Tipos de argumento en arquitectura - Marcel Breuer entendido desde la inferencia peirciana

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(1)Tipos de argumento en arquitectura Marcel Breuer entendido desde la inferencia peirciana. Lucas Oberlaender cod. 199922824 Director: Andrés Páez Universidad de los Andes Bogotá, Julio 2007.

(2) Índice Introducción. 1.. Los tipos de inferencia peircianos en 1878 1.1 Deducción 1.2 Inducción 1.3 Hipótesis 1.3.1 El carácter conclusivo de la hipótesis 1.3.2 Características generales de la hipótesis 1.4 Diferencias entre los tipos de inferencia 1.4.1 Clasificación analítico – sintético 1.4.2 Diferencias entre inducción e hipótesis 2 Los tipos de inferencia después de 1900 2.1 Deducción 2.2 Inducción 2.3 Abducción 2.3.1 La aproximación metodológica a la abducción 2.3.2 La insuficiencia del silogismo para explicar la abducción 2.3.3 Continuidad entre la hipótesis de 1878 y la abducción 2.3.4 La producción de nuevo conocimiento 3 El pensamiento de Marcel Breuer entendido a partir de los tipos de inferencia peircianos 3.1 Introducción a Marcel Breuer 3.1.1 Sol y Sombra 3.1.2 La polémica en torno a las sillas voladas 3.1.3 La definición del espacio 3.1.4 El origen del espacio de Breuer 3.2 La obra de Breuer como una única investigación 3.2.1 Abducción en Breuer 3.2.1.1 Los elementos 3.2.1.2 Los criterios de escogencia de la hipótesis 3.2.2 Deducción en Breuer 3.2.3 Inducción en Breuer 3.2.3.1 Las primeras casas alargadas 3.2.3.2 Las primeras casas binucleares 3.2.3.3 La casa del MoMA 4 Las producción de casas concretas 4.1 ¿Es posible deducir casas? 4.2 La abducción modificada Conclusiones.

(3) Abreviaciones de las obras de Peirce DIH. SLEH. NM. CP. PEIRCE, Charles Sanders. “Deduction, Induction, and Hypothesis”, 1878. En The Essential Peirce, Selected Philosophical Writings V. 1 (1867-1893). Editado por Nathan Houser y Christian Kloesel, Bloomington, Indiana University Press, 1992, pp. 186-199. Traducción española por Juan Martín Ruiz- Werner, 1970. Se encuentra en: http://www.unav.es/gep/DeducinducHipotesis.html http://www.unav.es/gep/DeducinducHipotesis.htm PEIRCE, Charles Sanders. “On the Logic of Drawing History from Ancient Documents, Especially from Testimonies”, 1901. En The Essential Peirce, Selected Philosophical Writings V. 2 (1893-1913). Editado por Nathan Houser y Christian Kloesel, Bloomington, Indiana University Press, 1992, pp. 75-114. Traducción española por Douglas Niño, 2001. Se encuentra en: http://www.unav.es/gep/Peirce-esp.html http://www.unav.es/gep/Peirce-esp.htm PEIRCE, Charles Sanders. “The Nature of Meaning”, 1903. En The Essential Peirce, Selected Philosophical Writings V. 2 (1893-1913). Editado por Nathan Houser y Christian Kloesel, Bloomington, Indiana University Press, 1992, pp. 208225. Traducción española por José Vericat, 1998. Se encuentra en http://www.unav. es/gep/OnThreeTypesReasoning.html bajo el nombre Tres tipos de razonamiento. es/gep/OnThreeTypesReasoning.htm PEIRCE, Charles Sanders. “Reasoning”, 1901. Collected Papers of Charles Sanders Peirce. Cambridge, Harvard University Press, 1931-1958, Vol. 2, pp. 773778. Traducción por Sara Barrena, 2001. Se encuentra en: http://www.unav.es/gep/Reasoning.html http://www.unav.es/gep/Reasoning.htm.

(4) Introducción Cuando los arquitectos diseñadores hablan de su trabajo, ofrecen muchos tipos de argumentos a favor de sus decisiones. Lo curioso es que cuando presentan sus conclusiones, éstas tienden a presentarse como consecuencias necesarias de sus discursos. Suelen concluir con afirmaciones categóricas como “eso tenía que ser así” como si sus argumentaciones estuvieran compuestas únicamente por deducciones. Ante esta manera de presentar las conclusiones, surge la duda de si los arquitectos no están tratando de evadir discusiones que se pueden presentar frente a argumentos cuyas conclusiones no sean necesariamente válidas. Esta evasión de las discusiones ocurre tal vez por miedo a que si sus conclusiones no “tienen que ser así” entonces pueden ser cuestionadas y hasta tachadas de arbitrarias. En respuesta a esta tendencia común de los discursos arquitectónicos por evitar a toda costa ser tachados de arbitrarios, Rafael Moneo hace un estudio en el cual caracteriza muy bien esta posición. Tras haber mostrado un punto de vista desde el cual el orden corintio tiene un origen arbitrario, Moneo afirma lo siguiente (Moneo 2005: 45): (…) una vez la arbitrariedad generó una arquitectura, todo el interés de quienes al amparo de la misma construyen, es hacerse perdonar aquel desliz. Buena parte de la historia de la arquitectura puede ser entendida como el denodado esfuerzo que los arquitectos hacen para que se olvide aquel pecado original que la arbitrariedad implica. La arbitrariedad introducida en el pasado reclama el olvido y toda teoría de arquitectura pretende justificar, desde la racionalidad, la forma. Para evitar caer en la arbitrariedad, los arquitectos suelen aferrarse al tener que ser de la arquitectura. Sin embargo hay todo un campo intermedio entre estas dos posiciones en el cual existen argumentos a favor o en contra de alguna posición, desde los cuales hay razones para elegir o rechazar una decisión, sin que esto implique que esta aceptación o este rechazo sean producto del tener que ser o, por el contrario, de decisiones arbitrarias. Mi interés por indagar la verdadera naturaleza de los argumentos de los arquitectos es el que me conecta con Charles S. Peirce. ¿Qué cosas en arquitectura pueden ser producto del tener que ser? ¿Si los argumentos de los arquitectos no muestran que algo tiene que ser, entonces en qué consisten y qué es lo que muestran? El estudio que hace Peirce a lo largo de su vida acerca de los tipos de inferencia es muy oportuno para responder a este tipo de preguntas. Y lo es más aún cuando Peirce muestra que hay argumentos que son distintos a la deducción, es decir que hay argumentos que no concluyen que algo tiene que ser, y que sin embargo son fundamentales en la investigación científica, área en la cual la arbitrariedad en las conclusiones es rechazada. Algunos intérpretes de Peirce le dan una posición privilegiada 4.

