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Diana Castellanos Aranguren

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Este proyecto se gesta en la coyuntura de dos pensamientos disímiles, el pensamiento occidental y el pensamiento indígena, dos formas de percibir el mundo y en los cuales me sitúo escindido. En estas dos maneras o visiones de mundo en las que se ha construido mi percepción de universo empieza mi búsqueda hacia lo esencial. Esa preocupación vital de lo esencial concluye en la construcción de un tejido universal elaborado entre todos los seres del planeta, que es el útero en el que habitamos; por eso en mi obra menciono conexiones materiales y espirituales en el cosmos a la manera de un tejido. Mi trabajo se permea sobre todo del pensamiento indígena en primer lugar por el ritual del Yagé que me ha dado visión y en segundo lugar por estar este re-ligado a todas las esferas del universo, entendiendo el cosmos como algo entrelazado por las acciones y las relaciones entre los seres que habitan el universo; y a la vez confronto el acopio occidental de nociones que me de-formaron desde la familia, la educación, la ciudad y la cultura. Las experien-cias acumuladas, la interacción con comunidades indígenas, y otras formas de pensamiento, han ido construyendo o re-elaborando mi manera de entender el universo. Es por esto que la investigación que me lleva a este documento ha sido enriquecida por un acumulado de experiencias sensibles, vividas en los rituales, y entre los relatos y palabras de los mayores, ya que a través de ellos se construye mi propio relato, así como la búsqueda de conocimiento y fortalecimiento espiritual.

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Son muchos los símbolos y metáforas que se pueden usar para traer el conocimiento al plano del pensamiento, y en el caso concreto de mi obra es la sensibilidad la primera etapa de conocimiento. Este trabajo plantea prime-ro un acercamiento a otprime-ro modo de percibir el mundo, la visión indígena, y a su vez otra forma de entender y aprehender a partir de nuestra sensibilidad. En la mirada indígena cada parte se articula o teje en función de un todo, diferente a la occidental en donde todo está dividido y especializado. Por eso mi trabajo se enmarca dentro del aprendizaje, que no acaba todavía, de los secretos del Yagé, de la percepción y la sensibilidad indígena.

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lical que teje a su vez la historia de quienes han anidado la tierra, y conserva de cada esencia lo que ésta tiene que contar a los que vienen en el tejido in-trincado que formamos. La trama y la urdimbre del útero que habitamos, del que hacemos parte, son las dimensiones material y espiritual del tejido. Con cada ser del universo establecemos una relación material, que es corpórea y por lo tanto involucra los sentidos; y una relación espiritual que es intercam-bio de “aliento de vida”, sentir la realidad que se vive, el Samai¹ que para los ingas quiere decir “quedar con el aliento del otro en el corazón”.

El uso de la estructura del libro arte me ha permitido resolver el con-tenido formal y físico en mi obra. Por tanto la reflexión en torno al libro también tiene aforo, sugiriendo una lectura de la naturaleza la cual nos habla siempre en términos de relaciones. Así que el libro que constituye mi obra es una parte de la naturaleza que de manera simbólica representa un trozo de su contenido tal y como se presentaría ella ante nosotros fuera del lugar del arte, o sea en nuestro medio natural. Al tiempo, y relatando las etapas de conocimiento en el ritual del Yagé, con respecto a las fases que en el libro sirven para llevarnos poco a poco al contenido, metaforizo el conocimiento y mi propia experiencia con la planta del Yagé.

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La necesidad de materializar mi aprendizaje espiritual en la obra es el producto de una búsqueda personal que más allá de la discursiva artística está encaminada hacia una reflexión propia en torno a mi lugar de vida y lo esencial del universo. En este camino ha prevalecido la necesidad de plasmar mi percepción y sensación como ser de la naturaleza, percepciones construi-das desde experiencias sensibles y pensamientos que en última instancia se inclinan a favor de mi proceso espiritual para moldear mi verdadero conoci-miento. Mi obra es la conclusión inacabada de una preocupación vital, recoge mi aprendizaje permanente, recrea el proceso de encuentro con el sentido de vida en el ritual del Yagé, y presenta narraciones trocadas y relatos en-contrados.

Para encaminar la temática de la obra parto de mis vivencias espi-rituales más significativas. La planta sagrada del Yagé me ha dado la visión para compartir lo más vital y esencial de las relaciones entrecruzadas en el universo, la sensibilidad para entender el espíritu del otro, la sensibilidad para untarme materialmente del otro. Han sido las dimensiones sociales, económi-cas y polítieconómi-cas, en las que he crecido junto con el contexto histórico, las que me han llevado, fuera de toda teoría sistemática y salvado por el tacto de mi subjetividad, a pensar que hay en el universo leyes supremamente comunes a todo lo que existe, tan superiores que son capaces de relacionar cada par-tícula por mínima que sea con las constelaciones más grandes, y que por lo

