Que bien se está aquí

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Lunes 13 de marzo

Que bien se está aquí…

Siempre me ha gustado comparar la vida con la subida a una montaña, vamos cada día, acumulando experiencias en cada paso, vamos cada día, superando dificultades cuando la pendiente es más pronunciada, vamos cada día, estando un poco más cerca de la cima.

Hay días en los que el cielo se nubla, aparecen los actos egoístas, el no escuchar a los demás, ni siquiera a Dios, y todo esto nos impide ver más allá. Nos sentamos, nos acomodamos en un lugar y es entonces cuando nos rendimos. Pasa el tiempo, y cuando casi nos hemos olvidado de que nunca estamos solos, recuerdas que una vez alguien te dijo “en ocasiones no estamos preparados para observar la mano que nos tiende Dios y por eso dejamos de subir” Esa voz nos hace sentir una explosión de emociones dentro de nosotros, y en ese momento te das cuenta de que todo este tiempo podías ver un rayo de luz asomando entre las nubes, pero tenías los ojos cerrados, Dios te ofrece su mano para que cuentes con él, y sigas caminando. Sientes que en cada paso, Dios te perdona, sientes en cada paso a todas las personas que en algún momento de tu vida hicieron algo por ti, hasta que traspasas las nubes y ves un precioso horizonte iluminado por el amor de Dios.

Esta semana Jesús disfruta y hace disfrutar a sus amigos. Gozan de la luz, de esos momentos que la vida nos regala de vez en cuando en que nos sentimos realmente a gusto, centrados, auténticos, vivos, capaces, felices…

Algunos te dirán que fueron imaginación tuya, otros que son excepciones y la vida no es así… Pero otros, como Jesús, te pedirán una y otra vez que los recuerdes, que no lo olvides, que lo grabes a fuego en tu corazón.

¡Recuerda tus momentos de luz y gozo y así no perderás nada de lo que vivas en ellos!

En momentos de dificultad y oscuridad esos momentos, esas experiencias, son un verdadero faro para seguir adelante. La esperanza de un tiempo mejor, un trabajo mejor, una relación mejor, una familia mejor, una vida mejor… se sostiene con esa luz que nosotros sabemos que es real porque ya hemos vivido en primera persona un “poquito” de ellas, un destello…

El buscador

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador ...

Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco

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antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención.

Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada…

Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar…

Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”.

El buscador se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?

El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre.

Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fue lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

Martes 14 de marzo

Hoy, Señor, al comenzar este nuevo día te ofrezco todo lo que soy y lo que tengo.

Te ofrezco las pequeñas cosas que suelo hacer cada día:

el esfuerzo que supone levantarse,

la rutina de vestirse, desayunar e ir al colegio, la monotonía de las clases

y la satisfacción de estar con mis amigos.

Te presento el tiempo de estudio y el descanso, la relación con mis padres

y el sacrificio de colaborar en las cosas de casa.

Gracias, Señor,

porque todo, aún lo más ordinario y cotidiano,

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poniendo amor en todo lo que hago.

Que al final del día, sienta la cercanía de tu presencia y la satisfacción de saber que en este día

he hecho lo que a ti te agrada.

Comprometidos con la justica

¿Nunca hemos oído aquello de que no es cuestión de buscar culpables si no de encontrar soluciones? A veces estamos tan centrados en nuestro egoísmo, en nuestras cosas, en lo que nos beneficia a nosotros que no queremos ver más allá, solo buscar nuestro propio interés e incluso si a alguien no le agrada lo nuestro, buscamos la discusión o el culpabilizar rápidamente a otro para seguir con nuestras cosas tranquilamente estemos donde estemos. Parece que no nos queda claro que el “yo” no puede existir sin el “tú” y que dando vueltas en un círculo cerrado no se puede llegar a ningún sitio. Quizás es hora de abrir los ojos para ver la verdad. Realmente lo que nos quiere decir Jesús hoy es algo muy parecido…

Lectura del santo evangelio según san Juan (2,13-25):

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»

Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron:

«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

No deja de sorprendernos ver a Jesús enfurecido, sacando a los mercaderes del Templo a latigazos. Una auténtica locura. Si lo pensamos bien, tiene su sentido, ¿Qué haríamos nosotros si entrásemos en la casa de nuestros padres y aquello se hubiera convertido en un mercadillo? Tendríamos que defender lo que es nuestro, lo que queremos, si no hiciéramos nada, ¡menudos hijos seríamos!

