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Neoliberalismo en México

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Definición, antecedentes y su arranque en el escenario mundial Definición Arranque m undial Antecedente histórico en México 3 5 6

Desarrollo del neoliberalismo en México Entorno de crisis previo. Miguel de la Mad rid Hurtado (1982-1988) Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) Ernesto Zedillo Po

nce de León. (1994-2000) Vicente Fox Quesada (2000-2006) Felipe de Jesús Calderón Hino josa (2006-2012) 8 9 13 22 31 40 Conclusiones 56 Anexo I 59 Anexo II 60 Fuentes Bibliográficas 61

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Introducción ¿

Qué es el neoliberalismo en México? Responder a este planteamiento es el principal d etonador que

inspiro en mí la concepción de este ensayo. Estos conceptos de “neoliberal”, “neoliberalis mo económico”, “política neoliberal” y términos semejantes que a menudo escuchamos o leemos de diversas fuentes, pero que algunos no tenemos una idea clara de cómo este model

o político-económico afecta el desarrollo de nuestro país (por ejemplo el actual entor no de crisis financiera que aqueja no solo a México, sino al mundo entero); y en l o particular cómo nos afecta cotidianamente ya sea con la pérdida de empleo, una men or capacidad de bienestar con nuestro sueldo (déficit en el poder adquisitivo), un

mediocre fomento al ahorro y un seductivo estímulo al consumo que pudiera dar lug ar a un sobre-endeudamiento, entre otros. No es mi intención encontrar el hilo neg ro de la política o la economía nacional, ni mucho menos, sería demasiado pretencioso e irónico de mi parte, siendo un arquitecto y no un politólogo, o un economista, ade más del hecho de que existen desde hace más de 20 años numerosas referencias como libr os, ensayos, editoriales, tesis, reportajes, internet etc., que explican a detal

le el fenómeno del neoliberalismo. Más bien, intentaré hacer un estudio exploratorio, basado en un análisis de los diversos sucesos históricos que influyeron en la implem entación de dicho modelo en México y en el resto del mundo. Dicho análisis está fundamen tado a partir de múltiples referencias como las anteriormente citadas. Es así como p retendí darle forma y sustento a las ideas expresadas en el presente ensayo. Ideas

que formulen a partir de dicha exploración, su origen filosófico e histórico, sus pro motores, su evolución y sus consecuencias. Para analizar el desarrollo pleno de es te modelo neoliberal en México, lo haré enfocado a partir de las diversas políticas o planes de desarrollo sexenales, a partir de la presidencia ejercida por Miguel d

e la Madrid (1982-1988), esto debido a que fue a partir de la misma cuando se co

nsidera históricamente la introducción en México del modelo neoliberal, hasta culminar con el régimen actual presidido por Felipe Calderón (2006-2012). Finalmente quisier a aclarar que, si acaso, el único propósito que pretendo al exponer el presente ensa yo, no es otro sino el compartir todo lo descubierto a partir de dicha investiga

ción, además de fomentar el interés en profundizar acerca de estos temas y otras tanto s relacionados, de tal manera que fortalezca un poco nuestra memoria, que para a

lgunos de nosotros resulta ser algo olvidadiza, para otros distraída, fácilmente con fundible, o una combinación de todas.

Monterrey, N.L. México a 11 de agosto de 2009 2

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Definición, antecedentes y su arranque en el escenario mundial Definición

Encontrar una definición al término neoliberalismo resulta algo difícil dado su comple jidad intrínseca, su vigencia en los círculos de poder mundiales (aunque algunos eco nomistas como Joseph E. Stiglitz , premio Nobel de Economía en 2001, vaticinan el comienzo de su fin debido en parte a la crisis actual iniciada a finales de 2007

durante la administración Bush Jr.), además de su constante evolución ¿Cómo definir plena mente algo que sigue mutando, adaptándose a sus circunstancias globales y locales

a través del tiempo? De cualquier forma, y aunque pareciera algo redundante inicia ré por describir su origen etimológico. Neoliberalismo es un neologismo “una palabra n

ueva” compuesta por su prefijo “neo”, que viene del griego “neos” (nuevo) y su sufijo “liber alismo” del latín “liberalis” o “liber” (libre, lo que no está preso, ni oprimido, ni esclavi ado). Pareciera que a partir de conocer su etimología podríamos intuir su significad

o: un “nuevo liberalismo”, ese liberalismo del siglo XIX que marcó la consolidación de m uchas naciones tanto europeas, como americanas que recién estrenaban su independen

cia. Recordemos a nuestro más célebre liberal: Benito Juárez. Sin embargo, este signif icado sugerido no aplica en su totalidad para poder definir este término, si bien

toma algunas ideas del liberalismo económico del siglo XIX, como mas adelante expl icaré, no es suficiente para poder comprender su significado. Más bien se refiere al

término inglés “liberalisation” o “liberalization” cuyo significado según diversos diccionar os en economía es: “Una política que promueve una liberalización de la economía limitando la intervención del Estado identificada a veces con la posición del laissez faire (e

xpresión francesa que literalmente significa "dejar hacer") hacia los asuntos económ icos en los que puede actuar para ayudar a que la economía de mercado trabaje de u

na manera más eficiente. Esto puede incluir la privatización y la desregulación”. Para D avid Harvey (sociólogo urbano e historiador social, doctor por la Universidad de C

ambridge) en su ensayo titulado “Neoliberalism as Creative Destruction” el neolibera

lismo es: …”una teoría de prácticas políticas y económicas que proponen que el bienestar hum ano puede ser logrado mejor mediante la maximización de las libertades empresarial

es dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad priv

ada, libertad individual, mercados sin trabas, y libre comercio”. También señala que: “E l intervencionismo del Estado en los mercados (una vez creados) debe limitarse a

lo básico porque el Estado no puede posiblemente poseer suficiente información como para anticiparse a señales del mercado (precios) y porque poderosos intereses ine vitablemente deformarán e influenciarán las intervenciones del Estado (particularmen te en las democracias) para su propio beneficio”. Suena bastante bien, ¿no? El neoli beralismo brinda al individuo plena libertad de desarrollarse económicamente según s us habilidades y además con una casi nula intervención del Estado. Sin embargo se 3

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puede inferir la característica utópica de esta definición dadas las circunstancias ec onómicas actuales que nos demuestran lo contrario. James Petras (sociólogo estadouni dense, doctorado por la Universidad de California en Berkeley) tiene una concepc

ión desmitificada del término como él mismo lo señala en una conferencia para una univer sidad chilena en 2007: “Sobre el neoliberalismo, pienso que hay una gran mistifica

ción, particularmente sobre los conceptos básicos que uno escucha y que circulan en los medios intelectuales, académicos y políticos. Es la idea de que el neoliberalism o está contra el intervencionismo estatal, oponiendo a eso la idea de que el merca do es el gran árbitro de la política económica. Eso es totalmente falso. Lo que debemo s entender es que el neoliberalismo es sumamente activo y abusa del Estado como

instrumento de política. Interviene en todos los países, socializando la deuda, tran sfiriendo la deuda privada al sector estatal y forzando a los ciudadanos a asumi r las responsabilidades por una deuda adquirida por el sector privado. El Estado

interviene sobre la locación de recursos dentro del presupuesto, canalizando recu rsos hacia los sectores exportadores, orientando su política salarial; interviene la política laboral bajando los salarios y las condiciones de trabajo, etc. Entonc es, hay tanto intervencionismo estatal como antes. Hay tanto estatismo ahora com o antes. La diferencia es la composición, la definición de clase que orienta el nuev o estatismo. La orientación del nuevo estatismo está dirigida hacia la reconcentración

de intereses hacia arriba; y antes el estatismo nacional y popular estaba orien tado a la redistribución de intereses hacia abajo. Las clases dominantes ahora están

orientadas hacia el mercado mundial, donde miran la mano de obra como un costo y no como un potencial consumidor. (...) En otras palabras, el problema fundamen tal no es enfocar el mercado, sino analizar las clases que a partir del Estado i ntervienen, para definir cómo funciona el mercado. No hay mercado libre. Lo que ha y es un mercado condicionado por la estructura social y la concentración de poder.

