01 La Historia de El Señor de Los Anillos El Retorno de La Sombra (Tolkien)

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En este primer volumen de la Historia de El Señor de los Anillos, Christopher Tolkien describe, citando notas y borradores, la intrincada evolución de La Comunidad del Anillo, y la gradual emergencia de las concepciones que transformaron lo que iba a ser un libro mucho más corto: una secuela de El hobbit. El anillo mágico de Bilbo crece, hasta convertirse en el peligroso y poderoso Anillo del Señor Oscuro, y en un asombroso e inesperado salto narrativo, un jinete Negro, entra cabalgando en la Comarca. La identidad del supuesto hobbit llamado Trotter (más tarde Trancos o Aragorn) es en un principio un misterio insoluble, hasta que al fin, muy lentamente, Tolkien descubre que tiene que ser un hombre. Muchas de las figuras mayores del libro aparecen con otros nombres y extrañas características: un siniestro Bárbol, aliado del Enemigo, un feroz y malévolo granjero Maggot. La historia concluye en el punto en que J. R. R. Tolkien abandona el relato durante largo tiempo, cuando la Compañía del Anillo, en la que todavía faltan Legolas y Gimli, se encuentra ante la tumba de Balin, en las Minas de Moria.

Este volumen valió a Christopher Tolkien en 1989 el Mythopoeic Scholarship Award en su subcategoría de estudios sobre los Inklings.

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J. R. R. Tolkien El retorno de la Sombra

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NOTA DEL EDITOR DIG ITAL

El texto im preso que ha servido de base para la elaboración de la presente edición digital presenta una estructura com plej a que, en ciertos aspectos, dificulta su adaptación al form ato digital. En los párrafos siguientes se expone el criterio que se ha seguido en lo relativo a la edición, así com o las diferencias que el lector se va a encontrar en relación al libro im preso.

Referencias perdidas: Los cuatro ej em plares que conform an La historia de El Señor de los Anillos están repletos de referencias al m aterial publicado en los prim eros cinco volúm enes de La historia de la Tierra Media. Por m otivos editoriales, en la edición en español no se hace referencia por página a estos volúm enes, siendo en ocasiones la m ención vaga e im precisa. En esta edición digital se subsana la carencia gracias a la inform ación obtenida de un artículo publicado por el Departam ento de Traducción Irreverente de la Universidad Autónom a de Núm enor. Para m ay or detalle, se rem ite al lector al epígrafe que se incluy e al final del libro, donde se reproduce el texto introductorio de dicho escrito; puede consultarse el artículo com pleto en la página web del Departam ento (http://www.uan.nu/dti/erroreshsa.htm l#api).

Paginación: Existen m últiples referencias a páginas de este libro y de otros libros de la Historia de la Tierra Media, tanto en el texto com o en el Índice final. Para aj ustar esta edición digital a la paginación del libro en papel y poder así localizar fácilm ente la página de referencia se ha optado por señalar el com ienzo de cada página m ediante su núm ero entre corchetes y en color gris. Si existe un punto y aparte, la m arca está a veces situada al final del párrafo de la página anterior para evitar incluirlo en el com ienzo de línea.

Esto perm ite m antener el Índice final, con im portante inform ación sobre los nom bres utilizados y sus variantes, m ientras otras ediciones digitales sim plem ente suprim en los Índices de nom bres.

Tamaño de fuente: En las secciones donde se alternan textos originales con textos de Christopher, según criterio de este últim o su aportación « aparece en letra m ás pequeña y se puede distinguir con facilidad» . Se ha m antenido así en esta

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edición. En las secciones Comentario o aquéllas en donde hay exclusivam ente texto de Christopher en letra pequeña, se ha m odificado a tam año norm al. Las Notas correlativas (notas de Christopher y notas con com entarios del m ism o al texto) se encuentran en el original con num eración correlativa por secciones al final de las m ism as y com enzando cada una en 1. Se ha sustituido por num eración continuada al final del libro. Las referencias a un núm ero de nota dentro del texto, se han corregido a la num eración m odificada.

Las Notas no correlativas (num eración con referencia a versos de poem as) se encuentran igualm ente al final de la sección y se han m antenido com o en el original.

Inglés Antiguo o léxico élfico: Tolkien utiliza caracteres especiales en algunas palabras. Por com patibilidad con los lectores que no los reconocen se ha incorporado una fuente incrustada que sim ula dichos caracteres. Esta fuente es sim ilar a Tim es New Rom an, por lo que se recom ienda usar una fuente serif en el lector para evitar diferencias entre letras.

Texto de tamaño fijo: Utilizado en pies/cabeceras de im agen y tablas de versos para evitar que al aum entar el tam año de letra del lector el texto salte de página, se corte o se salga de pantalla.

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J. R. R. TOLKIEN La historia de El Señor de los Anillos

El retorno de la Sombra

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Edición de Christopher Tolkien

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TENG WARS DE PORTADA

Texto inglés

In the Return of the Shadow are traced the first form s of the story of the Lord of the Rings; herein the j ourney of the hobbit he bore the Great Ring, at first nam ed Bingo but afterwards Frodo, is followed from Hobbiton in the Shire through the Old Forest to Weathertop and Rivendell, and ends in this volum e before the Tom b of Balin, the Dwarf-lord of Moria

Texto español

En el Retorno de la Som bra se detallan las prim eras form as de la historia del Señor

de los Anillos; en este docum ento el viaj e del hobbit que portaba el Gran Anillo, prim ero

llam ado Bingo pero luego Frodo, prosigue desde Hobbiton en la

Com arca a través del Bosque Viej o a la Cim a de los Vientos y Rivendel y term ina

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NOTA DEL EDITOR

El presente volum en, El Retorno de la Sombra, fue escrito y publicado originalm ente com o parte integral de « La Historia de la Tierra Media» . Los cuatro volúm enes de esta historia dedicados a El Señor de los Anillos serán publicados en castellano, con autorización de Christopher Tolkien, com o una obra independiente dividida en cuatro partes: El Retorno de la Sombra, La Traición de Isengard, La Guerra del Anillo y El fin de la Tercera Edad.

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A RAYNER UNWIN

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De J. R. R. Tolkien a W. H.

Auden

carta del 7 de junio de 1955

En el cam ino encontré m uchas cosas que m e asom braron. Ya conocía a Tom Bom badil; pero nunca había estado en Bree. Me im presionó ver a Trancos sentado en un rincón de la posada y no sabía m ás que Frodo acerca de él. Las Minas de Moria habían sido nada m ás que un nom bre; y m is oídos m ortales j am ás habían escuchado hablar de Lothlórien antes de llegar allí. Sabía que los Señores de los Caballos estaban m uy lej os, en los confines de un antiguo Reino de los Hom bres, pero el Bosque de Fangorn fue una aventura im prevista. Nunca había oído hablar de la Casa de Eorl ni de los Senescales de Gondor. Lo m ás inquietante de todo es que nunca se m e había revelado la existencia de Sarum an, y m e sentí tan desconcertado com o Frodo cuando Gandalf no apareció el 22 de setiem bre.

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INTRODUCCIÓN [11]

Com o se sabe, J. R. R. Tolkien vendió los m anuscritos y los textos m ecanografiados de El Señor de los Anillos a Marquette University (Milwaukee) pocos años después de su publicación, j unto con los de El hobbit y Egidio, el granjero de Ham, y tam bién de El Señor Bliss. Transcurrió un largo tiem po entre el envío de estos últim os docum entos, que llegaron a Marquette en j ulio de 1957, y el envío de El Señor de los Anillos, que no llegó sino al año siguiente. Esto se debió a que m i padre había decidido clasificar, com entar y fechar los variados m anuscritos de El Señor de los Anillos, pero en ese entonces le resultó im posible hacer el trabaj o que eso exigía. Es evidente que nunca lo hizo, y finalm ente envió los docum entos tal cual estaban; se indicó que cuando llegaron a Marquette « no estaban en orden» . Si los hubiese ordenado, se habría dado cuenta entonces de que, aunque era volum inosa, la colección de m anuscritos estaba incom pleta.

