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ESTUDIO COMPARATIVO ENTRE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DIRIGIDAS AL

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ESTUDIO COMPARATIVO ENTRE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DIRIGIDAS AL CONTROL DE LA VIOLENCIA DIRECTA EN LOS ESCENARIOS DEPORTIVOS

FUTBOLÍSTICOS EN INGLATERRA Y COLOMBIA

JUAN PABLO COBO

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y RELACIONES INTERNACIONALES CARRERA DE CIENCIA POLÍTICA

BOGOTÁ D.C.

2016

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ESTUDIO COMPARATIVO ENTRE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DIRIGIDAS AL CONTROL DE LA VIOLENCIA DIRECTA EN LOS ESCENARIOS DEPORTIVOS

FUTBOLÍSTICOS EN INGLATERRA Y COLOMBIA

JUAN PABLO COBO

Trabajo de grado para optar al título de Politólogo

DIRECTOR DEL TRABAJO DE GRADO

MARCIO MELGOSA

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y RELACIONES INTERNACIONALES CARRERA DE CIENCIA POLÍTICA

BOGOTÁ D.C.

2016

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TABLA DE CONTENIDO

1. INTRODUCCIÓN... 1

2. DEFINICIÓN DEL PROBLEMA, DISEÑO DE LA INVESTIGACIÓN Y JUSTIFICACIÓN...5

3. DISEÑO METODOLÓGICO Y MARCO CONCEPTUAL... 11

4. POLÍTICAS PÚBLICAS DIRIGIDAS AL CONTROL DE LA VIOLENCIA DIRECTA EN COLOMBIA E INGLATERRA... 20

4.1. COLOMBIA... 22

4.1.1. Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol 2014-2024... 22

4.1.2. Ley 1270 de 2009 - Ley 1445 de 2011...24

4.2. INGLATERRA... 26

5. COMPARACIÓN... 29

1. Identificación como problema sociocultural... 33

2. Tipificación de delitos especiales...34

3. Multas y sanciones para establecimientos comerciales aledaños ...35

4. Policía especializada e infiltrada...37

5. Especialización logística de los clubes... 38

6. Unificación de criterios de seguridad en los estadios... 39

7. Tecnología especial de vigilancia... 41

8. Aplicación de silletería generalizada... 42

9. Establecimiento de créditos estatales para la consecución de los otros criterios... 43

10. Carnetización de los hinchas

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6. CONCLUSIONES...47 7. BIBLIOGRAFÍA... 51 8. AN EXO S... 57

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“El fútbol es la única religión que no tiene ateos”

Eduardo Galeano

1. INTRODUCCIÓN

En Colombia, la violencia es un fenómeno que ha permeado casi todas las instancias de la vida nacional, incluyendo el ámbito económico, social, político, cultural, y dentro del mismo espacio cultural, el deporte. Éste, en principio, debería ser visto como un escenario de entretenimiento, donde los aficionados a las diferentes disciplinas deportivas tienen una fuente de recreación. Sin embargo, las últimas décadas muestran de qué forma la violencia acapara los diferentes sectores de la vida social de los colombianos, incluyendo el fútbol. Este fenómeno, según Safford y Palacios (2002), toma el nombre de normalización de la violencia.

La costumbre de vivir en un país en guerra nubla las percepciones de los individuos hasta el punto de volver cotidianos comportamientos violentos que deberían ser entendidos como excepciones - y censurados socialmente-, y no como medios válidos para resolver las diferencias. Esta normalización explica nuestro exceso de tolerancia frente a ciertos fenómenos, incluyendo la violencia que ejecutan ciertos grupos que conocemos bajo el nombre de "barras bravas” .

Sin embargo, el problema parece no ser sólo de normalización sino también de transformación en las dinámicas violentas. Anterior a la década de los ochenta, las manifestaciones violentas en las ciudades eran producto de delincuencia común no organizada. En cierto modo, la violencia parece encontrar en el deporte un canal de difusión y de organización. El fútbol, entonces, se presta como escenario de manifestación o representación de los problemas sociales, por lo que la violencia en las canchas se manifiesta como la representación de la violencia generalizada en una sociedad convulsionada por los conflictos. Según Norbert

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Elias (Elias, 1992 en Yunez, 2012) los enfrentamientos entre aficionados de deportes tan competitivos como el fútbol se vuelven el claro remplazo de las guerras dentro - y entre- las ciudades en la actualidad. Asi, además de marcar una división entre partidarios de uno y otro equipo en una misma ciudad, rompiendo los lazos sociales y de confianza entre los ciudadanos, también se exacerban regionalismos que dividen entre departamentos y regiones, debilitando la idea política clásica de identidad nacional. De esta manera, los viejos enfrentamientos (impulsados por estereotipos, generalizaciones y prejuicios) se organizan y se ven trasladados a nuevos campos de batalla: los escenarios deportivos.

Esta tendencia, cabe aclarar, no es especifica del contexto deportivo futbolístico colombiano; es un fenómeno extendido alrededor de todo el mundo. En este sentido, vale la pena comparar el problema con otros contextos en donde la fuerza de las "barras bravas” -e l problema conceptual se desarrollará más adelante- haya adquirido una gran dominancia y en donde a pesar del transcurso del tiempo y las medidas de los gobiernos, los problemas causados por este tipo de fanáticos siguen latentes y en producción. Esto, implica que resulta importante que la violencia de las "barras bravas” sea comparada en contextos en donde, si bien no se ha solucionado por completo, el gobierno ha tomado acciones contundentes que han logrado reducir la violencia directa dentro y fuera de las canchas, como es el caso de Inglaterra. Una comparación de este tipo promete arrojar aprendizajes importantes para un pais como Colombia, en el que para el año 2016, la problemática está en pleno auge.

Antes de desarrollar las pautas de la investigación, de definir un diseño metodológico y de hacer las aclaraciones conceptuales pertinentes, vale la pena hacer dos aclaraciones. La primera está relacionada con el carácter globalizado del fútbol y ayuda a justificar la presente investigación (la justificación se desarrollará más detenidamente en el siguiente apartado). El fútbol, desde hace varias décadas, se ha consolidado como un deporte con una capacidad de

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movilización masiva y sin fronteras. No es gratuito, en este sentido, que la FIFA tenga más países miembros (209 a enero de 2016) (FIFA, 2016) -reconocidos mundialmente por los otros afiliados- que la ONU (193 a diciembre de 2011) (ONU, 2016). Esto, le otorga al fútbol un posicionamiento político a nivel mundial.

Además, el nivel de exposición audiovisual del fútbol contemporáneo, en el que la final del Mundial de Fútbol de la FIFA es el segundo evento deportivo con mayor número de televidentes (después del Superbowl) (FIFA, 1997), le da una importancia contundente como disciplina deportiva global, intercultural, altamente institucionalizada en los países occidentales y a nivel internacional.

