EL ORIGEN DEL SEGMENTO NASAL IMPLOSIVO EN BIOMBO
Ra fa el Fe r n á n d e z Mata
Universidad, de Bolonia (sede de Forli)
Re s u m e n
Tres importantes obras lexicográficas del español actual (el DUE el DClave y el DRAE 2014)' indican en sus descriptores etimológicos que la voz “biombo” pasó al español a tra
vés de la lengua portuguesa. Sin embargo, como trataremos de demostrar en este artículo, existen pruebas cronológicas y fonológicas de peso para pensar que la aparición de la nasal implosiva no se gestó dentro de la lengua portuguesa y que, por tanto, esta no actuó como intermediaria entre el japonés y la lengua española.
Pa l a b r a s-c l a v e: Biombo, bonzo, nasal antietimológica, lexicografía española, lexico
grafía japonesa, lexicografía portuguesa, etimología española, etimología japone
sa, etimología portuguesa, Diccionario de la Real Academia Española.
Ab st r a c t
Three important dictionaries of contemporary Spanish (DUE, DClave and D RAE20\A) describe in their etymological information how the word “biombo” came into Spanish through the Portuguese language. However, as we try to demonstrate in this article, there is chronological and phonological evidence to suggest that the implosive nasal did not make its appearance through the Portuguese language, but through the Japanese. That is the reason why Portuguese may not have acted as the intermediary language between Japanese and Spanish in this case.
Ke y w o r d s: Biombo, bonzo, antietymological nasal, Spanish Lexicography, Japanese Lexicography, Portuguese Lexicography, Spanish Etymology, Japanese Etymology, Portuguese Etymology, Diccionario de la Real Academia Española.
1 P a r a e l l i s t a d o d e a b r e v i a c i o n e s u s a d a s e n e s t e a r t í c u l o , v é a s e e l A n e x o .
IIHIJ:, 10/2013, pp. ¡83-200.
Según las conclusiones d e n u estra tesis inédita, Los japonesismos de la lengua española: Historia y transcripción, el español actual cu en ta en su inven
tario léxico con u n grupo activo d e 92 voces de origen japonés. L am enta
blem ente, com o ya expusim os en n uestra Tesis Doctoral, los hispanistas h an m ostrado gran desinterés e n estudiar con p ro fu n d id ad el corpus de japonesismos, debido, p rin cip alm en te, al desconocim iento de la lengua japonesa, a la escasa rep ercu sió n y n ú m ero d e estas voces -si las com para
mos con otras de origen inglés o fran cé s- y a la escasa o casi n u la biblio
grafía filológica escrita en esp añ o l sobre la lengua japonesa. Dada esta situación actual, m ediante el p resen te artículo p reten d em o s iniciar un diá
logo con el resto de hispanistas —d e u n o u o tro lado del o céa n o -, pedirles que no descuiden los p eq u eñ o s tesoros culturales que desde el siglo xvi han estado desem barcando en la lengua española, bien en naves transo
ceánicas, bien a través de las o n d as cibernéticas, pero siem pre desde un lejano reino situado al o tro lado del planeta.
E n c o n trán d o n o s ante tan d eso lad o r panoram a, decidim os com enzar nuestro estudio a la inversa, esto es, p artir desde la etapa actual hasta la más pretérita, ayudándonos de fuentes cercanas y fáciles de ad q u irir -e l m aterial es escaso y, en in n u m erab les ocasiones, muy com plejo de consul
ta r - para rastrear en ellas otras posibles pistas. De este m odo, la p rim era p arte de nuestro análisis se c e n tró en las obras lexicográficas del español actual y pretérito. En n u estro rastreo descubrim os que no siem pre la voz
“b io m b o ” contó con inform ación etim ológica ad ecu ad a en los dicciona
rios españoles. La p rim era vez q u e se describió su procedencia fue en el Diccionario de Autoridades (1726, s.v.): “Es alhaja que nos vino m o d e rn a
m en te de la China, ó Jap ó n ; y con ella el n o m b re ”. Sin em bargo, en la edi
ción del Diccionario de Autoridades de 1770, la RAE elim inó esta referencia y no aportaría mayor inform ación etim ológica hasta la d u odécim a edición del DRAE (1884, s.v.): “Voz c h in a ”. Este descriptor erró n eo fue ad o p tad o p o r Zerolo (1895, s.v.), la d ecim o tercera edición del DRAE (1899, s.v.), Pagés (1902, s.v.), la d ecim o cu a rta edición del DRAE (1914, 5.y.) y Alemany y Bolufer (1917, s.t;.)2.
Muy pro b ab lem en te p o r intervención de Julio Casares (1918), sobre cuya teoría tratarem os en párrafos posteriores, la RAE en m en d ó la infor
m ación en la decim o q u in ta edición del DRAE (1925, s.v.) y p ropuso com o descriptor etimológico: “Del ja p o n é s byó, protección, y bu, viento”3, el cual
2 N o ten em os p resen te la so r p r e n d e n te d esc rip ción d e R odríguez Navas (1918, s.i a) : “D e bium - bra; bis-umbra, d o b le sombra: en C hina hay u n a palabra m uy parecida”. El p r o p io Casares (1918: 50) la califica d e pintoresca.
3 Julio Casares (1918: 50-51) fue el p r im e r lexicógrafo esp a ñ o l - a l m e n o s del q u e ten g a m o s cons-
se m antuvo en el Diccionario histórico d e la A cadem ia (1936, s.v.) y en las ediciones posteriores del DRAE (1936, 1939, 1947, 1956, 1970, 1984 y 1992). Más tarde, en la vigesim osegunda edición del DRAE, la d e 2001, se p ro d u jo un cam bio e n la descripción etimológica: “Del port. biombo, y este del jap . byóbu, de byó ‘p ro te cció n ’ y bu ‘viento’”. A pesar de contactar con la Academia, n o hem os tenido respuesta sobre las fuentes, lexicográficas o no, que em p learo n para dicha modificación. No obstante, es muy proba
ble que se consideraran los trabajos de C orom inas (1954), G regorio Salvador (1967) y ju a n Gil (1991), los cuales a d o p taro n u n origen etim o
lógico diferente al pro p u esto p o r Casares (1918), com o analizarem os en el siguiente apartado.
