Lispector. 1976. La Hora de La Estrella

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LA HORA DE LA ESTRELLA (novela) texto escogido DEDICATORIA DEL AUTOR

(En verdad, Clarice Lispector)

He aquí que dedico esto al viejo Schumann y a su dulce Clara, que hoy ya son huesos, ay de nosotros. Me dedico a un color bermejo, muy escarlata, como mi sangre de hombre en plenitud y, por lo tanto, me dedico a mi sangre. Me dedico sobre todo a los gnomos, enanos, sílfides y ninfas que habitan mi vida. Me dedico a la añoranza de mi antigua pobreza, cuando todo era más sobrio y digno, y yo no había comido langosta. Me dedico a la tempestad de Beethoven. A la vibración de los colores neutros de Bach. A Chopin que me reblandece los huesos. A stravinsky que me llenó de espanto y con quien volé en fuego. ¿A Muerte y transfiguración, donde Richard Strauss me revela un destino? Sobre todo me dedico a las vísperas de hoy y a hoy, al velo transparente de Debussy, a Marlos Nobre, a Prokófiev, a Carl Orff, a Schönberg, a los dodecafonistas, a los gritos ásperos de los electrónicos; a todos esos que en mí tocaran regiones aterradoramente inesperadas, a todos esos profetas del presente y que me vaticinaron a mí mismo hasta el punto de que en este instante estallo en: yo. Ese yo que son ustedes porque no aguanto a ser nada más que yo, necesito de los otros para mantenerme en pie, tonto que soy, yo torcido, en fin, qué hacer sino meditar para caer en aquel vacío pleno que sólo se alcanza con la meditación. Meditar no tiene que dar resultados: la meditación puede verse como fin de sí misma. Medito sin palabras y sobre la nada. Lo que me confunde la vida es escribir.

Y..., y no olvidar que la estructura del átomo no se ve pero se conoce. Sé muchas cosas que no he visto. Y ustedes también. No se puede presentar una prueba de la existencia de lo que es más verdadero, lo bueno es creer. Creer llorando.

Esta historia ocurre en un estado de emergencia y de calamidad pública. Se trata de un libro inacabado porque le falta la respuesta. Respuesta que, espero, alguien en el mundo me dará. ¿Ustedes? Es una historia en tecnicolor, para que tenga algún adorno, por Dios, que yo también lo necesito. Amén por todos nosotros.

* * *

Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días. Pero estoy

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preparado para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aun la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.

Parece que conozco los menores detalles de esa norestina, como si viviera con ella. Bien lo adiviné de ella: se me pegó a la piel como un dulce pegajoso o como lodo negro. Cuando era niño leí el cuento de un viejo que tenía miedo de cruzar un río. Entonces llegó un hombre joven; también quería pasar a la otra margen. El viejo aprovechó para decirle:

... -¿Me puedes llevar? ¿Puedo ir montado en tus hombros? ... El joven dijo sí y ya hecha la travesía le avisó:

... -Ya hemos llegado, ahora puedes bajar. ... Pero el viejo respondió muy astuto y avisado:

... -¡Ah, eso no! ¡Es tan bueno ir montado aquí como voy, que nunca más te dejaré!

... Pues la mecanógrafa no se quiere bajar de mis hombros. Ahora mismo compruebo que la pobreza es fea y promiscua. Por eso no sé si mi relato va a ser..., ¿a ser qué? No sé nada, todavía no me he animado a escribirlo. ¿Tendrá acontecimientos? Los tendrá. ¿Pero cuáles? Tampoco lo sé. No estoy tratando de crear en ustedes una expectativa ansiosa y voraz: es que realmente no sé lo que me espera, tengo un personaje en ebullición entre las manos, y se me escapa a cada instante, con la pretensión de que yo lo recupere.

... He olvidado decir que todo lo que ahora estoy escribiendo está

acompañado por el estruendo enfático de un tambor batido por un soldado. En el momento mismo en que empiece el relato, al punto callará el tambor.

... Veo a la norestina mirándose en el espejo y -un toque de tambor- en el espejo aparece mi cara cansada y barbuda. Hasta ese extremo nos

intercambiamos. No hay duda de que ella es una persona física. Y además un hecho: se trata de una chica que nunca se miró desnuda porque tenía

vergüenza. ¿Vergüenza por pudor o por ser fea? También me pregunto cómo es que voy a dar en cuatro patas en el hecho y en los hechos. Lo que ocurre es que de repente me fascinó lo figurativo: creo la acción humana y me

estremezco. También quiero lo figurativo tal como un pintor que sólo pintase colores abstractos querría demostrar que lo hacía por su gusto, y no por no saber dibujar. Para dibujar a la chica tengo que dominarme, y para poder captar su alma tengo que alimentarme con frugalidad de frutas y beber vino blanco helado, porque hace calor en este cubículo en que me he recogido y desde el que tengo la veleidad de querer ver el mundo. También he tenido que

abstenerme de sexo y de fútbol. Sin hablar de que no me comunico con nadie. ¿Volveré algún día a mi vida anterior? Lo dudo mucho. Ahora advierto que

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olvidé decir que entre tanto no leo nada para no contaminar con suntuosidades la simplicidad de mi lenguaje. Porque, como he dicho, la palabra se tiene que parecer a la palabra, instrumento mío. ¿O no soy un escritor? En verdad, más bien soy un actor, porque con sólo una forma de puntuar logro malabarismos de entonación, hago que la respiración ajena me acompañe en el texto. ... También olvidé decir que la relación que en breve tendrá que comenzar -pues ya no soporto la presión de los hechos-, la relación que en breve tendrá que comenzar está escrita bajo el patrocinio del refresco más popular del mundo y que ni por ésas me paga nada, el refresco ése difundido en todos los países. Sin embargo, fue el que patrocinó el último terremoto de Guatemala. A pesar de tener el gusto del olor de la laca de uñas, del jabón Aristolino y de plástico mascado. Nada de eso impide que todos lo amen con servilismo y sumisión. También porque -y voy a decir ahora una cosa difícil que sólo yo entiendo-, porque esa bebida que tiene coca es hoy. Es el medio del que dispone una persona para actualizarse y pisar en la hora presente.

... En cuanto a la muchacha, ella vive en un limbo impersonal, sin alcanzar lo peor ni lo mejor. Ella vive, tan sólo, aspirando y espirando, aspirando y

espirando. A decir verdad, ¿para qué más? Su vivir es ralo. Sí. ¿Pero por qué me siento culpable? Y procuro aliviarme del peso de no haber hecho nada concreto en beneficio de la muchacha. Muchacha ésta -y veo que ya casi estoy en el relato-, muchacha ésta que dormía con una enagua de brin en la que había manchas bastantes sospechosas de sangre pálida. Para dormir en las frías noches de invierno, se enroscaba sobre sí misma, recibiendo y dándose su poco calor. Dormía con la boca abierta porque tenía la nariz tapada, dormía exhausta, dormía hasta el nunca.

... Debo agregar algo que importa mucho para la comprensión del relato: es que está acompañado desde el principio hasta el fin por un levísimo y

constante dolor de muelas, cosa de dentina expuesta. Afirmo también que la narraciónserá acompañada igualmente por el violín plañidero que, justo en una esquina, toca un hombre delgado. Su cara es estrecha y amarilla, como si él ya estuviese muerto. Y tal vez lo esté.

... Todo esto lo he dicho con tantas dilaciones por temor de haber prometido demasiado y dar tan sólo lo simple y lo poco. Porque esta historia es casi nada. La cuestión es empezar de golpe, así como yo me echo de golpe al agua gélida del mar, para enfrentar con una valentía suicida el frío intenso. Ahora voy a empezar por la mitad diciendo que...

... ... que ella era incompetente. Incompetente para la vida. Le faltaba la habilidad de ser hábil. Sólo de una manera vaga se daba cuenta de una especie de ausencia que tenía de sí en sí misma. Si hubiese sido una criatura capaz de expresarse, habría dicho: el mundo está fuera de mí, yo estoy fuera de mí. (Va a ser difícil escribir este relato. A pesar de no tener nada que ver con la muchacha, me tendré que escribir todo a través de ella, entre mis espantos. Los hechos son sonoros, pero entre los hechos hay un susrrro. Y ese susurro es lo que me impresiona.)

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... Le faltaba la habilidad de ser hábil. Tanto que (explosión) no argumentó nada en su propio favor cuando el jefe de la firma de representación de poleas le avisó con brutalidad (brutalidad que ella parecía provocar con su cara de tonta, unrostro que pedía una bofetada), con brutaidad, que sólo iba a manetner en su puesto a Gloria, su compañera, porque ella se equivocaba demasiado al escribir a máquina, además de manchar siempre el papel. Eso dijo el. En cuanto a la muchacha, pensó que por respeto se debe responder algo y habló ceremoniosa a su jefe, que era su amor oculto:

... -Discúlpeme por la molestia.

