Condito y Scenna. Implicaturas conversacionales

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Texto completo

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

CÁTEDRA

LINGÜÍSTICA y DISCURSIVIDAD SOCIAL

AÑO 2014

Cuaderno: Implicaturas conversacionales

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Implicaturas conversacionales

Vanesa Condito y Julieta Scenna Introducción

El presente cuaderno propone un recorrido introductorio para el estudiante de Lingüística y Discursividad social (Facultad de Psicología, UNR) respecto de la manera en que el punto de vista1 pragmático sobre el lenguaje considera el significado. En particular, se desarrolla el tema de las implicaturas conversacionales –en su planteo fundacional y no en las múltiples y heterogéneas proyecciones que ha suscitado–, que consiste en uno de los principales núcleos teóricos de este marco.

En primer lugar, a modo de introducción, se establece un esbozo respecto de la lectura pragmática en general, atendiendo particularmente las concepciones del significado, el contexto y el hablante (1.). En segundo lugar, objeto central de este cuaderno, se aborda la distinción entre lo dicho y lo implicado, y se focaliza –a partir de una explicitación conceptual y una serie de ejemplos– en el tratamiento del concepto de implicatura conversacional en el marco del Principio de cooperación (2.).

1. El punto de vista pragmático

La pregunta por el significado atraviesa tanto los estudios del lenguaje como la filosofía del lenguaje y la teoría lingüística. En este marco, el punto de vista pragmático no queda exento de ello puesto que, desde su surgimiento2, se ocupa de la constitución del significado de las emisiones y su relación con la intención del hablante en determinadas circunstancias. Como propuso fundacionalmente Austin,3 se sostiene que “hablar es hacer”, en tanto hablar implica dotar a las emisiones de una fuerza intencional particular. En este

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Si retomamos el enunciado saussureano “el punto de vista crea el objeto” (Saussure (2001) [1916]), el concepto de punto de vista puede ser considerado como conjunto básico de creencias a partir del cual el sujeto cognoscente se posiciona ante ‘lo real’ o lo fenoménico y organiza, categoriza, dentro del campo disciplinar en que se encuentre.

2 En el campo de la filosofía del lenguaje, Austin (1955) y Searle (1969) proponen sus estudios. El primer

referente en utilizar el término "pragmática" fue Charles Morris en 1938. Etimológicamente, la raíz griega

pragma- es traducida como hecho, acción, praxis; de allí que una de sus definiciones sea la de “la ciencia que estudia el uso del lenguaje”.

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3 sentido, cuando se realiza una emisión en las condiciones apropiadas –un acto de habla– se concreta una acción a partir de la cual se instituye el significado pragmático.

En sentido amplio, el significado pragmático se distingue del significado ‘semántico’. Este último alude al valor denotativo y referencial de los signos proferidos (el signo “mesa” refiere al objeto mesa), por lo que la interpretación de una frase supone considerar la conjunción de significados referenciales que denotarán siempre inequívocamente lo mismo4.Así, por ejemplo, los contextos, los tonos de voz, los gestos no forman parte de los parámetros intervinientes en la constitución del significado de una emisión.

Aquí cabe preguntarse qué puede entenderse, por caso, si en el medio de una extensa fiesta de casamiento, un muchacho mira su reloj y le dice a su pareja: “nos vamos cuando quieras”. Si se tuviera en cuenta el significado semántico, esa frase refiere solo a su contenido explícitamente proferido, esto es, “nos vamos cuando quieras”. Ahora bien, desde la perspectiva pragmática esa emisión –como cualquier otra– supone la posibilidad de un contenido no dicho; lo dicho, anclado en ese contexto específico, nos permite derivar un contenido implicado particular. Es decir, se reconoce la existencia de algo no explicitado de modo verbal pero igualmente pasible de ser interpretado –una lectura posible, entre otras, es que el muchacho “dice”, sin hacerlo explícito, que manifiesta la intención de irse de la fiesta, por el motivo que fuere–.

