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rtículos
BREVE HISTORIA DE LAS RELACIONES
ENTRE LA LENGUA Y LA REDACCIÓN
PERIODÍSTICA
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ERNANDOL
ÓPEZP
ANProfesor de Redacción Periodística
Facultad de Comunicación. Universidad de Navarra
Desde los inicios de la enseñanza del Periodismo en España, las cuestiones relacio-nadas con la Lengua han formado parte de los diferentes y sucesivos planes de estudio. Pero eso no significa que la Lengua se haya enseña-do bajo ese nombre ni que con su irrupción en los currícula académicos haya asumido en exclusiva todos sus elementos propios. Sobre todo al comienzo, pero también ahora, la
Redacción Periodísticaha participado en la ense-ñanza de contenidos específicos de las asigna-turas de Lengua. En este artículo, por un lado, se describen los diversos modos en que han aparecido –y aparecen– aspectos característi-cos de la Lengua en los planes de formación de los periodistas; por otro, se aborda la pecu-liar interdisciplinariedad –desigual, cierta-mente– entre dos materias definitivamente presentes en los vigentes planes de estudio: la
Lenguay la Redacción Periodística.
Tres observaciones previas. Primera: por razones de extensión, el artículo no es un estu-dio sistemático, exhaustivo y minucioso de las relaciones entre la Lengua y la Redacción Periodística: se trata más de un esbozo, de un recorrido histórico impresionista, y de apuntar a una necesaria interdisciplinariedad. Segun-da: el ámbito académico del autor es el de la
Redacción Periodística, de ahí el desequilibrio en el tratamiento de ambas disciplinas. Tercera: la naturaleza de la revista académica en la que se
publica el artículo parecía aconsejar enrique-cer el texto con algunas claves de la evolución de los estudios de Periodismo en España: en parte, esta es la razón del desequilibrio men-cionado.
1) CONTENIDOS PROPIOS DE LA LENGUA EN LOS ESCUELAS DE PERIODISMO
El Periodismo en España llega a la universi-dad en el curso 1971/1972 de la mano de la Ley General de Educación aprobada en 1970. Con ese desembarco en la universidad, con-cluía un período (Vigil y Vázquez, 1987, 22 –30) de la enseñanza del Periodismo en nues-tro país, que se había iniciado en 1926 con el “Cursillo de Redacción” impartido por Manuel Graña en la biblioteca del diario El
Debate y con el “Primer curso de Periodismo”
con el que se inauguró la Escuela de Periodismo vinculada a ese periódico madrile-ño.
Como es lógico, el nuevo estatuto universi-tario obligó a la transformación de los planes de estudio de las escuelas de Periodismo, tanto la Oficial como las de la Iglesia con sede en Madrid y Barcelona, y del Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra. Núñez Ladevéze (2002) agrupa las materias de los nuevos planes de estudio de las recién cre-adas facultades en dos grupos:
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• enseñanzas complementarias: Lengua, Historia, etc.)
• enseñanzas específicas. Entre ellas, – la Teoría de la información y de la
comu-nicacióny la Estructura de la información, a las que sitúa entre la psicología social y la sociología;
– el Derecho de la informacióny la Empresa
informativa, que –desgajadas del
Derecho administrativo y de la organi-zación de empresas, respectivamen-te–, aportan conocimientos sobre el contexto de la actividad periodística; – la Redacción periodística y el Periodismo
especializado, que abarcan la enseñanza de las destrezas profesionales y el “tra-tamiento de diversas materias difícil-mente sistematizables” (86).
En síntesis1, quedarían cuatro núcleos de
asignaturas: las humanísticas y sociales, los que aportan el conocimiento del contexto en el que se ejerce el periodismo, las que propor-cionan los conocimientos teóricos más abs-tractos sobre la comunicación y las que prepa-ran para las destrezas prácticas. Estas últimas son el embrión de una disciplina universitaria específica denominada, por algunos,
Periodística–se volverá a ella más adelante–, en la que confluyen una serie de vertientes aca-démicas entre las que ocupa un protagonismo indudable la Redacción Periodística, una discipli-na que Núñez Ladevéze define como un “híbrido de la lengua y la práctica periodística” (2002, 86).