... El señor Raimundo Silveira -que a esas alturas ya le había dado la espalda-se volvió un poco sorprendido por la delicadeza inesperada, y algo en la cara casi sonriente de la mecanógrafa le hizo decir con menos grosería en la voz, aunque a disgusto:

... -Bien, puede que no la despida ahora mismo, tal vez sea dentro de un tiempo.

... Después de recibir el aviso, fue al servicio, para estar sola porque se sentía toda aturdida. Se miró maquinalmente en el espejo que colgaba sobre el lavabo sucio y desconchado, lleno de pelos, algo concordante con su vida. Le pareció que el espejo opaco y oscurecido no reflejaba ninguna imagen, ¿Acaso se habría esfumado su existencia física? Pero esa ilusión óptica se desvaneció y entrevió la cara deformada por el espejo ordinario, la nariz que parecía enorme, como la nariz de cartón de un payaso. Se miró y pensó al pasar: tan joven y ya oxidada.

... (Hay los que tienen. Y hay los que no tienen. Es muy simple: la muchacha no tenía. ¿No tenía qué? No es más que eso mismo: no tenía. Si se tercia que me entiendan, está bien. Si no, también está bien. ¿Pero por qué hablo de esa chica, cuando lo que más deseo es el trigo de pura madurez y oro en el estío?) ... Cuando era pequeña, su tía, aplicándole el castigo del miedo, le había dicho que el hombre vampiro -el que chupa la sangre de las personas

mordiéndoles las carnes tiernas de la garganta- no se reflejaba en los espejos. No estaría del todo mal lo de ser vampiro, porque le iría bien un poco de rubor de sangre en su cara amarillenta, ella, que parecía que no tuviese sangre, a menos que en algún momento la derramara.

... La chica tenía hombros curvos, como los de una zurcidora. De niña había aprendido a zurcir. Se hubiese sentido mucho más a gusto entregada a esa tarea primorosa de recomponer hilos, tal vez de seda. O de lujo: satén bien brillante, un beso de almas. Zurcidorica mosquito. Cargar como una hormiga un grano de azucar. Era tan insignificante como una idiota, sólo que no lo era. No sabía que era desventurada. Era, porque tenía fe. ¿En qué? En ustedes, pero no es necesario tener fe en alguien o en algo, basta con tener fe. Eso a veces le daba un estado de gracia. Nunca había perdido la fe.

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... (Esta muchacha me incomoda tanto que me he quedado vacío. Estoy vacío de esta chica. Me incomoda tanto más cuando menos exige. Tengo rabia. Una ira como para tirar vasos y platos y romper cristales. ¿Cómo vengarme? O mejor, ¿cómo compensarme? Ya lo sé: queriendo a mi perro, que tiene más comida que esa chica. ¿Por qué no reacciona ella? ¿Dónde está su fibra? No tiene, es dulce y obediente.)

... Vio entonces dos ojos enormes, redondos, saltones e interrogativos -tenía la mirada de quien tiene un ala herida-, tal vez un problema de tiroides, ojos que preguntaban. ¿A quién interrogaba? ¿A Dios? Ella no pensaba en Dios, Dios no pensaba en ella. Dios es de quien consigue llegar a Él. En la irreflexión aparece Dios. No hacía preguntas. Adivinaba que no hay respuestas. ¿Iba a ser tan tonta de preguntar? ¿Y recibir un "no" en la cara? Tal vez una pregunta vacía valiese tan sólo para que un día nadie pudiera decir que ni siquiera había preguntado. A falta de quien le respondiese, ella misma parecía haberse contestado: es así porque es así. ¿Existe en el mundo otra respuesta? Si alguien sabe alguna mejor, que se presente y la diga; hace años que espero. ... Entre tanto, las nubes son blancas y el cielo es todo azul. Para que tanto Dios. Por qué no un poco para los hombres.

... Ella había nacido con malos precedentes y ahora parecía una hija de no-sé-qué con aire de pedir disculpas por no ocupar un espacio. En el espejo, distraída, examinó de cerca las manchas de su cara. En Alagoas se llamaban panos, decían que venían del hígado. Ocultaba las manchas con una capa espesa de polvo blanco y, si se veía medio revocada, era mejor que verse pardusca. Toda ella estaba un poco sucia, porque raro era que se lavase. De día llevaba la falda y blusa y de noche dormía con la enagua. Una compañera de cuarto no sabía cómo advertirle que olía a mugre. Y como no sabía, se quedó en eso, porque tenía miedo de ofenderla. Nada en ella era iridiscente, aun cuando la piel de su cara tuviese entre las manchas un ligero brillo de ópalo. Pero no importaba. Nadie la miraba en la cale, ella era café frío.

... Así pasaba el tiempo para esta chica. Se sonaba la nariz en el dobladillo de la enagua. No tenía esa cosa delicada que se llama encanto. Sólo yo la veo encantadora. Sólo yo, su autor, la amo. Sufro por ella. Y sólo yo puedo decirle así: "¿Qué habrá que me pidas llorando y yo no te dé cantando?" Esa

muchacha no sabía que ella era lo que era, tal como un cachorro no sabe que es cachorro. Por eso no se sentía infeliz. Lo único que quería era vivir. No sabía para qué, no se lo preguntaba. Quien sabe, tal vez encontraba que había una ínfima gloria en vivir. Pensaba que una persona está obligada a ser feliz. De modo que lo era. ¿Antes de nacer ella era una idea? ¿Antes de nacer estaba muerta? ¿Y después de nacer iba a morir? Pero qué fina tajada de sandía.

LA HORA DE LA ESTRELLA. Clarice Lispector 1977. Traducción al español de Ana Poljak. en Periolibros, diciembre de 1994

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Clarice Lispector cansada de la literatura Javier Rodríguez Marcos

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Siendo todavía una niña, Clarice Lispector preguntó a su hermana mayor si pasaban hambre. La respuesta fue "casi". Sólo entonces tuvo conciencia de la situación de su familia, que había llegado a Brasil procedente de Ucrania en febrero de 1921, dos meses después de su propio nacimiento. Junto a "emigración" y "hambre" conviene no olvidar una tercera palabra para acercarse al universo de la autora de La manzana en la oscuridad: "felicidad". La dicha inconsciente de su infancia en Recife a medio camino entre la miseria y el sol, como diría Albert Camus, matiza la extranjería de una escritora que siempre se sintió lo que era, brasileña, y la pobreza de una mujer que con el tiempo terminaría viajando por medio mundo, de Washington a Roma.

... "¿Mis antecedentes de escritor? Soy un hombre con más dinero que quienes pasan hambre, cosa que de alguna manera hace de mí una persona deshonesta". Esto dice el narrador de La hora de la estrella. Para llegar a Clarice Lispector es, pues, útil no perder de vista esa voz que desgrana sus últimas palabras. Como es útil tener presente esta frase: "No soy un intelectual, escribo con el cuerpo".

... Es cierto que para hablar de su obra se ha evocado las figuras de Joyce, Virginia Woolf o Machado de Assis, pero también lo es que basta abrir cualquiera de sus libros para darse cuenta de que su tradición está más en sus entrañas que en su biblioteca.

... Las novelas y los cuentos de Clarice Lispector hablan de Clarice Lispector, algo que va más allá de la obvia relación entre el escritor y lo escrito, porque además, en su caso, tal vez como en ningún otro, la escritora es la escritura, ya se trate de una historia de amor (Aprendizaje o el libro de los placeres), de la revelación a la que asiste una mujer cuando descubre una cucaracha muerta en la habitación de su criada (La pasión según G. H.) o de la dura vida de una mecanógrafa emigrada a Río desde el Nordeste que se alimenta de perritos calientes y refrescos y para la que tener futuro ya es un lujo, cosa de ricos. No es casual que esta nordestina, Maca, sea la protagonista de La hora de la estrella, una novela "escrita en estado de emergencia" y publicada en 1977, el mismo año de la muerte de Lispector. Como no es casual tampoco que la muchacha proceda de la misma región que la autora ni que de ella se diga que "no sabía que era lo que era, por eso no se sentía infeliz".

... En cualquier caso, los libros de la escritora brasileña, con estar tan pegados a las vísceras humanas, más que hablar de algo, simplemente hablan. Aunque, eso sí, jamás renuncian a contar. De ahí tal vez esa apelación suya al estómago frente al cerebro, a la vida frente a la letra. "Estoy absolutamente cansado de la literatura; sólo la mudez me hace compañía. Si todavía escribo, es porque no tengo nada más que hacer en el mundo mientras espero la muerte". Esto se lee, de nuevo, en La hora..., a la que seguirá Un soplo de vida, publicado póstumamente. No deja de ser curioso que en estos dos libros finales se extreme la pregunta lanzada ya en Cerca del corazón salvaje, escrito con apenas veinte años: "¿Dónde está lo que quiero decir, dónde está lo que debo decir?"

