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Una Mirada comprensiva del riesgo en violencia intrafamiliar: el modelo de Flujo

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UNA MIRADA COMPRENSIVA DEL RIESGO EN

UNA MIRADA COMPRENSIVA DEL RIESGO EN

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR: EL MODELO DE

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR: EL MODELO DE

FLUJO

FLUJO

An comprehensive understanding of the risk on intrafamily violence: The Flow Model

Uma visão compreensiva do risco em violência intrafamiliar: o modelo de fluxo

Romina Díaz Meza – UCSH

Carolina Aguirre Meza – UCSH Carlos Ascencio Garrido – USACH

Ricardo Embry Klarián – UCSH

Endereço para contato

Romina Díaz Meza: [email protected] Carolina Aguirre Meza: [email protected]  

Carlos Ascencio Garrido: [email protected] Ricardo Embry Klarián: [email protected]

  Romina Díaz Meza: Psicóloga Educacional. UCSH.

Carolina Aguirre Meza: Psicóloga de la Salud. UCSH.

Carlos Ascencio Garrido: Psicólogo social y Magister en Psicología social. USACH.

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Resumen

El objetivo del presente artículo es introducir la elaboración de un Modelo Comprensivo de Flujo sobre violencia intrafamiliar (VIF) en Chile, generado a partir del acuerdo de cooperación entre el Ministerio Público y la Universidad Católica Silva Henríquez. Este modelo incorpora la variable riesgo como un factor de importancia dentro de la dinámica de VIF, permitiendo posteriormente la conceptualización y la medición del mismo. En una primera instancia, se presenta el concepto de violencia intrafamiliar como categoría específica de la violencia, para posteriormente mencionar distintos modelos de intervención sobre estos fenómenos. Finalmente, se describe el modelo de flujo, introduciendo una serie de reflexiones sobre el mismo y sobre la comprensión de la violencia intrafamiliar con esta variable incorporada.

Palabras clave:violencia intrafamiliar, riesgo, familia.

Resumo

O objetivo do presente artigo é apresentar a elaboração de um Modelo Compreensivo de Fluxo sobre violência intrafamiliar (VIF) no Chile gerado a partir do acordo de cooperação entre o Ministério Público e a Universidade Católica Silva Henriquez. Este modelo incorpora a variável de risco como um fator de importância dentro da dinâmica da VIF, permitindo, posteriormente, mencionar diferentes modelos de intervenção sobre estes mesmos fenômenos. Finalmente se descreve o modelo de fluxo, inserindo uma série de reflexões sobre o mesmo e sobre a compreensão da violência intrafamiliar com esta variável incorporada.

Palavras chave: violência intrafamiliar, risco, família.

Abstract

The aim of the present article is to introduce the elaboration of a Comprehensive Flow Model on intrafamily violence (VIF) in Chile, generated from a cooperation agreement between the Public Ministery and the Silva Henríquez Catholic University. This model incorporates the risk variable as a relevant factor inside the dynamics of VIF, allowing the conceptualization and measurement of risk. First, the concept of intrafamily violence is explained as a special category of violence, for a later presentation of different intervention models on these phenomena. Finnally, the comprehensive model is described, introducing some insights about it and about the risk as a variable incorporated in the conceptualization of intrafamily violence.

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Introducción

Problematización de la Violencia Intrafamiliar

Durante las últimas décadas se han levantado una serie de datos provenientes de organismos nacionales (Ministerio del Interior y seguridad pública, 2012; Servicio Nacional de la Mujer, 2012) e internacionales (Organización Mundial de la Salud (OMS), 2002, 2003, 2005, 2009; OMS/Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC)/Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 2014) que apuntan a problematizar la Violencia como “Un importante problema de salud pública” (OMS, 2002, p. 6). Según estimaciones cada año 1,6 millones de personas perderían su vida producto diferentes actos de violencia (Suicidio 50%, homicidios 30% y conflictos armados 20%) (OMS, 2002). En Chile las estadísticas no se encuentran alejadas del acontecer mundial. Durante el año 2011 de un total de 121.258 denuncias referentes a Violencia intrafamiliar (V.I.F), un 80,3% afectaba a mujeres mayores de 18 años (Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM), 2012), 13,7% correspondiente a hombres (Carabineros de Chile, 2012), 4,6% a menores de edad (Fondo Internacional de Emergencia de las naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), 2012) y 1,7% a adultos mayores (Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), 2007).