Si Virilio (1991) asegura que en La Segunda Guerra Mundial la demostración de calidad cinematográfica en la batalla entre el cine alemán y el estadounidense (medida por los desarrollos tecnológicos y por el dinero invertido en las superproducciones) era la demostración más contundente que tenía cada país para exhibir sus índices de progreso y de estabilidad económica, dada la capacidad de exposición masiva del cine, hoy en día la calidad futbolística, la infraestructura de los estadios y la civilidad de los "fanáticos” en los escenarios deportivos, que televisan a diario millones de personas alrededor de todo el mundo, se presentan también como una herramienta política. Esto, en otras palabras, implica que el fútbol televisado, por llegar a millones de personas a diario, sirve como herramienta política de los gobiernos para mostrar sus avances en materia de infraestructura, de desarrollo cultural y de cultura ciudadana. Así, a peor comportamiento de los aficionados de cierto país, peor imagen internacional en materia de ciudadanía, convivencia e incluso democracia. La problemática de las "barras bravas” , en este sentido, adquiere no sólo una dimensión nacional sino también internacional.

La segunda aclaración pertinente antes de abordar la investigación está relacionada con la definición de violencia que se utilizará por el resto del documento. Galtung (1998) desarrolla la tipología de las violencias. En ésta

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desagrega el concepto de violencia, que venía siendo utilizado de manera indiscriminada y como un todo homogéneo, y divide el término de violencia en el triángulo de las violencias. Por un lado, asegura que la violencia a la que suele referirse el común de la gente (y antes de su publicación también las diferentes corrientes académicas) no es más que la simple manifestación directa de la violencia. De esta forma su primera subdivisión del término arroja una nueva conceptualización de violencia directa que se refiere al tipo de violencia que se percibe como física y que está relacionada con la guerra. Dentro de dicho concepto se recogen todas las manifestaciones de violencia que enmarquen acciones directamente relacionadas no sólo con el desarrollo de la guerra, sino también con las agresiones físicas a los otros (como asesinatos, maltratos físicos, desapariciones, etc.). Sin embargo, Galtung asegura que a pesar de ser el más visible, este no es el único tipo de violencia. Sin extendernos en este punto, que se sale de los parámetros de esta investigación, Galtung propone otras dos violencias: la estructural (menos visible que la directa y que se refiere a fenómenos como la desigualdad, la pobreza, el desempleo) y la cultural o simbólica (menos visible que la estructural y que se refiere a las actitudes, prejuicios y estereotipos, arraigados a la cultura que rompen los lazos de confianza entre individuos de una misma comunidad). Aunque el fútbol tenga una incidencia directa en los tres tipos de violencia desarrollados por Galtung, esta investigación se limitará a estudiar la incidencia de las políticas públicas a nivel de violencia estrictamente directa.

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2. DEFINICIÓN DEL PROBLEMA, DISEÑO DE LA INVESTIGACIÓN Y JUSTIFICACIÓN

En Inglaterra, los “Hooligans” se encargaron de establecer sus territorios, zonificar los estadios, determinar posiciones estratégicas, atacar a sus “enemigos” de las otras barras, entre otras cosas. Acabaron con los escenarios familiares para compartir del espacio y los bienes públicos, con la tranquilidad de los estadios de fútbol y barrios circunvecinos, y pronto acabarían también con la paciencia del gobierno británico, que tomó una serie de medidas para erradicar la violencia de sus estadios de fútbol, incluyendo planes de vigilancia a los hooligans a través de cámaras de circuito cerrado, intensificando las penas contra aquellos que cometieran delitos relacionados con el fanatismo futbolístico, aumentando el pie de fuerza policial, entre otras.

Es importante señalar que en Inglaterra las políticas públicas para combatir la violencia en escenarios futbolísticos son de corte autoritario, además de seguir un modelo de diseño e implementación top-down (Sabatier, 2007). Esto, en otras palabras, implica que la crisis violenta provocada por los grupos “Hooligans” se trató desde una perspectiva de represión, no de educación. Así, las medidas adoptadas en el caso inglés están todas relacionadas con el sector de seguridad y refuerzo de penalización (cámaras, aumento de penas a infractores, etc.) y no desde un enfoque de cambio cultural y ampliación de ciudadanía, que hubiera implicado un tratamiento desde las causas estructurales del problema, como lo son la desigualdad, la falta de oportunidades laborales, y el fracaso del sistema de educación.

Por otro lado, el modelo de diseño e implementación de la política es de corte top- down porque nace de una reacción estatal ante la violencia y no como una iniciativa ciudadana para combatirla. Esto, significa que las medidas represivas

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son impuestas por las élites de poder y no son construidas a partir de mecanismos participativos de diseño de política pública, en donde la sociedad civil tenga poder de decisión. Dejando estos dos puntos de lado (el enfoque autoritario y el corte top-down) de la política pública inglesa para combatir la violencia “Hooligan” , la presente investigación asume como exitosa la experiencia inglesa por su efectividad en la desmantelación de los grupos violentos y su eficiencia en la reducción de índices de violencia directa en los estadios de fútbol.

De esta forma, la mutación de formas de violencia, y la perpetuación de las causas estructurales de los conflictos sociales en Inglaterra, a las que seguramente no resulta efectivo combatirlas con medios de represión y poca participación social, requieren de un estudio diferente y trascienden los límites de esta investigación. El deber del investigador social, en este sentido, no está en buscar imponer su visión normativa de la realidad social, sino en ser objetivo en sus afirmaciones, en el diseño metodológico de sus estudios y en ser responsable al ser consciente de las limitaciones de sus investigaciones. De esta forma, se toma el caso inglés como ejemplo de éxito en reducción de violencia directa relacionada al fútbol, pero se comprende que la represión y las medidas autoritarias y poco participativas no son la mejor manera de tratar las causas de violencia estructural o cultural. Por la urgencia que está demandando este tema en el conflicto colombiano, esta investigación se limitará a tratar el asunto desde una perspectiva de violencia directa. Sin embargo, se invita a otros investigadores a abordar las causas estructurales y culturales de la violencia que se manifiesta en escenarios deportivos en la actualidad. Seguramente sus resultados enriquecerán la reflexión, y permitirán llegar a conclusiones empíricas más robustas.

Teniendo esto claro, se puede considerar que las políticas de vigilancia que el gobierno británico implantó contra los “Hooligans” acabaron con las manifestaciones violentas visibles producidas por estos grupos (Erriest y Ullman, 2010). Sin embargo, la transformación en las dinámicas violentas no permite hacer

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la misma afirmación en cuanto a las manifestaciones "invisibles” o difíciles de percibir a través de cifras oficiales y medios de comunicación. Una afirmación de este tipo, como ya se dijo, requiere de otros estudios que complementen los resultados acá obtenidos.

Para poder extraer información útil de esta investigación, que sirva para desarrollar una serie de recomendaciones que se puedan aplicar al caso colombiano, se hace necesario que los dos contextos, Colombia e Inglaterra, sean comparados. La importancia del método comparativo radica en que no sólo se podrán abordar aquellas características que muestran las semejanzas de los fenómenos, sino también aquellas que los diferencian, lo que a su vez dará una luz sobre la aplicación de medidas similares en distintos contextos, y también permitirá indagar por qué las medidas tomadas en Colombia no han sido suficientes, usando como punto de comparación el caso inglés.

La definición del problema conduce a plantearse la siguiente pregunta de investigación: ¿qué similitudes y qué diferencias tienen las políticas de Estado dirigidas al control de la violencia en los escenarios futbolísticos en Inglaterra y Colombia, y qué aprendizajes se pueden extraer del caso inglés?

