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Uso de herramientas virtuales como medio de comunicación entre los partidos Conservador Colombiano y Polo Democrático Alternativo con los ciudadanos en Colombia en 2008

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CARTA DE AUTORIZACIÓN DEL AUTOR PARA LA CONSULTA, LA REPRODUCCIÓN PARCIAL O TOTAL, Y PUBLICACIÓN ELECTRÓNICA

DEL TEXTO COMPLETO.

Bogotá, D.C., marzo 30 de 2009

Marque con una X Tesis doctoral Trabajo de Grado X Señores

BIBLIOTECA GENERAL Cuidad

Estimados Señores:

El suscrito

Juan David Martínez Quintana, con C.C. No. 80.197.044, autor del trabajo de grado titulado: COMUNICACIÓN POLÍTICA EN INTERNET. Uso de herramientas virtuales como medio de comunicación entre los Partidos Conservador Colombiano y Polo Democrático Alternativo con los ciudadanos en Colombia en 2008. Presentado y aprobado en el año 2009 como requisito para optar al título de Politólogo; autorizo a la Biblioteca General de la Universidad Javeriana para que con fines académicos, muestre al mundo la producción intelectual de la Universidad Javeriana, a través de la visibilidad de su contenido de la siguiente manera:

• Los usuarios puedan consultar el contenido de este trabajo de grado en Biblos, en los sitios web que administra la Universidad, en Bases de Datos, en otros Catálogos y en otros sitios web, Redes y Sistemas de Información nacionales e internacionales “Open Access” y en las redes de información del país y del exterior, con las cuales tenga convenio la Universidad Javeriana.

• Permita la consulta, la reproducción, a los usuarios interesados en el contenido de este trabajo, para todos los usos que tengan finalidad académica, ya sea en formato CD-ROM o digital desde Internet, Intranet, etc., y en general para cualquier formato conocido o por conocer.

• Continúo conservando los correspondientes derechos sin modificación o restricción alguna; puesto que de acuerdo con la legislación colombiana aplicable, el presente es un acuerdo jurídico que en ningún caso conlleva la enajenación del derecho de autor y sus conexos.

De conformidad con lo establecido en el artículo 30 de la Ley 23 de 1982 y el artículo 11 de la Decisión Andina 351 de 1993, “Los derechos morales sobre el trabajo son

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FORMULARIO DE LA DESCRIPCIÓN DEL TRABAJO DE GRADO TÍTULO:

COMUNICACIÓN POLÍTICA EN INTERNET. Uso de herramientas virtuales como medio de comunicación entre los Partidos Conservador Colombiano y Polo Democrático Alternativo con los ciudadanos en Colombia en 2008

AUTOR

Apellidos Completos Nombres Completos

Martínez Quintana Juan David

DIRECTOR (ES) TESIS DOCTORAL O DEL TRABAJO DE GRADO

Apellidos Completos Nombres Completos

Manrique Villanueva Lina María

TRABAJO PARA OPTAR AL TÍTULO DE: Politólogo

FACULTAD: Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales

PROGRAMA: Carrera X Licenciatura ___ Especialización ____ Maestría ____ Doctorado ____

NOMBRE DEL PROGRAMA: Ciencia Política

DIRECTOR DEL PROGRAMA: Adriana Castro González CIUDAD: Bogotá D.C

AÑO DE PRESENTACIÓN DEL TRABAJO DE GRADO: 2009 NÚMERO DE PÁGINAS : 71

TIPO DE ILUSTRACIONES: Tablas, gráficos y diagramas

SOFTWARE requerido y/o especializado para la lectura del documento: Adobe Acrobat Reader.

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DESCRIPTORES O PALABRAS CLAVES EN ESPAÑOL E INGLÉS: ESPAÑOL

E-política, Internet, Partidos Políticos en Colombia, Partido Conservador, Polo Democrático Alternativo, Netnografia, Comunicación Política, Mercadeo Político, Democracia Electrónica

INGLÉS

E-politics, Internet, Colombian Political Parties, Political Comunication, Political Marketing, E-Democracy

RESUMEN DEL CONTENIDO ESPAÑOL:

Esta investigación constituye una reflexión teórica y científica del estado actual de la comunicación política en internet por parte de los partidos políticos colombianos, en particular del uso de herramientas 2.0. Para ello se parte de la reflexión teórica, sobre la democracia y el Estado social de derecho explorando los principales preceptos de la filosofía política contemporánea, sobre tres grupos particulares del sistema político: partidos políticos, ciudadanos y medios de comunicación.

En la segunda parte, se entra a reflexionar sobre el estado actual del problema en un plano real, acudiendo así a autores propios de la ciencia política y su análisis sobre los fenómenos de crisis de los partidos y de la comunicación política en internet; además de la revisión de algunos conceptos constitucionales. De este modo, el camino trazado induce hacia la última parte del trabajo en la que se aborda la disertación central, siendo ésta el estudio sistemático, a partir del método netnografico, de la presencia de los partidos políticos colombianos en la red y su capacidad para conformar comunidades virtuales y nuevos espacios de comunicación con la ciudadanía, centrándose en el Partido Conservador y el Polo Democrático Alternativo, por ser éstos los únicos que cumplen con los requisitos de la metodología de estudio. Así por último, se generan una serie de conclusiones y recomendaciones sobre los hallazgos investigativos en el fenómeno abordado.

ENGLISH:

This investigation constitutes a theoretical and scientific reflection of the current state of the political communication in internet by the Colombian political parties, particularly the use of 2.0 tools. Beginning with the theoretical reflection about democracy and the Social State of Right exploring the main precepts of the political contemporary philosophy on three peculiar groups of the political system: political parties, citizens and media.

In the second part, begins a reflection about the current state of the problem in real dynamics, going this way to some authors of the political science and their analysis on the phenomenon of crisis of the parties and the political communication on internet, besides the exposition of some constitutional concepts. This way the traced road induces

(5)

toward the last part of the work in which the central dissertation is approached, being this the systematic study, starting from the netnography method, about the presence of the Colombian political parties on the net and its capacity to build virtual communities and new communication spaces with the citizenship, being centered in Partido Conservador and Polo Democratico Alternativo, because these ones are the only that fulfill the requirements of the study methodology. This way, in order to finish, the reader can found a series of conclusions and recommendations generated from the investigative discoveries on the particular phenomenon.

(6)

VI

Bogotá, 30 de marzo de 2009

Señores

BIBLIOTECA GENERAL

Pontificia Universidad Javeriana Ciudad

Respetados Señores,

Me permito presentar el trabajo de grado titulado COMUNICACIÓN POLÍTICA

EN INTERNET. Uso de herramientas virtuales como medio de comunicación entre los Partidos Conservador Colombiano y Polo Democrático Alternativo con los ciudadanos en Colombia en 2008. Elaborado por el estudiante de la Carrera de Ciencia Política Juan David Martínez Quintana, identificado con la Cédula de Ciudadanía No. 80.197.044, para que se incluya en el catálogo de consulta.

Cordialmente,

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“COMUNICACIÓN POLÍTICA EN INTERNET. Uso de herramientas virtuales como medio de comunicación entre los Partidos Conservador Colombiano y

Polo Democrático Alternativo con los ciudadanos en Colombia en 2008.”

JUAN DAVID MARTÍNEZ QUINTANA

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y RELACIONES INTERNACIONALES

CARRERA DE CIENCIA POLÍTICA BOGOTÁ D.C

2008

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“COMUNICACIÓN POLÍTICA EN INTERNET. Uso de herramientas virtuales como medio de comunicación entre los Partidos Conservador Colombiano y

Polo Democrático Alternativo con los ciudadanos en Colombia en 2008.”