(5) en esta reivindicación de los argumentos distintos a la deducción por su insistencia en que éstos por sí mismos hacen parte fundamental de la racionalidad. Es decir que no hay necesidad de reducir todos los tipos de argumento a la deducción para que éstos puedan ser entendidos como inferencias racionales. Al respecto Guy Debrock dice (Debrock 1998): Las razones por las que el atractivo de intentar reducir la inducción y la abducción a la deducción se ha hecho casi irresistible es, por supuesto, porque en nuestra tradición occidental el razonamiento deductivo fue siempre implícitamente identificado con la racionalidad (…) Una de las mayores contribuciones de Peirce sería la de demostrar que es errónea la suposición de la equivalencia entre deducción y racionalidad, y que la racionalidad abarca necesariamente la inducción y la abducción por muy débiles que sean esas inferencias. Estas afirmaciones de Debrock, no sólo reivindican a Peirce sino que además explican por qué para los arquitectos, quienes por supuesto no tienen por qué estar al día en reflexiones filosóficas, lo que no es producto de deducciones, es decir lo que no tiene que ser, es irracional y por lo tanto arbitrario. Lo que me propongo hacer en esta tesis es revisar los tipos de inferencia peircianos, y posteriormente hacer un estudio de caso basado en la obra de un arquitecto, para identificar en su proceso creativo los distintos tipos de inferencia. Si hacer este estudio de caso es factible o no es una de las hipótesis de este escrito. Es decir que la hipótesis sobre la cual voy a trabajar consiste en que el estudio que hace Peirce sobre los tipos de inferencia, que está orientado principalmente a la investigación científica, puede ser útil para entender tipos de inferencia y tipos de investigación que no están estrictamente enmarcados en la investigación científica. El arquitecto que voy a estudiar es Marcel Breuer quien es reconocido como uno de los maestros de la arquitectura moderna. El interés en este arquitecto radica en que su forma metódica y ordenada de hacer arquitectura lo podría postular fácilmente entre aquellos arquitectos que hablan en términos de tener que ser cuando se refieren a su obra. Por esta razón es interesante identificar en su método proyectual los tipos de inferencia que no corresponden a la deducción. Esto último no con el fin de deslegitimar la obra de Breuer, sino con el fin de mostrar los pasos que componen su método. Otra razón por la cual este arquitecto es adecuado para el estudio de caso es que su forma metódica y ordenada de trabajar facilita identificar las distintas etapas que componen su proceso creativo, lo cual es una gran ayuda para establecer un paralelo entre los tipos de inferencia peircianos y la forma de pensar de este arquitecto. 5.

(6) El plan de trabajo es el siguiente. En los dos primeros capítulos voy a exponer el estudio que hace Peirce acerca de los tipos de inferencia. En el primer capítulo me voy a centrar en un texto de 1878 y en el segundo voy a pasar a algunos textos posteriores a 1900. La exposición de estas dos épocas del pensamiento peirciano es importante para dar una idea más global, más completa y al mismo tiempo más compleja de los tipos de inferencia. En los siguientes dos capítulos me voy a centrar en Breuer. El tercer capítulo es la introducción a Breuer y la aplicación de los tipos de inferencia a su obra. En este caso los tipos de inferencia los voy a entender como parte de la investigación científica, y los voy a aplicar, no al desarrollo de un proyecto en concreto, sino al desarrollo de una parte de la obra de Breuer, entendiendo este desarrollo como una investigación en arquitectura. El cuarto capítulo, en cambio, es la aplicación de uno de los tipos de inferencia al pensamiento de Breuer en el momento de realizar proyectos concretos. Para esta última aplicación será de gran utilidad haber estudiado tanto al Peirce maduro como al Peirce joven. El fin de este trabajo no es mostrar lo científico que puede llegar a ser Breuer, sino entender su proceso creativo a partir del estudio que hace Peirce de los tipos de inferencia. Por lo tanto en las conclusiones voy a volver sobre el paralelo entre investigación científica e investigación de Breuer, para mostrar que a pesar de que es posible y además útil establecer este paralelo, los dos tipos de investigación se distancian en su finalidad.. 6.

(7) 1. Los tipos de inferencia peircianos en 1878 El estudio que hace Charles S. Peirce acerca de los tipos de inferencia ocupa una parte importante de su obra filosófica. Desde sus textos de juventud hasta sus años maduros este es un tema que está siempre presente en sus reflexiones. Es natural que al haber trabajado sobre este asunto durante tantos años, su visión acerca de los tipos de inferencia haya ido cambiando con el tiempo, implicando ajustes, nuevas conceptualizaciones, y tal vez hasta nuevas definiciones en sus conceptos1. En este capítulo voy a revisar los tipos de inferencia del joven Peirce. Me voy a limitar a “Deducción, inducción, hipótesis”, un texto de 1878 donde Peirce expone y compara todos los tipos de inferencia. Por esta razón este texto es una referencia obligada para los intérpretes de Peirce. En el segundo capítulo voy a estudiar textos posteriores a 1900, mostrando en cada caso las diferencias y las continuidades con los conceptos anteriores. 1.1 Deducción En “Deducción, inducción, hipótesis” Peirce explica los tipos de inferencia o argumento2 a partir de figuras silogísticas y en particular a partir de Bárbara. En este texto Peirce afirma que “toda inferencia puede reducirse de algún modo a Bárbara”(DIH: 187). Es importante exponer los tipos de inferencia en relación con las variaciones de Bárbara porque muestran la manera en que el joven Peirce entendía la estructura de los tipos de inferencia.3 La deducción se caracteriza por ser una aplicación de una regla a un caso particular. La estructura de esta inferencia consiste en una premisa mayor en la cual se enuncia la regla que se va a aplicar; en una premisa menor que constituye el caso al cual se le va a aplicar la regla y en una conclusión que “aplica la regla al caso y establece el resultado”(187). Esta. 1. En el texto “La evolución de los tres tipos de argumento: abducción, inducción y deducción” Lúcia Santaella subraya el carácter evolutivo que tiene toda la obra de Peirce, dentro de lo cual está incluido su estudio acerca de los tipos de inferencia. En este texto Santaella expone de una forma muy general algunos de los cambios que sufrieron con los años los tipos de inferencia en la obra de Peirce. 2 Peirce parece utilizar los términos inferencia, argumento e incluso razonamiento como sinónimos. Yo voy a asumir esta manera de hablar a lo largo del texto. 3 Sin embargo en el caso de la inducción y la hipótesis es necesario tener cuidado porque Bárbara supone una esquematización muy fuerte que aparentemente podría resultar insatisfactoria para explicar estos tipos de inferencia. Esto lo voy a mostrar más adelante.. 7.

(8) estructura coincide con el silogismo Bárbara. Paradójicamente Peirce ofrece una primera esquematización de Bárbara que es equívoca, y es la siguiente (186): S es M, M es P, Luego S es P Esta esquematización es equívoca por dos razones: en primer lugar, la premisa que contiene el predicado de la conclusión es la premisa mayor y debe ir de primera en el silogismo. En segundo lugar, según los cánones de la silogística aristotélica, Bárbara se refiere a enunciados con silogismos categóricos como “Todos”, “Algún” o “Ningún”. Un ejemplo de este silogismo es el siguiente: Premisa mayor: Todos los hombres son mortales. Premisa menor: Todos los barbudos son hombres. Conclusión: Todos los barbudos son mortales. Ahora, Peirce vuelve a presentar la estructura de Bárbara en otro formato y con un ejemplo, y en este caso la esquematización sí es correcta. A la premisa mayor le da el nombre de “regla”, a la premisa menor la llama “caso” y la conclusión la denomina “resultado”, con lo cual hace evidente que este silogismo constituye la aplicación de una regla a un caso particular, produciendo un resultado. La estructura de Bárbara en estos términos queda plasmada de la siguiente forma y con el siguiente ejemplo del mismo Peirce (188): Regla: Todas las judías en esta bolsa son blancas Caso: Estas judías son de esta bolsa Resultado: Estas judías son blancas De esta manera queda clara la afirmación de Peirce según la cual “Bárbara tipifica particularmente el razonamiento deductivo” (187) en la medida en que resultado de este silogismo se deduce claramente de las premisas. Por último, de las deducciones o silogismos Bárbara se pueden desprender unas variaciones que vale la pena anotar para no confundirlas con las variaciones que van a resultar en hipótesis o en inducciones y son aquellas que Peirce denomina como Baroco y Bocardo. Estas dos variaciones consisten en que si se niega la conclusión de un silogismo Bárbara es necesario 8.

