DOCUMENTOS PARA EL ESTUDIO DEL SIGLO XX

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HISTORIA

CONTEMPORÁNEA

Ana Henríquez Orrego

Profesora de Historia, Geografía y Ciencias Sociales,

Materiales recopilados en el contexto de la ayudantía

de la Cátedra “Balance y Perspectiva del Siglo XX”,

dictada por el profesor Armando Barría Slako, en el

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INDICE DE DOCUMENTOS

I. IMPERIALISMO E INICIOS DEL SIGLO XX...1-18

1) La Carga del Hombre Blanco (1899) 2) 1899-1902: la guerra anglo-bóer

3) Colombia, los Estados Unidos y el canal de Panamá 4) El Imperialismo (1902) J. A. Hobson (1858-1940)

5) Triple Alianza entre Alemania, Austria-Hungría e Italia 1882. 6) Acuerdo Militar Franco-Ruso 1892.

7) Entente Cordiale 1904.

8) Alemania y la crisis de Marruecos 1904.

9) El ambiente belicista en Europa: artículo en el diario alemán Die Post 1914.

II. PRIMERA GUERRA MUNDIAL...19-75

1) Tratado de la Triple Alianza entre Austria-Hungría, el Imperio Alemán e Italia, 1882

2) Acuerdo militar Franco-Ruso 1892

3) Entente Cordiale 1904. Declaración relativa a Egipto y Marruecos 4) Alemania y la crisis de Marruecos 1904

5) El ambiente belicista en Europa

6) La opinión alemana y la eventualidad de un a guerra 7) El militarismo en Alemania Imperial

8) La Liga Naval y el Gobierno Imperial 9) La "política mundial"

10) El "cerco” a Alemania

11) Los armamentos navales y las relaciones con Inglaterra 12) La primera guerra mundial. La tensión Europea

13) La locura del verano de 1914: el asesinato de Jean Jaurès. 14) Carta de un soldado inglés desde el frente

15) La propaganda de guerra en la prensa francesa 16) Las penurias de la población civil

17) El discurso de los Catorce Puntos

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22) Pacto de la Sociedad de Naciones 1919

23) Tratado de Versalles (I). Cláusulas territoriales – 1919 24) Tratado de Versalles (I). Cláusulas militares – 1919 25) Tratado de Versalles (I). Reparaciones de guerra- 1919 26) Tratado de Versalles (I). Garantías de ejecución – 1919.

III. REVOLUCIÓN RUSA...75 - 91

1) Peticiones dirigidas al zar por los manifestantes del 9 de enero de 1905. 2) Situación del campesino ruso en la época zarista

3) La industrialización rusa 4) LENIN: «¿Qué hacer?» 5) El domingo sangriento

6) Lenin y su concepción de la revolución 7) Satlin: "Un partido fuerte"

8) Del Extremo Oriente El rescripto de Nicolás II 9) La revolución de 1905 en el Imperio Ruso 10) Trotski: Revolución de 1905

11) La naturaleza de la revolución rusa

IV. ENTREGUERRAS 1919-1939...92 -140

1) Discurso de Wilson defendiendo la Sociedad de Naciones 1919 .

2) El aislacionismo americano: la hostilidad a la Sociedad de Naciones 1919. 3) Consecuencias de la Primera Guerra Mundial para Europa.

4) Acuerdos de la "Pequeña Entente" 1920-1921. 5) Tratado de Rapallo entre Alemania y Rusia 1923. 6) Los fines de la política exterior alemana en 1925. 7) El Pacto de Locarno 1925.

8) Impresiones de los protagonistas del Tratado de Locarno. 9) El Pacto Briand-Kellogg 1928.

10) Visión marxista de la crisis del 29

11) La visión de Keynes acerca de lacrisis del 29 12) Testimonio de un accionista

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15) El Duce Mussolini declara la guerra a Etiopía 1935. 16) El Pacto Antikomintern 1936.

17) Hitler y la cuestion de los Sudetes 1938.

18) Comentarios de Chamberlain antes de la Conferencia de Munich. 19) El Pacto de Munich 1938.

20) El Pacto de Munich, dos visiones contrapuestas: Blum y Churchill. 21) El Pacto de No Agresión Germano-Soviético 1939.

22) El Pacto de No Agresión Germano-Soviético - Protocolos Adicionales Secretos.

23) Manifiesto antibolchevique

24) El fascismo, definido por Mussolini 25) Rechazo del socialismo marxista 26) Anti-liberalismo fascista

27) ¿Por qué la Guerra? Carta a Freud De Albert Einstein

28) El porque de la guerra 1932 (1933) Carta a Einstein De Sigmund Freud

V. SEGUNDA GUERRA MUNDIAL...140 -181

1) Ultimátum francés a Alemania 1939. 2) Ultimátum británico a Alemania 1939.

3) Winston Churchill: el discurso de "sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor" 1940.

4) Propuesta de Unión franco-británica 1940.

5) Discurso del General De Gaulle llamando a la lucha contra Alemania 1940. 6) La Carta del Atlántico 1941.

7) Discurso de Stalin llamando a la resistencia 1941. 8) Declaración de guerra de Japón 1941.

9) Declaración de las Naciones Unidas 1942. 10) Armisticio de Italia 1943.

11) Acuerdos de la Conferencia de Teherán 1943.

12) Declaración de Dumbarton Oaks sobre las Naciones Unidas 1944. 13) Conferencia de Yalta - Resoluciones sobre la ONU 1945.

14) Conferencia de Yalta - Declaración sobre la Europa liberada 1945. 15) Conferencia de Yalta - Resoluciones sobre Alemania 1945.

16) Conferencia de Yalta - Resoluciones sobre Polonia 1945 17) Conferencia de Yalta - Resoluciones sobre Japón 1945. 18) Capitulación de Alemania 1945.

19) Discurso de Truman en la Conferencia de San Francisco 1945. 20) Carta de las Naciones Unidas 1945.

(5)

I. IMPERIALISMO E INICIOS SIGLO XX

(Volver a inicio)

1.-

La Carga del Hombre Blanco (1899)

Recoge la carga del Hombre Blanco,

Envía a tus mejores hijos,

ve a amarrarles al exilio,

a servir a tus cautivos;

a esperar en el pesado yugo,

ante gente errante y salvaje,

tus pueblos huraños, recién apresados,

Mitad diablo y mitad hijo.

Recoge la carga del Hombre Blanco,

Aguántala con paciencia

Oculta la amenaza del terror

Y asegúrate de mostrar orgullo;

(6)

Para procurar beneficio de otro,

Y de otro buscar la ganancia.

Recoge la carga del Hombre Blanco,

Las salvajes guerras de la paz,

Colma la boca del hombre

Y pide que cese la dolencia;

Y cuando tu objetivo esté más cerca

De la meta a otros destinada,

Observa que la pereza

Y la locura del pagano

Acaban con todas tus esperanzas.

Recoge la carga del hombre Blanco,

No es gobierno fácil de reyes,

Sino arduo trabajo de siervo

Y el barrendero.

La historia de las cosas corrientes.

No entrarás en los puertos,

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Construyéndolos con tu vida,

Y señalándolos con tu muerte.

Recoge la Carga del Hombre Blanco,

Y coge su vieja recompensa:

La culpa de quienes haces prosperar,

El odio de quienes cuidas.

El grito de los ejércitos que conduces

(¿Ah despacio!) hacia la luz:

“¿Por qué nos sacaste del cautiverio, nuestra amada noche de Egipto?”

Recoge la Carga del Hombre Blanco,

No oses rebajarte a menos,

Ni llamar a gritos a la Libertad,

Para encubrir tu cansancio;

Por todo lo que grites y susurres,

Por todo lo que hagas o no hagas

Los pueblos silenciosos y hoscos

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Recoge la Carga del Hombre Blanco,

Los días de la infancia han terminado,

El laurel ofrecido suavemente,

El elogio fácil y generoso.

¡Ahora llega, en busca de tu hombría

a través de todos los años ingratos,

Frío, afilado por la sabiduría

A tan alto precio conseguida,

El juicio de tus semejantes!

