EVANGELIO
RICARDO LÓPEZ ROSAS Y PABLO RICHARD GUZMÁN
EVANGELIO
Y APOCALIPSIS
DE SAN JUAN
Biblioteca Bíblica Básica
17
editorial verbo divino
Avda. Pamplona, 41 31200 Estella (Navarra)
Editorial Verbo Divino Avenida de Pamplona, 41 31200 Estella (Navarra), España
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© De la presente edición: Verbo Divino 2013 ISBN pdf: 978-84-9945-775-8
ISBN (versión impresa): 978-84-8169-707-0
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de
sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento
Presentación de la colección por los directores ... 17
Siglas y abreviaturas más usadas ... 19
PRIMERA PARTE: EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN Ricardo López Rosas Preámbulo ... 23
Algunos eventos relevantes para el Nuevo Testamento ... 25
LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN ... 27
Introducción ... 27
III. Unidad literaria ... 28
III. Fecha, lugar y autoría ... 30
III. Teología ... 33
IV. Eclesiología ... 37
CAPÍTULOI. PANORÁMICA SOBRE EL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN. Jn 1,1-18 y 20,30-31 + 21 ... 41
III. El principio: 1,1-18 ... 41
III. El final: 20,30-31 ... 44
III. El epílogo: Jn 21 ... 47
IV. Claves de interpretación ... 49
CONTENIDO
CAPÍTULOII. JUAN EL TESTIGO Y
JESÚS EL DISPENSADOR DEL ESPÍRITU. Jn 1,19-34 .... 51
Introducción ... 51
III. Presentación del Mesías: 1,19-3,36 ... 52
1. La semana inaugural: 1,19-2,11.12 ... 52
De Juan a Jesús: 1,19-51 ... 52
CAPÍTULOIII. EL MESÍAS Y SUS DISCÍPULOS. Jn 1,35-51 61 CAPÍTULOIV. EL COMIENZO DE LAS SEÑALES. Jn 2,1-11 67 III. Una boda ... 67
III. La primera señal ... 69
III. El código de la señal ... 70
CAPÍTULOV. LA SEÑAL DEL TEMPLO. Jn 2,13-25 ... 75
III. El templo de Jerusalén ... 75
III. La fiesta de Pascua ... 78
III. La Escritura ... 80
IV. La comprensión discipular ... 81
IV. Ejercicio de relectura ... 83
CAPÍTULOVI. ENVIADOS DE ARRIBA. Jn 3 ... 85
III. Nacer de lo alto, la propuesta de Jesús: 3,1-21 ... 85
1. La revelación del Hijo del Hombre ... 87
2. Obtener vida eterna ... 88
3. El Enviado del Padre ... 89
III. El último testimonio de Juan: 3,22-36 ... 90
Complemento. Los bautistas ... 92
CAPÍTULOVII. EL MESÍAS, SEÑOR DE LA VIDA. Jn 4-5 . 97 III. El redentor del mundo: 4,1-42 ... 97
1. El enlace: 4,1-4 ... 98
2. El escenario: 4,5-6 ... 100
3. Una conversación prohibida: 4,7-26 ... 102
4. «Dame de beber» ... 103
5. «¿Mayor que Jacob?» ... 105
6. «No tengo marido»: 4,16-18 ... 105
7. «En espíritu y verdad»: 4,19-26 ... 106
8. La tarea del Enviado: 4,31-38 ... 109
CAPÍTULOVIII. ¡TU HIJO VIVE! Jn 4,43-54 ... 115
1. La recepción ... 115
2. ¡Tu hijo vive!: 4,46-54 ... 116
3. La segunda señal ... 120
CAPÍTULOIX. ¡SANO, COMPLETAMENTE SANO! Jn 5 .. 123
1. La curación: 5,1-15 ... 123
2. La acusación: 5,16-18 ... 127
3. La defensa: 5,19-29 + 30-47 ... 128
a) Igual a Dios ... 128
b) Los testigos del Enviado ... 129
CAPÍTULOX. EL MESÍAS RECHAZADO. Jn 6-10 ... 135
III. El pan de Dios: 6,1-71 ... 136
1. Pan para todos: Jn 6,1-15 ... 136
a) Una situación «anómala» ... 136
b) La prueba ... 137
c) La comida ... 139
d) La reacción ... 140
2. Yo soy, no teman: 6,16-21 ... 141
III. El pan de Dios: 6,22-71 ... 143
1. El reencuentro ... 144
2. El pan de vida ... 145
3. Bajado del cielo ... 146
4. Carne de todos, carne para todos ... 148
5. Pan de la Palabra ... 150
CAPÍTULOXI. JESÚS, LA LUZ PARA EL MUNDO. Jn 7,1-52 153 III. El Mesías controversial: 7,1-52 ... 153
1. El Mesías amenazado ... 154
2. Enseñanza pública ... 156
3. ¿De dónde es éste? ... 158
4. Un Mesías problemático ... 159
5. ¡Agua viva! ... 160
6. ¿¡Profeta!? ... 162
Complemento: «...Ni yo te condeno», Jn 7,53-8,11 ... 163
CAPÍTULOXII. EL RECHAZO DE LA LUZ. Jn 8,12-59 ... 165
1. La luz para el mundo ... 165
2. El destino del Enviado ... 168
3. ¡Yo soy! ... 168
CAPÍTULOXIII. ¡VIDA EN PLENITUD! Jn 9,1-41 ... 175
I. Los ojos abiertos: 9,1-41 ... 176
CAPÍTULOXIV. EL MESÍAS: ÚNICO PASTOR DEL PUEBLO DE DIOS. Jn 10 ... 183
III. Ovejas del pastor excelente ... 183
III. El consagrado por el Padre: 10,22-39 ... 187
CAPÍTULOXV. MUERTE Y GLORIA DEL MESÍAS. Jn 11-12 193 III. Camino hacia la muerte: 11,1-54 ... 194
1. La resurrección de Lázaro: 11,1-46 ... 194
a) Allende el Jordán: 11,1-6 ... 195
b) El viaje a Judea: 11,7-17 ... 195
c) Encuentro con Marta: 11,18-27 ... 196
d) Encuentro con María: 11,28-37 ... 197
e) Ver la gloria de Dios: 11,38-44 ... 198
f) Para glorificar al Hijo: 11,45-46 ... 199
2. Reunidos en uno: 11,47-54 ... 200
CAPÍTULOXVI. CAMINO A LA GLORIA. Jn 11,55-12,50 205 1. ¿Dónde está Jesús?: 11,55-57 ... 205
2. La fragancia de la vida: 12,1-11 ... 206
3. La llegada del Mesías: 12,12-19 ... 209
4. La llegada de la Hora: 12,20-36 ... 211
Recapitulación narrativa: 12,37-50 ... 216
1. Las señales de gloria: 12,37-43 ... 217
2. La palabra del Enviado: 12,44-50 ... 218
A modo de repaso general ... 219
CAPÍTULOXVII. EL MESÍAS ENALTECIDO. Jn 13-14 ... 223
Las despedidas del Mesías: 13,1-17,26 ... 223
III. La cena del amor total: 13,1-30 ... 225
1. «Lávense los pies unos a otros» ... 225
2. El amor traicionado ... 228
III. Primera despedida: 13,31-14,27 ... 230
1. La partida glorificativa: 13,31-38 ... 230
a) El mandato del amor mutuo: 13,34-35 ... 231
b) Negar el Amor: 13,36-38 ... 232
2. La despedia: 14,1-31 ... 233
b) El Camino al Padre: 14,5-11 ... 234
c) La condición del creyente: 14,12-20 ... 235
d) El creyente amado de Dios: 14,21-26 ... 236
e) Recapitulación: 14,27-31 ... 237
CAPÍTULOXVIII. PERSEVERAR EN LA PALABRA. Jn 15,1-16,4a ... 241
1. La vid y sus sarmientos: 15,1-8 ... 241
2. Perseverar en el amor: 15,9-17 ... 242
3. Odiados del mundo: 15,18-16,4a ... 244
CAPÍTULOXIX. LA PARTIDA DE JESÚS Y EL TRÁNSITO DE LOS DISCÍPULOS. Jn 16,4b-33 ... 247
1. La tarea del Paráclito: 16,4b-15 ... 247
2. El tránsito discipular: 16,16-33 ... 248
CAPÍTULOXX. LA ORACIÓN DE JESÚS. Jn 17,1-26 ... 251
1. La mutua glorificación de Padre e Hijo: 17,1-5 ... 251
2. Misión cumplida: 17,6-10 ... 252
3. ¡Guárdalos en tu Nombre!: 17,11-13 ... 252
4. Santifícalos con la verdad: 17,14-19 ... 253
5. Padre, que sean uno: 17,20-23 ... 254
6. Recapitulación: 17,24-26 ... 254
CAPÍTULOXXI. PROCESO, EJECUCIÓN Y REIVINDICACIÓN DEL MESÍAS. Jn 18-20 ... 255
III. Proceso y ejecución del Mesías: Jn 18,1-19,42 ... 255
1. Jesús se deja apresar: 18,1-12 ... 256
2. Jesús interrogado por Anás y las negaciones de Pe-dro: 18,13-27 ... 258
3. La comparecencia ante Pilato: 18,28-19,16a ... 261
4. Crucifixión y sepultura: 19,16b-37 + 38-42 ... 268
CAPÍTULOXXII. EL MESÍAS REIVINDICADO. Jn 20,1-31 275 1. Una tumba con señales: 20,1-10 ... 275
2. «He visto al Señor»: 20,11-18 ... 277
3. «¡Hemos visto al Señor!»: 20,19-25 ... 280
4. ¡Señor mío y Dios mío!: 20,26-29 ... 283
CAPÍTULOXXIII. EPÍLOGO DEL EVANGELIO. Jn 21 ... 287
Bibliografía elemental sobre el Evangelio de Juan ... 291
SEGUNDA PARTE:
APOCALIPSIS SEGÚN SAN JUAN Pablo Richard Guzmán
INTRODUCCIÓN GENERAL. DOCE ORIENTACIONES
FUNDAMENTALES PARA INTERPRETAR
EL APOCALIPSIS DE SAN JUAN ... 297
CAPÍTULOI. EL PRINCIPIO Y EL FIN DEL LIBRO DEL APOCALIPSIS ... 303
III. El principio del libro: prólogo y saludo: 1,1-8 ... 303
