El Juego de La Atencion

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EL JUEGO

DE LA ,

ATENCIÓN

DESCUBRIR NUESTRO PROPIO YO

Marly Kuenerz

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© 1 99 5, E di tor i al L IB S A C / N a r c i s o S e r r a , 2 5 2 8 0 0 7 M a d r i d T e l . : ( 9 1 ) 4 3 3 5 4 0 7 Fax: (91) 433 02 04 Fotocomposición: Versal, S.L. I S B N : 8 4 - 7 6 3 0 - 9 9 1 - 0 Dep. Legal: M-16.201-1995

Derechos exclusivos de edición para todo el mundo. Prohibida la reproducción total

o parcial de la obra sin autorización por escrito del editor.

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ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN ... 5

Nuestro computador particular ... 6

Más allá de la memoria y el olvido ... 8

Las enseñanzas de los yoguis... 10

CAPÍTULO 1 - QUÉ ES EL JUEGO DE LA ATENCIÓN ... 11

Atención es nutrición... 11

El tiro sale por la culata ... 12

Cómo abrir la puerta ... 15

El compañero de viaje ... 15

Propuesta de trabajo ... 16

CAPÍTULO 2 - PURIFICAR LA INFANCIA ... 20

Cómo se programa nuestra mente ... 20

Dos mundos en busca de equilibrio... 20

Las repeticiones ... 22

Juntos en el mismo barco ... 23

Las grabaciones intensas ... 25

Imitación u oposición ... 26

Las etapas del crecimiento y sus mecanismos ... 28

La esencia y la alegría... 28

La fase de credulidad ... 29

La independencia... 31

La fase de rebeldía... 32

Síntesis, paso a paso... 34

Las grabaciones de la mente ... 35

La vulnerabilidad del niño y del adulto... 35

«Diapositivas» y amor... 37

El poder del cuerpo ... 38

Estrategias de defensa ... 40

Los núcleos autodestructivos ... 42

La peor escena... 42 Pureza e inocencia ... 43 Vida o muerte ... 43 El amigo ogro ... 45 Autodiagnóstico……….. 46 Quimeras en la retina... 46

CAPÍTULO 3 - EN BUSCA DE LA PAREJA INTERNA ... 52

El triángulo y la lucha por el poder ... 52

El milagro de existir... 52

Las alianzas ... 53

El huevo de Colón ... 55

La dependencia ... 58

Flechas hacia el futuro ... 59

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Marly Kuenerz

El verdadero papel de lo masculino y lo femenino ... 60

El brazo rechazado... 60

Idilio entre las dos energías... 63

Fuera y dentro ... 64

El príncipe azul ... 65

El enamoramiento y las polaridades ... 66

Una fobia al revés... 66

El péndulo y el «no doy» ... 68

Amor y odio... 70

La energía sexual, vital, espiritual ... 71

Nuestra herencia divina ... 71

El peligro del tabú... 73

Primeras experiencias ... 74

La otra cara del morbo... 76

Las extrañas caras del amor ... 78

El gran espejismo ... 78

Violadores violados ... 79

Compra-venta de lavadoras ... 81

El drama de ser feliz ... 82

CAPÍTULO 4 - EL ESPEJO DEL MUNDO ... 85

Sólo existo yo mismo ... 85

La prisión de los sentidos... 85

Mirando desde la ventana ... 87

Para conocer el color de mis ojos ... 88

Las personas-termómetro ... 89

El papel de la envidia... 91

El círculo del Diablo ... 92

La «pelotera» como camino ... 92

Esperando el castigo... 93

El juez negro... 94

Miedo es igual a deseo ... 95

La escapada del infierno ... 97

¿Quién ha inventado la culpa? ... 97

El don de la responsabilidad ... 99

Viciados en culpa ... 100

Las dos caras de la omnipotencia: vencedor-perdedor... 101

La Gran Red ... 103 La alfombra y el nudo ... 103 El verdadero autor ... 106 La micro-red, el cerebro ... 107 Descubrimiento de la macro-red ... 108 El director de la película ... 111

La mesa está servida ... 113

CAPÍTULO 5 - EN EL REINO DE LAS EMERGÍAS ... 116

El Teatro y el Ser... 116

La imagen ... 116

El Ser y el personaje ... 118

Arquetipos, cuentos y películas ... 119

La red arquetípica ... 121

ÍNDICE DE EJERCICIOS ... 123

BIBLIOGRAFÍA... 125 CENTROS DE INFORMACIÓN... 127

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INTRODUCCIÓN

Una llave maestra es aquella que abre todas las puertas. ¿Qué puerta queremos abrir? El hombre desea abrir la puerta de la felicidad... y la definición de felicidad varía de una persona a otra. Para unos es sentir sensaciones fuertes, para otros es alcanzar la paz interior, tener la pareja ideal, o bien, tener poder, dinero, posición, posesiones... Ideales cuya índole tiene todas las formas, colores y posibilidades de un caleidoscopio... ¡La atención es la llave maestra que abre estas puertas!

Para comprender el enorme poder de la atención, primero habrá que aceptar el enorme poder de nuestra mente. Muchos nos identificamos exclusivamente con el cuerpo, diciendo que la mente depende del estado de nuestro cerebro: si éste se deteriora, la capacidad mental se pierde. Aunque esto sea verdad, constituye sólo una parte de ella... Sabemos que una parte de nuestro cerebro, que ni conocemos bien ni dominamos, es responsable de que funcione toda esta increíble máquina, tan delicada y, al tiempo, tan resistente, que es nuestro cuerpo. Aunque de él dependa nuestra vida, frecuentemente lo maltratamos, desatendemos sus necesidades más básicas, descuidamos la química que ocurre en él diariamente por medio de la alimentación, y dificultamos su funcionamiento, llenando nuestro organismo con alcohol, drogas, tabaco, grasas y toda clase de excesos. No le hacemos ni caso, hasta que un día nos da un susto de muerte: ¡algo deja de funcionar! Paralizados e impotentes, tomamos consciencia de que estábamos jugando con fuego...

En este momento, dependemos de una parte de nuestra mente que rige nuestra vida emocional. En ella, se han ido grabando todas las impresiones

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fuertes que tuvimos a lo largo de nuestra vida, que van a demarcar un sinfín de tendencias y talentos, así como las dificultades y limitaciones. De este «cóctel» de impresiones, reacciones mecánicas, pensamientos, tendencias e impulsos, además de la información genética, va a salir la reacción al susto que nos ha dado el cuerpo. Si el «cóctel» resultante está a nuestro favor, vamos a cuidar del cuerpo, a colocar la atención en sanarlo, y pasaremos a darle el cuidado y apoyo que se merece. Si, por el contrario, la mezcla es corrosiva, seguiremos en el proceso de deterioro, sintiéndonos impotentes ante la autodestrucción que se ha instalado. En este caso, veremos al cuerpo como una entidad separada y enemiga que nos traiciona y domina. La separación entre la mente y el cuerpo se acentúa, y con ello, la sensación de impotencia. Nos creemos que el poder lo tiene nuestro cuerpo...

Si no podemos negar que el cuerpo se rige por una pequeña central cerebral, innata, que le da todas las órdenes fisiológicas y bioquímicas, tampoco podemos negar la influencia que tienen sobre esta central los contenidos emocionales y los pensamientos. Ante una situación de peligro, habrá toda una serie de reacciones orgánicas, mensurables y visibles, que varían de una persona a otra. No es igual la reacción emocional de un hombre ante un león, que la de su domador; éste no tendrá pánico, no le temblarán las piernas ni sentirá sudor frío... Aunque su cuerpo esté en estado de alerta, no se siente impotente; sabe lo que tiene que hacer, además, su atención está entrenada, sabe concentrarse ante el animal, reconocer sus más mínimas reacciones. Su actitud mental y emocional determinará no sólo sus reacciones fisiológicas, sino también su actuación. Es, pues, innegable, que el juzgarse impotente en determinada situación o, por el contrario, sentirse con recursos, será lo que va a determinar la emoción resultante y ésta, a su vez, disparará la reacción fisiológica correspondiente.

Toda nuestra vida es así... según la información que tengamos sobre una situación, así la juzgamos, así serán las ideas, que a su vez dispararán emociones que influirán en nuestro cuerpo. Pero también ocurre al revés: si el cuerpo nos duele y sentimos miedo e impotencia, creamos la idea de que estamos enfermos, y esto influirá sobre nuestra capacidad de curación. El círculo funciona tanto en una dirección como en otra.

