LA SUAVIDAD DEL OLOR A NARANJO

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Texto completo

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CON RECONOCIMIENTO DE VALIDEZ OFICIAL DE ESTUDIOS DE LA SECRETARÍA DE EDUCACIÓN PÚBLICA, SEGÚN ACUERDO

No. 20110634 DE FECHA 6 DE JULIO DE 2011

LA SUAVIDAD DEL OLOR A NARANJO

P R E S E N T A

QUE PARA OBTENER EL GRADO DE

MAESTRO EN LITERATURA Y CREACIÓN LITERARIA

IGOR HÉCTOR MORENO GONZÁLEZ

MÉXICO, D.F. 2013 DIRECTOR:

DRA. PATRICIA CAMACHO QUINTOS

T E S I S

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Igor Moreno

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Primera edición: noviembre 2013

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Índice

Introducción Balance

Despertando Temazcal Cita

Retrato de quien sobrevive Las máscaras del señor Sondas

El despertar de Escamolito La suavidad del olor a naranjo La posibilidad de vivir mejor Dulce olor a patria

La pelota y el clavo De profundis Nuestro amor Viacrucis

Espejo de un instante Luis Tronidos

Lamentate

Las huellas del carbón

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Ce n´est rien de mourir; c´est affreux de ne pas vivre. Morir no es nada; lo espantoso es no vivir.

Los Miserables, Víctor Hugo

En esta colección de textos, de palabras que construyen su silencio en el papel que habitan, se refleja una época, una cita personal llena de emociones, un momento cumbre de aprendizaje y creación. A partir de ahora, esta suma de experiencias literarias forma parte intrínseca de mi historia.

De lo que hoy aquí presento, cada escrito es resultado de toda línea leída, de todo reto impelido por nuestros profesores. La sensibilidad (esa red del espíritu que permite atrapar sueños) se alimentó de tantos mundos imaginarios que mi percepción de la realidad se vio alterada. Ésta se transformó en un código cuya complejidad se asemeja a un espejo que disputa el reflejo de lo aparente contra lo inteligible que emana del conocimiento.

El conjunto de estas tensiones no es otro que un recorrido que inunda la memoria. Se trata de una sinfonía de vida que el recuerdo sostiene a través de las letras para no dejar al olvido apropiarse de la ausencia que éstas significan.

Los años de estudio, de lectura, de creación, parecen semejar la visión de un meteoro que surca el horizonte en la profundidad y quietud de una noche estrellada. El paso que éste dibuja en la bóveda celeste deja un trazo lleno de magia y sueños; una ruta que no es otra cosa que la evocación material, visual, de lo que antes fue.

Esta alegoría de los textos creados, esta estela en el firmamento, puede ser vista como un halo conformado por varios planos superpuestos: el primero me representa: soy yo, mi esencia; otro,

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refleja la época en que se fundaron las ideas de las historias contadas; un plano más representaría la influencia del material (los autores, las películas, los extractos, las obras de teatro...) que inundó este universo de estudio, aunado a la preponderancia de nuestros profesores, a su influjo; también existe otra capa dimensional en las aportaciones de mis compañeros y gente querida que, con su crítica y estímulo, nunca dejaron de sostener esta travesía, este periplo en el interior de las letras; finalmente, el último plano de esta luminosidad surgirá siempre que exista un nuevo lector que, con sus ojos y su mente, recorra estas páginas; un lector que dé sonido a las palabras expectantes, aquellas que conservan siempre en su interior el poderoso silencio del pensamiento. El presente del lector contemporáneo viajará siempre en paralelo al pasado representado por la memoria, materializada por el impreso. Esto último anticipa para el escritor un futuro incierto pero probable. Una suerte de muerte en espera; un fin que se extiende hasta la eternidad.

Así, cada texto es producto de una combinación de factores, de variables conectadas entre sí, que motiva a presentarlos para que su secuencia refleje la manera en que unos me arrojaron a los otros. Busco así dejar testimonio de la efervescencia intelectual de estos últimos dos años. Clasificar los textos por géneros sería lo académicamente correcto, convengo, sin embargo el acto de crear lleva implícito siempre una intención innovadora, experimental; una rebeldía intrínsecamente ligada a la ineludible provocación académica. ¿No acaso Rayuela vino a romper con los cánones establecidos de la novela?

La colección refleja, de esta forma, un momento único: la energía que fue: un halo de ser; un recuerdo: la esperanza de acabar.

Y es que cuando la muerte supo de la vida, se ocultó en los resquicios de la memoria para competir con ella.

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La vida surge se funda para ser recordada.

En cada presente se detiene el tiempo que acumula memoria.

La obra artística es voz que espera, un murmullo que llama, el grito que demanda. Expectante, se deja acariciar por ojos escrutadores, sensibilidades que alternan entre la memoria y el anhelo. Acto dialéctico de búsqueda, de manifestaciones del todo, de balance: del encuentro definitivo entre la poesía y el ser.

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¿Cómo ser si aún no se ha sido?

Ayer soñé que navegaba por mares rojos que hervían la sangre, esa que de roja salpica perdición y amor.

Travesía complicada ¿saben? ya que la luna, tan brillante de blanca, empeñada en sus arrebatos, alteró el linaje de un mar que apenas me transportaba.

Mi embarcación, verde nopal, resistió los embates sin merma. ¿Adónde ahora?, me preguntaba al amainar la tormenta. ¿Qué se proponían aquellos que osaban desafiar mi recogimiento? ¡Atrévanse a abordar!, reté al viento.

Debajo de mí, un brillo tornasol creciente no cesaba de llamar mi atención: a veces dorado, como el maíz cuando se brinda al calor y, a veces verdoso, como cuando la rama de epazote se funde para sanar. Mi cuerpo sudaba, y no sabía si era de miedo o exaltación.

Tal vez, pensé, no navegaba, no transitaba. Entonces por un momento pretendí estar en una isla, creí que mi destino nunca habría sido otro que el de esperar, rodeado de incandescencia, siempre ahí.

El vapor hizo que viniera a mi mente la nostalgia de los que antes fueron por mí.

Un rayo alumbró el recuerdo. La mezcla de evocaciones se hizo cada vez más densa en mí. Los significados tomaron forma:

Nopal tan sólo fue donde el águila se posó, justo en el ombligo de la luna, cuando devoró a la serpiente. Estuvimos también ese día. Era lo que repetía mi abuelo con orgullo. Sepan que la raza de yolcatzin presente en la fundación se otorgará en ofrenda cuando así pidan los dioses. De abuelo en abuelo viajó la profecía.

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Lo cierto es que en los tiempos primeros Azcatl debió ser mi nombre, Mol, mi apellido.

De tono áureo recuerdo el reflejo de mi piel en el espeso mar rojo. El plato que me acogía daba sentido a mi universo.

Comprendí entonces mi papel en la suma que enaltece al sabor de la tortilla.

La memoria de sopas antiguas. Listo para darme a Ustedes,

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Oscuridad total

aromas vapor

ingresan de manera violenta en nuestra psique cambio de cadencia

que dilata

modifica al ritmo cardiaco la piedra al rojo vivo

temporalidad insospechada

cúmulo de fuego pétreo. Nuestras intenciones avanzan

por el vasto corredor

donde lo negro expande

lento. Volverse espíritu: El agua se confunde en nuestra piel

emerge

penetra a un todo por todos. Nos convertimos en uno

poco a poco emitimos sonidos

profundos resuenan

atraen lo esencial.

T

emazcal

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Nuestras voces hieren al silencio

de lo mexicano

único significados que se agolpan

atraviesan

el mismo código genético.

Se huele esa muerte mexicana fascinante

profunda

Sabia

Eterna

Viva.

T

emazcal

Luz

La presencia de la muerte

voz del silencio. Su ausencia

la ausencia de un nombre,

Su nombre

Imperiosa necesidad de no pertenecer.

Omisión que respeta lo vivo lo que fue.

Muerte más viva que nosotros:

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Cita

Hacía tanto tiempo que no lo veía, que me preguntaba si lo que pretendíamos no era una locura.

Antes solíamos hacer el amor como travesura infinita. Éramos expertos en encontrar resquicios en el tiempo y el espacio para provocar y juntar nuestros cuerpos.

Ahora, después de mucho insistir, le dije que sí, que nos viéramos. Pudo más el peso de mis sensaciones estancadas que mi juicio maduro. Quise sentirme de nuevo aquella adulta traviesa de 30 años que todo lo podía, a la que no le importaba si su matrimonio se ponía en riesgo a causa de sus aventuras.

