Pizarro, el Rey de la Baraja
Alan Garc´ıa naci´o en Lima el 23 de ma-yo de 1949. Sus primeros estudios univer-sitarios los realiz´o en la Pontificia Universi-dad Cat´olica del Per´u y recibi´o m´as tarde su t´ıtulo de abogado en la Universidad Nacio-nal Mayor de San Marcos, en 1971. Poste-riormente, se traslad´o a Europa, donde asis-ti´o a la Universidad Complutense de Madrid, en la cual complet´o su tesis sobre Derecho Constitucional, y luego estudi´o en el docto-rado en Ciencias Pol´ıticas. En 1973, pas´o a la Universidad de la Sorbona de Par´ıs, don-de obtuvo una licenciatura en Sociolog´ıa. De regreso al Per´u, entre 1977 y 1980 se desem-pe˜n´o como secretario de Organizaci´on del Partido Aprista, y fue elegido como miem-bro de la Asamblea Constituyente de 1979. Entre 1980 y 1985 fue diputado nacional, y a partir de 1982 le correspondi´o ejercer el car-go de Secretario General del Partido Aprista. En 1985, a la edad de treinta y cinco a˜nos, fue elegido Presidente de la Rep´ublica. Du-rante su periodo tuvo que enfrentar la crisis econ´omica de la deuda y el fen´omeno terro-rista de Sendero Luminoso, que caus´o miles de muertes a pobladores y miembros de las Fuerzas Armadas y Policiales.
En abril de 1992, tras el golpe de Estado per-petrado por Alberto Fujimori, fuerzas mili-tares asaltaron su domicilio. Estando su vida en peligro, Colombia le concedi´o asilo pol´ıti-co, por lo que tuvo que vivir en Colombia y Francia hasta enero de 2001, cuando pu-do regresar al pa´ıs. El Presidente Garc´ıa fue candidato a la Presidencia de la Rep´ublica en las elecciones de junio de 2001,* en las que obtuvo el 47 % de los votos. En 2004 fue ele-gido presidente del Partido Aprista Peruano. En junio de 2006, Alan Garc´ıa fue nueva
Alan Garc´ıa Perez
PIZARRO, EL REY DE LA BARAJA
Pol´ıtica, Confusi´on y Dolor en la Conquista
Alan Garc´ıa Perez
A LA GLORIA DE CHALCUCH´IMAC,
EL M ´
AS LEAL, EL MEJOR GUERRERO, QUE
FUE ENTREGADO POR ATAHUALPA,
TORTURADO POR LOS PIZARRO Y
CONDENADO POR LOS OREJONES. QUE NO
ACEPT ´
O UN NUEVO DIOS Y MURI ´
O ALTIVO
EN LA HOGUERA INVOCANDO A
PACHACAMAC.
Pizarro, el Rey de la Baraja
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Todos los derechos reservados. Librer´ıas Crisol S.A.C.
Pizarro, el Rey de la Baraja
Pol´ıtica, Confusi´on y Dolor en la Conquista c
2012, Alan Garc´ıa P´erez c
2012, Titanium Editores Av. Larco 880, piso 11, Miraflores, Lima, Per´u
Edici´on: Percy U˜narte Otoya Dise˜no y
diagramaci´on: Carlos Bemal D´ıaz Correcci´on: Jos´e Carlos Yrigoyen Miro Quesada Car´atula: Hugo Rivas Quintana
Primera edici´on: julio de 2012 Tiraje: 5,000 ejemplares ISBN: 978-612-46189-1-8 Hecho el Dep´osito Legal en la
Biblioteca Nacional del Per´u: 2012-08427 Registro de Proyecto Editorial: 11501081200523 Impreso en Quad Graphics Per´u S.A.
Alan Garc´ıa Perez
´INDICE
Cronolog´ıa
Una reflexi´on te´orica inicial 15
Sistema de acci´on pol´ıtica y sistema social 15
Sistema de acci´on pol´ıtica y sistema de reglas de la baraja espa˜nola 19 Introducci´on
Conceptos generales 23
Autonom´ıa y primac´ıa de la pol´ıtica 25
El big bang ideol´ogico del siglo XVI en la conquista 30
La pol´ıtica, el arma fundamental 34
La invasi´on bacteriana 37
Car´acter y personalidad de Pizarro 39
Su ciencia militar 41
Cap´ıtulo I: Primera regla
Sin constancia no hay pol´ıtica 45
Constancia en el tiempo 47
Constancia en el mando 49
Constancia en la t´actica pol´ıtica: cambiar las cartas 51 Cap´ıtulo II: Segunda regla
Tuvo objetivos claros para s´ı y confusos para los dem´as 55
Objetivos definidos 57
Crear un reino 57
Dominar la escena y centralizar la direcci´on 58
Eliminar al jefe adversario 58
Salir de Almagro y de Hernando 59
Restituir la legitimidad ind´ıgena. Funci´on de adaptaci´on 60
Superar a Cort´es. Funci´on de motivaci´on 60
Im´agenes confusas 61
Cartas marcadas en el viaje a Toledo 61
Atahualpa condenado desde el inicio 62
Igual ocurri´o con Hu´ascar 63
Almagro usado y desechado 64
Ocult´o su intenci´on ante los l´ıderes ind´ıgenas 64
Pizarro, el Rey de la Baraja
Cap´ıtulo III: Tercera regla
Con la legitimidad garantiz´o su poder a largo plazo 67
Los oros: legitimidad real 69
Las copas: legitimidad religiosa 70
Legitimidad arbitral 71
Las espadas: legitimidad carism`atica 72
El discurso 74
Un s´ımbolo sint´etico 76
Cap´ıtulo IV: Cuarta regla
Personaliz´o la legitimidad 77
La cruz. Un n´ucleo duro identificado 81
Cap´ıtulo V: Quinta regla
Cre´o una legitimidad diferente 83
Crear una aristocracia dependiente 85
Una nueva ciudadan´ıa. La liberaci´on de los yanaconas 86
La liberaci´on de las Ajllas 88
La fusi´on de las dos legitimidades 88
Las Ordenanzas olvidadas 89
Cap´ıtulo VI: Sexta regla
Decidi´o y ejecut´o los hechos fundamentales 91
La captura de Atahualpa 93
La ejecuci´on de Atahualpa 93
La entrada al Cusco 95
La fundaci´on de Lima 96
La relaci´on con Almagro 98
Cap´ıtulo VII: S´eptima regla
Estudi´o sistem´aticamente la realidad f´ısica y social 99
La extensi´on exagerada debilita el poder 101
Las m´ultiples divisiones del Per´u 104
Cap´ıtulo VIII: Octava regla
Promovi´o y multiplic´o la confusi´on del adversario 107
El norte contra el sur 109
Los yanaconas 109
Los Viracochas. Confusi´on religiosa 110
Alan Garc´ıa Perez
Cap´ıtulo IX: Novena regla
Estudi´o profundamente la psicolog´ıa del adversario 113
Almagro. La envidia subordinada 115
Atahualpa. La soberbia 117
Hu´ascar. Desesperaci´on y providencialismo 120
Manco Inca. Credulidad y ambici´on 121
Hernando de Soto. Ambici´on y vanidad 122
Hernando Pizarro. Crueldad y soberbia 124
Pedro de Alvarado. Un adversario temible 125
Juan y Gonzalo. Los menores a proteger 125
Los grupos humanos 127
Cap´ıtulo X: D´ecima regla
Acumul´o la confusi´on y las debilidades del adversario 129
Consolidar la retaguardia 132
Cap´ıtulo XI: Und´ecima regla
Impidi´o la uni´on de los dem´as y evit´o
el conflicto irreversible entre los propios 135
Cap´ıtulo XII: Duod´ecima regla
Guard´o elementos de negociaci´on 141
La vida de Atahualpa 143
La vida de Hu´ascar 144
La vida de Chalcuch´ımac 146
El poder para Manco Inca 147
Cap´ıtulo XIII: Decimotercera regla
Mostr´o paciencia y serenidad 149
Cap´ıtulo XIV: Decimocuarta regla
Captur´o los centros de acopio 155
Cap´ıtulo XV: Decimoquinta regla
Evadi´o las responsabilidades y las atribuyo a otros 159
Pizarro, el Rey de la Baraja
Cronolog´ıa
1492 Llegada de Crist´obal Col´on.
1502 Pizarro desembarca en la isla de La Espa˜nola.
1513 Vasco N´u˜nez de Balboa y Francisco Pizarro descubren el Oc´eano Pac´ıfico.
1519-1521 Hern´an Cort´es conquista M´exico.
1524-1526 Primer viaje al sur hasta las costas de Colombia.
1526 Pizarro, Almagro y Luque se asocian en la Compa˜n´ıa del Levante.
1526-1527 Segundo viaje hasta Tumbes y el r´ıo Santa. 1528 Huayna C´apac muere de viruela.
1528-1529 Pizarro viaja a Espa˜na. Capitulaciones de Toledo. 1530 Se inicia la guerra entre Hu´ascar y Atahualpa.
1531-1532 Tercer viaje. Llegada a Tumbes. Captura de Atahualpa. 1533 Ejecuci´on de Atahualpa. Llega en noviembre al
Cusco. Muerte de Chalcuch´ımac. 1534 Llegada de Pedro de Alvarado al Per´u. 1535 Fundaci´on de Lima.
1536 Insurrecci´on de Manco Inca.
1537 Al retomo de Chile, Almagro toma el Cusco. La ´ultima entrevista en Mala.
1538 Batalla de Las Salinas. Ejecuci´on de Almagro. 1540 Prisi´on de Hernando Pizarro en Espa˜na. 1541 Asesinato de Francisco Pizarro en Lima.