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mismo, los actos en apariencia insignificantes determinan el curso venidero de todos los elementos que forman el sistema universal de vida, haciendo que cada una de sus partes cuide a la siguiente, y en la que una hace necesaria a la otra. De aquí deviene que el cuidado de lo que tenemos no se agota en la especie humana, mas bien se ensancha al orden de vida resguardado incluso más allá del planeta tierra y que por encima de cualquier sistema humano llamado por los hombres comunismo, capitalismo, barbarie, pobreza, riqueza individual, existe una enseñanza universal que tiene que ver con la sensibili-dad, con el cuidado mutuo de la naturaleza, con la renuncia a la división ins-taurada por el hombre cuando al estar dotado de pensamiento alzó su mano contra la vida. El no tener la sensibilidad para sentirnos parte de la naturaleza nos aparta, nos niega la verdadera percepción y nos sumerge en un mundo intranquilo y nocivo.

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rial natural prístino, sin mucha intervención industrial, permitirá acercarse a la naturaleza a través de otra lectura. Por otra parte, su vulnerabilidad admite el impacto vivo de trasformaciones físicas y por eso su fragilidad puede revelar-se en efímera o imperecedera de acuerdo a los rastros grabados sobre ella, es una obra reconstruida por la interacción. Su conclusión es la evidencia.

Al libro lo concibo como un objeto hermético, secreto y misterioso dispuesto a ser desentrañado, su contenido es el camino y su mensaje el recorrido. Una parte lleva a otra en oculta mutación tal como los niveles de pensamiento; y ya que mi trabajo pretende revelar niveles de aprendizaje los pasos en el recorrido por el libro lo expresan.

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Encontrar un diálogo sensorial entre el cuerpo y la materia que remi-ta al entorno natural. Ese entorno conformado por elementos que poseen espíritu y a los cuales les corresponde una función relacionada con nosotros. En el diálogo sensorial se pretende sugerir una manera valida para acceder al conocimiento a través del sentir y el sentimiento, expresando la vida de manera simbólica en la espiral y el tejido.

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- Elaborar un libro único en material natural con poca intervención indus-trial

- Generar una experiencia sensible en la proximidad a la obra expresando la vida de manera simbólica.

- Por medio de la sugestión inherente a la materia viva despertar la sensibili-dad corpórea para ofrecer una manera de comprensión del otro.

- Hacer de esta obra un puente entre la naturaleza y la sociedad.

- En la experiencia coyuntural con la tierra motivar a una necesidad de retor-no simbólico a ella, un despertar afectivo en el contacto.

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Una flor arrancada deja de ser la abeja que construirá el panal para que la miel de su cosecha endulce las tasas de té de los vecinos; una larva pisoteada abandona el aleteo de una futura mariposa; la tierra contaminada no llegará a ser nunca mil árboles creciendo con una decena de pájaros en sus ramificaciones. Así tampoco las manos de los hombres alcanzarán a tocar la corteza de sus propias huellas si no sienten en su calor que antes han sido árbol, tierra, miel, viento.

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La imprescindible conexión entre los seres del universo garantiza un equilibrio que protege y valora la presencia de los mismos. La rama que nace con el tiempo es la extensión de la mano que la cultivó, y guarda en sí misma un sentir que al ser energía irradia también todo lo que a su alrededor está, un sentir que resulta difícil de concebir para la razón humana.

El principio de relacionalidad o principio holístico afirma que todo está de una u otra manera relacionado, vinculado con todo (Bermúdez, 2000: 14); tal como el efecto mariposa: nadie puede cortar una flor sin perturbar una estrella. Detrás de la fachada del caos existe un orden que comunica y en-trelaza todo. Así, el simple aleteo de una mariposa puede desencadenar una tormenta. Y precisamente ese poder de lo sutil nos muestra, con la misma lógica, que tal vez un cambio milimétrico en nuestras vidas puede introducir un nuevo orden, incluso la armonía… De la misma manera en el pensamiento indígena se concibe al hombre y a la naturaleza como uno solo. Por ello su percepción del mundo y el manejo de los recursos naturales es inherente a su vivir y acontecer, luego entonces nada se divide ni separa. Totalmente diferente al pensamiento y racionalidad occidental que todo lo separa, divide y especializa. Las ciencias naturales se nos enseñan sin hombres y las sociales sin naturaleza.

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una relación en la trama, una puntada es una conexión. Hacemos parte de ese gran tejido y tejer la vida es pertenecer a los demás: animales, plantas, pie-dras, ríos y montañas, lunas y personas. El principio de relacionalidad sugiere entonces en cada ilación una articulación de todo como un único tejido. Sólo basta imaginar como está enlazado el universo materialmente. La gravedad es un punto de atracción que lo une todo, de la misma manera respiramos el oxigeno atávico mientras las raíces hilan la tierra.

