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Curso de Espiritualidad Carismatica

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Academic year: 2021

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RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA Coordinación Nacional del Perú

Línea de Acción «Formación y Liderazgo» Curso elaborado por: Luis Alberto Amico

CURSO: ESPIRITUALIDAD

CARISMÁTICA

CONTENIDO DEL CURSO

• Objetivos y metodología

• Tema 1: ¿Qué es la Renovación Carismática Católica? • Tema 2: Nacimiento de la Renovación Carismática • Tema 3: El camino de la Renovación

• Tema 4: Organización de la RCC

• Tema 5: La espiritualidad de la Renovación

• Tema 6: El Espíritu Santo: Don, comunión y alegría • Tema 7: La efusión del Espíritu Santo

• Tema 8: El discernimiento • Tema 9: Los carismas

• Tema 10: Los dones de 1ª Corintios 12 (Primera Parte) • Tema 11: Los dones de 1ª Corintios 12 (Segunda Parte) • Tema 12: Los dones de 1ª Corintios 12 (Tercera Parte)

Objetivos del curso:

1. Conocer profundamente nuestra espiritualidad carismática, identificándonos libremente con la Renovación.

2. Descubrir la manera como Dios actúa para renovar y salvar a su pueblo. 3. Contribuir al fortalecimiento como organización de la RCC.

Metodología del curso:

Se buscará combinar lo expuesto aquí con ejemplos prácticos aportados por el ponente. Para ello, se aconseja que se invite a ponentes con amplia experiencia en la RCC, no sólo en su propio grupo de oración, sino que conozcan la realidad de otros lugares. Al finalizar cada tema, pueden hacerse Talleres, compartir preguntas por grupos o, si es una enseñanza semanal, dejar el Trabajo para la semana para resolver por el participante en casa. Es bueno que se incentiven las preguntas por parte de los participantes del curso.

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TEMA 1

¿QUÉ ES LA RENOVACIÓN

CARISMÁTICA CATÓLICA?

Objetivo del tema:

Conocer lo esencial de la experiencia y la espiritualidad carismática, como un instrumento escogido por Dios para renovar su Iglesia.

A. Introducción

a. Evocación:

¿Cuántas veces alguien nos ha preguntado qué es la Renovación Carismática Católica? ¿Supimos dar respuesta a esa interrogante?

b. Ubicación y concatenación con el curso:

Llegamos a esta Escuela con una experiencia previa de lo que es la espiritualidad carismática, pero tenemos que conocer las fuentes y características de esta experiencia renovadora para así darle su verdadero sentido.

c. Motivación y presentación del tema:

El Señor tiene un porqué hace las cosas, y Él tiene un sabio Plan para renovar su Iglesia. Vamos a conocer una parte importante de este Plan.

B. Cuerpo de la enseñanza (50’)

Es una corriente de gracia por medio de la cual el Espíritu de Dios nos lleva a vivir de manera vivencial la realidad del Cuerpo de Cristo.

Renovación es una conversión y entrega constante a Dios, una docilidad creciente al Espíritu Santo. De allí que para la Iglesia, la Renovación es un Pentecostés actual para renovar la Iglesia de hoy. La Renovación Carismática Católica (RCC), más que ser un movimiento en la Iglesia, es la Iglesia en

movimiento.

Puede definirse la RCC como un regreso a las fuentes primeras del cristianismo, y estas fuentes pueden resumirse en:

1. La proclamación de la Palabra con poder. 2. La invitación a una conversión personal.

3. El reconocimiento de Jesús como Señor y Salvador, como base para una relación personal con Jesús.

4. El bautismo (Efusión) en el Espíritu Santo que nos ayuda a vivir como hijos de Dios. 5. La integración a la comunidad cristiana (Grupo de Oración).

6. El testimonio comunitario y personal de un Dios vivo entre nosotros y que nos ama incondicionalmente.

Es bueno aclarar por qué la RCC no es considerada un movimiento. Generalmente, un movimiento surge de las ideas de su fundador o de la organización de un grupo de personas, u otros factores sociológicos explicables. En cambio, la RCC no es creación del hombre, sino de Dios.

Quizás pudiera ser denominada “movimiento” en cuanto se trata de un grupo grande de personas que comparte, usa y valora las riquezas de la RCC para su propio bien y el de la Iglesia; y segundo, en cuanto algunos están procurando desarrollar medios que aseguran que esta Efusión del Espíritu

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no se pierda, ni se vuelva ineficaz dentro de la Iglesia y a través del tiempo.

Debemos conocer también qué es la Renovación Carismática, según los Estatutos de la Renovación (ICCRS), aprobados por S.S. Juan Pablo II. Allí se nos dice que:

“La Renovación Carismática Católica es un movimiento mundial, pero no uniforme, ni unificado. No tiene fundador particular, ni un grupo de fundadores como muchos otros movimientos. No tiene lista de miembros participantes.

La Renovación Carismática es la reunión muy diversa de individuos, grupos y actividades, con frecuencia del todo independientes unos de otros, en diferentes grados y modos de desarrollo, con diversos énfasis; y que sin embargo participan de la misma experiencia fundamental y persiguen los mismos objetivos generales”.

Esto se refiere a que la Renovación está extendida por los cinco continentes, integrada por personas de diferente cultura, por lo cual no puede ser uniforme, sino de acuerdo a su realidad. Es un grupo en “movimiento”: unos llegan y otros se van, por lo que no se tiene una lista de miembros. Con diferente grado de apertura y por lo tanto de compromiso, pero todos con un mismo deseo de conocer y tener un encuentro personal con Jesús, por gracia de Dios Padre y por obra del Espíritu Santo. Y en cuanto a su origen, sin duda divino, teniendo como único fundador al Espíritu Santo.

1. ¿Por qué Renovación?

Cuando se renueva una obra de arte, comienza por quitarse el polvo que tiene encima. Luego, se repara lo que se ha quebrado; se repone lo perdido, se repasan los colores. El resultado es una revelación: queda descubierta toda la belleza de la obra primitiva.

Aquí se trata del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Para muchos, la Iglesia no era más que obligaciones, formulismos y rutinas que no lograban penetrar la fe ni descubrir las riquezas que estaban encerradas en ella. Ahora, para muchos la Renovación Carismática es una verdadera revelación: Cristo, la Iglesia, las Sagradas Escrituras, la oración, la Virgen María, la jerarquía eclesiástica, el prójimo, aún las flores, los cerros y el sol, han cobrado nueva belleza.

Ahora bien, hay diferencias entre la renovación de una obra de arte y la renovación de la Iglesia. Pues al renovar la obra de arte se aspira a darle su esplendor de antaño y no a superar al artista. En cambio, en cuanto a la Iglesia, el que la renueva no es el hombre sino el Espíritu Santo, y todos conocemos de su creatividad infinita y de que Dios no se repite. Por lo tanto, las nuevas

comunidades no serán un calco de las primeras comunidades, sino que tendrán el toque innovador de Dios.

¿Por qué Carismática?

Como hemos visto, la Renovación es más que una moda, más que un simple movimiento: es una corriente de gracia por la que el Espíritu del Señor nos lleva a vivir de manera experiencial y profunda la realidad del Cuerpo Místico de Cristo, y de la comunicación de los carismas.

Pero esto no justificaría el uso de la palabra “carismática” si no fuera por varias particularidades: 1. La Renovación nació de una manera carismática. No fue fruto de estudio, ni de

planificación. No fue perfeccionamiento de una obra ya existente, no fue prevista. Fue una sorpresa del Espíritu.

2. La Renovación se ha propagado de una manera carismática. Hemos visto cómo ha crecido rápidamente. Si hoy nos ponemos a pensar, es similar a la propagación del evangelio al inicio de la Iglesia. En el lugar menos esperado, encontraremos un Grupo de Oración, y si no lo hay hoy, seguro que mañana el Señor lo formará.

3. La experiencia diaria de Dios. Como hemos visto, esta experiencia es múltiple: su providencia es sorprendente, sus inspiraciones, etc.

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4. La Renovación se ha propagado a través de los carismas, entendidos como manifestaciones del Espíritu Santo para el bien común y para el servicio de los demás. Esta es una de las características que más nos diferencian de otras corrientes renovadoras. Por ello, hay que cuidar que en los Grupos de Oración se usen los carismas que el Señor nos ha confiado según su dirección.

Eso sí, debemos tener cuidado de que la designación de “carismática” no la tomemos como

exclusiva, como si la Iglesia en su totalidad no fuera carismática y no estuviera dotada de dones

extraordinarios.

¿Por qué Católica?

Porque está integrada en la Iglesia católica, que es la misma Iglesia que se renueva por el Espíritu (estamos conscientes de que hay cosas esenciales que no se pueden cambiar, pero sí hay cosas accidentales que necesitan una renovación).