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Referente al primer punto, se podría especular que lo que entendemos hoy por violencia nos hacen suponer que es un fenómeno moderno (Valdivieso, 2009), no obstante, al mirar nuestra historia encontramos un sinfín de situaciones y/o acontecimientos que entrarían en la categoría de violentos (guerras, esclavitud, represión, entre otros) y que en el pasado fueron valorados como naturales (Guthmann, 1991; Valdivieso, 2009; Leyton y Toledo, 2012). Considerando lo expuesto, creemos en la existencia de una serie de hitos que marcan un antes y después en la historia de la humanidad que provocan e intencionan la valoración y significación de la violencia como un fenómeno negativo y perjudicial para las personas. En efecto, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, más la Convención de los Derechos de los niños apuntan a garantizar y asegurar el bienestar y la salud de los sujetos independiente de su raza, género, etnia y origen socio-económico (Organización de Naciones Unidas (ONU), 1948, 1969). Aquello trae como consecuencia, la urgencia por investigar y desarrollar literatura que refiera a este fenómeno, a su explicación así como también a generar propuestas de intervención.

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entre miembros de la familia o compañeros sentimentales, y suele acontecer en el hogar, aunque no es exclusivo” (OMS; 2002, p. 16).

Es a partir de los informes internacionales, más el compromiso por parte de los estados de proteger los derechos de los ciudadanos, lo que ha permitido en los últimos años la generación de material teórico – académico que apunte a la explicación del fenómeno. Ésta literatura además, contribuye a la construcción y acción de políticas preventivas e interventivas que posibiliten hacer frente a la Violencia Intrafamiliar (SENAMA, 2007; SERNAM, 2012; OMS, 2003, 2014). Aquel panorama, nos inserta en el segundo punto de problematización.

Estamos claros que la violencia intrafamiliar es un fenómeno complejo en cuanto a su dinámica, proceso, comprensión e intervención (Morgan, 2002; OMS, 2014; SERNAM, 2012). El ejercicio que queremos realizar a continuación es exponer seis diferentes interpretaciones de la Violencia intrafamiliar que surgen con un propósito específico y que responden a diversos cuadros epistemológicos. Consideramos importante señalar que cada uno de ellos divide el fenómeno para poder comprenderlo, haciendo énfasis en diferentes aspectos que serían relevantes para su comprensión. Así también requerimos explicitar, que recogemos estos modelos interventivos en violencia intrafamiliar, porque creemos que la intervención implica en sí misma la comprensión y explicación del fenómeno (Morgan, 2002). Los modelos corresponden a: Modelo Intra-psíquico, Modelo de Expresión, Modelo de Interacción, Modelo de Aprendizaje Social, Modelo de Género y Modelo Ecológico.

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por las percepciones de amenaza y peligro que tendrían los sujetos (Morgan, 2002). Según este modelo, el origen de la agresión estaría a partir de hechos, impulsos y deseos del agresor. El actor que considera relevante para la intervención es el agresor, puesto que en él recaen las responsabilidades (Morgan, 2002). Desde éste modelo, la solución a la violencia intrafamiliar estaría dada por la comprensión de las experiencias pasadas del agresor para así modificar las pautas psicológicas de comportamiento (Morgan, 2002).

2. Modelo de Expresión de la violencia Intrafamiliar: Concibe el acto de violencia intrafamiliar como el sufrimiento de represión emocional y bloqueo de la comunicación por parte del agresor (Morgan, 2002). Las agresiones tendrían origen a partir de la acumulación de tensión producto de los bloqueos comunicacionales que se descargan explosivamente. Éste modelo considera como actores relevantes al agresor y a la víctima ya que los infiere en un diálogo comunicativo donde ambos son responsables. La solución de la violencia intrafamiliar estaría dada por la revisión y modificación de pautas comunicacionales entre ambos sujetos (Morgan, 2002).

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cada uno de los integrantes de la diada identifique y cambie los comportamientos que contribuyen al problema (Morgan, 2002).

4. Modelo de aprendizaje Social en Violencia Intrafamiliar: desde éste modelo se concibe la violencia a partir de la adquisición de comportamientos violentos expresados en la familia y/o comunidad. Este modo relacional se basa en la imitación de la conducta agresiva de los niños en la infancia (Morgan, 2002; Espinosa, Alazales, Madrazo, García & Presno, 2011). Las agresiones se producirían a partir del estrés de los sujetos. En este modelo, agresor y víctima son relevantes ya que es responsabilidad de ambos en cuanto a su propio proceso de aprendizaje. La solución a la violencia intrafamiliar estaría dada por desaprender las conductas violentas incorporando a su vez pautas nuevas (Morgan, 2002; Espinosa, Alazales, Madrazo, García & Presno, 2011).