Nuestro ordenador particular

Podemos fácilmente entender que un programa de ordenador responda fielmente a las órdenes que le damos. Sin embargo, nos cuesta aceptar que nuestra mente reaccione mecánicamente a lo que esté grabado en ella. Si un determinado olor suscita sensaciones de bienestar o de tensión, es natural que esto se deba al hecho de que aquel olor

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El juego de la atención

esté encadenado a una experiencia alegre o a una angustiosa, grabada anteriormente en nuestro ordenador mental. ¿Y cómo se producen estas grabaciones? Siempre a tra-vés de nuestros sentidos. De la misma forma que un olor puede evocar un sentimiento u otro, no provocará ninguna respuesta si no hay ninguna grabación asociada a aquel olor. Así, se puede haber grabado un gesto, un tono de voz o un ruido, el gusto de cierta comida o el contacto corporal con algún tipo de aspereza o suavidad. Igualmente, una sensación corporal, dolorosa o placentera, tensión muscular, hambre o sensaciones corporales, pueden haberse asociado a situaciones concretas. Todo ello, evocará estados de ánimo y hasta reacciones fisiológicas que nos pueden parecer inexplicables si no tenemos consciencia de lo que se ha registrado anteriormente. Cuando nuestros sentidos captan algo que se corresponde con una grabación anterior, se produce como un retroceso en el tiempo y se reviven las mismas sensaciones del pasado. Esto provoca, a menudo, comportamientos totalmente inadecuados a la realidad del momento, actitudes incomprensibles e infantiles. Así que nuestras reacciones, maneras de pensar y juzgar las cosas, están íntimamente relacionadas con estas grabaciones ocurridas a lo largo de nuestra historia, y provocan reacciones mecánicas que no siempre comprendemos, pues la emoción puede no ser accesible. Es más: muchas grabaciones poderosas actúan y determinan un sinfín de acciones y juicios ¡sin que sintamos nada! Son las de acceso más difícil, y las que provocan escepticismo... La emoción es el puente al pasado; si no sentimos, no llegamos a la raíz, y nos parece que nuestras reacciones y sensaciones son inexplicables, caídas del cielo... ¡Sin embargo, son justamente estas grabaciones las que más influyen en nuestra vida!

De la misma forma, también se graban palabras, que llegan a condicionar nuestra vida de manera desproporcionada y asombrosa. Como la lógica del adulto ha cubierto de un tupido velo a la emoción de la experiencia pasada, a veces resulta difícil creer que una palabra pueda tener tal peso, tal influencia sobre nuestros sentimientos y decisiones. Una orden grabada al pie de la letra, de forma literal, estará influyendo en todo el conjunto de ideas... El mero hecho de descubrirlo y mantenerlo presente por medio de la atención, ¡va alterar grabaciones antiquísimas y olvidadas!

Todas estas grabaciones están tiñendo continuamente nuestra percepción, y la percepción va a determinar cómo enjuiciamos una situación... Imaginemos, por un momento, que en lugar de ojos tuviéramos microscopios, ¡nuestro concepto del mundo sería completamente distinto! Si pudiéramos optar por tres posiciones visuales: la «normal», el microscopio o un telescopio, tendríamos información de tres realidades que nos parecen completamente distintas y que, sin embargo, coexisten pacíficamente todos los días... Nuestra

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mente tendría que flexibilizarse, elaborando al tiempo tres ángulos distintos de la misma realidad. Nos daríamos cuenta de que el mundo que vemos ¡no es más que una pequeñísima parte de la realidad...! y lo que es más importante todavía: ¡no podríamos olvidarlo! Porque la percepción nos lo estaría recordando permanentemente. Tal y como son las cosas, lo sabemos pero lo olvidamos, pues nuestra concepción del mundo está encadenada a las características y limitaciones de nuestros aparatos sensoriales... pero esto no cambia, para nada, lo que es el mundo realmente. El que olvidemos todo aquello que no vemos y oímos, no hace que deje de existir.

Este olvido hace que juzguemos todo con la misma pequeñez y limitación de nuestros órganos sensoriales. Y acabamos juzgando nuestra mente desde esta misma limitación, olvidando que ella es capaz de verlo todo desde todos los ángulos, de percibirlo todo, de abstraerse de lo sensorial, de conectar con todas las realidades. La capacidad de nuestra mente es algo tan prodigioso, que en vez de ponerlo en duda, podríamos utilizar el tiempo aprendiendo a aprovecharla muchísimo mejor, haciendo nuestra vida más rica y más armoniosa.

Más allá de la memoria y el olvido

Para ilustrar el enorme poder de la mente y también la forma fascinante que tiene el cuerpo de guardar todas las vivencias a las que es expuesto, voy a mencionar dos hechos muy clarificadores. Hace poco se publicó en Alemania el primer libro escrito por un autista. Un chico con el que nunca fue posible cruzar una única palabra, pudo, por medio de un ingenioso programa de informática, describir su espeluznante mundo interior. De las primeras frases defectuosas pasó, poco a poco, a describir estados de ánimo y vivencias completas, delató una cantidad de información asombrosa. Se supo que este chico había pasado días enteros de su infancia hojeando, página a página, los libros de la biblioteca de sus padres. Lo que no se sabía es que estaba dotado de una inconmensurable memoria fotográfica, capaz de retener cada una de aquellas páginas que había hojeado durante incontables horas... Todo este legado, que tocaba los temas más dispares, desde la Biblia hasta libros de biología, historia y psicología, quedó acumulado en su mente, constituyendo el sustrato sobre el cual pudo, años más tarde, describir todo su torturado y fascinante mundo interior.

Igualmente asombrosa es nuestra memoria corporal. Hace años, en una sesión de respiración, notamos en la sala un inconfundible y fuerte olor a cloroformo. Provenía de uno de los participantes del grupo, que respiraba con los demás. Supimos, después, que la madre de este hombre de 36 años, aspiró una dosis altísima de cloroformo durante su nacimiento. Nos contó que aun hacía

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poco, el cuerpo de su madre seguía reaccionando ante el menor olor a cloroformo, sufriendo ataques de vómito y náusea. En aquella sesión de respiración, por alguno de estos maravillosos y misteriosos mecanismos de que dispone nuestro cuerpo, el cloroformo impregnado en las células de aquel hombre, hacía nada menos que 36 años, ¡vino a la superficie y se liberó!

Otro caso interesante ocurrió cuando una persona, haciendo una sesión de respiración en la bañera, empezó a soltar un discurso incontenible, expresando un explosivo resentimiento que llevaba años reprimido. Su cuerpo empezó a soltar residuos oscuros, de tal forma que, en algunos minutos, ¡la línea del agua quedó marcada con un borde grueso y negro de impurezas!

Si ponemos nuestra atención en ello, no tenemos que alejarnos de nuestro día a día para descubrir ejemplos que demuestran, sin lugar a duda, las desconocidas capacidades de nuestro asombroso potencial mental. En una experiencia psicológica, se invitó a cien mujeres a que se sentaran en un cine vacío. La mitad de ellas eran mujeres «felices», que tenían una personalidad estable y una vida sentimental satisfactoria, así como éxito profesional y buena situación financiera. La otra mitad la componían mujeres con una personalidad inestable, con una vida sentimental y social conflictiva y sin éxito laboral. Se anotó dónde se había sentado cada mujer. A continuación se invitó a cien hombres a que se sentasen en la misma sala vacía, y se anotó los sillones que escogieron. El resultado fue concluyente y sorprendente: casi todos los sillones donde se habían sentado las mujeres «felices» fueron ocupados por los hombres, ¡mientras que los de las «infelices» quedaron vacíos! Detrás de una aparente casualidad, había la percepción de algo que está más allá de la razón... Cuando tu atención se dispersa en la vida cotidiana, realizas una serie de actos involuntarios, aparentemente «casuales», que te quieren decir algo. Te olvidas de algo, para tener que volver a un sitio concreto; te das un golpe cuando pensabas algo denso y desagradable; el café se cae sobre un texto importante... Son acciones mecánicas que, si las analizas, ¡descubrirás que están señalando un propósito! Como si tu coche te llevara por su cuenta.

