LUNA DE PLUTON COMPLETO.pdf

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El parque de diversiones Jumbo Jumbo era el más grande de todo el planeta Plutón porque de todo tenía un poco: anfiteatros, parques, acuarios, montañas rusas, pistas de patinaje, tiendas, salas

recreativas, centros de comida, un planetario y un circo.

Jumbo Jumbo se había convertido en uno de los centros turísticos más fructíferos e interesantes de los pocos que poseía Plutón, e incluso, desde el espacio, podía verse la telaraña de luces del parque sobre la superficie del planeta.

Como nunca amanecía ni mucho menos era de día, Plutón estaba siempre destinado a la noche, lo que le daba una suerte de aspecto carnavalesco y muy de Noche de Brujas, pero nadie se quejaba, a pesar de que a causa de ello, la piel de los plutonianos era blanca y fría, y llevaban unas ojeras de ríete tú de los vampiros.

El lugar estaba abierto las 24 horas (18, a decir verdad, que es lo que dura un día en Plutón), así lloviese, relampaguease o cayese una lluvia de meteoritos; a cualquier hora se podía entrar, y para el

personal que operaba las atracciones eso nunca era un problema, pues todo estaba controlado mayormente por robots y por indocumentados ilegales de Saturno que eran capaces de trabajar hasta el borde de la muerte por un sueldo miserabilísimo, con tal de que no los llevaran de vuelta a las recalcitrantes y poco conocidas minas del Olimpus Mons.La directiva de Jumbo Jumbo contaba con varios ejecutivos filántropos, por lo que se daba el lujo de tener un departamento de rehabilitación de criminales, a quienes les hacían trabajar girando la enorme manilla de la Rueda de la Fortuna, o llevando entre los brazos los palotes que arrastraban las carrozas para niños ricos, pudiéndose estos dar el lujo de pegarles

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latigazos en la espalda cada vez que desearan ir más rápido (huelga decir que tenían especial precaución con los niños de seis brazos). Desde las plazas, siempre podía verse un mosaico de torres de fantasía asomándose por encima de los árboles negros, con escalerillas en torno a ellas, que terminaban en formas cónicas, parecidas a la de un sombrero de bruja, típica de castillos clásicos. Justo en el centro del parque se hallaba la cúpula del planetario, desde donde se proyectaba un abismal telescopio dorado de varios cientos de metros de altura, en el que se examinaba constantemente a los gigantes gaseosos del Sistema Solar, pero que sin embargo no ofrecía una vista muy aceptable de los misteriosos planetas sólidos que se hallaban después del cinturón de asteroides.

El sol se veía como una bellísima y mediana estrella fugaz azulada de cuatro brazos. Las parejas de enamorados subían en ocasiones la colina artificial para sentarse y ver, hombro a hombro, el inacabable espectáculo palpitante.

Otros, en cambio, preferían sentarse en los banquillos alrededor del lago, para arrojar harpías de maíz (nombre que le dan a las palomitas, a las que hacen crecer descontroladamente con un aceite mutante, enarbolando el descarado clima hiperconsumista de Plutón) a una especie de pez sin ojos que no tardaba en asomar su boca para tragarse el bocado.

Más allá, cerca de la galería AV (Artistas Vagabundos), en la Plaza Mayor, se hallaba un carrito que vendía algodones de azúcar. La larga fila de chiquillos esperaba su turno para recibir el delicioso dulce.

Y es aquí donde nuestra historia comienza...

La chica que atendía el puesto, bajita, verde y cabezona, de orejas largas y puntiagudas, llevaba un gorrito blanco sobre el cráneo. Sus lindos ojazos azules, maquillados con varias tonalidades violeta, estaban fijos hacia dentro del hueco de la máquina, donde introducía el brazo, sosteniendo la barquilla, obrando formas y figuras con el algodón que eran todas unas obras de arte.

Un par de retumbos arruinaron uno que empezaba a obtener la forma de la cabeza de un unicornio. Levantó la mirada, y abrió los ojos

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como platos, mientras sus pupilas se hacían cada vez más diminutas. Una mano dejó un par de monedas sobre el mostrador.

—Un algodón, por favor.

El gorrito se deslizó por su redonda cabeza y cayó al suelo, y como si no se hubiese dado cuenta, tomó otra barquilla, y le preparó un cono de algodón de azúcar de color rosado a la señorita que acababa de pedírselo, sin dejar de mirarla, al punto de parecer casi descortés. Alargó la mano y se lo tendió.

Sosteniendo delicadamente la barquilla entre sus dedos, la señorita, que lucía una linda falda verde de varias capas, unos zapatos de charol, unos calcetines blancos que le llegaban hasta las rodillas y unas trenzas

en la cabeza, pasó de largo la plaza y siguió rumbo a una neblinosa calle de adoquines, alumbrada por farolas de luz amarilla.

Esta calle desembocaba mucho más allá, era larguísima, hasta el punto que el otro extremo se perdía de vista y, además, estaba solitaria.

Pronto se transformaba en un puente que surcaba el lago, y después de casi una milla, acababa en una isla recubierta, casi en su totalidad, por una enorme carpa.

El final del camino de adoquines estaba signado por una valla arqueada con grotescas caras de payasos pintadas a los lados, mostrando sonrisas de barracuda.

Había llegado al Circo de Jumbo Jumbo: el más grande de todo el Sistema Solar.

Pero el lugar estaba desierto: en la arena se hallaban grabados

millares de huellas de zapatos y botas de todos los tipos y tamaños, y un ligero olor a tabaco dominaba la atmósfera, mezclado con una brisa helada que gemía y acariciaba los banderines que tenía la colosal carpa.

Con tristeza, la señorita se dio cuenta de que había llegado tarde a la función; el show había terminado. Caminó lentamente hasta un expendedor de goma de mascar, la bola de cristal mostraba chicles que tenían formitas de cabezas de zombis y calabazas de cualquier cantidad de sabores: menta, fresa, naranja, durazno, mora y riñón de

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Zamurkiano.

A cada paso que daba, más se asombraba por la inmensidad de la carpa: al igual que un rascacielos corporativo, había que levantar la cabeza para ver dónde terminaba el gigantesco letrero que entre luces de neón rezaba CIRCO JUMBO JUMBO en letras gruesas, de

colores amarillo y rojo chorreantes. Algún artista debió pensar que eso le daba un aire atractivo, rematándolo con una gigantesca

calavera de payaso encima, que parecía estar hincándole los dientes al letrero.

Un filósofo que ha formado todo su pensamiento adhiriéndose a los temas fundamentales de la filosofía de las ciencias, que ha seguido el eje del racionalismo creciente de la ciencia contemporánea, debe olvidar su saber, romper con todos sus hábitos de investigación filosófica, si quiere estudiar los problemas planteados por la

imaginación poética… Hay que estar en el presente, en el presente de

la imagen, en el minuto de la imagen: si hay una filosofía de la

poesía, esta filosofía debe nacer y renacer con el motivo de un verso dominante, en la adhesión total a

una imagen aislada, y precisamente en el éxtasis mismo de la novedad de la imagen.

La imagen poética es un resaltar súbito del psiquismo. En el resplandor de una imagen poética, resuenan los ecos del pasado lejano, sin que se vea hasta qué profundidad van a repercutir y extinguirse. En su novedad, en su actividad, la imagen poética tiene un ser propio, un dinamismo propio. JUMBO-JUMBO. La imagen nueva que el poeta me ofrenda, arraiga en seguida en mí: esa

llamarada del ser en la imaginación. Para iluminar filosóficamente el problema de la imaginación poética es preciso llegar a una

fenomenología de la imaginación; cuando la imagen surge en la conciencia como un producto directo del corazón, del alma, del ser del hombre captado en su actualidad. Se pide al lector de poemas que capte la realidad específica de la imagen. La imagen en su

simplicidad no necesita un saber. Es propiedad de una conciencia ingenua. El poeta, en la novedad de sus imágenes es siempre origen del lenguaje.

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El circo JUMBO-JUMBO y EL

FELINO

Un filósofo que ha formado todo su pensamiento adhiriéndose a los temas fundamentales de la filosofía de las ciencias, que ha seguido el eje del racionalismo creciente de la ciencia contemporánea, debe olvidar su saber, romper con todos sus hábitos de investigación filosófica, si quiere estudiar los problemas planteados por la

imaginación poética… Hay que estar en el presente, en el presente de

la imagen, en el minuto de la imagen: si hay una filosofía de la

poesía, esta filosofía debe nacer y renacer con el motivo de un verso dominante, en la adhesión total a una imagen aislada, y precisamente en el éxtasis mismo de la novedad de la imagen.

La imagen poética es un resaltar súbito del psiquismo.

