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ENTREVISTA A MARÍA GIMENO

QUERIDAS VIEJAS. INTEGRANDO A LAS MUJERES ARTISTAS EN EL CANON

En la última edición de las Jornadas Feministas de RESAD, la crea-dora invitada a la mesa sobre «arte y género» fue la artista española María Gimeno (Zamora, 1970) que tras la presentación de su proyecto de investigación/ performance: «Queridas viejas» nos hizo conscientes de la necesidad de recuperar la memoria de las mujeres artistas en la Historia del Arte. Reconstruyo y transcribo en esta crónica la conver-sación que mantuvimos en 2017, al poco de descubrir en su estudio este proyecto imprescindible.

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El estudio madrileño de María Gimeno, situado en La Latina, está en una de las zonas más tranquilas de nuestro barrio. Próximo a la ba-sílica de San Francisco el Grande, del Seminario Conciliar de Madrid y de la Universidad de Teología de San Dámaso, es un enclave en el que el tiempo parece haberse detenido. Según nos acercamos a su calle se respira una atmósfera de recogimiento. El alumnado de teología convive en armonía con el vecindario. Experimentar esta entrada silenciosa a un territorio de paz me gusta. Quizá porque María, entregada siempre a procesos artísticos cocinados a fuego lento, me recuerda, metidita en su taller y detrás de su enigmática ventana, enrejada y con visillos, a las creadoras a las que estudia, como la monja Ende, del siglo X, conside-rada la primera pintora europea.

La obra de María merece un estudio detenido, pero en esta entre-vista hoy nos centraremos en uno de sus últimos trabajos, Queridas Viejas (2014-2018), que considero una obra muy necesaria. Lleva inmersa en este proyecto varios años y os recomiendo asistir a las conferencias/per-formance que está impartiendo en distintos lugares de España. Durante la acción, «incluye a las mujeres artistas» en el manual La Historia del Arte de E. H. Gombrich (1909-2001), el libro con el que tantas generaciones hemos estudiado arte en todo el mundo.

María «descubre» que en la obra no se cita a ninguna mujer artista. La acción consiste en engordar el libro «haciendo sitio» a las mujeres creadoras mediante cortes de cuchillo en las páginas e incluyendo aque-llas que faltan, que la artista confecciona minuciosamente tras inves-tigar a cada una de las artistas, maquetando los textos y las obras, y copiando el diseño del libro original.

No podéis imaginar la emoción que despierta tener el volumen entre las manos y pasar sus páginas. Yo ya lo he probado. He visto insertas cuarenta y cinco entradas de mujeres, situadas en su cronología, junto a los artistas masculinos.

El título del proyecto: Queridas Viejas, está inspirado en el libro Old Mistresses, Women, Art and Ideology de Griselda Pollock y Rozsika Parker, ya que su traducción automática de Google es «queridas» (queridas = amantes = mistresses. viejas = old).

María, cuando descubrí que llevabas desde 2014 realizando esta obra y que cada día investigas y recuperas a las mujeres artistas

del pasado, me emocioné. Me parece redonda la pieza, con este

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internacional. De un golpe se entiende la invisibilización que sufren las mujeres. En tu caso, ¿en qué momento de tu carrera necesitaste encontrar a los referentes femeninos?

En 2009 tuve la suerte de que Jannis Kounellis me seleccionase para participar en un taller que impartió en Villa Iris (Fundación Botín). Fueron quince intensos días de conversaciones interminables en las que surgía la necesidad de afirmarse en el propio camino, algo así como saber quién eras, qué querías... En aquel momento comprendí muchas cosas que ya intuía… fue como sacar las cartas y ponerlas sobre la mesa. Recuerdo que, caminando una tarde por el paseo de Santander, conver-sando con uno de mis compañeros de taller, me cuestioné el por qué, si lo era, no me había definido nunca como feminista. En ese momento de aceptación y entendimiento se abrió todo un mundo fascinante de nue-vas maneras de entender el arte y la historia, nuenue-vas lecturas que abrie-ron mi mente a una realidad que sentí debía ser la mía, aceptándola con responsabilidad e implicación, y no simplemente como lectora pasiva.

