La robustez de la línea de pobreza en México: análisis por el lado del gasto
Jorge Noel Valero Gil1
Resumen
Este trabajo examina la robustez de la línea de pobreza alimentaria oficial utilizando las cifras de 1992 a 2002. Se examinan los cambios que ocurren cuando se utiliza el gasto de las familias -tomado de las Encuestas Nacionales de Ingreso y Gasto- en lugar de que sean utilizados los ingresos como lo recomendó el Comité Técnico para la Medición de la Pobreza, en 2002. Se comparan los resultados oficiales sobre pobreza, con los que se obtendría si se utilizaran los gastos familiares. Luego, estos gastos se descomponen en sus partes monetarias y no monetarias, y se encuentra que los componentes no monetarios pueden estar modificando los resultados en las mediciones. También se examina el papel de los cambios en el tamaño de familia y la inclusión de factores de edad y de escala a partir de la perspectiva de 1992 a 2002, para conocer cuál es el efecto de las decisiones de los hogares sobre los niveles de pobreza. Se encuentra que la no consideración de estos factores introduce variaciones en la proporción de población en pobreza, las cuales pudieran ser aleatorias.
Introducción
Uno de los resultados económicos más importantes en un país donde se busque la justicia social es el que se refiere a los cambios ocurridos a la población en pobreza, los cuales se miden principalmente a través de una línea de pobreza2: la población que quede por debajo de dicha línea, estará considerada en pobreza. La proporción de la población en pobreza varía a través del tiempo y esta variación puede deberse tanto a cambios que ocurren dentro de las familias como el número de hijos, como a cambios externos a ellas como los que son efecto de las políticas gubernamentales.
La metodología de estimación de la línea de pobreza es importante ya que los reportes sobre pobreza pueden ser poco estables y estar sujetos a variaciones aleatorias, debidas precisamente a la metodología usada y no a los cambios que estén sucediendo en la realidad.
1 Facultad de Economía, U. A. N. L. <[email protected]>. Agradezco a Magali Valero Tonone sus valiosos comentarios. Los errores que han quedado son de mi responsabilidad. 2 Una discusión de la variedad de formas de estimación de la población en pobreza aparece en Boltvinik (1998).
En México, oficialmente, se consideran tres líneas o niveles de pobreza, denominadas: “umbral de pobreza alimentaria”, “umbral de desarrollo de capacidades” y “umbral de desarrollo de patrimonio” (Comité Técnico de Medición de la Pobreza 2003; Sedesol 2003), que en pesos de agosto de 2000 son $652.57, $1254.50 y $1565 mensuales por persona, respectivamente.
El objetivo de este trabajo es examinar la metodología oficial del cálculo del nivel I de pobreza o “pobreza alimentaria”, mediante el análisis de su estabilidad en el tiempo, comparada con líneas alternativas que surgen al introducir cambios metodológicos. Como los niveles de pobreza II y III (de capacidades y de patrimonio) se definen con respecto al nivel I, los resultados encontrados para el nivel I se extenderán a las otras líneas. Los cambios que se estudian aquí se refieren a la utilización del gasto de los hogares para calcular la línea de pobreza en vez de los ingresos, la distinción de los efectos del gasto monetario y a los que surgen de los cambios en el tamaño de las familias. Dado que dicha línea se utiliza para hacer estimaciones sobre las dimensiones, profundidad y evolución de la pobreza, es importante conocer su robustez a los cambios en las formas de medición. Las mediciones gubernamentales sobre la pobreza fueron revisadas en México por el Comité Técnico para la Medición de la Pobreza (2002). La metodología actual parte de calcular la satisfacción de las necesidades mínimas de consumo para la pobreza alimentaria, basadas en calorías y proteínas3, y se caracteriza por hacer la medición de la pobreza a través de los ingresos de las familias, sumando los ingresos monetarios y los no monetarios, incluyendo las imputaciones de los alquileres de las viviendas y excluyendo todas las formas de regalos y transferencias no monetarias entre las familias. Se basa en el ingreso promedio de los miembros del hogar sin hacer consideraciones de escala para el tamaño de familia ni acerca de las edades de sus miembros.
Posteriormente este Comité Técnico presenta otro trabajo, en Cortés et al (2002), donde presenta los resultados de la aplicación de dicha metodología a los años de 1992, 1994, 1996, 1998 y 2000, que son los años en que se realiza la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos (ENIGH). Con la misma metodología, la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) extiende los resultados hasta el 2002 (SEDESOL, 2003).
3 El Comité Técnico (2002, sección 5.2) considera 2220 kilocalorías y 40 g de proteínas para las áreas urbanas y de 2180 kilocalorías y 37 gramos de proteínas para las áreas rurales, que es la misma cantidad que la definida para el estudio de CEPAL-INEGI (1992). Las medidas son similares para otros países; así, de acuerdo con Deaton y Drèze (2002, p. 10) , para la India son 2100 y 2400 kilocalorías para las zonas urbana y rural, respectivamente.
Adicionalmente, se publican los códigos del programa (SEDESOL, 2003b) con la finalidad de que cualquier estudioso interesado en el tema pueda repetir los resultados. De esta manera, se cuenta tanto con la metodología para elaborar estudios utilizando la línea de pobreza, como con los resultados correspondientes para los años pares entre 1992 y 2002. Dado que el Comité Técnico estima tres líneas de pobreza, en lo que sigue se estará haciendo referencia a la línea de pobreza alimentaria que aquí se denominará aquí simplemente, línea de pobreza.