(9) negar por lo menos una de las premisas para que éste sea verdadero. De esta manera el Baroco es el caso en el cual al negar la conclusión y aceptar la premisa mayor es necesario negar la premisa menor y el Bocardo es el caso en el cual al negar la conclusión y aceptar la premisa menor es necesario negar la premisa mayor. En palabras de Peirce, el Baroco ocurre cuando “una persona que niegue este resultado puede admitir la regla, y, en ese caso, debe negar el caso” (190). El Bocardo en cambio ocurre cuando “la persona que niegue el resultado puede admitir el caso, y en ese caso debe negar la regla” (190). 1.2 Inducción Una vez expuesta la estructura original de Bárbara, Peirce le hace algunas variaciones para explicar la inducción y la hipótesis. De esta manera la inducción se caracteriza por tener la siguiente estructura (188): Caso: Estas judías son de esta bolsa Resultado: Estas judías son blancas Regla: Todas las judías de esta bolsa son blancas Lo que es particular de la inducción es que lo que se obtiene por medio de ella es la regla y la regla establece que algo se cumple para la totalidad de los miembros de un conjunto, es decir que generaliza una característica común a todos ellos. En esta medida la conclusión puede ser considerada como una generalización. En palabras de Peirce: “Hay inducción cuando generalizamos a partir de un número de casos de los que algo es verdad, e inferimos que la misma cosa es verdad de una clase entera. O, cuando hallamos que cierta cosa es verdadera de cierta proporción de casos, e inferimos que es verdadera de la misma proporción de la clase entera.” (189) La estructura silogística que expone Peirce esquematiza correctamente la inducción, en la medida en que muestra que este tipo de silogismo infiere la regla como una generalización que se hace a partir del caso y del resultado. Sin embargo es importante aclarar que a diferencia de la deducción, en la cual la regla se aplica a un caso en particular que corresponde a la premisa menor del silogismo, en la inducción suelen ser necesarios muchos casos con muchos resultados que al compararse permitan hacer la generalización. Es por esta razón que Peirce afirma que la inducción se da “cuando generalizamos a partir de un número de casos”. El caso “Estas judías son de esta bolsa” y el resultado “Estas son blancas” pueden entenderse como el resumen de varios casos y de varios resultados singulares. El primero 9.

(10) sería un resumen de muchos casos en los cuales se da que “esta judía es de esta bolsa”, y el segundo sería un resumen de muchos resultados en los cuales se da que “esta judía es blanca”. Por lo tanto un esquema más descriptivo de este tipo de argumento sería: Caso 1 Resultado A1 Caso 2 Resultado A2 Caso n Resultado An ____________ Regla Ahora bien en la cita del párrafo anterior Peirce hace una distinción entre dos tipos de inducción. Por un lado está la inducción en la cual la generalización que se hace se aplica a todos los miembros de una clase entera. Por el otro lado está la inducción en la cual la generalización no se aplica a la clase entera sino a la misma proporción de la clase entera que se observó en un número determinado de casos. Esta distinción que apenas queda enunciada en este escrito, parece anticipar los distintos tipos de inducción que Peirce va a desarrollar con detalle unos años más adelante. Por último, una característica que Peirce recalca más de una vez en “Deducción, inducción, hipótesis” como la característica esencial o fundamental de la inducción (siempre hace mención a ella a la hora de diferenciarla de la hipótesis), es que “Mediante la inducción, concluimos que hechos similares a los hechos observados son verdaderos en casos no examinados” (194). Si bien es cierto que este razonamiento le atribuye características observadas a hechos no observados, no le atribuye nunca a un hecho no observado una característica que no haya sido observada en un hecho anterior de su misma clase. Esta inferencia va siempre de hechos observados de una clase a hechos no observados de la misma clase. Por lo tanto la conclusión consiste simplemente en atribuirle algo que se observó en un número determinado de casos a los casos no observados de la misma clase. Esto se puede ver en otro ejemplo típico de la literatura filosófica: Caso 1: Es día Resultado: Sale el sol. 10.

(11) Caso 2: Es día Resultado: Sale el sol Caso n: Es día Resultado: Sale el sol __________________________ Regla: Todos los días sale el sol Lo que quiero evidenciar con este ejemplo es que lo que está enunciado en la conclusión ya estaba contenido en las premisas. La conclusión no le atribuye al “día” nada que no estuviera ya dicho en las premisas: no dice que algunos días llueve, ni que hay días nublados, ni días malos, ni días buenos. Lo único que hace la conclusión es establecer como una regla general aquello que se observó en muchos casos particulares. Por esta razón caracterizar a la inducción como una generalización ayuda a entender que por medio de esta inferencia sólo podemos establecer como general algo que efectivamente vimos en algunos casos particulares. 1.3 Hipótesis Una vez más, Peirce esquematiza la estructura de la hipótesis como una variación de Bárbara que en este caso es: Regla: Resultado: Caso:. Todas las judías de esta bolsa son blancas Estas judías son blancas Estas judías son de esta bolsa. Según Peirce, “La hipótesis se da cuando encontramos alguna circunstancia muy curiosa, que se explicaría por la suposición de que fuera un caso de cierta regla general, y en consecuencia adoptamos esa suposición” (189). Esto quiere decir que una hipótesis se da cuando tenemos un resultado, que vendría a ser la circunstancia curiosa y una regla que no está conectada con el resultado pero que podría servir para explicarlo. La conclusión consistiría entonces en la suposición del caso, dado que éste explica el resultado como la consecuencia necesaria de la aplicación de la regla a este caso que se está suponiendo. En resumen lo que hace la hipótesis con una circunstancia curiosa es hacerla parecer como la consecuencia necesaria de una deducción. Para que esto ocurra es necesario adoptar una regla y un caso particular 11.

(12) de esta regla bajo el cual el resultado sería necesario. En palabras de Peirce, por medio de “la hipótesis, concluimos la existencia de un hecho muy diferente de todo lo observado, del cual, según las leyes conocidas, resultaría necesariamente algo observado”. Me parece importante resaltar de esta última cita el que Peirce diga “según las leyes conocidas”. Esto quiere decir que la hipótesis, al menos en este texto, no infiere una ley o una regla, sino que explica las características de un hecho particular a partir de alguna ley o regla que ya se conoce previamente. 1.3.1 El carácter conclusivo de la hipótesis En “Deducción, inducción, hipótesis” Peirce alcanza a afirmar que una hipótesis muy exitosa puede llegar a ser considerada como una teoría (195). Sin embargo Peirce no desarrolla esta idea y además los ejemplos que plantea parecen apuntar a un tipo de hipótesis que resuelve casos muy puntuales con lo cual difícilmente podrían llegar a ser teorías. Prefiero ver esta afirmación de Peirce como un anticipo o como un atisbo del desarrollo que va a tener el concepto de hipótesis a lo largo de su vida. Por ahora creo que es más importante subrayar el carácter conclusivo y comprobatorio que tiene la hipótesis en los ejemplos que el mismo Peirce plantea: Cierto anónimo está escrito en un trozo de papel roto. Se sospecha que el autor es cierta persona. Su escritorio, al que sólo ella ha tenido acceso, se registra y en él se encuentra un pedazo de papel, cuyo borde desgarrado se ajusta exactamente, en todas sus irregularidades, con el del papel en cuestión. Es una inferencia hipotética admisible que el hombre sospechoso fuese efectivamente el autor.(192) Según Peirce la hipótesis que hay en este ejemplo consiste en el salto que hay desde el contorno del papel hasta su autor. Sin embargo si se miran con detalle las inferencias que encierra el ejemplo se hace evidente que además de la hipótesis se necesitan otras inferencias. La estructura de la hipótesis está planteada en términos de regla, resultado y caso; ésta sería la siguiente: el resultado, o la circunstancia curiosa que motiva la inferencia, son dos trozos de papel desgarrados que coinciden en todas sus irregularidades. La regla que está implícita sería que si un trozo de papel se rasga las partes resultantes coinciden en todas sus irregularidades. La conclusión, que en la hipótesis corresponde al caso, es que los dos trozos de papel provienen de un mismo papel que se rasgó y que los produjo como resultado. Que el papel sea del sospechoso es resultado de una deducción que parte de una generalización. La estructura de esta deducción es la siguiente: Regla: los papeles que se encuentren sobre un escritorio, pertenecen al dueño del escritorio; Caso: hay un papel sobre un escritorio; 12.