Siete años m ás tarde, en 1965, cuando trabaj aba en la revisión de El Señor de los Anillos, le escribió al director de Bibliotecas de Marquette, preguntándole si tenían alguna cronología y una lista de los acontecim ientos narrados, porque nunca había hecho « un catálogo o un inventario com pleto de los docum entos que se le enviaron» . En esa carta le explicaba que la transferencia se había hecho cuando parte de sus papeles estaban en su casa de Headington (Oxford) y otra parte en sus habitaciones de Merton College; y tam bién le decía que había descubierto que aún tenía « ciertos escritos [que] deberían estar en su poder» : cuando term inara de revisar El Señor de los Anillos se iba a ocupar de ese asunto. Pero no lo hizo.

Recibí esos papeles después de su m uerte, ocho años m ás tarde; pero aunque Hum phrey Carpenter se refiere a ellos en Una biografía (1977) y cita algunas notas hechas en un com ienzo, no les presté atención por m uchos años, por estar absorto en la larga tarea de determ inar la evolución de las narraciones de los Días Antiguos, las ley endas de Beleriand y Valinor. No fue sino poco tiem po antes de la publicación del volum en III de « La historia de la Tierra Media» cuando m e di cuenta de que la « Historia» bien podría incluir una relación de la escritura de El Señor de los Anillos. Sin em bargo, durante los últim os tres años m e

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he dedicado por tem poradas a descifrar y analizar los m anuscritos de El Señor de los Anillos que están en m i poder (tarea que aún [12] dista m ucho de llegar a su fin). En este proceso ha quedado en evidencia que los docum entos que quedaron rezagados en 1958 corresponden sobre todo a las prim eras etapas de escritura, aunque en algunos casos (y especialm ente en el prim er capítulo, que fue reescrito m uchas veces) las sucesivas versiones que se encuentran entre los papeles llevan la narración hasta un punto bastante avanzado. Pero, en general, sólo se trata de notas y borradores iniciales, con esbozos del desarrollo posterior de la historia, que quedaron en Inglaterra cuando se envió la m ay or parte de los docum entos a Marquette.

Por supuesto, no sé por qué m otivo no se enviaron a Marquette estos m anuscritos en particular; pero creo que es bastante fácil explicarlo en térm inos generales. Por ser extraordinariam ente prolífico, m i padre (que en 1963, cuando sufría de una dolencia en el brazo derecho, le escribió a Stanley Unwin: « la im posibilidad de utilizar la plum a y el lápiz m e resulta tan frustrante com o le resultaría la pérdida del pico a una gallina» ) revisaba constantem ente, reaprovechaba, com enzaba de nuevo, pero nunca tiraba nada de lo que había escrito, de m odo que sus papeles eran de una com plej idad inextricable, y estaban desorganizados y dispersos. Al parecer, es poco probable que cuando se realizó el envío a Marquette hubiese tenido gran interés en los prim eros borradores o recordara claram ente en qué consistían, puesto que en algunos casos habían sido sustituidos y superados hasta veinte años antes; y no cabe duda de que habían sido dej ados a un lado, olvidados y enterrados hacía m ucho tiem po.

De cualquier m odo, no cabe duda de que estos m anuscritos dispersos deberían reagruparse, y que toda la colección debería estar en un solo lugar. Esa debe de haber sido la intención de m i padre cuando los vendió; y, por lo tanto, los m anuscritos que están actualm ente en m i poder serán entregados a Marquette University.

La m ay or parte del m aterial citado o descrito en este libro se encuentra en los papeles que quedaron rezagados; pero la tercera parte del libro (llam ada « Tercera etapa» ) representó un difícil problem a, porque en ese caso los m anuscritos estaban divididos. La m ay or parte de los capítulos correspondientes a esa « etapa» de escritura se enviaron a Marquette en 1958, pero no ocurrió lo m ism o con extensos fragm entos de varios de ellos. Esos fragm entos quedaron separados porque m i padre los había descartado y había utilizado lo que restaba com o elem entos constitutivos de nuevas versiones. Habría sido absolutam ente im posible interpretar esta parte de la historia sin la colaboración ilim itada de Marquette, y de hecho recibí m ucha ay uda. En particular, el señor Taum Santoski se ha dedicado con gran habilidad y atención a una com plej a operación, en la que a lo largo de m uchos m eses hem os intercam biado copias com entadas de los textos; y, [13] gracias a eso, ha sido posible determ inar la historia textual y

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reconstruir los m anuscritos originales que m i m ism o padre desm em bró hace casi m edio siglo. Quiero dej ar constancia de su generosa asistencia con satisfacción y profundo agradecim iento, com o tam bién de la asistencia prestada por el señor Charles B. Elston, encargado de los archivos de la Mem orial Library de Marquette, por el señor John D. Rateliff y por la señorita Tracy Muench.

Este intento de presentar una relación de las prim eras etapas de escritura de El Señor de los Anillos se ha visto dificultada por otros problem as, adem ás del hecho de que los m anuscritos estén tan dispersos; se trata especialm ente de problem as de interpretación del orden en que fueron escritos los textos, pero tam bién de presentación de los resultados en un libro im preso.

En pocas palabras, la escritura consistió en una serie de « oleadas» o (com o las he llam ado en este libro) « etapas» . El prim er capítulo fue reconstituido tres veces antes que los hobbits se m archaran de Hobbiton, pero a continuación la historia llegó hasta Rivendel antes de que se agotara el im pulso. Mi padre em pezó otra vez desde el com ienzo (« segunda etapa» ), y luego una vez m ás (« tercera etapa» ); y, a m edida que iban apareciendo nuevos elem entos narrativos y nuevos nom bres y relaciones entre los personaj es, los iba incorporando a borradores anteriores, en distintas oportunidades. Se elim inaron algunos fragm entos del texto y se utilizaron en otras partes. Se incorporaron versiones alternativas en un m ism o m anuscrito, de m odo que la historia perm ite varias lecturas de acuerdo con las instrucciones dadas. Es m uy difícil determ inar con absoluta precisión la secuencia de todos estos cam bios extraordinariam ente com plej os. La fecha o las dos fechas anotadas por m i padre sólo ofrecen una ay uda m uy lim itada, y las referencias a la evolución de la obra que se encuentran en sus cartas son poco claras y no es fácil interpretarlas. Las variaciones en la caligrafía pueden ser m uy engañosas. Por lo tanto, para desvelar la historia de la com posición hay que basarse en gran m edida en las claves que ofrece la evolución de los nom bres y los m otivos en la narración; pero en tal caso es m uy fácil equivocarse por una interpretación errónea de las fechas relativas de las adiciones y las alteraciones. A lo largo de todo el libro se encuentran ej em plos de estos problem as. No supongo ni por un solo m om ento que hay a conseguido desvelar la historia correctam ente en todos sus puntos; en realidad, hay varios casos en que las evidencias parecen ser contradictorias y no puedo ofrecer ninguna solución. Los m anuscritos son de tal naturaleza que probablem ente siem pre adm itirán diversas interpretaciones. Pero, después de m ucho experim entar con distintas teorías, tengo la im presión [14] de que la secuencia de com posición que propongo es la que m ej or se aj usta a las evidencias disponibles.

En m uchos casos, los prim eros esbozos de la tram a y borradores de la narración son apenas legibles, y se vuelven m ucho m ás com plej os a m edida que

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se avanza. Aprovechando cualquier pedazo de papel de pésim a calidad que tenía a m ano en los años de la guerra —escribiendo a veces no sólo en el dorso de exám enes sino tam bién sobre los m ism os exám enes—, m i padre anotaba elípticam ente sus ideas sobre la continuación del relato y sus prim eras ideas sobre la narración, a gran velocidad. En los rápidos borradores y esquem as, que no pretendía que perduraran m ucho m ás allá del m om ento en que volviera a ocuparse de ellos y les diera una form a m ás m anej able, las letras son tan poco definidas que, cuando es im posible deducir o adivinar una palabra en base al contexto o a versiones posteriores, pueden seguir siendo perfectam ente ilegibles después de un largo exam en; y si, com o solía hacer m i padre escribió con un lápiz blando, gran parte del texto es borroso e indistinto. Hay que tener en cuenta esto en todo m om ento: los prim eros borradores fueron escritos de prisa, tan pronto com o iban surgiendo las prim eras palabras y antes de que la idea se desvaneciera, en tanto que el texto im preso (con la excepción de algunos puntos y signos de interrogación en el caso de térm inos ilegibles) transm ite inevitablem ente una im agen de calm a y de m etódica com posición, de redacción sopesada e intencional.