En este trabajo, se introducen cambios metodológicos en la estimación de la línea de pobreza y se comparan los resultados con los oficiales. Se parte del gasto de las familias proveniente de las ENIGH, sin ninguna exclusión. La metodología oficial parte del ingreso, excluyendo las transferencias y regalos no monetarios, las formas de ingreso que pudieran significar una disminución de la riqueza (las percepciones financieras y de capital) y las compras hechas para hacer regalos. Para deflactar los precios se utiliza el Índice de Precios al Consumidor entre 1992 y 2002, mientras que el Comité utiliza un índice especial. Esta diferencia se debe a que el Comité está considerando el gasto en alimentos, mientras que en esta investigación se estudia el gasto familiar.
Un segundo cambio metodológico consiste en excluir el gasto no monetario de la estimación. El problema con la inclusión del gasto no monetario es que no existe una metodología comúnmente aceptada para imputar valor a los componentes no monetarios, como los alquileres imputados a las viviendas o las donaciones de servicios hospitalarios, y su inclusión puede ocasionar variaciones significativas arbitrarias en la medición de la pobreza.
En un tercer cambio metodológico, se analiza el tamaño de la familia. En primer lugar, porque a medida que las familias reducen su número de hijos a través del tiempo, los índices de pobreza basados en el ingreso o gasto promedios tenderán a decrecer con el tiempo. En segundo lugar, dado que el Comité Técnico optó por el ingreso per cápita, son tomados en consideración los cambios debidos a las economías de escala y a las medidas de adulto equivalente. Las economías de escala se refieren a que el consumo de cuatro personas que viven en un hogar no es igual -en términos de bienestar- al consumo de una cuarta parte, es decir, de una persona que vive sola; y la medida de adulto equivalente alude a que no es lo mismo el consumo de un niño que el de un adulto4.
4 El Comité Técnico (2002, p. 60) ejemplifica este punto señalando que es difícil que ocurran economías de escala en el consumo de alimentos. Sin embargo, como ya se señaló anteriormente, en este estudio se parte del gasto familiar.
Para que la comparación tenga validez a través del tiempo, se va modificando la línea de pobreza de tal manera que exista aproximadamente la misma proporción de pobres en 1992 con ambas medidas y, a partir de ahí, se hacen las observaciones de las variaciones bianuales5. Como ya se mencionó, las comparaciones se hacen sobre la medida oficial conocida como “línea de pobreza alimentaria”, la que denominaremos aquí línea de pobreza. Este tipo de estudios de sensibilidad son útiles para darnos una idea de la robustez de la línea de pobreza utilizada. Székely et al. (2000) hacen un estudio de sensibilidad para las líneas de pobreza de los países latinoamericanos, donde también comparan entre ingresos y gastos, entre ingresos totales y monetarios; y también incluyen, en el análisis, las equivalencias de escala respecto del consumo de los adultos y la utilización de economías de escala en el consumo.
La organización de este trabajo es como sigue: en la sección uno, son examinadas las cifras de ingresos y gastos monetarios y no monetarios de la ENIGH, para aproximarnos al problema, y luego se examina los resultados que se obtiene de utilizar el gasto total contra los resultados oficiales. En la sección dos se examinan los cambios que ocurren al gasto total contra el gasto monetario en la medición de la línea de pobreza. En la sección tres se introduce el problema del tamaño de familia y las consecuencias de introducir economías de escala en el consumo. La última sección presenta las conclusiones de este estudio.
1. El ingreso y el gasto, monetario y no monetario.
La línea de pobreza oficial en México se traza de acuerdo con los ingresos y no según los gastos de las familias; aunque el propio Comité Técnico para la Medición de la Pobreza (2002, p. 35) señala la conveniencia de considerar tanto el lado del ingreso como el del gasto. El gasto parece más adecuado ya que el bienestar de las familias se mide con respecto al consumo de las familias, inclusive la definición que da el Comité Técnico para la línea de pobreza se refiere necesariamente al gasto. Como a través del gasto se mide el consumo de las familias y a través de éste se sabe sobre la existencia de recursos para satisfacer las necesidades básicas, parece más adecuado preferir la medición a través del gasto. Además, como se menciona en Condouel et al (2001), el gasto es en general mejor medido que el ingreso, cuando se detalla suficientemente el gasto, además de que toma en cuenta las posibilidades de acceso a recursos como el ahorro personal.
5 Si establecemos en $2183.13 trimestrales la línea de pobreza para las zonas urbanas en 2002 para la suma de los egresos monetarios y no monetarios, entonces, para obtener la misma proporción de pobres utilizando únicamente el gasto monetario, se requerirán $1530.00.
Argumentos adicionales sobre la importancia de tomar en cuenta el consumo se encuentran en Londoño y Székely (1998, p. 16). En la medida en que los individuos ahorran cuando tienen mayores ingresos a los ordinarios y des-ahorran cuando sus ingresos disminuyen, el gasto estará más cerca de la riqueza (o de la pobreza) de los individuos. El acceso al ahorro de las personas es eliminado en la metodología oficial, alejándose de los conceptos de riqueza y por lo tanto de pobreza, para acercarse más al concepto de ingreso.
Al recomendar el Comité Técnico que se mida por el lado del ingreso, opta por incluir los ingresos de los seis meses anteriores al momento de la entrevista y hace un ajuste de acuerdo con el índice de Precios. Cuando se utiliza los recuerdos de los últimos meses, se introduce errores de medición adicionales, ya que la precisión de los recuerdos se va debilitando con el tiempo y entre mayor sea el período considerado, mayor será el olvido y el sesgo hacia abajo, punto que ha sido tratado por Deaton (1997, 2001) cuando se discute sobre los períodos de referencia. Aunque el análisis por el lado del gasto en la ENIGH también acude a los recuerdos de personas en los seis meses anteriores, en el caso de los gastos en alimentos, bebidas, tabaco y transporte se recurre al día anterior, por lo que es de esperarse un sesgo menor en las estimaciones.
