Entre la diplomacia y la guerra: una mirada a la opinión pública mexicana
Miguel Basáñez y Alejandro Moreno
Los autores son investigadores principales de la Encuesta Mundial de Valores en México.
La posición de México como miembro del Consejo de Seguridad en la Organización de las Naciones Unidas trajo a los mexicanos un elemento de incertidumbre al ya complejo escenario mundial posterior al 11 de septiembre. La pregunta acerca de qué postura tomar pasó de ser una opinión
cómodamente privada, a una decisión eminentemente histórica. A su vez, esta situación amplió también la posibilidad de entender a la opinión pública mexicana y su interrelación con el gobierno en la nueva etapa democrática en la que vivimos. La guerra se pelea en dos campos de batalla, el militar y el de la opinión pública. En este último, las batallas siempre se dan, haya o no conflicto bélico. La polarización en torno a las resoluciones del Consejo de Seguridad, con Estados Unidos, Inglaterra y España de un lado, y Francia, Alemania, Rusia y China del otro, tuvo, sin duda, un impacto en la formación de opiniones en el mundo, y los mexicanos no han sido la excepción.
Ante una coyuntura internacional dominada por el conflicto entre Estados Unidos e Irak, y en la que el voto del gobierno mexicano en la onu se sumó a la atención mundial, ¿cuál es el estado de la opinión pública mexicana? ¿Cuáles son los fundamentos que preceden a ese estado actual de opinión? El pulso de las opiniones prevalecientes toma una primera forma al observar las editoriales de columnistas y analistas políticos que han apuntado, sin
consenso, hacia uno y otro lado de la problemática.1 Otra modalidad para tomarle el pulso a la opinión pública es la de las encuestas, esos instrumentos que nos revelan las paradojas de nuestras creencias y nuestros principios como sociedad. En este ensayo nos damos a la tarea de revisar las tendencias de valores y opiniones que dejan registro acerca de nuestro sentir nacional bajo la actual coyuntura internacional.
Ésta no es la primera vez que nuestro país ocupa una posición en el Consejo de Seguridad de la onu. Ya lo había hecho en dos ocasiones previas: una cuando apenas terminaba la segunda guerra mundial, en 1946, y otra al inicio
de la década de los ochenta, en plena guerra fría. Sin embargo, en este tercer periodo, que va del 1 de enero de 2002 al 31 de diciembre de 2003, México vive en contextos económicos y políticos muy distintos a los anteriores. México y Estados Unidos son vecinos nada distantes. Sus sociedades y economías están cada día más complejamente interconectadas. EU es el principal socio comercial de México y representa 90 % de nuestro comercio exterior. A su vez, México es el tercer socio comercial de Estados Unidos y representa el décimo mercado del mundo. Estados Unidos tiene casi una décima parte de su población vinculada con su vecino del sur, y esa proporción va en crecimiento, no sólo como fuerza social, sino también
económica. Siendo apenas una cuarta parte de la población de México, los casi 25 millones de mexicanos o descendientes de mexicanos que viven en Estados Unidos tienen a su disposición un poder de compra equivalente al pib total de nuestro país. Una tercera parte de ellos tiene una residencia irregular, pero un trabajo remunerador que los hace una de las fuentes de remesa más
importantes para México, por encima del petróleo, el turismo o la maquila. En lo político, los mexicanos tienen hoy un gobierno democráticamente electo que es más sensible a la opinión pública que los anteriores. El sentido del voto en la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas referente al asunto de la guerra contra Irak podría tener efectos nacionales, al ser este un año electoral, e internacionales, al estar inmersos en una economía cada vez más dinámica e interdependiente.