JUAN DAVID MARTÍNEZ QUINTANA

Trabajo de Grado para optar al título de: Politólogo

Directora:

LINA MARÍA MANRIQUE VILLANUEVA

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y RELACIONES INTERNACIONALES CARRERA DE CIENCIA POLÍTICA

BOGOTÁ D.C 2008

(9)

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN………...…1

CAPÍTULO 1: Democracia: partidos y ciudadanos. Perspectiva teórica 1.1 Ciudadanía en el contexto actual. Ideales y prácticas de la democracia...3

1.2 Medios de comunicación y ciudadanía en la democracia………...9

CAPÍTULO 2: Partidos políticos y ciudadanos en el ciberespacio 2.1 Comunidades virtuales y ciberpolitica………15

2.2 La democracia participativa: relación de los partidos políticos y el ejercicio de la ciudadanía en el sistema político……….17

2.3 Los partidos políticos en la actualidad en Colombia………22

CAPÍTULO 3: Estudio de caso: el uso de herramientas virtuales del Partido Conservador y el Polo Democrático para la comunicación con los ciudadanos 3.1 Metodología: netnografia………..29

3.2 Desarrollo del estudio netnográfico………32

CONCLUSIONES……….46

REFERENCIAS……….49

BIBLIOGRAFIA………52

ANEXOS………53

(10)

IV

CONTENIDO DE ANEXOS

ANEXO 1………53

ANEXO 2……….54

ANEXO 3……….57

ANEXO 4 ………59

(11)

Introducción.

Durante los últimos años en Colombia se han manifestado diversas iniciativas

ciudadanas que buscan velar por unas elecciones transparentes, y en las que

los ciudadanos se preocupan por ejercer su derecho al voto de una forma

responsable. Entre estas iniciativas se cuentan: el portal de internet

Votebien.com, la Misión de Observación Electoral (MOE), Trasparencia por

Colombia, y Voto Vital, entre otras. Ésta última señaló la urgencia de

estudiar varios temas que la campaña identificó como problemáticos dentro de

las motivaciones que tiene cada persona para votar. En esencia hay dos

formas de votar: por razones y por emociones; y por ello buscó que las

personas se encaminaran a las razones mas que a las emociones para

ejercer el voto, instándolos a que se informaran sobre la trayectoria política de

los candidatos, de quiénes estaban rodeados, qué propuestas hacían en su

campaña y cómo éstas beneficiaban a la sociedad en general y no solo a la

conveniencia del elector o del mismo candidato.

Tratando de buscar los mecanismos que permitieran al ciudadano hacer eco

de estas preocupaciones, se encuentra la internet como una herramienta

idónea, pues a través de la red, los partidos políticos y los ciudadanos pueden

establecer vínculos, en los que los partidos hagan públicas sus propuestas,

ideales y labores, una vez se encuentran en el poder. Al mismo tiempo que

de parte de los ciudadanos se puede acceder a estos contenidos y establecer

un dialogo con el partido, mediante el cual se pueden procesar demandas,

realizar ejercicios de “rendición de cuentas”, o evaluar las propuestas de

campaña. En este marco surge una preocupación por evaluar el estado actual

de la presencia de los partidos políticos colombianos en la red y el papel que,

tanto partidos como ciudadanos, están otorgando a esta herramienta.

El presente trabajo está guiado por el interés no solo de evaluar, sino de

producir insumos que aporten a la discusión sobre el uso de internet como

herramienta para la democracia. Mediante un análisis deductivo divido en tres

partes, comenzando por el análisis de la teoría democrática, basada en la

(12)

revisión de algunos autores de la filosofía y la ciencia política, mediante los

cuales se contrasta el ideal democrático con su practica en América Latina (y

en Colombia en particular); pasando a una revisión de la relación entre la

ciudadanía y los partidos políticos, como parte fundamental del

funcionamiento de la democracia, enfocándose hacia la internet, y por último,

un ejercicio de estudio sobre el caso colombiano en dicha relación, en el cual

se observará y evaluará el estado actual del fenómeno mencionado.

(13)

Capítulo I.

Democracia: partidos y ciudadanos. Perspectiva teórica

1.1 Ciudadanía en el contexto actual. Ideales y prácticas de la

democracia

El fenómeno de la organización política es inherente a las sociedades humanas. En Occidente la democracia prima como el sistema sobre el cual

funciona el poder a nivel de la sociedad. En el caso de América Latina, resulta

importante el trabajo que ha desarrollado Dieter Nohlen, en particular cuando

reflexiona sobre la democracia como parte de la cultura occidental. El llamado

de este autor es a tomar en cuenta la noción de complejidad y

multidimensionalidad al caracterizar una democracia. Con esto se refiere a

hacer una lectura de la cultura, la economía, la política y las instituciones, mas

las múltiples relaciones que existen entre ellas. De este modo sentencia que

si bien la democracia liberal se entiende “como una expresión de la cultura

occidental, sería necesario añadir: de sociedades de estructura industrial, las

que han pasado el proceso de formación de un Estado-Nación” (Nohlen,2007,

p. 200), y Latinoamérica no cumple a cabalidad con estos requisitos, sin

embargo propone mas adelante “que la cultura política es en la actualidad la

variable más importante en el desarrollo de la democracia en América Latina"

(2007, p. 202). De las dos afirmaciones anteriores se puede inferir que: estos

países hacen parte de un proceso conocido como civilización occidental, pero

que a diferencia de otras regiones acá el proceso aún está en formación, sin

embargo, ya existen rasgos de democracia dentro de los cuales la cultura

política adquiere un papel relevante.

Entonces, siguiendo esta propuesta para caracterizar la democracia es

necesario volver sobre la noción de sociedad. Esta es definida como una

“agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad distinta de

cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir mediante la mutua

cooperación, todos o alguno de los fines de la vida” (Real Academia

(14)

Española. 2001). Esta definición vista desde el lente de las sociedades

liberales nos permite identificar elementos esenciales de la ciudadanía, entre

ellos que existe una comunión entre las partes, que en ella se generan

relaciones de poder para llegar a fines comúnmente deseados, y que cada

parte en su acción define los rasgos de una unidad mayor.

Siendo en esta sociedad donde encontramos la noción de ciudadanía,

podemos decir también que es la base sobre la cual se sustenta la

democracia, pues resalta la noción de individuo, el cual ejerce un papel activo

frente a los demás en una acción de cooperación y de construcción. Dicha

ciudadanía posee dos características esenciales tal como lo plantea Alain

Touraine (2001, p. 100): en primera instancia como complemento del poder

de orden nacional, es decir, que es funcional a la limitación de libertades para

la garantía de un orden social, y en un sentido opuesto, reivindica la libertad

del sujeto pues en la conciencia de pertenecer, tal como lo analiza este autor,

residen valores democráticos que permiten que el individuo desarrolle y se

reafirme en sus creencias sin transgredir los derechos de los otros.

La ciudadanía es, antes que nada, esa relación en la que el individuo puede

desarrollar ideas propias sobre lo que desea para él y para los demás, al

mismo tiempo que enmarca esa libertad en las reglas que garantizan la

misma posibilidad de pensar y actuar para sus semejantes. Pero esta idea de

ciudadanía, no es anterior o posterior a la democracia, más bien simultánea.

Así lo plantea Norberto Bobbio al afirmar que “la democracia no puede

prescindir de la virtud, entendida como amor a la cosa pública, pues al mismo

tiempo debe promoverla, alimentarla y fortalecerla” (2001, p. 39), es decir,

que ciudadanía y democracia se implican una a la otra y su relación es

constante en el tiempo. Del mismo modo aparece dentro del trabajo de

Nohlen y su estudio del contexto pues “la sociedad civil en América Latina

debería, en una visión de largo plazo, interesarse por mantener y aumentar la

efectividad del sistema político, por buscar soluciones que conminen a los

gobernantes a tomar en cuenta sus necesidades en relación directa con el

bien común general.” (Ortiz, 2005)

(15)

Se entiende hasta el momento, que la ciudadanía dentro de la democracia, se

circunscribe a un plano individual, en el que el sujeto tiene una relación con

otros y una preocupación legítima por estos, así como por el espacio en el

que se da esta interacción. Esa preocupación se traduce en acción, mediante

la comunicación entre individuos con iguales derechos y deberes, que al

mismo tiempo debe producir una acción encaminada al bienestar mutuo y en

consonancia con el bienestar general e individual, en una relación cíclica que

va de la unidad hacia la comunidad (o Estado) y viceversa.