El Panel sobre Pobreza y Asistencia a las Familias, “Panel on Poverty and Family Assistance” cuyos resultados aparecen en Citro y Michael (1995), se inclina por la medición a través de los ingresos. Uno de los argumentos más fuertes es que, como se señala en Citro y Michael (1995, p. 212), en los Estados Unidos hay mejores mediciones para el ingreso que para el gasto, ya que las muestras son más grandes en el primer caso; por lo que también señalan que al mejorar las encuestas de gastos debería tomarse en cuenta éstos, para hacer mediciones referentes a la pobreza. En el caso de Latinoamérica, Székely et al (2000) y Londoño y Székely (1998) señalan que en la mayoría de los países se utiliza el ingreso para estimar la pobreza, a pesar de que el lado del gasto podría ser un mejor indicador. Otros países de mayor tradición estadística y que también tienen buenas encuestas por el lado del gasto como es el caso de la India, se inclinan por medir la pobreza a través de él.
El Comité Técnico recomienda además la utilización de los ingresos totales, que se obtiene de sumar los ingresos monetarios y los no monetarios. El problema de los ingresos no monetarios, como la renta de vivir en tu propia casa, es que es muy difícil de medir el nivel de bienestar o de fijar una metodología que permita conocer cuánto estarías pagando de renta por vivir en tu propia casa.
Ciertamente, el Comité Técnico (1992a, p.56) está conciente de este tipo de problemas ya que al argumentar sobre la utilización de la medida monetaria, en contraposición a otro tipo de medidas que incluyen rezagos en medidas de bienestar o multidimensionales, señala la necesidad de transparencia y la dificultad de obtener mediciones estadísticas correctas.
Los ingresos (y gastos) no monetarios en la ENIGH provienen en gran parte del valor estimado del pago de la renta cuando la casa es propia o prestada, de los honorarios por servicios profesionales, de los gastos de hospitalización y de las enciclopedias y libros (son transferencias no monetarias que se hacen) y del autoconsumo. Es posible que este tipo de gastos no se realizarían en la cantidad señalada en la Encuesta, si los individuos lo hubieran tenido que pagar directamente, por lo que no es claro que sea una buena medida de su bienestar. Al incluirlos se introducen distorsiones adicionales en la medición. Sin embargo desde el punto de vista de la Política Pública, la inclusión del gasto no monetario puede ser importante, pero es necesario tener en cuenta las distorsiones que se generan. En Estados Unidos, el Panel sobre Pobreza (Citro y Michael 1995, p. 246) opta por no incluir las medidas no monetarias, dadas las dificultades prácticas para hacer medidas correctas; sin embargo, otros trabajos como el de Condouel et al (2001), para el Banco Mundial, recomiendan hacer las imputaciones necesarias.
El cuadro 1 presenta los ingresos y gastos totales por trimestre6 en los percentiles 25, 50 y 90, para las encuestas ENIGH ocurridas en los años 1992 a 2002. En primer lugar, se observa que el ingreso es en general mayor al gasto y, que entre 1994 y 1996 hubo una fuerte caída en ambos. En segundo lugar, se puede observar que hubo un fuerte incremento en los ingresos y gastos familiares entre 2000 y 2002, para todos los niveles de ingreso. Este incremento en ingresos y gastos no es confiable, pues no se registra en las Cuentas Nacionales.
Para investigarlo, primero distinguimos los componentes monetarios de los no monetarios. Como los gastos no monetarios no están valuados por el mercado, en el cuadro 2 se presenta la información referente a los ingresos y gastos monetarios, excluyendo los no monetarios, y se observa que el crecimiento entre el 2000 y el 2002 se hace mucho más pequeño. Este menor crecimiento en la disponibilidad de recursos está más cercano al crecimiento del PIB que fue menor al 1% entre los terceros trimestres del 2002 y del 2000 de acuerdo con la información de INEGI, por lo que podemos considerar como menos confiable lo que está sucediendo con los
6 La ENIGH reporta el gasto trimestralizado que se refiere al gasto que se efectuaría en un trimestre si el individuo siguiera gastando lo mismo que en la semana en que fue entrevistado.
componentes no monetarios. Sin embargo, se continúa observando que los ingresos son mayores que los gastos monetarios.
Cuadro 1
Ingresos y gastos totales para los percentiles de 25, 50 y 90% 1992 a 2002
Percentiles de ingreso y gasto
Año 25% 50% 90%
< Ingreso Gasto Ingreso Gasto Ingreso Gasto
1992 2,659 2,394 4,830 4,259 19,380 14,911 1994 2,603 2,443 4,821 4,434 18,718 16,016 1996 2,051 2,056 3,684 3,595 13,568 11,744 1998 2,152 2,099 3,979 3,770 14,071 12,039 2000 2,476 2,360 4,574 4,186 15,777 13,606 2002 2,909 2,723 5,265 4,735 18,685 16,468 Fuente: elaborado con información del las ENIGH 1992 a 2002. Tanto los ingresos como los gastos se refieren a las cifras trimestralizadas, sin hacer ningún ajuste. Los precios son los de 2002 = 100.
