FAMILIA
Y
ANCIANOS
GERARDO HER-EZ RODR~GUEZ (9
RESIMW. Uno de los fen6menos demográficos que m a s i z a n a nuestra sacie- dad actual es el envejecimiento de la poblacibn. El incremento de la pobiaci6n an- ciana implica una nueva imagen de la vejez e importantes repercusiones sobre la sociedad en general y la familia en particular- La familia actual, aun bajo diferentes formas y valores, sigue siendo considerada la céiula básica de la sociedad así como la instituci6n mas solidaria, por encima de los esquemas de proreccidn social; a causa de los nuevos papeles asignadas a cada uno de sus miembros, la familia ha experimentado un nuevo planteamiento en las relaciona intergeneracionales. En este contem, los conceptos de amor, autoridad, respeto, solidaridad o ayuda mu- tua y recíproca, abran una rnieva -16n que se mduce en cornpormmienm y actitudes. En e* mbajo, dentro dei m e n t o rnonogrsSioo de la familia, se rdexic- na escueta pero c0natwns-u acera & la imagen social del anciano, las aportase nes y dependencia de las personas m a v en Ia 6 e d a d y en Ia familia, abordando tanto Ias peniliaridades ~ e m o ~de nuestra a s ancianidad como las de las ac- tuales reiaciona en el seno de las f d i con perconac andanas.
Federico Mayor Zaragoza, ex Ministro de Educacidn y Ciencia y ex Director General de Ia UNESCO, a f m :
Los únicos patrones validos no son los uva- lores. materiales, sino los valores que asi- milamos y aplicamos en la convivencia con quienes forman n u e m entomo d s inmediato: la familia. Es necesario volver a reivindicar -sin temor al sambenito de r e
tr6-do+ el papel fundamental de los pa- dres, los maescros y las personas mayores en h tiansrnisidn de valores de conviven- cia y tolerancia1.
Aunque siempre han existido perso- nas que alcanzaban edades avanzadas, es precisamente en los Últimos dtcenios cuando se ha venido prestando una ma- yor atención, por parte de Ias diferentes naciones y, de forma creciente por la co- munidad rnu~idial a las cuestiones socia- les, economicas, politicas y científicas phnteadas y puestas de manifiesto por el fendmeno del envejecimiento; como des- taca el profesor Salusriano del Campo:
121 novedad de esta situación, junto con los problemas que lleva anejos, justifica sobra- damente que se introduzm el anklisis de
(3 Universidad de h b - m h .
(1) MAYOR Z m ~ o m , F.: mabs pdía?m. G&(axfa G W n k t g Cfmh de k t o t p i s , lW,
R m t a Educad& niim. 325 (#K)l), pp. 124-142
los aspectos demogrificos, familiares y so- ciológicos en un emdio sobre la familia2, El incremento de la poblaci6n anciana en el ámbito de los países industrializados es evidente, debido, fundamentalmente, aI
aumento de la esperanza de vida y al des-
censo de los índices de natalidad y de mor-
talidad, fenómenos estos que caracterizan ei proceso de transicidn demográfica. Sin embargo, el10 no quiere decir que se esté llegando a edades superiores a las alcanza- das por el ser humano, sino que son más las personas que llegan a edades avanza- das.
No
hay que confundir la longevidad de los individuos con e1 envejecimiento de la población.Aci pues, y habida cuenta de que en ¡a ancianidad y, cn su caso, después de la ju-
bilacidn, donde más se vive y con quien más se comparte el tiempo es en el propio hogar y con la familia, es indispensable plantearse, no s61o desde la investigación sino desde la praxis mas elemental, el co- nocimiento y la aplicacien de las actitudes, medios y recursos para que nuestros ancia- nos de hoy y los que lo seamos mañana, podamos recorrer, lo m& satisfactoriamen- te posible, el camino de la vejez en una fa- milia y sociedad & la que aquélla es pieza fundamental.
EL PESO DE
LA
POBLACI~N ANCIANAEn el caso de España, como en el de oiros países & su área, la estructura de la pobla- ción por edades ha cambiado a lo largo del siglo. El tamaño de las nuevas generario- nes ha disminuido progresivamente, con e . consiguiente estrechamiento de la base d e la pirámide poblacional. En paralelo, y debi- do al descenso de la mortalidad, ha aumen- tado el peso d e la poblaci6n de 65 años en adelante. Este grupo no ha dejado de au- mentar en términos absolutos durante todo
el siglo recién concluido, y lo ha hecho, además, a un ritmo muy superior al del resto de la poblaci6n. Desde 1300 la pobla- ci6n de m i a s las edades apenas se ha dupli- cado, mientras que la de
65 años en
adelante se ha multiplicado cinco veces y media; ade-más, se presume la acentuación & esta ten- dencia, a no ser que ocurran catástrofes inesperadas q u e modifiquen dramática- mente la tendencia de la mortalidad.
Al comenzar d siglo
m,
los ancianos suponían en España un 5,2% del total de la pobIaci6n. Así, un rasgo sobresaliente en los dltimos años ha sido el considerable envejecimiento de la población española. Los mayores de 65 años representaban en 1991 el 13,8% de la población total: 1.115.000 personas mas que diez años an- tes; si se manrienen Ias actuales tenden-cias, en el año 2020 constituir5n el 17% de la poblacidn y en el 2040 el 22,70/0 -casi la cuarta parte de dcha población-.
Junto con Italia, España se ha conver- tido en el pafs con la menor tasa de fecun- didad mundial. En 1985 el índice sintético de fecundidad (número medio de hijos por española, en el año & referencia) era de
1,5 mientras que en
1996
se situaba en 1,l (e1 umbral de reemplazo generacional está fijado e n 2,1, hijos por mujer). Por tanto, los índices de fecundidad alcanzados en España durante la Última década son insu- ficientes para conseguir el reemplazo de las sucesivas generaciones. En este senti- do, desciende mmbitn la tasa bruta de na- mlidad (número de niños nacidos por cada 1.000 habitantes en el año de referencia), pasando de 11,8 por cada 1.000 habitantes e n 1985 a 9,2 por 1.000 en 1998.El envejecimiento de la población es una nueva realidad que conlleva grandes cambios sociales y asistenciales. Cierta- mente no es en sí mismo un hecho negati-
vo, pero, como señala Juan Diez Nicolás:
(2) DU CAMW UWO, S. y N A V ~ , M.: Análislssociok5gic0 & lafamilia españoh. Madrid, Ministerio de Cultura, 1982.