Para poder resolver el anterior interrogante se hace necesario, como objetivo principal, determinar cuáles son las similitudes y cuáles las diferencias entre las políticas de Estado dirigidas a controlar la violencia deportiva en Colombia e Inglaterra. Este primer objetivo nos permite remitirnos a una serie de objetivos específicos. Estos, están organizados de manera causal, en donde se pretende que el primer objetivo permita la realización del segundo y así consecutivamente.

La consecución de los objetivos número 4 y 5 depende del desarrollo de la investigación. Es posible que la "escala evolutiva” que se plantea resulte imposible de construir. Los objetivos específicos son:

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1) Examinar cuáles son las políticas de Estado aplicadas para la solución de la violencia en escenarios deportivos en Colombia e Inglaterra.

2) Determinar cuáles son las variables de comparación para fijar semejanzas y similitudes entre ambos casos.

3) Determinar cuáles han sido los resultados obtenidos en el control de la violencia en los escenarios deportivos en Colombia e Inglaterra de acuerdo con las políticas de Estado aplicadas.

4) Comparar dichos resultados para saber si es posible establecer una "escala evolutiva” en la aplicación de dichas políticas de Estado, que dé luces de aprendizaje en el camino a seguir que debe tomar el gobierno colombiano.

En caso de resultar posible la creación de la "escala evolutiva” mencionada, que permita reconocer cuáles son los diferentes pasos y etapas a desarrollar para tratar la violencia en escenarios deportivos (tomando como ejemplo a Inglaterra, en este caso), el último objetivo de la investigación sería:

5) Determinar en qué etapa se encuentra Colombia, para fijar por cuáles fases le hace falta pasar a la legislación nacional y a la política pública que se enfrenta a la violencia en el fútbol, con el fin de lograr sus objetivos, como lo hizo Inglaterra.

Así, la investigación parte de que si se quiere combatir el problema, lo mejor es conocerlo a fondo y tener una referencia comparativa que apunte como ejemplo de éxito en el campo estudiado. En este sentido, Lijphart (1975) afirma que el método comparativo, dependiendo de los casos a estudiar y de las pretensiones del investigador, puede generar hipótesis y servir para comprobarlas. A partir de la pregunta de investigación y de los objetivos propuestos para el estudio, la hipótesis planteada es la propuesta en el siguiente párrafo. Es deber del investigador ser objetivo y honesto con el diseño de sus investigaciones. Acorde a este principio, es evidente que el estudio realizado parte de la suposición de que

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las medidas del gobierno inglés fueron efectivas al combatir la violencia directa, y plantea seguir su ejemplo como camino a seguir para Colombia. Los resultados de la investigación determinarán si esta suposición era correcta o estaba equivocada.

Hipótesis: las medidas adoptadas por el gobierno colombiano para combatir la violencia en escenarios futbolísticos que han arrojado resultados positivos son las que también se impusieron en su momento en Inglaterra. Como se puede evidenciar, esta hipótesis tiene por pretensión asegurar que el camino inglés debe ser el ejemplo a seguir de las políticas públicas colombianas si su objetivo es reducir la violencia directa.

Como toda hipótesis de investigación, ésta debe tener contenido empírico y ser verificable de forma objetiva. La medición de éxito de cada medida en el caso colombiano se hará a través de una revisión de prensa que permita asegurar la eficacia de las mismas. Es la percepción social -d e todos los medios de comunicación para lograr más objetividad- la mejor forma de medición en el caso planteado. Esto, se debe a que la legislación en el tema es muy reciente, y los datos oficiales todavía están en construcción. De igual manera, la oficialidad de los datos que ya son públicos resulta dudosa sin otro tipo de información que la respalde. Como en todas las investigaciones, es importante tratar de manera crítica los datos oficiales, sobre todo si son los únicos disponibles.

La justificación de la presente investigación reside en la necesidad de reducir la violencia directa en los escenarios futbolísticos colombianos. En este sentido, el presente estudio pretende convertirse en herramienta para el diseño y ejecución de mejores políticas públicas en el país. Para este propósito, el ejemplo de Inglaterra se presenta como una oportunidad que puede indicarnos qué camino seguir y, a modo de aprendizaje, qué medidas - o no- tomar en un futuro cercano.

Esta investigación, seguida de los cambios pertinentes en materia de política pública, pretende combatir una crisis violenta que tienen repercusiones en varias

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dimensiones de la vida nacional: 1) de orden público y seguridad (índices relacionados con violencia directa, muertes, agresiones, entre otros) 2) de perpetuación de la crisis social. Se parte del supuesto desarrollado por Gutiérrez Sanín (2001) de que la violencia genera más desigualdades sociales y a su vez las desigualdades sociales generan más violencia, incurriendo a un círculo vicioso.

3) de infraestructura (daños materiales que incluyen estaciones de transmilenio, buses, estadios, entre otros) 4) de ineficiencia de las políticas públicas estatales, que sólo profundizan la crisis de legitimidad de los gobernantes 5) culturales (como el estancamiento del desarrollo deportivo, de la cultura ciudadana en la convivencia pacífica en el espacio público, de espacios culturales de diversión y esparcimiento y 6) de imagen a nivel internacional (que afecta el turismo, reduce la inversión, aumenta estereotipos, entre otros).

Por otro lado, el presente estudio también adquiere relevancia desde la perspectiva de la Ciencia Política al enfocarse en la medición de la efectividad y los vacíos en el diseño y la formulación de las políticas públicas relacionadas con violencia deportiva, más precisamente en escenarios futbolísticos, a través del método comparativo. Éste, en palabras de Durkheim y J. St. Mill, clásicos de las ciencias sociales, se presenta como el método en ciencias sociales, explícitamente en Ciencia Política (Sartori, 2011), más adecuado para reemplazar el método experimental. Así, esta investigación se inscribe dentro de la disciplina no sólo dentro del campo de estudio que engloba la Ciencia Política, sino también a nivel metodológico.

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3. DISEÑO METODOLÓGICO Y MARCO CONCEPTUAL

Esta investigación es de tipo comparativo y descriptivo. Busca dar luces que permitan establecer nexos de causalidad de tipo probabilístico - o de tendencia- entre los fenómenos estudiados, pero no pretende consolidarse como una herramienta explicativa de los mismos fenómenos, en donde esos nexos de causalidad tengan pretensiones positivistas. La delimitación del tiempo comprende entre 1985 y la actualidad, y se explica debido a que fue en los años ochenta que se hicieron notar mayormente las "barras bravas” colombianas y los hooligans ingleses. Que sea hasta la actualidad tampoco es coincidencia, y es consecuencia de que el caso colombiano no se haya visto solucionado y se encuentre en un momento crítico. Sin embargo, la comparación de las políticas públicas de cada país se hará entre la legislación nacional vigente en Colombia (que comprende el Plan Decenal de Fútbol 2014-2024, y las leyes 1270 de 2009 - 1445 de 2011) y el Football Spectators A ct 1989 y Football Offences Act 1991 (las cuáles fueron reforzadas por el Football Offences and Disorder Act 1999 y el Football Disorder Act 2000), que regulan la política pública inglesa dirigida al control de la violencia en escenarios deportivos.

Igualmente, este estudio no es de carácter cuantitativo en cuanto a que las cifras que se comparan tienen una validez cualitativa (con escalas nominales), y las categorías de comparación que se proponen están enfocadas no hacía diferencias de grado (cuantitativas) sino hacia eventos, acciones, posiciones intelectuales, e incluso, políticas (Sartori, 2011,277).