Rudyard Kipling, 1899

2.-

1899-1902: la guerra anglo-bóer

El interés de Gran Bretaña en cohesionar sus posesiones sudafricanas hizo difícil la

relación entre los ingleses y los bóers, descendientes de los colonos neerlandeses

establecidos en África Austral desde mediados del siglo XVII. El descubrimiento de las

minas de oro y diamantes, por un lado -Con la consiguiente inmigración británica y las

ambiciones de los círculos financieros londinenses- y la intransigencia de los boers, por

otro, hicieron la guerra inevitable. Sus precedentes inmediatos son descritos por Paulus

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“La República Sud-Africana no tardó en apercibirse que el objetivo del gobierno Ingles era hacer inevitable el conflicto, y que sólo dilataba el envío de un ultimátum para tener tiempo de reunir las fuerzas suficientes para aplastar el Transvaal. También desde que el gobierno republicano se persuadió de que la guerra era inevitable y de que toda nueva concesión sería vana, resolvió tomar una actitud enérgica, y, el 9 de octubre, envió al representante británico una última nota que después se ha llamado nuestro ultimátum. Esta nota hacia resaltar una vez más que Inglaterra no tenía el menor derecho a inmiscuirse en los asuntos internos de la República; que había sido por puro espíritu de conciliación que el gobierno republicano había consentido en entablar conversaciones con el Gobierno inglés sobre la cuestión del derecho de voto, cuestión que reafirmaba ser de la exclusiva competencia del Gobierno y del Parlamento de la República; que lejos de atender a esos procedimientos amigables, el gobierno inglés había entrado en el camino de las amenazas; que, después de la ruptura de las negociaciones, la República atendió siempre las proposiciones a las que el Gabinete de Londres había hecho alusión; que, a la vista de las fuerzas militares dirigidas hacia sus fronteras, la República se había visto obligada a movilizar sus Btírghers para asegurar la defensa del territorio; que la intervención del Gobierno inglés en los asuntos internos de la República constituía una violación de la Convención de 1884, lo mismo que el despliegue de sus tropas en las fronteras creaba una situación intolerable; que la República, en fin, consideraba su deber poner fin a esta situación, en su propio interés, así como, también en interés de todo Sud-Africa, y que, en consecuencia, rogaba encarecidamente al gobierno de Su Majestad que diese su aprobación a las disposiciones siguientes:

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c) Todas las medidas de incremento de los efectivos militares tomadas después de 1º de junio de 1899 serán anuladas en un plazo negociado, con toda lealtad, por los dos gobiernos, y bajo la garantía dada por la República Sud-Africana de que ninguna agresión u hostilidad será dirigida por una y otra de las dos Repúblicas contra los territorios de Su Majestad durante las negociaciones. Si Inglaterra se adhiere a esas condiciones, el gobierno de la República está dispuesto a retirar sus propias tropas de las fronteras.

d) Las tropas inglesas actualmente embarcadas no deberán poner pie en ningún puerto del África austral.

El despacho acababa rogando del gobierno inglés una respuesta para el día 11 de octubre antes de las 5 de la tarde, añadiendo que si no había llegado en plazo, una respuesta favorable, la República se vería, a su pesar, obligada a considerar las acciones del gobierno inglés como una formal declaración de guerra cuyas ulteriores consecuencias no podrían ser imputadas a la República, y que ésta consideraría igualmente como una declaración de guerra todo movimiento de tropas hacia las fronteras que pudiera tener lugar en el intervalo fijado más arriba.

El 11 de octubre Mr. Green entregaba la respuesta del gobierno inglés, cual se declaraba que era imposible aceptar las condiciones puestas por el Gobierno de la República sudafricana. Al mismo tiempo el encargado de negocios solicitaba su pasaporte para abandonar el país; he aquí cómo estalló la guerra a despecho de todas las concesiones, de toda la buena voluntad, y de toda la buena fe de que había dado prueba la República.

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por el derecho y la libertad, y ambos renovaron este juran en su última sesión en medio del duelo y de las inquietudes de la guerra”.

Les mémoires du président Krüger (París s. a.),

págs. 292-295

3.-

Colombia, los Estados Unidos y el canal de Panamá

Cuando fracasaron las negociaciones con la compañía de Lesseps encargada por

Colombia de construir el canal, los Estados Unidos adquirieron los derechos de aquella

concesión. En 1903, el tratado de Hay-Herrán dispuso que los Estados Unidos obtendrían,

en arriendo perpetuo, una faja de tierra de 9,5 kilómetros a través del istmo, a cambio de

10.000.000 de dólares en efectivo y de 250.000 al año. Ante la negativa del Senado

colombiano a ratificar el tratado, los Estados Unidos promovieron y financiaron el

levantamiento de un grupo de panameños que proclamó la independencia del istmo. La

gran potencia del norte conseguía así tener las manos libres para construir y explotar el

canal, cuyas obras terminaron en 1913.

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Istmo, igual a la de que gozaba Colombia, y al acordar, por el contrato de construcción del ferrocarril entre Colón y Panamá, firmado en l852, las más generosas ventajas, los Estados Unidos se pusieron en capacidad para desarrollar sus territorios de la Costa del Pacífico, a los cuales no se podía entonces llenar al través del continente norteamericano, porque la enorme distancia, montañas, los ríos, las selvas y las tribus salvajes, imposibilitaban el viaje. Con el ferrocarril de Panamá y con las facilidades de tránsito, los Estados Unidos pudieron encaminar hacia Occidente una poderosa corriente de civilización.

Al hacer todo lo que estaba a nuestro alcance para ayudar al progreso de los Estados Unidos, procedíamos en la confianza de que ellos nos garantizaban la soberanía sobre ese Istmo, de que precisamente se servían para su prosperidad, no para alimentar al verdugo de nuestra mutilación. Cambiar la obligación de garantizar la soberanía en derecho a invadir el territorio de la nación amiga fue un evidente abuso de confianza. Malo es asaltar la casa ajena para saquearla, pero es mucho peor valerse para ello de la hospitalidad que se nos ha dispensado. ¡Acción distinguida de valor fue, sin duda, para la poderosa República valerse de la posición privilegiada que se le había concedido para verificar en las tinieblas una sustracción!

Quien no tenga obtuso el sentido de la justicia y de la más elemental moralidad, habrá de confesar que un país que da a otro lo único que tenía y que estimaba como su más rica joya, no debió haber recibido como pago del país favorecido y que tan urgentemente necesitaba el servicio, portase como el más pérfido malévolo e implacable enemigo.

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aquello habría sido un crimen, ¿por qué ha de tener otro nombre siendo ejecutado por los Estados Unidos?

En nuestra buena fe, nunca imaginamos que el guardador se alzara con la prenda y, el fideicomisario moral con el fideicomiso. Además, no perdíamos la esperanza de obtener una garantía colectiva por parte de Las demás potencias, lo que preferiríamos a la garantía de una sola, para poder oponer los intereses de las unas a las de las otras, mantener el Canal bajo nuestra plena y entera soberanía y resguardar su neutralidad. Es patente la sabiduría de esta política fue en las Cortes europeas donde faltó la previsión. En 1857 nuestro Congreso expidió una ley que autorizó Poder Ejecutivo para negociar con las potencias un Tratado que asegurase a la libertad del tránsito para todas y la soberanía colombiana; pero este nuevo ensayo no alcanzó mejor éxito que en las otras veces. No habiendo sido escuchados lo que había de suceder era fatal: abandonados, sucumbimos; perdimos el Istmo, pero tarde o temprano las naciones de Europa resultarán más perjudicadas que nosotros, desde que la vía interoceánica no estará neutralizada. Su poder marítimo quedará subordinado al de los Estados Unidos. Colombia quiso una vía para el beneficio universal. El Canal será puramente una empresa política y comercial de los Estados Unidos. Las demás potencias lo aprovecharán mediante el beneplácito de ellos, siempre que sus intereses concuerden con los de ellos, nunca en otro caso: porque la neutralidad ofrecida estará necesariamente sujeta a la conveniencia, a las pasiones y al capricho de los Estados Unidos. Panamá, en la lengua de los aborígenes del Istmo, quiere decir «lugar donde se cogen muchos pescados». La ironía profética del nombre está en vía de cumplimiento. Ya Colombia cayó; otros caerán después de ella. También el yugo que los reyes de España pusieron en el escudo de la ciudad de Panamá parece emblema de un destino manifiesto”.