Ahora bien, ni la Redacción Periodísticani el carácter nuclear que se le atribuye en la ense-ñanza del Periodismo ni la dimensión híbrida mencionada suponían una novedad dentro de la tradición de la enseñanza del Periodismo: al contrario, al configurar las materias universita-rias de una nueva carrera simplemente se reco-nocía una realidad presente ininterrumpida-mente durante los 46 años previos –desde el nacimiento de la escuela de El Debate–, e inclu-so antes, si no tenemos en cuenta la
termino-logía y nos remontamos a las preceptivas lite-rarias.
Efectivamente, como han demostrado Casasús (1991) y Salaverría (1997), las precep-tivas literarias del siglo XIXrecogen las
prime-ras reflexiones sobre la naturaleza de los textos periodísticos y algunos consejos sobre cómo escribirlos. No hay duda de que esas precepti-vas fueron los precedentes inmediatos de los tratados de periodismo que empiezan a publi-carse en los primeros años del siglo XX.
Lógicamente, frente al interés exclusivo por la escritura tan propio de las preceptivas, esos tratados de periodismo prestan atención a otros factores de la profesión, y, en este senti-do, amplían el estrecho margen redaccional. Pero este nunca se abandona.
Manuel Graña, uno de los pioneros y el que trajo a España la escritura en pirámide inverti-da inventainverti-da por los estadounidenses, resulta significativo a este respecto. Ciertamente, entroncando con los primeros tratados de periodismo, subraya que la redacción no es más que una parte de las ramas de la enseñan-za del Periodismo, junto con el reportaje –entendido como reporterismo o búsqueda de noticias– y la interpretación. Pero, al tiempo que escribe: “Para muchos, esto (la redacción) constituye principalmente el periodismo y lo digno de estudio; por lo que vamos diciendo se verá cuán equivocado es dicho criterio, lo cual explica tantas ilusiones frustradas, tantos fracasos económicos, tantas decepciones para el público” (1930, 43), diseña un plan de estu-dios para la Escuela del Periodismo de El Debatecon un primer curso de Redacción arti-culado en dos bloques:
– Elementos de Lengua castellana (nocio-nes gramaticales básicas) que justifica así: “El periodista, y entendemos por perio-dista el que debe escribir lo que sea en el periódico, debe refrescar las olvidadas nociones, interpretarlas ampliamente en su sentido normativo y empezar por ahí su clase de redacción” (GRAÑA, 1930, 65).
– Elementos de composición (estilo y for-mas retóricas de la composición: descrip-ción, narradescrip-ción, exposidescrip-ción, argumenta-ción, persuasión…). Ambos temarios presentan contenidos propios de una
1Esas líneas maestras no se apartaron mucho de las que
guiaban la idea que se tenía de la enseñanza del periodismo desde la escuela de El Debatehasta la Oficial.
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materia como Lengua, con alguna refe-rencia a lo propiamente periodístico. Pero este se reserva para el segundo curso denominado, en perfecta continui-dad con el anterior, Curso de Redacción Periodística (133), donde desarrolla cues-tiones de reporterismo junto a las indica-ciones específicas sobre la escritura periodística.
Pero no fue Graña el único en concebir una materia periodística atenta a los conteni-dos de Lengua. También lo hizo Nicolás González Ruiz, otro de los pioneros, en su libro publicado en 1940 Normas generales de redacción: curso práctico en el que se introducen algunas orientaciones sobre redacción periodística. El propio gonzález Ruiz recogerá gran parte de los contenidos de ese libro en un capítulo de un clásico tratado de periodismo colectivo del que fue editor: Periodismo. Teoría y práctica
(1953). En ambos libros insiste en la impor-tancia de la corrección gramatical. Años más tarde, en 1967, Martín Vivaldi, profesor de la escuela Oficial de Periodismo, publicó un
Curso de Redacción, en el que junto a las habi-tuales cuestiones de gramática y composición aparecen algunos temas sobre la escritura de determinados textos periodísticos.