(13) Resultado: el papel pertenece al dueño del escritorio. La regla de esta inferencia, según la cual todos los papeles que hay sobre une escritorio pertenecen a su dueño, es una generalización. A partir de “Deducción, inducción, hipótesis” la generalización tendría que ser producto de una inducción. Habría que mirar con cuidado si esto es así o no. Sin embargo este no es el punto que me interesa resaltar del ejemplo. Lo que quiero subrayar de este ejemplo es que la hipótesis que encierra no pretende ser confirmada posteriormente. El hecho de que los dos trozos de papel coincidan en todas sus irregularidades es información más que suficiente para que sea razonable suponer que esos dos papeles provienen de de una misma hoja. Por decirlo de alguna manera, esta es una hipótesis que a cualquiera le parecería satisfactoria: El fundamento de esta inferencia radica, evidentemente, en que es extremadamente inverosímil que dos trozos rotos de papel coincidan por accidente. Por lo tanto, de un gran número de inferencias de este género, sólo una proporción muy pequeña sería engañosa. (192). Todo esto quiere decir que esta inferencia no está proponiendo nuevas cuestiones con respecto a si estos dos papeles pertenecían o no a una misma hoja. Por el contrario se está dando por comprobado que así es. El fundamento de esta comprobación es la razonabilidad de la hipótesis. Tal vez este es un fundamento más débil que el que puede llegar a dar una inducción que se ha prolongado por mucho tiempo. Sin embargo para una persona que se plantee esta hipótesis, el que los dos papeles coincidan en todas sus irregularidades es razón suficiente para concluir de una vez por todas que estos dos trozos de papel hacían parte de una misma hoja. De hecho, como lo dice el mismo Peirce en la cita anterior, muy pocas inferencias de este tipo (de este tipo de hipótesis) son equívocas. Este es el carácter comprobatorio y conclusivo de la hipótesis al que quería hacer referencia. De ahora en adelante me voy a referir a este tipo de hipótesis como hipótesis particular. No es extraño que la hipótesis pueda tener un carácter comprobatorio y conclusivo de una cuestión. El hecho de que Peirce maneje en “Deducción, inducción, hipótesis” los tipos de inferencia como modos distintos e independientes de inferir, hace que cada uno de éstos se vea como una figura autosuficiente para llegar a conclusiones. De esta manera cuando una hipótesis es planteada por alguna circunstancia, es esta misma inferencia la que está en capacidad de dar alguna respuesta satisfactoria. Lo mismo puede decirse de la inducción y de la deducción. Esta independencia entre los tipos de inferencia va a ser una de las grandes. 13.

(14) diferencias entre los textos contemporáneos a “Deducción, inducción, hipótesis” y los textos posteriores a 1900. 1.3.2 Características generales de la hipótesis Creo que vale la pena volver sobre algunos ejemplos para ver las características de la hipótesis en casos concretos. En el ejemplo de las judías que utiliza Peirce para caracterizar la hipótesis, la conclusión según la cual “Estas judías son de esta bolsa” no se sigue necesariamente de la conjunción de la regla y el resultado. El que por un lado haya una bolsa con judías blancas y por otro se tengan unas judías blancas, no quiere decir que esas judías pertenezcan necesariamente a esa bolsa. Para ser así la regla tendría que ser más restrictiva y decir que toda judía que sea blanca pertenece a esa bolsa. Por lo tanto en la hipótesis las premisas no contienen de antemano la información que está en la conclusión y además la conclusión no es una consecuencia necesaria de las premisas Por otro lado, este caso de las judías, a pesar de ejemplificar correctamente una hipótesis, puede resultar un poco estrecho para mostrar el alcance que puede tener este tipo de inferencia. De hecho en este ejemplo Peirce infiere el caso a partir de una única característica del resultado, a saber: el color blanco de las judías. Es decir que en este ejemplo el solo color de las judías sirve para suponer que éstas pueden ser el resultado de un caso de una regla en cuyo dominio sólo caben judías blancas. Sin embargo en una hipótesis se pueden comparar resultados de distintas características. La hipótesis puede unificar varios resultados de distinto tipo, haciéndolos pertenecer al mismo caso. Esto quiere decir que puede haber casos que estén determinados en más de una característica por una misma regla. Un ejemplo de lo que estoy diciendo puede ser el siguiente: Regla: Todos los alemanes son monos, blancos y tienen los ojos azules Resultado: Pepe es mono, blanco y tiene los ojos azules Caso: Pepe es alemán En este caso lo que la hipótesis hace es unificar tres características diferentes e independientes como ser mono, ser blanco y tener los ojos azules bajo la denominación de ser alemán. Resalto la diferencia entre este ejemplo y el de las judías porque el potencial unificador o simplificador de la hipótesis va a ser una de sus características más importantes en el período posterior a 1900.. 14.

(15) Ahora, como la hipótesis es una inferencia en la cual se supone algo para explicar unas circunstancias curiosas, pero esta suposición no se sigue necesariamente de las premisas, Peirce presenta una serie de criterios que sirven para escoger las hipótesis que tienen mayor posibilidad de ser correctas. Estos criterios son (193): 1. La hipótesis ha de presentarse expresamente como una cuestión a discutir, antes de hacer las observaciones que atestiguarán su verdad. En otras palabras, debemos procurar discernir cuál será el resultado de las predicciones de la hipótesis. 2. El aspecto tocante al cual se anoten las semejanzas debe tomarse al azar. No hemos de escoger un tipo particular de predicciones, para las que se sabe que la hipótesis es válida. 3. Los fracasos tanto como los éxitos de las predicciones deben reseñarse honradamente. El procedimiento entero tiene que ser franco e imparcial. (193) El primero de estos criterios coincide con el primero de los criterios que Peirce va a anunciar unos años más adelante para la abducción. Sin embargo el segundo y el tercer criterio parecen corresponder más a un proceso inductivo en el cual se están comparando distintos casos con el fin de hacer una generalización.. 1.4 Diferencias entre los tipos de inferencia 1.4.1 Clasificación analítico – sintético En “Deducción, inducción, hipótesis” Peirce diferencia claramente los tipos de inferencia entre aquellos que son sintéticos y aquellos que son analíticos. De esta manera la deducción es la única inferencia analítica mientras que la inducción y la hipótesis son sintéticas. En el caso de la deducción es claro por qué es analítica. La información que está contenida en la conclusión estaba ya implícita en las premisas hasta el punto de que la conclusión es una consecuencia necesaria de éstas. En el caso de la hipótesis se puede ver que es sintética en la medida en que por medio de ella “concluimos la existencia de un hecho muy diferente de todo lo observado” (194). Es decir que ateniéndose estrictamente a lo observado, a lo contenido en las premisas, no es posible 15.

(16) obtener la información que está en la conclusión. En otras palabras, en la hipótesis no hay manera de obtener la conclusión por medio del análisis de las premisas. El caso de la inducción es un poco más complicado. Por un lado, el que una serie de casos observados cumplan una cierta regularidad quiere decir únicamente eso. Es decir que en la estricta observación de un número de casos no está contenida la información según la cual en otros casos no observados se cumple lo mismo que en los sí observados, y menos aún que en todos los otros casos de la misma clase se cumple lo observado. De hecho se puede determinar que una inferencia inductiva está fallando con sólo encontrar un contraejemplo. Desde este punto de vista la conclusión en la inducción no se sigue necesariamente de las premisas precisamente porque hace referencia a casos no incluidos en ellas. Por lo tanto la información que está en la conclusión no está contenida en las premisas y por lo tanto esta inferencia es sintética. Esta es la razón por la cual Peirce clasifica a la inducción como una inferencia sintética en “Deducción, inducción, hipótesis” y esta es además la posición comúnmente aceptada frente a la inducción. Sin embargo una vez se conoce bien la naturaleza de la inducción, lo que ésta le aporta a un conjunto de premisas es siempre lo mismo. Es decir que la operación que la inducción le hace a las premisas es generalizar su contenido. En esta medida dos personas que conozcan el funcionamiento de esta inferencia pero que no se conozcan y que estén incomunicadas pueden obtener la misma conclusión inductiva a partir de un mismo conjunto de premisas. Esto es un indicativo de que la información que está en las premisas de una inducción siempre va a arrojar el mismo resultado una vez sean sometidas al mecanismo de esta inferencia. La información que le añade una inducción a un conjunto de premisas es siempre la misma. En la medida en que a un mismo conjunto de premisas se le extraiga siempre la misma información por medio de la inducción, es posible entender este tipo de inferencia como analítica. Esta posición, aunque no es la comúnmente aceptada, es la que va a asumir Peirce después de 1900.. 1.4.2 Diferencias entre inducción e hipótesis Ahora bien, como en “Deducción, inducción, hipótesis” tanto la inducción como la hipótesis son sintéticas Peirce hace un esfuerzo por diferenciar estos dos tipos de inferencia en otros aspectos.. 16.