1544 Rebeli´on de Gonzalo Pizarro contra las Nuevas Leyes de Indias.
Alan Garc´ıa Perez
PIZARRO, EL REY DE LA BARAJA
Alan Garc´ıa Perez
UNA REFLEXI ´
ON TE ´
ORICA INICIAL
Sistema de Acci´on Pol´ıtica y Sistema Social
En su oda((Los caballos de los conquistadores)), Jos´e Santos Chocano, el poeta modernista peruano, reivindic´o y enalteci´o el rol del caballo en la con-quista. Escribi´o:((¡Los caballos eran fuertes!, ¡Los caballos eran ´agiles!/ Sus pescuezos eran finos/ y sus ancas relucientes/ y sus cascos musicales.../ ¡No! No han sido los guerreros solamente /de corazas y penachos y tizonas y estan-dartes, /los que hicieron la conquista/ de las selvas y los Andes)).
Versos abajo dice:((Y es m´as digno todav´ıa de las odas inmorta- les/e/ ca-ballo con que Soto, diestramente /y tejiendo las cabriolas como ´el sabe, /causa asombro, pone espanto, roba fuerzas,/ y entre el coro de los indios,/ sin que nadie haga un gesto de reproche, / llega al trono de Atahualpa y salpica con espumas /las insignias imperiales)).
Luego se˜nala:((Todos tienen menos alma,/ menos fuerza, menos sangre, /que los ´epicos caballos andaluces/en las tierras de la Atl´antida salvaje, /so-portando las fatigas /las espuelas y las hambres /bajo el peso de las f´erreas armaduras,/ cual desfile de hero´ısmos,/ coronados entre el fleco de los anchos estandartes/ con la gloria de Babieca y el dolor de Rocinante)).
Parafraseemos el poema contradiciendo al poeta. No, no fueron solamente los caballos, pero tampoco la p´olvora o el hierro los que hicieron la conquis-ta. Tal vez su principal y verdadero instrumento fue la capacidad pol´ıtica de Pizarro, quien, con ella, se convirti´o en un rey de hecho sobre este inmenso te-rritorio donde el oro no ten´ıa valor para millones de campesinos ind´ıgenas pero s´ı lo tuvo para el peque˜no grupo europeo que, en el juego de la baraja y los da-dos, gan´o y perdi´o, una y otra vez, inmensas riquezas. Y quiz´as, a trav´es de ese juego, Pizarro aprendi´o y ejercit´o un sistema o programa de acci´on pol´ıtica y con ´el construy´o, poco a poco, el sistema material de sociedad que era su objetivo.
La acci´on pol´ıtica de un personaje es el conjunto de decisiones, proyectos, motivaciones, relaci´on con otros, e inclusive la imagen que tiene de s´ı mismo y la imagen que quiere proyectar ante los
Pizarro, el Rey de la Baraja
otros, etc´etera. Un conjunto que el actor totaliza permanentemente como una estrategia para alcanzar y ejercer el poder. Por consiguiente, tiene las ca-racter´ısticas de un Sistema de Acci´on; es decir, una pluralidad de elementos interdependientes, en interacci´on, vinculados por reglas l´ogicas, que reacciona como un todo ante el exterior y que no se reduce a la suma de esos elementos. Sus partes, las conductas y las reglas que las orientan mantienen una coheren-cia esencoheren-cial tanto hacoheren-cia el exterior, para cumplir sus finalidades, como hacoheren-cia el interior, buscando estabilidad y equilibrio entre s´ı. Es una estrategia, un plan estructurado, durable y din´amico para actuar. Esto no significa que todo fun-cione adecuadamente en ese sistema o que todos los elementos contribuyan eficazmente a la acci´on del conjunto. Hay efectos no deseados, imprevistos, disfunciones, etc., pero el actor busca permanentemente totalizar; es decir, in-tegrar y consolidar las partes de su acci´on como un conjunto eficaz. Esa es la funci´on de homeostasis o equilibrio din´amico de la conciencia individual o la propiedad de autorregulaci´on de los sistemas.
En este trabajo seleccionaremos algunas de las reglas pol´ıticas o normas con las que Pizarro actu´o permanentemente y que son las partes de su Sistema de Acci´on Pol´ıtica. ¿Fue plenamente consciente de la totalidad y la integra-ci´on de este? Seguramente fue consciente de cada elemento o regla de acintegra-ci´on, mas no sabemos si lo fue del conjunto. Pero lo cierto es que aplic´andolo tuvo un ´exito rotundo, aunque tambi´en lo obtuvo por la incapacidad de los otros actores en juego. Anotemos desde ahora que, en la medida en que un actor pol´ıtico sea consciente del sistema de conexi´on de todas sus reglas de acci´on, su desempe˜no se har´a m´as eficaz. De hecho, Pizarro fue el ´unico gran estratega en el grupo espa˜nol, en el cual solo existieron algunos t´acticos. En el campo ind´ıgena sobresalen Chalcuch´ımac como pol´ıtico y Rumi˜nahui como estrate-ga, aunque su propuesta de guerra no fuera aceptada por Atahualpa. Este, una vez prisionero, intent´o desplegar una estrategia inteligente pero tard´ıa y en in-ferioridad de condiciones. Sus otros capitanes fueron esencialmente t´acticos. Y la diferencia es sustantiva, pues como se˜nal´o Cari Von Clausewitz (((De la guerra)). T. 1 -3), la t´actica usa el movimiento militar en las batallas, pero la estrategia usa las batallas para la guerra integral, y el fin de esta no es la mera eliminaci´on del
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adversario sino el forzar al enemigo a cumplir la voluntad del estratega. Porque Pizarro buscaba construir un reino material, un sistema territorial y so-cial organizado, un sistema material con un espacio geogr´afico (Estado) en el que le correspondiera el rol de definir los fines colectivos (Pol´ıtica) y donde tuviera el poder de obligar a los otros a cumplir tareas para esos fines (Autori-dad). Y para lograrlo utiliz´o un Sistema de Acci´on Pol´ıtica coherente. En este libro pretendemos estudiar la dimensi´on psicol´ogica y estrat´egica de la pol´ıtica y ordenar las reglas, conductas, c´alculos y motivaciones que Pizarro utiliz´o, conscientemente o no, para crear su reino o sistema material.
Y veremos c´omo el sistema de reglas que gui´o las acciones de Pizarro cum-pli´o hacia los dem´as actores y hacia s´ı mismo las funciones que todo Sistema de Acci´on Social debe tener, seg´un Talcott Parsons. Esas funciones son: la Adaptaci´on respecto al exterior, la precisi´on de los Fines, la Integraci´on de sus partes y la Motivaci´on a trav´es de valores y justificaciones. Adem´as el Sistema de Acci´on Pol´ıtica de Pizarro tambi´en ejerci´o las funciones que han estudiado Gabriel Almond y Bingham Powell en su texto((Comparative Politics)): la re-gulaci´on, la extracci´on de recursos para su funcionamiento, la distribuci´on de bienes y honores, la expresi´on y suma de intereses, la elaboraci´on de reglas, la aplicaci´on de estas y adem´as, el reclutamiento pol´ıtico. Todos estos conceptos que provienen de autores como Berthalanffy, Parsons, Almond, Easton, etc´ete-ra, permiten ordenar y pensar de manera adecuada los datos y reglas que, de manera aislada, ser´ıan incomprensibles o in´utiles para analizar de manera in-tegral la conducta pol´ıtica del actor. Esos conceptos son parte fundamental de la ciencia pol´ıtica y son, adem´as, su conexi´on con la psicolog´ıa social y con la historia.
Por ejemplo, para superar el empirismo de los hechos aislados y demos-trar la interacci´on de las reglas y conductas de Pizarro, podemos ordenarlas de acuerdo al modelo propuesto por Talcott Parsons en su c´elebre texto((La estructura de la acci´on social)). Para Parsons, la acci´on humana presenta las ca-racter´ısticas de un sistema porque organiza las relaciones de interacci´on entre el actor y su situaci´on. Pero a˜nade que un sistema para existir y mantenerse debe cumplir,
Pizarro, el Rey de la Baraja
por lo menos, cuatro funciones elementales. Primero, adaptarse al medio exterior y buscar recursos en ´el para la acci´on; segundo, buscar y definir los objetivos de la acci´on; tercero, mantener la integraci´on y la coherencia de sus elementos y, finalmente, motivar la conciencia de cada actor con los valores y fines que impulsan el sistema. Parsons presenta esas funciones orden´andolas en una tabla, seg´un si se trata de medios o fines o si son relaciones hacia el exterior o hacia los elementos internos, y lo hace de la siguiente manera:
Medios Fines
Relaci´on con el exterior
ADAPTACI ´ON B ´USQUEDA DE FINES
Relaci´on con ele-mentos internos
MOTIVACI ´ON INTEGRACI ´ON
Utilizando este esquema podemos ordenar las reglas de acci´on pol´ıtica que sigui´o Pizarro y que estudiamos en los quince cap´ıtulos del texto, pero agrup´andolas dentro de cada una de las cuatro funciones. Por ejemplo, for-man parte de la funci´on de Adaptaci´on: la constancia (Cap´ıtulo I), la legiti-midad (Cap´ıtulo III), promover la confusi´on del adversario (Cap´ıtulo VIII), guardar elementos de negociaci´on (Cap´ıtulo XII), la evasi´on de responsabili-dades (Cap´ıtulo XV). Forman parte de la funci´on de B´usqueda de fines: tener objetivos claros para s´ı (Cap´ıtulo II), el estudio sistem´atico de la realidad f´ısica y psicol´ogica (Cap´ıtulo VII-IX) y la construcci´on de una legitimidad aut´onoma (Cap´ıtulo V). Pertenecen a la funci´on de Integraci´on el personalizar la legitimi-dad (Cap´ıtulo IV), impedir la uni´on de los otros (Cap´ıtulo XI). Y finalmente en el campo de la Motivaci´on se sit´uan: la regla de decidir y ejecutar los hechos fundamentales (Cap´ıtulo VI), y el mostrar paciencia (Cap´ıtulo XIII), etc´etera.