Mas es bueno resaltar algunos frutos que se vienen mostrando en sus integrantes y que dan fe de nuestra sujeción a la Iglesia:

1. La Eucaristía es vista como el centro de toda oración y alabanza al Padre.

2. La experiencia “carismática” reaviva en el hombre una mayor apreciación de las prácticas tradicionales: el rezo del Rosario, la oración de la Liturgia de las Horas, etc.

3. Hay un despertar de la vivencia y frecuentación de los sacramentos. 4. Fomenta y es alimentado por la enseñanza tradicional de la Iglesia.

5. Cree en la Iglesia católica y en la autoridad dada a la Iglesia por Cristo. Desde el comienzo ha habido obediencia y respeto a la jerarquía eclesiástica.

6. Con la dirección adecuada se espera evitar los peligros de movimientos fanáticos del pasado y ser fuente de una verdadera renovación dentro de la Iglesia.

Por otro lado, no olvidemos que al ser “católica”, es también universal; por lo que está abierta a todos los hombres, no importando su condición social, económica, ni aún su credo (siempre que respeten y acepten nuestra sujeción a la Iglesia católica).

Trabajo para la semana:

Responder, desde una perspectiva personal, las siguientes preguntas: 1. ¿Qué aspectos de mi vida ha contribuido a renovar la RCC? 2. ¿Qué ocurriría si en la RCC dejasen de manifestarse los carismas?

3. ¿Qué aspectos de mi catolicismo he redescubierto o reavivado gracias a mi espiritualidad carismática?

4. ¿Qué tenemos que hacer para que la Renovación se renueve permanentemente? 5. ¿Por qué para los carismáticos es tan importante la experiencia diaria con Dios?

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TEMA 2

NACIMIENTO DE LA RENOVACIÓN

CARISMÁTICA

Objetivo del tema:

Conocer la forma como el Espíritu Santo suscitó la RCC, la cual es, por tanto, no producto de voluntad humana, sino iniciativa del Señor.

A. Introducción

a. Evocación:

¿Quién fundó la RCC? Si contestan “el Espíritu Santo”, replicar: ¿Y de quiénes se valió para dar inicio a esta Renovación? ¿Por qué escogió este momento de la Historia de la Iglesia?

b. Ubicación y concatenación con el curso:

Si hemos dicho anteriormente que la RCC fue suscitada por el Señor para renovar la Iglesia, es porque Él inscribe su obra en el tiempo y en el espacio, y nunca detiene su obra creadora.

c. Motivación y presentación del tema:

Conozcamos cómo el Señor fue preparando esta nueva efusión del Espíritu en su Iglesia, y la forma maravillosa e inesperada –para los hombres– como lo hizo.

B. Cuerpo de la enseñanza (50’)

Lectura: LOS ALBORES DE LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA

Por: P. Diego Jaramillo, cjm

Libro: «Historia de la Renovación Carismática» ; Centro Carismático Minuto de Dios; Santafé de Bogotá, 1997 En 1959 el Papa Juan XXIII oró para que el Espíritu Santo renovara en la Iglesia las maravillas de un nuevo Pentecostés (Constitución Apostólica «Humanae salutis», n. 21).

La década del 60 fue testigo de cómo Dios respondió a la oración del Pontífice. El Concilio Vaticano II fue un pasar del Espíritu Santo por nuestro tiempo.

Otra presencia del Divino Paráclito ha sido la Renovación Carismática que, en pocos años, invadió el mundo católico.

¿Cuándo y dónde comenzó? La respuesta es difícil de dar. Ocurre como las burbujas cuando el agua empieza a hervir; van brotando simultáneamente en varios lugares. Así ha ocurrido en la Iglesia, en estos años, caldeada por el fuego del Espíritu Santo.

Por eso no es de extrañar que ya el 15 de agosto de 1960 apareciera en la revista "Time" un artículo en el que se leen estas frases: «Soy católico romano y desde hace años el hablar en lenguas ha sido parte integrante de mi culto a Dios».

Sin embargo ese y posiblemente muchos otros resurgires de los carismas fueron experiencias aisladas. Ciertamente los grupos que hicieron historia y que más influyeron en la Corriente Carismática Católica se remontan a 1967, en tres universidades norteamericanas.

En la década de los 60 en las universidades de Nuestra Señora (Notre Dame), en South Bend (Indiana), y en la de Duquesne, en Pittsburgh (Pensilvania), se formaron grupos de estudiantes y profesores deseosos de vivir ardientemente la fe: vigilias bíblicas, asambleas de canto y enseñanza,

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oración espontánea, misas juveniles seguidas de ágapes para compartir, etc., eran expresiones normales vivencia fraternal que, sin embargo, como tanta obras e intentos de los hombres languidecían tras el primer entusiasmo.

Sin embargo un grupo de profesores y alumnos empezó a surgir. Entre ellos se trabó gran amistad y los nexos que anudaron entre sí les permitieron luego formar una base de apoyo para la Renovación. Quizá el pionero fue Ralph Keifer, laico, casado, profesor de teología en Notre Dame en 1965, y luego residente en Pittsburgh. Cerca de él, su amigo William Storey quien, tras ingresar a la Iglesia Católica, había llegado a ser profesor de liturgia e historia eclesiástica y fundador de la asociación

Xi Rho. Estos dos letras del alfabeto griego, que son las primeras del nombre de Cristo, suelen

formar un anagrama conocidísimo, el Crismón. El grupo Xi Rho, pretendía estudiar la Biblia, unirse en la oración y fomentar las experiencias comunitarias a que aluden los Hechos Apostólicos (2,42). Sin embargo los ideales no se lograban y el grupo buscaba nuevas metas como la de ayudar a los alcohólicos. Era una crisis de identidad que se iba agravando desde 1964 hasta 1966.

Mientras eso sucedía, en Pittsburgh algunos jóvenes cursillistas buscaban por su cuenta cómo cumplir la voluntad de Dios.

Los cursillos de Cristiandad son una experiencia de conversión cristiana que en 1949 suscitó en España el obispo Juan Hervas, en compañía del teólogo Juan Capó y del laico Eduardo Bonnin, influenciados por el pensamiento de Cardenal Suenens, del teólogo Ives Congar, y del pastoralista Padre Georges Michonneau.

Los Cursillos se iniciaron en Estados Unidos en 1957. Cuatro años después se realizó el primer Cursillo en inglés. La noticia de los cursillos llegó a los líderes cristianos de las universidades antes mencionadas, que vieron en ellos una especie de renovación. Eran estos líderes Steve Clark,

estudiante de filosofía en la Universidad de Yale, quien había pasado a la Iglesia católica desde el protestantismo. Steve Clark trabajó de 1963 a 1965 en Notre Dame.

Al lado de Steve Clark estaba Ralph Martin, alumno de filosofía de Notre Dame (1960–1964), de tendencias ateas, quien preparaba una tesis sobre Nietzsche. Precisamente, argumentando y atacando la fe cristiana, conoció a Clark. Asistió al segundo cursillo en Notre Dame en 1964 y allí se convirtió a la fe de modo tan radical que al principio nadie quería creer que fuera el mismo que protestaba porque en su apartamento que compartía con Felipe O’mara, éste organizaba reuniones cristianas. Precisamente, en 1965, en una de esas reuniones se presentaron casos de glosolalia, que el líder interrumpió por no saber comprenderla.

Ralph y Steve pasaron juntos las Navidades de 1965 y en ellas proyectaron un retiro espiritual que realizarían en 1966. Fue entonces cuando se comprometieron a trabajar en los cursillos, como miembros de la junta directiva nacional.

Otros amigos o alumnos de Keifer en Notre Dame fueron George Martin, quien a los 18 años había hecho un retiro ignaciano que marcó su vida, y en Notre Dame estudiaba filosofía y escribía una tesis sobre Kierkegaard; también la pareja de Kevin y Dorothy Ranaghan, estudiantes de teología y amantes de la liturgia, igualmente Bert Ghezzi, presidente del grupo Xi Rho , con inquietudes teológicas, que había invitado a Hans Kung a Norteamérica, como conferencista, y además preparaba su tesis en historia; igualmente, Paul DeCelles, profesor de física en la universidad; se menciona también a Jim Cavnar, Gerry Rauch, Kerry Koller, Ralph Johnson, Jim Rauner y otros. En diciembre de 1965 había terminado en Roma el Concilio Vaticano II. Nada de raro tenía pues que comenzaran a cosecharse sus frutos.

