción del

espacio urbano se ha venido modificando en función de los intereses del capital

privado y que poco ha mirado a los actores locales y sus lógicas propias de

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a un proceso incesante de desarticulación social y territorial en aras de una

construcción urbana a partir de los intereses del capitalismo. Situación que ha

generado para los habitantes de los centros urbanos una serie de problemáticas

que se suman a las ya existentes, propias del fenómeno urbano como son:

vivienda, escasez o falta de servicios, hacinamiento, movilidad, crisis ambiental,

violencia, encarecimiento, segregación social. Es decir, además de la

urbanización permanente y tradicional propia del fenómeno urbano, por la

demanda de vivienda y servicios a la que se ve enfrentada la ciudad y la

permanente tensión sobre los pueblos y territorios considerados rurales y/o

periféricos, se ha venido orquestando en sintonía con el modelo capitalista actual

de despojo, el desarrollo de un modelo de ciudad negocio-consumo (la cyti

managger) en donde los llamados megaproyectos o urbanización del capital, un

negocio presente en prácticamente todo el territorio nacional, han ido creciendo

de manera exorbitante, empujando a la población local a ser usuaria y

consumidora, antes que ciudadana, por lo que podemos resumir que: la ciudad

hoy es un negocio para unos cuantos a costa de afectar la sobrevivencia de

comunidades enteras.

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de las ciudades es avasallante en comparación con otras formas sociales de

consumo de energía para la sobrevivencia, pues el metabolismo de las ciudades

va más allá de la satisfacción de necesidades reales y el consumo es

sobredimensionado. En el caso de la Ciudad de México la dinámica de

urbanización y las consecuencias ambientales sobre el territorio natural han

impactado de manera negativa hacia el deterioro y la insostenibilidad. Así, la

intensificación de la vida urbana, social y material, ha fomentado no sólo la

concentración poblacional por trabajo, sino también por el consumo, por ello la

vida urbana es mayoritariamente acaparadora de recursos, para la subsistencia y

para la opulencia, dichos recursos, en su mayoría no se producen en la ciudad y

que por lo tanto, explotan de manera irracional los recursos estratégicos que se

obtienen aun de los espacios periféricos de reserva urbana y sobre todo del medio

rural.

El proceso actual de urbanización se da de manera diseminada, es decir la

urbanización ha crecido desde muchos centros, dispersos por todos lados, la urbe

crece como modelo a seguir, hoy día algunas ciudades se han convertido en

metrópolis o megalópolis, o bien metapolis (Hiernaux 2003: 63) que refiere más

bien al crecimiento acelerado de las urbes y a la conformación de varios centros

cercanos y sus cruces, conexiones, redes, en las últimas décadas. Lo cual ha

tenido como resultado un traslape de los territorios y de los estilos de vida

urbanos/rurales, tornándolos difusos y difíciles de explicar. (lo que hace, por

supuesto difícil la planeación urbana y la gobernanza por la dispersión territorial y

la diversidad cultural). Las ciudades, entonces se convierten en espacios

estratégicos para la red urbana global, de mercado, de negocios, de inversiones y

de comunicaciones; por lo que el efecto ha sido una sistemática apropiación del

espacio por parte de empresas privadas, que han visto un negocio en las urbes

por su creciente concentración poblacional y como red interurbana global, violando

las legislaciones locales y el derecho a la ciudad, pues los gobiernos locales han

abandonado su papel legislador, por administradores de negocios, facilitando y

relegando al sector privado la planeación urbana y la gestión de los servicios

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En el caso específico de la Ciudad de México y su zona metropolitana, el

recogimiento de la zona rural, se fue dando por el inmoderado crecimiento de la

ciudad y el aumento de la población urbana, lo cual disparó los usos de suelo en

territorio de la Ciudad de México; de esta manera la permanente demanda para el

uso habitacional se dio casi al mismo tiempo que el proceso de expansión en este

territorio. La ciudad de México, al ser capital del país, inició un proceso de

expansión urbana importante, el proceso histórico de crecimiento y desarrollo de la

Ciudad de México que se inauguró en 1900, cuando todavía la ciudad estaba

rodeada por lagos, ríos y canales; ya para los años cuarenta inició a una nueva

etapa de desarrollo urbano, debido a la centralización político administrativa y al

amalgamamiento industrial que absorbió a muchos de los pueblos originarios y

con ello afectó a las zonas colindantes, hoy conocidas como parte de la zona

metropolitana. Este periodo se caracterizó por un crecimiento demográfico

combinado con una expansión urbana hacia las delegaciones periféricas, sobre

todo hacia el norte y oriente.

