premio
nacional
de
urbanismo
copyright ©2014
ministerio de vivienda y urbanismo isbn 978-956-9432-10-1
colección: monografías y ensayos
título: premio nacional de urbanismo
autoras: magdalena vicuña y rocío hidalgo
editoras: pilar giménez y patricia riveros
colaboradores: ángela prado, pablo allard, josé rosero y
carolina amigo
especiales agradecimientos a: sergio baeriswyl, germán bannen, luis eduardo bresciani, iván cartes, francisco chateau, pastor correa, patricio gross, alberto gurovic, juan honold, josé rosas y germán squella y todos aquellos que colaboraron en la producción de esta publicación.
diseño y diagramación: francesca camilli s.
impresión: maval
PRESENTACIONES 4
PRÓLOGO 10
MIGUEL EYQUEM ASTORGA 16
JUAN PARROCHIA BEGUIN 34
IGNACIO SANTA MARÍA SANTA CRUZ 52
GERMÁN BANNEN LAY 70
PASTOR CORREA PRATS Y JUAN HONOLD DÜNNER 88
Presentación
El Premio Nacional de Urbanismo, instituido en 1971 por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, tiene como objetivo reconocer la obra de profesionales, chilenos o extranjeros, que han realizado a lo largo de su carrera contribuciones relevantes a la disciplina del urbanismo y que se han destacado por una trayectoria de excelencia y creatividad, que haya sido un aporte trascendente a la calidad de vida de los habitantes de las ciudades y pueblos chilenos.
Este año 2014, en su sexta versión, este reconocimiento coincide con la promulgación de la Nueva Política Nacional de Desarrollo Urbano, que ha puesto a las personas y su calidad de vida como el foco del esfuerzo colectivo de las autoridades y de la ciudadanía por construir mejores ciudades.
También en esta sexta versión, y por primera vez en la historia de Chile, este reconocimiento se aleja de la mirada netamente sectorial del Ministerio de Vivienda y Urbanismo e incluye como integrante del Jurado a la máxima autoridad del país, el Presidente de la República Sebastián Piñera. Ello constituye una señal muy importante, pues demuestra que los temas de ciudad han alcanzado una nueva etapa, en la cual desde La Moneda se asume el desafío colectivo de lograr ciudades con mayor calidad de vida.
Esta publicación busca poner en valor y difundir la labor de los premiados en las seis versiones de este significativo reconocimiento, dejando un testimonio permanente del impacto de su quehacer en las ciudades chilenas, en los ámbitos de la regulación, planificación, diseño o gestión urbana, y también en la investigación y formación de generaciones de profesionales.
Pilar Giménez C.
Jefa División de Desarrollo Urbano
Referentes para un país urbano
El mundo está viviendo un proceso de urbanización sin precedentes. La “Era Urbana” que comenzó con la Revolución Industrial en el siglo XIX se expandió rápidamente a los actuales países desarrollados y hoy es el principal motor del desarrollo de potencias emergentes como China e India, que con gran dificultad enfrentan masivas migraciones del campo a la ciudad. Hoy en día más del 50% de la población del mundo vive en ciudades y se estima que al 2050 más del 75% de la población del planeta será urbana. En este sentido, Chile ya es parte de ese futuro; según el último Censo cerca del 90% de los chilenos vivimos en ciudades, igualando los estándares de los países más desarrollados.
La urbanización es signo de desarrollo y las ciudades han sido la mayor innovación de la humanidad. La “polis” griega no solo fue la cuna de la civilización, sino también de la filosofía y la democracia. Las ciudades han sido también el escenario de nuestra historia, ya que son por esencia el espacio donde “toman lugar” y se cultivan el intercambio de bienes y servicios y las ideas que son parte de nuestra cultura.
Chile no ha estado alejado de esta tradición urbana; desde los primeros trazados del Alarife Gamboa, pasando por las ciudades de Manso de Velasco, hasta la llegada del “urbanismo científico” de Karl Brünner o el paisajismo de Prager a comienzos del siglo XX, nuestras ciudades han sido pensadas, planificadas y diseñadas por grandes urbanistas, sean ellos arquitectos, ingenieros, abogados o intelectuales visionarios como Benjamín Vicuña Mackenna y su transformación de Santiago para el centenario de nuestra independencia.
Si la gran mayoría de los chilenos y chilenas vivimos en ciudades, en los últimos años hemos visto cómo estas se han convertido en la plataforma para construir nuestro camino hacia el desarrollo. Las ciudades chilenas de hoy cuentan con cobertura de servicios tales como electricidad, agua potable, alcantarillado, recolección de residuos y telecomunicaciones de prácticamente el 100%. Las necesidades básicas de la población están siendo cubiertas con un gran esfuerzo y colaboración entre el Estado y el sector privado, y vemos cómo comienza a surgir un nuevo set de necesidades, que ya no son cuantitativas, sino cualitativas: demandas por ciudades amables, con más y mejores áreas verdes, equipamiento deportivo
y social, transporte sustentable y equitativo, menor contaminación y congestión, entre otras.
En este contexto, cobra gran importancia relevar y visibilizar el rol que los urbanistas chilenos han jugado en la construcción de nuestras ciudades y sueños ciudadanos. Más aún en un Chile que debe afirmar su identidad para destacar en un contexto global y aprender a convivir con una naturaleza y geología complejas, cuyos terremotos, volcanes, aludes, inundaciones y maremotos nos obligan a planificar comunidades y ciudades más resilientes y sustentables.
Como Presidente de la República, me he comprometido desde el primer día en construir un legado urbano para el Bicentenario de la República que esté a la altura de estos desafíos. Ese legado no solo se construirá a partir de obras tan emblemáticas en la capital como el Barrio Cívico, el Parque Renato Poblete o el Parque de la Ciudadanía en el Estadio Nacional, o las grandes obras de reconstrucción urbana en Talcahuano, Dichato, Constitución o Juan Fernández luego del terremoto y tsunami del 27F. El legado urbano de nuestro bicentenario también se reflejará en otros intangibles de gran valor, como la promulgación de la nueva Política Nacional de Desarrollo Urbano, trabajo de Estado entre el gobierno y los principales actores sociales que nos permitirá orientar las políticas, leyes y programas respecto al futuro de nuestras ciudades y pueblos. Finalmente, este legado también se aprecia en este premio, el VI Premio Nacional de Urbanismo, el cual celebra lo mejor de nuestro urbanismo e ilumina a las futuras generaciones de ciudadanos para incorporarse en el diseño y construcción de un mejor país desde adentro, desde sus barrios, ciudades y pueblos. Los invito a conocer a quienes han forjado nuestras ciudades y a seguir trabajando por un Chile mejor.
Sebastián Piñera E.
Presidente de la República Enero 2014
El Premio Nacional de Urbanismo
Las ciudades son la máxima expresión de las sociedades que las habitan y una de las creaciones más complejas y dinámicas de la humanidad. El proceso de transformación de nuestros pueblos y ciudades se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la ciudadanía y un gran desafío para las autoridades, atendido el dinamismo de dicho proceso y la multiplicidad de aspiraciones que confluyen en ellos.
El Ministerio de Vivienda y Urbanismo, desde hace más de cuatro décadas, se ha propuesto motivar a arquitectos y otros profesionales del ámbito del urbanismo a aportar su creatividad y compromiso para avanzar en la calidad de vida en ciudades y pueblos, y por ello ha reconocido los aportes más valiosos de la disciplina a través del Premio Nacional de Urbanismo.
El primer galardonado con el Premio Nacional de Urbanismo fue el arquitecto y Doctor Honoris Causa de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso Miguel Eyquem Astorga, quien recibió la distinción en 1971. En dicha oportunidad, Miguel Eyquem fue reconocido, especialmente, por liderar el Proyecto de la Villa San Luis, obra destinada a la clase trabajadora y sus familias que encarnó un ideal de ciudad armónica e integrada socialmente. La Villa San Luis consistió en un proyecto formulado desde la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU), que buscaba construir una nueva centralidad para la entonces periferia oriente de Santiago, y pese a que se concretó solo parcialmente, definió la creación del actual Parque Araucano y estableció las bases y el trazado para el desarrollo del hoy intenso y valorado territorio que lo rodea.