Se advierte en este rápido recorrido que, la todavía en germen Redacción Periodística
empieza a fraguar como ese combinado de práctica profesional y lengua, en el que adquieren relevancia las explicaciones sobre asuntos de composición y, en particular, la escritura de textos propios de los periódicos, que, en un futuro, Martínez Albertos propon-drá amparar bajo el más preciso nombre de géneros periodísticos (1959). Dicho sea de paso, no incluirá todos los textos publicados en un periódico entre los periodísticos: dejará muy claro que no todo lo que se escribe en un periódico es periodístico (aunque, como es lógico, debe respetar las condiciones del medio).
Hasta cierto punto, el ámbito de la
Redacción Periodística iba asumiendo los conte-nidos de la lengua que se consideraban rele-vantes. Tan es así que en el primer cuadro de asignaturas –1942– de la Escuela Oficial de Periodismo, que aunaba materias humanísti-cas y otras directamente orientadas al ejercicio
de la profesión –Información y reportajes, Titulación y confección y Tipografía (Vigil y Váquez, 1987, 104)–, no aparece ninguna asig-natura denominada Lengua: la más cercana es
Redacción literaria. En el plan de estudios de 1957, hay una Redacciónobligatoria, englobada en la categoría de seminarios junto con asig-naturas específicas de escritura periodística. Tampoco Lengua aparece como asignatura en el plan de 1962 (aunque podría ampararse en la llamada Elocución y arte de lectura). Por fin, en el de 1966 aparece Gramática, Historia y estructura del castellano. Por su parte, el plan de estudios del Instituto de Periodismo del Estudio General de Navarra creado en 1957 no incluye ninguna asignatura de Lengua
aunque sí una Literatura contemporánea. Este rápido repaso a los planes de estudio desde la Escuela del Periodismo de El Debate
hasta las facultades universitarias apunta a que durante mucho tiempo –desde la primera escuela hasta el plan de estudios de 1967– la
Redacción Periodística asumió la enseñanza de las cuestiones básicas de Lengua. Y, sólo a par-tir de 1967, y, especialmente con el paso a la universidad, la Redacción Periodística adquiere contenidos propios y exclusivos, y las asignatu-ras de Lengua los más característicos de su ámbito.
2) CONTENIDOS PROPIOS DE LA LENGUA EN LA
UNIVERSIDAD
Ya en la universidad, en las tres facultades pioneras sí aparecen asignaturas específicas de lengua o lenguaje. Así, el plan de la Complutense ofrecía Introducción a la teoría y estilo del lenguaje, que, junto a Literatura
españo-la contemporánea y Literatura Universal
Contemporánea, conforman las asignaturas del departamento de Lengua y literatura de la Facultad de Ciencias de la Información. Por su parte, la Universidad Autónoma de Barcelona contaba con Teoría y estructura del lenguaje (en castellano o catalán), y una Lengua y Literatura catalana. Por último, Navarra, paradójicamen-te, no presentaba en su plan oficial, aprobado por el Ministerio, ninguna asignatura específi-ca de Redacción Periodística –hasta cuatro se impartían en Bellaterra y tres en Madrid–; y daba una preeminencia clara a la Lengua, al incluir Lengua I: fonética, fonología, y
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sintaxis; Lengua II: lexicología y lexicografía, semántica y pragmática y lenguajes periodísti-cos y Lengua III. (De todos modos, la realidad era que Lengua III amparaba Géneros
Periodísticos informativos e Historia del
Periodismo Español, Géneros periodísticos inter-pretativos. La cuarta de las Facultades, la de Lejona (1983) ofrecía en su plan Teoría y estruc-tura de la lengua castellana(y la correspondien-te vasca).