En el resplandor de una imagen poética, resuenan los ecos del pasado lejano, sin que se vea hasta qué profundidad van a repercutir y

extinguirse. En su novedad, en su actividad, la imagen poética tiene un ser propio, un dinamismo propio. EL POETA HABLA EN EL UMBRAL DEL SER. La imagen nueva que el poeta me ofrenda, arraiga en seguida en mí: esa llamarada del ser en la imaginación. Para iluminar filosóficamente el problema de la imaginación poética es preciso llegar a una fenomenología de la imaginación; cuando la imagen surge en la conciencia como un producto directo del corazón, del alma, del ser del hombre captado en su actualidad. Se pide al lector de poemas que capte la realidad específica de la imagen. La imagen en su simplicidad no necesita un saber. Es propiedad de una conciencia ingenua. El poeta, en la novedad de sus imágenes es siempre origen del lenguaje.

La poesía es, más que una fenomenología del espíritu, una

fenomenología del alma. Una filosofía de la poesía debe recibir todos los poderes del vocabulario, no debe simplificar nada ni endurecer nada. La palabra alma es una palabra inmortal. En ciertos poemas es imborrable. Es una palabra del aliento. Una onomatopeya de la

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respiración.

La importancia vocal de una palabra debe retener por sí sola la

atención de un fenomenólogo de la poesía. La palabra alma puede ser dicha con tal convicción que comprometa todo un poema.

Para comprender, para sentir y amar la obra de un artista, hay que lanzarse al centro, al corazón, a la encrucijada donde todo toma JUMBO-JUMBO Hay que participar en una luz interior.

La poesía es un compromiso del alma. En los poemas se manifiestan fuerzas que no pasan por los circuitos de un saber. El ensueño

poético goza, no sólo de sí mismo, sino que prepara para otras almas goces poéticos. En el ensueño poético, el alma vela, sin tensión, descansada y activa. Para una maravillosa imagen poética, no hace falta más que un movimiento del alma. En una imagen poética el alma dice su presencia.

La poesía es un alma inaugurando una forma, dice Pierre-Jean Jouve. El alma inaugura. Es dignidad humana.

Profundizamos el poema, así profundizamos nuestra existencia. Oímos y hablamos el poema, es nuestro; la repercusión opera un cambio en el ser.

Parece que por su exuberancia el poeta reanima en nosotros unas profundidades. Por su novedad, una imagen poética pone en

movimiento toda la actividad lingüística. Al decirla y repetirla nos comunicamos el entusiasmo.

El orgullo simple de la simple lectura que se nutre con la soledad de la lectura, lleva en sí un signo fenomenológico innegable, si se conserva su simplicidad. Nosotros, los aficionados a la lectura feliz, no leemos y releemos más que lo que nos gusta, con un pequeño orgullo de lector mezclado con mucho entusiasmo. La punta de orgullo que nace de la adhesión a una dicha de imagen, es siempre discreta, secreta. Es un orgullo de cámara. Nadie sabe que revivimos, leyendo, nuestras tentaciones de ser poetas. Todo lector un poco apasionado por la lectura, alienta y reprime, leyendo, un deseo de ser escritor. Todo lector que

relee una obra que ama, sabe que las páginas amadas, le conciernen. Siempre es necesario un impulso sincero, un pequeño impulso de

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admiración para recibir el provecho fenomenológico de una imagen poética. Parece que el goce de leer sea reflejo del goce de escribir, como si el lector fuera el fantasma del escritor. El bien decir es un elemento del buen vivir. Un gran verso puede tener una gran

influencia sobre el alma de una lengua. Despierta imágenes borradas. El verso o la estrofa donde la imagen poética irradia forman espacios de lenguaje, UN ESPACIO SENSIBLE recorrido por el simple

impulso de las palabras vividas. El verso tiene siempre un movimiento, la imagen se vierte en la línea el verso, arrastra la imaginación como si ésta creara una fibra nerviosa.

Para el fenomenólogo, la imagen está allí, la palabra habla, la dicha hablada se ofrece – no es necesario haber vivido los sufrimientos del poeta - . La poesía tiene una felicidad que le es propia, sea cual fuere el drama que descubre.

El poeta es el que conoce, es decir, el que trasciende y nombra lo que conoce. No hay poesía si no hay creación absoluta.

El psicoanalista puede muy bien estudiar la naturaleza humana del poeta, pero no está preparado, a causa de su permanencia en la región pasional, para estudiar las imágenes poéticas en la realidad de su cima.

En este texto vamos a examinar imágenes muy sencillas, las

imágenes del espacio feliz. Aspiramos a determinar el valor humano de los espacios de posesión, de los espacios defendidos contra

fuerzas adversas, de los espacios amados. ESPACIOS ENSALZADOS.

El espacio captado por la imaginación no puede seguir siendo el espacio indiferente entregado a la medida y a la reflexión del

geómetra. ES VIVIDO. Concentra SER en el interior de los límites que protegen. Nos situaremos ante imágenes que atraen.

Para la poética de la casa surgen abundantes preguntas. ¿Se parece la

casa a mi alma…? ¿Nos lleva al consuelo de la gruta primitiva…?

¿JUMBO-JUMBO? ¿Nuestro inconsciente se aloja ahí?

Nuestra alma es una morada. Por la casa y el cuarto aprendemos a morar en nosotros mismos.

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¡Y los cajones, los cofres, los armarios! ¡Cuánta psicología bajo su cerradura! Hay en ellos una especie de estética de lo oculto. Un cajón vacío es inimaginable. Y los nidos y las conchas ¡esos dos refugios

de lo vertebrado y de lo invertebrado! … ¡esa gruta del animal que es

la concha! Entremos a soñar el elemento.

Hay imágenes que exigen para que las vivamos, que como en los nidos y en las conchas, nos hagamos muy pequeños.

¡No encontramos en nuestras mismas casas reductos y rincones donde nos gusta agazaparnos?

Agazapar pertenece a la fenomenología del verbo habitar. Sólo habita con intensidad quien ha sabido agazaparse. Todos tenemos una

reserva de imágenes de agazapamiento. Hemos escrito un breve

capítulo sobre los rincones… hay grandes escritores que les han

cedido una gran dignidad literaria.

Hemos dispuesto la dialéctica de lo pequeño y de lo grande bajo los signos de la Miniatura y de la Inmensidad. En JUMBO-JUMBO, tuvimos que partir de una especie de intimidad de la redondez. Este libro condensa todos los cursos que hemos dado en la Sorbona durante los tres últimos años de nuestra actividad docente. Para un estudio fenomenológico de los valores de intimidad del espacio interior, la casa es, sin duda alguna, un ser privilegiado. Imaginar la casa me aumenta los valores de la realidad.

A través de todos los recuerdos de todas las casas que nos han albergado y allende todas las casas que soñamos habitar ¿puede desprenderse una esencia íntima y concreta que sea una justificación del valor singular de todas nuestras imágenes de intimidad protegida?

Más allá de la descripción… hay que viajar hasta llegar a las virtudes

primeras, a aquellas donde se revela una adhesión, en cierto modo

innata, a la función primera de habitar… captar el germen de la

felicidad central, segura, inmediata. En toda vivienda, incluso en el castillo, el encontrar la concha inicial, es la tarea ineludible de

fenomenólogo. Hay que decir cómo habitamos nuestro espacio vital, como nos enraizamos, de día en día, en un rincón del mundo.

Porque la casa es nuestro rincón del mundo. Es nuestro primer universo, es realmente un cosmos. Pero nuestra vida adulta se halla

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tan despojada de los bienes primeros, los lazos antropocósmicos están tan

relajados que no se siente su primer apego en el universo de la casa… los valores del espacio habitado…ese no-yo que protege al yo…

Todo espacio realmente habitado lleva como esencia la noción de

casa… el mimo hace su casa en el aire… la imaginación construye muros con sombras impalpables… o se conforta con ilusiones de protección… o tiembla tras gruesos muros. Todo albergue y

habitación tiene valores oníricos. Los verdaderos bienestares tienen un pasado. Todo el mundo viene a vivir por el sueño en una nueva casa. La casa, como el fuego y como el agua, nos permitirá evocar fulgores de ensoñación que ilumina la síntesis de lo inmemorial y del recuerdo.

Las diversas moradas de nuestra vida se compenetran y guardan los tesoros de los días antiguos. Cuando vuelven los recuerdos de las antiguas moradas, vamos al país de La Infancia Inmóvil...nos

reconfortamos reviviendo recuerdos de protección…somos siempre

un poco poetas y nuestra emoción tal vez sólo traduzca la poesía perdida.... una imagen nos conmueve con una profundidad

insospechada.En los poemas, tal vez más, que en los recuerdos,

llegamos al fondo poético del espacio de la casa…ahí gozamos de SER.Sin la casa, el hombre sería un ser disperso… Lo sostiene a

través de las tormentas del cielo y de las tormentas de la vida. Es cuerpo y alma. Es el primer mundo del ser humano. Antes de ser lanzado al mundo, el hombre es depositado en la cuna de la casa. Y siempre, en nuestros sueños, la casa es una gran cuna.La vida

empieza bien, empieza encerrada, protegida, toda tibia en el regazo de una casa. El ser reina en una especie de paraíso terrestre de la materia, fundido en la dulzura de una materia adecuada. Cuando se sueña en la casa natal, en la profundidad extrema del ensueño, se participa de este calor primero, de esta materia bien templada del paraíso material.