En 1996 el Premio le correspondió al arquitecto urbanista Juan Parrochia Beguin, reconocido por su trayectoria en proyectos de escala urbana y territorial, especialmente en el ámbito de la vialidad y el transporte urbano, así como también por su labor docente en la Universidad de Chile y de difusión de la profesión. Destacó por su gran capacidad de gestión y liderazgo, que lo llevó a concretar, a partir de la propuesta integrada de una serie de obras de vialidad y desarrollo urbano durante los años setenta, la transformación de Santiago en una “metrópolis contemporánea”. Desde la alta dirección pública, Juan Parrochia condujo la materialización de los trazados dispuestos por los instrumentos de planificación
territorial y urbana, desarrollados también con su participación protagónica en las décadas anteriores.
Dos años después, en 1998, el tercer galardonado fue el arquitecto urbanista Ignacio Santa María Santa Cruz, quien recibió el Premio como reconocimiento a una labor profesional que incluye una serie de estudios, planes de desarrollo, proyectos de planificación urbana y territorial y planes seccionales de remodelación, entre muchos otros. También por su trayectoria docente de más de 50 años, la cual transcurrió en diversas universidades nacionales y extranjeras, especialmente en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Finalmente, por su profundo compromiso con los más postergados y la precaria condición material en que habitan, que canalizó a través de la docencia, la difusión de una serie de publicaciones científicas y artículos de prensa y la participación en foros de discusión pública.
En el año 2003 recibe el Premio Nacional de Urbanismo el arquitecto urbanista Germán Bannen Lay. También profesor universitario, Germán Bannen se ha destacado por su trabajo de casi 30 años en la comuna de Providencia, Santiago. Fue reconocido con el Premio del Colegio de Arquitectos por el Proyecto Nueva Providencia, el cual realiza en paralelo y de forma complementaria con la elaboración del plan regulador de la comuna. Gracias a su gestión y labor sostenida desde el ámbito de la planificación, hasta el detalle del diseño urbano y arquitectónico, se logra construir la imagen actual de la comuna de Providencia, mediante la sumatoria de obras de diferente escala y carácter, de las que destacan la remodelación y creación del Paseo Pocuro, el Parque y Pabellón de las Esculturas y los Cafés Literarios de los Parques Providencia y Bustamante.
El quinto galardón se otorgó en el año 2010 y correspondió a los destacados urbanistas Pastor Correa Prats y Juan Honold Dünner, por su significativo aporte al quehacer urbano de nuestro país, especialmente en el ámbito de la planificación, así como por su labor docente en diversas universidades chilenas. La trayectoria de ambos arquitectos se inicia con su tesis de título (1952), la cual corresponderá al expediente de diagnóstico del primer Plan Regulador Intercomunal de Santiago (1960), tras lo cual ambos iniciarán una destacada carrera en la planificación urbana del
país. La trayectoria de Pastor Correa incluye 38 planes reguladores, dos planes intercomunales y múltiples proyectos y estudios pre-inversionales y de planificación urbana y regional, así como 56 años de docencia universitaria. Por su parte, la trayectoria de Juan Honold se destaca por haber liderado la implementación del Plan Intercomunal de Santiago, haberse desempeñado como Director de Desarrollo Urbano, así también por haber realizado múltiples planes reguladores para ciudades en todo el país, muchos de los cuales elaboró en sociedad con Pastor Correa.
En su sexta versión, el Premio Nacional de Urbanismo ha sido otorgado al Arquitecto y Doctor en Urbanismo Sergio Baeriswyl Rada, por su destacada labor en la planificación y gestión urbana del Gran Concepción. Entre 1994 y 2005 se desempeñó como Asesor Urbanista de la Municipalidad de Concepción, elaborando el Plan Regulador Comunal promulgado en 2004, y posteriormente ha seguido ligado a distintos proyectos urbanos en la región. Entre 2010 y 2012 se desempeñó como Coordinador General del Plan de Reconstrucción Urbana del Borde Costero de la Región del Biobío, dejando un legado invaluable en 18 localidades de la región, las cuales han sido reconstruidas gracias a la visión y perseverancia de este profesional. Sergio Baeriswyl actualmente es Director del Departamento de Planificación y Diseño Urbano de la Universidad del Biobío y Coordinador del Observatorio Metropolitano, cuyo objetivo es medir la calidad de vida urbana de nueve comunas del Área Metropolitana de Concepción.
Finalmente, y en el contexto de la Nueva Política Nacional de Desarrollo Urbano, el Premio Nacional de Urbanismo tiene más sentido que nunca. Los desafíos son múltiples pero los espacios de progreso y las oportunidades para conseguir un próspero porvenir también existen.
Rodrigo Pérez M.
Ministro de Vivienda y Urbanismo Enero 2014
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1.germán bannen | 2.germán bannen | 3.juan honold y pastor correa 4.juan parrochia | 5.ignacio santa maría | 6.pastor correa y juan honold | 7.sergio baeriswyl | 8.juan parrochia | 9.miguel eyquem | 10.miguel eyquem
La cuestión de qué tipo de ciudad queremos no puede estar divorciada de la que plantea qué tipo de lazos sociales, de relaciones con la naturaleza, de estilos de vida, de tecnologías y de valores estéticos deseamos. El derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual de acceder a los recursos urbanos: se trata del derecho de cambiarnos a nosotros mismos cambiando la ciudad. Es, además, un derecho común antes que individual, ya que esta transformación depende inevitablemente del ejercicio de un poder
colectivo para remodelar los procesos de urbanización².
E
n el año 1929, con ocasión de su primera conferencia en la Universidad de Chile, el arquitecto y urbanista austríaco Karl Brünner definía el urbanismo como un campo de operación que debía considerar los aspectos culturales y de higiene social, los de carácter ingenieril y los estéticos, los cuales debían resguardar el conjunto arquitectónico de la ciudad³. Brünner planteaba así, a partir de una aproximación científica del urbanismo y una definición integral de la disciplina, que las condiciones espaciales de la ciudad eran tan relevantes como los aspectos técnicos, económicos y sociales que determinan su desarrollo.Es en estos términos que, en el periodo entre las décadas de 1920 y 1930, se consolida la disciplina del urbanismo en Chile como un campo propio de conocimiento y operación en la ciudad, de gran complejidad y diversas solicitaciones. La creación del primer curso de Urbanismo en la Universidad de Chile (1928), la promulgación de la primera Ley General de Construcciones y Urbanización (1936) y el requerimiento de que todas las comunas con más de 8.000 habitantes tuvieran un “Plano Oficial de Urbanización” que consignara el trazado de la ciudad con sus calles, avenidas y espacios públicos, constituirán algunos de los hechos más determinantes en el origen del urbanismo en el país.
Hoy, la nueva Política Nacional de Desarrollo Urbano (2013) plantea nuevos desafíos que responden a la actual conformación de las ciudades chilenas, asociada al progreso económico del país y las profundas desigualdades que aún persisten. Entre estos desafíos se encuentran una mejor calidad de vida con un desarrollo urbano socialmente integrado, ambientalmente equilibrado y económicamente competitivo; la descentralización del país, el respeto a las comunidades locales y el fortalecimiento de la participación ciudadana; una reorganización institucional que permita una acción coherente y coordinada de los diversos organismos y actores públicos y privados que intervienen en las ciudades y el territorio, y la reformulación de los diversos cuerpos legales y reglamentarios, los cuales necesitan modernizarse y adecuarse a los nuevos requerimientos de la sociedad.