Con la salvedad, sólo en los papeles, de Navarra, se puede concluir que desde los ini-cios universitarios de los estudios de Periodismo, los planes de estudio presentan dos disciplinas nítidamente separadas y que la
Redacción Periodística –la más incipiente en
tanto que universitaria– empieza a depurar su identidad. De todos modos, a pesar de esa identidad creciente, los académicos del área siguen pendientes hoy en día de las cuestiones normativas de la Lengua. Basta con revisar algunos manuales para advertir que, con más o menos extensión, casi todos abordan esas nor-mas y se preocupan por el uso de la lengua en el periodismo. Los profesores de Redacción
Periodística sienten como una obligación
docente atender esas indicaciones ya que las habilidades expresivas son de capital impor-tancia para los periodistas (aunque sin duda, en eso influyen las llamadas de atención de los propios lingüistas). Veamos algunos ejemplos. – El primer catedrático del área, Martínez Albertos, en su libro El lenguaje periodísti-co (1989), titula el capítulo 2 así: El uso de la lengua en la comunicación perio-dística: aspectos culturales, políticos y sociales (31-57). También la parte tercera de El ocaso del Periodismo(1997) lleva por título El lenguaje en Periodismo, donde (263–340) aborda cuestiones como el neologismo, los rasgos del lenguaje del periodismo deportivo, la deseable correc-ción académica…)
– Núñez Ladevéze, el segundo de los cate-dráticos, aborda las cuestiones gramatica-les y lingüísticas en casi todos sus libros. Baste con mencionar Estilos y géneros perio-dísticos (1991) e Introducción al Periodismo
(1999), cuya segunda parte (127-199) titula: Usos y abusos en la redacción del texto periodístico (y se detiene en
asun-tos como la clasificación de las palabras, el uso de palabras no léxicas, el léxico, el predicado de la oración y el uso y abuso del estilo nominal)
– Diezhandino titula el capítulo 6 de su libro El quehacer informativo (1994) con este rótulo: Periodismo y lenguaje (149–178); y aborda en él los usos del lenguaje periodístico, algunos errores, etc.
– De Pablos Coello, concibe Errores del texto periodístico. Análisis y recomendaciones sobre léxico, primera materia prima del texto
infor-mativo (1997), como un instrumento
para mejorar el uso que hacen del len-guaje los periodistas. “Este libro –escri-be– trata de ofrecer algunas explicacio-nes sobre los problemas que tal vez sean los más llamativos, los que están degene-rando más el lenguaje de los periodistas de la prensa española” (16).
– Una las tres partes del libro Lecciones de reporterismo (2000), la escrita por Del Hoyo (las otras dos las firman Bezunartea y Domínguez), se dedica al uso de la
Lengua en el periodismo: ortografía, gra-mática, sintaxis, léxico…
– El periodista Alex Grijelmo, siempre pre-ocupado por el castellano, dedica varios epígrafes de su libro El estilo del periodista
(1997) a la gramática y la sintaxis, la pun-tuación, los acentos, los neologismos, los eufemismos, etc.
Por cierto que esa preocupación por el idio-ma no es exclusiva de España; también se apre-cia en los manuales de periodismo estadouni-denses que, con frecuencia, incluyen algunas páginas dedicadas a las cuestiones gramatica-les. Sirva de ilustración dos de los libros del lla-mado Missouri Group:
– Brooks, B. S., Kennedy, G., Moen, D. R. y Ranly, D. (1992): News Reporting and Writing ( New York: St. Martin`s Press): presenta un apéndice con indicaciones sobre uso de mayúsculas, abreviaturas, acrónimos, signos de puntuación, uso de los numerales, y cuestiones de escritura y uso de palabras (519– 571)
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(1993): Beyond the Inverted Pyramid. Effective Writing for Newspapers, Magazies and Specialized Publicactions ( New York: St. Martin`s Press) son dos los apéndices: uno sobre gramática (223–250) y otro sobre cuestiones básicas de semántica (251–267).