Es interesante que muchas mujeres recordemos ese momento del «despertar» en el que de pronto somos conscientes de que esa «Histo-ria neutra» no es más que un relato concreto construido por el hom-bre blanco occidental de clase privilegiada.

Absolutamente. Hay algo alucinante que me está ocurriendo última-mente, me estoy dando cuenta de que al principio lo que no conoces te chirría. Hay muchas ideas preconcebidas que debes quitar de tu es-quema mental para poder abrirte a lo nuevo. Ahora, a medida que co-nozco más y mejor a las mujeres artistas a las que estoy investigando, me doy cuenta de que sus obras están dejando de parecerme ajenas y fuera del canon exacto que había aprendido desde niña. Ahora acojo sus obras como parte de mi historia, igual de profundamente aceptadas que las de los artistas que han formado mi imaginario y me entender de la Historia del Arte.

¿Y en qué momento eres consciente de que las mujeres artistas no estaban incluidas en el libro icónico de Gombrich, La Historia del Arte?

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los cambios y evoluciones del arte y de los estilos a lo largo de los siglos. Para ello se valió de imágenes bellísimas que explican perfectamente su evolución. Cuando leí La Historia del Arte, caí en los brazos de Gombrich como hipnotizada, Historia del Arte ¡Nada menos! Hicieron falta casi veinte años para darme cuenta, gracias a Rozsika Parker y Griselda Pollock, y a su libro Old Mistresses, Women, Art and Ideology, de que el libro no incluía ninguna mujer artista en sus más de 600 páginas y que, sin embargo, se titulaba La Historia del Arte. Quedé sumida en un profundo estupor. ¿Cómo era posible? ¿Cómo era posible que no me hubiese dado cuenta? La respuesta poco a poco se fue haciendo más y más clara, por-que yo no conocía ni siquiera la existencia de estas mujeres. No sabía que había habido artistas mujeres desde el principio de los tiempos. Ahora me parece increíble el hecho de haber aceptado la no existencia de artistas mujeres como válida.

Siempre me he preguntado cómo se hace una chica pintora sin tener referentes de mujeres artistas. Mirándose en ejemplos mascu-linos, obviamente.

Sí. Esto me hizo pensar y cuestionarme. ¿Y cómo es que yo quise ser pintora? ¿Cómo pude osar siquiera plantearme ser artista, si en mis

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visitas al Prado desde niña no había identificado a ninguna autora de las obras del museo? ¿Cómo si en mi casa, entre los libros sobre pintura, y había muchos, ninguno estaba dedicado a ellas…? ¿Cómo, entonces, quise ser artista y estudiar Bellas Artes?

El título de la obra de Gombrich sería lo primero que habría que cambiar. Quizá, La Historia de algunos artistas masculinos occidenta-les podría ser más apropiado.

La mayoría de la gente que hemos leído este libro hemos dado por válida y única la selección de artistas de Gombrich. Además, el título no deja lugar a dudas. Se titula con el nombre genérico que se da a esta disciplina: «Historia del Arte». No se titula La Historia del Arte de los Va-rones Blancos, como debería titularse. El lenguaje es muy poderoso, como sabemos y, si analizas el título, creo que esta acción/conferencia está

totalmente justificada.

Cuéntame, cómo se ha ido desarrollando tu proyecto. Está la

in-vestigación, la pieza de detournement del volumen de Gombrich (que

es muy escultórica) y la performance.

El proyecto consiste en hacer justicia al título de este libro, ya que se titula La Historia del Arte. Mi propuesta es convertirlo en un libro que

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abarque la Historia del Arte desde un posicionamiento de igualdad. A estas alturas, sabemos que la Historia del Arte, tal como la conocemos, es una historia incompleta e injusta porque de ella se ha eliminado a la mitad de la población. Se ha eliminado a las mujeres. Se ha silenciado el trabajo de las mujeres artistas a lo largo de los siglos.

Y que persiste… es una invisibilización permanente y muy preme-ditada, en mi opinión.

La existencia de mujeres artistas no es una invención de los últimos 150 años. Las mujeres has sido creadoras desde el principio de los tiem-pos y por una serie de razones que no alcanzo a comprender han sido eliminadas deliberadamente de los libros de Historia del Arte. Siempre hay alguna excepción. Es curioso que Gombrich, en la revisión del libro que realizó quince años después de su primera publicación, incluye un dibujo y una mención a Käthe Kollwitz (expresionista alemana de fina-les del xix). Lo terrible es darse cuenta de que lo que no conoces, no existe.