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Estos elementos son también rasgos fundamentales de la cosmovisión oriental basada en la experiencia mística: una experiencia directa, no intelec-tual, de la realidad. “El rasgo más importante del concepto oriental del mun-do, que podría decirse constituye su esencia, es la consciencia de la unidad e interrelación mutua existente entre todas las cosas y sucesos, la experiencia de todos los fenómenos que tienen lugar en el mundo como manifestaciones de la unidad básica. Todas las cosas son consideradas como partes insepara-bles de este conjunto cósmico; como diferentes manifestaciones de la misma realidad última” (Fritjof, 2001: 167).

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…como en la piel del caracol… (Cuerpo y sensibilidad)

El interés por aprender más del pensamiento indígena me ha llevado en viajes de sentido a lugares de importancia espiritual como la Sierra Nevada de Santa Marta, que para las comunidades que la habitan encarna el corazón del universo. En el compartir y en el intercambio de energías y relatos he aprendido que para los indígenas son los sentidos: tacto, olfato y oído los que describen mucho más la realidad que se está captando, mientras en occidente el sentido visual es lo inmediato y la razón parece ser la manera radical para entender el mundo. El indígena escucha la tierra, los árboles, el río. Siente la realidad que vive, siente “el aliento de vida”. La orientación para ellos se logra por los sonidos, los ruidos de los animales y sus voces y sienten más la realidad de lo que la piensan. En la comprensión sobre la realidad el pensa-miento indígena me ha enseñado que la razón es sólo un complemento del conocimiento, adquirido a través de los sentidos, sentimientos, emociones y presentimientos. Ella les ayuda a confirmar y aprobar la realidad, captada finalmente de forma vivencial y simbólica.

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tidos llegamos a la comprensión pues antes de que medie el pensamiento el Mundo es percibido por los sentidos. Entonces al conocimiento se accede a partir de la interacción y el afecto que se establece con los seres animados e inanimados que habitan un lugar. A través del afecto se puede llegar al poder del conocimiento. Como dice Taita Antonio²: “El querer es un poder”. Por eso en el aprendizaje el conocimiento entra primero al corazón y después al pensamiento.

Mí obra contiene un aprendizaje propio y un relato espiritual plasmado que habla de un vínculo entre elementos del universo. Y sugiere al tiempo una manera de comunicación espiritual con el resto de seres, una manera de entender la proximidad innegable. Luego, entonces, para entenderla es preciso involucrar el afecto con la materia viva de la obra (el musgo), habitar el cuerpo para sentir, oler, ver y escucharlo. Solo así el conocimiento trascen-derá al plano del pensamiento. La sensibilidad la concibo como afecto que es la puerta para llegar al conocimiento.

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Quedar con el aliento del otro en el corazón… (La comunicación

espiritual)

“En el tiempo primigenio la tierra estuvo a oscuras. Ya estaba poblada de todos los seres incluido el hombre, quien carecía de inteligencia y erraba a tientas buscando alimentos. Realizando esta tarea los hombres tropezaron con el bejuco del Yajé, lo partieron justo por la mitad y le dieron a probar a las mujeres y ellas tuvieron la menstruación; cuando ellos lo probaron se quedaron extasiados viendo cómo el pedazo que les sobró empezó a crecer y a trepar hacia el cielo.

Poco a poco, las sombras tomaron contorno y las siluetas empezaron a dar pequeños destellos y vieron que en el Yajé penetraba una flor inmensa que al ser fecundada se transformó en el Sol. De allí bajaron los hijos del Sol, cada uno tocando una melodía distinta con sus flautas y tambores y cada melodía se transformó en un color diferente; cuando llegaron a la tierra se dispersaron y cada uno depositó la luz y el color en cada ser. Y cuando el mundo estuvo totalmente iluminado, toda esa sinfonía de colores y música hizo brotar el entendimiento en todos los hombres, creándose así la inteli-gencia y el lenguaje” (Tradición Inga).

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finitos Kaugsay Suyu Yuyal o Lugares de vida y pensamiento, donde conviven los seres humanos, animales, vegetales, montañas, ríos, piedras. Éste es una especie de tejido donde todos y cada uno cumplen una tarea, donde todos son parte de la urdimbre que conforma el universo.

En la vida ingana el “sentimiento” o “sentido de vida” es una forma de comprensión del mundo y base primordial de la relación con los demás seres con quienes se vive, como lo enseña Benjamín Jacanamijoy en el “dialogo de los saberes” (ver bibliografía). Esta forma de comprensión o conocimiento explica la manera Inga de entender el valor del Alpa-suyu: un lugar de la tierra en el cual se vive. A través del sentimiento se comprende al “otro”, ya sea humano, vegetal o animal. Luego entonces al comprender al otro se respeta el lugar que se habita.

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La tierra imagina la vida, teje raices, crea en sus manos ojos abier-tos, para mirarse por dentro, para sentirnos por dentro. Las ma-nos miran la tierra con su piel de arena, con su sangre girando entre rios eternos, bailan eternamente entregadas a la vida que les ha dado la vida.