Andrés llegó antes a la cita. Veinticinco minutos antes. ¿Saben?, para una mujer la interpretación del tiempo en estas circunstancias adquiere gran relevancia. Qué bueno, está ansioso, pensé, y me sentí reconfortada.

Se acercó a mí. Lo abracé. Una extraña sensación invadió mi cuerpo. Percibí a un hombre cansado, tal vez con más canas de las que me imaginaba. Me di cuenta de que ya no era el mancebo fuerte, viril, que seducía con la mirada. Parecía frágil. Por un momento dudé, pero ya estábamos allí.

Habíamos quedado en que no habría preámbulo, en que pasaríamos de inmediato a buscar una habitación. A nuestra edad, nos parecía innecesario el protocolo de la copa infinita para sondear el terreno. Además, nos conocíamos tanto que era claro que aquello no tenía sentido.

Entramos al cuarto. Olía a cigarro. Me sentí incómoda por un momento. Cuando tenía 30, no me afectaba que el cuarto haya sido utilizado unos momentos antes de que lo usáramos nosotros. Lo que quería en aquel entonces era sentirlo lo más pronto posible dentro de mí. Ahora ese olor era más imponente que el deseo de ser penetrada.

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Me tomó entre sus brazos. Pude colocar mi cuerpo al lado de él y logré encontrar el aroma que había dejado en mi memoria.

Cerré los ojos y dejé que me besara. Lo imaginé de nuevo lleno de ímpetu, como un recuerdo que se desdobla en la oscuridad.

Sus caricias me acompañaron, dibujando con habilidad el cuerpo juvenil que antes tuve.

A mi pesar, me dejé transportar a otro momento, a otro tiempo, cuando tanto estaba en juego y poco importaba. Me olvidé de él mientras me acordaba de cómo éramos siempre.

Me mecí en nuestros recuerdos de pasión, de entrega, hasta que comprendí que nada había cambiado. Mis caderas despertaron con frenesí, y supe que estábamos de nuevo a punto de fundirnos más allá del tiempo. Nos sacudimos con tanta fuerza que extravié el recato de mis años.

Terminamos exhaustos.

Me levanté poco después a ponerme una bata. La mente me daba vueltas entre tanto recuerdo, entre tanta culpa sin sentido.

Recostado en la cama, Andrés prendió un cigarro con parsimonia. Patéticamente macho, aspiró con fruición, soltó la bocanada y comentó ufano:

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Giro. Roto.

Mi cuerpo flota

suspendido. Penetra.

No sudo: empapo.

Respiro y muero.

Un miedo que invade

el azul de mis ojos...

Oscuridad a la vuelta.

Después, nado.

R

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7:45 am 11/Mayo/2011. Departamento de Enrique.

Enrique se fue temprano como siempre, antes de que hubiera salido el sol. Tuvimos oportunidad de desayunar juntos: él un batido de avena con un par de frutas, y yo, en cambio, de sobras mis pulgas. Pero no importa, ya me estoy acostumbrando.

Iba muy guapo, y es que Enrique, a diferencia de Raúl, tiene el don de saber combinar no tan sólo los colores sino también las texturas; todo en él parece encajar. Claro, le favorece su estatura. Hoy portaba un pantalón de pana gruesa de sutil marrón, combinado con una camisa polo de un azul casi marino, ajustada, lo que lo hacía ver fuerte, atlético.

Tomó su licuado muy rápido; ni tiempo le dio de hojear el periódico. Se le veía muy concentrado. Salió a toda prisa cargando su portafolios y un tubo para transportar planos. Nos vemos en la noche, Tiburcio me dijo con voz firme, como esperando que yo le contestara feliz de la vida: “Sí, Enrique, te cuidas” Entró en el elevador, oprimió un botón y la puerta se cerró.

Cada vez que él se iba, mi soledad se convertía en mi única compañera. Con Raúl no era así. A pesar de que partía muy temprano por las mañanas igual que Enrique, ocurría que siempre había alguien en aquel departamento. A veces podía ver por el pasillo

desfilar a jóvenes que nunca antes había visto,

semidormidos, con el cepillo de dientes colgando de la boca y caras que reflejaban cuánto se había bebido el día anterior.

Viví poco con Raúl. Se puede decir que durante mis días de juventud. Él estaba obsesionado con estudiar en el extranjero. Por lo que contaba, había enviado su expediente académico a no sé cuántas

en calzones

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universidades europeas, hasta que un buen día supe que había logrado lo que se propuso. Un sábado aparecieron en el pasillo tres inmensas maletas y sobre la mesa del comedor un sobre con su pasaporte.

Esa mañana, después de vestirse, lo primero que hizo Raúl fue tomarme entre sus manos. Creí que me diría algo pero no lo hizo. Simplemente me llevó fuera del departamento. Caminamos un largo trecho. Me pareció que sus manos sudaban porque sentía cada vez más su calor. Busqué en sus ojos alguna respuesta que me aclarara qué nos nos ocurría pero no pude obtener más que miradas furtivas de su parte. Finalmente nos detuvimos frente a un edificio. La entrada era amplia, mucho más elegante y moderna que la del edificio de Raúl, con un piso de mármol blanco muy bello.

Buenos días, soy Raúl Miranda, vengo a ver al señor Enrique el conserje tomó su teléfono, marcó al PH y lo anunció: “Arquitecto, buenos días, lo busca aquí abajo el joven Raúl Miranda”. Del otro lado de la bocina alcanzamos a escuchar una voz masculina que respondía: “Que suba por favor”.

Tomamos el ascensor. Mientras éste subía, Raúl se mostraba más ansioso. Al abrirse la puerta, estábamos ya en el interior del penthouse. El panorama era espectacular: un enorme y frondoso bosque se apreciaba a través de los enormes ventanales que remataban la vista al ingresar al lugar. La decoración era minimalista, contrastada con algunos muebles antiguos. El conjunto era de una gran exquisitez.

Raúl, ¡qué gusto!, me encantó recibir tu llamada, cuánto tiempo ha pasado, ¿tres meses? Enrique salía del fondo de un corredor. Vestía una bata blanca y unas sandalias de piel. Se acercó a Raúl y lo besó en

– –

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la boca, discretamente, sin efusividad. Ambos se notaban tensos. Cuándo partes?

Mañana mismo, dejé lo más importante para el día de hoy. Y este tiburoncín? preguntó Enrique acercándose a mí.

Es Tiburcio; como te mencioné por teléfono, sé que contigo estará en las mejores manos. A nadie le confiaría a mi Tiburcio más que a ti.

Ay Raúl, no sabes cómo me gusta el pez beta y más de ese color tornasol, entre azul y rojo intenso, y ¿qué come?

Eh?, pulgas, claro. Mira, traje una bolsa con unas cuantas, te deben de alcanzar para media semana. O si no, le das un puñito cada dos días de este alimento; mira, este es el frasco, en cualquier tienda de mascotas lo encuentras.

Observé que Enrique le acariciaba la mejilla a Raúl con gran suavidad y ternura. Éste se sonrojó.

Enrique, tú sabes que entre mis planes estaba partir a Europa, por eso no quise que continuáramos. Hubiera sido muy difícil separarnos ahora. Tú tienes aquí un gran renombre, y yo soy más joven. Tengo que ir a buscar mis oportunidades afuera.

Enrique retiró su mano.

Lo sé, amor, siempre me sorprendió la madurez con que afrontaste lo nuestro. Bueno, pero no es tiempo para ponernos sentimentales. Cuídate mucho y estudia, que quiero ser el primero en financiar la producción de tu primer guion cinematográfico importado de París.

De veras? Por supuesto!

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manos y le dio un prolongado beso. Al separase, Enrique estaba visiblemente afectado.

Te amo, ¿sabes?, pero ya vete, que me vas a hacer llorar, las despedidas no son para mí.

Raúl dio unos pasos atrás, no podía tampoco ocultar la tristeza que le significaba partir.

Adiós, Tiburcio, te encargo a Enrique me dijo Raúl con voz entrecortada. No atiné a decir nada. Simplemente me quedé quieto, ahogado de miedo. Aquella fue la última vez que vi a Raúl.

? 7:50 am 11/Mayo/2011. Periférico, de camino a la sede del Partido.

Carajo, pinche tráfico. No voy a llegar. Y sin embargo no se me hizo tarde. Salí a la hora prevista. Yo no sé qué estoy haciendo en este concurso. Siempre me he dicho que no debo participar en proyectos del gobierno, y mucho menos cuando se trata de proyectos de relumbrón político como el Museo de Historia y Documentación Nacional. Ah, pero pudo más mi ego; el querer chingarse, de una buena vez por todas, a las divas de la arquitectura nacional. Pinche Enrique, ¿cuándo aprenderás a no competir por competir?.