Imaginemos otra situación: si en el contexto de una mesa de examen un docente le plantea al estudiante al finalizar –luego de varias preguntas relativas a los contenidos curriculares que no han sido respondidas de modo satisfactorio–: “creo que es necesario que le des una nueva lectura a la materia. Te espero en las clases de consulta”, el estudiante suele entender sin problemas que el profesor tiene la intención de comunicarle que su examen no fue aprobado y que, por consiguiente, debe volver a rendir la asignatura. Sin embargo, esta información no ha sido explicitada en la frase que el docente efectivamente profirió: el

4 No debe confundirse el significado semántico-referencial con el significado sistemático, conceptualizado en

el marco del Curso de Lingüística General de Saussure (1916). En CLG, el significado esuna de las dos caras

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4 significado que el estudiante interpreta ha sido codificado de algún modo que excede el significado semántico-referencial de la emisión. Son estos significados intencionales-implicados los que la perspectiva pragmática en particular se propone estudiar y, como se evidencia, para ello se establece que es necesario conocer el contexto en que se proponen las emisiones verbales. En este sentido, por caso, si la emisión “nos vemos en las clases de consulta” fuera proferida por un docente al finalizar una clase en lugar de una mesa de examen, o bien, si fuera parte de un intercambio comunicativo entre estudiantes en la parada de colectivos, ciertamente, los significados implícitos intencionales serían otros. El punto de vista pragmático estudia las reglas intervinientes en el uso del lenguaje que vinculan un contexto determinado con la intención del hablante. El contexto pragmático está conformado por todos aquellos elementos de la situación extraverbal que se pueden relacionar con la emisión lingüística y, en particular, con la intencionalidad del hablante. Así, en el ejemplo más arriba, la relación de pareja entre los participantes de la conversación, el que estén en una extensa fiesta, la mirada hacia el reloj por parte de uno de ellos, consisten en datos externos contextuales que permiten interpretar el significado pragmático –mientras que no lo son, por caso, su procedencia geográfica o su color de cabello–. En el mismo sentido deben interpretarse, en el segundo ejemplo, los datos contextuales provistos: un examen oral, un estudiante, un docente –y no así el nombre de los participantes o incluso la asignatura que se está evaluando–.

Asimismo, cabe considerar que esta concepción de contexto como conjunto de parámetros externos-situacionales define al sujeto pragmático en términos de usuario del lenguaje: un hablante racional y consciente de las implicancias y regulaciones convencionales (culturales)5. Sostienen Silvestri y Blanck al respecto:

(...) [En la pragmática] nos encontramos con hombres que interactúan por medio del lenguaje en el marco de una circunstancia concreta. Pero estos hombres han sido despojados de su carnadura social, son sujetos que evidencian intenciones y actitudes, y presuponen intenciones y actitudes en su interlocutor de manera

homogénea, sin intervención del factor ideológico ni

determinaciones sociales.(1993: 85)

5Se entiende por regulaciones convencionales a las normas y pautas proporcionadas, impuestas o derivadas

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5 En síntesis, en el marco de la lectura pragmática sobre el lenguaje uno de los núcleos centrales de interés está puesto en el estudio de los principios convencionales que ordenan la adecuada interpretación de las emisiones en un intercambio comunicativo –llevado a cabo por hablantes racionales que conocen tales principios– que acontece en una determinada situación contextual. Se parte del reconocimiento de que una interpretación de lo que se dice no puede estar regulada únicamente por el conocimiento o aprendizaje (según el punto de vista del cual se trate) de las normas lingüísticas6. Por tanto, este punto de vista sostiene la diferenciación entre lo dicho y lo implicado; dicho de otro modo, entre el significado semántico-referencial y el significado pragmático-intencional, bajo el supuesto de que toda emisión lingüística supone simultáneamente ambos pero es el segundo el que opera de modo hegemónico en la producción y comprensión de intercambios comunicativos.