2 . Hi p ó t e s i s s o b r e e l o r i g e n d e l s e g m e n t o n a s a l i m p l o s i v o
A la h o ra de describir la p ro ced e n cia de la voz “b io m b o ”, DUE, DClave y DRAE (2014, s.v.) explican que la lengua po rtu g u esa actuó com o inter
m ediaria e n tre la form a española y el significante ja p o n é s byóbu, p o r lo que se d educe q u e la nasal implosiva antietim ológica se gestó d e n tro de la len
g u a transm isora, esto es, d e n tro del portugués:
J a p o n és > P ortu gu és > E spañol
[b’óibiu]4 [bjómbu] [bjórnbo]
No somos los prim eros en p reg u n tarn o s p o r la interm ediación del por
tugués en tre el vocablo ja p o n é s y el español u otras lenguas occidentales.
Según las fuentes a las que hem os p o d id o te n e r acceso, el p rim er investi
g ad o r que señaló la interm ediación de la len g u a po rtu g u esa fue Viana Gongalves, en sus Apostilas aos dicionários portugueses, d o n d e leem os sobre
“b o n zo ”:
E vocábulo japonés, e como tal sempre foi considerado, havendo sido introduzido na Europa pelos portugueses (Viana Goncalves 1906: 160).
Más tarde, e n sus Palestras filolójicas, repite:
t a n d a - e n ofrecer u n a transcripción fó nic a y u n a desc rip ción se m á n tica d e los c o m p o n e n t e s del é tim o ja p o n é s. Esto p u d o d eb erse al c o n o c im ie n to q ue ten ía d e d ich a le n g u a (cf. su biografía e n su w eb oficial: <h ttp ://w w w .ju lio c a sa r e s.e s/b io g r a fia />).
4 M ed ian te el sign o [’] sob re la oclusiva labial [b] transcribim os la articulación d e un so n id o con - so n á n tico , labial, palatalizado (cf. Akamatsu 1997: 78 y V anee 2008: 92-93). C on [ui] rep resen tam os u n so n id o vocálico, posterior, cerrado, sin protrusión labial (cf. Tsujimura 1996 [2007]: 17, Akamatsu 1997: 31-32 y Vanee 2008: 56-57).
De lá [se refiere a ja p ó n ] troussemos igualmente os seguintes nomes: “biom bo” (bióbu ou biómbu), “bonzo” (bóuzu ou bónzu), [...] (Viana Gongalves 1910: 175).
Posteriorm ente, el lexicógrafo portugués Sebastiào Rodolfo Dalgado (1919-1921, s.v.), en su Glossema luso-asiático, co n cu erd a e n la actuación del portugués com o len g u a a lterad o ra del étimo. Así, en la descripción de
“b iom bo” leemos:
Mas nem todos sabem a origem da palavra; os lexicógrafos ignoram-na on hesitam, havendo quem admita a hipótese da transicào do termo portugués para o Oriente (Dalgado 1919-1921, s.v.).
Para “bonzo” sostiene u n a id én tica procedencia:
[... ] a nasal podia desenvolver se na boca dos portugueses, como aconteceu, sem dúvi- da, com biombo [...] (Dalgado 1919-1921, s.v.).
Siguiendo los trabajos de Gongalves Viana y Dalgado, no es d e extra
ñ a r que C oram inas, en la redacción de su DCELC (1954, s.v.), term in ara d an d o po r válida la p ro ced en cia lusa del térm in o “b io m b o ”5. De igual m a n e ra procedió G regorio Salvador (1967), qu ien se basó, e n tre otras, en las investigaciones de Dalgado y C oram inas para la redacción del capítulo dedicado a los “Lusismos” en el segundo volum en de la Enciclopedia Lingüística Hispánica, d o n d e apuntó:
[...] el portugués ha sido la lengua transmisora, gracias a las relaciones establecidas por sus navegantes con la India y el Extremo Oriente, de una serie de palabras de este origen que son lusismos en esp[añol] y en otras lenguas europeas (Salvador 1967:
250).
Más allá d e esta conexión histórico-social, a veces explícita y otras implícita, n in g u n o d e los investigadores consultados, esto es, Dalgado, C oram inas y Salvador, ap o rta explicaciones lingüísticas al respecto de la nasalización en “b iom bo”. U n icam en te leemos en Dalgado q u e la nasali
zación se originó en portugués p o rq u e la p rim era transcripción con nasal implosiva se registra fuera de Jap ó n :
Nao pode, porèm, haver nenhum a dúvida, à vista dos testemunhos [...] que o étimo é ojap. byóbuou bióbu. Os nossosjaponistas do século xvi escrevem uniform em ente beòbu e explicam o seu sentido; sómente pelo meado do século seguirne e fora do Japáo oco- rre a variante biombo, o que indica que a nasalizagáo se operou dentro do portugués, como en palanquim de pcilki, V. Contribuigóes (Dalgado 1919-1921, s.v.).
5 Sobre la obra d e D algado afirma: “libro m uy útil, d o n d e se estudia c o n co p io sa d o c u m e n ta c ió n el o r ig e n y sentido d el léx ico e u r o p e o p r o c e d e n te d e la an tigua Asia por tugu esa” (C orom in as 1954,
s.v.).
Estas declaraciones conectan d ire ctam en te con las principales altera
ciones fonéticas a las q u e se vieron sujetos los vocablos asiáticos en su paso a la lengua portuguesa, y que D algado (1919-1921, s.v.) resum e com o pri
m era regla: “Houve tam bém nasalizagáo n o in terio r d e muitas palavras.
Ex.: palanquim, banzo, biombo, anfiáo".