5. Modelo de Género en Violencia Intrafamiliar: éste modelo entiende la violencia como toda acción que ocasiona temor y obliga a una persona afectada a hacer lo que no desea hacer (Morgan, 2002). El origen de éste tipo de violencia estaría dado por el contexto sociocultural sexista presente en la cultura. Los actores relevantes desde éste modelo son el agresor, la víctima y las influencias socio-culturales de género ya que las responsabilidades caen en los tres debido a que actúan según lo esperado por su género (Morgan, 2002). La solución a este tipo de violencia estaría dado por la enseñanza de los usos inapropiados del poder y el empoderamiento de la víctima (Morgan, 2002).

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(Bronfenbrenner, 1987; Morgan, 2002; Galdames & Arón, 2007). El origen de las agresiones estaría dado por la influencias culturales y sociales donde los actores relevantes serían en el agresor, la víctima y los terceros (referentes a personas con las que interactúan, instituciones e influencias sociales) (Bronfenbrenner, 1987; Morgan, 2002; Galdames & Arón, 2007). En cuanto a las responsabilidades de la violencia, recae en las interacciones entre sistemas y su influencia a los individuos, por tanto éste modelo considera relevante la importancia de los externos a la diada agresor – víctima incorporando a los contextos más cercanos (familia, trabajo, escuela) hasta las instituciones y normas sociales, además de las relaciones, aspectos comunitarios y sociales (Bronfenbrenner, 1987; Morgan, 2002; Galdames & Arón, 2007). La solución de la violencia intrafamiliar estaría dada a nivel comunitario y social develando estereotipos culturales (Bronfenbrenner, 1987; Morgan, 2002; Galdames & Arón, 2007).

En términos generales, los seis modelos descritos con anterioridad, han posibilitado mirar el fenómeno e intentar comprenderlo, sin embargo a modo de crítica creemos que constituyen visiones segmentadas y limitadas del fenómeno, lo cual provoca una pérdida de sentido en términos del reconocimiento de la complejidad del fenómeno mismo (Baró, 1988, citado en Leyton y Toledo, 2012). Es entonces que a partir de esta desventaja visibilizada en los modelos expuestos, encontramos como desafío el poder estudiar y construir un modelo comprensivo que permita incorporar dimensiones que no han sido abordadas.

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se levanta desde el Ministerio Público (Fiscalía) con el propósito de comprender teóricamente las dinámicas de violencia que nuestro país acontece, así también se espera que sea un modelo que sirva de instrumento técnico que permita medir las situaciones, levantando parámetros cuantificables en relación al peligro que los integrantes de la familia podrían sufrir al desarrollar una dinámica violenta, más las posibles circunstancias de riesgo de las víctimas que han denunciado su situación.

El modelo de flujo se caracteriza por integrar los modelos anteriores expuestos, con la diferencia que realiza el ejercicio de Zoom, similar al de una cámara fotográfica, donde señala, describe y comprende las diferentes dinámicas que interactúan entre los actores y el contexto. Así también, éste modelo se diferencia porque incorpora la dimensión de Riesgo el cual estaría inserto en la dinámica de violencia produciendo en la relación una serie de consecuencias que inciden en la vida de los sujetos (Martínez, 2006).

Antes de introducirnos en el desarrollo del modelo de flujo, consideramos importante detenernos en la palabra riesgo e intentar comprenderla desde alguna aproximación teórica que permita elaborar una definición que sea coherente con el modelo que aquí proponemos. Desde esta perspectiva consideramos necesario dialogar brevemente con los discursos que la filosofía política (Martínez, 2006; Almaguer, 2008; Moya & Morales, 2001) nos entrega sobre el riesgo como una categoría de análisis (Zemelman, 2013) para así poder pensar el concepto y luego situarlo en la dinámica de violencia intrafamiliar.

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Almaguer, 2008; Moya & Morales, 2001). El segundo nivel posiciona al riesgo dentro de la noción de peligro y destrucción, lo cual adquiere bastante sentido cuando lo relacionamos con violencia intrafamiliar. El tercer nivel apunta a su dimensión dinámica, entendiendo que el riesgo es una vivencia social, una experiencia humana y que por tanto no puede pensarse como un estático (Almaguer, 2008; Moya & Morales, 2001). El cuarto nivel lo interpreta como una herramienta que permite calcular, tomar decisiones en cuanto a recursos y medidas administrativas que permitan eliminar, reducir el peligro o los daños (Martínez, 2006; Almaguer, 2008; Moya & Morales, 2001).

