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Sobre la poesía y la estética de Ramón López Velarde

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Academic year: 2020

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Raúl Leiva

SOBRE LA POESIA

y

LA ESTETICA DE

LOPEZ VELARDE

El 19 de junio de este año se cumplen cincuenta años de la muerte del gran poeta mexicano Ramón López Velarde, ocurrida en 1921; había nacido el 15 de junio de 1888 en Jerez, del Estado de Zacatecas. Una pequeña ciudad de provincia (en la actualidad

~ apenas si llega a los 16,000 habitantes) fue la cuna del hombre que estaba llamado a forjar un nuevo lenguaje poético, afín, por su intensidad y desnudez, a las grandes corrientes universales del simbolismo. Fue, pues, Ramón López Velarde quien sacó a la poesía mexicana del ámbito superficial y retórico del modernismo, incorporándola al latido ecuménico del lirismo contemporáneo.

I. Raz'ces de la poes¡(¡ contemporánea

Exploremos, así sea brevemente, de dónde arranca la poesía contemporánea, no sólo mexicana sino mundial. Indudablemente, fue Edgar Allan Poe (1809-1849) uno de los poetas y críticos que más hizo por dilucidar su naturaleza, por aproximarse a su misterio. Tanto su poesía como sus importantes textos de crítica literaria ayudaron en la trascendental empresa de hallarle un rostro a la poesía, una dirección a su tentativa creadora. Para él, antes que su significado lo que importaba era su misterio, o lo que él llamó su suggestive indefiniteness 01 meaning. Torturado por los torpes oleajes de una sociedad mercantilista y hostil, Poe no fue comprendido en su tierra y su propia y fecunda influencia sobre el idioma inglés tuvo que llegar de manera indirecta: primero deter-minó el rumbo de lo mejor de la poesía francesa del siglo XIX en tres generaciones (Baudelaire, Mallarmé y Valéry) como lo ha señalado lúcidamente el crítico inglés C. M. Bowra en su ensayo

The Background of Modern Poetry;l estos grandes poetas hallaron

en la estética del autor de The Raven la noción de lo que la poesía debía ser. Les proporcionó una teoría que quebró las restricciones del verso francés, dándole una atmósfera de misterio y de asombro que estaba más allá del alcance de sus grandes clásicos. La lógica francesa (según lo ha dilucidado este sabio y poderoso crítico que es Bowra) vio en las doctrinas poéticas de Poe una correcta deducción de premisas auténticas, pues la tarea de la poesía no consiste en comunicar datos sino en crear un efecto espiritual; por lo tanto, debe emplear todos los medios a su alcance para hacer que éste sea vívido y poderoso. Al través de los grandes poetas franceses ya mencionados, cuya influencia ha sido mundial sobre el destino de la poesía contemporánea, y al través de los escritores ingleses que lo amaban y estudiaban, Poe, puntualiza Bowra, ha regresado al idioma en el cual escribió. Fue Baudelarie, no hay duda, quien descubrió a Poe. El reconocimiento universal para sus impares méritos vino después de las extraordinarias traducciones realizadas amorosamente por el autor de Les fleurs du mal. La

poesía contemporánea le debe a Poe muchas de sus inesperadas adquisiciones: su amor a las insinuaciones y sugestiones, su

experi-mentación con palabras poco usuales y ritmos desusados, su renuencia a decir cosas complejas de una manera plana.2

La dialéctica desnudez expresiva de Poe alimentó el ámbito de los mejores poetas del postsimbolismo, en varios idiomas: George, Yeats, Rilke, Valéry, Blok, etcétera; y en nuestro idioma: Bécquer, Martí, Silva, Unamuno, Antonio Machado, González Martínez y, decididamente, López Velarde. En el ámbito mexicano el autor de

Zozobra fue un innovador, no hay duda; pero, desde el punto de

vista mundial, seguía, prolongaba las grandes directrices del simbo-lismo y del postsimbosimbo-lismo.