Bueno, pero ya estoy en esto. A ver, repasemos, al fin y al cabo el tráfico lo permite, ¿qué sucederá el día de hoy? Haré la presentación de mi proyecto frente a un jurado conformado por distinguidos políticos. ¿Qué saben ellos de arquitectura? Seguramente nada. ¿Acaso alguno de los miembros posee experiencia en el manejo de museos, o alguno que hubiera sido documentalista? No lo creo. Si no mal recuerdo, la esposa del presidente apenas concluyó la secundaria y, a lo más, habrá sido profesora de inglés. La tengo difícil. Y para –

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colmo, mi proyecto está basado en la biblioteca Laurenciana de Florencia. ¿Cómo explicar al panel de jueces lo que es la biblioteca Laurenciana, cómo funciona y cómo convencerlos de retomar para nosotros las soluciones que funcionaron para los italianos hace varios siglos? ¿Tal vez si les digo que ésta fue diseñada por Miguel Ángel? ¿Y si no lo conocen? ¡Cómo no lo van a conocer!. Ellos mejor que nadie saben quién pintó la Capilla Sixtina. Ay, Enrique, ¡quién te manda!

? 8:40 am 11/Mayo/2011. En la sede del Partido.

De esta manera, al aprovechar la captación solar a través de los paneles de la fachada, podremos tener un edificio autosuficiente en materia de generación de energía eléctrica, lo cual es fundamental debido a la demanda en kilowatts del centro de cómputo de la biblioteca. En términos generales, sta sería la presentación del proyecto de nuestro despacho. Creemos que con la edificación de un centro documentalista como el que proponemos, nuestro país estará a la vanguardia. Seremos referencia internacional…Muchas gracias, señores del jurado.

Bueno, ya estuvo. ¿Cuánto tiempo me tomó la presentación? Treinta minutos. No estuvo mal. Pero…no sé, no me gustan las caras de todos ellos. Parecen tan distraídos, se me hace que no escucharon ni la mitad de lo que dije. El único que estuvo siempre atento fue el apetecible diputado Cuevas. Es una ricura este muchacho. No tiene madre de bueno.Y a había oído hablar de él: el Adonis de la legislatura. En fin, concéntrate Enrique, veamos qu me quiere preguntar la esposa del presidente:

Muchas gracias, señor arquitecto, fue muy clara su presentación; lo que no entiendo es por qué no respetó usted la superficie total –

é

é

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estipulada para locales comerciales, le dedicó usted más área a la zona de almacenamiento de los documentos, lo que deja muy poco lugar para los comercios. ¿Qué no sabe usted que dentro de unos años todo estará informatizado?, ya no serán necesarios espacios tan grandes, todo se manejará por computadora. Para nosotros es muy importante la zona comercial, es la manera de lograr que el proyecto se autofinancie.

No lo puedo creer. Vaya si es bruta esta vieja. Bueno, sí. Respira profundo, Enrique. No te alteres. Trata de ofrecer una respuesta cortés y sólida:

Con todo respeto, señora Valtierra, la documentación que contendrá el museo incluye libros incunables, volúmenes de la época de la Conquista, códices prehispánicos, fotografías, libros y material que nunca podrá ser escaneado y desechado más tarde. Es necesario contar con amplias zonas en dónde guardarlos, con luz, temperatura y humedad controladas. Comprometer metros cuadrados del proyecto para locales comerciales y eliminar los espacios que propongo para la recepción, clasificación, restauración y guarda de material considerado como único, les llevará a construir una biblioteca donde todo se amontone y quede arrumbado; eso sería muy arriesgado para el acervo y, a menos que el documentalista sea Guillermo de Baskerville y esté acompañado de su fiel Adso, no veo cómo, con el tiempo, alguien pudiera llegar a descifrar el laberinto de confusión en lo que todo esto se convertiría.

Arquitecto, mi nombre es Federico Cuevas, creo que no hemos tenido la oportunidad de conocernos con anterioridad. Le pido de favor que no sea irónico con nosotros, desconozco a qué partido pertenezca el licenciado Guillermo que menciona usted, pero es –

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evidente que no ha entendido el punto de la señora Valtierra; si su proyecto no respeta las áreas para locales comerciales que fueron pedidas en las bases, tendremos que descartar su propuesta.

No lo puedo creer. ¿Qué se cree este yuppie inculto? Estará muy apetecible, sí, casi como el David de Miguel Ángel, ¡pero con el cerebro vacío! Ya me lo decía a mí mismo esta mañana: qué diablos haces aquí. ¿Para qué trato de educar a estos pendejos? ¡A la chingada! Mejor me largo de aquí. Que se metan su concurso por donde les quepa.

Diputado Cuevas me atreví sin embargo a espetarle le solicitaré a mi asistente que le envíe un ejemplar de El Nombre de la Rosa, a ver si al leer a Umberto Eco se entera de lo que estoy hablando y rectifican el error que están por cometer….porque sí quieren un Museo de Historia y Documentación, ¿no?, ¿o un centro comercial?

8:00 pm 11/Mayo/2011. Repisa, departamento de Enrique. Si hay algo que disfruto de Enrique cuando regresa de trabajar es que se da un tiempo para él mismo. Literalmente, se consiente. Se sirve una copa de vino tinto, escoge un buen CD de música clásica, toma el libro que esté leyendo de la repisa en donde yo me encuentro, enciende la lámpara que colinda con mi pecera, y se acomoda en su poltrona.

Sin embargo, hoy Enrique regresó tan molesto que ni siquiera hizo el menor intento por leer. En lugar de vino tinto se sirvió un whisky doble en las rocas. Nada decía, por lo que no lograba adivinar qué le pasaba; luego salió a la terraza con su vaso en la mano, y estuvo ahí, viendo pasar el crepúsculo hasta que nos invadió la noche. Se metió de nuevo a la sala, puso un disco de Silvio a alto volumen y sacó de un

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cajón lápiz y papel, se echó en la poltrona y comenzó a escribir. Enrique estaba triste, melancólico; en esos momentos le hacía falta Raúl. Yo llegu a tener ese mismo sentimiento días después de que él partió. Finalmente, Enrique terminó el texto. Ahora lo releía, lo recitaba en voz alta. Lloraba, al fin, de escribir:

Ceniza

Ayer no bajaste

Y por un momento pensé que la memoria sería suficiente,

Al buscar terminé construyendo los recuerdos que me permitieran asir el

tiempo siempre difuso.

En el olvido flotaba un polvo que no provocaba sombra de lo vivido.

Así de ligero pero tan vasto que pesaba, dolía al buscar. Tan poco de ti

Aquí

Tan solo tú

Escapando de rememoraciones inciertas

Y sin embargo todo pasa, ocurre. En un instante fuimos mas no seremos.

No más.

Enrique se quedó dormido allí en el sofá. Yo me quedé vigilando, no me gustó verlo tan triste. De pronto, sonó el teléfono. Enrique reaccionó como en sueños, pero el repicar del teléfono no logró despertarlo, de manera que la contestadora acabó por responder; una voz masculina comenzó a dejar un mensaje: Hola Enrique, buenas noches, habla Federico Cuevas... Disculpa que te llame a estas horas… Quería

ofrecerte una disculpa por lo ocurrido hoy en la sede del Partido….Bueno…,

en realidad te llamo también para decirte que…..que me pareciste muy

atractivo…...inteligente…...y yo…yo no sé si tú quieras…..bueno, mejor

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te dejo……que descanses…ah, te paso mi celular por si deseas platicar

alguno de estos días…que estés bien. ¡Bye!

Al terminar la llamada, sólo quedó un silencio abrumador. Vaya, me dije, ni en los mejores tiempos de los amigos de Raúl había yo escuchado un intento tan burdo de seducción. Todo esto me intrigó. ¿Qué habría ocurrido hoy para que alguien busque disculparse a estas horas? ¿Será por esto que Enrique estuvo tan melancólico?

? 9:00 am 12/Mayo/2011. Lo inesperado.

La luz discreta de la mañana me despertó. Me encontraba profundamente dormido en la sala. Había dormido todo chueco en mi poltrona favorita. Me dolía un poco la cabeza por los efectos del alcohol del día anterior. Me levanté y fui a la cocina a buscar alimento para peces. Alimenté a Tiburcio que se encontraba particularmente vivaracho esa mañana. ¿Por qué te mueves tanto, pequeño? ya tenías hambre, ¿verdad?, Tiburcio, discúlpame, es que me quedé dormido más de lo habitual. El pez parecía querer decirme algo, bajé la vista y me percaté que tenía un mensaje sin escuchar. Oprimí PLAY en la contestadora y me topé con la sorpresa de un mensaje de ¡Federico Cuevas!