De todos modos, conviene recordar que los contenidos de lengua normativa no son los más importantes. Aquí, como en EE.UU., los autores –profesores con experiencia más o menos larga en el ejercicio del periodismo– tratan de transmitir las destrezas profesionales básicas2; y estas –aunque no sólo ellas –han ido
configurando lo que algunos defienden como una disciplina universitaria que tiene como objeto el Periodismo como actividad. En con-creto, ya en 1988 Casasús propuso denominar
Periodísticaa la disciplina académica que hasta entonces –y todavía hoy en algunos ámbitos– se había acogido bajo el nombre de Redacción Periodística. A su juicio, ésta había madurado –ampliando su ámbito y su elenco de herra-mientas metodológicas– hasta el punto de que se hacía necesario bautizarla de nuevo para expresar su contenido con más precisión. La sugerencia de Casasús fue bien recibida y acep-tada por algunos académicos3entre los que se
cuenta el autor de este artículo, quien ya ha desarrollado en algunos congresos (2004 a y b) sus propuestas sobre la naturaleza, el objeto
y el método de esa disciplina. En lo que sigue, se sintetizan las líneas maestras de la
Periodísticaen función del segundo objetivo de este artículo: las vinculaciones de ésta con la lingüística por la vía de los métodos de estu-dio.
3) LENGUA Y PERIODÍSTICA: LA NECESARIA INTER
-DISCIPLINARIEDAD
A los efectos de este artículo, se entiende por Periodística a la disciplina que estudia el Periodismo (1) como actividad práctica que se sirve de una variedad de soportes, tradiciona-les unos (prensa, radio y televisión), más recientes otros (Internet); y lo estudia (2) desde sí mismo, como tal actividad, no como elemento del sistema social (que lo es) ni como elemento de relevancia lingüística (que también lo es), etc. Dicho de otro modo, se trata de la disciplina que aborda desde una perspectiva teórica y especulativa –pero tam-bién práctica– las cuestiones implicadas en el ejercicio de la profesión periodística: cómo se realiza esa actividad, cómo debería realizarse, cuáles son sus efectos personales y sociales, etc. (Cfr. Muñoz Torres: 2001, 173).
Dado su carácter incipiente,no tiene senti-do hablar de disciplinas subordinadas, pero, adaptando, matizando y ampliando a Casasús (1989 y 1991), sí cabe señalar cuatro líneas de investigación –ni únicas ni excluyentes entre sí– que pueden considerarse representativas de la Periodística, y que permitirán señalar una nueva conexión entre ésta y la lengua/lin-güística.
a)La teoría y la práctica del periodismo. Aparte de las reflexiones sobre la propia actividad, incluye el estudio de los acontecimientos y de las fuentes (el newsmaking y el newsgathering
anglosajón), y la descripción de los modelos editoriales. También aquí encajaría buena parte de las reflexiones de la deontología periodística: los estudiosos de la ética profesio-nal necesariamente se preguntan sobre el periodismo como tal; entre otras cosas, porque cualquier juicio sobre sus funciones y sus pro-cederes se asienta sobre una determinada noción de Periodismo, ya sea implícita o explí-cita. Y también, como lo demuestran los manuales –tanto los españoles de la
tradicio-2Aunque sea algo marginal, parece oportuno aportar algún
contexto más. Contrariamente a los manuales estadounidenses, los españoles se centran fundamentalmente en cuestiones de redacción y géneros, y apenas prestan atención al reporterismo, asunto clave en los manuales al otro lado del Atlántico, en los que ocupa un lugar canónico la explicación de las herramientas del reportero, en especial la observación –se llega a definir al periodista como un observador profesional– y la entrevista entendida no como género, sino como una técnica de reporte-rismo imprescindible. Tampoco los manuales españoles de los que se habla aquí recogen en sus páginas algo muy propio de los estadounidenses: los relatos de experiencias profesionales, tanto propias del autor como de otros profesionales. Los estadouni-denses se conciben como manuales introductorios a una activi-dad práctica, que tiene mucho de oficio, por eso sus autores no se resisten a proporcionar lo que podríamos denominar simul-táneamente un sucedáneo/aperitivo de experiencia profesio-nal. Este recurso apunta hacia la naturaleza práctico–prudencial del hacer periodístico.