Las encuestas muestran varias facetas de la opinión pública mexicana que, en su conjunto, nos ayudan a tener una perspectiva acerca de lo que piensa nuestra sociedad en la actual coyuntura internacional. Hagamos, pues, un recuento de ellas. Primero, es notable que los mexicanos expresan
relativamente poca confianza en los organismos internacionales,
particularmente en las Naciones Unidas, pero lo cierto es que la confianza en la onu es baja en un número significativo de países. De acuerdo con la
Encuesta Mundial de Valores del 2000 (wvs, por sus siglas en inglés), 36% de los mexicanos dice tener mucha o algo de confianza en la onu, frente a un 44% que dice tener poca o nada de confianza en ese organismo y un 21% que no da una opinión al respecto.2 El nivel de confianza que los mexicanos tienen en las Naciones Unidas está diez puntos porcentuales por debajo del promedio de confianza que se registra en 60 países participantes de la Encuesta Mundial de Valores 2000 y en el Estudio Europeo sobre Valores 1999-2000 (evs, por sus siglas en inglés), que es de 46%. Como puntos de referencia, Bangladesh y
Tanzania son los países en donde se registra la mayor confianza en la onu, con 81 y 78%, respectivamente, mientras que la menor confianza se registra en Serbia y Marruecos, con 16 y 6%, también respectivamente (cuadro 1). De acuerdo con estos datos, la confianza en la onu es mayoritaria solamente en 22 de los 60 países donde se realizaron estas encuestas, y solamente en nueve de ellos se registra una confianza en al menos dos tercios de los
encuestados, incluidas Suecia, Nigeria e Italia. De los 60 países para los que se cuenta con esta información, México aparece en el lugar 47 de la lista de
confianza en las Naciones Unidas, muy por debajo de Estados Unidos (55%), Francia (50) y el Reino Unido (50), al mismo nivel que China (37), y muy por arriba de Rusia (19%), todos ellos miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
De estas encuestas resalta también el hecho de que, entre los cinco países cuyos gobiernos ocupan una posición permanente en el Consejo de Seguridad, el público de Estados Unidos es el que más confía en las Naciones Unidas, por arriba de los franceses y de los ingleses. Los públicos de España, Alemania y Chile, países actualmente miembros no permanentes del Consejo, al igual que México, confían más en la onu que los propios mexicanos. Acaso esta falta de confianza en el organismo internacional refleja la poca experiencia que
México ha tenido en el escenario mundial por un buen número de años y la poca familiaridad con las Naciones Unidas.
De acuerdo con la Encuesta Mundial de Valores de 2000, los mexicanos tienden a dar menos peso a la onu en la resolución de conflictos
internacionales que los públicos de otros países. Según ese estudio, 27% de los mexicanos entrevistados opina que los gobiernos nacionales son los que deben tomar las decisiones con respecto al mantenimiento de la paz internacional; 20% considera que esas decisiones deben ser tomadas por la onu, y 41% manifiesta que tales decisiones deben tomarse en coordinación entre la onu y los gobiernos nacionales (cuadro 2). De entrada, el peso de las Naciones Unidas parece alto comparado con el que se le da al gobierno nacional, pero ese peso es relativamente bajo comparado con el que le otorgan otros países. En una lista de 26 países para los que se cuenta con esta información, México ocupa el tercer sitio de los que enfatizan más a los gobiernos nacionales, por encima de la onu, en el mantenimiento de la paz internacional; y el lugar 21 si se toma como referencia el peso otorgado a la onu. En otras palabras, los mexicanos le dan comparativamente mucho peso al gobierno nacional y poco peso a ese organismo en la tarea de mantener la paz internacional. Es de
notarse que solamente uno de cada diez estadounidenses le dan más peso a los gobiernos nacionales, frente a casi nueve de cada diez que le dan más peso a la onu, ya sea por separado (3 de 10), o a la coordinación con ese organismo (6 de 10).
Entre los países que destacan por enfatizar la coordinación entre los gobiernos nacionales y la onu en el mantenimiento de la paz internacional están Suecia y Corea del Sur (con 64% cada uno), Jordania (60%), Irán (59), Canadá (58), España y Estados Unidos (57% cada uno). Entre las sociedades que optan fundamentalmente por dejar estos asuntos en manos de la onu destacan Argentina (56%), Zimbabwe (54) y Japón (50). En suma, los mexicanos expresan poca confianza en las Naciones Unidas y le atribuyen
comparativamente poco peso en su papel como organismo participante en el mantenimiento de la paz internacional.
Otras encuestas realizadas durante el último año con motivo del conflicto entre Estados Unidos e Irak nos ayudan a complementar esta descripción de la opinión pública mexicana. Un primer aspecto es la preferencia mayoritaria por la neutralidad en caso de que estallase un conflicto bélico entre EU e Irak. Una encuesta realizada a finales de noviembre del año pasado mostraba que, ante una eventual guerra entre esos países, 54% de los entrevistados opinaba que la postura de México debía ser neutral; 31% optó por el rechazo abierto a la guerra y 12% por tomar una postura favorable a Estados Unidos.3
La posición de México en el Consejo de Seguridad de la onu forzó a plantear el asunto de la guerra en términos más allá de la neutralidad. Ante ello, se evidenció que la opinión mayoritaria se inclinaba hacia el rechazo a la guerra. Una encuesta nacional realizada a mediados de febrero revelaba que 72% de los mexicanos se oponía a apoyar a Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo, mientras que 22% se manifestó a favor de apoyar a ese país.4 Según la encuesta, la postura de apoyo a la guerra antiterrorista tenía un fuerte determinante en el género de los entrevistados: quizás por ser más inclinados a tener una actitud de "halcones", es decir, más propensos a apoyar una
situación bélica, los hombres se manifestaron significativamente más a favor de apoyar a Estados Unidos en la guerra antiterrorista (29%) que las mujeres (14%), quienes eran más probables de expresar una actitud de "palomas", es decir, antibélica. Ni la edad, ni la escolaridad, ni la afiliación partidista
mostraron una brecha tan marcada en el apoyo o falta de apoyo hacia la guerra antiterrorista como el género de los entrevistados. Tampoco el tener familiares cercanos que viven en Estados Unidos, una variable generalmente asociada con posturas hacia Estados Unidos, marcó grandes diferencias entre el apoyo o
el rechazo a la guerra. El peso del género y la ausencia de otros factores nos lleva a pensar que el rechazo a la guerra no reflejaba una actitud
antinorteamericana, sino antibélica.