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Modelo de Flujo en Violencia Intrafamiliar (V.I.F.)

Iniciamos la propuesta señalando que la estructura familiar se encuentra compuesta por estrategias complejas de relación, las cuales apuntan a dinámicas y pautas comportamentales de funcionamiento. La formación de éstas responde no solo a componentes personales sino más bien a la interacción de los sujetos dentro de un contexto (Bronfenbrenner, 1987; Morgan, 2002; Galdames & Arón, 2007).

El contexto para este ejercicio teórico, corresponde a una mirada psicosocial del fenómeno, la cual aúna las influencias que el sujeto como ser histórico ha aprendido y ha heredado del mundo social. Por tanto, cuando se habla de elementos culturales, no estamos diciendo que sea un componente separado del sujeto sino que es parte de él, vale decir, va integrado al sujeto cuando se relaciona con otro (Moscovici, 1985). En términos concretos para este modelo, el contexto se propone como un conjunto de elementos que comprende: (1) las características del agresor y la víctima, (2) pautas culturales, (3) factores condicionantes y (4) factores de riesgo.

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características de ésta dinámica particular, sino que también en ella inciden por ejemplo, la historia previa de los integrantes así como los factores culturales (Bronfenbrenner, 1987; Morgan, 2002; Galdames & Arón, 2007).

La dinámica de Violencia Intrafamiliar se caracteriza por ser cíclica y progresiva en el tiempo (Walter, 1979 citado en Valenzuela, 2009; Garzón, 2011); en ella se altera la salud, el bienestar y la vida de los integrantes de la familia, tanto así que si no se detiene a tiempo ésta puede provocar la muerte.

Walters en 1979 (citado en Valenzuela, 2009) plantea que el ciclo de la violencia intrafamiliar consta de 3 fases: (1) Acumulación de Tensión, (2) Crisis y (3) Luna de Miel.

- La primera fase llamada acumulación de tensión puede durar horas o incluso algunos días. Se produce un estado de alerta por parte de la víctima ante manifestaciones menores de violencia. Entre éstas se consideran portazos, agresiones verbales, críticas, entre otras actitudes que comienzan a denotar un ambiente de tensión en el hogar por parte del victimario o perpetrador. La Tensión y enojo de esta etapa son atribuidas a factores externos (Walter, 1979 citado en Valenzuela, 2009; Garzón, 2011).

- La segunda fase denominada Crisis, estalla la tensión de la fase anterior, siendo descargada como violencia física y/o psicológica por parte del agresor hacia la víctima. Al término del episodio se produce un estado de confusión y conmoción que permite que los niveles de violencia disminuyan. La victima permanece temeroso/a por el hecho de violencia acontecido y con miedo de volver a ser golpeado/a (Walter, 1979 citado en Valenzuela, 2009; Garzón, 2011).

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comportamiento cariñoso y seductor (Walter, 1979 citado en Valenzuela, 2009; Garzón, 2011). Consideramos que en esta etapa es propicio que se genere una intervención en el ciclo, ya que es en éste periodo donde generalmente hay una mayor apertura hacia el entorno.

Sí no se interviene en el desarrollo de este ciclo, se corre el riesgo que éste pueda repetirse indefinidamente, generando consecutivamente una escalada de violencia, entendiéndola como un aumento paulatino de la intensidad y duración de la agresión en cada ciclo (Garzón, 2011; Valenzuela, 2009). Estimamos relevante destacar que el riesgo de la víctima en cuanto a su integridad física y su vida van en aumento en la medida que este ciclo se vuelve reiterativo.

A su vez, la Violencia Intrafamiliar se puede expresar a través de 5 maneras: 1. Violencia física: se define como “toda lesión física o corporal que deja huellas o

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fuego y estrangulamiento (Klevens, 2001; OMS, 2002, 2009, 2014; SERNAM, 2012; SENAMA, 2012).