1. Estructura del texto ... 303
2. Texto (texto completo presentado según su estruc-tura) ... 303
3. Claves de interpretación ... 304
a) Título: Apocalipsis de Jesucristo: 1,1a ... 304
b) Subtítulo: 1,1b-3 ... 305
c) Saludo a la comunidad: 1,4-9 ... 306
III. El final del libro: epílogo: 22,6-21 ... 307
1. Estructura del texto ... 307
2. Texto (en forma estructurada) ... 307
3. Claves de interpretación ... 309
CAPÍTULOII. VISIÓN APOCALÍPTICA DE LA IGLESIA. Ap 1,9-3,22 ... 313
III. Introducción a la lectura y estructura del texto ... 313
III. Claves de interpretación ... 314
1. Visión inaugural: 1,9-20 ... 314
2. Mensajes proféticos a las 7 Iglesias: 2,1-3,22 ... 315
a) Éfeso: 2,1-7 ... 315 b) Esmirna: 2,8-11 ... 317 c) Pérgamo: 2,12-17 ... 318 d) Tiatira: 2,18-29 ... 319 e) Sardes: 3,1-6 ... 319 f) Filadelfia: 3,7-13 ... 319 g) Laodicea: 3,14-22 ... 320
CAPÍTULOIII. VISIÓN PROFÉTICA DE LA HISTORIA: LOS 7 SELLOS. Ap 4,1-8,1 ... 323
III. Introducción a la lectura y estructura de Ap 4,1-8,1 .. 323
2. Claves de interpretación ... 324
a) Visión inaugural: capítulos 4 y 5 ... 324
b) Los 7 sellos: 6,1-8,1 ... 326
a. Los 4 primeros sellos: 6,1-8 ... 326
b. El quinto sello: 6,9-11 ... 327
c. El sexto sello: 6,12-7,8 ... 328
d. El séptimo sello: 8,1 ... 331
CAPÍTULOIV. LAS 7 TROMPETAS Y LAS 7 COPAS. Ap 8,2-11,19 y 15,5-16,21 ... 333
III. Introducción ... 333
III. Introducción a la lectura y estructura de los textos .... 334
1. Estructura de 8,2-11,19 (las 7 trompetas) ... 334
2. Estructura de 15,5-16,21 (las 7 copas) ... 335
III. Claves de interpretación de las 7 trompetas y las 7 copas ... 336
1. Lectura estructurada de ambos textos ... 338
2. Claves de interpretación ... 339
a) Movimiento profético: 10,1-11,13 ... 339
a. Visión del ángel y revelación a los profetas: 10,1-7 ... 339
b. Vocación profética de Juan: 10,8-11,2 ... 340
c. La Iglesia profética (los dos testigos-profetas): 11,3-13 ... 340
b) Movimiento anti-profético: 16,13-16 ... 342
a. La séptima trompeta: 11,15-19 y la séptima copa: 16,17-21 ... 342
CAPÍTULOV. LA COMUNIDAD CRISTIANA ENFRENTADA AL IMPERIO ROMANO ... 345
III. Introducción ... 345
1. Estructura general del texto: 12,1-15,4 ... 345
2. Claves de interpretación de los textos ... 346
a) Apocalipsis 12,1-18 ... 346
a. Una mujer-un monstruo rojo: 12,1-6 ... 346
b. Guerra en el cielo: Satanás es arrojado del cielo a la tierra: 12,7-9 Consecuencias de la guerra: gozo en el cielo-terror en la tierra: 12,12 ... 347
c. En la tierra: el monstruo persigue a la mujer: 12,13-18 ... 348
d. Centro: canto de victoria: 12,10-11 ... 349
b) Apocalipsis 13,1-18 ... 350
a. La Bestia que surge del mar: 13,1-10 ... 350
b. El falso profeta: 13,11-18 ... 353 c. Apocalipsis 14,1-5 ... 355 b’) Apocalipsis 14,6-20 ... 357 a. Apocalipsis 14,6-13 ... 357 b. Apocalipsis 14,14 y 14,15-20 ... 358 a’) Apocalipsis 15,1-4 ... 358
CAPÍTULOVI. VISIÓN PROFÉTICA DE LA HISTORIA. Ap 17,1-19,10 ... 361
III. Introducción ... 361
III. Lectura y estructura de Apocalipsis: 17,1-19,10 ... 361
III. Claves de interpretación de los textos ... 362
Introducción general: Ap 17,1-2 ... 362
1. Visión de la Bestia y la Prostituta: 17,3-18 (Primer cuadro del tríptico) ... 363
a) Visión de la Bestia y la Prostituta: 17,3-7 ... 363
b) Explicación de la visión 17,8-18 ... 365
Primera explicación: 17,8-11 ... 365
Continúa la explicación: 17,12-17 ... 366
Explicación final: La mujer que has visto es la Gran Ciudad: 17,18 ... 366
2. El Juicio de la Gran Babilonia: 18,1-24 (Segundo cuadro del tríptico) ... 367
a) Visión del ángel poderoso: 18,1-3 ... 368
b) Una voz profética desde el cielo: 18,4-8 ... 369
Centro: drama nacional por la caída de Roma: 18,9-19 ... 369
b’) Sigue la voz: Alegría por el juicio de Roma: 18,20 370 a’) Acción del ángel poderoso: 18,21-24 ... 370
3. Liturgia del triunfo final: 19,1-8 (Tercer cuadro del tríptico) ... 371
4. Conclusión: 19,9-10 ... 372
CAPÍTULOVII. VISIÓN APOCALÍPTICA DEL FUTURO. Ap 19,11-22,5 ... 375
III. Introducción ... 375
III. Estructura de Apocalipsis: 19,11-22,5 ... 375
1. El comienzo del futuro de la historia: 19,11-20,15 . 377 a) Cristo contra la Bestia, el falso profeta y los reyes
de la tierra: 19,11-21 ... 377
a. Visión de Cristo sobre el caballo blanco: 19,11-16 ... 377
b. El gran banquete de Dios: 19,17-18 ... 378
c. Guerra y aniquilamiento: 19,19-21 ... 379
b) Juicio de Satanás y Reino de los mil años: 20,1-10 379 a. Historia de Satanás: 20,1-3 y 20,7-10 ... 380
b. El Reino de los mil años: 20,4-6 ... 381
Interpretación global del Reino de los mil años 383 c) Juicio final de los muertos, de la muerte y del lu- gar de los muertos: 20,11-15 ... 386
2. El futuro de la historia: 21,1-22,5 ... 386
a) Un mundo nuevo ... 387
b) La ciudad santa, la nueva Jerusalén ... 388
a. Vi la nueva Jerusalén que bajaba del cielo: 21,2 388 b. Agua y árboles de Vida ... 389
CONCLUSIÓN ... 391
Bibliografía básica sobre el Apocalipsis según san Juan ... 395
GLOSARIO BÁSICO ... 397
Índice de recuadros, mapas y actividades ... 405
La Biblia es el libro del Pueblo de Dios. Esta verdad capital que ha-bía sido relegada o quizá hasta olvidada, ha cobrado vigor creciente en décadas recientes. En medios católicos, el Concilio Vaticano Segun-do, en especial la Constitución Dogmática Dei Verbum, incentivó el ánimo eclesial para estudiar y divulgar los textos bíblicos, a fin de em-papar con la letra y el espíritu escriturario tanto las disciplinas ecle-siásticas como las otras expresiones de la vida cristiana; es el caso de la liturgia, de la catequesis, de los sacramentos, y de la pastoral en su con-junto. Se trata de un impulso eclesial continuamente renovado para que todo cristiano siga disponiendo del Pan de la Palabra que nutre y revive el sentido del camino cotidiano. En este esfuerzo reiterado que-remos situar estas guías de estudio, la Biblioteca Bíblica Básica (BBB). Los libros de la BBB estarán escritos desde México, por biblistas de estas tierras o con un profundo arraigo en ellas, pero también he-mos invitado a estudiosos de otros países, principalmente de nues-tra América Latina; escuchar voces con otros tonos nos enriquece a todos, y, justo también por esto, no hemos privilegiado un método bíblico único de lectura, sino que cada cual aportará desde su pro-pio contexto y perspectiva.
La serie de BBB constará de una veintena de libros donde, sin tec-nicismos, se ofrezcan los resultados más salientes de la investigación re-ciente en torno a la Palabra de Dios escrita, y buscará también motivar la mutua interpelación entre los lectores y el texto inspirado, para pe-netrar la carne y el espíritu de la revelación divina, e iluminar y trans-formar la historia personal y comunitaria con los valores del evangelio. Esta Biblioteca está destinada a lectores que ya poseen una in-formación bíblica elemental y buscan adentrarse en el
conocimien-PRESENTACIÓN
DE LA COLECCIÓN
POR LOS DIRECTORES
to de la Escritura. Agentes de pastoral, religiosas y religiosos, alum-nas y alumnos de Institutos y Escuelas Bíblicas, sacerdotes y semi-naristas encontrarán elementos para seguir creciendo en amor y co-nocimiento de la Palabra de Dios.
