(*Universitat Rovira i Virgili. **Universitat de Barcelona)

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cOMO ReLLenO cOnSTRUcTiVO de Un ALMAcÉn

PORTUARiO LOcALiZAdO BAjO eL TeATRO ROMAnO

de TARRAgOnA

Joaquín ruizde arBulo*, ricardo Mar*, MercedeS roca**, MontSerrat díaz aVellaneda**1 (*universitat rovira i virgili. **universitat de Barcelona)

entre 1981 y 1984, por encargo del nuevo servei d’arqueologia de la generalitat de Catalunya, un equipo dirigido por M. roca, r. Mar y J. ruiz de arbulo realizó la planimetría de los restos del teatro romano de tarragona y una investigación estratigráfica en el sector monumental anexo (Mar, roca, ruiz de arbulo 1993). esta investigación, unida a la revisión de los sondeos realizados en los años 70 por M. Berges (Berges 1982), permitió documentar una amplia secuencia estratigráfica de un sector vecino al puerto de la antigua Tarraco. la estratigrafía se inicia con grandes depósitos tallados en la roca de época tardo-republicana (siglos ii-i a.C.) cuya exploración se vio dificultada por la aparición del nivel freático ya que se situaban prácticamente a cota 0. aun así, los trabajos realizados con ayuda de una motobomba permitieron documentar la existencia sobre la roca de una serie de rellenos constructivos relacionados con muros de aparejo irregular y un gran depósito tallado en la roca y revestido de opus signinum. los materiales que proporcionaron estos estratos de base corresponden a un horizonte de primera mitad del siglo i a.C. (sirva como ejemplo la ue 2555, con presencia de Camp. a f. lamb. 36, 25, 27 y 28; Camp. B; lucernas; kalathoi ibéricos; común itálica; cerámica gris costa catalana; reducida de cocina; ánforas pe 18, Mañà C2B, grecoitálicas y dressel 1 a y B). aunque no podamos precisar más detalles sobre las estructuras de esta primera fase, resulta posible relacionar el gran depósito tallado en la roca con las instalaciones portuarias activas en Tarraco desde la segunda guerra púnica, ya que sabemos que los depósitos de agua potable eran piezas imprescindibles en las inmediaciones de los muelles.

estas primeras estructuras republicanas fueron terraplenadas para la construcción de un gran edificio portuario en la segunda mitad del siglo i a.C. se trata de un gran almacén con naves paralelas separadas por pilares de sillería y muros de obra alternada con hiladas de sillares encadenados. adosadas al desnivel del terreno, se sitúan una serie de habitaciones comunicadas mediante una puerta de arco labrada en sillería. la estructura del edificio parece corresponder al extremo de una porticus, un almacén portuario similar a los documentados por la Forma Urbis en el puerto fluvial de roma (rodríguez almeida 1981; 1984), pero de proporciones mucho más modestas.

en el sector del depósito republicano, dado que éste tuvo que ser arrasado y colmatado, el gran almacén se levantó sobre un potente relleno constructivo (ue 2311) conteniendo un riquísimo conjunto cerámico que ahora presentamos. el relleno estaba formado por materiales de vertedero, en su gran mayoría fragmentos anfóricos. no se trató sin embargo de un relleno de drenaje con ánforas completas en posición invertida sino de un relleno constructivo formado con materiales diversos y con poca conexión de fragmentos para formar piezas completas. el interés de este depósito radica no obstante en la riqueza y variedad de los materiales presentes y sobre todo en su precisa cronología para estudiar los movimientos comerciales de las artesanías cerámicas y los envases ánforicos durante los primeros años del mandato de augusto, a fines del siglo i a.C. (fig. 1, fig. 2, fig. 3, fig. 4).

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las tres décadas anteriores al cambio de era fueron como sabemos un momento de grandes cambios en la comercialización de las cerámicas de mesa en el occidente mediterráneo. una brillante generación de audaces ceramistas aretinos, bajo probable influencia de ceramistas pergamenos, acoplaría la tradición helenística de vasos fabricados a molde, decorados en relieve, con una nueva técnica de barniz barbotinado unido a una cocción oxidante que provocaba piezas semivitrificadas (glanztonfilm), con un característico y nítido color rojo brillante de gran calidad. la vajilla de mesa itálica y romana, que durante tres siglos había seguido la tradición ática / magnogreca y más tarde campaniense de las cerámicas de barniz negro, pasó a ser roja y ya nunca lo dejó de ser. el cambio afectó igualmente a otras clases cerámicas como las paredes finas o las lucernas que adaptaron sus tipologías a la nueva moda y evolucionaron con nuevos productos. al mismo tiempo, se produjo el gran cambio de sentido en las redes comerciales marítimas cuando el comercio marítimo de vino y el aceite itálico tardo-republicano dejó paso a las primeras exportaciones del vino, en menor medida aceite y sobre todo salazones de pescado que desde las Hispanias ulterior y citerior se dirigieron masivamente hacia el eje del ródano y el limes germano. este contexto tarraconense, por tratarse de un relleno constructivo de ambiente portuario en la principal ciudad de la Hispania tarraconense, resulta un ejemplo excelente para evidenciar los matices tipológicos y de mercado en la primera fase de este proceso en las costas del noreste de la península ibérica.

un repaso al inventario de la ue 2311 que presentamos (fig. 5) permite evidenciar que se trata de un contexto cerámico caracterizado por la llegada a Tarraco de la primera terra sigillata itálica con grandes pateras de timbres radiales; y junto a ella otras producciones relacionadas, como la presigillata de barniz negro y las llamadas imitaciones rojo coral de la ts aretina. por supuesto aparecen junto a la nueva ts las tradicionales cerámicas campanienses de los tipos a, B, Boides y C, además de la campaniense a tardía, algunos de cuyos cuencos presentan significativamente un barniz rojo intencionado. las tazas y cubiletes de paredes finas, siempre sin engobe, se presentan con tipos tardo-republicanos como los característicos cubiletes de borde ganchudo, pero también con las nuevas producciones de época de augusto: cubiletes de borde engrosado, cubiletes carenados con paredes verticales tipo Mayet 12 y diversos cubiletes decorados de los talleres de aco. las lucernas son de tipos tardo-republicanos pero también aparece la nueva dressel 4 con decoración de pájaros en el pico. las cerámicas comunes itálicas y de barniz rojo interno pompeyano están presentes con su repertorio tradicional de fuentes, páteras, cazuelas y platos/tapadera; mientras que unos pocos fragmentos parecen pertenecer a una única cazuela en cerámica común africana. el mayor porcentaje de la vajilla presente pertenece a la cerámica común oxidada y reducida, con una amplia representación de ollas, botellas, cuencos y platos. también están presentes las habituales ollas de cocina en cerámica reducida a mano, fragmentos de ungüentarios, morteros y dolia.

el grueso del material lo forma un amplísimo conjunto de fragmentos de ánforas. algunas de ellas son todavía tardo-republicanas como las ánforas púnico-ebusitanas pe 16, 17, 23 y 25; ánforas púnicas del Mediterráneo central Mañá C 2; ánforas vinarias itálicas de los tipos grecoitálico, dressel 1 a y dressel 1 B, lamboglia 2 y ánforas oleícolas de Brindisi. pero el resto de las ánforas presentes se insertan ya en una nueva realidad económica. los nuevos envases vinarios tarraconenses de los tipos tarraconense 1, pascual 1 y dressel 28 aparecen ya junto a un grupo mayoritario de ánforas de salazones dressel 7/11, acompañados por las ánforas béticas Haltern 70 y lomba do Canho 67. en menor medida aparecen igualmente unos pocos fragmentos de ánforas de vino egeo de rodas y un único borde de la nueva ánfora 2/4 itálica imitación de las ánforas de Cos. algunos fragmentos de ánforas béticas dressel 25 y un ejemplar precoz de ánfora tripolitana i/ii atestiguan asimismo un comercio minoritario de aceites. señalemos igualmente por su importancia cronológica que no aparece documentada la producción local y en general tarraconense de ánforas dressel 2/4 que solo unas décadas más tarde, después del cambio de era, pasarían a ser mayoritarias en todos los mercados. Más de 159 tapaderas discoidales acreditan la importancia de la presencia anfórica en este relleno. repasaremos a continuación brevemente cada una de las principales clases cerámicas representadas.