En sus mil alvéolos, el espacio conserva tiempo comprimido.El espacio sirve para eso.

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guardilla...? ¿Era caliente el rincón...? ¿De dónde venía la

luz…?¿Cómo se saboreaban los silencios tan especiales... del

albergue en el ensueño solitario...?

Es en el espacio donde encontramos esos bellos fósiles de duración

concretados por largas estancias... el conocimiento de la intimidad… incluso cuando ya no se tiene granero ni desván… quedará siempre el cariño que les tuvimos… la vida que vivimos en la buhardilla...en el valor de la concha… en el espacio de la dicha.

Y el camino… ”¿hay algo más bello que un camino...?” pregunta

George Sand(Aurora Dupin). Cubrimos así el universo con nuestrosdiseños vividos -Borges habla de la figura global que se formaría con todos nuestros pasos-. Sólo debo decir de la casa de mi infancia, lo necesario para ponerme yo mismo en situación onírica, para situarme en el umbral de un ensueño donde voy a descansar en

mi pasado… yo solo… en mis recuerdos de otro siglo, puedo abrir la

alacena profunda que conserva todavía, para mí solo, el aroma único, el olor de las uvas que se secan sobre el zarzo. ¡El olor de las uvas! Olor límite; para percibirlo hay que imaginar muy a fondo. Abrir el armario único, el armario de olor único, que señala una intimidad. Se recomienda esa lectura suspensa de Marcel Proust, en su obra POR EL CAMINO DE SWANN, uno de los más bellos ejemplos de la literatura que regresa a la infancia; uno regresa, literalmente, con Proust, a su infancia que es también la de uno...es en el momento en que los ojos del lector abandonan el libro, cuando la evocación de mi

cuarto puede convertirse en umbral de onirismopara los demás… el

alma del lector resuena,conoce esa resonancia, que devuelve al ser la

energía de un origen. Se “escribe” un cuarto “se lee”un cuarto, “se lee” una casa. Todo el ser de la casa se despliega, fiel a nuestro ser… empujaríamos con el mismo gusto la puerta que rechina… iríamos sin luz hasta la guardilla lejana… el menor de los picaportes quedó

en nuestras manos. En el hábito, expresamos ese enlace apasionado de nuestro cuerpo que no olvida la casa inolvidable.

La infancia es ciertamente más grande que la realidad.

¡Qué privilegios de profundidad hay en los ensueños del niño! ¡Dichoso el niño que ha poseído, verdaderamente poseído, sus

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soledades!

El techo protege de la lluvia y del sol, nos acerca la nube, hacia el tejado todos los pensamientos son claros. El sótano es el ser oscuro de la casa, el ser que participa de los poderes subterráneos, soñado con él, nos acercamos a la irracionalidad de lo profundo. Del lado de la tierra cavada, los sueños no tienen límite. Para Cari Gustav Jung, en la imagen del sótano están los miedos que habitan la casa. Uno casi no se aventura en el sótano.

Viajemos ahí en el sueño… más allá del miedo humano, hasta el

miedo cósmico, que hace eco del hombre que vuelve a su leyenda de situación primitiva. La casa, el sótano, la tierra profunda, encuentran una totalidad por la profundidad. La casa se ha convertido en un ser de la naturaleza. Es solidaria de la montaña y de las aguas que labran la tierra.

Y la torre, la que encanta a todo soñador de una antigua morada.No nos sorprenderá que la torre tenga la estancia de una dulce muchacha y que esté habitada por los recuerdos de una apasionada abuela. Ese cuarto está aislado en la altura y domina el espacio.Así la casa

evocada va de la tierra al cielo. Hace la caridad de una torre a los que ni siquiera conocieron un palomar. Los libros le dan a nuestros

ensueños milmoradas. Cuántas veces habitamos en los sueños las torres leídas en los libros.

Y el ensueño de las escaleras… y los peldaños para subir a las puertas… tres peldaños, todo lo que sube y baja vuelve a vivir

dinámicamente.

En París no hay casas.Los habitantes de la gran ciudad viven en cajas superpuestas. "Nuestro cuarto parisiense - dice Paul Claudel- entre sus cuatro paredes, es una especie de lugar geométrico, un agujero convencional que amueblamos con estampas, cachivaches y armarios dentro de un armario"- Oiseaunoirdans le soleillevant— La casa no tiene raíces. Los rascacielos no tienen sótano. Desde la acera hasta el techo, los cuartos se amontonan y el toldo de un cielo sin horizonte ciñe la ciudad entera. Los ascensores destruyen el heroísmo de la escalera.

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Picard).

Y la casa ya no conoce los dramas del universo. El rayo enciende un instante los vidrios de la ventana; pero la casa no tiembla bajo el trueno, no tiembla con nosotros y por nosotros. En nuestras casas, apretadas unas contra otras, tenemos menos miedo.

Cómo ayudar a la cosmización del espacio exterior en la ciudad…

Damos el ejemplo de un soñador que soluciona el problema de los ruidos de París. Cuando el insomnio, mal de los filósofos, aumenta con la nerviosidad debida a los ruidos de la ciudad, cuando, ya tarde en la noche, los automóviles roncan y el paso de los camiones me induce a

maldecir mi destino citadino, encuentro paz viviendo las metáforas del océano. Se sabe que la ciudad es un mar ruidoso, se ha dicho muchas veces que París deja oír, en el centro de la noche, el murmullo incesante de la ola y de las mareas. Entonces convierto esas imágenes manidas en una imagen sincera, una imagen que es mía, como si la inventara yo mismo, según mi dulce manía de creer que soy siempre el sujeto de lo que pienso.Si el rodar de los coches se hace más doloroso, me ingenio para encontrar en él, la voz del trueno, de un trueno que me habla y me regaña. Mi diván es una barca perdida sobre las ondas; ese silbidosúbito, es el viento entre las velas. Y me digo a mí mismo para animarme: mira, tu esquife es sólido, estás seguro en tu barca de piedra. Duerme a pesar de la tempestad. Duerme en tu valor, feliz de ser un hombre asaltado por las olas. Y me duermo arrullado por los ruidos de París – Bachelard. Además, todo comprueba que la imagen de los ruidos oceánicos de la ciudad pertenecen a la "naturaleza de las cosas", JUMBO-JUMBO, está es una imagen bienhechora. Ivonne Carouth oye el alba

ciudadana cuando la ciudad tiene "rumores de concha vacía". Esta imagen ayuda, a mi ser madrugador, a despertarme dulcemente, naturalmente. Todas las imágenes son buenas con tal de saber

utilizarlas. Dice Baudelaire: "en el palacio ya no hay rincones para la intimidad".

Imaginar una cabaña de ermitaño. Hay que perder el paraíso terrenal, para vivir verdaderamente en él, para vivirlo en la realidad de sus

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imágenes, en la sublimación absoluta que trasciende toda pasión. La poesía no nos da tanto la nostalgia de la juventud, lo cual sería

vulgar, sino la nostalgia de las expresiones de la juventud. Nos ofrece imágenes como las que deberíamos haber imaginado en el "impulso inicial" de la juventud. La estancia del ser, la casa del ser, nos

devuelve a la certidumbre de ser; ahí comenzaría una vida que sería nuestra, comenzaríamos una vida que nos pertenecería en las

profundidades del ser.

"Un lámpara encendida tras la ventana vela en el corazón secreto de la noche"(Arthur Rimbaud)

"Veré vuestras casas como luciérnagas en el hueco de las colinas”

(HéléneMorange). Asphodélesetpervenches.

Otro poeta llama a las casas que brillan sobre la tierra “estrellas de

hierba". ChristianeBarucoa dice también de la lámpara en la casa

humana: “Etoileprisionniérepriseau gel de l'instant” (Estrella

prisionera prendida en el hielo del instante).Parece que en estas

imágenes las estrellas del cielo vienen a habitar la tierra… Las casas

de los hombres forman constelaciones sobre la Tierra.

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La crisis de las bestias

Hay que estar en el presente, en el presente de la imagen, en el minuto de la imagen: si hay una filosofía de la poesía, esta filosofía debe nacer y renacer con el motivo de un verso dominante, en la adhesión total a una imagen aislada, y precisamente en el éxtasis mismo de la novedad de la imagen.

La imagen poética es un resaltar súbito del psiquismo.

En el resplandor de una imagen poética, resuenan los ecos del pasado lejano, sin que se vea hasta qué profundidad van a repercutir y

extinguirse. En su novedad, en su actividad, la imagen poética tiene un ser propio, un dinamismo propio. EL POETA HABLA EN EL UMBRAL DEL SER. La imagen nueva que el poeta me ofrenda, arraiga en seguida en mí: esa llamarada del ser en la imaginación. Para iluminar filosóficamente el problema de la imaginación poética es preciso llegar a una fenomenología de la imaginación; cuando la

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imagen surge en la conciencia como un producto directo del corazón, del alma, del ser del hombre captado en su actualidad. Se pide al lector de poemas que capte la realidad específica de la imagen. La imagen en su simplicidad no necesita un saber. Es propiedad de una conciencia ingenua. El poeta, en la novedad de sus imágenes es siempre origen del lenguaje.