En cuanto a la form a en que se presenta el m aterial en este libro, lo que plantea el problem a de m ás difícil solución es el desarrollo del relato a través de sucesivos borradores, que varían constantem ente pero que siem pre se basan en gran m edida en los textos precedentes. En el caso extrem o del prim er capítulo, « Una reunión m uy esperada» , en este libro se analizan seis textos principales y diversos com ienzos descartados. La presentación de todo el m aterial que corresponde a este capítulo alcanzaría prácticam ente para todo un libro, sin considerar num erosas repeticiones y cuasi repeticiones. Por otra parte, no es fácil reconstruir la secuencia de una serie de textos reducidos a extractos y citas breves (cuando las versiones posteriores son m uy diferentes de las precedentes), y la descripción m inuciosa del desarrollo tam bién es bastante larga. En realidad, no se puede dar una solución satisfactoria a este problem a. El com pilador debe asum ir la responsabilidad de seleccionar y destacar los elem entos que considera m ás im portantes y significativos. En general, en cada capítulo presento la prim era narración en su totalidad, o gran parte de ella, com o base con la que se puede relacionar la evolución posterior. La organización del m aterial com pilado depende del trato dado a los m anuscritos: [15] cuando se presenta todo el texto o gran parte de él, se recurre en gran m edida a notas num eradas (que pueden ser un elem ento im portante de la presentación de un texto com plej o), pero cuando no se incluy en notas el capítulo es m ás bien un análisis acom pañado de citas.

Mi padre dedicó inm ensos esfuerzos a la creación de El Señor de los Anillos, y he intentado que esta crónica de sus prim eros años de trabaj o en el libro sea un reflej o de esos esfuerzos. La prim era parte de la historia, antes de que el Anillo

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salga de Rivendel, fue sin duda la m ás difícil de escribir (lo que explica la extensión de este libro en com paración con todo el relato); y se han descrito las dudas, las indecisiones, el m aterial descartado, las reestructuraciones y los intentos fallidos. El resultado es necesariam ente de una extrem a com plej idad; pero si bien se podría volver a relatar la historia m ucho m ás breve y resum idam ente, estoy seguro de que la om isión de detalles que plantean dificultades o la sim plificación excesiva de los problem as y las explicaciones le haría perder a este estudio su interés esencial.

Me he propuesto describir la escritura de El Señor de los Anillos, dar a conocer el sutil proceso de cam bios que podía m odificar la im portancia de los incidentes y las características de las personas y, a la vez, conservar las escenas y los diálogos incluidos en los prim eros borradores. Por tal m otivo, por ej em plo, analizo en detalle la historia de los dos hobbits que finalm ente se convirtieron en Peregrin Tuk y Fredegar Bolger, pero sólo después de las m ás extraordinarias perm utaciones y fusiones de nom bres, caracteres y papeles; por otra parte, he evitado todo análisis que no se relacione directam ente con la evolución de la narración.

En cuanto a la naturaleza del libro, supongo que el lector está fam iliarizado con La Comunidad del Anillo y, por supuesto, a lo largo de todo el texto se hacen com paraciones con la obra publicada. Los núm eros de las páginas de La Comunidad del Anillo (CA) corresponden a los tres tom os encuadernados en tela de El Señor de los Anillos (SA) publicados en inglés por George Allen & Unwin (actualm ente Unwin Hy m an) y la Houghton Mifflin Com pany —el últim o de los cuales ha sido publicado tanto en Inglaterra com o en Estados Unidos— y en castellano por Ediciones Minotauro.

En la « prim era etapa» de escritura, en la que la historia avanza hasta la llegada a Rivendel, la m ay oría de los capítulos no tenían título y posteriorm ente se introduj eron m uchos cam bios en la división del relato en capítulos, y se m odificaron los títulos y la num eración. Por lo tanto, para evitar toda confusión, m e ha parecido preferible dar a m uchos de m is capítulos sim ples títulos descriptivos que se refieren al contenido —por ej em plo, « De Hobbiton al Boscaj e Cerrado» —, en lugar [16] de relacionarlos con los títulos de los capítulos de La Comunidad del Anillo. Para el título del libro m e pareció adecuado utilizar uno de los que m i padre había pensado darle al prim er volum en de El Señor de los Anillos, pero que luego descartó. En una carta a Ray ner Unwin escrita el 8 de agosto de 1953 (Cartas, n.º 139), proponía El Retorno de la Sombra.

En este libro no se presenta ninguna descripción de la historia de la escritura de El hobbit hasta la publicación de la prim era edición en 1937, pero, debido a su relación con El Señor de los Anillos, se hacen constantes referencias a la obra

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publicada. Esa relación es curiosa y com plej a. Mi padre expresó su opinión al respecto en varias oportunidades, pero m ás en detalle y (a m i j uicio) con m ás precisión en la larga carta que le escribió a Christopher Bretherton en j ulio de 1964 (Cartas, n.º 257).

Regresé a Oxford en enero de 1926, y cuando se publicó El hobbit (1937) esta « historia de los Días Antiguos» y a había adquirido una form a coherente. No había intención de que El hobbit tuviera ninguna relación con ella. Cuando m is hij os aún eran pequeños tenía la costum bre de inventar y de contarles, a veces de escribir, « cuentos infantiles» para divertirlos… El hobbit debía ser uno de ellos. No tenía necesariam ente ninguna conexión con la « m itología» , pero com o es natural se vio atraído por esa creación dom inante de m i m ente, lo que hizo que el cuento fuera adquiriendo m ay ores dim ensiones y volviéndose m ás heroico a m edida que avanzaba. Aun así podía m antenerse bastante independiente, con excepción de las referencias (innecesarias, aunque dan una im presión de profundidad histórica) a la Caída de Gondolin, las ram as del Pariente de los Elfos y la disputa entre el Rey Thingol, el padre de Lúthien, con los Enanos. …

El anillo m ágico era el único elem ento de El hobbit que evidentem ente podía relacionarse con m i m itología. Para convertirse en el tem a de un extenso relato tenía que ser extrem adam ente im portante. Lo vinculé entonces con la referencia (originalm ente) bastante casual al Nigrom ante, cuy o papel consistía en poco m ás que en darle un m otivo a Gandalf para m archarse y dej ar a Bilbo y a los Enanos librados a su propia suerte, lo cual era necesario para el cuento. De El hobbit se derivan tam bién los Enanos, Durin —su prim er antepasado—, y Moria; y Elrond. El pasaj e del capítulo iii en el que se lo relaciona con los Medio Elfos de la m itología fue producto de un afortunado azar, debido a la dificultad de estar inventando constantem ente nom bres adecuados para los [17] nuevos personaj es. Lo llam é Elrond por casualidad, pero por ser un nom bre que provenía de m i m itología (Elros y Elrond, los dos hij os de Eärendel) lo convertí en m edio elfo. Sólo en El Señor se lo identifica com o el hij o de Eärendel, y por lo tanto biznieto de Lúthien y Beren, un personaj e poderoso y Portador de un Anillo.

La opinión que tenía m i padre de El hobbit cuando fue publicado — especialm ente en relación con « El Silm arillion» — se reflej a con claridad en la carta que le escribió a G. E. Selby el 14 de diciem bre de 1937:

No le doy toda m i aprobación a El hobbit, puesto que prefiero m i propia m itología (a la que apenas se alude) con su nom enclatura coherente — Elrond, Gondolin y Esgaroth han quedado fuera— y su historia organizada a

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esta plebe de enanos con nom bres provenientes de los Edda tom ados del Völuspá, hobbits y gollum s recién inventados (en un rato de ocio) y runas anglosaj onas.

La im portancia de El hobbit en la historia de la evolución de la Tierra Media consiste entonces, en esta época, en el hecho de que fue publicado, y en la exigencia de escribir una continuación. Com o consecuencia, debido a las características que fue adquiriendo El Señor de los Anillos a lo largo de su evolución, El hobbit se vio arrastrado a la Tierra Media… y la transform ó; pero, tal com o se presentaba en 1937, no form aba parte de ella. Su im portancia en relación con la Tierra Media no se m anifestó entonces, sino en su influencia posterior.

Más adelante, El Señor de los Anillos influy ó en El hobbit, tanto en el texto publicado com o (en m ucha m ay or m edida) en las revisiones inéditas del texto; pero en el punto hasta donde llega esta Historia todo eso se encuentra en un futuro distante.

