Programa socioeducativo para estimular el envejecimiento activo en adultos mayores
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(2) "Oh, hombres ancianos, regocijo del espíritu, gusto de los ojos, orgullo para los que nacemos, y gala y lustre rica de las copiosas remembranzas de la patria!" José Martí..
(3) Dedicatoria.
(4) A mis padres que son la luz de mi vida y mi faro guía. A Yeyanina, Gracie y Totico por todo su amor..
(5) Agradecimientos.
(6) A mis padres, por todo su apoyo y sacrificios en estos 5 años, por toda una vida de amor. A mi tutora Naida por sus consejos y oportunas sugerencias, por la confianza. A Maydell por la revisión detallada. A mi novio, por su apoyo incondicional y todo su amor. A mi familia, que desde la distancia se hizo presente durante todo el proceso. A Fernan, por sus consejos y su apoyo. A mis suegros y mi cuñada, por el apoyo y la preocupación. A Laura, por sus despertares amorosos, sus desayunos, por estos 5 años de comprensión y consejos. A Betty, betongui la niña grande, siempre cariñosa y preocupada. A Geisy, mi hermanita no peleona, confidente y amiga. A Yuliet, otra flaca con un carácter muy peculiar. A Tay, por ser única y dejarme compartir un pedacito de su mundo. A las nenas de 103 A de 900, por los acuerdos y desacuerdos. A todo el actual 5to año de Psicología Rosy, Luisa, Geily, Al profesor Isaac, por las constantes sugerencias. A todos los profesores que contribuyeron a mi formación, gracias por la oportunidad de superación. A Niurka, por compartir los espacios. A todos los adultos mayores que colaboraron con la investigación A Dunia, Annia, María de los Ángeles, Yamila, María Clara, Ana Elvira, Gilberto, Teresa, Ana, Maritza, Yumay,. A todos, Muchas gracias.
(7) Resumen.
(8) Resumen El envejecimiento poblacional es un desafío que a nivel internacional y también en Cuba, ha demandado nuevas miradas a la atención de los adultos mayores, en el sentido de lograr un envejecimiento activo generador de calidad de vida y bienestar. Este estudio tiene como objetivo, proponer un programa de intervención socioeducativa para estimular el envejecimiento activo en los adultos mayores del Reparto Universitario de Santa Clara. Se utiliza un paradigma cualitativo, siguiendo un diseño fenomenológico, en el que inicialmente se realiza un diagnóstico de las necesidades educativas de los adultos mayores, en el que emergieron necesidades asociadas principalmente a la participación social y el autocuidado referente a la salud, que se manifiestan en pobreza de intereses y motivaciones, representación negativa de la etapa, inadecuación de procesos autovalorativos como el autoconcepto y la autoestima que dificultan la aceptación del proceso de envejecimiento. Sobre esta base se realiza el diseño del programa basado en los presupuestos teórico- metodológicos del Enfoque Histórico- Cultural, la Psicogerontología, la Gerontagogía y la Educación Popular. Luego mediante juicio de especialistas se realiza la evaluación de la pertinencia, suficiencia y evaluabilidad del programa propuesto, categorías que los especialistas valoran positivamente. Como resultado de la investigación se realiza la propuesta del programa “Vivir… y no del cuento” para estimular el envejecimiento activo en los adultos mayores del Reparto Universitario, que concibe acciones educativas para tres dimensiones: los propios adultos mayores, los actores institucionales y/o profesionales y los residentes de la comunidad. Se brindan recomendaciones para la implementación del programa.. Palabras claves: envejecimiento activo, adulto mayor, programa de intervención socioeducativa..
(9) Abstract Population ageing is a challenge for the world and also for Cuba; it has demanded new perspectives to the attention of elderly people, in the sense of promoting an active ageing and providing quality of life and welfare. The objective of this study is to propose a socio-educational intervention program to encourage active ageing in elderly adults that live in Reparto Universitario in Santa Clara. A qualitative paradigm with design phenomenological was used, starting with a diagnosis of educational needs of elderly adults, in which associated mainly to social participation and concerning health self-care, emerged. These needs are mainly associated to lack of interest and motivations, negative representation of old age period, inadequate self- assessment processes such as self-concept and self-esteem that hinder the acceptance of the aging process. Based on the results, a program, following the theoretical and methodological positions of Historical - Cultural approach, the Psychogerontology, the Gerontagogy and Popular Education was designed. Subsequently, the relevance, sufficiency and possibility of evaluating the program were assessed by the specialists. These criteria were positively assessed by the specialists. As a result of the research, a program named "Vivir… y no del cuento” is proposed to promote active aging in elderly adults in Reparto Universitario, which conceives educational activities for three dimensions: the elderly people themselves, the institutional performers and / or professionals and community residents. Recommendations for the implementation of the program are offered.. Keywords: active ageing, older people, socio-educational intervention program.
(10) Índice.
(11) Introducción: ................................................................................................................................................. 1 Capítulo I: Fundamentos Teóricos ................................................................................................................ 7 1.1 Acercamiento teórico-conceptual al envejecimiento activo................................................................ 7 1.2. Educación al adulto mayor desde un enfoque socioeducativo. ........................................................ 16. 1.2.1 El programa socioeducativo en el adulto mayor. ................................................................... 26 Capítulo II: Marco Metodológico ............................................................................................................... 29 2.1. Enfoque y diseño metodológico....................................................................................................... 29 2.2. Etapas del proceso investigativo: ..................................................................................................... 29 2.3. Muestra: ........................................................................................................................................... 31 2.4. Técnicas empleadas: ........................................................................................................................ 33 2.6. Procesamiento de la información: .................................................................................................... 37 Capítulo III: Análisis de los Resultados ...................................................................................................... 38 3.1 Descripción del contexto................................................................................................................... 38 3.2. Diagnóstico de las necesidades educativas y potencialidades ......................................................... 39 3.2. Planeación del programa de intervención socioeducativa. .............................................................. 51 3.3. Evaluación del programa según juicio de especialistas. .................................................................. 63 Conclusiones: .............................................................................................................................................. 68 Recomendaciones: ...................................................................................................................................... 69 Referencias Bibliográficas: ......................................................................................................................... 70.
(12) Introducción.
(13) Introducción La adultez mayor se ha convertido en los últimos tiempos en un área de investigación importante, debido al aumento del envejecimiento poblacional a nivel mundial. En el mundo hay aproximadamente 400 millones de personas mayores de 65 años, el 16 % de la población total, que se agrupan principalmente en países de Europa Occidental y de Norteamérica. Para el 2025, se prevé que la población con más edad llegue cerca de 1,2 millardos y para el año 2050 a 2 millardos, con el 80 % de ellas viviendo en los países en vías de desarrollo. (OMS, 2002). De acuerdo con datos ofrecidos por la ONEI (2014b) en Cuba en el Censo de población y vivienda del 2012 la población es de 11 millones 167 mil 325 habitantes. Desde finales de los años sesenta y hasta alrededor del 2012 (aproximadamente 42 años), la esperanza de vida de los hombres cubanos aumentó en 8 años pasando de 68,6 a 76,5 años. Las mujeres por su parte ganaron 8,6 años, pasan de 71,8 en el período 1969-1971 a 80,4 en 2011-2013; son valores que tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres sitúan a Cuba entre los países de más alta esperanza de vida. Para el 2045 se prevé un 35,2 % de población de más de 60 años y solo un 13,5 % de menores de 15 años. Debido a los índices demográficos de baja fecundidad y alta esperanza de vida y a la reducción de los nacimientos, se presenta una disminución de la población en las primeras edades y por consiguiente un aumento en la proporción de adultos mayores, situación que se mantendrá hacia el futuro. (ONEI, 2014b). En Cuba el envejecimiento poblacional se viene produciendo de manera rápida y profunda, lo que en términos estadísticos solo es comparable con los países más desarrollados, pero se diferencia por la velocidad e intensidad en que ocurre y desde luego, por el contexto socioeconómico y cultural en que se producen estos cambios (ONEI, 2014a). La provincia de Villa Clara es la más envejecida del país, con el 21,9 % de la población que tiene 60 años y más. Santa Clara no está dentro de los municipios con mayor grado de envejecimiento poblacional, sin embargo, al ser la capital provincial posee la mayor cantidad de adultos mayores (51730), lo cual representa el 21, 5 % de la población. (ONEI, 2014b). El incremento de la población mayor de 60 años se debe a las políticas sociales de la Revolución. Pero esta situación se ha convertido en un reto por la necesidad de mantener la calidad de vida de los adultos mayores mediante políticas sociales en tres dimensiones: salud, (con adecuados servicios y atención médica, y programas que fomenten hábitos de vida saludables, de promoción de salud y prevención de enfermedades); participación, (para que las personas mayores sigan contribuyendo productivamente en la sociedad, tanto a través de empleo como de otras 1.