Cuadro 2
Ingresos y gastos monetarios para los percentiles de 25, 50 y 90% 1992 a 2002
Percentiles de ingreso
Año 25% 50% 90%
Ingreso Gasto Ingreso Gasto Ingreso Gasto 1992 1,858 1,632 3,411 2,941 14,688 10,374 1994 1,796 1,630 3,358 2,924 13,540 11,088 1996 1,416 1,438 2,637 2,528 10,117 8,657 1998 1,532 1,514 2,873 2,693 11,121 9,151 2000 1,859 1,739 3,441 3,013 12,915 10,485 2002 1,952 1,762 3,523 3,050 12,950 10,720 Fuente: elaborado con información del las ENIGH 1992 a 2002. Tanto los ingresos como los gastos se refieren a las cifras trimestralizadas, sin hacer ningún ajuste. Los precios son los de 2002 = 100.
En el cuadro 3 se busca comparar la captura total de ingresos y gastos en las ENIGH, y comparar sus crecimientos contra el crecimiento del Ingreso Disponible, pues es de esperarse que estos tres crecimientos estén estrechamente relacionados. Las columnas de Ingreso y Gasto muestran, en miles de pesos, el ingreso y gastos trimestralizados de la población de acuerdo con las ENIGH, usando como deflactor de precios el Índice
Nacional de Precios al Consumidor y tomando a agosto de 2002 como el período base. En estas columnas se sigue observando que los ingresos son superiores a los gastos. Las siguientes tres columnas captan el cambio observado respecto del bienio anterior. Así, aparece que entre 1998 y 2000, el Ingreso de acuerdo con la ENIGH aumenta en un 25.4%, el Gasto en 23.4% y de acuerdo con las estadísticas de las Cuentas Nacionales (INEGI, 2004), el Ingreso Disponible aumenta en un 11.6%. Obsérvese que entre 1992 y 1994, el ingreso disponible aumenta en un 5.9 %, mientras que la ENIGH señala que los ingresos disminuyen. Entre 1994 y 1996 tanto los ingresos como los gastos disminuyen fuertemente: a un 77.1% y a un 82.4%, respectivamente; mientras que el ingreso disponible solo disminuye hasta un 96.1%. A partir de 1998, tanto los ingresos como los gastos muestran un crecimiento similar entre sí.
En las tres últimas columnas del cuadro 3, se hace la comparación con respecto a 1992, de tal forma que se muestra que en el 2002: los Ingresos son un 2.1% superiores que en 1992, los gastos un 29.2%, mientras que el crecimiento en el ingreso disponible fue de un 32.3%. Es claro que, históricamente, la información del gasto monetario se apega más que la del ingreso a las Cuentas Nacionales. Lo mismo sucede cuando se observan los cambios ocurridos entre 1992 y 1996, por lo que para comparaciones históricas es más consistente la comparación a través del gasto monetario.
Cuadro 3
Ingresos y gastos trimestrales y cambios porcentuales respecto a períodos anteriores.
Precios de agosto de 2002 1992 – 2002
Incremento porcentual en los ingresos y gastos monetarios y en el Ingreso Nacional Disponible (IND)* Año
Suma de ingresos y gastos monetarios trimestrales registrados
en la ENIGH
(miles de pesos) Respecto al observado en la encuesta anterior
Respecto al observado en la encuesta del año 1992 Ingreso Gasto Ingreso Gasto IND* Ingreso Gasto IND* 1992 515,951,278 337,541,347 100.0 100.0 100.0 1994 466,391,558 373,363,318 90.4 110.6 105.9 90.4 110.6 105.9 1996 359,692,968 307,710,012 77.1 82.4 96.1 69.7 91.2 101.7 1998 414,028,804 343,824,060 115.1 111.7 115.0 80.2 101.9 117.0 2000 519,071,933 424,192,105 125.4 123.4 111.6 100.6 125.7 130.5 2002 526,535,405 436,084,905 101.4 102.8 101.4 102.1 129.2 132.3
El Ingreso Nacional Disponible proviene del Banco de Información Económica de INEGI y se deflactó usando el Índice de Precios Implícitos. (*) El valor 100 indica sin cambio, valores mayores a 100 indican aumento y valores a menores a 100 indican disminución.
Concluimos, que existen fuertes discrepancias recientes entre los cambios en los ingresos y gastos totales en la ENIGH respecto a la información de cuentas nacionales, por lo que conviene separar el gasto no monetario. Asimismo, se observan discrepancias históricas entre los ingresos y gastos monetarios de la ENIGH; por lo que en estudios históricos, conviene que se tenga en cuenta al gasto para la estimación de la pobreza en México.
2. Resultados para gasto total y gasto monetario.
Los cuadros 4 y 5 reportan los resultados de la comparación entre los reportes oficiales de pobreza y los resultados utilizando el gasto total y el gasto monetario7. El cuadro 4 reporta los resultados para la población y el cuadro 5 para los hogares. Se sigue la línea de pobreza señalada por el Comité Técnico (2002a), dividiendo por tamaño de familia y se considera únicamente el Índice General de Precios al Consumidor para hacer los ajustes por inflación. Se parte de una línea de pobreza para el año 2002 de $2183.13 trimestrales por persona, para las zonas urbanas, y de $1625.07 para las zonas rurales, que se consideran equivalentes a los $652.57 y $485.71 mensuales señalados por el Comité Técnico (1982, p. 65), para agosto del 2000.