Es nuevo y hay que partir de planteamien- en adelante] conlleva una serie de proble- tos innovadores Para eSt~~cmrar social- mas derivados de la precaria situación de mente las nuevas tendencias de la muchas mujeres, que esth o solte-
pobhci6n. ras y, al no haber participado en el merca-
d o laboral, carecen de los recursos
En cualquier caso, cada vez í~abrá un suficientes para hacer frente a su más que
nfimero mayor Pasons con edades su- probable situaci6n de dependencia.
periores a 10s
65
afios las cuales, habiendoSuperado su etapa de actividad laboral, de-
mandarán una integración plena, más ser- v i c h asistenciales y el respeto y disfrute &
sus derechos. En definitiva, un amplio hori- zonte para la intervencibn socioeducativa.
ia considerabie supremacía cuantitati- va de las mujeres sobre los hombres en el peso demograSico es nota aracterfstica co-
mtín en todos los datos es~&cos referi- dos a 1215 e&& r& avanmdas; tratándose de &es avanzadas, el Cetaro & P o ~
de 1991 presentaba un panorama en que las
mujaes & más de 80 aiios doblaban en nú- mem a los varones de esa misma edad. En
eI presente año 2001 y se@n las previsio- nes, el nfirnero de mujeres mayores en Es-
paila superará en más de 1.000.000 al de
los hombres.
Por lo tanto, esa diferencia en la mor- talidad M u y e negativamente en las muje- res, pues multiplica sus posibilidades de
pasar viudas los últimos aiios de sus vidas, ya sea solas o dependiendo de sus hijos. De este modo, el sistema de uansmisidn
patrimoniai, la escasa participación fuera
del hogar cuando estaban en la edad acti- va, la menor cuantla & las pensiones & viudedad respecto a las de jubilacion, la mayor morbilidad, etc., presentan un cua- dio muy diferente de la vejez para 10s sec- tores masculino y femenino.
la feminizaci6n & la ancianidad y so- bre todo, & ia ancianidad eleva& (80 aiios
IMAGEN SOClAL DE LA ANCIANIDAD.
Lejos están ya los tiempos de la Guerra Eum pea o Primera Guerra Mundial, en que po- dia leerse con naturaiidad la noticia de que un tranvía & mulas habh atropellado a un anciano de 40 años en la Puerta del Sol de
Madrid, o que en las noveIas de Armando
Palacio Valdés o Juan Valera encontrára-
mos
frases
como *Había cumplido 55 años,estaba ya en la edad provecta. o .Era un mairimonio ya mayor, él 60 y ella 50, que estaban ya en los umbrales de la vejea, o
que el Dr. DanieI Sgnchez de Rivera, en un manual de divulgau6n escribiera en el año 1924 (entonces se consideraba que la vejez llegaba a los 50 años) y refiriéndose a las nuevas nupcias entre personas de esa
edad, que:
Los matrimonios en la vejez..
.
no son sino torpes maquinaciones de la senilidad o lla- maradas, prQrimas a extinguirse, de una se- xualidad en loB linderos de lo patológico?O finalmente, que el higienista Angel Nonmeneu fijara en 1927 una curiosa regla sobre la frecuencia en lo que se liamaba el uso del matrimonio:
A los 50 arto5 deben reducirse a dos los
acoplamientos por mes, a los 60 una vez,
para recomendar el silencio completo de
la p i 6 n amorosa en pasando esa edad4.
(3) S h m u DE R i v s ~ n , D.: b d , BltgrWy rdo h vlcfcsy B n f d d a r -k.
m-
drid, Irnprem Heldnlu, 1924. Op. Ct. en: DE MGUEL Ra~ni~uez, A.: I s g x x , de matm almios. Madrid, Espsa calpe 1999, P. 80.
(4) NONMENEU, A.: la clancla y ei ampara W r muchos a&s m saludy consenramric#ien. Madrid, Ta-
Personajes como Pablo Picasso, An-
drés Segovia, Charles Chaplin o Pau Casals se encargarían & dejar en entredicho las afirmaciones de ambos.
LCuSndo se es viejo? Juvenal decía que los hombres imploraban a Júpiter una larga vida, y no se daban cuenta de que lo que
le pedían era una larga vejez llena de con- dnuos males. Francisco & Quevedo afir-
maba que todos queremos llegar a viejos, aunque nadie reconoce haber llegado ya.
Por su parte, Santiago W ny Caja1 soste-
nía que se es viejo cuando se pierde la cu-
riosidad intelectual.
Entendemos que, actualmente, no se puede identificar de forma tajante y exclu- siva el ser anciano o viejo con haber cum-
plido una determinada edad. Estaríamos cayendo en lo que hemos dado en deno- minar la ancianidad decretadas.
La imagen social de la ancianidad, como la de cualquier otra edad, tiene que ver con su estatus social; generalmente, el estatus viene determinado por el papel; y el papel social se refiere a las costumbres y
funciones de los individuos en relaci6n con los grupos sociales o sociedades a las que pertenecen: consiste en actuar confor- me a lo que los demás esperan de uno.
Por consiguiente, al plantearnos cuál
es la imagen social de las personas mayo- res, es decir, la idea que el conjunto & la sociedad tiene de los ancianos y la que
ellos tienen de sí mismos, hemos de consi- derar que no son siempre s6l0 los rasgos
físicos o la edad, sino otros factores dife- rentes los que cuentan a la hora de encua- drar a una persona dentro de esta categoría
social -mejor dicho, sociodemog~fica-. Para conocer los criterios empleados y las
circunstanaas contempladas hemos segui- do los resultados de las investigaciones de Centro de Investigación de la Realidad So- cial (GRES) y del Centro & Investigacio- nes Sociológicas (CIS).