Hacer esto nos permite ordenar y sistematizar las reglas de acci´on y, a trav´es de estas, comprender los hechos y las intenciones de
Alan Garc´ıa Perez
Pizarro. De esta manera puede tenerse una imagen clara y objetiva del sis-tema de interacci´on entre los hechos y las reglas. De lo contrario el an´alisis se mantendr´ıa en un nivel emp´ırico de recolecci´on de hechos aislados, recogidos por su secuencia temporal pero sin entenderlos por la funci´on que cumplieron, ni por su interacci´on ni por el prop´osito que Pizarro les atribuy´o.
Pero el estudio de los sistemas permite incorporar otras ideas. Ludwig Von Bertalanffy, en su((Teor´ıa general de los sistemas)) in- trodujo un concepto muy importante, el isomorfismo, es decir, la propiedad de varios sistemas de presen-tar formas id´enticas o com- parables. Ese an´alisis abstracto permite compren-der que una c´elula biol´ogica, entendida como un sistema de partes organizadas, cumple, por ejemplo, las mismas funciones sist´emicas que una sociedad pol´ıti-ca. Por eso hemos distinguido antes que de un lado est´a el Sistema material geogr´afico y humano que Pizarro quer´ıa crear en su gobernaci´on y de otro lado est´a el Sistema psicol´ogico de acci´on, como conjunto de reglas, decisiones o mensajes que explican su conducta. Son dos sistemas paralelos. ¿Logr´o Pizarro una exacta correspondencia entre ambos sistemas, entre sus proyectos y su rea-lizaci´on? En gran parte s´ı, y creemos que ello fue producto de su extraordinaria capacidad pol´ıtica. Pero ¿donde aprendi´o a organizar adecuadamente su forma de acci´on?
Sistema de acci´on pol´ıtica y sistema de reglas de la baraja
es-pa ˜nola
Sobre este tema creemos ´util se˜nalar, aunque a primera vista pueda pare-cer una mera abstracci´on, que existe tambi´en un isomorfismo, una estructura comparable entre el sistema de acci´on l´udica, es decir, las reglas del juego o entretenimiento practicado por Pizarro y las reglas de su acci´on pol´ıtica. Am-bos son sistemas, conjuntos de normas y elementos. Ahora bien, el juego es una praxis o trabajo que, en apariencia no es productivo materialmente, pero que es instructivo, ejercita y ense˜na a formalizar el an´alisis. Y es posible que Pizarro, que fue analfabeto y sin ninguna cultura seg´un los testimonios. tuviera en la baraja espa˜nola, el tresillo y en juegos anteriores
Pizarro, el Rey de la Baraja
de los que fue gran practicante, unos instrumentos de aprendizaje del c´alcu-lo estrat´egico que despu´es aplic´o, consciente o inconscientemente, en su pr´acti-ca pol´ıtipr´acti-ca.
Pizarro no fue un ajedrecista tal cual lo fue Napole´on. Los cronistas men-cionan a otros conquistadores, como De Soto, que s´ı lo fueron y que, inclusive, habr´ıan ense˜nado las reglas del ajedrez a Atahualpa durante la prisi´on. Pero Pi-zarro dedicaba, seg´un los testigos, muchas horas al juego de naipes. Este, que es una suma de azar y c´alculo, ense˜na m´as sobre la decisi´on y la audacia que sobre las posiciones en las que adiestra el ajedrez. Las cartas se˜nalan una jerar-qu´ıa de oros, copas, espadas y bastos; es decir, legitimidad real, religi´on, fuerza y pueblo. Y adem´as, el azar en la distribuci´on inicial de las cartas coincide con el providencialismo; es decir, con el designio incomprensible de Dios como explicaci´on de la historia, que era lo aceptado por los actores en el momen-to de la conquista. Adicionalmente, sus reglas y posibilidades son promomen-torreglas pol´ıticas, por ejemplo el((penetro)) del cuarto jugador que no juega en el origen pero puede intervenir posteriormente, la((voltereta)) del que ((entra)) y decide tomar la primera carta del mazo y de esta manera determina cu´al es el nuevo palo al que se jugar´a. Tambi´en la estrategia del que se reserva, deja jugar al ((contrahombre)) y adopta el rol del ((mingo)) o tercero para saltarse el orden; o el((dar codillo)) al jugador inicial mostrando las ((cinco bazas)), el ((jugar m´as)) forzando la apuesta, el canje de los naipes, etc´etera. Todas estas reglas ejercidas cotidianamente sobre la mesa de juego, ¿acaso condicionaron isom´orf´ıcamen-te el sisisom´orf´ıcamen-tema de acci´on pol´ıtica del conquistador? Es muy probable. Pero en la acci´on pol´ıtica de Pizarro distinguiremos su sistem´atico trueque de personas y objetivos, acumulando siempre mayor valor, su afici´on a ocultar el juego de sus fines present´andolos confusamente, como en una((voltereta)). Adem´as su regla de participar ´el mismo en los hechos fundamentales para sustentar su le-gitimidad((partiendo siempre la baraja)) o en el actuar como el cuarto, que de ser un mero distribuidor de cartas pasa a ser el nuevo jugador en el((penetro)). Algo similar a esto hizo cuando, negociando con Almagro, Luque y la Corona termin´o alz´andose con la mesa de las Capitulaciones de Toledo y la ganancia. Estudiando las reglas del tresillo el lector ver´a c´omo, cuando Pedro
Alan Garc´ıa Perez
de Alvarado lleg´o sorpresivamente al Per´u dispuesto a dejar sin reino a Pizarro, este, que debi´o hacer el rol de((contrahombre)) respondiendo al juego, envi´o a Almagro y se reserv´o la respuesta, cumpliendo el papel del((mingo)) o tercero en jugar, con lo que finalmente gan´o las naves y los soldados de Alvarado. Y como esos hay muchos y sugestivos ejemplos adicionales.
En todo caso, Pizarro, que no fue un estudiante de Salamanca como Cort´es, ni un latinista como Sarmiento de Gamboa ni un docto en contabilidad como el tesorero Riquelme, tal vez obtuvo de su larga experiencia y de su afici´on a la baraja espa˜nola mucho de su paciencia, constancia, astucia, c´alculo pol´ıtico y decisi´on, caracter´ısticas todas que, articuladas en un sistema de acci´on pol´ıtica, le permitieron alcanzar, contra todo pron´ostico, los objetivos que logr´o. En este trabajo buscamos formalizar esas reglas del juego pol´ıtico. Ciertamente este es un an´alisis complicado porque para Pizarro cada uno de los otros actores pod´ıa ser un naipe, una mano o un contrincante, o todo ello a la vez.
As´ı pues, intentamos identificar las reglas de acci´on pol´ıtica con las que Pizarro acometi´o sus objetivos y presentarlas sistem´aticamente. Por eso este libro no es una novela ni una biograf´ıa. En estas, normalmente, los hechos se presentan en orden hist´orico para que el lector saque las conclusiones ´el mismo. Aqu´ı, por el contrario, agrupamos los hechos en tomo a cada una de las reglas de acci´on y de esa manera mostramos expl´ıcitamente su finalidad dentro de la estrategia integral. Por tal raz´on el lector encontrar´a una cierta repetici´on de episodios y conceptos en los diferentes cap´ıtulos y pedimos por ello anticipada disculpa. Eso obedece a que cada uno de los hechos cumple un prop´osito o una funci´on en una o en varias de las reglas de la estrategia pizarrista. Cada acci´on o hecho es polivalente, sirve para la adaptaci´on al medio y al mismo tiempo puede servir para cualquiera otra funci´on, sea esta la integraci´on o la motivaci´on.
Por eso, un mismo hecho se explicar´a en varios cap´ıtulos, pero para un fin distinto; por ejemplo, la liberaci´on de los yanaconas, que sirvi´o para crear una nueva ciudadan´ıa en el Capitulo V y como medida que aument´o las contradic-ciones andinas en el Cap´ıtulo VIII. Tambi´en la figura de Almagro al que se presentan proposiciones
Pizarro, el Rey de la Baraja
contradictorias (Cap´ıtulo II) y luego, en el estudio psicol´ogico que de ´el hizo Pizarro (Cap´ıtulo IX); adem´as a Hu´ascar, cuya vida fue un elemento de negociaci´on (Cap´ıtulo XII) y en las im´agenes confusas que recibi´o (Cap´ıtulo II); a Maisa Huilca, cuyos hechos se estudian al tratar la soberbia de Atahualpa (Cap´ıtulo IX) pero tambi´en al estudiar la paciencia de Pizarro (Cap´ıtulo XIII). Una advertencia final. No soy pizarrista. Dir´e que estoy lejos de serlo, pues no olvido que la conquista fue un proceso brutal ni creo que el fin justifique los medios. Aqu´ı me limito a estudiar si el actor tuvo o no la capacidad pa-ra organizar sus acciones y alcanzar sus objetivos. Y la tuvo porque no fue el analfabeto y b´arbaro elemental, ´avido de riqueza, que describe su leyenda negra, como s´ı lo fueron muchos de sus acompa˜nantes. Tampoco soy antipi-zarrista, porque ubico al personaje en su tiempo y en su mundo psicol´ogico. Como advert´ıa el filosofo Baruch Spinoza, el prop´osito es:((No re´ır, no llorar, sino comprender)). Evidentemente, cinco siglos despu´es la pol´ıtica exige ma-yor transparencia moral y democracia, pero no podemos medir a Pizarro con esos criterios actuales y menos aun en medio de su acci´on militar, juzgando desde ellos ahora sus t´ecnicas para alcanzar y mantener el poder. Y no per-damos de vista que, aun hoy, cinco siglos despu´es, los gobernantes, inclusive con prop´ositos loables como el desarrollo y la justicia, agitan pasiones, ocul-tan las malas noticias, emiten im´agenes calculadas, dosifican la oportunidad, unen sus fuerzas y dividen a los adversarios. Peor todav´ıa, otros gobernantes pasan la l´ınea del exceso o del crimen y usan las im´agenes para destruir a los adversarios, maniobran psicosocialmente o, m´as burdamente, abusan del poder para exterminar f´ısica o jur´ıdicamente a los rivales. A veces lo logran, pero s´olo por un tiempo, pues como demuestra la experiencia de Pizarro, casi todo puede hacerse con la pol´ıtica y sus buenas o malas artes, pero no el durar para siempre.