La poesía es, más que una fenomenología del espíritu, una

fenomenología del alma. Una filosofía de la poesía debe recibir todos los poderes del vocabulario, no debe simplificar nada ni endurecer nada. La palabra alma es una palabra inmortal. En ciertos poemas es imborrable. Es una palabra del aliento. Una onomatopeya de la respiración.

La importancia vocal de una palabra debe retener por sí sola la

atención de un fenomenólogo de la poesía. La palabra alma puede ser dicha con tal convicción que comprometa todo un poema.

Para comprender, para sentir y amar la obra de un artista, hay que lanzarse al centro, al corazón, a la encrucijada donde todo toma JUMBO-JUMBO Hay que participar en una luz interior.

La poesía es un compromiso del alma. En los poemas se manifiestan fuerzas que no pasan por los circuitos de un saber. El ensueño

poético goza, no sólo de sí mismo, sino que prepara para otras almas goces poéticos. En el ensueño poético, el alma vela, sin tensión, descansada y activa. Para una maravillosa imagen poética, no hace falta más que un movimiento del alma. En una imagen poética el alma dice su presencia.

La poesía es un alma inaugurando una forma, dice Pierre-Jean Jouve. El alma inaugura. Es dignidad humana.

Profundizamos el poema, así profundizamos nuestra existencia. Oímos y hablamos el poema, es nuestro; la repercusión opera un cambio en el ser.

Parece que por su exuberancia el poeta reanima en nosotros unas profundidades. Por su novedad, una imagen poética pone en

movimiento toda la actividad lingüística. Al decirla y repetirla nos comunicamos el entusiasmo.

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la lectura, lleva en sí un signo fenomenológico innegable, si se conserva su simplicidad. Nosotros, los aficionados a la lectura feliz, no leemos y releemos más que lo que nos gusta, con un pequeño orgullo de lector mezclado con mucho entusiasmo. La punta de orgullo que nace de la adhesión a una dicha de imagen, es siempre discreta, secreta. Es un orgullo de cámara. Nadie sabe que revivimos, leyendo, nuestras tentaciones de ser poetas. Todo lector un poco apasionado por la lectura, alienta y reprime, leyendo, un deseo de ser escritor. Todo lector que

relee una obra que ama, sabe que las páginas amadas, le conciernen. Siempre es necesario un impulso sincero, un pequeño impulso de admiración para recibir el provecho fenomenológico de una imagen poética. Parece que el goce de leer sea reflejo del goce de escribir, como si el lector fuera el fantasma del escritor. El bien decir es un elemento del buen vivir. Un gran verso puede tener una gran

influencia sobre el alma de una lengua. Despierta imágenes borradas. El verso o la estrofa donde la imagen poética irradia forman espacios de lenguaje, UN ESPACIO SENSIBLE recorrido por el simple

impulso de las palabras vividas. El verso tiene siempre un movimiento, la imagen se vierte en la línea el verso, arrastra la imaginación como si ésta creara una fibra nerviosa.

Para el fenomenólogo, la imagen está allí, la palabra habla, la dicha hablada se ofrece – no es necesario haber vivido los sufrimientos del poeta - . La poesía tiene una felicidad que le es propia, sea cual fuere el drama que descubre.

El poeta es el que conoce, es decir, el que trasciende y nombra lo que conoce. No hay poesía si no hay creación absoluta.

El psicoanalista puede muy bien estudiar la naturaleza humana del poeta, pero no está preparado, a causa de su permanencia en la región pasional, para estudiar las imágenes poéticas en la realidad de su cima.

En este texto vamos a examinar imágenes muy sencillas, las

imágenes del espacio feliz. Aspiramos a determinar el valor humano de los espacios de posesión, de los espacios defendidos contra

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ENSALZADOS.

El espacio captado por la imaginación no puede seguir siendo el espacio indiferente entregado a la medida y a la reflexión del

geómetra. ES VIVIDO. Concentra SER en el interior de los límites que protegen. Nos situaremos ante imágenes que atraen.

Para la poética de la casa surgen abundantes preguntas. ¿Se parece la

casa a mi alma…? ¿Nos lleva al consuelo de la gruta primitiva…?

¿JUMBO-JUMBO? ¿Nuestro inconsciente se aloja ahí?

Nuestra alma es una morada. Por la casa y el cuarto aprendemos a morar en nosotros mismos.

La casa mora en nosotros y nosotros en ella.

¡Y los cajones, los cofres, los armarios! ¡Cuánta psicología bajo su cerradura! Hay en ellos una especie de estética de lo oculto. Un cajón vacío es inimaginable. Y los nidos y las conchas ¡esos dos refugios

de lo vertebrado y de lo invertebrado! … ¡esa gruta del animal que es

la concha! Entremos a soñar el elemento.

Hay imágenes que exigen para que las vivamos, que como en los nidos y en las conchas, nos hagamos muy pequeños.

¡No encontramos en nuestras mismas casas reductos y rincones donde nos gusta agazaparnos?

Agazapar pertenece a la fenomenología del verbo habitar. Sólo habita con intensidad quien ha sabido agazaparse. Todos tenemos una

reserva de imágenes de agazapamiento. Hemos escrito un breve

capítulo sobre los rincones… hay grandes escritores que les han

cedido una gran dignidad literaria.

Hemos dispuesto la dialéctica de lo pequeño y de lo grande bajo los signos de la Miniatura y de la Inmensidad. En JUMBO-JUMBO, tuvimos que partir de una especie de intimidad de la redondez. Este libro condensa todos los cursos que hemos dado en la Sorbona durante los tres últimos años de nuestra actividad docente. Para un estudio fenomenológico de los valores de intimidad del espacio interior, la casa es, sin duda alguna, un ser privilegiado. Imaginar la casa me aumenta los valores de la realidad.

A través de todos los recuerdos de todas las casas que nos han albergado y allende todas las casas que soñamos habitar ¿puede

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desprenderse una esencia íntima y concreta que sea una justificación del valor singular de todas nuestras imágenes de intimidad protegida?

Más allá de la descripción… hay que viajar hasta llegar a las virtudes

primeras, a aquellas donde se revela una adhesión, en cierto modo

innata, a la función primera de habitar… captar el germen de la

felicidad central, segura, inmediata. En toda vivienda, incluso en el castillo, el encontrar la concha inicial, es la tarea ineludible de

fenomenólogo. Hay que decir cómo habitamos nuestro espacio vital, como nos enraizamos, de día en día, en un rincón del mundo.

Porque la casa es nuestro rincón del mundo. Es nuestro primer universo, es realmente un cosmos. Pero nuestra vida adulta se halla tan despojada de los bienes primeros, los lazos antropocósmicos están tan

relajados que no se siente su primer apego en el universo de la casa… los valores del espacio habitado…ese no-yo que protege al yo…

Todo espacio realmente habitado lleva como esencia la noción de

casa… el mimo hace su casa en el aire… la imaginación construye muros con sombras impalpables… o se conforta con ilusiones de protección… o tiembla tras gruesos muros. Todo albergue y

habitación tiene valores oníricos. Los verdaderos bienestares tienen un pasado. Todo el mundo viene a vivir por el sueño en una nueva casa. La casa, como el fuego y como el agua, nos permitirá evocar fulgores de ensoñación que ilumina la síntesis de lo inmemorial y del recuerdo.

Las diversas moradas de nuestra vida se compenetran y guardan los tesoros de los días antiguos. Cuando vuelven los recuerdos de las antiguas moradas, vamos al país de La Infancia Inmóvil...nos

reconfortamos reviviendo recuerdos de protección…somos siempre

un poco poetas y nuestra emoción tal vez sólo traduzca la poesía perdida.... una imagen nos conmueve con una profundidad

insospechada.En los poemas, tal vez más, que en los recuerdos,

llegamos al fondo poético del espacio de la casa…ahí gozamos de SER.Sin la casa, el hombre sería un ser disperso… Lo sostiene a

través de las tormentas del cielo y de las tormentas de la vida. Es cuerpo y alma. Es el primer mundo del ser humano. Antes de ser

(21)

lanzado al mundo, el hombre es depositado en la cuna de la casa. Y siempre, en nuestros sueños, la casa es una gran cuna.La vida

empieza bien, empieza encerrada, protegida, toda tibia en el regazo de una casa. El ser reina en una especie de paraíso terrestre de la materia, fundido en la dulzura de una materia adecuada. Cuando se sueña en la casa natal, en la profundidad extrema del ensueño, se participa de este calor primero, de esta materia bien templada del paraíso material.

En sus mil alvéolos, el espacio conserva tiempo comprimido.El espacio sirve para eso.