2. Violencia psicológica: se entiende como “el hostigamiento verbal entre los miembros de la familia a través de insultos, críticas permanentes, descréditos, humillaciones, silencios. (…) Es la capacidad de destrucción con el gesto, la palabra y el acto” (Almenares et al. 1999, p.286). Las manifestaciones de la violencia psicológica no necesariamente dejan huellas visibles ya que pueden ser expresadas a través de actos como la indiferencia, rechazo, ser testigo de violencia, causar temor e intimidación (OMS, 2002, 2009; SERNAM, 2012; SENAMA, 2012).

3. Violencia financiera: Corresponde a la privación o limitancia de ciertos beneficios económicos hacia uno o más miembros de la familia, para lograrlo, utiliza manipulación, fraude o robo y se realiza sin considerar la voluntad del integrante violentado (OMS, 2002, 2009, 2014; SERNAM, 2012; SENAMA, 2012).

4. Negligencia o abandono: hace alusión a la no atención ni satisfacción de las necesidades básicas; tales como: protección, cuidados físicos, contacto afectivo, estimulación cognitiva, atención, alimentación y vestuario (OMS, 2002, 2009; SERNAM, 2012; SENAMA, 2012).

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Específicamente cuando hay que mencionar a los involucrados en esta dinámica, resaltan elementos que son importantes para comprender por qué se habla que la violencia intrafamiliar es cíclica y progresiva (Walter, 1979 citado en Valenzuela, 2009; Garzón, 2011). Al parecer esto tendría relación con la cronificación del poder, en cuanto a que este último se expresa de diferentes maneras. En caso de estas familias la expresión del poder se limita a la manifestación de la agresión a través de estrategias explícitas para quien observa la relación (Espinosa, Alazales, Madrazo, García & Presno, 2011).

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inhabilitación de las herramientas para enfrentar la vida que ésta poseía, dificultando así su posteriormente recuperación (SERNAM, 2012).

El periodo de ruptura de la dinámica de violencia, se produce cuando se desnaturaliza el tipo de relación que se ha aprendido durante esta etapa. Entonces para provocar el quiebre, se necesita de otro que visibilice la situación, el cual ayuda a realizar este ejercicio de clarificar y recuperar su propia visión de realidad, sus convicciones, sus valores, etc. (OMS, 2005; SERNAM, 2012).

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Por su parte, entre las características de las víctimas se distinguen por ser depositarios de las diversas agresiones ejecutadas a diario por el victimario dentro de la dinámica (Calquín & Chávez, 2007; Observatorio de equidad de género en salud, 2013). Aquellas tendrían relación con: el sentimiento de culpabilidad por verse envueltos en la dinámica de violencia, baja autoestima y visión negativa de sí mismo, sentimientos de incompetencia e ineficacia, dependencia emocional y económica, carencia de autovalencia y autonomía.

Ambos roles dentro de la dinámica se fundan en las creencias culturales relacionadas con la visión de género. Dentro de estas se destaca la posición social que se le adjudica al hombre, mujer, niño o adulto dentro de una sociedad y/o los grupos que conforme, aquellas determinan su comportamiento, la percepción que tienen otros (externos) sobre él y su modo de relación (OMS, 2002; Valenzuela, 2009; Garzón, 2011; OEGS, 2013).

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Los Factores Condicionantes, que cumplen la función de fomentar la dinámica violenta o bien reducirla (operar como Factor protector) dependiendo de las características de los actores. Estos factores son: Hacinamiento, Nivel de Escolaridad de los sujetos, Red social del perpetrador, pero principalmente de la víctima y Empleabilidad (Tuesca & Borda, 2003; OMS, 2005, 2009, 2014; OEGS, 2013). Los factores condicionantes son inversamente proporcionales, por ejemplo: a mayor red social de la “víctima”, menores son las probabilidades que la dinámica de violencia se mantenga, porque tendrá apoyo de su red social para resolver el conflicto en tiempos prudentes (SENAMA, 2007).

Al momento de analizar y comprender la Violencia intrafamiliar, es posible establecer ciertos aspectos que facilitan o favorecen el desarrollo de los episodios de violencia intrafamiliar. Los factores de riesgo son indicadores que permiten predecir la existencia de un peligro asociado a una dinámica relacional (Tuesca & Borda, 2003). Pese a lo anterior, la presencia de estos indicadores por si mismos no asegura que el episodio de violencia efectivamente se produzca. Sin embargo, existe una probabilidad asociada a que este pueda ocurrir, la cual se vuelve acumulativa en la reiteración del fenómeno. Según Intebi & Osnajanski (2006), los factores de riesgo deben cumplir con las siguientes características para ser considerados como tales: (a) Haber demostrado previamente su capacidad para predecir lo que pretenden y (b) Poder ser medidos o evaluados adecuadamente.

