Somos todos mestizos en Brasil = We are all mestizos in Brazil

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(1)LTuiza Lobo aller de Letras N° 44: 55-70, 2009. Somos todos mestizos en Brasil issn 0716-0798. Somos todos mestizos en Brasil1 We Are All Mestizos in Brazil. Luiza Lobo Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil litcult@infolink.com.br Discusión del término mestizaje, hibridación, mestizaje cultural, tribidismo, con base en la teoría del luso-tropicalismo desarrollada por Gilberto Freyre, pero con una visión crítica. La historia de la formación del mestizaje cultural desde Portugal hasta la colonización de América, y sus desdoblamientos hoy. Algunas teorías genéticas y la visión cultural de la cuestión del mestizaje. Posibilidad de una política de discriminación positiva en los exámenes de postulación para la universidad como forma de combatir el racismo y alcanzar una verdadera identidad brasileña mestiza. Muestra la dificultad del cambio social en las sociedades orales, y la importancia del acceso de los afrobrasileños a la universidad para agilizar la transformación social de Brasil. Palabras clave: mestizaje cultural, hibridación, luso-tropicalismo, estudios culturales. This article discusses hibridization, mestizaje, cultural mestizaje, or crossing of races, and tribidism, departing from the theory of luso-tropicalism developed by Gilberto Freyre, but viewing it critically. It draws the history of the formation of cultural mestizage from Portugal to the colonization of America, and its further developments until today. It envisages some genetic theories and cultural mestizaje. It proposes a politics of positive discrimination in the university entry exams as a form to struggle against racism and reach a true mestizo Brazilian identity. It points out that it is difficult to promote change in oral societies and how important it is that Afro-Brazilians can enter the university as a form of social transformation in Brazil. Keywords: Cultural Mestizaje, Hibridization, Luso-Tropicalism, Cultural Studies.. Fecha de recepción: 7 de noviembre de 2008 Fecha de aprobación: 11 de marzo de 2009. 1. Parte del proyecto “Imaginarios culturales y lteratura”, desarrollado en el posgrado de Letras de la Universidad Federal de Río de Janeiro y, en una forma más amplia, presentado en una conferencia en la Universidad de ELTE de Budapest, Hungría, el 21 de mayo de 2008, en la celebración de los 30 años de la fundación de su Departamento de Portugués.. 55 ■.

(2) Taller de Letras N° 44: 55-70, 2009. Ningún brasileño tiene la sangre pura; las combinaciones de los matrimonios entre blancos, indígenas y negros se multiplicaron a un tal punto que los matices de la carne son innumerables, y todo eso produjo, en las clases subalternas como en las altas, una degeneración del más triste aspecto. Conde de Gobineau, “Carta a Caroline de Gobineau”, 19 de abril de 18692 Nós, brasileiros, somos um povo em ser, impedido de sê-lo. Um povo mestiço na carne e no espírito, já que aqui a mestiçagem jamais foi crime ou pecado. Nela fomos feitos e ainda continuamos nos fazendo. Essa massa de nativos viveu por séculos sem consciência de si… Assim foi até se definir como uma nova identidade étnico-nacional, a de brasileiros. Darcy Ribeiro. 1. El luso-tropicalismo Las teorías que empiezan a valorizar el mestizaje en Brasil remontan a Gilberto Freyre, antropólogo pernambucano que, después de estudiar antropología en Estados Unidos, publicó dos obras con respecto a la identidad brasileña, exponiendo en ellas su teoría del luso-tropicalismo: Casa-grande e senzala (1933) y Sobrados e mocambos (1936). La base de esa teoría es que hubo una perfecta adaptación del hombre portugués a los trópicos, ya sea en la arquitectura, en la música popular, en los hábitos, en las costumbres, en la comida; y, de esa forma, la esclavitud no trajo a Brasil aspectos tan terribles como los que se relatan generalmente. Las relaciones sexuales, las bodas y el mestizaje entre lo portugués y lo africano se darían porque en ambas razas habría una sexualidad exuberante. Para el autor pernambucano, el mestizaje unifica a los hombres separados por los mitos raciales y reúne sociedades divididas; reorganiza naciones y ayuda en la democratización (Feldman-Bianco; Almeida, 1998). El total equívoco de esa justificación es que el comportamiento se debe a una tradición cultural y no a una característica intrínseca como el sexo o la raza. Estoy de acuerdo con Gilberto Freyre en lo que respecta a los puntos altamente positivos contenidos en el mestizaje, donde quiera que ocurran –en todos los países del mundo–, tanto en Brasil como en África y Asia, pero disiento de la manera como él presenta las características biotípicas y culturales del negro durante el ciclo del azúcar en el siglo XVII, valorizando solo su sensualidad y acentuando su disponibilidad, como si él fuese un mero objeto sensual para el uso del blanco. En el análisis del discurso siempre nos preguntamos: ¿Quién está hablando? ¿Desde dónde se está hablando? Gilberto Freyre, oriundo de una familia propietaria de un ingenio, no podría pensar de otra forma. Los esclavos estaban allí para bien servir a los señores portugueses, sus descendientes blancos. Entre estos se incluía, quizás no personalmente, pero sí como representación social. Freyre representa la voz del sujeto, la del señor del ingenio, y en ese sentido el africano es su objeto. Su estilo y el ser pionero fueron muy festejados en Brasil y en el exterior, pero algunas voces disienten de su posición ideológica respecto del africano.. 2 Raeders. ■ 56. 90..