El p ropio Dalgado se m ostró co n trario6 a la co n jetu ra de Gongalves Viana (1906), quien en sus Apostilas aos dicionários portugueses escribió que el nacim iento de la nasal operó en la p ro p ia len g u a d e origen, p o r influjo dialectal:
Os nossos dicionários e os alheios dáo como étimo a esta voz peregrina a forma jap o nesa bozu\ mas a verdadeira escrita seria entáo bóuzu, dando-se ao ou o valor que tem em portugués. Nao é desta forma, porém, que o vocábulo foi tirado, mas sim de outra dialectal, bónzu, o que explica a vogal que adquiriu em portugués.
E frequente esta adjungáo de n ás consoantes sonoras entre vogais, em certos dialectos da língua dojapáo, e assim se motivam as escritas portuguesas Nangassáqui, Cangoximá, etc.
O mesmo aconteceu ao vocábulo biombo, em japonés bióbu, ou biómbu (Gongalves Viana 1906: 160-161).
En sus Palestras filolójicas (1910: 174) aclara ante q u é consonantes sono
ras se p ro d u ce el advenim iento de la co n so n an te nasal:
As consoantes b, d, gantepóe-se em vários dialectos urna nasal, como acontece em tupi e ñas línguas africanas de negros: Nagasáki, ou Nangasáki, a cidade de Nangassáqui (Gongalves Viana 1910: 174).
3. Re v is ió n d e las h ip ó t e s is
A continuación, tratarem os d e ex am inar en p ro fu n d id ad las dos hip ó tesis recién expuestas para d e te rm in a r cuál h a p o d id o ser el cam ino o caminos p o r los que este japonesism o en tró a fo rm ar p arte del caudal léxi
co español.
3.1. Articulación del étimo en japonés actual
Ambas teorías co n cu erd an en que el étim o de la voz “b io m b o ” es byóbu, como observamos tanto en las obras lexicográficas españolas (DUE, DClave y I)R A E 2014)7 com o en las descripciones d e los investigadores (Gongalves
6 En la nota a pie de página leemos su opinión sobre la teoría de Gongalves Viana (1906): “Julga éste filólogo que bonzo e biombo provém ¡mediatamente das formas dialectais bónzu e biómbu. Mas nao consta que existam em japonés semelhantes formas” (Dalgado 1919-1921, s.v.).
' El Dicionário Houaiss da IÁngua Portuguesa (2001, s.v.) coincide con los diccionarios del español.
V iana 1906: 161 y 1910: 175, Casares 1918: 50, D algado 1919-1921, s.v. y Corominas 1954, s.v.). El paso siguiente es p reg u n tarse p o r la segm enta
ción fónica exacta del étim o en la len g u a de origen, respuesta q u e o bte
nem os gracias al diccionario ja p o n é s DaiyirírP, d o n d e se nos m uestran los ideogramas m ed ian te los que se re p rese n ta gráficam ente esta voz en la len
gua de origen: Ijf-M, transcritos en furigana, en canas o caracteres silábicos que indican su pronunciación, com o I f i. 0 el p rim e ro y^S' el segundo. El p rim er com ponente, ¡W en canyi y Zf J: O en jiragana, se articula [b ’o:]; el segundo elem ento, JH en canyi y en jirag an a, se p ro n u n cia [bui].
El siguiente paso será co m p ro b ar cuál era la p ro n u n ciació n del étim o en el m om ento en que se p ro d u jo su p rim er registro escrito en castellano, ya que su articulación en ja p o n é s p o d ría h ab er variado con el devenir del tiempo.
3.2. Primeros registros escritos de “biom bo” en español
Manejamos varias fechas p ara el p rim er registro escrito de esta voz en lengua española. En p rim e r lugar, el CORDE ofrece el p erio d o de 1597 a 1645 para u n a poesía de Q uevedo q u e recoge este vocablo con la form a biombo3. Aun su p o n ien d o , com o señala Alvarez de M iranda (2004: 393), q ue el testimonio fuera a n te rio r a la m u e rte del poeta en 1645, la h o rq u i
lla de fechas es tan am plia q u e resultan inútiles a efectos de datación. Si bien, Alvarez de M iranda (2004: 393) ofrece otro ejem plo d e biombo en un p o em a satírico de Q uevedo q u e p o d ría datarse en 1623. Para la misma década, Alvarez de M iranda (2004: 393) en cu e n tra otros dos casos de biom
bosr. u no de Castillo Solórzano e n 1625 y o tro de Tirso de M olina de hacia 1629. Fuera d e España, en Manila, fue publicado en 1630 el Vocabulario del Iapon, una traducción al castellano p o r parte del dom inico Jacinto Esquivel del Rosario de la gran o b ra lexicográfica Vocabulario da Lingoa de Japam U). Dos años más tarde, 1632, el dom inico ex trem eñ o Diego Collado p rep aró para la im p ren ta en R om a el Dictionarium sive Thesauri linguae Iaponicae compendium, d o n d e se recoge u n a transcripción en alfabeto lati
no de la voz japonesa. Por su p arte, el DCELC da el añ o d e 168411 y, en últi-
8 Recurso lexicográfico sobre el q u e ya tratam os e n n uestro artículo: “Estudio h istórico d el d o b le
te calar*calaña en le n g u a e sp a ñ o la ”, F e rn á n d e z Mata (2 0 1 6 ).
9 R E A L A C A D E M I A E S P A Ñ O L A : B a n co d e datos ( C O R D E ) [en lín e a ]. Corpus diacrónico del espa
ñ ol <h ttp ://w w w .rae.es> [ 2 7 / 0 5 / 2 0 1 6 ] .
10 U n diccionario trilingüe la tin o -e s p a ñ o lja p o n é s, ed ita d o por Joáo R od rigu es para la im prenta d e Nagasaqui e n 1604, e n el q u e d e b ie r o n d e participar religiosos e sp a ñ o le s (cf. Jacinto García 2004:
8 0 ).
11 Para la o b te n c ió n d e la fech a , C o r o m in a s e m p l e ó el Diccionario de Autoridades, d o n d e se recoge un pasaje d e la H istoria de la conquista de M éxico, d e A n to n io d e Solís, libro ed ita d o e n d ic h o año.
rao lugar, el NTLLE testim onia esta palabra en la o b ra lexicográfica d e H en ríq u ez (1679, s.ü.)12.