Este volumen, el 17 de la Biblioteca Bíblica Básica y el primero que se edita del Nuevo Testamento, presenta el Evangelio y el Apocalipsis de san Juan. El comentario al Evangelio ha sido elaborado por Ricardo López Rosas, y los del Apocalipsis por Pablo Richard Guzmán. Decidi-mos reacomodar las Cartas de san Juan junto a las Católicas en un vo-lumen que aparecerá más adelante. Confiamos en que esta guía incen-tive a la lectura cuidadosa de la Escritura. El comentario primero ubica en su contexto literario el pasaje a estudiar y luego subraya sus aspectos más relevantes. Los recuadros amplían la información sobre un tópico en cuestión, y la sección «Para profundizar y compartir» busca releer desde un ángulo específico el texto. La elemental bibliografía, al térmi-no del comentario, indica algutérmi-nos de los referentes para informar nues-tra lectura. Un glosario de los términos «necesarios» cierra este nues-trabajo. Queremos auxiliar en la lectura de la Escritura con ojos atentos, con el espíritu abierto a las expresiones del Espíritu de Dios, y con el ánimo incansable para seguir construyendo una sociedad donde prevalezcan los valores del Reino. Si estas páginas motivan a aden-trarse en la Palabra revelada, o a reformular algún criterio de vida, o a colaborar en algún proyecto... habrán cumplido su cometido. Vale la pena tener presente siempre que la Palabra de Dios no pue-de solapar discriminación alguna, ni encubrir con piedad la injusti-cia, ni adormilar voluntades con promesas ahistóricas. Sabemos que la Palabra es viva y eficaz, como el profeta asegura:
«Como bajan la lluvia y la nieve de los cielos y no regresan allá porque empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé semilla al sembrador y pan para comer, así la palabra que salga de mi boca: no regresará vacía a mí, porque realizará lo que me deleita y cumplirá aquello a lo que la envié» (Is 55,10-11).
Esta convicción milenaria es carne y sangre en el Pueblo de Dios que se nutre, cree y vive de su Palabra, en el caminar a la casa del Padre. En sus manos colocamos estas páginas.
Los directores:
Ricardo López Rosas Carlos Junco Garza
Representante de la Editorial:
a.C. Antes de Cristo o de la era común
Adv. Haer. Adversus Haereses (Contra los herejes)
AJ Antigüedades de los Judíos
AT Antiguo Testamento
Ap Apocalipsis
ApJn Apocalipsis de san Juan
bBer Baba Beraká
BJ Guerra de los Judíos (Bello Judaico)
c. Cerca, aproximadamente
cap(s). Capítulo(s)
CD Documento de Damasco
cf. Confer, compárese, véase
d.C. Después de Cristo o de la era común
Did Didajé
EclRab Eclesiastés Rabbá
EvJn Evangelio según san Juan
Hist. Ecl. Historia Eclesiástica
HdH Hijo del Hombre
In Flac. In Flaccum
Jub Jubileos
LAB Liber Antiquitatum Biblicarum
lit. literalmente
Mek. + Mekiltá + autor del comentario
m+X Mishná + tratado respectivo; así mAb = mishná Abot (padres); mHag = Hagigá (sacrificio festivo);
mKet = Ketubot (contratos matrimoniales); mMak
= Makkot (azotes); mMen = Menahot (oblaciones);
mMid = middot (medidas); mNid = Nidá
(mens-truante); mOh = Oholot (tiendas); mPea = Peá (es-quina del campo); mPes = Pesahim (Pascua);
mRshSh = Rosh ha shaná (año nuevo); mSan =
Sanhedrin (sanedrín); mShab = Shabbat (sábado);
mSuk = Sukká (fiesta de las tiendas); mTam =
Ta-mid (sacrificio perpetuo); mTaan = Taanit (ayuno);
mYom = Yomá (día del perdón)
NT Nuevo Testamento
OrSib Oráculos Sibilinos
QSal Salmos de Qumrán
s(s) siguiente(s)
SalSl Salmos de Salomón
Test+ Testamento más nombre propio. Así TestAser es un
escrito del género testamentario atribuido a Aser.
Tg + Neof, + J Tárgum + Neófiti, + de Jerusalén
tSuk Tosefta Sukká
v(v). verso(s)
v.gr. verbi gratia
Vita Vida de Moisés (De Vita Moses)
1 Hen Primer libro de Henoc
2 Bar Segundo libro de Baruc
4E Cuarto Evangelio
4 Esd Libro Cuarto de Esdras
PRIMERA PARTE
EVANGELIO
SEGÚN SAN JUAN
Esta guía de estudio sobre el Evangelio según san Juan (EvJn) no comenta ni discute cada detalle de los episodios en el texto inspira-do; quiere, sí, auxiliar al lector en la comprensión de sus aspectos más sobresalientes. ¿Cómo he procedido? De entrada, este evange-lio quiere ser leído de corrido. Hay que hacerlo así para ganar una panorámica del documento. Sin embargo, para estudiarlo, he sepa-rado el texto en secciones narrativas y éstas en capítulos para po-dernos concentrar en cada episodio sin perder ubicación. Al estu-diar cada árbol, hay que guardar en la mente el bosque.
En segundo término, los comentarios ofrecidos quieren ser muy juánicos. No pocas veces el sentido de un texto se nos escapa por tener en mente otros textos parecidos. Con frecuencia, el EvJn ha sido leído como complemento informativo a los más conocidos re-latos sinópticos, los de san Mateo, san Marcos y san Lucas. He que-rido comentar la narración juánica en su propio tenor. El lector no-tará que no armonizo datos contrapuestos ni remito a los sinópticos, pues estoy convencido de que el Cuarto Evangelio (4E) tiene sus propios medios para conseguir su objetivo. Así percibiremos mejor su frescura y originalidad.
Otra directriz ha sido atender a las raíces judías del EvJn. Este evangelio se gesta y nace «a caballo» entre Palestina y Éfeso, en Asia Menor, en el siglo I. Pero, incluso estando en un medio helé-nico, su marco de referencia sigue siendo bíblico. Recordemos que el mundo cultural judío de aquel siglo era poliforme, más en la pro-pia Palestina que en la Diáspora, y que amalgamaba tendencias di-versas, pero todas buscaban nutrirse de las ricas tradiciones bíblicas. Igualmente sus expresiones conformaban una amplia y rica
literatu-PREÁMBULO
ra que puede ayudarnos a comprender mejor las líneas juánicas. Si bien con limitaciones, he buscado reflejar esta policromía cultural para que el lector no se haga una idea falsa y plana de aquellos con-textos que se asoman entre las líneas del libro. Muchos de los re-cuadros van en esta línea.
Finalmente, convencidos de que la Palabra de Dios es viva y ac-tual, he elaborado una sección de preguntas para profundizar y para compartir. Con ella busco volver al texto, releerlo y atender algún aspecto relevante; pero otras preguntas buscan interiorizar la Pala-bra escuchada y leída; ellas quieren ayudar a responder y formar una actitud de escucha y oración corresponsable ante las cuestiones que plantea la voz de Jesús que nos alcanza desde el evangelio según san Juan, el Evangelio del Espíritu.
No me resta sino agradecer a quienes me han apoyado en la ela-boración de estos materiales. A la Universidad Pontificia de Méxi-co por alimentar durante varios años mi dedicación al estudio de la Escritura, a la Comunidad Claretiana de Chicago, Illinois, por su generosa hospitalidad durante el verano de 2005, a R. Lugo Rodrí-guez por sus atinadas y minuciosas correcciones al manuscrito, a Maru por sus sugerencias y apoyo constante, y a mi propia familia por su sostén y cariño sin reserva. Dios les colme de bendiciones abundantes.
19/20 a.C. Herodes inicia la gran reconstrucción del templo de Jerusalén.
7/6 a.C. Nacimiento de Jesús de Nazaret.
4 a.C. Muerte de Herodes. Diversas revueltas en Palestina. 5-10 d.C. Nacimiento de Pablo en Tarso.
14 d.C. Tiberio, emperador.
26 d.C. Poncio Pilato, prefecto de Judea (26-36 d.C.) 30/31 d.C. Jesús de Nazaret es ejecutado en Jerusalén. 36/37 d.C. Martirio de Esteban.
37-41 d.C. Calígula, emperador de Roma. 48-52 d.C. Cumano, procurador de Judea. 54-68 d.C. Nerón, emperador.
60-62 d.C. Porcio Festo, procurador. 62-64 d.C. Lucio Albino, procurador.
62 d.C. Santiago el hermano del Señor, lapidado en Jerusalén. 64-66 d.C. Gesio Floro, procurador. Insurgencia judía.
65-66 d.C. Revueltas en Cesarea, Jerusalén, Alejandría. 64 ó 67 d.C. Martirio de Pedro en Roma.
70 d.C. Toma de Jerusalén e incendio del templo (29 de agos-to). Judea se vuelve provincia imperial.
70-100 d.C. Flavio Josefo escribe su obra.
73-75 d.C. Rabbí Johanan ben Zakai «funda» el centro rabínico de Jamnia o Yabné; ya antes había allí una escuela ra-bínica. 79-81 d.C. Tito, emperador. 81-96 d.C. Domiciano, emperador. 96-98 d.C. Nerva, emperador. 98-117 d.C. Trajano, emperador. 117-138 d.C. Adriano, emperador.
132-135 d.C. Segunda revuelta judía. Jerusalén es rebautizada como Elia Capitolina. Los judíos no pueden entrar en la ciudad. Templo a Júpiter.