2. Lo dicho y lo implicado: la regulación de los significados intencionales

Uno de los autores más reconocidos que ha teorizado sobre los significados intencionales y que ha sentado las bases del modo en que la perspectiva pragmática entiende la interpretación de emisiones es el filósofo inglés Paul Grice (1913-1988), en particular en “Lógica y conversación (1975). Grice parte del reconocimiento –en una zona muy cercana a los planteos fundacionales de Austin (1955) y Searle (1969)– de la insuficiencia de la lógica formal para dar cuenta de la manera en que los seres humanos intercambian efectivamente significados en la cotidianeidad. Es decir, lo que postula es que, para arribar a la interpretación de una frase en una lengua natural, no es suficiente conocerlos principios de derivación de inferencias lógicas7 puesto que en las interacciones humanas –verbales y

6Con norma lingüística se hace referencia tanto a la semántica de las distintas unidades verbales (artículos,

pronombres, sustantivos, verbos, adverbios, etc.) como a las relaciones sintácticas que rigen su ordenamiento y estructuración en la frase.

7 En términos generales, en la lógica formal se entiende por inferencia la operación que consiste en asumir

como verdadera una proposición en razón de su vínculo con otras proposiciones consideradas verdaderas: “se

trata pues de una operación de razonamiento –de la que la deducción e inducción son casos particulares–

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6 no verbales– son otros los principios en juego8.

Asimismo, y como adelantamos, para Grice tampoco es suficiente con conocer los significados referenciales y la sintaxis de una lengua para arribar a los significados que efectivamente una persona intenta comunicar. De este modo, propone la Teoría del Principio de Cooperación, bajo la premisa de que los intercambios lingüísticos son un tipo de conducta racional convencionalmente regulada que se dirige hacia algún fin, es decir, que está motivada por una intención determinada. En palabras de Grice:

nuestras conversaciones no son habitualmente sucesiones de observaciones inconexas, y no sería racional que así fuese. Hasta cierto punto, son esfuerzos cooperativos de forma característica. Cada partícipe se apercibe de que hay en ellas, en alguna medida, un propósito común o conjunto de propósitos comunes (Grice, 1995: 515).

Así, el principio de cooperación consiste en una regla general aceptada tácitamente por todo participante de un intercambio verbal, que opera como condición de racionalidad básica y que puede formularse en los siguientes términos: “Haga usted su contribución a la conversación tal y como lo exige, en el estadio en que tenga lugar, el propósito o la dirección del intercambio que usted sostenga” (Grice, 1995: 516).

Asimismo, Grice hace derivar de tal principio cuatro máximas que lo especifican y que, en su interacción, tienen un rol fundamental en la generación de los significados intencionales, en particular, en la producción e interpretación de las implicaturas conversacionales. Es decir, –y como explicitaremos seguidamente– la definición misma de “implicatura conversacional” está estrechamente ligada al Principio de Cooperación y sus máximas: 1) Máxima de cantidad: haga que su contribución sea tan informativa como lo requiera el propósito de la conversación (sin información de menos ni de más).

2) Máxima de calidad: no diga lo que crea que es falso.

3) Máxima de relación: sea pertinente con el tema de la conversación (no diga lo que no “viene al caso”).

4) Máxima de modo: sea claro (evite ambigüedades, desórdenes y oscuridades expresivas).

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7 Cabe destacar que, pese a lo que su formulación en modo imperativo aparenta, el principio de cooperación y las máximas que de éste se derivan no consisten en prescripciones normativas sino en una descripción que propone Grice respecto de la condición básica sobre la que se sostiene la comunicación humana: “no describen comportamientos ideales ni de buenas maneras, sino el motor social que hace funcionar la maquinaria lingüística de modo que sirva razonablemente bien para la comunicación” (Reyes, 1990: 63). En este sentido, es posible concebir el principio de cooperación y sus máximas en términos de reglas regulativas9 que a juicio de Searle (1969) organizan y pautan las conductas humanas10.

Ahora bien, el planteo del principio de cooperación y las máximas permite explicar cuáles son, dentro del conjunto de los significados no dichos explícitamente en las emisiones, los que según el criterio de Grice debe atender la perspectiva pragmática: las implicaturas conversacionales. Esto es, junto al significado semántico-referencial de una emisión, existen distintos tipos de contenidos implícitos pasibles de ser analizados, denominados “implicaturas”11

. Las implicaturas pueden ser clasificadas según su naturaleza en implicaturas convencionales y no convencionales (las cuales son clasificables, asimismo, en conversacionales y no conversacionales).