Sin em bargo, la datación más plausible p a ra su p rim er registro escrito p u e d e ser la a p o rta d a p o r Ju a n Gil (1991), sobre los p rim eros contactos de castellanos e hispanos con Jap ó n . En concreto, según Gil (1991: 95), la pri
m era alusión en castellano a biobos es del año 1609, de la o b ra de A ntonio de Morga, Sucesos de las islas Filipinas, publicada en México en ese mismo año. De u n añ o más tarde, 1610, son los dos casos de biobos, que registra Gil (1991: 192 y 196) en la Relación del Japón de Rodrigo de Vivero.
Asimismo, Gil (1991: 385) d o c u m e n ta otro caso m exicano d e biobos en u n a carta fechada el 20 de mayo de 1614 de Sebastián Vizcaíno al antiguo virrey M arqués de Salinas.
Por tanto, es de esp erar que este japonesism o fuera usado en castella
n o en décadas an teriores a 1609, tal vez desde finales del siglo xvi. A excep
ción de la variación gráfica, con y sin nasal implosiva, q u e en co n tram o s en los testimonios relativos a las cartas y protocolos notariales13, lo cierto es que desde su prim er registro escrito no observamos variación form al o sig
nificativa ni en los c o rp u s14, ni en las obras lexicográficas prop o rcio n ad as p o r el NTLLE, que h an recogido siem pre esta palabra m ed ian te el signifi
cante biombo.
Pr i m e r o s r e g i s t r o s e s c r i t o s d e “b i o m b o”
Fo r m a Au t o r Año
biombo *Poema de Quevedo (CORDE)* 1597-1645
biobos Antonio de Morga: Sucesos de las islas Filipinas (Gil) 1609 biobos Rodrigo de Vivero: Relaciones del Japón (Gil) 1610
biobos Carta de Sebastián Vizcaíno (Gil) 1614
biombo Poema de Quevedo (Alvarez de Miranda) d623
biombos Poema de Castillo Solórzano (Alvarez de Miranda) 1625 biombos Poema de Tirso de Molina (Alvarez de Miranda) el 629 biobu Jacinto Esquivel del Rosario: Vocabulario del Iapon 1630 bióbu Diego Collado: Dictionarium sive Thesauri linguae Iaponicae compendium 1632
biombo Obra lexicográfica de Henríquez (NTLLE) 1679
biombo Antonio de Solís: Historia de la conquista de México (DCELC) 1684
12 R E A L A C A D E M I A E S P A Ñ O L A : Banco d e datos ( G O R D E ) [en lín e a ]. Corpus diacrónico del espa
ñol <h ttp ://w w w .ra e.es> [ 2 7 / 0 5 / 2 0 1 6 ] .
13 Frago (1997: 109-110) d o c u m e n ta esta voz c o n y sin nasal implosiva (a veces escrita n ), co n tru eq ue c o n so n á n tic o d e / - b - / a / - g - / y c o n alternación en tre b y v iniciales: viogo, biogo (1711 -d a t o s q u e o b tie n e d e P eter Boyd-Bowman, Léxico hispanoam ericano del siglo xvill, pág. 3 6 7 - ); biobos (1609 - d e Ju an Gil (1991: 9 5 ) y este a su vez d e A n to n io d e Morga, Sucesos de las islas F ilipinas-)', bionbo (1649 - d e AHPS, O fic io 4 Q, Escrituras públicas d e 1649, Libro 2e, f. 1260v.-); viombos, viombo (1 7 5 8 - d e AHPS, O ficio 49, Escrituras públicas d e 1758, fs. 40v., 7 5 6 v .-).
14 H e m o s realizado una b ú sq u ed a en:
3.3. Articulación de “biom bo” a finales del siglo XVI
Los significantes sin nasal, biobos, d o cu m en tad o s p o r Gil (1991) fuera de España (en 1609, 1610 y 1614) p ara la adaptación del japonesism o, p o d rían ser reflejo de que el étim o d e finales del siglo xvi contaba con u n a realización no nasalizada, com o la c o rresp o n d ie n te voz en ja p o n és actual, au n q u e tam bién p o d rían ser m eras transcripciones laxas, o poco cuidadas.
Pese a estos datos, nos inclinam os más a p en sar q u e el étim o ja p o n és d e finales del xvi se articulaba con nasalidad, puesto q u e las transcripciones em pleadas p o r los dom inicos Ja c in to Esquivel y Diego Collado, am bos b u e
nos conocedores de la fonética ja p o n e s a (Jacinto García 2004: 80 y 83), n o dejan lugar a dudas, bióbu, con a ce n to circunflejo, indica u n a clara nasali
zación de la vocal larga [o:] e n la p ro n u n ciació n del étimo:
Bióbu Cajeuo fiixegu. Vna manc
ia dcrtublo* tofcos quefetieucn porfi ea pic,de los quaJcs vfan los Jtpoaet para ornato de lag cafas y pva coutra cl vitato. <jT Ri/,!
(Jacinto Esquivel, Vocabulario del lapon 1630, s.v.)
Canee ili papiracei . canzeìes de pa
pe/. biobu.
Cancelliparui. canzelìlhsxò bio
bu.
(Diego Collado, Dictionarium sive Thesauri linguae Iaponicae compendium 1632, s.v.)15 En efecto, según los estudios d e Frellesvig (2010: 184-185) sobre la his
toria de la lengua jap o n esa, los mayores cambios en la fonología del ja p o nés tuvieron lugar en tre 1200 y 1600. Asimismo, de los cambios fonológi
cos acaecidos del 1600 en adelante, n in g u n o afecta a los fonem as consti
tuyentes del vocablo exam inado (cf. Frellesvig 2010: 304-325), p o r lo que el ja p o n és del que fue to m ad a la voz, a finales del siglo XVI, d ebía de ase-
R E A L A C A D E M I A E S P A Ñ O L A : B a n c o d e d a to s ( C O R D E ) [e n lín e a ]. Corpus diacrònico del español <h ttp ://w w w .ra e.es> [ 2 7 / 0 5 / 2 0 1 6 ] .