... La voz que habla en las novelas de Clarice Lispector es consciente, como los personajes de Samuel Beckett, de que no hay nada que decir y nada con qué decirlo, pero también de que existe una imperiosa necesidad de decir eso. "Hablar salva", se dice en "Tempestad de almas", un relato en el que también se avisa de que es preciso tener valor para abandonarse a la tormenta abismal del pensamiento porque nunca se sabe lo que puede venir a asustarnos.

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... En el fondo, hay que decirlo ya, en las historias de Clarice Lispector, cargadas de preguntas, se busca una sola respuesta, la más vieja y la más escurridiza, la que declara el sentido de la existencia. La lengua verdadera crea y destruye, por eso en algún momento, con un pie en el estribo, Lispector escribe: "Quieran los dioses que nunca describa un lazareto, porque si no, me cubriría de lepra". Criada en una familia judía, la escritora conocía el valor que la cábala concede a las palabras. Un soplo de vida no hay casualidad en el título de este libro póstumo no es más que un largo comentario a este extremo: "En el acto de escribir alcanzo aquí y ahora el sueño más secreto, aquel que no recuerdo al despertar". De la conciencia de que cualquier sueño es siempre más completo que la realidad surgen unos libros que parecen escritos en el momento mismo de ser leídos, sin premeditación, a sangre y fuego, sin teorías y sin literatura. En la conciencia, finalmente, de que toda felicidad es, como reza uno de sus títulos, clandestina, trabajó Clarice Lispector, entre la pasión y el escepticismo, allí donde una escritora para "almas ya formadas" florece al lado de una autora de libros infantiles que tradujo a Agatha Christie. Junto a una conciencia absoluta hay también en sus historias una inocencia absoluta. Tal vez por eso sus relatos están repletos de animales. "En cuanto al hecho de escribir declaró un año antes de morir , digo si le interesa a alguien que estoy desilusionada. Escribir no me ha traído lo que yo quería, es decir, paz". Acaso, como advertía el Evangelio, no vengan los mensajeros de la verdad a traer la paz, sino la guerra. A los lectores les queda un puñado de libros cargados de secretos. A su autora, la gloria del intento y la grandeza de alguien que, como diría G. H., por destino tuvo que ir a buscar y por destino volvió con las manos vacías.

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CLARICE LISPECTOR: LA PALABRA RIGUROSA Elena Losada Soler

Universidad de Barcelona

http://www.ucm.es/info/especulo/numero4/lispecto.htm

La palabra rigurosa... La obra de Clarice Lispector es una constante reflexión sobre el lenguaje y sobre todo, sobre los límites de la palabra. Volveremos repetidas veces sobre este tema pero vayamos ahora al concepto de rigor. La palabra de Clarice Lispector es rigurosa porque debe traducir con un medio limitado algo que es mucho más grande que el lenguaje. Debe traducir el misterio y lo que carece de nombre, debe expresar con términos racionales lo que la mirada percibió más allá, debe ser capaz de fijar el instante y el acto ínfimo que está en el origen de todo. Tenemos ya aquí algunos de los motivos recurrentes de su obra: la mirada, a la vez visionaria e implacable, la

consagración del instante y la importancia de lo aparentemente banal. La propia Clarice expresó claramente este límite de la palabra y lo que tras él se encuentra: "La palabra tiene su terrible limite. Más allá de ese límite está el caos orgánico. Después del final de la palabra empieza el gran alarido eterno." 1 Ese gran alarido eterno es el que asoma entre sus páginas capturado por un lenguaje que ella quiso ..."escuálido y estructural como el resultado de escuadras, compases y agudos ángulos de estrecho enigmático triángulo." 2

Ahora bien, aunque hablar de Clarice Lispector es hablar del lenguaje, no pretendo hacer una disección crítica de su prosa, porque ella no lo quiso nunca. Nada más lejos de Clarice que la pedantería académica. De hecho siempre desconfió de los especialistas: "No entiendo de qué hablan, pero siento ese falso vanguardismo, lleno de modismos, frío, calculador, poco humano. La mejor crítica es la que entra en contacto con la obra del autor casi telepáticamente." 3 No pretendo tampoco afirmar que yo he entrado en ese contacto telepático con su obra, pero sí quisiera poder transmitir algo de mi apasionada fascinación por Clarice Lispector.

No puedo exponer ahora de forma mínimamente completa lo que ha sido la literatura brasileña de nuestro siglo pero unas referencias necesariamente breves nos permitirán comprender mejor la originalidad de Clarice Lispector en ese conjunto.

La literatura moderna en Brasil arranca de la Semana de Arte Moderno de São Paulo que en 1922 abrió las puertas a los movimientos de vanguardia. Ahora bien, la vanguardia brasileña no es mimética de la europea, es, como ellos mismos dicen "ANTROPÓFAGA", es decir, devora ritualmente las vanguardias europeas para interiorizarlas y mezclarlas con lo más profundamente autóctono del país.

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Esta tendencia a potenciar lo diferencialmente brasileño, pero no la revolución del lenguaje literario, se extendió al amplísimo abanico de la narrativa

regionalista y al realismo social que surgió durante el Estado Novo. Ambas corrientes, narrativa regionalista y narrativa social se desarrollaron durante los años 30 con un claro predominio del tema sobre la forma, valorizando con las técnicas realistas los diversos registros del habla cotidiana. En esta línea pueden encuadrarse los grandes nombres de la literatura brasileña de la época: José Lins do Rego, Graciliano Ramos y Jorge Amado, entre otros. En casi todos los casos -con la notable excepción de Rachel de Queiroz- se trata de una narrativa masculina y tropical en la que el clima, la naturaleza excesiva, las relaciones sociales en las fábricas y las plantaciones, el mosaico étnico y cultural del Brasil se constituyen en motivos esenciales. Durante un largo tiempo la narrativa, por otra parte magnífica, parece convertirse en la expresión literaria del gran clásico de la antropología brasileña, Casa Grande & Senzala, de Gilberto Freyre. Los intentos de renovación narrativa y lingüística de los vanguardistas Mário de Andrade y Oswald de Andrade en los años 20 parecían no tener continuación.

En 1943 y 1946, sin embargo, se rompe esta tendencia. En 1946

aparece Sagarana, de João Guimarães Rosa, una colección de cuentos que preludia brillantemente una de las obras más importantes de la literatura del siglo XX: Gran Sertón : Veredas (1956), actualización de la narrativa

regionalista a través de la invención de un nuevo lenguaje. De nuevo la forma era fundamental para hacer que el texto no sea una mera copia de la realidad sino una nueva realidad transubstanciada por la palabra. Pero ya tres años antes una jovencísima Clarice Lispector había publicado Cerca del corazón salvaje, una novela insólita desde su título, tomado del Retrato de un artista adolescente de Joyce. Era un texto insólito porque era una novela psicológica, femenina y urbana, construida sobre el monólogo interior y de la que había prácticamente desaparecido la trama.

Ya desde su primera novela Clarice Lispector marcaba así lo que iba a ser el territorio de su originalidad en ese mundo masculino, rural y de naturaleza desmesurada dominada por un sol de justicia. Ella aportaría percepciones, no hechos, una mirada de mujer, una mirada urbana y una mirada contemporánea, o quizá mejor sin tiempo, puesta bajo el signo de la luna.

Una mirada de mujer, quizá también una escritura de mujer. Clarice Lispector hincó en el mundo su mirada de mujer inteligente -esta es una precisión

necesaria- capaz de captar las mínimas sensaciones, los mínimos detalles y de saber que nada, por pequeño o banal que parezca, carece de importancia. El mundo de lo cotidiano, de lo sin historia, que ha sido durante siglos el mundo de la mujer, puede proporcionar innumerables sorpresas, basta con saber mirar y entender esos signos de una realidad subyacente. Las mujeres de Clarice pueden hablar en tono mayor, alcanzar el fondo de todos los pozos, pero van a la compra, componen fruteros, llaman al fontanero y dominan también todos los resortes del tono menor. Ellas son hermeneutas de una divinidad nocturna y lunar: "Pero de la luna no tenía miedo, porque era más lunar que solar y veía con los ojos bien abiertos en las madrugadas tan oscuras la luna siniestra en el