En este contexto, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo convoca la sexta versión del Premio Nacional de Urbanismo (2014), el cual ha reconocido al Arquitecto y Doctor en Urbanismo Sergio Baeriswyl, por su destacada contribución al desarrollo urbano del Gran Concepción. Baeriswyl es un profesional y académico que ha
¹ Magdalena Vicuña Del Río es Arquitecta de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 1999, Master in Community Planning, University of Maryland, 2004, y Candidata a Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile. Actualmente se desempeña como docente e investigadora de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile.
Rocío Hidalgo Cepeda es Arquitecta Pontificia Universidad Católica de Chile, 1997, Máster en la Gran Escala, Universidad Politécnica de Cataluña, 2002, y Doctora por la Universidad Politécnica de Cataluña, 2012. Actualmente es Profesora Asistente de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde realiza docencia e investigación en el área de transporte, espacio público y diseño urbano, y dirige el Laboratorio de Ciudad y Movilidad de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos.
² Harvey, D. El Derecho a la Ciudad. Rescatado de http://www.moviments.net/espaimarx/ docs/6786f3c62fbf9021694f6e51cc07fe3c.pdf
³ Brünner, K. (1930). Problemas actuales de urbanización. Anales de la Universidad de Chile, 2a Serie, Primer Trimestre, año VIII. Santiago de Chile: Universidad de Chile, p.12
Prólogo
dedicado su trabajo por más de dos décadas de forma exclusiva al urbanismo, tanto en labores de diseño, gestión y planificación urbana, investigación y docencia universitaria y como consultor profesional.
El otorgamiento de la sexta versión del Premio también constituye una oportunidad para revisar la trayectoria de los galardonados en las versiones anteriores de este reconocimiento. Arquitectos de profesión, Miguel Eyquem (1971), Juan Parrochia (1996), Ignacio Santa María (1998), Germán Bannen (2003), Pastor Correa y Juan Honold (2010) y Sergio Baeriswyl (2014) encarnan la apertura del campo disciplinar de la arquitectura desde la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del XXI, hacia problemáticas fronterizas, colectivas y de una escala mayor: el diseño y la planificación urbana.
¿En qué medida se cruzan los caminos de estos arquitectos urbanistas? En primer lugar, está su actuación sobre las grandes ciudades del país, principales escenarios y campos de operación de sus trayectorias, vinculadas estrechamente a la modernización y metropolización del Gran Santiago, Valparaíso y el Gran Concepción, en el caso de Sergio Baeriswyl. En segundo lugar, hay una búsqueda permanente por construir un nuevo estado de ciudad, más moderna y funcional. La labor de algunos galardonados se extendió a todo el país, a través de la realización de una serie de estudios pre-inversionales, planes regionales de desarrollo, proyectos urbanos y planes reguladores comunales e intercomunales, algunos de los cuales se mencionan en esta publicación.
La carrera profesional de gran parte de estos arquitectos se inicia en la década de 1950, cuando las principales ciudades chilenas, y en especial su capital, se encuentran en un proceso de expansión acelerada, como consecuencia de las políticas proteccionistas de la industria, las migraciones del campo a la ciudad y el consecuente crecimiento de su población. En efecto, entre 1940 y 1952 la población de Santiago había aumentado en 50%, alcanzando un total de 1.353.400 habitantes y exhibiendo una serie de síntomas que evidenciaban una ciudad sobrepasada: la preeminencia de un único centro de servicios y equipamientos, la contaminación ambiental, el hacinamiento y la tugurización de los barrios populares, cinturones de pobreza y carencia de
equipamientos e infraestructuras en la periferia, la masificación del uso del automóvil y los consecuentes problemas de tráfico. La naciente metrópolis, con casi 11.000 hectáreas de superficie, se constituía por 17 comunas que abordaban en forma descoordinada sus problemáticas urbanas particulares, a través de sus respectivos planes reguladores comunales.
En segundo lugar, su tiempo. La mayoría de estos arquitectos, a excepción del Premio 2014, quien pertenece a una nueva generación de urbanistas, han sido partícipes de eventos cruciales en la trayectoria disciplinar del urbanismo y la planificación urbana chilena de los últimos sesenta años. Debido a la crisis urbana de la capital del país, se reestructura el Ministerio de Obras Públicas, se crea la Dirección de Planeamiento y se dicta una nueva Ley General de Construcciones y Urbanización (1953), la cual introduce la “intercomuna” como unidad territorial que se ocupa de la ciudad como un todo orgánico y unitario. En esta nueva ley comparecerán por primera vez conceptos como planeamiento comunal e intercomunal, sustituyéndose el instrumento del Plano de Urbanización por el Plan Regulador, método racional para la regulación del desarrollo de las ciudades que incorporaba los postulados fundamentales del urbanismo contemporáneo. A su vez, durante la década de 1960 se incorporaron los estudios pre-inversionales, los cuales plantearon la problemática microrregional y urbana como parte de un sistema, abordando el problema de forma integral. Por primera vez en la planificación chilena se incluía el territorio urbano-rural, la infraestructura y el desarrollo económico y social.
En el año 1965 se crea el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo (MINVU), pasando a ser competencia de este organismo la planificación urbana y territorial del país, a través de la Dirección General de Obras Urbanas y la Dirección General de Planificación y Presupuesto, dentro de la cual se encontraba la Dirección de Panificación del Desarrollo Urbano. A la Dirección General de Obras Urbanas del MINVU correspondía formular, realizar y ejecutar los programas de obras urbanas, administrar dichas obras y aprobar proyectos de urbanización e instalaciones domiciliarias, entre otras atribuciones. Por su parte, a la Dirección General de Planificación y Presupuesto correspondía elaborar los planes nacionales de desarrollo y renovación urbanos, revisar los planes comunales de desarrollo y prestar asesoría técnica a los municipios en dichas materias, entre muchas otras funciones⁴.
⁴ Artículos 9º y 12º, Ley Nº 16.931, D.O. 16 de diciembre de 1965, que crea el Ministerio de Vivienda y Urbanismo.
En tercer lugar, la opción de estos arquitectos por el servicio público, el liderazgo y la responsabilidad en la jefatura de proyectos y dirección de reparticiones estatales: Miguel Eyquem desde la jefatura del proyecto Parque San Luis de la Corporación de Mejoramiento Urbano; Juan Parrochia desde la Dirección del Plan Regulador Intercomunal de Santiago (PRIS), la Dirección de Vialidad Urbana Nacional y la Dirección General del Metro de Santiago; Ignacio Santa María desde la consultoría profesional; Germán Bannen desde Asesoría Urbana de la Municipalidad de Providencia, Pastor Correa desde su participación en la Dirección de Planes y Programas Regionales del Ministerio de Obras Públicas y también desde la consultoría profesional; Juan Honold desde la Dirección de Planeamiento del Ministerio de Obras Públicas y del Departamento de Operaciones y la Dirección de Desarrollo Urbano del Ministerio de Vivienda y Urbanismo y Sergio Baeriswyl desde el Municipio de Concepción y otras agencias de incidencia directa en el desarrollo urbano del Gran Concepción.
En efecto, gran parte de los galardonados comenzaron ejerciendo su quehacer como arquitectos urbanistas y planificadores urbanos en un contexto en que el Estado tenía amplias prerrogativas sobre el desarrollo urbano, las cuales permitían implementar acciones transformadoras sobre la ciudad.
Desde dicho frente, estos arquitectos han asumido el desafío de diagnosticar y resolver los problemas urbanos de su tiempo, a través de un balance de competencias técnicas, creatividad y pragmatismo, y también como mediadores cuando los intereses de una comunidad entraron en conflicto. Con un profundo conocimiento de la ciudad, han operado a través de intervenciones territoriales de distinta escala y magnitud, intentando equilibrar los principios de equidad y eficiencia en sus propuestas. El mismo Pastor Correa (Premio Nacional de Urbanismo 2010) ha argumentado que los desafíos más importantes para los profesionales de la planificación urbana no son solo técnicos, sino que se encuentran sobre todo en lo político, ámbito donde se define el respaldo para la concreción e implementación de planes y proyectos urbanos.