Hay que dejar de mistificar, hablando del mercado como si fuera una entidad ind ependiente de la estructura social”. Resumiendo, utópicamente el neoliberalismo es c onsiderado como una teoría política que busca el bienestar individual, el libre merc ado y una mínima intervención del Estado. Pero en la realidad el neoliberalismo ha d emostrado que dirige ese bienestar hacia las clases dominantes a expensas de una

ciudadanía subyugada a sus intereses, por ejemplo, la impresionante “inyección“de capit al que el gobierno estadounidense hizo con su “rescate bancario” de 2008: 700 mil mi llones de dólares a expensas de los contribuyentes norteamericanos. En México ocurrió algo similar a finales de 2008 con el rescate de 50 mil millones de pesos que el

gobierno federal otorgó a empresas en dificultades financieras como CEMEX, VITRO o Comercial Mexicana. Qué mejores ejemplos para ilustrar la desmitificación del neol iberalismo expuesta por Petras. En cuanto a su origen filosófico, según lo analizado , el termino neoliberalismo es también muy complejo como su definición, ya que en su

cualidad de teoría, está influenciada por diversas corrientes ideológicas (políticas, e conómicas y sociales), de las cuales, aunque no a cabalidad, incluye algunos de su

s preceptos y, ocasionalmente, algunos de sus ideólogos llegan a la crítica de otros tantos. 4

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Describir dichas ideologías en su conjunto sería motivo de otro ensayo, de tal forma que enunciaré solo algunas de ellas: -El liberalismo clásico del siglo XIX, tomando en cuenta algunos de los criterios económicos del economista escocés Adam Smith (17 23-1790) relacionados con la concepción de la iniciativa privada o la limitación del crecimiento del Estado y su intervención. - Las teorías del economista austriaco Fr iedrich von Hayek (1899-1992), considerado por algunos autores en economía como el

“padre del neoliberalismo”. Hayek concibe una intervención mínima del Estado, desregula ndo, privatizando, disminuyendo programas sociales (como las subvenciones a la v

ivienda o a la seguridad social y restringiendo al poder sindical), todo esto lo

expresa en el escrito “La constitución de la Libertad” publicado en 1960. Hayek toma parte activa en la fundación de la “Sociedad del Monte Pelegrino” en 1947 (llamada así p or la localidad suiza en la que se instaura). Se reúnen en torno a ella diversos i

ntelectuales que llegarían a ser los generadores de ideas que influirían a partir de ese momento en las políticas de Estado de numerosos países desarrollados. -El monet arismo, que es una teoría macroeconómica impulsada en la década de los 70 por el econo mista estadounidense Milton Friedman (1912-2006) y la escuela de economía de Chica

go. Dicha teoría analizaba el concepto de “inflación” (aumento de los precios), la cual es considera por Friedman como un problema monetario (hay más dinero en la calle q

ue el que debería haber en las reservas de un Banco Central, de manera que no está r espaldado). Asimismo, advierte que se deben reducir los gastos del gobierno si n o hay una suficiente recaudación de impuestos (déficit público).

Arranque mundial

Se puede considerar históricamente a Gran Bretaña, durante la administración de la pri mer ministro Margaret Thatcher (también conocida como “la dama de hierro” y quien fuer a discípula del padre del neoliberalismo von Hayek) en 1979, y a los Estados Unido s de Norteamérica, durante la administración de Ronald Reagan (1981-1988), los gobie rnos promotores de la teoría neoliberal en el mundo. A principios de la década de lo s 70 del siglo pasado ocurrió una crisis energética mundial (los países árabes productor es de petróleo —OPEP— decidieron cortar el suministro de crudo a los países que apoyaban

a Israel, entre ellos EE.UU. e Inglaterra). Esta crisis desencadenó una severa in flación (alza general en los precios), una disminución de la producción y el despido m asivo de trabajadores. Los gobiernos conservadores de esa época tanto en Gran Bret aña (encabezado por el Primer Ministro Edward Heath de 1970 a 1974), como en los E E.UU. (presidido por el polémico Richard Nixon de 1969 a 1974 y sucedido de 1974 a 1977 por Gerard Ford tras el escándalo del Watergate) no fueron capaces ante los ojos de sus ciudadanos de palear eficazmente dicha crisis, creando un estado nat ural de malestar en ambas naciones 5

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(particularmente la clase media) que resultó sumamente afectada. Fueron sucedidos

entonces por gobiernos con tendencias “social demócratas” (la social democracia es una ideología política que, entre otras cosas, pugna por darle mayores atribuciones al Estado, de manera que garantice una adecuada protección social a sus ciudadanos). Los eligió una población ansiosa de mejorar sus condiciones de vida, en EE.UU. con e l presidente Jimmy Carter (1977-1981) y en Gran Bretaña con el Primer Ministro Jam es Callaghan (1976-1979). Ambos gobiernos tampoco pudieron mejorar sus economías, inclusive empeoraron durante su mandato, reflejándose en un aumento de la inflación y en un mayor índice de desempleo. Se pudiera entonces deducir el éxito que pocos años

después, a finales de esa década y principios de los 80 del siglo pasado, tuvieron los gobiernos de tendencia conservadora de Thatcher y Reagan (paradójicamente sus

políticas económicas no lo eran) y cómo sus políticas neoliberales comenzaron a entrar e n vigor en sus respectivos países con gran ímpetu. Dichas políticas consistieron, entr e otras cosas: en una reducción de la intervención del Estado en la economía, y recort es en los programas de ayuda social (como salud, educación, vivienda). En el caso

particular de Inglaterra, se inició la privatización del petróleo, comunicaciones, tra nsporte y la supresión de más de un millón de viviendas sociales. A pesar de la mejora económica que hubo en estos países con la implementación de dichas medidas, el costo social de las mismas fue demasiado alto, caracterizado por un elevado índice de de sempleo, incremento de la deuda en la población (estimulada por el crédito ya sea al

consumo o las hipotecas), aumento en las desigualdades (muchos más pobres y muy p ocos ricos) y la subsecuente marginación. En base a lo anteriormente expuesto, se puede apreciar un notable paralelismo en la historia política y económica de ambas n aciones, así como el alto costo pagado por la mayoría de sus habitantes, y que poste riormente afectarían al mundo entero ante la implementación de tal modelo neoliberal

que, como ha quedado de manifiesto, cercena desde sus raíces el desarrollo social de una nación.

Antecedente histórico en México

Considero pertinente que para poder comprender el germen del modelo neoliberal e n México, se tiene que conocer previamente el auge que tuvo el modelo capitalista (precursor natural del neoliberalismo) a partir del periodo denominado por vario

s autores como “pax porfiriana” (1876-1911), el cual tuvo su punto de consolidación y prosperidad a finales del siglo XIX (particularmente en sus últimas dos décadas), co n la instauración de una fuerte industria productiva, (principalmente en Nuevo León, los Estados céntricos del país, Jalisco y Veracruz), el tendido de infraestructura ferroviaria nacional, destacando la que interconectaba la costa oeste (Pacífico) c on la este (Golfo de México) a través del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec (1894) , el Ferrocarril Internacional Mexicano (1881) que abarcaba gran parte de la fro ntera que se comparte con EE.UU. (Tamaulipas, Durango, Coahuila y Nuevo León) y ot ras tantas rutas estratégicas a lo largo y ancho del país, las cuales serían capaces n o solo de asegurar el abasto de las materias primas hacia los principales centro