Los deflactores de precios utilizados aparecen en el último renglón del cuadro 4. Para calcular la Línea de Pobreza por el lado del gasto monetario se buscó igualar la cantidad de población por abajo de la línea de pobreza en 1992 con la que existiría si se tomara en cuenta el gasto total, dando una línea de pobreza urbana de $1570 y una rural de $1103. Como se puede observar en el cuadro 4, para el año 1992, el porcentaje de población rural por debajo de la línea de pobreza era de 38.4% y la de población urbana de 12.7 %. El punto de partida de la comparación es el año 1992.
Al comparar los resultados oficiales, medidos por el lado de los ingresos, con la medición por el lado de los gastos, se observa que el rango en las variaciones en pobreza cambia de 17.6 % de la población rural (entre 1996 y 2002 es de 52.4 - 34.8, en el cuadro 4) a 15% utilizando el lado del gasto, y para el sector urbano el rango pasa de 15.1% a 11.2%. Las diferencias son enormes si se toma en cuenta que cada punto porcentual representa aproximadamente un millón de personas, siendo la evaluación por el lado del gasto la que es más estable. Si tomáramos únicamente el lado del gasto monetario, el rango se reduciría aún más, ya que sería de 9.7% (tomando la diferencia entre 1996 y 2002) para el sector rural y de 8.8 % para el sector urbano (tomando la diferencia entre 1994 y 1996), por lo que es posible que
7 En el gasto no monetario, las erogaciones atribuidas más altas son debido a los valores estimados por el pago de la renta, por honorarios por servicios profesionales y por gastos atribuidos de hospitalización.
por el lado del gasto no monetario se induzca una mayor variación a la ocurrida realmente.
El cuadro 5 nos ofrece el mismo tipo de resultados para los hogares por debajo de la línea de pobreza. Al comparar las mediciones, utilizando las cifras oficiales con las que se obtienen cuando se emplean los gastos totales, se observa que los altos porcentajes de hogares en pobreza en los años de 1996 y 1998, se reducen sustancialmente8. De manera que, mientras por el lado de los ingresos se observa que la pobreza rural alcanza porcentajes superiores al 43% de las familias; en cambio, por el lado del gasto sólo se llega a porcentajes inferiores al 36%.
Hay tres puntos adicionales que conviene observar. Utilizando el lado de los gastos se observa que la reducción en pobreza entre 2000 y 2002 es menor cuando se utiliza el lado del gasto que cuando se utiliza el lado de los ingresos. Además, esta reducción es menor cuando se utiliza el gasto monetario. Este resultado parece favorecer el empleo del gasto monetario como instrumento para medir los resultados de políticas que reduzcan los niveles de pobreza ya que es el más estable. El segundo punto es que mediante la aplicación del gasto total y del monetario se observa claramente que entre 1996 y 1998 la pobreza rural se incrementa, mientras que las tres medidas nos señalan que la pobreza urbana se reduce.
Este resultado pudiera deberse a medidas de política económica donde las zonas urbanas son protegidas y las rurales desprotegidas, pero esta hipótesis merece una investigación por separado. El tercer punto es que las cifras oficiales dan un incremento en pobreza rural entre 1992 y 1994, que corresponde a la caída en los ingresos presentada en el cuadro 3, pero cuando se toma el lado del gasto este incremento en pobreza es inexistente.
8 Székely et al (2000, Cuadro 1) encuentran una mayor proporción de pobreza utilizando el gasto que por el lado del ingreso, debido a que utilizan los ingresos totales de la muestras. La metodología del Comité Técnico (1992) no considera los ingresos totales, como ya se ha mencionado.
Cuadro 4
Porcentaje de población por abajo de la línea de pobreza: 1992 a 2002 Porcentaje del total
1992 1994 1996 1998 2000 2002 Zonas rurales Resultados oficiales1 35.6 36.8 52.4 52.1 42.4 34.8 Gastos totales 38.4 35.7 43.3 45.5 39.5 30.5 Gastos monetarios2 38.4 36.7 40.5 41.7 34.8 30.8 Zonas urbanas Resultados oficiales1 13.5 9.7 26.5 21.3 12.6 11.4 Gastos totales 12.7 10.4 20.4 17.8 12.8 9.2 Gastos monetarios2 12.7 10.7 19.5 15.5 11.5 10.8 Deflactor de precios3 23.672 27.699 51.212 70.496 89.658 100.000 1Para los años 1992 a 2000 los datos son del cuadro 4 de Cortés et al (2002). El año 2002 es de SEDESOL (2003). 2Para el gasto monetario se considera una línea de pobreza de $ 1103 y de $1570 para el sector rural y urbano, respectivamente, calculada de tal manera que el porcentaje de pobreza resulta aproximadamente igual en 1992 al que se arroja por el gasto monetario3. El deflactor de precios se refiere al Índice Nacional de Precios al Consumidor Base, Junio de 2002 y se aplica a los meses de Agosto de los años respectivos.
Cuadro 5
Porcentaje de hogares por abajo de la línea de pobreza 1992 a 2002
Porcentaje del total
1992 1994 1996 1998 2000 2002 Zonas rurales Resultados oficiales1 29.5 30 43.3 43.8 34.1 28.5 Gastos totales 29.6 26.8 32.9 35.4 30.3 23.2 Gastos monetarios2 32.7 30.6 33.2 34.7 28.6 27.0 Zonas urbanas Resultados oficiales1 10.2 7.2 20.1 16.4 9.8 8.5 Gastos totales 8.7 7.1 14.2 12.3 9.3 6.1 Gastos monetarios2 9.7 8.4 14.8 11.8 8.8 8.3
Notas: 1. Para los años 1992 a 2000 los datos son del cuadro 4 de Cortés et al (2002). El año 2002 es de SEDESOL (2003). 2Para el gasto monetario se considera una línea de pobreza de $ 1103 y de $1570 para el sector rural y urbano, respectivamente, calculada de tal manera que el porcentaje de pobreza resulta aproximadamente igual en 1992 que se arroja por el gasto monetario.