Podríamos afirmar que la perseverancia y la capacidad ejecutiva son también condiciones compartidas por los galardonados. A casi todos estos arquitectos les ha tomado la vida ser testigos de la materialización de muchos de sus proyectos, los cuales no se habrían concretado exitosamente sin la convicción y el impulso que
pusieron en su gestión. Tal es el caso del Metro de Santiago, la Nueva Providencia y una serie de planes maestros, planes seccionales y planes reguladores comunales en todo el país, proyectos que no solo han innovado en su aproximación al desarrollo urbano, sino que también han constituido y constituyen instrumentos de gran trascendencia y presciencia en las ciudades y comunas en las cuales se han aplicado.
Ejemplo de ello es el proyecto Parque San Luis, que realiza Miguel Eyquem desde su participación en la Corporación de Mejoramiento de Santiago (CORMU), entidad perteneciente al Ministerio de la Vivienda y Urbanismo, cuyo principal objetivo era promover la modernización y densificación de nuestras ciudades. El Parque San Luis puede definirse como un megaproyecto urbano, que buscaba la creación de un nuevo subcentro en el sector oriente de la capital, con servicios y equipamientos de escala comunal y metropolitana, y con nuevas viviendas para acoger a 70.000 habitantes de diferentes sectores socioeconómicos. Eyquem, fiel a los planteamientos de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, que funda junto al arquitecto Alberto Cruz, entre otros, en 1952, elabora este proyecto a partir de la observación de la situación geográfica de Santiago, valorando su emplazamiento junto a la cordillera y descubriendo la posición privilegiada de los terrenos situados en el medio de un eje verde que se extiende entre la cima del cerro San Cristóbal y las cumbres nevadas del cerro El Plomo.
El Parque San Luis define la conformación de una explanada central de áreas verdes y equipamientos, a cuyos bordes se disponen grandes edificios, torres y edificios escalonados, cuidando la apertura y orientación en función de este eje verde entre cumbres. Esta visión geográfica se complementa con la “invención” de la correspondiente estructura constructiva, buscando dar la máxima flexibilidad al conjunto, permitiendo la adecuación de múltiples tamaños y programas, así como su transformación en el tiempo. El proyecto se conforma a la vez como un punto de intercambios, permitiendo la accesibilidad de vehículos privados y del metro, cuya concurrencia en el centro del proyecto definía el corazón del propuesto Centro Cívico Oriente para Santiago.
También lo es el Plan Regulador Intercomunal de Santiago (1960), el cual promovió la realización de importantes proyectos urbanos vinculados a la movilidad, dando lugar a un nuevo y
decisivo proceso de transformación de la ciudad. La Dirección de Planeamiento del Ministerio de Obras Públicas constituyó el primer organismo con tuición para planificar en forma conjunta las 17 comunas de Santiago. En base al “Ensayo de Planificación del Gran Santiago” (1952), proyecto de título de los arquitectos Pastor Correa, Juan Honold y Jorge Martínez, dicha Dirección elabora el Plan Regulador Intercomunal de Santiago, dirigido por Juan Parrochia y en el cual participa activamente Juan Honold. A partir de 1965 el Plan Regulador Intercomunal de Santiago será gestionado desde la Dirección de Planificación de Desarrollo Urbano del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, con Juan Honold como Director.
Desde la Dirección del Plan Regulador Intercomunal de Santiago, Juan Parrochia asesora a los diferentes municipios de Santiago en su aplicación y coordina el desarrollo de numerosos proyectos seccionales. A su vez, organiza la colaboración de las Direcciones de Pavimentación Urbana, de Arquitectura, de Vialidad, de Obras Sanitarias y del Departamento de Obras Fluviales del Ministerio de Obras Públicas, así como de las diferentes Direcciones de Obras Municipales involucradas.
Los planteamientos fundamentales del Plan Regulador Intercomunal de Santiago de 1960, tales como el trazado de la vialidad estructurante, así como la descentralización del centro fundacional a través de la creación de subcentros de equipamiento, son algunos de los aspectos que se mantuvieron en el nuevo Plan Regulador Metropolitano de 1994, lo que ha permitido la continuidad en el tiempo para la implementación de propuestas, tales como los ejes viales de Américo Vespucio, Autopista Central o Costanera Norte y los subcentros de La Florida y Parque Araucano, entre otros.
La gestión y ejecución de estos múltiples proyectos demandó una adecuación de la estructura administrativa e institucional de la época. Es así como en 1965 se crean, también bajo la dirección de Juan Parrochia, la Oficina de Estudios y Proyectos Especiales Metropolitanos y también la Comisión Metropolitana de Tránsito Rápido de Santiago, la cual impulsó y aprobó, entre otros, los estudios del Plan Regulador de Transporte de Santiago y los anteproyectos y proyectos de metro.
Por otro lado, la labor de Ignacio Santa María, siempre fundada en profundos conocimientos en historia del urbanismo y las ciudades,
normativa e instrumentos de planificación, estuvo invariablemente dirigida a contribuir a la política pública. Su capacidad reflexiva e interpeladora a la vez se enmarcó en el pensamiento del humanismo cristiano, consecuente con el postulado de “la responsabilidad ética de la acción inmediata”. Santa María transmitió y puso en práctica ideas de avanzada para el país, tales como el regionalismo y la planificación urbana y territorial participativa y flexible, las cuales apelaban a la planificación y gestión urbana desde las comunidades locales.
La trayectoria del arquitecto Germán Bannen es de otra escala, la de la comuna y la del proyecto urbano. A partir de la observación rigurosa y una búsqueda de la identidad del espacio urbano, tendrá la oportunidad de planificar y construir la “Ciudad de Providencia”, desde lo táctil, la escala visible y la habitabilidad del espacio público. Su obra abarca desde el diseño del mobiliario urbano hasta las labores de gestión y la planificación de largo plazo del territorio comunal, unidad urbana que consigna como la verdadera “ciudad”, en atención a su dimensión abarcable, su independencia económica y su representatividad democrática.
La Nueva Providencia es un proyecto complejo que se concibe, en palabras del propio Germán Bannen, como “una obra de arquitectura que busca contener los actos que el presente de la ciudad le pide”. Más allá de la apertura de una nueva avenida, se plantea como una oportunidad de consolidación de un nuevo centro metropolitano, aprovechando, a inicios de los años setenta, el inminente paso de la línea 1 del metro.
El Plan Regulador de Providencia, aprobado en su primera versión en el año 1974, es la otra gran obra urbana de Germán Bannen, la cual concibe como una obra urbana y arquitectónica en sí, capaz de transformar paulatinamente el espacio de la ciudad mediante el cumplimiento progresivo de su ordenanza. Bannen promueve, proyecto a proyecto, el tejido de una nueva forma de relación entre el espacio público y el espacio privado, como un único espacio verde abierto y continuo, que se desarrolla entre el predio y la calle.
Pastor Correa se desempeñó durante quince años en la Dirección de Planes y Programas Regionales del Ministerio de Obras Públicas, donde tuvo la posibilidad de participar en los primeros planes regionales de desarrollo del país, tales como el Plan Arica, el Plan Norte o el Plan Aysén. Tras este periodo se dedica al desarrollo profesional independiente. Su fructífera carrera profesional,
en asociación con diversos equipos multidisciplinarios, incluye 38 planes reguladores, dos planes intercomunales y múltiples proyectos y estudios de planificación urbana y regional.
Juan Honold destacó por una consistente carrera en el Estado de Chile, la cual comienza como arquitecto de la Dirección de Planeamiento del Ministerio de Obras Públicas, donde colaboró en la ejecución del Plan Regulador Intercomunal de Santiago y de una serie de estudios urbanos para ciudades intermedias y centros poblados del país. Como Jefe de la Dirección de Planeamiento se convirtió en el promotor de los Planes Intercomunales de Santiago, Valparaíso y Concepción. Al crearse el Ministerio de Vivienda, fue el primer Director de Desarrollo Urbano, cargo desde donde realizó importantes aportes como la gestión de la actualización de la Ley General de Urbanismo y Construcciones en 1976 (versión vigente); la actualización del Plan Regulador Intercomunal de Santiago; la colaboración para la división del país en 13 regiones y el Plan Piloto de Remodelación Urbana de Pudahuel, entre muchos otros proyectos. Cuando termina su carrera funcionaria en el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Honold se asocia con Pastor Correa, con quien desarrolla una serie de planes y proyectos.