… ¿era grande la habitación…? ¿Estaba muy atiborrada de objetos la

guardilla...? ¿Era caliente el rincón...? ¿De dónde venía la

luz…?¿Cómo se saboreaban los silencios tan especiales... del

albergue en el ensueño solitario...?

Es en el espacio donde encontramos esos bellos fósiles de duración

concretados por largas estancias... el conocimiento de la intimidad… incluso cuando ya no se tiene granero ni desván… quedará siempre el cariño que les tuvimos… la vida que vivimos en la buhardilla...en el valor de la concha… en el espacio de la dicha.

Y el camino… ”¿hay algo más bello que un camino...?” pregunta

George Sand(Aurora Dupin). Cubrimos así el universo con nuestrosdiseños vividos -Borges habla de la figura global que se formaría con todos nuestros pasos-. Sólo debo decir de la casa de mi infancia, lo necesario para ponerme yo mismo en situación onírica, para situarme en el umbral de un ensueño donde voy a descansar en

mi pasado… yo solo… en mis recuerdos de otro siglo, puedo abrir la

alacena profunda que conserva todavía, para mí solo, el aroma único, el olor de las uvas que se secan sobre el zarzo. ¡El olor de las uvas! Olor límite; para percibirlo hay que imaginar muy a fondo. Abrir el armario único, el armario de olor único, que señala una intimidad. Se recomienda esa lectura suspensa de Marcel Proust, en su obra POR EL CAMINO DE SWANN, uno de los más bellos ejemplos de la literatura que regresa a la infancia; uno regresa, literalmente, con Proust, a su infancia que es también la de uno...es en el momento en que los ojos del lector abandonan el libro, cuando la evocación de mi

(22)

cuarto puede convertirse en umbral de onirismopara los demás… el

alma del lector resuena,conoce esa resonancia, que devuelve al ser la

energía de un origen. Se “escribe” un cuarto “se lee”un cuarto, “se lee” una casa. Todo el ser de la casa se despliega, fiel a nuestro ser… empujaríamos con el mismo gusto la puerta que rechina… iríamos sin luz hasta la guardilla lejana… el menor de los picaportes quedó

en nuestras manos. En el hábito, expresamos ese enlace apasionado de nuestro cuerpo que no olvida la casa inolvidable.

La infancia es ciertamente más grande que la realidad.

¡Qué privilegios de profundidad hay en los ensueños del niño! ¡Dichoso el niño que ha poseído, verdaderamente poseído, sus soledades!

El techo protege de la lluvia y del sol, nos acerca la nube, hacia el tejado todos los pensamientos son claros. El sótano es el ser oscuro de la casa, el ser que participa de los poderes subterráneos, soñado con él, nos acercamos a la irracionalidad de lo profundo. Del lado de la tierra cavada, los sueños no tienen límite. Para Cari Gustav Jung, en la imagen

del sótano están los miedos que habitan la casa. Uno casi no se aventura en el sótano.

Viajemos ahí en el sueño… más allá del miedo humano, hasta el

miedo cósmico, que hace eco del hombre que vuelve a su leyenda de situación primitiva. La casa, el sótano, la tierra profunda, encuentran una totalidad por la profundidad. La casa se ha convertido en un ser de la naturaleza. Es solidaria de la montaña y de las aguas que labran la tierra.

Y la torre, la que encanta a todo soñador de una antigua morada.No nos sorprenderá que la torre tenga la estancia de una dulce muchacha y que esté habitada por los recuerdos de una apasionada abuela. Ese cuarto está aislado en la altura y domina el espacio.Así la casa

evocada va de la tierra al cielo. Hace la caridad de una torre a los que ni siquiera conocieron un palomar. Los libros le dan a nuestros

ensueños milmoradas. Cuántas veces habitamos en los sueños las torres leídas en los libros.

(23)

puertas… tres peldaños, todo lo que sube y baja vuelve a vivir

dinámicamente.

En París no hay casas.Los habitantes de la gran ciudad viven en cajas superpuestas. "Nuestro cuarto parisiense - dice Paul Claudel- entre sus cuatro paredes, es una especie de lugar geométrico, un agujero convencional que amueblamos con estampas, cachivaches y armarios dentro de un armario"- Oiseaunoirdans le soleillevant— La casa no tiene raíces. Los rascacielos no tienen sótano. Desde la acera hasta el techo, los cuartos se amontonan y el toldo de un cielo sin horizonte ciñe la ciudad entera. Los ascensores destruyen el heroísmo de la escalera.

"Las calles son como tubos donde son aspirados los hombres”(Max

Picard).

Y la casa ya no conoce los dramas del universo. El rayo enciende un instante los vidrios de la ventana; pero la casa no tiembla bajo el trueno, no tiembla con nosotros y por nosotros. En nuestras casas, apretadas unas contra otras, tenemos menos miedo.

Cómo ayudar a la cosmización del espacio exterior en la ciudad…

Damos el ejemplo de un soñador que soluciona el problema de los ruidos de París. Cuando el insomnio, mal de los filósofos, aumenta con

la nerviosidad debida a los ruidos de la ciudad, cuando, ya tarde en la noche, los automóviles roncan y el paso de los camiones me induce a maldecir mi destino citadino, encuentro paz viviendo las metáforas del océano. Se sabe que la ciudad es un mar ruidoso, se ha dicho muchas veces que París deja oír, en el centro de la noche, el murmullo incesante de la ola y de las mareas. Entonces convierto esas imágenes manidas en una imagen sincera, una imagen que es mía, como si la inventara yo mismo, según mi dulce manía de creer que soy siempre el sujeto de lo que pienso.Si el rodar de los coches se hace más doloroso, me ingenio para encontrar en él, la voz del trueno, de un trueno que me habla y me regaña. Mi diván es una barca perdida sobre las ondas; ese silbidosúbito, es el viento entre las velas. Y me digo a mí mismo para animarme: mira, tu esquife es sólido, estás seguro en tu barca de piedra. Duerme a pesar de la

(24)

tempestad. Duerme en tu valor, feliz de ser un hombre asaltado por las olas. Y me duermo arrullado por los ruidos de París – Bachelard. Además, todo comprueba que la imagen de los ruidos oceánicos de la ciudad pertenecen a la "naturaleza de las cosas", JUMBO-JUMBO, está es una imagen bienhechora. Ivonne Carouth oye el alba

ciudadana cuando la ciudad tiene "rumores de concha vacía". Esta imagen ayuda, a mi ser madrugador, a despertarme dulcemente, naturalmente. Todas las imágenes son buenas con tal de saber

utilizarlas. Dice Baudelaire: "en el palacio ya no hay rincones para la intimidad".

Imaginar una cabaña de ermitaño. Hay que perder el paraíso terrenal, para vivir verdaderamente en él, para vivirlo en la realidad de sus imágenes, en la sublimación absoluta que trasciende toda pasión. La poesía no nos da tanto la nostalgia de la juventud, lo cual sería

vulgar, sino la nostalgia de las expresiones de la juventud. Nos ofrece imágenes como las que deberíamos haber imaginado en el "impulso inicial" de la juventud. La estancia del ser, la casa del ser, nos

devuelve a la certidumbre de ser; ahí comenzaría una vida que sería nuestra, comenzaríamos una vida que nos pertenecería en las

profundidades del ser.

"Un lámpara encendida tras la ventana vela en el corazón secreto de la noche"(Arthur Rimbaud)

"Veré vuestras casas como luciérnagas en el hueco de las colinas”

(HéléneMorange). Asphodélesetpervenches.

Otro poeta llama a las casas que brillan sobre la tierra “estrellas de

hierba". ChristianeBarucoa dice también de la lámpara en la casa

humana: “Etoileprisionniérepriseau gel de l'instant” (Estrella

prisionera prendida en el hielo del instante).Parece que en estas

imágenes las estrellas del cielo vienen a habitar la tierra… Las casas

de los hombres forman constelaciones sobre la Tierra.

A veces, muy escasas y mágicas, se ve el mundo como si se viera POR PRIMERA VEZ. Una noche estrellada, por ejemplo.

4

(25)

En el resplandor de una imagen poética, resuenan los ecos del pasado lejano, sin que se vea hasta qué profundidad van a repercutir y

extinguirse. En su novedad, en su actividad, la imagen poética tiene un ser propio, un dinamismo propio. EL POETA HABLA EN EL UMBRAL DEL SER. La imagen nueva que el poeta me ofrenda, arraiga en seguida en mí: esa llamarada del ser en la imaginación. Para iluminar filosóficamente el problema de la imaginación poética es preciso llegar a una fenomenología de la imaginación; cuando la imagen surge en la conciencia como un producto directo del corazón, del alma, del ser del hombre captado en su actualidad. Se pide al lector de poemas que capte la realidad específica de la imagen. La imagen en su simplicidad no necesita un saber. Es propiedad de una conciencia ingenua. El poeta, en la novedad de sus imágenes es siempre origen del lenguaje.