(17) Unas diferencias importantes que ayudan a distinguir entre estos dos tipos de inferencia y que se pueden entender a partir de párrafos anteriores son las siguientes: “El primero -el razonamiento inductivo- es un razonamiento de los particulares a la ley general; el segundo, del efecto a la causa. El primero clasifica, el segundo explica” (194). Sin embargo Peirce subraya en este texto que hay una diferencia más fundamental entre la inducción y la hipótesis. Como lo mencioné más arriba, es esencial a la inducción concluir que ciertos hechos observados en un número de casos determinados, ocurren también en casos de la misma clase no observados. La diferencia principal entonces entre la hipótesis y la inducción en este texto radica en que “la hipótesis supone algo de tipo distinto a lo que hemos observado directamente, y con frecuencia algo que nos sería imposible observar directamente”(197). Esto parece querer decir que la diferencia entre los dos tipos de inferencia depende del tipo de conclusión que se obtenga. Si es una conclusión del mismo tipo de lo observado será una inducción, y si es de otro tipo o si simplemente no es una conclusión susceptible de ser observada directamente, será una hipótesis . Sin embargo, ésta que parecía ser una diferencia clara entre estos dos tipos de inferencia, empieza a confundirse cuando Peirce afirma cosas como la siguiente: (...) cuando ensanchamos una inducción mucho más allá de los límites de nuestra observación, la inferencia participa de la naturaleza de la hipótesis. Sería absurdo decir que no poseemos ninguna justificación inductiva para una generalización que sobrepase un poco los límites de la experiencia, y no cabe trazar una línea allende la cual no sea lícito extender nuestra inferencia (…) Aquí, pues, tenemos una mezcla de inducción e hipótesis, apoyándose recíprocamente. (197) Lo que quiero señalar es que Peirce le quita peso a las diferencias de estructura silogística que hay entre la inducción y la hipótesis, diferencias como que una inferencia va “de los particulares a la ley general” mientras que la otra va “del efecto a la causa”, que la primera clasifica y la segunda explica, y le da más importancia al tipo de conclusión que se puede obtener por medio de cada inferencia. Esto lleva a que se pueda establecer un continuo entre los dos tipos de inferencia. En los casos en los que la inducción va demasiado lejos e infiere conclusiones que no son susceptibles de observación, participa entonces de la hipótesis. Es curioso que precisamente la característica que define lo fundamental de estas inferencias sea precisamente la que lleva a establecer un continuo entre ellas. A lo que estoy apuntando es a que a pesar de las diferencias estructurales y silogísticas que puedan tener la inducción y la hipótesis, diferenciarlas por el tipo de conclusión al que pueden llegar implica que ambas pueden cumplir con la misma función, que es en ambos casos una 17.

(18) función comprobatoria. La una comprueba inferencias en las cuales la conclusión es de un tipo, y la otra comprueba inferencias en las cuales la conclusión es de otro tipo. Al respecto Santaella dice: “Las imprecisiones características del periodo anterior a 1900 proceden del hecho de que, en un primer momento, Peirce concebía la inferencia en general esencialmente como un proceso de comprobación” (Santaella 1998). Voy a referirme a la diferencia entre estas inferencias como una diferencia instrumental.. 18.

(19) 2. Los tipos de inferencia después de 1900 Seguramente en un estudio detallado de la obra de Peirce es posible identificar cronológicamente la evolución de su teoría de los tipos de inferencia, encontrado paso a paso las modificaciones, las rupturas y las continuidades en sus conceptos. Sin embargo yo me voy a restringir a algunos textos escritos posteriormente a 1900, para identificar las diferencias y las similitudes entre la teoría de las inferencias expuesta en “Deducción, inducción, hipótesis” y la expuesta en estos años, dejando por fuera los textos y las posiciones intermedias. Tal vez la diferencia más importante entre la teoría de las inferencias anterior a 1900 y la posterior a esta fecha radica en que en la época temprana Peirce solía estudiar los tipos de inferencia como un modo de clasificar argumentos. A pesar de que él mismo admitía que “Clasificaciones perfectamente satisfactorias en todos los casos apenas existen” (DIH: 194), lo que pretendía era diferenciar claramente los tipos de razonamiento. En cambio, en los años posteriores a 1900 Peirce estudia los tipos de inferencia como tres pasos interdependientes del método científico. Esto ayuda a caracterizar la función de cada uno de los argumentos de acuerdo a los pasos de la investigación científica estableciendo unas claras diferencias entra cada uno de ellos. En el caso de la hipótesis, el aclarar su función en el ámbito científico supuso para Peirce hacerle tantos ajustes al concepto original, que terminó renombrando esta inferencia con el nombre de abducción. Esta nueva concepción de los tipos de inferencia entrelazados, como parte de la investigación científica, se puede ver claramente en afirmaciones que son comunes en los textos de esta época como la siguiente: Habiendo, entonces, por medio de la deducción, extraído predicciones de una hipótesis con relación a los que serían los resultados de un experimento, procedemos a poner a prueba la hipótesis haciendo los experimentos y comparando aquellas predicciones con los resultados reales del experimento (…) Esta clase de inferencia, que con los experimentos pone a prueba las predicciones basadas en una hipótesis, es la única a ser llamada adecuadamente inducción.(SLEH: 96-97) La inferencia por medio de la cual se obtiene la hipótesis sería la abducción. La inferencia por medio de la cual se extraen las predicciones de esa hipótesis sería la deducción. Y por último la inferencia por medio de la cual se pone a prueba la hipótesis mediante experimentos sería la inducción.. 19.

(20) Voy a pasar a examinar con cuidado cada uno de los tipos de inferencia expuestos en textos posteriores a 1900, para identificar sus diferencias con los expuestos más arriba a partir de textos anteriores a esta fecha. Sería adecuado exponer los tipos de inferencia en el mismo orden en el que ocurren en la investigación científica, a saber abducción-deducción-inducción. Sin embargo, con el fin de poder establecer con claridad las diferencias y las rupturas que hay entre los tipos de argumento de 1878 y los posteriores a 1900, voy a seguir el mismo orden de exposición utilizado en la sección anterior.. 2.1 Deducción Así como en los textos anteriores a 1900 la deducción era la inferencia menos problemática a la hora de definirla y de esquematizarla, en los textos posteriores a esta fecha es la inferencia que menos variaciones presenta en su estructura y caracterización. Sin embargo así como la inducción y la abducción, la deducción es entendida ahora como un paso de la investigación científica en lugar de ser simplemente un tipo de argumento. En los textos posteriores a 1900 Peirce suele hablar de deducción en términos de razonamiento necesario Me parece en todo caso importante hacer referencia a algunas características de la deducción que se hacen evidentes al entenderla como el segundo paso del razonamiento científico. Peirce dice: En la deducción, o razonamiento necesario, partimos de un estado hipotético de cosas que definimos en ciertos aspectos abstractos. Entre las características a las que no prestamos atención alguna en este modo de argumento, está la de si la hipótesis de nuestras premisas se conforma, o no, más o menos al estado de cosas del mundo exterior (…) Nuestra inferencia será válida si y solo si hay realmente una tal relación entre el estado de cosas supuesto en las premisas y el estado de cosas enunciado en la conclusión. (NM: 212) Lo que Peirce está afirmando en estos fragmentos es que la deducción en la investigación científica no está conectada directamente con unos hechos observados. Como lo voy a mostrar más abajo, la conexión con los hechos es tarea de los otros tipos de inferencia. Esto quiere decir que la validez de una deducción no depende de que unos hechos se den realmente o no se den. Su validez depende de que aquello que se enuncia en la conclusión sea una consecuencia necesaria de aquello que se enuncia en las premisas, en el caso hipotético de que éstos hechos se den. Si actualmente se dan o no es independiente de la validez de la. 20.