(14) actividades) y seguridad, (satisfaciendo sus necesidades sanitarias, sociales, económicas y de seguridad física); que garanticen el derecho de los adultos mayores a un “buen envejecimiento” (Zamarrón, 2013). Diversos autores han enfocado sus investigaciones hacia el “buen envejecer”, en el entendimiento de que no es más que una baja probabilidad de enfermar y de discapacidad asociada, un alto funcionamiento cognitivo y físico así como un alto compromiso con la vida (R. FernándezBallesteros et al., 2010; M. López, 2008; Rowe y Kahn, 1987). Independientemente a la diversidad terminológica, en la utilización de términos como envejecimiento exitoso, saludable, activo, positivo, óptimo, competente; confluyen muchos factores como, por ejemplo, el consenso casi generalizado de que es imprescindible la salud física y mental. Otros elementos comunes pero que varían en cada autor, son los relacionados a la participación y productividad social, las adecuadas condiciones económicas, la satisfacción con la vida y el entorno familiar, así como las actitudes positivas. En los últimos años la comunidad científica ha adoptado el concepto de envejecimiento activo propuesto por la OMS en 2002, el cual trasciende el bienestar físico y hace énfasis en la participación social. No se ve privativo de una sola etapa de la vida, sino como un proceso a lo largo del ciclo vital, es decir, como el resultado del proceso de envejecimiento, en el cual se optimicen las oportunidades de participación, salud, bienestar físico, mental y no viendo la vejez como una enfermedad. En el contexto cubano se han realizado algunas investigaciones sobre el envejecimiento activo en adultos mayores orientadas a intervenciones psicoeducativas para mejorar el estilo de vida, estimulación cognitiva en casas de abuelos, estudios de la esfera motivacional de los voluntarios de la Universidad del Adulto Mayor (Escalona, Martínez, y Rodríguez, 2016; Migueles y Jardines, 2016; Pernas, 2016; Ramos, 2016; Semino, 2016). En la provincia de Villa Clara los acercamientos a este tema incluyen interesantes propuestas gerontagógicas (T. García, 2007; Román, 2005), así como orientadas a la incorporación del adulto mayor a la práctica de ejercicios físicos, (Delgado, 2011; Miranda, 2012; J. Morales, 2012), de estimulación sociocultural desde una perspectiva de autodesarrollo comunitario (D. Martín, 2009). Como plantea Orosa (2011) prepararse para envejecer como sociedad también implica desmontar estigmas, diseñar nuevos espacios de desarrollo y promover una cultura gerontológica, que permita vivir la vejez de forma digna y protagónica, en la sociedad; lo cual conlleva a la 2.
(15) necesidad de educar a las personas mayores. Se concuerda con Román (2005) en que la práctica educativa para adultos mayores debe tener en cuenta la relación multidimensional de los fines del aprendizaje, las problemáticas del entorno físico y social del adulto mayor, sus intereses y se debe basar en el trabajo multidisciplinario. La educación de personas mayores debe ser activa, participativa, organizada en torno a las experiencias personales, gratificante, constructiva, colaborativa y cualificadora (Miñano y Martínez, 2011). Es necesario tener en cuenta que los objetivos del aprendizaje en los adultos mayores van más allá del rendimiento académico o la preparación profesional específica y debe tener un carácter desarrollador, estar orientado a fomentar la autonomía, autodeterminación, sociabilidad, pensamiento crítico, reflexivo; desarrollar habilidades para afrontar los cambios propios de la etapa, promover estilos de vida potenciadores del envejecimiento activo, la realización personal y la participación social. Numerosos autores reflexionan sobre la importancia de la educación de personas mayores, (Aparicio, 2013; Couso, 2010; R. Fernández-Ballesteros, 1998; N. García, 2007; Long, 2014; Orte y March, 2007; Requejo, 2007; Smith, 1999; Yuni y Urbano, 2005) la necesidad de estimularlos y propuestas interventivas orientadas a la socialización, la salud, económicas, lo que ha llevado al planteamiento de programas donde se instrumentan dichas intervenciones (Aparicio, 2013; Balboa, Pérez, y Sarasola, 2012; Bermejo, 2012; Bermúdez y Dueñas, 2009; Couso, 2010; R. Fernández-Ballesteros, 2007; B. López, 2013; P. Moreno-Crespo y M. Cruz-Díaz, 2012; PérezAlbéniz, Pascual, Lucas-Molina, y Cruz, 2013; Pugliese, 2014; Sáez, 2005; Sánchez, 2001). Moreno-Crespo (2015) defiende la relevancia de diseñar actuaciones socioeducativas orientadas a los adultos mayores, por los beneficios que se obtienen a corto y largo plazos, tanto por los destinatarios directos como por la sociedad en su conjunto; lo que contribuye a establecer “un proceso de inclusión, visibilización y ruptura de barreras, que apuesta por un colectivo adulto mayor presente activamente en la toma de decisiones y la participación social” (p.29). En el ámbito de los organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud se han aprobado legislaciones dirigidas a promover y estimular el envejecimiento activo por parte de los estados y las sociedades en general. De igual modo, en Cuba existe una cobertura legislativa que protege los derechos de los adultos mayores desde la Constitución de la República de 1976 hasta los actuales Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, los que aparecen recogidos en el Informe 3.
(16) Nacional de Cuba a CEPAL, en el marco de la Conferencia regional intergubernamental sobre envejecimiento en América Latina y el Caribe (CEPAL). En Cuba, se llevan a cabo programas de carácter nacional (Programa de Atención al Adulto Mayor en Cuba –PAAMC-, Cátedra de la Universidad del Adulto Mayor –CUAM-), dirigidos a este segmento poblacional. La CUAM, que es coauspiciada por el Ministerio de Educación Superior, la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y la Asociación de Psicólogos de Cuba (APC), por varios años ha estado ejecutando programas educativos para mayores en todo el país con satisfactorios resultados, en función de la concepción de esta alternativa de participación social como vía de superación cultural. Aunque se han obtenido resultados positivos en la implementación de estos programas nacionales, con el respaldo legal necesario para estimular el envejecimiento activo; así como las investigaciones orientadas a esta temática, aún no es suficiente el arsenal empírico que devenga en cambios de la realidad existente. En este sentido, surge una demanda real trasmitida a la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor por parte de adultos mayores del Reparto Universitario, para apoyar en la estimulación de un envejecimiento activo en su población más envejecida, en tanto existe: escasa participación activa en actividades sociales de una gran parte de los adultos mayores, lo que asocian a la carencia de espacios y oportunidades que ofrezca tanto la comunidad como la propia Universidad; así como a las dificultades en la urbanización de este reparto que afecta su seguridad. Esta demanda ha sido atendida desde el proyecto de investigación institucional vinculado a la CUAM “La Universidad del Adulto Mayor: una propuesta educativa desde y para la diversidad”, a través de acciones del Grupo Científico Estudiantil que ha realizado estudios previos en este contexto, donde emergieron las necesidades de adultos mayores asociadas al envejecimiento activo agrupadas en: necesidades económicas, de salud, de participación social, afectivas, de asistencia y seguridad social y de aprendizaje. (Alvarez, Ramírez, Fariñas, y Gutiérrez, 2014; Arencibia, 2015). A partir de lo anterior, se considera pertinente la realización de la presente investigación dirigida a atender la problemática del envejecimiento activo de los adultos mayores de Reparto Universitario desde la intervención educativa orientada a facilitar aprendizajes para un “buen envejecer”. Esto implica superar la postura asistencialista, centrándose más en las potencialidades de los adultos mayores para el enfrentamiento a sus reales problemas e implicación en la toma de decisiones de su propia vida. Por tal motivo se plantea como problema científico: ¿Cómo 4.