R E A L A C C A D E M I A E S P A Ñ O L A : B a n c o d e d a t o s ( C R E A ) [ e n l í n e a ] . Corpus de referencia del español actual < h t t p : / / w w w . r a e . e s > [ 2 7 / 0 5 / 2 0 1 6 ] .
R E A L A C A D E M I A E S P A Ñ O L A : B a n c o d e d a t o s ( C O R P E S X X I ) [ e n l í n e a ] . Corpus del E spañol del Siglo X X I (CORPES) < h t t p : / / w w w . r a e . e s > [ 2 7 / 0 5 / 2 0 1 6 ] .
15 D e sc o n o c e m o s el a ñ o d e la prim era im a g e n , p ero d e b e d e formar parte del borrador e n el q ue se basó Collado para editar su d ic c io n a r io e n R o m a en 1632.
mejarse bastante al actual. P or tanto, n ad a parece indicar que la p ro n u n ciación actual del étim o jap o n és, [b ’oibui], difiera sustancialm ente de las articulaciones de finales del siglo x v i ; ún icam en te en aquellas, la vocal larga [o:] q u ed ab a m an ch ad a p o r la nasalidad -a sp ec to fu n d am en tal sobre el que tratarem os en párrafos siguientes-. Por lo que se refiere a sus cambios formales en su adaptación al español, ap arte de la nasal antieti
mológica, la / - u / final se h a reajustado de acu e rd o con los parám etros m o r
fológicos de la lengua española, esto es, h a pasado a / - o / , com o m o rfem a d e género.
Dalgado (1919-1921, s.v.) no ex p o n e las causas fonético-fonológicas p ara el nacim iento de u n a nasal antietim ológica en boca de los p o rtu g u e ses. S uponem os que el lexicógrafo, consciente de la oronasalidad que caracteriza el sistema vocálico de su lengua m atern a, e n ten d ió que el cam
bio tuvo lugar en portugués. Efectivamente, la lengua portuguesa, en com paración con la lengua ja p o n e s a16 y la esp añ o la17, cu e n ta con más contex
tos de nasalización vocálica: 1) d elan te de co n so n an te nasal implosiva (lat.
DENTE- > port. denté)-, 2) en posición intervocálica (lat. LANA- > port. lä)\
3) d elante de co n so n an te nasal implosiva final de palabra, esto es, antes de pausa (lat. CUM > port. com); 4) contigüidad de u n a con so n an te nasal siguiente, q u e no desapareció en su paso del latín al portugués (lat. ANNU-
> port. ano)ls (Silva 1991: 69, 2006: 68-73 y Moráis Barbosa 1994: 55). Sin em bargo, el h ech o d e que el portugués p resen te u n mayor n ú m e ro de contextos de nasalización vocálica, que, p o r otro lado, está relacionada con la evolución del latín al portugués, no es razón suficiente p ara indicar que el vocablo ja p o n és byóbu desarrollara u n elem en to nasal implosivo tras la vocal larga, [o:]. Además, desde el p u n to d e vista fonológico, las vocales nasales portuguesas se consideran como la sucesión de vocal más conso
n an te nasal. Así leem os en Moráis Barbosa (1994: 114):
A conjuga pío destes dados leva-nos a interpretar os timbres vocálicos físicamente nasais como sucessóes de fonema vocálico e consoante nasal, o que quer dizer que, em portugués, nao consideramos a existéncia fonológica de vogais nasais.
Entiéndase, pues, que la consonante nasal que provocó a la postre la nasalización de las vocales en portugués p ro ced ía de la lengua latina. De este m odo, la nasalidad no es u n a cualidad in h e re n te a las vocales, sino
16 En cu a n to a la nasalidad d e los so n id o s vocálicos del j a p o n é s actual, Akamatsu (1997: 57) e x p li
ca: “nasalization occu rs as an autom atic consequence o f Itw contiguity o f n a sa l co n so n a n te. Por tanto, es u n a m era característica fonética, sin rep erc usion es fonológicas.
17 S eg ú n Quilis (1 9 9 3 [2006]: 166) el rasgo d e nasalidad e n las vocales españolas “ap a rece só lo fo n é tic a m e n te , c u a n d o la vocal está situada en tr e d o s c o n so n a n te s nasales, o en p osición inicial abso
luta, se g u id a d e c o n so n a n te nasal”.
18 Este c o n te x to p u e d e o n o resultar e n la nasalización d e la vocal, ya q u e d e p e n d e d e l d ia lecto (Silva 1991: 69, Silva 2006: 68-73).
contextual, y el contexto de este préstam o ja p o n és no favorece la nasali
dad, ya que, en el étim o ja p o n é s n o existían consonantes nasales vecinas.
Si regresam os de nuevo a los p rim eros testimonios de cartas y actas notariales, d o n d e se atestiguan variantes con y sin nasal implosiva, cabría preguntarse cuál es la causa d e la altern an c ia19. Es entonces cuando ad q u iere mayor peso la co n jetu ra dialectal de Gongalves Viana, quien señaló que eLpacim iento d e la nasal o p eró en la propia len g u a de origen, en la que era frecu en te la aparición de u n a nasal d elan te de las conso
nantes sonoras / b d g / en algunos dialectos -dialectos que n u n c a especi
fic ó - (Gongalves Viana 1910: 174). De ah í que en portugués se registren las transcripciones Nangassáqui (< 11: Kj [nagásaki]), Cangoximá (< ffí'fícBj [kagójim a]), etc. (Gongalves V iana 1906: 161). El investigador español J u a n Gil (1991: 95) recoge casos similares de otros dobletes léxicos halla
dos en diferentes tipos de d o cu m en to s castellanos de la época en que se p ro d u jo el p rim er registro escrito d e la voz, au n q u e erró n e a m e n te ofrece u n a explicación basándose en la fonética portuguesa. Indica que, ante la oclusiva labial / b / existen dobletes como: Naban / Namban; tam bién ante otras oclusivas sonoras: Nangasaqui / Nagasaqui, Yendo / Yedo, Firando / Hirado, etc. Apréciese que, a u n q u e el p ropio au to r no las relacione con las de Gongalves Viana (1910: 174), am bos indicaron las mismas consonantes sonoras, esto es, / b / , / d / y / g / .