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El pensamiento indígena, expresado en los siguientes sintetizados frag-mentos de la cosmovisión de las etnias: Inga, Ika, Uitoto y Wayuu, ejemplifica una proximidad a la naturaleza divergente a la del ser occidental. En la ciudad el árbol parece ser un aditivo mas pues su presencia está dada frecuentemen-te tan solo para la captación de CO2. Pero la reducción de dióxido de carbo-no trae una relación de utilidad que carbo-no sugiere ninguna cercanía afectiva hacia el espíritu del árbol que es presencia viva. Mi observación dentro del lugar occidental que me fue asignado, la ciudad, me muestra su antropocentrismo en una lógica de distanciamiento cada vez mas indiferente. Mientras para un indígena el contacto con la naturaleza se da como una comprensión del lugar que se habita por el sentimiento de vida, para el mundo occidental el distancia-miento y la ausencia de afecto confluyen como una verdadera incomprensión del lugar. Dudo del cientificismo como conocimiento contundente y válido porque para mí es un pensamiento de sobrevuelo, en mí experiencia com-parto con el indígena la primacía del sentimiento sobre la razón. Más allá de una biología incipiente y occidentalizada, como nos la muestra la escuela, existe un sentido de vida, una relación ya reiterada que involucra el sentir y el querer como puerta hacia el conocimiento.

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porque una mirada profundamente sensible es capaz de extrapolarse a lo que es lo otro como él. Hay tierra, hay manos y hay tierra entre las manos.

En los viajes en los que he podido compartir con amigos indígenas he llegado a percibir de ellos la comprensión del lugar que se habita y el sentido de la vida del hombre basado en la convivencia y la búsqueda del bienestar más allá del presente. Esta aproximación a la naturaleza compone para mi un verdadero conocimiento del mundo y de los otros que avanza en la medida en que nos conocemos a nosotros mismos. Entender la unidad integral entre hombre y naturaleza, como una convergencia y una sola unidad, es importan-te para pensar al hombre tan solo como una parimportan-te del universo, mas no un artífice o modificador de la naturaleza.

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otros rumbos que hasta ahora no hemos tomado en el devenir antilógico de nuestras faltas e impacto hacia la madre tierra.

Al reconocer al otro, a la planta, al río, al que camina a nuestro lado, al indígena y respetarlo; se lograría hacer realidad una ética común, una ética ambiental. En la medida en que entendamos que hacemos parte de un solo cuerpo, o un solo elemento, en el que interactuamos como una parte más; el producto de la valoración a partir de lo propio, de lo que moldea la vida y el bienestar compartido por todos nos indicará una actitud responsable dentro de esa raíz que conforma el universo. “Esta mirada, implica una revaloración de la naturaleza […] en otros términos, reclamar nuestro derecho a recono-cernos a nosotros mismos como naturaleza” (Noguera, 1993: 51).

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Etnia Inga

“Nuestra Alpa-Mama –madre tierra- siempre nos ha brindado a todos sus hijos, seamos hombres, animales o vegetales, un Alpa-suyu

–lugar de la tierra en el cual vivimos- para que desde allí de acuerdo al “sentido de vida” que desarrollemos, podamos crecer en pensamiento, cuerpo y espíritu”.

Benjamín Jacanamijoy

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Etnia Ikû (Arhuacos)

En Nabusímake en la Sierra Nevada de Santa Marta Oliverio Villafañe³ me ha contado del primer contacto con la tierra que establece el niño cuan-do nace. Este se da a través de la placenta. Ella debe ser enterrada en un lugar especial designado por el Mamo, lugar donde le corresponde desarrollar su misión en la vida. De esta manera se crea un pacto entre la naturaleza y el nuevo ser desde el primer momento de su existencia. El arhuaco se considera guardián de la naturaleza, su pacto es el cuidado de cada ser para lograr el equilibrio, la preservación y la armonía. Para el pueblo Ikû existe una ley na-tural, en el respeto de ella se logra armonizar la vida en el planeta. Dentro de esta ley natural, por ejemplo, está presente el principio de reciprocidad: Todo lo que nos brinda la naturaleza debe tener una retribución como forma de agradecimiento. De esta manera entendemos que no puede ser concebible recibir sin ofrecer una retribución como complemento al acto primero. Las ofrendas y pagamentos a la madre tierra son una parte fundamental para las culturas de la sierra, de esta manera se retorna siempre al equilibrio.

La manera respetuosa como el arhuaco concibe el equilibrio entre las partes que conforman el universo nos enseña la existencia de leyes univer-sales y naturales que casi nunca se consideran en sociedades sofocadas por leyes únicamente sociales, políticas y económicas.

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Etnia Uitoto

El conocimiento de las personas adultas, entre ellas el Cacique, es ne-cesario para la conservación de la comunidad en relación a sus expresiones culturales auténticas y su interrelación con los demás elementos de la natu-raleza. La relación Uitoto es tan respetuosa con la naturaleza como con los mayores y ancianos, pues el pasado es tan importante como el presente. La cultura se construye en relación a los elementos que conforman su lugar de vida, sin la naturaleza no existe la cultura.