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Marqué de inmediato.

¿Bueno?, ¿Federico?, hola ¿qué tal? Es Enrique… Sí, recibí tu mensaje, justo

lo acabo de escuchar… No, no te preocupes, lo entiendo… Todos estábamos

muy tensos… Oye, gracias, siempre es agradable despertarse con ese tipo de

mensajes… Tú también, sobre todo con esa corbata… Cuando tú quieras…

¿Qué te parece mañana, viernes?…sí, por qué no nos vemos en mi departamento, así podremos platicar más a gusto… Sí, Rubén Darío 45, es en

el penthouse. Aquí nos vemos, claro. ¡Ciao!

9:45 pm 13/Mayo/2011. Repisa, departamento de Enrique. Hoy Enrique ha estado muy alegre, de buen humor. Ha pedido a la señora del aseo que deje todo impecable. Él llegó hace rato con flores que acomodó en varios floreros. Desde donde estoy todo luce como foto de una revista de arquitectura. ¡Hasta me cambiaron el agua!, por lo que seguro me veo más guapo. También hoy hubo mucho movimiento en la cocina, la cocinera llegó desde temprano y no se fue hasta hace poco. La mesa está puesta para dos, al lado de cada plato están colocadas unas bellas copas para vino tinto, la vajilla de porcelana blanca hace un hermoso contraste con el mantel amarillo, los cubiertos de plata lucen resplandecientes; todo el conjunto está rematado por dos pequeñas veladoras al centro de la mesa que hacen del lugar un espacio muy íntimo y acogedor. Es lo que distingue a Enrique: la capacidad de dominar el arte de la armonía.

10:00 pm 13/Mayo/2011. La cita.

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perfecto, cálido, acogedor.

Sonó el interfón para anunciar la llegada del señor diputado. Después de unos minutos la puerta del elevador se abría. Federico lucía hermoso, espectacularmente varonil. Venía vestido en tonos azules: pantalón azul marino y una camisa azul pastel de Armani, suelta. Su barba cerrada de apenas un par de días le daba a su cara un dirty look

de revista.

El anfitrión invitó a su amigo a pasar a la terraza.

Ven, Federico, vayamos afuera, quiero mostrarte la vista que existe desde este lugar, es maravillosa…mira, me tomé la libertad de abrir esta botella de Gaja & Rey, es uno de los mejores chardonnay el joven se veía incómodo con la propuesta de vino blanco.

Oye, no tendrás mejor una cuba, preferiría Enrique pareció por un momento fuera de lugar, hacía tiempo que no sabía lo que era preparar una cuba.

Eh?, sí, claro, espera.

Platicaron durante un buen rato en la terraza. El vino y las cubas comenzaron a hacer su efecto, la atmósfera se relajó y ambos fluyeron en un ambiente de seducción y atracción mutua. Cenaron a la luz de las velas. Para cuando acabaron el postre, el invitado, ya en confianza, conectó su iPod al equipo de sonido para poner un ambiente más de antro. Man on the Run de Dash Berlin comenzó a sonar; a envolverlos. Se levantaron de la mesa y empezaron a bailar. La música los llevó a acercar sus cuerpos; sus torsos comenzaban a sudar. En un momento, Federico se apartó y fue a la mesa, sacó una pastilla de su pantalón y la tragó con un sorbo de agua para regresar de inmediato a seguir bailando. Poco después, la mente del joven flotaba, alterando sus sensaciones. Sus cuerpos seguían saltando y –

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camisa del convidado cayó provocadoramente al suelo, entonces su pecho emergió sólido, poblado y el abdomen, una piedra. Enrique estaba extasiado, le era escandalosamente excitante pasar sus manos por esos pectorales, tan llenos de sudor y de vida. El corpulento mancebo lo tomó con fuerza y lo besó profundamente, dominándolo. Ambos estaban tan excitados que sus miembros parecían gritar que los rescataran del suplicio de esa sangre que los reventaba. Federico fue el primero, hizo voltear a su nuevo amante y le hizo el amor con tal fuerza que éste pensó por un momento que lo partiría en dos. Sus cuerpos brillaban como inundados de ámbar, el sudor de uno escurría en el torso del otro. Finalmente Federico se vino, emitiendo un sonido gutural, como de animal triunfante. Ahora Enrique siguió. Gozó como pocas veces lo había hecho; la vitalidad y pasión de este joven Hércules lo obligó a suplicarle que parara; no podía más.

11:45 am 14/Mayo/2011. Repisa, departamento de Enrique. Nunca pensé que Enrique fuera capaz de perderse de tal manera. Ahora que lo veo desde aquí, tumbado desnudo en la sala, me doy cuenta de lo confundido que debe de estar. Parece casi un niño, así, en posición fetal. El cuerpo del otro, no sé, parece una masa amorfa de músculos echados, como una violencia contenida, como una máscara que engaña.

Sí, tengo hambre, pero no oso ni moverme un litro. Mejor así, que despierten cuando tengan que despertar.

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en medio de la sala, se vistió y después fue al baño. Cuando regresó, el dueño del departamento ya estaba despierto.

Buenos días, Federico.

Buenos días. No te pregunto cómo amaneciste, güey, porque no creo que hayas estado muy cómodo en el piso.

Sí, bueno, pero ¡vaya si valió la pena! Intentó hacer un movimiento para ir por él y besarlo, pero en ese momento el otro le dio la espalda, sacó una grapa de cocaína de su cartera y vació su contenido en la mesa de centro; con una de sus tarjetas de crédito dispuso una línea blanca, sacó un pequeño popote de una de las bolsas de su pantalón, se lo ajustó a la cavidad nasal y siguió la línea con un solo movimiento de la nariz, absorbió el polvo con rapidez.

Qué haces?

Ay, no te pases pinche Enrique, a poco nunca te has tirado una línea, güey, ¿no quieres?, aquí traigo más. En ese momento sonó un teléfono, era el celular del joven diputado. En la pantalla del aparato se anunciaba el nombre de Patricia. Después de dudar un momento, éste contestó:

Hola mi amor, cómo estás…oh, ya te dije que iba a tener mucho trabajo en el

Partido, qué quieres, así es la política… ¿y los niños, ya se vistieron para sus

clases de equitación?…no, no estoy cambiando de tema…no me molestes con

tus chingaderas, Patricia, ya sabes que no me gusta ni madres que… ¡pues qué te importa, carajo!... ¡yo duermo donde se me hincha la gana!...pues tú

también, ¡vas y chingas a tu madre, güey!

Visiblemente alterado, el visitante, iracundo, aventó con fuerza su teléfono en dirección a la repisa, estrellándolo a unos centímetros de la pecera.

Qué te pasa! gritó Enrique al ver explotar el teléfono en plena –

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¿nada más viniste a coger y a drogarte a mi casa, pendejo?; lárgate de aquí, vete con tu pinche familia de pantalla de mierda, ¡hijo de tu puta madre!

El joven diputado sentía ya los efectos de la cocaína, la sangre le montaba al cerebro, las manos le sudaban y la boca se le resecaba. Empujó violentamente a su anfitrión y lo retó.

A mí nadie me dice eso, ¿entiendes pendejo? Entonces lanzó un golpe con enorme fuerza a la cara de Enrique, justo en el ojo izquierdo, derribándolo, cayendo de bruces directo sobre la mesa de centro Eso te enseñará a respetarme cabrón, pinche pendejo, por eso no ganas los concursos güey.

Federico sintió de pronto la mirada de alguien atrás de él, volteó hacia la repisa y vio al pez beta que lo miraba lleno de furia, y tú, qué me ves, pinche pescado de mierda? Se abalanzó a la repisa y tomando con su mano la pecera, la aventó violentamente contra una de las paredes del departamento. El bocal se desintegró de inmediato. Tiburcio cayó y empezó a saltar desesperadamente por el piso del departamento.

Después del clímax de violencia, el invitado recogió todavía ropas del suelo y salió del departamento a toda prisa, dejando a Enrique y a Tiburcio tirados en la sala. 13:05 pm 14/Mayo/2011. Piso frío, departamento de Enrique.

Ahora estamos los dos solos, derrumbados en el piso. ¡Enrique! ¿Estás bien? ¡Dime algo! Desde aquí todo se ve distinto. Él se ve tan solo. Ojalá estuviera Raúl para consolarlo; pero no. Seguramente mi soledad no se compara al vacío que existe en el corazón de Enrique en

– –

(34)

estos momentos… ¿Qué dices, Raúl? ¿Yo?, yo ahora sólo pienso que sueño.