En el caso del arquitecto Sergio Baeriswyl, el equilibrio en su obra ha llevado a identificarlo con el concepto de “urbanista integral”, por cuanto su desempeño ha sido sobresaliente en la macroplanificación, la planificación local, el diseño urbano y la gestión de proyectos. Su carrera también se asocia al mundo académico, particularmente en Universidad del Biobío. Por tanto, es posible afirmar que ya existe una generación de profesionales jóvenes que han recibido su talento y han sido formados bajo sus premisas. Baeriswyl destaca por ser un gran articulador de consenso urbano en la Región del Biobío, lo que se refleja en la creación del Directorio Urbano, la Plataforma Logística o el Observatorio Urbano del Gran Concepción. En todos los proyectos que ha implementado es transversal el objetivo de lograr una ciudad más vivible, más peatonal y más integrada. Las herramientas de gestión utilizadas, así como la creación de espacios de democratización del urbanismo a lo largo de toda su obra, muestran un camino vigente para hacer ciudad.
Así lo destacó el jurado de la sexta versión del Premio Nacional de Urbanismo, el cual consideró que en su trabajo de 20 años,
Sergio Baeriswyl ha logrado entregar una impronta de “imagen de ciudad”, el tipo de visión del urbanismo que se quiere ofrecer a la sociedad chilena. Según señala el jurado, “este galardón en manos de Sergio Baeriswyl pone al Premio Nacional de Urbanismo en una dimensión que permite hablar de futuro, siendo su obra un ejemplo muy moderno y muy actual de cómo hacer bien las cosas. Muestra un camino de formular y reformular, de construir y reconstruir, de representar un hands on que se hace cargo de los ámbitos de la planificación, la gestión y el diseño urbano, incluyendo también la variable estética, de tal forma que permita a las personas encariñarse con su ciudad, tener sentido de pertenencia e involucrarse en su desarrollo”⁵.
La experiencia profesional de estos arquitectos urbanistas, su capacidad reflexiva y la actitud crítica frente a su tiempo han trascendido en la participación activa en asociaciones gremiales y en instituciones y sociedades nacionales y extranjeras vinculadas al desarrollo urbano. Todos ellos fueron o continúan siendo docentes universitarios, lo que les ha permitido transmitir su quehacer y su saber a diversas generaciones de arquitectos chilenos de todo el país.
A través de la revisión de la trayectoria de las diferentes versiones del Premio Nacional de Urbanismo comparece a todas luces una acción colectiva, un sinnúmero de profesionales de diversas disciplinas, funcionarios y académicos comprometidos con la buena ciudad. Estos siete arquitectos y planificadores urbanos no trabajaron solos; por el contrario, han formado y liderado equipos multidisciplinarios, han levantado puentes institucionales y asociaciones público-privadas de diversa índole, así como también convocado comunidades locales, en pos de la concreción del plan o del proyecto urbano.
Pero quizás, ante todo, comparece un profundo compromiso con un ideal de sociedad más equitativa e integrada y una visión de ciudad que la promueva. Los arquitectos reconocidos con el Premio Nacional de Urbanismo han abrazado un sueño colectivo que con ímpetu, perseverancia y rigor profesional ha trascendido en la política pública del país y, sin duda, en una mejor calidad de vida para los ciudadanos chilenos.
m ig u e l e y q u e m a s t o r g a
La orientación geográfica del Proyecto Parque San Luis: vista hacia el cerro Manquehue desde el interior del Centro Cívico.
m ig u e l e y q u e m a s t o r g a
M
igueleyquemastorga, profesordelaescueladearquitecturadela pontificia universidad católica de valparaíso, se aproxima al urbanismodesdelamiradaintegraldelarquitecto. seadscribeen granmedidaalavisióndelurbanismomodernoyfuncionalista, perosiempre desde el rigorde la observacióny una particular invención, cualidadesquedespliegaalolargodetodasuvidayque lollevanaserdefinido, enpalabrasdejuanignaciobaixas, como “unverdaderomaestro delaarquitecturayeldiseño. unadeesaspocaspersonasquereúnenlascondiciones deuncreadorconundominiodelespacioarquitectónico, porunaparte, ydelaciencia delosmateriales, porotra”³. condicionesqueaplicaplenamenteenlaelaboracióndesu proyectoparaelparquesanluis, “nuevaciudaddentrodelaciudad”, armónicaeintegrada socialmente, quelevaleelreconocimientodelprimerpremionacionaldeurbanismoen
1971.
Proveniente del Colegio de los Padres Franceses y de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile, estudia arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile, en Santiago, donde recibe su título profesional de arquitecto en el año 1950, y donde conoce, en 1946, a su compañero de vida y obra, el arquitecto Alberto Cruz Covarrubias. Encuentro fortuito, “un regalo” que, como él declara, no obedece a ningún cálculo sino a la gratuidad del azar⁴. Junto a Alberto Cruz conoce al poeta argentino Godofredo Iommi en el año 1948 y los tres se trasladan a Valparaíso, donde fundan la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso en 1952, a instancias del padre Jorge González Foster, jesuita y entonces Rector de la UCV, acompañados además por un grupo de jóvenes profesores y arquitectos, entre los que destacan José
Miguel Eyquem
Astorga
¹
Arquitecto Universidad Católica de Chile, 1950
Doctor Honoris Causa Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2009
Premio Nacional de Urbanismo 1971
(…) el oficio del arquitecto, del diseñador, se encuentra centrado en el ser humano, en su actividad en el mundo, en sus proyectos de aglomeraciones vitales que organizarán como ciudades, siendo estas los centros del mundo creado por el hombre: la ciudad hecha por todos, como proponía lautréamont a la poesía².
¹ Este capítulo ha sido elaborado, principalmente, en base a los artículos de Miguel Eyquem publicados en las revistas CA N° 18 y ARQ N°40.
² Eyquem, 2009. ³ Baixas, 2009. ⁴ Eyquem, 2009.
Miguel Eyquem, 2010.
Fuente: Archivo Miguel Eyquem y José Vidal, material facilitado por Germán Squella.
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Vial, Arturo Baeza, Fabio Cruz, Jaime Bellalta, Francisco Méndez y el escultor Claudio Girola. En conjunto forman esta Escuela, que nace con el nombre de Instituto de Arquitectura de Valparaíso, y cuyos planteamientos, desarrollados a partir del método de la observación y un fundamento humanístico, luminoso y matemático⁵, generan una revolución en el modo de pensar el oficio de la arquitectura y de la poesía en Chile. Esta labor se complementa en 1969 con la fundación de la Ciudad Abierta de Ritoque, obra colectiva del mismo grupo, en la que Eyquem participa también como cofundador, y que es posible reconocer en la actualidad como “el más grande laboratorio de experiencias arquitectónicas y poéticas que ha existido en el mundo”⁶.
En reconocimiento de su gran labor creativa en el ámbito de la docencia, recibe el grado de Doctor Honoris Causa de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso el 8 de enero de 2009, en una ceremonia presidida por Gonzalo Duarte García de Cortázar SS. CC., obispo de Valparaíso y Gran Canciller de la Universidad, junto al Rector Alfonso Muga Naredo. Investidura que Miguel Eyquem hace extensiva en su discurso también a toda la comunidad académica de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
La trayectoria docente de Eyquem es sin embargo indisoluble del desarrollo de su obra profesional. Reuniendo en todo momento la capacidad de investigación teórica, propia del mundo moderno, con una permanente búsqueda de campos de aplicación en áreas tan diversas como la del proyecto urbano, la ciencia de la construcción, el diseño de objetos, la aeronáutica y la arquitectura, obtiene a lo largo de su carrera destacados logros en cada una de ellas.