INTRODUCCI ´ON
Alan Garc´ıa Perez
Autonom´ıa y primac´ıa de la pol´ıtica
Un objetivo de este libro es comprobar el alto nivel de autonom´ıa de((la pol´ıtica)) y su importancia en los acontecimientos humanos, y hacerlo con el estudio de las ideas, los proyectos y las decisiones de Francisco Pizarro, con-quistador del Per´u. Seguimos la l´ınea te´orica que en los ´ultimos decenios ha ido afirmando, cada vez con m´as fuerza, la idea de que la acci´on pol´ıtica co-mo instinto de poder, voluntad de direcci´on o conflicto de grupos y ´elites, es independiente de los factores econ´omicos, religiosos o tecnol´ogicos.
Y es que, a lo largo de la historia de la filosof´ıa y de la sociolog´ıa se busc´o explicar los hechos pol´ıticos y los procesos sociales desde un punto de vista providencial, como ejecuci´on de la voluntad y de los prop´ositos di-vinos. Era la tesis de San Agust´ın y con ella se interpret´o la conquista por varios cronistas, como Sarmiento de Gamboa y Garcilaso de la Vega. Despu´es cobr´o enorme importancia la explicaci´on economicista de que la acumulaci´on de la riqueza econ´omica o de la propiedad de los medios de producci´on es lo que determina y explica el porqu´e de las decisiones pol´ıticas. Tal fue el aporte del marxismo. Pero esa tesis reductiva dejaba de lado factores b´asicos como la dimensi´on psicol´ogica, el af´an por el prestigio y el instinto por la direcci´on social, as´ı como la habilidad desplegada por el actor para tales objetivos. Por ello, en los ´ultimos a˜nos, la acci´on pol´ıtica y la ciencia del poder han comenza-do a ganar independencia respecto a otros factores y ya no son definidas como un efecto necesario, un epifen´omeno o, como peyorativamente se la llam´o, una ((superestructura)) de la econom´ıa.
La acci´on pol´ıtica como competencia, distribuci´on y ejercicio del poder para dirigir las sociedades y decidir en su nombre logrando la obediencia del conjunto social, ha ido cobrando cada vez mayor autonom´ıa. Esa es la tesis central de este libro. La tecnolog´ıa militar, la riqueza europea y el conocimien-to con valor econ´omico eran importantes en el siglo XVI, pero hubiera sido imposible cumplir la conquista solo con ellas o lo hubiera sido con un mayor costo humano y en un plazo mucho m´as largo. La toma del Per´u fue posible por la capacidad pol´ıtica de Pizarro, su acertada e inmediata identificaci´on del po-der existente en los grupos y personas, su capacidad para interpretar, planificar y anticipar sistem´aticamente los
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hechos y adem´as, por su astucia; valores pol´ıticos de tanto poder en la historia como la acumulaci´on de recursos econ´omicos y medios productivos o como el avance tecnol´ogico.
El lector responder´a que sin los caballos, la p´olvora y el hierro, Pizarro no habr´ıa logrado su objetivo. Es posible, pero tal cual demuestran otros fra-casados esfuerzos de conquista, como los de Pascual de Andagoya o Alonso de Ojeda, todos esos factores no fueron suficientes sin un verdadero hombre pol´ıtico actuando en la escena. En todo caso, eso tambi´en comprueba que la econom´ıa, la tecnolog´ıa y la capacidad pol´ıtica son valores equivalentes e in-dependientes y que ninguno es un simple reflejo de los otros.
Fue la extraordinaria capacidad de Pizarro para constituir una ´elite y dentro de ella un((n´ucleo duro)); su habilidad para mantener confundido al adversa-rio y para desplazar simb´olica y psicol´ogicamente sus responsabilidades sobre el oponente lo que le dio inmensa ventaja. Un lector economicista o marxista dir´a que la elite de la propiedad y de la riqueza es siempre la due˜na de las deci-siones, pero eso solo ser´a cierto si no existe en la escena un pol´ıtico profesional como Pizarro, Lenin o muchos otros en la historia y si otros factores como la cultura y la religi´on no tienen m´as fuerza que la econom´ıa en la situaci´on con-creta.
Ahora bien, es cierto que en las decisiones pol´ıticas existe siempre una gran tensi´on entre dos elementos: de un lado la toma de las decisiones o el dirigir los objetivos de la sociedad, que es la labor de un grupo o excepcionalmente de una persona y, del otro lado, la capacidad de presi´on y movilizaci´on que pertenece a todos, pues como Talcott Parsons se˜nal´o, el poder, como el dinero, es un me-dio circulante del que participan todos en mucha, mediana o peque˜na cantidad. As´ı, la tensi´on entre quien dirige y la voluntad generalizada de quienes tienen una cuota mayor o menor del poder es un tema fundamental de la ciencia de la pol´ıtica. Pizarro administr´o mejor que Atahualpa y que otros jefes ind´ıgenas o espa˜noles esa tensi´on gracias a las alianzas que logr´o o a la desuni´on que multiplic´o, y de all´ı su r´apido triunfo. Pero continuemos por ahora reivindican-do el rol creareivindican-dor de la pol´ıtica por s´ı misma. Doscientos a˜nos antes de Cristo un reh´en aqueo, prisionero en Roma, estudi´o y describi´o la autonom´ıa de la pol´ıtica y de las instituciones pol´ıticas para generar movimientos
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sociales independientemente de las condiciones econ´omicas. Fue Polibio quien, en los textos de su((Historia general)), explic´o c´omo cada una de las instituciones pol´ıticas tiene, por su propia organizaci´on o estructura, un proceso de vida y de autodestrucci´on que obliga a su desaparici´on y a su sustituci´on por una instituci´on distinta en una sucesi´on circular indetenible.
Polibio explic´o que, a la figura de un((rey filantr´opico)) que toma decisiones generosas y acertadas en nombre de toda la sociedad, sucede inevitablemente la imagen o presencia del((tirano)), como poder individual rodeado de intereses familiares y grupales que pervierte la figura del reinado. Ante esta situaci´on, un grupo esclarecido, selecto, a veces religioso, tal vez militar, pol´ıtico o inte-lectual, asume la responsabilidad de derrocar al tirano constituy´endose como una((aristocracia iluminada)) que gobierna en beneficio a todos. Pero el destino de esta instituci´on es convertirse en, o aparecer ante la sociedad como una oli-garqu´ıa de intereses particulares, sectoriales, lo que lleva, en consecuencia, a una insurrecci´on general de protesta, tras la cual nace la((rep´ublica democr´ati-ca)), que pretende ser expresi´on y decisi´on de todos en beneficio del conjunto social. Sin embargo, esta instituci´on por su pluralidad culmina en la anarqu´ıa, en la llamada((oclocracia)) o gobierno de la plebe y del desorden. En esta cir-cunstancia una nueva personalidad decidida e iluminada asume nuevamente el rol del monarca generoso y ordenador. Despu´es de esto, el ciclo recomienza. Seg´un Polibio, esta sucesi´on de instituciones explica muchos de los hechos y problemas pol´ıticos, independientemente de la propiedad de las tierras o de la acumulaci´on de la riqueza bancaria de las ciudades griegas y sociedades an-tiguas que ´el estudi´o. Y sus estudios hist´oricos comprueban que la pol´ıtica en s´ı misma, como inteligencia y capacidad de creaci´on de espacios de poder o co-mo la perversi´on de las instituciones por su propia estructura, es independiente de la econom´ıa y de los designios divinos.
Continuando esa perspectiva, Wilfredo Pareto, en su c´elebre ensayo((Rise and fall of the elites)) de 1901, formul´o en el siglo XX su novedosa teor´ıa de las ´elites. Seg´un Pareto, como las decisiones y la direcci´on no pueden tomar-las ni ejercertomar-las todos al mismo tiempo, deben ser algunos, unos pocos, los que asuman ese papel, constituyendo una ´elite que dirige la sociedad hasta ser desplazada por
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otra que va constituyendo su homogeneidad, con lo que se cumple su teor´ıa de la circulaci´on de las ´elites. La historia pol´ıtica resulta as´ı un cementerio de elites de acuerdo con Pareto, las ´elites no son necesariamente econ´omicas o de acumulaci´on de medios productivos, como el marxismo afirm´o en el siglo XIX, sino que puede tratarse tambi´en de ´elites religiosas, de ´elites intelectuales, de ´elites militares o de fuerza, que asumen la direcci´on de la sociedad para verse a su turno desplazadas por otras nuevas. Seg´un el autor, la pol´ıtica tiene como motor esencial el conflicto de las ´elites.