LA TeRRA SigiLLATA iTáLicA

del total de 359 fragmentos que forman el conjunto de materiales de terra sigillata itálica se han contabilizado un número mínimo de 36 individuos. se ha determinado la forma de los vasos en 34 casos que hemos referenciado a partir de la tipología de Conspectus (ettlinger et al. 1990) quedando 2 bordes sin atribución a una forma concreta. para la denominación de colores de pastas y barnices remitimos al código Cailleux-taylor. por otro lado, se han contabilizado 30 bases, 20 de las cuales presentan marcas de alfar (fig. 6, fig. 7, fig. 8, fig. 9a. 1-15, fig. 9b). presentamos en primer lugar el

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catálogo de las marcas de ceramista atestiguadas. la cronología de las piezas ha sido establecido con la segunda edición del Corpus Vasorum Arretinorum (oxé, Comfort, Kenrick 2000 que citaremos con las siglas oCK):

1. ABB

Consp. 14.1

pasta: C26; alguna vacuola; fractura dura, algo irregular. Barniz: F36; bastante brillante, homogéneo, algo caedizo.

Marca central en cartela rectangular (10 x 5 mm aprox.) con los ángulos redondeados. oCK 11, aBBivs, n. 3; 20 - 1 a.C.

2. ABBI

Consp. 14

pasta: C26; alguna vacuola; fractura bastante dura, algo irregular.

Barniz: F38; brillante, homogéneo y adherente en la superficie interna del fondo; algo brillante, con alguna sfumatura y caedizo en la superficie externa.

Marca central en cartela rectangular (10 x 7 mm) con los ángulos redondeados. oCK 11, aBBivs, n. 1; 20 - 1 a.C.

3. SEXI/[ ]NI

Consp. 14.1

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura bastante dura, algo irregular.

Barniz: e38; brillante, homogéneo y adherente; alguna sfumatura en la superficie externa del fondo.

Marca central en cartela cuadrangular con los ángulos redondeados (6 x 6 mm aprox.); rodeada por dos finas acanaladuras; línea divisoria entre registros; no está muy clara la t (final registro superior); en registro inferior sólo clara la n.

oCK 183, seX. annivs (1) de arezzo; 20 a.C - 10 d.C.

4. ATEI

Fondo indeter.

pasta: B42; compacta y bien depurada; fractura recta, bastante dura. Barniz: H38; brillante, homogéneo y adherente.

Marca central (8 x 6 mm en cartela rectangular con filete; a y t ligadas.

oCK 267, ateivs (2) de arezzo (no hay ninguna idéntica, la más parecida n. 78); 15 - 5 a.C.; o bien oCK 268, ateivs (3) de pisa (ninguna idéntica); 5 a.C. - 25 d.C.

5. A(V?)

Fondo indeter.

pasta: C23; alguna vacuola; fractura algo ondulada, bastante dura. Barniz: F38; brillante, homogéneo; poco adherente.

Marca central, incompleta, en cartela rectangular con los ángulos redondeados, inscrita en círculo de estrías; casi ilegible (conserva la a y parte de la v ligada).

oCK 371, avillivs (probable); 20 a.C. - 40 d.C.

6. F(E?)IX

Fondo indeter.

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura recta y dura.

Barniz: e36; brillante, homogéneo y adherente; ha saltado en el borde de la cartela.

Marca central en cartela rectangular (12 mm long.) conservada sólo en su mitad superior; podrían haber ido ligadas e y l o l e i.

oCK 820, FeliX (2) de vasanello (obrero de anCHarivs); 10 - 1 a.C.; o bien oCK 823, FeliX (5). no aparece en ningún caso un ejemplar como el nuestro.

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7. S·E

Fondo indeter.

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura recta y dura. Barniz: F38; brillante y homogéneo; algo caedizo.

Marca radial en cartela cuadrada con los ángulos redondeados, inscrita en un doble círculo concéntrico.

oCK 1383, s(eX.) pe( ) de arezzo (no se han podido identificar ejemplos similares debido a la imposibilidad de acceder a la pieza); 40 - 20 a.C.

8. [ ]ER

Fondo indeter.

pasta: C26; fractura irregular, bastante blanda.

Barniz: F48; poco brillante, homogéneo, bastante caedizo; cubre sólo parcialmente el fondo externo.

Marca central en cartela rectangular (10 x 9 mm aprox.) inscrita en círculo de estrías; lectura dudosa de la primera letra. oCK 1387, perennivs de arezzo (atribución sólo posible ya que no hay ningún ejemplo similar); 40 a.C. - 1+ d.C.

9. RASIN

Fondo indeter.

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura recta y dura.

Barniz: F38; brillante, homogéneo y adherente; alguna sfumatura en la superficie externa del fondo.

Marca central en cartela rectangular (25 x 11 mm aprox.) con los ángulos redondeados; sin ligaduras; doble acanaladura en el fondo interno.

oCK 1623, rasinivs (2) de arezzo, similar a n. 11; 15 a.C. - 40 d.C.

10. HILA[ ]/S[ ]

Fondo indeter.

pasta: C26; compacta y bien depurada; fractura recta y dura. Barniz: F48; brillante, homogéneo y adherente.

Marca central en cartela cuadrangular (10 mm alt.), en dos registros separados por una línea, limitada en su parte inferior por una línea sogueada; perdida en su extremo derecho; registro inferior ilegible a excepción de la inicial. oCK 1814, (l.) savFeivs, obrero Hilarvs, de arezzo (difícil de identificar la nuestra, por fragmentada, con las representadas por oCK); 10 a.C. - 10 d.C.

11. H(IL?)[ ]

Fondo indeter.

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura recta, bastante dura. Barniz: e36; algo brillante, homogéneo; no muy adherente.

Marca central, parcialmente conservada, en cartela rectangular, con los ángulos redondeados; incompleta; casi ilegible (quizás deba relacionarse con la anterior).

oCK 1814, (l.) savFeivs, obrero Hilarvs, de arezzo (probable); 10 a.C. - 10 d.C.

12. A·TITI

Fondo indeter.

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura recta y dura.

Barniz: F36; brillante y homogéneo; algo caedizo; totalmente ausente en la superficie externa del fondo. Marca central en cartela rectangular con los ángulos redondeados, inscrita en círculo.

oCK 2166, a. titivs (3) de arezzo / valle del po, similar a nn. 3-7, 12, 15; 30 - 10 a.C.

13. A·TITI

Consp. B 1.2

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura recta y dura.

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Marcas radiales (se conserva una) en cartela rectangular con los ángulos redondeados, inscrita en círculo de estrías entre acanaladuras.

oCK 2166, a. titivs (3) de arezzo / valle del po, similar a nn. 3-7, 12, 15; 30 - 10 a.C.