ALGUNOS EVENTOS RELEVANTES
PARA EL NUEVO TESTAMENTO
INTRODUCCIÓN
El evangelio según san Juan (= EvJn) es uno de los escritos más fascinantes de toda la Biblia; atrae desde su primera línea y despier-ta inquietudes que no se acallan al cerrar sus páginas. Esto se debe a que está animado por el Espíritu, que nos trae mundos distantes, otras gentes, otros tiempos, otros modos de vivir, de pensar y de ha-blar; pero, ante todo, porque nos entrega a Jesús: vivo y elusivo, di-ferente y atractivo, inquietante y perturbador. Él anda en busca de otra presencia: la mía, la tuya, la nuestra, para construir la comu-nión conforme vamos leyendo. Eso queremos ahora al estudiar este libro: ahondar la comunión con Jesucristo y con los demás creyen-tes de la comunidad.
Incluso el escrito más excitante queda en letra muerta sin un lec-tor interesado; leer es un privilegio personal, como caminar y respi-rar. No hay suplencias. Aquí nos disponemos a llenarnos con el aire de las páginas del universo juánico, para poder caminar siguiendo los trazos de Jesús. Leer las 20 páginas del EvJn ocupa unas 2 horas. Estimado lector, te pido que no avances sin haber leído este evan-gelio de un tirón. ¡Vuelve a leerlo hoy! Éste será el fundamento en cada capítulo de nuestro estudio: re-leer el texto que ya conocemos. En esta parte introductoria, y para familiarizarnos con él, pre-sentaré algunos datos generales y concisos sobre el evangelio según san Juan. A sabiendas de que son muy controvertidos los puntos so-bre composición, fecha, lugar y autoría, y un tanto menos los de su contexto cultural y sociopolítico, debemos fijar algunos elementos que nos puedan orientar en la lectura.
LECTURA DEL EVANGELIO
SEGÚN SAN JUAN
I. UNIDAD LITERARIA
El EvJn es fruto de un largo y sufrido proceso de composición; no se escribió de un tirón. Aunque algunos lo consideran «la túnica sin costura», en sus 21 capítulos se notan muchas puntadas y remien-dos en sus materiales; nos basta atender a tres aspectos para asegu-rar este dato.
1. INSERCIONES DE MATERIALES DIVERSOS
La maestría con la que el Cuarto Evangelio (= 4E) desarrolla los episodios contrasta, en ocasiones, con la poca habilidad para unir un episodio con otro. Unos ejemplos.
– Jn 20,30-31 concluye y da por terminado el evangelio, pero viene enseguida el capítulo final, el 21, para contar una nueva ma-nifestación del Resucitado al grupo discipular, y confiar a Pedro la tarea del pastoreo, y el testimonial del Discípulo amado. Que tras la conclusión prosiga el relato es muy extraño. Por eso, cabe pensar que el cap. 21 ha sido insertado en un momento posterior, cuando la narración sería bastante conocida; tanto que ameritó otra con-clusión, la segunda: 21,24-25.
– Algo parecido puede decirse de Jn 4. En 4,3 se anuncia el re-torno de Jesús a Galilea. Esto es constatado repetidamente en 4,45.(46).47; pero entre una nota y otra tenemos el episodio de Je-sús en Samaría introducido con 4,4. Pareciera como si el integrar la jornada en Samaría (4,5-42), justo antes del otro milagro en Gali-lea (4,46-54), hubiera obligado a retomar las fases del itinerario de Jesús de Judea a Galilea, pero omitiendo la estancia en Samaría, donde Jesús ha sido muy bien acogido. Además, la numeración de 4,54 parece olvidar 2,23-25.
– En 14,31 Jesús exhorta a los discípulos a salir del cenáculo para afrontar la pasión: «Levántense. Vámonos de aquí». Sin embargo, sólo en 18,1 se registra un movimiento como el señalado. Entre una nota y otra, tenemos los caps. 15, 16 y 17. Si además constatamos que varios motivos de los caps. 13-14 son repetidos y retrabajados, podemos inferir que estos materiales, y otros que no podemos aquí pormenorizar, han sido incorporados al escrito juánico paulatina-mente.
2. INCONSISTENCIAS EN LOS RELATOS
Son numerosas las «faltas de lógica» que los estudiosos han de-tectado en las páginas del 4E. Constatamos unas cuantas.
– En 1,29-34 se reporta el testimonio más solemne de Juan Bau-tista sobre Jesús, pero ¡nadie está presente, ni surte algún efecto! De allí la necesidad de repetir algunas de sus líneas al día siguiente (1,35-39).
– Cuando Jesús ha curado la ceguera de un pordiosero, los veci-nos inician un proceso contra el curado y sus parientes (Jn 9). Los padres del curado no se pronuncian sobre el modo y autor de la cu-ración porque temen a los judíos, «pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga» (9,22). Todo ocurre en Jerusalén, y tanto el curado como sus padres son judíos. ¿Le temen los judíos a los ju-díos? Esto suena ilógico, o, al menos, raro. Al parecer hay un grupo de «judíos» capaz de tomar decisiones para excluir de la sinagoga a otros; pero el término no es siempre gentilicio, es decir, no refiere siempre a toda la gente que ha nacido o vive en Judea.
– Durante las despedidas de Jesús, interesa aclarar a dónde él se dirige. En 13,36 Pedro pregunta a dónde va, y otro tanto hace To-más en 14,5. Las respuestas de Jesús son muy enigmáticas y el gru-po parece no entenderlas. Con todo, en 16,5 Jesús les reprocha ¡que no le hayan preguntado a dónde va!
3. DESPLAZAMIENTOS
A decir verdad, algunos episodios no parecen bien ordenados en la secuencia de la trama que presenta el EvJn, y esto ha conducido a que algunos estudiosos los acomoden en otro lado, aunque no haya testimonios manuscritos que avalen ese proceder.
– La secuencia de los caps. 4-5-6-7. Jesús se desplaza de Judea a Galilea en el cap. 4. El cap. 5 está ubicado en Jerusalén, el 6 en Ga-lilea y el 7 en Jerusalén. El problema surge porque en 6,1 Jesús pasa «a la otra orilla del mar de Galilea», lo que hiciera suponer que se encuentra a orillas del lago, pero no es así, porque en el verso ante-rior estaba aún en Jerusalén. Además, 7,19 refiere a 5,18, y en 7,21-23 se alude a 5,1-16. Por otro lado, de lo sucedido en el entero cap. 6 no hay rastro alguno en el cap. 7, aunque había judíos en
farnaum (6,41.52). Así, una secuencia de 4-6-5-7 (Galilea-Jerusa-lén), aunque suscita otros problemas, resultaría en una mejor orga-nización y una mayor consistencia en la trama.
– Algunos materiales parecen estar «fuera de lugar». Es el caso de 3,31-36, que acomoda mejor en labios de Jesús que en los del Bautista, una vez que ha pronunciado 3,30. Tampoco la situación está muy bien lograda en 12,44-50, pues Jesús está escondido (12,36), y su grito no tiene auditorio. En fin, el diálogo con Nico-demo se convierte en monólogo (3,13-21), y en la primera disputa con los judíos Jesús se defiende con argumentos teológicos no lega-les (5,19-47) como uno esperaría.
Muchas otras inconsistencias detectadas en las páginas del 4E han llevado a postular que estamos ante un escrito retrabajado en un largo, intermitente y complejo proceso de composición, que bien pudo haber comenzado en la década de los 50 y extenderse hasta los 90. Miremos otros datos.
II. FECHA, LUGAR Y AUTORÍA
Los datos disponibles para fechar el EvJn tampoco son tan con-tundentes. Vamos a los más representativos; primero uno externo.
– El manuscrito más antiguo de todo el Nuevo Testamento (= NT) es un fragmento de papiro que contiene Jn 18,31-33 de un lado, y Jn 18,37-38 del otro. Encontrado en Egipto, ha sido llama-do Rylands 457, y fechallama-do hacia el 115-135 d.C. Con esto cabe pensar que el EvJn debió componerse antes de esa fecha. Pero tra-tándose de un fragmento tan pequeño, no se puede concluir que el EvJn tenía ya la forma definitiva que le conocemos.
– Los elementos internos del 4E tocantes a su datación son me-nos precisos todavía. Tan sólo me fijaré en la exclusión de la sina-goga y en la destrucción del templo, que son elementos que pudie-ran auxiliarnos en esta tarea.
El año 70 es traumático en la historia del judaísmo: los romanos sofocaron la insurrección del país, tomaron Jerusalén y destruyeron el templo. Los rabinos se reagruparon para proseguir el estudio de la Torá, y la escuela de Jamnia o Yabné les sirvió de asiento. Ideológi-camente, el creciente cristianismo representaba una amenaza a la fe mosaica, y buscaron restringir su influencia. A esto parece
respon-der la formulación de la 12ª bendición, incorporada a la plegaria diaria del culto sinagogal. Tal bendición pide a Dios la aniquilación de los notzrim y de los herejes o separados (minim) para que no sean inscritos en el libro de la vida. No todas las versiones conocidas de esa bendición incluyen a los notzrim. Ahora bien, con minim podían designar los fariseos a los saduceos, a los esenios y a cualquier grupo que no fuese el propio. A su vez, notzrim pudiera referir a alguna co-rriente mesianista. En fin, esta bendición habría sido formulada por Samuel el Pequeño, en la academia de Jamnia y después del 70. Pero hay que admitir que no hay un vínculo fehaciente entre la 12ª bendición y el dictamen de expulsar de la sinagoga a los mesianis-tas jesuánicos notificado en Jn 9,22 (12,42; cf. 16,1-4), como se tiende a pensar con cierta precipitación.