¡Y aquí es donde entra la atención! Porque puedes dejarte llevar por este coche eternamente, sin darte cuenta siquiera de lo que está ocurriendo, en cuyo caso el programa se repetirá sin grandes variaciones. O puedes comenzar a fijarte. Comprender lo que persiguen tus grabaciones inconscientes es el primer paso. Luego, añadir información al programa, modificar grabaciones, para poder llevar tu vida hacia nuevos derroteros, más armoniosos y acordes con tus opciones. En realidad, jugamos con ventaja, pues el programa no piensa, y ¡tú sí! Al colocar tu atención en este mundo paralelo, descubres un guión cuyo contenido transcurre solapado, como una doble vida ajena, pero que sigue junto a ti, perfectamente coherente... Vas tomando contacto con una parte tuya oculta y poderosa, desconocida y familiar, ajena y propia, fas

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cinante y temible, esperanzadora y extraña. Después de este descubrimiento, tu vida ya no será la misma. Al aprender a dirigir tu atención, podrás interferir y modificar el guión de tu vida.

Las enseñanzas de los yoguis

Los antiguos yoguis ya lo sabían; entrenaban su atención como si de ello dependiera su vida. Hace milenios ya sabían que era y es la llave para el dominio de sí mismo. Dedicaban a ello el mismo tesón y la misma perseverancia que en Occidente se suele poner en el éxito social y material. Saben desde siempre que, si dominan la atención, podrán influir en todo el funcionamiento corporal, mental y emocional; podrán exponer su cuerpo al frío y al calor, a intervenciones quirúrgicas sin sentir dolor, y también podrán escoger sus sentimientos y llevar su pensamiento donde les parezca adecuado. Son dueños de su ordenador, y por ello, de su vida y de su cuerpo. En Occidente conocemos la importancia de la atención para el estudio y el trabajo, pero no para el dominio de la vida interior. Esto nos lo enseñan los yoguis desde tiempo inmemorial. La atención es la llave... con ella podemos dejar de sufrir, física o moralmente; con ella podemos optar por la felicidad. También saben que, mientras no somos dueños de nuestra atención, no somos más que corchos flotando en el mar de las emociones... En Occidente, todavía estamos discutiendo si es la mente la que influye en la salud del cuerpo o bien es el cuerpo el que influye en la salud mental. ¿Qué es primero, el huevo o la gallina? Muchos médicos tratan el cuerpo como si fuera totalmente independiente de la mente... No creen que una persona con la mente debidamente entrenada sea capaz de ver, en el campo energético de otra persona, las enfermedades mucho antes de que se puedan detectar físicamente. Simplemente, se niega aquello que todavía no se conoce ni se domina. No se le presta atención. Pero no por eso deja de existir. Simplemente no se le saca provecho, y se desperdicia una vez más el enorme poder de la mente.

Estos antiquísimos sabios nos dejaron otro legado muy importante: con nuestro poder mental y con el dominio de nuestra atención podemos hacer mucho, muchísimo, ¡pero no podemos hacerlo todo! Hay una parte que escapa a nuestro control, que no nos queda más remedio que aceptar, que acatar desde una perspectiva mayor. ¿Por qué nos toca este destino concreto, y no otro? ¿Por qué me ha tocado este país, esta familia, este cuerpo, este color de ojos? ¿Por qué tuve que vivir estas «injusticias»? ¿Por qué yo? En la aceptación de lo imponderable, en la aceptación de nuestro destino y de las vivencias concretas y particulares que hemos tenido que experimentar, está la llave de la felicidad.

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Capítulo 1

¿QUÉ ES EL JUEGO

DE LA ATENCIÓN?

Atención es nutrición

p e r s

E

n un sinfín de escenarios, se muev e n u n s i n f í n d e o n a j e s . E n este hormiguero frenético, algunos juegan a ser jefes, otros a «mandados»; unos son buenos y otros malos; unos ricos y otros pobres; está el patriarca, el mendigo, el bienhechor y el ladrón; el galán, el seductor y el seducido; el rechazado y el prepotente; la víctima y el verdugo... un sinfín de papeles que se entremezclan y cruzan, innumerables guiones que se encuentran y desencuentran, incontables historias que se funden, materializando nuevos personajes y nuevas combinaciones que se

amalgaman, crean-do una maraña cuyo único guionista es la vida misma. A cada uno de nosotros nos tocan determinados papeles, de los cuales unos nos gustan más y otros menos. De tanto jugar, llegamos a creernos el personaje, nos identifi-camos con él, y según sea una trage-dia griega o un musical americano, reímos, lloramos, nos desesperamos, sufrimos, gozamos... ¿Cómo nos enredamos en este increíble juego de la existencia?

Desde su infancia hasta su vejez, el ser humano quiere atención: quiere que se le vea, se le atienda, se le demuestre cariño, respeto, amor... que se le considere, que se le tenga

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desde siempre, el hombre está bus-cando atención fuera. Primero, de papá y mamá, de los hermanos, luego de los compañeros y amigos, de la pareja, de los hijos. Una búsqueda interminable, siempre atento a los demás, sintiéndose bien cuando logra la atención que desea, angustiado cuando fracasa. Como a un vampiro, la nutrición le viene de los demás. P a r a c o nse g ui rl o , us a to d os l o s medios de que dispone. Si no logra que le vean, comienza a probar todos los comportamientos, actitudes y for-mas de ser... utiliza absolutamente todos los «juegos» que conoce para lograr el objetivo. Es capaz de esfor-zarse hasta el límite para agradar, y si no lo logra, es capaz de buscar atención a cualquier precio, siendo el niño problema, el incapaz, el tonto, el deprimido, el agresivo, poniéndose enfermo... Todo vale, pues de ello depende la sensación

de estar vivo, de ser reconocido, de

ser amado.

Así que nuestro niño va probando, ¡hasta que encuentra el «juego» que tiene éxito! En este momento, ocurre algo inesperado: a partir de ahora ya no está a merced de las circunstancias,

¡ahora tiene recursos! Nunca más

tendrá que soportar la impotencia de que no le vean ni consideren. De ahora en adelante tiene en sus manos un arma fundamental: sabe cómo ser dueño de la situación, consigue ser el centro de las atenciones, aunque sea recibiendo golpes o regañinas. ¡Ya puede sacar de sus casillas a papá y

a mamá cuando le viene en gana! Puede hasta castigarlos si no le dan el amor y el respeto que necesita...

ya tiene el poder en sus manos.

Naturalmente, esto no lo va a entregar tan fácilmente. Aun a costa de sí mismo aprendió muy bien la lección. También puede ser un «juego» aplaudido y aceptado socialmente: el primero de la clase, el gracioso, el inteligente, el respon-sable, el leal, la guapa, la seductora, la dulce. Tendrá la atención que necesita, sabe qué hacer para ser atendido, alabado... pero a costa de su espontaneidad, a costa de sí mismo, pues ya es una actitud que le ha atrapado, que le tiene prisionero.

El tiro sale por la culata

Lógicamente, el niño se agarra con uñas y dientes a esta actitud, a este comportamiento o forma de ser que le hace poderoso. Este «juego» se fija. Pasa a formar parte nuclear de su personalidad, todo lo demás se va construyendo alrededor de aquello que tuvo éxito, lo que consiguió el objetivo último de ser visto y oído. Y este «juego» va haciéndose cada vez más habitual, ya sale solo, visceralmente, como un disco rayado. Hay, además, otra consecuencia importante. Como es natural, toda la atención del niño está dirigida hacia fuera, observando a sus padres, de quienes depende para todo lo que necesita, incluso para la supervivencia. Así se instala el 12

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hábito de colocar continuamente la atención en el otro. Mientras sea así, nada puede cambiar ni transfor-

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El juego de la atención

marse. El camino de vuelta consiste en hacerlo al revés: poco a poco, paso a paso, día a día, volver la aten-ción hacia dentro, tal y como fue en un principio. El recién nacido sólo sabe de sí mismo.

El tiempo va pasando y, lo que comenzó como una forma de hacerse notar, va transformándose poco a poco en una forma

compulsiva de ser. Fue tan

importante, se puso tanta energía en aquel comportamiento, ¡que ahora

parece tener vida propia! Aquella

actitud comienza a dominar al adolescente y luego al adulto, de una forma tan potente ¡que ya no tiene control sobre la situación! Quiere comportarse de otra manera y no puede, está en manos del «juego» que le hizo poderoso. Se da cuenta de que ya no domina la situación. Pero la sensación de poder perdura, y más todavía: le parece que si abandona aquella forma de ser, ¡se queda de nuevo impotente, vulnerable, en manos de los demás! Así que sigue agarrado a su «juego» como si de ello dependiera su vida, totalmente olvidado de que la situación cambió, de que ya no es un niño sin recursos, de que el tiempo pasó y, como adulto, tiene un abanico de posibilidades que no tenía antes...