(17) estimular el envejecimiento activo en los adultos mayores del Reparto Universitario de Santa Clara? Objetivo general: Proponer un programa socioeducativo para estimular el envejecimiento activo en los adultos mayores del Reparto Universitario de Santa Clara. Objetivos específicos: Determinar los fundamentos teóricos y metodológicos en la educación de adultos mayores para el envejecimiento activo. Diagnosticar las necesidades educativas y potencialidades de los adultos mayores del Reparto Universitario de Santa Clara. Diseñar un programa para estimular el envejecimiento activo en adultos mayores del Reparto Universitario de Santa Clara. Evaluar por juicio de especialistas el programa para estimular el envejecimiento activo en adultos mayores del Reparto Universitario de Santa Clara. Para un mejor acercamiento a los objetivos, se formulan las siguientes preguntas de investigación: ¿Cuáles son las determinantes teórico- metodológicas en la educación de adultos mayores para el envejecimiento activo? ¿Qué potencialidades presentan los adultos mayores y el propio contexto del Reparto Universitario para un envejecimiento activo? ¿Cuáles son las necesidades educativas respecto al envejecimiento activo que poseen los adultos mayores del Reparto Universitario? ¿Qué características y componentes debe tener un programa socioeducativo diseñado para estimular el envejecimiento activo en adultos mayores del Reparto Universitario? ¿Cómo cumple el programa socioeducativo diseñado con los criterios de pertinencia, suficiencia y evaluabilidad, según juicio de especialistas? La novedad científica de la presente investigación consiste en la propuesta de un programa de intervención socioeducativa basado en las necesidades reales de los adultos mayores y sus potencialidades; que toma en cuenta, además, las características del contexto donde se desenvuelven, así como los requerimientos de la educación para adultos mayores y las características de la vejez. Desde el punto de vista práctico, el programa de intervención constituye 5.
(18) una interesante propuesta que puede ser de gran utilidad a los especialistas que trabajan en la atención a adultos mayores, para perfeccionar su quehacer profesional. El informe de investigación posee en su estructura tres capítulos, así como conclusiones y recomendaciones. En el primero de los capítulos se abordan las concepciones teóricas fundamentales que sustentan y justifican el diseño del programa para promover el envejecimiento activo. Se comienza con un acercamiento conceptual al envejecimiento activo, abordando el envejecimiento como proceso, la adultez mayor como etapa de desarrollo y los pilares del envejecimiento activo. Asimismo, se analiza la educación para adultos mayores desde un enfoque socioeducativo, las experiencias de educación universitaria para mayores y se examinan los programas socioeducativos para mayores. En el segundo capítulo se hace referencia al diseño metodológico del estudio y se describen los participantes de la investigación, las técnicas de recogida y análisis de datos; así como el proceso de diseño del programa y de evaluación de los especialistas. En el tercer capítulo, se presentan los resultados alcanzados durante todo el proceso. En un primer momento se realiza una caracterización de las necesidades educativas de los adultos mayores asociadas al envejecimiento activo, posteriormente se expone el diseño del programa, y el análisis del juicio de especialistas. Por último, se ofrecen conclusiones tras los análisis realizados, recomendaciones para futuros trabajos científicos, y la bibliografía empleada de manera que sirva como referente para próximos estudios acerca del tema.. 6.
(19) Capítulo I: Fundamentos Teóricos.
(20) Capítulo I: Fundamentos Teóricos 1.1 Acercamiento teórico-conceptual al envejecimiento activo El envejecimiento como proceso. Envejecer es un proceso natural, gradual, complejo y heterogéneo que origina cambios bioquímicos, fisiológicos, morfológicos, psicológicos, sociales y funcionales. El envejecimiento se debe analizar no como un problema, sino como un proceso, en tanto logro u oportunidad de la sociedad. Constituye un proceso de cambios desde que se nace hasta el final de la vida. El envejecimiento es un proceso con una gran variedad interindividual (A. López y Ortigosa, 2014) por lo que todas las personas no envejecen de la misma forma. Es también multicausal, en él intervienen la genética, la nutrición, la salud y diversos factores ambientales. El envejecimiento humano comprende dos esferas: el envejecimiento biológico y el cognitivo. El primero es un proceso progresivo, intrínseco y universal. Son alteraciones que se producen en el organismo con el paso del tiempo y que conducen a pérdidas funcionales y la muerte (Gómez, Lecunal, y Saiach, 2000). En el caso del envejecimiento cognitivo, se refiere al equilibrio cambiante entre pérdidas y ganancias en los procesos mentales a lo largo de toda la vida. La competencia intelectual continúa hasta edades muy avanzadas, sobre todo si las habilidades cognitivas se ejercitan de forma habitual (Aparicio, 2013). Para conocer la edad efectiva de las personas, se debe tomar en cuenta cuatro tipos de edades: la edad cronológica que se define por la cantidad de años cumplidos, la biológica que se centra en la afectación física del organismo, la social que establece el rol individual que se debe desempeñar en la sociedad y la psicológica que tiene que ver con la adaptación a las condiciones del medio. Con relación al estudio del envejecimiento se encuentran autores que ponen de relieve una visión positiva del mismo y los que subrayan los aspectos negativos de este proceso. Entre las teorías o modelos que subrayan los aspectos negativos, están las teorías biologicistas, que en su mayoría abordan las causas del envejecimiento orgánico y se centran en las pérdidas que en él acontecen una vez llegada la vejez. La teoría sociológica de la modernización de Cowgill y Holmeso parte de que en edades avanzadas los sujetos se encuentran en condición de inferioridad, así también la teoría de la desvinculación de Cummings y Henry defiende que la desconexión es un proceso inevitable que acompaña al envejecimiento, que conlleva a que la relación entre el individuo y la sociedad se altere e incluso llegue a desaparecer (citados en A. López y Ortigosa, 2014). 7.