14. ATITI

Fondo indeter.

pasta: C23; bien depurada; fractura recta, más bien blanda.

Barniz: F38; brillante, homogéneo y adherente; ausente, en parte, en la superficie externa del fondo. Marca central en cartela rectangular con los ángulos redondeados.

oCK 2166, a. titivs (3) de arezzo / valle del po (no se han podido identificar ejemplos similares debido a la imposibilidad de acceder a la pieza); 30 - 10 a.C.

15. L·TC·

Fondo pátera indeter.

pasta: C23; alguna vacuola; fractura recta, bastante dura.

Barniz: F38; brillante, homogéneo y adherente; alguna sfumatura en la superficie externa del fondo.

Marca central en cartela rectangular (9 x 6 mm) con los ángulos redondeados; inscrita en círculo estriado limitado por acanaladura.

oCK 2239, l. titivs Copo de arezzo, similar a n. 19; 20 - 10 a.C.

16. AVI?/FIC

Consp. 13.1 o 14.1

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura dura, bastante irregular. Barniz: d36; algo brillante; homogéneo; algo caedizo.

Marca central en cartela cuadrangular (8 x 8 mm) inscrita en doble círculo inciso; registro superior casi ilegible. oCK 2398, a. viBivs Figvlvs, similar a n. 13; 20 - 5 a.C.

17. FIC

Consp. 11.1 o 12.1

pasta: C23; muy compacta y bien depurada; fractura recta y dura. Barniz: H34; bastante brillante y homogéneo aunque no muy adherente. Marca radial, parcialmente conservada, rodeada por un círculo de estrías.

oCK 2398, a. viBivs Figvlvs; 20 - 5 a.C.; o bien oCK 2168, a. titivs Figvlvs (2) de arezzo / valle del po; 30 - 15 a.C.

18. AV/SC y AVB/SCR

Consp. B 1.5

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura recta y dura.

Barniz: H36; brillante, homogéneo y adherente; casi totalmente ausente en el plano de apoyo, la superficie interna del pie y la superficie externa del fondo.

Marcas radiales (conservadas 2) inscritas en círculo de estrías entre doble acanaladura; ambas en cartela cuadrangular (8 x 9 mm aprox. y 11 x 11 mm respectivamente).

oCK 2400, a. viBivs sCroFv(la) de arezzo (av/sC: no hay ninguna idéntica; avB/sCr: n. 26); 40 - 15 a.C.

19. A.VIB/CP

Fondo indeter.

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura recta y dura. Barniz: e34; poco brillante, homogéneo y adherente.

Marca central en cartela rectangular (11 x 6 mm aprox.), apenas legible en registro inferior. oCK 2400, a. viBivs sCroFv(la) de arezzo, similar a nn. 23-24; 40 - 15 a.C.

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20. [ ]/[ ]CAR y LV^MB/SCA^R

Fondo indeter.

pasta: C23; compacta y bien depurada; fractura recta y dura.

Barniz: F36; brillante, homogéneo y adherente; casi ausente en la superficie del fondo externo.

Marca central, parcialmente conservada, en cartela cuadrangular con a y r ligadas; marca radial enteramente conservada en cartela cuadrangular (14 x 14 mm), limitada por línea sogueada, en dos registros; v y M ligadas, a y r ligadas; dos acanaladuras rodean la marca central y un círculo de estrías las radiales.

oCK 2479, l. vMB(riCivs) sCar( ) de arezzo, n. 2 (posible variante de sCavrvs); 40 - 20 a.C.

algunas de las marcas corresponden a talleres, la gran mayoría de Arretium, que están bien representados en contextos de la península ibérica y el Mediterráneo occidental. entre éstos se encuentran los de ATEIVS, RASINIVS, SEX. ANNIVS, L. TITIVS COPO, A. VIBIVS SCROFV(LA), S(EX.) PE( ) y A. VIBIVS FIGVLVS, de los cuales oCK dan otros ejemplos hallados en tarragona, así como también en narbona y empúries, entre otras ciudades. en Pollentia encontramos también a RASINIVS (roca, 1992: 106 y 111; nn. 23 y 24) y A. VIBIVS FIGVLVS, que también está representado en Mataró, en un contexto de cronología similar (Cerdà et al., 1997: 15 y 42; n. 103). los talleres de SEX. ANNIVS, L. TITIVS COPO, S(EX.) PE( ) y A. VIBIVS SCROFV(LA) también se ven representados en Badalona (Madrid 2005: 42-43; nn. 48; 7 y 8; 4 y 9; 10, 36 y 45, respectivamente, siendo el ejemplar n. 36 bastante similar a nuestro n. 18, que a su vez es idéntico al de Cartago: oCK 2400, n. 26).

si bien oCK no indican su presencia en tarragona, aunque sí en empúries y otros yacimientos del litoral, tenemos también representados los ceramistas ABBIVS, con dos ejemplares, A. TITIVS, con tres, y el ceramista HILARVS de (L.) SAVFEIVS, en uno o dos casos. en relación con ABBIVS, es interesante el hecho de que oCK señalan la existencia de solamente siete hallazgos en todo el mundo romano. se ha documentado un ejemplar idéntico al de nimes (oCK 11, n. 3) y otro a los de roma y empúries (oCK 11, n. 1). en relación con A. TITIVS, cabe destacar el ejemplar con marca en posición radial puesto que sólo el 15% de las marcas correspondientes a esta fórmula son radiales. asimismo tenemos una marca del taller de L. VMB(RICIVS) SCAR( ), idéntica a las de arezzo, Fiesole y vasanello (oCK 2479, n. 2), del cual, según oCK, no existe representación alguna en la península ibérica.

dudosa, por el mal estado de las marcas, es la atribución de algunas piezas a los talleres de PERENNIVS, del cual oCK no mencionan ningún hallazgo peninsular, AVILLIVS, FELIX y A. TITIVS FIGVLVS, los cuales sí, en cambio, aparecen en otros contextos de tarragona e Hispania. respecto a la posición de las marcas se documentan cuatro ejemplos de marcas radiales. remarcaremos como evidencia significativa que no hay ninguna marca documentada in planta pedis. de hecho, tal como se puede apreciar en la tabla cronológica (fig. 6), no hay ninguna fábrica cuya actividad se inicie después del 20/10 a.C.

en cuanto a las formas (figs. 7, 8 y 9a. 1-14), entre los tipos de vaso identificados, domina con 6 ejemplares la copa de labio colgante (servicio i) Consp. 14. la sigue con 4 individuos el plato de borde/pared curvada Consp. 4, y con 3 ejemplares cada una los platos de labio colgante Consp. 10.1, 11.1 y 12.1, así como el cuenco de pared rectilínea Consp. 7. Con 2 individuos cada una está representado el plato de pared moldurada (servicio ii) Consp. 18.2 y la copa con asas Consp. 38. Hay 2 ejemplares de dudosa atribución, que podrían adscribirse bien a la forma Consp. 5.2 o a la Consp. 12. por último, con un individuo cada una están representadas las formas antiguas Consp. 30 (cuenco de tradición etrusca en barniz negro) y Consp. 1, así como Consp. 36, Consp. 5.1 y 2.1 (platos con el labio proyectado hacia fuera) y Consp. 8.1-2 (copa de pared curva).