Llega el m o m en to , pues, de p ro fu n d izar en la teoría de Gongalves Viana (1906 y 1910), p ara lo q u e resulta fu ndam ental la ob ra de Frellesvig (2010) 20y las puntualizaciones d e Jacin to G arcía (2004) sobre los m étodos de transcripción utilizados p o r los dom inicos en los diccionarios. Según Frellesvig, en lo que d e n o m in a Late Middle Japanese, esto es, el ja p o n és que co m p ren d e los siglos X lll y XVII, se p ro d u je ro n u n a serie de innovaciones fónicas, entre las que cabe d estacar lo que el au to r define com o leftiuards spreading of nasality (Frellesvig 2010: 188-189), o, en otras palabras, la pre- nasalización fonética de los elem entos sonoros / b / , / d / , / g / y / z / en in terio r de palabra, los cuales, d esd e u n p u n to de vista fonético debían transcribirse com o prenasalizados: [mb], [nd ], [°g], [nz]. De este m odo, los portugueses y castellanos q u e m an tuvieron contactos con los nipones de la época, podrían escuchar tan to [b ’o:bui] com o [b’o mbui]. Un claro ejem
plo d e que el fen ó m en o de la prenasalización todavía se en co n trab a vivo son las transcripciones de las obras lexicográficas de los dom inicos anali
zados con anterioridad. Al respecto, sobre la obra de Collado, Jacinto G arcía (2004: 83) ofrece interesantes aclaraciones:
19 En portugués tam bién se registra la variación d e formas. D algado (1919-1921, s.v .) informa sob re los significantes beobus- 1 5 6 9 - y biabas—1 6 0 8 - , sin nasal implosiva, y byambas, registrado por pri
m era vez c o n nasal implosiva e n 1668.
20 Q u erem o s agradecer al p r o p io autor la e x p lic a c ió n d e a lgu n os de los pasajes d e su libro.
[...] el dominico transcribió en letras latinas rasgos prosódicos del japonés que ni tan siquiera aparecen en el Vocabulario da Lingoa de Japam. En el Dictionarium de Diego Collado se pueden encontrar hasta cuatro tipos de tildes o marcas diacríticas, con las cuales no solo se indica el lugar del acento en la palabra japonesa (algo que hasta entonces no se había hecho), sino también la cantidad larga o breve de las vocales, que puede llegar a ser un rasgo distintivo en esta lengua. Además, mediante el acento cir
cunflejo / ' / Collado indicó la nasalización de las vocales / a / y / o / seguidas de los fonemas / q / , / d / y / b / , inspirándose seguramente en la convención gráfica emplea
da en portugués para indicar un fenómeno análogo.
Mientras q u e las transcripciones d e Esquivel y C ollado in ten ta n ser fie
les a la sustancia fonética originaria, n o tenem os la certeza de si la alter
nancia de grafías de los prim eros registros escritos, ta n to en español com o en p o rtugués21, resp o n d e a u n sistema de transcripción m enos fiel. Sea com o fuere, lo cierto es q u e q ueda com probado, d e este m odo, q u e la nasal adventicia de “b io m b o ” e n cu e n tra su origen en la lengua jap o n esa.
Si al fen ó m en o ja p o n és que acabam os de describir sum am os la pro pensión española a reforzar el final de la sílaba p o r m edio de u n a nasal (Pascual y Blecua 2 0 0 6 : 1 3 7 9 ) , se p o d rá e n te n d e r q u e n uestra explicación sobre el origen ja p o n é s del segm ento nasal implosivo parece la más acer
tada. Com o resuelven Pascual y Blecua ( 2 0 0 6 : 1 3 7 9 ) , no resulta extraño que “los extranjerism os adm itan m uchas veces la adición de u n a n no eti
m ológica”, p e ro sobre todo en este caso q u e nos ocupa, puesto q u e la nasal sí es etimológica; adem ás, en español cuenta con u n e n to rn o que favorece su aparición (ante u n a labial -biombo-) (Pascual y Blecua 2 0 0 6 : 1 3 6 9 - 1 3 7 0 ) .
4 . Pu e b l o p r e c u r s o r d e l a g r a f í a “b i o m b o”
H abiendo estado expuestos a la realización nasal del étim o original, cabe p reg u n tarse p o r el pueblo que extendió en p rim er lugar el uso d e la grafía con nasal, es decir, la transcripción “b io m b o ”. A pesar de que no sean d eterm inantes, hallamos dos razones de carácter extralingüístico que nos inclinan a p ensar que la form a con nasal, m, fue prom ovida p o r los cas
tellanos.
Desde u n p u n to de vista cronológico, el portugués es la p rim era len
gua occidental en ofrecer los prim eros testimonios escritos de “b io m b o ” sin nasal implosiva: beobus ( 1 5 6 9 ) o biobos ( 1 6 0 8 ) , según Dalgado ( 1 9 1 9 - 1 9 2 1 , s.v.). De acuerdo con la inform ación de Gil ( 1 9 9 1 : 9 5 , 1 9 2 , 1 9 6 y
3 8 5 ) el significante biobos, tam bién sin nasal en len g u a española, aparece
en d o cum entos d e 1 6 0 9 , 1 6 1 0 y 1 6 1 4 . Por otro lado, Álvarez de M iranda
21 N o solo para la voz “b io m b o ”, recu ér d e n se las v o ces recién expuestas: N aban / N am ban, N angasaqui / N agasaqui, Yendo / Yedo, Virando / H irado, etc.
(2004: 393) indica los prim eros registros d e la voz con nasal, tan to en sin
gular -biombo- com o en plural —biombos-, en unos poem as de Q uevedo (el 623 y a n te r io r a 1645), o tro d e Castillo Solórzano (1625) y otro d e Tirso de M olina (cl629). P osteriorm ente, en 1649, Frago (1997: 110) registra la form a bionbo en unos protocolos notariales sevillanos. De acu erd o con Dalgado (1919-1921, s.v.), la p rim era d o cu m en tació n textual con elem en to nasal implosivo en portugués, byombos, tiene lugar en 1668, esto es, casi m edio siglo más tarde. No solo p o r su uso en protocolos notariales, sino tam bién especialm ente p o r su utilización m etafórica e n poesía, e n te n d e mos que este m ueble exótico e ra ya bastante conocido en el territorio español de la época.