(21) Entre las teorías psicológicas o modelos evolutivos que poseen una visión positiva a la hora de explicar los cambios que se generan con la edad se encuentran las que se basan en estadios (E. Erikson, 1950; E. Erikson, 1968; E. Erikson, 1985; Loevinger, 1976; Peck, 1959). Erikson parte del supuesto de que el hecho de que el ser humano recorra diferentes fases evolutivas. -. escalonadas por sus diferentes crisis- supone la idea de potencialidad, es decir la capacidad para la maduración y el progreso. Se destaca también, la teoría del ciclo vital que dentro de sus principales asunciones se halla la idea de que el desarrollo no se completa en la edad adulta, sino que se extiende a lo largo de toda la vida y que desde la concepción progresa a través de procesos de adquisición, mantenimiento, transformación y desgaste implicados en estructuras y funciones psicológicas. Este enfoque también acepta los procesos de asimilación, acomodación y adaptación en la vejez como forma de adecuarse a las ganancias y compensar las pérdidas (Baltes y Baltes, 1990). Una de las aportaciones de este enfoque es el reconocimiento a las diferencias individuales y a la capacidad de reserva o plasticidad (M. López, 2008). Precisamente Baltes y Baltes en 1990 proponen el modelo de optimización selectiva con compensación (SOC), que suscribe el carácter activo del individuo, al valorar que el sujeto reconociendo sus capacidades y limitaciones, se plantee objetivos y busque estrategias para alcanzar dichas metas. Por su parte, la teoría de la actividad propuesta por Tartler en 1961, desde una perspectiva psicosocial del envejecimiento defiende la idea de que para lograr un envejecimiento satisfactorio es necesario estar o permanecer activo. Esta propuesta plantea que el número y la calidad de las actividades realizadas son un factor determinante para el bienestar psicológico de la persona (A. López y Ortigosa, 2014). El envejecimiento activo. Varios autores han establecido tres tipos de envejecimiento para la comprensión de este proceso: normal, patológico y exitoso (Baltes y Baltes, 1990) Garfein y Herzog, 1995, citado por R. Fernández-Ballesteros et al. (2010). El envejecimiento normal es aquel que evoluciona sin patologías inhabilitantes, mientras el patológico se desarrolla en un organismo enfermo. Rowe y Kahn (1987, citados por R. FernándezBallesteros et al., 2010) constituyeron la diferencia entre envejecimiento normal y envejecimiento saludable, encerrando en este último concepto una menor proporción de sufrir enfermedades, manteniendo las capacidades conservadas y participando activamente en la sociedad. En este 8.
(22) sentido, se llega a un momento social en el que la persona, no envejece por circunstancias incontrolables a ella, sino que se convierte en el responsable de su propio envejecimiento. Se han utilizado disímiles términos para definir y tratar el buen envejecer tales como: envejecimiento “activo” “saludable”, “exitoso”, “óptimo”, “vital”, “productivo” (Baltes y Baltes, 1990; R. Fernández-Ballesteros, 2011; Fries, 2012; OMS, 2002; Rowe y Kahn, 1987). El término envejecimiento saludable fue empleado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1990, y posteriormente con motivo de la formulación del II Plan Internacional de Acción sobre Envejecimiento de Naciones Unidas en 2002, fue sustituido por el de envejecimiento activo, concepto multidimensional que abarca, trasciende y supera la buena salud y que está compuesto por un amplio conjunto de factores biopsicosociales (R. Fernández-Ballesteros, 2011), ya que el bienestar en esta etapa no se reduce a tener buena salud, sino que está asociado a otros múltiples factores. Es válido destacar que el término de envejecimiento “exitoso" y “óptimo” puede en algunos casos volverse impreciso, porque definir el "éxito" está en dependencia de la situación individual concreta, de las metas deseadas o de una circunstancia personal, como una enfermedad o la pérdida de un ser querido. No obstante a esto, desde la perspectiva de los teóricos, el envejecimiento con éxito está compuesto por un amplio conjunto de factores biopsicosociales; por ejemplo, Rowe y Kahn (1987), lo definen con los siguientes componentes: baja probabilidad de enfermedad y de la discapacidad asociada, alto funcionamiento físico y mental y alta participación social. Sin embargo, otros autores como Lher (1982) y Siegrist, Knesebeck, y Pollack (2004), enfatizan la valoración subjetiva y la satisfacción con la vida como elementos clave de un envejecimiento exitoso, resaltando la importancia de la actividad y productividad social. Por otra parte, en la literatura científica “envejecimiento activo” es un término que ha ido consolidándose en los últimos años. A pesar de que este concepto ha sido descrito mediante factores biopsicosociales, la investigación empírica lo ha reducido a variables funcionales y salud física y, aunque los autores consideran que los determinantes de este tipo de envejecimiento son también multi-dominio, su búsqueda e investigación ha sido igualmente reducida a los estilos de vida (R. Fernández-Ballesteros et al., 2010). Estos resultados prueban una cierta consistencia en la concepción a nivel mundial que se tiene del buen envejecer. Esto podría ser comprendido a consecuencia de la acción y esfuerzos internacionales en aras del bienestar del adulto mayor. Se prueba además la multidimensionalidad 9.
(23) del concepto, en cuanto incluye aspectos de salud, psicológicos y sociales. Sería por tanto reduccionista considerar que el buen envejecer está determinado por la longevidad, sino que hay que ver este concepto en estrecha vinculación con las necesidades individuales de los sujetos y con aquellos factores que están mediatizados por la cultura. Hoy en día, se ha tratado de superar la concepción que enfatiza en la salud como determinante fundamental del buen envejecer. En este sentido se destaca una en la que la acción y responsabilidad del individuo en su propio proceso de envejecimiento es fundamental. Mientras otros conceptos hacen referencia un tanto a la manera de transitar por el periodo de la vejez, esta concepción involucra todo el ciclo vital. Se trata de ir envejeciendo con calidad de vida. La Organización Mundial de la Salud define el envejecimiento activo como el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen (OMS, 2002). De acuerdo con R. Fernández-Ballesteros et al. (2010) se podrían clasificar en cuatro las dimensiones sobre las que intervenir a nivel de la “persona” en la promoción de un envejecimiento activo, siendo éstas: el estilo de vida y funcionamiento físico, el funcionamiento cognitivo, el funcionamiento afectivo y afrontamiento y el funcionamiento social y participación. La salud, la participación social, y la seguridad son pilares del envejecimiento activo sobre los que deben concebirse todas las políticas, estrategias y programas que estén orientados a estimular el mismo. Se entiende por salud el estado completo de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades (OMS, 1948). La salud es uno de los elementos fundamentales en una vida larga y a la vez satisfactoria. En la vejez, una buena salud es sinónimo de autonomía e implica la posibilidad de poder llevar una vida independiente. Para lograr la salud se requiere promover hábitos de vida saludable que obviamente incluyen la práctica de ejercicios físicos. Otros elementos a tener en cuenta serían: informar a las personas mayores sobre aspectos básicos la salud, las principales patologías en la vejez, concientizarlas sobre la relación entre comportamiento y salud. Para propiciar el bienestar psicológico las acciones deben encaminarse también a sensibilizar a las personas sobre la importancia de mantener los contactos sociales, dotándolos de habilidades para el mantenimiento de las relaciones personales, así como el inicio de otras nuevas; estimulando el empoderamiento de los mayores, mediante el reforzamiento de su autoestima y el desarrollo de 10.