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cielo. Entonces se bañaba toda ella en los rayos lunares, así como había quienes tomaban baños de sol. Y quedaba profundamente límpida." 4 Olga Borelli cuenta una anécdota de Clarice Lispector con la que creo que todas las mujeres podemos identificarnos. Clarice se ocupaba de su casa habitualmente pero cuando la presión de la cotidianidad, de esos mil y un pequeños trabajos y distracciones era demasiado grande desaparecía y se encerraba tres o cuatro días en un hotel. Pero para esa fuga es preciso ser libre, es decir estar sola, como la protagonista de La pasión según G.H. : "Quién sabe quizá esa actitud o falta de actitud proceda de que yo, al no haber tenido nunca marido ni hijos, no he necesitado mantener ni romper grilletes: yo era continuamente libre. Ser continuamente libre también era ayudado por mi naturaleza que es fácil: como, bebo y duermo fácilmente. Y también,

naturalmente, mi libertad venía de que era económicamente independiente." 5 ¿Hay alguna relación espiritual o literaria entre Virginia Woolf y Clarice

Lispector? Entre muchas otras posibles esa capacidad para hacer que un acontecimiento exterior trivial desencadene ideas y sensaciones que abandonan rápidamente lo inmediato. En la obra de Clarice Lispector la conciencia desdichada aflora en sus personajes a partir de un incidente anodino. A partir de entonces el que ha sido iluminado vivirá su drama existencial. El instante actúa como desencadenante del descubrimiento del absurdo. Es el punto de partida, como veremos, de La Pasión según G.H. y también de muchas otras obras, como el cuento "Desesperación y desenlace a las tres de la tarde" en que el señor J.B. -llamo la atención entre paréntesis para el uso de las iniciales como despersonalización en toda la narrativa de Clarice Lispector- un frío y correcto burgués que nada pedía y nada

daba 6 vivirá la agonía de sus propias convicciones y de su propio orgullo al recorrer un vía crucis de humillaciones iniciado por un "acontecimiento" muy simple: se marea en el autobús a las tres de la tarde y acabará innoblemente, vomitando en un bar y perdiendo su carné de identidad, o quizá su misma identidad, en su propio vómito. Sólo después de esta absoluta humillación social podrá empezar a construir un nuevo yo libre.

La introspección a partir de la conciencia de la propia soledad es constante en estos textos. La conciencia humana -conciencia de infelicidad- encontrará su contrapunto en la sólida plenitud de los objetos y de los animales. Recordemos de pasada la importancia de éstos en la obra de Clarice Lispector, las gallinas y caballos de sus cuentos, los conejos y peces de sus libros infantiles, la

cucaracha de La Pasión según G.H., etc.

A lo largo de toda su obra encontramos el análisis de esos momentos interiores que acaban poniendo en crisis la subjetividad. Pero la obra de Clarice

Lispector, con la excepción de su primera novela, no es - o no lo es

únicamente- literatura psicológica : La 'psicología' nunca me ha interesado. La mirada psicológica me impacientaba y me impacienta, es un instrumento que sólo traspasa. 7. Con el tiempo se producirá un cambio fundamental: el salto de lo psicológico a lo metafísico, del análisis del mecanismo mental -tarea de relojero- al análisis de la razón metafísica de la existencia de ese yo.

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Este análisis es, como decíamos, inseparable de la reflexión sobre el lenguaje. Escribir es una forma de salvación y también una condena: "Yo escribo y así me libro de mí y puedo entonces descansar." 8 Porque escribir es peligroso, es entrar en contacto con otra realidad y ser su vehículo -recordemos los "caballos de los dioses", los posesos de las reuniones de macumba-: "Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo ha intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto - y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el

vacío." 9 Colocarse en el vacío a partir de la intuición. Escribir no es un proceso intelectual para Clarice Lispector aunque el resultado sea una prosa altamente intelectualizada.

Y siempre la lucha entre la necesidad de expresión y la tentación del silencio, tan fuerte en todas sus obras. Sabemos muy bien que la mística es inefable, pero también el lenguaje, después de un cierto límite, entra en el reino de lo sin nombre. La escritura es una vivencia religiosa, una pasión casi sacrílega como la "comunión" de G.H., porque intenta retener lo fugitivo, fijar lo inaprensible. Las palabras deben ser capaces de congelar aquel instante al que se pueda decir -como en el deseo de Fausto- "¡Detente, eres tan bello!". Para llegar a esto es prescindible un rigor extremo: "Y si tengo que usar palabras, tienen que tener un sentido casi corpóreo (...) palabras hechas de los instantes-ya (...) Quiero como poder coger con la mano la palabra."10

Es preciso, pues, crear una escritura que pueda fundir en palabras la

iluminación del instante, una escritura fragmentaria, en que ninguna metáfora-cliché puede sobrevivir, porque sólo la imagen virgen, la asociación más insólita, la palabra que ha sido vaciada de todo su sentido anterior, de su servidumbre de la realidad aparente, puede alcanzar la consagración del

instante. Pero no es posible inventar lo que no existe. El trabajo debe ser hecho con el lenguaje que tenemos, Clarice Lispector no crea palabras nuevas, retuerce las ya existentes hasta el límite de sus posibilidades: "Hay muchas cosas por decir que no sé cómo decir. Faltan las palabras. Pero me niego a inventar otras nuevas: las que existen deben decir lo que se consigue decir y lo que está prohibido." 11

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Este debate sobre los límites de la palabra evoluciona en las últimas obras de Clarice Lispector -La hora de la estrella y Un soplo de vida -pulsaciones- hacia un debate sobre el fracaso del lenguaje. En Aprendizaje, novela de 1969 aún leemos una consideración optimista: "Nosotros los que escribimos, apresamos en la palabra humana, escrita o hablada, un gran misterio que no quiero revelar con mi raciocinio porque es frío." 12. En 1977, el año de su muerte, escribe en Un soplo de vida: "Yo quisiera escribir un libro ¿Pero dónde están las palabras? Se han agotado los significados. Como sordos y mudos nos

comunicamos con las manos." 13 y en La hora de la estrella -también 1977- el pesimismo es aún mayor: "Estoy absolutamente cansado de la literatura; sólo la mudez me hace compañía. Si todavía escribo, es porque no tengo nada más

que hacer en el mundo mientras espero la muerte. La búsqueda de la palabra en la oscuridad." 14

Pero ¿quién fue esta mujer que sostuvo tan dura lucha con las palabras? Clarice Lispector, hija de judíos rusos, nació en Tchetchelnik (Ucrania), en 1925, cuando sus padres ya habían decidido emigrar. Con dos meses llegó a Alagoas y jamás admitió otra patria que el Brasil. Poco tiempo después la familia se transladó a Recife y a partir de 1937 siguió estudiando en Río. En 1943, durante sus estudios de derecho, se casó con el diplomático Maury Gurgel Valente, tuvo dos hijos y se separó en 1959. Entre 1944 y 1960 vivió largas temporadas en el extranjero, Nápoles, Berna y E.E.U.U. Durante toda su vida mantuvo su contacto con la prensa iniciado en 1941 en la Agencia Nacional. Un cáncer terminó con su vida en 1977, tenía 52 años.

¿Cómo era Clarice Lispector?, "una mujer tímida y altiva, más solitaria que independiente" afirma Benedito Nunes 15. En todo caso una mujer que no vivió en ninguna torre de marfil ni perdió nunca contacto con la realidad. Olga Borelli recoge el siguiente programa de vida de Clarice: "Nací para amar a los demás, nací para escribir y para criar a mis hijos. Amar a los demás es tan vasto que incluye incluso perdón para mí misma, con lo que sobra. Amar a los demás es la única salvación individual que conozco: nadie estará perdido si da amor y a veces recibe amor a cambio" 16. Posiblemente ahí esté el núcleo, aunque una inteligencia pudorosa pudo frenar su exteriorización. Sin embargo yo iría a buscar a Clarice Lispector en la plegaria de Lori, la protagonista

de Aprendizaje: "Alivia mi alma, haz que sienta que Tu mano está cogida de la mía, haz que sienta que la muerte no existe porque ya estamos en verdad en la eternidad, haz que sienta que amar no es morir, que la entrega de sí mismo no significa la muerte, haz que sienta una alegría modesta y diaria, haz que no te indague demasiado, porque la respuesta sería tan misteriosa como la

pregunta (...) bendíceme para que viva con alegría el pan que como, el sueño que duermo, haz que tenga caridad hacia mí misma pues si no, no podré sentir

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que Dios me amó, haz que pierda el pudor de desear que en la hora de mi muerte haya una mano humana para apretar la mía (...)" 17

Pasemos ya en el último tramo de esta exposición con el comentario de algunas de sus obras. De entre la vasta producción de Clarice Lispector -crónicas periodísticas, novelas, cuentos, literatura infantil- seleccionaré tres novelas: La pasión según G.H. (1964), Aprendizaje o el libro de los

placeres (1969) y La hora de la estrella (1977), las tres traducidas al castellano. Soy evidentemente consciente de que dejo por el camino los magníficos

cuentos de Lazos de familia (1960) y ¿Dónde estuviste de noche? (1974), las 13 historias eróticas de Via Crucis del cuerpo (1974) o novelas como La manzana en lo oscuro, junto con tantas otras páginas importantes.