Cada elemento de la naturaleza, cada espacio, cada cosa en el universo natural contiene una función específica. Así el pueblo Uitoto nos enseña que la sociedad que maneje mal sus relaciones puede alterar de manera funesta el orden del universo. “se puede tomar, coger, usar, pero muy racionalmente; así lo dijeron los grandes Dioses de nuestros antepasados como Buinairema, Monaiya Jurama, Jitoma y otros, tan grandes como ellos que vinieron a este mundo a mostrarnos el camino del bien y del mal para la realización de nues-tras propias vidas” (IDEA-Herrera, 1998: 42).

Por eso en la enseñanza de los mayores uitoto, mediante el trabajo, el caminar, cogiendo coca, cosechando frutas y sacando yuca, en las quebradas, en la caza y pesca; se explican las formas de uso apropiadas dentro del uni-verso en relación respetuosa con los espíritus de los seres de la naturaleza.

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convirtiendo en una creencia, en unos valores y unas actitudes que van indu-ciendo a un modo de vida dentro de la naturaleza, de relación con nuestra madre tierra, de respeto a nuestros semejantes y todos los demás elementos que se interrelacionan con nosotros. Todos en la naturaleza, en el cosmos, en el Universo biótico que nos encontramos, estamos a un mismo nivel e igual-dad de condiciones como seres vivientes; tenemos una misma raíz y nadie puede tomarse atribuciones deliberadas sin afectar el sistema del cual somos parte” (IDEA-Herrera, 1998: 43).

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Nací en la selva, soy de la selva,

huelo a selva,

soy inspiración de Jutiñamui… soy Uitoto

como lo que soy,

navego en las noches claras y estrelladas para hablar con mi hermano el lucero, y contemplar las sonrisas coquetas de las estrellas.

Soy heredero de la tierra, mi cuerpo y mi sangre tienen la esencia de la yuca,

de la coca y el ambil, soy Uitoto.

Soy Uitoto

y no me pidas desgarrar las entrañas de mi madre, sin

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Nací en la selva soy de la selva

huelo a selva.

Mis venas henchidas de sangre y vida como los ríos de la selva, van perdiendo su caudal y su fuerza.

Pero mi espíritu, pensamiento y cerebro, están tan fuertes y vivos

como el esplendoroso Amazonas, en la plenitud de su vida.

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Cada acción, que naturalmente afectará el universo, es vital en la vida Uitoto. Luego entonces dentro de la chagra existen cantos que son oraciones, conversaciones con la naturaleza; en ellos se pide permiso para sembrar, para recolectar […] y siempre los productos son los mejores y los más abundantes, según explica Jorge Herrera recordando las palabras de su abuelita: “La tierra misma nos ofrece sus entrañas para alimentarnos”. La relación maternal de la tierra con el Uitoto hace posible el afecto con el que le agradece, el respeto que siente no le permitirá nunca hacerle daño.

“La vida es una y eterna. Ella nos parió y de allí heredamos la eternidad. Siempre vamos en pos de ella”.

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Etnia Wayuu

La relación Wayuu con su medio natural aparece como una relación simbólica. Concretamente: la lluvia que alude a la sexualidad con la tierra posee en la cosecha una explicación de fertilidad.

“Cuando caen lluvias como pago de Juyá a los vivos, se tiene la cos-tumbre de decir que esa lluvia va a dar frutos pequeños o la cosecha va a ser poca (literalmente “cosecha boba” en wayuunaiki). Juyá el dueño de las llu-vias es el prototipo del varón, pues él está moviéndose constantemente por toda la península y en su caída forma el simbolismo que está embarazando a la tierra (Mma). Mma es el agente inmóvil y Juyá el móvil” (EPINAYU, 1998: 61). Los diferentes tipos de cosechas tienen que ver con la manera como Juyá manda la lluvia; una cosecha abundante cuando cae bastante agua o una cosecha mala cuando viene acompañada de truenos. La realidad simbólica del Wayuu para mí explica una relación de respeto que nos sitúa dependientes a los espíritus del universo. No existe una visión totalizante del hombre como dominador de la naturaleza, tal como se nos enseña en el aula.

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“La espiral es la representación de la vida y del tiempo, la forma de nuestra galaxia interior y exterior, el tiempo y la vida no es lineal, es cíclica. Es urgente desechar las escobas que barren nuestra memoria, pararnos en la curva y eterna espiral de la vida poniendo el pasado frente a nosotros y entonces estaremos aprendiendo, porque aprender en realidad es recordar.”