(3) Luiza Lobo. Somos todos mestizos en Brasil. La esclavitud no nació en Brasil, ni en las Antillas, ni en América del Norte. Ella surgió en los países islámicos que llevaban africanos esclavizados de África Oriental para sus países de Oriente Próximo –nos dice Braudel. E incluso, fueron los pueblos islámicos que habían inventado la esclavitud, pues se puede decir que todos los pueblos antiguos, de los vikingos a los griegos, usaron esa forma primitiva de fuerza de trabajo que utiliza a los más débiles para realizar las tareas indeseables de su sociedad. Sin embargo, la esclavitud, antes de llegar a Brasil, había llegado a Portugal. La información más precisa viene de Zurara que en la Crónica del descubrimiento y conquista de Guinea relata cómo, en 1441, Antão Gonçalves capturó y trajo de la costa del Arguim (hoy Mauritania), para el Infante D. Henrique, los primeros esclavos africanos. En 1415, con la conquista de la Isla de Ceuta, el primer grupo de africanos había sido esclavizado por los portugueses. En 1761, cuando fue abolida la esclavitud en Portugal, ya cerca del 10% de la población al sur de Tejo era constituida por esclavos negros que acabaron por mezclarse con la población. Estudios recientes encontraron genes de antepasados africanos, no muy remotos, en más del 30% de la población portuguesa. Sin embargo, las dos mayores influencias étnicas de Portugal fueron las antiguas tribus autóctonas iberas y celtas (indoeuropeas), que permanecen en la actual etnia portuguesa, y que también componen buena parte de la población brasileña aunque, como veremos, en este país haya un alto grado de otros mestizajes. La esclavitud en Brasil empieza junto con los ciclos agrícolas –azúcar, tabaco, algodón, en los siglos XVI y XVII, después el café, en el siglo XIX– pasando por el ciclo de la extracción mineral del oro y diamantes –de 1685 a 1785-, que correspondió al 50% de toda la producción mundial3. Los primeros esclavos negros fueron traídos a Brasil en 1538 por un cierto Jorge Lopes Bixorda. Se calcula que, desde entonces y hasta 1865 –cuando el tráfico fue finalmente prohibido en Europa–, entraron en el país cerca de 15 millones de esclavos (Braudel). Por lo tanto, lo que caracteriza la esclavitud en Brasil no fue su excepción sino su duración –desde 1500 hasta 1888, casi 400 años– y su intensidad. Podría afirmarse, incluso, que esta cantidad de años está muy subestimada, pues existía aún después el tráfico ilegal. No todos los esclavos llegaban vivos. Nadie sabe el número exacto de ellos, y quizás nunca se sabrá. Pero, por encima de todo, lo que caracteriza esa esclavitud eran la diáspora, la violencia física, la destrucción de las tribus, las familias y las culturas del país de origen. En Brasil, los grupos fueron mezclados en los mercados de esclavos de Río, Salvador y Pernambuco para que perdieran su identidad y no pudieran comunicarse entre sí. El proceso era cruel, y todo lo que vemos en Brasil hoy, ligado a la cultura afrobrasileña, es prueba de una gran resistencia y perseverancia de los pueblos de origen africano para mantener y desarrollar su cultura en un medio inhóspito, en que no tenían ninguna oportunidad. Es solo a partir de 1865 que se vuelven. 3 Vila. Rica (hoy Ouro Preto)-1695; Cuiabá-1718; Vila Boa (Goiás)-1722. Fases: 1695-1750: Formación; 1750-1755: Apogeo; 1755-1785: Decadencia del ciclo de extración mineral.. 57 ■.

(4) Taller de Letras N° 44: 55-70, 2009. más fuertes los movimientos abolicionistas y Brasil fue el último país en el mundo en abolir la esclavitud, el 13 de mayo de 1888. La originalidad de mezclarse con los pueblos que iban conquistando, que sería típica del portugués –según Gilberto Freyre–, se explica en parte por el hecho de que ya eran mestizos los habitantes de Portugal. En la antigüedad con celtas, romanos, nórdicos; en la Edad Media, con la invasión de los árabes y el pueblo africano, en los seguidos viajes por las islas de la costa africana y asiática que Portugal descubrió, desde el siglo XIV, movimiento que se aceleró tras el viaje de Vasco de Gama por el Cabo de las Tormentas, en Sudáfrica, en 1498. El portugués ya había asimilado las costumbres del pueblo árabe, que había invadido el país en el siglo VII, hasta su expulsión en el siglo XII. Había ocurrido un gran mestizaje, a lo largo de todos esos siglos, y por lo mismo un aprendizaje de la agricultura, de rutas de navegación, de construcción de barcos, influencia en la arquitectura… creándose una cultura mixta, llamada mozárabe. El sentido de la hospitalidad, por ejemplo, que existe en las estancias en el sur del país, en las cavidades de las minas, pero también entre las tribus nómadas del Sahara y en la cultura norteafricana, puede haber sido absorbido por los portugueses de los árabes. De esa forma, la hospitalidad no sería una característica típica del luso-tropicalismo, como fue apuntado por Gilberto Freyre, sino un trazo cultural que existe entre los pueblos que no disponen de recursos, como hoteles e infraestructura para recibir, o bien porque están en un tipo de etapa de desarrollo precapitalista, más ligado a la intimidad y al prestigio que a la noción de finanzas, con sus estructuras económicas impersonales. En fin, el luso-tropicalismo es una idea forjada ideológicamente, de forma impresionista, que puede llevar a una interpretación tan ingeniosa como engañosa. La política de colonización de los reyes de Portugal pasaba incluso por exportar a los cristianos nuevos, cuya existencia en el reino español se había vuelto insostenible debido a la presión política, situación que culmina con la expulsión de los judíos en 1498. Estos colonos, cristianos nuevos, fundaban poblados y culturas al igual como lo habían hecho en España. Sabemos, incluso, que el propio Cristóbal Colón era judío converso, y para él no hubo otra solución que la de alzar velas, navegar, alzar velas y navegar, para no llevar una vida de humillación en España. Hizo cuatro viajes a América en búsqueda de China. Sin embargo, creía que el mundo era más pequeño que en la realidad y que, navegando rumbo al occidente, pronto llegaría a India –de ahí el nombre indios– o a la añorada China. América, con sus bosques e indios de los trópicos, no le interesaban en lo más mínimo. El descubrimiento de América solo se volvió importante muchos siglos después, con el aumento del prestigio de la parte norte del continente, específicamente de Estados Unidos: Mas parece que essa política de povoamento continuou, mesmo no século XX, na ditadura de Salazar, quando este se esforça por prolongar indefinidamente a política colonialista na África, diminuindo as diferenças entre culturas e mostrando o português como um povo amigo, compreensivo, enfim, luso-tropical. Gilberto Freyre não teria tirado, então, sua teoria do nada. Informa-nos Omar Ribeiro Tomás que Salazar criou o universo de um mundo português baseado em. ■ 58.