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(principalmente hacia los EE.UU. y en menor proporción hacia Europa), sino además, t ambién proveerían la tan necesaria mano de obra para poder llevar a cabo el proceso productivo capitalista. Este sector de la población mexicana dio lugar a un import ante fenómeno: el éxodo rural, gracias al cual algunos de ellos dejarían de ser campes inos y pasarían a convertirse en el proletariado que habitaría y, a su vez, fortalec ería el desarrollo de las cada vez más importantes urbes industriales del ulterior s iglo XX. Todo este auge industrial (siderurgia, producción de insumos y mercancías,

minería, extracción de petróleo, etc.), y de infraestructura (ferrocarril, red eléctrica , red telegráfica, una incipiente red telefónica, caminos, presas, etc.) se llevó a ca bo principalmente como consecuencia del gran impulso que dio el régimen de Porfiri o Díaz a la figura de las concesiones (sociedades anónimas) tanto a inversionistas n acionales como a extranjeros. Así, en los albores del siglo XX, México se consolidab a como una incipiente nación que abrazaba un modelo capitalista propio de la segun da revolución industrial, aunque también es cierto que el régimen porfirista le dio un

gran impulso al sector agrícola, no obstante, la industria se llegaría a afianzar y a crecer a un ritmo superior al agrícola durante el transcurso del siglo XX, lo q ue paulatinamente daría lugar al modelo neoliberal actualmente vigente en nuestro

país. Cabe señalar que esta paulatina transición se dio a pesar de los múltiples fenómenos políticos, económicos y sociales ocurridos a lo largo del siglo XX, que parecería hub iesen afectado en forma negativa la consolidación del capitalismo en México y, en co nsecuencia, la instauración del modelo neoliberal, repacemos: fenómenos tales como l a lucha revolucionaria de 1910 (originada a partir de los múltiples abusos derivad

os de la galopante corrupción que caracterizó al régimen porfirista y a su clase oligárq uica); la subsecuente promulgación de la Constitución de 1917 (que entre otras cosas

enunciaba una serie de derechos sociales como mejoras al trabajo asalariado, ed ucación, salud, reparto de tierras ejidales, etc.); la gran recesión mundial de 1929 , coloquialmente conocida como “jueves negro” (la cual fue una crisis que tuvo su or igen debido en parte a una política de dinero fácil: alta demanda de créditos, una cas i ausencia del ahorro y desmedida especulación —increíblemente semejante a lo que ocur rido en nuestros días— y que fue promovida por los banqueros de Wall Street y por la

Reserva Federal Norteamericana); la política socialista en el régimen del Gral. Lázar o Cárdenas de 1934-1940 (expropiación petrolera y reforma agraria); o la política de “Un idad Nacional” en el periodo presidencial comprendido entre 1952-1958 de Adolfo Ru

iz Cortines (último caudillo partícipe de la revolución de 1910 que llegaría a ser presi dente de México, el cual fomentó el bienestar social a través de múltiples políticas como su Programa de Bienestar Social Rural, expropiación de latifundios en manos de ext

ranjeros, inversión en infraestructura y energía, entre otras). 7

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Desarrollo del neoliberalismo en México Entorno de crisis previo.

La crisis internacional de los años setenta del siglo pasado marcó de manera negativ a el desarrollo económico de México durante los dos sexenios previos al de Miguel de

la Madrid. Dicha crisis acaba con el “Milagro Mexicano”, o “Modelo de Desarrollo Esta bilizador”, el cual consistía en una serie de políticas económicas y sociales ejercidas en México de 1940 a 1970, y que básicamente radicaban en un “proteccionismo” estatal que

buscaba el crecimiento económico del país “desde adentro” fomentando la exportaciones y controlando las importaciones, reflejándose en una protección arancelaria y subsidi os a la producción industrial nacional frente a la importación de mercancías, inversión pública en infraestructura, apoyo a la producción agrícola y a su exportación, un tipo d e cambio estable de $12.50 pesos por dólar y una prudencia gubernamental evitando

el endeudamiento mas allá de sus posibilidades. Bajo la presidencia de Luis Echeve rría Álvarez (1970-1976) comienzan los estragos de la ya tan mencionada crisis inter nacional de la época y de una política estatal deficiente que se caracterizaba por p royectos de crecimiento insostenibles y un desdén hacia la inversión privada. Todo e sto impactó a nuestro país principalmente a través de un desmesurado endeudamiento ext erno del orden de unos $4,262 millones de dólares al inicio de su sexenio, hasta a lcanzar la increíble cifra de $19,600 millones de dólares (deuda externa pública) al f inal de su mandato. El tipo de cambio pasó de los $ 12.50 pesos por dólar, estable d esde el “Milagro Mexicano”, a un monto de $22.00 pesos por dólar, es decir, una devalu ación del peso de un 76%. Desafortunadamente estas cifras tan alarmantes no conclu irían en la presidencia de su sucesor José López Portillo (1976-1982), al contrario, s e agravaron aún más. Desde el principio de su mandato, López Portillo garantizó como pri oridad de su gobierno la recuperación económica de su país y comenzó su plan de recupera ción económica confiado en un principio por el auge en las exportaciones de petróleo h acia los EE.UU., además, se descubrieron importantes yacimientos de petróleo en Chia pas, Tabasco, y en la sonda de Campeche. Otras de sus medidas fueron una reforma

fiscal que, entre cosas, consistía en la creación del I.V.A (Impuesto al Valor Agre gado) que encareció todos los productos de un 4% a un 10%, afectando con ello grav emente a la población marginada, y la estimulación a la inversión de capital privado. Pero, al final, la administración de López Portillo resultó, además de corrupta e intens amente nepotista, ser sumamente incompetente ya que no pudo, no supo, o, simplem

ente, no quiso administrar eficientemente los frutos de la corta bonanza petrole ra, despilfarrándolos en parte a través de subsidios hacia paraestatales corruptas e

improductivas, en políticas populistas de control social y por supuesto como se m encionó anteriormente en actos de corrupción. A lo anterior hay que añadir que los pre cios internacionales del petróleo disminuyeron considerablemente. La mezcla mexica na que se cotizaba a un precio de $38.50 dólares por barril (máximo valor alcanzado durante 8

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su sexenio) en abril de 1981, descendió hasta alcanzar los $32.50 dólares por barril al 1 de abril de 1982. Entre sus últimas acciones antes de dejar la silla preside ncial destacaron: la nacionalización de la banca privada en septiembre de 1982 (di cho de otra forma; los bancos pasaron a ser propiedad del Estado), la instauración de un tipo de cambio ficticio ante una inminente devaluación, y la firma de una c arta compromiso con el Fondo Monetario Internacional para garantizar el pago de la deuda externa. Todo esto refleja, en parte, la arbitrariedad con que se tomab

an muchas de las decisiones clave para la recuperación económica del país y que cobrar on su factura a un precio muy alto: la deuda externa pública pasó de los $19,600 mil lones de dólares, heredados del sexenio anterior, a unos $58,874 millones de dólares en 1982. La devaluación del peso se incrementó alrededor de un 581%, pues de un val or que fluctuaba aproximadamente los $22.00 pesos por dólar al inicio de su mandat o, se disparó a unos $150.00 pesos por dólar al concluirlo. Irónicamente lo anteriorme nte expuesto inevitablemente nos hace recordar aquella frase célebre que José López Po rtillo pronunció en una entrevista a extranjeros en 1981: "Defenderé el peso como un

perro". Sin embargo, los inversionistas en México dudaban de la viabilidad del pr ograma económico de la administración López Portillo, lo que dio lugar a una fuga masi va de los capitales hacia el extranjero durante 1981 y 1982 (el último de su sexen io) agravando aun más la crisis en el país. Concluyendo: Perro que ladra, no muerde,

—pero si ahuyenta—.

Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988)

La llegada de Miguel de la Madrid a la presidencia representó un incipiente ingres

o al modelo neoliberal, y a continuación explicaré porqué así se le considera. El period o de crisis previo a la presidencia de Miguel de la Madrid había dejado al país económ icamente devastado tras dos sexenios caracterizados por un alarmante sobreendeud

amiento al exterior (fomentado principalmente por los EE.UU.) para impulsar la “in

dustrialización”, un abuso excesivo de la intervención del Estado en los asuntos económi cos del país y que, además, habían evidenciado su corrupción e ineficiencia. Así pues, se había establecido un panorama propicio para implementar una nueva política que frena

ra las deficiencias del Estado y qué “mejor” política que la neoliberal pues, como hemos constatado, uno de sus principios consiste en limitar la intervención del Estado

en asuntos económicos. Recordemos también que esta era la época en que apareció ante el mundo el modelo neoliberal impulsado por Inglaterra y los Estados Unidos. Hacien

do una reflexión de las líneas anteriores, podría decirse que el neoliberalismo aparec e en México bajo la mecánica causa-efecto. Siguiendo esta mecánica, se puede apreciar cómo en esta administración se trataron de solventar los problemas económicos nacional es con un “Programa Inmediato de Reordenación Económica”, PIRE, el cual consistía en un de cálogo que proclamaba: 1) reducción del gasto público; 2) protección al empleo; 3) conti nuidad de la mayoría de los programas de inversión productiva; 4) honestidad y efici encia dentro del sector público; 5) protección y estímulo para los programas que prove yeran de productos básicos al sector popular; 6) reformas fiscales para incrementa r los ingresos gubernamentales; 7) canalización del crédito hacia el desarrollo naci onal y operación eficiente de los bancos 9

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nacionalizados; 8) política cambiaria “realista”; 9) reestructuración del sector burocráti co para volverlo más eficiente y 10) reformas constitucionales para reafirmar la R

ectoría del Estado dentro de la economía mixta. En general, los lineamientos del PIR E consistieron en un recorte al gasto público, una inversión controlada en actividad es productivas y que generaran empleo, alza de los intereses para atraer capital , incremento en los impuestos (por ejemplo el IVA pasó de un 10 a un 15%) y una el iminación de subvenciones hacia los productos de la canasta básica. Por otro lado, a

sólo dos días de haber tomado posesión como presidente de la República, Miguel de la Ma drid envió al Congreso de la Unión un par de iniciativas para modificar la Constituc ión, las cuales fueron aprobadas y entre las modificaciones realizadas llaman la a tención las relacionadas a los artículos 25 y 134 constitucionales. El nuevo artículo 25 incluyó principios muy alejados de los ideales de la Revolución Mexicana. El pape l de administrador que tenía el Estado mexicano fue suprimido, así como su facultad de ser productor directo de bienes y servicios para dejarle solamente la faculta d de dictar las normas a partir de las cuales deberían desarrollar sus actividades

los particulares, en otras palabras, se sentaron las bases para convertir al Es tado mexicano en algo similar al Estado vigilante pero apartado de la actividad

económica, como lo propone el neoliberalismo. En cuanto al artículo 134, referente a la adquisición y disposición de recursos económicos del Estado, se modificó partiendo d e un principio establecido en derecho constitucional de que lo que no está expresa

mente facultado no lo puede realizar la autoridad. Así se incluyó en dicho ordenamie nto el sustento jurídico que el gobierno mexicano necesitaba para poder vender las

empresas que eran propiedad del Estado, sustento que no estaba incluido en ningún

otro artículo constitucional. Partiendo de éstas y otras tantas “perspicacias” legales, durante el sexenio de Miguel de la Madrid hubo una notable reducción en el número d e empresas que eran manejadas por el gobierno (paraestatales), se redujo de 1,15

5 a 413, ya sea privatizándolas (según su último informe de gobierno 118 empresas fuer on privatizadas), fusionándolas con otras paraestatales o bien cerrándolas definitiv amente. A propósito de este tema de la privatización, se iniciaron los primeros paso s en lo referente a la banca. Un documento publicado por BANXICO titulado: “Histor

ia Sintética de la Banca en México” señala que si bien de la Madrid no revirtió en forma d efinitiva la expropiación de la misma, pugnó por volverla mixta con un 30% de accion

es controladas por la iniciativa privada e indemnizando a los accionistas de 49 instituciones. De esta forma se dieron los primeros pasos hacia lo que sería su pr ivatización total, hecho que sobresale en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Pero el aspecto de mayor trascendencia para entender los inicios de la política n acional hacia una doctrina neoliberal, fue la aceptación de una serie de compromis os adquiridos a partir de los créditos otorgados a México por parte del Fondo Moneta rio Internacional (FMI) y el Banco Mundial para la restructuración del sobreendeud amiento con el exterior, particularmente con EE.UU. En 1982, México era incapaz de pagar no sólo su deuda externa, sino inclusive los intereses producidos por la mi sma. Si el país 10

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seguía bajo esa característica de insolvencia, dejaría de ser sujeto a crédito ante la c omunidad internacional, lo que hubiera dado lugar a un paro en la actividad indu

strial de nuestro país, de manera que el entonces Secretario de Hacienda, Jesús Silv a Herzog durante los últimos días del sexenio de López Portillo, acepta la tutela del FMI al firmar una “Carta Compromiso” en septiembre de 1982. El gobierno del presiden te De la Madrid “hereda" dicho compromiso y debería garantizar el cumplimiento, en u n plazo no mayor a 3 años (1983 a 1985), de una serie de obligaciones dictadas por

dicho organismo: Crecimiento sostenido de la producción y el empleo. Superación del desequilibrio en el sector externo. Abatimiento de la inflación. Fortalecimiento

de las finanzas públicas, de modo que el déficit del sector público, como porcentaje d el PIB, disminuyera de 8.5% en 1983 a una cifra de 3.5% para 1985. Reducción de la

deuda externa; pues no debería exceder los 5 mil millones de dólares en 1983. Revis ión y adecuación del sistema tributario. Elevación de precios y tarifas de bienes y se rvicios ofrecidos por el sector publico. Racionalización del gasto, mediante la re visión de los programas de inversión no prioritarios y la racionalización de los subsi dios. Fomento al ahorro a través de tasas de interés atractivas. Fomento al desarrol lo de mercado de valores. Adecuación del control de cambios mediante una política ca mbiaria flexible. Racionalización del proteccionismo.

Revisando estos lineamientos se puede entonces entender de una manera más clara el origen de la política económica presente en la administración de De la Madrid refleja dos en el PIRE o en el proceso de privatización de las paraestatales, ambos temas

anteriormente expuestos. Así mismo, como también ya pudimos apreciar, los criterios del FMI obligaban al gobierno federal a una “racionalización del proteccionismo”, dich o de otra manera: fomentar la competitividad en el sector productivo mexicano y

abrirlo hacia el comercio exterior. Se ingresa entonces en 1985 al Acuerdo Gener al sobre Tarifas y Aranceles (GATT por sus siglas en inglés, y que sería precursor d el TLC firmado durante el sexenio de Salinas). Se disminuyen considerablemente l as tarifas arancelarias en México (por ejemplo en 1985 eran de un 28.5% hasta lleg ar a ser, después de 1987, de un 11.7%). Se libera entonces el comercio mexicano: se fomentan las exportaciones, que iniciarían su amplio apogeo durante el siguient e sexenio salinista, pero se da pie también, aunque en menor medida, a las importa ciones. Esta liberación del comercio garantizaría la deseada competitividad en la pr oducción nacional. Desafortunadamente la esperada mejoría que brindaría a México estar b ajo la tutela del FMI y del Banco Mundial para salir de la crisis nunca llegó, al

menos no se puede apreciar durante este sexenio. Si bien dentro de los primeros

3 años acordados se logró una reestructuración de la deuda externa, una disminución de l a inflación (de un incremento del 100% en los precios al consumidor a finales de 1

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hasta un 59% a principios de 1985), además también hubo un incremento del PIB (de un a tasa del -4.7% a principios 1983 incrementa 10 puntos hasta alcanzar un +4.7%

durante el tercer trimestre de 1984). Estas alentadoras muestras de recuperación s e desmoronarían por una serie de acontecimientos que marcarían un lamentable retroce

so en la recuperación económica del país. Para empezar, los préstamos otorgados a México p or el FMI y el Banco Mundial tuvieron un costo demasiado alto para el patrimonio

nacional, ya que además de sus altas tasas de interés, llama la atención el hecho de que una de las tantas condiciones de pago exigidas a México, era el que los ingres os por concepto de las ventas petroleras mexicanas deberían ser depositados en la Reserva Federal de Estados Unidos. Más claro, imposible. Ahora bien, tomemos en cu enta que la deuda externa pública pasa de $58, 874 millones de dólares en 1982 a una

nueva cifra récord de $81,000 millones de dólares en 1988. Este nuevo e impresionan te incremento en la deuda externa pública se puede explicar, en parte, a partir de

una baja en los precios del petróleo (de un promedio de $30.00 dólares por barril e n 1982, baja hasta alcanzar los $13.50 dpb en 1988); el terrible sismo de 1985 d onde se perdieron miles de vidas e impactó fuertemente la economía nacional por los inherentes daños materiales que sufrió la capital del país; el desplome de un 70% de l a Bolsa Mexicana de Valores en 1987 que agravó aún más la crisis mexicana; un crecimie nto del PIB promedio de 0.22% (dicho en otras palabras, no hubo crecimiento) y u

na caída del PIB per cápita de -10.07% en 1988, y por último, sin ser menos importante , la devaluación del peso frente al dólar, de una cotización a inicios del sexenio (19 82) de $161.35 pesos por dólar, pues llega alcanzar una cotización record de $2,295. 00 pesos por dólar, en 1988 o sea una devaluación de 1,437.70%. ¿Qué se puede concluir d e este desastroso sexenio autodenominado por De la Madrid como de “renovación moral”?