Su labor docente y profesional se ve inspirada y enriquecida además a través de la integración de su gran pasión que ha sido siempre la aviación. Se distingue como instructor de pilotos y piloto de elite, y recibe además la Medalla Internacional de Planeadores. Pero construye, sobre todo a través de la suma de sus viajes, una particular y acertada visión geográfica del territorio, una visión aérea, “a vuelo de pájaro”, que lo lleva a plantear de forma original la orientación de cada uno de sus proyectos. Su afición por la aviación contribuye, probablemente, también a formar su preferencia por lo
leve, lo económico y lo justo, “por el predominio del acto y del vacío que lo acoge”, desde la formulación de la escala urbana hasta la materialización física de cada una de sus obras.
En el campo de la construcción destaca su temprana colaboración con el arquitecto francés Jean Prouvé, uno de los más destacados exponentes de la arquitectura y el diseño del siglo XX, que abre la potencia de la técnica industrial de posguerra al mundo de la arquitectura, y con quien trabaja en Francia entre los años 1958 y 1961. Se inscriben también dentro de esta área sus numerosas investigaciones, en la Ciudad Abierta de Ritoque, que ha dedicado en los últimos años al desarrollo de hormigones y moldajes flexibles. En cuanto al diseño de objetos, sobresale por su participación en la Escuela de Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y por la elaboración de múltiples diseños de muebles y prototipos aeronáuticos, área que siempre fue de su apasionada preferencia, como ya se dijo, y en la que se distingue como diseñador y constructor de campos aéreos y aeronaves experimentales.
Dentro de la arquitectura, “oficio en el que ha centrado su vida, su trabajo y sus estudios”, destaca por el desarrollo de importantes obras de reconocimiento nacional e internacional, de las que destacan el Hotel Antumalal, diseñado en conjunto con Jorge Elton en 1952, y la Casa Peña de 1980, premiada en la Bienal Nacional de Arquitectura. Obra esta última que junto con lograr “una espacialidad y luz apropiadas para el acto de habitar de un científico”, explora una construcción inédita de esbeltos hormigones laminares, que cambian la relación convencional entre materia y vacío⁷.
Finalmente, en el área de urbanismo destaca su mencionado proyecto para el Parque San Luis, propuesta que desarrolla desde su trabajo en la CORMU y que, destinada a alojar a los habitantes más modestos de Santiago, con sus cultivos y ampliaciones buscaba al mismo tiempo entregarles una digna espacialidad urbana, equipada e integrada con el resto de la ciudad. Esta propuesta, como se señaló, le hace merecedor del Primer Premio Nacional de Urbanismo, entregado en el contexto de la Bienal de Arquitectura del año 1971.
⁵ Ibid.
⁶ Baixas, 2009. ⁷Ibid.
(Derecha) Miguel Eyquem, clase durante la Visita a la Ciudad Abierta de Ritoque del curso Taller de Investigación ‘La Obra de Miguel Eyquem’, PUC, 1er Semestre de 2010 (arriba), y croquera personal del arquitecto con observaciones sobre el Proyecto Parque San Luis..
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Emplazamiento del proyecto Parque San Luis. Relación del Proyecto con las grandes áreas verdes del entorno y las vías intercomunales y comunales de la metrópolis.
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Ernesto Labbé, Coordinador del Proyecto Remodelación San Borja, y Miguel Eyquem, autor del Proyecto San Luis. Formados bajo los principios del constructivismo orgánico propio de la vanguardia, estos arquitectos entendían la ciudad como un organismo vivo, donde todo estaba en diálogo continuo y colectivo¹¹. Se planteaba así una arquitectura integral, tanto desde el punto de vista de su relación con la ciudad, como de la participación, en su concepción y construcción, de diferentes actores económicos y sociales.
Desde el punto de vista político y administrativo, la acción de la CORMU se enmarca dentro de una etapa de fuerte intervención del Estado en la formación de las ciudades, bajo un impulso social e igualitario¹². En el contexto de una política integral de “remodelación de la ciudad”, este organismo desarrolla una serie de proyectos específicos, abarcando todos sus aspectos técnicos, urbanísticos y económicos. Se quiere contribuir al problema del déficit habitacional mediante la optimización del uso de áreas urbanas subutilizadas, evitando la dotación de infraestructura de bajo rendimiento y el consumo de suelo agrícola, como inconvenientes característicos de la expansión descontrolada de la ciudad. Se apunta a “reconstruir los sectores deteriorados y mal aprovechados de la ciudad, aumentando su densidad habitacional, liberando suelo para fines de higiene ambiental y recreación de sus habitantes, y aprovechando su ubicación central para el uso más eficiente del equipamiento urbano y de las infraestructuras existentes”¹³.
Se da lugar así al desarrollo de una serie de proyectos emblemáticos tanto al interior como en los bordes de la ciudad, entre los que destacan el Barrio Cívico, el Módulo Urbano y la Remodelación San Borja, en el centro, y la Remodelación Parque Inés de Suárez y el Proyecto Fundo San Luis de Miguel Eyquem, en el sector oriente de Santiago.
La CORMU y su proyecto de construcción de ciudad⁸
El Proyecto del Parque San Luis surge durante la segunda mitad de la década de los sesenta como uno de los más representativos, junto a la Remodelación San Borja, de la acción de la CORMU, Corporación de Mejoramiento Urbano. El proyecto es fiel emblema de su “visión de la planificación urbana desde la arquitectura”⁹, postura a través de la cual buscaba dar solución integral a los problemas de déficit habitacional y de expansión descontrolada de Santiago. Como señala Rodrigo Pérez de Arce: “no se ha reeditado en Chile desde entonces la idea de un proyecto de ciudad acometido a partir de la arquitectura, tan protagónico y global como fuera el proyecto CORMU”¹⁰.
La CORMU es creada el 16 de diciembre del año 1965, a través de la Ley 16.391, dependiente del también recién creado Ministerio de Vivienda y Urbanismo. Se plantea, no obstante, como una “empresa autónoma del Estado”, dentro de cuyas funciones destacaba la labor de mejorar y renovar las áreas deterioradas de las ciudades, pudiendo para ello asociarse con empresas particulares u otros organismos públicos, y ejecutar así, de manera conjunta, grandes proyectos de desarrollo y mejoramiento urbano. Estaba integrada fundamentalmente por arquitectos jóvenes provenientes de diferentes escuelas, que buscaban revalidar y poner a prueba localmente los postulados del urbanismo moderno. Correspondían en su gran mayoría a los arquitectos de las primeras generaciones egresadas tras la reforma moderna de las escuelas de arquitectura de la Universidad de Chile y la Universidad Católica, ocurrida durante la segunda mitad de la década de los 40. Caracterizados por un fuerte espíritu crítico y transformador, muchos de estos arquitectos continuaron vinculados al mundo académico nacional, tras estadías laborales o de perfeccionamiento en Europa o Estados Unidos. Se destacan: Nicolás García, integrante del Directorio de CORMU; Jaime Bellalta, Jefe del Departamento Técnico; Patricio Gross, Jefe del Subdepartamento de Urbanismo;
⁸ Hidalgo, 2012: 188-191. ⁹ Pérez de Arce, 1994: 147. ¹⁰Op. cit.: 147
¹¹ Maulén de los Reyes, 2006: 86. ¹² CORMU, 1969: 1.
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El Proyecto Parque San Luis: matriz geográfica y urbana
“El San Luis de Miguel Eyquem es un megaproyecto en sintonía con una utopía de las vanguardias arquitectónicas de la cual históricamente forma parte. (…) un proyecto moderno y una operación derivada de los ideales corbusianos y presupuestos internacionales de los C.I.A.M.”, pero que a la vez tiene una lógica formal y funcional propia que se origina en la comprensión profunda de la naturaleza geográfica del Gran Santiago¹⁴.