La pasión según G.H., publicada en 1964 tras un largo silencio de su autora, fue una verdadera sacudida espiritual en el contexto de la literatura brasileña. Novela abierta, sin etapas, sin más argumento que el acto ínfimo en torno al cual se opera la educación existencial del personaje, La pasión... es un entrecortado y jadeante monólogo interior.

G.H. la protagonista (una vez más reencontramos el anonimato de la inicial ¿no les recuerda la agrupación de letras en una agenda GH - IJ etc.?) es una mujer independiente, escultora amateur, que frecuenta los círculos artísticos de la ciudad y vive sola en un ático "de semilujo". Al inicio del libro encontramos seis guiones y una expresión de angustia "Estoy procurando, estoy procurando, estoy intentando entender"18. Lo que debe ser entendido es su experiencia del día anterior: Ayer perdí durante horas y horas el montaje humano" 19. La narración en primera persona alternará con un tú, interlocutor imaginario encargado de sostener su mano durante el proceso de la narración de este descenso a los infiernos. Como hemos visto antes, dar la mano es un gesto esencial para Clarice Lispector. Es el gesto de lo humano, de la solidaridad ante el vacío (Dar la mano a alguien siempre fue lo que esperé de la

alegría) 20. Cogida de una mano humana, G.H. rememora su vía iluminativa, pues se trata en el fondo de una experiencia mística.

Esta mujer social, acomodada, tiene un día la idea de ir al cuarto de la criada, que se despidió poco antes, para comprobar que todo está en orden y

prepararlo para la próxima empleada. Al fondo del corredor, ya en otra realidad, G.H. descubre la existencia en su casa de un espacio que no le pertenece. Sin plantas, sin la dulce penumbra que ella cultiva, el cuarto de la criada es un desierto batido por el sol que ha resecado el colchón y las maderas. Como en toda experiencia ascético-mística se repetirán las alusiones a lo yermo, al desierto como expresión física del despojamiento. Y entonces SUCEDE: de la puerta entreabierta del armario surge una enorme cucaracha. Ante ella el horror se apodera de esta mujer civilizada que no está acostumbrada a enfrentarse a las formas más primarias y resistentes de vida. La reacción es inmediata, cierra violentamente la puerta del armario, pero no mata del todo al animal, sino que la cucaracha sigue viva pero con medio cuerpo aprisionado por la puerta. Entonces empezará la mirada. Durante horas el insecto preso y la mujer hipnotizada por él se mirarán en silencio. Otra vez la mirada y lo que tras ella se esconde como motivo de la obra de Clarice Lispector: "Santa María, madre

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de Dios, ofrezco mi vida a cambio de que no sea verdad aquel momento de ayer. La cucaracha con la materia blanca me miraba. No sé si me veía. No sé lo que ve una cucaracha. Pero ella y yo nos mirábamos y tampoco sé lo que una mujer ve. Pero si sus ojos no me veían su existencia me existía - en el mundo primario donde yo había entrado, los seres existen a los otros como forma de verse. Y en ese mundo que yo estaba conociendo, hay varias formas que significan ver: uno mira al otro sin verlo, uno posee al otro, uno come al otro, uno está sólo en un rincón y el otro está allí también: todo eso también significa ver. La cucaracha no me miraba con los ojos sino con el cuerpo." 21 G.H. se enfrentará a la materia prima de la vida -a lo neutro vivo- y descubrirá en ella su propia esencia más allá del disfraz humano: "Lo que yo veía era la vida mirándome. Cómo llamar de otro modo a aquello horrible y crudo, materia prima y plasma seco, que estaba allí, mientras yo retrocedía hacia dentro de mí en naúsea seca, yo cayendo siglos y siglos en el lodo -era lodo y ni siquiera lodo ya seco sino lodo aún húmedo y aún vivo, era un lodo donde se movían con lentitud insoportable las raíces de mi identidad" 22. En un paroxismo de la introspección que no tiene nada que ver con la mirada psicológica y sí con la angustia metafísica G.H. perderá el espacio y el tiempo -incluso el lenguaje- y en un crescendo lleno de referencias bíblicas y místicas se adentrará en la nada de no ser humano para ser simplemente vida cruda. Llegará así a la máxima expiación, a la comunión con esta esencia vital, cuando, al comer la cucaracha, el yo individual se funda en el todo. Según señala Alfredo Bosi de la misma forma que Ágape, el amor-caridad cristiano se eleva a la comprensión al tocar lo humilde, el objeto-naúsea, G.H., hasta entonces educada en el Eros que sólo ama lo bello, debe bajar a la sima de lo repugnante para saber que no hay un Yo opuesto al Mundo sino un Ser único al que todos pertenecen.23 En 1969 Clarice Lispector escribe otra novela muy distinta: Aprendizaje o El libro de los placeres. Esta vez se trata de una historia de amor, de un

aprendizaje de la alegría de la vida a través del cual los protagonistas llegarán a hacerse dignos uno del otro. Sólo así Lori y Ulises (no puedo detenerme en ello, pero tampoco pasar por alto la onomástica simbólica: Lorelei, la sirena, Ulises el navegante, y la transgresión de los roles clásicos en esta novela) podrán alcanzar un amor que roce lo esencial, que no esté sujeto a los miedos y autodefensas: "Yo podría tenerte con mi cuerpo y con mi alma. Esperaré aunque sea años a que tú también tengas cuerpo-alma para amar (...) Mira a todos a tu alrededor y ve lo que hemos hecho de nosotros y de eso

considerado como victoria nuestra de cada día. No hemos amado por encima de todas las cosas. No hemos aceptado lo que no se entiende porque no queremos pasar por tontos (...) No tenemos ninguna alegría que no haya sido catalogada (...) Hemos tratado de salvarnos, pero sin usar la palabra salvación para no avergonzarnos de ser inocentes (...) Hemos disfrazado con el pequeño miedo el gran miedo mayor y por eso nunca hablamos de lo que realmente importa (...) Hemos sonreído en público de lo que no sonreiríamos cuando nos quedásemos solos (...) Nos hemos temido el uno al otro, por encima de todo. (...) Pero yo escapé de eso, Lori, escapé con la ferocidad con que se escapa de la peste, Lori, y esperaré hasta que tú estés más preparada." 24

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Tenemos esta vez -frente al yo de G.H.- un texto en tercera persona,

experimental desde el abrupto comienzo : , estando tan ocupada, había vuelto de hacer la compra (...), hasta el abrupto final: "-Pienso -interrumpió el hombre-y su voz era lenta hombre-y sofocada porque estaba sufriendo de vida hombre-y de amor-, pienso lo siguiente:"

El lenguaje de Clarice alcanza ahora su máxima nitidez. Alterna elementos perfectamente prosaicos: "había hecho varias llamadas de teléfono haciendo algunos recados, incluso una dificilísima para llamar al fontanero" 25, con pequeños trucos de la tradición femenina : "Dio un salto fuera de la cama, pero femeninamente dejó como siempre sonar el teléfono algunas veces más para no demostrar avidez, en el caso de que fuera Ulises." 26, con frases como sentencias que cortan el aliento: "...un día será el mundo con su

impersonalidad soberbia contra mi extrema individualidad de persona, pero seremos uno solo." 27. - "Conmigo hablará toda tu alma, aún en silencio" 28 y con momentos de extrema depuración lírica, como la descripción del baño de Lori a las cinco de la mañana, en la playa, en busca de sí misma y del valor: "Avanzando, abre las aguas del mundo por la mitad. Ya no necesita coraje, ahora ya es vieja en el ritual recuperado que había abandonado hacía milenios. Baja la cabeza dentro del brillo del mar, y retira una cabellera que sale toda goteando sobre los ojos salados que arden, juega con la mano en el agua, pausada, los cabellos al sol se están casi inmediatamente endureciendo con la sal (...) Se zambulle nuevamente, nuevamente bebe más agua, ahora sin avidez pues ya conoce y ya tiene un ritmo de vida en el mar. Es la amante que no teme pues sabe que lo tendrá todo nuevamente." 29

Y dominando todo el texto, el tema capital de Clarice Lispector, el silencio, misterio puro que el hombre habita lleno de miedo intentando llenarlo con ruídos para no tener que oír el propio yo. Pero hay quien ama ese silencio como una religión: "Hay una masonería del silencio que consiste en no hablar de él y adorarlo sin palabras." 30 Hay unas páginas prodigiosas sobre el silencio en Aprendizaje. Después Clarice las convirtió en un breve cuento llamado "Silencio": "(...) Se puede pensar rápidamente en el día que pasó. O en los amigos que pasaron y para siempre se perdieron. pero es inútil huir: el silencio está ahí. Aún el sufrimiento peor, el de la amistad perdida, es sólo fuga. Pues si al principio el silencio parece aguardar una respuesta -cómo ardemos por ser llamados a responder-, pronto se descubre que de ti nada exige, quizás tan sólo tu silencio. Cuántas horas se pierden en la oscuridad suponiendo que el silencio te juzga, como esperamos en vano ser juzgados por Dios. Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forzadas, humildes disculpas hasta la indignidad. Tan suave es para el ser humano mostrar al fin su indignidad y ser perdonado con la justificación de que es un ser humano humillado de

nacimiento. Hasta que se descubre que él ni siquiera quiere su indignidad. Él es el silencio. (...)" 31