En el cuadro 6 se presenta el tamaño de la población en pobreza, cuando se utiliza el lado del gasto. Se observa que si utilizamos el gasto total para el año 2002 se reducen los niveles de pobreza tanto rurales como urbanos si se compara con el año 1992. Sin embargo, si utilizamos únicamente el gasto monetario, se mantiene la reducción en la pobreza rural pero no en la urbana.
En los tres cuadros mencionados aparece cómo se elevan los niveles de pobreza con la crisis económica y lo lento que se disminuye dichos niveles después de la crisis y nos hablan por tanto de la influencia nefasta de la inestabilidad económica de la pobreza en México.
Cuadro 6
Población en pobreza utilizando el gasto total y el monetario Población en pobreza (en miles)
Utilizando el gasto total Utilizando el gasto monetario Año Rural Urbana Total Rural Urbana Total 1992 13,217 6,298 19,515 13,218 6,264 19,481 1994 13,454 5,401 18,856 13,830 5,527 19,357 1996 16,390 11,162 27,552 15,319 10,700 26,020 1998 17,697 10,007 27,704 16,223 8,705 24,928 2000 15,077 7,610 22,686 13,290 6,841 20,130 2002 11,728 5,788 17,515 11,838 6,843 18,681
3. El cambio en tamaño de familia, las edades y el factor de escala Los cálculos recomendados por el Comité Técnico para separar a la población por debajo y por encima de la línea de pobreza se hacen de acuerdo con el ingreso por persona que se obtiene de la siguiente división:
Suma de ingresos familiares Ingreso por persona
Tamaño de familia
=
En la sección precedente, se discutió el numerador de la ecuación anterior. En esta sección se discutirá la parte del denominador. Consideremos los siguientes tres puntos, en relación con el tamaño de la familia: a) El tamaño de familia es una variable que depende de las familias y ha ido disminuyendo a través del tiempo en México, como se muestra en el cuadro 7; b) al considerar el tamaño de familia como la suma de miembros, no se distingue entre niños y adultos a pesar de que sus requerimientos, y por tanto su consumo, son diferentes9 y c) no se tiene en cuenta los efectos de escala;
9 En otros países se hacen ajustes por tamaño de familia. Por ejemplo, la recomendación del Panel sobre Pobreza (Citro y Michael 2003) en Estados Unidos es de asignar a los menores de 18 años un ponderador de 0.7 de un adulto. El estudio de Eurostat (2000) le da un ponderador de 1 al primer adulto en una familia, 0.5 a los otros adultos y 0.3 a los niños. En México se le da un ponderador de 1 a todos los miembros del hogar.
es decir, se considera que el consumo necesario para un adulto viviendo solo, es una séptima parte del consumo de una familia de siete miembros10. Los cambios en el tamaño de familia se presentan en el cuadro 7, tanto para la población total como para los hogares en pobreza, de acuerdo con la medida por el lado del gasto total. Para calcular el tamaño, se toma el promedio simple de la suma de la población entre el total de hogares. El tamaño de hogar va disminuyendo con el tiempo, excepto para los hogares urbanos en pobreza, en 2002. El incremento en el tamaño del hogar observado en los hogares en pobreza en las zonas urbanas entre 2000 y 2002 parece deberse a que los hogares pequeños tienden a escapar de la línea de pobreza y los promedios de tamaño de hogar son por lo tanto más altos11. Para ver el efecto del cambio en el tamaño de hogar sobre la cantidad de población en pobreza, supondremos que el tamaño de hogar es igual al de 1992, año en el cual los hogares en nuestra muestra tenían más miembros. Así, en 1996 cada hogar rural se multiplicará por el factor (5.1/4.9) y cada hogar urbano por (4.5/4.3), de tal manera que el nuevo promedio por hogar en 1996 será de 5.1 y de 4.5 para los hogares rurales y urbanos, respectivamente; se sigue una metodología similar para todos los años del estudio.
10 El Comité (2002, p. 60) argumenta que es difícil que se den economías a escala en el consumo de alimentos. En primer lugar, se puede considerar que al cambiar el tamaño de familia hay diferencias en los alimentos seleccionados y el precio unitario pagado (pero esto tendría que demostrarse); así como la existencia de ahorros en su preparación (de gas, por ejemplo). Por otra parte, el cálculo para el nivel III de pobreza involucra coeficientes de Engel que son una forma de expandir el gasto hacia la renta de la casa y otros gastos donde sí existen las economías de escala.
11 Comparando el cambio entre el 2000 y el 2002, se observa que mientras que en la muestra del 2000 las familias en pobreza con más de cinco miembros son el 44%, para el 2002 se encuentra que representan el 51%. Este cambio puede deberse a cambios aleatorios o a que en 2002 se toma una muestra más grande y se capturan hogares relativamente más pequeños con mayores ingresos por persona.