Al terminar su retiro de verano, Steve Clark y Ralph Martin fueron invitados a inaugurar y clausurar la Convención Nacional de Cursillos, en Kansas City, en agosto de 1966. Luego viajaron a Lansing ya como miembros de las directivas nacionales. También allí se les designó dirigentes de la

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En el segundo semestre de 1966 los líderes cristianos, ansiosos de una renovación que sacudiera del marasmo su apostolado, empezaron a rezar diariamente “Veni, Sancte Spiritus”, oración que la liturgia suele llamar “La Secuencia Áurea”. Por otra parte, Steve Clark proponía el estudio del libro

“La y el Puñal”, que narra el ministerio del pastor Wilkerson en Nueva York y la célebre historia de

Nicky Cruz. Ralph Keifer encontró otro libro que tuvo gran influencia, “Hablan en otras lenguas”, de Jhon Sherril y la obra “Compromiso y Liderazgo” de Douglas Hyde, un comunista inglés

convertido al cristianismo.

Motivado por lo expuesto en esos libros, y queriendo conocer en la práctica los grupos que en ellos se hablaba y la manifestación de los carismas, Ralph Keifer y William Storey establecieron en Pittsburgh contactos con Will Lewis, pastor episcopaliano de la Iglesia del Santo Cristo. El pastor Lewis tampoco había vivido una experiencia pentecostal, pero los relacionó con la señora Betty Schomaker, parroquiana suya, que participaba en reuniones de oración. El encuentro con la señora Schomaker fue el 6 de enero de 1967, festividad de la Epifanía, es decir, de la manifestación de Cristo a todas las naciones. Ese día se pactó la asistencia a una reunión de oración para la semana siguiente, en su casa, situada en las colinas al norte de Pittsburgh.

Así llegó el 13 de enero de 1967, fiesta del Bautismo de Cristo, cuando descendió el Espíritu Santo sobre Jesús y lo ungió como el Mesías de Dios. En esa festividad, el grupo se congregó a las siete y media de la noche en casa de Florencia Dodge, y en él participaron cuatro católicos: Ralph Keifer y su esposa Bobbi, Patrick Bourgeois, y William Storey. Keifer y Bourgeois eran profesores de teología y Storey profesor de historia de la Iglesia. Cuando terminaba la reunión, Storey dijo: “Vine a recibir el bautismo del Espíritu Santo, y no me voy hasta que lo haya recibido”. Un asistente al grupo oró por él diciendo: “Señor, Tú conoces su corazón y sus necesidades. Llénalo ahora con tu Espíritu”.

Ocho días después, el 20 de enero, regresaron a dicho grupo Ralph y Patrick, pidieron que oraran por ellos y recibieron la efusión del Espíritu Santo. Poco después, uno de ellos escribiría: “Fue como si hubiera entrado en un inmenso mar, sólo que el agua era Dios, el agua era el Espíritu Santo”.

Como resultado de ello, Keifer empezó a escribir cartas, a llamar por teléfono y a compartir con otros su experiencia. Los primeros contactados fueron una pareja de novios que se casaría meses más tarde, Paul Gray y Mary Ann Springle, estudiantes de teología de Duquesne. Con ellos organizaron Keifer y Storey un retiro para el grupo de Xi Rho; el tema escogido era “Las

Bienaventuranzas, o cómo actúan los cristianos”, pero a última hora se cambió por “Los Hechos de los Apóstoles, o cómo hacerse cristianos”. Serían cuatro conferencias sobre los cuatro primeros capítulos de los Hechos y había que leer “La Cruz y el Puñal”. Paul debía dar la segunda

conferencia y Mary Ann la tercera. Ambos recordaban su nerviosismo que sólo se calmó al invocar al Espíritu Santo.

Todos sentían hambre de Dios, y cuando Keifer comenzó a orar con imposición de manos, se

desataron las lenguas y la alegría. Fue una experiencia de oración profunda, de vigilia y expectativa, de presencia de Dios: “Era como si Jesús estuviera caminando allí tocando a cada uno y dándole una misión”. Su acción se manifestó cuando por haberse ido el agua, los dirigentes de la casa de retiros “El Arca y la Paloma” les pidieron que se retiraran. Ellos oraron y pusieron a prueba a Dios para que solucionase el problema del agua. La sorpresa fue enorme cuando, al concluir la oración David Mangan se encaminó maquinalmente a un grifo para beber y el agua brotó con abundancia. Las crónicas guardan, además de los ya citados, algunos nombres de los participantes a ese retiro del 17 al 19 de febrero de 1967: Patty Gallagher Mansfield, Karin Sefcik, el Padre Healey y David Mangan. Éste fue precisamente el que planteó la gran pregunta: «¿No se podría renovar nuestra confirmación y suplicar al Espíritu Santo que volviera de nuevo sobre nosotros?». Y cuando el Espíritu Santo llenó a los participantes, Storey dijo: «El Señor Obispo se va a sorprender cuando sepa que todos fueron bautizados en el Espíritu Santo». Luego, Ralph Keifer empezó a usar la fórmula de “bautismo en el Espíritu” que, en ambientes metodistas, había usado desde finales del

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siglo pasado Charles Finney y que alude a la experiencia del Pentecostés personal vivido o renovado en cada bautizado. Éste fue, pues, el pesebre de la Renovación Carismática para usar la expresión de Haral Bredesen, o según dice Patty Gallagher, sucedió como si allí se estuviera

escribiendo el primer capítulo de un nuevo libro de los Hechos Apostólicos, obra a la que se designa también como “el Evangelio del Espíritu Santo”.

Quince días después, el 4 y 5 de marzo, el fuego prendió en Notre Dame, donde Keifer había escrito y enviado luego, como misionero y testigo, a un amigo suyo. Allí, en casa de Kevin y Dorothy Ranaghan y de Bert y Mary Lou Ghezzi, se encendió la llamarada.

También en Notre Dame los universitarios católicos habían buscado y sembrado con los retiros de fin de semana “Antioquía”. Ese nombre quería recordar que en Antioquía los discípulos del siglo primero empezaron a llamarse “cristianos”. Pero ni ellos, ni las marchas en pro de los derechos de los negros (como la de Selma, Alabama, en la que participaron con Martin Luther King), habían dado resultado.

Ahora la universidad empezó a conmoverse y la renovación brotó con fuerza en South Bend, Indiana, y aunque ya el 13 de marzo alguien les preguntaba: “Ahora que han recibido el Espíritu Santo , ¿cuándo abandonarán la Iglesia Católica?”, eso no sucedió, sino que se afirmaron en ella. Dos años más tarde, el 14 de noviembre de 1969, apareció un informe de la Comisión de Doctrina de la Conferencia Nacional de los Obispos Católicos de los Estados Unidos. Ese informe, redactado por el Obispo Alexander Zaleski, de Lansing, Michigan, fue la primera carta de reconocimiento de la Renovación Carismática en la Iglesia.

A mediados de marzo vinieron de Michigan a Pittsburgh Steve Clark y Ralph Martin y recibieron el bautismo del Espíritu Santo. Luego, del 7 al 9 de abril con 40 estudiantes se presentaron a un retiro en Notre Dame. De ahí en adelante comenzó la siembra y la cosecha abundante por todos los continentes.

INICIOS DE LA RCC EN EL PERÚ

Los Primeros Años

Y como el fuego que se prende, la Renovación Carismática se extendió rápidamente por todo el mundo, llegando al Perú a fines de 1969 a través de sacerdotes, laicos y hermanos no católicos, quienes habían asistido a retiros carismáticos en Estados Unidos y tenían una sola inquietud: compartir esta experiencia con todos, y también realizar un retiro en Lima para este fin.

Hubo entonces una reunión entre el padre Patricio Rearden O.P., quien se encontraba por un tiempo en Lima antes de dirigirse a Cochabamba y más tarde a Santa Cruz (Bolivia), lugar de mucha bendición para la Renovación, y el pastor bautista Hobart Vann, iniciando los preparativos para esta reunión. Y fue en mayo de 1970 en el que se realizó el primer retiro carismático en el Perú.

Participaron en este retiro sacerdotes de muchas parroquias de Lima y alrededores y,

paradójicamente, solamente cuatro o cinco pastores protestantes. La asistencia en el día era de una cincuenta personas, superando en más de cien por las noches.

De los sacerdotes asistentes destacaron posteriormente como líderes del movimiento carismático católico en el Perú los padres George De Prizio y Neal Mc Caulay, actualmente en el Canadá. Muchos salieron transformados por la fuerza del Espíritu y animados para seguir adelante

compartiendo esa presencia santa de Cristo cuando toca nuestras vidas y deseando gritar a todos los vientos que Él vive, que es real, que está presente hoy en nuestros corazones.

En medio de este entusiasmo, llega en enero de 1971 al Perú un equipo de líderes carismáticos de Estados Unidos, dirigidos por el padre Francis McNutt y la señora Barbara Shlemon, enfermera

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dedicada al ministerio de sanación, para dar un retiro carismático al que asistieron más de

trescientas personas entre sacerdotes, religiosos y, por primera vez, laicos, en el que todos sintieron la fuerza poderosa de Dios a través de su Santo Espíritu.

