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Una Iglesia pobre para los pobres, en el Pensamiento del Papa Francisco

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Una Iglesia pobre para los pobres, en el Pensamiento del Papa Francisco

Para entender el tema de esta reflexión y el la opción preferencial por los pobres en el pensamiento y enseñanza del Papa Francisco, podemos comenzar con el número 198 de Evangelii Gaudium, donde dice lo siguiente:

"Para la Iglesia, la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga «su primera misericordia». Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener «los mismos sentimientos de Jesucristo» (Flp 2,5). Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres entendida como una «forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia». Esta opción —enseñaba Benedicto XVI— «está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza». Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos" (EG 198).

Basándonos en esto, podemos señalar unos elementos importantes y luego desarrollarlos:

a) La opción se basa en la revelación misma de Dios y su Hijo Jesucristo; es decir, es una opción teológica-cristológica.

b) La fidelidad a esta revelación requiere una Iglesia pobre para los pobres.

c) Es una Iglesia que tiene que ser la voz de los pobres en el mundo.

d) Es una Iglesia que tiene que ir al encuentro de los pobres.

e) Es una Iglesia llamada a estar en solidaridad con los pobres.

f) Los pobres revelan el rostro sufriente de Cristo.

g) Los pobres nos evangelizan.

Y luego terminamos con dos temas:

h) Perdón por el pecado de la indiferencia frente a la situación de la pobreza.

i) La crisis medioambiental como campo de acción en una opción preferencial por los pobres.

A) Primero, ¿cuál es la razón de ser o la justificación para decir que la Iglesia tiene que tener una

opción preferencial por los pobres? Como aclara el Papa Francisco, citando al Papa Benedicto

XVI en su discurso en Aparecida, es que la opción preferencial por los pobres se basa en la

revelación de Dios Padre y su Hijo Jesucristo. En la revelación de Dios en el Antiguo

Testamento, el Padre por libre elección, por su “gracia y su caridad misericordiosa” (Jornada

Mundial de los Pobres, JMP 1) tomó a un pueblo pequeño y sin gran significación —el pueblo de

Israel, y lo hizo su pueblo, su instrumento para revelarse en la historia del hombre. Así, el Dios

de la Biblia es un Dios que escucha el clamor de su pueblo cuando está oprimido y quiere

ofrecerle nueva vida. Es el Dios que les liberó de la esclavitud de Egipto y luego, cuando la

explotación e injusticia social llegan a negar el plan liberador a de Dios, Él dio su palabra de

condena por la boca de los profetas. De hecho, tomando en cuenta que el libro del Éxodo es el

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más antiguo de la Biblia, se puede afirmar que la primera revelación de Dios es como liberador.

Más tarde, el libro del Génesis afirma que el liberador es el creador.

Esta opción fundamental de Dios es llevada a la plenitud en su Hijo Jesucristo y por eso el Papa Francisco cita a su predecesor diciendo que la opción por los pobres está implícita en la fe cristiana. Incluso, si miramos al documento de Aparecida, del que el entonces Cardenal Bergoglio fue uno de los principales redactores, vemos con claridad el uso de una expresión llamativa, la opción por los pobres como dimensión constitutiva de la fe: “El encuentro con Jesucristo en los pobres es una dimensión constitutiva de nuestra fe en Jesucristo. De la contemplación de su rostro sufriente en ellos y del encuentro con Él en los afligidos y marginados, cuya inmensa dignidad Él mismo nos revela, surge nuestra opción por ellos. La misma adhesión a Jesucristo es la que nos hace amigos de los pobres y solidarios con su destino” (Aparecida 257).

Por eso se puede decir que la opción de Dios es mostrar una predilección por los débiles y oprimidos: nunca excluye a nadie, manifestándose gratuitamente en favor de ellos. El pobre, entonces, es preferido no porque es mejor que otros, sino porque para Dios los últimos son los primeros.

B) Una Iglesia pobre para los pobres.