(en alusión a su “decidida” determinación de acabar con los excesos característicos de sus antecesores). En principio, que los lineamientos neoliberales del FMI hacia Méxic

o fueron en su mayoría inútiles ya que, como hemos apreciado en los párrafos anteriore s, tuvieron resultados desastrosos que hundieron las posibilidades de desarrollo

para el país. Por ejemplo, el tan recomendado proceso de privatización de las empre

sas públicas alentó el desarrollo de prácticas monopólicas y oligopólicas que, por lo tant o, ensombrecían el desarrollo competitivo de la nación. La liberación del comercio mex icano hacia el exterior se vio sumamente afectado por medidas comerciales agresi

vas y poco éticas, como los subsidios del gobierno estadounidense hacia empresas n orteamericanas que afectaron a los exportadores mexicanos. Se comienza el deteri oro del sector agrario nacional al disminuir considerablemente el presupuesto de l gobierno federal para fomentar las actividades del campo, (subsidios en fertil izantes y otros insumos) y se fomenta la importación de productos agrícolas, princip almente de origen estadounidense, por ejemplo, más del 20% del maíz que se consumía en

México al final de este sexenio era importado. La petrolización de la deuda no hizo otra cosa más que aumentarla, y en consecuencia el costo social de la crisis fue muy alto: aumento en el índice de desempleo, caídas de los salarios (cae 41% el pode r adquisitivo) y el subsecuente proceso de emigración ilegal hacia los EE.UU. Además hay que agregar a este panorama las “recomendaciones del FMI” para reducir consider ablemente 12

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los subsidios (apoyos estatales) en los productos de la canasta básica y en los se rvicios públicos como el transporte, o la reducción del gasto público en programas soc iales como el financiamiento a la vivienda popular, o el incremento de la recaud

ación fiscal (mayores impuestos). Finalmente, no debe sorprendernos el costo polític o que tuvo que comenzar a pagar el gobierno mexicano y su partido oficial, el PR I. Le cobraron factura sus dos presidencias populistas y corruptas (1970 a 1982) progenitoras de las peores crisis conocidas hasta entonces en nuestro país, o la puesta en marcha del modelo neoliberal durante el sexenio de De la Madrid, model o que demostró ser incapaz de neutralizar los estragos de la crisis y su desiguald ad social. El régimen priísta comienza a padecer una crisis de legitimidad en las si guientes y muy controvertidas elecciones presidenciales de 1988. La célebre “caída en el sistema” de cómputo para el conteo de votos anunciada por el entonces Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, ponía en duda la legitimidad del triunfo del can didato presidencial priísta Carlos Salinas de Gortari frente al candidato Cuauhtémoc

Cárdenas Solórzano (hijo del ex presidente Lázaro Cárdenas). Cárdenas Solórzano había lograd unificar a la izquierda mexicana en un solo partido: el Frente Democrático Nacion

al (FDN), siendo su candidato a la presidencia y que antes de la “caída del sistema” s e perfilaba, según las cifras en los primeros conteos, como el posible vencedor de

las elecciones presidenciales en ese tan polémico 6 de julio. Si realmente las ga nó, nunca lo sabremos, ya que, siendo presidente de la república, Salinas mandó quemar

todos los paquetes electorales de aquellas elecciones de 1988. Y es que, en efe

cto, se había iniciado la “caída del sistema” presidencialista del PRI tal y como se le conocía hasta entonces, con sus 59 años en el poder que llegarían a su fin 12 años mas t arde.

Carlos Salinas de Gortari (1988-1994)

El cuestionable arribo al poder de este controvertido ex presidente representa s

in lugar a duda el ímpetu con el que se consolidaría la doctrina neoliberal en México. Licenciado en Economía egresado de la UNAM (1970). En la Universidad de Harvard e

studia y se gradúa con honores de una Maestría en Administración Pública (1973), una Mae stría en Economía Política (1976) y un Doctorado en Economía Pública y Gobierno (1978). Su

experiencia curricular lo acredita como un especialista altamente calificado en

economía y administración pública (tecnócrata). Al principio de su mandato, Salinas nom bra inmediatamente a sus secretarios de estado, considerados por su perfil académi

co y profesional como miembros del movimiento tecnócrata que surge durante el sexe nio de Miguel De la Madrid y que se arraiga durante este sexenio. Destacan perso

nalidades como: Manuel Camacho Solís, Maestría en Asuntos Públicos por la Universidad de Princeton, ocupa en un principio la jefatura de gobierno del D.F y posteriorm

ente es nombrado secretario de relaciones exteriores en 1993; Luis Donaldo Colos io Murrieta, Maestría en Desarrollo Rural y Economía Urbana por la Universidad de Pe nnsylvania, fue coordinador de la campaña presidencial de Salinas, Presidente del PRI y en 1992 es designado Secretario de Desarrollo Social; Ernesto Zedillo Ponc e de León, Doctor en Economía por la 13

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Universidad de Yale, fue designado Secretario de Programación y Presupuesto y en 1 992 Secretario de Educación Pública; Jaime Serra Puche, Doctor en Economía por la Univ ersidad de Yale, fue designado Secretario de Comercio y Fomento Industrial; y Pe

dro Aspe Armella, Doctor en Economía por el Instituto Tecnológico de Massachussetts, fue designado Secretario de Hacienda y Crédito Público. Como podemos apreciar, los

miembros de este “dream-team” tecnócrata ocuparon los puestos más importantes dentro del gabinete salinista, de manera que no fue extraño el gran impulso que tuvo el proy

ecto neoliberal mexicano mencionado al principio de este párrafo. Parecería entonces que los dioses por fin le sonreían a México y a su tan necesario desarrollo con el arribo de tan distinguido Presidente de la República y sus altamente calificados c olaboradores. Ahora sí saldríamos de la crisis, la desigualdad social y el subdesarr ollo que arrastrábamos desde antaño. Pero desafortunadamente, como todos lo sabemos,

la historia fue otra completamente distinta. El presidente Salinas comienza su administración, tal y como su antecesor, heredando un país sumamente endeudado y en una crisis profunda, pero además harto de sus gobernantes. Tenía pues la difícil tarea

de ganarse la confianza de la nación y del extranjero. No obstante su admirable t rayectoria académica y profesional no bastaría para ganar dicha confianza, tenía que c onquistarla con hechos. Bajo ese contexto la primera tarea que se fijó la administ ración salinista fue alcanzar una estabilidad económica nacional. La meta era alcanz ar una modernización del país y, por supuesto, también la de su economía, siendo ello la

estrategia principal del “Plan Nacional de Desarrollo” (1989-1994) cuyos objetivos eran: 1) La defensa de la soberanía y promoción de los intereses de México en el mundo . 2) La ampliación de la vida democrática. 3) La recuperación económica con estabilidad de precios, y 4) El mejoramiento productivo del nivel de vida de la población. Est

e ambicioso plan para el desarrollo del país sonaba bastante bien como objetivo de l sexenio salinista, pero como ya sabemos, una vez que se puso en marcha no se c umplieron la mayoría de sus objetivos y a lo largo del análisis de este sexenio vere mos el porqué. Como ya se mencionó en un principio, se buscaba una recuperación económic a del país, entonces era necesario que el gobierno salinista bajara su deuda hered

ada y saneara las finanzas públicas. Hablando de la deuda externa, durante los pri meros dos años del sexenio se logra una reestructuración de la misma, a partir de un a serie de negociaciones en 1989 con el FMI, con el “Club de París” (foro informal de países acreedores y deudores que se celebra en dicha ciudad) y con el Banco Mundia l. Se le concede a México una reducción de los intereses y además se le otorgan nuevos

créditos para continuar con el pago de sus compromisos. La deuda externa pública, e n efecto, disminuye un 4%, pasando de $81,000 millones de dólares en 1988 a $77,77 0 millones de dólares en 1990. 14