En este momento, la persona se identifica con el papel: «Yo soy agre-sivo...» Léase deprimido, dependiente, rebelde, víctima, enfermo, loco, incapaz, distraído, vencedor, perdedor... el personaje que sea. Da lo mismo que sea un

personaje problemático o admirado. El extravertidocompulsivo... aquel que tiene que ser siempre simpático, animado y alegre. Es lo que se espera de él. La máscara ya se ha pegado a la piel, la sonrisa ya es obligatoria, ya perdió su frescura y su belleza. Ahora, identificado con su juego, nuestro amigo ya está

¡colocando toda su fuerza mental en esta creencia! Todo lo que piense de

la vida y las cosas estará teñido de este juicio sobre sí mismo. Y al creerlo, cada vez lo estará cristalizando más, creando sin parar situaciones en las que se convence de que verdadera-mente... «soy así».

En un momento de su vida, se encuentra identificado con un repertorio de personajes con los que se mueve y se relaciona con el mundo. Cada personaje tiene una función y le aporta o le ha aportado un beneficio, aunque quizás su propósito inicial esté ya olvidado. Es como repetir la función una y otra vez... ya ni se acuerda de por qué es siempre tan responsable, tan iracundo o tan marginado. Ya no recuerda que fue una máscara que usó una vez para conseguir un fin... quizás ni siquiera llegó a darse cuenta. Un día, siente algo raro en el pecho, como un hueco, un recuerdo dolido de algo que falta, un vacío angustioso e interminable, la sensación de la nada. Una pregunta se queda parada en el aire, como un grito desesperado: «,Quién soy yo?» ¡Y nuestro amigo no comprende lo que le pasó...!

Éste es el Juego de la Atención.

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Un mecanismo a través del cual nos identificamos con lo que no somos.

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Nos identificamos con un papel, una máscara, un personaje determinado,

y olvidamos lo que somos realmen-te. De lo que hemos sentido y sido,

antes de que los juicios nos separasen de nuestros instintos, de nuestros impulsos y de nuestra capacidad de amar. Antes de ver nuestra imagen en el espejo y oír una voz diciendo: «Mira al nene...» En este momento el niño no comprende nada: ¿Quién soy yo, el que siento dentro de mí, vibrando, pulsando, o esta imagen que veo en el espejo? Ya comenzó la división, la duda, la confusión entre el dentro y el fuera.

La imagen comienza a ser más importante que el Ser que vibra dentro de nosotros. La imagen ya tiene vida propia, nos domina y a ella sacrificamos nuestros más añorados ideales. Identificamos la imagen con el poder, la ponemos en un pedestal porque creemos que nos protege y que sin ella estamos perdidos. Pasa-mos a vivir para ella y no para nuestro Ser, nuestros sentimientos y nuestra fuente de amor. Parece que, si soltamos la imagen, el mundo se viene abajo, nos quedamos como un pajarito recién salido del huevo en medio del fragor de una batalla. Hemos vendido nuestra alma a cambio de un poder malentendido...

1. ¿A qué estoy jugando yo?

Ahora interesa pararse un poco y tratar de descubrir ¿cuál es mi Juego de la

Atención? No siempre es fácil, lector, identificar el propio juego... Es algo que se hace

de forma tan automática, tan inconscien-te, que a menudo se nos escapa. ¿Cómo consigues que se fijen en ti? ¿En qué te crees especial y diferente? ¿Qué actitud tienes que te parece natural e inalterable? Observa la lista que menciono a continuación y trata de descubrir cómo haces para conseguir la atención de los demás. ¿Siendo una víctima, lamentándote y quejándote de todas las injusticias que has tenido que sufrir, todas las enfermedades, abandonos, esfuerzos, ingratitudes, irracionalidades y maldades de los demás, cargando la melancolía y el punzante dolor del que ha sido maltratado? ¿O siendo aquel que siempre tiene las soluciones, sabe las salidas, sabe lo que deben hacer todos, cómo resolverlo todo, sabe las respuestas a todas las dudas? ¿O bien eres el gracioso, el que divierte, distrae, cuenta los chistes, anima y eleva los ánimos de todos, distribuyendo energía y buen humor a los cuatro vientos? ¿O eres aquel que siempre encuentra el punto débil, el fallo, la parte incompleta e inadecuada de todo, siempre en busca de una perfección inal-canzable? ¿O eres el que siempre busca pelea, fricción, lucha, confrontación, indig-nado con el mundo y con la vida, exigiendo y avasallando a pesar tuyo? ¿O eres el incompetente, el tonto, el que no consigue hacer las cosas ni obtener resultados, el que no es lo

suficientemente intel i g e n t e , i n f o r m a d o , c u l t o , c a p a z o

habilidoso, el eterno derrotado? ¿O eres el eficiente, el práctico, el que se preocupa por todos, piensa por todos, provee a todos, cuida de todos? ¿O el distraído, siempre en las nubes, viviendo tu propio mundo, ausente en tus devaneos y sueños? ¿O eres el altruista, siempre preocupado y tratando de ayudar a los demás, sintiendo en tu carne las injusticias, las guerras, los dolores del mundo? ¿O el responsable, que carga un peso en la espalda, que carga con todos los problemas y crees que si tú

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no te ocupas, el mundo se viene abajo? ¿O eres el eterno huidizo, que te escabulles las

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El juego de la atención

situaciones que representen compromiso, enfrentar problemas o personas, respon-sabilidad o disciplina?

Mira, querido lector, qué haces para conseguir que te presten atención, te miren, te admiren o te repudien, hablen de ti, bien o mal... No se trata de que sea bueno ni malo, lo que buscamos es lo compulsivo, automático, cristalizado y mecánico.

CÓMO ABRIR LA PUERTA

El

compañero de viaje

Si estás encerrado dentro del cubículo de lo que crees que eres, prisionero de tu propia imagen, con tu Ser verdadero queriendo expandirse, explotar, alcanzar su libertad... ¿cómo se puede salir de ahí?

Llegó el momento de usar la llave —la atención—, meterla en el cerrojo y hacer el recorrido al revés, es decir, abrir. Has estado de viaje con un desconocido: tú mismo. Llegó el momento de intimar con este desconocido, fijarte en él, observar sus movimientos, sus deseos, sus recursos, sus inesperados prontos, sus necesidades, ideales, ilusiones, sus maldades... Como el domador con el león, no hay más remedio que adivinarlo, conocer el significado de sus más pequeños movimientos, observar cuándo le brilla la mirada, en qué pro-yectos coloca su energía vital, qué cosas le encogen y entristecen. De la misma forma que al domador no se le ocurre culpar al león de sus

instintos, tampoco podrás enjuiciar alcompañero de viaje ni echarle en cara sus ocultas oscuridades, pues sabes que son simple fruto de su historia. Para poderle comprender, tendrás que acompañarle a través de sus experiencias, conocer su infancia, la casa donde creció, los padres que tuvo, saludar a su familia, saber lo que desearon de él, lo que realmente era importante para ellos. También tendrás que saber cómo fue para tu amigo su adolescencia, cómo se acercó al sexo opuesto, cómo se lanzó al ruedo de la vida, qué toros le tocó lidiar, qué cornadas se llevó en el aprendizaje... Tendrás que saber qué exige de sí mismo, qué añora y desea, qué rechaza y repudia. Es un largo viaje, pero tienes tiempo... es un viaje que dura toda la vida, así que no te agobies.

Seguro que le irás cogiendo cari-ño, comprendiendo, perdonando, amando, y que terminaréis como los amigos más entrañables. Pero para que esto ocurra tendrás que tener mucha paciencia, desenredar muchos entuertos y malentendidos, convencer a tu amigo de su poder como a d u l to , de s u e n o r m e c a pa c i da d como ser humano, de su belleza, de su pureza, de su inocencia. Tendrás que acompañarle a sus rincones más lúgubres, aceptar sus instintos más salvajes y morbosos sin un solo gesto de reproche, aceptar su sadismo y su masoquismo con el corazón lleno de agradecimiento por confiar tanto en ti como para mostrarte sus miserias. 15

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a poco, día a día, aunque a veces no consigas remediar el sufrir y gozar con él; pero siempre a su lado, apo-yándole y abierto a todo, a bajar a las alcantarillas y a encontrarte con las ratas, a subir a las montañas y a encontrarte con los ángeles. Más allá del juicio, más allá del bien y del mal. Más allá del juego del poder donde se fijó la imagen, el personaje, la mal-dad y la bonmal-dad. Vivir con él los momentos en que pensaba que se iba morir y también aquellos en que se culpó de todos los males del mundo. Vivir también sus grandes ilusiones, conocer la meta última de su vida, que quizás ni sea la verdadera...