Un mes antes de abrir el Concilio Vaticano II, el Papa San Juan XXIII dijo “Para los países subdesarrollados, la Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres” (Radiomensaje 11/11/1962). Esta frase también es uno de los hilos conductores del pensamiento del Papa Francisco. Unos pocos días después de su elección como Papa dijo: “¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!” (16/03/2013, Encuentro con la Prensa Internacional). Aquí tenemos dos desafíos, una Iglesia pobre y una Iglesia para los pobres. ¿Qué significa ser una Iglesia pobre? Me parece que el Papa Francisco, con sus opciones de simplificar el estilo de vida que llevó en Buenos Aires y ahora lleva como Papa, está definiendo esto. Podemos ir hasta el documento de Medellín, titulado “La pobreza de la Iglesia”, para ver los matices que los hacen seguir siendo, casi 50 años después, un documento que nos interpela. En el apartado “Ver la realidad” dice: “llegan también hasta nosotros las quejas de que la jerarquía, el clero, los religiosos, son ricos y aliados de los ricos. Al respecto debemos precisar que con mucha frecuencia se confunde la apariencia con la realidad. Muchas causas han contribuido a crear esa imagen de una Iglesia jerárquica rica. Los grandes edificios, las casas de párrocos y de religiosos cuando son superiores a las del barrio en que viven; los vehículos propios, a veces lujosos; la manera de vestir heredada de otras épocas, han sido algunas de esas causas... Añadamos a esto el exagerado secreto en que se ha envuelto el movimiento económico de colegios, parroquias, diócesis: ambiente de misterio que agiganta las sombras y ayuda a crear fantasías” (14,2).

Luego, en el “Juzgar” (Motivación doctrinal) dice: "habrá que recalcar con fuerza que el ejemplo y la enseñanza de Jesús, la situación angustiosa de millones de pobres en América Latina, las apremiantes exhortaciones del Papa y del Concilio, ponen a la Iglesia Latinoamericana ante un desafío y una misión que no puede soslayar y al que debe responder con diligencia y audacia adecuadas a la urgencia de los tiempos... La pobreza de la Iglesia y de sus miembros en América Latina debe ser signo y compromiso. Signo de valor inestimable del pobre a los ojos de Dios;

compromiso de solidaridad con los que sufren" (14,7).

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Y en el “Actuar” (Orientaciones pastorales) comenta la necesidad de un estilo de vida modesto (14,12) y concluye diciendo: “Queremos que nuestra Iglesia Latinoamericana esté libre de ataduras temporales, de connivencias y de prestigio ambiguo; que 'libre de espíritu respecto a los vínculos de la riqueza', sea más transparente y fuerte su misión de servicio; que esté presente en la vida y las tareas temporales, reflejando la luz de Cristo, presente en la construcción del mundo" (14,18).

Aquí vemos que el estilo de vida y el uso transparente de los recursos son claves para ser considerada una Iglesia pobre.

Para Francisco, el estilo de vida es parte de lo que él llama “la teología de la pobreza” diciendo:

“la pobreza está en el centro del Evangelio; no es una ideología. Es precisamente este misterio, el misterio de Cristo que se ha abajado, se ha humillado, se ha empobrecido para enriquecernos” (Homilía del 16/06/2015). Un estilo de vida más sencillo muestra nuestra vocación de pobreza que es un valor basado en nuestro seguimiento de Cristo. Por eso hay una distinción entre la pobreza material que es siempre un pecado, y la la pobreza espiritual

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o la vocación de pobreza o que es un valor: “No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de Él y con Él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos… La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (JMP 4).

A la vez significa que el Señor que se hizo pobre, nos da el testimonio principal de cómo es una Iglesia pobre.

Este estilo de vida también en un desafío para todo el mundo para dar respuesta a la crisis ambiental. En Laudato si, el Papa Francisco subraya la necesidad de cambiar “la obsesión por un estilo de vida consumista”(LS 204) por “un estilo de vida alternativo” (LS 208) que nos lleva a

“una nueva reverencia ante la vida, por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad, por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida» (LS 207, citando la Carta de la Tierra).

C) El segundo elemento de esta expresión nos lleva al tercer punto del esquema propuesto, es decir, la Iglesia como voz de los sin voz.

¿Qué significa ser una Iglesia para los pobres? Ciertamente, como dijo Juan XXIII, es una Iglesia para todos, pero tiene una dimensión especial y preferencial por los pobres. Hay muchas cosas afirmadas por los Papas y por las Conferencias Episcopales sobre este tema, pero creo que se puede partir de un elemento esencial para el Papa Francisco: escuchar “el grito de los pobres”.