La poesía es, más que una fenomenología del espíritu, una

fenomenología del alma. Una filosofía de la poesía debe recibir todos los poderes del vocabulario, no debe simplificar nada ni endurecer nada. La palabra alma es una palabra inmortal. En ciertos poemas es imborrable. Es una palabra del aliento. Una onomatopeya de la respiración.

La importancia vocal de una palabra debe retener por sí sola la

atención de un fenomenólogo de la poesía. La palabra alma puede ser dicha con tal convicción que comprometa todo un poema.

Para comprender, para sentir y amar la obra de un artista, hay que lanzarse al centro, al corazón, a la encrucijada donde todo toma JUMBO-JUMBO Hay que participar en una luz interior.

La poesía es un compromiso del alma. En los poemas se manifiestan fuerzas que no pasan por los circuitos de un saber. El ensueño

poético goza, no sólo de sí mismo, sino que prepara para otras almas goces poéticos. En el ensueño poético, el alma vela, sin tensión, descansada y activa. Para una maravillosa imagen poética, no hace falta más que un movimiento del alma. En una imagen poética el alma dice su presencia.

La poesía es un alma inaugurando una forma, dice Pierre-Jean Jouve. El alma inaugura. Es dignidad humana.

(26)

Profundizamos el poema, así profundizamos nuestra existencia. Oímos y hablamos el poema, es nuestro; la repercusión opera un cambio en el ser.

Parece que por su exuberancia el poeta reanima en nosotros unas profundidades. Por su novedad, una imagen poética pone en

movimiento toda la actividad lingüística. Al decirla y repetirla nos comunicamos el entusiasmo.

El orgullo simple de la simple lectura que se nutre con la soledad de la lectura, lleva en sí un signo fenomenológico innegable, si se conserva su simplicidad. Nosotros, los aficionados a la lectura feliz, no leemos y releemos más que lo que nos gusta, con un pequeño orgullo de lector mezclado con mucho entusiasmo. La punta de orgullo que nace de la adhesión a una dicha de imagen, es siempre discreta, secreta. Es un orgullo de cámara. Nadie sabe que revivimos, leyendo, nuestras tentaciones de ser poetas. Todo lector un poco apasionado por la lectura, alienta y reprime, leyendo, un deseo de ser escritor. Todo lector que relee una obra que ama, sabe que las

páginas amadas, le conciernen. Siempre es necesario un impulso sincero, un pequeño impulso de admiración para recibir el provecho fenomenológico de una imagen poética. Parece que el goce de leer sea reflejo del goce de escribir, como si el lector fuera el fantasma del escritor. El bien decir es un elemento

del buen vivir. Un gran verso puede tener una gran influencia sobre el alma de una lengua. Despierta imágenes borradas.

El verso o la estrofa donde la imagen poética irradia forman espacios de lenguaje, UN ESPACIO SENSIBLE recorrido por el simple

impulso de las palabras vividas. El verso tiene siempre un movimiento, la imagen se vierte en la línea el verso, arrastra la imaginación como si ésta creara una fibra nerviosa.

Para el fenomenólogo, la imagen está allí, la palabra habla, la dicha hablada se ofrece – no es necesario haber vivido los sufrimientos del poeta - . La poesía tiene una felicidad que le es propia, sea cual fuere el drama que descubre.

El poeta es el que conoce, es decir, el que trasciende y nombra lo que conoce. No hay poesía si no hay creación absoluta.

(27)

El psicoanalista puede muy bien estudiar la naturaleza humana del poeta, pero no está preparado, a causa de su permanencia en la región pasional, para estudiar las imágenes poéticas en la realidad de su cima.

En este texto vamos a examinar imágenes muy sencillas, las

imágenes del espacio feliz. Aspiramos a determinar el valor humano de los espacios de posesión, de los espacios defendidos contra

fuerzas adversas, de los espacios amados. ESPACIOS ENSALZADOS.

El espacio captado por la imaginación no puede seguir siendo el espacio indiferente entregado a la medida y a la reflexión del

geómetra. ES VIVIDO. Concentra SER en el interior de los límites que protegen. Nos situaremos ante imágenes que atraen.

Para la poética de la casa surgen abundantes preguntas. ¿Se parece la

casa a mi alma…? ¿Nos lleva al consuelo de la gruta primitiva…?

¿JUMBO-JUMBO? ¿Nuestro inconsciente se aloja ahí?

Nuestra alma es una morada. Por la casa y el cuarto aprendemos a morar en nosotros mismos.

La casa mora en nosotros y nosotros en ella.

¡Y los cajones, los cofres, los armarios! ¡Cuánta psicología bajo su cerradura! Hay en ellos una especie de estética de lo oculto. Un cajón vacío es inimaginable. Y los nidos y las conchas ¡esos dos refugios

de lo vertebrado y de lo invertebrado! … ¡esa gruta del animal que es

la concha! Entremos a soñar el elemento.

Hay imágenes que exigen para que las vivamos, que como en los nidos y en las conchas, nos hagamos muy pequeños.

¡No encontramos en nuestras mismas casas reductos y rincones donde nos gusta agazaparnos?

Agazapar pertenece a la fenomenología del verbo habitar. Sólo habita con intensidad quien ha sabido agazaparse. Todos tenemos una

reserva de imágenes de agazapamiento. Hemos escrito un breve

capítulo sobre los rincones… hay grandes escritores que les han

cedido una gran dignidad literaria.

Hemos dispuesto la dialéctica de lo pequeño y de lo grande bajo los signos de la Miniatura y de la Inmensidad. En JUMBO-JUMBO,

(28)

tuvimos que partir de una especie de intimidad de la redondez. Este libro condensa todos los cursos que hemos dado en la Sorbona durante los tres últimos años de nuestra actividad docente. Para un estudio fenomenológico de los valores de intimidad del espacio interior, la casa es, sin duda alguna, un ser privilegiado. Imaginar la casa me aumenta los valores de la realidad.

A través de todos los recuerdos de todas las casas que nos han albergado y allende todas las casas que soñamos habitar ¿puede desprenderse una esencia íntima y concreta que sea una justificación del valor singular de todas nuestras imágenes de intimidad protegida?

Más allá de la descripción… hay que viajar hasta llegar a las virtudes

primeras, a aquellas donde se revela una adhesión, en cierto modo

innata, a la función primera de habitar… captar el germen de la

felicidad central, segura, inmediata. En toda vivienda, incluso en el castillo, el encontrar la concha inicial, es la tarea ineludible de

fenomenólogo. Hay que decir cómo habitamos nuestro espacio vital, como nos enraizamos, de día en día, en un rincón del mundo.

Porque la casa es nuestro rincón del mundo. Es nuestro primer universo, es realmente un cosmos. Pero nuestra vida adulta se halla tan despojada de los bienes primeros, los lazos antropocósmicos están tan relajados que no se siente su primer apego en el universo de

la casa… los valores del espacio habitado…ese no-yo que protege al yo… Todo espacio realmente habitado lleva como esencia la noción de casa… el mimo hace su casa en el aire… la imaginación construye muros con sombras impalpables… o se conforta con ilusiones de protección… o

tiembla tras gruesos muros. Todo albergue y habitación tiene valores oníricos. Los verdaderos bienestares tienen un pasado. Todo el

mundo viene a vivir por el sueño en una nueva casa. La casa, como el fuego y como el agua, nos permitirá evocar fulgores de ensoñación que ilumina la síntesis de lo inmemorial y del recuerdo.

Las diversas moradas de nuestra vida se compenetran y guardan los tesoros de los días antiguos. Cuando vuelven los recuerdos de las antiguas moradas, vamos al país de La Infancia Inmóvil...nos

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un poco poetas y nuestra emoción tal vez sólo traduzca la poesía perdida.... una imagen nos conmueve con una profundidad

insospechada.En los poemas, tal vez más, que en los recuerdos,

llegamos al fondo poético del espacio de la casa…ahí gozamos de SER.Sin la casa, el hombre sería un ser disperso… Lo sostiene a

través de las tormentas del cielo y de las tormentas de la vida. Es cuerpo y alma. Es el primer mundo del ser humano. Antes de ser lanzado al mundo, el hombre es depositado en la cuna de la casa. Y siempre, en nuestros sueños, la casa es una gran cuna.La vida

empieza bien, empieza encerrada, protegida, toda tibia en el regazo de una casa. El ser reina en una especie de paraíso terrestre de la materia, fundido en la dulzura de una materia adecuada. Cuando se sueña en la casa natal, en la profundidad extrema del ensueño, se participa de este calor primero, de esta materia bien templada del paraíso material.

En sus mil alvéolos, el espacio conserva tiempo comprimido.El espacio sirve para eso.

… ¿era grande la habitación…? ¿Estaba muy atiborrada de objetos la

guardilla...? ¿Era caliente el rincón...? ¿De dónde venía la

luz…?¿Cómo se saboreaban los silencios tan especiales... del

albergue en el ensueño solitario...?