Oriana Golondrina (amiga)

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La espiral, ante la cual se expresa gran parte de mi obra, está vinculada al principio de correspondencia el cual señala el tipo de relación establecida entre el micro y el macro cosmos. “Según este principio, la realidad del cos-mos corresponde a la realidad de la tierra y de los lugares infraterrenales” (IDEA, 2005: 33). De igual manera la dialéctica presente en la naturaleza nos muestra contraposiciones no excluyentes y de correspondencia: Cielo y tierra, día y noche, sol y luna, claro y oscuro, bien y mal, caliente y frío, arri-ba y aarri-bajo, masculino y femenino. “La dialéctica es la ley general externa e infinita que rige el universo. La vida humana está orientada por la dialéctica como contradicción no antagónica” (Juncosa, 1989: 236) en ella la materia organizada, desde lo simple a lo más complejo: plantas, animales, hombres y demás elementos, están regidos por fuerzas y energías opuestas pero com-plementarias que generan transformaciones, cambios y equilibrios entre sí para retornar siempre al orden y a la armonía del universo. En la naturaleza y el universo está presente el orden y la armonía, ese mismo orden infinito presente en la espiral (la vida) que no tiene principio y final pero sí una na-turaleza cíclica que los relaciona y que además vincula el micro y al macro cosmos.

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de manera similar a la fusión entre la noche y el día; al nacer el día está mu-riendo la noche. Ambos día y noche, vida y muerte son momento integrales de la existencia, son convergencia, fusión y armonía. Esa misma correspon-dencia está presente en el tiempo, el futuro es una perpetuación del pasado. El tiempo cíclico es infinito y está dado en periodos regulares y mensurables.

El tiempo como Ouroboro⁴ nos señala un orden cíclico de retorno. El tiempo

unilineal introduce la idea de progreso en occidente, se menosprecia el pasa-do y se cree en la evolución de las especies entendienpasa-do lo anterior inferior a lo que viene. Podría decir que el progreso occidental es retroceso porque prefiere el instante, como una mente destructiva y egoísta. Pero en el orden del cosmos, al modo de la espiral, es necesario el pasado para que pueda existir presente y futuro. Por eso en el crecimiento áureo de una caracola, o una planta, existe un vinculo temporal que no niega el paso del tiempo, el pasado es el origen. La planta como metáfora se origina en la semilla, ella germina, enraíza y va formando sus hojas. Luego su tallo se fortalece para recibir el crecimiento de sus ramas y florear. Dará luego sus frutos y muchas aves anidaran en ella.

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ponde otro elemento. Así en el pensamiento indígena el sol como parte masculina se relaciona a la hoja de tabaco que tiene como complemento la hoja de coca, parte femenina asociada a la luna y ella (la luna) se relaciona al agua, también femenina. A su vez cada laguna o volcán tiene su laguna o volcán complementario con el cual se conectan. Esta lógica señala una vez más como está religado el universo incluso, más allá de las acciones y la ma-teria, en pensamiento. Y así lo enseñan los mamos expresando que incluso un pensamiento malo puede traer consecuencias negativas a la totalidad de la naturaleza.

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Así como en el mundo material está presente la correspondencia, pues todo está vinculado y cada esencia tiene su complemento, a cada acto corres-ponde también un acto recíproco como contribución complementaria. Este principio se refiere a todo tipo de interrelaciones dentro del universo y no sólo entre hombres, en esa medida dicho principio es un deber cósmico que refleja un orden universal del que hace parte el ser humano. “El principio de reciprocidad se basa en el orden cósmico donde las relaciones se establecen de manera armoniosa y equilibrada” (Esterman, 1998:132).

En el acto de reciprocidad (devolver cuando se recibe) los seres huma-nos, naturales o divihuma-nos, establecen una justicia que se presenta en las múl-tiples relaciones existentes. Por eso, la base del principio de reciprocidad es el orden universal como sistema armonioso y equilibrado de relaciones. Y es en este sentido que el acto de reciprocidad es complemento al acto primero. Para el pensamiento indígena no es concebible cuando solo una parte recibe y la otra da, así los Ikû mediante pagamentos retribuyen a la naturaleza por el alimento, al agua, el aire y todo lo que ella nos brinda.

Nosotros como humanos poseemos una responsabilidad vital, pode-mos cambiar, trasformar, también crear y destruir. Pero a veces destruipode-mos lo que no somos capaces de crear. Para mí cada acto propio tiene una repercu-sión enorme dentro del universo y como artista tengo en la obra un enorme poder de creación y sugestión. El arte puede trasformar o por lo menos

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La obra se origina en pasos de reversión. Los recuerdos carcomidos y la desaparición de la sensibilidad primera hicieron palpable en mí la evaporación del contacto esencial con toda forma de naturaleza. Retornar para restituir la unión primera con el universo fue mi primera etapa de aprendizaje con la sagrada planta del Yagé. Por eso gran parte del proceso de la obra está atra-pado en la visibilidad que me ha dado la planta. Morir para nacer ha sido mi eterno retorno; el descubrimiento propio y del lugar del que formo parte.