1 El documento de Medellín (14,4b), lo define así: “La pobreza espiritual es el tema de los pobres

de Yavé [Cf. Sof 2, 3; Lc 1, 46-55]. La pobreza espiritual es la actitud de apertura a Dios, la disponibilidad

de quien todo lo espera del Señor [Cf. Mt 5, 3]. Aunque valoriza los bienes de este mundo, no se apega a

ellos, y reconoce el valor superior de los bienes del Reino [Am 2, 6-7; 4, 1; 5, 7; Jer 5, 28; Miq 6, 12-13; Is

10, 2)”

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Acercándonos a ellos, ir al encuentro de ellos, se escucha en carne propia sus sufrimientos y esto es lo que nos mueve, nos lleva más allá de las estadísticas, para que comprendamos la realidad desde sus ojos, su perspectiva, su lugar social. Como dice el Papa en su mensaje por la Primera Jornada de los Pobres: “Si deseamos ofrecer nuestro aporte efectivo al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación” (JMP 4). La pobreza no es una cifra, sino que está vista y escuchada en el grito: “la pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y del dinero.

Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada” (JMP 5). “Prestemos oído al grito de tantos hermanos nuestros marginados y excluidos: «Tengo hambre, soy extranjero, estoy desnudo, enfermo, recluido en un campo de refugiados». Es una petición de justicia, no una súplica o una llamada de emergencia.” (Discurso ante la FAO, 2017/16/10 n.4 en ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación).

Es en los gritos, en los “ayes” de tantos hermanos que viven la marginación, “los pobres, los refugiados, los que sufren, los desplazados y excluidos”

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, que la Iglesia es llamada a ser una Iglesia para los pobres.

El documento de Aparecida, citando a Benedicto XVI, dice, en su reflexión sobre la marginación de los indígenas y afrodescendientes, que la Iglesia es “abogada de la justicia y de los pobres”

(Aparecida, 533). En el documento de Puebla se usa la expresión “voz de los sin voz”

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o, en la frase del Papa Francisco: “prestarles nuestra voz en sus causas” (EG 198). Efectivamente los pobres son los “excluidos”, los que no tienen poder, los que no tienen voz, y por eso sufren los efectos de las injusticias. Para el Papa Francisco, son “los que más sufren, por un triple motivo:

son descartados por la sociedad, obligados a vivir del descarte y deben sufrir las consecuencias del ambiente. Es la cultura del descarte" (Discurso a la ONU, 25/09/2015). Los que viven una situación de ‘inhumana miseria’

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y de ‘pobreza antievangélica’

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son los excluidos de las estructuras políticas y económicas y así constituyen la gran clase de las personas marginadas.

Esta marginación se refleja a nivel global porque “no suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos. Ellos son la mayor parte del planeta, miles de millones de personas. Hoy están presentes en los debates políticos y económicos internacionales; pero frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta, quedan frecuentemente en el último lugar” (LS 49). En estos hermanos marginados, la Iglesia tiene una misión importante. En muchas partes del mundo, la Iglesia es una institución con cierta estatura social que le permite hablar en defensa de los derechos de los excluidos y desposeídos. Por eso es importante, cuando los pobres son marginados de las mesas de decisión, que la Iglesia asegure que la voz de ellos sea escuchada.

D) La Iglesia va al encuentro de los pobres.

2 Texto enviado a Angela Merkel, al iniciar la Cumbre del G20, en Hamburgo, Alemania, donde pide a los líderes tener una "Prioridad absoluta para los pobres” (29/06/2017).

3 Puebla 288, 1094, 1268. Aparecida 469.

4 Medellín, 14,11.

5 Puebla 1159.

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Pero no es suficiente que la Iglesia sea “abogada” por la causa de los pobres, porque así, sin la siguiente dimensión, puede parecer paternalista y correr el riesgo de ser teorética. Por eso, el Papa insiste en una Iglesia que va al encuentro del pobre y da testimonio de la solidaridad. Estos dos aspectos son enfatizados por el Papa Francisco: “Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma” (JMP, 3).