Incluso admitiendo que los aludidos en la bendición fueran los heréticos y cristianos, resulta imposible fechar esa formulación, pues pugnas con las autoridades del judaísmo hubo desde la década de los 30 (cf. Gal 1,13-14; Hch 26,9-12; 12,1-3). Los cristianos fue-ron perseguidos muy temprano, y una exclusión legal del ámbito si-nagogal quizá debió ser primero local y regional, antes de ser asu-mida por todo el judaísmo fariseo, como la tradición de Jamnia hace pensar. Así, aunque es claro que Jn 9,22 no corresponde al tiempo de Jesús, sino a uno posterior, los datos disponibles no permiten pre-cisar el cuándo.
Por cuanto mira al templo de Jerusalén, tenemos que en Jn 11,47-52 fariseos y sumos sacerdotes deliberan sobre el peligro que representa el quehacer de Jesús para la nación y «nuestro lugar». A Jesús se le atribuye un potencial subversivo que provocará la veni-da punitiva de los romanos, entendiveni-da como «la muerte de la na-ción». Esto se considera como vaticinio ex eventu, es decir, como una profecía formulada cuando los hechos ya han ocurrido, y sería posterior al 70. Sin embargo, conviene reconocer que de la traumá-tica destrucción del templo el EvJn nada dice, ni en lugar alguno viene empleada como castigo por la ejecución del Mesías o como falsa previsión de los líderes, porque los eventos se desarrollaron de otro modo. El templo herodiano fue primero quemado y luego de-molido por los romanos. Escritos judíos achacarán la ruina a los pe-cados de la elite sacerdotal, avara, asesina, lujuriosa e impía.
Tampoco Jn 2,21 puede esgrimirse para fechar el EvJn; allí se ha-bla del cuerpo de Jesús como templo destruido y levantado, lugar de la presencia de Dios. Para ciertos estudiosos, esta concepción habría
florecido gracias a la ruina del templo en el 70, de modo que lo que se pensaba del templo, su teología, fue traspasado a Jesús. Sin em-bargo, el trasvase de las teologías del templo es un fenómeno muy viejo en el judaísmo, y tanto la destrucción del templo primero como la deportación a Babilonia fraguaron la interiorización de la presencia de Dios en cada israelita fiel a la Ley, como lo muestra ya Ez 11,16 y el motivo de la alianza nueva personalizada (Jer 31,31s). Esta idea será importante en medios marginales a los de la adminis-tración del templo, como se mira en Qumrán y en el cristianismo mismo (cf. 1 Cor 6,19; 3,16; 2 Cor 6,16; 1 Pe 2,5). Por lo mismo, resulta muy problemático marcar la línea divisoria entre los moti-vos y teologías anteriores y los posteriores al 70 d.C., pues el pensa-miento no es unilineal, sino multiforme, y –como todo lo vivo– con avances, retrocesos, reformulaciones, etc.
Al querer ubicar dónde nació el EvJn tampoco tenemos datos de-terminantes. Se trata de mirar los posibles contextos latentes en el texto (cf. mapa de p. 294). Así, unos sopesan que Alejandría, en Egipto, por su importante colonia judía y la apertura al helenismo y sus conceptos, sería el sitio indicado. Otros asumen que Antioquía o sus alrededores serían la cuna del escrito, dado que san Ignacio de Antioquía (35-105) testifica tradiciones muy parecidas a las del evan-gelio, e igualmente la afinidad del EvJn con el dualismo (luz/tinieblas, verdad/mentira, etc.) y el lenguaje que se encuentra en las Odas de Salomón, pudieran apuntar a esa zona. De hecho, la tradición más re-mota anota a Éfeso como el lugar donde el EvJn habría visto la luz.
Una palabra sobre el autor del 4E. En Jn 21,24s se menciona como responsable y garante del evangelio al Discípulo amado, pero nunca se dice quién sea. Los testimoniales más antiguos se han con-servado por pluma de san Ireneo (180); sus fuentes son Policarpo de Esmirna y Papías de Hierápolis.
El obispo de Esmirna († 156) habría sido discípulo de los após-toles y escucha del mismo Juan; él ubica en Éfeso a su maestro; en los fragmentos conservados nunca identifica al Discípulo amado del 4E con Juan el apóstol. Por otra parte, en las referencias de Papías, éste menciona dos juanes: uno junto a Andrés o Pedro, o Felipe o
To-más o Santiago o Juan o Mateo, (o cualquiera de los discípulos del Se-ñor), y el otro Juan junto a Aristión, a los que califica de presbíteros
y también discípulos del Señor. Tampoco este venerable obispo identifica al Discípulo amado con Juan. Ulteriores tradiciones ha-blan de las tumbas de dos juanes en Éfeso.
San Ireneo de Lyon (130-200) escribió «...luego Juan, el discípu-lo del Señor, el que reclinó su cabeza sobre su pecho, publicó tam-bién su evangelio estando en Éfeso, en Asia» (Adv. Haer. 3,1.1). Ire-neo es el primero que identifica al Discípulo amado con Juan. En la tradición eclesial son múltiples los vínculos de Juan con Éfeso, sus discípulos, su enseñanza, sus disputas con un hereje, sus tumbas, etc., pero debemos tener en cuenta que el vínculo del 4E con Juan el de Zebedeo se da en la polémica antiherética, y que parece forzado lle-varlo más atrás del siglo II. Con todo, la tradición apostólica que atribuye el EvJn al de Zebedeo (Jn 21,2) parece estar en mejor posi-ción que las recientes hipótesis que lo adjudican a Juan el Presbíte-ro, a Felipe o a la Magdalena. En nuestro estudio nos referiremos a san Juan, al evangelista o al narrador, como la persona responsable del texto, a sabiendas de lo problemático que es este renglón.
Para terminar, no hay que olvidar que el EvJn recoge tradiciones preservadas en lugares varios, Caná, Cafarnaum, Samaría, Jerusalén, Transjordania, etc., y las remodela para hacerlas significativas a los lectores o escuchas de todo tiempo y lugar. Esto importa: que nos siga contando la historia del Cristo para transformarnos en hijos de Dios.
III. TEOLOGÍA
El EvJn es una narración confesional sobre Jesús de Nazaret, no un tratado teológico; justo por eso, su teología (= discurso sobre Dios) se halla supeditada a la cristología (discurso sobre el Cristo), pues con la historia de Jesús se re-plantea también quién es Dios, el manifestado por y en la carne de Jesús, su Palabra (Lógos) y su Hijo. Aunque son muchas las facetas de la fe cristológica, esbozaremos sólo tres: el En-viado, el Hijo del Hombre, el Mesías.
1. ELENVIADO DELPADRE
Como los profetas antiguos y nuevos, Jesús se vincula con Dios en términos de envío: él es el Enviado y Dios es el que lo envió o su Mitente. Lo que Jesús hace, sus milagros, son señales que lo acredi-tan como Enviado divino que habla la verdad de Dios y se conduce en estricto apego a la encomienda recibida. Su autoridad de Envia-do y su eficacia dependen de su fidelidad al Mitente; por eso, ambos conforman una unidad operativa. Sólo que esta relación profética
va más lejos en Jesús porque identifica al Mitente («el que me en-vió») como su Padre y al Enviado como el Hijo (Jn 5,23-24; 12,45). Más todavía, el Enviado no sólo pronuncia las palabras recibidas de Dios (cf. Ez 3,7), sino que él mismo es la Palabra de Dios a recibir o creer (Jn 10,34-36; cf. 1,1.14; 17,8). De allí que acoger al Enviado equivalga a creer en Dios, su Padre, y rechazarlo a quedarse en ti-nieblas (12,44-50; 13,20).
La presencia del Enviado representa para el auditorio un dilema que trasciende hacia el propio destino escatológico: aceptarlo signi-fica luz y vida; rechazarlo, tiniebla y muerte (Jn 5,24; 12,44-50). La opción no es simple, porque la llegada del Enviado invierte el orden establecido; con ella los ciegos miran y los que afirman ver quedan ciegos (9,39-41). Otro tanto expresa el lenguaje sentencioso de per-manecer en pecado (3,36) o padecer la muerte (6,50). Sin embar-go, la tarea o misión del Enviado tiene como propósito la salud y la vida (cf. 7,23; 10,10), porque el envío nace del amor de Dios por los hombres (3,16-17), quiere vivificarlos o resucitarlos (6,39-40).
Jesús declara tener una obra a realizar (Jn 4,34; 10,25), conforme a la voluntad de Dios Padre (6,38-40). No es un asunto privado, sino uno público, manifestativo (7,3s; 9,3-4; 15,24), que consiste en la ofrenda irrestricta de su misma vida de Enviado. Lo indica al hablar del mandato recibido del Padre (10,18; 17,4), de la entrega amorosa al mundo (3,16s), y de hacer conocido, o glorificar, el Nombre del Padre (17,4-8). El entero trayecto del Enviado exhibe el amor pa-ternal de Dios a los hombres. Pero, ¿cómo se verifica esto? Mirando al Enaltecido, el creyente cae en la cuenta de que no está solo fren-te al mal y sus poderes (cf. 16,33), de que el mundo no lo engulle, sino de que el Padre lo asegura y lo vivifica con su amor (cf. 14,23-26). Allí está la médula de la fe en la resurrección de Jesús. Frente a una sociedad tan piramidal, religiosa y políticamente, como autosa-tisfecha (5,44; 12,42s), la historia del Enviado siembra la opción nueva del amor extremo (13,1-30; 15,12s; 5,42), del juicio con ver-dad (8,15-16) y de la vida abundante (cf. 4,14); esto es lo que el gru-po de creyentes ha de cultivar, lavándose los pies unos a otros (13,12-18), y discerniendo con el Espíritu de verdad (16,13s); así se experimenta la presencia del Padre y nace la vida común de todos los hijos. Tal es la misión del Enviado, nacida del amor del Padre, e implantada en la vida de los discípulos (17,25-26).