Todos juntos en oración profunda, recibieron la efusión del Espíritu Santo, muchos por primera vez, manifestándose sus carismas de una forma extraordinaria. Es que realmente, igual como había sucedido en los Estados Unidos, el Espíritu Santo estaba realizando un nuevo Pentecostés aquí en el Perú. Todos estuvieron de acuerdo en que esta experiencia no sólo había sido algo sensible, sino real, gracias al amor de Cristo que se manifestó en nuestros corazones.

Ese día tomaron una decisión: fomentar estos encuentros, descentralizándolos, y formar grupos de oración en sus parroquias, en sus conventos y, si era posible, hasta en sus casas.

Es bueno recordar a los Coordinadores que presidieron por algún período la RCC del Perú: el padre José Kane, el padre Rómulo Falcón, el padre Miguel La Fay –hoy obispo–, el padre Conrado Cantin, la Srta. Rosario de Piérola, el padre Buenaventura Dureau ofm, y actualmente, la Srta. Miroslava Egúsquiza, quienes sirven y han servido al Señor con amor y dedicación.

En los inicios de la Renovación en el Perú, existía una reserva por parte de la Jerarquía, por cuestionar algunas actitudes de la Renovación. Les parecía chocante al catolicismo tradicional ciertas manifestaciones como el don de lenguas, el no ser los sacerdotes los que presidieran los grupos de oración, sino laicos. En esa época la Renovación era cuestionada como un

«emocionalismo pasajero» y en forma displicente se les fue llamando a estos grupos «carismáticos», cuyo nombre es hoy oficial.

La RCC es un movimiento netamente eclesial, abierto tanto a los sacerdotes, religiosos, como a los laicos –seglares–, sin distinción alguna. La RCC, estrictamente no es un movimiento de laicos al que son invitados los sacerdotes, ni un movimiento de sacerdotes al que son invitados los laicos. Es una renovación profunda espiritual que cabe dentro de todos los estados de vida.

Dios nos está llamando, a través de la Renovación, a ser miembros vivos de su cuerpo y a redescubrir la riqueza de la comunidad cristiana.

Recomendamos especialmente las siguientes lecturas sobre este tema:

Kevin y Dorothy Ranaghan, Pentecostales Católicos; Logos International; Plainfield, N.J., 1971.

Edward D. O´Connor, C.S.C., La Renovación Carismática en la Iglesia Católica; Lasser Press; México, 1973.

Benigno Juanes, S.J., ¿Qué es la Renovación Carismática y qué pretende?; Santo Domingo, 1996.

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Trabajo para la semana

Responder, desde una perspectiva personal, las siguientes preguntas:

1. Cuenta brevemente cómo es que llegaste por primera vez a tu grupo de oración. 2. ¿Qué conocías y qué no conocías sobre la historia de los inicios de la RCC en el

mundo aquí contada?

3. ¿Qué conocías y qué no conocías sobre la historia de los inicios de la RCC en el

Perú aquí contada?

4. ¿Qué conoces sobre cómo empezó la RCC en tu diócesis? Cuenta brevemente lo que sabes.

5. ¿Piensas que es importante conocer la historia de la RCC en tu diócesis? ¿Por qué?

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TEMA 3

EL CAMINO DE LA RENOVACIÓN

Objetivo del tema:

Profundizar sobre el sentido y misión de la RCC en la Iglesia de hoy, así como qué es lo que el Señor espera de nosotros.

A. Introducción

a. Evocación:

¿Has descubierto cuál es tu misión en la vida? ¿Qué quiere el Señor de ti?

b. Ubicación y concatenación con el curso:

La RCC nació con una misión. Por lo tanto, no se limita a “seguir existiendo”: se proyecta hacia el logro de una visión que el Señor nos ha ido mostrando conforme fue transcurriendo el tiempo.

c. Motivación y presentación del tema:

Abramos bien nuestros ojos espirituales para ver lo que nuestros ojos carnales nunca pudieron ni podrán ver.

B. Cuerpo de la enseñanza (Tiempo total: 100’)

A. MISIÓN DE LA RCC DEL PERÚ

1. Fomentar una conversión personal, madura y continua hacia Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

2. Fomentar una receptividad personal decisiva hacia la persona, la presencia y el poder del

Espíritu Santo. Estas dos gracias espirituales con frecuencia se experimentan unidas en lo

que se ha llamado en diferentes partes del mundo un bautismo en el Espíritu Santo o una renovación en el Espíritu.

3. Fomentar la recepción y utilización de los dones espirituales (carismas) no sólo en la Renovación Carismática, sino también en toda la Iglesia.

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4. Fomentar el trabajo de evangelización con el poder del Espíritu Santo, incluyendo la evangelización de quienes no están en la Iglesia, la re-evangelización de los cristianos nominales, la evangelización de la cultura y de las estructuras sociales.

5. Promover el crecimiento progresivo en la santidad mediante la apropiada integración de estos acentos carismáticos con la totalidad de la vida de la Iglesia.

¿Qué es la MISIÓN?

Es la definición de la razón de ser de la RCC, que la hace diferente de otros movimientos similares. Se define respondiendo a las preguntas qué, para qué y cómo.

B. VISIÓN PARA EL AÑO 2010

Fuente: Acuerdos de la Junta Nacional de la RCC del Perú de enero del 2000.

Queremos una RCC en el Perú que:

1. Viviendo la fe, desde una conversión personal y comunitaria, renovada permanentemente con el poder del Espíritu Santo, use los dones y carismas y sea un camino firme de

santidad.

2. Unida entre sus miembros e integrada a la estructura eclesial y a los otros movimientos de la Iglesia, afirme cada vez más su presencia.

3. Conozca la realidad social y eclesial de su entorno, para que ejerza un servicio profético y propicie diversos ministerios de Promoción Humana y Desarrollo Social en beneficio de los más necesitados.

4. Tenga grupos de oración, ministerios y comunidades bien formados en la espiritualidad carismática y en la sana doctrina de la Iglesia, que sean fermento de transformación social y eclesial.

5. Cuente con centros de formación espiritual, eclesial y humana que propicien líderes infantiles, juveniles y adultos.

6. Promueva vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales, y genere casas de formación de espiritualidad carismática.

7. Renueve y fortalezca la familia, jóvenes y niños peruanos, fomentando su presencia y participación en los grupos de oración y en la vida de la Iglesia.

8. Realice una evangelización con el poder del Espíritu Santo, utilizando los medios de comunicación, y así poder llegar a todos los ámbitos sociales del país.

9. Se autofinancie mediante la catequesis de diezmos y ofrendas para, de esta manera, contar

con los recursos humanos, tecnológicos, económicos y de infraestructura, suficientes para el

cumplimiento de su misión.

¿Qué es la VISIÓN?

Es el conjunto de propósitos generales que señalan lo que la RCC quiere ser en el futuro. Se elaboran para un horizonte de planeación

a largo plazo (mínimo de cinco años). Señala el rumbo a seguir.

C. OBJETIVOS DE LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA

Como parte de la Iglesia, la Renovación Carismática Católica, asume una misión particular, reflejada en sus objetivos.

El objetivo básico de la Renovación Carismática es:

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De aquél, se desprenden estos otros objetivos:

1. Promover una conversión personal, madura y continua a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

2. Propiciar una apertura decisiva hacia la persona del Espíritu Santo, su presencia y su poder a través del bautismo en el Espíritu.

3. EVANGELIZAR:

• a quienes no pertenecen a la Iglesia,

• a los bautizados que no viven su fe (cristianos de nombre),

• la cultura y las estructuras sociales,

• para la participación en la misión de la Iglesia,

• mediante palabras y obras (testimonio de vida).

4. Impulsar el crecimiento progresivo hacia la santidad, a través de la correcta integración de los dones carismáticos con la vida plena de la Iglesia.

5. Llevar a los cristianos a tener una vida sacramental viva y auténtica. Fomentar la recepción y el uso de los dones espirituales (carismas), no solamente en la Renovación Carismática, sino también en la Iglesia entera.

D. FRUTOS DE LA RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA

Fuente: Documento del Encuentro Episcopal Latinoamericano en La Ceja (Colombia): “La Renovación Espiritual

Católica Carismática”; septiembre de 1987.

1. El descubrimiento de la Persona viviente de Jesús, reconocido como Hijo único de Dios, con el cual el cristiano entra en relación personal como Salvador, Señor y Mediador cerca del Padre.