Y ya para terminar La hora de la estrella, publicada en 1977, pocos meses antes de la muerte de Clarice Lispector. Esta última novela es un libro muy sorprendente. Para empezar es una narración con inicio y fin, para continuar es pura literatura de cordel, un verdadero folletín, y para terminar no es una sino tres historias. Veamos, primera historia, la de la nordestina que es su

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protagonista. Segunda historia, la del dolor de muelas y progresiva implicación en la historia de Rodrigo S. M., el narrador, máscara masculina de Clarice, justificado así por la autora:"Otro escritor sí, pero tendría que ser hombre, porque una mujer escritora puede lagrimear tonterías" 32. Tercera historia, la del propio proceso narrativo. Pero por encima de todo la presencia de Clarice, de Clarice ya enferma -la muerte sobrevuela sin aspavientos todo el libro- la autora indiscutible del texto y sobre todo de la dedicatoria, una pequeña obra maestra en sí misma que me recuerda los poemas deLos Conjurados cuando también Borges sabía que se acercaba su muerte.

Nos encontramos con la historia de una vida insignificante, la de Macabea, una campesina nordestina reciclada en oficinista en Río. En la vida mísera de Macabea sólo un gran suceso: una adivina le vaticina que al salir de la consulta su vida cambiará por completo, conocerá a un extranjero rubio y rico (todos los extranjeros son rubios y ricos en el imaginario popular del Brasil) llamado Hans para mayor precisión, que se casará con ella y la tratará como a una reina. ¡Eso es un destino feliz y no el de la chica que salió antes, que iba a ser atropellada por un coche! "ahora ve a encontrarte con tu maravilloso

destino" 33 le dice la adivina. Cuando sale es atropellada por un impresionante Mercedes amarillo que ni siquiera se detiene y Macabea muere después de pronunciar una última frase que nadie comprende: "En cuanto al futuro" 34 Un tremendo folletín, pues, que sería la base ideal para una novela llena de lágrimas sobre las injusticias del destino. Pero lo fascinante es que Clarice Lispector construye sobre esta base un libro riguroso y frío en que los

sentimientos -de tan congelados- provocan quemaduras: "Ya he avisado que era literatura de cordel aunque me niegue a mostrar la menor piedad" 35, nos advierte.

Efectivamente no hay la forma común de piedad, hay mucho más.

Encontramos de nuevo uno de los motivos nucleares de la obra de Clarice Lispector: el absurdo existencial que sólo es rescatado por los pequeños placeres que todos los seres, incluso esta Macabea -tan vegetal, tan raíz- intentan procurarse para pactar con el vacío.

Veamos un poco la historia de Macabea hasta que su destino se cruzó con el Mercedes. Esta historia hubiera podido tener otros doce títulos, que serían a su vez doce formas de leer el texto: "La culpa es mía .- Que ella se apañe .- El derecho al grito .- En cuanto al futuro .- Lamento de un blue .- Ella no sabe gritar.- Una sensación de pérdida .- Silbido en el viento oscuro .- Yo no puedo hacer nada .- Registro de los hechos precedentes .- Historia lacrimógena de cordel .- Salida discreta por la puerta del fondo."

Personalmente elijo Ella no sabe gritar. Porque Macabea no sabe siquiera que puede gritar, no sabe que tiene derechos, no sabe que la Convención decretó en 1792 que el ciudadano tiene derecho a la felicidad. Como Macabea no sabe gritar, gritará por ella el narrador : "Es mi deber, aunque sea de arte menor, revelar su vida. porque tiene derecho al grito. Entonces yo grito." 36. Pero no nos engañemos, Macabea no tiene cualidades de heroína, es vulgar, fea, inculta, incompetente para la vida: La persona de quien voy a hablar es tan

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tonta que a veces sonríe a los demás en la calle. Nadie responde a su sonrisa porque ni la miran." 37

Macabea es, efectivamente, incompetente para la vida social porque la vida de Macabea es la vida de lo neutro vivo. Macabea es insignificante, especialmente anónima. Repetidamente Clarice-Rodrigo insiste en la invisibilidad de Macabea. En una ocasión con una metáfora fascinante: "Nadie la miraba en la calle, ella era café frío" 38 Para un brasileño esta es la imagen de lo que nadie quiere. Lo prosaico es en Clarice Lispector un arma poderosa.

Un día Macabea conoce a un hombre, nordestino como ella, y él pasa a ocupar en la jerarquía de sus placeres el lugar anteriormente otorgado al dulce de guayaba con queso. La primera conversación marcará el tono de su amor : "-Disculpe, señorita ¿puedo invitarla a pasear?

-Sí -respondió atolondrada, deprisa, antes de que él cambiara de idea. -Si me permite, ¿cuál es su nombre?

-Macabea -Maca ¿qué?

-Bea -se vio obligada a completar

-Disculpe pero parece el nombre de una enfermedad , de una enfermedad -de la piel.

(...)

Los dos ignoraban cómo se pasea. Caminaron bajo la lluvia densa y se detuvieron delante del escaparate de una ferretería donde había expuestos caños, latas, tornillos grandes y clavos.

Macabea , temerosa de que el silencio ya significase una ruptura, dijo al recién-enamorado:

-A mí me gustan mucho los tornillos y los clavos, ¿y a usted?" 39

La relación continúa durante un tiempo al son de conversaciones como la siguiente :

Él: -Pues sí.

Ella: -¿Pues sí, qué? Él: -¡Yo dije pues sí!

Ella: -¿Pero "pues sí" qué?

Él: -Mejor cambiemos de conversación, porque tú no me entiendes. Ella: -¿Entender qué?

Él -¡Virgen santa! ¡Macabea, vamos a cambiar de tema ahora mismo! Ella: -¿Y de qué hablamos?

Él : -De ti, por ejemplo. Ella: -¡¿De mí?!

Él: -¿Por qué tanto susto? ¿Tú no eres gente? La gente habla de la gente. Ella: Disculpa, pero no me parece que yo sea muy gente.

Él: -¡Pero si todo el mundo es gente, Dios mío! Ella: -Yo no me he habituado.

Él: - ¿No te has habituado a qué? Ella: -Ah, no sé explicarme. Él: - ¿Entonces?

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Ella: -¿Entonces qué?

Él : -Oye, yo me largo, porque tú eres imposible.

Ella: -Es que sólo sé ser imposible, no sé otra cosa. ¿Qué puedo hacer para lograr ser posible?

Él: - ¡Deja de hablar, que sólo dices estupideces! Di lo que quieras. (...) 40

El diálogo llega al surrealismo por la mezcla de la exagerada vulgaridad y de la trascendencia involuntaria. Macabea es incómoda porque pregunta como un niño, pregunta aquello que no se debe preguntar porque carece de respuesta, pregunta el sentido de las expresiones hechas, de las fórmulas banales que los adultos hemos convenido para disfrazar la soledad. Macabea no tiene piedad para con el pobre edificio del yo metalúrgico de Olímpico, por eso él la dejará por Gloria, su compañera de oficina, tras consolarla con una frase sublime: "Ante la cara un poco demasiado inexpresiva de Macabea, él hasta procuró decirle alguna gentileza que suavizara la hora del adiós para siempre. al despedirse le dijo:

-Tú, Macabea, eres un pelo en la sopa. no te dan ganas de comer. Discúlpame si te he ofendido, pero soy sincero ¿Estás ofendida? " 41

Sólo Rodrigo S.M, su cronista, ama a Macabea, muy a pesar suyo:

"Sí, estoy enamorado de Macabea, mi querida Maca, enamorado de su fealdad y de su anonimato total, pues ella no existe para nadie (...) Yo quisiera que ella abriese la boca para decir:

- Estoy sola en el mundo y no creo en nadie, todos mienten, a veces hasta en la hora del amor, yo no veo que una persona hable con otra, la verdad sólo me llega cuando estoy sola." 42

¿Le llegó la verdad a Macabea cuando fue a la adivina tan contenta porque "por primera vez iba a tener un destino"? 43 ¿Estaría la verdad en ese En cuanto al futuroque nadie entendió? Rodrigo S.M. tiene su opinión: "¿Cuál fue la verdad de mi Maca? Basta descubrir la verdad para que ya no exista: pasó el momento. Pregunto ¿qué existe? Respuesta; no existe." 44