Los resultados de los estudios llevados a cabo por CIRES
(1994-1995)
ponen demanifiesto la opinión mayoritaria de los es-
pañoles: la edad (&%), el aspecto físico
(14%), la forma de ser o de pensar (12%),
las capacidades fisicas (lo%), las capacida- des intelectuales (4%) y la salud (4%), por ese orden según su importancia, son las circunstancias que definen a una persona como anciana. Asi pues, y a diferencia de lo que ocurre con los j6venes (los cuales consideran la forma de ser o de pensar, ia edad y las ganas de vivir, por ese orden como rasgos más definidores),obsewamos que la edad es -con gran diferencia sobre cualquier otro rasgo- la caracterlstica más
importante que lleva a los entrevistados a
considerar a una persona mayor*, aancia-
na. o de la .tercera edad..
En este punto es preciso seiialar que, al referirse a ias personas de más edad, un 94% prefiere e1 témino de amayores.; una quinta parte prefiere el de *tercera edad., solamente un 1F% utiliza el de ancianos- y un 7% el de #viejos=. Utilizando 19 cauta-
tivos, se observa que la sociedad española atribuye a los mayores los rasgos de sa- bios, serenos, inteligentes, tristes, lentos y
enfermos. Los rasgos positivos superan ampliamente a los negativos en relación con los datos obtenidos en otra investiga- ci6n realizada tres d o s antes, lo que indi-
ca la mejora experimentada por la ancianidad en la sociedad espafiola
En cuanto a la autopercepción y según
&tos de diferentes encuestas del CIS (Oc- tubre-Diciembre 1998; Julio-Septiembre
1999), nuestros ancianos piensan que la sociedad en general les ve como personas enfermas (47%), molestas (46%), inactivas
(4&), tristes (42%), divertiáas (32%) y sa- bias (ZVo), por este orden de importancia -viendo cómo estos datos contrastan con los anteriormente mencionados-, mientras que ellos se ven, preferentemente, diverti-
d o s (54%), enfermos (25%), sabios (24%),
inactivos (22%), tristes (20%) y molestos
(7%). Considerando todas las situaciones posibles, una media del 15% siente que to-
sus padres cuando tedan su misma edad y un
56%
se considera bastante satisfecho con su siniación actual. Sobre el trata que reciben por parte de la juventud, un 35% estima que son tratados con respeto; igual proporci6n estima ser tratada con indife- rencia y un 25% con consideraci6n.La ancianidad es un concepto, una si- tuacidn que muchas personas asocian, in- defectiblemente, con la palabra clave: la pérdida. f &dida de autonomia: necesidad
de otras personas para cumplir funciones higiCnicas básicas; pérdidas econ6micas y de autosuficiencia material; perdida de funciones sensoriales (vista y oldo) y loco-
motoras; pérdidas afectivas y de compañía (esposo/a, hijos, amigos
...
1
a las que Miguei DeW alude cuando nos dice, que, a ciexta edad, ya vamos teniendo más amigos al otro lado de Ia tapia (del camposanto)5 que aéste; pérdida de capaadad fisica, vital b e nos energía) y sexual; pérdida & capacidad mental: menos refleja y m e m m pérdidas
d e s : jubilación, etc.; pérdida o iimitación
en las posibilidades & comunicaci6n, factor decisivo dada la importancia de la comuni-
cación en Ia familia y en la sociedad.
Las consecuencias de estas perdidas tienen sus repercusiones y sus consecuen- cias en
d
&,
la depresidn, la angusrja, la faIta de a u c m h a oIa
inseguridad en ei p n pio =yo=. Atodo
esto se reFere Garña SQbeli:La pérdida se complica fuereemenee cuan- do, como es usuaI, a las negatividades fisi- cas se añaden las del medio circundante, a saber, los lutos, la viudez, que priva de una compañia necesaria y constante; 1a de
saparición de 1- amigos intimas, la jubila-
ci6n, que separa de los compafiems de trabajo diario y añade monotonía al estilo de vida individual; en fin, la aparición de nuevas generaaones que no se entienden, contribuyen, por su mera presencia, a sub- rayar duramente todo el tesoro humano
que se fue de las manos y que p no ha &
ser recuperado6.
Una de las pérdidas graves que puede experimentar el ser humano es la de la propia dignidad; no cabe duda & que, el ser YIdma de malos tratos y tener que sufrirlos o sopormrlos por no disponer de medios, fuerzas o recursos para recha- mrlos implica una grave @dida de digni- dad. Los malos tratos son, ademas, una grave violaci6n de los derechos humanos de la persona. ,
La Unión Nacional de Asociaciones Fa- r d i a ~ e s ha señalado tres tipos de violencia contra las personas mayores:
La violencia psíquica: los papeles en la familia se invierten y los an- cianos dejan de ser la autoridad y pasan a ser objeto de discipfina, re- cibiendo las agresiones verbales y órdenes de otros miembros de la fa- milia, así como humiliaciones y fal- ta de consideración. Por otra parte, como miembro & la familia se con-
vierte en el chivo expiatorb de los conflictos y tensiones de la familia, tanto en las crisis matrimoniales de sus hijos como en los problemas entre sus hijos y sus nietos.
La violencia sexual: ésta se produce por falta de espacios privados e ín- timos. Los hijos consideran a sus padres como seres asexuados, ridi- culizando y controlando esta faceta de la vida de los ancianos.
La videncia física: manifestada m5s por omisión que por a@6n direcm, aun- que tambiién -ten
casos
& a@6n directackntmdeisenoEamiliar.Asimismo existen los abusos económi-
cos en situaciones que implican cuestiones monetarias, como la malversación de fon-
(5) DEUBES, M.: La- roja. Barcelona, Ed Destina, 1992, p. 192.
dos, el abuso y el fraude, asi como el robo no hunde sus raíces más profundas en facto-
y la usurpaci6n de fondos o bienes que res d e s , pcicolbgicos y cu1nirale.s. La idea pertenezcan a la persona mayor. de que los hijos deben cuidar y atender a sus
Otra pérdida imporrante wi los ancia- nos es la de1 estatus, la de su papel sociai,
vikndose privados muchas veces de aque- llo que les ha dado identidad y reconoci-
miento social; al carecer de actividades ~ i g ~ c a t i v a s en el presente, se refugia en los recuerdos del pasado. La dimensión en
la que vive el anciano es el pasado y en el
camino & la vida va dejando todo lo que
es suyo, todo lo que le pertenece. Norber-
to Bobbio, a sus 87 años nos recordaba lo
siguiente:
El mundo de los viejos, de todos los viejos, es, de forma m4s o menos intensa, el mun-
do de la memoria. Se dice: al final eres lo q u e has pensado, amado, realizado. Yo aííadkía: eres lo que recuerdas. Una iique- za tuya, am&n de los afectos que has ali- mentado, son los pensamientos que pensaste, las acciones que realizaste, los recuerdos que conservaste y no has dejado borrarse, y cuyo único custodio eres tú. Que te sea p d t i d o vivir hasta que los re- cuerdos te abandonen y tú puedas a tu vez abandonarte a ellos7.