2. El gusto por una oración profunda, personal y comunitaria.

3. Crece el aprecio por la oración litúrgica y especialmente por la Eucaristía. 4. Amor a la Palabra de Dios.

5. Conversión y santificación. 6. Una amplia abnegación fraterna. 7. Cambio progresivo.

8. Aumento de vocaciones sacerdotales y religiosas.

9. Devoción mariana, que fomenta un amor filial a la Madre de Dios y de la Iglesia, y busca rendirle el culto verdadero.

10. Aprecio por la vida sacramental.

11. Fuerza evangelizadora de la Renovación. Los fieles comienzan a sentir un verdadero poderoso anhelo de evangelizar y de llevar la Buena Nueva de la Salvación integral de Cristo a los demás.

También podemos enumerar como frutos de esta Renovación: a) Una vinculación más estrecha y viva entre los Pastores y la grey. b) Una mayor apreciación de la auténtica santidad.

c) Una progresiva purificación de la religiosidad popular.

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Trabajo para la semana:

1. ¿Cuáles de los puntos de la Visión ya se han cumplido o están muy cerca de cumplirse? ¿Por qué?

2. ¿Cuáles de los puntos de la Visión aún no hemos alcanzado? ¿Por qué? 3. ¿Piensas que estamos cumpliendo con nuestra Misión como carismáticos? 4. Redacta una oración de una página en base a los objetivos de la RCC. 5. Redacta una oración de una página en base a los frutos de la RCC.

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TEMA 4

ORGANIZACIÓN DE LA RCC

Objetivo del tema:

Conocer la forma como está organizada la RCC en el Perú.

A. Introducción

a. Evocación:

Completen la frase de Cristo: «El que quiera ser el primero, se hará...» (Mc 10, 44).

b. Ubicación y concatenación con el curso:

La Misión y la Visión tienen que afirmarse en una estructura, para así hacerla viable.

c. Motivación y presentación del tema:

Revisemos nuestros conocimientos sobre cómo estamos organizados.

B. Cuerpo de la enseñanza (50’)

1. CÓMO ES UN GRUPO DE ORACIÓN

Todo Grupo de Oración es una comunidad de hermanos en la fe, con un número variable de

integrantes, y que está dirigida por un Equipo de Servidores, quienes, con la guía del Espíritu Santo, tienen la responsabilidad de escuchar al Señor y conducir la asamblea de acuerdo a Su voluntad. El Equipo de Servidores está presidido por el Responsable del Grupo de Oración, y lo integran además los servidores y pre-servidores en funciones. Estas personas son las más comprometidas del Grupo, y el número de servidores puede variar según las necesidades de la asamblea, aunque se calcula que debe haber un servidor por cada cinco o seis asambleístas, para que éstos sean bien atendidos. Los servidores son nombrados por el Responsable del Grupo y se reúnen con él (ella) un día aparte de la reunión de la asamblea para discernir la marcha del Grupo de Oración y evaluar su servicio.

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de su funcionamiento. Estos Ministerios están conformados por hermanos comprometidos del Grupo de Oración que en equipo realizan algún servicio específico de manera permanente: Música, Enseñanza, Alabanza, Acogida, Intercesión, Sanación, etc., y que de esta forma ejercen en

comunidad el carisma o carismas recibidos por el Señor para provecho del Cuerpo de Cristo. Cada Ministerio tiene, a su vez, un responsable, quien es nombrado por el Responsable del Grupo de Oración. Es aconsejable que el responsable del Ministerio sea un servidor en actividad. Para integrar algún Ministerio no hace falta ser “servidor” nombrado, pero sí es indispensable que haya seguido el Seminario de Vida en el Espíritu completo, manifestar un proceso de conversión, deseo de servir a sus hermanos, una actitud de humildad y voluntad para trabajar en equipo, y también tener el carisma o carismas que se requieran para realizar el servicio que corresponde a dicho Ministerio.

Los Grupos de oración en el Perú están organizados de acuerdo a su zona geográfica. En las diócesis donde la cantidad de grupos no es muy grande, se integran directamente a una

Coordinación Diocesana. Esta Coordinación Diocesana de la RCC es un equipo presidido por el Coordinador Diocesano y lo integra además cada Responsable de los Grupos de Oración de su jurisdicción, así como los responsables de los Ministerios Diocesanos de servicio. En el caso de que la cantidad de grupos de oración sea mayor y su respectivo pastoreo lo requiera, la diócesis se subdivide en Zonas, y entonces los grupos se integran a una su respectiva Coordinación Zonal. Así, cada Coordinación Diocesana puede contar con diversas Coordinaciones Zonales y, dentro de éstas, aparecen los Grupos de oración. De esta manera, los Responsables de los Grupos de oración se integran a su respectiva Coordinación Zonal, la cual es presidida por el Coordinador Zonal, y éste a su vez integra la Coordinación Diocesana en lugar de los Responsables de los grupos.

Los Coordinadores Zonales de la RCC son nombrados por su respectivo Coordinador Diocesano de la RCC, y éste es nombrado a su vez por el Coordinador Nacional de la RCC. Cuando en una diócesis existen Zonas, los Responsables de los Grupos de oración son nombrados por su respectivo Coordinador Zonal. Si no existen Coordinaciones Zonales en la diócesis, los Responsables de los Grupos son nombrados directamente por el Coordinador Diocesano de la RCC.

2. ORGANIZACIÓN DE LA RCC EN EL PERÚ

(Según el Estatuto de la RCC del Año 2000)

A continuación, citamos algunos artículos del Estatuto de la RCC del Perú que se refieren a su organización y al proceso de nombramiento de sus dirigentes:

Art. 4° Siendo un movimiento eclesial, la RCC reconoce, respeta y asume con humildad y

obediencia las disposiciones de la Jerarquía de la Iglesia Católica.

Art. 5° La RCC del Perú es competente para establecer y hacer respetar su propio régimen de

organización interna que está establecido por el presente Estatuto.

Art. 6° La RCC del Perú ejerce autoridad sobre sus miembros en los asuntos que le son propios. Art. 10° En la RCC del Perú se da las siguientes expresiones:

1. Grupos de Oración Carismáticos: Entendemos por Grupos de Oración a un grupo de personas que se reúnen en torno a Cristo, guiados por el Espíritu Santo para compartir la fe y la vivencia cristiana, alabando a Dios Padre, transformando sus vidas y edificándose

mutuamente a imagen de Jesucristo y de su Evangelio. Sus miembros deben tender hacia una madurez que los lleve a un compromiso mayor de pertenencia entre ellos y a la definición de su apostolado (c.f. Hch 2, 42).

2. Comunidades Carismáticas: Nacen del llamado del Espíritu Santo a vivir esa gracia. Es el Señor mismo quien toma la iniciativa de constituir la Comunidad, da la visión y reúne a gente de diferentes edades, procedencia y estados de vida. Pueden establecerse, entre otras

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formas, como “Comunidades de Alianza” o “Comunidades de Vida”.

3. Ministerios Carismáticos: Es una de las expresiones que surgen para brindar un servicio determinado al Pueblo de Dios con las características propias de la Renovación,

transmitiendo sus experiencias. Así, pueden ser, para la evangelización enseñanza, misiones, comunicaciones, música, sanación, etc. Los Ministerios son entes de servicio, no órganos de autoridad.

La RCC del Perú acoge con entusiasmo y secunda las mociones del Espíritu Santo sobre otras formas comunitarias de expresión carismáticas que pudieran suscitarse.

Art. 14° La RCC del Perú cuenta con la siguiente estructura orgánica:

Coordinación Nacional: Coordinador Nacional, Sub Coordinador Nacional, Coordinadores

Diocesanos, Representante de las Comunidades Carismáticas, Responsables de Ministerios Carismáticos y Ministerios de Servicios.

Coordinación Diocesana (Prelaturas o Vicariatos Apostólicos según corresponda):

Coordinador Diocesano, Sub Coordinador Diocesano, Coordinadores Zonales, Ministerios Diocesanos.

Coordinación Zonal: Coordinador Zonal, Sub Coordinador Zonal, Responsables de los

Grupos de Oración, Ministerios Zonales, Comunidades.

Grupo de Oración, Comunidades Carismáticas y Ministerios Carismáticos. Art. 26° El Responsable es nombrado por el Coordinador Zonal en discernimiento con el

Coordinador Diocesano de una terna presentada por los servidores del Grupo de Oración. El Coordinador Zonal preside la reunión en que se elige dicha terna.

Art. 31° Del Coordinador Zonal

a) Es nombrado por el Coordinador Diocesano de una terna presentada por los Responsables de la Zona. El nombramiento será dado a conocer a las autoridades eclesiásticas respectivas.

Art. 38° Del Coordinador Diocesano

a) Es nombrado por el Coordinador Nacional de una terna presentada por los miembros de la Coordinación Diocesana en actividad y comunicado a la autoridad eclesiástica respectiva.