Como lo expresó Bowra en otro de sus grandes textos esclarece· dores, The Heritage 01 Symbolism,3 estos poetas fueron capaces de

propagar un encantamiento, de crear una impresión duradera en el lector, de forjar un efecto. Como ocurrió en Mallarmé, la obra de estos líricos es capaz de crear un estremecimiento por medio del lenguaje. Crean en los lectores. un estado complejo en el que el significado no lo es todo. Nunca han creído que el silencio sea más expresivo que el canto. Aceptan el hecho de que las palabras poseen un significado, es cierto, pero saben trascenderlo. Creen, asimismo, que la poesía debe transformar al mundo, y que es el espíritu de la canciún y de la música el que debe organizar las nuevas sociedades. Demuestran que los seres y cosas que pueblan la fértil realidad poseen un significado en sus asociaciones y relaciones. Como lo expresó Baudelaire, en el mundo, en la creación, todo se corresponde. La poesía, en sus manifestaciones dinámicas, debe ser un poder que transforme a todo el universo. Todo esto les ha dado a los poetas fuerza y confianza en sí mismos: se han sentido a gusto en su labor y en un mundo al que se sienten capaces de transformar. El poeta debe poseer suficiente libertad para ser él mismo: sólo así podrá crear su arte conforme a sus propias ideas, sin sacrificar nada ante la opinión pública. Puede madurar sus dones y hallar, experimentalmente, todas aquellas posibilidades que sea posible realizar. Puede concentrarse en su técnica hasta que realmente le satisfaga. Para Bowra, en una época en que muchos escritores echan a perder su obra por escribir de acuerdo con la mentalidad del público, los poetas han logrado conservarse intactos. Asimismo, han mostrado que los temas políticos, como tales, no siempre están aliados con la poesía: lo que importa es el tratamiento que se les dé. Si éstos están de acuerdo con el mejor arte del poeta, podrán rendir su propio efecto lírico.4

11. El ensayo de Xavier Villaurrutia

(2)

intitu-ló "Ramón López Velarde", incluyéndolo en su colección de

trabajos Textos y pretextos (literatura, drama y pintura).s Este

ensayo de Villaurrutia deslindó, en forma penetrante, el misterioso

y esencial mundo lírico del autor deZozobra.

Villaurrutia fue de los primeros en intentar, al través de un silencioso diálogo con la obra del jerezano, una elucidación que mostrara la plenitud y originalidad de una poesía que antes sólo había sido examinada en sus aspectos superficiales de catolicidad y provincianismo. En sus días de adolescencia, Villaurrutia conoce personalmente a López Velarde y queda deslumbrado ante su sencilla y misteriosa personalidad. Nos habla de su cara de color

moreno claro (anotemos, de paso, que el autor del El minutero

siempre estuvo totalmente consciente -como sor Juana- de su mestizaje, de su ser de mexicano en donde las vertientes de lo indígena y lo hispano se fundían en una nueva realidad) y de sus grandes manos de un dibujo muy preciso y muy fino. En ese entonces. Villaurrutia escribía una poesía de tono simbolista y, naturalmente, había comenzado a admirar y a estar influido por la obra poética de quien nutría su lirismo en parecidas vetas de misteriosa transfiguración de la realidad. De los simbolistas había tomado la atmósfera vaga y musical, su vaga emanación, su perfume lejano, la conciencia de que la inspiración es hija del trabajo cotidiano, como lo acuñó Baudelaire, maestro de él y de López Velarde. Le mostró algunos de sus primeros versos al autor de La sangre devota y éste mostró interés en uno de sus hallazgos:

bruñe cada racimo, cada pecosa pera. Y era natural, pues ese alejandrino ya mostraba esencias de agudo análisis y de certera observación que le eran familiares a quien había iniciado en México, junto a González Martínez, una nueva época poética con su lenguaje sin mancha. Tres años más tarde, en 1921, cuando López Velarde muere a la edad de 33 años (el joven ViIlaurrutia ten ía apenas 18 años), expresa que sintió "un momentáneo choque interno. y luego nada más". Así, sin retórica, sencillamente, nos narra su dolor.

Al examinar la poesía de López Velarde, Villaurrutia expresa que aquél lograba, "por medio de una acomodación buscada y

calculada, expresiones imprevistas". Ese calcular también es de

nítida esencia baudelaireana. No lo adrnira ciegamente, porque considera que eso sería una forma de injusticia; lo ve en su desnudez esencial, en su lirismo poliédrico, irregular y complejo.

Los prosélitos de Ramón López Velarde -dice- han contribui-do no poco a desvirtuar la personalidad del poeta y a simplifi-car de una sola vez, injustamente, los rasgos de una fisonomía llena de carácter, cambiante y móvil. He dicho sus prosélitos y n,o sus discípulos, pues creo que Ramón López Velarde, poeta sm descendencia visi,ble, no ha tenido aún el discípulo que merece.

Ese enfoque, como todos los de un crítico tan notable, es justo y continúa conservando su vigencia. Más tarde se hace las siguien-tes preguntas:

¿La complejidad espiritual de la poesía de López Velarde es

real y profunda? ¿Fue necesaria la oscuridad de su expresión?