Seguir la definición de ciudadanía que se planteó, es esencial en tanto se

requiere una explicación filosófica de la ciudadanía como una parte primordial

de la democracia, sin embargo el carácter ideal del concepto se complementa,

o en ocasiones se contradice, al ser aplicado en un contexto real; entonces

se hace un tránsito de la filosofía política a la ciencia política (y a otras

ciencias sociales) desde las cuales se realiza un análisis que busca las

consonancias y disonancias de dichas teorías con la práctica. Pues como se

afirmó anteriormente la democracia de Latinoamérica, todavía en formación,

tiene como eje fundamental la cultura política, por ser ésta donde se pueden

evidenciar mas los avances que se hacen hacia la consolidación de la

democracia.

Como un hito que se centra en el estudio de la ciudadanía en un plano real,

se encuentran los estudios de CULTURA POLÍTICA que parten de un modelo

planteado por Almond y Verba, en el que se busca estudiar la orientación de

una persona hacia la política. En relación con el planteamiento filosófico se

puede afirmar que lo que se busca es explicar por qué un individuo mediante

su pensamiento y acción busca convertirse en ciudadano, al formar parte

activa de una sociedad. Entonces se indaga por la orientación psicológica que

lleva la atención de una persona hacia la política.

La cultura política se relaciona con la ciudadanía en tanto tiene en cuenta al

sujeto como objeto de estudio antes que a las instituciones, para luego

(16)

situarlo en un contexto en el cual puede medir sus actitudes, conforme una

serie de estímulos y respuestas que se dan en dicho contexto, estos se dan a

partir de unas orientaciones que según los autores pueden dividirse en dos

(Almond, G. y Verba, S, 2007, p.31): según la clase de objetos y según los

modos de orientación. De las primeras y teniendo en cuenta el interés de esta

investigación, se resaltan los procesos y estructuras de entrada, y los papeles

del sujeto mismo como activo o pasivo frente a su sociedad; respecto a los

modos de orientación estos indicarían la relación del ciudadano con el partido

político, que bien puede ser de carácter afectivo o evaluativo.

Lo que esta teoría ha logrado decir sobre la ciudadanía, es que esa noción,

que nace desde la filosofía política, obedece a un plano ideal en el que todos

los individuos desarrollan la misma preocupación y el mismo rol frente a la

sociedad, pero que en la realidad la forma en que un individuo se relaciona

con la sociedad (de forma política) puede variar en su intensidad o inclusive

no estar presente, y mas allá de eso, toma en cuenta que las motivaciones

que éste tiene para asumir una ciudadanía política pueden estar inspiradas

por otras razones y no por un fin altruista o una inspiración democrática.

Citando de nuevo a Bobbio, en relación a los estudios de cultura política,

explica que incluso “en las democracias más consolidadas se asiste

impotentes al fenómeno de la apatía política” (2001, p. 40). Acá se distinguen

tres tipos de sujetos: los orientados hacia los imputs, que como se mencionó

tienen una orientación legitima a interesarse por los partidos y por los

políticos; los orientados hacia los output, que encuentran su interés por la

política en las retribuciones que puedan obtener del sistema; y por último, los

descritos por Bobbio, y que simplemente no tienen una orientación o interés

por los asuntos de la política.

Esta explicación de la cultura política, se complementa con cuatro variables

de la cultura que Nohlen resalta deben ser estudiados en América Latina:

primero la confianza, tanto en las instituciones como entre las personas; sobre

esto menciona “en América Latina, los grados de ambos tipos de confianza

(17)

son bajos salvo en circunstancias que existen relaciones familiares y de

amistad” (Nohlen, 2007, p.204); segundo, la lucha contra la corrupción, en

este apartado se señala como los partidos cumplen la función de oposición al

denunciar la corrupción pero en muchas ocasiones son corruptos al ejercer el

poder, lo que según el autor “impone la concepción de la política que está

profundamente enraizada en la cultura política de la gente: el provecho de lo

público por intereses privados” (2007, p 205); en tercer lugar menciona la

tolerancia que considera primordial para la formación y estabilidad de la

democracia y, por último, la capacidad de la elite política para establecer

compromisos y lograr acuerdos: “la cultura del compromiso se funda en

valores, normas y una práctica discursiva orientada al entendimiento y el

acuerdo” (2007, p.207), pero menciona que en la región prima el sistema

presidencialista sobre el cual el comportamiento de esta variable suele ser

negativo.

Ahora, llevando estos planteamientos teóricos (filosófico y científico) al plano

de la realidad y en el contexto colombiano, se encuentra que el artículo 40 de

la Constitución Política (Colombia, 2008) en su numeral primero reconoce el

derecho de los ciudadanos a elegir y ser elegidos (es decir que formalmente

se empodera al sujeto para que tome parte activa de la vida política), según la

teoría filosófica examinada es en esta acción que podría considerársele

ciudadano, mas según la teoría científica el no ejercer este derecho no le

negaría dicha calidad, sino que lo ubicaría dentro de una categoría particular,

siendo esta las más lejana al ideal de la democracia.

Si bien, en el ejercicio de dicho artículo, se reconoce un derecho y se plantea un deber, que resultan esenciales para comprender el carácter de ciudadano, en la misma Constitución se encuentran otros rasgos complementarios para

llegar a una completa comprensión de lo que debe ser entendido bajo la categoría de: ciudadano. Dentro del mismo artículo 40, los numerales

segundo y tercero son fundamentales dentro del ejercicio de la ciudadanía

que acá se pretende exponer, estos se refieren al derecho (al mismo tiempo

(18)

que deber) a tomar parte en los mecanismos de participación y, luego, a

involucrarse con la actividad de los partidos políticos y sus ideales.

Estos principios constitucionales imprimen condiciones especiales al

ciudadano que lo caracterizan como un ser político, con una preocupación e

interés que lo involucra con la vida política de su país de una forma activa; sin

embargo, dichos principios serían más cercanos a ideales que a prácticas

reales, lo cual se puede observar en las cifras sobre abstencionismo en el

país (ANEXO 1), de la cuales se infiere que no existe, en la mayoría de la

población mayor de 18 años, un interés por hacer parte de la vida política, es

decir, de ejercer los derechos y deberes mencionados más arriba.

En esta realidad, se entiende que quien no ejerce ese derecho constitucional

que le es otorgado y que es parte fundamental de la ciudadanía, no implica

perder la condición de ciudadano, “los derechos son intereses reconocidos

que sirven para justificar la existencia de deberes, pero que no indican de

forma determinante un particular conjunto de deberes correlativos que podrían

existir” (Penner, 2002, p. 24), de tal modo que si bien se reconocen estos

derechos para todos los ciudadanos y de ellos se infiere un deber para ellos,

dicho deber no es normativo, y por ende, no ejercerlo no cuestiona la calidad

de ciudadano.

Respecto a las cuatro variables propuestas por Nohlen, indicadoras de la

cultura política, como complemento a la reflexión sobre el ejercicio de

derechos y deberes, y como condición de la formación de ciudadanos y de

democracia en Latinoamérica, llevándolas al plano colombiano, se encuentra el

estudio de capital social realizado en 2001 por el Departamento Nacional de

Planeación, dirigido por John Sudarsky (Sudarsky, 2001), en el cual se mide y

reiteran los supuestos de Nohlen en tanto: la confianza en las personas es una

de las más bajas (con respecto a otros países) con tan solo el 11%, y por ejemplo la confianza en el Congreso y confianza en los Partidos, se ubican en

los lugares más bajos, tan solo por encima de la Guerrilla y los Paramilitares.”