en lo que atañe a las decoraciones, cabe destacar la inexistencia de relieve aplicado y el hecho de que se documenta únicamente un fragmento informe decorado a molde. tal como refleja la fig. 6, junto a las producciones más antiguas (Consp. 1.1, 4.2, 7 y 30), la mayoría de las piezas se concentran entre el 20 a.C. y el cambio de era, no existiendo ninguna forma cuya aparición se sitúe después del 15/10 a.C. así pues, a nivel cronológico, los datos que nos proporcionan tanto las marcas de alfar como las formas documentadas permiten fechar este contexto entorno al 10/5 a.C. o, de forma más general, dentro de los 20 últimos años a.C.

la comparación de estos resultados con los observados por ejemplo en las estratigrafías urbanas de los orígenes de la colonia de Lugdunum (desbat, picon, djellid 2000) y en la vecina saint-romain-en-gal, junto a vienne (desbat, picon 1992) presentan una casi total concordancia con la llegada anterior de las producciones de aretinas frente a las pisanas y las imitaciones locales que en Lugdunum sabemos fueron producidas por un acercamiento de algunos talleres aretinos hacia los mercados militares del limes germano. en 1966, el hallazgo en la colina lionesa de la Muette, junto al río saona,

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de un taller que producía lucernas, cubiletes de paredes finas, cerámicas con engobe rojo interno y sigillatas firmadas por artesanos de Cn. Ateius, uno de los productores documentados en arezzo, permitió evidenciar que los grandes talleres enviaron agentes con punzones y moldes más cerca de los mercados que debían servir, en este caso los grandes castra legionarios del limes, como Haltern, abastecidos desde la colonia de Lugdunum (desbat, genin, lasfargues 1997: 39 y ss., 227-229). otro tanto pudo documentarse en pisa, donde también aparecieron desechos de horno con sellos del mismo taller (pucci 1985), y hoy sabemos que igual origen aretino debieron tener los primeros talleres sudgálicos del valle del tarn, a través de las producciones augusteas de Lugdunum y también Vienna (desbat, picon 1992).

en este contexto, nos queda pues la duda, en ausencia de pruebas analíticas, de saber cual fue el origen y el camino de llegada de las primeras sigillatas que llegaron al puerto de Tarraco, si directamente de los talleres de Arretium o bien de unos precoces talleres lugdunenses o sudgálicos aprovechando los viajes de retorno de los barcos en una ruta marítima y fluvial, que hacía llegar hasta los campamentos del limes las nuevas ánforas béticas y tarraconenses. de cualquier forma, queda claro de momento que los movimientos de los ceramistas aretinos con sus moldes no llegaron hasta las costas de Tarraco, ya que la producción local de sigillatas no se iniciaría hasta un momento muy posterior y ya con la nueva facies de la terra sigillata Hispánica.

PROdUcciOneS ASOciAdAS e iMiTAciOneS de LA TS AReTinA

Junto al lote de cerámicas de origen claramente aretino hemos de señalar igualmente la presencia de un pequeño número de imitaciones de la terra sigillata aretina. se trata por una parte de grandes pateras realizadas en barniz negro de la clase que n. lamboglia bautizara como presigillata y ejemplares de las especies que e. sanmartí (1975; 1978: 308-310), al localizarlas en los estratos superiores de época de augusto en el vertedero de la muralla robert de Emporiae, denominara imitaciones de la aretina con barniz rojo coral y en barniz negro de pasta gris micácea. Hoy sabemos que se trata de diferentes tipos de producciones generados por las primeras sigillatas orientales de producción pergamena y de asia Menor (v. p.e. Hayes 2001) cuya llegada al extremo occidente acompañando a las ánforas griegas orientales en la primera mitad del siglo i a.C. provocaría la evolución de los talleres con la transición entre los talleres itálicos de barniz negro hacia las nuevas producciones de barniz rojo popularizadas por los ceramistas de Arretium (v. por ejemplo lequement, liou 1976; passelac 1993) y al mismo tiempo por una variada serie de imitaciones que en las distintas regiones hicieron frente a la nueva moda aretina. estas imitaciones han sido estudiadas en una reciente reunión con aportaciones del ámbito sudgálico, catalán, levantino y del sudeste hispánico (roca, principal 2007).

ceRáMicAS cAMPAnienSeS y PReSenciA de cAMPAnienSe A TARdÍA cOn BARniZ ROjO inTenciOnAdO Como evidencia significativa del impacto que debió representar la difusión de la nueva vajilla aretina contamos entre los materiales de este relleno del puerto tarraconense con una novedad singular. los materiales presentes de vajilla de barniz negro campaniense responden a los porcentajes habituales en los contextos del siglo i a.C., que conocemos por ejemplo en las estratigrafías de las murallas, foro y calles de Emporion / Emporiae (sanmartí 1978; aquilue et al. 1984; Mar, ruiz de arbulo 1993) siguiendo una evolución tipológica que ha sido bien estudiada por J.p. Morel (1981; v. espec. 1990). en nuestro contexto (fig. 10) la presencia de vajilla de la Campaniense a es ya equivalente a la de las producciones de la Campaniense B incluyendo pastas grisáceas y barnices desgastados propios de las producciones Boïdes y aparece también un pequeño número de páteras de la Campaniense C. Junto a ellas, aparece un pequeño lote de fragmentos que pertenecen a piezas de la denominada Campaniense a tardía (sanmartí 1978), una producción caracterizada por piezas muy poco cuidadas y con frecuentes fallos de cocción. sin embargo en tres piezas del relleno, un cuenco de la forma Morel 2611 a1 (Morel 1981: fig. 59) y dos fondos de la lamb. 31a con decoración pintada de círculos, todas ellas encuadrables dentro de la campaniense a tardía (fig. 10a. 2-4), se evidencia con total claridad los intentos de lograr que el color final de las piezas fuera el rojo (fig. 10b). investigaciones recientes en otros vertederos tarraconenses y también en villae del entorno de la ciudad excavadas por p. otiña nos permiten confirmar que no se trató de un hecho puntual sino de una producción característica que podemos denominar Campaniense a tardía con barniz rojo intencionado que llegó a alcanzar en Tarraco una presencia detectable aunque de duración efímera (cf. lopez, Mesas, otiña 2007).

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ceRáMicA de PARedeS FinAS

el repertorio de la cerámica de paredes finas (fig. 9a. 16-42) muestra el conjunto de formas propio de la época tardo-republicana, con presencia de los típicos cubiletes Mayet 1 y 2, los cubiletes pequeños con borde engrosado o recto vuelto hacia el interior tipo Mayet 5 y sobre todo una presencia significativa de los populares cubiletes tubulares de carena inferior y paredes rectilíneas de la forma Mayet 12, copia de la forma en ts aretina goudineau 22 / Haltern 16, que sabemos fueron producidos por ejemplo en el taller de la Muette de lyon (lasfargues, vertet 1970; grataloup 1986). aparecen igualmente fragmentos de cubiletes hechos a molde del norte de italia con las decoraciones en relieve y los pequeños letreros característicos de los distintos ceramistas asociados al taller/talleres de Aco (lavizzari 1987), cuyos artesanos aparecen igualmente en el taller lugdunense de la Muette (desbat, genin, lasfargues 1997). uno de los fragmentos conserva una letra s final del nombre del alfarero que puede corresponder quizás a [Hilaru]s o [Chrysippu]s, dos de los esclavos artesanos mejor representados de las producciones de Aco en la Muette, los cuales, como en este ejemplo tarraconense, marcan las piezas con letreros situados junto a la franja superior de hojas entrelazadas en vasos cubiertos completamente por motivos de espinas (desbat, genin, lasfargues 1997: pl. 61-65) . todos estos materiales, además de la ausencia total de piezas con engobe, permiten encuadrar con precisión la cronología de estas cerámicas de paredes finas en fechas un poco anteriores al cambio de era (cf. Mayet 1975; ricci 1985; Mínguez 1992; lópez Mullor 2008).

