El tango gana la calle en Madrid, con música y baile

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El tango, danza universal nacida en ambas orillas del Río de la Plata, ganó hoy la más transitada calle de esta capital, en la que un centenar de parejas dieron marco a la presentación del libro “El tango”, de Rafael Flores.

   El acto comenzó con los acordes del tango  “La Cumparsita”, obra del uruguayo Gerardo Matos Rodríguez y de los argentinos Enrique Maroni y Pascual Contursi.

   Alentadas por esa melodía las parejas, integradas casi totalmente por españoles,

entrecruzaron sus pasos en la calle Preciados, por la que diariamente transita medio millón de personas, según cálculos de la Municipalidad.

    A continuación, ya dentro de FNAC, la mayor librería de Madrid, que calificó a la obra como “el libro del mes”, intervinieron el cineasta Juan Echanove y el artista plástico Víctor Sarza, un cuarteto interpretó tangos y una pareja profesional los bailó.

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1979, donde desde hace quince años dirige el programa radiofónico “Mano a mano con el tango”.

    Ha publicado, entre otros, el libro de cuentos “Conversaciones con el buho”, la novela “Cuentos de la sombra errante”, los poemas “La caracola en el oído” y otras dos obras tangueras: “Carlos Gardel, tango inacable” y “Amor en el tango: Gricel-José María Contursi”.

   En esa danza, dice Flores, nada está delimitado, pues cada pareja baila el tango a su manera ya que “distintos son los temperamentos en cada abrazo de hombre y mujer… la gracia se enciende en improvisar juntos: gozar en la creación y adivinanza de figuras sucesivas que alumbran los cuerpos bailando abrazados”.

   El estudio histórico realizado por el autor ubica el nacimiento del tango entre el aluvión de inmigrantes que llegó a Buenos Aires en la segunda mitad del siglo XIX y registra su presencia en Europa, por primera vez, en 1895, en la Avenue du Bois, 32, de París.

   En aquella época, comenta Flores, “No existía en la memoria de Occidente un baile que en el abrazo de la pareja implicara tal absoluto autodominio y armonización. Se aceptó el tango por esa originalidad y se convirtió en tangomanía”.

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   Otro hallazgo para explicar ese desarrollo en Europa fue la fuerte corriente de regreso de los inmigrantes defraudados en sus expectativas. Señala que en los primeros seis meses de 1912 desde Argentina retornaron a su patria 47.000 inmigrantes italianos, frustradas sus esperanzas de prosperidad económica.

    En aquella Europa hubo reacciones disímiles, variando entre la aceptación en España y el rechazo en la Francia oficial. El propio embajador argentino en París, en 1913 prohibió que se bailara el tango en su legación por ser “un juguete bárbaro”, nacido en las clases bajas.

   Pero el poeta francés Jean Richepin lo defendió, argumentó que todas las danzas tienen su origen en el pueblo y que “el tango es honesto o deshonesto según sea el que lo baila”.

   Algo parecido pensó el rey de España, Alfonso XIII, que lo introdujo en la corte, premió a tanguistas argentinos y admitió que su hija, la infanta Isabel, enviada a Buenos Aires para la celebración del centenario de la independencia argentina, presidiera el estreno del tango “Independencia”, cuya partitura original recibió como un regalo especial.

   Quizás eso explique en parte que, en la actualidad, existan academias de tango en todas las grandes ciudades españolas y que solo en Madrid haya más de cuarenta.

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   En Francia hubo rechazo, pero también apoyos que permitieron vencer a aquél en poco tiempo, como la disposición de la Academia de Medicina que, en un informe de 1912, recomendó el tango como terapia, diciendo que:

   “Desde el punto de vista de la educación física, esta danza tiene, sobre todas las otras creadas desde veinte años a esta parte, la ventaja de hacer trabajar más el cuerpo y los brazos”.

   Por ello, añadió: “En adelante, los médicos franceses prescribirán a los niños débiles, para alternar con los baños de mar, tangos a toda hora”.

   Es así, comenta Flores, que el mítico Carlos Gardel, nacido en Francia, encontró en España “la pródiga antesala del triunfo europeo y norteamericano”.

   El autor analiza también el origen y la esencia de las letras del tango que “desnudan heridas, las exponen a la piedad o a la indiferencia de los otros”. En relación con esas letras

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destaca el papel de Gardel, que “es tango, pero nunca todo el tango, creación popular rioplatense nutrida en sus raíces profundas de lo anónimo, como toda tradición”.

   Un auge como está teniendo el tango, no sólo en la región de sus orígenes, sino también en lugares tan alejados como Japón, Europa o Norteamérica, se explica, según flores, porque “escenifica en el baile la promiscuidad física de la sociedad contemporánea”.

   Porque, “la urbe nos aglomera en andenes, en aceras, en tiendas, en partidos de fútbol y tantos puntos de encuentro anónimos. Es esplendor de lo anónimo y promiscuo, de la soledad terriblemente expuesta y de la presencia ausente de los otros”.

   El tango es música, con el bandoneón llegado de Alemania como instrumento estrella, es letra y, sobre todo, es danza. “El tango es una forma de caminar abrazados persiguiendo un singularísimo goce estético en el desplazamiento” pues, dice Flores, “quien baila gusta de lo que hace y, entre las muchas cosas que pueda buscar en ello, está la belleza”. Y concluye, “el tango es un relato que se escribe con los pies”, ya que al danzar el torso se mantiene erguido y todas las figuras se construyen moviendo el cuerpo de la cintura hacia abajo.

   La presentación del libro concluyó con la interpretación de tangos por el cuarteto Recuerdo, integrado por un argentino y tres españoles, una exhibición de una pareja de bailarines, él chileno, ella española y, por último, otra vez con todo el público asistente danzando al ritmo de “La Yumba”, del desaparecido maestro Osvaldo Pugliese. (Madrid,

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14-04-2003)

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