Art. 49° (La Coordinación Nacional) Se reúne ordinariamente dos veces al año y

extraordinariamente, cuando lo convoca el Coordinador Nacional. En dichas reuniones los Coordinadores Diocesanos podrán proponer y elegir a cualquier miembro de la RCC como Coordinador Nacional, el mismo que tendrá que ser confirmado por la Conferencia Episcopal Peruana.

3. ECCLA: ENCUENTRO CARISMÁTICO LATINOAMERICANO

El ECCLA (Encuentro Carismático Católico Latino Americano) se realiza desde 1972, y en cada uno de estos eventos internacionales participan líderes de la Renovación Carismática de nuestros países. En ellos, se busca lograr un intercambio de experiencias y alcanzar una visión común para la RCC de América Latina. El objetivo de los ECCLAs es:

a. El conocimiento mutuo de los responsables de la Renovación Carismática en Latinoamérica. b. El intercambio de experiencias personales y comunitarias.

c. La profundización de los temas relacionados con la Renovación. d. El discernimiento de la voluntad de Dios para la Renovación. e. El crecimiento de la Renovación a través del Continente.

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g. La insinuación de líneas de acción para los grupos. ECCLAs realizados:

1. 1972 en Bogotá (Colombia). 2. 1974 en Bogotá.

3. 1975 en Aguas Buenas (Puerto Rico). 4. 1976 en México D.F.

5. 1977 en Caracas (Venezuela). 6. 1979 en Lima.

7. 1982 en Belo Horizonte (Brasil).

8. 1983 en Santo Domingo (Rep. Dominicana). 9. 1985 en San José (Costa Rica).

10. 1986 en Buenos Aires (Argentina). 11. 1988 en Quito (Ecuador).

12. 1989 en Antigua (Guatemala). 13. 1991 en Santiago (Chile). 14. 1993 en Río de Janeiro (Brasil). 15. 1995 en Tegucigalpa (Honduras). 16. 1996 en Ciudad del Este (Paraguay). 17. 1998 en Monterrey (México). 18. 2000 en Caguas (Puerto Rico).

De 1989 a 1995 se realizaron también cuatro ECCLAs juveniles (hoy Encuentro Latinoamericano de Jóvenes) y desde 1994 el CONCCLAT (Consejo Católico Carismático Latinoamericano), que es la reunión de los Responsables de cada país. El actual presidente del CONCCLAT es Francisco de Salles Baptista Ferreira (Brasil).

4. ICCRS: CONSEJO Y SERVICIO INTERNACIONAL

En 1978 se creó un Consejo y una Oficina Internacional bajo la dirección del Cardenal Leon Joseph Suenens (nombrado por el Papa Pablo VI como Asistente Episcopal de la RCC a nivel

internacional) para responder a las necesidades de comunicación, cooperación y coordinación a nivel mundial.

Fue conformado con líderes de todo el mundo, estableciéndose primero en Bruselas y luego en Roma.

Desde esa fecha este Consejo ha desarrollado una actividad internacional que se desarrolla en dos aspectos:

• Por un lado, promueve la comunicación y cooperación entre los organismos de la RCC a nivel nacional de cada país.

• Y por otro lado, sirve de canal de comunicación y cooperación entre la Renovación internacional y la Santa Sede.

Este Consejo es conocido como ICCRS: Servicio Internacional de la Renovación Carismática Católica.

El ICCRS es una organización que busca impulsar la RCC en la Iglesia católica a nivel mundial. Para lograr la realización de sus objetivos y proyectos, el ICCRS ofrece a la Renovación mundial ayuda y servicio. La sabiduría, conocimiento profundo y experiencia que el ICCRS obtiene de todo el mundo, las pone a disposición de la Renovación mundial.

Cuando ICCRS ofrece enseñanza, servicio pastoral, dirección o entrenamiento local, lo hace como un servidor, no como autoridad que espera obediencia.

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El ICCRS, en su relación con los grupos nacionales o locales de la RCC desea subrayar que no busca imponer su autoridad, sino ofrecer sus servicios. Tiene por tanto autoridad de servicio y cierta autoridad moral.

Su relación con las expresiones nacionales o locales de la RCC no limita la relación entre los Grupos con sus obispos locales o nacionales, ni limita la libertad individual o de grupos para relacionarse con la Santa Sede. Como sucesor del Cardenal Suenens, S.S. Juan Pablo II nombró al Obispo Paul J. Cordes (1994).

Actualmente, su presidente es el australiano Allan Panozza. Los miembros del Consejo del ICCRS pueden permanecer como máximo tres períodos de tres años cada uno.

Debemos enfatizar que la misión principal del ICCRS es promover y hacer conocer la RCC por todo el mundo, por que es importante para ellos conocer lo que ocurre en otros lugares.

Por eso, la obligación de cada miembro del ICCRS es informar con regularidad al Consejo cómo se encuentra su zona, lo que les ayuda a poder mantener contacto y comunicación con los miembros de la Jerarquía de la Iglesia en sus respectivos países y en el Vaticano.

También, trata de entablar relaciones con los dirigentes de la RCC de su zona para traer su punto de vista y experiencia al Consejo, lo que permite conocer el actuar del Espíritu Santo en la Iglesia y enriquecernos al testimoniarlas.

Actualmente, integran este Consejo: Allan Panozza (Australia – Presidente), Matteo Calisi (Italia - Vicepresidente), Nikol Baldacchino (Malta), Cathy Brenti (Francia), Obispo Joe Grech (Australia), Henri Lemay (Canadá), James Murphy (EE.UU.), Mark Nimo (Ghana), P. Bart Pastor (Filipinas), P. Rufus Pereira (India), Jean Pliya (Benin), P. Michael Slavik (República Checa), Telésforo

«Chiquito» Villalba (Argentina) y Erni Wiethaeuper (Brasil).

El ICCRS edita bimestralmente su Boletín, el cual contiene enseñanzas e información sobre lo que acontece en la RCC de todo el mundo. Para recibir dicho Boletín hay que suscribirse realizando un pago de US$ 20.00, y enviarlo a la dirección abajo indicada:

International Catholic Charismatic Renewal Services Palazzo della Cancelleria

00120 Vatican City, Europe Página Web: http://www.iccrs.org E-mail: [email protected]

Trabajo durante la semana:

1. ¿Cuáles de los puntos de la Visión ya se han cumplido o están muy cerca de cumplirse? ¿Por qué?

2. ¿Cuáles de los puntos de la Visión estamos lejos de alcanzar? ¿Por qué? 3. Redacta una oración de una página en base a los objetivos de la RCC. 4. Redacta una oración de una página en base a los frutos de la RCC. 5. Haz un organigrama que refleje la organización de tu Grupo de Oración.

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TEMA 5

LA ESPIRITUALIDAD DE LA

RENOVACIÓN

Objetivo del tema:

Identificar los elementos más característicos de la vivencia carismática, y fomentar su presencia en nuestras asambleas de oración.

A. Introducción

a. Evocación:

¿Qué es lo que más caracteriza tu forma de ser? Identifica cuatro o cinco elementos puntuales.

b. Ubicación y concatenación con el curso:

Si el Señor tiene una visión particular para la Renovación, es porque busca que podamos recorrer un camino específico. La RCC vive una espiritualidad propia, que es parte de la espiritualidad

cristiana.

c. Motivación y presentación del tema:

Vayamos descubriendo paso a paso el camino que el Señor pone ante nosotros.

B. Cuerpo de la enseñanza (Tiempo total: 100’)

1. La espiritualidad cristiana

La espiritualidad es un modo de vivir la vida total, es un talante de vida. Segundo Galilea la define como «la motivación que impregna los proyectos y compromisos de vida». Otros la definen como «la vida conducida por el Espíritu». Es, pues, un proceso de seguimiento de Cristo bajo el impulso del Espíritu y bajo la guía de la Iglesia, por el camino de la propia vocación.

El teólogo J. Martín Velasco define la espiritualidad así: «Espiritualidad es la forma concreta que toma la identidad cristiana encarnada en la vida de un cristiano o de un grupo de cristianos». De esto se desprende que la espiritualidad no es una experiencia religiosa que nos desliga de nuestro contexto vital y que signifique para nosotros una huida del mundo. No es andar por las nubes, sino más bien vivir comprometido en el mundo, teniendo en cuenta nuestra responsabilidad histórica. La espiritualidad cristiana es trinitaria, pues implica tener una relación personal con Dios Padre, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo. Esta espiritualidad nos impulsa a seguir a Jesús. El valor

fundamental de la espiritualidad cristiana es hacernos discípulos de Jesús. Producto de esta espiritualidad común a todos los cristianos, se exige del creyente (tanto a un obispo como a cualquier laico):

• La cruz.

• El amor a todos.

• La fe.