(21) deducción. Lo que todo esto quiere decir es que lo que importa en la deducción es que la relación entre las premisas y la conclusión sea de carácter necesario. Si la deducción no tiene nada que ver con los hechos reales, no puede ser la encargada de definir si la explicación que una hipótesis propone de unos hechos, es o no una explicación satisfactoria. Es decir que al estar desconectada de la realidad, la deducción no puede verificar si aquello que enuncia la hipótesis corresponde o no con la realidad. La deducción lo único que puede hacer es extraer las consecuencias que esa hipótesis implica. Como lo voy a mostrar más abajo, la abducción a diferencia de la hipótesis anterior a 1900, obtiene conclusiones con carácter de generalidad y de teoría. En esta medida el papel de la deducción en la investigación científica es aplicar a los casos particulares de esa teoría provisoria, lo que la hipótesis establece. Por estas razones la deducción posterior a 1900 sigue teniendo el papel de obtener conclusiones que se derivan necesariamente de las premisas, pero que no aportan nuevo conocimiento, es decir que la deducción continúa siendo una inferencia analítica: “La deducción (…) no lleva a ningún conocimiento positivo en absoluto, sino que sólo extrae las consecuencias ideales de las hipótesis”(SLEH: 97).. 2.2 Inducción Cuando la inducción empieza a ser entendida como el último paso de la investigación científica, queda estrechamente ligada al proceso de experimentación. De hecho Peirce afirma que “por razonamiento inductivo entiendo un desarrollo de la investigación experimental” (NM: 215). Una vez se ha establecido una hipótesis y una vez se han obtenido las consecuencias de esa hipótesis por deducción, lo que se debe hacer con ellas es “compararlas con los resultados del experimento por inducción, y desechar la hipótesis y ensayar otra, tan pronto como la primera haya sido refutada, como presumiblemente lo será”(SLEH: 107). La estructura básica de la inducción sigue siendo la misma que la de unos años atrás en la medida en que su papel consiste en comparar una serie de resultados de un experimento con el fin de fijar una ley general. Sin embargo su papel ahora no es el de proponer una generalización, sino el de confirmar algo que una hipótesis ya había propuesto. En el momento en el que la inducción pierde su capacidad propositiva, se distancia de la inducción de “Deducción, inducción, hipótesis” que Peirce definía como un tipo de inferencia sintética. 21.

(22) Ahora la inducción parece ser casi analítica. De hecho según Peirce la inducción sólo aporta conocimiento en aquellos casos en los cuales refuta la hipótesis porque cuando esto ocurre le está informando al investigador que se encuentra por el camino equivocado. Por el contrario, si la inducción no refuta la hipótesis, no le informa realmente nada nuevo al investigador, sólo confirma aquello que ya se había propuesto por medio de la abducción. Sin embargo Peirce afirma que si en un desarrollo experimental “la naturaleza dice ‘Sí’ a las primeras veinte cuestiones, aun cuando hayan sido esbozadas para hacer lo más sorprendente posible esta respuesta, el experimentador podrá confiar que se encuentra en la vía correcta” (NM: 215). Esto quiere decir que por medio de afirmaciones lo único que hace la inducción es corroborar una hipótesis dándole cada vez más fuerza. Sin embargo la única manera en la cual esta inferencia aporta conocimiento es en un sentido negativo, al permitir desechar una hipótesis. Si tanto la inducción como la deducción son incapaces de aportar nuevo conocimiento, el único tipo de inferencia que podrá tener esta tarea va a ser la abducción. Entender la inducción como uno de los tres pasos principales de la investigación científica y además como el paso al cual le corresponde la experimentación, no sólo tiene implicaciones en su capacidad de aportar conocimiento nuevo, sino que lleva a Peirce a desarrollar con cuidado sus distintos modos de operar. Peirce va a desarrollar esa distinción que ya sugería en “Deducción, inducción, hipótesis” entre aquellas inducciones que generalizan para una clase entera aquello observado en un número limitado de casos, y aquellas inducciones que le asignan aquello observado a la clase entera en la misma proporción que en los casos observados. Peirce va a distinguir entre tres tipos de inducción. El primer tipo de inducción es aquella en la cual “determinamos el valor de una proporción y estamos moralmente seguros de aproximarnos a ella indefinidamente en el largo plazo para cada problema” (SLEH: 102). Este tipo de inducción, que creo que podría llevar el nombre de inducción probable, corresponde con aquella que Peirce había enunciando varios años atrás. A Peirce le preocupa particularmente el método mediante el cual se obtiene la muestra que sirve para identificar alguna proporción que después, gracias a la inducción, se va a generalizar como una proporción presente en todo aquello que la muestra representa. En principio parece haber tres maneras mediante las cuales se puede obtener la muestra: por azar (98), por algún tipo de guía que permita extraer otras muestras con características similares, y por último en “esos casos en los que encontramos una serie enumerable en un orden objetivo de sucesión, y deseamos saber cuál es la ley de ocurrencia de cierto carácter dentro de sus miembros” (102).. 22.

(23) El segundo tipo de inducción es aquella en la cual a partir de ciertas experiencias en las cuales hay alguna coincidencia entre los hechos de una misma clase, se concluye que esa misma coincidencia se va a presentar en cualquier hecho no experimentado de esa misma clase. Este tipo de inducción no tiene nada que ver con probabilidades en la medida en que no es una inferencia que pretenda cuantificar una proporción que caracterice un tipo de hechos, sino más bien pretende determinar si ciertos hechos siempre ocurren o no de cierta manera. La inducción cuantitativa o probabilística describe un hecho que en algún sentido está caracterizado por un número de individuos que lo componen, sin pretender cuestionar si el hecho siempre ocurre de una misma manera. En cambio lo que busca el segundo tipo de inducción es establecer que un hecho es como es porque hace parte de una regla general que lo hace ser así: “Porque esta inducción no siendo cuantitativa, no concluye que la probabilidad de que las mareas suban sea 1; sino que éstas suben cada medio día-sin excepción” (NM: 215). Voy a llamar este tipo de inducción inducción cualitativa. Peirce clarifica esta distinción al criticar a aquellos que opinan que una teoría puede tener una probabilidad definida. De hecho una teoría puede decir que la probabilidad de que cierto hecho ocurra es una u otra, y esto puede ser el resultado de una inducción cuantitativa. Lo que no es posible es que la teoría misma tenga una probabilidad porque ella no es un individuo más de una clase susceptible de ser contado. Por lo tanto la teoría sí puede ser corroborada por el segundo tipo de inducción. Una teoría no es susceptible de ser contada ni enumerada: “Ustedes (…) no pueden preguntarse cuál es la probabilidad de que la ley de la abstracción universal fuese la del cuadrado inverso, a no ser que puedan atribuir algún significado a las estadísticas de las características de los universos posibles” (215). El tercer tipo de inducción puede considerarse como una variación del primer tipo con la siguiente diferencia: la muestra a partir de la cual se va a inducir es un agregado cuyas unidades no son susceptibles de ser contadas ni medidas “y donde la probabilidad por consiguiente no puede entrar” (SLEH: 105). Peirce aclara sin embargo que en este tipo de inducción la distinción entre “mucho” y “poco” sí es una distinción válida.. 2.3 Abducción En los textos de estos años la referencia a las figuras silogísticas para explicar los tipos de inferencia prácticamente desaparece. De esta manera Peirce se libera de fijar con precisión la 23.