En cuanto al método comparativo, Nohlen (2002) asegura que "para diferenciar bien y valorar un fenómeno es imprescindible compararlo” (p.6). Al respecto, Sartori (2011, p. 261) a la pregunta "¿por qué comparar?” resalta la importancia del método comparativo como mecanismo de control de las generalizaciones en

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las que pueden incurrir los politólogos. Estas generalizaciones son trampas comunes en las que cae el investigador, lo que vuelve necesario definir mecanismos para comprobar si dichas generalizaciones son falsas. En este sentido, la evolución en la filosofía de la ciencia del siglo XIX define cuatro métodos de control de generalizaciones, en orden de fuerza de control: 1) el método experimental 2) el método estadístico 3) el método comparativo y 4) el método histórico (Sartori, p. 261). Sin la necesidad de extenderse en la explicación, los primeros dos métodos son de difícil uso en ciencia política, el primero por ser más efectivo en grupos pequeños lo que dificulta usarlo en una escala más amplia, y el segundo por lo complicado en conseguir datos confiables y disponibles para su uso. Así, el método comparativo se vuelve el mecanismo de control en el que el politólogo se ve refugiado la mayoría de veces.

Sin embargo, a pesar de que "no existe ninguna receta válida del método comparativo para cualquier caso en estudio” (Nohlen, p.6), los investigadores suelen tropezarse con una serie de obstáculos que afectan la manera en que diseñan sus aproximaciones metodológicas. Uno de los primeros obstáculos, que está directamente relacionado con el objeto de estudio de la presente investigación, es el hecho de que el método comparativo debe hacerse con un esquema horizontal en relación con la variable tiempo, es decir, de manera sincrónica (Sartori, 2016). Esto, ilustrado a través de un ejemplo, implicaría que comparar la dictadura chilena de Augusto Pinochet en el siglo XX (autocracia) con el gobierno monárquico de Luis XIV en la Francia del siglo XVII (otra autocracia) carece de propósito, pues no tiene en cuenta la variable tiempo, en donde ambos contextos no están sincronizados históricamente. Es importante hacer la aclaración del término "sincronía” . Al referirse a este concepto, no significa que los casos de comparación deban estar situados en el exacto mismo momento del tiempo, es decir, que ocurran simultáneamente (sincronismo cronológico). Al hablar de sincronismo, nos referimos a una sincronía histórica, es decir, en la que el tiempo y el contexto en el que se desarrollan ambos fenómenos se pueda

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considerar que comparten las mismas características, es decir que son comparables. Esto, por un lado, implica que un simple sincronismo cronológico puede no ser viable porque busca comparar dos fenómenos que no están en sincronía históricamente (dependiendo del caso), y por el otro lado, implica que si los casos de comparación sí están sincronizados históricamente, la variable del tiempo deja de convertirse en un obstáculo. En un caso como este, se recurre a un término ampliamente utilizado en economía: ceteris paribus, que significa "todo lo demás constante” (Sartori, p. 264).

En la presente investigación, los dos casos a comparar, se encuentran y difieren por momentos en el nivel de sincronía cronológica, pero sí están sincronizados de forma histórica. El intervalo de tiempo que se plantea el estudio para la comparación de ambos fenómenos es el mismo, (1985-actualidad), y las categorías de comparación, al momento de descubrir semejanzas y diferencias entre ambos casos, se consideran comparable desde una perspectiva histórica.

Este carácter de horizontalidad en el estudio permite el uso de la expresión ceteris paribus.

Por otro lado, cuando se afirma que dos fenómenos son comparables, es porque se asume que pertenecen al mismo género. Un ejemplo bastante desacertado en este sentido es el famoso proverbio "no se comparan peras con manzanas” . Lo erróneo del dicho popular reside en que las peras y las manzanas son ambas frutas, por lo que sí pertenecen al mismo género, lo que las hace comparables. Sin embargo, intentar hacer una comparación entre una pera y el arroz sí resulta descabellado, dado que son elementos heterogéneos, de diferente clase.

Diferente sería hacer una comparación entre las frutas y los cereales, cosa que sí resultaría posible, por ser ambos elementos homogéneos dentro del mismo género: tipos de alimento. Esto, implica que la comparación está basada en la homogeneidad, no en la heterogeneidad. Al intentar comparar las políticas públicas dirigidas al control de la violencia en escenarios futbolísticos, en dos

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contextos diferentes, estamos claramente hablando dentro de un mismo género, es decir, dentro de una masa homogénea. Comparar la política pública de salud del gobierno inglés con la política pública de transporte en Bogotá, sí sería comparar la pera con el arroz.

Hemos determinado dos puntos esenciales hasta este momento. El primero, que ambos casos de comparación se encuentran en sincronía histórica, por lo que la variable del tiempo ya no representa un obstáculo. El segundo que ambos fenómenos a comparar sí son comparables entre sí al pertenecer al mismo género. Por último, luego de solucionar los obstáculos de tiempo y género, es importante abordar el tema del contexto. ¿De qué forma un fenómeno ocurrido en Inglaterra es comparable con uno que ocurre en Colombia? ¿Qué pasa con las diferencias contextuales? ¿En qué problemas conceptuales se incurre? Luego de abordar esta problemática, se determinará qué datos se utilizarán en el estudio.

Posteriormente, en el capítulo 5, se delimitarán las categorías de comparación y se explicará de qué forma se abordará el ejercicio comparativo.

Es al momento de comparar diferentes contextos que el método comparativo en ciencia política presenta más problemas metodológicos y conceptuales. Para Almond (1960), al comparar, el mundo se debe tratar como un escenario globalizado. Los primeros estudios en ciencia política no consideraban este aspecto como una variable importante. Así, las escuelas clásicas europeas y norteamericanas, se valían de sus propios marcos teóricos y construcciones conceptuales para comparar la realidad política mundial, sin discriminar contextualmente. Cuando las comparaciones eran realizadas entre hechos pertenecientes a su propio contexto, es decir, eran comparaciones hechas entre fenómenos políticos occidentales, la problemática no se hacía visible. Así, el comparar el sistema político francés al alemán, o los procesos electorales dentro de diferentes estados norteamericanos, no presentaba retos conceptuales y metodológicos importantes. Sin embargo, las dificultades se presentaban al

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intentar salirse del contexto. El intentar comparar la construcción del estado nación en los países europeos, con la construcción de los estados africanos, producía inmensos vacíos teóricos y conceptuales. Estos vacíos se hacían visibles de manera inmediata, pues la misma conceptualización del término "estado” en ambos contextos es sustancialmente diferente, y mientras en Europa el estado significa una cosa y tiene tales características, en África significa otra y tiene otras características diferentes. Este etnocentrismo occidental se presentaba como una barrera que limitaba y hacía imposible la comparación globalizada. Con respecto a esto, el mismo Almond (1960) propone un cambio de paradigma, que viene de la mano con una revolución conceptual. Esta revolución -palabras mías no de Almond- necesita de una completa reconstrucción de conceptos, que logre categorías que sí sean comparables internacionalmente. A este propósito, Nohlen (2002), asegura que la comparación internacional debe ser el camino a seguir, porque es la forma de comparación que permite desarrollar tipologías y apreciaciones empíricas (p.6). Sartori (2011), para referirse al problema de la incompatibilidad de conceptos en diferentes contextos, expresa la necesidad de una reconstrucción en el lenguaje científico de la ciencia política, y utiliza la expresión de "categorías capaces de viajar” (p.272) como el objetivo que debe imponerse la disciplina en la utilización del método comparativo. Estas categorías

"capaces de viajar” , como las llama Sartori, son las únicas herramientas útiles en mundo policéntrico, en el que los estudios de la ciencia política están obligados a pasar de intra-área (internos a un mismo área) a cross-área/inter-área (entre las diferentes áreas del mundo) (Almond, 1960).