“La verdadera caridad consiste en estar cerca, compartiendo el dolor y el sufrimiento de la enfermedad y de la marginación”. El motivo de la primera Jornada Mundial de los Pobres es precisamente animar las comunidades de fe para ir al encuentro de los pobres “para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro”

(JMP, 6). El Papa propone como estilo de vida de los creyentes “el encuentro con los pobres”

(JMP, 3). Este encuentro nos lleva al compromiso, que no es fácil y por eso, muchas veces se evita. En su discurso reciente a la FAO, el Papa subraya que a veces el mundo busca caminos sin costo. Reflexionando sobre el crisis de alimentación dijo: “Para algunos, bastaría con disminuir el número de las bocas que alimentar y de esta manera se resolvería el problema; pero esta es una falsa solución si se tiene en cuenta el nivel de desperdicio de comida y los modelos de consumo que malgastan tantos recursos. Reducir es fácil, compartir, en cambio, implica una conversión, y esto es exigente.” (Discurso FAO, 3). Es la exigencia de compartir que nos lleva al siguiente punto,

E) La Iglesia en solidaridad con los pobres.

Para el Papa Francisco, la Iglesia tiene que manifestarse en solidaridad con los pobres, los excluidos, los desechados. Es una misión que brota desde el principio de la Iglesia, como vemos en los Hechos de los Apóstoles, cuando los siete diáconos son comisionados para atender a los pobres. Como dice él: “Éste es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres” (MJP 2). Como tal, para la Iglesia, el compartir es “la prueba de su autenticidad evangélica” (MJP 3) que “nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio” (MJP 9). Y en este compartir, la Iglesia, la persona que comparta, es enriquecida: “Cuando me despojo de algo, pero no sólo de lo superfluo, para dar a un pobre, a una comunidad pobre”, esto “me enriquece”.

“Jesús actúa en mí cuando hago esto y Jesús obra en él, para enriquecerme cuando hago esto”

(Videomensaje del 28/04/2015. Recipientes de Caritas Roma).

El compartir en solidaridad es la respuesta necesaria a lo que él llama “la globalización de la indiferencia”

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. De hecho “el gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia” (Carta a la Cumbre de las Américas, 10/04/2015).

El compartir es a un nivel mucho más que individual. Es un compartir global que se base en dos de los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, el principio del “bien común”

6 La expresión se encuentra en: Discurso del 30/05/2014; Mensaje para la Cuaresma 2015:

10/04/2014; Jornada Mundial de la Paz, 01/01/2016, n, 7; Laudato Si, n. 52 (2015) y en muchos otros

discursos.

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y el del “destino universal de los bienes.” Estos dos principios nos llevan a una obligación de asegurar una distribución más justa de los recursos de la tierra para que no haya tanta pobreza. En Laudato si se comenta que esto es una exigencia: "En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres. Esta opción implica sacar las consecuencias del destino común de los bienes de la tierra; exige contemplar, ante todo, la inmensa dignidad del pobre a la luz de las más hondas convicciones creyentes. Basta mirar la realidad para entender que esta opción hoy es una exigencia ética fundamental para la realización efectiva del bien común" (LS 158).

F) Los pobres revelan el rostro sufriente de Cristo.

El encuentro y la solidaridad que brota de este encuentro nos transforma, porque allí encontramos al Señor. El encuentro con los pobres es el encuentro con Cristo mismo. Desde el documento de Puebla tenemos una reflexión sobre los rostros sufrientes de Cristo, una reflexión continuada en Santo Domingo y en Aparecida. Aparecida cita Santo Domingo y luego continua : “Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”

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; “ellos interpelan el núcleo del obrar