3 Por ejemplo, ha sido favorablemente comentado por
Borrat y adoptado por la Sociedad Española de Periodística y la revista que edita: Estudios de Periodística. Por su parte, Jones (1999), en una revisión del estado de la investigación en comu-nicación en nuestro país, la consideraba como una de las cate-gorías en las que agrupar las publicaciones.
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nal Redacción Periodística como los anglosajo-nes–, los que enseñan las destrezas profesiona-les (expresivas y de reporterismo) se las han de ver con las cuestiones éticas que plantea el desempeño profesional.
b)Teoría y práctica de los textos periodísticos. El texto se entiende aquí en un sentido amplio, como noción semiótica, y por supuesto, abarca todos los textos periodísticos, ya sean escritos o audiovisuales. Esta línea incluye la crítica de textos y las investigaciones sobre los estilos (también su evolución) y los lenguajes de los distintos medios radiofónico, televisivo y escri-to (que abraza los aspecescri-tos de diseño e info-grafía) y los estudios sobre los géneros perio-dísticos (y su evolución). No cabe duda de que tanto la teoría como la práctica de los géneros –en la medida en la que han ocupado la cen-tralidad de la RP, de la que deriva en buena medida la Periodística que aquí se propone– han dado pie a la producción bibliográfica más fecunda del área.
c) Historia de la Periodística (Casasús, 1991: 75): como disciplina desde los orígenes en las escuelas de periodismo hasta hoy, pasando por su incorporación a la universidad. Abarcaría la investigación sobre los tratadistas del Periodismo, las reflexiones sobre la propia dis-ciplina y las oportunas cuestiones epistemoló-gicas. En buena medida el presente artículo encaja en esta línea.
d) Relaciones entre Periodismo y literatura
(Chillón, 1989 y 1999), con especial atención al fenómeno del Periodismo literario. Y en rela-ción con esta línea, aunque independiente (grandes periodistas y periodistas literarios no son ni mucho menos sinónimos), se podría mencionar el estudio de grandes periodistas.
Pues bien –y esto es lo más relevante en el contexto de este artículo–, para que la
Periodísticadespliegue toda su tarea reflexiva y vaya más allá de la mera descripción de des-trezas profesionales, debe acudir a otras disci-plinas (cfr. Chillón, 1999: 429). Algunas serán para ella como la investigación básica y otras –muy similares por sus objetos de estudio– le servirán como modelo de aplicación de aque-lla investigación básica.
Las que sirven de modelo, que el autor de este texto sugiere llamar disciplinas paralelas,
son la Literatura y la Historiografía. Periodismo, Historia y Literatura (en su faceta narrativa) son tres actividades profesionales muy similares, especialmente las dos primeras. La reflexión teórica sobre las tres actividades implica estar plenamente al tanto de la prácti-ca profesional y en sintonía con tres ámbitos disciplinares que constituyen una especie de investigación básica para esa reflexión: Sociología, Filosofía y Lingüística; y todas sus ramificaciones y entrecruzamientos. La refle-xión sobre esas actividades –de gran relevan-cia práctica para la Historia y el Periodismo, y menos para la Literatura– da lugar a la Literatura como ciencia, a la Historiografía y a la Periodística. La primera disciplina lleva una indudable ventaja a la segunda, hasta el punto de que muchas de las corrientes que surgen en el ámbito de la teoría y la crítica literaria se trasladan posteriormente a la Historiografía. A la zaga de ambas avanza tímidamente la Periodística.
Entre las que se podrían llamar disciplinas básicasde la Periodística, junto a la Sociología y a la Filosofía (Teoría del conocimiento, Antropología, Ética…), adquiere un especial relieve la Lingüística, como bien ha demostra-do Núñez Ladevéze, el catedrático de Periodismo que más se ha servido de ella, hasta tal punto que en sus investigaciones se van alternando estudios específicos de distin-tas áreas de esa disciplina (1991a y 1993) con otros sobre Periodismo (1991b y c). En sinto-nía con Núñez Ladevéze, se encuentra Burguet (1997), quien realiza una tarea en parte divulgadora de las explicaciones del pro-fesor madrileño y en parte complementaria y enriquecedora. La lista es más extensa, pero me limitaré a citar a dos autores más: Vidal (1998) y Martínez Vallvey (1995).