El lector economicista puede responder que la carest´ıa, el des- empleo, la necesidad de acumular o redistribuir es el tema fundamental. En algunos ca-sos lo es. Pero aqu´ı el tema es comprender por qu´e un grupo o una persona determinados toman la decisi´on y por qu´e son ellos y no otros los que por el momento act´uan en nombre de todos. Ese es el an´alisis pol´ıtico. Y no tiene como una respuesta f´acil la que el marxismo vulgar ofrece. Antonio Gramsci, el mayor intelectual marxista en la Italia de entreguerras, se preguntaba en la c´arcel por qu´e el cambio pol´ıtico al socialismo no se produc´ıa all´ı si las con-diciones econ´omicas, seg´un ´el, ya estaban dadas. Y debi´o concluir admitiendo que ello era producto de que la ´elite hab´ıa capturado la cultura, el mundo de la formaci´on y trasmisi´on de las ideas((org´anicas)) dentro del Bloque Hist´orico; en otras palabras, acept´o que el dominio del pensamiento, de las iniciativas, de la persuasi´on, es decir, la pol´ıtica, era tan o m´as importante que la acumulaci´on de la riqueza y de la producci´on.
Eso ya lo hab´ıa demostrado Lenin decenios antes, sin aceptarlo concep-tualmente, al adue˜narse del poder en Rusia con un peque˜no equipo pol´ıtico profesional, proporcionalmente mucho m´as peque˜no que el de Pizarro en el Tawantinsuyo. As´ı, quienes creen, en el caso del conquistador, que la fuerza militar fue lo fundamental, reducen la historia a un an´alisis muy simple y pre-vio a las inteligencias de Polibio, Pareto o Gramsci. Ni la realidad ni la historia tienen respuestas tan simples.
Finalmente y entre otros autores, mencionemos a Robert Dahl, quien desa-rrollando las ideas de Parsons formul´o su tesis de la((poliarqu´ıa)), seg´un la cual es verdad que el poder est´a distribuido desigualmente, pero de tal forma que todos participan de ´el. En su c´elebre texto((¿Qui´en gobierna?)), que estudia las decisiones admi
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nistrativas y pol´ıticas en Durham, New Hampshire, Dahl lleg´o a la con-clusi´on de que las decisiones nacen por la coincidencia de la opini´on y por la presi´on de muchos y en algunas ocasiones de casi todos. No hay una so-la ´elite; el poder es un continuo del que todos tienen algo, unos much´ısimo, otros menos, tal como ocurre con la posesi´on del dinero. Pero sumados los muchos pueden equilibrar o superar a quienes aparecen como todopoderosos. Pizarro lo com- prendi´o, como veremos, estudiando los cientos de curacazgos recientemente conquistados por la etnia inca frente a los que el poder de la ´elite cusque˜na manten´ıa un enorme espacio; comprendi´o que sin ayuda de la rueda y de la conducci´on animal, este poder era precario y mucho m´as si tal etnia estaba dividida por conflictos. Parte de su juego pol´ıtico fue impedir la uni´on de algunos o de casi todos esos componentes.
Los cuatro autores mencionados han rescatado la autonom´ıa de la pol´ıtica respecto a la econom´ıa y la riqueza, pero tambi´en respecto a la tecnolog´ıa y al providencialismo divino con los que se explic´o, por mucho tiempo, el movi-miento de las instituciones y de las decisiones pol´ıticas. Y a ellos podr´ıamos agregar a los propios autores economicistas o marxistas como el mismo En-gels, que al explicar, por ejemplo, el fen´omeno del bonapartismo o tipo de Estado que se pone por encima de las clases sociales, caen en el c´ırculo vicioso y la confusi´on. Es, pues, en esta l´ınea de an´alisis, que estudiaremos la estruc-tura pol´ıtica del pensamiento de Pizarro, la cual le permiti´o, con habilidad y facilidad sin precedentes, la conquista de un inmenso territorio, el mayor de todos los conocidos. Y para ello utilizaremos tambi´en algunos de los an´alisis formulados por Maquiavelo.
Nicol´as Maquiavelo (1460-1527) escribi´o, a inicios del siglo XVI, ((El Pr´ıncipe)), que en s´ıntesis es un estudio de los m´etodos, los objetivos y las leyes de la Ciencia del Poder, que el florentino defini´o como la t´ecnica de adquirir, conservar y ejercer el poder. Estudi´o las leyes de esa ciencia, separ´andolas de la voluntad divina o de la perspectiva moral y limit´andose, seg´un afirm´o, a estudiar la verit´a effettuale de la cosa, es decir, el an´alisis objetivo de las ac-ciones que permiten acrecentar y ejercer el poder sobre las sociedades. Pero Maquiavelo, al formular estas ideas, lo hizo tras estudiar la
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geograf´ıa y el tiempo pol´ıtico italianos, que parec´ıan reproducir la dispersi´on de las ciudades estado griegas y sus conflictos en los siglos previos a la era cristiana. Fue esa circunstancia la que le permiti´o, mejor que otras experiencias, analizar los movimientos, las competencias y las acciones que conducen al poder, sin convertirse en juez moral de esas acciones y limit´andose a considerar su efectividad.
Al comenzar el siglo XVI, Italia ten´ıa cinco estados; adem´as tres potencias europeas participaban de sus decisiones y exist´ıan tambi´en numerosas ciudades independientes las unas de las otras. En pocos a˜nos se hab´ıan sucedido cuatro papas: Alejandro, Sexto, P´ıo, Julio, Segundo y Le´on, todo lo cual signific´o un mundo de confusi´on, intriga y desorden. Era el reino de la iniciativa pol´ıtica. Para disciplinar tal confusi´on, Maquiavelo propuso la construcci´on de un Esta-do ´unico, una monarqu´ıa que subordinara a las oligarqu´ıas, a los caudillos y a las ciudades con el prop´osito de lograr mayor orden social y disminuir as´ı las guerras y la destrucci´on. Esa fue su motivaci´on((altruista)).
Entonces, lo que parece un conjunto de consejos despiadados y fr´ıos, llama-dos despu´es((maquiav´elicos)), tuvo como objetivo central construir un Estado Italiano, como ya hab´ıa ocurrido en esos a˜nos en Francia, con Francisco I, o como tambi´en ocurri´o con la unidad de Castilla y de Arag´on y la del Imperio Espa˜nol-Alem´an, dirigido por Carlos I de Alemania o Carlos V de Espa˜na. Pe-ro ese pPe-roceso demorar´ıa todav´ıa cuatPe-ro siglos en Italia. Maquiavelo pPe-ropuso la uni´on pol´ıtica, como lo hizo en Grecia Filipo II, padre de Alejandro el Magno, permitiendo con esa unificaci´on la expansi´on posterior del helenismo hacia el Asia Menor, Persia y la India.
En 1513, el posible a˜no de redacci´on de((El Pr´ıncipe)), Francisco Pizarro cumpl´ıa ya nueve a˜nos en el Nuevo Mundo, primero en La Espa˜nola (Rep´ublica Dominicana) y luego en Panam´a, donde particip´o en el descubrimiento del Oc´eano Pac´ıfico como lugarteniente de Vasco N´u˜nez de Balboa.
El big bang ideol´ogico del siglo XVI en la conquista
Ciertamente Pizarro, que fue analfabeto, no pudo leer a Maquiavelo, pe-ro actu´o como si lo hubiera hecho gracias a sus condiciones psicol´ogicas, su conocimiento de los seres humanos y su
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razonamiento pol´ıtico, tal como lo comprobaremos al estudiar las quince reglas orientadoras de su acci´on.
Pero hay algo m´as que no debemos olvidar. Cada uno de los espa˜noles descubridores y conquistadores, codiciosos y racistas o, en otros casos, fan´ati-camente religiosos e impregnados de ambici´on hist´orica, representaban, sin sa-berlo, uno de los momentos m´as importantes y estelares de la historia humana. Cada uno de ellos expresaba el big bang social y psicol´ogico del Renacimien-to. No solo fue el af´an por el oro y la ambici´on de dominio social. Fue mucho m´as. Que Pizarro era analfabeto es verdad, pero m´as del ochenta por ciento de la poblaci´on europea tambi´en lo era, por la simple raz´on de que la imprenta de Gutemberg solo hab´ıa comenzado su trabajo diez a˜nos antes del nacimien-to de Pizarro. Sin embargo, el mundo consciente e intuitivo de una sociedad o el de un personaje no puede reducirse a la graf´ıa. Eso es tan absurdo como afirmar que antes de la escritura no exist´ıan ni la filosof´ıa ni la creaci´on po´eti-ca. Adem´as, la cultura de la ´epoca era grupal, aldeana y con uno que en la hueste supiera leer ser´ıa suficiente y a ese escuchar´ıan los dem´as en tomo al fuego, en un campamento militar. As´ı, el libro y las informaciones le´ıdos por el alfabetizado eran intermediados oralmente para los dem´as.
Un actor social cumple un papel y expresa un significado mucho mayor que el de sus prop´ositos conscientes. De la misma manera, reducir la acci´on colectiva de la conquista a la codicia o a la ambici´on de cada actor es condenar el an´alisis hist´orico y social al individualismo((evennementiel)) m´as emp´ırico. He llamado big bang a la explosi´on inicial del Renacimiento que dio voluntad y sentido a cada actor y prest´o un significado a sus acciones gracias a m´ultiples contenidos:
1. Cop´emico y Galileo hab´ıan revolucionado la ciencia y la posici´on del hombre y la del propio Dios demostrando el giro de la tierra alrededor del sol;
2. Desde 1470 la aparici´on de la imprenta hab´ıa democratizado la cultura y las ideas, incluida la Biblia, abriendo paso a la libre interpretaci´on y lanzando la idea b´asica de la libertad y de la individualidad;
3. El Estado Nacional integraba la dispersi´on de los feudos, surgiendo co-mo nuevo actor hist´orico, y en Espa˜na la unificaci´on pol´ıtica se dio tras la reconquista de los territorios ´arabes con la ca´ıda del
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Reino de Granada en 1492;
4. Con ello, el viejo esp´ıritu de las Cruzadas y el af´an de recuperaci´on de los Santos Lugares como e1 prop´osito de lucha contra los infieles se fortalecieron otra vez;
5. La Reforma de Lutero inici´o desde 1517 el debate religioso en Europa, aunque fuera despu´es violentamente reprimida en Espa˜na;
6. El avance de las artes, la medicina, la mec´anica, del estudio del cuerpo humano y del conocimiento de la historia y la geograf´ıa constituyeron un arma psicol´ogica fundamental para los aventureros ante pueblos ajenos a todo ese avance;
7. El triunfo de Carlos V sobre Francisco I de Francia, en Pav´ıa en 1524, hab´ıa devuelto el aura de invencibilidad a los espa˜noles, y
8. Aunque ingresando al Renacimiento, los libros de caballer´ıas que enlo-quecieron al Quijote eran los m´as difundidos, entre ellos y como prin-cipal, el Amad´ıs de Gaula (Irving Albert Leonard.((Los libros del Con-quistador)). 1953). Pero la introducci´on de este y otros en Am´erica fue prohibida por la Corona desde 1500 para evitar el conflicto y el ´animo de aventura.