Tercero, el rechazo a la guerra ha sido creciente. Según una encuesta realizada en octubre de 2002, el 76% de los encuestados dijo estar totalmente o algo en desacuerdo con que Estados Unidos declarara la guerra a Irak como parte del combate al terrorismo.5 Hacia febrero de 2003, ese porcentaje de rechazo a la guerra había aumentado a 85%, nueve puntos por arriba del nivel de octubre.6 Sin embargo, el cambio más notable se evidencia en el porcentaje que se manifestaba "totalmente en desacuerdo", el cual pasó de 55 a 73% en esos cuatro meses, es decir, un aumento de 18 puntos en el rechazo absoluto a la guerra.
Cuarto, el rechazo a la guerra parece explicarse mejor por la creencia de que ésta traería consecuencias económicas que por cualquier otro aspecto en el que pueda pensarse. De acuerdo con una encuesta realizada en enero de este año, 54% de los entrevistados manifestó que los principal forma como una guerra entre Estados Unidos e Irak afectaría a México sería en la economía; 18% opinó que la guerra nos afectaría en "todo", así sin especificar, y 17% no supo dar una opinión. Solamente 2% manifestó que la guerra involucraría
militarmente a México.
Quinto, las crecientes tensiones internacionales parecen haber cambiado la opinión que los mexicanos tienen acerca de su papel en las Naciones Unidas. A pesar de la relativamente baja confianza de los mexicanos en ese
organismo, el ingreso de México al Consejo de Seguridad obtuvo, en un principio, el beneplácito de la opinión pública nacional. A principios de febrero de 2002, tan sólo a un mes de su ingreso, una encuesta mostró que 62% de los entrevistados estaba de acuerdo en que nuestro país fuera miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; 23% se manifestó en
desacuerdo.7 Sin embargo, ante la coyuntura de la guerra y el voto de México en la resolución del Consejo, la ciudadanía comenzó a resentir el peso de la posición que ese organismo implica. Una encuesta realizada en febrero de este año, mostró una actitud un tanto diferente a la que se había registrado un año antes. De acuerdo con ese estudio, 56% de los entrevistados consideraba que el ingreso de México al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas había resultado perjudicial para el país, al darle problemas y ponerlo "en situaciones que no son nuestras".8 En contraste, 32% opinaba que esa posición en el organismo internacional había beneficiado a México, al darle un mayor
liderazgo a nivel mundial. Tras conocer estos datos la pregunta obvia es si el gobierno está siendo lo suficientemente claro o más bien confuso acerca de la importancia de que México sea miembro de ese organismo internacional. Al parecer no hay una convicción clara de la opinión pública al respecto.
Sexto, la opinión pública que mayoritariamente se manifiesta en contra de la guerra, ha estado convencida del argumento de que Irak sí posee armas de destrucción masiva que podría utilizar en cualquier momento. En septiembre de 2002, a un año de los ataques terroristas en Nueva York y Washington, 84% de los mexicanos entrevistados dijo creer que "en Irak sí se producen armas químicas de destrucción masiva que podrían usarse en ataques terroristas".9 También 84% opinó que "las Naciones Unidas deberían
presionar más a Saddam Hussein para que los deje inspeccionar si se producen o no armas de destrucción masiva en Irak". Paradójicamente, 58% no
consideraba que la producción de armas químicas de destrucción masiva en Irak fuese razón suficiente para justificar un ataque militar de Estados Unidos a ese país.
Con todo y esta convicción, la gran mayoría de los mexicanos encuestados se manifestaba porque México se abstuviera de votar en la resolución de la onu relativa a llevar a cabo un ataque en contra de Irak. Según una encuesta
realizada en la tercera semana de febrero de este año, 66% de los entrevistados tenía la opinión de que México debería abstenerse de votar en esa
resolución;10 24% consideraba que México debía votar en contra y 6% a favor. Es de notarse que, cuando se planteaba la posibilidad de que el voto de México estuviera vinculado con el tema migratorio entre Estados Unidos y nuestro país, o con posibles consecuencias en las relaciones comerciales entre ambos países, el porcentaje de gente que se manifestaba por votar a favor se triplicaba. Esto denota que un sentido de autointerés estaba sin duda jugando un papel importante en las posturas de muchos mexicanos.