Giro. Roto.

Mi cuerpo flota

suspendido. Penetra.

No sudo: empapo. Respiro y muero.

Un miedo que invade

el azul de mis ojos...

Oscuridad a la vuelta.

Después, nado.

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Inescrutable Como la muerte Hilo de sueño

Reunión de mis ojos en los tuyos Cual horizonte

Esfuma,

Renace, Mueve, Nube blanca que la vida mece .

Entre la neblina de mis ojos Lágrimas de tiempo ido Polvo del intento

violento por verte Encontrarte

Vida

En la historia de nuestro recuerdo Como en la muerte

.

Nada hay .

En la pesquisa de los naufragios La suerte se desvanece

Vacía Sin aire Así

Me voy de ti Como a la muerte.

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(38)

Esta es la historia de Escamolito, una simpática larva de hormiga que mientras esperaba que ocurriera la metamorfosis que la convertiría en insecto, soñaba que navegaba por alta mar.

Escamolito permanecía dormido encima de una cama cilíndrica de nopal, bañada en polvo de epazote.

De repente, una frenética oleada caliente sacudió su sopor. Todo se movía; el balanceo de su cama de nopal lo alertó: ¿qué pasaba? Joven y valiente, Escamolito dejó volar su imaginación, creyéndose en batallas navales dignas de piratas y bravíos capitanes.

Poco después, de nuevo vino la calma. Escamolito se sorprendió ahora de permanecer estático. ¿De dónde provenía el calor que lo sofocaba? Confundido pero animado pensó que, en lugar de flotar, navegaba rodeado por un mar rojo.

Sin saber exactamente por qué, el escenario le resultaba familiar. Los relatos del abuelo le vinieron a la mente cual descargas eléctricas:

Tus raíces son las mismas que las del pueblo mexica. Naciste al lado del nopal y el maguey, llevarás en la sangre el recuerdo de nosotros que estuvimos allí, cuando un águila se posó en el nopal y acabó devorando a la serpiente. Debes saber que aquellos que nacen en el ombligo de la luna como tú, están llamados a partir en ofrenda si así lo reclaman los dioses. Atiende a Ometéotl, llegado el momento, que él sabrá orientar tus dudas. No tengas miedo, hijo mío.

¿En dónde se encontraba pues, Escamolito?

Allí, postrado en su cama de nopal, en ese baño de vapor que evocaba a temazcal, pudo finalmente percatarse de su realidad de larva fina: estaba dentro de una sopa. Bien centrado en su nopal, vio alejarse una jarrita de cerámica blanca que justo antes había vertido en su universo el denso líquido, mezcla de jitomate, polvo de epazote y tortilla.

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Todo se aclaró en su mente. Sí, fue recolectado a orillas de un maguey, donde su tribu prosperaba. La profecía de su abuelo se cumplía; su destino era el de alimentar a los dioses.

En la mesa ceremonial, adornada con enorme cuidado, se encontraba recién servido el Azcatl-Mol, considerado por siempre un manjar de los dioses.

El rito estaba listo, de manera que la ofrenda tenía como protagonista, ni más ni menos, que al camarada Escamolito.

Con entereza y gran dignidad, nuestro amigo afrontó su destino, conviniendo, estoico, en que pocos en la Tierra poseían la dicha de seducir y saciar el hambre de los grandes dioses.

(40)

Ayer de mi vida

Inicio de un sueño de mañana Inocencia rodeada de ríos de neblina

Nido de mi pasado

que en el alba fabricó hierro y eslabones Trepó en un tren la aurora que lloró siempre al rocío

Cómplices de fantasías Constructores de aventuras

los amigos inermes de mi memoria Afrontan heroicos aquellos juegos de batalla

Tú que me mostraste caminos Balance de mis miedos y risas

Amaina ahora el viento que surca tus hojas naranjo

bosquejo de mi destino

En el aroma de las letras descubrí sueños que dictaban melodías

Mis ojos asombrados comieron de la luna El brillo que dibuja el cuero de una ardilla

Vasija de recuerdos

En el agua que contiene abreva el siento

Sed de cortar el impulso de la travesura

Tumba de regocijos

Al traje de pesadillas nuevas Mueren del golpe de machete

en desafiante cosecha

mis dulces años idos.

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(42)

I

La mañana prometía una calidez de las que arropan y hacen pensar que no hay mejor acto que vivir. Las montañas a lo lejos parecían algodones de un color verde intenso. Bordeando la carretera, un río de agua cristalina y gran caudal servía de abrevadero para cientos de ahuehuetes jóvenes a las orillas del afluente. El sol se mostraba inmenso, en gran esplendor; su frente besaba hilos de nubes que se le insinuaban al baile del viento.

Felipe conducía el auto envuelto en pensamientos alentadores acerca del futuro de sus hijos. Toda la familia había decidido ir ese sábado de día de campo, como solían hacerlo desde hace varios meses; no había mejores momentos que ésos y vaya si los disfrutaba.

La carretera por la que transitaban había sido inaugurada apenas un año atrás. Era amplia, toda hecha de concreto hidráulico, tan blanca que parecía resplandecer de nueva al contacto de los rayos del sol. La colocación de los señalamientos era precisa. No había forma de extraviar el camino. El auto parecía reconocer en sus neumáticos la suavidad de rodar en esa moderna superficie.

II

La revolución fue simple cuestión de tiempo. En un país donde los muertos empezaban a velar a los vivos, sólo fue esperar el momento preciso en que todo dejara de tener sentido. Nunca nadie imaginó que existiría una revolución no ideológica, por lo que nadie supo en qué momento arrancó el país su deber de recomponer la dignidad de su historia.

Los americanos jugaron a la guerra aquí cuando en ninguna otra parte del planeta hubo más por qué luchar. Ni la justicia o la democracia, mucho menos el terrorismo internacional, sirvieron de pretexto para preservar el matar como negocio en un sistema descompuesto que zurcía lo poco que quedaba del agotado modelo capitalista.

(43)

Entonces se le hizo fácil al Imperio que aquí fuera la matanza. Las armas empezaron a ingresar legal e ilegalmente. La frontera fue horadada, mancillada, sin que nadie reclamara de este lado el oprobio. Se armaron a los ejércitos nacionales y se les bendijo para que supieran ser policías en donde no había guerra; a los sin esperanza se les dotó de armamento tanto o más poderoso que el de los otros para que creyeran que en algún momento podrían reivindicar sueños idos de optimismo, así fuera a través del número de muertos infringidos al bando que se decía propietario del poder.

Los padres de entonces, que no comulgaban con el esfuerzo de cegar una vida para probar el pan nuestro de cada día pretendieron huir allá, al país donde se planeaban los juegos de la guerra. Ilusos, si no murieron en el intento de brincar a nado cada sueño, se convirtieron a su regreso en los hombres sin esperanza que depositaron sus anhelos en la urna del olvido quemante.

Los sin esperanza laboraban en el único ámbito que restaba seguro en este país: asesinar al otro. Ardua labor que exigía desterrar al intelecto lo más lejos posible, recordando que la memoria de la escuela eran muros que perdían pintura y bancas herrumbrosas, frías de cuerpos ausentes. Metralla y alteridad convinieron en desaparecer de la faz de los pueblos al mayor número de padres, tíos y abuelos. Los hijos se quedaron sentados en una tierra que empezó a saber de llantos sin regazo.

III

(44)

trigo y grillos que rodaron igual que ellos en una tierra que olía a esfuerzo de hombre y concierto de naturaleza.

Luego de los cuerpos en giro, Felipe besó a su mujer como se besa al recuerdo de estar vivo. Sus hijos no permitieron demasiado ese arrebato de felicidad sin ser incluidos. Cuatro abrazos se entrelazaron entre cereales y harinas por venir.

IV

Hubo un momento en que parecía que nadie más quedaría vivo en esta tierra que lloraba al maíz que había dejado de ser. La guerra subió como agua que hierve la sangre hasta el otro país que indulgente la contemplaba. Las balas que dispararon la violencia saltaron de regreso, al vuelo, muros y frontera norte, buscando leales a su madre. Los vecinos sorprendidos, torpes, solo atinaron a tapiar relaciones y comercio. Ingenuos, los de cabello rubio, se imaginaron, como siempre, habitantes de la única isla del planeta. Aquí, el indigno que se pretendía independiente tirano, de pequeño sorbo comenzó a perderse en la mar de alcohol, como buscando navegar hasta llegar a otra isla, la de Clipperton y naufragar en sus tibios recuerdos de hurtos de mandato y poder. Todo le fue imposible. Los huérfanos aprendieron a ver en el reflejo de un dolor la causa para buscar la venganza que emulara el grito de un corazón resquebrajado.