Una vez más la consagración del instante y una vez más la reflexión sobre el lenguaje y sobre el proceso de creación: "No, no es fácil escribir. Es duro como partir rocas. Pero saltan chispas y astillas como aceros pulidos". 45 Así son las palabras, las imágenes de Clarice Lispector, astillas de acero pulido, de firme contorno e insondable profundidad. Palabras rigurosas, porque el adorno destruiría el poder de convocar el misterio, de congelar el instante: "Escribo muy simple y muy desnudo. Por eso hiere" 46. Tras esto sólo el silencio. CITAS:

1. Olga BORELLI: "Liminar", en : Clarice Lispector, A Paixão segundo G. H. (Ed. crítica, Coord. Benedito Nunes), Coleção Arquivos, Editora de Univ. de Florianópolis, 1988, p. XXIII

2. Clarice LISPECTOR: "Un soplo de vida-Pulsaciones" (fragmento), EL PASEANTE nº 11, Siruela, Madrid, 1988, p. 48

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4. Clarice LISPECTOR: Aprendizaje o El libro de los placeres, Siruela, Madrid, 1989, p.31

5. Clarice LISPECTOR: A Paixão segundo G.H. (op. cit.) p. 20 6. Clarice LISPECTOR: Desespero e desenlace às três da tarde,

COLÓQUIO-LETRAS nº 25, Maio 1975, Lisboa, p.50

7. Clarice LISPECTOR: A Paixão segundo G.H. (op. cit.) p. 18

8. Clarice LISPECTOR: "Un soplo de vida -Pulsaciones" (op. cit.) p.50 9. Ibidem, p. 47

10. Citado por Álvaro Manuel Machado en "Clarice Lispector" (Temas portugueses e brasileiros) Instituto de Cultura e Língua Portuguesa, Lisboa, 1992, p. 187

11. Clarice LISPECTOR: Água Viva, Editora Nova Fronteira, Rio de Janeiro, 1979 10, p.29

12. Clarice LISPECTOR: Aprendizaje o El libro de los placeres (op. cit.), p. 83

13. Clarice LISPECTOR: "Un soplo de vida-Pulsaciones" (op. cit.), p. 47 14. Clarice LISPECTOR: La hora de la estrella, Siruela, Madrid, 1989, p. 66 15. Benedito NUNES: "Clarice Lispector ou o naufrágio da introspecção",

COLÓQUIO-LETRAS, nº 70, Lisboa, Nov. 1982, p.13 16. Olga BORELLI: op. cit., p. XXII

17. Clarice LISPECTOR: Aprendizaje o El libro de los placeres (op. cit), p.50 18. Clarice LISPECTOR: A Paixão segundo G.H. (op. cit.) p.9

19. Ibidem, p. 10 20. Ibidem, p. 13 21. Ibidem, p. 50 22. Ibidem, p. 38

23. Alfredo BOSI: História concisa da literatura brasileira, Cultrix, São Paulo, 1982, p. 480

24. Clarice LISPECTOR: Aprendizaje o El libro de los placeres (op. cit.) p.42/43 25. Ibidem, p. 11 26. Ibidem, p. 91 27. Ibidem, p. 65 28. Ibidem, p. 81 29. Ibidem, p. 70/71 30. Ibidem, p. 33

31. Clarice LISPECTOR: Silencio, Grijalbo, Barcelona, 1988, p.135 32. Clarice LISPECTOR: La hora de la estrella (op. cit.) p. 13 33. Ibidem, p. 74 34. Ibidem, p. 79 35. Ibidem, p. 33 36. Ibidem, p.15 37. Ibidem, p. 17 38. Ibidem, p. 27 39. Ibidem, p. 42/43 40. Ibidem, p. 46/47 41. Ibidem, p. 58 42. Ibidem, p. 65 43. Ibidem, p. 71 44. Ibidem, p. 80

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45. Ibidem, p. 20

46. Clarice LISPECTOR: Un soplo de vida-Pulsaciones (op. cit.) p.48

Este texto está publicado en: Mujeres y Literatura [Àngels Carabí y Marta Segarra Eds.], PPU, Barcelona, 1994, pp. 123-136.

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Clarice Lispector y la (re)lectura de su personalidad ante las tendencias narrativas de América Latina y el Brasil artístico contemporáneo

Iván Segarra Báez

http://www.letralia.com/125/ensayo01.htm 1. Finalidad del ensayo

2. Semana de Arte Moderno

Si bien es cierto y según los libros de historia de la literatura brasileña, el proyecto de la Semana de Arte Moderno (1922) fue uno de los medios que lograron difundir y organizar la literatura y las diversas expresiones de arte cultural como la pintura, la música, la escultura, el grabado y la exposición. Esta semana dio origen a diversas manifestaciones artísticas y de inquietudes socio-culturales en los intelectuales de turno en el Brasil de los años veinte (1920-1930), los cuales deseaban un medio para poder comunicarse y ponerse en contacto con sus vecinos los escritores de Suramérica.

Pero volviendo a nuestro tema; la Semana de Arte Moderno provocó en el brasileño nuevas oportunidades de crecer artística y espiritualmente. Veamos cómo Gabriel Prado Límico (Ayacucho, Perú, 1972) resume y sintetiza esta semana en su ensayo:

“Antes de la segunda década del siglo XX Brasil no había entrado en contacto con el mundo moderno, no sólo cultural, sino incluso tecnológica y políticamente hablando. En este contexto aquella elite cultural que tenía esporádicos contactos con Europa y el resto de América, a través de libros y eventuales viajes de estudios, reconoció la necesidad de poner este país al día con los cambios. Las ex colonias españolas ya lo estaban haciendo y, un poco por eso y otro poco por la enorme diferencia entre Europa y Brasil, esta puesta al día fue concebida con violencia y premura. El resultado fue la Semana de Arte Moderno, manifestación en la que se expuso el arte arquitectónico, pictórico, escultura y poético moderno. Su singularidad fue el gran despliegue de propaganda y euforia en las calles producto de una cultura que ya estaba acostumbrada a manifestaciones estruendosas. En realidad esa semana fue un carnaval de ideas y proyectos que, como veremos más adelante, con el tiempo se irían materializando en propuestas concretas. (...) Otra posible interpretación partiría del carácter nacionalista de dicho movimiento, representado la síntesis de distintas razas y la intención de hablar de y para todas, a través de la sencillez en las palabras. De hecho, incluso el título del manifiesto alude a la raíz misma de la tradición de este país. Se trata del manifiesto Pau-Brasil o Palo del Pau-Brasil, el cual es un recurso natural abundante en la selva amazónica, muy apreciado por sus primeros colonizadores y fuente de inspiración para que esta colonia portuguesa adquiriera

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su actual nombre. En realidad, como dice Hilda Scarabôtolo, el movimiento modernista brasileño nació inspirado en el futurismo de Marinetti, que se basaba en la filosofía positivista propuesta por Nietzsche. Marinetti fue un poeta italiano que a principios del siglo XX propuso un arte universalizador, tomando como inspiración el avance tecnológico. Su postulado partía de que la tecnología tarde o temprano iba a ser el eje de desarrollo en el mundo, lo que permitiría una cohesión mundial y la igualdad de condiciones propias de la utopía Occidental...” (Prado Limico, P. La poesía, 2).

Desde este punto podemos ver que la visión del escritor brasileño siempre ha estado en vías de la retrocomunicación con el resto de Hispanoamérica y sus circunstancias. Clarice Lispector no está lejos de esta visión tampoco. Ella va buscando la forma de ponerse en contacto con los otros mediante la multiplicidad y complejidad de sus personajes femeninos en las novelas y relatos que escribe. Las mujeres —la mayoría—, con sus caídas espirituales y complejas situaciones psíquicas, luchan contra el mundo o parten de un suceso aislado para llevarnos a un comprometido análisis psicológico que terminará en la automeditación de la persona sobre su yo íntimo.

En el ensayo de Aracy Amaral, Brasil: años ‘90: un perfil del medio artístico, podemos ver con más claridad cómo se desarrolla el arte en el Brasil y cual es la situación de violencia, asaltos y desempleo el cual Clarice Lispector no vivió; pero nos da una idea más clara de lo que ella vivió, pues la escritora está escribiendo su obra durante varios procesos de suma importancia: 1.) la crisis de la deuda de los años 30, 2.) la historia del empréstito brasileño (1935) y 3.) la dictadura de Brasil en 1964:

Florencia Abbate analizando su libro Revelación de un mundo: Crónicas de la vidente (2004) sostiene lo siguiente:

“Lispector fuerza el género a su antojo, hasta transformarlo en un medio de plena expresión de su subjetividad. Un tono menor para una empresa mayor: la más absoluta libertad de temas —como señala Amalia Sato en el prólogo— y la omnipresencia de su yo conflictuado. Para Lispector, la descripción de sus mucamas merece la misma atención que una carta dirigida a un ministro. Condena la matanza de los indios y comenta la opinión de un terapeuta sobre ella. Declara que las víctimas no deben perdonar a los verdugos sino ejercer su crueldad, al tiempo que celebra los pequeños placeres de la intimidad burguesa (la cama, la buena comida, el jardín). ¿Compromiso social?, ¿frivolidades? No hay contradicción alguna, por un lado porque la fuerza de su estilo borra toda distinción, y por otro porque el fundamento de lo heterogéneo se resume en el título de una de sus crónicas: ‘Me hago cargo del mundo’ ” (Abbate, F.).

