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A IGLESIA PARROQUIAL es de reducidas dimensiones,fiel reflejo de que Villanoño nunca fue aldea de crecida población. Sin embargo, y a pesar de la modestia de tamaño, es una construcción levantada en muy buena sillería caliza, a veces empleando bloques de considerable tamaño, que suelen ir colocados en la parte inferior de los muros. Consta de ábside semicircular, pres-biterio recto, una nave, con sacristía y baptisterio adosa-dos al lado norte, y torre elevánadosa-dose sobre los pies. En algún momento también moderno se adosaron tres con-trafuertes, dos en el ábside y otro en el encuentro del pres-biterio con el muro sur de la nave.
El ábside es muy austero y macizo, aunque sobre el testero se dispone una saetera, cubierta exteriormente por un contrafuerte, pero visible en el interior tras el V I L L A N O Ñ O
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635Sobre las planas orillas del río Brullés, a poco más de 2 km al sur de Villadiego, se asienta esta pequeña población, flanqueda al norte por su pequeña iglesia parroquial de San Julián y al sur por la imponente torre de los Marquina.
Cuando el día 18 de marzo de 1068 Sancho II restaura la sede de Oca, entre las posesio-nes con que la dota se cuenta in Uillanonno, una diuisa. Esta propiedad posiblemente es la que forma parte de una transacción llevada a cabo algunos años más tarde, ya con la sede episco-pal trasladada a Burgos, cuando en 1096 el obispo don Gómez, cede a Tello Díaz y a su mujer, Ozenda Fernández, una tierra en Villanoño, recibiendo a cambio dos heredades en Villadie-go y en Villanoño y veinte sueldos de plata. Por estas fechas, según Gonzalo Martínez Díez, el lugar estaría encuadrado en el alfoz de Treviño.
Pero la institución que debió poseer más bienes en el lugar sería el monasterio de San Juan de Burgos, que ya en 1157 recibe la mitad de la heredad que Gervasio Pérez tenía aquí. En 1178 es el rey Alfonso VIII quien da a ese monasterio varios bienes y derechos, entre los que se cuenta una serna, llamada Holga, que se ubica entre Villanoño y San Cristóbal de Villadie-go. Curiosamente, en 1192, el mismo monarca vuelve a entregar al mismo monasterio illam meam sernam que Volga nuncupatur, que iacet inter Villam Nuno et Sanctum Christoforum de Villadiego, lo que evidentemente parece reiterar la donación anterior. Además el cenobio burgalés tuvo también alguna casa, pues en 1274 doña María, esposa de Sancho Ruiz de Villegas, se compromete a mejorar las condiciones de la que los monjes les habían entregado en este lugar y a reinte-grarla cuando mueran ella y su marido.
A mediados del siglo XIVVillanoño era una behetría perteneciente a la merindad de
Villa-diego, que tenía por señores naturales a don Nuño de Vizcaya, a don Pedro de Haro, a los Villegas y a los Tovar. Cada vasallo entregaba a su señor correspondiente anualmente una gallina y seis maravedís, y todos juntos a Pedro Ruiz de Villegas, por privilegio real, dos car-gas de pan y 24 maravedís.
Iglesia de San Julián
VILLANOÑO
Vista desde el sureste
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V I L L A N O Ñ OPlanta
Alzado sur
Alzado este
retablo. El alero está compuesto por cornisa de listel y chaflán, sostenida por un conjunto de canecillos con diversas figuras humanas y animales, todas muy toscas, además de formas geométricas, como nacelas escalona-das o modillones de rollos, siguiendo en definitiva el mismo recurso decorativo que aparece en otros templos de la zona, de cronología muy tardía, como son Villegas o Villamorón.
El presbiterio, ligeramente más ancho y de igual altura, sigue el mismo sistema constructivo, también con macizos muros –aunque con una saetera en el sur que creemos pos-terior– y con alero donde se repiten las mismas formas decorativas.
La nave es también románica, si bien parece formar parte de otra fase constructiva, pues el alero es de morfo-logía bastante distinta y, aunque el tipo de sillería es igual al de la cabecera, las hiladas no se continúan. No obstan-te, esta última apreciación puede inducirnos a error ya que en el lado norte buena parte de los paramentos están cubiertos por las dependencias adosadas y en el sur existe un grueso contrafuerte moderno.
En la fachada norte el extremo oriental de la nave cuenta con un pequeño paramento retranqueado respecto al resto, pero siempre más ancho que el presbiterio. El único elemento destacable es el alero, con cornisa de nacela y 15 canecillos, algo más pequeños que los de la cabecera, de diferente factura pero igualmente toscos; los hay de nacela, con gruesas puntas de clavo, con bolas col-gantes de hojas, vegetales, con sogueado, uno con un cua-drúpedo y al menos dos con cabezas humanas.