En los años cincuenta y sesenta, la Ciudad de México creció notablemente de

norte a sur. Obras importantes como la construcción de la ciudad universitaria y el

anillo periférico, la realización de conjuntos habitacionales promovidos por el

Estado (como la Unidad Independencia), indican que la acción pública jugó un

papel importante en ese crecimiento, para el cual utilizó frecuentemente terrenos

ejidales. También algunas promociones privadas siguieron a la obra pública, y

entre ellas es necesario mencionar la apertura de los pedregales como zona

residencial de altos ingresos. Por ejemplo, la zona del Ajusco se urbanizó en los

sesenta y setenta a través de nuevos asentamientos para vivienda hacia sectores

medios y populares, que comenzaron a poblar la zona poco a poco. (Neira Ojuela

1999).

Posteriormente, la urbanización avanzó hacia el sur de la ciudad y ha ido

generando en forma rápida un cambio del paisaje rural y un deterioro o pérdida de

las zonas de conservación a zonas urbanizadas. Hacia la década de 1980, la

Ciudad de México, era la entidad más poblada de la República Mexicana. En

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septiembre, buena parte de la población de las delegaciones más afectadas se fue

a residir a las delegaciones del sur de la Ciudad de México. Por ello, en 1990,

aunque la población en todo el territorio de la Ciudad, fue menor a la contabilizada

en el censo anterior, la mancha urbana ocupaba una superficie mayor,

incorporando las delegaciones rurales de Xochimilco, Tláhuac, Milpa Alta,

Cuajimalpa, Magdalena Contreras y Tlalpan.

Según el último censo de 2010, la Ciudad de México tenía 8,873,017 habitantes,

comparado con 1910 había 481 habitantes por km2. Es la segunda entidad más

poblada del país, la primera es el Estado de México con más de 15 millones de

habitantes. Ambas entidades concentran el 21.4% de la población total del país,

en donde existen más de 2,462,678 de viviendas, lo cual da cuenta de la demanda

por el espacio para uso urbano y del despojo gradual al que se seguirán

enfrentando los originarios. Así, la pérdida de la zona natural, los cambios

acelerados en el uso de suelo, ocasionados por el crecimiento urbano,, la

extracción del suelo, así como de minerales, la tala clandestina y los incendios

forestales constituyen los principales problemas en la zona rural que aun preserva

la ciudad y que representa 59% del territorio total de la Ciudad de México1. La urbanización desenfrenada está basada en ciertos cálculos que proyectan para

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2020 una población de más de 25 millones de habitantes para la Zona

Metropolitana de la Ciudad de México. Algunos estudios urbanos pronostican que

la forma de crecimiento de la ciudad para los próximos años será de urbanización

total, “En los municipios del sureste de la ciudad […] aumenta la probabilidad de urbanización cerca de las áreas urbanas y las vías de transporte” y se señala

además que en las predicciones más pesimistas “las áreas no urbanas de

Xochimilco y Tláhuac quedarían completamente urbanizadas. (Suarez y Delgado,

2007: 125).

El recogimiento de la zona rural, generada por el inmoderado crecimiento de la

ciudad y por el ahora mercado inmobiliario, van produciendo un territorio en

riesgo ambiental y social, por la insotenibilidad del modelo urbano, pues apesar de

la historia de urbanización creciente de la cuenca, ésta aún conserva una

importante zona de suelos de conservación que son vitales para cualquier

territorio, pues estas áreas posibilitan la renovación del aire y la recarga de

acuíferos, que son sinónimos de sustentabilidad y viabilidad de la vida misma.

Para dar un ejemplo al respecto y sí sumamos las precipitaciones pluviales

registradas en las delegaciones del sur de la ciudad como Xochimilco, Milpa Alta,

Tlalpan y Magdalena Contreras, se alcanza hasta los 650 mm al año,

lamentablemente esta agua en su mayoría, se pierde en los drenajes, por la falta

de sistemas de captación adecuados.