En este contexto de relaciones con otras áreas académicas, se entiende que el estudio de la actividad periodística ha de ser un punto de encuentro entre los investigadores del periodismo y los de otras disciplinas, y en este caso, la lingüística. Los primeros deben apro-piarse del instrumental de análisis que esas otras disciplinas han desarrollado; y los segun-dos, acercarse con su instrumental a la reali-dad del periodismo para tratar de compren-derlo.
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Los estudiosos del Periodismo no deberían ver en esas relaciones un peligro para la auto-nomía que caracteriza cualquier disciplina académica, y que nunca –y menos en la actua-lidad– está reñida con su carácter interdiscipli-nar. No hay duda de que acentuar con plena conciencia ese encuentro traería frutos abun-dantes. Ahora bien, ese enriquecimiento de la
interdisciplinariedad exige una apertura por
ambas partes. Por un lado, que los estudiosos del periodismo se zambullan en la lingüística; pero que también los expertos en esas otras áreas que quieran contribuir al estudio del Periodismo vuelquen su saber sobre los pro-ductos periodísticos, y así hagan aportaciones al conocimiento del hacer periodístico (y no sólo a sus respectivas áreas) y atendibles por los estudiosos de la Periodística. De ahí surgiría una relación muy fructífera, como han demos-trado, entre muchos otros4 y como pura
ilus-tración, Casado (1985a y b, 1990a y b), Antonio Vilarnovo (1988, 1989 y 1992), López García (1996) y un nutrido grupo de estudio-sos que han prestado especial atención al dis-curso referido: Reyes (1982), Rivarola y Reisz de Rivarola (1984), Bruña (1993) y Méndez García de Paredes (1999 y 2000).
Como es obvio, cualquier disciplina univer-sitaria5es una creación cultural e histórica, lo
que quiere decir que ni ha existido siempre ni, una vez que se instala en el mundo intelectual, queda definitivamente configurada. Y también significa que su aparición en el escenario aca-démico no suele ser brusca, sino más bien tímida, muchas veces huérfana de nombre o con nombres tentativos y sin contornos defini-dos. En este sentido, la Periodísticaes una disci-plina emergente (Borrat, 2002: 56) –todavía
en proceso de configuración, como lo demuestra la ausencia de una denominación compartida y de un acuerdo generalizado entre los estudiosos acerca de su estatuto epis-temológico (objeto, naturaleza, ámbitos…)6–
cuyo impulso inicial fue la incorporación de los estudios de periodismo a la universidad española en el curso 1971/1972, y muy espe-cialmente la carta de naturaleza universitaria que recibió la tradicional Redacción Periodística. Hasta cierto punto, al acoger esos estudios en sede universitaria, se crearon las condiciones para el nacimiento de una disciplina que, aún hoy en día, está en proceso de crecimiento, y cuya evolución está en manos de los investiga-dores que la cultivan explícita o implícitamen-te, y contribuyen a su consolidación.
Pero el acervo de la nueva disciplina no sólo debe nutrirse de la investigación realizada por quienes se mueven en su entorno; sino también por estudiosos de otras áreas. Para que un trabajo pertenezca al ámbito de la
Periodística no es necesario ni, desde luego, suficiente con que sea realizado por académi-cos de esa área. Por otro lado, también los estudiosos del Periodismo pueden realizar estudios que tengan cabida en otras discipli-nas, la Lingüísticaen este caso; aunque lo habi-tual será que se sirvan de esas otras disciplinas para ahondar en el Periodismo como activi-dad.