Tu proyecto es añadir, sumar, «engordar el libro con las mujeres». El proyecto consiste en restaurar la omisión y completar el libro, completarlo mediante una acción que conlleva una herida inevitable. Es un acto doloroso cortar un libro icónico para poder restaurar el error cometido al eliminar a TODAS las mujeres artistas de la Historia del Arte. A la acción la denomino: Las Páginas que Faltan, y consiste en cortar a cuchillo el interior del libro para hacer hueco a la página que falta e incluirla en el lugar que le corresponde. El libro engorda e integra junto a sus contemporáneos las obras de una serie de artistas que he seleccio-nado con ayuda de mis lecturas y de la investigación de muchas mujeres historiadoras que han ido abriendo el camino desde los años 70 del siglo pasado.

Hago un recorrido por todo el libro; comienzo a introducir las artis-tas de las que de manera fiable tenemos datos e imágenes autorizados (con autoría demostrada) desde el siglo x (d. C) hasta el momento en el que se publica el libro en 1950 y también, claro, intervengo el último capítulo que fue añadido unos quince años más tarde en posteriores pu-blicaciones y que fue actualizado por el autor por petición del editor.

¿Qué se experimenta cuando, con el cuchillo, se les va haciendo espacio? ¿Cómo reacciona la gente durante la acción?

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la Historia. Es un acto poderoso, muy claro y gráfico. Es un acto que visualmente tiene un mensaje absolutamente directo y que refuerza, sin duda, la intención.

La gente creo que experimenta sorpresa y emoción, y produce senti-mientos encontrados también, por un lado, da un poco de grima, susto, y por otro da placer y sensación de que se está haciendo lo correcto, aunque duela. Produce risas también.

Es curioso que algunas no estaban ninguneadas en su época, in-cluso fueron importantes en el marco social de su siglo.

Así es. La mayoría tenía sus talleres con aprendices, gozaban de cierto estatus como pintoras en la corte de reyes y reinas, eran admira-das y consultaadmira-das, cobraban por su trabajo, producían encargos y eran muy activas... Hay montones de ejemplos, desde Ende en el siglo x, que realiza uno de los más importantes Beatos que se conservan, el Beato de Gerona, a pintoras renacentistas como Plautilla Nelli o barrocas como Artemisia de Gentileschi, en Italia; Rachel Ruysch y Rosalba Carriera,

en Holanda y Francia respectivamente en el xvii; o Élisabeth Vigée

Lebrun y Adélaïde Labille-Guiard, en la Francia revolucionaria... Hay muchas, esto es solo un breve ejemplo.

Esto duele más aún…

Han sido borradas a conciencia y esto es lo más duro de asumir como mujer artista, y por eso no debemos olvidar y es una obligación revisar la Historia y ser más equitativos y justos. Con esto quiero hacer mención de un error en el que yo misma caigo: mantengo los criterios de selección de artistas que sigue Gombrich, y en general solo añado de momento a Mujeres Blancas de Clase Media. Lo pongo con mayúsculas porque soy consciente de que me dejo un número infinito de artistas de otras razas, clases Sociales, gremios, disciplinas... Tengo la sensación de solo estar levantando el telón del olvido un poquito.

Este proyecto va paralelo a otras de tus obras, que tanto me gus-tan. Tus proyectos se extienden en el tiempo, sin resultados a corto plazo, son muy meditativas...

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levanto una piedra, abro un libro o consulto internet, aparecen más y más mujeres artistas que no puedo excluir.

Me parece un proyecto magnífico, María. Es muy generoso y nos ayudas mucho a todas a concienciarnos en esta lucha por la igualdad.

Te das cuenta de lo equivocados y equivocadas que estábamos al pensar que no había mujeres artistas o que no eran tan grandes como sus contemporáneos y por ello ni siquiera dignas de mención. Te das cuenta de que hay cientos de artistas mujeres cuya obra es rigurosa y sincera, y a las cuales hay que rendir tributo y reconocimiento.

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