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gravedad con la que se agrede); Temporalidad (historial presente en alguno de los integrantes de la familia y el tiempo transcurrido desde el comienzo de la violencia en la familia); Frecuencia (refiere a la cantidad de veces en las que se es violentado, aquello se puede medir en día, semana, meses, años) (SERNAM, 2012; UNICEF, 2012).

Además las características individuales del Perpetrador pueden ser consideradas como de alto riesgo de mortalidad, porque es éste quien posee el control en la relación, por ende si es él quien se descontrola aumenta la probabilidad de un resultado fatal (Almenares, Louro & Ortiz, 1999).

El modelo de flujo propone agrupar los factores de riesgo en tres grandes categorías las cuales ordenan su procedencia e incidencia en el fenómeno. Las categorías son: Personales, Relacionales y Culturales.

Los factores personales son propios del victimario, porque ejercen una incidencia mayor y aumentan la probabilidad de llegar a resultados mortales dentro de una dinámica violenta, ya que es él donde recae la responsabilidad de la agresión y sus consecuencias. Entre estos se encuentran: Consumo de drogas y alcohol, Violación de medidas judiciales, Violación de normas preestablecidas, Características psicológicas, Historia de violencia, Tenencia de armas, Atentar contra sí mismo, Antecedentes psiquiátricos y Ejercer violencia anteriormente (OMS, 2002; Tuesca y Borda, 2003; Garzón, 2011; SERNAM, 2012).

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Por último los factores culturales, hacen referencia a la influencia de la cultura a través de sus concepciones respecto a los actores principales en esta temática y la influencia de las acciones del Estado. Estos factores son por ende: Carga cultural y Negligencia del Estado (OMS, 2002).

Cuadro Explicativo 1. Modelo de Flujo en Violencia Intrafamiliar.

Conclusiones

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Comprendemos y mantenemos la convicción que aproximarse a un modelo de la violencia intrafamiliar es un riesgo que apunta a visualizar el fenómeno de manera parcializada ya que correspondería a un periodo histórico determinado (Valdivieso, 2009; Leyton y Toledo, 2012). Sin embargo, en términos del propósito con el cual ha sido construido éste modelo, consideramos que cumple con su objetivo, es decir, permite levantar una escala de riesgo con la cual se miden los factores de las personas que han denunciado ser víctimas o espectadores de una situación violenta, desencadenando desde el Ministerio Público medidas de protección hacia las víctimas.

Creemos necesario manifestar que las actuales instituciones que se hacen cargo de intervenir en la problemática tienen por una parte, a reducir el fenómeno puesto que subdividen sus funciones, perdiendo a largo plazo consistencia en su impacto (OMS, 2014). Por otra parte, el caso chileno consideramos que las medidas reparatorias para las víctimas de violencia intrafamiliar son escasas, ya que suelen ser derivados a los servicios de salud locales que en la actualidad son altamente demandados, quedando muchas veces los pacientes en listas de espera, ante lo cual consideramos necesario tomar medidas en torno a la creación de nuevos espacios de acogida y reparación de la salud mental de las personas afectadas por violencia intrafamiliar.

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A su vez, consideramos que para mirar el fenómeno de violencia intrafamiliar, éste no solo debería ser un ejercicio teórico, sino que también práctico en cuando a trabajar en conjunto, aunar criterios. El integrar también es una invitación a la responsabilidad profesional en cuanto a cómo nos hacemos partícipes de las situaciones que observamos o develamos (no solo ser espectadores). Por tanto, hacemos invitación a trabajar transdiciplinariamente para lograr aproximarnos a una mirada más real y compleja del fenómeno, proponiendo también, medidas de protección y reparatorias más eficientes para salvaguardar la vida de las personas que acontecen V.I.F.

Finalmente, consideramos que la utilización del modelo de flujo es una herramienta que ayuda a la comprensión del fenómeno, pero no por ello actúa como “el gran saber unificador de la violencia intrafamiliar”, por tanto queremos puntualizar como equipo investigador que el modelo de flujo solo es una fotografía de un fenómeno correspondiente al momento sociocultural que vivimos. Desde esta misma lógica, creemos relevante que los factores de riesgo sean utilizados en cuanto a los elementos de intensidad, frecuencia y temporalidad, puesto que son estos indicadores por que apuntan directamente con la posible mortalidad de los sujetos.    

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Referencias

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