¿Su inesperado estilo fue el precio de su voluntad de exactitud, o solamente de su deseo de singularizarse? ¿Las metáforas de

su poesía eran rebuscadas o inevitables?6

A más de tres décadas de haber sido escrito ese ensayo tan esclarecedor, nosotros respondemos a su inquirir de la manera

siguiente: su complejidad era real y profunda porque fue el

resultado de su ser dual, oscilante entre las fuerzas tremendas de lo sagrado y lo luzbélico; su expresión no fue nunca oscura: lo fueron, sí, las sensibilidades romas de la mayor parte de sus contemporáneos, incapaces de adentrarse en su luminoso universo poético, dueño de un lenguaje insólito; sí: su inesperado estilo fue el precio de su voluntad de exactitud (herencia de Poe y Baudelai-re, como de los posteriores simbolistas y postsimbolistas), y no de un simple deseo de singularizarse; y finalmente, las metáforas de su estilo eran inevitables, porque al través de ellas sintetizaba, espléndidamente, su agudo sentido de las correspondencias inespe-radas entre los seres y cosas que pueblan la cóncava, inabarcable realidad.

(3)

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La autorizada palabra del gran poeta y notable crítico que fue el autor de Nostalgia de la muerte, situó en el justiciero lugar, de

una vez por todas, a un hombre que, surgido del más humilde origen, impulsó a la poesía mexicana por la senda de lo más vital y característico de lo contemporáneo. Fue el creador, en este ámbito, de una nueva lengua poética, devolviéndole a lo lírico su intimidad, sus esencias más desnudas y duraderas. Históricamente, y a escala mundial, más allá de las simples exaltaciones parroquia-les, su sitio está al lado de las voces más puras de la poesía simbolista y postsimbolista. Y es así porque no le preocuparon las doradas superficies, la pompa y joyería barata de un modernismo que, surgido del subdesarrollo cultural, trató de cubrir con cortinas de humo la tragedia viva de nuestros pueblos. López Velarde, al contrario, ahondó en nuestras esencias, sacó a flote conflictos que son de todos, puso al desnudo un alma colectiva que, desde su palabra imantada, alzó el vuelo de lo nacional hacia lo universal. Ese su mérito.

Desde lo simplemente católico y lo accidental de su ser provinciano (y notemos que los mejores poetas de México han nacido en provincia: sor Juana, üthón, González Martínez, Pelli-cer, Gorostiza, Huerta, Chumacero, Bonifaz Nuño, Sabines) López Velarde elevó su lenguaje -terso, transparente, plástico, húmedo-hacia lo intemporal. Sus preocupaciones fueron las de un hombre de nuestro tiempo, crucificado entre los vientos contrarios del erotismo y la religiosidad, como tan notablemente lo dilucidó Con su singular penetración, Villaurrutia explora la poesía de

López Velarde, y a propósito de su libro primero, La sangre devota, expresa que ésta, la sangre, no siempre es devota: "Esta se

turba, se entibia y aun cede ante el impulso de una corriente de sangre erótica al grado que por momentos llegan a confundirse, a hacerse una sola, roja, oscura, compuesta y misteriosa sangre.,,7 y,

luego, este categórico deslinde: "Nunca este poeta está más cerca de la religiosidad que cuando ha tocado el último extremo del erotismo, y nunca está más cerca del erotismo que cuando ha tocado el último extremo de la religiosidad."s

Para VI1laurrutia, los sentimientos que se muestran en la obra de López Velarde no son nunca simples. Está claro: los simples eran sus lectores iniciales, no aptos para adentrarse en su cosmos devorante. El crítico al que estamos analizando se apoya en un filoso pensamiento de André Gide: "lo único que permite creer en los sentimientos simples es una manera simple de considerar los sentimientos." A continuación, explora la indudable influencia de Baudelaire sobre López Velarde, y sostiene que no es la forma lo que el mexicano toma del autor de Mon coeur misiJ. nu, sino su

espíritu, el cual le sirve para descubrir la complejidad del suyo. Las afmes atmósferas y obsesiones de Baudelaire las reconoce como propias.