Como una regresión al vientre de la madre empecé a descubrirme en cada parte mía de piedra, de hoja, de insecto, de estrella y raíz. Habitando otra vez el cuerpo tejido en el útero terreno; cuerpo de madre viajera, azul y galáctica. Encontrando en cada lugar y en cada ser su correspondencia y la mía para entender que el universo es indiviso. Mi proceso es retorno y el retorno es la obra como realidad simbólica. Entonces cada parte en la obra ha sido develada como un secreto en sopor. Poco a poco y en letargo mi cuerpo fue despertando para restablecer los afectos y sanar mis relaciones. El universo relacionado me afectó, el mismo sufrimiento de la madre fue mío y entendí el sentimiento de vida. Luego sumergido en sus entrañas me im-pregnó aliento de vida en el corazón.

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artístico y dado que concibo al arte como medio pedagógico intuí que me hacía falta antes otra etapa de sensibilización más enigmática y simbólica de autoconocimiento, una etapa personal sobre mi experiencia contenida para sacarla y retratarme en ella, para luego empezar un nuevo ciclo en mi proce-so artístico y enseñar a través del arte, ya que la dificultad de la lúdica para generar dichos procesos rituales de siembra requirió antes una preparación y un momento de ruptura en mi cambio de pensamiento. Luego entonces mi obra presenta el encuentro de una manera nueva de pensar, mostrando mi experiencia de sentido en el ritual de Yagé.

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perdida del cuerpo con la intención de involucrar los sentidos y encontrar, con el contacto sensorial, la relación de correspondencia inmanente entre el hombre y la naturaleza. Ya que el tejer es una parte importante de mi tra-bajo, en la etapa del proceso con el uso de semilleros, involucré raíces que junto a la tierra negra esperaba entretejer en una simbiosis natural. En mis semilleros de tomate, al ser el crecimiento de las plantas tan presuroso, las raíces empezaron a nacer del fondo de la tierra y poco a poco formaron una trama. La misma trama de raíces que visualicé en la simbología del Yagé: como un complejo entramado del universo, todos perteneciendo a una misma raíz, entrelazados y creciendo unidos con su correspondencia en la tierra negra del cielo, tejida por estrellas en puntadas de luz, formando nuestra historia y vida después de la muerte. Era el mismo interior de la tierra, entonces com-prendí la relación y correspondencia entre adentro y afuera, derecho y revés, tierra y firmamento.

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semillas de marihuana sobre algodón humedecido en frascos de vidrio, esta manera me proporcionaba raíces mas largas en plantas mas pequeñas. Final-mente las raíces resultaron bastante frágiles para el tipo de tejido que llevaba a cabo. Desistí del uso de raíces reales y del tejido nativo de raíces, por su complejidad en el tiempo corto del trabajo de grado. Substituyéndolas por fique natural encontré en él resistencia a los nudos y, aunque mas artificioso, una peculiar similitud efectista.

En el nudo está contenida la totalidad del tejido por aquello de que la parte contiene al todo y el todo a la parte. Desde aquel momento decidí pro-longar y reanudar el tejido en macramé, por la implicación del nudo manual. Fui tejiendo espirales cuadradas, espirales circulares, llegando a crear con mucha dificultad algunos mándalas en espiral. Permanecí con el fique natural o en crudo, como una pretensión a emular las raíces, descubriendo siempre composiciones circulares, por el sentido complejo de totalidad y convergen-cia, que al tiempo pretendía expresaran como la bóveda infinita y abscondita del firmamento.

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que forman una espiral. Pero indagando en la forma rectangular llegué a la conclusión de que el círculo no está tan aislado del cuadrado como parece. Y aunque dentro de mis nociones el cuadrado parece ser mas la “razón”, y dado que confronto la razón al sentimiento, entendí que éste es el sustrato de lo circular y que por lo tanto no está en contradicción a lo que expresa mi trabajo. Paso entonces a explicar esta dicotomía geométrica a través de una experiencia con el bejuco del Yagé.

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lados iguales, cuatro ángulos rectos que bien podrían formar una circunferen-cia. Al girar la cruz en su eje se formaría también esa misma circunferencircunferen-cia. Me di cuenta de que todo era un juego geométrico para relacionar una figura con la otra. Una forma contiene a la otra y viceversa. El círculo puede ser una expresión de la armonía y la totalidad, como la bóveda infinita del cielo. El cuadrado, que contiene el circulo o que es contenido en el circulo, es tam-bién cuatro puntos cardinales como cruz, es la representación del equilibrio. En la filosofía arhuaca coincidencialmente los cuatro puntos cardinales sos-tienen el mundo, son el equilibrio. La planta del Yagé me reveló su secreto dentro del útero estrellado y así me mostró círculo y cuadrado en un mismo eje, armonía y equilibrio, pensamiento y razón.

Aprendí el sentido complementario del equilibrio y la armonía, el cielo en la tierra y la tierra en el cielo representado en este símbolo que encierra la complementariedad contrapuesta. Esa convergencia que vi trazada en el cielo, como una cruz de estrellas con su eje en el cenit de la bóveda, tiempo después la reconocí en la chakana5, la cruz incaica que amalgama círculo y

cuadrado es la manera de representar lo masculino y lo femenino, el cielo y la tierra, el arriba y el abajo, energía y materia, tiempo y espacio.