Todo esto formaba la((personalidad b´asica)) del conquistador promedio, usando el concepto de Abraham Kardiner. Por tanto, el conocimiento no estaba ya determinado y cerrado como en los siglos anteriores, tampoco lo estaban la riqueza y el poder. Siempre estar´ıan((m´as all´a)). Era la mentalidad de la causa y el efecto, la actitud de la explicaci´on natural y la investigaci´on, y ante los problemas, de la pregunta((qu´e hacer)), que encontr´o en el mundo ind´ıgena otra distinta, que Zvetan Todorov ha sintetizado en((c´omo saber)), interrogante que busca descifrar los signos sobrenaturales y aquello que est´a predeterminado.
Con ese impulso, el big bang, la conquista fue en gran parte un escenario mitol´ogico y quijotesco para los propios actores. Tal vez por eso Cervantes, que public´o((El Quijote)) ochenta a˜nos despu´es, pidi´o por dos veces a la Co-rona alg´un humilde empleo en el Per´u. Como el Renacimiento, la conquista fue una irrupci´on de individualidades con inmensa vitalidad. No se compren-de compren-de otra manera la presencia compren-de personajes como Pedro compren-de Alvarado, que prepar´o tras su presencia en el Per´u una expedici´on para conquistar China, ni la de Sarmiento de Gamboa, que propuso construir ciudades y cadenas para bloquear a los ingleses y franceses el Estrecho
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de Magallanes y termin´o conferenciando en persona y en lat´ın con Isabel de Inglaterra, o a De Soto, que march´o a La Florida y m´as all´a, hasta descu-brir el r´ıo Mississippi; o al casi desconocido portugu´es Aleixo Garc´ıa, que en 1524, con dos mil indios guaran´ıes, lleg´o por el sur y antes que nadie al Ta-wantinsuyo, a trav´es de la actual Bolivia. Esta recapitulaci´on es importante, pues en el estudio sobre Pizarro existen dos tendencias: la de los pizarristas te´oricos, como Porras Barrenechea o Del Busto, y la de los furiosos antipiza-rristas, que atacan moralmente la crueldad y los fundamentos de la conquista. Pero esa discusi´on solo reproduce las ya entabladas en muchos casos y sobre otros personajes. Ocurri´o as´ı en el ejemplo extremo de Hitler, cuyo m´as im-portante bi´ografo, Alan Bullock (((Hitler, A study in tiranny))), lo defini´o en su primera versi´on como un aventurero sin principios, impulsado solo por su af´an totalitario de poder, abusando de la exageraci´on para movilizar los instintos y pasiones. Pero a ´el respondi´o otro ingl´es, por tanto insospechable de simpat´ıa por Hitler, Hugh Trevor-Roper (((Hitler’s table talks)) y ((Hitler’s place in his-tory))) explicando que Hitler s´ı tuvo objetivos ideol´ogicos y convicciones y que sus acciones expresaban esas creencias y lo expuesto en((Mein Kampf)).
Esta ´ultima es la perspectiva m´as acertada, porque no existe en la sociedad un deseo de poder o dominio desnudo de inspiraci´on ideol´ogica o creencia, sea esta equivocada o no.
El actor pol´ıtico tiene siempre una convicci´on y normalmente esta va m´as all´a de su propia personalidad. Se pretende altruista, portador de un mensa-je general y puede serlo en el sentido racional, sinti´endose promotor de las condiciones econ´omicas y la reivindicaci´on del pueblo por la redistribuci´on econ´omica o tal vez el mensajero de la superioridad espiritual y racial. Pero el actor pol´ıtico afirmar´a siempre ante s´ı mismo su rol y su convicci´on, promo-viendo con su propia f´e la aceptaci´on posterior o el respaldo social que solo son posibles cuando el emisor o l´ıder est´a, a su turno, convencido. En el caso de los conquistadores la labor((expansiva)), ((misionera)) o ((civilizadora)) fue parte de su fuerza. Y Pizarro lo expres´o y sintetiz´o con capacidad pol´ıtica.
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Por todas estas razones, a comienzos del siglo XVI, los descubridores y conquistadores comprend´ıan que la acci´on sobre la realidad no es solo la mera aplicaci´on de normas tradicionales o de la aparente voluntad divina. Se sent´ıan creadores. Por tanto, para ellos, la decisi´on pol´ıtica, como ciencia o como t´ecni-ca del poder pas´o a cobrar un important´ısimo papel.
¿Por qu´e la pol´ıtica fue el arma fundamental?
El objeto de este libro es demostrar que el hecho asombroso por el que 168 hombres pudieron superponerse a la etnia cusque˜na, integrada por cien mil personas que, a su turno, dominaba a ocho o diez millones de habitantes en el actual Per´u, no puede explicarse solamente por factores tecnol´ogicos, como la p´olvora o el hierro que los ind´ıgenas no conocieron ni utilizaron como me-tal. No puede tampoco explicarse por el uso de los caballos o por la escritura que permite una comunicaci´on compleja, ni por el conocimiento hist´orico del mundo que los europeos trajeron adem´as de sus descubrimientos cient´ıficos, astron´omicos y anat´omicos. Por otra parte, el limitado alcance y escasa pre-cisi´on del primitivo arcabuz, anterior al mosquete que solo llegar´ıa al Per´u en 1548, al final de la guerra civil, descarta que tuviera una decisiva influencia, salvo por el gran estruendo, explosi´on o illapa inicial.
Todos esos factores fueron importantes, pero esencialmente mec´anicos. En ning´un caso explican por qu´e 106 soldados de infanter´ıa y 62 de caballer´ıa, llegados en tres carabelas en diciembre de 1530, pudieran abrirse camino tan f´acilmente en un inmenso territorio, totalmente desconocido, y que, despu´es de unos meses y apenas en una hora, resultaran la ´elite dominante total. Sin la inspiraci´on y el planeamiento pol´ıtico las fuerzas mec´anicas son inertes.
Recordemos que solo en la zona norte, recorrida por Pizarro desde enero de 1531 hasta el 16 de noviembre de 1532, viv´ıan m´as de un mill´on de varones adultos en capacidad de portar armas, y que a lo largo de las quince jomadas de camino hasta el Cusco, pod´ıa vivir otro mill´on de adultos capaz de participar activamente en la lucha contra los espa˜noles. Cuando Atahualpa, seg´un los cronistas, inform´o a Pizarro sobre la ubicaci´on del Cusco y de Pachacamac, le se˜nal´o que unos chasquis o mensajeros de relevo pod´ıan llegar en
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cinco d´ıas desde Cajamarca hasta el Cusco y que si fuera el mismo grupo o la misma persona los que hicieran ese camino, les bastar´ıan quince jomadas. T´ecnicamente esto significa que ´en quince d´ıas apenas los pobladores del valle del Cusco y del sur hubieran podido marchar sobre Cajamarca. La pregunta sigue entonces vigente: ¿Qu´e permiti´o a Pizarro el dominio total del territorio y en tan poco tiempo? El caballo como instrumento de guerra, y como animal desconocido y asombroso fue muy importante, Chocano dixit, pero aqu´ı pudo ser contrarrestado en las zonas de la cordillera, en las que, por no existir llanu-ras, no era posible desplegar su enorme fuerza de tanque militar de la ´epoca. El cronista Alonso Enr´ıquez de Guzm´an dice en su((Libro de la vida y costum-bres de don Alonso Enr´ıquez de Guzm´an)): ((Tienen gran temor a los caballos pero tienen una gran defensa en la sierra)), en la que ((las galgas o ((derrumbes provocados)) impiden su acci´on. Y eso fue comprobado por las tropas de Ti-tu Yupanqui, que, cuatro a˜nos m´as tarde, exterminaron mediante las galgas, en los pasos de la cordillera, cuatro expediciones enviadas desde Lima con m´as de doscientos cincuenta espa˜noles, en ocasi´on del sitio del Cusco. En las monta˜nas, cabe agregar, la eficacia de la p´olvora y del ca˜n´on tambi´en se ve dis-minuida. Y como menciona el mismo Enr´ıquez, la honda((es poco menos que un arcabuz)), siendo ((capaz de partir una espada a treinta pasos de distancia)). Francisco L´opez de Gomara explica adem´as que((Rumi˜nahui hacia huecos en la tierra contra los caballos)) y Pedro Pizarro describe c´omo los canales del r´ıo Patacancha, afluente del Yucay en el Cusco, fueron abiertos para inundar el campo y hacer imposible el movimiento de los caballos durante el asedio de Ollantaytambo en 1536.