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4.-

El Imperialismo (1902)

J. A. Hobson (1858-1940)

Era hijo de un próspero editor de prensa Inglés. Heredó el liberalismo de su padre, además de una fortuna considerable. Se licenció en la Universidad de Oxford y empezó a trabajar en la política y el periodismo. Le interesaba sobre todo la reforma económica y social. Se convirtió en una figura importante de los círculos progresistas que se hacían sentir en la política de principios de siglo XX. Se opuso al deterioro de las libertades civiles que provocó la Primera Guerra Mundial. Al terminar ésta se afilió al Partido Laborista, del que siguió siendo destacada figura. Se mostró especialmente activo en la creación de la Liga de Naciones.

El Imperialismo fue una de las obras de Hobson más importantes y la que le convirtió en punto de referencia en este tema. Su autor había observado de primera mano el sistema imperial británico en Sudáfrica y desde el principio luchó contra él. Fue uno de los primeros en relacionar los efectos económicos y sociales del imperialismo con sus efectos culturales, y en defender la tesis de que el Imperialismo corrompe tanto a los gobernantes como a los gobernados.

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Si ya no se puede considerar que el imperialismo sea un destino inevitable, ¿es cierto que se puede detener la expansión del imperialismo como programa de política pública elegido deliberadamente?

Hemos visto que está motivado no por los intereses de toda la nación, sino por los de unas clases determinadas, que imponen la política a la nación en beneficio propio. Se ha sometido a rigurosos análisis la amalgama de fuerzas económicas y políticas que ejercen esta presión. Pero ¿la detección de esta confederación de fuerzas sanguinarias destruirá o aplacará de algún modo su poder de acción?...

...(acerca de nuestra política exterior) para decirlo llanamente la teoría es ésta: a cualquier súbdito británico que por propio placer o beneficio, decida aventurar su persona o sus bienes en el territorio de un estado extranjero puede recurrir a esta nación para que le proteja o le vengue en caso de que él o sus bienes se vean perjudicados, por el gobierno, o por cualquier habitante de ese estado extranjero. Es una doctrina peligrosa. Pone todos los recursos militares, políticos y económicos de esta nación a la entera disposición de cualquier sociedad misionera que considere que tiene la singular obligación de atacar los sentimientos y las prácticas religiosas de algunos pueblos salvajes, a la de algún explorador temerario...

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para una expedición de castigo, cuyo final es la bandera inglesa hondeando sobre una nueva extensión de territorio. De este modo, se permite que los individuos más insensatos e irresponsables de la nación dirijan nuestra política exterior. Cuando tenemos unos cuatrocientos millones de súbditos británicos, y cada uno de ellos en teoría o en la práctica, puede apelar al ejército británico para que le salve de lo que ha sido producto de su locura particular, el futuro de una auténtica Pax británica no es especialmente brillante.

Pero aquellos riesgos esporádicos, por graves que a veces hayan demostrado ser, son insignificantes si se comparan con los peligros que entrañan los métodos modernos del capitalismo y la economía internacional. No hace mucho que la industria estaba reducida a unos límites políticos, y las relaciones económicas entre las naciones estaba confinadas casi por competo en los intercambios comerciales de mercancía. La reciente costumbre de invertir capital en un país extranjero se ha desarrollado hasta tal punto que hoy las clases adineradas y políticamente poderosas de gran Bretaña, obtienen una proporción elevada, y cada vez mayor de sus ingresos del capital invertido fuera del Imperio Británico. Los intereses crecientes que nuestras clases acaudaladas tienen en países sobre los que no tenemos ningún control político son una fuerza revolucionaria de la política moderna. Significa una tenencia siempre creciente a emplear su poder político como ciudadanos de este estado para interferir en la situación política de aquellos estados donde tienen intereses industriales.

II

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Estado, sólo se puede eliminar con la instauración de una auténtica democracia: la dirección de l apolítica pública por el pueblo y para el pueblo por medio de representantes a los que controle realmente.

Se podrá dudar con razón de si ésta o cualquiera otra nación están ya capacitadas para esa democracia, pero si la política exterior de una nación no está, y mientras no esté, “asentada completamente en la voluntad de un pueblo”, hay pocas esperanzas de solución. El miedo de una gran guerra reciente tal vez controle por breve tiempo la confianza de los que comparan contra el imperio y les refranearán, pero las fuerzas económicas que nazcan, exigirán nuevas salidas y utilizarán las mismas alianzas políticas y los mismos apoyos sociales, religiosos y filantrópicos para presionar y conseguir nuevas empresas. Las circunstancias de cada nueva hazaña imperialista difieren de las precedentes: cualquier ingeniosidad que se requiera para pervertir la opinión pública o exaltar el sentimiento público será útil.

La principal fuente económica del imperialismo ha estado en las desigualdades de las oportunidades industriales por las que una clase favorecida acumula unos ingresos superfluos que, en su búsqueda de inversiones, provechosas, siempre obligan a avanzar más; la influencia de éstos inversores y de sus gestores financieros en la política del Estado consigue una alianza nacional de otros intereses creados que están amenazados por los movimientos de reforma social, y así, la adopción del imperialismo sirve al doble fin de obtener unos beneficios materiales privados para las clases favorecidas de inversores y comerciantes a un coste público y al mismo tiempo apoyar la causa del conservadurismo al desviar la fuerza y el interés público, de la agitación interna para dirigirlos al trabajo en el exterior.

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Evidentemente, por esta misma razón algunos elogian el Imperialismo, y dicen que, a romper los estrechos límites de las nacionalidades, facilita e impulsa el internacionalismo. Los hay incluso que propugnan y aprueban la supresión obligatoria de todas las nacionalidades pequeñas, que serán sustituidas por otras más grandes con el impulso del Imperialismo, porque imaginan que es el modo correcto de abordar una federación mundial y una paz eterna.

La pretensión de que el Estado Imperial que subyuga a la fuerza a otros pueblos y sus tierras lo hace con el fin de ofrecer a los conquistados los mismos servicios que ella exige es manifiestamente falsa: ni tiene la intención de prestar iguales servicios, ni es capaz de hacerlo, y la pretensión de que esos beneficios que se otorgan a los conquistados constituyen un nuevo peligro para toda la nación que fomente una idea tan errónea sobre su forma de comportarse. “Sean los hechos reales, no los posibles, la justificación”, dice un proverbio persa.

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II. PRIMERA GUERRA MUNDIAL

(Volver a inicio)

1.-

Tratado de la Triple Alianza entre Austria-Hungría, el Imperio Alemán e Italia, 1882

Sus Majestades, el Emperador de Austria, Rey de Bohemia, Rey apostólico de Hungría, el Emperador de Alemania, Rey de Prusia, y el Rey de Italia, animados por el deseo de aumentar las garantías de la paz general, de fortificar el principio monárquico y de asegurar con ello mismo el

mantenimiento intacto del orden social y político en sus Estados respectivos, han acordado concluir un tratado que, en virtud de su naturaleza

esencialmente conservadora y defensiva, no persigue otro objetivo que el de precaverles contra los peligros que pudieran amenazar la seguridad de sus Estados y la tranquilidad de Europa.

(…) han convenido los artículos siguientes:

Artículo 1. Las Altas Partes contratantes se prometen recíprocamente paz y amistad, y no entraran en alianza o compromiso alguno dirigido contra cualquiera de sus Estados.

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Artículo 2. En el caso de que Italia, sin mediar provocación directa por su parte, fuese atacada por Francia por cualquier motivo que fuera, las otras dos Partes contratantes estarán obligadas a prestar a la Parte atacada socorro y ayuda con todas sus fuerzas.