Por eso Ia sociedad en su conjunto y los poderes públims en concreto, han de velar por que los ancianos no pierdan o se vean privados de sus derechos humanos y
de la necesaria protección social, tanto en el ámbito personal como en el famjliar.
EL ENTORNO FAMILZAR
El entorno familiar desernpeíiít un papel sumamente importante en el proceso de envejecimiento, en relaci6n con el cometi- do que el anciano tiene asignado o se es- pera de 61.
Como pone de manifiesto Gerardo
Pastor Ramos, la atenci6n familiar al ancia-
padres, además de remontarse a las adguas costumbres veterotestamentarias de los ju-
díos, al pensamiento politico grecorroinano
y & haber sido fomentada por el cristianis- mo, ha pasado a fonm parte de la concien- cia mldva & Occidente. De ahí se deriva la existencia de no pocos sentimientos
ck
culpa en los hijos si incumplen los dictados & su conciencia en el caso de deentendi- miento totaI de los ancianos.
Mientras los ancianos pueden valerse por si mismos en el desarrollo & sus activi- dades, la atenci6n & las famitias es algo que
apenas se plantea, sin constituir problema al- guno. ias dificultades en la convivencia y en
las posibilidades de atención aparecen cuan-
do los ancianos empiezan a acusar detenoro mco y/o mental, decrepitud.p achaques. Si los apoyos públicos no existeh o con insufi-
cientes, la situación se agram.
El Plan de Acdbn Internacional de
'Iw
Asamblea Mtdndial de las Naciones Unidas sobre el envejecimiento, ctlebra-da en Viena en 1982, declara en su Re-
comendación 25:
La familia es la unidad biisica reconoci- da por la sociedad, y se deberfin des-
plegar todos los esfuerzos necesarios para apoyarla, protegerla y foi-talecerla de acuerdo con el sistema de valores culturales de cada sociedad y atendien-
do a las necesidades de sus miembros de edad avanzada. Los Gobiernos de-
berSn promover las políticas sociales q u e alienten el mantenjmiento d e la solidaridad familiar entre generacio-
nes, resaltando el apoyo de toda In co- munidad a las necesidades d e los que prestan cuidados a los ancianos y la aportaci6n de las organizaciones no
gubernamentales en el fortalecimiento de la familia como unidad.
Bom, N.: De xmch~&. Madrid, Tuums, 1997, p. 41.
A su vez, la Recomendaci6n 29 se pro- pone lo siguiente:
Debe alentarse a los hijos a que manten- gan a los padres. Los gobiernos y los órga- nos no gubernamentales, por su parte, establecerán servicios sociales que apoyen a toda la familia cuando existan personas de edad en el hogar, aplicando medidas espedales a las familias de bajos ingresos.
Estas son ias recomendaciones o con- ceptuaciones teóricas que darán lugar a las normas escritas, las cuales podrán regular formalmente las relaciones y la conviven- cia en el seno & las familias con personas mayores.
A nosotros, desde una perspectiva so-
ciológica, nos interesa el día a día de esas relaciones y el cumplimiento de las nor- mas no escritas, para ver cuáles son sus manifestaciones reales y las orientaciones mPs apropiadas para la convivencia fami-
Iiar en la ancianidad, con una adecuada
preparaci6n para ello.
La evolución social experimentada mmbién ha repercutido en la institución fa- miliar, implicando el paso de la familia ex-
tensa tradiciona1 -jerarquizada e n su estructura y funciones y en la que el ancia- no o pater fanaillae se hallaba, a efectos de control, dirección, coordinacibn y deci- sidn, en la ciíspide de la pirámide familiar & la que formaban parte núcleos familiares de diferentes generaciones- a Ia famüia nuclear. En un sistema & propiedades fa- mihares y vivienda también familiar y am- plia, el acatamiento a la normativa y las decisiones del anciano eran indiscutibles.
En los paises en vías de desarrollo con sistemas económicos basados e n la agri- cuItura o el artesanado y en Ias sociedades tradicionales, se sigue manteniendo un gran aprecio por los miembros m á s ancia- nos de la comunidad. TodavÍa existen en estas zonas hogares en los que conviven hasta tres e incluso cuatro generaciones. ia
relaci6n familiar es el vínculo de integra- ción más importante: mientras la familia es
uria unidad de producción con las propie- dades conjuntamente poseídas y comparti- das, con frecuencia el verdadero poder económico reside en el anciano jefe de la familia. No obstante, en lo que respecta a la condici6n & los viejos en las sociedades primitivas, por la diversidad de modelos y sistemas, es conveniente no incurrir en simplificaciones.
En la sociedad moderna, urbana e in- dustrializada, con familias como unidsides de consumo, de tipo nudear, conyugal, re- ducida y neolocal aquella perspectiva ha
experimentado un cambio rotundo: en la rehuón y el lugar que al anciano le corres- ponden en la familia se están produciendo transformaciones importantes y evidentes. Las personas mayores son, quizás, e1 grupo sobre el que con mayor intensidad ha recaí- do la mutaci6n de papeles, Ia pCrdida de funciones que en otras épocas eran atributo o competencia de ias personas de maS edad. En nuestra sociedad se tiende a consi- derar a los ancianos como carga social por pasar a pertenecer a las llamadas *clases pasivas. Quid no se caiga en la cuenta de que el grado de progreso y desarrollo al- canzado se &be, precisamente y en gran medida, al esfuerzo, los saberes y el traba- jo de quienes han alcanzado la edad de k
ancianidad -y de otros que no llegaron a ella- y a los que en justicia corresponde ser derechohabientes de los beneficios y consideraciones sodales debido a su inne- gable y prolongada apormci6n al bienestar de las generaciones posteriores.