(Sudarsky, 2001) (ANEXO 2), mientras que la percepción de corrupción es de 7

(19)

puntos sobre 9. De lo cual se puede mencionar que no solo los supuestos

planteados eran ciertos sino que el ejercicio pleno de la ciudadanía en

Colombia se encuentra aún lejano de los ideales planteados.

Retomando lo anterior se puede concluir, que la ciudadanía está ligada a

nociones de derechos y deberes que son adquiridos por la pertenencia a una

sociedad; que el ejercicio de la ciudadanía se encamina al bien común, al

mismo tiempo que al bien del sujeto, y es en la libertad de acudir a esos

deberes y derechos que reside la condición primera de la ciudadanía, pues al

hacerlo el sujeto se involucra con su sociedad y se hace a si mismo

ciudadano.

Por otra parte, la relación de los ciudadanos con los partidos políticos es

esencial, pues estos últimos son una de las vías de acceso con la que

cuentan para establecer una relación con el Estado, y procesar demandas

sobre sus intereses; tal y como se observa en el artículo ya citado de la

Constitución, el conformar partidos y hacer parte activa es un derecho que

legitima al ciudadano ante el Estado y que le permite trabajar por el desarrollo

de la sociedad por medios políticos. En el país, los partidos políticos han

tenido una evolución particular caracterizada por un bipartidismo tradicional

que se vio debilitado con el multipartidismo que se generó a partir de la

Constitución política de 1991 y que además se ha ido reconfigurando con

diversas reformas en los años recientes, tal como se analizará más adelante.

1.2 Medios de comunicación y ciudadanía en la democracia

Bajo la perspectiva de que el ciudadano se relaciona con sus semejantes en

pos de un bien común, en la lógica de la filosofía política, aparece también la

noción del espacio público, como el lugar donde se da la discusión de los

fines deseados, así como la suma de todas las acciones que se encaminan a

él. Las sociedades actuales tienes características demográficas y geográficas

según las cuales sería físicamente imposible que existiera un espacio donde

todos los ciudadanos pudieran deliberar, aparece entonces la noción de

(20)

representación en la democracia, tal como lo describe Norberto Bobbio:

“cuando nosotros hablamos de democracia, la primera imagen que se nos

viene a la mente es la de las elecciones” pero “para los antiguos, la imagen de

la democracia era por completo diferente: al mencionarse la democracia

pensaban en una plaza o en una asamblea” (2003, p. 402).

Sin embargo, acudir a las elecciones no resulta suficiente para la participación

de los ciudadanos en la vida política, pues la representación delega un poder

que requiere de la fiscalización y participación activa de los mismos

ciudadanos que eligen a sus representantes: “el nexo entre opinión pública y

democracia es constitutivo: la primera es fundamento sustantivo y operativo

de la segunda“ (Sartori, 1994, p. 59), es decir que el ciudadano se involucra

en la política del país mediante dos acciones: la primera es aquélla en la que

delega una cuota de poder para ser representado, y la segunda una función

más activa en la que tiene el derecho de debatir y expresarse libremente

sobre los asuntos públicos.

En este punto los medios de comunicación han sido vitales, pues se han

configurado como una nueva esfera en la cual se pueden desarrollar asuntos

públicos con una participación más o menos masiva (según el medio de

comunicación), y en los cuales la política ha ocupado un lugar importante: es

claro que los medios no son en sí el espacio público, pero en el desarrollo de

éstos se ha generado un espacio paralelo en el cual los ciudadanos pueden

verse identificados y en ocasiones llegar a incidir sobre los asuntos que allí se

tratan: “hablar de esfera pública en la nuevas condiciones mediáticas no

define un espacio intrínsecamente democrático, sino un lugar de intercambio

de experiencias de variada índole, aunque significativas en términos de la

comunicación y socialización de los asuntos que competen a cada grupo.”

(Wincour, 2002, p.98)

Continuando con la idea de que los medios son en la actualidad un lugar para

la expresión, debate y deliberación pública, de los asuntos que competen a

los ciudadanos (o grupos de ciudadanos), es también necesario comprender

(21)

que los distintos medios de comunicación, por sus características particulares,

desarrollan una relación distinta con los ciudadanos y su capacidad de

participar, más aun cuando se toma en cuenta que los medios de

comunicación son mayoritariamente privados y que por lo tanto, depende de

ellos mismos el grado de participación que pueden permitir. En los últimos

años con la aparición de las denominadas nuevas tecnologías de la

información y la comunicación (en adelante TIC), se han generado nuevos

espacios que escapan en alguna medida a esta lógica y que permiten una

mayor interacción entre los ciudadanos, los medios, el estado, y las ONG,

entre muchos otros actores.

Dentro de las nuevas tecnologías mencionadas, se encuentra la Internet como

una de las más difundidas y más funcional para la democracia y en particular,

para la interacción entre ciudadanos. En este contexto han surgido conceptos como el de E-democracy, tal como se muestra en el estudio realizado por la Naciones Unidas: United Nations e-Government Survey 2008, la definición

más apropiada para este concepto ha sido desarrollada por el gobierno

mexicano, que lo entiende como: “the continuos innovatión in the delivery of

services, citizen participation and governance trough the transformation of

external and internal relationships by the use of information technology,

especially the internet”1 (United Nations e-Government Survey, 2008). Esta

definición nos permite caracterizar internet dentro de la actividad política,

como un medio de comunicación que opera en múltiples vías sin un centro

determinado, y al que han podido acudir agentes oficiales en orden de

generar una mayor interacción con los ciudadanos de forma directa, sin la

intermediación a la que se veían sometidos por los demás medios.

Este concepto surgió alrededor de la preocupación por reducir los costos del

Estado, y en general los costos de transacción en la relación de los

ciudadanos con el gobierno. Internet se presentó en principio como una

1la innovación continua en la prestación de servicios, participación ciudadana y gobierno a través de la

trasformación de relaciones internas y externas con el uso de la tecnologías de la información, particularmente la internet.

(22)

herramienta idónea a partir de la cual se reducían costos en las transacciones

con los ciudadanos y además se lograba una mayor agilidad en las mismas, el

concepto empezó a evolucionar bajo tres parámetros: eficiencia, servicio

público (o servicio al ciudadano) y democracia (United Nations e-Government

Survey, 2008). Cada uno de ellos significó un mejoramiento en las relaciones

que hasta el momento se daban entre el ciudadano y el aparato estatal, y

además un nuevo papel de los medios en la política, pues ya no se centró en

las dinámicas de mercadeo electoral y gubernamental, sino que redujo costos

de transacción, mejoró la calidad de vida de los ciudadanos y además

incentivó la participación en asuntos públicos así como la interactividad entre

el gobierno y los ciudadanos.

Estos avances, se dieron gracias a la aparición del concepto de Web 2.0. Esta

señala una etapa de evolución de internet como medio de comunicación, pues

anteriormente, en él se compraba un espacio virtual donde se podía colocar

una información determinada, que podía ser consultada por cualquiera que

tuviese acceso a la red. La segunda etapa denominada: 2.0, eliminó el

carácter rígido de estos primeros sitios Web, en los que solo se publicaba

información tal como si se tratara de un diario y se empezó a generar una

serie de servicios, los espacios de internet ya no proveían información, sino

que a la vez la recolectaban y generaban una interactividad con los usuarios

de la red.

Pero la relación de internet y política no se limita al préstamo de servicios

estatales por medios virtuales hacia los ciudadanos. En el marco de la Web

2.0 se han generado herramientas de participación en las cuales los

ciudadanos tienen una incidencia directa sobre deliberaciones y debates que

se generan en la red, muchos de los cuales son de carácter político.