Cuadro 7
Tamaño de hogar para el total de hogares y para los hogares en pobreza. 1992 – 2002
Tamaño de familia
Total Hogares en pobreza
Año Rural Urbana Rural Urbana
1992 5.1 4.5 6.7 6.5 1994 5.0 4.4 6.6 6.4 1996 4.9 4.3 6.5 6.1 1998 4.6 4.1 5.9 5.9 2000 4.5 4.0 5.9 5.5 2002 4.3 4.0 5.9 6.1 Los resultados se presentan en el cuadro 8, tanto para los porcentajes de población por debajo de la línea de pobreza en la primera parte del cuadro, como para la proporción de hogares por debajo de la línea de pobreza en la segunda parte. Los renglones de gastos totales son iguales a los presentados en los cuadros 4 y 5 y nos sirven de control para hacer la comparación con los renglones donde se controla el tamaño de familia y se mantiene en el nivel de 1992. Los resultados muestran que de no haberse reducido el tamaño de las familias, entonces los niveles de pobreza rural serían en 2002 de 39.9%, en lugar de 30.5% y los de pobreza urbana serían de 12.6% en vez de 9.2%. Cuando se examinan los porcentajes de hogares en pobreza también se observa que los niveles de pobreza serían mucho más altos, si las familias no hubieran reducido su tamaño. En ese caso, los niveles de pobreza serían semejantes a los de 1992. Estos resultados no invalidan la reducción en pobreza observada entre 2000 y 200212.
12 Algunas posibles causas de la reducción de la pobreza entre 2000 y 2002 se dan en SEDESOL (2003). Sin embargo no se presta suficiente atención a lo que la gente hace por sí misma para reducir su pobreza, como la reducción del número de hijos, el proceso de migración a las zonas urbanas, el número de gentes trabajando en la familia, etc.
Cuadro 8
Porcentaje de población y de hogares por abajo de la línea de pobreza. 1992 a 2002
Porcentaje del total
1992 1994 1996 1998 2000 2002 Porcentaje de población Zonas rurales Gastos totales** 38.4 35.7 43.3 45.5 39.5 30.5 Controlando tamaño familia 38.4 37.6 45.9 50.6 46.8 39.9 Zonas urbanas Gastos totales** 12.7 10.4 20.4 17.8 12.8 9.2 Controlando tamaño familia 12.7 10.8 22.2 20.9 17.2 12.6 Porcentaje de hogares Zonas rurales Gastos totales** 29.6 26.8 32.9 35.4 30.3 23.2 Controlando tamaño familia 29.6 28.5 35.2 39.9 37.1 31.7 Zonas urbanas Gastos totales** 8.7 7.1 14.2 12.3 9.3 6.1 Controlando tamaño familia 8.7 7.4 15.6 14.8 12.8 8.6
** Se utiliza la línea de pobreza por el lado del gasto.
Controlando por edad y por escala. Enseguida se consideran los factores de edad y escala. El factor de edad se refiere a que las necesidades mínimas de consumo del niño son diferentes a las necesidades mínimas de sus padres. El factor de escala se da cuando se compara el tamaño de las familias grandes con el de las pequeñas. Por ejemplo, donde viven dos adultos y dos niños el gasto mínimo no necesariamente es igual al de cuatro personas viviendo independientemente, haciendo todos sus gastos de alimentación, vestido, vivienda y servicios. Al vivir juntos se realizan economías de escala. Estos dos aspectos, se expresan en la siguiente ecuación:
Valor a escala = (A + PN)F
donde A es el número de adultos en la familia, N es el número de niños, P es la proporción que vale el consumo del niño respecto al de un adulto y F es el factor de economías a escala. Los valores recomendados en Citro y Michael (1995, p. 162) son de 0.65 a 0.75 para F y un valor para P de 0.7, siendo los niños la población de hasta 17 años y los adultos los mayores de dicha edad. Para los efectos de escala, Osberg (2000) utiliza simplemente la raíz cuadrada del número de habitantes de la casa y Eurostat (2002, p. 24-25, 148) también usa diferentes ponderadores que afectan el tamaño de familia.
Al tomar los valores a escala, en lugar del tamaño de familia, ocurren cambios drásticos en las proporciones de población y de hogares en pobreza13. En el cuadro 9 se presentan los resultados para el porcentaje de población en pobreza y en el cuadro 10 para la proporción de los hogares en pobreza, tomando los valores P = 0.7, F= 0.7 y tomando como adultos a la población de 18 años y más. En los renglones (1) y (5) se presentan los resultados anteriores para el gasto total ya presentados en los cuadros 4 y 5. En los renglones (2) y (6) se presentan resultados que se obtienen cuando se retiran a los servidores domésticos y huéspedes de la muestra14, que forman nuestra nueva base de comparación. En los renglones (3) y (7), de corrección por escala, se observa que los niveles de pobreza aparentes caen abruptamente al introducir factores de escala, a 5.9% en el sector rural y al 0.9 % en las zonas urbanas en el 2002, lo que muestra claramente la importancia del tamaño de familia en la definición oficial de la línea de pobreza.
Para hacer evidente la comparación entre las estimaciones, utilizando tanto la metodología del gasto total como las correcciones al tamaño de familia por edad y los factores de escala, se establecen nuevas líneas de pobreza de $3251 para las zonas rurales y de $4330 para las urbanas. Estos valores se fijan de tal manera que inicialmente, en 1992, tenemos el mismo porcentaje de población en pobreza, de 37.2 % en las zonas rurales y de 12.8% en las zonas urbanas. Al comparar los renglones (4) y (8) contra los renglones (2) y (6), se observa que con la nueva línea de pobreza rural la población en pobreza pasa de 37.2% a 33.1% en vez de a 29.6%. Por lo tanto, del total de pobreza oficial rural que se reduce en 7.6% (de 37.2% a 29.6%), considerando edad y factores de escala, la pobreza se estaría reduciendo 4.1%. En cuanto a la población urbana la pobreza que se reduce 3.7% se reduciría a 1.5%, siendo por tanto una parte de la reducción en pobreza explicada por la metodología que se usa.