7 “

La situación de extrema pobreza generalizada, adquiere en la vida real rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela: - rostros de niños, golpeados por la pobreza desde antes de nacer, por obstaculizar sus posibilidades de realizarse a causa de deficiencias mentales y corporales irreparables; los niños vagos y muchas veces explotados de nuestras ciudades, fruto de la pobreza y desorganización moral familiar;- rostros de jóvenes, desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad; frustrados, sobre todo en zonas rurales y urbanas marginales, por falta de oportunidades de capacitación y ocupación;- rostros de indígenas y con frecuencia de afroamericanos, que, viviendo marginados y en situaciones inhumanas, pueden ser considerados los más pobres entre los pobres; - rostros de campesinos, que como grupo social viven relegados en casi todo nuestro continente, a veces, privados de tierra, en situación de dependencia interna y externa, sometidos a sistemas de comercialización que los explotan;- rostros de obreros frecuentemente mal retribuidos y con dificultades para organizarse y defender sus derechos;- rostros de subempleados y desempleados, despedidos por las duras exigencias de crisis económicas y muchas veces de modelos de desarrollo que someten a los trabajadores y a sus familias a fríos cálculos económicos;- rostros de marginados y hacinados urbanos, con el doble impacto de la carencia de bienes materiales, frente a la ostentación de la riqueza de otros sectores sociales;- rostros de ancianos, cada día más numerosos, frecuentemente marginados de la sociedad del progreso que prescinde de las personas que no producen.” (Puebla 31-39) "En la fe encontramos los rostros desfigurados por el hambre, consecuencia de la inflación, de la deuda externa y de injusticias sociales; los rostros desilusionados por los políticos, que prometen pero no cumplen; los rostros humillados a causa de su propia cultura, que no es respetada y es incluso despreciada; los rostros aterrorizados por la violencia diaria e indiscriminada; los rostros angustiados de los menores abandonados que caminan por nuestras calles y duermen bajo nuestros puentes; los rostros sufridos de las mujeres humilladas y postergadas; los rostros cansados de los migrantes, que no encuentran digna acogida; los rostros envejecidos por el tiempo y el trabajo de los que no tienen lo mínimo para sobrevivir dignamente. El amor misericordioso es también volverse a los que se encuentran en carencia espiritual, moral, social y cultural.” (SD 178). En Aparecida: “La globalización hace emerger en nuestros pueblos, nuevos rostros de pobres. Con especial atención y en continuidad con las Conferencias Generales anteriores, fijamos nuestra mirada en los rostros de los nuevos excluidos: los migrantes, las víctimas de la violencia, desplazados y refugiados, víctimas del tráfico de personas y secuestros, desaparecidos, enfermos de HIV y de enfermedades endémicas, tóxico dependientes, adultos mayores, niños y niñas que son víctimas de la prostitución, pornografía y violencia o del trabajo infantil, mujeres maltratadas, víctimas de la violencia, de la exclusión y del tráfico para la explotación sexual, personas con capacidades diferentes, grandes grupos de desempleados/as, los excluidos por el analfabetismo tecnológico, las personas que viven en la calle de las grandes urbes, los indígenas y afro-descendientes, campesinos sin tierra y los mineros” (401).

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de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas. Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo”

(n. 393). El Papa subraya este vínculo entre Cristo y los pobres en su video mensaje a un grupo de pobres y voluntarios reunidos en Caritas en Roma, comentando que los pobres, “revistieron el rostro del Señor. En su misericordia les dio su propio rostro”; así mismo, recordó que Cristo

“subió a los cielos como un rico, pero permanece todavía entre nosotros a través del pobre que sufre”. “¡Cómo quisiera que al entrar un pobre en una Iglesia, las comunidades parroquiales en oración se arrodillaran en veneración, así como hacen cuando entra el Señor! ¡Cómo quisiera esto, que se toque la carne de Cristo presente en los pobres de esta ciudad!”

Continuó el Pontífice: “Ustedes no son una carga. Son la riqueza sin la cual nuestros intentos por descubrir el rostro del Señor serían vanos” (Video mensaje del 28/04/2015).

El encuentro con Cristo en el pobre está vinculado con el encuentro con Cristo en la eucaristía.

En su mensaje a la Primera Jornada de los Pobres, cita una poderosa reflexión de san Juan Crisóstomo, identificando los pobres con Cristo en la eucaristía: “Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si quieren honrar el cuerpo de Cristo, no lo desprecien cuando está desnudo; no honren al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidan a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez»” (JMP 3).

Y también comenta: “la pobreza del Señor que, también se abaja tanto que se hace ‘pan’ por nosotros, en este sacrificio. Sigue abajándose en la historia de la Iglesia, en el memorial de su pasión, en el memorial de su humillación, en el memorial de su abajamiento, en el memorial de su pobreza, y con este ‘pan’ Él nos enriquece”. (Homilía 16/06/2015).

G) Los pobres nos evangelizan.