En los m anuscritos de El Señor de los Anillos hay m arcadas incoherencias, por ej em plo en cuanto al uso de m ay úsculas y de guiones, y a la separación de los elem entos en nom bres com puestos. En m i presentación de los textos no he im puesto ninguna unificación en este sentido, aunque en m is análisis em pleo form as coherentes.

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I

UNA REUNIÓN MUY ESPERADA

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(i) Primera versión

Se ha conservado el punto de partida original de El Señor de los Anillos —su « origen» , com o com entaría m i padre m ás adelante en una nota escrita de prisa en el texto—: un m anuscrito de cinco páginas titulado « Una reunión m uy esperada» . A m i j uicio, m i padre debe de haberse referido a ese texto (y no a un segundo borrador, incom pleto, que escribió poco después) cuando el 19 de diciem bre de 1937 le escribió a Charles Furth, de Allen & Unwin: « He escrito el prim er capítulo de una nueva historia acerca de los Hobbits: “Una reunión m uy esperada”» . Sólo tres días antes le había escrito a Stanley Unwin:

Creo que es evidente que es necesaria una continuación o un sucesor de El Hobbit… Prom eto conceder al asunto m editación y atención. Pero estoy seguro de que m e com prenderá cuando digo que la construcción de una m itología elaborada y coherente (y de dos lenguas) es m ás bien lo que ocupa m i m ente, y que llevo a los Silm arils en el corazón. De m odo que Dios sabe qué ocurrirá. El señor Bolsón em pezó com o un cuento cóm ico entre los enanos convencionales e incoherentes de los cuentos de hadas de Grim m , y no tardó en atravesar la valla de sus lím ites, de m odo que aun Sauron el terrible atisbo por encim a de ella. ¿Qué m ás pueden hacer los hobbits? Pueden ser cóm icos, pero su com edia es suburbana a no ser que se la sitúe en un m edio m ás elem ental.

Basándonos en esto, parece indudable que el 16 de diciem bre m i padre no sólo no había em pezado a escribir, sino que probablem ente ni siquiera había pensado en el tem a de « un nuevo relato sobre los Hobbits» . Poco antes le había entregado a Allen & Unwin el m anuscrito de la tercera versión de El Silmarillion; no estaba acabado y seguía m uy absorto en él. En la posdata de esa carta dirigida a Stanley Unwin reconocía que en realidad había vuelto a ocuparse de El Silmarillion (y de

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otras cosas) ese m ism o día. Sin em bargo, precisam ente entonces debe de haber em pezado a escribir el nuevo relato.

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Prim era página original de El Señor de los Anillos [23]

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Al com enzar a escribir anotó en letras grandes « Cuando M» , pero se detuvo antes de term inar la letra M y, en lugar de eso, escribió « Cuando Bilbo…» . El texto com ienza con letra m uy clara, pero la escritura se va haciendo cada vez m ás rápida y hacia el final se convierte en veloces garabatos no siem pre legibles. Se introduj eron m uchos cam bios en el m anuscrito. El texto presentado a continuación representa lo que a m i parecer fue la versión original, reconociendo que es difícil distinguir perfectam ente lo que es « original» de lo que no lo es. Se puede observar que algunos cam bios fueron hechos m ientras se iba escribiendo, y éstos se incluy en en el texto; pero otros cam bios son m eros anticipos de la siguiente versión, y no se los incluy e. En todo caso, es m uy probable que m i padre hay a escrito las distintas versiones del prim er capítulo en rápida secuencia. Al final del texto (pág. 29) se presentan las notas sobre esta versión.

Una reunión muy esperada[1]

Cuando Bilbo, hij o de Bungo de la fam ilia de los Bolsón, [había celebrado >] se disponía a celebrar su septuagésim o cum pleaños, durante uno o dos días hubo algunos com entarios en el vecindario. En otra época había gozado de cierta efím era fam a entre las gentes de Hobbiton y Delagua: había desaparecido después del desay uno un 30 de abril y no había reaparecido hasta el alm uerzo del 22 de j unio del año siguiente. Un incidente m uy extraño del que nunca había dado una buena explicación, y sobre el cual había escrito un absurdo relato. Después de eso volvió a com portarse norm alm ente; y la confianza debilitada del distrito renació poco a poco, especialm ente porque por un m otivo inexplicable Bilbo parecía gozar de una situación m ás que acom odada, o francam ente acaudalada. En verdad no fue la efím era fam a sino la m agnificencia de la fiesta lo que provocó los prim eros rum ores; después de todo, ese otro extraño asunto había pasado unos veinte años atrás y estaba em pezando a ser am ablem ente olvidado. La m agnificencia de los preparativos para la fiesta, debería decir. El prado que se extendía al sur de la puerta principal de su casa se iba cubriendo con pabellones. Se enviaban invitaciones a todos los Bolsón y todos los Tuk (parientes de su m adre), y a los Cavada (con los que tenía sólo un rem oto parentesco); [24] y a los Madriguera, los Boffin, los Redondo y los Ganapié, ninguno de los cuales estaba em parentado en absoluto por lo que recordaban los historiadores de la región: algunos de ellos vivían en el otro lado de la com arca; pero, claro está, todos eran hobbits. No se olvidó ni siquiera a los Sacovilla-Bolsón, prim os suy os por parte de su padre. Com o algunos de vosotros posiblem ente recordaréis, entre ellos y el señor Bilbo Bolsón se había producido cierta enem istad. Pero tan luj osa era la tarj eta de invitación, toda escrita en letras de oro, que se vieron obligados a aceptar; adem ás, su prim o se había ido especializando en la buena cocina durante

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largo tiem po, y su m esa era m uy apreciada incluso en esa época y en ese país, cuando la com ida aún era lo que debía ser y tan abundante que todos podían ej ercitarse en ella.

Todos esperaban un banquete agradable, aunque tem ían el discurso del anfitrión después de la cena. Bilbo era aficionado a insertar fragm entos de algo que él llam aba poesía e incluso, después de un vaso o dos, aludía a las aventuras absurdas que decía haber vivido m ucho tiem po antes durante su ridícula desaparición. El banquete fue muy agradable: un verdadero placer, en realidad. La adquisición de provisiones en toda la com arca durante la sem ana siguiente fue casi nula, cosa sin im portancia, pues el señor Bilbo había agotado las reservas de todas las tiendas, bodegas y alm acenes a m uchas m illas a la redonda. Luego vino el discurso. La m ay oría de los hobbits congregados allí se encontraban de un hum or apacible, y sus tem ores habían desaparecido. Estaban preparados para escuchar cualquier cosa, y aplaudir en todas las pausas. Pero no estaban preparados para una sorpresa. Aunque quedaron sorprendidos, absolutam ente sorprendidos, de una m anera nunca vista; algunos incluso se indigestaron.

—Mi querido pueblo —com enzó a decir el señor Bolsón. —¡Atención, atención! —gritaron todos a coro.

—Mis queridos Bolsón —siguió diciendo, subiéndose a su silla, de m odo que la luz de las linternas que ilum inaban el enorm e pabellón se reflej ó en los botones de oro de su chaleco bordado que todos alcanzaban a ver—. Y m is queridos Tuk, y Cavada, y Redondo, y Madriguera, y Boffin, y Ganapié.[2]

—¡Ganapiés! —gritó un viej o hobbit desde el fondo. Por supuesto, [25] se llam aba Ganapié, y tenía el nom bre que m erecía; los pies, que había puesto sobre la m esa, eran grandes y excepcionalm ente velludos.

—Tam bién m is queridos Sacovilla-Bolsón, a quienes doy por fin la bienvenida a Bolsón Cerrado —siguió diciendo Bilbo—. Hoy es m i septuagésim o cum pleaños.

—¡Hurra! ¡Hurra! ¡Por m uchos años! —gritaron. Ése era el tipo de discurso que a ellos les gustaba oír: corto, obvio, nada polém ico.

—Deseo que lo estén pasando tan bien com o y o.

Se oy eron aplausos ensordecedores, gritos de Sí (y No), y ruidos de trom petas y silbatos. Había m uchos niños hobbits, porque los hobbits eran indulgentes con sus hij os, especialm ente cuando había la posibilidad de conseguir una com ida gratis. Había cientos de petardos m usicales. Casi todos tenían un rótulo que decía « Hecho en el Valle» . Sólo Bilbo y uno que otro de sus sobrinos Tuk sabían qué significaba eso; pero eran petardos m aravillosos.