En el proceso & envejecimiento y en el nuevo ciclo postparental y & relacidn entre los esposos destacan con entidad propia, específica y definidora tres hitos fundamentales:
Término de la crianza de Ios hijos.
Retiro o jubihcibn.
Disolucibn del lazo familiar por el óbito de uno & los cónyuges.
ocupacional recae sobre las mujeres que han fijado como único fin y cometido de sus vidas la dedicacidn a los hijos y al ho- gar, las cuales pierden su papel fundamen- tal mientras que los esposos se hallan en la cima de sus carreras o en el punto inás in- tegrado de su actividad profesional. De ahí la conveniencia y capital importancia para mantener el equilibrio psicosom~rico de la mujer en esta situacih, de la concurrencia de otras acrividades y/o nuevas ocupacio- nes que, en el caso de las mayores, se po- lariza principalmente en el apoyo y ayuda a los miembros de su familia -inclusa de diferentes generaciones- como más ade- lante tendremos ocasión de comprobar.
Respecto a la segunda fase o hito, con- sistente en el retiro o jubilación de una ac- tividad profesional extradoméstica, la incidencia en la actual generacidn de per- sonas mayores es mis profunda e intensa e n el hombre, el cual pierde su principal papel en el sistema ocupauonsil y debe re- plantearse y redefinir su relación con la es- posa y el resto de la familia, propiciando un acercamiento entre los esposos cuando se produce la marcha de los hijos -e1 .nido vacío. como lo llama Salustiano del Cam- po- con un plantamiento más igualitario entre ambos, reviviendo una segunda aluna de miel. o, en el caso opuesco, producién- dose una profunda crisis ante la falta de los hijos como elemento aglutinador.
iA RELACIÓN CON EL C ~ W G E
Tras la jubilación hay una mayor disponibi- lidad d e tiempo y por consiguiente, más posibilidades para compartir momentos y situaciones que han tenido que ser aplaza- dos o evitados en las etapas anteriores, de- bido a las exigencias laborales y la
dedicacibn a los hijos.
En la relacien dectiva en esta edad y situación, normalmente se produce una su- peración & la pasión, propia de otras eda-
&S pretéritas, en beneficio de ia ternura y
la serenidad en la expresividad afectiva d e los sentimientos.
Tras la jubilacion, se produce un nue- vo tipo de vivencia en la relación entre los esposos mayores. Se pasa del -hombre d e la casa. q u e aportaba los recursos econó-
micos necesarios con su trabajo d e cada día- al predominio de la *reina del h o g a ~ ,
en el que la mujer se siente segura l~acien- do lo que ha venido haciendo siempre, ante un hombre que -estorban por todas partes dificultando las tareas domésticas.
Según Nietzsche:
En el momento de internai-nos en el maui- monio, nos debemos hacer esta pregunta: ¿Crees poder conversar con tu mujer hasta que seas viejo? Todo lo deinás del matri- monio es transitorio, pues la mayor pare de la vida en común estd dedicada a la conversación.
La comunicación es siempre necesa- ria, pero en esta nueva situacibn, tras la jubilación, es fundamental. Y esta coinu-
nicaci6n se quiebra o disminuye si, a lo
largo de muchos años, los problemas de los hijos y las preocupaciones por ellos era lo único que les mantenia unidos o, al menos, cerca a los esposos y que necesi- taban de tales tensiones para mantener la cohesi6n del grupo.
La ausencia d e los hijos, y con ellos de los motivos de comunicaciOn, vendra a constituirse, como ya h a q u e d a d o apuntado anteriormente, en un elemento disgregador, en causa precipitante del distanciamiento que, dada la situacidn, quizá será mPs espiritual y de convenien- cia que físico o material y de conviven- cia, pero no por eso menos real.
LA RELACI~N CON LOS HIJOS
Una problemática particularmente 'digna de ser analizada es la referente a las rela- ciones & los mayores con sus hijos e hijas, yernos, nueras y nietos, con la existencia o la ruptura de la comunicación y sus conse- cuencias, con la presencia fija o rotatoria de las personas mayores en sus hogares o
en los de sus hijos.
Es cierto, y debemos tener siempre presente, el hecho de que nunca se deja de ser padre o madre, lo cual M u y e decisiva-
mente en la relación de padres e hijos, in- cluso cuando aquéllos llegan a la ju bilaci6n y a la ancianidad.
Algunos hijos consideran que sus pa- dres han cambiado con la edad: esto no siempre es exacto; lo que ocurre es que las
conductas se ven desde diferentes bpticas, pues se produce un cambio o evolución en los papeles que origina diferentes perspec-
tivas a la hora de ver los hechos. No es lo mismo obedecer las ordenes del padre cuando en el hogar familiar los hijos con menores, que pretender seguir ejerciendo la misma autoridad, bajo las mismas for-
mas, en las casas de los hijos cuando éstos son ya mayores.
También es menester considerar la
exis-
tencia & condiciones objetivas que infiu-yen en los cambios de comportamiento o en reacciones determinadas. Entre estas condiciones cabría seiialar la disminución de ias capacidades fisicas y mentales & los ancianos, las dependencias por falta de au- tosuficiencia económica, la sensación de
soledad o aislamiento, las recriminaciones
por las torpezas, etc.
La relaci6n afectiva con 10s hijos en la nueva situación, tras la jubilaci6n o la Ile- gada a la ancianidad -porque jubilarse no implica ser anciano- requiere de un saber adaptarse, por parte de padres e hijos, a la nueva situaci6n.
En cualquier caso, hay una gran varie- dad de alternativas y de formas de relación en razón directa con e1 tipo de relación
que, entre padres e hijos, existiera antes de que aquéllos llegaran a la jubilación.
Normahnente, las relaciones afectivas paterno-filiales ni se deterioran ni se revita- lizan por el mero hecho crono16gico. Infiu- yen otras muchas causas y concausas; y los antecedentes, es decir, si las relaciones han sido buenas o malas antes, son una de las más decisivas.