Para el Papa, los mismos pobres, con sus gestos de solidaridad, nos evangelizan. Con emoción expresa esta convicción tanto en su mensaje a los pobres de Caritas como en el Jubileo de las Personas Excluidos durante el Año de la Misericordia. A los receptores de ayuda de Caritas, quienes estaban organizando una obra teatral sobre la solidaridad, les dijo: “¿Quién pensaría que un sin techo es una persona de la cual aprender? ¿Quién pensaría que puede ser un santo? En cambio, esta noche serán ustedes quienes desde el escenario transmitirán enseñanzas preciosas sobre el amor, la necesidad de los demás, la solidaridad, y de cómo en la dificultad se encuentra el amor del Padre” (Video mensaje 28/04/2015).

Y a los excluidos les dijo: “Cuando hay mucha riqueza, uno se olvida de ser solidario porque está acostumbrado a que no le falte nada. Cuando la pobreza te lleva a veces a sufrir, te hace solidario y te hace extender la mano al que está pasando una situación más difícil que vos.

Gracias por ese ejemplo que ustedes dan. Enseñen, enseñen solidaridad al mundo” (Jubileo de Personas Excluidas Socialmente, 11/11/2016).

“La gente, los sencillos, seguían a Jesús, porque soñaban que Él los iba a curar, los iba a librar,

les iba a hacer bien, y lo seguían y Él los liberaba. Hombres y mujeres con pasiones y sueños. Y

esto es lo primero que les quería decir: enséñennos a todos los que tenemos techo, porque no nos

falta la comida o la medicina, enséñennos a no estar satisfechos. Con sus sueños, enséñennos a

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soñar desde el Evangelio, donde están ustedes, desde el corazón del Evangelio” (Jubileo de Personas Excluidas Socialmente).

El Papa les ruega a ellos: “Enséñennos”.

H) Otra cosa, entre tantas, que nos llama la atención con el Papa Francisco, es su pedido de perdón a los pobres por la indiferencia de los cristianos. Acercándonos al Quito Centenario de la Evangelización de América en 1992, hubo mucho debate dentro de las iglesias particulares de este continente sobre si la Iglesia debe pedir perdón por los atropellos hechos a los pueblos originarios. El Papa Juan Pablo II terminó el debate cuando él pidió perdón en la misa de apertura de la IV Conferencia Episcopal de Latinoamérica en Santo Domingo.

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Con este mismo espíritu humilde, el Papa Francisco expresa su pedido de perdón a los pobres en el jubileo de las personas excluidas:

“Yo les agradezco que hayan venido a visitarme. Les agradezco los testimonios, y les pido perdón si alguna vez los ofendí por mi palabra o por no haber dicho las cosas que debía decir.

Les pido perdón en nombre de los cristianos que no leen el Evangelio encontrando la pobreza en el centro. Les pido perdón por todas las veces que los cristianos, delante de una persona pobre o de una situación pobre, miramos para otro lado. Perdón. El perdón de ustedes hacia hombres y mujeres de Iglesia, que no los quieren mirar o no los quisieron mirar, es agua bendita para nosotros, es limpieza para nosotros, es ayudarnos a volver a creer que en el corazón del Evangelio está la pobreza como gran mensaje; y que nosotros, los católicos, los cristianos, todos, tenemos que formar una Iglesia pobre para los pobres, y que todo hombre o mujer de cualquier religión tiene que ver en cada pobre el mensaje de Dios que se acerca y se hace pobre para acompañarnos en la vida”.

Pero frente a la indiferencia de muchos, el Papa reconoce que el Espíritu ha inspirado personas a lo largo de la historia, cuyas vidas ha sido testimonio de entrega a los pobres diciendo: “el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres.

Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que, con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres” (JMP 3). En su mensaje menciona específicamente a san Francisco, y en su visita a Colombia destacó la vida y testimonio de san Pedro Claver, el “esclavo de los negros para siempre”, quien dedicó su ministerio a los esclavos, llegando al puerto de Cartagena, besando sus llagas al recibirles. Este santo, dice el Papa Francisco, “austero y caritativo hasta el heroísmo, después de haber confortado la soledad de centenares de miles de personas, no murió honrado, se olvidaron de él y transcurrió los últimos cuatro años de su vida enfermo y en su celda y en un espantoso estado de abandono. Así paga el mundo; Dios le pagó de otra manera” (Cartagena, Angelus 11/09/2017).