La segunda causa, de carácter socio-cultural, está relacionada con la distribución del objeto p o r E uropa. En efecto, com o sostiene Casares (1918: 50-53), resulta com plejo d e te rm in a r qué nación dio a co n o cer el m ueble al resto de países euro p eo s. Si bien, el au to r a p o rta pruebas filoló
gicas que d em uestran que el objeto fue d ifundido en E u ro p a p o r los espa
ñoles: (a) en Francia la p rim era referencia a paravent, traducción directa del étimo jap o n és, fue utilizada e n la Vie de Guzman d ’Alfarache (1732); (b) u n académ ico de la Crusca (Corsini, 1699) em pleó la voz biomba en italia
no al traducir la Historia de la conquista de la Nueva España (1684) de A ntonio de Solís; (c) en alem án y ho lan d és se em plea spanische W andy spa- ansche wand respectivam ente con el significado literal d e ‘m am p ara espa
ñ o la ’ (cf. Casares 1918: 52-53). Asimismo, hem os de añ a d ir que, en lom bardo, la voz se adaptó com o fiomba, según la inform ación p ro p o rcio n a d a p o r Corom inas (1954, s.iy.)22.
5. Co n c l u s io n e s
De acuerdo con las p ruebas recién expuestas, podem os extraer las siguientes conclusiones:
(i) En cuanto a la adaptación del étim o ja p o n é s a las lenguas ibéricas, español y portugués, ganó la variante con nasal implosiva, transcrita com o biombo. Esto se explica, desde u n p u n to d e vista perceptivo, p o rq u e el étim o contaba con u n a realización nasalizada, [b ’o:nibm], y así pasó, de form a oral23, a las lenguas rom ances. Los portugueses y castellanos, en
22 Q u e tom a d e Enrico Zaccaria (1927): L'etrm rnlo iberico rutta lingua ita lia n a , B olonia.
23 N o p u d o pasar d e form a escrita, p u e sto q u e el j a p o n é s n o com p arte c o n aquellas un sistema d e escritura alfabética, sino un c o m p le jo siste m a gráfico fo rm a d o por id eogram as y silabogram as (Vanee 1987: 2-3, JTB 1989 [1991]: 12-13, Shibatani 1990: 125, Seeley 1991 [2000]: 152-179, U n g e r 1996 [2 0 0 3 ], Akamatsu 1997: 4-5, Matsuura y Porta 2000: 30, F eries 2001: 13-15, Frellesvig 2010: 157- 183 y Labrune 2012: 8-9).
cuyas lenguas existe u n a te n d en cia a reforzar el final silábico m ediante u n a nasal, escuchaban u n a vocal larga nasalizada y trataban d e rep resen tarla gráficam ente su articulación - e n la m ayoría de los casos observados (cf. biobos, p o r eje m p lo )- usando diferentes grafías, q u e p o d ían ser signos diacríticos sobre la vocal, n o m (beóbus, bionbo, byombos, viombo, bióbu). Las transcripciones sin consonantes nasales o signo explícito, com o biobos, sugieren que, o bien la representación gráfica n o era estricta, o solo refle
ja b a u n a posible realización no nasalizada del étimo.
(ii) Existen varios aspectos relativos a la ad o p ció n del étim o que, p o r el m om ento, son imposibles de d eterm in ar: (a) ¿qué lengua em pezó a u ti
lizar p o r p rim era vez el significante con nasal, sea su versión oral o su ver
sión escrita?; (b) u n a vez a d ap tad o el vocablo, ¿interfirió la articula
c ió n /g rafía española sobre la portu g u esa o viceversa? La irresolución d e am bas se justifica p o r las siguientes circunstancias: (1) tan to el español com o el portugués se caracterizan p o r u n a te n d en cia in te rn a a reforzar el final silábico con u n a nasal; (2) pese a que la len g u a franca e n tre los eu ro peos en J a p ó n fuera el portugués24, n o se p u e d e sostener la hipótesis d e q ue los españoles no tuvieran contacto con el pu eb lo au tó cto n o y que des
conocieran la lengua, o que las nociones que tuvieran de ella se d ebieran a los portugueses; (3) gran cantidad del m aterial de la época se ha p erd i
do o no está disponible para su cotejo; (4) d ebem os ser cautelosos con los registros escritos que nos h an llegado.
Asimismo, relacionado con el p u n to (2), d ebem os considerar otra cir
cunstancia: en la actualidad, tras u n p eq u eñ o p erio d o de adaptación fo n é
tica (verbigracia, mi experiencia d o ce n te en P o rtu g al), portugueses y espa
ñoles p u e d e n com unicarse utilizando su lengua nativa, lo cual nos lleva a pensar que en la época d e convivencia, finales del siglo xvi —no h ab ién d o se distanciado tanto am bos sistemas lingüísticos-, la situación com unicati
va en aquellas tierras niponas no distaría dem asiado de la actual, es decir, los lusos em p learían el portugués y los castellanos el español. De este m odo, en las dos lenguas rom ances se p o d ría h a b e r alcanzado a la p ar la misma solución nasal.
De acu erd o con el Tratado de Tordesillas, en el siglo xvi J a p ó n se halla
ba en m anos de Portugal, au n q u e esto no obstaculizó la presencia espa
ñola en las islas niponas. Por o tro lado, la lengua franca q u e em p learo n los europeos para su com unicación era el portugués, realidad que explica que los prim eros vocabularios —m uchos de los cuales se h an p erd id o p ara siem pre o resultan prácticam ente imposibles de ad q u irir para los investi
gadores e u ro p e o s - com enzaran a ser escritos e n portugués a p artir del añ o
24 R ecu ér d e se el caso del co r d o b é s Juan F ernández, so b re el q u e Jacinto García (2004: 79) afir
m a lo siguiente: “Segú n el testim o n io d e a lgu n as cartas escritas por los m isio n ero s, nad ie d o m in ó c o m o él la le n g u a j a p o n e s a ”.