El Proyecto Parque San Luis es parte de las iniciativas tempranas con que la CORMU inicia su labor. Inserto dentro de la línea de desarrollo de nuevas urbanizaciones, y tras la experiencia de la Remodelación San Borja en el centro de Santiago, se convierte en un nuevo proyecto emblemático, con una fuerte carga de expectativas y objetivos políticos e ideológicos. Se trataba virtualmente de construir una nueva ciudad de 70.000 habitantes, que junto con revisar de forma crítica los planteamientos de la Remodelación San Borja debía someter a prueba nuevas posibilidades de configuración del espacio urbano moderno. Debía proponer una nueva organización del espacio arquitectónico y urbano, a la vez que nuevas estrategias de integración social, tanto con relación a los estratos socioeconómicos participantes como con la diversidad de actividades concurrentes en el espacio público¹⁵.
Su origen se relaciona con los debates, en el marco del PRIS de 1960, sobre las tendencias deseables para la expansión de Santiago y la creación de nuevas centralidades, así como sobre la dirección del trazado del metro, que se encontraba durante esos años en sus primeras etapas de estudios y proyecto. Bajo el escenario del trazado oriente de la L1 del metro por la Av. Costanera hasta la Portada de Vitacura, se analiza la posibilidad de su extensión por Vitacura y Av. Kennedy hasta Manquehue. En base a estos antecedentes, y en consideración de los respectivos estudios de factibilidad sanitaria y de agua potable, la CORMU decide finalmente la compra de los terrenos del fundo San Luis, al oriente de Américo Vespucio y al sur de Av. Kennedy, en la comuna de Las Condes, para el desarrollo del proyecto¹⁶.
En este momento Eyquem recibe el encargo del proyecto, con la disponibilidad completa de las casi 153 hectáreas de suelos prácticamente vírgenes del fundo San Luis, y con el desafío de desplegar en ellos una nueva y gran intervención urbanizadora para el sector oriente de Santiago.
Desde su intuición aérea descubre de inmediato la significación geográfica del lugar. Paralelo a la Av. Kennedy, el terreno longitudinal del Fundo San Luis se proyecta como parte de un nuevo eje radial de Santiago, “el radial de la cuenca del Mapocho”¹⁷, que se extiende desde la cima del cerro San Cristóbal, en el centro de la ciudad, hasta las altas cumbres nevadas del cerro El Plomo, en la cordillera de los Andes.
“Para que la naturaleza que nos rodea esté presente en el interior de la ciudad, para que la magnitud esté presente y así la capital de un territorio de grandes dimensiones viva la conciencia cotidiana de su situación y su destino, sólo se requiere que el cielo recortado sobre el perfil de la montaña tenga estatus ciudadano”¹⁸.
Eyquem inicia su Proyecto del Parque San Luis desde la comprensión geográfica de Santiago, destacando su particular relación con la cordillera, como una situación que lo distingue en medio del valle y a lo largo de todo el territorio nacional, y que le permite de forma excepcional construir “el dominio de la lejanía”. Santiago se sitúa al inicio del primer valle longitudinal viniendo de norte a sur en el país, y junto al tramo de las montañas más altas y próximas al valle de la cordillera de los Andes, emplazamiento que Eyquem resalta especialmente como “la presidencia de un valle en el eje del país, presidido a su turno por las más altas montañas del continente¹⁹”.
Esta condición distintiva se percibe especialmente a lo largo del eje geográfico del proyecto, dirección que además se hace parte de un eje verde, el llamado “canal verde” de Eyquem, que se extiende desde el cerro San Cristóbal, hacia el oriente, bajando por sus laderas y el barrio Pedro de Valdivia Norte, continuando por el Parque de Las Américas y los terrenos del Club de Golf, siguiendo el eje que va hacia el cerro El Plomo y las altas cumbres nevadas de Santiago a través de los terrenos del fundo San Luis, y a continuación a lo largo de los árboles de las avenidas Kennedy y
¹⁴ Rosas, 1996: 6. ¹⁵ Raposo, 2005: 264. ¹⁶Op. cit.: 265. ¹⁷ Eyquem, 1977: 20. ¹⁸ Eyquem, 1996: 42-43. ¹⁹Op. cit.: 44.
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Las Condes, y luego San Damián, para finalmente internarse en el Santuario de la Naturaleza desde el Arrayán hacia arriba.
Recogiendo estas matrices geográficas y de paisaje, el Proyecto del Parque San Luis se configura como un abierto valle interior, una amplia explanada pública de áreas verdes, servicios y equipamientos comunales y metropolitanos, flanqueada a ambos costados por altos edificios residenciales de diferente tipo. Emplazado en el corazón del área oriente de Santiago, en la convergencia de las comunas de Vitacura y Las Condes, y junto a las principales vías de conexión de la comuna con el resto de la metrópolis, el proyecto aspira a la conformación del “centro comunal oriente”,
en consonancia con la definición del conjunto de subcentros metropolitanos definidos por el PRIS de 1960. La escala, el gran tamaño, se configura desde un inicio como un rasgo distintivo del proyecto. El complejo se concibe con las características de una virtual ciudad dentro de la ciudad, una entidad modelo destinada a albergar entre 65 mil y 70 mil habitantes, en un conjunto de 61 torres de 17 a 20 pisos y 40 edificios de 4 a 5 pisos. Representa una intervención urbana hasta entonces sin precedentes en el país y el continente²⁰, y que se constituye durante el Gobierno de la Unidad Popular en un emblema político, dada la localización de familias de estratos bajos en el corazón de un distrito residencial de la alta burguesía de la capital²¹.
²⁰ Raposo, 2005: 266. ²¹ Rosas, 1996: 7.
Emplazamiento geográfico de la Villa San Luis, en el centro del eje que se proyecta entre la cima del San Cristóbal y el valle cordillerano del Mapocho.
Fuente: Eyquem, 1977: 20.
El valle de Santiago y su cordillera, situación privilegiada del emplazamiento de la capital, inmediata a las montañas “más altas del continente”. Croquis áreo de Miguel Eyquem.
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Proyecto Parque San Luis. Planta general del conjunto.
Fuente: Eyquem, 1996: “Centro Cívico de Las Condes”.
Proyecto Parque San Luis. Combinación de torres y edificios escalonados para acoger la densidad habitacional propuesta. Vista de los espacios colectivos abiertos al interior de los edificios.
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jardín, el cual bajaba hacia el vacío central del conjunto. Los perfiles inclinados de estos edificios abrían en el centro del proyecto una gran perspectiva de lejanías: hacia el oriente la visión de la cordillera nevada de Santiago, y hacia el poniente el cerro San Cristóbal, evocando permanentemente la presencia del centro de Santiago.
La propuesta de los edificios escalonados incorporaba también la dimensión del paisaje para dar mayor calidad y orientación a sus espacios colectivos, distanciándose de la compacidad característica de los edificios residenciales de alta densidad de su época, configurándose como “interiores ahuecados”; incorporando vacíos de espacio colectivo en altura, con circulaciones longitudinales abiertas cada tres pisos, verdaderas calles con secciones variables, cuyo ancho llegaba hasta los seis metros frente a los accesos de los departamentos.
La conformación del centro: Parque y Centro Cívico Oriente
En el medio del proyecto, tanto en su sentido longitudinal como transversal, el Proyecto del Parque San Luis define la creación de un nuevo centro urbano, un “Centro Comercial y Cívico”, de actividad y abastecimientos para la comuna de Las Condes y para la ciudad total. Su ubicación se define en el punto medio del vacío central del proyecto, que se inserta en la secuencia de parques del “canal verde” de Santiago, y que coincide exactamente con el cruce de este eje con la Av. Manquehue, avenida que une de un trazo la comuna de La Reina con el río y con el cerro, como límite natural del área. El nuevo centro se propone pasando sobre esta avenida, atravesando el boulevard que se proyectaba para las veredas de Manquehue. Dentro del valle central del parque del proyecto se conforma a su vez como otro valle más concentrado, cuyo eje se orienta paralelo al eje radial del Mapocho, nuevamente orientado por la tensión entre la cima del San Cristóbal y las altas cumbres del Plomo.