Entonces, si la sierra, la sorpresa y las piedras ten´ıan tal eficacia, ¿C´omo ascendi´o la cordillera sin contratiempos el grupo de Pizarro? Lo hizo, como veremos, gracias a las informaciones o((publicidad)) que emit´ıa Pizarro hacia Atahualpa y tambi´en a la ayuda de los grupos ind´ıgenas aliados, que le impi-dieron caer en tales emboscadas. Despu´es de la acci´on decisiva de Cajamarca fue m´as simple el avance de Pizarro sobre todo el territorio del actual Per´u, pues hab´ıa tomado lo que Karl Deutch denomina((los nervios del Poder)) o lo que en su((T´ecnica del golpe de estado)) Curzio Malaparte destaca
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como el aporte de Trotsky: hab´ıa capturado los medios de comu- nicaci´on (tre-nes, tel´egrafos, radios) y el comando central, que en este caso eran la persona f´ısica de Atahualpa, como el origen y meta de toda las decisiones e informa-ci´on. En toda organizaci´on milenarista y vertical, la captura del jefe paraliza y descompone lo que parec´ıa muy organizado. Pizarro fue consciente de ello, entre otras cosas, y esa es la respuesta a la pregunta. Y el arma principal fue su enorme habilidad pol´ıtica, muy superior en nuestro concepto a la que Hern´an Cort´es despleg´o en la conquista de M´exico, para la que, adem´as, cont´o con la directa colaboraci´on del emperador Moctezuma quien, a diferencia del caso peruano, ejerc´ıa a la vez el papel de emperador y el de Sumo Sacerdote.
Pero esa capacidad pol´ıtica se construy´o sobre la constancia, que es el ele-mento central de la personalidad de Pizarro, quien durante diecisiete a˜nos per-sever´o en el objetivo de construir para s´ı mismo un reino o gobernaci´on. En segundo lugar, se apoy´o en su gran destreza para el estudio de la realidad y de las caracter´ısticas psicol´ogicas de cada uno de los actores pol´ıticos ind´ıgenas aliados o enemigos, y espa˜noles, presentes en el Per´u o en Centroam´erica y en Espa˜na. Una capacidad que, en el caso de Hitler, tal como sus bi´ografos testi-monian, fue la gran intuici´on del((poder posible)), que cada uno de los actores de una situaci´on tiene material o potencialmente.
En tercer lugar, su estrategia pol´ıtica se sustent´o en la capacidad de acumu-lar las contradicciones existentes para fortalecerse, debilitando a los otros y en su sistem´atica destreza para sustituir personas e intercambiar objetivos acumu-lando siempre m´as fuerza y superando rivales gracias a ese trueque de metas, de igual manera que en el tresillo actuaba con el trueque de naipes. Otros lo intentaron sin ´exito. Y si el lector se asombra al conocer la capacidad t´actica y manipulatoria de Pizarro, debe saber que esa conducta fue compartida por los pretendientes al trono y por cientos de caciques prestos a aliarse con uno u otro de aquellos, o con los espa˜noles contra los dos. Tomemos el ejemplo de Paullu Inca, hijo de Huayna C´apac, quien combati´o la rebeli´on de su hermano Manco Inca en el bando pizarrista, y pretendi´o despu´es ser coronado por Almagro a la vuelta de Chile y en la batalla de Las Salinas lo traicion´o atacando desde la retaguardia a sus tropas. Vuelto al campo de los Pizarro, los abandon´o tambi´en en la batalla de Jaquijaguana ante La Gasea. Y
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fue, seg´un los espa˜noles, un indio sin el cual no se hubiera logrado la conquista. La estrategia de Pizarro expres´o en ese momento una suma de las normas de((Los trece mandamientos del arte de la guerra)), de Sun Tzu, con las del arte de la pol´ıtica de((El Pr´ıncipe)), de Maquiavelo. Su sistema de acci´on pol´ıti-ca parte, como en el modelo chino, del an´alisis situacional, contin´ua por la formulaci´on y ejecuci´on de estrategias y se cierra con un permanente control estrat´egico. Due˜no de esa capacidad integral, dej´o actuar a los((t´acticos)), co-mo De Soto, Alvarado o Hernando Pizarro en las batallas y reserv´o para s´ı la estrategia de la guerra como un conflicto entre dos sociedades. Por eso, en los t´erminos modernos de J.C. Wylie (((Military strategy: A general theory of po-wer control)), 1967), supo escoger el lugar y el timing de la guerra para orientar en su favor el centro de gravedad de esta. La pol´ıtica y los pol´ıticos de menor nivel aplican casi siempre el concepto mec´anico de la((suma cero)); es decir, que en un escenario definido lo que pierde uno lo gana el otro. Sin embargo, la estrategia de la guerra pizarrista rompi´o esa l´ogica y logr´o que casi todos sin-tieran que ganaban algo en los primeros dos a˜nos: los huascaristas, los orejones cuzque˜nos, los caciques autonomistas, los ca˜naris del Ecuador, los siervos li-berados, los espa˜noles enriquecidos, los sacerdotes, los nobles del Consejo de Indias... Su estrategia a˜nadi´o un quantum, un plus acorde al big bang renacen-tista que hemos descrito. Tal fue la magia de((la pol´ıtica)) que ´el desarroll´o.
La invasi´on bacteriana
Sin embargo, no debemos olvidar que Pizarro tuvo como ayuda previa y concurrente una primera vanguardia, aun antes de su llegada. Fue la conquista bacteriana del Per´u y del Nuevo Mundo por la viruela, la peste bub´onica, la fiebre amarilla, el c´olera, el sarampi´on y la tisis, enfermedades desconocidas para la defensa biol´ogica de los naturales de Am´erica. Antes de la presencia de Pizarro en Tumbes, hacia 1526, cobraron como primeras v´ıctimas al pro-pio Huayna C´apac y al sucesor designado, Ninan Cuyuchi, antes de asumir el trono, quienes murieron como consecuencia de la viruela, seg´un
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los cronistas.
Esta vanguardia bacteriana, como lo hicieron la peste negra y la bub´onica en la Europa de la Edad Media, diezm´o a los habitantes y origin´o trastornos econ´omicos y pol´ıticos porque, al disminuir la poblaci´on, decreci´o la produc-ci´on de alimentos y el n´umero de per- sonas reclutables para las fuerzas milita-res del Inca y de los cacicazgos. Adem´as, tan importante como la enfermedad misma debi´o ser su interpretaci´on cosmol´ogica por los naturales, pues se pre-sent´o como el fin de un ciclo c´osmico o como un castigo por el conflicto y por las guerras din´asticas de los cuzque˜nos, disminuyendo as´ı tambi´en la in-fluencia de la etnia inca. Y a esa interpretaci´on debi´o sumarse la consideraci´on de los espa˜noles como seres religiosos e invencibles, a los que no afectaban esas terribles enfermedades, enviados para sancionar y restituir el equilibrio. Este es uno de los temas no pol´ıticos que sirvieron para debilitar las defensas psicol´ogicas y pol´ıticas de la poblaci´on cuya subordinaci´on buscaban.
Aqu´ı cobra importancia la enorme diferencia semi´otica que Todorov ha es-tudiado entre la pregunta((¿Qu´e hacer?)) de los europeos frente a la interrogante ((¿C´omo saber?)) de los ind´ıgenas, buscando los signos de lo inevitable en las profec´ıas y en la historia c´ıclica (Tzvetan Todorov,((La conquista de Am´erica. El problema del otro)), Siglo XXI, 1987).
Adem´as, Pizarro cont´o con ind´ıgenas aliados a los que, con ha- bilidad pol´ıtica, supo ganar, articular y subordinar.
Fueron cientos de miles y pudo as´ı unir a todo el Per´u contra Atahualpa, a quien present´o como un invasor y lo hizo responsable de la muerte de Hu´ascar. Lo cierto es que estos cientos de curacas y cientos de miles de ind´ıgenas le sirvieron de fuerza de combate, personal de carga y, lo que es m´as importante, gu´ıa en los caminos y advertencia ante las acciones que desde las quebradas y alturas podr´ıan acometer los ind´ıgenas atahualpistas.
Como en el caso de Cort´es y sus alianzas, con el reino de Tlaxcala primero y luego con los totonacas, fueron los caciques y se˜nores aliados a Pizarro los que contribuyeron decisivamente a la victoria, aunque las cr´onicas espa˜nolas sean mezquinas en reconocer esa importancia por la simple raz´on de que la mayor´ıa de esos relatos
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se hicieron para obtener favores o por encargo y deb´ıan destacar sobremanera las acciones de los conquistadores.
Por el momento, limit´emonos a decir que la superioridad tecnol´ogica, la conquista bacteriana y los conflictos ind´ıgenas fueron para Pizarro tres instru-mentos fundamentales, pero los tres con menor trascendencia que su gran habi-lidad pol´ıtica, la cual buscaremos explicar a trav´es de las reglas y la estructura de su acci´on. Al aplicarlas, Pizarro pudo concentrar en ´el toda la direcci´on y la decisi´on ante la Corona y la ´elite militar espa˜nola, sobre los cacicazgos aliados e inclusive sobre sus adversarios ind´ıgenas.
Car´acter y personalidad de Pizarro
Antes de estudiar cada una de las normas y reglas pol´ıticas de Pizarro, de-bemos analizar los elementos de su personalidad para comprender c´omo estos lo predispusieron a la b´usqueda y el ejercicio del poder por s´ı mismo, inde-pendientemente de la acumulaci´on de riqueza, algo que aun no entienden los fracasados en la pol´ıtica o el poder y que compensan usando la pol´ıtica pa-ra medpa-rar recursos y frivolidad. Pizarro epa-ra un hombre pol´ıtico con una gpa-ran vocaci´on de poder, que ejerci´o de manera estrat´egica y calculada.