Además estos suelos de conservación corresponden a importantes los corredores

de la sierra Ajusco-Chichinautzin-Tláloc y la sierra de Santa Catarina. No obstante,

según la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT), el área

está amenazada permanentemente por el avance urbano; anualmente se pierden

en promedio 300 ha por usos del suelo incompatibles y 500 ha por deforestación,2 ( GDF, 2000: 187), en donde las principales amenazas del repliegue y deterioro

del suelo de conservación provienen de la presión de los desarrolladores

inmobiliarios y la presencia de asentamientos irregulares, así como las reformas al

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Art. 27 constitucional que facilitan la enajenación de la propiedad rural social al

capital inmobiliario.

En los últimos años, la ciudad de México ha experimentado una ola de intentos

por desarrollar esta clase de proyectos neoliberales a lo largo de su territorio, en

conjunto forman el megaproyecto de la, ciudad, estos proyectos de urbanización bajo el objetivo de lograr “el bienestar de la sociedad”, se justifican y potencian la

captación de inversiones y el desarrollo económico, por encima de los derechos y

las necesidades de sus habitantes. En la privatización de las ciudades los

gobiernos locales en aras de “garantizar servicios urbanos a la ciudadanía”, van

transfiriendo de apoco esas responsabilidades al sector privado, por lo que los

servicios se van privatizando poco a poco. Lo cual lejos de significar un desarrollo

para la población, se ha traducido en un negocio para los inversionistas, por

ejemplo, en la necesidad de vivienda, se ha creado todo un mercado como el

inmobiliario que lejos está de garantizar la vivienda como un derecho social,

aparecen el despojo, el arrinconamiento, la pérdida de áreas de conservación, la

gentrificación, este último como un fenómeno que conlleva a un proceso de

aburguesamiento una zona en decadencia, lo que a su vez implica el

desplazamiento de grupos sociales vulnerables o que sostienen modos de vida

diferentes a lo urbano (como pueblos o barrios originarios).

En la Ciudad de México la liberación y aplicación del Bando 2 y la Norma

26(2001-2007) fueron clave para la transformación del paisaje urbano, aunque la idea

original era reforzar la vivienda de interés social, su apertura a interés privado y a

toda la ciudad, ha generado un desequilibrio del uso del espacio en manos de

desarrolladores inmobiliarios, pues del 100% de viviendas construidas desde su

ejecución, sólo el 5% corresponde a viviendas de interés social. Para lograr esto,

se ha pretendido la reclasificación de zonas populares a residenciales, el rescate,

la mejora o la revitalización de espacios considerados abandonados, conocido y

conceptualizado como gentrificación, lo cual se explica como un proceso a través

del cual un barrio o colonia habitado por población de bajos ingresos, o con pocos

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quienes construyen nuevas viviendas de lujo y que son ocupadas por población

de clase media y alta, cambiando en su totalidad la dinámica y el paisaje del

territorio anterior. Este proceso se ha concebido como una de las principales

manifestaciones de la globalización, y como muestra de la transformación de la

ciudad industrial a la ciudad de servicios (McDonald, 2013:306-307). Condición

que ha generado para los habitantes de los centros urbanos una serie de

problemáticas que se suman a las ya existentes, propias del fenómeno urbano

como son: vivienda, escasez o falta de servicios, hacinamiento, movilidad, crisis

ambiental, violencia, encarecimiento, segregación social.

Todas estas situaciones han sido señaladas por los mismos pueblos, barrios y

colonias desplazadas por los nuevos desarrollos, pues representan un

desplazamiento de las identidades locales, así como un peligro tanto para el

ambiente como para la propia ciudadanía. Estas obras, se han intentado

establecer sin consulta alguna a los principales afectados y a pesar del evidente