Una tarde, muchachos enardecidos ingresaron en terrenos de Los Vinos y fueron por ellos: los niños que seguían teniendo padres. Los arrebataron de su madre, quien lloró de rabia por haber osado jugar al solaz del Indigno que se pretendía independiente tirano. Los jóvenes sin esperanza negociaron con los padres la vida de los que todavía tenían padres: una puñalada a tirano y esposa, partiendo de los pies al corazón, por cada uno de los muertos desvanecidos en la memoria de los ejércitos, y los niños serían respetados.

(45)

retrataban la tristeza de los sueños mancillados, arrebatados porque decía el Indigno que se pretendía independiente tirano: antes nadie se había atrevido a matar como él.

Entre ires y venires de cuchillas punzantes, previo a llegar al corazón de esposa y tirano, no quedaban en el país hijos que tuvieran padres. La plancha se vació entonces en silencio como se deseca un corazón que cumple venganza; sólo tres llantos nuevos se alcanzaron a escuchar a lo lejos; lamentos perdidos entre la multitud.

Cuando hubieron desaparecido todos los adultos sin esperanza, los niños pararon al voltear, porque tuvieron miedo de crecer.

V

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Bastó tan solo que ella irguiera la vista para que todos los miembros de la familia comprendieran que los alimentos estaban listos.

VI

Los adolescentes asumieron el poder en el descuido del Imperio que tuvo que defender su territorio de la peste que infectaba la guerra. Primero lo primero, dijeron los jóvenes. Nombraron al más capaz de todos ellos para que emprendiera la tarea de educarlos desde el principio. Advirtió éste: nadie deberá gozar de privilegios, ni de cunas, ni de fuerza, tan sólo la mente será el arma que disputará la guerra contra la ignorancia. Aprendamos a ser ciudadanos, dijo otro que recordaba a cierto escritor cubano con acento francés. Está bien, lo haré, dijo el más preparado, pero será necesario concentrarnos por lo menos durante dos décadas. Un retoño toma tanto tiempo en brindar frutos y sombra. Antes no estaremos listos. Hubo quienes no estuvieron de acuerdo y corrieron a ocultarse en desiertos y montañas. Eran fuertes y poco hábiles en el uso del cerebro. Entre los que ingresaron a cuevas oscuras se alcanzó a distinguir accesorios y vestimentas, como sotanas y rosarios. Gritaban sin razón ni lógica que el anticristo ahora sí se instalaba, sin atreverse a confesar que el infierno que se libraba tuvo sus inicios en las mentes de quienes se decían tocados por el señor. En pedregales volcánicos se ocultaron los dogmas asemejando el escondite a una Capadocia bizantina. Sus protestas se elevaban como mantra al Dios de su fe. Prometían venganza celestial ante la afrenta de ver concluido su poder.

VII

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Sabes, hijo, dijo Felipe, que servía en ese momento el vino, estoy muy orgulloso de ti. Hace unos años, tus abuelos no hubieran podido imaginar que la sangre que nos inundaba y auguraba el peor de los destinos para el país terminaría un buen día para dar lugar a esta nueva forma de gobierno. El S-II ha demostrado que es posible ser una mejor sociedad, fundamentalmente gracias al hecho de impartir una educación de altísima calidad al pueblo. La justicia social alcanzada por este medio ha demostrado que los programas de caridad que tanto alentaba el régimen de derecha no eran más que engaños para hacer creer a la gente de buena fe que se daban pasos en el sentido correcto para mejorar a nuestra sociedad, cuando lo único que buscaban sus cabecillas era inventar mecanismos para eludir al fisco.

El joven terminó de masticar parte del pastel de salmón ahumado que tenía en la boca. Tomó un sorbo de vino y acomodó plácidamente su espalda en el grueso tronco del fresno. Sí, papá. El Socialismo-II fue una sorpresa aun para los americanos. Siguen tan asustados que no han abierto las fronteras con nosotros. ¿Cuánto dura ya el bloqueo? ¿Veinte años? Gracias a ellos, hemos contado con los brazos necesarios para alimentar de trabajo nuestros campos; la agricultura orgánica ha roto con el cuadro de enfermedades que comenzaban a proliferar desde que los gobiernos del Yelmo decidieron importar maíz transgénico. ¡Y qué me dices del consumo indiscriminado de refrescos que llegamos a tener!

Josefina, que hasta esos momentos no había cruzado palabra, intervino: Claro. Ve la disminución de casos de diabetes que tenemos ahora en el país. Los jóvenes del S-II tuvieron la visión de instaurar el consumo de aguas frescas como parte de la alimentación básica de nuestra población. Fue todo un acierto. Yo por eso deseo ingresar, cuando termine mi bachillerato, a estudiar medicina. Creo que es importante ayudar en el proyecto de salud al S-II, ¿te imaginas que pueda yo colaborar en el programa existente para erradicar el cáncer en el mundo?

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contemplaras la posibilidad de estudiar música; desde pequeña has demostrado un enorme virtuosismo musical. Recuerdo que tu maestra de primaria siempre me decía que nadie en la escuela tocaba el cello como tú. Sabes además que la música es tan importante como la medicina. El S-II ha hecho llamados para que los jóvenes dediquen su vida al fomento de las actividades culturales con el mismo ahínco que ya ocurre con la ingeniería y la ciencia médica. Yo apoyo la idea de tu madre, dijo Felipe mientras combinaba una rebanada de queso de oveja de La Mancha con una untuosa mermelada de higo por encima de un corte de pan. El S-II está ofreciendo departamentos con vista al mar para todos aquellos que se dediquen a la música clásica. Creo que deberías de considerarlo. Además, me fascina oírte ensayar las seis suites de Bach.

Papá, recuerda que la quinta suite es la que más se le dificulta a Chepina, advirtió Francisco que hizo una bola con el migajón del pan y se la aventó a su hermana. ¡Que ensaye todas menos esa! ¡Ja, ja! ¿Tú qué sabes Francisco?, increpó Chepina a su hermano, esquivando con un rápido movimiento de cabeza el migajón que se dirigía hacia ella. El problema es que no me gusta ensayar con el cello discordato, es todo.

VIII

Pasó el tiempo y los niños educados por el más capaz llegaron a adolescentes. Fue innecesario implantar controles al consumo de drogas, éstas habían dejado de comerciarse desde hacía rato, desde que dejó de haber adultos sin esperanza. La única adicción conocida era al juego de ajedrez y al mundo de caricias que rememoraban a Onás.

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Aquel que después de regresar sugiera la idea de que de todas maneras no podemos, será considerado traidor a la patria y fusilado en centro de la ciudad.

El más cercano al más capaz, poeta y calculador, apuró: sin necesidad de ir afuera, requerimos música y letras; campo y trigo. Ya es tiempo que los más adultos busquen ser familia. Las antenas abandonadas de radio y televisión deben volver a funcionar. Es importante transmitir los logros del Socialismo II. Un nuevo himno se debe cantar que olvide palabras como guerra y un soldado en cada hijo te dio, rescatemos sólo para nosotros el mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo.

Poeta y Capaz establecieron así la fase dos del nuevo camino.

IX

Felipe llegó ese lunes a su trabajo con una sonrisa que resumía la felicidad discurrida durante las horas pasadas. El recuerdo de la cabellera dorada de su hija bailando al viento y su esbelta figura de mujer en flor ingresando a los trigales era como un recuerdo perfumado de naranjos y esperanza. Los ahuehuetes al regreso de esa tarde daban la impresión por momentos de crecer, colmados de estar unidos a la tierra fértil de un país glorioso.

Felipe trabajaba en la industria del petróleo, en el área de mayor especialización ingenieril: la perforación de pozos en aguas profundas. Su responsabilidad consistía en viajar hasta el lugar donde pudiera perforarse un pozo y sacar las muestras de arcillas y arenas para determinar qué tipo de taladro y velocidad se requería para perforar la roca.

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precios de los hidrocarburos eran fijados directamente en el país, para lo cual el Socialismo II poseía un sistema de cómputo extremadamente depurado con el cual controlar los esquemas de precios internacionales. Los satélites nacionales vigilaban desde el espacio cualquier variación de presión de cada uno de los pozos. Jamás un derrame se había producido estando una perforación al cargo de connacionales.

Ese día a Felipe se le había asignado la tarea de realizar una inmersión en submarino hasta la zona cuatro, una de las más profundas hasta ahora alcanzadas. Iría acompañado por un nuevo ingeniero al cual no conocía y que justo acababa de incorporarse a Per-Mex (Perforaciones Mexicanas).