El Enviado habla también de su retorno al Padre (7,33; 14,28; 16,29; 17,11), esto para dar cuentas de su misión (cf. 7,45).
Ade-más, la vuelta de Jesús al Padre no significa el desamparo para los creyentes, sino la ventaja de tener un Intercesor providente (14,1-3.12-13), que les asegura ser vínculo de unidad con el Padre (14,20; 15,1-8; 17,21s), que envía al Paráclito (16,7-11), y que les garanti-za el amor del Padre (17,23.26). Así, podrán ser enviados y testigos del Resucitado (17,18-26; 20,21).
Este recorrido elemental por la temática cristológica del envío muestra contactos y ramificaciones con otras expresiones confesio-nales que no podemos atender aquí; de ellas, esbozaré el perfil del Hijo del Hombre en el EvJn.
2. ELHIJO DELHOMBRE
Así es como Jesús se autodesigna. En la literatura bíblica, peri- y parabíblica, el Hijo del Hombre escatológico es el definitivo lugar-teniente divino, regente universal y Mesías, e igualmente agente profético y develador de misterios celestes. Este complejo trasfondo debe tomarse en cuenta al leer el EvJn, donde emerge la dimensión humana de Jesús, pero también lo sobrehumano o extraordinario de esa figura.
En el EvJn el Hijo del Hombre (= HdH) aparece doce veces; en unas es ejecutor de determinadas acciones; en otras, sujeto pacien-te. Hagamos un recorrido breve.
Jn 5,27 afirma que Dios Padre le otorgó al hijo autoridad
(exou-sía) de juzgar (krisin poiein) «por ser hijo del hombre». Este verso se
debe leer con Dn 7,13-14, donde uno «como hijo de hombre» (el Pueblo de Dios, Dn 7,27) recibe de Dios completa autoridad
(exou-sía) sobre la humanidad. Por otro lado, Jn 5,28-29 enuncia la
capa-cidad vivificadora de la voz del HdH que hace salir de los sepulcros a justos y pecadores para vida o perdición. Estos atributos, juzgar y vivificar, competen a Dios exclusivamente, por eso es llamativo que los delegue en un humano, acusado de transgredir el sábado y ha-cerse igual a Dios. El acusado es en realidad el juez escatológico, cuya voz urge atender desde ahora.
Los desarrollos de Jn 6,27.53 y 6,62 muestran al HdH, primero, como legítimo benefactor escatológico (sellado por el Padre) que da un pan imperecedero, perdurable para la vida eterna. Pero inespera-damente, en 6,53, se trata ya de comer y beber la carne y sangre del HdH para poder participar en la resurrección y beneficiarse de la vida
perdurable. En 6,62 se anticipa el escándalo discipular de contemplar la subida o enaltecimiento del HdH a donde antes estaba. Estos sitios indican no sólo que Jesús tiene acceso a los bienes escatológicos, sino que él es el sumo bien escatológico y perdurable; además, el nexo con la cruz le confiere al HdH una dimensión escandalosa que no tenía, y también hace de la crucifixión el objeto de la revelación definitiva. Jn 3,13 propone al HdH como calificado revelador; sólo él, por su enaltecimiento (cf. 6,62), puede dar a conocer realidades celestes. También 1,51 cabe aquí, pero ahora el HdH mismo es lo revelado, lo que hay que ver o mirar. Este procedimiento es muy típico de Juan.
Consumado el proceso de expulsión de aquel curado con polvo de la calle, saliva de Jesús, y agua de Siloé, su Señor lo encuentra y le pregunta «si cree en el Hijo del Hombre» (Jn 9,35-38). Es del todo inusual que el HdH sea objeto confesional. Sin embargo, por el tono forense que guarda el litigio fariseo y el progresivo proceso de reconocimiento del entero capítulo, la figura del HdH está bien anclada en este punto: es alguien que «habla y es visto». Estos dos ca-nales de revelación son privilegiados por el EvJn.
Otros lugares presentan al HdH enaltecido como objeto a con-templar o mirar para poder alcanzar la salud escatológica. Así en 3,14-15, tras afirmar la necesidad de ser enaltecido (hypsóo), se ase-gura la necesidad de creer en él para obtener vida perdurable. Tam-bién en 8,28 Jesús refiere a la exaltación del HdH, la cruz, como pun-to crítico de su manifestación teofánica: «enpun-tonces reconocerán que yo soy». La necesidad de ser enaltecido o puesto en alto reapa-rece en 12,34; en los versos que lo circundan (12,23-36), Jesús pro-clama llegada la hora de glorificar (doxázo) al HdH, y de ser «le-vantado sobre la tierra» como señal para la humanidad entera: él atrae a todos los hombres (12,31).
Con 13,31-32 vuelve a escucharse el tono doxológico o glorioso que porta la crucifixión del HdH. En ella Dios lo glorifica, es decir, lo exhibe como su Agente legítimo, administrador de la salud y de todo bien escatológico, e igualmente el HdH glorifica a Dios, con su fidelidad irrestricta. Esta convicción debe anclar profundamente en el grupo discipular.
Con la figura del HdH, el EvJn socava toda pretensión de reve-laciones y especureve-laciones celestes que circularían en círculos cris-tianos, propensos a lo maravilloso y esotérico; el evangelio afirma que Jesús es el HdH, y reorienta desde la crucifixión su revelación y señorío universal.
3. ELMESÍAS
Mesías es un término hebreo y arameo que significa ‘ungido’, chris-tos en griego. Había muchas figuraciones mesiánicas en los medios
judíos; así, se habla de un mesías sacerdotal y otro regio; de un des-cendiente de David, o bien de José; en fin, que se adoptan varias fi-guras para expresar la necesidad del Libertador enviado por Dios. En el EvJn encontramos al Cordero (1,29), al Profeta escatológico o mosaico (7,52), al Pastor (10,11) y la Vid (15,1-8). Fundamental es que para el EvJn Jesús es el Ungido de Dios. Este importante identificativo de Jesús fue, incluso, adoptado como nombre propio: Jesucristo (Jn 1,17; 17,3).
Desde la primera escena del EvJn surge la pregunta por la iden-tidad mesiánica de Juan Bautista, e indirectamente por la de Jesús (1,20s.25; 3,28). El Ungido es Jesús: 1,41; 20,30. Sólo de la visión del Bautista podemos deducir que Jesús ha sido Ungido: el Espíritu de Dios permanece sobre él, el Elegido (1,33s). Así testimonia Juan. Pero Jesús rebasa toda expectativa.
Gracias al Espíritu de Dios, Jesús realiza las señales que lo acredi-tan como Ungido y remiten a su origen celeste (cf. 7,41-44); por el Espíritu revela todo (4,25), y por él es llamado, a justo título, hijo de Dios y rey de Israel (11,27; cf. 1,49; 6,14s). No es un mesías transi-torio, sino que, por su ligamen de cruz y resurrección, «permanece para siempre» (12,34).
Se discutía mucho sobre las figuras del Mesías (cf. 7,26-31; 10,24), y acreditar a Jesús como Cristo significó romper con las si-nagogas fariseas (9,22), y ser perseguidos por las autoridades religio-sas (16,1-4). Este riesgo es el que Jn 20,30s invita a vencer con la certeza de «vivir en su nombre», es decir, como creyentes. Quien se convence de que el Mesías, el hijo de Dios, es Jesús, se transforma en un hombre animado por el Espíritu, orientado por la gloria de Dios y vinculado por el mandato del amor mutuo.
IV. ECLESIOLOGÍA
Dos presupuestos elementales. El primero, la iglesia es la reunión de los convocados por Jesús. La ausencia del término iglesia
(ekkle-sía) en el 4E, no significa que éste no posea eclesiología alguna.
Se-gundo, el EvJn es un exquisito fruto eclesial: gestado, escrito, leído
y releído por los discípulos del Resucitado. Los datos de su compo-sición y redacción enseñan que el Discípulo amado, su garante y responsable (Jn 21,24s; 19,35), ha conjuntado materiales de tradi-ciones diversas en un amplio proceso inspirado: el quehacer del Es-píritu (14,26). Sobre esto se edifican las demás relaciones eclesiales. Aunque hay elementos importantes en cada pasaje, la mayor re-levancia eclesiológica se expresa en Jn 13-17: las despedidas del Mesías. Aquí me limitaré a unas simples notas que nos ayuden a mi-rar la intimidad de los convocados por Jesús.
Antes que idear sobre esa colectividad, su orden y propósito, el EvJn enfatiza el vínculo del individuo con Jesús. Uno se liga con Je-sús creyendo (pistéuo), permaneciendo en (méno) y practicando (poiéo) sus mandatos: haciéndose discípulo o seguidor suyo (Jn 8,31; 13,35). Esta relación se hace a diario (15,1-8), y nace de acoger la Luz-Palabra (1,11-13), de percibir en la carne de Jesús la gloria divi-na (1,14), de convencerse de que Jesús es el Unigénito (1,17s). Hay muchas expresiones de fe cristológica, y Jesús nunca rechaza alguna. Pero el fruto discipular es la práctica del amor mutuo (13,34) y la ex-periencia de la vida en su Nombre (20,30s), que se plastifica en la-varse los pies unos a otros (13,1-30) y en vivir unidos (17,1-26).
Los congregados por el Espíritu de Jesús son galileos, judíos y grie-gos, transjordanos y samaritanos; en una palabra: «todo el mundo» (cf. 12,19). Y, sintomáticamente, Jesús se da a conocer a hombres y mujeres, sin distingo alguno; más aún, ellas son interlocutoras privi-legiadas del Rabbí: la Samaritana (4,1-42), Marta y María (11,1-44; 12,1-8), la Magdalena (20,11-17) y su propia madre (2,4s; 19,26s) representan el aporte indispensable para integrar la comunidad de fe. Así se conforma la Iglesia. Con creyentes de varias etnias y culturas que aportan su propia experiencia (bautistas, fariseos, zelotas, ese-nios, gente común, sin distintivo) para conformar grupos pequeños, donde uno conserva su nombre propio (10,3.14-16), vive una expe-riencia de marginación (15,18-20), y comparte una conciencia de elección y amistad con el Resucitado (15,14-20).