Superando el concepto de e-government y sugiriendo el de ciberdemocracia

(e-democracia), caracterizado por José Luís Dader (2003) al recoger el concepto de Estafanno Rodotta de democracia continua, que plantea una

comunicación constante entre representantes y representados, aboliendo el

modelo vertical con el que se venía gestando la comunicación política y que lo

(23)

limitaba al momento electoral, haciendo demasiado énfasis en el marketing

político, entendido éste como “tratar como producto al candidato, al partido y

al programa que debe responder a las actitudes y expectativas de la población

interesada y que se lanzará con el propósito de obtener el máximo de

sufragios” (Salazar, 1988, p.37). Entonces, un uso óptimo del internet, pone

en relación directa a los ciudadanos con los agentes políticos,

empoderándolos y al mismo tiempo prescindiendo de los medios de

comunicación y los periodistas como único canal de comunicación entre

ambos.

Este cambio significaría una respuesta al planteamiento de Sartori quien

afirma: “la fácil victoria de lo visual sobre el pensar es un golpe devastador para

el homo sapiens. No estamos seguros de que sea una victoria ciento por ciento

completa y final; no obstante victoria sí lo es” (2003, p. 26), es decir que según

los estudios sobre nuevas tecnologías es posible superar ese estado pasivo del

ciudadano frente a la política y en el buen uso de las TIC se podrían configurar

practicas de ciudadanía con altos grados de participación política.

Teniendo todos estos planteamientos en cuenta, Dadder hace un panorama

hacia el futuro, prescribiendo la necesidad de democratizar y ampliar las

posibilidades del acceso a internet si se desea configurar a plenitud esta democracia continua o ciberdemocracia. En este punto se hace necesario

revisar el concepto de conectividad. Esta nueva tecnología y el hecho de que

muchas actividades gubernamentales se estén desarrollando en la red ha

generado una nueva relación de inclusión y exclusión en la cual las personas

pueden ser divididas entre conectadas y no conectadas.

En Colombia según el último informe de conectividad publicado por la Comisión

de Regulación de Telecomunicaciones (Informe semestral de conectividad,

2008) hay 1.774.600 de suscriptores a internet implicando un aumento del

28,5% con respecto al informe de marzo de 2008, es decir que el número de

usuarios de Internet en el país ha aumentado aun cuando continúan siendo una

cifra bastante reducida de la población, lo que necesariamente lleva al

(24)

cuestionamiento de qué tan efectivas resultan las herramientas virtuales de la

ciberdemocracia para la ciudadanía en un contexto como el planteado, más

aún cuando se retoma la idea de que la ciudadanía es un categoría que se está

formando en todo momento, y que se construye en el uso que el sujeto hace de

sus derechos y deberes frente a los demás en el espacio público.

Sin embargo, no se puede rechazar la idea de que las nuevas tecnologías han

cumplido un papel en la configuración de relaciones políticas, inclusive autores

como los mencionados ponen un acento de esperanza sobre la internet como

un espacio idóneo para una democracia global, y de participación activa. Se

enfrenta entonces “una situación en la que, si bien los ideales de una

democracia participativa plena no parecen colmarse por ahora con las nuevas

tecnologías, cabría al menos una implicación mucho más eficaz y cercana en el diálogo político por parte de un sector del público atento”. (Bernal, 2001, p. 131)

Toda esta descripción de un fenómeno global tiene plena aplicación sobre el

contexto colombiano, en la medida en que la introducción de internet al país

(y su democracia) ha avanzado de una manera más o menos igual que en

otras sociedades, tal como se esperaría dentro del contexto de la

globalización, y algunos partidos políticos han acogido estas nuevas

tecnologías como parte de sus medios de comunicación con la ciudadanía.

(25)

Capítulo II

Partidos políticos y ciudadanos en el ciber espacio

2.1 Comunidades virtuales y ciberpolitica

Correlacionado con el uso de internet para el ejercicio de actividades políticas,

aparece el concepto de comunidades virtuales. Las herramientas ofrecidas

por la Web 2.0, han generado un cambio en las relaciones de comunicación

en dos sentidos: primero la interacción comunicativa no requiere de una

relación cara a cara, es decir de un espacio físico en el cual se encuentren

dos a más personas: “si la interacción cotidiana está mediada por algún

dispositivo artificial tecnológico... Podemos referirnos entonces a la interacción

virtual” (Bernal, P., 2001, p.126).

En segunda instancia, se ha generado un cambio en cuanto a los medios de

comunicación social, ya que tecnologías como la radio, la televisión o las

publicaciones escritas limitaban la interacción y se convertían en emisores de

mensajes y sus audiencias en simples receptores (en mayor o menor medida

según el medio), y la interacción o la posibilidad de retroalimentación se daba

en procesos altamente complejos. La diferencia se halla ahora en que internet

permite una interacción constante entre emisores y receptores facilitando el

proceso de retroalimentación y generando una comunicación más fluida, pero

además por la complejidad inherente a las redes, cada usuario de la internet

es potencialmente un emisor y multiplicador de la información que circula por

la red, de tal forma que “internet como producto de la modernidad, se perfila

como una nueva forma de comunicación electrónica multidireccional y

horizontal, que por sus características permite establecer la diferencia con la

comunicación tradicional” ( Bernal, P., 2007, p.126).

En tal sentido se reconfigura también la forma en que los partidos políticos se

comunican con sus electores y con la ciudadanía en su conjunto, “la

generalización de la participación como estrategia de la inclusión de las

(26)

demandas ciudadanas en el espacio público ha provocado una trasformación

importante en el papel que desempeñaban los medios” (Wincour, 2002,

p.200), de tal modo que los partidos ya no solo deben acudir a los medios de

comunicación tradicionales para dar a conocer su labor, sino que ahora se

ven sometidos a la interactividad y además a un número infinito (o

indeterminable) de personas que, potencialmente, constituyen un medio de

comunicación en sí mismas, a las cual deben llegar y persuadir. Entonces, los

partidos, ahora deben preocuparse también por generar herramientas

virtuales atractivas y suficientes para obtener la atención de los usuarios de

Internet.

Cabe retomar acá, que internet al ser un nuevo medio ha generado

relaciones de inclusión y exclusión, tal como se vio al mencionar las cifras de

conectividad en el país, lo que reduce bastante las audiencias a las que

deben apuntar los partidos políticos en este medio. Esto a su vez implica un

trabajo mayor, pues se pasa de un mensaje masivo a una interacción casi

individual con aquellos “conectados” que accedan al partido por este medio. El

individuo frente a los medios de comunicación nunca pudo jugar un papel tan

contundente como en internet, donde el existe y actúa por su cuenta, siempre

en conciencia de su independencia: “la red no soluciona la individualidad...

simplemente internet es un puente dentro de esa dinámica social entre la

acción política de los actores sociales y la sociedad civil” (Bernal, P., 2001,

p.131). Esta es la lógica según la cual funcionan las comunidades virtuales, la

interacción de los usuarios de internet, que en el uso y reivindicación de su

individualidad, generan lazos por intereses comunes y así los convierten en

mensajes que circulan por la red y a partir de los cuales se genera un debate,

haciendo de internet una parte del espacio público.

Llegado a este punto se puede observar cómo en internet se conjugan todos

los elementos expuestos al principio, pues allí podemos identificar prácticas

de ciudadanía y de ejercicio de derechos, democracia y espacio público,

representados en relaciones virtuales. “De esta manera, la red no puede

significar un espacio más, es la encarnación de la acción política en cada vez

(27)

una mayor multiplicidad de espacios” (Bernal, P., 2001, p. 135), de acá que

se deba entender que Internet constituye un medio de vital importancia en el

marketing político, no solo por sus potencialidades a la hora de establecer un

diálogo con los electores, sino por que fortalece el vínculo entre las dinámicas

electorales y el ejerció pleno de derechos por parte de los ciudadanos dentro

del espacio público.