9 Para Searle existen dos tipos de reglas convencionales involucradas en las acciones humanas: las reglas

constitutivas y las reglas regulativas. Las constitutivas son aquellas reglas que definen un tipo de conducta (ya sea jugar al fútbol o hacer una promesa) puesto que si no existieran, ese tipo de conducta tampoco existiría o sería totalmente distinta. En general, sostiene Searle, se suelen enunciar del siguiente modo: “X es Y” o “X cuenta como Y” o “X consiste en Y”. Por lo contrario, las reglas regulativas son aquellas que simplemente pautan formas de conducta preexistentes (es decir, no definen el tipo de conducta): las moldean, les dan forma, establecen una pauta para que funcione mejor la acción (pero la acción les precede). En general,

propone Searle, se suelen enunciar del siguiente modo: “Hacé X” o “si X debés hacer Y”. Cfr. Searle (1995

[1969])

10 “Puesto que los intercambios comunicativos constituyen solo un caso especial de comportamiento racional,

dirigido a un fin, es comprensible que estos principios no afecten exclusivamente a las conversaciones, sino que su vigencia pueda comprobarse también en la conducta humana en general” (Scandell Vidal, 1997: 79).

11 ‘Implicatura’ (> implicature) constituye un neologismo creado por Grice para diferenciar su propuesta del

concepto de ‘Implicación’ (>implication)proveniente del ámbito de la lógica.

IMPLICATURAS

CONVENCIONALES

No conversacionales

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8 Si bien el objeto de este cuaderno es tratar, en particular, las implicaturas pragmáticas conversacionales, es necesario, en primera instancia, puntualizar los tipos de implicaturas a fin de comprender las implicaturas conversacionales, que nos ocupan.

Las implicaturas convencionales son aquellas que remiten a significados no dichos pero que provienen del significado de algunas de las emisiones efectivamente proferidas, ya sea por alguna palabra que opera como marcador en particular (como la conjunción adversativa en el ejemplo a., o el adverbio de cantidad en b., más abajo) o por el tipo de construcción sintáctica (como en c. o d.).

a. “Es profesor pero joven” > implicación convencional: los profesores no suelen ser jóvenes. b. “El psicólogo ya no me atiende por la obra social” > implicación convencional: el psicólogo me atendía antes por la obra social.

c. “¿Cuándo rendiste Filosofía?” > implicación convencional: rendiste filosofía.

d. “No fui yo el que habló con el presidente del centro de estudiantes” > implicación convencional: alguien habló con el presidente del centro de estudiantes.

Por lo contrario, las implicaturas no convencionales constituyen significados extralingüísticos motivados por un propósito; es decir, se vinculan con la efectiva intención de comunicar por parte del hablante en determinadas circunstancias, más allá de lo dicho y, por tanto, suscitan en el interlocutor un proceso de interpretación o inferencia (y no meramente una “decodificación” lingüística) a partir de distintos tipos de conocimientos extraverbales que operan como principios de regulación. Este sería el caso de las interpretaciones realizadas respecto de los dos ejemplos tratados más arriba: “me quiero ir” y “el examen está reprobado” constituyen, respectivamente, implicaturas no convencionales en tanto necesitamos del conocimiento de datos contextuales o extralingüísticos para poder arribar a tal contenido implícito.

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9 mucho menos regular, como principios morales, estéticos, sociales y, por consiguiente, exceden las posibilidades interpretativas de este punto de vista12–.