(24) habilidades para la defensa de sus derechos y la toma de decisiones. Es importante la estimulación de los procesos cognitivos y afectivos, así como promover un estilo de ocio activo que contribuya a la salud física. El término participación tiene varias acepciones, participar significa ser parte de algo, tomar parte, compartir, implicarse, decidir. La participación es el involucramiento activo, personal o colectivo como sujeto de la actividad (Alonso et. al 2013 citados en Romero y M, 2014). Diferentes autores (Ander-Egg, 2003; 2007, Espina, 2006; González, 2003; D`Ángelo, 2004, 2010; Linares, 2004; Caballero y Jordi, 2004; Deriche, 2004, 2012 y Rebellato, 1997; citados por (citados por Romero y M, 2014) señalan la importancia de la categoría participación en los procesos de desarrollo para lograr la transformación de la vida en las comunidades, de ahí la necesidad de potenciar la participación de los sujetos y motivarlos en esa dirección. En esta concepción de envejecimiento, lo “activo” hace referencia a una participación continua en las cuestiones sociales, económicas, culturales, espirituales y cívicas, no sólo a la capacidad para estar físicamente activo o trabajar. Es claro que los adultos mayores, que poseen una rica experiencia de vida pueden y deben jugar un rol significativo en sus comunidades. Deets, (2000, citado por Engler, 2002) considera que la participación social “es la fuerza que determina, reconoce y expresa el derecho de todo adulto mayor a decidir cómo aprovechar su dividendo personal de longevidad”. En este sentido, en el Informe de la Segunda Asamblea Mundial de Envejecimiento de la ONU (2002) se aborda la cuestión de la participación activa en la sociedad y en el desarrollo, declarándose que los mayores deben tener la oportunidad de seguir contribuyendo a la sociedad, no solo desde el punto de vista económico, sino en otras funciones cruciales en la familia y la comunidad, como son el cuidado de otros, mantenimiento de los hogares, actividades voluntarias en la comunidad y la contribución en la preparación de las generaciones futuras. Se plantea además que la participación en actividades sociales, económicas, culturales, deportivas, recreativas y de voluntariado contribuye a aumentar y mantener el bienestar personal. La seguridad es un sentimiento que la persona tiene en relación con su situación presente y futura, tiene que ver mucho con la disposición vital de cada individuo, pero también tiene un componente objetivo y compete al estado establecer las políticas y condiciones necesarias para resguardar la seguridad de sus ciudadanos; de modo que es una conquista social e individual. Con relación al envejecimiento activo implica garantizar una protección adecuada frente a situaciones 11.
(25) de riesgo o necesidad. De ahí que sea necesario desarrollar políticas que provean condiciones de bienestar para los mayores, garantizando el acceso a cuidados de salud de calidad; seguridad financiera para mantener una vida digna; la seguridad física, evitando que sean víctimas de violencia o situaciones de maltrato, así como de accidentes, en lo que hay que atender las condiciones del entorno familiar y comunitario. María Isabel Romero enfatiza en la importancia de crear redes para la seguridad de las personas ante desastres naturales, accidentes, agresiones de cualquier tipo o el propio desempeño de la economía (Romero y M, 2014). De este modo el concepto de envejecimiento activo pone énfasis en el entorno, lo describe como un proceso continuo referido a todo el ciclo vital (y no tanto como resultado final) y hace referencia a los potenciales y cómo fomentar los mismos a través de diversos determinantes referidos a variables propias del individuo y del entorno físico y social que rodea al individuo y/o grupos de población. En realidad, este concepto pone en relieve la relación interactiva entre diversos grupos de variables. De acuerdo con la OMS (2002), la cultura es un determinante transversal incluido dentro del marco de comprensión del envejecimiento activo. Las tradiciones y los valores determinan en gran medida la forma en que una sociedad considera a las personas mayores y al envejecimiento. El género también es un determinante dentro de la comprensión del envejecimiento activo, teniendo en cuenta que en muchas sociedades las mujeres tienen una situación de inferioridad y un menor acceso a la educación, al trabajo, y a los servicios en sentido general. Existen otros determinantes relacionados con los sistemas sanitarios y los servicios sociales, pues de su accesibilidad, pertinencia y eficacia, depende en gran medida el poder asegurar a las personas un proceso de envejecimiento con calidad de vida. Estos servicios han de estar integrados y coordinados, responder a las demandas sanitarias de su región y atender cada paciente con esmero y cuidado sin importar edad, sexo o situación económica. La adopción de estilos de vida saludables y una participación activa, son también determinantes propuestos por la OMS (2002) para un envejecimiento activo. La biología, la genética de cada quien, los factores psicológicos como la inteligencia y la capacidad cognitiva, también determinan un envejecimiento activo. Los factores relacionados con el entorno físico, social, económicos, son enunciados igual por la OMS (2002) como determinantes para un envejecimiento activo. 12.
(26) Un enfoque desde el envejecimiento activo a las políticas y programas de desarrollo ofrece la posibilidad de afrontar muchos de los retos tanto de las personas como de las poblaciones que están envejeciendo. Las políticas y los programas del envejecimiento activo reconocen la necesidad de fomentar y equilibrar la responsabilidad personal, los entornos adecuados para las personas de edad y la solidaridad intergeneracional (OMS, 2002). La adultez mayor como etapa del desarrollo. La vejez es un concepto abstracto referido a la última etapa del ciclo vital, en la que se manifiestan una serie características y cambios que la distinguen de otras etapas de la vida. Los mitos optimistas e idealizados sobre la vejez han sobrevalorado esta etapa vital como edad de oro, en la que la persona mayor queda liberada de pasiones e impulsos juveniles irracionales, alcanzando plena libertad, sosiego en el ocio y paz, y la experiencia acumulada por los años aportan a la persona mayor suma discreción, prudencia y juicio. Así, refieren de forma exagerada haber llegado a la “mejor etapa de la vida”. Por el contrario, las interpretaciones negativas y peyorativas de la vejez, que son las más comunes, inciden en el deterioro de la persona mayor desde diversas perspectivas como la cronológica, la biológica o de salud, la psicológica o personal y la sociológica o comunitaria. Desde esta perspectiva negativa, los contenidos principales aluden a esta etapa como una enfermedad, etapa de inutilidad, de depresión y soledad. Estos estereotipos que se plantean sobre las personas mayores en nuestra sociedad son la justificación que ésta suele adoptar para el aislamiento de las personas de este grupo de edad (Carbajo, 2009). Existen también aquellas creencias que configuran otro tipo de prejuicios sobre la vejez y que están proliferando en la actualidad; estos son los confusionales que se orientan a evadir la identidad de ser mayor, diciendo que las personas mayores son “jóvenes con experiencia” o que la vejez es un “retorno a la niñez” (Orosa, 2014). La edad lleva consigo pérdidas significativas e irreversibles, sin embargo se puede plantear que la vejez es una etapa diversa y heterogénea (R. Fernández-Ballesteros, 1998) y no debe verse como una enfermedad. La adultez mayor, desde el enfoque histórico-cultural, es concebida como una nueva etapa de desarrollo. Es una etapa plena de potencialidades para el adulto mayor, que tiene la oportunidad de experimentar nuevas vivencias y continuar siendo de provecho para la sociedad. Se ubica. 13.
(27) alrededor de los 60 años, asociada al evento de la jubilación laboral. Inclusive hoy comienza a hablarse de una llamada Cuarta Edad para referirse a las personas que pasan de los 80 años. En la vejez ciertamente hay pérdidas y decrementos, como sostenían los viejos estereotipos; pero hay también ganancias, adquisiciones, incrementos y reorganizaciones, contrariamente a aquellas viejas creencias. Es una etapa evolutiva como lo pueden ser la infancia o la adolescencia, aunque sin duda con características peculiares. La competencia intelectual continúa hasta edades muy avanzadas, sobre todo si las habilidades cognitivas se ejercitan de forma habitual (Aparicio, 2013). El adulto mayor vive una etapa de momentos importantes que particularizan la nueva situación social de desarrollo, y van propiciando la aparición de necesidades y características diferentes a las de etapas anteriores. Los eventos vitales que generalmente son vivenciados por el propio adulto mayor en el sentido de pérdidas (jubilación, muerte de coetáneos, pérdida del cónyuge, entre otros), pueden provocar sentimientos y estados de ánimo negativos; si a esto sumamos los estereotipos sobre la etapa puede aparecer la depresión. Pero también aparecen eventos vitales que no son vivenciados negativamente como por ejemplo la llegada de los nietos. Esto explica la importancia del apoyo social desde el proceso de vinculación activa del adulto mayor a todas las áreas de la sociedad. Freund y Riediger (2012), analizan cuatro ámbitos de funcionamiento donde los cambios relacionados con la edad son consideradas pérdidas que amenazan el funcionamiento positivo en la vejez: los cambios fisiológicos y los relacionados con la salud, las habilidades cognitivas, las relaciones sociales, y las competencias de la vida diaria. Entre los cambios físicos característicos de esta etapa encontramos las arrugas, las canas, la curvatura en la postura y las manchas en la piel, son algunos de los más visibles y universales. El envejecimiento celular trae como consecuencia que el adulto mayor ya no tenga las mismas facultades físicas que antes, se cansa con facilidad, los huesos se vuelven más débiles y las articulaciones duelen. Los sistemas biológicos sufren un declive sustancial y fallan con facilidad. En cuanto a los órganos de los sentidos los cambios más llamativos se refieren al oído: presbiacusia (o sordera del envejecimiento) y a la vista por pérdida de visión debido a cataratas, glaucoma, retinopatía diabética o degeneración macular asociada a la edad. Además, hay otra serie de cambios que afectan a diferentes órganos y sistemas: mayor rigidez de las arterias, problemas de masticación, disminución de la función renal, menor tolerancia a la glucosa, entre otros. 14.