—Los he reunido a todos —continuó Bilbo cuando se hubo extinguido el últim o aplauso, y algo en el tono de su voz hizo que algunos Tuk alzaran las orej as —, en prim er lugar, para decirles lo m ucho que los quiero y lo breves que son setenta años entre hobbits tan m aravillosos y encantadores.

(27)

—¡Atención, atención!

—No conozco a la m itad de ustedes ni la m itad de lo que querría, y a m enos de la m itad la conozco la m itad de lo que ustedes m erecen. —No hubo vítores, sólo algunos aplausos; la m ay oría se quedó tratando de descifrar lo que había oído—. En segundo lugar, para celebrar m i cum pleaños, y los veinte años transcurridos desde m i regreso. —Se oy eron inquietos susurros—. Finalm ente, ¡para hacer un anuncio! —Dij o esto últim o en voz m uy alta y todos los que pudieron se incorporaron—. ¡Adiós! Me voy después de la cena. Voy a casarm e. Se sentó. Se produj o un im presionante silencio que sólo rom pió el señor Ganapié al darle un puntapié a la m esa; la señora Ganapié se atragantó en la m itad de una bebida.

Y eso es todo. El único propósito de esto es explicar que Bilbo Bolsón se casó y tuvo m uchos hij os, porque os contaré una [26] historia sobre uno de sus descendientes, y si sólo habéis leído sus m em orias hasta la época de la visita de Balin —por lo m enos diez años antes de esta fiesta de cum pleaños—, es posible que os hay áis asom brado.[3]

Lo que ocurrió es que Bilbo Bolsón desapareció en silencio y sin que nadie lo advirtiera —tenía el anillo en la m ano incluso m ientras pronunciaba el discurso —, en m edio de un confuso estallido de voces que siguió al consternado silencio. Nunca se lo volvió a ver en Hobbiton. Cuando llegaron los carruaj es en busca de los invitados no había nadie de quien despedirse. Los carruaj es fueron desapareciendo, uno aunó, cargados con hobbits hartos pero curiosam ente insatisfechos. Llegaron los j ardineros (que habían sido llam ados) y se llevaron en carretillas a quienes habían quedado rezagados. Cay ó la noche y fue avanzando. Salió el sol. Llegó gente a despej ar los pabellones y quitar las m esas y las sillas y las linternas y las m acetas de árboles en flor, y cucharas y cuchillos y platos y tenedores, y m igaj as, y los alim entos no consum idos, que eran m uy pocos. Muchas m ás gentes llegaron tam bién. Los Bolsón y los Sacovilla-Bolsón y los Tuk, y otros que tenían aún m enos que hacer allí. A m edia m añana (cuando hasta los m ás com ilones estaban levantados) había en Bolsón Cerrado una gran m ultitud, no invitada, pero no inesperada. Junto a la am plia puerta principal colocaron un letrero pintado en un gran cartel blanco: entrad. Se abrió la puerta. Cada uno de los obj etos que había en la casa tenía una etiqueta. « Para Mungo Tuk, con el cariño de Bilbo» ; « Para Sem olina Bolsón, con el cariño de su sobrino» , en una canasta de papeles: ella le había escrito m uchas cartas (la m ay oría con buenos consej os). « Para Caram ella Tuk, con cariñosos recuerdos de su tío» , en un reloj que había en el vestíbulo. Aunque im puntual, había sentido sim patía por esa sobrina, hasta que un día ella llegó tarde a la m erienda, diciendo que el reloj de Bilbo estaba adelantado. Los reloj es de Bilbo no se atrasaban ni se adelantaban j am ás, y él no lo olvidaba. « Para Obo Tuk-Tuk, de su sobrino

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nieto» , en una cam a de plum as; Obo rara vez se despertaba antes del m ediodía o de la m erienda, y roncaba. « Para Gorboduc Cavada, con los m ej ores deseos de B. Bolsón» , en una plum a de oro; Gorboduc nunca contestaba las cartas. « Para uso de Angélica» , en un espej o; era una j oven Bolsón que [27] se creía m uy bien parecida.[4] « Para Inigo Cavada-Tuk» , en una caj a con un j uego com pleto de cubiertos; Inigo era el m ás codicioso de todos los hobbits conocidos. « Para Am alda Sacovilla-Bolsón, como regalo» , en una caj a de cucharas de plata. Am alda era la esposa del prim o de Bilbo al que había descubierto años atrás, a su regreso, m idiendo su com edor (recordaréis sus sospechas sobre las cucharas que desaparecían; de todos m odos, ni él ni Am alda lo habían olvidado).[5]

Evidentem ente había m il y un obj etos en la casa de Bilbo, y todos tenían una etiqueta, la m ay oría de ellas con alguna agudeza (que pasó al olvido al cabo de un tiem po). Se regalaron todos los m uebles de la casa, pero no se encontró ni una sola m oneda, ni un solo anillo de bronce. Am alda fue la única Sacovilla-Bolsón que recibió un obsequio con etiqueta; pero en el vestíbulo había una nota en la que decía que el señor Bilbo Bolsón cedía la valiosa propiedad o aguj ero habitable conocido com o Bolsón Cerrado Baj o la Montaña, j unto con todas las tierras que le pertenecían o que le habían sido anexadas, a Sago Sacovilla-Bolsón y su esposa Am alda para su custodia, posesión, ocupación o para los fines que dispusieran, com o desearan y a discreción, a partir del próxim o 22 de septiem bre. Entonces era el día 21 de septiem bre (el cum pleaños de Bilbo había sido el 20 de ese plácido m es). De m odo que los Sacovilla-Bolsón se fueron a vivir a Bolsón Cerrado después de todo, aunque habían tenido que esperar alrededor de veinte años para hacerlo. Y tuvieron tam bién m uchos problem as para deshacerse de todos los obj etos con etiquetas: éstas se rom pieron y m ezclaron, y algunos intentaron hacer trueques en el vestíbulo y otros trataron de huir con obj etos que [no] estaban bien vigilados; y varios curiosos em pezaron a hacer aguj eros en las paredes y excavaciones en las bodegas antes que pudieran expulsarlos. Aún estaban preocupados por el dinero y las j oy as. ¡Cóm o se habría reído Bilbo! Y de veras reía; había previsto todo lo que iba a ocurrir, y se estaba divirtiendo a solas con la brom a.

Y así fue, supongo que todo ha quedado en claro. El hecho es que, a pesar del discurso que había pronunciado después de la cena, de pronto se había hartado de todos ellos. La vena Tuk había reaparecido repentina y desagradablem ente (aunque, por supuesto, no todos los Tuk com partían esa aviesa característica). [28] Tam bién había otro secreto: después de despilfarrar en la fiesta los últim os cincuenta ducados que tenía, no le quedaba nada de dinero y ni una sola joya, excepto el anillo, y los botones de oro de su chaleco. Lo había gastado todo en veinte años (incluso lo que le habían dado por sus herm osas… que había vendido pocos años antes)[6]

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¿Cóm o podía casarse entonces? No iba a hacerlo todavía; sólo había dicho: « Voy a casarm e» . No sabría decir por qué. Fue algo que se le ocurrió de repente. Tam bién pensó que era algo que podría ocurrir en el futuro, si sus viaj es lo llevaban nuevam ente entre otras gentes, o si encontraba una raza m ás excepcional y m ás herm osa de hobbits en algún lugar. Tam bién era una especie de explicación. Los hobbits observaban curiosas costum bres en relación con las bodas. Por años de años m antenían en riguroso secreto con quién se iban a casar (siem pre oficialm ente y en m uchos casos en la práctica), aun cuando lo sabían. Luego se casaban súbitam ente y desaparecían sin decir adónde por una sem ana o dos (o incluso m ás). Cuando Bilbo había desaparecido, eso fue lo prim ero que se les ocurrió a los vecinos. « Se ha ido a casar. ¿Con quién puede ser?; por lo que sabem os, nadie m ás ha desaparecido.» Aun al cabo de un año no se habrían sorprendido tanto si hubiese regresado con una esposa. Por largo tiem po, algunas gentes crey eron que tenía una esposa a la que ocultaba, y por un tiem po se tej ió toda una ley enda sobre la pobre señora Bilbo que era dem asiado fea para dej arse ver.