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Por otro lado, en lo referente al saneamiento de las finanzas públicas, la adminis

tración salinista aceleró la política privatizadora para desmantelar al sector público, comenzada durante el sexenio anterior, concentrándose ahora en todas las grandes e

mpresas del Estado, de las cuales destacaban: Telmex, que en manos del gobierno

había demostrado ser una compañía prestadora de servicios muy deficiente y al borde de la quiebra, es subastada y adquirida por Grupo Carso de Carlos Slim Helú. Durante los años posteriores a su privatización, Telmex se ha caracterizado por su crecimie nto en cuanto a su cobertura nacional, pero también por sus prácticas monopólicas en u n principio y después oligopólicas en el mercado mexicano. Llama la atención que justo antes y poco después de su privatización se incrementaron las tarifas telefónicas en el país a tal grado que en la actualidad, a pesar de que ha ido disminuyendo paula tinamente el precio de las mismas en México, el servicio telefónico es de los más cost osos en el mundo, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (O CDE). 52 carreteras federales a lo largo del país. Las aerolíneas Mexicana de Aviación

y Aeronaves de México (Aeroméxico), y los principales aeropuertos mexicanos (los 35 más rentables). Fertilizantes Mexicanos, Fertimex, hasta entonces principal prove edor de fertilizantes para el campo mexicano. A partir de su privatización comienz a su paulatina desaparición debido principalmente a un alza excesiva en el costo d e su principal materia prima: el amoniaco, que era vendido por Pemex a precios más altos que el mismo fertilizante ya producido. En la actualidad, la mayoría de los fertilizantes son importados, poniendo con ello fin a la política de subsidio al campo mexicano ya que se contaba con una oferta barata de fertilizantes. La side

rúrgica, Sidermex (Altos Hornos de México y Sicartsa). Los medios de comunicación elec trónicos: Imevisión, se concesiona a Ricardo Salinas Pliego y se crea la actual TV A zteca, la segunda cadena de televisión más importante en México que, junto con Televis a, también se han caracterizado, como Telmex, por sus prácticas oligopólicas que obsta culizan la libre competencia. Reforma del artículo 27 constitucional, lo que dio l ugar a una liberalización del campo mexicano con tendencias privatizadoras ya que dicha reforma estimula el cambio de régimen para la posesión de la tierra accediendo

como una “opción” a la propiedad privada de ejidos y tierras comunales, lo que benefi ció a aquellos que contaran con una fuerte capacidad para la inversión, es decir, lo s grandes latifundistas nacionales y las empresas transnacionales. La banca mexi

cana. Se privatizaron las 18 instituciones de crédito que había en el país. Concesione s a empresas extranjeras para el uso y la explotación de los recursos naturales co mo el agua. 15

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-De esta forma, el gobierno mexicano había logrado no sólo sanear su deuda interna, s ino además había demostrado con hechos su evidente intención de desregular los princip ales sectores productivos del país: telecomunicaciones, petroquímica, ferrocarriles

y carreteras, puertos y aeropuertos, minería y el sector agrícola. México “abría sus puert as” al libre mercado internacional, el escenario ya estaba listo para la puesta en

marcha del proyecto presidencial más ambicioso de Carlos Salinas de Gortari: el T ratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y ¿Por qué no? la posible entrad a de México al primer mundo. En febrero de 1990, tras una gira de trabajo por Euro pa que culminó en la reunión anual del Foro Económico Mundial en la ciudad de Davos, S uiza, Carlos Salinas de Gortari narra en su libro: “México: un paso difícil a la moder nidad” una anécdota ocurrida durante esas fechas que marcaría históricamente el rumbo ec onómico y de la política exterior en nuestro país: “Las primeras horas de febrero de 199 0, en el hotel de Davos, toqué la puerta de su habitación y no obtuve respuesta. Era

de noche. Insistí. Era urgente que habláramos. No respondía. Estaba a punto de retira rme cuando me di cuenta que la puerta estaba entreabierta y la luz apagada. Entré

y dije en voz alta su nombre. Empecé a percibir movimientos en la oscuridad. Su br azo alcanzó el interruptor de una lámpara y cuando la encendió su sorpresa fue grande.

Le dije que era urgente que conversáramos. Era Jaime Serra Puche, el secretario d e Comercio. Se incorporó, se puso los lentes y se sentó en el borde de la cama. Me e scuchó, absorto. Serra aceptó con entusiasmo la encomienda que le hice. Apenas unas horas antes, le dije, había hablado también con Pedro Aspe para comentarle lo que re quería de cada uno. Le pedí a Serra que iniciara los contactos para la negociación del

Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos)” Meses más tarde, el 21 de agosto de 1990, Salinas propone oficialmente por escrito a través de una carta enviada al en tonces presidente de los EE.UU. George Bush padre, la negociación del TLCAN. Dos año s después, el 12 de agosto de 1992, tras una serie de intensas negociaciones previ as entre Canadá, EE.UU. y México, el Secretario de Comercio y Fomento Industrial de México, Jaime Serra, el Ministro de Industria, Ciencia, Tecnología y Comercio Intern acional de Canadá, Michael Wilson, y la Representante Comercial de los Estados Uni dos, Carla Hills, concluyeron dichas negociaciones con la firma de un acuerdo de

principio sobre el TLCAN. El 17 de diciembre del mismo año, el Primer Ministro de Canadá, Brian Mulroney, el presidente de los Estados Unidos, George Bush padre, y el presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, firmaron oficialmente el TLCA N en la ciudad de San Antonio. Dos años más tarde, el primero de enero de 1994, el T LCAN entra en vigor. El documento escrito a partir de dicho Tratado enumera en s u temario los siguientes puntos: -Primera parte: Objetivos y definiciones genera

les. -Segunda parte: Energía, Petroquímica Básica, Sector Agropecuario y Medidas Fitos anitarias. - Tercera parte: Barreras Técnicas al Comercio y Medidas relativas a la

normalización. - Cuarta parte: Compras del Sector Público. - Quinta parte: Inversión, Servicios y Asuntos Relacionados. 16

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- Sexta parte: Propiedad Intelectual. - Séptima parte: Disposiciones Administrativ as Institucionales. - Octava parte: Otras Disposiciones. En teoría, los tres países involucrados en dicho acuerdo se comprometerían a promover el empleo y el crecimie nto económico en América del Norte, confirmaban su creencia de que el TLCAN permitiría

aumentar la competitividad en las empresas de sus respectivos países protegiendo

el medio ambiente. También promoverían el desarrollo sostenible, fomentarían la protec ción de los derechos laborales, y se eliminarían progresivamente los impuestos a la importación de bienes y mercancías. Hipotéticamente, este Tratado no contemplaría en lo absoluto los temas relacionados a la exploración, refinamiento, producción, procesam iento o distribución del petróleo y sus derivados. Dicho de otra forma no se vería com prometida la “soberanía” del país en el manejo de su riqueza petrolera, pero también no se

intervendría en temas relacionados a la electricidad, el agua, las telecomunicaci ones, vías ferroviarias y los medios de trasporte, la posesión de tierras por extran jeros y la emisión de la moneda. Oficialmente, el TLCAN ha representado para México un exitoso motor de desarrollo para México, entre otras cosas, por su fomento a la

exportación de productos nacionales y a la inversión extranjera en nuestro país, como lo demuestra la Secretaria de Economía en su portal de internet:

En los últimos años, México se ha convertido en la octava potencia comercial mundial y la primera en América Latina, con una participación del 44 por ciento en las export aciones y 49 por ciento en las importaciones totales de la región. En sólo diez años, México ha:

- Triplicado sus exportaciones (de 51.9 mil millones de dólares a 164.9 mil millon es de dólares entre 1993 y 2003); - Incrementado sus importaciones en 161 por cien to (de 65.4 a 170.6 mil millones de dólares entre 1993 y 2003)

-En 2003, México fue el tercer receptor de Inversión Extranjera Directa entre los paíse s en desarrollo y el primero de América Latina. Considerando los flujos recibidos

durante el periodo 1994-2003, México ocupó el cuarto lugar entre los países en desarro llo y el segundo en América Latina.