La misma obligación incumbirá a Italia en caso de una agresión no directamente provocada de Francia contra Alemania. (…)

Artículo 4. En el caso de que una gran Potencia no firmante del presente Tratado amenazase la seguridad de los Estados de una de las Altas Partes contratantes y, en razón de ello, la parte amenazada se viese forzada a hacerle la guerra, las otras dos se obligan a observar respecto a su ahijada una neutralidad benévola. Cada una se reserva, en tal supuesto, la facultad de tomar parte en la guerra, si lo estimase oportuno, para hacer causa común con su aliada.

(…)

Hecho en Viena el día veinte del mes de Mayo del año mil ochocientos

ochenta y dos.

2.-

Acuerdo militar Franco-Ruso 1892

Francia y Rusia, animadas por un idéntico deseo de conservar la paz y sin otro objetivo que el de prevenir la necesidad de una guerra defensiva,

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1. Si Francia fuera atacada por Alemania, o por Italia apoyada por Alemania, Rusia emplearía la totalidad de sus fuerzas disponibles para atacar a Alemania.

Si Rusia fuera atacada por Alemania, o por Austria apoyada por Alemania, Francia emplearía la totalidad de sus fuerzas disponibles para combatir a Alemania;

2. En caso de que las fuerzas de la Triple Alianza, o de una de las Potencias que de ella forman parte, llegaran a ser movilizadas, Francia y Rusia, a la primera noticia del hecho y sin necesidad de un acuerdo previo, mobilizarán inmediata y simultáneamente la totalidad de sus fuerzas, conduciéndolas lo más cerca posible de sus fronteras;

4. (…) Los Estados Mayores mencionados se comunicarán, ya en tiempo de paz, cuanta información relativa a los ejércitos de la Triple Alianza obre o llegara a obrar en su conocimiento respectivo.

5. Francia y Rusia no concluirán la paz separadamente.

6. Todas las cláusulas que anteceden se mantendrán rigurosamente secretas.

7. La presente Convención tendrá la misma duración que la Triple Alianza.

San Petersburgo, 18 de agosto de 1892

3.-

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Declaración relativa a Egipto y Marruecos

"Artículo 1. El Gobierno de Su Majestad Británica declara que no tiene intención de cambiar el status político de Egipto.

Por su parte, el Gobierno de la República Francesa declara que no pondrá obstáculos a la acción de Inglaterra en este país pidiendo que se fije un término para la ocupación británica ni de cualquier otra manera (…)

Artículo 2. El Gobierno de la República Francesa declara no tener intención de cambiar el status político de Marruecos.

Por su parte, el Gobierno de Su Majestad Británica reconoce que

corresponde a Francia, especialmente como Potencia cuyos dominios lindan en gran extensión con los de Marruecos, velar por el orden en este país y facilitarle ayuda para todas las re formas administrativas, económicas, financieras y militares que necesite.

Declara que no pondrá obstáculos a la acción de Francia a este respecto (…)

Artículo 7. Con el fin de asegurar el libre tránsito del Estrecho de Gibraltar, ambos Gobiernos convienen en no permitir que se levanten fortificaciones u obras estratégicas cualesquiera en la parte de la costa marroquí comprendida entre Melilla y las alturas que dominan la orilla derecha del Sebú (…)

Sin embargo, esta disposición no se aplica a los puntos actualmente ocupados por España en la costa marroquí del Mediterráneo.

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costa marroquí del Mediterráneo, con respecto a los cuales el Gobierno Francés llegará a un acuerdo con el Gobierno Español. El acuerdo a que pueda llegarse acerca de este asunto entre Francia y España se comunicará al Gobierno de Su Majestad Británica."

Londres, a 8 de abril de 1904.

4.-

Alemania y la crisis de Marruecos 1904

"Alemania debe protestar ante la intención de Francia por apropiarse de Marruecos no solo por razones materiales, sino sobre todo para salvaguardar su prestigio. La posición a esgrimir al respecto sería la siguiente: la

absorción abiertamente premeditada de Marruecos por Francia pone fin a la libre competencia extranjera y origina, por tanto, a los intereses de las terceras Potencias, y en particular de Alemania, un grave perjuicio ahora y en el futuro. Durante mucho tiempo creímos que Francia buscaría un

acuerdo con las Potencias interesadas. Sin embargo, no ha sido así, al menos por lo que a Alemania se refiere.

En consecuencia, el Gobierno alemán se ve obligado a asumir, por su propia iniciativa, la defensa de los intereses alemanes que nuestro Soberano

resumió ante el Rey de España de esta manera: “Nosotros reclamamos la libertad de comercio y de tráfico en Marruecos.

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Nota del barón Holstein

3 de junio de 1904

5.-

El ambiente belicista en Europa

"Francia no está aún preparada para el combate. Inglaterra se enfrenta con dificultades interiores y coloniales. Rusia rechaza la guerra, porque teme la revolución interior. ¿Vamos a esperar a que nuestros adversarios estén preparados o debemos aprovecharnos del momento favorable para provocar la decisión? Esta es la grave cuestión que hay que zanjar.

El ejército austríaco es aún fiel y útil. Italia está todavía firmemente ligada a la Triple Alianza e incluso si prefiere (...) mantener la paz para restañar las heridas de la última guerra, sabe (...) que si Alemania es derrotada, quedará sin remedio a merced de la violencia de Francia e Inglaterra y perderá su posición independiente en el Mediterráneo (...) Podemos igualmente contar llegado el caso con Turquía y Rumania (...) Podríamos tener la dirección de la política europea mediante una ofensiva resuelta, y podríamos asegurar nuestro porvenir.

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Extracto de un artículo aparecido en el diario alemán Die Post

24 de febrero de 1914

6. La opinión alemana y la eventualidad de un a guerra

Fuente: Nota Stephen Pichon, Ministro de Asuntos Exteriores, sobre la opinión pública en Alemania según los informes de los agentes diplomáticos y consulares, París, 30 de julio de 1913, Documents diplomatiques. La guerre européenne, 1914, imprimerie Nationale, París, págs. 15-20.

(en Pierre Guillen, Historia de Alemania, p. 283-287)

La opinión alemana está dividida, sobre la cuestión de la eventualidad de una guerra posible y próxima, en dos corrientes: hay en el país fuerzas pacíficas, pero inorgánicas y sin jefes populares. Consideran que la guerra sería una desgracia social para Alemania, que el orgullo de casta, la dominación prusiana y los fabricantes de cañones y de planchas acorazadas obtendrían el mejor partido, y que la guerra sería beneficiosa en especial para Inglaterra. Se descomponen tal como sigue:

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influyentes en la Corte, y bastante inteligentes como para darse cuenta de las desastrosas consecuencias políticas y sociales de una guerra, aunque fuera victoriosa para Alemania. Un gran número de industriales, de comerciantes y financieros de mediana importancia, a los que la guerra, incluso victoriosa, llevaría a la banca rota puesto que sus empresas viven del crédito y esta en comandita con capitales extranjeros. Los polacos, los alsaciano-lorenesesy los habitantes de Schleswig-Holstein, conquistados pero no asimilados y con una sorda hostilidad hacia la política prusiana, es decir, unos siete millones de alemanes anexionados. Finalmente, los gobiernos y las clases dirigentes de los grandes Estados del Sur, Sajonia, Babiera, el Wurtemberg y el Gran Ducado de Baden, están divididos entre este doble sentimiento: una guerra con derrota comprometería a la Confederación, de la que han recibido grandes ventajas económicas; una guerra victoriosa sólo beneficiaría a Prusia y a la prusianización, contra la cual luchan duramente para defender su independencia política y su autonomía administrativa.