(28) Unido a esto aparece declive a nivel cognitivo principalmente en la memoria a corto plazo y la episódica y se destaca la lentitud en la capacidad de respuesta; mientras que la memoria semántica y la memoria procedimental se mantienen. El declive cognitivo, no impide que el adulto mayor pueda aprender ya que el aprendizaje en esta etapa se basa en la inteligencia cristalizada que se refiere a la experiencia acumulada y depende mucho de la estimulación que pueda recibir. En este sentido, Da Silva, da Silva, y Andressa (2010) critican la visión de la vejez como una etapa en la que no es posible el aprendizaje y proponen un paradigma de vejez y adulto mayor activo, participativo, ciudadano y con plenas condiciones para el aprendizaje. En el envejecimiento normal los adultos mayores mantienen su emocionalidad, aunque cambia su expresión. Se desarrolla la tendencia a disminuir el componente fisiológico de las emociones con la edad, bajo la interpretación de mayor previsibilidad de los eventos normativos. A pesar de lo anterior, la concientización del declive y como resultado de las pérdidas que sufre el adulto mayor en su rol social, pueden aparecer estados afectivos asociados al estrés como ansiedad, depresión e influir negativamente en la autoestima. Las necesidades, vivencias, sentimientos pueden estar permeados por los estereotipos hacia la vejez (gerofobia, viejismo). Aunque estos cambios no afectan emocionalmente igual a todos los adultos mayores, existiendo algunos que conscientes de su proceso de envejecimiento mantienen una adecuada autovaloración y su rol activo en la sociedad. De acuerdo con Fries en 1990 (citado por Freund y Riediger, 2012) los hábitos asociados al estilo de vida, tales como ejercicio regular, una alimentación equilibrada, y estimulación social e intelectual a través de la participación activa podría, al menos, posponer temporalmente o atenuar los decrementos fisiológicos asociados con el envejecimiento. La jubilación es uno de los eventos vitales que cobra gran significación para el adulto mayor, viéndola como uno de los primeros indicadores de que se ha pasado a una nueva etapa. En este momento las personas mayores disponen de mucho tiempo libre, algunos comienzan a encerrarse en sus casas. Por otro lado, algunos adultos mayores ven la jubilación como una oportunidad para comenzar a vivir, realizar algún hobby o alguna actividad que anteriormente no podían realizar. El matrimonio constituye el vínculo básico de compañía, en consecuencia, el fenómeno de la viudez, al igual que la pérdida del rol social con la jubilación potencian la aparición de neoformaciones como la elaboración del duelo y la representación de la muerte. El adulto mayor. 15.
(29) concientiza la proximidad de la finitud de la vida, lo que impacta en la forma de vivenciar estas pérdidas. La familia se convierte en la principal preocupación del adulto mayor. Los nietos se vuelven una fuente de alegría. La necesidad de autotrascendencia (neoformación principal de la etapa) y de comunicación se ve satisfecha en los conocimientos que transmiten a estos. Una necesidad básica en la adultez mayor básica es la comunicación (familia y coetáneos) y dos de sus características radican en la necesidad de ser tenido en cuenta y de trasmisión de experiencia. En la esfera social las personas mayores también indican necesidades de integración e intercambio social. Las personas ancianas que se retiran del trabajo y las que están enfermas o viven en situación de discapacidad pueden seguir contribuyendo activamente con sus familias, semejantes, comunidades y naciones. Es de vital importancia el desmontaje de la creencia que por ser mayores se detiene el proceso motivacional. La adultez mayor puede ser una etapa de auténtico desarrollo motivacional, con nuevas metas, proyectos de vida propios asociados a los contextos significativos. 1.2. Educación al adulto mayor desde un enfoque socioeducativo. El entendimiento de que la vida humana es un proceso de desarrollo de potencialidades que se expresan de diferente manera en cada etapa y que en consecuencia el ser humano puede aprender a lo largo de toda la vida, ha cambiado el paradigma que asociaba el envejecimiento al deterioro, al desgaste y a la progresiva desvinculación e inactividad. Por tanto, el proceso educativo es ininterrumpido, continuo, permanente, que deberá atender las particularidades de cada etapa de la vida. La educación para el adulto mayor surge a partir del creciente envejecimiento poblacional a nivel mundial y la necesidad de promover un envejecimiento activo, saludable, para una mejor calidad de vida. Los adultos necesitan espacios donde crecer, crear y recrear, comunicarse, transmitir sus experiencias, continuar con la formación personal, aprendiendo y enseñando. Los adultos mayores deben tener las mismas oportunidades de aprendizaje, crecimiento y desarrollo como cualquier persona en otra etapa de la vida. Generalmente se asocia la adultez mayor como una etapa en la que todo se sabe, pero no es así. Según Smith (1999) ya Thorndike había planteado en 1928 que la capacidad para aprender en los adultos no disminuía con la edad. Refiere que la rápida expansión de la educación de adultos ha creado la necesidad de una disciplina. 16.
(30) que integre, genere y aplique conocimientos sobre el desarrollo en las últimas etapas de la vida, el envejecimiento cognitivo y la psicología educacional para el aprendizaje y educación. Según la Organización Mundial de la Salud (2002), la educación, entendida en el marco político del envejecimiento activo, se justifica como una necesidad porque: la educación y el aprendizaje continuo constituyen uno de los factores para la mejora de la salud, la participación y la seguridad. los bajos niveles de educación y alfabetización se asocian con un riesgo mayor de discapacidad y muerte entre las personas que envejecen. las oportunidades de aprendizaje durante toda la vida, pueden ayudar a las personas a desarrollar las aptitudes y la confianza que necesitan para adaptarse y seguir siendo independientes a medida que envejecen. En este sentido, es muy importante la promoción de contextos educativos para los mayores que faciliten el aprendizaje continuo a lo largo del ciclo vital. Un hecho fundamental a tener en cuenta en todo programa de promoción del envejecimiento activo, es la eliminación de estereotipos negativos en torno a la vejez y el envejecimiento (R. Fernández-Ballesteros et al., 2010). Precisamente, la educación de adultos mayores se ha nutrido de varias modalidades pedagógicas y prácticas educativas. Algunos autores recurren al concepto de educación permanente como base para derivar algunos principios educativos, en el ánimo de justificar el desarrollo de componentes educativos en las políticas de tercera edad (Yuni y Urbano, 2005). Según la Conferencia General de la UNESCO (1977), la educación permanente se define como: “un proyecto global encaminado tanto a reestructurar el sistema educativo existente, como a desarrollar todas las posibilidades de formación fuera del sistema educativo. En ese proyecto el hombre es el agente de su propia educación, por medio de la interacción permanente de sus acciones y su reflexión. La educación permanente, lejos de limitarse al período de la escolarización, debe abarcar todas las dimensiones de la vida, todas las ramas del saber y todos los conocimientos prácticos que puedan adquirirse por todos los medios y contribuir a todas las formas de desarrollo de la personalidad”. Finalmente señala que “los procesos educativos, que siguen a lo largo de la vida los niños, los jóvenes y los adultos, cualquiera que sea su forma, deben considerarse como un todo”. (pp.20) 17.