Un punto en el que surgen dificultades en las relaciones afectivas de los mayores con sus descendientes es el reIativo a la dependencia de unos respecto de otros. La relación paterno-fiiial en la ancianidad o después & la jubilacidn requiere un Mcil equilibrio; especialmente cuando la rela- cidn se amplia a yernos, nueras y nietos -esto, sin embargo, no siempre se consigue-
.
No es raro que los padm mayores manten- gan diferentes actitudes ante los mismos comportamientos, dependiendo & la proce- dencia de uno o de otro. Es el caso del yerno buena que aayudam a la hija en iastareas de la casa, y Ia muera mala. que hace. al hijo realizar tareas domesticas. Es e1 trato Merente dado a unos u otros nie-
tos, dependiendo de q u i h sean hijos. Es lo que se esconde detrás del refrán que sentencia: Los hijos de mi hija,. nietos m'os son; los de mi hijo, no lo sé yo..
Otro problema que también tiene se- rias repercusiones tras
h
jubilacion, con iallegada de la ancianidad, en el entorno de los aspectm sociofamiliares y en las rela- ciones con los descendientes, es el de la rotación de los mayores en las casas de los hijos, con la subsiguiente sensacidn de ser poco menos que un objeto traspasado de un lugar a otro & cuando en cuando. Son
los llamados abuelos golondrina^.
Ahora bien, aunque hay personas sin ningún código etico para las que sus ma- yores son una carga inútil o un elemento conflictivo del que quisieran deshacerse, no es menos verdadero que hay infinidad & hijos ejemplares que, tras dedicarse por completo a sus mayores durante once meses
o disminuciones físicas propias & la senec-
tud, asl como de las funcionales y m e d e s
que aqukllos puedan sufrir y padecer, han
de renunciar a un múimio perfodo de dean- so, no p q u e no quieran llevar cwisigo a sus
mayores envejddos, sino porque
m
pueden.En cualquier caso, lo que si es cierto
es que uno & los elementos más eficaces en la proteccidn de los ancianos es el amor de sus hijos: riiííos queridos y felices, se
can+&tirPn en adultos apegados a sus as- cendientes, mientras que niños desprotegi- dos e infelices, al llegar a adultos pueden ser
agresivos y descuidados con sus padres.
PRESENCIA DE LOS MAYORES EN LA
AYUDA FAMILZAEl
En
h
actualidad, la mayor parte de las per- sonas mayores prefiere viW indapendIentes, aunque cerca de sus hijos para estar prestos a *echarles una m a n e con la rapidez que el caso requiera. Así, y según &tos del CiS9, el 41% de las personas mayores de 65 afios vive con su cbnyuge o pareja, el 14% con su c6nyuge e hijos en su propio domi- ciiio y s610 e1 2% con su pareja en casa delos hijos. El
14%
vive solo.Entre los que viven solos,
un
36%
10 hace porque prefiere vivir así, un 5% por- que las circunstancias les han obligado(aunque reconocen haberse adaptado); un
46% y un 10% respectivamente, dice estar sarisfecho o muy satisfecho con este tipo
& vida; y un 4% &esta que le gustaría vivir con sus hijos u otros familiares.
Un 240/6.de Ios h i j j de las perscaras ma- yores -a el aso & aquello6 que
Bos
tienen-vive con sus padres; un
44%
aunque no vive c m los p a h , sí reddc en la misma M d a d .Creemos que merece ser destacado el hecho de que un 900/9 de los mayores ob-
jeto de esta investigación declare estar muy
o bastante satisfecho con sus relaciones so-
ciales, en las que se incluyen familiares, amigos y vecinos, lo cual apunta hacia un alto grado de integraci6n social y familiar de estas personas que, en un 86% de los
casos, dan prioridad a La salud como cues- tidn m 5 s importante (aunque h soledad es
algo que siempre les preocupa).
Otro estudio realizado por el CIS, por encargo y con la colaboracidn del Instituto de =graciones y Servicios Sociales
(IM-
SERSO), y cuyos resultados han sido reco- gidos y difundidos en dos interesantes publicaciones1° pone de manifiesto que
muchas de las personas mayores en la ac- tualidad vienen realizando una labor silen-
ciosa que, frecuentemente, es poco o nada reconocida socialrnenk. Nos estamos refi- riendo a la dedicaci6n de su tiempo al cui- dado y atenci6n de otras personas, En la
mayoría de las ocasiones, los destinatarios de esta ayuda son miembros de las propias familias, no s61o de edades inferiores, sino también de la misma edad y superiores. En
otras omsiones se trata de amistades, veci-
nos, etc. La realidad es que casi la mitad
de
las personas con edades iguales o supe-
riores a los 65 años realizan esta tarea. Como ya lia quedado dicho, en unes casos se trata de una funci6n 2(sisten&l dirigida a perso- nas & la misma o anterior generacidn, cui-
dando de su c6nyuge o pareja t incluso de
padres que ya han rebasado los 90 afios (pensemos en cuantas personas de esta edad son cuidadores de familiares 4 6 n -
yuges o padre* afectados por la enferme- dad de Alzheimer u otras demencias).
@) CiS: ú;i d e h d de las personas m-, en Btuah CIS-IMSERSO, 2.273 (Rheip-Marzo 1998).
- m & Wtaidy 21 O~IloS~ptlembie 1999).
(10) R O D ~ ~ ~ G U U . R O ~ ~ G U E . P. er. al: Cuidados en ka
w,
Bgporo ixfomPal. Madrid, Ministerio de Asuntos Sociales-UZSERSO, 19%.- h p n m ~ s -en
m.
PqPsrSldgF. .-- Madrid, M h h r b de Asuntos SocialePor otro lado, es menester recordar el so- porte fa& y social que supone el que un número cada vez mayor de padres y madres jubilados o prejubiiados, que 16gicamente han visto reducidos sensiblemente sus ingresos, si- gan asumiendo el sosten econ6mico de unos
hijos con edades cercanas a los 30 años, los
ardes no han podido emancipase y todavía
no son independientes y autosuficienfes en
los
temenos labral, econ6mico y íámiklr,Tal como d e j a n los estudios FOESSA1', en aquellas familias geo@icamente cerca- nas, los abuelos han adquirido un impor- tante papel como cuidadores, sobre todo
en las familias en que ambos progenitores trabajan. Incluso, muchas veces, en casos de familias con hijos que sufren algún pro- blema (deficiencias físicas o psíquicas) pueden ayudar a Ios padres a asimilar la si- niaci6n de ese hijo, sirviendo tanto de ayu- da emocional como de cuidado.