Estos elementos prefieren, por razón o por instinto, la paz a la guerra; pero sólo son fuerzas políticas de contrapeso, cuya fuerza en la opinión pública es sumamente limitada o bien fuerzas sociales silenciosas, pasivas e indefensas ante el contagio de una ola belicista. Un ejemplo aclara la idea: Los 110 diputados socialistas son partidarios de la paz. No sabrían impedir la guerra, ya que ello no depende ni del menor voto del Reichstag, y, ante esta eventualidad, el grueso de sus fuerzas haría coro en la cólera o el entusiasmo con el resto del país. Hay que hacer notar, finalmente, que estos partidarios de la paz en la masa creen en la guerra, puesto que no ven otra salida a la situación actual... Esperan, sin embargo, que la buena voluntad del emperador, por una parte, y las dificultades de Francia en Marruecos, por otra parte, garanticen por algún tiempo la paz. Sea lo que sea, su pesimismo deja las manos libres a los partidarios de la guerra.

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de ánimo más importante que este hecho histórico, ya que constituye un peligro más evidente y más cercano. Existe un partido de la Guerra, con sus jefes, sus partidarios, y una prensa convencida o pagada para fabricar la opinión publica con medios variados y temibles para intimidar al Gobierno. Actúa sobre el país con ideas claras, con sentimientos ardorosos y con una voluntad de acción tensa y agitada... Unos quieren la geurra porque es inevitable dadas las circunstancias actuales. Y para Alemania más vale enseguida que tarde. Otros la consideran como necesaria por razones económicas motivadas por la superpoblación, la superproducción y la necesidad de mercados y salidas de productos, como razones sociales: una maniobra de distracción en el exterior sólo puede obstaculizar o retardar la llegada al poder de las masas democráticas y socialistas. Otros, inseguros sobre el porvenir del Imperio, y creyendo que el tiempo que transcurra irá en beneficio de Francia, piensan que hay que acelerar los acontecimientos. No es extraño encontrar, a través de conversaciones y folletos patrióticos, el sentimiento oscuro pero profundo de que una Alemania libre y una Francia resucitada son dos hechos históricos incompatibles. Otros son belicosos por bismarckismo. Se sienten humillados por tener que discutir con los franceses, que hablar claro, razonablemente, en las negociaciones o conferencias en las que no tuvieron siempre razón mientras tienen la fuerza más decisiva. Hacen emerger u orgullo sin límite de un pasado reciente, alimentado por recuerdos vividos, por la tradición oral o por los libros, y herido por los acontecimientos de estos últimos años. El despecho irritado caracteriza el espíritu de asociaciones, Wehrvereine y otros grupos de la joven Alemania. Otros quieren la guerra a causa de un odio místico hacia la Francia revolucionaria. Otros, finalmente por rencor.

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aristocracia militar... Sólo la guerra puede prolongar su prestigio y servir a sus intereses familiares... Finalmente, esta clase social, que forma una jerarquía cuya cima corresponde al rey de Prusia, constata con terror la democratización de Alemania y el poder creciente del partido socialista, y piensa que tiene los días contados. Sus intereses materiales no sólo están amenazados por un formidable movimiento hostil al proteccionismo agrícola, sino que además su representación política disminuye tras cada legislatura... La gran burguesía, representada por el partido nacional-liberal, partido de los satisfechos, no tiene las mismas razones que los gentileshombres para desear la guerra. Sin embargo, excepto algunos pocos casos, es belicosa. Sus razones son sociales. La gran burguesía está tan afectada como la nobleza por la democratización de Alemania... Incómoda entre los instintos conservadores y la ideas liberales, pide a la guerra que soluciones lo que sus incapaces y lamentables representantes no logran arreglar. Por otra parte, los industriales doctrinarios opinan que las dificultades que tienen con sus obreros tienen su origen en Francia, centro revolucionario de las ideas emancipadoras: sin Francia, la industria quedaría tranquila. Finalmente, los fabricantes de cañones y de planchas de acero, los grandes comerciantes que cada vez exigen más, los banqueros que especulan sobre la “edad de oro” y la próxima indemnización de guerra, piensan que la guerra constituirá un buen negocio. Entre los “bismarckianos” hay que contar a funcionarios de todas las carreras, representados con bastante exactitud en el Reichstag por los Conservadores libres, partido de los jubilados, cuyas fogosas ideas se desparraman en la Post. Hacen escuela y tienen descendencia entre los grupos de jóvenes cuyo ánimo ha sido preparado y puesto en tensión en el colegio o en la universidad.

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de las clases y favorece el empuje socialista. Francia, obstinándose por conseguir el desquite, se opone al desarme. Hay que reducir de una vez por todas a este país a la impotencia durante un siglo. Esta es la mejor y más rápida manera de resolver la cuestión social. Historiadores, filósofos, publicistas políticos y otros apologistas de la Deutsche Kultur, quieren imponer al mundo una forma de sentir y de pensar que sea específicamente alemana. Quieren conquistar la supremacía intelectual que, según la opinión de los espíritus lúcidos, está en Francia. En esta fuente bebe la fraseología de los pangermanistas, así como los sentimientos los contingentes de las Kriegsvereine, de las Wehrvereine y otras asociaciones de este género...

Hay, finalmente, partidarios de la guerra por rencor, por resentimiento. Estos son los más peligrosos. Se reclutan entre los diplomáticos... Los más encarnizados son los que, desde 1905, han estado metidos en negociaciones entre Francia y Alemania; acumulan y adicionan prejuicios contra nosotros... Necesitan un desquite, ya que se consideran embaucados...

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7. El militarismo en Alemania Imperial

Fuente: Etiene Flandin, L´Allemagne en 1914, Le Soudier, París 1915, pg. 87.

(en Pierre Guillen, Historia de Alemania, p. 256-258)

El ejército alemán no solo dispone de número, sino que también tiene una educación guerrera de la mayor calidad. Puede decirse que esta educación comenzó para el soldado antes de su llegada al cuerpo que le correspondiera. En efecto, en todas las regiones del Imperio se han constituido sociedades de preparación militar, que forman a la juventud en los ejércitos de marcha, de gimnasia, de equitación, de tiro, de maniobras o de campamento. Estas sociedades cuya dirección corre a cargo de una de las máximas autoridades militares de Alemania, el mariscal von der Golltz, dispone de un presupuesto de varios millones y no tiene menos de 800000 miembros. Los Alemanes, tienen pues, la juventud mejor preparada, física y moralmente, para el servicio militar. Y, cuando se ha cumplido el servicio activo, prosigue la educación para los reservistas. Los periodos de ejercicios a los que los reservistas, están sujetos, no se cumplen –en la mayor parte del tiempo- en los cuarteles, sino en los campos de instrucción militar. Alemania posee 24 campos de éstos... los reservistas se ejercitan en verdaderos servicios de campaña en los que ejecutan maniobras de tiro, efectúan grandes movimientos de masas y se inician en todos los nuevos procedimientos, ofensivos o defensivos, de la táctica moderna...

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antoja como un hombre de una clase superior a la suya... los cuadros están fuertemente constituidos y son un sólido armazón para la enorme masa de los elementos de combate... todos los esfuerzos ha tendido a hacer de los suboficiales un cuerpo a parte, de costumbres esencialmente militares, viviendo en el cuartel cerca de la tropa, pero, no obstante, sin mezclarse con ella. Reclutados en un medio social homogéneo, pero modesto, los suboficiales alemanes tienen las cualidades y defectos propios de su origen. Son a la vez humildes ante los oficiales, por los que demuestran un respeto y entrega a toda prueba, y arrogantes frente a sus inferiores, muy dados incluso a abusar de su autoridad... la promoción de un ayudante al grado de oficial es algo absolutamente excepcional. Pero, en cambio, a su salida del regimiento, los suboficiales tienen la certeza de encontrar empleos bien remunerados que el Estado les garantiza.

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protestas parlamentarias han sido vanas. El cuerpo de oficiales permanece como un cuerpo cerrado e infatuado por su predominancia social...