(5) Luiza Lobo. Somos todos mestizos en Brasil. grandes exposições, e em especial a Exposição do Mundo Português, que ocorreu em Lisboa no ano de 1940; sem sombra de dúvida, o maior empreendimento cultural realizado pelo regime salazarista. Ao longo de quase um ano, e num cenário espetacular, procurou-se fixar o passado, o presente e o futuro desejado de um mundo português. A idéia hegeliana de uma política do Espírito que presidia a essas comemorações, obedecia ao critério autoritário de romper fronteiras e criar uma idéia unificada de Portugal. Este pode ter sido o germe da teoria do luso-tropicalismo de Freyre. (Thomaz 2001) La lengua portuguesa –la sexta lengua más hablada del planeta– se difundió por el mundo desde Europa (Portugal) hacia América del Sur (Brasil), hacia África (Angola, Mozambique, Santo Tomé, Príncipe y Cabo Verde, GuineaBissau), hacia India (Goa), China (Macao) y Timor Oriental. En el continente asiático ya está en proceso de extinción. En todos sus viajes por Indonesia, Portugal creó una forma de aproximación de las poblaciones locales, llevando al mestizaje. Pero no vamos a exagerar en esta afabilidad luso-tropical. Por ejemplo, cuando se aproximó a Goa, el capitán mandó bombardear el puerto y diezmar toda la población de la ciudad que allí estaba. Las crónicas de China no quedan atrás en violencia y, por qué no decirlo, salvajada, si con eso no ofendiésemos a los salvajes. Ya Gilberto Freyre explicaba la disponibilidad del portugués para conectarse con la población local en un estilo floreado y pretencioso, además de muy poco científico, pero considerado muy bello. Él le atribuía al clima de los trópicos, soleado y venturoso, la disponibilidad de la raza negra como objeto sexual. En mi opinión, esa teoría sirvió para reforzar algunos de los estereotipos que persiguen a Brasil hasta hoy: el paraíso tropical, el sexo y el exotismo. Mito levantado por los primeros viajeros, ya en el siglo XVI, como Jean de Léry y André Thévet, que describían a los indígenas y la naturaleza como bellos y buenos. De ahí surgió toda la idea del buen salvaje de Rousseau, a partir de los Ensayos de Montaigne. Con Gilberto Freyre la felicidad tropical se extendió al africano, cuya sexualidad es elogiada, junto con la libertad, bondad y paciencia, entre otros términos genéricos, como un buen salvaje. Es importante la aproximación entre Brasil y Portugal, como enfatiza Gilberto Velho, del Museo Nacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro, por lo que respecta a los estudios antropológicos brasileños. Esta cercanía siempre existió pero estaba en el contexto de la difícil relación metrópoli-colonia mientras que hoy, en un mundo que se volvió multicultural y complejo, el mestizaje es la regla en países como Estados Unidos, Brasil y América Hispánica en general. Sin embargo, en los países de América del Sur, el choque de culturas desarrolladas y subdesarrolladas, u orales y eruditas, conviviendo en el mismo espacio social, son la prueba del desequilibrio de las fuerzas sociales y de las desigualdades económicas, que son todavía la regla. Por ello, no se puede esperar una relación biunívoca simple entre Brasil y Portugal, continuando los procesos del tiempo de la colonia, pues en esta fase posmoderna las identidades en esos países-naciones se alteraron profundamente. Ni Brasil es un solo país –es al menos cinco, con sus dispares cinco regiones– ni tampoco Portugal lo es, dividido en urbano y rural, norte y sur, interno y miembro de la Comunidad Europea. Ambos países presentan, así, distintas facetas, muy diferentes de la realidad de la época. 59 ■.

(6) Taller de Letras N° 44: 55-70, 2009. mercantilista. Pertenecer a la Comunidad Europea hizo a Portugal volver su mirada del océano hacia el continente, contrario a lo imaginado por José Saramago en Balsa de piedra (1986). Esa mirada, sin embargo, no excluye su continuidad rumbo a África y América poscolonialistas, y hoy habría que verlo a partir de un discurso más híbrido y multicultural. La teoría del luso-tropicalismo acentúa la facilidad de la cultura portuguesa por asimilar las formas de vida, hábitos, costumbres de los locales por donde anduvo y colonizó. Eso, especialmente en relación al pueblo inglés, holandés u otros. Esta gran capacidad de adaptación, hasta sexual, tendría, sin embargo, un fuerte sustrato ideológico: É, novamente, na história de Portugal que encontramos as bases da liberdade sexual da colônia: homens sós, aventureiros, encontraram, inicialmente na Índia e, posteriormente, na África negra, o paralelo a um ideal de beleza há muito presente na cultura lusitana: a moura encantada. A liberdade sexual da colônia não seria apenas uma estratégia de povoamento de terras pouco densas demograficamente, mas fundadora de uma sociabilidade específica que, ao somar amor com servidão, evitaria conflitos e, sobretudo, acabaria por estabelecer uma verdadeira política de assimilação, independente de poderes como o Estado ou a Igreja. (Moreira 2000) Hasta en la botánica el portugués practicó la asimilación de culturas desarrollando verdaderos jardines de aclimatación en islas atlánticas, o bien trayendo plantas frutales de India para Brasil y Angola. Entre las principales y más adorables, están el mango, el caqui, la fruta de conde o piña, el anacardo, la papaya, el palmito y la odienta jaca, que se acomodó y se expandió a tal punto en la mata atlántica (rain Forest) que la está destruyendo. Otra idea equivocada que tenemos respecto a la pseudoteoría del luso-tropicalismo en cuanto a la excepcional adaptabilidad del portugués, es explicada por Warren Dean cuando afirma que el inicio de la aclimatación de las plantas por los portugueses se debió a que a ellos no les gustaba la comida de los tupíes. Poco a poco habían introducido la caña de azúcar y otras plantas como una forma de colonizar y esclavizar al indio y hacerlo trabajar, pues en la fase de extracción de los recursos naturales no se los podía controlar de ninguna forma. Entonces hubo un imperialismo ecológico en la época de la colonia, según la feliz expresión de Alfred Crosby (1989). Por regla general, el uso de la planta exótica como la caña de azúcar, arrancada de su hábitat, aseguraba una mayor producción en las nuevas tierras libre de plagas, pues estas todavía no se habían aclimatado y desarrollado en su nuevo suelo, según una ecología primitiva, intuitiva, cuyo proceso es ahora comprendido. Después, se obtenía una ganancia con el suelo ocupado por esas plantas, que tenían valor en el mercado internacional –es el caso del café, traído de la Guayana, pero originario de Arabia. El portugués trajo también las majestuosas palmeras imperiales de las Islas Mauricias, en el Océano Índico, a ochocientos metros de la Isla de Madagascar, que se volvieron el símbolo del poder imperial en el período áureo de la cafeicultura en la Provincia de Río de Janeiro. Los barones las plantaban cuando ganaban su título de baronato de los Bragança, junto con una simiente del árbol, que alcanzaba treinta metros de altura.. ■ 60.