-Pero desafortunadamente existe también otra lamentable realidad no oficial en nues

tro país que ni Salinas de Gortari, ni su “dream-team” con todo y su pretensión de intro ducir a México en el primer mundo, consideraron en la formulación de dicho tratado.

Evidentemente aún no formamos parte del primer mundo, y por si fuera poco, durante estos 15 años de Tratado, la brecha entre México y sus socios comerciales del norte , lejos de disminuir, se ha ido incrementando. Este incremento en la desigualdad

entre México y sus socios se entiende, según Laura Carlsen, analista, investigadora y directora del Programa de las Américas (ONG que estudia la política exterior de l os 17

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EE.UU.) en parte a que desde un principio no se consideró adecuadamente la existen cia de asimetrías entre los tres países, o dicho de otra forma, las enormes diferenc ias que existen en cuanto a las capacidades económicas, tecnológicas o productivas, evidentemente más avanzadas en Canadá y en Estados Unidos. Para entender un poco mej or estas “asimetrías”, basta con darle un vistazo al siguiente cuadro hecho por econom istas de la revista electrónica Vector Económico:

(www.vectoreconomico.com.mx) MEXICO, ESTADOS UNIDOS Y CANADA: ASIMETRIAS

México Población (miles) (2001) Población rural (miles) Población agrícola (miles) Presión d emográfica (hab/ km ) Superficie total (miles ha) Tierras arables (miles ha) Tierr

a irrigada (miles ha) PIB (miles de millones de dls.) (1999) PIB per cápita (EU dl s. 1999) Indice de GINI (concentración) Concentración del ingreso en el 10% de la po blación con ingreso más alto (%) Rango de competitividad (lugar) Gasto en investig a gropec / PIB agropec (%) Gasto público en educación (% del PIB) Tractores / 1,000 tr abajadores Salario en la agricultura (EU$/ año), 1995/98 Productividad agrícola (EU$ / trabajador) Deforestación (variación anual %) Subs agrícolas (% del valor de la prod ) 2001 Importación agroalimen (1998/2000) (miles dls.) Exportación agroalimen (1998/ 2000) (miles dls) Balanza comercial agroalimentaria (miles dls) Rendimiento de m aíz (tons/ ha)

2 Estados Unidos 285,926 64,539 6,162 30 962,909 179,000 22,400 8,351.0 (lugar 1) 30,600 (lugar 8 ) 40.8 Canadá 31,015 6,535 766 3 997,061 45,700 720 591.4 (lugar 9) 19,320 (lugar 29) 31.5 100,368 25,555 23,064 51 195,820 27,300 6,500 428.8 (lugar 12) 4,400 (lugar 71) 53.7 42.8 43 0.52 4.9 20 908 2,164 0.9 22 8,935,732 7,157,371 –1,778,361 2.50 30.5 1 2.60 5.4 1,484 n.d. 39,001 –0.3* 36 43,354,622 55,508,420 12,153,798 8.55 23.8 9 –– 6.9 1,642 30,625 n.d. –0.1* 25 11,046,062 15,253,898 4,207,837 7.15

(*) El valor negativo significa que están forestando n.d. no definido Fuente: Impa cto del TLCAN en el Sector Agroalimentario.Centro de Investigaciones Económicas, S ociales y Tecnológicas de la Agroindustria y la Agricultura Mundial ( CIESTAAM) –Uni versidad Autónoma Chapingo. Enero 2003. Cuadro elaborado con datos del Banco Mundi al, la OCDE y otras fuentes.

Por otro lado, la apertura del país a la inversión y al comercio han beneficiado sol amente a las grandes transnacionales, mientras que las pequeñas y medianas empresa s han tendido a desaparecer, tal y 18

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como lo demuestra el súbito auge en el crédito PyME del gobierno foxista en 2003. Ad emás, se esperaba que dicha inversión en México por parte de éstas transnacionales fomen tarían el consumo de materias primas nacionales, pero no ha sido así, se han inclina do por insumos de otros países más competitivos, de manera que nuestro país solo se ha

limitado a ser una maquiladora de componentes importados con su respectiva mano de obra barata. La inversión extranjera, en la realidad, ha generado poco empleo y muy poca riqueza, ya que principalmente se ha enfocado en el sector de servici os como la banca, seguros, transporte y comunicaciones. Para resumir lo anterior mente expresado, basta con revisar las cifras calculadas por la Secretaría de Econ omía referentes a la Inversión Extranjera Directa (IED) para la industria manufactur era durante los primeros 11 años del TLCAN (1994-2004), que fue de: $72,649 millon es de dólares en comparación con los $78,265 millones de dólares invertidos en el sect or servicios. Mención aparte merece, por ofensiva, la cifra de $331 millones de dóla res invertidos por el extranjero en el sector agropecuario. La realidad es que l a agricultura mexicana se ha ido perfilando hacia su extinción debido principalmen te a los subsidios y financiamiento de los EE.UU. hacia sus agricultores, pero t

ambién, como hemos visto en párrafos anteriores, al abandono “a su suerte” y a “las exigen cias del libre mercado” a que es sometido el campo mexicano por parte del gobierno

federal y su fomento a prácticas oligopólicas, actitud que fuertemente contrasta co n el apoyo del gobierno norteamericano hacia su campo. Según BANXICO, con el TLCAN , México ha elevado en más de un 50% el valor de sus exportaciones de frutas y horta lizas a los EE.UU., siendo el valor total de sus exportaciones de unos $ 1,830 M DD en 1994 hasta alcanzar los $4,235 MDD en 2004. Pero también es cierto que hemos

importado mucho más en granos de consumo básico que lo que exportamos en frutas y h ortalizas, especialmente el maíz tal y como se puede apreciar en cifras calculadas

por BANXICO y la SAGARPA, en el periodo comprendido durante los primeros nueve

años del TLCAN (1994–2002), referente a la producción nacional de productos básicos: el maíz creció a una tasa de 0.7% anual promedio, mientras que sus importaciones lo hic ieron a una tasa de 9.2%; la producción de frijol creció 2.1% y sus importaciones a 7.6% anual; la producción de trigo decreció en 2.9% anual y sus importaciones crecie ron en 10.5%; la producción nacional de arroz decreció 5.9% anual y sus importacione s aumentaron 10.5%.

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Ante esta notoria tendencia a la importación en lugar de la producción, los pequeños a gricultores mexicanos se han visto forzados a dejar sus tierras y a emigrar ileg

almente hacia los Estados Unidos para, paradójicamente, en muchos de los casos ded icarse a la agricultura en aquel país como mano de obra barata. Las exportaciones de las frutas y hortalizas solo han beneficiado a unos cuantos productores con g ran capacidad para la inversión, principalmente en el noreste del país. Esos mismos productores que se beneficiaron con la reforma al artículo 27 constitucional promu lgada por Salinas y que les dio la posibilidad de comprar grandes extensiones de

tierra. En contraste, las importaciones de granos como hemos visto han tenido d evastadoras consecuencias para los agricultores que viven en extrema pobreza en todo el territorio nacional. Resumiendo lo hasta ahora expuesto sobre dicho Trat ado, pero sobre todo, nuestra realidad actual y sus hechos nos han demostrado qu e el TLCAN ha sido altamente benéfico sólo para las grandes corporaciones y las naci ones avanzadas, pero es totalmente lo opuesto para las naciones subdesarrolladas

como la nuestra. La realidad también nos demuestra que en nuestro país el neolibera lismo y el desarrollo son incompatibles, porque su puesta en marcha provoca resu

ltados contrarios a los necesarios para un país en vías de desarrollo: el “abrirnos al libre mercado” implica ser competitivos, lo cual implica también un desarrollo tecn ológico, alta inyección de capital del cual carecemos, y una automatización que despla ce a la mano de obra, lo cual es exactamente contrario a lo que necesitamos. Tam

bién se puede deducir el alto costo social que ha implicado la puesta en marcha de dicho Tratado, mediante el cual se han exportado no solo frutas y hortalizas, c

omponentes electrónicos, o autos, sino además, también un excelente “producto nacional d e exportación” como desafortunadamente se le podría llegar a considerar a la mano de o bra mexicana en los EE.UU. Entonces, ¿Cómo hemos salido adelante durante estos años tr as la evidente incapacidad del TLCAN como “motor de desarrollo” para la economía mexic ana?, la respuesta es sencilla: con la economía informal, con los recursos no-reno vables (petróleo y gas), con las remesas de los migrantes en EE.UU. y con el tráfico

de drogas. Pero el presidente Salinas no quiso entrever éstas y otras tantas cons ecuencias negativas que tendría la puesta en marcha de su ambicioso e incongruente