Para evitar este "estiramiento conceptual” (Sartori 2011, p. 291) en el que, siguiendo nuestro ejemplo, el estado africano responde al mismo concepto que el estado europeo, y donde entonces el término de estado se "estira” y termina connotando cualquier fenómeno parecido, sin estar delimitado, Sartori propone lo que llama una escalera de abstracción. En nuestro ejemplo anterior, el estado termina siendo todo y al mismo tiempo nada. Para combatir este problema, la

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escalera de abstracción busca, como lo dice su nombre, abstraer -s u b ir por la escalera- hasta conceptos más generales pero con un significado objetivo, no interpretables según las necesidades del investigador. El problema del

"estiramiento” radica en usar un mismo concepto, para connotar una larga serie de diferentes características, según como se quieran comprender. La escalera, al buscar siempre un concepto más general, busca reducir la connotación (forma subjetiva de comprensión) y ampliar la denotación (el significado objetivo de algo).

Esta abstracción, según Sartori (p.294), es la garantía de claridad conceptual, que además es capaz de usarse en comparaciones internacionales.

A forma de ejemplo, Sartori expone de qué manera Smelser (Smelser en Sartori 2011, p. 295), en un estudio de economía comparada, utilizó los principios de la escalera de abstracción y llegó a la conclusión de que el término "staff” (el más general y que denota más) es mejor que el término "administración” y que éste, a su vez, es mejor que "civil service” (el más específico y que connota más). Su explicación fue sencilla. El término de "civil service” no es aplicable en contextos donde los aparatos estatales no están estructurados, y la noción de administración - a pesar de ser mejor a "civil service”- está culturalmente condicionada. Esto implica que ambos términos no pueden consolidarse como "categorías capaces de viajar” , lo que vuelve al concepto de "staff” la elección más adecuada, y que sí se puede utilizar internacionalmente.

Siguiendo el esquema de Sartori, la presente investigación, al ser de carácter cross-área (Inglaterra-Colombia), y comprender la necesidad de construir categorías "capaces de viajar”, se propone la siguiente escalera (página siguiente).

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Niveles de abstracción

COLOMBIA INGLATERRA

Conceptos universales

Categorías "capaces de viajar”

Violencia directa relacionada con el fútbol

Conceptos generales

Definición del género

Pandillas de fútbol

Conceptos ideográficos

Definición contextual, análisis del caso particular

"Barras bravas” "Hooligans”

Figura no. 1 Escalera de a bstracción. Búsqueda de una conceptualización general de los términos “Hooligans” y “Barras Bravas”. Elaboración propia.

A partir de la figura no. 1, la unidad de análisis del presente trabajo comparativo se define como la violencia directa relacionada con el fútbol. Debido a que el concepto completo no resulta muy práctico (acortarlo más implicaría dejar de lado alguno de los dos elementos que lo compone: 1) violencia directa y 2) su relación con el fútbol), de ahora en adelante nos referiremos a él simplemente como violencia directa, pues se sobrentiende por el propósito de este estudio.

El proceso de abstracción nos permite consolidar un concepto que resulte comparable en ambos contextos. De las "barras bravas” y los "hooligans” , que son definiciones estrictamente contextuales y que no se pueden entender por fuera de los parámetros en donde fueron construidos los términos, se hace necesario pasar

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al siguiente nivel de abstracción. Así, metodológica y conceptualmente hablando, resulta imposible comparar ambas nociones, que se refieren al caso particular de cada país. Sería imposible hablar de los “hooligans” colombianos, por ejemplo.

Un nivel más general en la escalera abstracción nos lleva al concepto de pandillismo. Sin embargo, a pesar de que ambos grupos pueden ser considerados como pandillas, cada uno a su manera, la diferencia idiomática entre inglés- español, pone una serie de trabas. Por un lado, en Colombia, las pandillas son asociadas culturalmente con delincuencia común relacionada con el narcotráfico.

Así, el término de pandillas, suele vincularse a grupos de individuos organizados, en busca de un control territorial, generalmente inmiscuidos en negocios de microtráfico (Perea, 2007). Por el otro lado, en Inglaterra, el termino que se utilizaría sería el de “gangs” - “pandillas” traducido literalmente-. En este caso, la construcción histórica de éstas “gangs” también tiene un agregado cultural que está interiorizado en la mentalidad del ciudadano inglés. Este término, en realidad, no se diferencia en el uso del concepto de “hooligan” . Sin embargo, no es esto lo importante. Tanto las “gangs” como los “hooligans”, se vinculan de manera directa con el sector obrero marginado de las periferias de las grandes ciudades inglesas, donde la revolución industrial consolidó sectores de la ciudad con grandes desigualdades en los que se crearon guetos obreros y supuestos focos de delincuencia común (Vavel, 2011). Fue años más adelante, que el término

“hooligan” comenzó a usarse exclusivamente en contextos relacionados al fútbol.

De esta forma, un nivel de abstracción más alto, ya en la categoría de conceptos universales -q u e se pueden comparar a nivel global, cross-área, y que se consolidan como categorías “capaces de viajar”- permite la construcción de un nuevo concepto: violencia directa relacionada con el fútbol. Éste nuevo término, entonces, se propone como unidad de análisis. La investigación, por tanto, planea comparar cómo las políticas públicas de los gobiernos colombianos e ingleses buscan combatir la violencia directa relacionada con el fútbol.

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Recapitulemos. Vimos primero cómo los momentos históricos de cada caso están sincronizados, por lo que la variable del tiempo no obstaculiza el estudio. Luego, vimos de qué manera ambos casos escogidos son del mismo género, por lo que resultan comparables. Y por último propusimos un nuevo concepto universal, que solucionara el problema metodológico y conceptual en el que se suele caer debido a la diferencia de contextos en una comparación internacional. Ahora es importante definir qué información se va a utilizar.

Karl Deutsch (1967) enumera los tipos de documentos y de datos que se pueden utilizar en una comparación en ciencia política. Su clasificación es la siguiente: 1) datos agregados 2) datos de opinión 3) datos electorales y de votaciones 4) datos sobre las élites 5) datos secundarios y 6) datos históricos. La explicación detallada de los tipos de información es desarrollada por Deutsch en su texto. Como se sale del objeto de estudio del presente documento, nos limitamos a decir que se utilizarán 1) datos electorales y de votaciones (que en este caso se refieren a la legislación desarrollada por ambos países para combatir el problema público. En ambos casos estas votaciones legislativas desembocan en leyes que a su vez se traducen en política pública. La comparación de la legislación desarrollada en ambos países conforma el núcleo del estudio comparativo). A las leyes se le suma el uso de: 2) datos secundarios (estos se refieren a prensa escrita, la fuente de datos principal socializando la crisis en los estadios y los avances en materia de medidas tomadas por los gobiernos. 3) datos de opinión (obtenidos a partir de entrevistas. Estos datos muestran niveles de percepción y opinión de la población).