ceRáMicA cOMÚn iTáLicA y BARniZ ROjO inTeRnO POMPeyAnO

un conjunto destacable de los materiales está formado por las producciones de cerámicas comunes itálicas: grandes páteras de fondo plano con borde bífido o exvasado en ocasiones cubiertas de barnices del tipo rojo interno pompeyano acompañadas de cazuelas y platos / tapadera de distintos tamaños (fig. 11; fig. 12.1-8). se trata como sabemos de una de la clases cerámicas más frecuentes en el comercio itálico tardo-republicano desde mediados del siglo ii a.C. en adelante, que aparecen documentadas por igual en todos los contextos estratigráficos y en los principales pecios de la época (vegas 1973; aguarod 1991; Bats 1996). su presencia importante al igual que ocurre con las cerámicas de barniz negro podría acreditar que todavía a fines del siglo i a.C. el comercio itálico seguía plenamente activo. sin embargo, como veremos más adelante, la presencia claramente minoritaria en este contexto estratigráfico de las ánforas itálicas dressel 1 a las que sabemos estas producciones acompañaban siempre en los barcos como cargas secundarias nos debe hacer reflexionar sobre el origen de estos materiales.

ceRáMicA cOMÚn AFRicAnA de FAcieS iMPeRiAL

Hemos de resaltar como material singular la presencia de una cazuela de producción común africana con patina cenicienta exterior y borde exvasado con resalte interior del tipo Hayes 198 / ostia ii, 310 que evidenciaría la primera llegada de esta nueva producción africana a Tarraco y también la evidencia más antigua de este tipo de piezas documentada hasta ahora en la Hispania citerior (fig. 14.8; fig. 15). los talleres púnicos habían producido durante la época tardo-republicana piezas de cerámica común de gran aceptación como las lopades de los tipos Hayes 191/192 y 194, también cazuelas y páteras con tipologías variadas bien conocidas en los contextos de Cartago, utica o ibiza que han sido revisadas recientemente por v. guerrero (1995). asociada en los cargamentos con las ánforas púnicas de aceite y salazones esta vajilla compitió en los mercados con la vajilla común itálica / barniz rojo interno pompeyano destinada a los mismos usos culinarios y de mesa (cf. para usos y funciones de las vajillas cerámicas Bats 1988).

en realidad, este tipo de cazuela o caccabus, con fondo redondeado marcado por una carena y labio horizontal con un reborde cóncavo para ajuste de la tapadera, es una pieza característica de la cerámica común itálica. son las cazuelas con tapadora características de la cerámica común itálica (junto a las grandes páteras o lancis) del pecio de la Madrague de giens datable en la década 60/50 a.C. (tchernia, pomey, Hesnard 1978), presentes en pompeya y en un buen número de yacimientos de Catalunya y el valle de ebro en los siglos ii y i a.C. Carmen aguarod (1991: 99-102) la definiría como su tipo Celsa 79.28. parece pues que en la evolución de las distintas lopades púnicas una de ellas evolucionó copiando fielmente la forma de la cazuela itálica dando lugar a la forma africana Hayes 198 / ostia ii, 310 (cf. aguarod 1991: 271-273). en la pieza tarraconense, tanto el tipo de pasta, el torneado de aristas duras, la cocción y el tipo de patina cenicienta uniforme y bien adherida, acredita en nuestra opinión su origen africano.

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Hasta ahora, se consideraba que los ejemplares más antiguos en el noreste hispano de estas nuevas piezas africanas eran las dos cazuelas con sus tapaderas aparecidas en empúries en las tumbas 5 y 12 de la necrópolis de incineración Ballesta, ya recogidos por Hayes (1972: 210) y que en fecha reciente han sido estudiados tipológicamente (Casas, Castanyer, nolla, tremoleda 1990: num. 261-264) y los fragmentos del nivel a1 de la insula 2 de Celsa señalados por aguarod (1991: 271). sin embargo todos estos ejemplares proceden de contextos estratigráficos algo posteriores al cambio de era, mientras que la pieza de nuestro contexto se sitúa claramente a fines del s. i a.C. se trata sin embargo de un hallazgo minoritario, ciertamente puntual, pero que cobra un interés especial por acompañar como veremos a algunas ánforas tripolitanas de los tipos i y ii que hasta ahora tampoco habían sido documentados en fechas anteriores al cambio de era. en realidad, sabemos que la vajilla común africana no incrementaría su presencia en los mercados mediterráneos hasta la dinastía flavia, coincidiendo con la aparición de la nueva ts africana a y de los grandes envases del aceite africano, para llegar a ser claramente mayoritaria en el comercio mediterráneo de cerámicas comunes a lo largo del siglo ii d.C. (cf. aquilué 1989: 1995).

ceRáMicA iBÉRicA, iBÉRicA PinTAdA y ceRáMicA gRiS de LA cOSTA cATALAnA

estas tres clases están representadas por fragmentos diversos correspondientes a cuencos, platos y botellas en cerámica gris (fig. 10a.10-19) y también algunos kalathoi de cerámica ibérica pintada (fig.12. 11-12). por su relativa escasez debe tratarse ya de materiales residuales en las escombreras portuarias. en los contextos estratigráficos tanto del propio teatro como de Tarraco a fines del siglo ii y primera mitad del siglo i a.C., la cerámica ibérica lisa o pintada que sabemos aparece asociada en los alfares con las producciones de la cerámica gris emporitana o de la costa catalana, era clases cerámicas de presencia significativa (cf. diaz 2000; diaz, puche 2003), como en general ocurría en las demás ciudades romanas tempranas de Catalunya como por ejemplo empúries (aquilué et al. 1984: annex 5, 367 y ss; ruiz de arbulo 1993: 633-634) y las nuevas ciudades del levante como Valentia (ribera 1998). algunas piezas apreciadas de la cerámica ibérica pintada como los kalathoi sabemos que fueron exportados como cargas de vuelta en los navíos hacia las costas de italia desde luni a velia (Bencivenga 1984) y también a las ciudades de la galia narbonense (guerin 1986). su franca escasez en este contexto portuario muestra una vez más los radicales cambios producidos en la fabricación de artesanías cerámicas en la segunda mitad del siglo i a.C.

ceRáMicAS cOMUneS OXidAdAS y RedUcidAS. MORTeROS y doLIA

detectamos en este contexto una muy abundante presencia de producciones de cerámicas comunes oxidadas y reducidas con distintas series de botellas, ollas, jarros, bandejas, cuencos y pequeños platos de los tipos que pasarán a ser habituales con la llegada del imperio (fig. 12; fig. 13; fig. 14). son casi todas ellas producciones de ámbito local o regional, quizás llegadas de regiones costeras vecinas (por ejemplo de las costas emporitanas o layetanas) ligadas al tráfico costero de cabotaje. su presencia, con casi 900 fragmentos es ciertamente la mayoritaria entre las distintas clases cerámicas presentes sin excluimos los envases anfóricos. resulta importante destacar que su presencia en realidad no hace sino sustituir a los “viejos” materiales de tradición ibérica y las cerámicas reducidas y oxidadas de los tipos emporitano/costa catalana característicos como decíamos anteriormente de los niveles de época tardo-republicana.