13
Queda pendiente el cambiar los parámetros P y F dentro de valores razonables para observar si los resultaos son robustos. También queda pendiente separar el efecto de la edad del efecto de escala, tomando por ejemplo un valor para F = 1 y luego para P = 1 y observar los resultados.
14 Al dividir el tamaño de familia en niños y adultos se retira la información de los jefes de familia ausentes, y la información referente a los servidores domésticos y a los huéspedes, ya que estos no están considerados en la variable tamaño de familia, lo que origina cambios en los resultados.
Cuadro 9
Porcentaje de población por abajo de la línea de pobreza considerando edad y factores de escala.
1992 a 2002
Porcentaje del total
1992 1994 1996 1998 2000 2002 Zonas rurales (1) Muestra original 38.4 35.7 43.3 45.5 39.5 30.5 (2) Nueva muestra* 37.2 35.8 41.9 44.4 37.9 29.6 (3) Corrección por escala 8.5 8.0 12.2 15.1 11.6 5.9 (4) Línea de $3251 37.2 36.5 45.2 48.9 42.3 33.1 Zonas urbanas (5) Muestra original 12.7 10.4 20.4 17.8 12.8 9.2 (6) Nueva muestra 12.8 10.7 20.5 17.6 13.0 9.1 (7) Corrección por escala 1.6 1.2 3.3 3.0 1.7 0.9 (8) Línea de $4330 12.8 10.9 22.8 20.4 16.7 11.3
En los renglones de “Nueva muestra” se retira la información de asistentes y huéspedes. El renglón de corrección por escala toma la línea de pobreza utilizada anteriormente. Las nuevas líneas de pobreza, de ·$3251 y de $4330, se obtienen de igualar el porcentaje de población en pobreza de 1992.
Cuadro 10
Porcentaje de hogares por abajo de la línea de pobreza considerando edad y factores de escala.
1992 a 2002
Porcentaje del total
1992 1994 1996 1998 2000 2002 Zonas rurales (1) Muestra original 29.6 26.8 32.9 35.4 30.3 23.2 (2) Nueva muestra* 28.5 26.9 31.3 34.3 28.7 22.4 (3) Corrección por escala 7.2 6.7 9.2 11.7 9.0 4.9 (4) Línea de $3251 32.5 32.3 39.0 42.7 37.0 29.6 Zonas urbanas (5) Muestra original 8.7 7.1 14.2 12.3 9.3 6.1 (6) Nueva muestra 8.9 7.4 14.4 12.2 9.6 6.0 (7) Corrección por escala 1.4 1.1 2.7 2.3 1.5 0.7 (8) Línea de $4330 10.7 9.1 18.6 16.8 14.2 9.0
En los renglones de “Nueva muestra” se retira la información de asistentes y huéspedes. El renglón de corrección por escala toma la línea de pobreza utilizada anteriormente. Las nuevas líneas de pobreza, de ·$3251 y de $4330, se obtienen de igualar el porcentaje de población en pobreza de 1992.
Al no tomar en cuenta los factores de escala, la diferencia entre la proporción de hogares pobres y la de población pobre resulta exagerada, como lo señalan David y Maligalig (2001, p. 10). Tomando como punto de referencia el año de 2002 en las zonas rurales, tenemos un 33.1 % de la población en pobreza y un 29.6% de los hogares, siendo la diferencia de un 11.8% (33.1%/ 29.6%) si se considera la línea de pobreza en $3251. En cambio, al no hacer la corrección en el tamaño de familia, la diferencia es de un 32% (29.6%/ 22.4%).
Conclusiones
En este trabajo se han discutido las variaciones a la medición de la línea de pobreza oficial, particularmente la que se refiere a la pobreza alimentaria, que considera: el gasto de los hogares en lugar del ingreso, en la separación de los efectos del gasto no monetario y en modificaciones al tamaño de la familia. Cuando se compara los ingresos y gastos de las familias de acuerdo con la ENIGH, se encuentra que para estudios históricos es más apropiado utilizar el gasto por adaptarse mejor a los cambios que aparecen en las Cuentas Nacionales. También se encuentra que los cambios son más confiables cuando se considera únicamente el gasto monetario.
Al comparar los porcentajes de la población por debajo de la línea de pobreza, se encuentra que las variaciones, cuando se utiliza el gasto, son menores a las que se obtiene con la línea oficial. Además, la variación en dichos porcentajes será todavía menor cuando no se considera el gasto no monetario. Cuando se estudian los cambios en el tamaño de la familia, se encuentra que la disminución en el tamaño de hogar ha sido una importante causa de que los índices de pobreza hayan disminuido. Al estudiar los efectos de introducir economías de escala y las edades en el tamaño de familia, se encuentra que estos efectos que reducen la proporción de población en pobreza, explican en parte la diferencia entre hogares y población en pobreza y también explican parcialmente la reducción en dichas proporciones entre 1992 y 2002.
Si bien puede ser importante incluir el gasto e ingreso no monetario en la medición de los ingresos de los individuos a la hora de elaborar una política para combatir la pobreza, la inclusión en comparaciones históricas puede ser desafortunada pues está sujeta a variaciones aún más grandes que las variaciones en los egresos monetarios. Los resultados sobre el tamaño de familia nos ilustran el problema que existe de no considerar los cambios que están ocurriendo más allá de los programas del gobierno para reducir la pobreza. En este sentido, parece importante estudiar el papel de la emigración de las zonas rurales hacia las urbanas en la reducción de la pobreza.
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