(7) Luiza Lobo. Somos todos mestizos en Brasil. Esa asimilación extrema a las condiciones climáticas por parte de los portugueses, expuesta por Gilberto Freyre en el luso-tropicalismo, también se tradujo en crear un nuevo tipo de arquitectura: el estilo colonial, que posibilita la ventilación de los espacios de casas con muchas ventanas, sótano y teja, y pie derecho muy alto, de cerca de cinco metros de altura, manteniendo el aire caliente en los sótanos, que funcionan como bolsas de aire que se desplazan hacia arriba. En una asimilación camaleónica de los colores de los trópicos, danzas, trajes africanos, carnaval, jaleo, antruejo, esas casas tienen ventanas y puertas pintadas con colores vivos, azules, granates, verdes, amarillos. El portugués también practicó la hibridación racial al mezclarse en gran medida con las poblaciones autóctonas. Pero eso estaba previsto en el plano de la colonización, pues ¿cómo colonizar con tan baja población, solo 1,4 millones de habitantes en todo Portugal, en el siglo XVI? Hoy mismo la población es cerca de diez millones y 500 mil habitantes y hay baja de natalidad. Pero, ¿cuántos portugueses hay repartidos por el mundo? Solo hablantes nativos de la lengua hay del orden de los 215 millones de personas. En Portugal, el 70% de la sangre de los portugueses es de origen celta y romana, y el 30% tiene origen africano debido a las navegaciones por el Atlántico, iniciadas en el siglo XV, y la inmigración de esclavos africanos ya expuesta aquí. Un estudio hecho con la población masculina y femenina en São Paulo mostró que el ADN de los habitantes de ese Estado está constituido, por la parte paterna, básicamente por pueblos celtas, romanos e ibéricos autóctonos, pero en la parte materna por 33% de madres indígenas y 22% de africanas, siendo solo 25% de madres blancas, entre otros componentes raciales4. Uno de los efectos negativos de cierta teoría del luso-tropicalismo fue crear en Brasil el mito de la democracia racial o igualdad social. Gracias a la asimilación de la colonización portuguesa en relación a la africana, Brasil no tendría prejuicios raciales. Si los brasileños fuesen entrevistados, creo que un 90% respondería que en Brasil no hay prejuicio racial. Lo que sucede es que el prejuicio racial en los países nórdicos es marcado por leyes de acceso claras y bien establecidas, implicando un rechazo explícito y sin medios tonos. En Brasil, donde prevalece una relación de cordialidad en todos los sectores, conforme a la expresión de Sérgio Buarque de Hollanda, hubo un pequeño número de leyes, hasta la Constitución de 1888, que realmente penalizaron el prejuicio racial contra el afrodescendiente. Roberto da Matta escribió en la década del setenta un artículo famoso sobre esa forma de relación basado en la intimidad típica del brasileño, “¿Sabes con quién hablas?” (Da Matta 1979). Allí el antropólogo muestra que en todas las esferas sociales, los conocidos tienen privilegios y pueden desobedecer las leyes, y no son multados ni arrestados. Este comportamiento puede ser fácilmente explicado por el hecho de que Brasil está compuesto por dos componentes tribales, lo africano y lo indígena, que nunca vivieron bajo un Estado-nación europeo.. 4 Sérgio. Danilo Pena en su estudio genético para la Universidad Federal de Minas Gerais, con 34 autores, denominado Divisiones peligrosas, muestra la ancestralidad brasileña a través de la investigación del genoma de blancos. Es uno de los genetistas que más luchan para divulgar la falta de base científica del concepto de raza (ver Pena).. 61 ■.

(8) Taller de Letras N° 44: 55-70, 2009. Los privilegios eran para la familia, el clan. Los reyes gobernaban sobre un reducido número de individuos y a ellos concedían privilegios que se juzgaban correctos, sin acudir a cuerpos complejos de decisión, como son el sistema jurídico, la Cámara de Diputados, el Senado, etc. Es realmente preocupante la casi manía del brasileño de infringir las leyes para mostrar poder y para estar sobre ellas y mostrar impunidad. La noción de ciudadanía está todavía atrofiada y la noción de grupo –familia, barrio, equipo– está muy desarrollada, trayendo grandes problemas para aquellos que no se benefician de sus privilegios, los que jamás se podrían extender a 180 millones de brasileños. Entonces, hay que cambiar la forma de relación social, crear una nueva historia de las mentalidades. Algunas medidas importantes habían sido tomadas por la nueva Constitución de 1988. Por ejemplo, introduciendo la noción de crimen sin fianza para el racismo. No es posible que las personas digan formar parte de una democracia racial y a la vez den, con frecuencia, muestras de racismo y violencia contra los no privilegiados y subalternos.. 2. La discriminación positiva Las instituciones de enseñanza solo reflejan, en microcosmos, lo que pasa en el macrocosmos social. No crean el problema, sufren en él. Además, su función social en todas las sociedades es revertir las desigualdades, tener papel didáctico y ético. No es la política de cuotas, reservando un 50% de las plazas en la selectividad para una o dos universidades públicas de cada Estado a estudiantes afrodescendientes, lo que crea los prejuicios raciales que la acompañan en Brasil. ¡Esa sería una medida paliativa inmediata! Al contrario, extinguiéndose la nueva política de cuotas, solo los estudiantes blancos continuarán entrando a la universidad y obteniendo los mejores empleos ofrecidos por el mercado, perpetuando así la imagen social de alguien que solo ocupa puestos inferiores o menos calificados en la sociedad. Creo que las cuotas deberían ser del orden del 20%, y no del 50%, como fue establecido. La cuestión es que no se acaba el prejuicio afirmando que él no tiene base científica. Hay que hacer un poco más, ideológica y legalmente, para que el prejuicio desaparezca de la memoria nacional. El rechazo de la política de cuotas en la enseñanza –que debería extenderse a concursos para profesores y a otros sectores de la sociedad– parece una actitud que desea acabar con el racismo en Brasil por decreto. Los antropólogos se encaminan hacia nuevas teorías raciales, olvidándose de que el principal aspecto que prevalece hoy en la cuestión del prejuicio es cultural e ideológico. Esta opinión contra la política de las cuotas, liderada por Yvonne Maggie de la Universidad Federal de Río de Janeiro y Peter Friedman, ex director de la Fundación Ford, termina por impedir que se abran oportunidades en la enseñanza superior y en las carreras más elevadas en Brasil para los que son excelentes, pero no tan excelentes como los que tuvieron, en general, los privilegios de la enseñanza de la población blanca. Eso porque, con o sin luso-tropicalismo, con o sin la noción de raza, esa población continuará siendo marginada y alejada de la educación superior. Hay que comenzar desde algún punto del proceso, ¿o vamos a esperar primero que todas las escuelas públicas del suburbio y del interior de Brasil den una. ■ 62.