son pues también estas nuevas producciones de cerámica común las que señalan la transición entre las costumbres culinarias y de mesa ligadas a las poblaciones ibero-romanas de la república tardía frente a unos usos y costumbres diferentes propios de poblaciones más urbanizadas, ligadas de una forma más directa con las nuevas colonias y municipios, con un paisaje agrario en profunda transformación con el predominio de nuevas villae de agricultura intensiva y talleres artesanales cerámicos (figlinae) especializados. un trabajo reciente de J. tremoleda (2000) ha estudiado las formas y etapas de este proceso de cambio en tierras de los entornos emporitano y gerundense con especial atención a los alfares y producciones de estas nuevas cerámicas comunes enriqueciendo un estado de la cuestión elaborado unos años atrás (Casas, Castanyer, nolla, tremoleda 1990).

los morteros itálicos también están presentes pero solo a partir de unos pocos fragmentos con bordes de los tipos habituales campano y centro-itálico (aguarod 1991) y otro tanto ocurre con los fragmentos de dolia. en ambos sus presencias francamente minoritarias se explica por tratarse de piezas destinadas al uso doméstico (morteros) o al

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almacenaje y no al comercio ni al consumo, por lo cual su presencia en los vertederos portuarios se explicaría solo por roturas puntuales.

LUceRnAS

un pequeño lote de fragmentos de lucernas presentes en el contexto (fig.14) muestra la presencia mayoritaria de los tipos tardo-republicanos itálicos dressel 2 y 3. Junto a ellos, aparecen igualmente fragmentos de la variante dressel 4, las conocidas lucernas con los picos decorados por dos cabezas de cisne (Vogelkopflampen), características de la época de augusto (pavolini 1990). las lucernas vuelven una vez más a situarnos cronológicamente a fines del siglo i a.C.

LAS ánFORAS

el conjunto anfórico es, a gran distancia, el grupo cerámico mayoritario ya que durante la excavación se contabilizaron más de 7.700 fragmentos informes de ánforas. el estudio de los diferentes tipos anfóricos a partir de unos 350 bordes, asas y pivotes presentes nos permite evidenciar claramente los grandes cambios en las rutas del comercio marítimo mediterráneo entre italia, Hispania y la galia. en 1996, p. gebellí revisó estos materiales para localizar ánforas locales al realizar su tesina sobre algunas producciones anfóricas del Camp de tarragona (gebellí 1996) y ahora se ha interesado de nuevo por el conjunto de las ánforas a partir del análisis tipológico de los 202 bordes documentados en la ue, comparándolos con los aparecidos en otros vertederos tarraconenses (gebellí 2008).

las rutas del comercio itálico tardo-republicano a lo largo de los siglos ii y i a.C. están representadas por unos pocos ejemplares de labios, asas y pivotes de ánforas greco-italicas, dressel 1 a y dressel 1 B itálicas y campanas con desgrasante volcánico. gebellí (2008) señala igualmente la presencia de dos bordes de ánfora dressel 1 de producción local, algo que no puede extrañarnos pues sabemos que en el entorno de Tarraco se producían ya en el siglo ii a.C. ánforas dressel 1 B con sellos en lengua ibérica (Carrete, Keay, Millett 1995: 81-90). Hemos de señalar también una presencia minoritaria de las ánforas de Brindisi, probablemente de los hornos de apani, envasando el aceite de la apulia, propias también del comercio itálico tardo-republicano. Junto a ellas aparecen igualmente las ánforas de aceite ebusitanas pe 16, 17 y 25 y de salazones Maña C2 de los alfares gaditanos y del Mediterráneo central. la presencia escasa y conjunta de estos diferentes tipos anfóricos propios de los siglos ii y i a.C. parece acreditar que se trata más bien de materiales residuales, procedentes de las escombreras portuarias donde se habían ido acumulando a lo largo del tiempo.

la llegada del preciado vino oriental está representada de forma minoritaria por algunos fragmentos de asas y bordes de pequeñas ánforas rodias de pastas blanquecinas, labios finos y redondeados (fig. 18.8) y asas tubulares acodadas en punta; son éstas unas ánforas de amplia tradición a lo largo de toda la época helenística (cf. empereur 1987). Junto a ellas aparecen igualmente una boca casi completa y algunos bordes de las ánforas de Cos cuya fama daría lugar en torno al cambio de era a la imitación de su tipología por todas las grandes series anfóricas vinarias de los distintos talleres occidentales. tanto las ánforas de rodas como las de Cos están presentes claramente en los contextos anfóricos del valle del ródano datables en torno al cambio de era (desbat, Martin-Kilcher 1989). por ello los esfuerzos se han centrado desde hace años en la correcta identificación de los orígenes de los distintos tipos de dressel 2/4 ya fueran egeas, itálicas o locales mediante el análisis de pastas (desbat, picon 1986).

de cualquier forma, la presencia francamente minoritaria de las ánforas dressel 1, que apenas alcanza el 1% del total de formas atestiguadas resulta una nueva evidencia de la caída en picado en el último cuarto del siglo i a.C. de las importaciones de las ánforas itálicas del tipo dressel l que prácticamente desaparecieron de los mercados hispánico y sudgálico. el pecio de la plane i, datado hacia el 50 a.C. sería el más reciente documentado con un cargamento de dressel 1 (liou 1976; cf. Hesnard 1990: 53). es cierto que el pecio de Cap-Bear 3, datable entre los años 50-30 a.C. asociaba todavía las ánforas dressel 1 con los nuevos tipos pascual 1 y dressel 12, pero las primeras se consideran aquí ya un material residual (liou 1987) y lo mismo ocurre con una única ánfora dressel 1 presente en el pecio de la tradelière. aunque F. zevi señalaría el año 13 a.C. como la fecha consular más reciente atestiguada sobre una dressel 1, los contextos cerámicos precoces de las fundaciones de Lugdunum y Vienna estudiados por a. desbat (1998) atestiguan con claridad la desaparición de las dressel 1 de los mercados del ródano entre los años 40/20 a.C.

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Frente a las pocas ánforas de tradición tardo-republicana los envases mayoritarios son ahora las nuevas ánforas de salazones de los tipos dressel 7/11 producidas en los alfares de la Bética y también en alfares del Baix ebre como la aumedina (tivissa) que representan el 26% del total de ánforas identificadas (fig. 16; fig. 17). en los últimos años se han excavado numerosísimas alfarerías en los entornos y territorios de las distintas ciudades romanas en las bahías de Cádiz y algeciras, todas ellas destinadas casi exclusivamente a la producción de ánforas de salazón. se acredita con ello de forma evidente la importancia económica de la pesca de los túnidos y otras especies piscícolas y su tratamiento en las cetariae o factorías de salazón (cf. Bernal 1998; Figlinae Baeticae 2004; arevalo, Bernal, torremocha: 2004). el porcentaje observado en Tarraco para las ánforas de salazones es muy semejante al observado en los contextos lugdunenses de época de augusto. en verbe-incarne (15 a.C.- 15 d.C.) las ánforas dressel 7/11 eran un 28% de las ánforas presentes y en el depósito anfórico de la Favorite (5/10 d.C.) llegaban al 30% del total (desbat, Martin-Kilcher 1989: 345).