Así, una implicatura conversacional se define como el significado intencional comunicativo que el hablante quiere transmitir en su emisión y pasible de ser reconstruido a partir del conocimiento del principio de cooperación y las máximas que regulan la conversación y que se presuponen aceptados tácitamente por todo participante. El procedimiento de interpretación de estas implicaturas que propone Grice es el siguiente: cuando un hablante emite una frase que pareciera violar alguna de las máximas conversacionales, dado que el principio de cooperación es tenido como la condición básica de comunicación racional, se asume que el hablante no es un mero “transgresor” sino que está intentando comunicar algo distinto de lo que dice, esto es, que busca producir una implicatura. Por consiguiente, cuando una persona dice que p, implica conversacionalmente que q si, en palabras de Grice:

1) se supone que está observando las máximas conversacionales, o al menos el principio cooperativo; 2) es preciso el supuesto de que dicha persona es consciente de, o piensa que q, a fin de que el que haya dicho, o haya hecho como si dijera, que p sea consistente con este supuesto; y 3) que el hablante piense (y espere que el oyente piense que el hablante piensa) que está dentro de la competencia del oyente determinar, o captar intuitivamente, que el supuesto mencionado en 2 es necesario (1995: 521).

Veamos cómo funciona esta operatoria a partir de uno de los ejemplos propuestos en 1. Cuando en el contexto de cierre de un examen el docente dice al estudiante: “creo que es necesario que le des una nueva lectura a la materia. Te espero en las clases de consulta”, en principio pareciera que estuviese violando la máxima de relación (“sea pertinente; no diga lo que no viene al caso”) puesto que lo que el estudiante espera en ese contexto de finalización de un examen es que, en concreto, le comunique si está o no aprobado (no que le digan lo que tiene que hacer con sus estudios o recibir una invitación a las clases de consulta). No obstante, dado que se presupone la observancia del principio de cooperación –puesto que, en definitiva, se asume la racionalidad y “buena voluntad” de los hablantes–,

12 Por caso, si en el primero de los ejemplos mencionados se interpretara la emisión de hablante hacia su

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10 el estudiante asume que no se trata de una violación de tal máxima sino de una operación tendiente a que infiera que se le está tratando de comunicar otra cosa. Así, en virtud de ello, y relacionando la emisión con el contexto extralingüístico (el estudiante “sabe” que al finalizar un examen lo que un docente hace es comunicar el resultado; el estudiante se pudo dar cuenta de que no ha respondido las preguntas que se le han hecho en el desarrollo del examen), se puede interpretar que la frase del docente contenía la siguiente implicatura conversacional: “el examen no está aprobado”.

Como se desprende del ejemplo y de la definición, para asumir que se está ante una implicatura conversacional, el interlocutor se sustenta en a) el significado convencional de los elementos lingüísticos proferidos explícitamente (el contenido proposicional-semántico), b) el principio de cooperación y sus máximas, c) el contexto lingüístico y el extralingüístico de la emisión, d) el hecho de que ambos interlocutores conocen o creen conocer los datos de los puntos anteriores. En relación con c), cabe aclarar que la noción de contexto extralingüístico alude –como se planteó en el apartado 1.– al conjunto de los parámetros físico-situacionales que regulan la adecuación e interpretación de las emisiones. En síntesis, toda vez que se realiza un intercambio comunicativo se producen significados “no dichos” quese plantean en términos de implicaturas conversacionales que los hablantes claramente pueden inferir –de modo relativamente homogéneo– en virtud de su conocimiento y observancia de los parámetros situacionales y de las reglas convencionales de funcionamiento de la comunicación verbal, en particular, las del principio de cooperación y sus máximas.

A continuación, proponemos una serie de ejemplos con el objeto de mostrar variantes en la relación entre las implicaturas y las máximas.13

a.

Situación: dos vecinas de mediana edad conversando.

– ¿Tu marido hace los quehaceres domésticos?

13 Las emisiones presentadas son invenciones prototípicas y tipificadas, conforme los modos de exposición de

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y, pobre, trabaja como diez horas en el negocio… llega tan cansado que me gusta que tenga todo lindo y servido cuando llega… yo soy una mujer tradicional, ¿viste?... qué sé yo, digo, así me educó mi mamá y así la educó a ella mi abuela… la vida es así.

Máximas aparentemente violadas: máxima de cantidad, máxima de relación y máxima de modo (se da más información de la requerida; no se va directamente al punto solicitado; no hay ordenamiento claro de la información proporcionada).

Implicatura posible: “mi marido no hace los quehaceres domésticos”.

b.

Situación: mensaje emitido por un contestador automático de una compañía telefónica.

Muchas gracias por comunicarse. Lo atenderemos a la brevedad.