De m odo que antes de desaparecer, Bilbo había dicho: « Voy a casarm e» . Pensaba que eso —y toda la agitación en torno a la casa (o aguj ero) y los m uebles— los m antendría a todos ocupados y satisfechos por un buen tiem po, y que nadie se preocuparía de salir a buscarlo ni por un m om ento. Y tenía razón; o casi. Porque nadie se preocupó nunca de salir a buscarlo. Todos decidieron que se había vuelto loco, y que se había echado a correr hasta encontrar una laguna o un río o una caída abrupta, y y a había un Bolsón m enos. Eso es lo que pensaba la m ay oría. Pero, com o es natural, algunos de sus j óvenes am igos lo extrañaban m ucho (… Angélica y Sar…). Pero no se había despedido de todos ellos. ¡Oh!, no. Eso se explica fácilm ente.

[29]

Refiriéndose a este borrador en Una biografía, Hum phrey Carpenter dice (pág. 206):

El m otivo de su desaparición, según ese prim er borrador, era que a Bilbo « y a no le quedaban dinero ni j oy as» y que partía en busca de m ás oro del dragón. En este punto se interrum pía, inconclusa, la versión original del prim er capítulo.

Sin em bargo, se podría dem ostrar que en realidad no quedó inconclusa, [30] porque el siguiente borrador com pleto del capítulo (el tercero; el segundo parece ciertam ente inconcluso y se interrum pe m ucho antes) term ina sólo un poco m ás adelante (pág. 49), y poco antes del final dice:

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Pero no todos se habían despedido de él. Eso se explica fácilm ente, y pronto se lo explicará.

Pero no se da esa explicación, sino que queda reservada para el próxim o capítulo. En el prim er borrador tam poco se indica claram ente que Bilbo « partía en busca de m ás oro del dragón» . No cabe duda de que la falta de dinero era uno de los m otivos que tenía Bilbo para m archarse, pero tam bién se insiste en el hastío característico de los Tuk que le despertaban de pronto la torpeza y la form alidad de los hobbits; y de hecho no hay ni siquiera una insinuación de lo que Bilbo se proponía hacer. Es m uy posible que el 19 de diciem bre de 1937 m i padre no lo supiera. La conclusión del texto, escrita velozm ente, hace pensar que no tenía un obj etivo claro (y de hecho antes había dicho, en el m ism o capítulo, que la historia se referiría a uno de los descendientes de Bilbo).

Pero si bien no hay rastros de Gandalf, la m ay oría de los elem entos esenciales y m uchos detalles de la fiesta descrita en La Comunidad del Anillo (CA) surgieron en un com ienzo, e incluso se conservaron algunas frases. Ahora aparecen los Redondo, los Boffin y los Ganapié; las fam ilias Madriguera y Cavada habían sido m encionadas al final de El hobbit com o las responsables de la subasta de Bolsón Cerrado; y por prim era vez se da a la tierra de los hobbits el nom bre de « la com arca» (sin em bargo, véase la pág. 46). Pero los nom bres de pila de los hobbits se encontraban sólo en la prim era etapa de sus m últiples variaciones: algunos nom bres, com o Sago y Sem olina, se descartarían por no considerarlos apropiados; para otros (Am alda, Inigo, Obo) no hubo lugar en las genealogías definitivas, y otros (Mungo, Gorboduc) fueron asignados a otras personas; sólo sobrevivió la vanidosa Angélica Bolsón.

(ii) Segunda versión

En el siguiente m anuscrito, basado en gran m edida en el prim ero, se introduj eron m uchos elem entos nuevos; los m ás im portantes son la [31] llegada de Gandalf y los fuegos de artificio. La versión se interrum pe después de las palabras « La m añana prosiguió» (CA, pág. 57).

Se hicieron m uchos cam bios en el m anuscrito, y es m uy difícil distinguir aquellos que fueron hechos en la etapa de com posición de los cam bios posteriores; en todo caso, no cabe duda de que la tercera versión se basa rigurosam ente en la segunda y que la sustituy ó antes que se la term inara. Tam bién presento este segundo texto en su totalidad, hasta el punto en que se

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interrum pe, pero en este caso incluy o prácticam ente todos los cam bios que se introduj eron (en algunos casos la versión original se incluy e en las notas presentadas a continuación del texto, pág. 39).

Capítulo 1 Una reunión muy esperada

Cuando Bilbo, hij o de Bungo, de la respetable fam ilia de los Bolsón, se disponía a celebrar su septuagésim o prim er[7] cum pleaños corrieron algunos rum ores en el vecindario, y la gente em pezó a recordar.[8] En otra época había gozado de cierta efím era notoriedad entre los hobbits de Hobbiton y Delagua: había desaparecido después del desay uno un 30 de abril y no había reaparecido hasta el alm uerzo del 22 de j unio del año siguiente. Un acontecim iento m uy extraño del que nunca había dado una explicación satisfactoria. Por supuesto, había escrito un libro sobre el tem a, pero nunca había sido tom ado m uy en serio ni aun por aquellos que lo habían leído. No conviene hablarles a los hobbits de los dragones: o bien no os creen o se sienten incóm odos; y en am bos casos tienden a evitaros después. Sin em bargo, poco después el señor Bolsón había vuelto a com portarse m ás o m enos norm alm ente; y aunque la confianza debilitada de los lugareños nunca había renacido del todo, al cabo de un tiem po los hobbits decidieron olvidar el pasado, y Bilbo volvió a estar en buenas relaciones con todos sus parientes y vecinos, excepto por supuesto con los Sacovilla-Bolsón. En prim er térm ino, porque por un m otivo inexplicable Bilbo parecía gozar de una situación m ás que acom odada; de hecho, francam ente acaudalada. En verdad no fue la efím era y rem ota fam a sino la m agnificencia de los preparativos para su fiesta de [32] cum pleaños lo que provocó los rum ores. Después de todo, ese otro extraño asunto había pasado unos veinte años atrás y estaba casi olvidado, la fiesta se celebraría ese m ism o m es de septiem bre. El tiem po era espléndido, y se em pezó a decir que habría fuegos de artificio com o no se habían visto desde la época del Viej o Tuk.

Se acercaba la fecha. Carros de extraño aspecto cargados con bultos de extraño aspecto em pezaron a subir dificultosam ente por la Colina hacia Bolsón Cerrado (la residencia del señor Bilbo Bolsón). Llegaban por la noche, y gentes asom bradas espiaban desde el um bral de las puertas. Los que m anej aban algunos carros eran forasteros que entonaban raras canciones, elfos, o enanos encapuchados. Un enorm e carrom ato rechinante, cargado con Hom bres corpulentos y pelirrubios de andar lerdo, provocó una gran conm oción. Tenía una gran B baj o una corona.[9] No pudo atravesar el puente que había j unto al m olino, y los Hom bres transportaron su contenido a la espalda colina arriba,

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avanzando pesadam ente por el cam ino hobbit com o elefantes. Cuando baj aron de la colina, toda la cerveza de la posada desapareció com o si se hubiera escurrido por un desaguadero. Esa m ism a sem ana llegó un carro en pleno día. Lo conducía un viej o que iba solo. Llevaba un puntiagudo som brero azul y un largo m anto gris. Niños y niñas hobbits corrieron detrás del carro hasta la cim a de la colina. Llevaba una carga de fuegos de artificio, que alcanzaron a ver cuando em pezaron a descargarlo: grandes paquetes m arcados con una G roj a.

—¡La G es de Grande! —gritaron; y ésa era la m ej or conj etura que podían hacer sobre lo que significaba. Pocos de sus m ay ores estuvieron m ás acertados; por lo general, los hobbits sólo recuerdan los acontecim ientos recientes. El pequeño anciano[10] desapareció tras la puerta principal de la casa de Bilbo y nunca volvió a aparecer.

Hubo sin duda alguna quej a acerca del « com ercio local» ; pero de pronto Bolsón Cerrado em pezó a em itir órdenes a todas las tiendas del vecindario (incluso si se lo m edía con am plitud). Entonces la gente dej ó de sentirse sim plem ente curiosa, y se entusiasm ó. Em pezó a contar en el calendario los días [33] que faltaban hasta el cum pleaños de Bilbo, y a esperar al cartero, con la esperanza de recibir una invitación.

Entonces las invitaciones em pezaron a salir a raudales y la oficina de correos de Hobbiton quedó bloqueada, y la de Delagua, abrum ada, y hubo que contratar carteros voluntarios. Un río continuo de carteros trepaba por La Colina hacia Bolsón Cerrado llevando cientos de corteses variantes de Gracias, iré con mucho gusto. Durante todo ese tiem po, por días de días, en verdad desde el 8 [10 >] de septiem bre, nadie vio a Bilbo salir de la casa ni en los alrededores. No respondía cuando hacían sonar la cam pana o se acercaba a la puerta y gritaba: « ¡Lo siento! ¡Estoy ocupado!» , asom ándose apenas. Pensaban que sólo estaba escribiendo invitaciones, pero se equivocaban.