(9) Luiza Lobo. Somos todos mestizos en Brasil. educación tan buena como las escuelas privadas, y que esos alumnos sin privilegios sean preparados al mismo nivel que los alumnos blancos, salidos de escuelas lujosas, particulares, que cuestan una fortuna al mes? El argumento de Yvonne Maggie de que los alumnos blancos de hoy no pueden ser culpabilizados por las injusticias de los dueños de esclavos del pasado es risible, y puede hasta aproximarse a la defensa de una cierta reserva de mercado para la elite blanca en las universidades federales. Nadie niega que la teoría determinista de la historia y el fundamento ideológico de noción de raza sean erróneos, en ello estamos todos de acuerdo. Fue una idea defendida por pensadores de los siglos XIX e inicios del XX, como Gobineau, Haeckel y Lombroso, que inventaron sus teorías de acuerdo a las ideas que querían defender, es decir, la hegemonía europea y la superioridad de la población blanca. Pero tales ideas penetraron en la mentalidad brasileña y en el mundo, y todavía prevalecen en el siglo XXI, toda vez que los afrodescendientes continúan ocupando posiciones sin privilegios en la sociedad. La asociación entre una raza, color, o grupo de personas distintas de los otros (como en la cuestión del gender), siempre lleva a la manutención del statu quo, y posibilita que esos grupos hegemónicos creen leyes en beneficio propio. Decir que el concepto no tiene fundamento teórico o científico no resuelve el problema ideológico práctico de marginalización de esas poblaciones que corresponden a la imagen mestiza –africana o indígena– entre otros mestizajes menos visibles en Brasil, como de pueblos europeos, hebraicos, árabes y asiáticos (cuyo prejuicio depende hasta de aspectos cuantitativos). Hubo la abolición de la esclavitud, pero la división entre blancos y negros (los indios viven por regla general en reservas) permanece en el país desde el punto de vista del imaginario social. Invalidar la política de las cuotas, porque el concepto teórico de raza no existe, es por lo tanto inservible, y tendrá como resultado la perpetuación del mismo muestreo social que prevaleció en la universidad y en la sociedad brasileña en los últimos siglos. Necesitamos luchar contra este serio desequilibrio ahora, no de aquí a un siglo.. 3. Hibridismo o tribidismo La diferencia de Brasil en relación a otros países del mundo es tener el mestizaje trífido. Portugueses, africanos e indígenas llevarían al hibridismo o hibridación a un punto original. Pero también en Estados Unidos hubo esa tribidación –término de Achúgar (2006)–, pero no fue valorizada. Imagino que una cultura blanca, protestante y capitalista fuerte, de wasps, no veía con buenos ojos el lado oral y tribal de los indios y de los esclavos africanos, haciendo uso de recursos violentos para marginarlos. En Sudáfrica los holandeses crearon los guetos del apartheid. En Brasil, en que la oralidad dominaba también a los conquistadores portugueses, todo se tribalizó y se tribidizó. David Haberly (1883) ya hablaba de tres razas tristes, el portugués, el indio y el negro, en su clásico de 1940, traducido Three Sad Races. El portugués vivía la pérdida del imperio de las grandes navegaciones en el siglo XVI y para comprender toda la dimensión de esa pérdida basta leer el impresionante libro de Wallerstein, Modern World System, en tres volúmenes (1974, 1979,. 63 ■.

(10) Taller de Letras N° 44: 55-70, 2009. 1980) –ya publicados en un volumen único– sobre macroeconomía, y toda su obra sobre los ciclos de la colonización del mundo moderno. El primer ciclo de navegaciones modernas se inició durante el mercantilismo, con los portugueses, pasando por los españoles, y después se desplazó al ciclo capitalista, del cual los ibéricos fueron desgraciadamente excluidos. Fueron los holandeses, ingleses y después los norteamericanos los que dominaron el mundo capitalista (Mignolo, 2000). En consecuencia, esa lectura tríbida tiene dos graves deficiencias. La primera es que el indígena combatió y mucho al portugués atacando los campamentos mineros, los pueblos, en los primeros siglos en São Paulo, por ejemplo. El indígena no fue triste ni pasivo, aunque haya sido retratado como víctima por el mito romántico del siglo XIX. Fue retratado como el habitante del Paraíso tropical, como un ser bondadoso. En Estados Unidos, por el contrario, el cowboy fue endiosado como un héroe, un Aquiles, mientras que el indígena fue visto –hasta bien recientemente– como un enemigo vil. En cuanto al elemento africano, en Brasil se creó y se nos enseñó una narrativa de victimización que no corresponde a la realidad. Hubo cientos de grupos victoriosos de africanos huidos de los caseríos del azúcar y el café, o de la minería, para formar quilombos. Había también grupos de esclavos malés (musulmanes) que trabajaban en grupo para comprar la libertad de los otros, especialmente en Bahía, y que sabían leer y escribir. El africano no fue particularmente triste, sino valiente. Con la historia de las mentalidades, de Braudel y Peter Burke, percibimos que no todo en la historia es verdad absoluta, sino más bien una narrativa en la cual creemos y a partir de la cual inventamos el mito. Podríamos contar exactamente la misma historia, pero elevando al indígena y al africano como valientes y héroes, y ya tendríamos otra visión de la historia de Brasil, como una lucha constante por la independencia, por la república, por la expulsión de la Corona portuguesa y por el rechazo de la monarquía como forma de poder adversa al gusto del brasileño, que es más informal, más tribal. Mário de Andrade forjó el mito de un indio heroico en Macunaíma (1928), insertado en una sociedad tríbida, asociando al pueblo brasileño a una manera informal y alegre de ser, que podría ser explicada por la falta de compromiso de la sociedad indígena original con el trabajo sistemático, la sociedad capitalista y la acumulación de capital. Pero el problema que la propuesta de esa obra genial encierra es que tres millones de indígenas hoy ocupan grandes áreas de reservas boscosas alejadas de los centros urbanos, constituyendo un otro Brasil completamente ignorado por el 80% de la población brasileña que vive en ciudades. Además, muchos blancos latifundistas tienen por hábito matar o expulsar de sus reservas a los indígenas. Otro equívoco del raciocinio tríbido que forma parte de la interpretación usual de la representación racial de Brasil –el portugués, el indio y el negro, que ya aprendemos desde la escuela primaria–, es que hay además innumerables pueblos europeos que vinieron a conformar la sociedad moderna brasileña a partir del fin del siglo XIX y de la esclavitud. Recibimos fuerte inmigración de portugueses, italianos, alemanes, austríacos, suizos, polacos, finlandeses, sirios, judíos, japoneses, españoles, por regla general en las regiones este y sur. Los japoneses, a fines del siglo XIX, se fijaron en la región amazónica,. ■ 64.