(31) Por su parte, Avanzini (1996) citado por Yuni y Urbano (2005) plantea que el modelo de educación permanente entiende que el hombre posee una capacidad de transformación continua. Por tanto, la educación se concibe como una acción global sobre el sujeto, que contribuye al desarrollo de su personalidad y lo libera de presiones psicológicas o sociales relacionadas con las condiciones de vida del mismo. En la educación de adultos mayores algunos autores recurren a este concepto como base para derivar algunos principios educativos, para justificar el desarrollo de componentes educativos en las políticas de tercera edad (Yuni y Urbano, 2005). La finalidad de desarrollo personal inherente a la educación permanente se asocia a la posibilidad de incrementar la polivalencia del sujeto, a promover la incorporación de recursos personales frente a los procesos de desestabilización personal que generan los cambios sociales, culturales y en el sistema de valores. También tiene como objetivo intensificar la experiencia y la diversificación de las potencialidades de los sujetos y, por lo tanto, permitirá profundizar las razones de vivir, facilitando la integración social y el valor que las personas se atribuyen a sí mismas. Todo esto proporciona a las personas mayores una mayor confianza en sí mismos y les confiere una seguridad que les permite tomar iniciativas. Estas finalidades educativas son ciertamente compatibles con los requerimientos que se les plantean actualmente a las intervenciones educativas para contribuir a un envejecimiento activo. La expansión y consolidación de la educación de adultos mayores como un campo teóricopráctico diferenciado dentro del ámbito educativo, ha generado reiteradas discusiones acerca de la posibilidad de conformar una subdisciplina de carácter científico. Esta discusión remite a diferentes formas de nominar las prácticas educativas con adultos mayores, tales como andragogía, geragogía, gerontagogía o simplemente educación de adultos mayores. La andragogía término creado por Alexander Kapp en 1983 para designar a la educación de adultos constituye un importante referente para la educación de adultos mayores. Esta disciplina declara dos principios del proceso de aprendizaje de adultos: horizontalidad (se establece una relación entre iguales que permite compartir compromisos, responsabilidades, logros y resultados) y participación (como sujetos activos que están en condiciones de tomar decisiones conjuntas, compartir y aportar). Estas características del aprendizaje adulto determinan que la metodología de la enseñanza tenga rasgos distintivos, se plantea que se elimina la verticalidad que caracteriza otras enseñanzas y se propugna una metodología de investigación-acción, que permita la 18.
(32) participación creativa de todos, en un proceso de búsqueda e interacción, mediante el uso de situaciones problematizadoras para que los participantes asuman un papel activo, dinámico, de búsqueda y reflexión crítica, en diálogo permanente con el facilitador. En síntesis, la andragogía proporciona la oportunidad para que el adulto que decide aprender, participe activamente en su propio aprendizaje e intervenga en la planificación, programación, realización y evaluación de las actividades educativas en condiciones de igualdad con sus compañeros, participantes y con el facilitador (Alcalá, 2001). La demarcación del territorio epistémico de la educación de adultos mayores, requiere sostener la necesidad de la articulación entre la educación y la gerontología como condición ineludible. La gerontología es la ciencia que estudia la ancianidad, el proceso de envejecimiento humano y los fenómenos que lo provocan, así como la atención a las personas mayores y una especialidad dentro de ella es la gerontología educativa. N. García (2007) hace un análisis del surgimiento del concepto citando a Peterson (1976), Lessa/Balton, 1978, Glendenning (1987) y M. Hartfekld, (1988), resumiendo que la Gerontología educativa se preocupa de los procesos relativos a la educación de los adultos mayores, teniendo en cuenta los factores biológicos, psicológicos y sociales. Sus propósitos, refiere A. Martín (1995) son el de tratar de prevenir declives prematuros, facilitar roles significativos y potenciar el crecimiento psicológico y el disfrute de la vida en adultos de edad avanzada, la ve asociada al enfoque positivo sobre el anciano que intenta que este se conozca mejor y pueda ser el protagonista de su propia ayuda. Desde esta visión la gerontología educativa no solo intentaría profundizar en las características de esta etapa (cambios intelectuales, factores motivacionales, adaptaciones instruccionales que serían requeridas) sino también la reflexión pedagógica necesaria para el diseño de modelos y programas de instrucción, animación y enriquecimiento personal en la vejez, dirigidos también a toda la sociedad para promover la modificación de actitudes, estereotipos que permitan adecuar las políticas y atención a este grupo poblacional, así como la preparación gerontológica de todos los actores involucrados. En los últimos años se ha introducido en el lenguaje técnico-académico hispano el concepto de gerontagogía. Este concepto designa un campo de prácticas, discursos y saberes acerca de la educación de las personas mayores, se trata de la reflexión pedagógica acerca de los mayores. La gerontagogía etimológicamente proviene del griego “gerón” que significa viejo, mayor, y “ago” como verbo o “agogía” como sustantivo que significa conducir.. 19.
(33) La gerontagogía es un campo disciplinar orientado a la formación de las personas mayores, se preocupa de desarrollar modelos de formación de adultos que recojan las capacidades actuales de aprendizaje y desarrollo de las personas mayores, así como también, la demanda de formación de los mayores. La enseñanza gerontagógica se fundamenta en desarrollar el conocimiento, la creatividad, rompe con los fines tradicionales de la educación, pues lo que se busca es que los adultos mayores puedan socializar sus recursos, conocimientos experienciales y estrategias aprendidas a lo largo de toda la vida. Román (2005) señala ciertos principios de la práctica gerontagógica, a saber: Relación multidimensional de los fines del aprendizaje, dado que en el aprendizaje por proyectos se alcanzan fines en varias dimensiones interrelacionadas (saber y poder, pensar y actuar, percibir y decidir, recordar y producir) Relación con la problemática circundante, el aprendizaje debe tener en cuenta las problemáticas del entorno físico y social del adulto. Relación con los intereses del adulto, al ser el estudiante el centro del proceso se jerarquizan sus motivaciones e intereses. Trabajo interdisciplinario consecuente, por valorarse problemas que pueden ser multicausales, se requiere la interdisciplinariedad para su abordaje. Posibilidad de generalizar. La vinculación de situaciones didácticas y situaciones de la vida durante el aprendizaje permiten al adulto prepararse y aprender para la acción inmediata, y al mismo tiempo generalizar lo aprendido a otros ámbitos. Benítez. y Domínguez. (2010), destacan la utilización de técnicas participativas como elemento significativo dentro del trabajo en grupos de mayores, puesto que facilitan que el grupo reflexione, dialogue, comparta y analice, a partir de su propia realidad y experiencia, con sus propios códigos y de una manera amena, motivadora, que suscite y mantenga el interés. Por su parte, N. García (2007) expresa que las formas organizativas y la triada objetivo, contenido y método, deben ponerse en función de las características que van apareciendo en los mayores asociadas al tiempo (posibles limitaciones de los analizadores, estructuras y funciones) y contar con las múltiples vivencias y experiencias de este tipo de alumno. Por otra parte, Long (2014) plantea que la gerontagogía para ser desarrolladora debe provocar cambios intersubjetivos (en el modo de relacionarse con otros y con el mundo) e intrasubjetivos. 20.