Finalm ente, el prado que se extendía al sur de la puerta principal —bordeado por la huerta a un costado y por el cam ino de la Colina al otro— em pezó a cubrirse con tiendas y pabellones. Las tres fam ilias hobbits de Bolsón de Tirada, que vivían un poco m ás abaj o, estaban m uy excitadas. Había un pabellón particularm ente am plio, tan grande que el árbol que crecía en el terreno cabía dentro, en su m ism o centro.[11] Lo cubrieron con linternas. Pero aún m ás prom isoria fue la colocación de una gran cocina en una esquina del prado. Llegó un ej ército de cocineros. La excitación llegó a su punto culm inante. De pronto el cielo se nubló. Eso ocurrió el viernes, la víspera de la fiesta. Am aneció el esperado sábado [20 >] 22 de septiem bre.[12] El sol se levantó, las nubes desaparecieron, se enarbolaron banderas, y la diversión com enzó.

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com binadas y m ezcladas. Prácticam ente todos los que vivían cerca habían sido invitados a un festej o u otro; m uy pocos fueron om itidos (por error), pero esto no tuvo im portancia pues lo m ism o acudieron. Bilbo m ism o recibía a los invitados (y acom pañantes) j unto a la puerta. Repartió regalos a todos, y m uchos a algunos que salían por los fondos y volvían a entrar por la puerta principal para recibir otro. Em pezó por los m enores y los m ás pequeños, y poco después volvió a com enzar por los m ás pequeños y los m enores. Los hobbits acostum braban hacer regalos a los dem ás cuando cum plían años; regalos no m uy caros, por supuesto. Pero no era un m al sistem a. [34] En verdad, com o todos los días del año era el cum pleaños de alguien, en Hobbiton y en Delagua todo hobbit recibía un regalo (y a veces m ás) casi todos los días de su vida. Pero no se cansaban de los regalos. En esa ocasión los niños hobbits estaban locos de excitación: había j uguetes nunca vistos. Com o habréis im aginado, venían del Valle.

Cuando los invitados estuvieron dentro del terreno, hubo canciones, danzas, j uegos; y, com o era de esperar, com ida y bebida. Había tres com idas oficiales: alm uerzo, m erienda y cena; pero el alm uerzo y la m erienda se distinguieron por el hecho de que entonces todos los invitados estaban sentados y com ían al m ism o tiem po. Nunca dej aron de beber. Com ieron casi sin interrupción desde las once a las seis, hora en que com enzaron los fuegos de artificio.

Por supuesto (com o de todos m odos y a habréis supuesto) los fuegos de artificio eran de Gandalf, y él m ism o los traj o y disparó los m ás im portantes: hubo una generosa distribución de buscapiés, petardos, cohetes, antorchas, velas de enano, fuentes élficas, trasgos ladradores y truenos. Todos soberbios, por cierto. El arte de Gandalf naturalm ente progresaba con los años. Hubo cohetes com o un vuelo de páj aros centelleantes, de dulces voces; hubo árboles verdes, con troncos de hum o serpenteante: en cuestión de m inutos las hoj as crearon una prim avera en todo su apogeo; y de las ram as brillantes cay eron flores resplandecientes sobre los hobbits asom brados, para luego desaparecer dej ando un suave arom a en el instante m ism o en que y a iban a tocar los som breros o las tocas. Hubo fuentes de m ariposas que volaban entre los árboles, colum nas de fuegos coloreados que se convertían en águilas revoloteantes, o barcos de vela, o cisnes voladores; hubo relám pagos roj os y lluvias am arillas; hubo un bosque de lanzas plateadas que se alzó de pronto con alaridos de batalla y cay ó en El Agua siseando com o cien serpientes enardecidas. Y tam bién hubo algo m ás, en lo que Gandalf exageró un tanto; después de todo, sabía m ucho acerca de los hobbits y sus creencias. Las luces se apagaron, una gran hum areda subió en el aire, tom ó la form a de una m ontaña, com enzó a brillar en la cim a vom itando llam as escarlatas y verdes, y de esas llam as salió volando un dragón roj o y dorado (no de tam año natural, pero que parecía [35] terriblem ente real): le brotaba fuego de la boca, le relam pagueaban los oj os, se oy ó un rugido y el dragón pasó tres veces com o una exhalación sobre la m ultitud. Todos se agacharon y algunos quedaron

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tendidos en el suelo. El dragón se alej ó com o un tren expreso y estalló sobre Delagua con un estruendo ensordecedor.

—¡Ésa es la señal para la cena! —dij o Gandalf. Un com entario m uy oportuno, porque el tem or y la alarm a se disiparon com o por arte de m agia. Pero ahora tenem os que ir de prisa, en realidad, porque todo esto no es tan im portante com o parecía. Hubo una cena para todos los invitados. Pero tam bién hubo una cena m uy especial que se sirvió en el am plio pabellón donde estaba el árbol. Las invitaciones a esa cena se habían lim itado a doce docenas, o una gruesa (adem ás de Gandalf y el anfitrión), en las que se había incluido a todos los hobbits m ás im portantes, y sus hij os m ay ores, a los que Bilbo estaba unido por lazos de parentesco o con los que tenía cierta relación, o a aquellos que lo habían tratado bien en alguna oportunidad, o que le despertaban cierto especial afecto. Habían sido invitados casi todos los Bolsón que estaban vivos; m uchos Tuk (parientes de su m adre); algunos Cavada (relacionados con su abuelo); docenas de Brandigam o (relacionados con su abuela), y diversos Redondo y Madriguera y Boffin y Ganapié, algunos de los cuales no estaban em parentados en absoluto con Bilbo, por lo que recordaban los historiadores de la región; algunos vivían incluso al otro lado de la Com arca, pero, claro está, todos eran hobbits. Ni siquiera se olvidó a los Sacovilla-Bolsón, prim os herm anos por parte de su padre. Entre ellos y el señor Bolsón había habido cierta frialdad, com o recordaréis, que se rem ontaba a unos 20 años atrás. Pero la tarj eta de invitación había sido tan luj osa, toda escrita en letras de oro, que no habían podido rechazarla. Adem ás, su prim o se había ido especializando en la cocina durante largo tiem po, y su m esa era m uy apreciada incluso en esa época y en ese país, cuando la com ida aún era todo lo que debía ser, y tan abundante que todos podían ej ercitar su buen gusto y quedar satisfechos.

Los 144 invitados especiales esperaban un banquete agradable; aunque tem ían el discurso del anfitrión después de la cena. Bilbo era aficionado a insertar fragm entos de algo que él llam aba [36] « poesía» ; y a veces, después de un vaso o dos, aludía a las aventuras absurdas que decía haber vivido m ucho tiem po antes, durante su ridícula desaparición. Ninguno de los 144 invitados quedó chasqueado; el banquete fue m uy agradable, un verdadero placer, en realidad: rico, abundante, variado y prolongado. La adquisición de provisiones en todo el distrito durante la sem ana siguiente fue casi nula, cosa sin im portancia, pues el señor Bilbo había agotado las reservas de todas las tiendas, bodegas y alm acenes a m uchas m illas a la redonda.

Una vez concluido el banquete (aunque no del todo), vino el discurso. La m ay oría de los hobbits congregados allí se encontraba de un hum or apacible, en ese delicioso estado en que « se repletan los últim os rincones» , com o ellos decían (sorbiendo sus bebidas favoritas y saboreando sus golosinas predilectas): sus tem ores habían desaparecido. Estaban preparados para escuchar cualquier cosa,

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y aplaudir en todas las pausas. Pero no estaban preparados para una sorpresa. Sin em bargo, quedaron ciertam ente sorprendidos; realm ente sin aliento, algunos incluso se indigestaron.

Mi querido pueblo, com enzó el señor Bolsón incorporándose.

—¡Atención, atención, atención! —gritaron todos a coro, y parecían poco dispuestos a cum plir lo que ellos m ism os aconsej aban. Entretanto, Bilbo dej ó su lugar y se subió a una silla baj o el árbol ilum inado. La luz de la linterna le caía sobre la cara radiante; los botones de oro resplandecían en el chaleco floreado. Todos podían verlo. Tenía una m ano m etida en el bolsillo. Levantó la otra.