I) El medio ambiente y el pobre.

En su discurso a las Naciones Unidas, citado arriba, vemos que el Papa Francisco vincula el maltrato del medio ambiente con una creciente exclusión de los más pobres. Sin lugar a dudas, los países que van a sufrir más las consecuencias del cambio climático y el creciente nivel de los mares son los países menos desarrollados económicamente y por eso menos capaces de responder

8 Homilía 11 octubre 1992, Santo Domingo, n 9, donde el Papa Juan Pablo II invoca palabras de

Santo Toribio para pedir perdón.

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a las graves consecuencias que resultan del maltrato de la tierra; dentro de estos países, sus ciudadanos más pobres son las mayores víctimas.

9

En su discurso, el Papa Francisco hace esta vinculación: “El abuso y la destrucción del ambiente, al mismo tiempo, van acompañados por un imparable proceso de exclusión. En efecto, un afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles y con menos habilidades. La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente” (ONU 15/09/2015).

En Laudato si, vemos este vínculo entre el medio ambiente y el pobre reforzado.

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De hecho el Papa al principio cita a san Francisco de Asís como modelo por su “atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados” (LS 10), e identifica esta relación como un hilo conductor de toda la encíclica.

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Constantemente manifiesta que el grito de la tierra y el grito de los pobres están interconectados

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ya que loas peores consecuencias caerán sobre los pobres. “De hecho, el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: la contaminación del agua afecta particularmente a los más pobres que no tienen posibilidad de comprar agua envasada, y la elevación del nivel del mar afecta principalmente a las poblaciones costeras empobrecidas que no tienen adónde trasladarse. El impacto de los desajustes actuales se manifiesta también en la muerte prematura de muchos pobres, en los conflictos generados por falta de recursos y en tantos otros problemas que no tienen espacio suficiente en las agendas del mundo” (LS 48).

Por eso el Papa Francisco ve la necesidad de decisiones audaces y rápidas para enfrentar los dos problemas graves: el deterioro del medio ambiente y los pobres. La lentitud y la falta de decisiones son preocupantes. Como él dice: “La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza. Necesitamos una reacción global más responsable, que implica encarar al mismo tiempo la reducción de la contaminación y el desarrollo de los países y regiones pobres” (LS 175).

9 LS 25: “El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad. Los peores impactos probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo. Muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, y sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales”.

10 La palabra “pobres” es mencionado 48 veces en la encíclica.

11 El n. 16 es el primer eje conductor que menciona: “Si bien cada capítulo posee su temática propia y una metodología específica, a su vez retoma desde una nueva óptica cuestiones importantes abordadas en los capítulos anteriores. Esto ocurre especialmente con algunos ejes que atraviesan toda la encíclica. Por ejemplo: la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado”.

12 LS 49: “Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se

convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el

ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.

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Hace cincuenta años, el Papa Pablo VI había lanzado un grito semejante acerca de los pobres:

"Cuando tantos pueblos tienen hambre, cuando tantos hogares sufren la miseria, cuando tantos hombres viven sumergidos en la ignorancia, cuando aún quedan por construir tantas escuelas, hospitales, viviendas dignas de este nombre, todo derroche público o privado, todo gasto de ostentación nacional o personal, toda carrera de armamentos se convierte en un escándalo intolerable. Nos vemos obligados a denunciarlo. Quieran los responsables oírnos antes de que sea demasiado tarde" (Populorum Progessio, 53). Este mismo grito, “antes de que sea demasiado tarde”, es ahora el del Papa Francisco por los pobres y por la tierra. Él ve, igual que sus predecesores, a partir de Juan XXIII, la necesidad de aumentar las instituciones internacionales, haciéndolas “más fuertes y eficazmente organizadas” para enfrentar estos problemas globales (LS 175).