Vale la pena recordar que la identidad profunda de los creyentes se nutre de raíces judías. Mantienen la fe en el Dios único (5,38-40), se saben descendientes de los héroes de la fe israelita (4,12; 6,32; 8,53), estudian e interpretan las Escrituras (10,34s) y reorien-tan las fiestas cristológicamente (cf. 13,1s). En contrapartida, to-man distancia crítica de otras instituciones: el templo, el sábado, la elite sacerdotal, la circuncisión, los maestros, la sinagoga farisea, los
romanos, etc. Seguramente los grupos de creyentes tienen sus pro-pios ritos o marcas de identidad. Al grupo se ingresa tras un largo proceso de aprendizaje sobre el Cristo (cf. Jn 9; 4,1; 3,5-8) que cul-mina con el Bautismo o baño ritual. Quizá coman la Eucaristía (6,48-58) ligada a la encarnación y al sentido de la muerte cruenta de Jesús. En cambio, el lavarse los pies mutuamente es signo de la comunión con el Señor y del servicio de la vida entre los creyentes (13,1-20).
Un ingrediente eclesial muy querido al EvJn es el de la re-unión. Hay varios motivos que dejan ver la necesidad de la unidad discipu-lar: el rebaño (10,16), la reunión en torno al Enaltecido (11,51-52; 12,32), la red que no se rompe (21,11), pero ante todo la plegaria de Jesús al Padre: Jn 17. El lugar de la reunión lo conocemos: Jesús.
El grupo tiene clara conciencia de dar testimonio del Enviado (15,27; 13,20), se sabe reconciliado con Dios (15,3; 20,22s), expe-rimenta la plenitud de la salud (1,16; 10,10), la vitalidad del Espí-ritu (14,26; 15,26), y la paz y gozo del Resucitado (14,27; 20,19s). Así es como da testimonio de su fe e invita al mundo a hacerle es-pacio al Dios de la vida.
Hay otros tópicos muy importantes en la narración juánica, como sus conceptos sobre el hombre (antropología), el Espíritu Santo (pneumatología), la historia y sus términos, etc., que no po-demos tratar aquí por falta de espacio. Espero que los elementos aportados inciten al lector a indagar por otros que le interesen, y al ir completando sus informaciones se vuelva más sensible y solidario con los compañeros de camino, en la comunión con el Señor. Esto es lo que buscamos al estudiar el evangelio según san Juan.
En este capítulo haremos un rápido recorrido por el evangelio de san Juan porque queremos obtener una visión básica y global del mismo; ella nos permitirá adentrarnos en la narración sin perder-nos. Vamos, pues, a fijar las coordenadas fundamentales de lectura. El EvJn narra la historia de Jesús con un principio, un medio y un final; tiene, además, un prólogo (1,1-18) y un epílogo (cap. 21). Todos los episodios de este evangelio quedan acomodados en las tres fases mencionadas, aunque el modo como los acontecimientos se van hilvanando no siempre se vea con claridad. Ahora sólo nos ocu-paremos del principio y del final de la obra para obtener algunos ele-mentos útiles para su interpretación.
Recomiendo leer primero todo un número o una parte de él, para cotejarlo con el texto. No importa ocupar toda la sesión en los con-tenidos de un solo apartado, con tal que queden bien comprendidos. 1. EL PRINCIPIO: 1,1-18
A la primera página del EvJn se le conoce como prólogo. Jn 1,1-18 introduce en el discurso, y es como el mirador para todo el es-crito: desde allí se obtiene una magnífica panorámica de la trama del libro porque ofrece elementos clave para leerlo adecuadamente. De entrada, se presenta al Lógos, Verbo o Palabra de Dios en un lenguaje poético e imaginativo. En el prólogo pueden distinguirse dos partes fundamentales (1,1-13 + 1,14-18), organizadas en tres momentos: uno cósmico (1,1-5), otro intra-israelita (1,6-13) y otro intra-comunitario (1,14-18).
C
APÍTULOI
PANORÁMICA SOBRE
EL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN
Jn 1,1-18 y 20,30-31 + 21
El primer bloque (vv. 1-5), y el libro entero, comienza con las primeras palabras del Génesis («en el principio»), para que el lector sepa de la pre-existencia del Lógos, que estaba con Dios y que siem-pre ha sido Dios (Theos). Ahora el lector atiende a un nuevo prin-cipio. Enseguida se expresa la función de la Palabra como «Arqui-tecto» del cosmos entero, y luego, por ser Dios, se afirma el aporte de la Palabra respecto a nosotros: vida (zôe) y luz (fôs). La última lí-nea de esta estrofa anuncia, sin triunfalismos, el veredicto de una lucha entre la luz y las tinieblas: la luz brilla en las tinieblas.
El segundo momento (1,6-13) sitúa a la Luz en relación con Is-rael. Comienza por colocar la figura conocida de Juan Bautista en relación con la Luz; Juan es el testigo de la Luz. Luego se dice que, a pesar de que el mundo (kosmos) fue hecho por ella, el mundo no la reconoció. Tampoco la recibieron los suyos, Israel. En los vv. 12-13 se enuncia el gran privilegio que trae consigo la Luz: hacerse hijo de Dios. Esto se consigue de un modo inusitado: creyendo en el Nombre del Verbo o Lógos.
El tercer momento es notoriamente intra-comunitario, por la aparición del «nosotros» (1,14-18). El gran anhelo de Dios de vivir con los suyos se mira realizado cuando la Palabra de Dios se ha he-cho carne (sarx) y ha habitado con los creyentes. Éstos han visto en esa carne su Gloria (doxa): Plenitud de Gracia y de Verdad. La Gra-cia (charis) es la benevolenGra-cia de Dios para que los hombres puedan acercársele y estar ante él (ahora ocurre lo inverso: el Lógos se vuel-ca hacia los hombres); la Verdad (aletheia) es la fidelidad y cohe-rencia de Dios a su Palabra empeñada para transformar la historia. Por tanto, la encarnación del Lógos y su vida entre los suyos es la ex-presión del amor operativo de Dios por los suyos.
También en esta parte aparece Juan para reafirmar la preemi-nencia del Encarnado, lo que ya el lector conoce por haber leído los cinco versos primeros. Como la congregación judía respecto a Moi-sés, ahora la comunidad de creyentes que incluye discípulos del Bautista se sabe beneficiada por la Gracia y la Verdad, presentes en la historia de Jesucristo: el Unigénito, que está en el seno del Padre, el que vino a contarlo.
LÓGOS
El término griego Lógos puede significar ‘relato’, ‘discurso’, ‘pala-bra’, ‘mensaje’, ‘afirmación’, ‘promesa’, ‘argumento’, ‘razonamiento’,
PANORÁMICA SOBRE EL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 43
‘causa’, ‘asunto’, ‘concepto’, ‘coherencia’, etc. Los sabios enseñaban que el universo está regido por un lógos que lo mantiene ordenado y be-llo: lógico, diríamos. El hombre se asemejaba a la divinidad por su lógos o mente. En ocasiones, los judíos hablan de la Palabra de Dios como de un individuo que realiza las obras de Dios (cf. Is 9,8; Sal 147,15.18); también, la Palabra es identificada con la Torá o Instrucción que orde-na la vida del pueblo y del cosmos entero (Sal 119; 33,6), e incluso con la Sabiduría que todo gobierna y provee (Prov 8,22-31; Job 28).
El evangelio de san Juan atribuye a Jesús las funciones y cualidades de la Torá y de la Sabiduría, llegando a confesar que Jesucristo es el
Ló-gos divino, el Encarnado, y que éste es fuente de luz y vida para todos
los hombres; él es el punto de referencia de la vida y del cosmos. Cf. Col 1,15-18; Heb 1,2s; Hch 10,36; Ap 19,13.
Lo visible o perceptible de la presencia de Dios es referido como
Shekiná o Gloria.
El prólogo le confía al lector la identidad teológica más profun-da de Jesús, su origen, su «lugar» y sus funciones creacional, revela-toria y liberadora. En este lugar surgen ya las figuras del Bautista y de Moisés, así como un lenguaje que recuerda a la Sabiduría y a la Torá, instrucción o Ley del AT, para que el lector asocie con la his-toria bíblica del pueblo elegido lo que se contará a continuación de Jesús. También aquí se pueden adivinar rastros de un conflicto en varios frentes que atravesará la narración de lo que el Unigénito del Padre ha venido a contar (1,18).
PARA PROFUNDIZAR
1. Releyendo atentamente, identificar algunos elementos que per-miten señalar las dos partes y los tres bloques del Prólogo. ¿Qué tiene de particular cada sección?
2. Elaborar una tabla comparativa entre Juan Bautista, Moisés y Je-sús, con las frases pertinentes: semejanzas y diferencias entre ellos. ¿Qué resulta?
3. ¿Dónde se puede percibir con mayor claridad la presencia de la comunidad juánica? ¿Hay rastros de algún conflicto? ¿Podrías identifi-carlo(s)?
4. Leyendo Prov 8; Job 28; Bar 3,9-4,4; Sir 24; Sab 6-10; Ex 24; 34, anotar las frases e ideas más semejantes a las del prólogo juánico.
5. Comentar con algún compañero las dificultades encontradas en la lectura del prólogo y por qué el evangelista habrá colocado un tex-to tan exigente y complejo para comenzar la histex-toria de Jesús.