¡Mis queridos Bolsón!, com enzó nuevam ente. Y mis queridos Tuk, y Brandigamo y Cavada y Redondo y Madriguera y Ciñatiesa y Boffin y Ganapié.

—¡Ganapiés! —gritó un viej o hobbit desde el fondo. Tenía en verdad el nom bre que m erecía: los pies, que había puesto sobre la m esa, eran grandes y excepcionalm ente velludos.

También mis buenos Sacovilla-Bolsón, a quienes doy por fin la bienvenida a Bolsón Cerrado. ¡Hoy es mi septuagésimo primer cumpleaños!

—¡Hurra! ¡Hurra! ¡Por m uchos años! —gritaron, y golpearon alegrem ente sobre las m esas. Bilbo estaba m agnífico. Ése era el tipo de discurso que les gustaba oír: corto, obvio, nada polém ico. [37]

Deseo que lo estén pasando tan bien como yo.

Se oy eron aplausos ensordecedores. Gritos de Sí (y No). Ruido de cuernos y trom petas, pitos y flautas, y otros instrum entos m usicales. Había m uchos niños hobbits, porque los hobbits no obligaban a los niños a acostarse, especialm ente cuando había la posibilidad de conseguir una com ida gratis (la crianza de los niños hobbits dem andaba una gran cantidad de alim entos). Había cientos de petardos m usicales. Casi todos traían estam pada la m arca valle en alguna parte, dentro o fuera. Sólo Bilbo y uno que otro de sus am igos íntim os sabían qué significaba eso (y vosotros, por supuesto); pero eran petardos m aravillosos. Dentro de los petardos venían unos instrum entos pequeños pero de fabricación perfecta y sonidos encantadores. En efecto, en un rincón, algunos de los Tuk y Brandigam o m ás j óvenes, en la creencia de que Bilbo había term inado su discurso (pues había dicho todo lo que tenía que decir), im provisaron una orquesta y se pusieron a tocar una pieza bailable. El j oven Próspero Brandigam o[13] y Melba Tuk se subieron a una m esa y em pezaron a bailar el aleteo, bonita danza aunque algo vigorosa. Pero Bilbo no había term inado.

Tom ó la corneta que tenía uno de los niños y le arrancó tres fuertes notas. El ruido se calm ó.

No los distraeré mucho tiempo, gritó. Estallaron nuevos aplausos. PERO los he reunido a todos con un propósito.

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En realidad, con tres propósitos. En primer lugar, para decirles lo mucho que los quiero; y lo breves que son setenta y un años entre hobbits tan maravillosos y admirables.

Trem endo estallido de aprobación.

No conozco a la mitad de ustedes ni la mitad de lo que querría, y a menos de la mitad la conozco la mitad de lo que ustedes merecen.

Esta vez no hubo aplausos: era algo bastante difícil. Se oy eron algunos aplausos aislados; pero no todos habían tenido tiem po de descifrar lo que habían oído y de ver si podían entenderlo com o un cum plido.

En segundo lugar, para celebrar mi cumpleaños, y los veinte años transcurridos desde mi regreso. No hubo aplausos; se oy eron inquietos susurros. [38]

Finalmente, ¡para hacer un anuncio! Dij o esto últim o en voz tan alta y tan repentinam ente que todos los que pudieron hacerlo se incorporaron. Lamento anunciarles que aunque, como he dicho, 71 años es tiempo demasiado breve para vivir entre ustedes, éste es el FIN. Me marcho. Me voy después de la cena. ¡Adiós!

Bilbo baj ó de la silla. Ciento cuarenta y cuatro hobbits se acom odaron en las sillas boquiabiertos y sin habla. El señor Ganapié quitó los pies de encim a de la m esa. La señora Ganapié engulló un enorm e chocolate y se atragantó. Siguió un silencio absoluto que se prolongó por casi cuarenta segundos, hasta que de pronto todos los Bolsón, Tuk, Brandigam o, Redondo, Cavada, Madriguera, Ciñatiesa, Boffin y Ganapié com enzaron a hablar al m ism o tiem po.

—El hobbit está loco. Siem pre lo dij e. Hace brom as de m al gusto. Pretende sacarnos los pelos de los dedos de los pies (com o decía un refrán hobbit). Quiere echar a perder una buena cena. ¿Dónde tengo el pañuelo? No voy a brindar a su salud ahora, sino a la m ía. ¿Dónde está esa botella? ¿Va a casarse acaso? No con nadie que esté aquí esta noche. ¿Quién lo aceptaría? ¿Por qué « adiós» ? ¿Adónde va a ir? ¿Qué dej a? —Y así sucesivam ente. Por últim o se oy ó gritar al viej o Rory Brandigam o[14] (que había com ido m ucho pero que seguía m uy despierto)—: ¿Dónde está, en todo caso? ¿Dónde está Bilbo?

No quedaban rastros del anfitrión.

Lo que ocurrió es que Bilbo Bolsón había desaparecido en silencio y sin que nadie lo advirtiera en m edio de toda la charla. Mientras hablaba había estado j ugueteando con un pequeño anillo[15] que tenía en el bolsillo del pantalón. Al baj ar de la silla se lo había deslizado en el dedo; y nunca se lo volvió a ver en Hobbiton.

Cuando llegaron los carruaj es en busca de los invitados no había nadie de quien despedirse. Los carruaj es fueron desapareciendo, uno a uno, cargados con

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hobbits hartos pero curiosam ente insatisfechos. Llegaron los j ardineros (que habían sido llam ados) y se llevaron en carretillas a quienes habían quedado rezagados, dorm idos o incapaces de m overse. Cay ó la noche y fue avanzando. Salió el sol. Los hobbits se levantaron bastante tarde. La m añana prosiguió.

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He presentado este texto en su totalidad, porque en conj unto con el prim ero ofrece una base para describir los siguientes textos, de los que sólo se presentan algunos extractos; pero, com o se observará, la Fiesta —los preparativos, los fuegos de artificio, el banquete— y a habían adquirido la form a que conservaría en la CA (págs. 43-49), con la excepción de unos cuantos detalles poco im portantes de la narración (y, en casos aislados, de estilo). Esto es aún m ás sorprendente cuando nos dam os cuenta de que en ese entonces m i padre aún no sabía claram ente lo que haría: era el com ienzo de un cam ino que no tenía una m eta (pero véanse las págs. 60-61).

En el texto anterior no se incluy en ciertos cam bios introducidos hacia el final del m anuscrito. Del discurso de Bilbo se elim inaron la frase « En segundo lugar, para celebrar m i cum pleaños, y los veinte años transcurridos desde m i regreso» y el com entario « No hubo aplausos; se oy eron inquietos susurros» y se sustituy ó lo que decía antes por el siguiente pasaj e am pliado:

En segundo lugar, para celebrar NUESTROS cumpleaños: el mío y el de mi honorable y valiente padre. Un silencio incómodo y receloso. Soy sólo la mitad de lo que él es: tengo 72 años, él tiene 144. El número de ustedes fue elegido para celebrar cada uno de sus honorables años. Eso fue realm ente espantoso: un verdadero rom pecabezas, y algunos se sintieron insultados, com o un 29 de febrero m etido a la fuerza en un calendario para llenar un hueco. Este cam bio da toda la im presión de haber sido hecho en la m ism a época en que se escribió el m anuscrito: se observa claram ente que fue escrito con tinta y se diferencia de varias notas escritas de prisa a lápiz. Pero se trata de una falsa apariencia. ¿Por qué habría de referirse de esa m anera Bilbo al viej o Bungo Bolsón, que había m uerto hacía tantos años? Bungo era un típico Bolsón, « firm e y com odón» (com o se lo [41] describe en El hobbit), y sin duda m urió sin perder sus fuerzas en su cam a de Bolsón Cerrado. Es extraño que se lo defina com o « valiente» , y el que Bilbo diga « soy sólo la m itad de lo que él es» y « él tiene 144» es una extravagancia un tanto de m al gusto.

Esto se explica fácilm ente: no era Bilbo quien lo decía, sino su hij o, Bingo Bolsón, que aparece por prim era vez en la tercera versión de « Una reunión m uy esperada» . No valdría la pena referirse a esto si no fuese un ej em plo tan notable

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