2.2 La democracia participativa: relación de los partidos políticos y el ejercicio de la ciudadanía en el sistema político

Si la internet ha generado un espacio nuevo en el que se puede desarrollar la

comunicación entre ciudadanos y partidos políticos, la relación entre estos dos

grupos en el caso colombiano, tal como se señaló con anterioridad, es frágil

poniendo en alerta el estado de la democracia. En los últimos años se ha

llamado la atención sobre el fenómeno de la “crisis de los partidos”, que

obedece a razones de diverso orden, que han sido objeto de estudio de la

ciencia social, generando un sin número de diagnósticos, algunos de los cuales

serán expuestos acá, no sin antes indicar el marco normativo al respecto, para

identificar lo que debería ser el funcionamiento óptimo de la relación

mencionada, todo a fin de entender por qué las potencialidades que ofrecen las

TIC, y en particular la internet, pueden ser un instrumento de ayuda para la

superación de dicha crisis.

De tal modo se encuentra que al igual que la ciudadanía, los partidos políticos y

su relación con los ciudadanos son definidos desde la misma Constitución.

Remitiéndonos a la Constitución Política de 1991, el título IV se dedica

enteramente a los Partidos Políticos, en particular en sus capítulos 2 y 3, en los

que se reconoce “a todos los nacionales el derecho a fundar, organizar y

desarrollar partidos y movimientos políticos, y la libertad de afiliarse a ellos o

retirarse” (Colombia, 2007) siendo esta norma donde más se evidencia la

relación fundamental de los ciudadanos con los partidos, que además adquiere

una relevancia única si se toma en cuenta que éstos en el derecho

Constitucional colombiano son considerados “materia nueva, de la cual ninguna

(28)

de las Constituciones anteriores se había ocupado en detalle” (Uribe, 1995,

p.135).

Esta preocupación “reciente” por los partidos políticos, la garantía de su

existencia y pluralidad, puede obedecer a la dinámica misma con la que había

funcionado el sistema político hasta finales de los años ochenta, pues en el

país se había vivido tradicionalmente un bipartidismo y una organización

política más o menos estable. Caracterizando al país pues “es en

Latinoamérica el de más larga tradición en materia de gobiernos civiles y en el

cual, al mismo tiempo, la violencia ha sido empleada persistentemente como

herramienta de acción política” (Ruiz, 2006, p.73), esta afirmación ilustra la

apreciación de un sin número de analistas y académicos, que han

responsabilizado a los partidos tradicionales (Liberal y Conservador) de haber

generado periodos de violencia en diversos momentos de la historia. Claro

está, que dentro del marco de la crisis actual, se debe resaltar que tanto la

tradición de gobiernos civiles como las violencias, son en parte consecuencia

de la gran identificación de los ciudadanos colombianos con estos dos partidos,

de acá que se empiece a hablar de crisis de los partidos a partir de los cambios

generados.

Retomando la afirmación de que Colombia, al igual que los demás países de la

región, son considerados como democracias en formación, y retomando la idea

de que la democracia es propia de las sociedades occidentales, que se

caracterizan por los procesos de industrialización (Touraine,2001) , como una

de las primeras ideas que se aceptan en este estudio, es pertinente tomar el

siglo XX como referencia para recrear la dinámica política de los partidos en

Colombia, ya que, desde finales del siglo XIX se venían formando las

condiciones para poder considerar al país como un producto de la modernidad

occidental, tales como la formación de la industria, la organización política y la

secularización de la sociedad, “dicho proceso que se extenderá a lo largo de la

primera mitad del siglo XX va a generar, a su vez, un proceso de

desplazamiento de los valores tradicionales y de la religión... por nuevos

valores de carácter más laico y moderno“ (Ocampo et al, 2008, p 181).

(29)

Es así, que la relación entre ambos partidos de la época, se caracteriza por la

encarnación de dichas posturas antagónicas, siendo los liberales quienes se

identificaban con esta reformulación de los valores y los conservadores los

defensores de las tradiciones y en particular de los valores católicos en el país,

“la aplicación de la oposición: liberalismo progresista expresión de los intereses

de la burguesía comerciante o industrial, y conservatismo retardatario,

expresión de los latifundistas, es en gran parte una transposición mecánica de

la situación europea de los siglos XVIII y XIX” (Tirado, A., 1997, p. 115), por lo

que se produjeron tensiones entre los partidos y sus seguidores.

Siguiendo esa idea se observa que en la primera mitad de siglo XX la

presencia en el poder por parte de liberales y conservadores fue una constante.

Dichos gobiernos se dieron en periodos de tiempo diversos y obedecían a

mandatos populares dentro del marco Constitucional del momento, llama sin

embargo la atención que al final de esta primera mitad del siglo, se haya dado

una de las mayores expresiones de violencia que ha padecido Colombia: el

periodo conocido como “La Violencia”, que surge en el año 1948 y se extiende

hasta el año 1957 (aún cuando algunos científicos sociales rastrean hasta este

periodo las razones del conflicto violento actual), periodo en el que también “la

democracia política colombiana tuvo su única interrupción con el golpe de

Estado realizado por el General Gustavo Rojas Pinilla (Tirado, A., 1997, p.120)

tratando de establecer un orden ante la grave situación de violencia que se

presentaba, y que logro disminuir con el término del gobierno militar y el paso al

Frente Nacional.

Esta nueva etapa de gobiernos civiles se caracterizó por un sistema cerrado de

bipartidismo, en el que a fin de terminar las disputas entre los seguidores de

ambos partidos, se pactó que estos se alternarían el poder por periodos de

cuatro años, “el artículo 120 de la Constitución, que establecía la alternación y

la paridad entre los dos partidos tradicionales, uno de los pilares del Frente

Nacional, fue objeto de las más duras criticas por ser considerado el causante

del carácter cerrado y excluyente del sistema político” (Ruiz, 2006, p. 17). Este

(30)

señalamiento es también identificado hoy en día como uno de los causantes

principales de la crisis de los partidos, pues si bien cumplió con su intención de

lograr la paz entre los partidos, generó la imposibilidad para que nuevas

fuerzas políticas surgieran y además, llevó a que la sociedad en general

sufriera un desinterés por la actividad política, pasando así de una sociedad

que llevó su interés político a la militancia más extrema, hacia una sociedad

con una cultura política débil. Situación que se intentara corregir en los años

90, con la proclamación de la nueva Constitución.

Pero además, se entiende que ese sistema sería el generador de su propio

cambio, pues ante la certeza del poder, los partidos perdieron cohesión interna,

de tal manera que empezaron a debilitarse, puesto que se generaron fracturas

al interior de ambos, desdibujándose ante la sociedad que empezó a descreer

o por lo menos a decepcionarse de éstos, “argumentos en distintos sentidos

fueron esbozados, como la incapacidad de los partidos para representar los

intereses de amplios sectores de la sociedad colombiana, el predominio de

prácticas corruptas y clientelistas con la consecuente disminución de

legitimidad del sistema” (Hoyos, 2005, p. 46) lo que necesariamente llevó al

surgimiento de nuevas fuerzas políticas, que aún no contaban con la amplitud

legal suficiente para constituirse en fuerzas con posibilidades reales de poder.

Como un eco de esta situación, se gesta la Asamblea Nacional Constituyente

de 1990 y se proclama al año siguiente una nueva Constitución, que rige hasta

hoy después de haber sido modificada en 22 ocasiones durante estos 17 años,

cambios que en el caso de referirse al sistema electoral y de partidos serán

revisados a continuación, no sin antes mencionar que los ya citados capítulos

de la Constitución Política de Colombia, buscaban resolver entre otros

problemas el de la legitimidad del sistema y la politización de la sociedad, así

introdujo “elementos de democracia participativa, permitió la creación y

participación electoral de nuevos partidos, creo la circunscripción nacional para

el Senado de la República y modifico la elección presidencial incorporando la

segunda vuelta” (Giraldo, F. 2007 , p.26).