(11) Luiza Lobo. Somos todos mestizos en Brasil. como también algunos chinos, pero estos últimos sin gran éxito debido a la distancia y a las condiciones terribles del viaje en barco, desde Hong-Kong. Los coreanos, entretanto, se fijarán en el extremo sur. Portugueses y españoles, de nuevo en el siglo XX, y más recientemente angoleños y diversos pueblos orientales, en pequeño número. Pues, con esa masa de inmigración solo podemos hablar de una sociedad multicultural, ya que el término tríbido nos parece insuficiente ante de la multiplicidad contenida en nuestra composición multicultural. Si en los Estados Unidos la inmigración escolarizada, con una religión enraizada –de los pilgrims–, permaneció en una línea rumbo a la formación del capitalismo y sus valores eurocéntricos, en Brasil la historia fue otra. Los inmigrantes que venían a Brasil eran aquellos que no conseguían emigrar a Estados Unidos o a la Argentina. Nadie quería venir a un país esclavista. No había un plan eficiente de ocupación y colonización. No existía la intención de crear una cultura superior a la europea. Y, por encima de todo, no había un proyecto de rápida acumulación de capital, de enriquecimiento. En Brasil, la fragmentación de las creencias africana e indígena, y la influencia de la Iglesia Católica, terminaron por transformar la idea de la acumulación de capital en algo culpable, errado, posible de ser castigado. La ganancia se consideraba casi como un pecado. La renta no era discutida, sino distribuida. Tenía que ser guardada en formas arcaicas de acumulación. Los ricos eran mal vistos. En el inicio del siglo XX, el Banco de Brasil tenía 20 agencias, mientras el Banco de América ya tenía cientos, esparcidas por todo el mundo.. 4. El mito de la democracia racial en Brasil Sería ingenuo creer que esos mitos sobre el exotismo de Brasil están proscritos, que acabaron con la literatura de viaje de los innumerables extranjeros que visitaron Brasil entre los siglos XVI al XVIII. Desde holandeses y rusos hasta franceses, pasando por alemanes e ingleses, como el Diario (Journal of la Voyage to Brazil, and Residence There, During Part of the Years 1821, 1822, 1823 – publicado en 1824) de María Graham, nuestro cotidiano fue debidamente retratado por cuadros y por largas obras, inclusive de científicos, como Spix y von Martius y Georg von Langsdorff. Si no fuese por esa contribución, no habría diálogo transcultural o diálogo entre culturas, en el término acuñado por Renato Ortiz (1994), que no lo define como mera aculturación, sino como una influencia de parte a parte, y hoy no tendríamos nuestro pasado registrado en la historia por cuadros y textos. No se trata de defender solo la cultura autóctona, criticando la influencia de la cultura europea, que forma parte fundamental de Brasil, ya sea por la lengua, o por la cultura brasileña o luso-tropical. Si no fuese debido a la misión francesa, los extranjeros, algunos diplomáticos, que se instalaron en grandes propiedades y sesmarias5, en el nordeste o en la Corte, que se dedicaron a la cultura del azúcar y del café, sin duda hoy no seríamos. 5 La. sesmaria constituía una donación de tierras para portugueses de la administración del reino portugués, los hombres buenos, por la Corona de los Braganças, para que emigraran a Brasil, lo poblaran y desarrollaran sus tierras.. 65 ■.

(12) Taller de Letras N° 44: 55-70, 2009. la octava economía del mundo, ni clasificaríamos como país desarrollado desde el pasado año, a pesar del retraso social. El mito de Brasil feliz, el de los trópicos campantes, permanece hasta nuestros días, aunque con un sentido realista hoy mucho más agudo debido a la trasmisión de las noticias por internet y televisión. Crímenes, violencia urbana, devastación de la naturaleza, epidemias, cataclismos, nada pasa desapercibido a los ojos vigilantes internacionales y entre todos los países que tienen acceso a los mass media. Pero todavía en la Segunda Gran Guerra se podía apreciar la valorización de ese aspecto del exotismo y de la felicidad del brasileño sin ninguna mácula de discriminación social, viviendo en un perfecto paraíso de democracia racial, como puede leerse en el libro de Stefan Zweig Brasil, país do futuro, quizás uno de los mayores best-sellers sobre el Brasil de todos los tiempos, que vendió más de tres millones de copias, en portugués, aparte de las traducciones. Veamos este bello pasaje, que correspondía a nuestros sueños de infancia: Em todos os meses que passei aqui jamais vi uma grosseria, nem nas classes superiores nem nas inferiores, em toda parte pude constatar a mesma –hoje tão raro– ausência de desconfiança contra o estrangeiro, o membro de outra raça ou outra classe social. Às vezes quando, curioso, andava pelas favelas. […] No início, eu sempre esperava receber um olhar raivoso ou um palavrão pelas costas, como num bairro proletário na Europa. Mas, ao contrário, para essa gente de boa-fé o estrangeiro que se perde naqueles cantos é um hóspede bem-vindo e quase um amigo. […] A mesma cordialidade espontânea existe nos bondes, nos barcos, não importa se estamos sentados diante de um negro, um branco ou um mestiço. Jamais se descobre qualquer animosidade dentre as dúzias de raças diferentes, nem entre adultos, nem entre crianças […]. No serviço militar, nas repartições, nos mercados, nas lojas, nos locais de trabalho as pessoas nem pensam em se separar de acordo com a cor ou a origem e trabalham juntos pacífica e amistosamente. Japoneses casam com negras, brancos, com morenas, a palavra mestiço não é aqui uma ofensa, e sim uma constatação que nada tem de pejorativa. O ódio entre classes e raças, essa planta venenosa da Europa, ainda não criou raízes neste solo. (Zweig 131-2) La ciudad de Río cambió, y nosotros cambiamos junto a ella. ¿Por qué cambió? Porque la mayoría numérica, pero hasta hoy minoría étnica, se cansó de vivir sirviendo a la clase media y alta brasileña, esto es, como clase baja y servil. Mientras desfilan los automóviles y barcos de lujo de una minoría, las clases subalternas reciben sueldos ínfimos en tareas despreciables. No hay una conciencia política clara contra la injusticia y la desigualdad social de su parte, pero se nota el crecimiento de una revuelta legítima, emocional, contra el actual estado de cosas en la sociedad posmoderna. Es un esbozo de guerrilla, pero desorganizada, como las revueltas y actos de violencia que ocurren en los suburbios franceses, la banlieu o lieu del ban, del destierro, de acuerdo con la racionalidad del plano urbano de Haussmann, un plano urbano vuelto hacia el bienestar de los burgueses ricos en París, mientras la mano de obra era alejada del centro, para no repetir las revueltas urbanas de 1789, 1830 y 1848.. ■ 66.