Juntos podéis descubrir que más allá del guión del gran teatro de la vida hay otra dimensión, donde las cosas son distintas, donde lo que hay es una gran búsqueda de equilibrio. Una búsqueda que no juzga lo que es bueno ni lo que es malo, sino que, como en un sistema de vasos comu-nicantes, el agua va donde le lleva la fuerza de la gravedad, sin que import e s i i nu n da un a re gi ó n o q u e l a sequía deje la tierra clamando por piedad. En este ámbito, podréis entender muchas cosas y aceptar otras más. Y comprendiendo, podréis parar de luchar contra lo imponderable, lo ine-vitable, contra el Todo. Ver que lo que juzgas como algo terrible, en realidad te está llevando a que el agua de los vasos comunicantes se coloque en su justo lugar. Esta otra dimensión no sabe de tus pequeños y mezquinos sufrimientos, sólo sabe

del equilibrio...

A este viaje te invita este libro. A recorrer contigo mismo toda tu historia, a encontrar las grandes grabaciones que te tienen prisionero de tus propias creencias y de tus propios juicios. A usar la llave para abrir las puertas y recorrer el camino hacia ti mismo, hacia tu interior. Aunque al principio los hábitos aprendidos te lleven a lo viejo, a lo cristalizado, poco a poco puedes aprender a poner la atención en tu callado compañero de viaje: tú mismo. Y las puertas irán abriéndose, aparecerán nuevos horizontes, nuevas soluciones nunca antes pensadas, nuevas maneras de vivir la vida, como un gran holograma que cambia de aspecto si cambias de posición.

Propuesta de trabajo

Este libro está basado en un curso terapéutico, que se desarrolla a lo largo de siete días completos y que se titula «El Juego de la Atención». Está dividido en cuatro módulos, cua-tro fases que tratan de distintos aspectos del ser humano dentro de su evolución natural. Cada uno tiene un propósito definido y muestra distin-tos mecanismos psicológicos y aspec-tos de la vida. Es una incursión en el mundo de la energía y de la psique que puedes acompañar, paso a paso, a través de estas páginas.

Como si se tratase de construir una casa, comenzamos por la base, por los cimientos: la infancia. En esta 16

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El juego de la atención

qué somos como somos, cuál es el sustrato de nuestro mundo emocional y de nuestro sistema de ideas. Qué hacer con las grabaciones psíquicas que nos hacen reaccionar de forma infantil y compulsiva, impidiéndonos tener el comportamiento que queremos. La meta es comenzar a manejar alternativas. Es imposible comprenderse sin hacer antes una profunda incursión en el momento de la vida en el que el sistema nervioso se está formando y está registrando todo lo que es intenso y vital sin con-siderar si es de signo positivo o nega-tivo.

Luego, comenzamos a levantar las paredes, colocar las ventanas y puer-tas de la casa, recorriendo la adoles-cencia, la pareja, la sexualidad, el tra-bajo. Aquí, vemos las consecuencias de todo lo anterior, en la relación con los demás y con la vida. Entramos a fondo en el eterno enfrentamiento entre los sexos, ya que la calidad y la función de la energía femenina y de la masculina, son, en general, mal comprendidas y usadas. Tratamos de ver por qué construimos para luego destruir, alejando la felicidad que tanto añoramos.

Finalmente, en ha tercera fase, colocamos el tejado de la casa, para protegernos del exceso de luz, de agua, de viento, de calor y de frío que hay disponible en el mundo de fuera. Ahora, vamos a conocer la culpa que nos impide sentir placer y nos sepa-ra del Todo, así como su única salida. Entramos de lleno en los mundos que nos rodean, tanto el

materialcomo el mundo sutil, que está siempre presente. Vemos el concepto de Dios y del Diablo, el bien y el mal, dentro del reino de la energía inteligente que crea la Gran Red, que nos envuelve a todos.

Todo ello, para conseguir, final-mente, entrar y salir de casa. Ser capaz de participar en el gran teatro de la existencia, disfrutando de su enorme riqueza, variedad y magia; y, también, poder recogerse en casa, en sí mismo, cuando sea necesario. Poder estar dentro de sí y fuera, sin p e r d e r s e n i e n u n o n i e n o t r o . . . Aprendiendo a disfrutar del Gran Guión y también del guión personal que nos ha tocado a cada uno.

A medida que vamos avanzando, lector, tendrás la oportunidad de apli-car la teoría a tu caso personal. Acompañando casi todos los temas, encontrarás ejercicios con los cuales puedes caminar por tu propio pie y con el ritmo que escojas, por este camino que te lleva hacia ti mismo. Los apartados están señalados, en cursiva, como en el Ejercicio 1, para que puedas localizarlos con facilidad; o bien saltarlos, si te interesa solamente la parte teórica. No puedo, sin embargo, dejar de animarte a que los hagas. Muchas cosas pueden ocurrir, casi sin que te des cuenta, que te h a ga n l e va n ta r te p or l a m a ñ an a encantado de estar vivo.

Está claro que un libro no puede producir la intensidad de una vivencia... Sentir en la piel una gota de agua que resbala, el olor de la tierra mojada, la emoción de un 17

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deseado... Sin embargo, puedes empezar el camino, empezar a abrir la puerta, aunque sea sólo una ranu-ra por la cual echar un vistazo y ani-m a r t e a a b r i r l a u n p o q u i t o ani-m á s . Entrar de lleno en la vida, que sólo se despliega en todo su esplendor cuando aceptas a todos sus hijos, tanto su magia como sus miserias. Si esto se logra, este libro habrá alcan-zado su objetivo.

2. Ejercicios introductorios

Ya que la atención es algo tan sumamente importante, puedes, si lo deseas, lector, comenzar a explorar sus posibilidades y a entrenarla. Son ejercicios sencillos que puedes encajar sin esfuerzo en tu vida cotidiana. Su finalidad última es que seas capaz de hacer este camino de vuelta a ti mismo, a colocar tu atención en tu interior, tus sentimientos, tus sensaciones físicas, tus pensamientos mecánicos y repetitivos, y también en la voz interior que habla cuando le das espacio y la escuchas. Para ello, tu atención tendrá que estar dentro, concentrada, pues habitualmente esta voz no grita. Suele sonar como un murmullo, suave y delicado. Como un riachuelo que corre...

Ejercicio 1 - Hay un ejercicio clásico que puede servirte de base. No solo te ayudará a la concentración, sino también te servirá de medida, pues podrás cuantificar tus logros. Siéntate cómodamente delante de un reloj grande, un despertador o un reloj de pared que tenga segundero. Procura relajar tu cuerpo, usando para ello la técnica a la que estés acostumbrado.

Si no tienes el hábito de relajarte, sigue las instrucciones siguientes. Cierra los ojos y empieza concentrándote en tu respira-ción, que dejas correr por todo el cuerpo,

como un viento fresco que limpia el polvoy abre puertas y ventanas. Cada vez más despacio y más consciente de las sensa-ciones de tu cuerpo. Luego, comienzas a relajar la cabeza (cuero cabelludo, frente, ojos, párpados, mejillas, boca, mandíbula, lengua, orejas). Luego sueltas la nuca (imagínate los nervios que se cruzan ahí, fláccidos, blandos, caídos), el cuello, los hombros. Vas relajando el tórax, bajando por la columna, imaginando todos los nervios y ganglios nerviosos relajados, fláccidos, tranquilos, entregados. Sigues soltando el pecho, el estómago, el bajo vientre, las nalgas y los órganos sexuales. Respirando lentamente y sintiendo el viento fresco abriendo y soltando. Finalmente relajas los muslos, las rodillas, las piernas, los tobillos y los pies.

Cuando sientas todo tu cuerpo relajado y suelto, pon la atención en el segundero del reloj. Siguiendo su recorrido alrededor de la esfera, mantén tu mente en blanco. Si vienen pensamientos, tráelos hacia dentro de ti, que se pierdan en tu interior. Mira cuánto tiempo eres capaz de quedarte atento al segundero sin que te lle-ven tus pensamientos. Tienes así una medida cuantificable de tu capacidad de concentración. Este ejercicio lo puedes hacer diariamente, y constatar así tus progresos.