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La espiritualidad cristiana también requiere del creyente el vivir por el Espíritu Santo y ser

conducido por Él. Vivir según el Espíritu es vivir según los criterios y perspectivas de Dios. Pero es una espiritualidad encarnada, pues la fe, la esperanza y el amor tienen que encarnarse proyectándose hacia quienes son el rostro escondido de Dios: nuestros hermanos.

2. La espiritualidad de la Renovación Carismática

En el resumen que sigue glosaremos a tres maestros prominentes de la Renovación Carismática Católica: el P. Salvador Carrillo Alday, Mssp., al P. Benigno Juanes S.J. y al padre Jesús (Chus) Villarroel O.P..

Según el padre Salvador Carrillo, «la espiritualidad de la Renovación no es paralela a ninguna espiritualidad, sino que renueva y revitaliza todas las corrientes espirituales que el Espíritu Santo ha hecho surgir a lo largo de la historia de la Iglesia».

El padre Chus Villarroel, por su parte, afirma: “La espiritualidad de la Renovación enfatiza

fuertemente la vivencia de un Jesús vivo y resucitado. No precisamente como una frase teórica sino como una experiencia personal y comunitaria. La fuerte experiencia religiosa pentecostal que se recibe con el «bautismo en el Espíritu» hace referencia inmediata a Jesús el resucitado que mediante su Espíritu nos ha tocado. Con ello se produce la alegría de la Pascua de resurrección. De un solo golpe se descubren dos cosas fundamentales: la fe y su contenido básico. Esta alegría impregna todas las manifestaciones de un grupo carismático”.

Y añade: “Dentro de la espiritualidad de la Renovación carismática, hay un punto que es necesario destacar: todo es gratis, pero al precio de la sangre de Cristo. Por eso, el hombre tiene que pasar por el bautismo y optar por Jesucristo. Esta opción incluye un largo proceso de purificación o sanación que se llama obediencia de la fe y que se inicia cuando la gracia te lleva a someter tu vida al señorío de Jesús. De esta forma, el poder del Resucitado y Señor desalojará de nosotros el dominio de todos los demás señores. Es una acción liberadora, pero en ella se van a sentir conmovidos los cimientos del propio yo. El sometimiento de tu vida al poder del señorío de Jesús va a constituir el inicio del proceso de la santificación de cada persona”.

La Renovación renueva el carisma propio de cada persona, de cada institución y de cada familia religiosa: “La Renovación no se pone nunca en contradicción con ningún carisma, porque su campo de acción es anterior a la división de todos los carismas. Va a incidir en lo que es común a todo cristiano, es decir, en el Bautismo y, en general, en el terreno de la iniciación cristiana” (P. Chus Villarroel, “La Renovación Carismática”).

3. Elementos primordiales de la espiritualidad carismática

a. Bautismo en el Espíritu Santo

La experiencia carismática se inicia con un Pentecostés, y Pentecostés no el fin de un preparación, sino el inicio de un proceso de cambio y de vida nueva. Es una experiencia abierta a todos:

sacerdotes, religiosos, laicos, ricos, pobres, pecadores, cultos e incultos, y personas de cualquier movimiento eclesial.

Desde la experiencia de Pentecostés se descubre:

• A Jesús

• A la comunidad

• La eucaristía

• La oración

Esta experiencia es necesaria para el cristiano porque hoy sobra conocimiento y falta experiencia, las personas quieren llegar a Jesús, pero se encuentran con muchas doctrinas, documentos,

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teologías, reflexiones, puntos de vista, etc., mientras que lo que se necesita es una experiencia religiosa que nos proporciona el Espíritu Santo y que se expresa con una palabra: AMOR. Cuando experimentamos esto, descubrimos a Dios presente en la Iglesia y que no se ha separado de nosotros.

«La fuerza de la Renovación carismática está en que cree en el constante Pentecostés que el Espíritu Santo realiza en la Iglesia y en cada uno de sus miembros...» (La Ceja, 31).

b. Trinitaria

Contemplando a cada uno como es conocido por la Palabra de Dios:

• Dios Padre amoroso.

• Cristo Salvador y Señor.

• Espíritu Santo santificador.

«La gran fundamentación teológica de la Renovación espiritual carismática está, pues, en el Misterio Trinitario, y particularmente en el conocimiento progresivo de la Persona del Espíritu Santo y en su acción insustituible e ininterrumpida en la Iglesia y en cada u no de nosotros» (La

Ceja, 18).

«Algunos piensan equivocadamente que esta Renovación se centra exclusivamente en el Espíritu Santo y minimiza la acción del Padre y la de Jesús. Muy al contrario, el Espíritu Santo es quien da al cristiano testimonio de Jesús (Jn 15, 26) y quien lo capacita para que sea testigo de su

resurrección» (La Ceja, 24).

c. Encuentro personal con Cristo vivo y resucitado

La efusión del Espíritu Santo nos lleva inmediatamente a reconocer a un Cristo vivo, resucitado y que es nuestro salvador personal, a la vez que produce una adhesión explícita y personal con Él. Esta adhesión a Jesús se produce por efecto de la fe que el Espíritu Santo nos concede, junto con sus muchos dones. En este encuentro toda la persona queda afectada y Jesús pasa a ser el centro de la vida y deja de ser una persona alejada para convertirse en alguien amoroso y anhelante de entrar en comunicación con la persona amada.

d. Jesús es el Señor, mi Señor

La experiencia de Jesús como Señor es una realidad fundamental en la Renovación. Hacer de Jesús mi Señor implica que sea efectivamente:

• Centro de mi vida

• Centro de mis elecciones

• Centro de mi familia

• Señor de mi pasado, presente y futuro Señor de:

• Mis relaciones

• Mi sexualidad y emotividad

• Mi casa y mis bienes

• Mi manera de pensar y hablar

• Todas las áreas de mi vida

Al decir que Jesús es mi Señor, estoy haciendo un acto de obediencia y de sometimiento a la voluntad del Padre, al evangelio de Jesús, sin restricciones ni limitaciones de ningún tipo. Aceptar a Jesús como Señor de mi vida, es reconocer:

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• A Jesús como Maestro al que debo acomodar mi vida,

• Los caminos distintos y nuevos por donde el Espíritu me guía,

• Los escondrijos y zonas donde se esconde el hombre viejo y someter esas zonas al poder salvador y sanador de Jesús.

Vivir el señorío de Jesús es poner cruces, obediencias, muerte y tristezas a la luz de la resurrección, para ser transformados hasta que nuestra vida cambiada nos permita decir: «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí».

«Precisamente, uno de los frutos de la Renovación es la proclamación alegre que muchos están haciendo de un Jesús vivo, “constituido Señor y Cristo por Dios” (Hch 2, 36) y a quien están sirviendo con gozo pascual» (La Ceja, 25).

Reflexión personal

1. ¿La experiencia de vivir la espiritualidad carismática ha hecho de mí una persona más cristiana?

¿En qué aspectos?

2. ¿Mi grupo de oración es un lugar donde cada semana mis hermanos tienen un encuentro con un Cristo vivo y resucitado?

e. Experiencia de liberación

De la experiencia del bautismo en el Espíritu se deriva normalmente una experiencia de liberación que se concede al creyente. Es una liberación de: vicios que forman hábito, sexualidad

descontrolada, violencia, alcoholismo, drogadicción, tabaquismo, ansiedades, bloqueos, temores, timidez, complejos, tibieza religiosa, vida rutinaria, injusticias, agresiones, egoísmo, orgullo, etc. El Espíritu Santo toca profundamente lo íntimo, y reestructura, armoniza, equilibra y cura a toda la persona, creándose una sensación de liberación.

f. Vivir en acción de gracias

El padre Chus Villarroel dice al respecto: «Si te dejas guiar por el Espíritu, la dicha es más grande que la pena». Cuando nos caemos en la cuenta de que hemos sido liberados, y que fue por pura Gracia, sin que hayamos hecho nada para ello, empezaremos a confiar en Dios y a dejarnos guiar por su Espíritu. Pasamos entonces de la retribución a la GRATUIDAD.

Llamamos retribución a: querer ganar o alcanzar a Dios con el propio esfuerzo, querer ganar a Dios para nuestra causa a fuerza de ayunos, limosnas, oraciones, novenas y cumplimiento. Esto es: querer salvarse por sus propias fuerzas y sus buenas obras, es decir, vivir aún en el Antiguo Testamento.

Por el contrario, GRATUIDAD es:

• Entrar en confianza total en Dios, el cual actúa a través de mi historia y de la Historia.

• El estilo de vida del Hombre nuevo.

• Responder al Amor de Dios, no a una exigencia.

• Responder a una predilección de Dios, devolviendo gratuitamente a los demás.

• Dejar que Dios tome la iniciativa y responder a ello.