El muro sur –como el norte– carece por completo de ventanas, y en el centro destaca la sencilla portada, ubi-cada sobre un somero cuerpo avanzado cuyo tejaroz coincide con la cornisa de la nave. La portada se limita a un simple arco de medio punto doblado, con cham-brana de nacela, apoyando en dobles pilastras con im-postas igualmente naceladas. Por lo que respecta al alero, la cornisa es cuadrangular y los canecillos son todos de nacela con las aristas achaflanadas, un tipo de pieza que suele aparecer en templos muy tardíos, como ocurre en Villamorón.
La fachada occidental está presidida por un ventanal que da luz al interior de la nave, formado por arco dobla-do, que quiere ser ligeramente apuntado. Sobre el hastial se elevaba una espadaña coetánea, con dos troneras, aun-que en tiempos muy recientes fue convertida en torre, per-diendo entonces el más que probable remate en piñón. En esta fachada, junto a la esquina norte, se aprecia clara-mente un encuentro quebrado de las hiladas, que posible-mente haya que interpretar como el punto donde cerraba la obra durante su construcción.
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V I L L A N O Ñ OInterior Portada
En el interior buena parte de los paramentos están revocados y la nave se halla cubierta además por un cielo raso. Por lo que respecta a la cabecera, los muros muestran su sillería, aunque las bóvedas se hallan igual-mente revocadas, como también lo está el arco triunfal. A media altura el hemiciclo está recorrido por una imposta de billetes, con decoración sogueada en las es-quinas. Sobre ella se dispone un ventanal, presidiendo el testero y visible tras el retablo barroco, con saetera enmarcada por arco de medio punto, abocinado y con arista recorrida por un bocel, conservando en su entor-no, en todo el espacio que cubre el retablo, un revoco con despiece de sillería. El muro del hemiciclo remata en su parte superior en una cenefa de aspas a bisel, sobre la que se dispone otra imposta como la inferior, que soporta ya a la bóveda de horno.
El presbiterio comparte con el ábside impostas y cenefa de aspas, abriéndose al norte la puerta de la sacristía y al sur la ventana que creemos posterior. A media altura, en ambos muros, aparecen sendas inscripciones con la leyenda OPERA
FABRICE, sin duda de cronología posmedieval. La bóveda es
de cañón.
El arco triunfal, de medio punto, apoya en semicolum-nas sobre podio de aristas aboceladas. Las basas se com-ponen de plinto y dos toros con una escocia central, y los capiteles muestran una talla muy rudimentaria, caracteri-zados por la presencia de aspas en bisel, pequeñas cabeci-tas, muy rudimentarias, y esquinas sogueadas. Los cima-cios, de billetes, se derraman formando impostas en el frente de la nave.
Tras este recorrido por el edificio podemos concluir que la iglesia de San Julián debió ser levantada en dos momentos, uno en el que se edificó el conjunto de la cabe-cera, y otro en que se completó con la nave y espadaña. Seguramente al mismo momento de la fase constructiva de la nave pertenecen los canzorros que se disponen a media altura de sus tres fachadas, y que indicarían la existencia de un pórtico que rodeaba por completo dicha nave. En todo caso podemos hablar de dos fases casi contiguas en el tiem-po pues las diferencias constructivas no son sustanciales.
Un hecho muy significativo es que aparentemente estamos ante un edificio en la línea más clásica de la construcción románica, pero sin embargo creemos que su datación debe incluirse ya dentro del siglo XIIIy que el arcaísmo que
refle-ja la arquitectura no es más que otra manifestación de lo enraizados que están los tradicionales sistemas constructi-vos en los núcleos más pequeños y ruralizados.
Contrasta la habilidad de los mazoneros con la nula habilidad de los escultores, cuyos capiteles o canecillos son un ejemplo de rusticidad evidente. Más aún, es muy posi-ble que no trabajaran aquí escultores sino que las tallas fue-ran asumidas por los mismos encargados de trazar los silla-res. Así se explica también la presencia de unos elementos que en principio pueden hacer pensar en fechas muy anti-guas, casi con vinculación prerrománica, como son soguea-dos y biseles, lo que no evidencia otra cosa que una total falta de habilidad para la escultura de sus artífices, como se aprecia claramente en las cabecitas que portan.
Entre el mobiliario, siempre posterior a la fase románi-ca, cabe destacar un Cristo gótico, el coro con cabezuelas mudéjares, y una imagen de San Norberto, seguramente procedente del desamortizado monasterio premonstraten-se que hubo en Villahizán de Treviño.
Texto y fotos: JNG - Planos MMB
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