Ejercicio 2 - Coloca un objeto delante de ti. Relájate como en el ejercicio 1, y comienza a observar este objeto. Te sor-prenderá cuántos detalles tiene, cuántos tonos distintos, cuántos matices imper-ceptibles puedes descubrir. Repite este ejer-cicio algunos días seguidos, y luego, cuan-do lo tengas muy asimilacuan-do, cuancuan-do lo sientas familiar, comienza a percibir el objeto desde otro ámbito. ¿Cuál sería la sensación de SER este objeto? Puedes conocer su esencia oculta e identificarte con ella. Si lo logras, habrás dado un paso sólido en dirección al dominio de tu aten-ción. Si no, simplemente sigue con ello,

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sin sentirte frustrado y sin prisas. Aconte-cerá cuando menos lo esperes.

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El juego de la atención

Ejercicio 3 - Cuando salgas de casa a hacer tu vida cotidiana, escoge un objeto concreto donde colocar tu atención en este día. Puede ser un color, una parte del cuer-po, algo sonoro como voces o música. Pro-ponte estar atento a ello durante todo el día. Puedes escoger, por ejemplo, fijarte en los relojes que use la gente. O en muje-res embarazadas. O en toda la ropa de color rojo. O en las orejas y sus distintas formas y tamaños. O en los timbres de voz. O en las formas de las cejas. O en las expresiones sonrientes o ceñudas de lagente. O en lo que dicen los letreros. En collares, pendientes o zapatos. En cuánta

gente se toca en la calle o lo que llevan en las manos. Pero escoge un sólo objetivo por día.

Puede ser un día interesante, en el que descubras muchas cosas en las que nunca te habías fijado. Puedes darte cuenta de muchas similitudes e incongruencias que coexisten pacíficamente. Poco a poco, podrás mantener y cambiar el objeto de tu atención, aumentando la concentración y flexibilizándola de una forma lúdica y fácil.

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Capítulo 2

PURIFICAR LA INFANCIA

C Ó M O S E P R O G R A M A N U E S T R A MENTE

Dos

mundos en busca de equilibrio

e la misma forma que el micros-c o p i o y n u e s t r a v i s i ó n c o m ú n «perciben» dos mundos aparentemente distintos que funcionan simultáneamente, también a nuestra mente le pasa algo similar. Estamos dotados de dos hemisferios cerebrales, de dos apartados. Uno nos sirve para mil usos prácticos, analiza y sintetiza, funciona con leyes que nos son familiares; el otro, funciona con un lenguaje «extranjero», distinto, un

lenguajesimbólico. Es como si

tuviéramos que aprender otro idioma

para poder comunicarnos con él, pues en nuestro idioma normal, no nos entendemos. No sólo utiliza otro tipo de lenguaje, sino que, además, tiene otro tipo de referencias. Sin embargo, aunque no nos entendamos, se entremezcla con nuestra parte conocida, aun cuando no nos demos cuenta de ello.

Con nuestra mente analítica sabe-mos que estasabe-mos sentados en un sillón, dentro de una habitación. Sabemos que hoy es el día x, de tal mes y de tal año. También sabemos la hora que es mirando el reloj o la posición del sol. Pero nuestro incons-

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El juego de la atención

ciente no conoce este tipo de cosas... sus registros son atemporales. No conoce ni el tiempo ni el espacio. Como un ordenador, en el que una vez grabado un programa, éste no se altera ni con el paso de los años, ni con un traslado a Tokio. No sabe lo que pasa fuera, sólo sabe de sí

mismo... Tiene informaciones

alma-cenadas y, de acuerdo con esto, fun-ciona de una forma que parece mecá-nica. Pero, igual que un ordenador, tiene también formas de autorregula-ción. Si el espacio está saturado, se niega a recibir más datos. Si la corriente eléctrica es inadecuada, tiene un regulador para no quemar-se. A medida que se va programan-do, aprende a protegerse de excesos que no puede soportar, creando para ello mecanismos para defenderse de golpes, errores y exposición a ambientes nocivos.

Además, está siempre en busca de su equilibrio interno. El agua quiere colocarse según la ley de la gravedad: si está en una botella boca abajo, basta que se quite el corcho para que siga su curso natural. Cuando se pro-duce un exceso, nuestra mente fun-ciona como la nube demasiado car-gada, que se descarga con la lluvia o la electricidad que se descarga en forma de rayo. Cuando le falta ener-gía, es como la planta sedienta, que chupa ávidamente cada gota de agua que recibe. Para este extraño ente, tanto el exceso como la falta son esta-dos de inaguantable desequilibrio y, para remediarlo, automáticamente saltan sus resortes buscando con avi-dez la recuperación de la armonía.

Es como el hombre que se está muriendo de sed: está completa-mente concentrado en buscar agua y no ve ni entiende nada más... Y de la misma forma que la nube no busca la tierra seca para soltar su exceso, nuestro inconsciente tam-poco hace juicios de valor: la ener-gía se dirige compulsivamente en búsqueda del equilibrio ¡sin consi-derar si aquello es bueno o malo! No es nuestra parte racional, sino nues-tra parte visceral, buscando equili-brarse energéticamente, pues de lo

demás no entiende. Cada vez que

nos recriminamos por nuestros impulsos, estamos recriminando al sediento por tener sed, o al niño por crecer: estamos recriminando la ley natural de las cosas. Un asesino busca en el asesinato el equilibrio de alguna compulsión; el alcohóli-co igual, el violador de menores también, lo mismo que el glotón que no consigue parar de comer o el anoréxico que no puede aceptar la comida, el cleptómano, el hipocon-dríaco o el fóbico de cualquier clase... Si el río se desborda, puedes lamentar que se haya llevado tus cosechas, pero no se te ocurre recri-minarle: sabes que si hay más agua que la que cabe en el cauce, se des-bordará... ¡no te paras a insultar al río y decirle que es malo y despre-ciable! Sin embargo, nos recrimina-mos y despreciarecrimina-mos por nuestra bús-queda de equilibrio ¡simplemente porque no sabemos que de esto se trata!

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Marly Kuenerz

Las repeticiones

Nuestro inconsciente es, pues, un ente superactivo, de enorme capacidad dinámica, que responde siempre de acuerdo con la información que tiene registrada, tanto para producir impulsos como para defenderse o para equilibrarse. Tiene, además, una característica importantísima, y el sim-ple hecho de tenerla en cuenta nos proporcionará mucha ayuda: ¡lo que

está grabado tiende irremediable-mente a repetirse! No importa que

sea una sensación de placer o de desagrado, de alegría o de tristeza, de amor o de odio... si se ha grabado, trataremos de reproducirlo. Y cuanto más fuerte sea la impresión, más fuer-te será la fuer-tendencia a la repetición. Si en un momento de mucha relajación el bienestar es cortado bruscamente, provocando una grabación, siempre que esta persona esté relajada, inconscientemente buscará una forma de cortarlo, sea con preocupaciones, actividades o cualquier otro método. Será una persona tensa. Si en un momento de gran alegría, o de mucha rabia —como siempre, funciona en ambas direcciones— una persona recibe un golpe o una fuerte regañina, pasará a controlar sus impulsos, cortándolos de antemano. La expresión de las emociones va a ser muy problemática para ella. Si ha sido abandonada de pequeña, por la razón que sea, habrá un fuerte impulso que la hará recrear inconscientemente situaciones que le permitan revivir la sensación de

abandono; igualmente

puede haber una fuerte tendencia al abandono. Si fue un niño mimado, también tenderá a recrear situaciones para que lo mimen. Como un disco rayado, que repite y repite la misma música, el inconsciente proporciona los impulsos para que la historia se repita. Y es natural que así sea, pues ¡es una referencia estructural en el programa del ordenador mental!

Esto no significa que las cosas se queden así. Mucho se puede hacer para remediar la situación, pero recriminarse o recriminar al otro por sus impulsos, es una gran pérdida de tiempo. Nada va cambiar, a menos que vayamos a buscar las grabaciones correspondientes en el programa de aquella mente y podamos añadirle información. Para ello necesitamos aprender el lenguaje del inconsciente y tratarlo con mucha paciencia y amor. La exigencia de que las cosas sean distintas de lo que son, sólo dificulta el cambio. El primer paso, sin duda, es comprender la función oculta del comportamiento que rechazamos, que, al final, terminará siendo una manera de buscar el equilibrio. El mero hecho de tener esto en cuenta, ya traerá consigo modificaciones.