Buenos días ingeniero Lozano, mucho gusto, saludó cortésmente Felipe al ver llegar a su pareja de viaje a los vestidores. Qué tal, ingeniero Soberanes, encantado, ¿listo para la inmersión? Sí, vayamos, dijo un Felipe que se sorprendió del aspecto más casabolsero

que de ingeniero que tenía su nuevo colega. Éste parece salido de una foto de 2011, antes de la debacle de las bolsas europeas, sí, con su sonrisa de extraviado que estima que ya no hay más que saber porque todo lo resuelve el lucro. ¡Yo creí que de estos ya sólo había en los museos de historia natural!, pensó para sus adentros Felipe que ingresaba primero al submarino.

La embarcación fue dejando atrás las capas de mayor luz marina para adentrarse en la zona donde la oscuridad se hacía absoluta. El ingeniero Lozano fue el primero en abrir la conversación ante el silencio de su compañero:

Me han dicho que ya lleva usted varios años en Per-Mex, ingeniero.

Sí, aproximadamente quince años.

¡Felicidades! ¡Es toda una vida! ¿Y gana usted lo suficiente, ingeniero? Digo, creo que no ha recibido usted ningún ascenso en la última década. No es fácil mantener una familia de dos hijos y esposa con los sueldos que nos da el gobierno, ¿verdad?

Vaya si está usted enterado de mi vida, Sr. Lozano – Felipe tuvo el presentimiento de que algo andaba mal y que la compañía del –

– –

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técnicas. Hubiera querido responderle: qué le importa, pero buscó saber hasta dónde llegaría el dizque ingeniero; el viaje de inmersión todavía tomaría unos 40 minutos más.

Bueno, es que es usted toda una institución en la empresa. Es difícil escapar a la fama. Je, je. ¡Usted sabe!…y dígame, ¿nunca le ha interesado ganar un poco más?

¿Qué pretende ingeniero Lozano? Usted sabe que mi

especialización no me permite más que trabajar en este rubro y en esta paraestatal, el S-II tiene controlado la explotación de pozos petroleros en aguas profundas. No existe otro lugar para trabajar en esto.

Lo sé, por eso lo comento. Mire, aprovechando que estamos a solas y que nadie puede escucharnos, quiero decirle que formo parte del grupo de los Bizantinos y me gustaría proponerle un negocio muy atractivo.

X

Después de regresar ingenieros del extranjero, los nuevos adultos ahora traían esperanza. Su labor fue la de inyectar, ahí donde se había perdido, la expectativa de nuevos horizontes promisorios.

El éxito se fue consolidando con el esfuerzo de los que más y también con los que menos. Poco a poco llanto y desconsuelo dieron paso a risa y optimismo. Nadie pensó jamás que los niños serían el futuro del país. Pero sí.

En plena construcción del desarrollo, una noticia alteró al mando del nuevo Socialismo. Tanto que el Poeta un día de octubre partió del norte del país al centro para informar de semejante hallazgo. Llegó apresuradamente a Palacio Nacional. El más capaz se encontraba revisando los programas culturales para los próximos meses. Alterado, soltó: traigo información que compromete nuestro proyecto. Hemos detectado un grupo oculto en la zona de pedregales volcánicos: aquellos que en sotanas y yelmos ocultaron su rechazo a ser sociales cuando empezó el movimiento de reconstrucción. Se hacen llamar los Bizantinos. Buscan regresar a la guerra, su anhelo es instaurar el lucro. –

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El más capaz dejó lo que hacía para concentrarse en lo que decía el Poeta. Después de un rato, dijo con voz serena: no podemos permitirlo. Nunca más. Avisemos al Ministerio de Educación y de Comunicación: todo libro de texto deberá advertir del peligro de este grupo, que su pasado, sepan, no hurgará en nuestro futuro. La tele que participe también. Establezcamos la medalla a la Cruz de Honor para aquellos que develen el paradero de engendros de tiranos, propaladores de miedos como mecanismo de gobierno. Hagámoslo ya.

XI

El submarino comenzó a aparecer en la superficie del mar. En la plataforma se encontraban ingenieros y técnicos a la espera de su llegada. El vehículo marino terminó de emerger y fue colocado en posición de aparco.

Felipe salió con un poco de esfuerzo. Parecía alterado. Su ropa se encontraba desgarrada y manchada de algo que parecía sangre. Después de él, nadie más salió por la escotilla. Los empleados lo ayudaron a sentarse.

¿Qué pasó, ingeniero? ¿Se encuentra usted bien? ¿Qué ha pasado con el ingeniero Lozano?

¿Ese imbécil? Y a está muerto. Lo he matado.

Uno de los técnicos le acercó un vaso de agua y le preguntó entre sorprendido e intrigado:

¿Por qué?, ¿quién era?, ¿qué hizo?

Nada, me encerraron ustedes con un Bizantino que se le ocurrió ofrecerme allá abajo cambiar de bando, formar parte de su plan:

Para vivir mejor, dijo.... ¡Pendejo!

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I

Aprender a amarte Allá

Por polvos de caminos que lucen tamarindos y amarantos

Tierra naranja que cuelga del mamey

Cocadas de escarcha abrazadas de una luna color limón Leche que pasta azúcar fundida

Conchas y Trenzas

Pieza de pan que remoja su recuerdo en leche De burbuja y espuma

Gira el molinillo La fiesta

Descansa en el tarro El sueño de un niño

II

Allí

En las pisadas húmedas de tus raíces Se hunden dioses de antiguos Por la sombra del árbol que llora Vuela

Honra y semilla

De la burla que consume Tus templos se apenan

III

Acá

En el ombligo de la luna Se secó el llanto

Y se esfumó el río

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Celos de sol Edades de tiento Oscuros días

Largos sueños de repicar las campanas Absurdo intento más vano que verdadero Fue polvo de lágrima

La búsqueda del ser nuevo.

IV

Allí

Dibujó la esperanza

la necesidad de un fuego Que a los vientos fueron y trajeron La tierra partida por su alma rasgada Venta embozada, traición y lamento Sed de los imperios venidos a menos Fusil de cerro y campanas

Allá resonó la hora Al alba de nuestro tiempo.

IV

Acá

Silbó el humo de las locomotoras candentes Oprobio de masas del celo que mata

(56)

Luchas en monte, estertores de espalda Qué carga pesada

La revuelta que inunda En tus ojos, la ira Sufre

La Patria

V

Ahora

Del murmullo de abajo fantasmas recuerdan Arrastran los pies la marcha hacia el centro Inmensa la plancha que llora la luna Vasija abierta, lecho que sonda La vida que sufre al tiempo que clama Águila al nopal la cuna del hecho

VI

Mañana

Tullida escrutan aviesos Mutilar tu suelo Patria

Al silencio Del fuego

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(58)

Había una vez un jardín hermoso, con aromáticas lavandas, repleto de pequeños arbustos llamados juníperos, con fresnos tan altos como escaleras y un pasto verde que parecía una gran alfombra. Ahí descansaba una pelota amarilla, a la cual le gustaba mucho tomar el sol todos los días. Amarilla –así se llamaba la pelota– era la reina del lugar. Veía su jardín y se hinchaba de satisfacción de saber que era la dueña de tan hermoso lugar. El jardín era su mundo.

Un día de tantos, de pronto, sin esperarlo, sintió un fuerte golpe que la lanzó fuera de su jardín. En su vuelo alcanzó a ver a lo lejos un niño que gritaba y lloraba mientras le señalaba con el dedo. Al estar en el aire, descubrió que su jardín no era infinito y que pronto aterrizaría en un espacio que nunca antes había visto.

Cayó, rebotó y rebotó. Amarilla fue rodando sin poder parar por una pendiente muy prolongada. Frenó su paso al llegar a una construcción llena de polvo, con ladrillos apilados, sacos de cemento y cal, junto con largas varillas. Paró y tuvo que esperar un momento para poder recuperar el aliento. Sentía un gran mareo; todo le daba vueltas. Por fin se calmó. Estaba sucia. Vio en todas direcciones y no daba crédito a tantas cosas nuevas que descubría. Se armó de valor y decidió entablar conversación con quien estaba a su lado:

–Hola, soy Amarilla, mucho gusto, ¿quién eres tú?

–Yo soy Clavo, nena. ¿Qué te trae por estos lugares, guapa?, nunca te había visto por acá. No pareces del rumbo.

–Pues no. Si yo estaba muy a gusto en mi gran jardín; un niño me pateó y mira hasta dónde llegué. Oye, pero qué feo está aquí, lleno de polvo.