El peso m l s importante del apoyo asistencia1 de las personas mayores se
presta en beneficio de sus hijos e hijas (el
75% del total & las ayudas). Al analizar el contenido de dichas ayudas observamos que Cstac se reparten de la siguiente forma:
Cuidar y atender niños:
69%
m Tareas domésticas: 42%
e Hacer la compra: 26% m Confeccionar ropa, etc.: 12%1
e Hacer gestiones: !% e Otro tipo de ayuda: 11%
De estos datos se deduce, entre otras cosas, la gran diversidad de tareas que de- sempeñan
Ias
personas mayores a favor desu descendientes, entre las que destaca cui- dar y atender a menores, que es la tarea m& frecuentemente mencionada por las pem-
nas objeto de la investigaci6n a la que nos
estamos refiriendo, demostrándose así la im-
portancia que tiene la figura & los abuelos
en la crianza y atencibn de los nietos.
Las
ayudas & los abuelos predominan-ocasionalmente, cuando salen los padres.,
en tanto que las de las abuelas se dan en el resto de las situaciones (diariamente,
mientras trabajan 10s padres, para llevarlos y recogerlos del colegio, así como para darles de comer; cuando los niños estan enfermos; en vacaciones).
Por su imporiancia y por el considera- ble volumen de trabajo y esfuerzo que eilo representa, hay que destacar, la respuesta diariamente, mientras los padres trabajan..
Asumir (después de una iarga vida de trabajo y de haber criado a la propia prole) el cuida- do y k responsabilidad de atender diaria-
mente a los nietos, supone una entrega y
una generosidad que pocas personas m6s jó-
venes sisw'an y, sobre todo, de una mane-
ra abdutamente desinteresada y gratuita.
Y no s610 en el terreno de las ayudas en esms labores; los abuelos a menudo también
son compañeros de juegos infantiles de sus
nietos, cumpfiendo con el .espesor histórico. al que se r d ~ e r t Julián Marías.
Se habla ya, de que en determinadas cir- cunstancias en nuestra sociedad actual, no se debe pensar en la familia conyugal como una fardia aislada de la parenceia, sino más
bien como una familia extensa modikicadsi y adaptada a la nueva situacibn, siendo las h- ses para la misma: la menor dimensión de la familia, la inmrporaci6n de la mujer al traba- jo extradoméstico, la desawción del servi- cio doméstico, las tasas de paro, la crisis de
las
pensiones o Ia relativa mejora & las su- perficies de los hogares.Como sehia Pilar Rodríguez:
Cuando en el seno familiir se produce al-
gdn acontecimiento desestructurador, que deja a sus miembros más indefensos -los niiios y las niñas- sin la seguridad y la pro-
teccidn de sus progenitores, es casi siem- pre Ia generacibn anterior la que asume h
en ese período crítico infantil. Es el caso, por ejemplo, de las madres y abuelas de la d r o p . Estas mujeres, además de atender a sus hijos e hijas en una situad611 tan dura y de suplirles en su papel como padres o madres van mác alla, y tramcendiendo el ámbito de lo privado, ejercen una hnci6n p6blica como p p o de presidn social, al desenmascarar en actos públicos y mani- fiestos la hipocresía que rodea el mundo de la droga y su pernicioso círculo. @e-
den llevar a cabo funciones como ésta
quienes no esten dotados de una gran competencia?l2.
No obstante y como contrapunto, es preciso recordar que una de las etapas m2s
difíciles de la vida es la ancianidad y que no todas las personas ancianas gozan de un estado de salud físico o mental 6ptimo. Junto a los problemas psicofííicos propios de la edad, surgen Ias dificultades para convivir con los familiares y la visi6n de una sociedad que tiende a considerar al anciano como una carga. La consecuencia inmediata de esta situaci6n familiar y so-
cial adversa puede ser la marginaci6n, el
aislamiento y la soledad, que pueden Ile- var al anciano a situaciones desesperadas de irreversibles efectos.
iA DEPENDENCIA DE LOS ANCIANOS EN LA FAMILIA
Nos hemos dendo en el epígrafe precedente a la ayuda que
Ias
personas mayores prestanen la familia. Pero, en este punto, también es
o b b d o aludir a las situaciones creadas por la depedencia de estas mismas personas.
Actualmente se dan dos fenómenos demográficos que se reflejan en la pidmi- de de poblacidn, como ya se resalt6 en su momento. Por una parte, el aumento pro- gresivo de la poblacidn anciana y, por otra, Ia considerable disrninucidn de la natali- dad. Ambos dan lugar a divetsac cotice-
cuencias, entre las cuales se pueden desta- car Ias siguientes:
La relación intergeneracional ha ex- perimentado cambios considerables. La media de hijos por familia lia dis- minuido; por consiguiente, tanhiéii ha disminuido la proporci6n d e miembros de la familia que pueden encargarse & la atención al anciano. En muchos casos, se da una disper- sión geográfica y estructural de los miembros de la familia.
Existe una limitación espacial en la mayor parte de las viviendas. Frecuentemente, varios miembros de la famiIia tienen responsabilida- des y obligaciones profesionales ineludibles.
i Actualmente, los valores sociales potencian más la satisfacción de las necesidades individuales q u e el sentido de convivencia familiar. Estos cambios, que afectan al núcleo familiar, no parece que vayan a variar sen- siblemente al menos en los prbximos aiios, lo cual dará lugar a un incremento de los problemas econ6micos así como los referi- dos a la relación familiar y asistencial. Ante esta ciruacidn, es l6gic0 plantearse si con- curren en los familiares d e los ancianos
una serie de factores sociales que parecen apunmr hacia la idea del abandono que las familias dejan a sus ancianos. Este hecho
ha devenido en un estereotipo asaz gene- ralizado, tanto a nivel social como por par- te de los profesionales de este ámbito. Sin
embargo, se puede afirmar rotundamente que, como situación general, es falso que
las familias se desentiendan de sus mayo- res y los abandonen.