Para comprenderlo seguimos a los cronistas y sus documentos, pero es-pecialmente los de sus secretarios, a trav´es de los cuales habla y escribe el pol´ıtico analfabeto. El m´as importante para ello es Francisco de Jerez, quien fue escogido desde 1524, como menciona Porras Barrenechea, para((hacer la relaci´on verdadera acerca de lo que pasare)). Luego, Pedro Sancho de la Hoz, que sustituy´o al anterior en 1533 y 1534. Tambi´en Pedro Pizarro, el primo ado-lescente que reclut´o en Extremadura en 1529, y el inmenso testimonio de Pedro Cieza de Le´on, detallado y latinista, quien, tal vez, fue el que m´as lo compren-di´o como pol´ıtico por sus propias ambiciones, las que lo llevar´ıan, despu´es, a proponer el bloqueo del Estrecho de Magallanes y guardar India y China, o el comercio con ellas, en beneficio de Espa˜na.
Si hay una caracter´ıstica en la que, sin precisarlo, coinciden casi todos los escritos, cr´onicas y estudios sobre Pizarro es la de su aus- teridad personal. Pizarro que, seg´un el cronista Gonzalo Fern´andez de Oviedo era((lento y espa-cioso e al parecer de buena intenci´on
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pero de corta conversaci´on y valiente con su persona)) era tambi´en, a diferencia de Cort´es, su hermano Hernando, Rodrigo Org´o˜nez y otros, muy austero en el vestir y en el comer, como el propio L´opez de Gomara, cronista adversario, reconoce:((Solo holgaba traer los zapatos blancos y el sombrero blanco porque as´ı lo tra´ıa el Gran Capit´an)). Nada de eso lo distra´ıa. Pedro Pizarro (89 v.) refiere que((ten´ıa por costumbre cuando algo le ped´ıan decir siempre de no. Esto dec´ıa el que hac´ıa para no faltar a su palabra y no obstante que dec´ıa no, correspond´ıa con hacer lo que le ped´ıan no habiendo inconveniente para ello)) y a˜nade malvadamente:((Diego de Almagro era todo lo con- trario, que a todos dec´ıa que s´ı y con pocos cumpl´ıa)) (90 v.).
A diferencia de otros conquistadores, Pizarro busc´o el prestigio de la direc-ci´on y de la decisi´on en un nuevo escenario construido por ´el y para s´ı mismo. Sus acompa˜nantes, carentes de esa voluntad pol´ıtica de dominio y gloria, perse-gu´ıan esencialmente la acumulaci´on de oro y muchos volvieron a Espa˜na enri-quecidos. Enr´ıquez de Guzm´an lo dir´ıa descaradamente al volver a la pen´ınsu-la:((Mi ida a las Yndias fue con fm y prop´osito de haber de los b´arbaros, frutos indios, lo que de los naturales faltos de todo saber no he alcanzado)).
Pero ese no fue el objetivo de Pizarro, que entreg´o la mayor parte de lo ha-bido y ganado en oro al prop´osito de conservar y acrecentar su poder pol´ıtico, cien mil pesos en la compra de las naves y tropa de Pedro de Alvarado, tres-cientos mil pesos con los que pag´o la ayuda de Nicaragua, Guatemala, M´exico y Panam´a durante el sitio de Lima e inclusive, envi´o a Juan de f´ıes a Pa-nam´a a traer los recursos que all´ı ten´ıa, como lo expuso Hernando Pizarro en Toledo (Stirling, p 141). Como su propio enemigo L´opez de Gomara anota: ((Procuraba mucho por la hacienda del Rey)), sabiendo que era la fuente de su legitimidad. No busc´o su ennoblecimiento en la sociedad espa˜nola a la que hab´ıa decidido no volver, como s´ı lo busc´o Cort´es que, abandonando a su mu-jer mexicana, la c´elebre Malinche, Do˜na Marina, cas´o con la hija del Conde de Aguilar y sobrina de unos de los m´as importantes nobles de Espa˜na, el Duque de B´ejar, o como so˜n´o Almagro, vincularse a la nobleza casando a su bastardo con la hija de un noble.
Tampoco fue la posesi´on de las mujeres algo que sedujera a Pizarro. Entre 1504 y 1532 no se le conoce en Nombre de Dios, en Panam´a, en La Espa˜nola o en el Dari´en ninguna relaci´on sexual o
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rom´antica con mujer espa˜nola o ind´ıgena, ni se ha hecho el hallazgo de un hijo. Pizarro se limit´o a recibir de manos del propio Atahualpa una hermana del Inca, sin arrebat´arsela.
Fue Cusi Quispe, llamada cristianamente Do˜na In´es. Con ella tuvo como hija a Do˜na Francisca Pizarro, bautizada y reconocida, que result´o a la vez que hija suya, nieta de Huayna C´apac y por tanto heredera de las dos legitimidades. Do˜na In´es fue sustituida m´as adelante por Do˜na Angelina. As´ı no cay´o en una de las razones por las cuales se llega al odio de los adversarios y que es, seg´un Maquiavelo, arrebatarles a sus mujeres. Estos rasgos de austeridad comprueban la voluntad de Pizarro por el poder en s´ı mismo y no como instrumento de riqueza o mero recurso sexual.
Tal car´acter debi´o provenir de su nacimiento en Trujillo, la vieja Turga-lium de los romanos, distribuida en tres zonas excluyentes en 1475, cuando fue concebido en una criada del Monasterio de Coria por el viejo y tercer´on don Gonzalo Pizarro,((el Largo)). Aunque los estudiosos pizarristas, como Jos´e de la Riva Ag¨uero, pretenden que fue criado en el solar de su abuelo paterno, los testimonios de su probanza de m´eritos de 1529 y los historiadores modernos descartan tal versi´on. Francisco, como bastardo, busc´o reivindicarse de ese es-tigma construyendo un nuevo escenario en el cual reinar. Y como veremos m´as adelante, esa condici´on de bastardo dedicado a labores menores de pastoreo, junto a la situaci´on de su madre, lo determinaron a tomar importantes decisio-nes pol´ıticas y sociales.
Su ciencia militar
Seg´un su bi´ografo Jos´e Antonio del Busto y su propia declaraci´on pro-batoria de m´eritos para lograr ser caballero de la Orden de Santiago, Pizarro particip´o en las guerras de Italia entre Espa˜na y Francia bajo la direcci´on del Gran Capit´an Gonzalo Fern´andez de C´ordoba, un paradigma para todos los hombres de guerra espa˜noles. All´ı habr´ıa aprendido las t´ecnicas militares. Es preciso, por ello, rese˜nar brevemente la personalidad de Fern´andez de C´ordoba y la reforma militar que ejecut´o cuando Pizarro, Carbajal, Alvarado, Org´o˜nez, Enr´ıquez y otros m´as actuaron en Italia bajo sus ´ordenes, antes de 1505, por-que el ejemplo y el ´exito del Gran Capit´an, por-que lleg´o a ser virrey de N´apoles, sirvieron de ejemplo a todos ellos, incluso, como hemos se˜nalado, de modelo en el vestir.
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La primera experiencia de Fern´andez de C´ordoba, en la que estuvo Pizarro, lo llev´o a Italia en 1495, en defensa del rey de N´apoles, Don Fadrique, an-te las prean-tensiones de Carlos VIII de Francia. La segunda guerra, en ocasi´on del reparto de N´apoles entre Femando II de Arag´on y Luis XII de Francia, concluy´o en un enfrentamiento entre los dos pa´ıses, pero en ambas obtuvo re-sonantes victorias, como la de Ceri˜nola
Y lo m´as trascendente fue que, al propio tiempo, constituy´o un ej´ercito moderno mediante sus dos sucesivas reformas militares. Cre´o el concepto de la Divisi´on con dos coronel´ıas, cuya estructura permiti´o en adelante el mando directo e inmediato del general y dio, en ella, un rol esencial a la infanter´ıa por su capacidad de maniobra, desdobl´andola en piqueros y soldados de armas cor-tas, muy ´utiles para herir en el vientre. De ello se aprovechar´ıa Pizarro cuando, al frente de veinticuatro soldados de a pie,((haci´endole calle, avanz´o entre cua-tro o cinco mil nativos)) hasta las andas de Atahualpa, atac´o a los cientos de cargadores en los brazos y en el vientre.
Por la disposici´on de sus tropas, a una escala muy limitada por el n´umero, se reconstituy´o en Cajamarca la reforma del Gran Capit´an en la proporci´on de arcabuceros, piqueros, armas cortas y caballer´ıa. Pizarro, que fue siempre un hombre de infanter´ıa, en parte por su humilde origen, en tanto que Hernando, el hijo leg´ıtimo, era capit´an de caballer´ıa, aplic´o el((escalonamiento en profun-didad)) de Fern´andez de C´ordoba, con su disposici´on de tropas en la plaza ce-rrada de Cajamarca. En ella actu´o primero la infanter´ıa, luego los dos ca˜nones o((falconetes))de Cand´ıa, despu´es la carga de tres secciones de caballer´ıa y fi-nalmente la infanter´ıa otra vez, cerrando las salidas. Esta fue la ciencia militar de su tiempo que condujo, en 1534, a la constituci´on del((tercio espa˜nol)), el gran aporte de organizaci´on b´elica del Imperio de Carlos V, como lo fueron la falange griega o la legi´on romana. Pero recordemos otra vez que, en la con-quista, toda esa ciencia poco podr´ıa haber significado sin el escenario general construido y preparado por las decisiones pol´ıticas de Pizarro.
Antes de sus expediciones al Per´u, Pizarro fue minero, due˜no de la enco-mienda de la isla de Taboga, cazador de esclavos ind´ıgenas en las tierras de Veragua y de la actual Nicaragua, trabando desde all´ı alianzas pol´ıticas que le permitieron llegar al Per´u con una abundante dotaci´on de indios guatemalas y nicaraguas. Fueron cientos de estos y luego miles los que le servir´ıan como una base firme para su legitimidad