6. Comentar también lo que significa ‘palabra’, ‘verbo’, ‘decir’ y términos asociados (mi palabra, «pura lengua», «rollo», discurso, etc.); sus aspectos positivos y negativos. ¿Quién habla solo? ¿Quiénes hablan? ¿Para qué sirve hablar? ¿Puede la palabra transformar la reali-dad? ¿Por qué se dice que Jesucristo es la Palabra de Dios? ¿Para quié-nes es esa Palabra?
7. Observar en algún mapa del Próximo Oriente o de Asia Menor del siglo I la ubicación de Roma, Atenas, Antioquía, Jerusalén y Ale-jandría. Véase p. 294.
Para hacernos una idea más acertada del EvJn, conviene que lea-mos lo que se conoce como primera conclusión. Así podrelea-mos com-parar cómo inicia y cómo termina el libro, para darnos cuenta de a dónde nos quiere llevar el narrador.
2. EL FINAL: 20,30-31
Antes de llegar a la última página del evangelio, encontramos una declaración de propósitos, a manera de conclusión del libro. Aquí el narrador interpela directamente a sus escuchas o lectores. Una traducción bastante literal de Jn 20,30-31 podría ser ésta:
«Muchas, ciertamente, y otras señales hizo Jesús ante sus discípulos que no están escritas en este libro, pero éstas han sido escritas para que ustedes crean que el Ungido, el Hijo de Dios es Jesús,
y para que creyendo tengan vida en su nombre».
No podemos desmenuzar toda la información contenida en esta retrospectiva; sin embargo, conviene resaltar tres puntos.
El narrador expone lo realizado por Jesús en términos de señales (semeia) numerosas y variadas. Veremos que las señales son exclusi-vas de Jesús, sólo a él le competen (por ejemplo en 2,11.23; 6,2; 10,40-42; 11,47; 12,37ss). Tratándose de señales o signos, cabe pre-guntar ¿a qué refieren? Por supuesto que señalan o remiten a la identidad mesiánica y teológico-filial de Jesús, como aprendimos en 1,1-18 y acabamos de leer en 20,30s. Las señales son, por tanto, ges-tos revelatorios, acges-tos convincentes o elocuentes que dejan ver
quién es Jesús, el Hacedor de señales. Ésta será una valiosa clave para entenderlo: lo que él hace se parece a lo que Moisés antaño ejecutó para liberar al pueblo de la esclavitud egipcia y conducirlo por el desierto hasta la tierra prometida, como se resume al término de la vida del gran héroe en Dt 34,10-12.
DT34,10-12
«10No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien
Yahvé trataba cara a cara, 11nadie como él en todas las señales y
pro-digios que Yahvé le envió a realizar en el país de Egipto, frente al Fa-raón, a todos sus siervos y a todo su país, 12y en la mano tan fuerte y el
gran terror que Moisés ejecutó a los ojos de todo Israel.»
Las señales son el aval o garantía que Dios concede a sus envia-dos para que las gentes puedan creerles. Más que las palabras sabias y reveladoras de Jesús, Jn 20,30s enfoca sus acciones prodigiosas.
El lector está frente a una selección de señales presentadas como
escritura (grafé): son señales escritas y remodeladas por el narrador.
Quien lee este libro puede contemplar las señales, es decir, asiste al quehacer revelatorio de Jesús –como antes el de Moisés– mediadas por el grupo discipular, y así podrá vivir en el nombre de Jesús. Aquí se informa de que el quehacer de Jesús está avalado por un grupo de testigos, y por el mismo narrador, quien por ser un creyente prolon-ga ese testimonio de los discípulos hasta los lectores u oyentes. Por esto será tan importante leer y saber leer el 4E, porque Jesús viene entregado como escritura, en el evangelio según san Juan.
Muy probablemente se haga la lectura del evangelio en público: uno lee y los demás escuchan (cf. Ap 1,3; 22,18; Col 4,16), porque resultaba un tanto difícil hacerse con algún manuscrito o copiar un libro, y no eran muchos –sobre todo entre las clases bajas– los que sabían leer y escribir.
El narrador no inventa las señales, sino que las ha escogido y las ha modelado para su propósito. Lo expresa apelando y urgiendo di-rectamente a los escuchas: ...para que ustedes crean que el Ungido
(Mesías), el Hijo de Dios es Jesús. Se da crédito a lo verosímil y a lo
coherente; es decir, que al leer las señales el lector o los escuchas de-bieron experimentar una transformación; ahora, ellos están con-vencidos de la identidad de Jesús: él es el Ungido de Dios para
dimir a Israel; él es aquel de quien hablan los profetas, aquel que ha de instaurar de una vez por todas la alianza de Dios con todos los pueblos. El lector debe saber mucho del Ungido o Cristo, y al final del EvJn ya conoce la historia de Jesús; ambas figuras –la del Mesías y la de Jesús– deben embonar. Más todavía, ser Ungido equivale a ser Hijo de Dios. La unción transformaba al ungido de manera tal que su ligamen con Dios era el de un hijo respecto a su padre. Dios miraría especialmente por él, lo amaría entrañablemente y para siempre. Esto estaba asegurado en el oráculo pronunciado por el profeta Natán al rey David (2 Sam 7,12-16). La cualidad regia de Jesús está asegurada, pero hay más de por medio.
El EvJn habla de que la finalidad de las señales escritas es que
us-tedes creyendo tengan vida en su Nombre. Jesús, el Ungido, es capaz
de garantizar una vida cualitativamente diferente a la que ya se tie-ne. Veremos que para el 4E la vida consiste en participar de los bie-nes mesiánicos, los escatológicos: vino excelente, agua viva, salud completa, pan para todos, alegría, libertad, paz, unidad fraterna, vida abundante, etc. Estos bienes los ha presentado, y es Jesús quien los aporta. No los entiende como utopía o placebo mientras uno se muere, sino como una realidad ya experimentada, por eso habla de
vivir ya en el nombre de Jesús.
El EvJn no es ingenuo ni iluso; por el contrario, veremos que ha crecido en medios apretados y riesgosos, donde no dejan vivir como hijos de Dios a los creyentes en Jesús Mesías. Por eso también «vi-vir en su nombre», es decir, como hijo de Dios, implica un riesgo a correr con valentía, pero sólo así se consigue la libertad de los dis-cípulos de Jesús: abatiendo el miedo. Ni el autoritarismo del siste-ma religioso ni la persecución intolerante tienen la últisiste-ma palabra, sino Dios; la prueba es el Resucitado. Aceptar que Jesús es el Ungi-do de Dios es de alto riesgo social y religioso.
Como iremos viendo, creer no es simplemente asentir a ciegas a lo propuesto. La «fe del carbonero» no cabe en el EvJn. Aquí, creer significa el esfuerzo espiritual e intelectual del lector o escucha por comprender la historia de Jesús y lo que Dios ha realizado en él. Pero creer requiere también ser valiente y libre de espíritu para arriesgarse a quedar separado «de la mayoría» por expresar la propia convicción de lo sucedido con Jesús. Este aspecto del creer en Jesús compromete la vida. La comprensión de Jesús y su confesión públi-ca son las dos públi-caras de la misma moneda. Por último, públi-cabe recordar que, así como las señales de Jesús debían llevar a sus
contemporá-neos a creer, otro tanto debe conseguir la lectura del libro de las se-ñales. Si el lector no alcanzó esa meta, tiene otra oportunidad en la última página del EvJn.
3. EL EPÍLOGO: JN21
La última página del 4E cuenta la tercera manifestación del Re-sucitado a siete discípulos para conseguir una pesca abundante (21,1-14), y se prolonga en un diálogo entre Jesús y Pedro al que se incorpora el Discípulo amado (21,15-23); el libro se cierra identifi-cando al responsable de la obra (21,24-25). Esta página supone ha-ber leído todas las anteriores, e incluso conocer informaciones no contenidas en este evangelio, y transmitidas por otros medios.
Atendiendo a la secuencia escénica, se ve que en el cuadro de la pesca milagrosa, aunque inicia con el protagonismo de los discí-pulos, la figura de Jesús se convierte en la central. Con ella se teje la dinámica del re-conocimiento discipular (¿Quién es éste?). A lo largo del EvJn ésa ha sido la pregunta neurálgica, y ha obtenido res-puestas diversas. Baste adelantar aquí el interrogatorio al que fue sometido Juan Bautista ya en la escena inaugural del relato: «¿Quién eres tú?... ¿el Cristo?, ¿Elías?, ¿el Profeta?» (cf. 1,19-28). Estamos al final del libro y el lector ya puede responder esa pre-gunta perturbadora. Hay que agregar que, junto a los cristológicos, aparecen muchos motivos eclesiológicos: particulares de algunos dis-cípulos, la barca y la red, la evocación eucarística, quizá el número de pescados, el Discípulo amado y la figura de Pedro que pasa al pri-mer plano.
En el cuadro siguiente vendrá la rehabilitación de Simón hijo de Juan, en categorías de pastoreo, de su muerte glorificativa y de su discipulado fiel.
En efecto, después de almorzar, y sólo entonces, Jesús pregunta a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?». Jesús le exige la declaración de amor hasta en tres ocasiones, número igual al de las negaciones petrinas de ser discípulo (18,17.25.27; cf. 13,36-38), y también por tres veces el Resucitado le confía el cui-dado de sus ovejas. «Aliméntalas..., cuídalas..., aliméntalas». Son ovejas de Jesús, el Buen Pastor; él se las ha adquirido con su muer-te y resurrección (cf. 10,11-18) y ahora las confía a Simón de Juan para que las alimente bien y las salvaguarde de falsos pastores y