El autor de este artículo entiende que, en buena medida, el investigador en Periodística es un ladrón que roba a los estudiosos de la
Lingüística–y no sólo a ellos– instrumentos de análisis, herramientas de trabajo e ideas con un objetivo muy práctico: comprender mejor la actividad que realizan los profesionales del periodismo. Parte de su tarea debería resultar de aplicar algunos resultados del arduo, paciente, esmerado y minucioso trabajo de los lingüistas al estudio de una actividad profesio-nal a la que se encuentran ligados. Sería, por tanto, la suya, una mirada interesada y, en cier-to modo, de soslayo: el foco de sus afanes –el periodismo y las múltiples tareas del periodis-ta– se debería nutrir, entre otros, de los haces
4Varios de estos trabajos guardan estrecha relación con el
impulso que ha recibido el análisis del discurso en los últimos años, un análisis especialmente centrado en el estudio de tipos de discursos específicos, ligados a actividades profesionales. Como bien explican, Calsamiglia y Tusón: “Se empieza a abor-dar la preparación seria de profesionales de muchas esferas de actividad en unas habilidades –como hablar y escribir– de las que en múltiples ocasiones depende el éxito o el fracaso de un proyecto, de la transmisión de información relevante o de las tareas cotidianas propias del ámbito en cuestión” (1999, p. 11). Y entre los discursos específicos se presta una especial atención al periodístico.
5Aquí se habla de la disciplina en tanto que entidad
inte-lectual de investigación, no en cuanto unidad docente que ampara una serie de asignaturas. En este sentido, disciplina y departamento no se identifican.
6 Cfr. Martínez Albertos, 1977, 1983 y 1992; Núñez
Ladeveze, 1977, 1979 y 1991b; Casasús, 1988, 1989a y b y 1991; Chillón, 1999 y Vidal, 2002).
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de luz que aportan los trabajos de los analistas del discurso.
En definitiva, las investigaciones lingüísticas deben iluminar sus reflexiones sobre la tarea de los periodistas, sobre su propia tarea como docente de escritura periodística y sobre la tarea y la investigación que realizan los profe-sores de las facultades de comunicación. Eso les permite comprender mejor la actividad periodística, paso imprescindible para enseñar y para resolver con sólidos fundamentos algu-nos de los problemas que plantea el ejercicio de la profesión.
Lo que se propone en el presente artículo es acentuar e intensificar una transversalidad que sin duda será enriquecedora, y que debe articularse sin celotipias, envidias e intentos de marcar límites estrictos, como si el saber no fuera para el que se esfuerza en adquirirlo, sino para el que se instala en una demarca-ción.
CONCLUSIONES
1. En su andadura universitaria, los estu-dios de Periodismo han tenido siempre muy presentes la importancia de los conocimientos lingüísticos en la forma-ción de los futuros periodistas. Pero, en una primera fase, esos conocimientos se reducían a cuestiones normativas y de composición que quedaban amparadas en las asignaturas del área de la llamada
Redacción Periodística.
2. Con la llegada a la universidad, la Lengua
consolidó su autonomía, aunque los pro-fesores de Redacción Periodística siguen prestando atención a las cuestiones nor-mativas: al fin y al cabo, para que el tra-bajo de los periodistas se traduzca en textos, los profesionales han de disponer de una serie de habilidades expresivas, que también pasan por la lengua más normativa.
3. La Redacción Periodística, que ha ido enri-queciéndose en pugna con otras mate-rias, singularmente la Lengua, y gracias a la suma de las herencias de las escuelas de periodismo con las exigencias de la actividad académica en sí misma –que
obligaba a los profesores a impartir una serie de asignaturas y a publicar–, con la reflexión sobre la propia disciplina –impulsada por la necesidad de elaborar proyectos docentes en los que se debe justificar el objeto, el método y la natu-raleza de una disciplina–, ha dado pie a una nueva disciplina que algunos deno-minan Periodística.
4. La Periodística es necesariamente inter-disciplinar si no quiere verse empobreci-da y convertirse en un conjunto de asig-naturas en las que simplemente se ense-ña a escribir para los periódicos. No hay duda de que esa es una de sus tareas principales y muy relevante en sí misma, pero debe enriquecerse con la luz que aportan disciplinas ya consolidadas como la Sociología, la Filosofía, la Historiografía, la Literatura y, singular-mente, la Lingüística.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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