Lúcidamente, Villaurrutia reconoce que "el amor a lo decorati-vo por lo decoratidecorati-vo, que es vicio de la poesía 'modernista', no aparece, por fortuna, en la poesía del mexicano López Velarde". Exacto. Sobre este categórico antimodernismo del poeta haremos amplia referencia más tarde. A continuación sostiene que, como a todo buen poeta, a López Velarde le quedaba el recurso de hacer pasar los nombres por la prueba del fuego del adjetivo:

... de ella salían vueltos a crear, con la forma inusitada, diferente, que pretendía y muy a menudo alcanzaba a darles. Recobrando una facultad paradisíaca, diose, como Adán o como Linneo, a nombrar las cosas, adjetivándolas de modo que en sus manos los párpados son los "párpados narcóticos"; la cintura, "la música cintura", y el camino, "el camino rubí". Fue así como se convirtió en el creador, en el inventor de expresiones, de "flores inauditas".9

En la parte fmal de su excelente ensayo, Villaurrutia reconoce lo siguiente:

En la poesía mexicana, la obra de Ramón López Velarde es, hasta ahora, la más intensa, la más atrevida tentativa de revelar el alma oculta de un hombre; de poner a flote las más sumergidas e inasibles angustias; de expresar los más vivos tormentos y las recónditas zozobras del espíritu ante los llamados del erotismo, de la religiosidad y de la muerte.

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(4)

IlI. El libro de Phillips

LA SUAVE PATRIA

Xavier Villaurrutia. Ser agónico y existencial que supo mostrar en su poesía la situación conflictiva del ser de nuestro tiempo, estremecido por los oleajes de la angustia y la insatisfacción cósmica. Su drama es el del hombre que supo vivir su tiempo (como César Vallejo) con intensidad e insatisfacción. Por eso nos conmueve, por eso su obra, al comunicarse, al realizarse en el lector de hoy, hace que la compartamos como propia.

Uno de los principales estudios consagrados a la obra de Ramón López Velarde es el de ABen W. Phillips, intitulado: Ramón López Velarde: el poeta y el prosista. ¡ o Aun cuando carece de la

intensidad crítica de Villaurrutia, este autor estudia en los siete capítulos de su obra la vida del poeta, sus ideales estéticos, su concepción de la vida (temas y tonos), sus procedimientos imagina-tivos, su lengua, y finalmente, su prosa. El volumen trae un prólogo de Francisco Monterde.

En la introducción, Phillips reconoce que López Velarde dejó honda huella en la lírica contemporánea con una obra tan intensa como breve, y que supo abrir nuevos horizontes después de la liquidación del modernismo. Así es. Según este crítico, el moder-nismo corresponde, cronológicamente, a la dictadura porfiriana; la literatura contemporánea, a la época de la revolución. Al hacer

IV. López Ve/arde: antimodernista

referencia a Gutiérrez Nájera (1859-1895), Phillips nos dice que este poeta logró expresar, en versos elegantes y aristocráticos, la esencia romántica, combinándola con una perfección formal y una musicalidad muy modernista. Otro poeta importante, Manuel José Othón (1858-1906) aparece todavía más alejado del modernismo. Su poesía, de tipo clasicista, sabe recrear el sentimiento del paisaje mexicano.' "Su visión de la naturaleza no es de ninguna manera impersonal; se instala directamente en el campo, y representa las escenas campestres con toques impresionistas, insuflando en ellas su propia intimidad en un continuo intercambio emocional." En cuanto a otro de los poetas que poseen una real significación como antecesores de López Velarde, Enrique González Martínez (1871-1952), Phillips reconoce que este lírico creó una poesía de introspección (contraria a la línea estética del modernismo) que apuntaba siempre hacia dentro. "Carece de los efectos deslumbran-tes que nos asombran en la obra de Daría, de Lugones, y de Herrera y Reissig, puesto que su inspiración brota de la contempla· ción seria y sostenida de la vida interior del hombre y de las cosas." Como se sabe, el mérito histórico de González Martínez consiste en haberle torcido el cuello a la elocuencia hueca del modernismo.

Ya sobre López Velarde (1888-1921), Phillips afmna que este poeta no se detiene nunca en las superficies y que su trayectoria presenta dos vertientes: una subjetiva y otra objetiva'; "la primera lleva hacia lo interior de su alma, y la segunda, hacia lo más esencial de su circunstancia mexicana. Así profundiza dramática· mente en lo más hondo de su propio ser y, cuando se exterioriza un poco, ahonda en la médula de su patria, para evocarla, no en lo que tiene sólo de típico, sino en toda su más recóndita intimidad". A López Velarde lo ve Phillips como dueño de toda una tradición literaria: parte de la herencia cultural para superarla y afirmar su propia personalidad poética. "Adelantándose a los nuevos conceptos del arte, su obra todavía guarda un aliento de actualidad, una permanencia a través de las sucesivas promociones estéticas, tanto más sorprendente cuanto que López Velarde murió a los treinta y tres años de edad."¡1