Es en el espacio donde encontramos esos bellos fósiles de duración

concretados por largas estancias... el conocimiento de la intimidad… incluso cuando ya no se tiene granero ni desván… quedará siempre el cariño que les tuvimos… la vida que vivimos en la buhardilla...en el valor de la concha… en el espacio de la dicha.

Y el camino… ”¿hay algo más bello que un camino...?” pregunta

George Sand(Aurora Dupin). Cubrimos así el universo con nuestrosdiseños vividos -Borges habla de la figura global que se formaría con todos nuestros pasos-. Sólo debo decir de la casa de mi infancia, lo necesario para ponerme yo mismo en situación onírica, para situarme en el umbral de un ensueño donde voy a descansar en

mi pasado… yo solo… en mis recuerdos de otro siglo, puedo abrir la

alacena profunda que conserva todavía, para mí solo, el aroma único, el olor de las uvas que se secan sobre el zarzo. ¡El olor de las uvas!

(30)

Olor límite; para percibirlo hay que imaginar muy a fondo. Abrir el armario único, el armario de olor único, que señala una intimidad. Se recomienda esa lectura suspensa de Marcel Proust, en su obra POR EL CAMINO DE SWANN, uno de los más bellos ejemplos de la literatura que regresa a la infancia; uno regresa, literalmente, con Proust, a su infancia que es también la de uno...es en el momento en que los ojos del lector abandonan el libro, cuando la evocación de mi

cuarto puede convertirse en umbral de onirismopara los demás… el

alma del lector

resuena,conoce esa resonancia, que devuelve al ser la energía de un

origen. Se “escribe” un cuarto “se lee”un cuarto, “se lee” una casa. Todo el ser de la casa se despliega, fiel a nuestro ser… empujaríamos con el mismo gusto la puerta que rechina… iríamos sin luz hasta la guardilla lejana… el menor de los picaportes quedó en nuestras

manos. En el hábito, expresamos ese enlace apasionado de nuestro cuerpo que no olvida la casa inolvidable.

La infancia es ciertamente más grande que la realidad.

¡Qué privilegios de profundidad hay en los ensueños del niño! ¡Dichoso el niño que ha poseído, verdaderamente poseído, sus soledades!

El techo protege de la lluvia y del sol, nos acerca la nube, hacia el tejado todos los pensamientos son claros. El sótano es el ser oscuro de la casa, el ser que participa de los poderes subterráneos, soñado con él, nos acercamos a la irracionalidad de lo profundo. Del lado de la tierra cavada, los sueños no tienen límite. Para Cari Gustav Jung, en la imagen del sótano están los miedos que habitan la casa. Uno casi no se aventura en el sótano.

Viajemos ahí en el sueño… más allá del miedo humano, hasta el

miedo cósmico, que hace eco del hombre que vuelve a su leyenda de situación primitiva. La casa, el sótano, la tierra profunda, encuentran una totalidad por la profundidad. La casa se ha convertido en un ser de la naturaleza. Es solidaria de la montaña y de las aguas que labran la tierra.

Y la torre, la que encanta a todo soñador de una antigua morada.No nos sorprenderá que la torre tenga la estancia de una dulce muchacha

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y que esté habitada por los recuerdos de una apasionada abuela. Ese cuarto está aislado en la altura y domina el espacio.Así la casa

evocada va de la tierra al cielo. Hace la caridad de una torre a los que ni siquiera conocieron un palomar. Los libros le dan a nuestros

ensueños milmoradas. Cuántas veces habitamos en los sueños las torres leídas en los libros.

Y el ensueño de las escaleras… y los peldaños para subir a las puertas… tres peldaños, todo lo que sube y baja vuelve a vivir

dinámicamente.

En París no hay casas.Los habitantes de la gran ciudad viven en cajas superpuestas. "Nuestro cuarto parisiense - dice Paul Claudel- entre sus cuatro paredes, es una especie de lugar geométrico, un agujero convencional que amueblamos con estampas, cachivaches y armarios dentro de un armario"- Oiseaunoirdans le soleillevant— La casa no tiene raíces. Los rascacielos no tienen sótano. Desde la acera hasta el techo, los cuartos se amontonan y el toldo de un cielo sin horizonte ciñe la ciudad entera. Los ascensores destruyen el heroísmo de la escalera.

"Las calles son como tubos donde son aspirados los hombres”(Max

Picard).

Y la casa ya no conoce los dramas del universo. El rayo enciende un instante los vidrios de la ventana; pero la casa no tiembla bajo el trueno, no tiembla con nosotros y por nosotros. En nuestras casas, apretadas unas contra otras, tenemos menos miedo.

Cómo ayudar a la cosmización del espacio exterior en la ciudad…

Damos el ejemplo de un soñador que soluciona el problema de los ruidos de París. Cuando el insomnio, mal de los filósofos, aumenta con la nerviosidad debida a los ruidos de la ciudad, cuando, ya tarde en la noche, los automóviles roncan y el paso de los camiones me induce a maldecir mi destino citadino, encuentro paz viviendo las metáforas del océano. Se sabe que la ciudad es un mar ruidoso, se ha dicho muchas veces que París deja oír, en el centro de la noche, el murmullo incesante de la ola y de las mareas. Entonces convierto esas imágenes manidas en una imagen sincera, una imagen que es mía, como si la inventara yo mismo, según mi dulce manía de creer

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que soy siempre el sujeto de lo que pienso.Si el rodar de los coches se hace más doloroso, me ingenio para encontrar en él, la voz del trueno, de un trueno que me habla y me regaña. Mi diván es una barca perdida sobre las ondas; ese silbidosúbito, es el viento entre las velas. Y me digo a mí mismo para animarme: mira, tu esquife es sólido, estás seguro en tu barca de piedra. Duerme a pesar de la tempestad. Duerme en tu valor, feliz de ser un hombre asaltado por las olas. Y me duermo arrullado por los ruidos de París – Bachelard. Además, todo comprueba que la imagen de los ruidos oceánicos de la ciudad pertenecen a la "naturaleza de las cosas", JUMBO-JUMBO, está es una imagen bienhechora. Ivonne Carouth oye el alba

ciudadana cuando la ciudad tiene "rumores de concha vacía". Esta imagen ayuda,

a mi ser madrugador, a despertarme dulcemente, naturalmente. Todas las imágenes son buenas con tal de saber utilizarlas. Dice Baudelaire: "en el palacio ya no hay rincones para la intimidad".

Imaginar una cabaña de ermitaño. Hay que perder el paraíso terrenal, para vivir verdaderamente en él, para vivirlo en la realidad de sus imágenes, en la sublimación absoluta que trasciende toda pasión. La poesía no nos da tanto la nostalgia de la juventud, lo cual sería

vulgar, sino la nostalgia de las expresiones de la juventud. Nos ofrece imágenes como las que deberíamos haber imaginado en el "impulso inicial" de la juventud. La estancia del ser, la casa del ser, nos

devuelve a la certidumbre de ser; ahí comenzaría una vida que sería nuestra, comenzaríamos una vida que nos pertenecería en las

profundidades del ser.

5

Comidas sospechosas

Un filósofo que ha formado todo su pensamiento adhiriéndose a los temas fundamentales de la filosofía de las ciencias, que ha seguido el eje del racionalismo creciente de la ciencia contemporánea, debe olvidar su saber, romper con todos sus hábitos de investigación filosófica, si quiere estudiar los problemas planteados por la

(33)

la imagen, en el minuto de la imagen: si hay una filosofía de la

poesía, esta filosofía debe nacer y renacer con el motivo de un verso dominante, en la adhesión total a una imagen aislada, y precisamente en el éxtasis mismo de la novedad de la imagen.

La imagen poética es un resaltar súbito del psiquismo.

En el resplandor de una imagen poética, resuenan los ecos del pasado lejano, sin que se vea hasta qué profundidad van a repercutir y

extinguirse. En su novedad, en su actividad, la imagen poética tiene un ser propio, un dinamismo propio. EL POETA HABLA EN EL UMBRAL DEL SER. La imagen nueva que el poeta me ofrenda, arraiga en seguida en mí: esa llamarada del ser en la imaginación. Para iluminar filosóficamente el problema de la imaginación poética es preciso llegar a una fenomenología de la imaginación; cuando la imagen surge en la conciencia como un producto directo del corazón, del alma, del ser del hombre captado en su actualidad. Se pide al lector de poemas que capte la realidad específica de la imagen. La imagen en su simplicidad no

necesita un saber. Es propiedad de una conciencia ingenua. El poeta, en la novedad de sus imágenes es siempre origen del lenguaje.

La poesía es, más que una fenomenología del espíritu, una

fenomenología del alma. Una filosofía de la poesía debe recibir todos los poderes del vocabulario, no debe simplificar nada ni endurecer nada. La palabra alma es una palabra inmortal. En ciertos poemas es imborrable. Es una palabra del aliento. Una onomatopeya de la respiración.

La importancia vocal de una palabra debe retener por sí sola la

atención de un fenomenólogo de la poesía. La palabra alma puede ser dicha con tal convicción que comprometa todo un poema.