Ahora bien, si por debajo de lo que existe está la eterna búsqueda de equi-librio, ¿qué función puede tener esta tendencia a la repetición? Parece absurdo que en un sistema dinámico exista una tendencia sin sentido, máxime cuando es tan compulsiva... Evidentemente, cuando algo se graba 22

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de una forma inarmónica, el programa va a ir en contra de la expansión, de

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El juego de la atención

la libre circulación de la energía vital. Como si tuvieras una piedra en el zapato, que te impide caminar con el desahogo y la potencia de la que eres capaz. Luego, parece lógico que el sistema trate de desembarazarse de esta grabación. Para poder transformar estas fijaciones, el primer paso es darse cuenta de que existen, ¡poner tu atención en ellas! Así que el recurso que ha encontrado este sistema dinámico para librarse de esta molestia ¡es volver a mostrártela una y otra vez! Si no te das cuenta de que tienes la piedra en el zapato, allí seguirá eternamente... Se toma conscien-c i a d e q u e u n a m á q u i n a e s t á estropeada cuando el defecto se repi-te y decides arreglarla. No hay que olvidarse de que la misma dificultad que tenemos para entender al incons-ciente, es también la que tiene él para hacerse comprender por nosotros. Y que él necesita de nosotros para equi-librarse, de la misma forma que noso-tros necesitamos de él si queremos ser personas completas, lo que equi-vale a decir sanas. Cuando hablo de «nosotros», se sobrentiende que hablo de nuestra parte racional y analítica con la que funcionamos en nuestro día a día. La parte conocida.

3. Repeticiones

Es útil que pares aquí un momento, lector, y trates de recordar las repeticiones que ocurren en tu vida. Aquellas situaciones que parecen perseguirte; de las que no consigues librarte. Es el primer indicio de

una grabación.

También interesa que observes qué comportamientos tuyos no consigues modi-ficar. Aquellos momentos en que decides no actuar nunca más de una determinada manera, pero en los que, cuando se vuel-ve a presentar la situación, repites la acti-tud indeseada. Aquí, también, hay una gra-bación que interesa traer a la superficie. Haz una lista de actitudes y situaciones repetitivas.

Juntos en el mismo barco

De la misma forma que un hemisferio cerebral necesita del otro, una parte de la mente necesita de la otra, porque las dos están irremediable-

mente unidas, interrelacionadas por su propia constitución. Una sin la otra s e q u e d a l i m i t a d a , p e r d i d a , s i n rumbo. Cuando una apoya a la otra, es cuando podemos sentir el enorme poder de la mente. Son inseparables, como el barco y el mar. El barco es el consciente, la mar el inconscien-

te: ¡podemos navegar conscientemente por el mar del inconsciente! Como el mar, que está siempre disponible para ti, también el incons-

ciente está siempre preparado para recibir nueva información, aunque sólo la admita en su propio idioma y en coherencia con sus leyes. Si quie-res forzarlo a algo que te parece lógi-co, puede llegar a recoger esta impo-sición si es coherente con su marco de referencia. Si no, ¡lo único que ocurre es que se disparan todos sus mecanismos de protección! En reali-23

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dad, así es como solemos andar por la vida: con nuestro inconsciente

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inaccesible, agazapado detrás de sus

escudos, aunque esto no signifique que por estar más allá de nuestra percepción, deje de actuar. En

realidad, cuanto más escondido, más influye en nuestra vida, pues nos encontramos perdidos, sin entender lo que pasa, en manos del «enemigo»... ¡que los sentimientos estén anestesiados no significa que no existan! Después de la anestesia vienen los dolores, que antes estaban ahí, pero no eran perceptibles. Muchas veces, una explicación psicológica perfectamente razonable no se toma en cuenta, por no conseguir acceder a los senti-mientos...

Como las referencias del incons-ciente son otras, sus ámbitos también son otros: con él puedes experimentar un enorme número de c a p a c i d a d e s i n e x p l i c a b l e s p a r a nuestra mente conocida y lógica. Es de esta parte inconsciente desde donde llegan las intuiciones, el contacto con las dimensiones que están más allá de lo que percibimos con nuestros limitados sentidos, el contacto con un Todo mayor, con lo que algunos llaman Dios. Es también donde mora nuestra parte más alienada e indomable, la que sigue reaccionando a su manera, a pesar nuestro. Es donde quedan grabadas nuestras vivencias, que conforman el conjunto referencial que regula nuestra energía vital.

Lógicamente, todo esto está tam-bién relacionado con nuestro cuerpo, ya que es un fiel reflejo de lo que pasa en nuestra mente.

Lasvivencias se graban en ambos al tiempo; a fin de cuentas, viven todas las experiencias conjuntamente, como un solo ser. Si un bebé se cae de la cuna y se da un golpe en el brazo derecho, esta parte del cuerpo registra el dolor físico y también el moral: el susto, el miedo, la des-protección, la impotencia. De tal forma que, décadas después, cuando esta persona se siente desprotegida, impotente o con miedo ante una situación, podrá sentir un «inex-plicable» dolor en el brazo derecho; o tendrá la tendencia a darse golpes allí, confirmando lo que se grabó en su primera infancia. Hay un circuito que relaciona el miedo y el brazo, y que será accionado siempre que las circunstancias hagan aflorar aquel «recuerdo». Así que nuestro cuerpo es de gran ayuda para localizar las grabaciones, pues las padece de forma directa y puntual. Nuestros dolores corporales se relacionan también con las zonas donde nos sentimos más endebles y vulnerables. Si tenemos problemas de comunicación, la zona de la boca y la garganta son firmes candidatas a tener problemas. Si tenemos dificultades fisiológicas, emocionales o morales relacionadas con la sexualidad, las z o n a s g e n i t a l e s y l a b a s e d e l a columna pueden presentar patologías, ser propensas a infecciones e inexplicables dolores. Si «digerimos» mal nuestra rabia y somos incapaces de elaborar los resentimientos, seremos propensos a 24

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tener problemas en los órganos digestivos...

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El juego de la atención

4. El cuerpo

Aquí también puedes parar un momento y recordar si tienes algún dolor corporal que aparece de vez en cuando, no se sabe porqué. También interesa saber qué partes u órganos del cuerpo suelen enfermar o parecen más debilitados.

Las grabaciones intensas

Hay una etapa de la vida que tiene una influencia decisiva en la confi-guración de nuestros circuitos neu-ronales, en nuestra vida afectiva y emocional, y por lo tanto, en nuestra salud: la infancia. Y es natural que sea así, pues es cuando nuestro sis-tema nervioso está en formación, cuando nuestros escudos protectores todavía no se han configurado, cuando nuestro inconsciente está aflorado y expuesto. Todo lo que se graba en esta etapa, estará incrustado en lo más profundo de nuestro sistema nervioso y en nuestras células, y tendrá un papel estelar en la vida emocional futura. Si le haces un corte a un arbolito, cuando crezca y se transforme en un árbol adulto mostrará una enorme marca, una cicatriz des-proporcionada. ¡Algo así nos pasa a nosotros! Se habla mucho de la importancia de la primera infancia, y el adulto alejado de estos temas suele mostrar su escepticismo: ¿Cómo puede influir tanto lo que le pasa a un bebé? Sin embargo, no es difícil de entender... Si nuestra mente la vemos como una película virgen, y

nuestras defensas como las lentes que tamizan la luz que le llega o impiden su paso, es fácil comprender que en estos primeros años la película se encuentre muy propensa a recibir impresiones. Al pasar los años, se for-man los escudos defensivos y la gra-bación se hace cada vez más difícil. De ahí que, para comprender muchas de nuestras reacciones, tengamos que remontarnos a un pasado remoto: a nuestra primera infancia. Por eso, es difícil comprender profundamente a un ser humano sin conocer su infancia, las circunstancias a las que estuvo expuesto en su momento más vulnerable y cuándo se grabó el sustrato de su programación inconsciente.

Esto no significa que las graba-ciones no sigan teniendo lugar. En realidad, se dan toda la vida, en aque-llas circunstancias en que los escudos protectores pierden eficacia temporalmente, y cuando se sobrepasa un determinado umbral. Podemos comprobar, en estado de hipnosis, cómo nuestro inconsciente es capaz de saber las cosas más inverosímiles, el número de rayas del sofá o cuántos cuadros hay colgados en el cuarto. Pero, aunque esta información esté accesible, probablemente no quede grabada si no tiene trascendencia ni para la satis-facción de necesidades ni para la eli-minación de molestias. Cuando se trata de nuestro equilibrio, cuando se trata de nuestra supervivencia, cuando se trata de algo que nos ame-naza, de algo que necesitamos ávi-25

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damente, de nuestra seguridad emo-cional o física, la cosa cambia de figura. Pasa a haber una carga emo-

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cional, una carga energética fuerte, que traspasa el umbral de protección y se graba en la película virgen. Si se trata de algo que identificamos con la vida o la muerte, la intensidad es de tal calibre ¡que pasará a ser piedra angular de todo el sistema!