–No sabes lo que dices, mi esfera. Este es un hermoso lugar. Aquí vivimos todos los que construimos las casas. El ladrillo, las varillas,

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los vidrios, la cal, ¡uy, no acabaría en nombrarte a todos mis compañeros! Todos formamos una gran familia y somos muy unidos. Trabajamos de sol a sol. Vivimos muy felices.

–Pues no veo qué le puedes ver de bonito a todo este mugrero. Si vieras qué hermoso es mi jardín, te morirías de envidia. Ahí no hay polvo; lo único que vuela en el aire son mariposas y colibríes. Yo sí sé lo que es vivir feliz.

– Uy, cálmate. ¡Bájale a tu aire, soberbia cachetona!

Amarilla se sintió ofendida. Pensó para sus adentros: “¿Cómo cree ese Clavo que esto es bonito? Ya sé, me lo voy a llevar a la fuerza para que viva en mi jardín. Cuando lo conozca sabrá lo que es bello, además le daré trabajo para colgar una hamaca y no le quedará otra más que admitir que allá se está mejor que aquí.”

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I

Entre pieles las falanges dialogan

encuentran el mudo aplauso que dirige la plegaria ruego embebido en lágrima volátil

párpado que mira la oscuridad del encuentro empeño del alma por conocer el misterio masa que somete su altiva altura

sostenida por rodillas y codos

mi mente penetra los dolores de la sombra la calle de mis pasos que cruza el puente de la necesidad

celadora

II

En el fondo del río de los lamentos yace la cuita grave y dolorosa inalterada ante el filo del alba

al tiempo que cuelga de la leontina pesada el presidio lúgubre de los sonidos,

escafandra donde habitan ahogados en arena

insomnios.

Mis labios muerden murmullos de ruego abrevan las palabras que quede la pena oculta en el áncora de mi fe

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III

Penumbra al filo del agua

trémolo de un corazón que sueña alabastro ante el palio que viste mi vida

Miserere mei Líbrame de todo mal Crux fidelis

Sálvame

del eco de las paredes

IV

Ahí donde estás Zahorí

dueña del silencio que invade sonido que escampa

abrázame llévame

Ausente Contigo a las profundidades,

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Nuestro amor

Hoy que me he mudado de tu corazón, que las lágrimas todavía se huelen, camino por la vida libre de un recuerdo que permanece encerrado en el cajón de la memoria sin sombra.

Ficha técnica:

Textos: Igor Moreno Locación: MAXXI, Museo Nacional de Arte del Siglo XXI de Roma, Italia. (Premio Stirling 2010)

Arquitecto: Zaha Hadid (Premio Pritzker 2004) Fotografías: Igor Moreno Cámara: Fuji X10 (modo EXR)

Nuestro amor, a pesar de que dijeras que era moderno, reflejaba la imagen del pasado. Un pasado ocre que recordaba los tiempos fríos del invierno.

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Viacrucis

Estás y no.

Voz que alimentó recuerdos

En los ojos de la tristeza, olor de una piel con sol Devora

Abandonada

Tu largo valle salado, cuna de los descansos La mar de savia En mi boca, la tuya

murmura mieles Mi simiente

Abandonada

Nostalgia que palpan tus brazos como ramas asiendo a la luna Frágiles Por abrevar de su luz Memoria Abandonada

Muslos que lamen del calor, tu brama Sueños

de ciegos

los labios que escuchan la plegaria

De mi vida Abandonada

Tus plantas abrazan las cenizas Tierra devastada

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Del polvo, Crucifijo

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Espejo de un instante

Empezamos a mostrar la cabeza

Nos asomamos por el rincón de un muro

En una esquina blanca que oculta la alegría que antes nos invadía que se esfumó como una ventisca eterna.

Ahora hablo

Ahora respiro El ritmo y la pausa

El golpe y la cadencia Silencio

Nunca saber si el hielo alguna vez fue río Nunca si el amor se ahogó de besos Nunca si la nube llovió de miedo

De mi mente cerco el tiempo Al instante que vive

Como espuma de tu anhelo Al borde de mi vida

Frontera entre dos infinitos Instante

de lo oportuno

Muero de ti en el soplo de un recuerdo que se pierde de noche Jamás mencionarte

En el presente eterno Igual de ausente que pasado Y pedirte

Jamás encontrarte

Como minuciosa arena Como la vida a la muerte Como sueño y deseo Jamás buscarte

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Luis T

ronidos

I

Era la hora de la salida de la escuela. Todos los de 4to A y los de 3ero B nos apuramos cuando sonó la chicharra de las dos de la tarde: iba a haber pelea. Trancazos, pues.

Y es que Ruy, el de 4to A le había tirado su paleta a Luis de un balonazo, a la hora del recreo. Luis, al ver su paleta recién comprada hecha pedazos en el piso, se puso rojo, rojo, parecía tomate, de esos que compra mi mamá en el mercado; los cachetes se le inflaron, parecía sapo, como los que hay en el estanque del parque; los pelos se le esponjaron, como si fuera algodón de feria; las manos se le hincharon como dos pelotas. ¡Parecía payaso!

Y que se arranca. Iba directito contra Ruy. Sólo que el director se le atravesó de pronto y lo paró a mitad del patio.

–Épale, señorito, ¿a dónde va usted con tanta prisa y tan inflado? Mírelo, parece que le echaron aire en la gasolinería.

–¿Eh?...Es que Ruy me tiró mi paleta a propósito. ¡La acababa de comprar!

–Fue un accidente. Yo lo vi. Pateó el balón y para tu mala fortuna chocó con tu paleta.

–No es cierto, señor director, ¡lo hizo a propósito!

–Ya; váyanse a jugar. No quiero peleas. Si los veo peleándose, tendré que llamar a sus papás. Así que ya saben.

Después del recreo ya todos sabíamos que Luis y Ruy se iban a pelear. Luis le mandó decir: “O me pagas mi paleta o no respondo.” Ruy contestó: “Díganle que nos vemos a la salida”

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Daniel, mi amigo, Luis nunca se había peleado con alguien antes, por lo que todos mis cuates estuvieron de acuerdo: “Ruy lo va a hacer pomada.”

II –¿Qué? –¿Pues qué?

–¡Éntrale, cabrón! O, qué, ¿muy coyón? –Tú primero, ¡a ver si eres tan machito, güey! –¿Qué?

–¿Qué de qué?

–¡Mírate, pareces pelota con tus cachetotes tan inflados! –¡Te vale!

–Ya nada más falta que se te inflen las nalgas para que parezcas payaso de crucero.

–¿Qué te traes? –¿Pues qué? –¿Qué de qué?

Ya había una gran bolita alrededor. Las niñas también habían venido. Estaban cuchicheando. Se reían de los cachetes de Luis.

–Jajá, mira qué cachetotes. ¡Y los pelos! ¡Parece burundanga! ¡Jajá! –Ya, acábalo, Ruy –le gritaron de entre la bolita, los amigos de Ruy. De pronto, Ruy soltó el primer derechazo que le dio justo en la boca a Luis. En ese mismo momento se oyó un ruido espectacular: Pftrrrrrr. –¿Oyeron eso? ¿Qué fue eso? –todos en la bolita se sorprendieron. –¿Se oyó como un pedo?

–¿Cómo?

–Pues así: como pedo –¡Noooo!

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–¡Ah! ¡Se echó otro pedo! Luis se echó otro pedo, ¡me canso!

–¡Jajá! –rieron todos–, si por cada golpe que le dé Ruy, Luis se va a echar un pedo, váyanle trayendo una bacinica, ¡no se nos vaya a cagar!

Ruy alcanzó a darle un golpe en el est mago a Luis. De la boca de Luis salió un ruido fenomenal: ¡croooaaac!

–¡Uta! ¡Qué eructazo! ¡Hasta acá olió a chorizo, Luis!

–¡Jajá! –toda la gente que formaba parte de la bola ya no pensaba en la pelea sino en reír.

Ruy estaba cuajado de risa cuando le soltó otro puñetazo en la cara a Luis y de nuevo un sonoro y profundo: ¡Pftrrrrr!

Ruy cayó de rodillas. Se le salían las lágrimas de la risa. Se revolcó en el piso. Un charquito amarillo se formó alrededor de él.

–¡Ah, no manches, ya se orinó este Ruy! –alguien de la bola alcanzó a decir.

–¡Jajá, jajaja!

–Mejor váyanse a un baño, la próxima vez nos avisan y hasta papel les traemos.

Luis se ganó el mote de Luis Tronidos o el Tronidos. No había quién pudiera ganarle a los trancazos. A todos sus contrincantes los dejaba tirados, bien orinados de la risa.

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