El amor que a Él le mueve a hacer eso es el que nos tiene que mover a nosotros para querer lo que tenemos, cuidándolo y mimándolo. Esto no es algo pasado, a día de hoy sigue habiendo “mercaderes” que invaden lo que más queremos y no precisamente personas, si no que los auténticos mercaderes son el egoísmo, la injusticia, la violencia, la opresión, la indiferencia, la desconfianza, la mentira, el “sin corazón”…

Sí, esos mercaderes son los que tenemos que echar de nuestra vida y continuar creyendo y construyendo día a día caminos nuevos para confiar en que este “mercado”

en el que vivimos puede acabar brillando con amor, que es de lo único que es culpable Jesús, de querernos tanto.

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Miércoles 15 de marzo Que sea valiente…

David añadió a su hijo Salomón: “Ánimo, sé valiente;

pon manos a la obra. No te asustes ni te acobardes, que el Señor Dios, mi Dios, está contigo. No te dejará ni te abandonará (…)” 1 Cr 28, 20.

En este tiempo de cuaresma, Jesús, se me hace evidente, más que nunca, tu valentía. Pero lo fuiste a lo largo de toda tu vida: te arriesgaste a tocar y dejarte tocar, te atreviste a que te conocieran (cosa que a veces yo no dejo que hagan conmigo), confiaste en los que nadie confiaba y dijiste, sin rodeos, que todo aquello que oprimía a las personas era injusto e iba en contra del proyecto de Dios, de su sueño para la humanidad. Dame de tu valentía, Señor, que este mundo la necesita.

Que sea valiente para sentir…

En este mundo de corazas y apariencias puedo vivir sin pena ni gloria. Lo superficial puede ocupar todo mi tiempo y mi espacio. Pero la vida es más plena cuando se expone, cuando se desvela y se deja al descubierto. Dame de tu valentía, para salir de mí mismo y mis seguridades y adentrarme en lo desconocido, y para dejar a otros acercarse tanto que lleguen a encontrarse con mi yo más profundo. Y cuando duela, sufrir con otro o contigo, nunca solo. Y cuando goce, celebrarlo en tu nombre e invitar a todo el mundo. Sincero, auténtico, amigo a las duras y a las maduras, dispuesto al dolor y a la alegría verdaderos.

Que sea valiente para denunciar lo injusto…

Si abro el corazón y ensancho la mirada, descubriré en mí, pero también en lo que me rodea, que no todo es justo. En mi entorno más cercano puedo ser testigo de injusticias: con mis compañeros, en el trabajo,… Hay otras historias que me rodean y que quizá no conozca en exceso, pero que me interpelan: la gente sin hogar, los presos, los parados,… Y lejos hay gente muriendo de hambre, oprimidos por la tiranía, sin derechos,… Dame valentía para decir la palabra oportuna, para no caer en el silencio que parece otorgar y aprobar,… a tu manera: a veces incisivo, otras paciente, pero siempre mirando por el bien de los otros, siempre buscando que este mundo se parezca más al Reino que anunciaste.

Que sea valiente para comprometerme...

Todo lo que siento, todo lo que experimento injusto y estoy llamado, de algún modo, a denunciar, puede arrastrarme a implicar mi vida, si me dejo.