Vale la pena preguntarse si las posturas de los mexicanos frente al conflicto actual responden puramente a las convicciones y principios, y en algunos casos al autointerés de cual hablábamos, o también a la información que
ofrecen las elites políticas al respecto. ¿Ha sido efectivo el gobierno mexicano en enviar claros mensajes a los mexicanos acerca de lo que es conveniente para el país, o la opinión pública ha quedado en medio de la incertidumbre al no haber un mensaje claro? Si acaso lo ha habido, ¿qué tanto se le cree? La encuesta mencionada antes mostró que 53% de los entrevistados sentía desconfianza en el gobierno al preguntarles si creían que éste tomaría las
decisiones más convenientes para México; 40% afirmó que sí confiaba en el gobierno mexicano en este asunto en particular.
La mayoría de las personas, en su sano juicio, desean la paz. Pero en todos los países y en todos los tiempos hay unos cuantos, en no tan sano juicio, que buscan obtener alguna ventaja de esa aversión mayoritaria a la guerra. Ese fue el caso de Hitler, ese es el caso de Hussein. ¿Se habría evitado la segunda guerra mundial de hacer caso oportuno a las advertencias de Churchill en vez de hacerlo a la mesura diplomática de Chamberlaine? Imposible saberlo. ¿Se repite la historia jugando hoy Estados Unidos el papel del primero y Francia el del segundo? Imposible anticiparlo. En una entrevista reciente, Condolezza Rice, asesora de seguridad nacional del presidente George W. Bush, lo puso de manera muy sucinta: "Cuando las democracias se toman demasiado tiempo para confrontar a la tiranía, más personas pierden la vida".11
Tras revisar las mediciones de opinión pública reciente encontramos poca familiaridad de los mexicanos con los asuntos internacionales actuales, y un rechazo a la postura de Estados Unidos, no tanto por reflejar actitudes
antiamericanas, sino antibélicas. Paradójicamente, el patriotismo mexicano parece guiado por una alta disposición a pelear por el país (cuadro 3). ¿Que México y Estados Unidos tuvieron un siglo xix lleno de conflictos y otros cuantos no menores en el xx? Quién lo duda. ¿Pero fueron esos agravios mayores a la humillación de Francia por Alemania por el sometimiento durante la segunda guerra mundial? Los franceses por muchos años
mantuvieron un resentimiento hacia los alemanes, pero los países no pueden regirse sólo por su historia, sin hacer caso a sus intereses del presente y del futuro. Francia lo entendió, y la reconciliación con su enemigo histórico le trajo beneficios mucho mayores que la renovación perpetua del resentimiento. Esa es la tarea del liderazgo político de alto alcance. Esa visión de largo plazo no puede buscarse en la opinión pública en el corto plazo. Los mexicanos hemos tomado una posición naive en relación con la guerra, en beneficio de nadie. No se puede jugar en las "ligas mayores" con estrategias menores 1 Por ejemplo, entre el 24 de febrero y el 11 de marzo de 2003 se publicaron 35 editoriales en el diario Reforma de diversos columnistas y colaboradores relacionadas con el papel de México en el Consejo de Seguridad de la onu y la disyuntiva del voto de nuestro país en la resolución sobre el ataque a Irak. De ellas, 18 manifestaban que México debía votar en contra de una resolución que avalara la guerra, cinco se manifestaron por un voto a favor y doce no tenían una postura claramente definida.
profesor e investigador en la Universidad de Michigan y se ha realizado en casi 80 países que representan alrededor de 80% de la población mundial. Una colección reciente de artículos que analizan la encuesta, así como las
referencias acerca de donde consultarla aparece en Comparative Sociology, vol. I, núms 3-4, 2002. Para más información acerca del proyecto, ver www.worldvaluessurvey.com.
3 Reforma, encuesta nacional telefónica realizada el 30 de noviembre del 2002 a 851 entrevistados.
4 Reforma, encuesta nacional trimestral realizada en vivienda del 15 al 17 de febrero del 2003 a 1,498 entrevistados.
5 Reforma, encuesta nacional telefónica realizada el 26 de octubre del 2002 (n=850).
6 Reforma, encuesta nacional telefónica realizada el 22 de febrero del 2003 (n=850).
7 Reforma, encuesta nacional telefónica realizada el 2 y 3 de febrero del 2002 (n=850).
8 Reforma, encuesta nacional telefónica realizada el 22 de febrero del 2003 (n=850).
9 Reforma, encuesta nacional telefónica realizada el 7 de septiembre del 2003 (n=850).
10 Reforma, encuesta nacional telefónica realizada el 22 de febrero del 2003 (n=850).