Máxima aparentemente violada: máxima de cantidad (no se explicita en cuánto tiempo específicamente será atendido el receptor del aviso, por lo que se da menos información de la requerida).

Implicatura posible: “no es posible proporcionarle con precisión el tiempo que deberá esperar” / “no queremos que corte la comunicación”.

c.

Situación: mensaje impreso y colgado como letrero en un comercio.

Por su seguridad lo estamos filmando

Máxima aparentemente violada: máxima de relación (aparentemente no hay necesidad o motivo concreto por el cual sentirse inseguro en tal situación).

Implicatura posible: “si usted intenta robar, su delito quedará registrado”.

d.

Situación: dos amigos conversando al salir del cine; el segundo se quedó dormido en la mitad de la película.

–¿Te gustó la película?

–Disfruto muchísimo de los largometrajes hechos con tanta sofisticación y calidad visual, interpretaciones actorales sublimes, musicalización cuidada, tramas intrigantes y sutiles en su composición…

Máximas aparentemente violadas: máxima de cantidad, de modo y de cualidad (se espera una respuesta concisa y concreta, y dadas las circunstancias, una respuesta negativa).

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Implicatura posible: “no quiero salir con vos” / “creo que tu intención no es solamente tomar una cerveza”.

f.

Situación: entrevista laboral.

–Dígame, señor González, ¿de qué manera calificaría usted su desempeño en sus trabajos anteriores?, ¿han sido satisfactorios?, ¿los considera antecedentes relevantes para el puesto como el que ofrecemos en la empresa?

– Sí, totalmente.

Máxima aparentemente violada: Máxima de cantidad (se espera que se brinde más información –y más detallada– que la proporcionada).

Implicatura posible: “no quiero hablar demasiado sobre el tema” / “no tuve buenas experiencias laborales anteriores”.

Como se desprende de los casos presentados, una implicatura conversacional puede interpretarse “como una suerte de hipótesis que alguien construye a fin de normalizar un enunciado aparentemente transgresor” (Charaudeau- Maingueneau, 2005: 378). Asimismo, también se infiere que las implicaturas se constituyen como mecanismos universales de interpretación de significados, en tanto no involucran las múltiples posibilidades de diferenciación en virtud de variables subjetivas, históricas, sociales, culturales. Por concebir las implicaturas como mecanismos de validez general, no se señalan distintas interpretaciones posibles respecto de eso “no dicho” y, por lo contrario, se muestra siempre una sola posibilidad.

Finalmente, como adelantamos en el primer apartado, en razón de la manera en que la perspectiva pragmática considera y estudia los significados implícitos, se evidencia un punto de vista que asume una consideración racional del sujeto (un sujeto que sabe lo que quiere decir y hacer, que conoce sus intenciones y cómo transmitirlas adecuadamente), ante

e.

Situación: dos colegas conversando en el ámbito laboral.

– ¿Tenés ganas de tomar una cerveza cuando salgamos del trabajo? –Tengo novio

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Referencias bibliográficas

Austin, J. L. (1962). Cómo hacer cosas con palabras [1955]. Barcelona: Paidós Studio. Austin, J. L. (1995). Emisiones realizativasen Valdés Villanueva, L. (ed.), La búsqueda del significado. Madrid: Tecnos.

Charaudeau, P. y D. Maingueneau (dir.) (2005). Diccionario de análisis del discurso. Buenos Aires/Madrid: Amorrortu.

Grice, P. (1995). Lógica y conversación [1975] en Valdés Villanueva, Luis Ml., En búsqueda del significado. Madrid: Tecnos-Universidad de Murcia.

Reyes, G. (1990). La pragmática lingüística. El estudio del uso del lenguaje. Barcelona: Montesinos.

de Saussure, F. (2001). Curso de lingüística General [1916]. Buenos Aires: Losada Scandell Vidal, M. V. (1996). Introducción a la pragmática. Barcelona: Ariel.

Searle, John. (1995). ¿Qué es un acto de habla? [1969] en Valdés Villanueva, L. (ed.), La búsqueda del significado. Madrid: Tecnos.

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