Junto a las ánforas de salazones, también desde la Bética y prácticamente con el mismo porcentaje sobre el total (24%) aparecen en nuestro contexto las nuevas ánforas Haltern 70 (fig. 17.1; fig. 18. 1-7). el conocimiento sobre estas ánforas ha dado un salto cualitativo importantísimo gracias a los trabajos de C. Carreras, a. aguilera, p. Berni, p. Marimon y otros investigadores asociados a la publicación de los ejemplares hallados en el pecio Culip viii y por extensión a todo el tipo anfórico (Culip VIII 2003). el tipo de ánfora Haltern 70 formaba parte de un grupo anfórico difuso asimilable a las ánforas del grupo 7-8 similis definidas por H. dressel en 1879 en Castro pretorio, equivalentes a las del tipo 82 de oberaden, las vindonissa 583 o las Camulodonum 185a. no sería hasta 1977, al publicarse el cargamento del pecio port-vendres ii, de época claudia, con un cargamento de lingotes de plomo, ánforas dressel 20, dressel 28, Beltrán iia y 15 ánforas Haltern 70 (Colls, domergue, laubenheimer, liou 1977) cuando este último tipo sería finalmente aceptado por los investigadores bajo esta denominación. tres de estas ánforas contenían la inscripción pintada de sus contenidos: defr(utum) excell(ens).

sabemos ahora gracias a a. aguilera que el defrutum era un mosto cocido dulce (arrope en castellano) de muy bajo contenido alcohólico bien documentado por plinio (plin. NH. 14. 80) y las fuentes clásicas, sobre todo por apicio que lo utiliza de forma asidua como salsa culinaria. nuevos hallazgos de ánforas Haltern 70 con inscripciones pintadas identificaban también como contenidos la sapa, una variante del anterior, pero también distintos tipos de olivae exdefructo, olivas maceradas en arrope, una técnica de conserva que hoy podríamos denominar como “olivas en almíbar”. diferentes estudios han permitido documentar como las ánforas Haltern 70 eran envases producidos en diferentes talleres de la Bética, coincidiendo con las zonas de producción de las dressel 20 oleícolas del valle del guadalquivir y las dressel 7/11 de salazones de las costas de Huelva, Cádiz y Málaga. se conocen de momento 13 marcas, algunas de las cuales, como las de M. ael(i) aleX(andri) o las de C(aius) FuF(ici) aviti , son conocidas también sobre dressel 20. por su parte, el catálogo efectuado por a. aguilera sobre los tituli picti en ánforas Haltern 70 muestra 55 inscripciones realizadas normalmente con tinta negra mostrando como contenidos esencialmente tres: defrutum, olivae nigrae ex defruto y muria, junto a los nombres de navicularii e importadores.

la presencia de estas ánforas Haltern 70 en los campamentos del rin, en el depósito ostiense de la longarina y en diferentes yacimientos del eje del ródano habían permitido definir su cronología en época de augusto y su perduración a lo largo de todo el siglo i d.C. gracias a los estudios de C. Fabiao (1989) en el campamento romano de lomba do Canho (arganil, pt) y de naveiro estas ánforas comenzaron a detectarse en grandes cantidades en los yacimientos del noroeste peninsular con una cronología iniciada a mediados del siglo i a.C. y que perduraría hasta los años 90-110 d.C.

Junto a las ánforas de salazón y el arrope de las Haltern 70, contamos también con la presencia francamente minoritaria de algunas ánforas béticas de transporte oleícola (fig. 18.9) a las que podemos atribuir 6 bordes de ánforas dressel 25/ Haltern 71 (antecesoras augusteas de las dressel 20; v. Martin Kilcher 1987) encuadrables también en el tipo dressel 20 a de p. Berni (1998: 27 y fig. 4); junto a 12 bordes con las carenas características (fig. 18.10-11) que presentan los labios de las ánforas lomba do Canho 67 también producidas probablemente en el valle del guadalquivir (Molina 1995; 1997: 145-146).

después de las importaciones béticas, el tercer gran grupo de las ánforas presentes corresponde a los nuevos envases para los vinos del área catalana de los tipos tarraconense 1 / layetano 1 (fig. 16.1) y sobre todo las pascual 1 (fig. 19). las primeras, definidas por los estudios de J.M. nolla y solías (1985) y de M. Comes (1985) para los ejemplares de Baetulo, aparecen con un porcentaje minoritario del 6%. por su parte, las ánforas pascual 1 contabilizan el el 22% del total de formas detectadas. si consideramos que el arrope (defrutum), el mosto cocido dulce contenido en las ánforas Haltern 70 no era propiamente un vino de consumo sino mejor quizás una salsa culinaria o un elemento de conserva, las ánforas pascual 1 formarían el grupo absolutamente mayoritario de las ánforas vinarias presentes.

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las ánforas tarraconense 1 y pascual 1 fueron ánforas producidas conjuntamente en un momento de enorme incremento de la actividad alfarera que caracterizó las áreas más urbanizadas del área catalana en la segunda mitad del siglo i a.C., las regiones cercanas a Emporiae y Gerunda, las costas de la Leetania, con las nuevas fundaciones de Iluro y Barcino, el entorno de Tarraco y la región del Baix ebre. la producción vinaria de las villae ya instaladas en estas regiones desde fines del siglo ii a.C., y el empuje de los nuevos colonos, en su mayoría legionarios licenciados, permitió a agricultores y artesanos asociarse para exportar sus excedentes vitivinícolas a los mercados mediterráneos. eran por supuesto mostos vulgares, sin la calidad de los grandes caldos itálicos o los preciados vinos egeos, pero aun así no tardaron en hacerse un puesto destacado en las redes comerciales. una cita de plinio incluída en su libro Xiv dedicado por entero a la vid y el vino recordaría la fama de los vinos de la Leetania por el mucho vino que se obtenía de sus viñas, mientras que los vinos tarraconenses, lauronenses o baliáricos podían en su opinión competir con los itálicos (plin. NH. Xiv, 71: Hispaniarum Laeetana copia nobiliantur, elegantia vero Tarraconensia atque Lauronensia et Baliarica ex insulis conferuntur Italia primis). siendo las tropas acantonadas en el limes germánico las grandes consumidoras de estos nuevos vinos “baratos”, la mayor parte de la producción se dirigió hacia la ruta del ródano en cuyas principales ciudades fueron igualmente comercializados. la tesis doctoral de J. Miró (1988) sobre la tipología de las ánforas vinarias del área catalana permitió poseer una síntesis completa sobre las producciones de las diferentes áreas que luego ha podido completarse y matizarse con otras tesis específicas como la de v. revilla (1995) para las comarcas de tarragona y la de J. tremoleda (2000) para las tierras empordanesas. los dos congresos celebrados en Badalona (Vi a la Antiguitat i 1987; Vi a l’Antiguitat ii 1999) pusieron al día con nuevos trabajos la bibliografía disponible sobre las áreas de producción y las de comercialización, la evolución tipológica y la epigrafía anfórica.

en último lugar, los nuevos estudios reunidos en el Homenaje a ricardo pascual nos proporcionan hoy una puesta al día muy documentada (lópez, aquilué 2007). el avance de los estudios tipológicos y los alfares de producción nos obliga a distinguir entre los subtipos tarraconense 1a, 1B, 1C y 1d junto a las nuevas tarraconense 2/Fanals 1 identificadas por J. tremoleda (2000: 117) en los hornos de Fanals (girona) y también la tarraconense 3 producidas en el vilarenc (lópez Mullor, Martin 2007: 49); o que igualmente debamos hablar de la pascual 1a y la pascual 1B (lópez Mullor, Martin 2007: 49). no podemos sin embargo, con el material presente en nuestra ue y en ausencia de piezas completas, ser capaces de afinar más la adscripción tipológica de estos fragmentos anfóricos.