(31)

Se entiende que los cambios mencionados y parte del espíritu constitucional de

esta época, intentó conjurar los problemas estructurales mediante la reforma

institucional, es decir, que se buscó el acople del marco normativo a las

necesidades sociales que se manifestaban en la cultura política de los

ciudadanos. Retornando acá al punto inicial de este capítulo en el que se

recalca la novedad que implica, el dar un carácter constitucional a los partidos y

movimientos políticos, pero mas allá de ser una innovación las implicaciones de

esto se remiten a la esencia misma de la democracia, pues se reconoce a los

partidos como vitales para el funcionamiento de la sociedad, de tal modo se

esperó retornar a una situación en la que los ciudadanos volvieran a la política

una parte de su cultura, para continuar el camino de la construcción de la

democracia, sin advertir que el problema, si bien se había identificado

correctamente, era parte de un fenómeno mayor pues “resulta inocultable que

los partidos políticos, tal como los conocemos hoy en el mundo, están en crisis.

El ciudadano no cree que tales organizaciones estén preparadas para ser

vehículos de los intereses colectivos y las califica, en consecuencia, de

altamente ilegitimas” (Ruiz, 2006, p. 93).

Entonces, si se logró entender el problema, fue diagnosticado sobre una falsa

creencia y es aquella de que la crisis de los partidos obedecía a motivos de la

coyuntura nacional, desentendiendo que los procesos culturales que se

gestaban hacían parte de una situación probablemente global, o si no por lo

menos continental, ya que en todos los países de América se repetían

procesos similares, y en el caso colombiano el bipartidismo y su agotamiento

no eran más que la expresión de esta crisis. Volviendo a lo mencionado en el

primer capítulo con el trabajo de Nohlen, se podría considerar la Constitución

de 1991 como un intento legitimo de remediar la crisis, por haber sido

concebida considerando todos los aspectos particulares del contexto. Sin

embargo, este mismo autor señala que “un cambio de mentalidad no puede ser

implementado por medidas institucionales o administrativas de forma directa.

Este proceso de cambio, animado por reformas institucionales, es un proceso

siempre amenazado en la medida en que se produce en un entorno social aún

ajeno a tal mentalidad” (2008, p.209), cabría preguntarse entonces, desde el

(32)

análisis de este autor, si las subsiguientes reformas a la Constitución sobre

esta materia, no resultan un intento por ratificar una metodología fallida. Así se

revisarán a continuación algunas de las reformas a la Constitución y la

legislación sobre partidos y participación política que se han dado dentro del

marco de la Constitución del 91.

2.3 Los partidos políticos en la actualidad en Colombia.

Tras la aparición de nuevos partidos, a partir de la Constitución de 1991, los

problemas que se heredaron del bipartidismo no sólo continuaron, sino que

además se transformaron con la aparición de nuevas problemáticas; si bien la

nueva Constitución había deseado una democracia amplia con condiciones

para la fundación de terceras fuerzas políticas que representaran a toda la

sociedad, este deseo llevado a la práctica generó una explosión extrema de

partidos, meramente coyunturales o sin el apoyo popular suficiente para

constituir opciones reales de poder, de este modo la crisis de representación

que en los 80 generó la crisis de los partidos, subsistió en este nuevo

escenario.

Doce años después, se formularía una de las reformas constitucionales que

más han tenido impacto sobre la vida política y el diseño institucional, pues

mediante el Acto Legislativo 01 de 2003 se rediseñó el sistema de partidos, en

el que se legisló acerca del funcionamiento interno de estos, y además tuvo

como efecto más notorio la disminución del número de partidos, lo que se hizo

evidente en las elecciones del año 2006 y 2007, “es decir que en los últimos

quince años, el sistema de partidos colombiano ha pasado de un bipartidismo

cerrado a un sistema multipartidista ponderado por una relativa vigencia del

bipartidismo” (Giraldo, F., 2007,p.131) pasando de 60 partidos y movimientos

políticos a 16 con personería jurídica después de las elecciones de 2006.

(ANEXO 3). De este modo se vio el tránsito del bipartidismo a una explosión de

creación de nuevos partidos y movimientos, hasta su regulación y moderación

mediante la adopción de un nuevo sistema.

(33)

Como sistema electoral se adoptó el método D´Hondt, haciendo así mas difícil

para los partidos pequeños alcanzar una votación suficiente para alcanzar una

representación y comprometiendo así su posibilidad de obtener la personería

jurídica. Las razones esenciales de este fenómeno, se encuentran en que se

exige a los partidos contar como mínimo con el 2% de los votos sufragados, en

el caso del Senado de la República, o el 50% del cuociente electoral en el caso

de las demás corporaciones (Colombia, Congreso de la República, 2003). La

inspiración de esta norma se encamina a la eliminación de partidos pequeños,

pues se afirma: “como lo manifestaron los senadores en los debates, que la

intención de este tipo de reforma es incentivar la reagrupación de los partidos y

combatir así la dispersión electoral” (Hoskin y García, et al., 2003, p. 53). Una

vez establecido este marco legal y atendiendo a las razones de su inspiración,

se hace necesario revisar cómo se ha dado la dinámica de los partidos, para

identificar cómo las medidas adoptadas han logrado o no, superar la crisis.

Ya se afirmó que el rediseño institucional no puede ser la medida única ni

principal, para atender la crisis de los partidos, pues ésta se incrusta en

dinámicas culturales que acompañan y sobrepasan el marco legal sobre el que

funciona el sistema, evidencia de esto es la poca incidencia que ha tenido el

cambio de sistema sobre la participación electoral. (ANEXO 1).

El comportamiento de los partidos debe ser medido a partir de las elecciones

de 2006 para Senado, ya que en ellas se pusieron a prueba las reformas.

Según los resultados electorales llegaron 10 partidos a conseguir un escaño,

dentro de los cuales se contaron los dos partidos tradicionales, seis de estos

partidos incluido el Partido Conservador conformaron la bancada mayoritaria al

alinearse con el gobierno, bajo el rótulo de “partidos uribistas”, mientras que la

oposición quedó en manos del tradicional Partido Liberal y de forma más

radical por parte del entonces Polo Democrático Independiente. De esta

manera se empieza a perfilar el carácter altamente diferenciado del Partido Conservador y el Polo Democrático (partidos de referencia en este estudio por las razones metodológicas que se exponen en el capítulo 3), pues el primero

de ellos (Partido Conservador) es un partido tradicional de derecha que

(34)

además en la coyuntura actual se alinea de parte del gobierno, mientras que el

segundo (Polo Democrático Alternativo) es consecuencia de la Constitución del

91 que dio una oportunidad a la izquierda de llevar su discurso al plano

electoral, y que como consecuencia de la reforma del 2003 reagrupó a todas

las tendencias de la izquierda democrática bajo una misma plataforma

ideológica.

Esta nueva configuración de los partidos, producto de las elecciones y con la

atenuante de la figura fuerte del Presidente Álvaro Uribe Vélez y la modificación

de la Constitución para hacer posible la reelección presidencial, lleva a

considerar que si bien se superó el bipartidismo de manera formal, “la crisis del

sistema de partidos se modifica de un bipartidismo disfrazado de

multipartidismo extremo a un bipartidismo mimetizado en un multipartidismo

moderado” (Ruiz, 2006. p. 79) (ANEXO 4). Esencialmente porque los partidos y

movimientos nuevos cuentan con una presencia alta de políticos que provienen

de los toldos de los partidos tradicionales.