La formulación del programa para este centro se realiza en consonancia con el PRIS, el cual proponía la formación de centros comunales que permitieran transitar hacia la constitución de una ciudad policéntrica, más funcional, y en reemplazo de la ciudad monocéntrica heredada desde la Colonia. De esta forma, el corazón
La vivienda: la torre y el edificio escalonado
En cuanto a la residencia, se proponían grandes edificios, para alcanzar una densidad promedio de 300 habitantes por hectárea, densidad definida entonces en consonancia con el proyecto de factibilidad de la línea 1 del metro, cuyo trazado se proponía circulando por el interior del conjunto. Esta era la propuesta inicial del metro de Parrochia, que incluso se materializa en el lugar con sus primeras excavaciones; por largos años se mantuvo un surco abierto a lo largo del área del parque central del proyecto, esperando recibir los rieles y la bóveda que los cubriera, pero fue rellenado años más tarde, con la construcción del Parque Araucano.
Para la definición de las tipologías de vivienda se llevó a cabo un estudio de la demanda y las posibilidades de mercado del área oriente de la ciudad, llegando a constituirse una oferta de viviendas para el proyecto de entre 45 a 50 m² y hasta 90 m². Cabe señalar que la base financiera del modelo de ejecución del proyecto consultaba únicamente la inversión fiscal correspondiente a la adquisición de los terrenos del fundo San Luis, debiendo la construcción de las viviendas operar posteriormente con fondos de las Asociaciones de Ahorro y Préstamo, que debían concurrir libremente al financiamiento²². En adición a estos parámetros, la propuesta de Eyquem para la agrupación de los edificios del conjunto se regía por dos principios urbano-arquitectónicos: su condición asimétrica de participación de una calle urbana por un lado y de un parque central por el otro, y el cuidado, mediante su orientación, de la condición espacial del conjunto, de abertura del espacio central para descubrir el valle del río Mapocho, “normalmente oculto por calles y jardines”.
“El mayor lujo de nuestro tiempo lo constituye el espacio. (…) Es más importante la espacialidad, los horizontes que centran el edificio que el propio terreno de jardines y parking al pie de la construcción, ya que este horizonte o vecindario aéreo es el verdadero espacio que prolonga y engrandece cada interior, es ésta la atmósfera que se vive”²³.
De este modo, el proyecto original del Parque San Luis consideraba la ejecución, además de las clásicas torres, de un conjunto de edificios escalonados, que terminaban en un techo
²² Raposo, 2005: 265. ²³ Eyquem, 1996: 49.
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del proyecto se piensa como un centro urbano autónomo, cuya realidad, que requiere de una alta concurrencia y densidad, se hace imaginable a partir del crecimiento acelerado que va mostrando el sector oriente de Santiago en esos años: “Se trata de construir un centro integral con todos los elementos que una ciudad capital es capaz de generar: un centro de trabajo, intercambio, de información, de abastecimiento, de esparcimiento, de cultura, de gobierno comunal, un centro de decisiones y ceremonial”²⁴.
Este centro que contaría con una estación de metro en su cruce con la Av. Manquehue, debía contener además más de mil estacionamientos subterráneos, para servir una amplia superficie construida de locales, mall e instituciones culturales como galerías, museos y otros, además de oficinas para servicios públicos, legales y policiales. Todos albergados en edificaciones con estructuras variables y plano libre, según necesidades variantes en el tiempo. Servicios y equipamientos que giraban en torno a una gran plaza urbana, presidida por el edificio consistorial de Las Condes, inscrito contra la cordillera.
La propuesta urbana de este centro, que se configuraba como un espacio longitudinal de múltiples niveles activos, ponía en debate la relación entre lo público y lo privado, entre el espacio concentrado e intenso y aquel diluido de las áreas residenciales monofuncionales, sin tensiones ni orientaciones. Se apuntaba a la voluntad de conformar una plaza o recinto concentrado, en reemplazo de la calle lineal o boulevard. Articulando el lugar a partir de la íntima integración de todos los elementos que constituyen la ciudad: “Lo esencial de este centro que se yergue como una nueva versión de la plaza, es su preocupación por la concentración, y en ella está el conflicto entre la calle y la plaza”²⁵.
El debate entre plaza y calle se plantea entre los conceptos de lo centrado versus lo lineal; lo simultáneo versus lo sucesivo; ¿cómo conciliar estos conceptos de espacialidad y sentido de ocupación contradictorios? ¿Una plaza lineal?²⁶.
Dentro de este debate se opta por el referente de la plaza, por la conveniencia de su forma cerrada para la conformación de un
centro: “es necesario canalizar el momento, aunar las energías y conducirlas a ese punto donde se alcance intensidad vital: un centro de encuentro, de intercambio de información y consulta, de decisiones. Muchas actividades que quieren reunirse y coordinarse simultáneamente, de ahí el concepto de plaza: un sentido sintético del quehacer contemporáneo contrario a la dispersión de los desplazamientos. Se busca concentrar todas las actividades al alcance de la mano”²⁷.
Finalmente puede decirse que el proyecto del centro conjuga ambos conceptos, buscando establecerse como una forma abierta y flexible, capaz de evolucionar permanentemente, como sucede con la materia viva: pudiendo extenderse desde sus aparentes bordes hacia el interior, densificándose en altura y posibilitando además transformaciones internas y externas de forma indefinida. Para lograr estos grados de libertad se escoge la matriz de la malla, regulando el área de 3,4 hectáreas del proyecto del centro mediante una estructura de trama homogénea, con iguales tensiones en todas direcciones y con varios niveles. Se buscaba así conferir al proyecto la cualidad más relevante de una malla, cual es su capacidad de aceptar la irregularidad, la interrupción accidental, el cambio de su propia escala sin por eso destruir su continuidad. Permitiendo a la vez la simultaneidad del espacio, las grandes extensiones y su atomización, “leyes fundamentales del juego para invitar a todos a participar”²⁸.
Es así como el proyecto, pese a su estructura unitaria, se plantea con la flexibilidad necesaria para alojar en su interior los más diversos actos y programas. Haciendo posible el paso de la Av. Manquehue bajo su plaza urbana, así como la conexión con el metro y la construcción de los estacionamientos. Construyendo, en suma, entre la definición de su emplazamiento y la forma de su estructura, la convergencia de un centro comercial y un nudo de intercambios metropolitanos, donde el acceso del automóvil y de los sistemas de transporte público se resuelve en su propio interior, y donde se reúnen los paseos peatonales del sector, el
boulevard de Manquehue y el paseo del propio Parque San Luis, de
dos kilómetros de largo.
²⁴ Eyquem 1977: 21. ²⁵Ibid.
²⁶Op. cit.: 22. ²⁷Ibid.
²⁸Op. cit.: 23.
(Derecha) Arriba: Proyecto Parque San Luis. Planta general de distribución de áreas residenciales y de equipamientos. Al centro: planta de distribución de equipamientos comunales e intercomunales. Abajo: planta de áreas verdes, combinando áreas de cultivo y arborización.
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Centro Cívico Oriente. Cortes transversales del proyecto, indicando su estructura interna y su relación con la cordillera y con el metro.
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Centro Cívico Oriente. Vistas del interior de la estructura flexible y la relación entre espacio privado y espacio público al interior del proyecto. Croquis de Miguel Eyquem.
Fuente: Eyquem, 1977: 22.
Centro Cívico Oriente nivel terraza. Croquis de Miguel Eyquem.
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Proyecto Parque San Luis, perspectiva del Centro Cívico.
Fuente: Revista C.A N° 18, material facilitado por Germán Squella.
Proyecto Parque San Luis, Maqueta Centro Cívico.