la producción de las ánforas del tipo tarraconense 1 precedió con seguridad a la de las pascual 1 en fechas situables a mediados del siglo i a.C. un borde de tarraconense 1 encontrado en zaragoza sellado con letras ibéricas (aguarod 1992) o el cargamento exclusivo en ánforas tarraconenses 1 del pecio de palamós acreditan su carácter precedente y su cronología aún tardo-republicana. sin embargo, la aparición de las nuevas pascual 1 a partir de las décadas 40/30 y 30/20 a.C. significaría una rápida adaptación de las alfarerías al nuevo tipo a costa de la producción de las tarraconenses 1. ambos tipos permanecen presentes en los contextos estratigráficos de las tres últimas décadas del siglo i a.C. pero siempre con las pascual 1 como grupo mayoritario. los porcentajes respectivos de la ue 2311 (6% tarraconense 1-22% pascual 1) acreditan perfectamente esta situación de tránsito entre el uso de ambos envases.

las formas de pascual 1 de nuestro contexto presentan en su práctica totalidad pastas oxidadas de color beige / crema, finas y bien depuradas. dos de los labios contienen sellos fragmentados MEV[i] y [Tibi]SI (fig. 19.3 y 19.5), ya conocidos en la epigrafía de este tipo anfórico (Berge 1990: 169-171; cf. pascual 1991). el sello TIBISI procede del alfar de la aumedina (tivissa) en las tierras del ebro vecinas a Dertosa cuya importante actividad y lo temprano de su producción han sido bien estudiadas (nolla, padro, sanmartí 1980; revilla 1995). p. gebellí (2008: fig. 3) reconoce también entre este lote la presencia de pascual 1 de producción local de los alfares del entorno de Tarraco.

Hemos igualmente de mencionar la presencia minoritaria en este contexto anfórico de algunas ánforas de base plana del tipo oberaden 74 / dressel 28 de producción local. se trata únicamente de cuatro fragmentos de borde y un asa, poco representativos desde el punto de vista estadístico, pero importantes por tratarse de la evidencia más antigua documentada estratigráficamente de una nueva producción de ánforas de base plana que sabemos fueron también producidas en los hornos de tivissa (nolla, padró, sanmartí 1980; revilla 1995) y también en el alfar de la Canaleta (vilaseca), a poca distancia de tarraco, donde aparecen marcadas con el sello Philodamus (gebellí 1996).

resulta importante destacar que la producción local o layetana de ánforas dressel 2/4 está totalmente ausente. sabemos que la llegada a los mercados itálicos y occidentales de las ánforas de Cos en el siglo i a.C. provocaría efectivamente la copia de sus envases en una fecha situable grosso modo a mediados del siglo i a.C. y que unas pocas décadas pasarían a ser el tipo anfórico mayoritario de las principales grandes áreas de producción vitivinicola. en el depósito anfórico de

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la Favorite en lyon, prácticamente contemporáneo a nuestro contexto, a. desbat comprobó la presencia conjunta de anforas de Cos, dressel 2/4 italicas y pompeyanas y también dressel 2/4 sudgalicas ya producidas en Corneilhan, velaux y también en Massalia en fechas un poco anteriores al cambio de era pero imitando directamente los prototipos egeos de Cos y no los itálicos (Becker et al. 1986: 69 y 74). en el mismo depósito aparecen igualmente en porcentaje importante las ánforas pascual 1 pero están del todo ausentes las dressel 2/4 hispánicas.

en el noreste de la Hispania citerior la producción de ánforas gerundenses, layetanas y tarraconenses del tipo dressel 2/4 fue posterior a las pascual 1 y no anterior al cambio de era. entre las ánforas del depósito ostiense de la longarina (Hesnard 1980: 145-146) las dressel 2/4 de pastas layetanas están ya claramente representadas junto a las pascual 1 y lo mismo ocurre en los contextos estratigráficos de las primeras décadas del siglo i d.C. otro tanto se comprueba en los estudios sobre los alfares de producción anfórica del área catalana (Miró 1987: 78-90; revilla 1995; tremoleda 2000: 120-124).

entre las ánforas identificadas hemos de señalar en último lugar como elemento singular un borde con cuello y arranque de asa perteneciente con seguridad a un ánfora africana del tipo tripolitano (fig. 20). la presencia muy temprana en Tarraco de estas ánforas características de la época imperial avanzada se había ya atestiguado en un vertedero de la antiga audiencia datable en época tiberiana (agraz, Carreté, Macias 1993: 87, fig. 81, num. 85) en fechas similares a las del depósito anfórico de la longarina donde las ánforas de los tipos tripolitano i y ii también están presentes en un corto número (Hesnard 1980). el ejemplar de nuestro contexto permite adelantar todavía más la llegada a Tarraco del aceite tripolitano en las dos últimas décadas anteriores al cambio de era.

la adscripción concreta del borde plantea algunos problemas pues muestra el perfil característico con el extremo superior muy exvasado de la tripolitana ii, con la excepción de que este tipo anfórico nunca lleva las asas en el cuello sino en la parte superior de su cuerpo cilíndrico. las asas en el cuello pegadas al borde son por el contrario características del tipo tripolitana i, cuyos ejemplares “antiguos” aparecen ya en época de augusto en Leptis y la longarina, y también de la ya muy tardía tripolitana iii, propia de los siglos iii y iv d.C. (panella 1973; 1977; 2001: 211). Creemos pues que la solución más correcta sería considerar que el “orlo a doppio gradino” característico para C. panella de la tripolitana i pudiera también presentarse ya desde el primer momento de la producción también con el tipo de extremo superior más exvasado propio de las tripolitana ii y iii, un tipo de boca que podríamos denominar quizás como tripolitana i/ii.

Hemos de incluir una última observación remarcando la presencia francamente minoritaria de las ánforas de aceite en nuestro contexto, tanto béticas como tripolitanas. esta escasez fue algo por lo demás característico del comercio marítimo en época de augusto, según se desprende de las cuantificaciones realizadas en los depósitos de la Favorite en Lugdunum (58 ánforas de vino y 37 ánforas de salazón por solo 7 ánforas de aceite dressel 20 y Brindisi; cf. Becker et al. 1986: 87) y también en la longarina en ostia (181 ánforas de vino, 104 de salazón y solo 13 ánforas de aceite bético, ápulo y tripolitano; cf. Hesnard 1980: 148-150).

OPÉRcULOS

la clasificación de 159 opérculos de tipo discoidal acredita igualmente la importancia de los envases anfóricos en este relleno constructivo (fig. 21). en un trabajo reciente para los alfares del área gaditana y malagueña, Bernal y saez (2008) han destacado la importancia de estas humildes tapaderas para evaluar la producción anfórica y han realizado una primera definición tipológica como un nuevo argumento cronológico y de definición de áreas de producción. Muchos de nuestros opérculos pertenecen ciertamente al tipo 4 con pomo macizo de ambos autores pero no podemos de momento avanzar más a la hora de relacionarlos con uno u otro tipo de las ánforas presentes en el contexto.

dATAciÓn

por todo lo expuesto, el relleno constructivo del gran almacén portuario localizado bajo el teatro romano de tarragona, compuesto casi totalmente por fragmentos cerámicos de ambiente portuario, puede ser situado cronológicamente en el último cuarto del siglo i a.C. (c. 25-0 a.C.). Junto a otros grandes vertederos urbanos documentados en la ciudad de Tarraco (cf. tarrats 2000), estos materiales nos resultan de una singular importancia para el estudio de la cultura material, la economía y el comercio marítimo en la época romana.

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