De este modo el papel que juegan los partidos tradicionales en el escenario

político sigue siendo preponderante, aún cuando éstos no alcancen las más

altas votaciones y de hecho no hayan tenido acceso a la presidencia ni a la

alcaldía de Bogotá, en las elecciones de la última década. Así, los partidos

Conservador y Liberal, han sufrido una disminución de su votación, pero les es

suficiente para conservar una fuerza parlamentaria significativa. Además en

contraste con los liberales, el Partido Conservador no dio pie a disidencias que

generaran nuevos partidos como fuerza de apoyo al conservadurismo, “nótese

que los emigrantes del liberalismo dejan las puertas abiertas a un retorno...

Mientras que los más importantes del conservatismo quemaron puentes”,

(Gutiérrez, 2006, p. 48), es decir, que este partido enfrentó las disidencias que

inevitablemente se darían con el cambio de sistema, pero conservó su

estructura y buscó fortalecerse hacia adentro, lo que en un principio pudo no

darle beneficios, pero que posterior a la reforma y, en particular, con el apoyo

que brindaron a Álvaro Uribe les garantizó una cuota de poder en el gobierno.

(35)

Se entiende entonces que el juego del Partido Conservador sobre el tablero

político, posterior a la reforma política, se basa en la concentración de fuerzas y

la conservación de sus grupos de partidarios en todo el país, para asegurar

unos escaños en el Congreso que le garanticen al Partido poder entrar a

negociar una cuota burocrática; sin embargo, se evidencia una preocupación

por conservar una imagen de independencia frente al gobierno. De tal modo

para las elecciones de 2006 esta fuerza obtuvo 18 curules, siendo el segundo

partido de mayor votación (después del Partido de la U) y aumentando en 2

curules su representación (Universidad del Rosario, 2006, p.48) dentro de

quienes se encuentra el actual presidente del partido Efraín Cepeda Sarabia.

El comportamiento sui generis del Partido Conservador, le ha permitido a sus

directivas considerar que el partido está gobernando, pues aunque no sean la

principal fuerza electoral del país, si se encuentran en todas las instancias de

gobierno y en posiciones muy altas, como el Ministerio del Interior y de Justicia

que, por cuota burocrática del Presidente, ha sido en los últimos años para

militantes conservadores. Resulta anecdótico este comportamiento de los

conservadores y en particular que hayan encontrado su fortalecimiento en el

gobierno de Uribe, pues este en su primera campaña, basó parte de su éxito en

el agotamiento del gobierno conservador de Andrés Pastrana. Sin embargo, el

fenómeno de personalización de la política pudo hacer que los electores no

asociaran al ex presidente con el partido, que supo aprovechar el momento

coyuntural y su cercanía a muchas de las posiciones de Uribe para capitalizar

su posición ideológica y legitimarla ante la sociedad, “en cierta forma el

presidente le ha quitado al conservatismo sus banderas ideológicas... Como

Uribe supo enarbolar esas banderas logró conquistar el respaldo fuerte de los

conservadores” (Arias, Marzo 2006, pp. 62-63)

Teniendo en cuenta todos los postulados anteriores se concluye que el Partido

Conservador se caracteriza por: ser un partido tradicional con arraigo en

sectores muy precisos de la población, que se ha visto afectado por la

introducción de la Constitución de 1991 por disminuir su presencia en el poder,

sin embargo, se ha visto beneficiado de una forma extraña de la Reforma

(36)

Política del 2003, pues tiene las bases sociales suficientes para garantizar

escaños en el congreso, pudiendo negociar una cuota burocrática importante

que le da visibilidad al partido. Así se ha sostenido gracias al mantenimiento de

su base social y ha aprovechado su identificación con el gobierno para adquirir

nuevos adeptos, con la incertidumbre de si estos serán fieles al partido una vez superado el “fenómeno Álvaro Uribe”, por lo que se han entregado a la tarea de mostrar independencia y tratar de generar una identidad, acercándose a sus

bases y mostrando su plataforma ideológica, para garantizar su subsistencia

hacia el futuro.

En el otro extremo ideológico se encuentra el Polo Democrático Alternativo.

Este partido es consecuencia directa de la reforma política pues es “la

conjunción de dos fuerzas que venían aglutinándose en los últimos años, el

Polo Democrático Independiente y Alternativa Democrática” (Ocampo, 2006,

p.65) partidos que a su vez son fruto de la aglutinación de partidos y

movimientos como el Partido Comunista, el M-19, y el MOIR, sumados a

sectores sindicales y algunos movimientos sociales y étnicos. La unión de la

izquierda colombiana es un hecho sin registro en la historia, por lo que el

fenómeno ha sido importante, en particular por las tensiones que se han

generado en su interior.

Además, llama la atención el surgimiento de este Partido, en una coyuntura

continental, donde los gobiernos de izquierda empiezan a inundar el mapa

político de la región, además en un continente que cuenta con la presencia de

la primera potencia mundial, que por su historia es abiertamente contraria a las

ideas socialistas, así “hoy en América Latina movimiento que no plantee una

defensa consecuente y radical de la soberanía nacional, no puede

denominarse de izquierda” (Ocampo, 2006, p. 65). El Polo Democrático ha sido

consecuente con esa afirmación y ha encaminado su oposición al gobierno

Uribe, entre otros aspectos, por ser el gobierno de la región más cercano a las

políticas norteamericanas, pero más allá de eso, el partido se ha caracterizado

por ser el contradictor más radical a todas las políticas del gobierno, En cabeza

de su presidente Carlos Gaviria Díaz, (ex congresista y ex candidato

(37)

presidencial), es el primer partido de oposición y esto le ha garantizado una

representación en el ejecutivo, de tal forma ejercen la oposición desde el

Congreso, con un total de 10 curules, siendo la quinta fuerza en relación al

número de escaños. Además de obtener importantes votaciones en el

ejecutivo, en alcaldías y gobernaciones, dentro de las que se cuenta la Alcaldía

de Bogotá en los últimos dos periodos.

La inspiración de este partido busca la consonancia del fenómeno de

izquierdas en América Latina con la posibilidad de poder para la izquierda en

Colombia. Así “se asumió la tarea de organizar un movimiento de unidad y

convergencia, mas allá de la coyuntura electoral... el proceso de unidad de la

izquierda no ha estado exento de contradicciones ideológicas, propias de los

diversos enfoques, aunque ellos pueden ser compatibles en la diversidad sobre

la base de un programa común” (Lozano, Marzo 2006, p.45), lo fundamental

acá es que el Partido ha logrado sobrevivir, bajo la idea de unidad que se

centra en la oposición efectiva al gobierno.

Mayor unidad y fortaleza que el mismo Partido, han demostrado sus bases, que

tienen un fuerte sentido de identidad, lo que se ha reflejado en las elecciones.

La identidad generada corresponde a la fundación del Partido que mediante la unidad definió cuatro puntos ideológicos: la defensa de la soberanía nacional, el Estado social de derecho, un modelo económico centrado en el desarrollo del campo y la industria, y por último, la defensa de los derechos sociales,

económicos, culturales y ambientales. (Orjuela, L.,2008, pp. 294-295) Esta

identificación también es consecuencia de que al Partido se integren fuerzas

sindicales y los tradicionales partidos de izquierda que aportaron una militancia

comprometida.

De tal modo, se entiende que se estudiarán a continuación dos partidos

radicalmente diferentes. Llamando la atención sobre un fenómeno particular, tal

como se señaló en ambos casos, estos partidos reposan fuertemente sobre

sus bases, es decir sobre el apoyo popular electoral, para garantizar su

posición de poder. Esto resultaría obvio en términos de una democracia

Figure

Tabla 2. Fuente: Http://wwww.alexa.ccom, ingreso 9 de Noviemmbre de 20088
Tabla 3.
Tabla 4.

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