1560. Si bien, a fin de q u e la evangelización resultara más efectiva, los misioneros, lusos o hispanos, a p re n d ie ro n ráp id am en te la len g u a autócto
n a (cf. Jacinto García 2004: 78-81). Si los castellanos y los portugueses se veían expuestos y conocían las realizaciones nasalizadas del étim o, ¿hasta q u é p u n to podem os d eterm in ar q u e la adaptación oral del étim o nasali- zado solo tuviera lugar en u n a le n g u a rom ance, y que d e esta se traspasa
ra a la otra? D ejando a u n lado la o ralid ad y c e n trá n d o n o s en la escritura, no podem os aceptar que la le n g u a española —cuyo n ú m e ro d e hablantes en tierras niponas d ebía d e ser in fe rio r al de p o rtu g u e ses- influyera sobre la portuguesa25, o viceversa, a la h o ra de transcribir la voz con elem ento nasal implosivo, incluso si las p rim eras transcripciones con nasal implosiva tien en lugar en español ( e l623), p u esto que p o d ría n hallarse transcrip
ciones portuguesas anteriores q u e co n trad ijeran esta arg u m en tació n cro
nológica26. P o r este motivo, desestim am os la teo ría de Dalgado sobre la nasalización gestada en p o rtugués, ya que este a u to r se basó en u n a trans
cripción con nasal (byombos) e n c o n tra d a fuera d e J a p ó n en 1668 para ad u cir que la lengua p o rtu g u esa d ifu n d ió el préstam o en Europa; sin em bar
go, Dalgado n o contaba con el d escu b rim ien to d e Álvarez de M iranda en u n poem a de Quevedo de hacia 1623: biombo.
(iii) Por otro lado, no creem os d eterm in an tes, a u n q u e sí coadyuvantes, las razones filológicas expuestas p o r Casares (1918), q u e indican que el pu eb lo español impulsó el co n o cim ien to de los “biom bos” en E u ro p a (Francia, Italia, Alemania, A ustria y H o lan d a). De las form as que el propio Casares aduce para explicar la p ro c e d e n c ia española en las lenguas eu ro peas, solo dos (spanische Wand p a ra el alem án y spaansche wand para el holandés) indican form alm en te su origen hispano, p ero resulta obvio que el préstam o pasó como u n en te físico real, u n m ueble, p ero n o com o un préstam o léxico, desde u n p u n to d e vista formal. L am en tab lem en te no contam os con mayores recursos o fuentes para indicar cóm o tuvo lugar la propagación de los “biom bos” en E uropa. Sí conocem os, no obstante, gra
cias al estudio de Frago, q u e el siglo xvil fue
[...] especialmente propicio a la entrada de préstamos orientales en el dominio his
pánico, debido al auge experim entado p o r el comercio, a las mejoras de la navegación y al creciente apego que la sociedad europea de la época sintió por los productos y manufacturas del Extremo Oriente, asimismo de moda en la América española (Frago 1997: 108).
En España, com o ya indicam os e n líneas superiores, era am pliam ente conocido entre los literatos, ya q u e lo em pleaban en su poesía. Asimismo,
25 Idea que com p arte Frago (1997: 108): “A u n q u e fue acusada la p resen cia lusa e n el Extrem o O rien te, y frecuente el co n ta cto c o n los e s p a ñ o le s, la m ed iación p o rtug u esa n o resulta im prescindi
ble para explicar la entrada d e biom bo e n n uestra lengua".
26 D eb em o s actuar con cautela a n te los m ater iale s escritos q u e n o s han llegado.
según las indagaciones de Frago (1997: 109-110), esta pieza decorativa ja p o n esa estaba considerada com o un elem en to lujoso, y com o tal, desde Sevilla, d o n d e las m anufacturas jap o n esas n o escaseaban, se ex ten d ió al resto de España y de Europa.
(iv) Gracias a la o b ra de Frellesvig (2010) y a las observaciones de Jacin to G arcía (2004), sabemos q u e la nasalidad e n c u e n tra su explicación en la lengua jap o n esa. En la época en q u e se p ro d u je ro n los prim eros desem barcos de castellanos y portugueses e n territorio ja p o n é s, los hablantes ibéricos fueron sensibles a la altern an cia en tre [b ’oibui] y [b ’o:mbui], todavía vigente en ja p o n és, com o así lo d em u estra la inestabi
lidad de las prim eras transcripciones d e d icha voz en español y p o rtugués (al principio sin nasal implosiva y progresivam ente g an an d o esta mayor relieve). De la variación en tre [b ’oibui] y [b ’o:mbtu], en ja p o n é s venció la variante sin nasalización, lo que p o d ría ser reflejo de u n a p ro n u n ciació n dialectal, com o sugirió Gongalves Viana27.
(v) En definitiva, resulta evidente la necesidad de: (a) u n a m ayor coo
peración en tre hispanistas de u n o y otro lado del p lan eta para resolver las incógnitas que p lan tea el estudio de los japonesism os; (b) considerar con cautela todos los mecanism os necesarios con que contam os los hispanistas para analizar con la m ayor precisión y rigor filológicos la historia d e los japonesism os; (c) la corrección, tanto po r p arte de la RAE com o p o r los responsables del DIJE y el DClave, del artículo dedicado a “b io m b o ”, indi
cando que su étim o ja p o n és, y no portugués, fue [b ’o:mbui] o byómbu— si utilizamos u n m ecanism o de transcripción similar al que se em p lea en el DIJE, DClave y DRAE14-.
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27 A e x c e p c ió n de la form a N am ban, c o n nasal, en el resto d e form as se observa p referen cia por e l resultado sin nasalización: en j a p o n é s actual Yendo-Yedo pasó a Edo, Nangrisru/ui-N agasaijui a N agasaqui, Cangoxim arCagnxim a a C agosim ay Firando-H irado a H im d o (cf. D aiyiríri).
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