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Para solucionar el clamor de la tierra y de los pobres, el Papa propone una clara comprensión del bien común. Como hemos citado anteriormente, el principio del bien común nos lleva a la opción preferencial por los pobres. Pero también “la ecología integral es inseparable de la noción de bien común, un principio que cumple un rol central y unificador en la ética social” (LS 156). Y si es cierto que “el clima es un bien común, de todos y para todos” (LS 23), hay una responsabilidad moral inevitable de “tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan.” (LS 23). La conciencia de que la madre tierra y el clima son un bien común nos lleva también a una responsabilidad global y con una mirada a las futuras generaciones. El bien común no es sólo para hoy, sino para el futuro, ya que tenemos que preguntarnos “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?” La respuesta a esta pregunta muestra nuestros valores y la orientación fundamental de nuestras vidas y como tal abarca una dimensión profundamente espiritual: “Se requiere advertir que lo que está en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá. Es un drama para nosotros mismos, porque esto pone en crisis el sentido del propio paso por esta tierra” (LS 160).

Frente a esta interrogante, la respuesta del Papa Francisco pide una mayor concientización para educar y movernos hacia “una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo, para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente” (LS 214). Ciertamente el cambio de actitud, el cambio de estilo de vida, el cambio del sistema económico, son urgentes para el bien de la tierra y la superación de la pobreza. La coherencia entre el cuidado de la naturaleza y el cuidado de la persona humana, particularmente del pobre, es fundamental para una ética creíble. Como él manifiesta: “No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada”. (LS 91). Igualmente, no puede haber una preocupación por el ser humano en el corazón de alguien que maltrata a las criaturas de la creación. “Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación,

13 Juan XXIII, Pacem in Terris 136-137; Pablo VI, Populorum Progressio 78; Juan Pablo II, Sollicitudo

Rei Socialis 43; Benedicto XVI, Caritas in Veritate, 67. Ver Catecismo, n.441-443.

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entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra” (LS 92).

Finalmente, el Papa Francisco ve que la conversión necesaria para el cuidado del pobre y del medio ambiente requiere una vuelta a los valores que son de nuestra fe y son también escritos en el corazón humana: “Por eso, me hago a mí mismo, y también a ustedes, una pregunta: ¿Sería exagerado introducir en el lenguaje de la cooperación internacional la categoría del amor, conjugada como gratuidad, igualdad de trato, solidaridad, cultura del don, fraternidad, misericordia? Estas palabras expresan, efectivamente, el contenido práctico del término

«humanitario», tan usado en la actividad internacional…. Amar significa no seguir dividiendo a la familia humana entre los que gozan de lo superfluo y los que carecen de lo necesario.”

(Discurso FAO, 3).

Es posible con la ayuda de Dios. En la eucaristía, como hemos visto arriba, ve la exigencia de preocuparse por los pobres. También, en este sacramento y en el día domingo, día del descanso enfocado sobre la eucaristía, nos encontramos con la fuerza divina que hace posible un cambio del rumbo

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. “El domingo, la participación en la Eucaristía tiene una importancia especial. Ese día, así como el sábado judío, se ofrece como día de la sanación de las relaciones del ser humano con Dios, consigo mismo, con los demás y con el mundo. El domingo es el día de la Resurrección, el «primer día» de la nueva creación, cuya primicia es la humanidad resucitada del Señor, garantía de la transfiguración final de toda la realidad creada. El descanso es una ampliación de la mirada que permite volver a reconocer los derechos de los demás. Así, el día de descanso, cuyo centro es la eucaristía, derrama su luz sobre la semana entera y nos motiva a incorporar el cuidado de la naturaleza y de los pobres” (LS 237).

Termina la encíclica con una mirada a María y luego con dos oraciones, una para no cristianos y la otra para cristianos. En estas tres referencias, vemos la profundidad espiritual del Papa Francisco y entendemos en una manera más clara cómo él ve en el cuidado de la tierra y del más pobre la unidad de una mística de fe:

“María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido.

Así como lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano” (LS 241).

Para terminar, compartamos una parte de cada oración:

Oración por nuestra tierra:

Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos.

Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores,

para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción.

Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra.

14 LS 53; 61; 163; 202

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Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados,

a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas

en nuestro camino hacia tu luz infinita.

Gracias porque estás con nosotros todos los días.

Aliéntanos, por favor,

en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz.

Oración cristiana con la creación Los pobres y la tierra están clamando:

Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz, para proteger toda vida, para preparar un futuro mejor, para que venga tu Reino

de justicia, de paz, de amor y de hermosura.

Alabado seas. Amén.

Juan José Lydon, OSA

Fiesta del Señor de los Milagros, 2017

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