5 En quechua: tawa chakana, “cuatro escaleras”, “escalera de descenso y ascenso” o “puente hacia

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En su geometría la chakana encierra también el concepto de Número Phi y el número real 27.

Las conclusiones del aprendizaje con el bejuco del Yagé se fueron ex-trapolando en mi obra hasta el punto en que sentí hacer de ella esa misma experiencia con el bejuco, que ahora puedo entenderla como una evidencia material que contiene mi aprendizaje. Para lo cual visualicé maneras de abs-traer mis experiencias enteogénicas. Mi pretensión fue hacer vividas mis sen-saciones y emociones en el ritual del Yagé a través de otro plano material. En este punto la presentación formal de mi obra cambió y tomando de un lado y otro del proceso aglutiné los elementos más significativos de mi trabajo. Por un lado me interesaba el trabajo con materia orgánica y plantas, el hecho sobre todo de que existiera una obra viva, una obra cambiante donde hallara contenida la vida y la muerte; y por otro lado me interesaba el trabajo con el tejido. Por lo tanto decidí hacer del libro un biombo tejido y del contenedor un cubo de musgo que al tiempo permitiera el acercamiento físico de él con la persona que manipule la obra.

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ha desarrollado en mí el afecto o sentido de vida. Como primera etapa de conocimiento relatada en la obra tenía que aparecer el uso de las plantas, también el uso de tierra negra y raíces. En el contenedor del libro encontré mi introducción y primera etapa como tomador de Yagé, la experiencia de los sentidos con la materia. En él cada elemento aparecería como un símbolo que contiene conceptos y saberes. Entonces pensé en incluir la espiral como portal hacia el interior.

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En la segunda maqueta la tarea consistió en crear un cubo inicialmente de tierra negra donde podría pulular el musgo, la parte superior tenía un compartimiento donde alojaba tierra negra, allí planté musgo y algunas otras especies de plantas pequeñas. El cuadrado interior de la tapa superior, donde aparece la espiral, se redujo con el fin de tener una superficie más abundante en musgo y que al retirar hacia arriba la caja externa se fuera agrandando la espiral conforme era removida, teniendo en cuenta que la caja interior era, en tamaño, mayor al cuadrado que se visibiliza en el primer momento.

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tes entorpecía la acción con el libro. Entonces busqué torpemente cambiar el sentido del caleidoscopio para aprovechar la luz natural y mi solución fue incluir una manija giratoria. El caleidoscopio tomó una posición horizontal que no me permitía lograr la acción necesaria y su forma circular pequeña fue difícil de ubicar en la estructura cuadrangular del libro. Por otro lado la manija resultó ser un añadido que dañaba la forma elemental que buscaba y debido a las dificultades técnicas para empotrar el caleidoscopio resolví suprimirlo tristemente.

Las trasformaciones en la tercera maqueta se debieron por un lado a la separación de los dos cubos (interior y exterior) pues no encontré una solución correcta en el uso de los cuatro pines que los sujetaban al momento de transportar el libro, como se observa en la imagen. Por otro lado la espiral de la caja interior resultó pareciendo una hornilla eléctrica, problema que solucioné con un molde, donde estaría impresa la impronta de un caracol. La razón de la caja interior que resguardaba tierra negra era alojar dentro de la tierra el libro tejido en fique con el fin de hacer necesario el contacto de las manos y la tierra; y dado que la profundidad de la impronta del caracol reducía el espacio del contenedor de tierra la estructura de la maqueta tuvo que cambiar.

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el libro levantando la parte superior permitía sujetar la superficie, tocarla y sentirla. El molde dispuesto en el interior de la caja lo pensé como tierra o arena apisonada que luego sería endurecida con CO2. El modulo interior sigue encerrando tierra negra pero en menor cantidad, allí estará alojado el libro-tejido.

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Por otra parte la elaboración del biombo tejido a través de nudos par-tió del uso de fique en crudo por su similitud en color a las raíces. Llegando a un punto en el cual encontraba las composiciones insípidas debido a la poca variabilidad por la precariedad del color. Incluí entonces fique teñido de verde usando anilinas. Obteniendo distintos verdes y café deduje que podía crear tramas que emularan raíces, troncos, ramas e incluso hojas, metaforizando parte de los tejidos que existen en la naturaleza. Traté de obtener pigmentos más similares al color de las hojas y coberturas vegetales pero siempre me resultaron colores sintéticos. Sin renunciar al uso del fique, por sus cualida-des, finalmente tomé la decisión de tejer con esta fibra un biombo cuadrado, acorde a la forma de su contenedor, con anudados que remiten al entorno natural en una ficción evocadora, incorporando también espirales y composi-ciones de mándalas por su sentido de totalidad y armonía.

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Referencias

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