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4. POLÍTICAS PÚBLICAS DIRIGIDAS AL CONTROL DE LA VIOLENCIA DIRECTA EN COLOMBIA E INGLATERRA

Cuando un fenómeno como la violencia en los estadios se sale de control, cuando se desplaza a la población civil de sus espacios regulares, de actividades que se han vuelto cotidianas y cuando los núcleos familiares se ven afectados significativamente, es entonces cuando la sociedad clama por las instituciones estatales para que tomen medidas de contención, para que desarrollen políticas y propuestas que permitan solucionar las crisis que afectan a la sociedad. Esto, en otras palabras, implica que el problema de la violencia en escenarios futbolísticos se consolida como un problema público (Sabatier, 2007). Ante este escenario, el Estado y el gobierno de turno son -e n teoría- los entes reguladores y vigilantes de los derechos y deberes de los ciudadanos, por lo que es imprescindible que se expidan medidas que permitan que la plena garantía y protección de los derechos en la sociedad.

Así, el Estado debe actuar como un ente contencioso, las normas creadas para su establecimiento, desde su Constitución Política, pasando por sus leyes, jurisprudencia y cualquier otro ordenamiento legal de tipo nacional o local, están dirigidas a establecer una sociedad justa, a salvaguardar la seguridad y dignidad ciudadana y a proteger todos los derechos de los mismos ciudadanos, esencialmente los derechos fundamentales.

Es por esto que desde la Constitución Política la normativa protege a los ciudadanos de ataques efectuados por terceros contra su integridad física y moral.

El Estado se encuentra, de todas maneras, facultado y obligado a tomar medidas especiales cuando la ley no contemple este tipo de medidas, o cuando no tenga una legislación desarrollada ni tipificada para tratar un problema público como el de la violencia directa en el fútbol. Esta reacción es la protección que el Estado en

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derecho debe procurar a los habitantes de la nación, y que adicionalmente necesita de los tres poderes para que su estructura, articulación e implementación sean efectivas.

Si bien existen normas que permiten regular el orden público, la situación de violencia en los estadios es un contexto para el cual la normativa Colombia e inglesa no estaban preparadas en su debido momento. Es por ello que estos Estados debieron desarrollar políticas nuevas que permitieran que este fenómeno no se extendiera y que adicionalmente fuera contenido. Si bien las políticas de protección al ciudadano de la violencia en los estadios fue expedida y articulada desde los entes legislativos, como el Congreso colombiano y el Parlamento inglés, las instancias judiciales debían ponerlas en marcha, como parte de su implementación. Al existir la ley, y si esta es suficiente, las instancias judiciales permanecen como garantes del cumplimiento de estas leyes y políticas, adicionalmente acompañadas con instituciones que paralelamente deben tomar medidas preventivas.

Estas otras instituciones deben encargarse de establecer un moldeado social que permita superar las causas que originan los problemas, pues si bien la violencia en los estadios es un problema actual, sus causas son situaciones que se generan en el pasado, un pasado que puede estar malogrado por problemas sociales subyacentes y que necesitan quizás mayor atención. Como se dijo en páginas anteriores, el presente estudio se limita a la violencia directa estrictamente. Sin embargo, las políticas estatales tienen que ser menos miopes en el abordaje del tema y buscar tratar el problema desde sus causas estructurales y culturales, no sólo desde una perspectiva de represión a violencia visible.

A continuación se exponen de manera breve las políticas que los Estados colombianos e inglés establecieron para el control de la violencia en el fútbol

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dentro de los escenarios deportivos. Luego, se procederá a realizar la comparación entre ambas.

4.1. COLOMBIA

Para poder enfrentar el fenómeno de las barras bravas, en Colombia se han ido implementando una serie de programas, proyectos, leyes y normatividad que buscan reducir y cuando sea posible eliminar los factores que conllevan a la formación de grupos de "barras bravas” violentas, o atenuar los efectos violentos de su participación antes, durante y después de los eventos deportivos, sobre todo en el fútbol, que es el escenario típico de la formación de este tipo de grupos organizados.

Dentro de las políticas gubernamentales que como un plan estratégico ha desarrollado el gobierno colombiano se encuentra el Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol 2014-2024 (Ministerio del Interior, 2014).

4.1.1. Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol 2014-2024

La siguiente información se extrae del Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol 2014-2024, promulgada por el Ministerio del Interior. Este plan se desarrolló basado en la Encuesta Nacional realizada por el Centro Nacional de Consultoría.

Este Plan Decenal está orientado a la creación de un marco institucional que permita la regulación de la actividad deportiva, con la finalidad de establecer un control directo sobre el fenómeno de la violencia. Está implementado con una serie de instituciones, normas, marcos legales, programas y planes con sus

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debidos objetivos y estrategias, que se apoyan mutuamente para ejercer un mayor control sobre el mencionado fenómeno.

El Plan Decenal de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol 2014 - 2024 tiene dos grades marcos de actuación. El primero es “Hacer del fútbol un espectáculo integrador, cohesionador y transformador de la comunidad, que se desarrolle de manera pacífica, segura y en convivencia” (Ministerio del Interior, 2014: pp. 78). El segundo se enfoca en “Fomentar el desarrollo social y comunitario, haciendo uso del fútbol recreativo como herramienta de construcción de ciudadanía para la paz y la convivencia” (Ministerio del Interior, 2014: pp. 141).

Para lograr estos objetivos primordiales, se han elaborado una serie de líneas programáticas que incluyen en la primera parte (Ministerio del Interior, 2014):

- Un fortalecimiento legal.

- Un fortalecimiento institucional que permita y apoye la ejecución del Plan Decenal.

- El fortalecimiento de la seguridad y de la comodidad en los estadios para consolidar al fútbol como espectáculo.

- Fortalecer la convivencia en cuanto al fútbol dentro y fuera de las canchas.

- Fortalecer la investigación académica y social en relación con el fútbol.

En cuanto a la segunda parte, la relaciona con el desarrollo social y comunitario utilizando al fútbol recreativo en la construcción de ciudadanía para la paz y la convivencia, se han diseñado los siguientes programas (Ministerio del Interior, 2014):

- Promoción de la salud y prevención de las enfermedades.

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- Fútbol recreativo en la educación formal y no formal, como herramienta para la formación en valores democráticos, convivencia y derechos humanos en niños, niñas y adolescentes.

- Programa de fútbol recreativo y grupos étnicos.

- Fútbol e integración de personas con habilidades diversas.

De acuerdo a los lineamientos del Plan Decenal, si bien existe una política encaminada para poder recuperar y ejercer el control de la violencia en los estadios de fútbol, también es cierto que se hace necesario que estas políticas cuenten con un marco legislativo que permitan su aplicación. Las políticas se muestran como un acercamiento del Estado a dar soluciones a los problemas de los ciudadanos, pero son las leyes la base de los marcos de acción que tipifican y regulan tanto delitos como actitudes en una sociedad. La institucionalidad que se hace necesaria para combatir la violencia relacionada con el fútbol está también regulada por ley. Veamos el desarrollo legislativo en esta materia.