(24) estructura de la abducción. Sin embargo hay algunos pasajes en los cuales pareciera que está hablando exactamente de lo mismo que unos años atrás: Aceptando la conclusión de que una explicación se necesita cuando surgen hechos contrarios a lo que esperaríamos, se sigue que la explicación debe ser una proposición tal que llevaría a la predicción de los hechos observados, como consecuencias necesarias o al menos muy probables bajo las circunstancias. Una hipótesis, entonces, que en sí misma sea probable y que haga probables a los hechos, ha de ser adoptada. Este paso de adoptar una hipótesis como siendo sugerida por los hechos, es lo que llamo abducción (94). A partir de este pasaje parecería ser que lo único que ha hecho Peirce con el paso de los años es llamar al proceso de formación de una hipótesis como abducción. De hecho los “hechos contrarios a lo que esperaríamos” podrían asimilarse a las “circunstancias curiosas” que motivaban la hipótesis en “Deducción, inducción, hipótesis”. Sin embargo la explicación de estos hechos que antes consistía en hacerlos ver como consecuencias necesarias de ciertas circunstancias, es decir como las consecuencias de una deducción, ahora parecen poder mostrarlos simplemente como consecuencias probables de esas circunstancias. Esto es un indicio de una reforma importante a los tipos de inferencia porque a partir de la figura silogística de Bárbara, los fenómenos sólo podían explicarse como consecuencias necesarias de unas circunstancias. Esta reforma es la que voy a exponer ahora.. 2.3.1 La aproximación metodológica a la abducción Lo primero que hay que aclarar es qué quiere decir que la abducción sea el primer paso de la investigación científica, para lo cual hay que explicar cuál es la motivación de este tipo de inferencia. Como lo mencioné más arriba, la abducción está motivada por unas “circunstancias curiosas” o por unos hechos sorprendentes que requieren una explicación. Que esto sea lo que motiva la abducción se explica porque según él, “la tendencia del entendimiento es solamente hacia la síntesis, o unificación” (92). Ahora bien, en aquellos casos donde hay unos hechos “cuya conexión no es satisfactoria a la mente”(92), lo que hay es una falta de unificación y de síntesis entre estos hechos, lo cual va en contravía de la tendencia del entendimiento y por lo tanto se requiere de una explicación. De esto se sigue que “el trabajo de la razón consiste en encontrar conexiones entre lo hechos” (91) por medio de una hipótesis que explique tal conexión que antes parecía ser insatisfactoria. El ejemplo que cité unas páginas atrás en el cual la figura de hombre alemán servía para unificar las características mono, blanco y ojos azules de un hombre dado, es válido bajo esta explicación. 24.

(25) Aclarar cuál es la motivación de la abducción ayuda a entender por qué esta inferencia “es el primer paso del razonamiento científico” (106). Al respecto Peirce dice: “la abducción arranca de los hechos, sin tener, en principio, ninguna teoría particular a la vista, aunque está motivada por la sensación de que se necesita una teoría para explicar los hechos sorprendentes. (…) La abducción busca una teoría”(106). Una vez se presentan unos hechos que por ser sorprendentes exigen una explicación, la abducción, por ser la única inferencia que arranca de los hechos, es la encargada de buscar una posible explicación. Esta explicación puede eventualmente tener el valor de una teoría. Esto constituye una diferencia importante entre la abducción y la hipótesis de “Deducción, inducción, hipótesis”. Esta última explicaba un hecho particular al hacerlo parecer la consecuencia de un caso aplicado a una ley conocida. Esto no parecía tener nada que ver con la búsqueda de leyes o teorías con carácter general. En cambio ahora, la abducción que está en el primer paso de la investigación tiene la posibilidad de postular conclusiones que eventualmente pueden llegar a ser generalizaciones, leyes e incluso a ser teorías. Ahora bien, si tanto la abducción como la inducción pueden generalizar, hay que mirar cuál es el papel de cada una en esta generalización. Al respecto Santaella dice lo siguiente: Con anterioridad [a 1900] una generalización sólo podía ser el resultado de una inducción. Después, la generalización es sugerida por la abducción y confirmada sólo por la inducción. De hecho, leyes y generalizaciones pasaron a ser vistas como hipótesis esclarecedoras en cuanto que, primeramente, la inducción y la hipótesis eran modos apenas diferentes de inferir tipos diferentes de hipótesis.(Santaella 1998) En esta afirmación de Santaella se puede ver una de las diferencias fundamentales que hay entre la inducción y la abducción, una que no se presentaba antes de 1900. Unos párrafos más arriba mencioné que la diferencia entre la inducción y la hipótesis en “Deducción, inducción, hipótesis” parecía ser una diferencia instrumental, en la medida en que cada una servía para obtener conclusiones de distintos tipos. En los textos posteriores a 1900, cada una de estas inferencias puede llegar a generalizaciones y su diferencia fundamental no va a ser instrumental, sino más bien metodológica. La abducción ocupa el primer paso en el método científico y como tal su papel es sugerir explicaciones que puedan tener un carácter general; la inducción en cambio es un paso posterior y su función es confirmar o descartar aquello que la abducción concluyó.. 25.

(26) 2.3.2 La insuficiencia del silogismo para explicar la abducción El que la abducción sea entendida como el primer paso de la investigación científica y que esto lleve a que este tipo de inferencia pueda tener una aspiración a lo general, no se traduce simplemente en una ampliación del rango de las conclusiones que se pueden obtener por esta vía. Por el contrario, la estructura silogística por medio de la cual Peirce explicaba la hipótesis en 1878 es ahora insuficiente. De hecho, y como quedó expuesto más arriba, en la hipótesis de 1878 se necesitaba de unas “leyes conocidas” para explicar una circunstancia curiosa (que ahora podemos llamar sorprendente). Y además la hipótesis tenía un carácter comprobatorio y conclusivo. Ahora la hipótesis, en tanto que primer paso de la investigación, puede proponer teorías provisorias, que no tienen un carácter concluyente, sino que por el contrario son propuestas con la finalidad de ser puestas a prueba mediante la deducción y la inducción. Estas conclusiones abductivas ni cierran una investigación, ni comprueban nada, al contrario lo que hacen es abrir el camino de la investigación. Esto quiere decir que aquello que aparecía como regla en el silogismo de la hipótesis de 1878 y que era una regla conocida, puede ahora ser planteada por medio de abducción para explicar el resultado. El silogismo ahora no funciona porque sería un silogismo con dos incógnitas, una en las premisas y la otra en la conclusión (la regla y el caso), y con una única premisa conocida, el resultado. Que la abducción puede tener este alcance se puede ver en la siguiente cita del texto “Razonamiento”, escrito por Peirce en 1901: La presunción, o, más precisamente, abducción (…), proporciona al razonador la teoría problemática que la inducción verifica. Al encontrarse a sí mismo enfrentado con un fenómeno distinto a lo que hubiera esperado bajo esas circunstancias, examina sus características y advierte algún carácter o relación entre ellas, singular, que al instante reconoce como característico de alguna concepción que ya está guardada en su mente, de modo que es sugerida una teoría que explicaría (esto es, que haría necesario) eso que es sorprendente en el fenómeno.(CP: 2.776) Lo anterior quiere decir que la abducción no sólo infiere que un fenómeno dado es un caso particular de una teoría, sino que infiere la teoría misma y hace ver el fenómeno como un resultado de ella. Esto por supuesto deberá ser puesto a prueba y verificado por los otros tipos de inferencia. Ahora bien, el silogismo parecía ser adecuado en 1878 para explicar la hipótesis porque mostraba cómo la conclusión de esta inferencia, a pesar de no seguirse necesariamente de las premisas, sí se seguía de alguna forma de ellas. La justificación radicaba en que al sugerir la conclusión, las circunstancias curiosas se entendían como una consecuencia necesaria 26.