Estas son grabaciones que mere-cen especial atención. Si en algún momento hubo la sensación de peligro de muerte, todo el sistema se colocará en un estado de máxima tensión. Todos los órganos que infor-man sobre la situación externa tocarán su sirena si detectan algo simil a r a l r e g i s t r o a n t e r i o r . C o m o s i caminaras por una floresta llena de serpientes; todos los sentidos se dirigen al suelo, tratando de evitar todo lo que pueda servir de escondite, buscando detectar cualquier movimiento, en total estado de alerta. Toda la estructura reaccionará prioritariamente a estos indicadores y todo lo demás perderá importancia. Lo que se haga a partir de ahí estará supeditado a esta precaución fun-damental, que pasará a ser la piedra angular de los demás pensamientos, acciones y sentimientos.

Supongamos que un niño esté a punto de perder a uno de sus padres por enfermedad. Esta impresión, gra-bada con la fuerza del pánico en su inconsciente, hará que el tema enfermedad-salud tenga una intensi-dad especial en su sistema de creen-cias, y que provoque reacciones emocionales desorbitadas. En el momento en que el tema enfermedad-salud se ha quedado sobrecargado

energéticamente, influirá sobre todas las demás ideas, decisiones y contextos. Se ha creado un

desequilibrio que, necesariamente, tendrá consecuencias en la vida de la

persona. El mismo sobreesfuerzo para protegerse hará que esta persona tenga que enfrentarse muy a menudo con enfermedades, o que, como reacción contraria, se dedique de forma compulsiva a proteger la salud.

Imitación u oposición

También se da el caso de llevar la sobrecarga a otro contexto. Si a un niño le daban palizas que le produ-cían un pánico enorme, este mismo pánico puede hacer que evite cualquier confrontación física, pero no le impide que se lleve enormes palizas morales. Puede ocurrir, además, que no consiga dejar de pegar a su p r o p i o h i j o , q u e « s e l e v a y a l a mano» y no pueda evitar reproducir la grabación que tiene en su inconsciente, marcada a sangre, con toda la intensidad de la vida y la muerte. Si pudiéramos darnos cuenta de la fuerza que ejercen sobre nuestras acciones estas grabaciones, podríamos comprender un sinfín de c o m p o r t a m i e n t o s i r r a c i o n a l e s . Muchas veces, un hijo de un padre alcohólico repite el mismo hábito en otro contexto, como las drogas. Lo que entró energéticamente, tiene que salir de 26

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alguna forma, si no el desequilibrio se haría insoportable.

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El juego de la atención

La acción puede ser repetida, imi-tada, o bien puede darse la reacción contraria. El hijo del padre alcohólico podrá repetir el comportamiento paterno en el mismo contexto (alcohol) o en otro similar (drogas), así como también caer en el extremo opuesto: pasar toda su vida sin probar ni una gota de alcohol ni ser capaz de soportar, ver u oler la bebida y, además, criticar fanáticamente cualquier tipo de vicio. En cualquier caso, su relación con el alcohol difí-cilmente será normal. Si un niño tuvo que soportar discusiones o gritos de sus padres y esto se ha quedado fuer-temente grabado en su inconsciente, tenderá a reaccionar de forma similar provocando constantes discusiones; o, por el contrario, cederá automáticamente ante cualquier opo-sición que pueda terminar en discusión, evitando así tener que escuchar los gritos que tanto repudió en su infancia. De un modo o de otro, hay un comportamiento rígido y mucha dificultad para actuar de una forma adecuada y tranquila. Debajo de los fanatismos de cualquier índole y de

cualquier tendencia, invariablemente se encuentran

grabaciones infantiles que explican una actitud tan radical.

El desequilibrio se expresa, por lo tanto, en actitudes compulsivas, que suelen escaparse al control de la per-sona. Da lo mismo que se trate de una repetición o de una oposición. Esto último corresponde a un intento

de rebelión en contra de la grabación inconsciente, lo que conlleva un grandesgaste energético, así como algún desliz ocasional cuando la actitud repudiada aparece a pesar del esfuerzo realizado en contra. Como si estuvieras luchando eternamente contra un enemigo oculto que se abalanza sobre ti en el primer minuto de descuido.

Así que el programa que contie-ne nuestro ordenador mental se va formando desde la primera infancia, siempre que haya la suficiente inten-sidad emocional y energética como para dejar una impronta en nuestra mente atemporal. A partir de ahí, ya está el punto de referencia que con-diciona el comportamiento. Como u n p r o g r a m a d e o r d e n a d o r q u e tiene los datos para reconocer el color verde y el azul, pero que no s a b e n a d a d e l c o l o r r o j o y n o l o identifica, también nuestra mente rechaza aquello sobre lo que no tiene referencias. Si una persona ha vivido una infancia muy triste e infeliz, tendrá mucha dificultad para adaptarse a una vida placentera, y es muy probable que cree situaciones para causar problemas y dificultades. También al revés, si estuvo sobre-protegido y tuvo una infancia feliz, no sabrá como actuar ante dificultades y adversidades, pues su ordenador no reconoce la situación ni sabe qué hacer con ella. Sin un programa nuevo, el ordenador seguirá repitiendo con fidelidad sus antig u a s ó r d e n e s , r e c h a z a n d o 27

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t o d o aquello que no le es familiar. Sólo completando el programa, al pro-p o r c i o n a r l e l a i n f o r m a c i ó n y l o s

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puntos de referencia que le hacen falta, podemos esperar comportamientos nuevos.

5. Reacciones incontroladas

Aquí te invito a hacer un listado de todo aquello que te hace reaccionar, que te saca de tus casillas. Cosas pequeñas o grandes que te hacen perder los papeles.

LAS ETAPAS DEL CRECIMIENTO Y SUS MECANISMOS

La esencia y la alegría

Hay dos experiencias muy importantes para la comprensión del adulto y del niño. Cuando se observa detenidamente a un recién nacido, uno puede sentir, en el corazón, la vulnerabilidad enorme de aquel pequeño ser, su fragilidad e indefensión, su asombro de estar en este mundo desconocido en el que su único punto de referencia es el pecho y el calor maternos. En realidad, este estado del ser humano no se ha perdido aunque hayamos crecido: es reconocible, dentro de nosotros, a cualquier edad. Toda la parafernalia defensiva que hemos montado es para resguardar y proteger esta indefensión, que está mucho más cerca de nuestra esencia que el estado de separación en que vive el adulto. En verdad, el niño, en esta fase, no conoce la separación. En su percepción, su madre y él son l o m i s m o , e l m u n d o y é l s o n l o

mismo. Si tiene hambre, no com- prende por qué no está disponible ese pecho nutriente que es suyo; no se ha dado cuenta todavía de que el cuerpo separa, de que su madre es otro cuerpo. Va a ir aprendiéndolo muy poco a poco. Cuando todos ríen, el niño también lo hace, pues simplemente entra en la energía que existe. Cuando algo se mueve, cree que lo ha provocado él, ya que

solamente él existe... Le cuesta

darse cuenta de que el mundo en que ha nacido es un mundo en el que cada cuerpo y cada objeto están separados del otro. ¡Es evidente que ha venido de un estado de unidad!

La otra experiencia es sentir la vitalidad del niño sano, seguro y satis-fecho. Está feliz de moverse, de vivir, se siente amado y protegido; ve el mundo como un lugar seguro. Atiende las indicaciones de los mayores y pide explicaciones sobre la vida, aceptándolas e incorporándolas a su bagaje. Tiene la confianza y la libertad de expresar su disconformidad y sus impulsos rabiosos, dándoles la misma importancia que a sus expresiones de alegría. Es una experiencia formidable ver a un ser vivir en el aquí y el ahora de una forma tan plena. Es la manifestación misma de la vitalidad, de la alegría de estar vivo. Es ver la energía vital fluyendo sin barreras, ¡el estado natural en que podríamos vivir todos!

Si tuviéramos la información nece-saria para que la Humanidad 28

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pudiera crecer, tomando en cuenta y preservando estos dos estados sublimes que encarnan los niños pequeños, el

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