4.1.2. Ley 1270 de 2009 - Ley 1445 de 2011

La ley 1270 de 2009

por la cual se crea la Comisión Nacional para la Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol y se dictan otras disposiciones” tiene como objetivo principal el desarrollo institucional para afrontar la crisis violenta en los estadios. La Comisión Nacional de Seguridad, Comodidad y Convivencia en el fútbol se encuentra conformada por los Ministerios del Interior, Educación y Cultura, así como también por Unidad de Gestión del Riesgo, Federación Colombiana de Fútbol, Coldeportes, Dimayor y la Policía Nacional, da cuenta constantemente sobre la forma en que se vigila y controla la violencia en los estadios (Ministerio del Interior, 2014). Esta comisión ha tomado medidas para poder garantizar la seguridad en los escenarios deportivos, como la carnetización de los hinchas, el acompañamiento permanente de los menores edad por un

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adulto responsable, tal como lo detalla el Gobierno de Colombia a través del Portal de Participación ciudadana, también llamado Urna de Cristal (2013).

El marco jurídico de la ley 1445 de 2011, que modifica la ley 181 de 1995 "por el cual se dictan disposiciones para el fomento del deporte, la recreación, el aprovechamiento del tiempo libre y la Educación Física y se crea el Sistema Nacional del Deporte” , desde el artículo 13 al 18, títulos V y VI, estableció una vigilancia que debía ser compartida entre los clubes deportivos y las autoridades, multas y sanciones por situaciones de violencia, ingreso de arma de cualquier tipo, estupefacientes, invasión del terreno de juego, incitación a la agresión física o verbal, daños a la infraestructura física de los escenarios deportivos y zonas aledañas (Ley 1445 de 2011).

Estando ya a más de cuatro años del desarrollo legislativo en materia de regulación futbolística, en 2011, se empiezan a observar reacciones sobre su efectividad que lanzan serias dudas sobre si esta ley es lo que realmente requería el fútbol para evitar la violencia en los estadios. Los partidos en canchas cerradas al público debido a anteriores enfrentamientos entre barras bravas y la fuerza pública son una de las manifestaciones sobre esta inefectividad, pues si bien la ley se basó en trasladar parte de la responsabilidad sobre la violencia a las entidades deportivas, como clubes y organizaciones deportivas, dejando a la fuerza pública la otra parte de la responsabilidad, su aplicación ha sido deficiente y sólo ha conformado un efecto placebo, pues no ha sido aplicada en su totalidad. (Álvarez, 2015).

Una de las razones por las que esta ley no se considera efectiva es que el Estado trata el problema como una situación de orden público, con políticas orientadas al mismo tipo de control, pero no ha enfocado el problema como un fenómeno de orden social, en el cual las raíces se localizan dentro del mismo seno de los hogares colombianos, y de la sociedad en general. Otra razón por la que la ley

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podría considerarse inoperante es que se creó esta normatividad antes de confirmar la existencia de estructuras institucionales que permitieran su correcta aplicación, incluyendo las estructuras internas de los clubes deportivos futbolísticos. Miguel Yusty (2015) considera que los clubes deportivos no han sido muy colaboradores con el gobierno, en cuanto a la implementación de los aditivos técnicos que deberían instalarse en los estadios, como cámaras especializadas y dispositivos biométricos que permitan la fácil identificación de aquellas personas que motivan violencia en los estadios de fútbol durante los partidos, a lo cual suma su apreciación de que varios clubes deportivos apoyan el barrismo como método para provocar mayor presión sobre el equipo contrario. Esto lleva a tener en consideración si la participación de los clubes deportivos en la prevención de la violencia en los estadios es muy escasa o nula.

Adicionalmente, los contratos para proveer e instalar los mecanismos de control, como las cámaras de vigilancia con reconocimiento facial y otras herramientas de reconocimiento biométrico, todavía no han sido asignados en su totalidad en los diferentes estadios, por lo cual la identificación de los asistentes se hace imposible, lo que también imposibilita la aplicación de sanciones contra los transgresores, obligando a recurrir al viejo mecanismo de la denuncia ciudadana (Álvarez, 2015). Muchas de estas consideraciones se tendrán en cuenta a la hora de realizar la comparación. Por ahora, era importante exponer los tres pilares de la normatividad colombiana en relación con la crisis de la violencia en escenarios futbolísticos.

4.2. INGLATERRA

Los altos índices de dinámicas violentas en los estadios británicos obligaron a la implementación de drásticas medidas para contrarrestar los efectos negativos de las barras bravas en Inglaterra, mejor conocidos como “Hooligans” . El gobierno

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británico dispuso de un compendio de 10 medidas básicas que se combinan entre medidas de tipo administrativo ordenadas por Margaret Thatcher y de tipo legal para poner orden en sus estadios de fútbol bajo el denominado informe Taylor, además de las instrumentadas en la Football Offences Act 1991 y el Football Spectators A ct 1989. Estas medidas son las siguientes (El Tiempo, 2008):

1) El Estado comprendió que debía atacar el problema de raíz. A través de un estudio determinaron que el problema era sociocultural del país, no exclusivo de los estadios. Dos problemas sociales fueron identificados como los principales, la ruptura del núcleo familiar o su inexistencia. (Esta

"medida” es, sin embargo, retórica. Se asume el problema como sociocultural pero se decide tratar la problemática desde un enfoque autoritario y represivo. Las otras 9 nueve medidas dan cuenta de ello).

2) Así mismo, se tipificó como delito especial la violencia en escenarios futbolísticos, lo que permitió penalizar a los violentos y sus acciones.

3) Se crearon multas y sanciones para aquellas instituciones y establecimientos que permitieran la aglomeración de hooligans en sus predios.

4) Se crearon cuerpos élites especializados policiales. Además, se adiestraron policías secretos que se infiltraron en las barras hooligans, permitiendo conocer sus modos operativos. Se lograron 35 cadenas perpetuas y aproximadamente 5.000 hooligans con prohibiciones.

5) Los clubes se especializaron en cuanto a su personal de logística.

6) Los criterios de seguridad en los estadios fueron unificados.

7) Se implementó tecnología especial de vigilancia en los estadios para la detección de las acciones violentas, no sólo de los hooligans, sino de todos los asistentes.

8) Se colocaron silleterías en todas las tribunas de todos los estadios.

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9) Los equipos tuvieron que adoptar medidas preventivas y correctivas, debido a que el Estado les otorgó los créditos necesarios para realizar estas operaciones.

10) Se implementó una carnetización del hincha para poder controlar los antecedentes judiciales.

Si bien estas medidas no eliminaron a los hooligans por completo ni a su violencia, logró que al menos fueran localizables, mientras que despejaron a todos los estadios de este tipo extremo de violencia.

Esta es una ley que se dirige al control de la violencia en los escenarios deportivos futbolísticos y que encara actuaciones ilegales y violentas por parte de los participantes o hinchas, cubriendo dos horas antes del comienzo del partido y una hora después de su finalización. La ley califica el lanzamiento de objetos o

"misiles” hacia la cancha o hacia otros espectadores como actos delictivos, así mismo como los cantos racistas o indecentes, o el descender desde las gradas hacia la cancha, y penaliza todas estas conductas con las disposiciones de la ley inglesa (Legislation.gov.uk, 1991).