Detrás de esas realidades quizá esté tu mano, Señor, queriendo atraerme a un verdadero compromiso. Ser sensible al mundo en que vivo puede hacerme sentir diversas llamadas. Dame la valentía de apostar por al menos una de ellas. Que ponga en juego todo lo que tengo y lo que soy, todo lo que sé, mis capacidades, mis inquietudes,… a una carta: tu voluntad, tu justicia… Aunque empiece poco a poco, que me mueva el deseo de ver y sentir MÁS, de anunciar y denunciar MÁS y de comprometerme y amarte MÁS. Mi juventud no será un impedimento, sino una oportunidad…

Quiero (Oración) Aquí estoy contigo Jesús, y quiero ser yo mismo de verdad.

Quiero entrar dentro de mi.

Quiero hacer camino hasta el desierto de mi corazón.

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Quiero tocar mi hondura y dejar de vivir desde la superficialidad.

Quiero, Jesús, descubrirme por dentro y vivir desde dentro.

Quiero tomar conciencia de lo que no soy, y de lo que soy, Quiero poner en mi vida razones profundas que me hagan vivir.

Quiero tener motivaciones sanas que me eleven a la altura, Quiero tener voluntad propia a la hora de decidir.

Quiero, Jesús, dejar la arena y apoyarme en roca firme.

Quiero ser original y no copiar modas, Quiero ser auténtico y no perder mi verdad por la imagen barata.

Quiero ser valiente, enérgico, decidido y no andar en duda contínua.

Quiero, Jesús, ser yo.

Ábreme el corazón a la escucha desde el silencio.

Ábreme el corazón al contacto de tu Palabra.

Quiero estar contigo a solas, en paz y en silencio porque se que me amas. Amén.

Jueves 16 de marzo

Primer misterio luminoso: El bautismo de Jesús.

«Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco"». (Mt 3,16-17)

En este misterio contemplamos la primera manifestación pública de Jesús adulto. Tiene unos 30 años. Los relatos de la vida de Jesús señalan su bautismo como la inauguración de su vida pública. Además, el bautismo de Jesús es la gran teofanía o manifestación de Dios en que por primera vez se revela el misterio de la Trinidad.

Ofrecemos este misterio Por los responsables de las naciones, para que se comprometan con decisión a poner fin al comercio de las armas, que causa tantas víctimas inocentes.

Viernes 17 de marzo

Lectura del evangelio de Juan

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al

pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

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Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»

La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»

La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»

Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»

La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.»

Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»

En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.

Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

Jesús se encuentra con una mujer pecadora de Samaría, tierra de gente con las que los judíos no se llevaban bien, por algunas diferencias religiosas. Por eso, le mujer no es amable con Jesús, quien inicia la plática pidiéndole agua del pozo. Con amabilidad y paciencia, Cristo se va presentando ante la mujer como el Mesías, y le dice que quien beba del agua que él puede dar, no volverá a tener sed. La mujer no entendía que Jesús no hablaba de la sed del cuerpo, sino del espíritu, y por eso le pide de esa agua. Ella termina por saber con quién está hablando, cuando Cristo le descubre su vida de pecado. Entonces quiere llenarse de él para corregir su vida y anunciarlo a todo el pueblo. Se ha llenado de Dios.

Cristo quiere encontrarse también con nosotros para que, frente a él, reconozcamos nuestros pecados, nuestras tristezas y angustias, y llenándonos de su Palabra y de su Amor, podamos levantar la cabeza y retomar el camino de la paz y el entusiasmo por la vida.

No nos engañemos pensando que las cosas materiales, la diversión, los vicios…

podrán llenar esos deseos de sentirnos bien. Sólo Dios puede saciar esa “sed” que todos tenemos de felicidad plena. Pero como la samaritana, tenemos que abrir nuestro corazón a Él.

En esta cuaresma dejemos que Cristo se acerque a nosotros y que nos dé de su

“agua viva” que perdona los pecados, da fuerza para luchar en la vida y para alcanzar la salvación.

¿He dejado que Cristo me encuentre en la oración, en la Eucaristía, en la confesión, en los consejos de los que me quieren…?

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Referencias

  1. El buscador
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