Hay que reconocer que el imperio ha multiplicado sus esfuerzos para asegurar un cuerpo de oficiales al nivel de su cometido. Desde la edad de 10 años, los hijos de los oficiales o de los funcionarios que quieren dedicarse ala carrera de las armas entran en una de las 10 escuelas de cadetes... en la escuela de cadetes reciben ya una instrucción táctica importante; la prosiguen durante tres años estudiando en una de las seis escuelas de guerra... la intrusión táctica se da en cierto número de escuelas de practicas... finalmente, la elite, los que tendrán reservado en el futuro las funciones del alto mando, acaban su educación militar en el Estado Mayor. Su acceso en él es particularmente difícil. La cantera para el reclutamiento es la Academia de Guerra de Berlín. Cada año esta escuela de alta enseñanza táctica recibe alrededor de 150 oficiales; los cursos tienen una duración en ella de tres años... Alemania, tiene, así, un personal muy limitado de oficiales de Estado Mayor, pero es un personal inmejorablemente instruido, enterado de todos los problemas de táctica y de estrategia... “La próxima guerra -decía el Mariscal Motke- será sobre todo una guerra en la que la ciencia estratégica del mando tendrá la Mayor importancia.” Y añadía: “nuestra fuerza se haya en la dirección, en el mando, en un palabra, en nuestra gran Estado Mayor, al que he consagrado los últimos años de mi vida. Esta fuerza ya la pueden envidiar nuestros vecinos, pero no la tienen.”

8. La Liga Naval y el Gobierno Imperial

Fuente: Carta del Príncipe Salm-Hortmar, Presidente de la Liga Naval, dirigida a

Tripitz el 3 de diciembre de 1901, y respuesta de Tripitz del 14 de diciembre de 1901,

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Flottenpropaganda, en Moderne Sozialgeschchte, Hrsg. V. Hans-Ubrich Wehler,

Colonia, 1966, págs. 401-402.

(en Pierre Guillen, Historia de Alemania, p. 258-260)

1. Varias personalidades de diferentes partidos me han pedido que suscite un movimiento para procurar que Reichstag presente al gobierno la siguiente demanda: dada la coyuntura desfavorable y la crítica situación que reinan en el comercio y la Industria, y que provocan el paro de varios miles de trabajadores, debe acelerarse según el ritmo más veloz posible la construcción de navíos de guerra, llevada a un ritmo demasiado lento. Si la construcción de los navíos aprobada por la última ley sobre la flota se acelerara de esta suerte, empresa a la que pueden enfrentarse perfectamente los astilleros alemanes, numerosas ramas de la industria recibirían pedidos, lo que no solo las sacaría a flote, sino que además les permitiría dar trabajo a sus obreros y readmitir a los que han tenido que despedir. Pero uno de los principales factores que hay que considerar es que la demanda de nuevos navíos de guerra, al reanimar la actividad comercial e industrial, provocaría un alza de los valores de la Bolsa, salvaría numerosos títulos y consolidaría el mercado financiero.

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canciller, para que yo sepa cual será la reacción del gobierno ante una iniciativa de mi parte en esta aspecto. En caso de una respuesta favorable, a partir de Navidad empezaría a activar este asunto y emprendería una campaña en los periódicos de la Liga Naval. Si el canciller lo desea, estoy dispuesto a conversar antes de ello con él.

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provocar una campaña para la aceleración del ritmo actual de construcción de la flota. Por ahora el momento favorable para esta aceleración no ha llegado aún.

9. La "política mundial"

Fuente: Informe del embajador de Francia en Berlín, el 12 de diciembre s 1899, Documents diplomatiques francais, 1ª serie, t. 16, lmprimerie Nationale, París, págs. 44-46.

(en Pierre Guillen, Historia de Alemania, p. 260-262)

Noailles analiza un discurso pronunciado por Bülow con ocasi46n de los debates en el

Reíchstag sobre el programa naval.

El secretario de Estado para los Asuntos Exteriores pronunció ayer, en el Reichstag, con ocasión del proyecto del aumento de la flota, un importante discurso del que me creo obligado a resumir sus puntos principales.

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sobresalientes de la historia de la expansión colonial universal, hizo alusión directa a los incidentes que se desarrollan actualmente en el Transvaal. Nadie, dijo, puede prever qué consecuencias producirá la guerra que, desde hace algunas semanas, asola el sur de Africa. El Primer Ministro inglés proclamó, hace ya algún tiempo, que los Estados fuertes, serían cada vez más fuertes y los débiles más, y todo lo que sucede , señala la certeza de esa afirmación. No creo que estemos en vísperas de un nuevo reparto del mundo -añadió el Sr. Biilow-, pero en todo caso, de la misma manera que no pretendemos ni queremos perjudicar a ninguna potencia, asimismo tampoco queremos permitir que ninguna potencia nos deje al margen ya sea desde el punto de vista político o desde el punto de vista comercial.

El secretario de Estado para los Asuntos Exteriores se refirió entonces al rápido aumento de la población de Alemania, y al desarrollo de la industria y el comercio. Todo ello -dijo- nos obliga a una "política mundial" (Welpolitik). Cuando los ingleses hablan de la "Greater Britain" y los franceses de la "Nouvelle France", cuando los rusos marchan hacia Asia, debemos pretender una "mayor Alemania"...

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El discurso ha sido recibido con aplausos por casi toda la derecha, que subrayó especialmente con muestras de aprobación el pasaje relativo a las buenas relaciones con Rusia. Pero los diputados de este grupo recibieron, por el contrario, con interrupciones las muestras de cortesía que el Sr. von Bülow dedicó a América. La izquierda permaneció relativamente bastante fría. Las consideraciones relativas a la “mayor Alemania” llegaron hasta a provocar, en este partido, vivas muestras de desaprobación que motivaron la intervención del presidente.

10. El "cerco” a Alemania

Fuente:

Carta de von Bulow al Ministro de Guerra von Einem, citada en las Memories du

chancelíer prince de Bulow, trad. francesa, Plon, París, 1930, t. II, págs. 231-33.

(en Pierre Guiellen, Historia de Alemania, p. 262-263)

En esta carta, fechada el 10 de julio de 1906, Bülow expone que Alemania rodeada de potencias hostiles, debe reforzar sus ejércitos.

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incluso llamar la atención. Imitemos a los franceses que se arman en el mayor silencio. Nada de discursos provocativos, nada de manifestaciones dirigidas contra tal o cual potencia, nada de argumentos de alta política, nada de ruido inútil. Hablar lo menos posible de estas peticiones eventuales, ya sea antes o después del voto del presupuesto, para impedir la agitación que pudiera provocar la oposición. Las peticiones deberán hacerse con la mayor ponderaci6n posible y a base de argumentos técnicos. Le indico de forma expresa que el Emperador ignora que le he escrito.

11. Los armamentos navales y las relaciones con Inglaterra

Fuente: Acta de una conferencia mantenida en la cancillería del Reich, el 3 de junio

de 1909, citada en von Einem, op. cit., t. 11, págs, 424-430.

(en Pierre Guillen, Historia de Alemania, p. 264-265)

Reunidos junto a Bülow, el almirante Tirpitz; el vicealmirante Müller; Moltke, jefe del

Estado Mayor general; Bethmann llollweg, secretario de Estado del Interior; Schoen,

secretario de Estado para Asuntos Exteriores, y Metternich, embajador en Londres,

examinan la oportunidad de una negociación con Inglaterra para acabar con la tensión

entre los dos países.

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jaleo... Estima inoportuno y hasta peligroso, tras la actitud tomada por el Gobierno inglés durante esta primavera, tornar la iniciativa para una alianza con Iglaterra; hay que dejar que Inglaterra presente sus proposiciones.. Las escucharemos y a nuestra vez, haremos también nuestras propuestas... A su parecer no hace falta esperar un nuevo intento de consentimiento; pero en ningún caso podríamos prestarnos a un acuerdo con Inglaterra sin una suficiente contrapartida militar... El ministro de Estado Bethmann estima que no deberíamos tomar la iniciativa para llegar a un acuerdo sino en el caso en que estuviésemos preparadas para formular una proposición definida... Tal vez podría llegar a una cierta distensión con Inglaterra en cuanto a las colonias y a la política comercial... El conde de Metternich estima que es muy deseable un acuerdo en las cuestiones comerciales y coloniales, pero no bastaría para tranquilizar a Inglaterra, lo que sólo se puede obtener mediante un entendimiento en la cuestión de las flotas; ¿sería posible hacer una concesión a Inglaterra retrasando el ritmo de nuestras construcciones? El general von Moltke es de la opinión de que no hay posibilidad alguna de...