Tratado sobre nuestro país, para él: ”El Tratado fue, sobre todo, un instrumento para abrir la oportunidad de que México tuviera acceso al mercado más grande del mundo.” ( Entrevista que concedió al periódico El Financiero en octubre de 2006). No quiso tam bién vislumbrar la “tormenta social” que se avecinaba al final de su sexenio. El 1 de enero de 1994 fue para el sexenio salinista una fecha marcada por una dualidad p

aradójica en los sucesos que acontecieron ese día: la entrada en vigor del TLCAN y e l inicio de la revuelta indígena en Chiapas perpetrada por el EZLN y su sub-comand ante Marcos. El sueño salinista de un México en el primer mundo de pronto se esfumó an te la aplastante realidad de una miseria que ha caracterizado desde tiempos

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inmemoriales a una inmensa mayoría de nuestra población. Como dice el verso de una c anción: “Todo se derrumbo”. Tal vez el presidente Salinas se había confiado demasiado de

su “liberalismo social” encarnado en su “Programa Nacional de Solidaridad” (Pronasol), como un medio “eficaz” para aminorar las inherentes desigualdades de su proyecto neo liberal. Su programa de Solidaridad le costó muy caro económica y políticamente. Prete ndía compensar con dádivas sociales el feroz espíritu individualista y darwinista (sólo sobrevive el más fuerte) del neoliberalismo. La rebelión zapatista puso de manifiest o las incongruencias presentes en este programa de “apoyo” social. Las promesas cont enidas en el Plan Nacional de Desarrollo (1988-1994) como: “La defensa de la sober

anía y la promoción de los intereses de México en el mundo”, “La recuperación económica con e tabilidad de precios”, o “El mejoramiento productivo del nivel de vida de la población”,

jamás se llegaron a cumplir. Al final del sexenio salinista México estaba mal. Los brotes de violencia que caracterizaron el último año de dicho sexenio lo confirman: la guerrilla zapatista el 1 enero de 1994, el brutal asesinato del entonces cand idato oficial a la presidencia Luis Donaldo Colosio el 23 marzo de 1994, el ases inato de José Fco. Ruiz Massieu cuyo principal sospechoso, según la PGR, era su prop io cuñado: Raúl Salinas de Gortari (hermano del presidente), o las guerras sin cuart el que surgían desde entonces entre el narco mexicano, cambiaron radicalmente la p

ercepción tanto nacional como internacional que se tenía de México como un país próspero y seguro. A partir de entonces, se agravó la pérdida en la confianza internacional ha

cia México (fuga de capitales) y en consecuencia ocurrió una incontrolable inestabil idad económica en el país. A todo esto hay que añadir el alto gasto gubernamental en o bras públicas (recordemos a Solidaridad que además de ser un “programa social”, también si rvió como instrumento de propaganda electoral para las elecciones presidenciales d

e 1994), lo cual se tradujo en un aumento de la deuda pública y, en consecuencia, se negoció dicha deuda emitiendo Tesobonos, un tipo de instrumento de deuda que as eguraba el pago en dólares, en lugar de pesos mexicanos, y prácticas bancarias suavi zadas o incluso corruptas; más aun, algunos miembros de la familia de Salinas fuer on acusados de transacciones ilícitas. Entonces, no debería sorprendernos la estrepi tosa caída de la falacia salinista. Su exitosa reestructuración de la deuda externa pública a inicios de sexenio se fue a pique, de tal forma que de los $77,770 millo nes de dólares que México debía en 1990, la deuda aumenta en 1994 hasta alcanzar los $ 85,435 millones de dólares. Hubo otra vez una devaluación del peso, de un tipo de ca

mbio a $2,295.00 pesos por dólar, pasó a $3,410.00 pesos por dólar, ¡perdón $3,41 “nuevos pe sos” por dólar!, se me había olvidado que se quitaron tres ceros al peso para “facilitar” las cuentas. Pero estas cifras parecieran ser bastante “favorables” si las comparamo

s con las que Carlos Salinas de Gortari le heredó a su sucesor Ernesto Zedillo. Cíni camente Salinas atribuye en su libro “La década perdida” a Ernesto Zedillo como el único

responsable del famoso “error de diciembre”. Pareciera más bien que a Zedillo le tocó i nevitablemente “agarrar la papa caliente” de su megalómano antecesor: una deuda extern a pública que pasó de los 21

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supuestamente $85,435 millones de dólares atribuidos al sexenio salinista en 1994 a unos $100,993 millones de dólares en 1995, y además Zedillo se ve forzado a implem entar una devaluación del 93% del peso frente al dólar, o sea, de los ficticios $3.4 1 “nuevos pesos” por dólar a un tipo de cambio promedio de $6.60 pesos por dólar. Llama mucho la atención que, sin importar quien haya tenido la culpa del famoso “error de diciembre”, este fenómeno ocurrió en un tiempo sospechosamente muy oportuno, casi inme diatamente después de tomar posesión Ernesto Zedillo como presidente de la república. Imaginemos el costo político para el PRI y su entonces candidato Ernesto Zedillo s

i la crisis y la devaluación hubiesen “estallado” justamente durante el último año en la p residencia de Salinas de Gortari (año electoral por cierto), tal y como había venido

ocurriendo desde la presidencia de Luis Echeverría. Se puede considerar entonces que electoralmente hablando, esta crisis fue muy “considerada” con el PRI y, por sup uesto, con Zedillo, ya que dicha crisis salió a flote justo en el momento adecuado . Finalmente, tras analizar todos los hechos anteriormente expuestos, se confirmó

una vez más que la extrema ambición de Carlos Salinas de Gortari, el presidente “elect o” de la nación, el dirigente de un “prestigioso” gabinete de Estado tecnócrata y, por sup uesto, el líder visionario que México entonces necesitaba para salir adelante del su

bdesarrollo y formar parte del “primer mundo”, fuera el único responsable de su propia caída histórica como estadista y, de paso también, de nuestro país.

Ernesto Zedillo Ponce de León. (1994-2000)

La presidencia de Ernesto Zedillo estuvo marcada como hemos visto anteriormente por la peor crisis financiera del siglo XX heredada de su antecesor Carlos Salin

as de Gortari. Una vez más, el presidente de la república tenía el reto de “salvar” al país de la catástrofe en la que se encontraba: un país sumamente endeudado tanto en el ex

terior como en el interior, con miles de compañías en quiebra, con un alto índice de d esempleo y pobreza, una población incapaz de pagar sus deudas crediticias, un conf licto interno armado en Chiapas y una inseguridad, e incremento de la delincuenc ia organizada, nunca antes vista hasta entonces. Pero viéndolo bajo una perspectiv a algo sarcástica, no había de que preocuparnos, recordemos que Ernesto Zedillo nos

había prometido en su campaña electoral a la presidencia: “Bienestar para tu Familia”. D esgraciadamente la realidad fue otra muy distinta. Como ya lo sabemos, las únicas

familias que realmente alcanzaron ese bienestar fueron unas cuantas solamente: l a familia de Ernesto Zedillo, por supuesto, (Zedillo actualmente forma parte del consejo ejecutivo de transnacionales como Procter and Gamble, Alcoa que es la p rincipal siderúrgica de los EE.UU. y de Union Pacific); la familia de políticos como

Referencias

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