(13) Luiza Lobo. Somos todos mestizos en Brasil. Y aquí podemos hacer un puente entre el plano arquitectónico de los portugueses, cuya vida se había vuelto agradable, ventilada, en la aculturación con los trópicos, mientras las poblaciones sin privilegios vivían en galpones insalubres, veinte esclavos durmiendo en una esterilla en el suelo, en casas hasta para 200 personas, más tarde en conventillos urbanos y hoy en favelas a mal traer. En los países sin igualdad social, la sociedad no está hecha para la mayoría que trabaja, sino para la minoría que hace y se beneficia de las leyes y el bienestar público como si fuese privado. El bello pasaje –la historia de la Carochinha o el cuento de hadas de un Brasil edulcorado que no existe más o que jamás existió– relatado por Stefan Zweig forma parte de nuestra historia de las mentalidades y compone un mito de la democracia racial que nos forjamos, que aprendemos a ver por la ideología de la clase dominante, pero que se disolvió como una pompa de jabón en el posmodernismo, más realista que el modernismo o el romanticismo. Se explica, en parte, por haber sido Brasil –en los siglos XVI a XVIII– siempre apreciado por la mirada del extranjero y, en el siglo XX, por extranjeros exiliados como el propio Zweig, Otto Maria Carpeaux y tantos otros. ¿Por qué el brasileño de la década de 1940 es bondadoso y pasivo, según la mirada de Zweig? Porque vive en un clima de ignorancia. Es el hombre que todavía no fue expulsado del Paraíso por haber comido la manzana del saber, en la lectura que Bacon hace de La Biblia como es relatado por John Milton. Es una reacción amistosa típica de todas las culturas puras, aisladas, que aún no habían entrado en un proceso de transculturación y por lo tanto de competencia, ni tampoco habían sido forzadas a la asimilación de poblaciones más avanzadas en el saber y en la tecnología como sucede ahora con la cultura europea y norteamericana. Hoy, el visitante invasor sería recibido a tiros en la favela, si no tuviera el permiso del presidente de la Asociación de Moradores de la Favela de Rocinha, en Río de Janeiro, necesario para aceptar grupos de turistas extranjeros que vienen a observarla y filmarla, como si fuese un paseo por el zoológico. Habría que leer Piel negra, máscaras blancas (1952) de Roger Bastide para comprender el fenómeno de la interacción entre lo blanco y lo otro. Habría que hablar de la revuelta de los afrodescendientes cuando ganaron su libertad. “¿Por qué ellos se volvieron sublevados y violentos, exactamente como el proletario europeo, en lugar de pasivos y agradecidos, como esperaba el blanco?” –pregunta Sartre. Porque ganaron conciencia política y pararon de bailar samba y de sonreír. Es por ello que hoy el acceso a la escuela pública de calidad y a la universidad pública y gratuita es una necesidad política apremiante para que las poblaciones pobres superen su actual alejamiento.. Conclusión La única solución para el problema de la identidad brasileña es que cambiemos de mentalidad, exigiendo más igualdad social, menos retórica y fingimiento con respecto a una supuesta democracia racial tan mítica como inexistente. La población aumentó, el número de empleos disminuyó, debido a la informatización de las máquinas y a la quiebra de la enseñanza primaria, secundaria y técnica. Para culminar, el desnivel entre pobres y ricos aumentó. 67 ■.

(14) Taller de Letras N° 44: 55-70, 2009. desmesuradamente en todo el mundo, pero sobre todo en las naciones en desarrollo (somos hoy del grupo de las naciones desarrolladas, pero qué decir de la igualdad social y derechos mínimos del ciudadano). A su vez, las drogas se introdujeron en las favelas, con armas, ejércitos y violencia inaudita, substituyendo el bucólico (visto a distancia) jogo do bicho (lotería local carioca), y las casas humildes de las favelas con su suelo de estrellas cantadas por Orestes Barbosa y en la voz de Silvio Caldas, una idealización romántica del año 1935. Brasil se favelizó y en las favelas no hay derecho público, sino el establecido por los jefes locales, que luchan entre sí con sus ejércitos propios, como en el tiempo de los castillos medievales. Políticos y líderes religiosos poderosísimos, que tienen cargos en la capital, articulan ventas internacionales para el tráfico de droga, con ramificaciones hasta dentro de la cárcel de seguridad máxima. Todo cambió. Por ello necesitamos actuar en la sociedad de modo pragmático, objetivo, abriendo oportunidades para un Brasil mestizo, real, dejando de fingir que somos una pequeña provincia de blancos ricos anexada a la Casa Blanca (¿como Hawai o Alaska?). Todavía es hora de empezar a dar educación de base y abrir las puertas de las universidades a la población mestiza, que hoy, en Brasil, está restringida a las clases privilegiadas. Pero es hora de hacer y no de discutir lo que no se hace. La democracia racial fue fruto entonces de una observación superficial de la sociedad, pensada como una cultura oral, vuelta para la canción popular, las danzas, la expresión del cuerpo, sobre todo por su buen clima en que solo hay un mes de invierno. Los cantautores de samba de raíz, auténtico, como Cartola o Carolina de Jesus, eran invitados en los teatros, se exhibían en los bares, pero eran alejados de la ganancia de las ventas de los discos, al contrario de los grupos privilegiados. Pero tras esa característica festiva de Río, que fue capital hasta 1960, se escondía otra realidad. Esos afrobrasileños servían de símbolos de una inagotable fraternidad entre blancos y negros, entre ricos y pobres, mientras, en realidad, eso no pasaba de un estereotipo pues no eran realmente aceptados. Hoy esos conflictos se volvieron más evidentes y se acrecentaron entre las clases sociales. Pero Brasil, que ha cambiado, y que hoy es un país mucho más protestante que umbandista, en que la umbanda sigue al francés Alan Kardek, en que el candomblé existe para mostrarse a los turistas y antropólogos, es víctima de esos estereotipos que quieren divulgar un Brasil mítico que no existe más. El movimiento retrógrado de apego sentimental al pasado estimula la propaganda sobre un Brasil puro, auténtico, africano puro, tal como por otro lado la propaganda y las novelas de televisión divulgan el Brasil blanco puro de la elite urbana. No se trata de crear un racismo ya sea del blanco o del afro puro, como ocurre ahora en Bahía. Cualquier defensa de raza es potencialmente provocadora de guerras ideológicas. Reconociendo Brasil como mestizo, del cual todos participamos como una cultura híbrida, mezclada, multicultural, estaremos en el rumbo correcto hacia un futuro sólido y realista. No somos ni seremos América del Norte, Canadá, Australia, Europa.. ■ 68.