12.-

La primera guerra mundial. La tensión Europea:

La tensión Europea:

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“El conflicto entre dos de las grandes potencias militares de Europa, desatará una guerra Europea general: Tal será la consecuencia obligada, de los tratados entre las diferentes partes. En tal conflagración la Triple Entente dispone:

De todas las fuerzas francesas de mar y tierra, si es que las de tierra no son inmovilizadas, en parte, en África del norte. De la potencia naval de Inglaterra y del cuerpo expedicionario británico.

De las fuerzas de Rusia en Europa, con excepción de algunas fracciones que deberán ser mantenidas para reprimir las dificultades internas.

Frente a la Triple Entente, la Triple Alianza dispone de todo el ejército y flota alemana, y también, con las reservas que se señalan más adelantes, de las fuerzas de tierra y de mar de Austria, Hungría, de Italia y posiblemente de Rumania.

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...Italia no tiene ningún interés vital en una guerra que surja de un conflicto entre Rusia y Austria. Mientras Alemania y Austria lucharán por su existencia, Italia apenas será amenazada. No será directamente atacada porque ni Francia ni Inglaterra estarán en condiciones en el curso de una guerra con Alemania, de enviar un cuerpo expedicionario a Italia. Si esta cubre un poco sus costas, nada serio podrá ocurrirle. Si toma parte en la guerra, lo hará no por que debe luchar por la vida, como Alemania y Austria, sino porque ha firmado tratados. Y es casi seguro que ella no comprometerá a fondo y sin reservas sus fuerzas armadas. Operará a la defensiva y prudentemente. Esperará estar segura sobre el curso de los acontecimientos más allá de los Alpes, ara poder retirarse sin grandes daños, si se produce entre los aliados un viraje de la suerte.

...Mi opinión se ha afirmado en el cursos de las conversaciones que he tenido estos últimos días, con un representante del Estado Mayor Italiano. Todos los pretextos le parecerán buenos a Italia para no enviar ese tercer ejército cuyo transporte por el Rhin superior hemos preparado desde tan largos años. De esta suerte Alemania le faltará parea hacer frente a Francia, 5 cuerpos de ejército y 2 divisiones de caballería. Estaremos solos y sin ayuda directa, frente a ésta y a Inglaterra”.

(Compara enseguida la Tríplice y la Entente en cuanto a fuerzas y voluntad en casos de conflictos).

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lesiona al mismo tiempo sus propios intereses. En nuestro tiempo en que ya no se desea más “una guerra de gabinete”, todo Estado tiene necesidad de esa voluntad para poder conducir una guerra enérgica.

En cambio, la Entente presenta fuertes tendencias ofensivas, es decir, objetivos positivos que aparecerán ante los Estados aliados como dignos de ser realizados.

“Prusia tiene el deseo comprensible de aplastar el Austria para imponer la hegemonía en Europa, y por medio de Serbia, abrirse la ruta del Adriático. Austria no tiene sino un interés defensivo que oponerle.

Francia anhela recuperar sus provincias perdidas y tomar su revancha de las derrotas de 1870. Alemania no quiere sino defender su propiedad. Inglaterra trata de desembarazarse, con la ayuda de sus aliados, de la pesadilla de la potencia marítima de Alemania. Alemania no piensa en la destrucción de la flota Inglesa: aquí también, sólo quiere defenderse.

Así pues, en todos los puntos, fines defensivos por un lado, fines ofensivos por el otro. Esto significa en caso de guerra, más cohesión en triple Entente que en la Triple Alianza.

...En pocas palabras puede caracterizarse como sigue la esencia misma de la Triple Alianza, no sólo en el actual período de tensión política, sino también en el futuro. De las partes contratantes, la más amenazada desde el punto de vista político, es el Austria; desde punto de vista militar, Alemania. Italia es la menos amenazada política y militarmente. Si estalla la guerra, no hay duda que todo su peso recaerá en las espaldas de Alemania, rodeada de adversarios por sus tres lados.

(45)

circunstancias actuales podemos afrontar la pesada tarea con confianza. Las fuerzas numéricas de nuestro ejército que desde hace tiempo no corresponde a la capacidad guerrera del país, basta sin embargo, como lo demostrare más adelante, para estar a la altura de las tareas que nos reserva el porvenir. Si la situación política de Europa no cambia, la posición central de Alemania, siempre nos obligará a hacer frente desde varios lados. Sin embargo, será preciso guardar la defensiva de un lado con fuerzas débiles, para poder tomar la ofensiva en el otro. Este último flanco no puede ser otro que Francia. Ahí se puede esperar una decisión rápida, en tanto que del lado de Rusia, una guerra ofensiva no tiene objeto. Pero para operar ofensivamente contra Francia, será preciso violar la neutralidad de Bélgica. Sólo con la marcha a través de territorio belga es posible atacar y batir el ejército francés en campo abierto. Encontraremos en el camino al cuerpo expedicionario inglés, si es que no logramos atraer a nuestro lado a los belgas, también a las tropas belgas. Sea como sea, esta operación presenta más posibilidades de éxito que un ataque frontal sobre la cortina fortificada del este francés. Un ataque de este tipo, daría a las operaciones un carácter de guerra de fortificaciones, costaría mucho tiempo, arrebataría al ejército al impulso y la iniciativa de que tanto necesitaremos, mientras mayor sea el número de los enemigos con que sea preciso contar.

(46)

13.-

El clima prebélico

Hay que habituar al pueblo alemán a pensar que una guerra ofensiva por nuestra parte es una necesidad para combatir 1as provocaciones del adversario. Hay que llevar las cuestiones de tal manera que, bajo la penosa impresión de armamentos poderosos, de sacrificios considerables y de una situación política tensa, se considere como una liberación el desencadenamiento de la guerra, y hay que preparar ésta desde el punto de vista económico, pero sin despertar la desconfianza de nuestros financieros.

Estos son los deberes que incumben a nuestro ejército, y que exigen un efectivo elevado. Si nos ataca el enemigo, o si queremos domarle, haremos como nuestros hermanos de hace una centuria: el águila provocada emprenderá el vuelo, apresa al en enemigo con sus apretadas garras y lo volverá inofensivo. Recordaremos entonces que las provincias del antiguo Imperio alemán -el condado de Borgoña y buena parte de Lorena- están todavía en manos de los francos y que millares de hermanos alemanes de las provincias bálticas gimen bajo el yugo eslavo. Devolver a Alemania lo que antaño poseía es cuestión nacional.

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14.-

La guerra submarina

Desde hace dos años y medios abusa Inglaterra del poder de su flota, intentando obligar a Alemania a someterse a ella mediante el hambre. En su brutal quebrantamiento del derecho internacional. El grupo de potencias acaudillado por Inglaterra paraliza no sólo el comercio de sus adversarios, sino que con desconsiderada presión obliga también a los neutrales a abandonar todo comercio que no les es grato, o a limitar este según sus órdenes arbitrarias...

El Gobierno inglés persiste en su guerra por hambre que si bien no afecta a la potencia armada del adversario, sí obliga a mujeres y niños, enfermos y ancianos, a sufrir penurias por su patria, que son dolorosas y ponen en peligro las energías del pueblo...

El Gobierno imperial no podría responder ante su propia conciencia, ante su pueblo y ante la Historia, si dejara de intentar cualquier medio para acelerar el término de la guerra. Tenía, la esperanza de alcanzar este fin por medio de negociaciones. Después, de haber sido contestado este intento de entendimiento con el anuncio de una lucha extremada por los adversarios, el Gobierno imperial, si no quiere pecar ante sus propios súbditos, y para servir en su elevado sentido a la humanidad, tiene que seguir la lucha por la existencia impuesta de nuevo por sus rivales, apelando a todas las armas. Por consiguiente, se ve obligado a prescindir de todas las limitaciones que se había impuesto hasta ahora en el empleo de sus medios de lucha en el mar...