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Vicente Clua sostiene y comenta en su ensayo Clarice Lispector, la palabra rigurosa (2002) que:

“Lispector escribió sus primeros cuentos cuando tenía 14 años y los mantuvo ocultos mucho tiempo. Aún antes de saber leer y escribir Clarice ya fabulaba, inventado historias sin fin. Luego, ya en la escuela, empezó a mandar sus cuentos al Diario de Pernanbuco, pero nunca los publicaron.

(...) Ella misma indicó que sus libros reclamaban una lectura ‘irracional’, una empatía natural, algo así como telepatía con la autora, una especie de entrega a lo oscuro irracional que fluye en palabras” (Clua, V.).

Cuando en 1969 Clarice Lispector publica su novela Aprendizaje o el libro de los placeres, narra una historia entre Lori (la sirena protagonista) y Ulises, el navegante, entonces desde ahí inicia el proceso de la transgresión de los roles sociales:

“Yo podría tenerte con mi cuerpo y con mi alma. Esperaré aunque sea años a que tú también tengas cuerpo-alma para amar (...). Mira a todos a tu alrededor y ve lo que hemos hecho de nosotros y de eso considerado como victoria nuestra de cada día. No hemos amado por encima de todas las cosas. No hemos aceptado lo que no se entiende porque no queremos pasar por tontos (...). No tenemos ninguna alegría que no haya sido catalogada (...). Hemos tratado de salvarnos, pero sin usar la palabra salvación para no avergonzarnos de ser inocentes (...). Hemos disfrazado con el pequeño miedo el gran miedo mayor y por eso nunca hablamos de lo que realmente importa (...). Hemos sonreído en público de lo que no sonreímos cuando nos quedásemos solos (...). Nos hemos temido el uno al otro, por encima de todo. (...) Pero yo escapé de eso, Lori, escapé con la ferocidad con que se escapa de la peste, Lori, y esperaré hasta que tú estés más preparada...

(...) Se puede pensar rápidamente en el día que pasó. O en los amigos que pasaron y para siempre se perdieron. Pero es inútil huir: el silencio está ahí. Aun el sufrimiento peor, el de la amistad perdida, es sólo fuga. Pues si al principio el silencio

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parece aguarda una respuesta —cómo ardemos por ser llamados a responder—, pronto se descubre que de ti nada exige, quizás tan sólo tu silencio. Cuántas horas se pierden en la oscuridad suponiendo que el silencio te juzga, como esperamos en vano ser juzgados por Dios. Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forzadas, humildes disculpas hasta la indignidad. Tan suave es para el ser humano mostrar al fin su indignidad y ser perdonando con la justificación de que es un ser humano humillando de nacimiento. Hasta que se descubre que él ni siquiera quiere su indignidad. Él es el silencio (...)”. (Lispector, C., Un aprendizaje, 31).

Otro de los críticos de la obra de Lispector, Roland Barthes, indica y señala la problemática del lenguaje en los siguiente términos:

“...a unidade ideológica da burguesia produziu uma escritura única [pois] nos tempos burgueses (isto é, clássicos e românticos), a forma nâo podia ser dilacerada, já que a consciência nâo o era; e que, pelo contrário, desde o momento em que o escritor deixou de ser uma testemunha do universal para tornar-se uma consciência infeliz, seu primeiro gesto foi escolher o engajamento da forma, seja assumindo, seja recusando a escritura de seu passado. A escritura clássica explodiu entâo e toda a Literatura, de Flaubert até hoje, tornou-se uma problemática da linguagem” (Barthes, R., 12). Don Antonio Candido asegura que:

Clarice mostrava que a realidade social ou pessoal (que fornece o tema), e o instrumento verbal (que institui a linguagem) se justicia antes de mais nada pelo fato de produzirem uma realidadde própria, com a sua inteligibilidade específica. Nâo se trata mais de ver o texto como algo que se esgota ao conduit a este ou aquele aspecto do mundo e do ser;

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mas de lhe pedir que crie para nós o mundo, ou um mundo que existe e atua na medida em que é discurso literário” (Candido, A, p. XIX).

Aida Toledo, en su ensayo Visiones discursivas a partir de un canon alternativo: Clarice Lispector, Diamela Eltit y Eugenia Gallardo y el cómo narrar desde espacios femeninos, señala varios aspectos sumamente importantes sobre la obra de Clarice Lispector con los cuales estamos totalmente de acuerdo:

“Clarice Lispector es una de las primeras en iniciar el trabajo del desplazamiento del sujeto dentro de una perspectiva femenina. Sus personajes, en la mayoría mujeres, van perfilándose dentro de mundos que las distinguen por su capacidad de observación y análisis. El conocimiento filosófico de Lispector entra en la conformación de estos personajes que suelen exhibir a través del fluir de conciencia las preocupaciones de sujetos femeninos y enmarcar las diferencias entre la realidad que las circunda y el discurso que las produce.

(...) y para Pierrette Malcuzynski, en este sentido, Lispector está constantemente creando un espacio discursivo estratégico de resistencia pero a través de la técnica de la parodia (130). Vilma Arêas observa que en esta obra se produce un juego escénico en donde se utilizan máscaras y muecas, improvisación, delirio verbal, material remendado; Lispector parece estar utilizando una inversión de los roles constructivos, es el lenguaje figurado quien inventa el nivel de lo real; el juego de las voces narrativas entremezclándose, pero al mismo tiempo guardando una distancia estratégica para que podemos diferenciarlas y captar el sentido de lo que se narra en un patente desplazamiento de las tonalidades, éste es otro de los ardides constructivos de Clarice...” ( Toledo, A., p. 237-49). Entonces podemos ver cómo la personalidad de Clarice Lispector está dentro y fuera de su relato narrativo mostrándonos, y creando a

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la vez, frente a nosotros; un nuevo discurso narrativo, el cual parte y nace desde el desdoblamiento del ser dentro del ser. La condición de la mujer escritora y mujer narrativa se funden en el discurso de fluir de conciencia que lleva a los personajes de sus narraciones a espacios íntimos y meditativos, son arrastrados como golpe de cañón al mundo de la realidad circundante por donde vive el hombre en su contemporaneidad del siglo XXI. Lispector, además de dominar las posturas de las técnicas vanguardistas, ha sabido sacarle partido tanto a sus personajes femeninos como a la conciencia de sus personajes con un agudo ojo clínico, al ver, por encima de sus mucamas, cosas que a simple vista no se ven pero que están allí. Ella las ve y las trae a colación dentro y desde su relato a medida que el mismo avanza. Ella narra por encima y por debajo de sus personajes, crea un juego verbal tan elevado que nos hace místicamente parte de él. Por ello encontramos que uno de los niveles que emplea es el nivel psicológico o el filosófico, que la mayoría de sus personajes tienen conflictos internos de personalidad —inseguiridades, miedos, fobias—, personajes y personalidades inconformes consigo mismos y con el mundo, personajes que con una palabra se acuestan y con otra palabra se levantan, personajes que son rostros de ella misma, o prolongaciones de lo que deseó ser y no fue. En fin, ella está en cada uno de sus personajes, como estos están en parte de ella. A mi juicio, creo que uno de los grandes logros de Clarice Lispector es su manera de narrar y presentarnos los detalles en la lectura que vamos realizado sobre un texto suyo.

Hemos visto cómo la crítica analiza la obra de Clarice Lispector y cómo la autora de Cerca del corazón salvaje logra la técnica del fluir de conciencia de sus personajes y cómo también los personajes son narradoras que narran sus propias obras dentro del texto literario y cómo se confabulan diversas voces narrativas para interconectarse de un plano a otro dentro del mismo relato. Considero que todavía faltan más análisis sobre esta excepcional escritora brasileña y que

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la literatura ha contraído una deuda con esta mujer que vivió fuera de su tiempo y de su época porque sacrificó el interés personal por el bien común de un público. Clarice Lispector defiende y define la nueva narrativa brasileña y latinoamericana desde una visión de voz poderosa, como pandero o relámpago que cae del cielo, y llega a la voz del aire del hombre, en forma de mariposa y de presagio. ¡Viva Clarice Lispector por su hermosura, viva Clarice Lispector por su egocentrismo literario, viva Clarice Lispector por su locura y ojalá que la locura de su ser nos ilumine a todos los pensadores y seres del planeta tierra!

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