(27) de una regla conocida y del caso supuesto. En los textos posteriores a 1900 esto ya no es así. De hecho en los casos en los que la abducción puede sugerir incluso teorías, éstas no pueden aparecer como un caso de otra teoría conocida. La abducción sí explica unos hechos sorprendentes al hacerlos parecer como una consecuencia necesaria o probable de una teoría supuesta, pero la teoría es supuesta y ya no tiene justificación. Las hipótesis pierden la poca justificación que tenían. Tal vez es por esta razón que cuando Peirce habla de abducción en sus textos posteriores a 1900 habla inmediatamente de la capacidad instintiva que tiene el hombre para llegar a la verdad: Pensemos en los trillones de trillones de hipótesis que pueden hacerse de las cuales sólo una es verdadera; y, con todo, el físico, después de dos o tres conjeturas, o, todo lo demás, de una docena, da muy cerca de la hipótesis correcta. (NM: 217). Esta capacidad que tiene el hombre parece ser ahora la única forma para explicar cómo se llega a postular hipótesis, e incluso hipótesis correctas. Peirce habla ahora de la facultad que tiene el hombre de “adivinar las vías de la naturaleza”(217), y habla también de la sugerencia abductiva como un “flash” que viene a nosotros (227). Todo esto quiere decir que ya no hay una estructura clara que se pueda representar en un silogismo a partir de la cual se obtiene la conclusión abductiva. El origen de esta conclusión se lo deja Peirce al instinto, a la adivinación o a un “flash”. Todas estas concepciones demasiado vagas para poder ser representadas de una u otra forma. Algunos intérpretes de Peirce como Michael Hoffmann (1998) o Guy Debrock (1998) han tratado de explicar con más detalle lo que Peirce quería decir con “flash” o con “intuición hacia la verdad”, con el fin de evitar que la conclusión abductiva parezca depender del azar. Hoffmann, por ejemplo, hace un esfuerzo por mostrar que la intuición de la que habla Peirce es siempre una intuición que está inmersa en un contexto, de tal forma que el problema de la producción de una hipótesis está enmarcado por un contexto o un conjunto de contextos que la determinan: “El rango de hipótesis aceptadas como posibles está limitado por una compleja interacción de los diversos contextos que se dan en esa situación”( Hoffman 1998). No voy a entrar a mirar con detalle los argumentos de estos intérpretes, a pesar del interés que puedan tener sus intentos por justificar la conclusión abductiva, porque de alguna forma Peirce tiene su propia solución. Él afirma en varias ocasiones que la conclusión abductiva no necesita ningún tipo de justificación (CP: 2.777) o que si la necesita, la justificación no está dada por aquello que viene antes de ella, por aquello que la produce sino más bien por 27.

(28) aquello que la hipótesis es capaz de lograr. Peirce afirma: “Su única justificación es la de que a partir de su sugerencia la deducción puede extraer una predicción que puede comprobarse mediante la inducción” (NM: 216). Esto quiere decir que una hipótesis en principio no necesita de ninguna justificación siempre y cuando pueda ser puesta a prueba por medio de la deducción y de la inducción. Será este proceso el que se encargue de evaluar la validez que puede llegar a tener. Ahora bien, si cualquier sugerencia que sea producto de la intuición puede ser considerada como una hipótesis, es muy importante determinar entre un conjunto muy grande de hipótesis, cuáles escoger para ser puestas a prueba. Esto lleva a Peirce a desarrollar unos criterios de escogencia de hipótesis mucho más depurados que aquellos que había expuesto den “Deducción, inducción, hipótesis”. Estos criterios son los siguientes (SLEH: 107-111): 1. La hipótesis debe poder ser sometida a pruebas experimentales. 2. Debe explicar los hechos sorprendentes, mostrándolos como consecuencias probables o necesarias, o simplemente afirmándolos implícitamente. 3. Teniendo en cuenta que el desarrollo experimental de una hipótesis puede costar mucho en dinero, tiempo, energía y pensamiento, una buena hipótesis debe ser una hipótesis económica en los siguientes sentidos: a. La hipótesis debe estar apoyada por lo que Peirce llama el “Instinto natural hacia la verdad”. b. La hipótesis debe estar apoyada por las ideas preconcebidas del investigador, esto es a las experiencias previas. c. La escogencia de la hipótesis debe estar guiada por la cautela, por la amplitud y por la no complejidad de la hipótesis. La cautela se refiere al cuidado con el cual se plantean las preguntas que llevan a la definición de la hipótesis. La amplitud se refiere a la capacidad que tiene la hipótesis para explicar fenómenos distintos a los estrictamente observados. Y la no complejidad se refiere a que la hipótesis escogida debe ser lo más simple posible. Con excepción del primero de estos criterios de escogencia de una buena hipótesis, el segundo y el tercero difieren completamente de aquellos que Peirce había planteado en “Deducción, inducción, hipótesis”. Ahora el segundo criterio hace referencia a los hechos sorprendentes que motivan la hipótesis y a cómo ésta debe dar una posible explicación de ellos. Aquí me parece importante llamar la atención sobre lo siguiente: la explicación de los hechos 28.

(29) sorprendentes no tiene que consistir estrictamente en mostrarlos como unas consecuencias necesarias (como sí era el caso en 1878), sino que ahora también los puede explicar al mostrarlos como consecuencias probables. Con este criterio Peirce ratifica la posición de la hipótesis en el primer lugar del método científico, al ser ésta la inferencia encargada de darle una primera respuesta a unos hechos dados. Anteriormente el segundo criterio se refería a la manera como debían tomarse las muestras de un conjunto para inferir algo acerca del mismo. Ahora se puede ver que este criterio es más propio de la inducción que de la abducción. En cuanto al tercer nuevo criterio que Peirce plantea, está directamente orientado a descartar dentro de un gran conjunto de hipótesis aquellas que puedan resultar muy costosas para su desarrollo científico. Anteriormente el tercer criterio se limitaba a subrayar la honestidad con la cual se deben reseñar los resultados científicos.. 2.3.3 Continuidad entre la hipótesis de 1878 y la abducción Antes de terminar me parece importante hacer una aclaración. Para algunos autores, como Debrock o Santaella, la evolución del concepto de hipótesis hacia el de abducción es tan radical que no hay manera de asimilarlo como la evolución de un mismo concepto. Según Debrock, aquello que Peirce llamaba hipótesis en 1878 puede ser entendido ahora como una deducción disfrazada. Para mostrar su punto, Debrock vuelve sobre el ejemplo de las judías (que él reemplaza por canicas) de Peirce y trata de mostrar cómo aquello que Peirce había planteado como una hipótesis es en realidad una deducción. La inferencia manipulada por Debrock es la siguiente (Debrock 1998): -(En esta habitación) no hay otras canicas rojas que las canicas de esta bolsa. -Todas las canicas de esta bolsa son rojas. -Esta canica (la que estaba en la otra esquina) es roja. -Luego: Esta canica es una canica de esta bolsa. En efecto esta inferencia es una deducción. Sin embargo lo que hace Debrock es añadirle nueva información al ejemplo de Peirce, lo que hace que lo que era una hipótesis sea ahora una deducción. De hecho cuando Debrock afirma que “(En esta habitación) no hay otras canicas rojas que las canicas de esta bolsa”, lo que está haciendo es limitando el universo del argumento y estableciendo una nueva regla que garantice que toda canica que se encuentre en ese universo pertenece a esa bolsa. Sin embargo lo que hacía que esta inferencia fuera una 29.

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