rechazo a los proyectos, estos se imponen, las construcciones siguen avanzando,

para el año 2000 a 2015, en la Ciudad de México el número de viviendas

aumentó un 20 por ciento, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y

Geografía (INEGI 2010). Cuajimalpa (63 por ciento), Milpa Alta (58 por ciento),

Benito Juárez (37 por ciento) y Miguel Hidalgo (32 por ciento).Si bien esto

corresponde a un crecimiento poblacional en aumento y a una necesidad de

vivienda, lo cierto es que la urbanización más fuerte y la transformación del

paisaje urbano, se ha dado entorno al negocio inmobiliario y de centros

comerciales. Ejemplo claro es el centro histórico, el cual desde el 2001 con los

diversos programas de rehabilitación, desplazaron a barrios y comercios de bajos

recursos y fue ocupada por el comercio moderno global, otro caso son los

proyectos corporativos en Reforma, Santa Fe y Polanco. Generando una

polarización en el espacio urbano, pues su crecimiento actual, no significa

necesariamente un mayor desarrollo y bienestar social; los costos además de lo

impagables que son las propiedades construidas, han sido la sobreexplotación del

uso del suelo rural, su abandono, el hacinamiento, la pauperización, la movilidad

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vivienda, servicios y desplazamiento de población originaria. Hoy día 34 millones

de pobres residen en ciudades), Sumado a la insustentabilidad de los recursos

para garantizar la calidad de vida para sus habitantes, pues el modelo de consumo

en las ciudades produce efectos sobre las áreas rurales próximas, por la

extracción de recursos naturales, como agua, ocupación de suelos agrícolas y

zonas de reserva y también problemas relacionados al propio tejido urbano por la

creciente dispersión y segregación socio espacial por la privatización del espacio

público. Las circunstancias de la urbanización creciente para los diversos grupos

en las ciudades ha hecho que éstos se enfrenten a un sin fin de problemas, entre

los que destacan el constante acoso de compra o despojo de sus tierras por

compradores inmobiliarios, todo esto fomentado por las mismas políticas locales

de urbanización y usos de suelo. Este arrinconamiento y segregación es el otro

rostro de la ciudad (la excluida).

Lo anterior da muestra de que el espacio físico mundial se está transformando en

urbano, aunque cabe señalar que la urbanización para el caso de los países

pobres y las zonas pobres de esos países, la urbanización tiene distintos matices,

pues se lleva a cabo desde la informalidad y la precariedad. La urbanización

informal desde la periferias, ha sido un fenómeno recurrente y en avanzada para

el mundo y para el caso específico de América Latina, pues se sigue viendo al

modelo urbano como un espacio de desarrollo, los datos dan cuenta de ello, pues

más de la mitad de la población mundial vive en ciudades de más de 300mil

habitantes, cifra que ha ido en aumento pues se prevé que en el 2050 este

porcentaje alcance ya al 75% de la población mundial; según el Banco Mundial

cada día se añaden casi 180,000 personas a la población urbana, en donde

América latina es ya la región más urbanizada del planeta con un 80% y 460

millones de personas habitando en ciudades, lo cual no necesariamente es una

ventaja para las personas, pues se estima que hay casi mil millones de pobres en

el mundo, de estos, más de 750 millones viven en áreas urbanas marginales (

urbanización de los pobres) sin refugio adecuado ni servicios básicos, lo que

representa 1/3 de la población de países en desarrollo que vive en ciudades pero

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más de la mitad de la población mundial vive con menos de $2 al día). Según la

ONU, México se encuentra en el grupo de países que han experimentado un

acelerado proceso de urbanización. (México contribuye con el 32.6% de población

urbana a nivel global) En las últimas décadas las urbes latinoamericanas se han

caracterizado por la concentración de población en las principales zonas

metropolitanas, y por la transformación permanente del espacio físico que cada

día se torna más urbano, desde la informalidad y la poca o nula planeación

urbana.

Esta condición, ha venido generando problemáticas propias de la concentración

poblacional, como hacinamientos, desabasto de recursos estratégicos como el

agua, o bien disminuido condiciones de vida, en términos ambientales o sociales,

como mala calidad del aire o el incremento en la desigualdad social, pero sobre

todo la acentuación de la pobreza y precariedad, que pasan a veces invisibles en

espacios urbanos

Esto significa que mayor urbanización no necesariamente significa mejoras en las

condiciones de vida, para sustentar lo dicho y el caso de la Ciudad de México,

según el último estudio del Coneval3 (2015), los municipios urbanos del país concentran el mayor número de personas en situación de pobreza, el estudio