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En ejecución de este propósito se procederá sin otro aviso y por cualquier arma a la interrupción de todo tráfico marítimo alrededor de la Gran Bretaña, de Francia y de Italia, así como en el mediterráneo oriental en las zonas de prohibición indicadas a continuación.

1. Zona de prohibición de paso:...

2. el Mediterráneo es declarado zona de guerra...

Los buques neutrales que naveguen en las zonas de los parajes en cuestión lo hará en su propio riesgo y peligro.

(Nota alemana a los países neutrales

comunicando la declaración de guerra

submarina ilimitada, 1917)

15.-

La locura del verano de 1914: el asesinato de Jean Jaurès.

(49)

alemanes, italianos, rusos, pidamos a esos millones de hombres que se junten para que el latido unánime de sus corazones aleje la horrible pesadilla."

Jean Jaurès: Discurso en Lyon, 23 de julio de 1914

"Esta guerra no la hemos querido nosotros (...) Conducidos a la lucha, nos movilizamos para rechazar al invasor, para salvar el patrimonio de la civilización y la ideología liberal que nos ha legado la historia. No queremos que se pierdan las pocas libertades arrancadas a las fuerzas del mal con tantos sufrimientos. Contestamos "presente" a la orden de movilización. Nunca haremos una guerra de conquistas (...) Emperadores de Alemania y de Austria-Hungría (...) que habéis querido la guerra, nos comprometemos a doblar las campanas, tocar a muerto, de vuestro reino."

Léon Jouhaux: Discurso en los funerales de Jaurès, 4 de agosto de 1914

16.-

Carta de un soldado inglés desde el frente

Cariño mio,

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nadie le importa un rábano si Alemania tiene Alsacia, Bélgica o Francia. Lo único que quiere todo el mundo es acabar con esto de una vez e irse a casa. Esta es honestamente la verdad, y cualquiera que haya estado en los últimos meses te dirá lo mismo.

De hecho, y esto no es una exageración, la mayor esperanza de la gran mayoría de los hombres es que los disturbios y las protestas en casa obliguen al gobierno a acabar como sea. Ahora ya sabes el estado real de la situación.

Yo también puedo añadir que he perdido prácticamente todo el patriotismo que me quedaba, solo me queda el pensar en todos los que estáis allí, todos a los que amo y que confian en mí para que contribuya al esfuerzo necesario para vuestra seguridad y libertad. Esto es lo único que mantiene y me da fuerzas para aguantarlo. En cuanto a la religión, que Dios me perdone, no es algo que ocupe ni uno entre un millón de todos los pensamientos que ocupan las mentes de los hombres aquí.

Dios te bendiga cariño y a todos los que amo y me aman, porque sin su amor y confianza, desfallecería y fracasaría. Pero no te preocupes corazón mio porque continuaré hasta el final, sea bueno o malo ( ...)

Laurie

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La propaganda de guerra en la prensa francesa

"Las balas alemanas no matan.

Nuestros soldados se han acostumbrado a las balas alemanas (...) Y la ineficacia de los proyectiles es el objeto de todas las conversaciones."

L'Intransigent, 17 agosto 1914

"Excepto cinco minutos al mes, el pelígro es mínimo, incluso en las situaciones críticas. No sé como me las voy a apañar sin pegarme esta vida cuando la guerra acabe."

Petit Parisien, 22 mayo 1915

"La verdad es que algunos (los refugios de Verdún) son relativamente confortables: calefacción central y electricidad (...) La verdad es que uno no se aburría mucho."

Petit Journal, 1 marzo 1916

"Esperábamos la hora del ataque como el que espera una fiesta."

Petit Journal, 3 octubre 1915

"A propósito de Verdún: Las pérdidas han sido mínimas."

Écho de Paris, 25 febrero 1916

(52)

"Tal como estaba previsto, hay en el barrio una extrema penuria de harina y carne. Por consiguiente, la ración de pan queda fijada en 150 gramos por adulto y 75 por niño menor de diez años. Vosotros, panaderos, debéis elaborar una lista exacta de vuestros cliente, adultos y niño, que debéis controlar severamente. Para los carniceros, tomaréis en seguida las mismas disposiciones, la ración será de 75 gramos para los adultos y 47 gramos para los niños. Deberéis racionar según las instrucciones recibidas las legumbres y las patatas y recomendaréis rigurosamente que por economía no se pelesn las patatas antes de cocerlas."

Texto dirigido por el subprefecto de Valenciennes (Francia) a los alcaldes

de los barrios, enero 1917

19.-

El discurso de los Catorce Puntos

"1. Acuerdos de paz negociados abiertamente (...) La diplomacia procederá siempre (...) públicamente.

2. Libertad absoluta de navegación sobre los mares (...)

3. Supresión, hasta donde sea posible, de todas las barreras económicas (...)

4. Suficientes garantías recíprocas de que los armamentos nacionales serán reducidos al límite compatible con la seguridad interior del país.

(53)

6. Evacuación de todos los territorios rusos (...)

7. Bélgica (...) deberá ser evacuada y restaurada.

8. Todo el territorio francés deberá ser liberado (...) El daño hecho a Francia en 1871, en lo que se refiere a Alsacia-Lorena (...), deberá ser reparado.

9. Deberá efectuarse un reajuste de las fronteras de Italia, siguiendo las líneas de las nacionalidades claramente reconocibles.

10. A los pueblos de Austria-Hungría (...) deberá serles permitido, con la mayor premura, la posibilidad de un desarrollo autónomo.

11. Rumania, Serbia y Montenegro deberán ser evacuados (...) A Serbia se le concederá libre acceso al mar (...)

12. A los territorios turcos del actual Imperio otomano se les garantizará plenamente la soberanía (...), pero las otras nacionalidades que viven actualmente bajo el régimen de este Imperio deben (...) disfrutar de una total seguridad de existencia y de poderse desarrollar sin obstáculos.

13. Deberá constituirse un Estado polaco independiente, que comprenda los territorios incontestablemente habitados por polacos, los cuales deberán tener asegurado el acceso al mar (...)

(54)

Discurso del presidente Wilson al Congreso de EE.UU.

8 de Enero de 1918

20.-

Las posturas divergentes de los vencedores: Lloyd George

"Desde todos los puntos de vista, me parece que debemos esforzarnos por establecer un acuerdo de paz como si fuéramos árbitros imparciales, olvidándonos de las pasiones de la guerra.

Este acuerdo deberá tener tres objetivos: ante todo, hacer justicia a los Aliados, teniendo en cuenta la responsabilidad de Alemania en los orígenes de la guerra y en los métodos de guerra; seguidamente, el acuerdo debe ser de tal manera que un gobierno alemán consciente de sus responsabilidades pueda firmarlo estimando que podrá cumplir las obligaciones que hay suscrito; por último, este acuerdo no deberá tener ninguna cláusula cuya naturaleza pueda provocar nuevas guerras, y deberá ofrecer una alternativa al bolchevismo, porque será para las gentes razonables una solución igualitaria del problema europeo."

Memorandum de Lloyd George,

25 marzo 1919.

(55)

Las posturas divergentes de los vencedores: Wilson

"Espero que Vd. esté de acuerdo, en principio, como el Sr. Lloyd George en la moderación que es necesario mostrar con Alemania. No queremos ni podríamos destruirla: nuestro mayor error sería darle razones poderosas para que quisiera un día tomarse la revancha. Cláusulas excesivas sembrarían la semilla segura de la guerra (...)

Es necesario que evitemos dar a nuestros enemigos la impresión de injusticia. No temo para el futuro las guerras preparadas por complots secretos de los gobiernos, sino más bien los conflictos creados por el descontento de las poblaciones. Si nos hacemos a nosotros mismos culpables de injusticia, ese descontento es inevitable."

El Presidente Wilson dirigiéndose a Clemenceau en el Consejo de los 4

22.-

Las posturas divergentes de los vencedores: Clemenceau

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