En la actualidad, un número considera- ble de famhas se enfrenta al problema es-
pecífico del deterioro progresivo de uno o mas de sus miembros, los ancianos. Uno
(12) Ro~d~m RODR~GUEZ, P.: =Las relaciones int
de los datos iiiás relevantes aportados por el estudio coordinado por Gregorio Rodrí- guez Cabrero13, es que, si tuvieran que pa- garse las horas de trabajo a las personas que cuidan en su doii~icilio a ancianos (a un coste por hom de servicio domésr-ico si- milar al precio de hace tres aiios), el jornal de las más de 2.000.000 de cuidadoras (ya que casi el 80% son mujeres) seria de 3.000.000.000.000 ptas. anuales. Según di- cho estudio, (y conforme queda demosua- do e n investigaciones realizadas por nosotros mismos), siete de cada diez per- sonas que cuidan a personas ancianas (2.269.720, según los úitimos datos conoci- dos) son mujeres. El 85% tiene una edad superior a los 45 años y el 56% dedica a
esta labor más de cuatro horas diarias, y sólo un 18%, menos de dos horas.
Todo ello ratifica, por consiguiente, que la familia es la principal fuente de cui- dados personaIes de los mayores. El 78,7% de los dependientes recibe ayuda faniilbr, que se incrementa al 82,2% si esa persona sufre alguna carencia física o psiquica grave. El mencionado estudio corrobora que los servicios sociales, sin embargo, tienen todavía un paptI muy secundario en com- pamcibn
con Ia
esvuctuta familiar (2,294 para el conjunto de la pobIaci6n depen-diente y s61o un 1,7% para la dependiente grave) e inferior a otros países europeos, entre el
5% y
e1 1Wo. La mitad de las cuida-doras demandan ayuda pública, en espe- cial económica.
El comienzo de una dependencia
gra-
ve originada, por ejemplo, por una demen- cia como es la enfermedad de Alzlieimer, n o solamente supone un problema, sino
q u e ademAs implica cambios impomntes en los papeles y cometidos de la familia: ¿Quién ha de sumir el papel de cuidador?
;Quien tomará las decisiones ante 10s con-
tinuos cambios que se avecinan? Todos los componentes de la faiiijlia, padres, espo- sos, hijos y otros familiares deben adaptar- se a estos cambios en los papeles, pues de lo contrario, tal y
como
sugiere Faiilighetti14, las tensiones familiares no resueltas se acu- mularán, empeorando el probIerna prima- rio de la alteración.LA C O N D I C I ~ N
DE
ABUELO.LA R E L A C I ~ N CON LOS NIETOS
En la nueva configuración familiar, los mayores han visto inodificado su papel, sin que el10 implique menosprecio o p&- dida de consideración y respeto, pero si una forma diferente, una conceptuaci6n dstinta en cuanto a sus cometidos y pre- rrogativas. Se ha estabIecido entre ellos y sus hijos y nietos una corriente de aproxi- mación con tendencia al establecimjento de planos igualitarios.
Hoy se llega a ser abuelo o abuela con un talante y unas cualidades físicas y psi- quicas más favorables que las de mucl~os d e los abuelos de generaciones preceden- tes. Para los abuelos jóvenes se produce un choque psicológico entre la realiclad, el he- cho consumado y la noción que tienen del fenbnleno, del concepto y de su propia iilla- gen, tan diferente hoy de la de sus niicmos abuelos. De ahí que haya quienes prefieran que sus nietos les llamen por su nombre de pila
o por
algún apelativo, antes que oírse llamar -abuelo. o abuela..En el hecho de ser abuelos, lo que puede hacernos sentir viejos no es en si mismo el tener nietos, pues luy infinidad de personas que ya son abuelos cuando se
encuentran en Ia década de los 40 años de
(13) R ~ D R ~ G U H Z CADRERO, G. (cmrd.1: Laprotec& social de ka deprmukncia. hIadrid, Ministerio de T n h - jo y Asuntos SocIale~-I~RSO-Uniwr~id3d de A I d 5 de Henares, 2.000.
edad. Lo que subjetivamente puede contri-
buir al p m s o & envejecimiento psicolb- gico es la forma que tengamos & vivir o
ejercer nuestra abuelidad. Los mayores
han & acomodarse a un continuo proceso de adaptacidn ante cambios cada vez mais
frecuentes y vertiginosos; ya no s61o en lo tecnoldgico, sino también e n los usos y 'costumbres, e incluso e n las palabras y ex-
presiones.
Hemos & tener muy presente que la figura y funci6n & los abuelos tiene una
influencia decisiva tanto en las relaciones
del conjunto de la famüia y & sus miem-
bros, como e n las formas y sistemas de educación d e los hijos. Lo que nosotros hagamos con nuestros mayores será un
ejemplo que nuestros hijos seguirán. Jnclu- so, en los cuentos tradicionales infantiles, la figura del abuelo o de la abuela, cuando aparece, lo hace siempre con rasgos y comportamientos bondadosos, cariñosos, entraiiables, en tanto que, frecuentemente, otros miembros de la familia, o no apare- cen o lo hacen de forma indiferente, au- sente o negativa.
En el ambito & la ancianidad -al igual que en tantos otros- y según el profesor Díez Nicolss, la familia lo es todo; no existen las
llamadas hienas u organizaciones interme-
dias. Del Estado se espera todo, pero todo se resuelve en las familiac. La familia, y en el tema que nos ocupa los ancianos, tanto en lo afectivo como en lo económico cons-
tituyen el colch6n amortiguador de no po- cos problemas
d e s .
Tras el largo recorrido realizado por sus predecesores, lo que Ios mayores d e hoy anhelan & la sociedad y de la familia en una esperanzada reciprocidad es, fun- damentalmente, algo que ellos han hecho
o dado antes. Lo que el mayor espera y m& profundamente desea en y de la familia, en
y
de
la sociedad es el amor: el amor con- yugal, el amor filial, el amor humano...
la creación d e un medio afectivo favorable en todos los brdenes; competencia ésta, en definitiva, & la familia, las instituciones y la sociedad, las cuales no pueden ni deben eludirla, para finalmente poder caminarhacia una ancianidad, que será la nuestra, nueva y mejor.
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