Para comprender, para sentir y amar la obra de un artista, hay que lanzarse al centro, al corazón, a la encrucijada donde todo toma JUMBO-JUMBO Hay que participar en una luz interior.

La poesía es un compromiso del alma. En los poemas se manifiestan fuerzas que no pasan por los circuitos de un saber. El ensueño

poético goza, no sólo de sí mismo, sino que prepara para otras almas goces poéticos. En el ensueño poético, el alma vela, sin tensión,

(34)

descansada y activa. Para una maravillosa imagen poética, no hace falta más que un movimiento del alma. En una imagen poética el alma dice su presencia.

La poesía es un alma inaugurando una forma, dice Pierre-Jean Jouve. El alma inaugura. Es dignidad humana.

Profundizamos el poema, así profundizamos nuestra existencia. Oímos y hablamos el poema, es nuestro; la repercusión opera un cambio en el ser.

Parece que por su exuberancia el poeta reanima en nosotros unas profundidades. Por su novedad, una imagen poética pone en

movimiento toda la actividad lingüística. Al decirla y repetirla nos comunicamos el entusiasmo.

El orgullo simple de la simple lectura que se nutre con la soledad de la lectura, lleva en sí un signo fenomenológico innegable, si se conserva su simplicidad. Nosotros, los aficionados a la lectura feliz, no leemos y releemos más que lo que nos gusta, con un pequeño orgullo de lector mezclado con mucho entusiasmo. La punta de orgullo que nace de la adhesión a una dicha de imagen, es siempre discreta, secreta. Es un orgullo de cámara. Nadie sabe que revivimos, leyendo, nuestras

tentaciones de ser poetas. Todo lector un poco apasionado por la lectura, alienta y reprime, leyendo, un deseo de ser escritor. Todo lector que relee una obra que ama, sabe que las páginas amadas, le conciernen. Siempre es necesario un impulso sincero, un pequeño impulso de admiración para recibir el provecho fenomenológico de una imagen poética. Parece que el goce de leer sea reflejo del goce de escribir, como si el lector fuera el fantasma del escritor. El bien decir es un elemento del buen vivir. Un gran verso puede tener una gran influencia sobre el alma de una lengua. Despierta imágenes borradas. El verso o la estrofa donde la imagen poética irradia forman espacios de lenguaje, UN ESPACIO SENSIBLE recorrido por el simple

impulso de las palabras vividas. El verso tiene siempre un movimiento, la imagen se vierte en la línea el verso, arrastra la imaginación como si ésta creara una fibra nerviosa.

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hablada se ofrece – no es necesario haber vivido los sufrimientos del poeta - . La poesía tiene una felicidad que le es propia, sea cual fuere el drama que descubre.

El poeta es el que conoce, es decir, el que trasciende y nombra lo que conoce. No hay poesía si no hay creación absoluta.

El psicoanalista puede muy bien estudiar la naturaleza humana del poeta, pero no está preparado, a causa de su permanencia en la región pasional, para estudiar las imágenes poéticas en la realidad de su cima.

En este texto vamos a examinar imágenes muy sencillas, las

imágenes del espacio feliz. Aspiramos a determinar el valor humano de los espacios de posesión, de los espacios defendidos contra

fuerzas adversas, de los espacios amados. ESPACIOS ENSALZADOS.

El espacio captado por la imaginación no puede seguir siendo el espacio indiferente entregado a la medida y a la reflexión del

geómetra. ES VIVIDO. Concentra SER en el interior de los límites que protegen. Nos situaremos ante imágenes que atraen.

Para la poética de la casa surgen abundantes preguntas. ¿Se parece la

casa a mi alma…? ¿Nos lleva al consuelo de la gruta primitiva…?

¿JUMBO-JUMBO? ¿Nuestro inconsciente se aloja ahí?

Nuestra alma es una morada. Por la casa y el cuarto aprendemos a morar en nosotros mismos.

La casa mora en nosotros y nosotros en ella.

¡Y los cajones, los cofres, los armarios! ¡Cuánta psicología bajo su cerradura! Hay en ellos una especie de estética de lo oculto. Un cajón vacío es inimaginable. Y los nidos y las conchas ¡esos dos refugios

de lo vertebrado y de lo invertebrado! … ¡esa gruta del animal que es

la concha! Entremos a soñar el elemento.

Hay imágenes que exigen para que las vivamos, que como en los nidos y en las conchas, nos hagamos muy pequeños.

¡No encontramos en nuestras mismas casas reductos y rincones donde nos gusta agazaparnos?

Agazapar pertenece a la fenomenología del verbo habitar. Sólo habita con intensidad quien ha sabido agazaparse. Todos tenemos una

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reserva de imágenes de agazapamiento. Hemos escrito un breve

capítulo sobre los rincones… hay grandes escritores que les han

cedido una gran dignidad literaria.

Hemos dispuesto la dialéctica de lo pequeño y de lo grande bajo los signos de la Miniatura y de la Inmensidad. En JUMBO-JUMBO, tuvimos que partir de una especie de intimidad de la redondez. Este libro condensa todos los cursos que hemos dado en la Sorbona durante los tres últimos años de nuestra actividad docente. Para un estudio fenomenológico de los valores de intimidad del espacio interior, la casa es, sin duda alguna, un ser privilegiado. Imaginar la casa me aumenta los valores de la realidad.

A través de todos los recuerdos de todas las casas que nos han albergado y allende todas las casas que soñamos habitar ¿puede desprenderse una esencia íntima y concreta que sea una justificación del valor singular de todas nuestras imágenes de intimidad protegida?

Más allá de la descripción… hay que viajar hasta llegar a las virtudes

primeras, a aquellas donde se revela una adhesión, en cierto modo

innata, a la función primera de habitar… captar el germen de la

felicidad central, segura, inmediata. En toda vivienda, incluso en el castillo, el encontrar la concha inicial, es la tarea ineludible de

fenomenólogo. Hay que decir cómo habitamos nuestro espacio vital, como nos enraizamos, de día en día, en un rincón del mundo.

Porque la casa es nuestro rincón del mundo. Es nuestro primer universo, es realmente un cosmos. Pero nuestra vida adulta se halla tan

despojada de los bienes primeros, los lazos antropocósmicos están tan relajados que no se siente su primer apego en el universo de la

casa… los valores del espacio habitado…ese no-yo que protege al yo… Todo espacio realmente habitado lleva como esencia la noción de casa… el mimo hace su casa en el aire… la imaginación construye muros con sombras impalpables… o se conforta con ilusiones de protección… o tiembla tras gruesos muros. Todo albergue y

habitación tiene valores oníricos. Los verdaderos bienestares tienen un pasado. Todo el mundo viene a vivir por el sueño en una nueva casa. La casa, como el fuego y como el agua, nos permitirá evocar

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fulgores de ensoñación que ilumina la síntesis de lo inmemorial y del recuerdo.

Las diversas moradas de nuestra vida se compenetran y guardan los tesoros de los días antiguos. Cuando vuelven los recuerdos de las antiguas moradas, vamos al país de La Infancia Inmóvil...nos

reconfortamos reviviendo recuerdos de protección…somos siempre

un poco poetas y nuestra emoción tal vez sólo traduzca la poesía perdida.... una imagen nos conmueve con una profundidad

insospechada.En los poemas, tal vez más, que en los recuerdos,

llegamos al fondo poético del espacio de la casa…ahí gozamos de SER.Sin la casa, el hombre sería un ser disperso… Lo sostiene a

través de las tormentas del cielo y de las tormentas de la vida. Es cuerpo y alma. Es el primer mundo del ser humano. Antes de ser lanzado al mundo, el hombre es depositado en la cuna de la casa. Y siempre, en nuestros sueños, la casa es una gran cuna.La vida

empieza bien, empieza encerrada, protegida, toda tibia en el regazo de una casa. El ser reina en una especie de paraíso terrestre de la materia, fundido en la dulzura de una materia adecuada. Cuando se sueña en la casa natal, en la profundidad extrema del ensueño, se participa de este calor primero, de esta materia bien templada del paraíso material.

En sus mil alvéolos, el espacio conserva tiempo comprimido.El espacio sirve para eso.

… ¿era grande la habitación…? ¿Estaba muy atiborrada de objetos la

guardilla...? ¿Era caliente el rincón...? ¿De dónde venía la

luz…?¿Cómo se saboreaban los silencios tan especiales... del

albergue en el ensueño solitario...?

Es en el espacio donde encontramos esos bellos fósiles de duración

concretados por largas estancias... el conocimiento de la intimidad… incluso cuando ya no se tiene granero ni desván… quedará siempre el cariño que les tuvimos… la vida que vivimos en la buhardilla...en el valor de la concha… en el espacio de la dicha.

Y el camino… ”¿hay algo más bello que un camino...?” pregunta

George Sand(Aurora Dupin). Cubrimos así el universo con nuestrosdiseños vividos -Borges habla de la figura global que se

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