(15) Luiza Lobo. Somos todos mestizos en Brasil. Porque más allá de los mitos, Brasil es mestizo. Brasil es multiculturalista. Brasil tiene su propio perfil. Por desgracia, la cultura oral sufre grandes limitaciones para insertarse socialmente en el mundo posmoderno y tecnológico de la era digital. Se reduce a los deportes, la música popular, la danza y las artes, que por regla general son esferas en las que los afrobrasileños tienden a destacarse. Pero no creo que eso nos satisfaga –y volvemos a la cuestión de las cuotas en las universidades–, pues el país está en el 76º lugar mundial en educación primaria, abajo de algunos de los países más pobres del mundo. Brasil también tiene una de las mayores desigualdades sociales existentes, donde el 10% de la población concentra una renta equivalente a la suma del otro 90%, y donde solo el 17% de la población llega a la universidad. Así las cosas, el luso-tropicalismo imprime una identidad cultural negativa para Brasil, y en nada le ayuda para insertarlo en el mundo posmoderno. La Constitución brasileña de 1988 aseguró muchos derechos básicos a los afrodescendientes pero, como afirma Braudel, es muy difícil cambiar hábitos culturales en las sociedades orales, tal como ocurrió, por ejemplo, cuando se intentó introducir la escuela en África o poner a las niñas en la escuela en los países musulmanes. Como plantea Derrida (1968), el cambio en la cultura oral es más lenta, pues se basa en la repetición de la tradición, y no en la escrita o écriture, que es inventiva y crítica. Es por lo tanto, poco a poco, que vamos perfeccionando nuestro proceso de cambio social en el sentido de una verdadera ciudadanía y democracia brasileñas.. Bibliografía Achúgar, Hugo. Planetas sem boca. Escritos efêmeros sobre arte, cultura e literatura. Belo Horizonte: UFMG, 2006. Andrade, Mário. Macunaíma: o herói sem nenhum caráter. São Paulo, ALLCA XX-F, 1996. Braudel, Fernand. Grammaire des civilisations. Paris: Flammarion, 1993. Da Matta, Roberto. “Sabe com quem está falando?”. Carnavais, malandros e heróis. Rio de Janeiro: Zahar, 1979. Dean, Warren. “A Botânica e a política imperial: introdução e adaptação de plantas no Brasil imperial”. Conferência no Instituto de Estudos Avançados da USP, 21 junho 1989, en http://www.iea.usp.br/artigos/ deanbotanicaimperial.pdf Derrida, Jacques. Marges de la philosophie. Paris: Seuil, 1968. Feldman-Bianco, Bela y Miguel Vale de Almeida, coords. “Luso-tropicalismo: balanços e perspectivas em diálogos cruzados”. 21ª Reunião da Assoc. Brás de Antropologia; 1ª Reunião Internacional de Teoria Arqueológica na América do Sul, Vitória, 1998, en http://www.ufes.br/~cisoufes/ mesas/ mesa _12.htm. Acesso em 20 de junho de 2008. Haberly, David T. Three Sad Races, Racial Identity and National Consciousness, in Brazilian Literature. Cambridge: Cambridge UP, 1983. Mignolo, Walter. “Border Thinking and the Colonial Difference”. Local Histories/ Global Designs: Coloniality, Subaltern Knowledges and Border Thinking. New Jersey: Princeton UP, 2000.. 69 ■.

(16) Taller de Letras N° 44: 55-70, 2009. Moreira, José Alves. “Da Europa nos trópicos aos trópicos na Europa”. Seminário de Tropicologia: o Brasil no limiar do século XXI, Anais. Recife: 2000, en http://www.fundaj.gov.br/st/2000.html Ortiz, Renato. Mundialização e cultura. São Paulo: Brasiliense, 1994. Pena, Sergio Danilo. “Divisões perigosas-Políticas raciais no Brasil contemporâneo”, en http://www.nacaomestica.org/hemero_070429_o_ globo_divisoes_perigosas.htm. Raeders, George. Dom Pedro II e o Conde de Gobineau. (Correspondências inéditas). São Paulo: Cia. Editora Nacional, 1938. Thomaz, Omar Ribeiro. “O luso-tropicalismo: paisagens, sentidos, identidades”. Seminário de tropicologia: o Brasil e o século XXI: desafios e perspectivas, Anais, Recife: 2001. Wallerstein, Immanuel. The Modern World-System. Vol. I, Capitalist Agriculture and the Origins of the European World-Economy in the Sixteenth Century. New York/London: Academic Press, 1974; The Capitalist World-Economy. Cambridge: Cambridge UP, 1979; The Modern WorldSystem. Vol. II, Mercantilism and the Consolidation of the European World-Economy, 1600-1750. New York: Academic Press, 1980. Zweig, Stefan. Brasil, país do futuro. Porto Alegre: L&PM, 2006. 131-2.. ■ 70.

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