señala que en las zonas urbanas, consideradas aquellas con más de 2 mil 500

habitantes, viven 36.9 millones de personas en pobreza. 15 municipios urbanos

encabezan la lista: Ecatepec, Estado de México, con 786 mil 843 personas

pobres; la capital de Puebla, con 699 mil 16; e Iztapalapa, en la Ciudad de México,

con 665 mil 408, también incluye a las ciudades de León, Tijuana, Chimalhuacán,

Acapulco, Toluca, Ciudad Juárez, Nezahualcóyotl, Zapopan, Guadalajara,

Gustavo A. Madero, Naucalpan y Morelia

Este modelo urbano, promueve situaciones de pobreza y desigualdad causadas,

por la falta de desarrollos urbanos adecuados para vivienda, trabajo, servicios

básicos, movilidad, el desempleo, empleos de baja calidad, la migración, la

violencia y la inseguridad. Parte de este problema de precariedad, es la

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proliferación de asentamientos humanos irregulares, en zonas de riesgo como

barrancas, o rellenos, zonas reserva o producción como la zona chinampera, los

bosques etc. En la Ciudad de México, se tienen registrados 859 asentamientos

irregulares donde al menos viven 241 mil 853 familias.4

Otro de los problemas centrales de la urbe, es la escasez de agua,

paradójicamente lo que algún día fue un territorio rodeado de lagos y manantiales,

hoy debido a los impactos de la permanente extracción del agua, el entubamiento

de ríos y desecamiento de canales y pozos, hay una crisis de abastecimiento que

no se sustenta a nivel local, pues para atender la demanda de agua potable de la

ciudad de México se suministra un caudal promedio de 32 m3/s., de los cuales el

67% se obtiene de fuentes subterráneas: “ 55 por ciento del acuífero del valle de

México y 12 por ciento del Valle del Lerma, el cual se ubica en el Estado de México a 70

Km de la gran ciudad. En tanto que el caudal restante se obtiene de fuentes superficiales,

3 por ciento de manantiales ubicados en la zona surponiente de la ciudad y 30 por ciento

del sistema Cutzamala, el cual se encuentra en los estados de México y Michoacán, a una

distancia de 124 Km de la ciudad” ( Trasparencia medioambiente 2018) . Y aunque en la

ciudad se dan todavía precipitaciones pluviales importantes, la mayoría termina en

el drenaje, pues no existe un modelo de captación sustentable que mejore las

condiciones de agua en la ciudad. A la par y como consecuencia de este cambio

de paisaje de la cuenca a un paisaje de asfalto son los hundimientos, fracturas,

grietas y socavones, que han ido creciendo y evidenciándose, conforme avanza lo

urbano, por la sobreexplotación de mantos acuíferos y con fenómenos naturales

como el ultimo sismo del 19 de septiembre de 2017. La Ciudad de México

experimenta actualmente hundimientos de hasta 30 cm por año y en algunos sitios

tienen una velocidad de hundimiento de 40 centímetros por año, mientras en otros

el ritmo baja a 20 centímetros por año, en cuento a los agrietamientos, estos está

directamente relacionado con el hundimiento regional de la cuenca debido al

bombeo del agua de estratos del subsuelo. De acuerdo al mapa de CENAPRED

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2017 y elaborado posterior al sino de septiembre de 2017, se detectaron 12 sitios

con fracturas en el suelo en el territorio de la Ciudad con deformación crítica,

ubicados en diversas colonias de Iztapalapa, Iztacalco, Tláhuac, Cuauhtémoc,

Benito Juárez y Xochimilco. Las fracturas tienen una relación con las laderas

montañosas que circundan el territorio lacustre de la ciudad, como la Sierra de

Santa Catarina en Iztapalapa y la Sierra Chichinautzin en Xochimilco. En la zona

sur de Iztapalapa se tienen fracturas que estaban reportadas y que en el último

sismo se presentaron como desplazamientos verticales del suelo, de casi un

metro.

Así, de continuar con las dinámicas actuales de crecimiento urbano y los cambios

de usos del suelo, el patrimonio colectivo de los pueblos originarios del sur sobre

sus tierras sus recursos, así como el control jurídico y legal, corre el riesgo de

perderse definitivamente y volver a una ciudad más insustentable de lo que ya de

por sí lo es.

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- Trasparencia medioambiente 2018

Referencias

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