(34) (en las capacidades y estructuras de la personalidad), lo que hace que se logre la interactividad o actividad interna. En ese sentido concibe “la actividad gerontagógica como el proceso que abarca el conjunto de acciones educativas, que realizan sus protagonistas en interactividad, con criterio de horizontalidad, cogestión y participación, y que moviliza los recursos personales del adulto mayor para lograr un aprendizaje gerontagógico propiciador del autodesarrollo, de su desarrollo personal” (Long, 2014, pp. 6-7). En este sentido, coinciden los autores en que los objetivos del aprendizaje en las personas mayores van más allá del rendimiento académico o la preparación profesional específica y debe tener un carácter desarrollador, estar orientado a fomentar la autonomía, autodeterminación, sociabilidad, pensamiento crítico, reflexivo; desarrollar habilidades para afrontar los cambios propios de la etapa, promover estilos de vida potenciadores del envejecimiento activo, la realización personal y la participación social (Cuenca y Ortega, 2015; Long, 2014; B. López, 2013; Requejo, 2007; Sánchez, 2001; Vázquez E. y Rodríguez D., 2013; Yuni y Urbano, 2005), partiendo de considerar a los mayores como sujetos en desarrollo, plenos de potencialidades (Orosa, 2011). B. López plantea “no se trata de ayudarlos a adaptarse al sistema o a su realidad, o de brindarle cursos y talleres para que se entretengan, sino de constituirlos en sujetos críticos, capaces de pensar y actuar sobre dicha realidad para transformar su entorno con las acciones que puedan desarrollar en su familia, su comunidad, su ciudad o su país” (B. López, 2013, p. 222). Aparicio (2013), referenciando a García Campos, 2005, expresa que la Gerontagogía asienta su desarrollo en tres direcciones que se complementan: las personas mayores, los profesionales que los atienden y el resto de la comunidad; explicando que, aunque cada uno de ellos requiere diferentes respuestas educativas, todas persiguen un objetivo común: el desarrollo personal y social de las personas mayores. Las características y objetivos de la educación popular, la convierten es una alternativa de gran valor en la atención a las necesidades del adulto mayor. Surge como corriente de pensamiento y acción a finales de los años sesenta a partir de la obra de Paulo Freire, al que se le reconocen aportes conceptuales y metodológicos para llevar adelante proyectos de transformación social, donde los destinatarios se convierten en protagonistas de los procesos de cambio. Como paradigma de la praxis se produce y reproduce de la práctica histórica y está orientada a crear una cultura, un saber y una acción para la toma de conciencia de los sectores oprimidos de la sociedad. Tiene un 21.
(35) profundo contenido histórico, basado en el entendimiento de que cualquier praxis social es por sí misma una praxis ideológica, pues los protagonistas, actores, sujetos involucrados son sujetos y objetos de su propia realidad y conocimiento. Freire (1985) citado por Zaylín (2008) comprendía a los seres humanos como sujetos de la acción y la reflexión, seres condicionados por el contexto, pero capaces de intervenir en él. En la educación se reconoce a dos sujetos cognoscentes, protagonistas de un proceso de interacción, de comunicación entre acción y reflexión, entre teoría y práctica (Zaylín, 2008). Se señalan dos cuestiones centrales para la educación popular: la interdependencia que existe entre educación y sociedad que implica modificaciones mutuas y, por otra parte, la educación se desarrolla a partir de sus funciones contradictorias, que tienen que ver con el modo en que se relaciona con la sociedad, por lo que puede ser al mismo tiempo un proceso conservador y renovador; homogeneizador y diferenciador. En ello tiene un papel fundamental la comprensión de la dimensión política de los procesos y programas educativos. La educación popular se sustenta en una ética humanista, comprometida social y políticamente y desarrolla una propuesta metodológica, pedagógica y didáctica basada en la participación, el diálogo, la complementación de distintos saberes. Se caracteriza por un proceso de enseñanza aprendizaje, donde el conocimiento es construido procesual y colectivamente (Núñez, 2005). En la educación popular hay rasgos que cobran especial significación: es crítica y dialéctica, al transformar a los individuos mediante el proceso de educación contextual en sujetos de su destino histórico, que durante el proceso de aprendizaje se descubren reflexivamente a sí mismos; es contextual, porque el hombre siempre es en relación con un contexto social determinado, el marco de referencia es histórico, no puede ser rígido ni universal, sino que debe ser construido por los hombres como sujetos cognoscentes, capaces de transformar su realidad. Y es práctica, pues se espera que el proceso tenga siempre consecuencias prácticas, en la modificación de las condiciones de vida y la solución de los problemas que tienen los sectores más humildes. Estas prácticas responden a una filosofía educativa que parte de una nueva forma de establecer las relaciones ser humano-sociedad-cultura y educación; surgiendo una noción de “pedagogía liberadora” donde se busca la concientización de las personas y en contra de una educación tradicional, “bancaria” que concibe a los participantes como pasivos depositarios de saberes que deben ser“domesticados” (Núñez, 2005). 22.
(36) Brito (2008) plantea la necesidad de reconocer la importancia, pertinencia y vigencia de la concepción de educación popular de Paulo Freire como práctica educacional y como una teoría pedagógica para el presente, resaltando la valoración de la educación como un proceso sistemático de participación, formación e instrumentación de prácticas populares, culturales y sociales. Desde el punto de vista metodológico, la educación popular responde a la relación dialéctica entre epistemología, teoría y técnicas (Núñez, 2005). La metodología está determinada por el contexto en el que se ubica la práctica educativa específica y se preconiza la utilización del diálogo como método que permite la comunicación entre los participantes y entre estos y el educador, en una relación que se caracteriza por la horizontalidad. En esta dirección se potencia el lugar de los talleres y se han desarrollado un conjunto de técnicas para fomentar la participación y propiciar una relación dialógica entre educandos y entre estos y los educadores, en lo que se advierte mantener la reflexión teórica y orientación estratégica para no perder su pertinencia estratégica y potencial transformador (Cano, 2012; Coppens y Velde, 2005). Los rasgos que se le destacan a la educación popular son congruentes con los requerimientos de la educación de los adultos mayores, en tanto parte de la práctica social de los sujetos participantes, de lo concreto, personal y subjetivo para ir a lo abstracto y conceptual que explica los fenómenos estudiados; toma en cuenta los niveles de comprensión de los educandos al emplear los métodos y técnicas más adecuados para la problematización del conocimiento; rompe con la asimetría entre educadores y discentes y propugna una relación profundamente democrática, que fomente el diálogo y la participación. En este sentido, el educador popular escucha y aprende, ofrece conocimientos y está abierto al conocimiento de otros, construye una relación de doble vía (Núñez, 2005). Además, la educación popular propugna el desarrollo de la responsabilidad personal, la autonomía en la modificación de formas de pensar y actuar que permitan modificar modos y estilos de vida para mejorar la calidad de vida. Aquí se trata de empoderar a los mayores, lo que significa protagonismo social, libertad de acción, esperanza en el futuro (Aguilera, 2011). A partir del reconocimiento de la necesidad y conveniencia de desarrollar acciones educativas dirigidas a las personas mayores se han ido desarrollando disímiles experiencias en centros universitarios alrededor del mundo. Cuenca y Ortega (2015) plantean que la primera Universidad de la Tercera Edad se creó en Francia (Toulouse) en 1973, en la Universidad de Ciencias Sociales, donde el Profesor Pierre Vellas, de la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas, ofreció a las 23.
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