Estas leyes promovidas en Inglaterra parecen ser insuficientes y tal vez poco efectivas por su carácter represivo, frente al que la violencia tiende a mutar en diferentes manifestaciones en sus mismas dinámicas. Sin embargo, detrás de estas medidas existe un cuerpo institucional robusto y desarrollado, de la mano de un personal capacitado y de los estudios pertinentes que permitieron su plena ejecución y éxito en su aplicación.

(33)

5. COMPARACIÓN

Como se afirma en el diseño de la investigación, el presente estudio toma el caso inglés como un ejemplo exitoso en la lucha contra la violencia directa en escenarios deportivos. Es por esto que resulta efectiva la elección de las diez medidas adoptadas por el gobierno inglés para disminuir la violencia directa en los estadios, como categorías de comparación. Si partimos del supuesto de que dichas diez categorías garantizan un camino recomendable para la consecución del objetivo propuesto por la política pública colombiana, las diferencias y semejanzas entre dichas categorías permiten dar luces sobre los obstáculos y las ventajas de las que dispone el caso colombiano. Es claro que cada categoría varía contextualmente en su aplicación, y que varias de ellas resultan más o menos importantes que otras. Estas diferencias serán tratadas a partir de un estudio cualitativo de cada una de las medidas. Así, por ejemplo, las multas y las sanciones para los establecimientos aledaños que reciben “hooligans” cobran un valor más importante en el caso inglés, pues culturalmente los grupos de

“hooligans” se construyen alrededor de los bares (BBC Mundo, 2015). En Colombia, por el contrario, las “barras bravas” no tienen una incidencia en los establecimientos comerciales aledaños a los estadios. Para cada categoría, de esta manera, se hará un análisis detallado de corte cualitativo.

La siguiente tabla permite ilustrar de forma más clara el ejercicio comparativo.

Luego, se hará la comparación individual de cada variable. Es importante resaltar, como se dijo en el diseño de la investigación, que la efectividad en la aplicación de las medidas al caso colombiano se medirá a partir de la percepción, luego de una revisión exhaustiva de los medios de comunicación. Los medios que se tomaron en cuenta fueron los grandes periódicos y medios de las grandes ciudades del país, en donde el problema de la violencia en el fútbol resulta más crítico: El Tiempo, El Espectador, El Colombiano, El País, El Heraldo, Semana y Caracol.

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Además de la variedad regional en la elección de los medios de comunicación - y su mayor alcance poblacional-, la elección recoge medios de comunicación de diferentes posiciones políticas e ideológicas.

Medida propuesta por política pública

Aplicació n en el caso inglés

Efectivida d de la aplicación en el caso Inglés

Aplicación en el caso colombian o

Efectividad de la

aplicación en el caso colombiano

1. Identificación como problema

sociocultural

Sí (de forma retórica)

No (por su carácter retórico)

Sí (de forma retórica)

No (por su carácter retórico)

2. Tipificación de delitos especiales

Sí Sí Sí (de forma

retórica)

No (por su carácter retórico)

3. Multas y sanciones para

establecimientos comerciales aledaños

Sí Sí Sí Sí

4. Policía

especializada e Sí Sí No No

(35)

infiltrada

5. Especialización logística de los clubes

Sí Sí Sí (de forma

retórica)

No (por su carácter retórico y la

poca voluntad de

los clubes)

6. Unificación de criterios de seguridad en los estadios

Sí Sí Sí Sí

7. Tecnología especial de vigilancia

Sí Sí Sí Sí

8. Aplicación de silletería generalizada

Sí Sí Sí (pero

solamente en algunos)

estadios)

No (Se realizó por

otros motivos diferentes a la violencia,

además

(36)

requiere de otros aditamentos

que no son solamente

silletería para su completa

ayuda)

9. Establecimiento de créditos estatales para la

consecución de los otros criterios

Sí Sí No No

10. Carnetización de

los hinchas Sí Sí Sí Sí (Aunque

todavía se están haciendo pruebas y hay muy

pocos carnetizado

s alrededor del país) Matriz no. 1. Matriz de comparación. Ela boración propia.

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1. identificación como problema sociocultural

Descripción: esta categoría se refiere al enfoque de la política pública. Responde a la visión que se tiene del problema público. ¿Es un problema de índole social, político, de cultura, de seguridad?

La política pública inglesa, como primer principio, establece que la problemática a tratar es de índole sociocultural. Su explicación, más a fondo, se refiere a la falta de un núcleo familiar consolidado. Por el otro lado, el Plan Decenal colombiano, estipula que tiene dos perspectivas, una a largo plazo y otra a corto plazo. A largo plazo, el problema también se trata como sociocultural, y se asegura que la mejor forma de combatirlo es a través de la educación en derechos humanos y cultura para la paz. A corto plazo, en cambio, el problema debe ser atacado con medidas policiales (Ministerio del Interior, 2014).

Ambas políticas parecen entender la crisis violenta en los estadios como un fenómeno de causas sociales y culturales que es necesario combatir a partir de la formación de ciudadanía. Sin embargo, es conocida la diferencia entre la ley escrita y la ejecutada. En este sentido, la definición del problema como sociocultural se convierte en una figura retórica, políticamente correcta, que no adquiere ninguna trascendencia en el mundo práctico. Esto, en otras palabras, implica que la categoría existe en las políticas públicas de ambos países pero no es aplicada ni ejecutada, sino que sirve como chaleco antibalas ante las posibles críticas a medidas puramente autoritarias y de seguridad. La demostración empírica de esta afirmación reside en hacer una mirada al resto de las categorías.

Desde una mirada crítica es sencillo ver la contradicción entre la primera categoría y las otras nueve. Mientras la primera asegura que el problema es sociocultural el resto busca combatir un problema estrictamente de seguridad. ¿Es gratuita esta contradicción?

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El caso colombiano no difiere en gran medida del inglés. La visión a largo plazo parece adquirir una importancia fundamental desde una perspectiva de cultura de paz. Sin embargo, todas las medidas pragmáticas y ejecutables del Plan son de carácter policial. La educación en derechos humanos se trata desde un discurso retórico: "se prom overá...” "el consejo organizará” "los derechos humanos serán fundamentales” , etc. La pregunta en este caso sería: ¿qué es eso que se promoverá y se organizará? ¿Hay alguna medida concreta? El Plan no las propone. En cambio, sí existe un plan con acciones concretas para la carnetización de los hinchas, para la ubicación de cámaras de seguridad. ¿Qué resulta finalmente más importante?

En conclusión, esta categoría está presente en ambas políticas públicas pero sólo en el papel. Su efectividad en el caso colombiano (al igual que en el inglés) es por lo tanto nula. Sin embargo sí responde a una estrategia política de chaleco antibalas para evitar críticas y tener argumentos en respuesta a posiciones opositoras.

2. Tipificación de delitos especiales

Descripción: esta categoría se refiere al desarrollo legislativo en tema de tipificación y conceptualización de nuevos delitos relacionados con la violencia en el fútbol.

La política pública inglesa, en esta categoría, se muestra inflexible. El principio de cero tolerancia al vandalismo y la violencia se hace notar desde el gobierno de Margaret Thatcher (1979-1990), de corte abiertamente autoritario. Así, se desarrollan delitos especiales en torno al mundo futbolístico. El lanzamiento de

"proyectiles” a las canchas, la invasión del terreno de juego, el estado de embriaguez o porte de sustancias psicoactivas, el canto de barras de contenido racista o discriminatorio, entre otras, son ejemplos de conductas que se empiezan

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