El vivir la gratuidad nos lleva a la alegría, no a una alegría mantenida con terapias, técnicas,

aplausos o exceso de ellos, o por tener cosas o no tener problemas y conflictos, sino que brota de la seguridad de estar entre las manos de Dios a pesar de lo que somos, y de cómo somos.

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g. La alabanza

La alabanza brota inmediatamente que te das cuenta de quién es el Señor y de lo que Él hizo y hace en cada uno y en la comunidad. Por otra parte, el Señor usa la alabanza para hacer al grupo más receptivo a la acción del Espíritu Santo.

No hay nada más bíblico ni eclesial que la alabanza. La Eucaristía está llena de alabanzas: oración colecta, Gloria, prefacio, Sanctus, plegaria eucarística, doxología final de la plegaria eucarística, etc.

Dios es un ser muy libre y en Él caben todo tipo de manifestaciones. Por eso, cuando sientes la oración de alabanza como una liberación, te das cuenta de lo verdadera que es. Sólo cuando te haces libre, conoces lo inhibido que estabas antes. Somos nosotros los que recortamos mil libertades, los que nos cargamos de exigencias y los que nos creamos multitud de tabúes.

La alabanza en la Renovación es liberadora, ensancha el corazón y da rienda suelta a sentimientos siempre coartados por la estrechez de los ritualismos.

h. La comunidad y el amor fraterno

Otro elemento característico de la espiritualidad de la Renovación es la vida de comunidad y el amor fraterno tanto en comunidad como fuera de ella con todos los hermanos.

La conversión cristiana es conversión a la persona de Cristo y también a nuestros hermanos. Es aceptar a Cristo y a los hermanos. Todo ello no sobre la base de la propia conveniencia, sino fundados en un compromiso, no sólo relación con los que nos llevamos bien, con los que somos amigos, sino como nos amó y ama Cristo.

No olvidemos que la experiencia de Dios tan fundamental en la Renovación Carismática es una experiencia social y comunitaria. Por eso, las expresiones fundamentales de la Renovación son comunitarias: los Grupos o asambleas de Oración y las Comunidades de Alianza y Vida.

4. Fuentes de la espiritualidad de la Renovación

Las fuentes donde se alimenta la espiritualidad de la Renovación Carismática son:

La oración. Comunitaria y personal, tanto de alabanza como de agradecimiento.

La Palabra de Dios. Por ella conocemos los designios de Dios, aprendemos los criterios y

valores del reino, y nos vamos transformando en Cristo.

Los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación. Del contacto personal con Cristo,

que la Eucaristía nos ofrece, nace la fuerza para seguir al resucitado que, como a los discípulos de Emaús, se nos hizo presente «mientras nos hablaba» y «al partir el pan». La Reconciliación es también un encuentro con Jesús que perdona y que sana las heridas causadas por el pecado.

El magisterio de la Iglesia. Los documentos eclesiales diversos que se han ido publicando,

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Trabajo para la semana:

1. ¿La experiencia de vivir la espiritualidad carismática ha hecho de mí una persona más cristiana? ¿En qué aspectos?

2. ¿Mi grupo de oración es un lugar donde cada semana mis hermanos tienen un encuentro con un Cristo vivo y resucitado?

3. Los hermanos que perseveran asistiendo a tu grupo de oración, ¿por qué continúan haciéndolo?

4. Expón, con tus propias palabras, la importancia de la alabanza en las reuniones de oración.

5. ¿De qué manera concreta podemos hacer presente cada uno de los elementos primordiales de la espiritualidad carismática en nuestras reuniones de oración? Señala la manera para cada caso.

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TEMA 6

EL ESPÍRITU SANTO:

Don, Comunión y Alegría

Objetivo del tema:

Conocer y valorar al Espíritu Santo como una Persona que actúa en nuestras vidas.

A. Introducción

a. Evocación:

¿Cuál es el Don más grande que has recibido?

b. Ubicación y concatenación con el curso:

Una característica de la espiritualidad carismática es el proclamar a Jesús como Señor de nuestras vidas. Pero, «nadie puede decir “Jesús es el Señor” si no lo hace movido por el Espíritu Santo» (1 Co 12, 3).

c. Motivación y presentación del tema:

Vamos a conocer más profundamente a quien es el Don de los dones.

B. Cuerpo de la enseñanza (50’)

1. ¡El Espíritu Santo, Don!

Jesús dice a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a Él y Él te daría agua viva” (Jn 4, 10). ¿Cómo estar seguros de que ese don de Dios indica precisamente al Espíritu Santo? Nos lo dice el evangelista Juan: “Si alguno tiene sed venga y beba. Desde el interior del que crea en mí, como dice la Escritura, brotarán torrentes de agua viva... Esto dijo del Espíritu que iban a recibir los que habrían de creer en Él” (Jn 7, 37–39).

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Por su parte, el apóstol Pablo confirma esta demostración basada en la imagen del agua (Cf. 1 Co 12, 13: “Todos hemos bebido en un solo Espíritu”), pero añade una segunda que es toda de él, no menos convincente. Él dice que Jesús, “ascendiendo a lo alto, le ha dado a los hombres dones” (Ef 4, 8). Pero ¿qué les dio Cristo a los hombres después de su ascensión? ¡El Espíritu Santo que difundió el día de Pentecostés sobre la Iglesia!

Él es el grande, el único don, que cayendo en la Iglesia, se quiebra en una serie de dones diversos, como la luz que, conforme a los cuerpos en los que desciende, suscita colores diversos. Decía al respecto san Agustín: “En virtud de este don que es el Espíritu Santo, otorgado en común a todos los miembros de Cristo, es distribuida una multitud de dones propios a cada uno. En efecto, cada uno no posee todos los dones, sino quienes unos, quienes otros, no obstante que todos tengan ese mismo don del que se les distribuyen a cada uno los suyos, es decir, el Espíritu Santo”. El don total, formado por la suma de todos los dones, lo posee solamente el cuerpo entero de Cristo, que es la Iglesia.

2. El Espíritu es comunión

Por eso el Espíritu Santo es llamado en la Escritura el don de Dios. Pero también es llamado comunión (koinonía: 2 Co 13, 13). Ante todo, comunión entre el Padre y el Hijo. En la Trinidad solamente el Espíritu Santo lleva un nombre común a las tres personas divinas, porque todo en Dios es “Espíritu” y todo es “Santo”, mientras que no todo se puede llamar “Padre”, y menos será todo “Hijo”.

Es el Espíritu de ambos, del Padre y del Hijo, a que se refiere la misma Escritura cuando llama al Espíritu Santo ya sea “Espíritu del Padre” o “Espíritu de su Hijo Jesucristo”. El Espíritu Santo es, pues, la comunión del Padre y del Hijo entre sí, el manantial de toda comunión y de toda

comunidad. Gracias a este motivo trinitario es Él también comunión entre nosotros y con Dios : “El Padre y el Hijo han querido que nosotros tuviéramos comunión entre nosotros y con ellos por medio de lo que es comunión en el seno de ellos mismos, y han querido reunirnos en unidad a través de aquel mismo don que ellos poseen en común”, afirmaba San Agustín.

La comunión personal con Dios y la comunión eclesial entre nosotros, manan todas de la única fuente que es el Espíritu; manan de la comunión trinitaria. De el Espíritu Santo asciende la

comunión por la que nosotros formamos el único cuerpo del único Hijo de Dios. La expresión “en la unidad del Espíritu”, tan estimada en la liturgia, expresa en forma de oración esta visión y significa: en la unidad que es el Espíritu Santo.

3. El Espíritu es gozo

El Espíritu Santo, en tercer lugar, es gozo, alegría. Esto lo comprueba ya en parte la Escritura, que, en esta forma, asocia con frecuencia la alegría con el Espíritu Santo: “Los discípulos estaban llenos de alegría en el Espíritu Santo” (Hch 13, 52); “El Reino de Dios es gozo en el Espíritu Santo” (Rm 14, 17); “Son frutos del Espíritu Santo: amor, alegría, paz...” (Gál 5, 22). El Espíritu Santo –para decirlo con palabras de san Ambrosio– es aquel río del que habla el Salmo 46, que desciende de lo alto y que “con sus afluentes alegra la ciudad de Dios” (v. 5), es decir, la Iglesia. En todas partes se vuelve a repetir el mismo doble movimiento: de lo que el Espíritu Santo es para nosotros en la Iglesia nos elevamos a los que es en el seno de la Trinidad; de lo que es en el seno de Trinidad descendemos a lo que es en medio de nosotros y para nosotros.

4. El Espíritu Santo Amor

Estos tres rasgos distintivos del Espíritu Santo, recogidos de la Biblia —don, comunión, gozo— hacen referencia a una única realidad que los contiene a todos: el amor.

Referencias

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