En su lirismo esencial y antimodernista, Ramón López Velarde nos descubre un nuevo mundo poético. Su lenguaje no se preocupa de las lustrosas superficies ni de las orquestaciones altisonantes, sino que al través de finos matices, de sugerencias y símbolos, recrea una realidad propia (en su primer libro principalmente la de la vida en provincia) antes no considerada como auténtico material para la poesía. Una realidad sencilla y cotidiana él la transfigura, y al recrearla, ensancha los territorios de la lengua lírica inyectándole vida e intimidad Uno de los primeros críticos que supo ver con

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(5)

Durante los primeros años de este siglo XX circulaban en México numerosas traducciones de los poetas simbolistas europeos (princi-palmente franceses), y el ya citado Phillips asegura en su estudio que no le es dado saber hasta qué punto López Velarde pudo haber llegado a leer en el original a estos poetas. Si no llegó a leerlos en su lengua original, es posible que recibiera esa influencia al través de las versiones publicadas en ese entonces por Balbino Dávalos, y principalmente por Enrique González Martínez, que dio

a conocer sus traducciones en Jardines de Francia (1915) y en

Tres poetas belgas (1918).

Algo más: en 1916, López Velarde y su amigo Pedro de Alba

leyeron unos poemas de Francisco González León (1862-1945) y

decidieron formar con ellos un volumen que llevaría por título

Campanas de la tarde. El libro, según señala Phillips, no llegó a

publicarse sino hasta 1922, ya muerto López Velarde. Pero lo que

aquí nos interesa destacar es la opinión que el autor de Zozobra

tenía sobre González León y algunos postsimbolistas: "Estas cosas solamente González León las hace; son sencilleces de Francis Jammes y elegancias de Samain, son finuras francesas; vamos a ver qué dice la plebe literaria de todas estas raras bellezas.,,14

EL MENDIGO

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hondura la significación de la poesía de López Velarde fue Jesús

Villalpando, quien en un artículo sobre La sangre devota, titulado

"Un libro integralmente personal",12 dijo:

... sencillez en el vaciado de las emociones, desfallecimientos aparentes de estilo y rarezas perfectamente explicables dentro de él, descuido de los preciosismos de la forma para que el pensamiento luzca en toda su pureza salvaje y primitiva y, sobre todo, la indisoluble amalgama del amor y la sensualidad y el sentimiento estético religioso en un fondo de almas y cuadros provincianos.

En este primer libro de López Velarde, Villalpando reconoció que por su unidad de concepción, se trataba de un solo gran poema. En lo que faIla es en decir "descuido de los preciosismos de la forma", cuando era todo lo contrario: sumo cuidado en no caer en la retórica gastada del modernismo.

En el segundo libro de López Velarde,Zozobra, publicado en

1919, dos años antes de su temprana muerte, el gran poeta ahonda en su drama espiritual y abandona un poco los temas de provincia. Como lo han advertido la mayoría de los estudiosos, este libro encierra sus mejores cantos y señala un evidente progreso estético

y estilístico. En esos días, Enrique González Martínez ya señala en

una nota bibliográfica que López Velarde pose ía una emoción delicada y profunda, unida a la imagen nueva y la expresión atrevida. Además, notaba el desprecio con que el poeta veía ciertos halagos de la música exterior del verso, cosa que, como sabemos, era una de las características del modernismo.

En 1921, cuando acaba de morir López Velarde, el mismo González Martínez expresó:

Yo, que tanto lo quería, que lo admiraba tanto, puse alguna vez

reparos en su obra. La malignidad fracasó y nuestra amistad

quedó incólume, porque ella se fundaba en cosas más hondas y

más altas que la miseria humana. Pero aun esos reparos

minúsculos dichos con la simplicidad desnuda a la que es acreedor el hombre fuerte, y perdidos en el torrente impetuoso de mis alabanzas, quiero borrarlos hoy para que el homenaje de mi espíritu vaya a su sepulcro sin la leve apariencia de una sombra...13

En 1907, cuando López Velarde vivía en Aguascalientes, envIo (en unión de sus amigos Eduardo J. Correa, Enrique Fernández

Ledesma y José Villalobos Franco) una nota a laRevista Azul, en

donde defendía a esa publicación, entre otros motivos, por ser "el órgano defensor de los fueros del purismo castellano a la vez que el fustigador del modernismo". Todo esto nos ayuda a ver cuán consciente era el poeta de las limitaciones de esa escuela.

a Malinche. los ídolos a nado. ypoi'encima. haberte desatado del pecho curvo de la emperatriz como del pecho de UDa oodoroiz.

SEGUNDO ACTO.

Suave Patria:tú vales por elrío

de las virtudes de tu mujerío; tU.'J hijas atraviesan como hadas,

ydestilando un invisible alcobol. vestidas ron la8 redes de tu sol, cruzan como botellas alambradas.

Suave Patria: te amo no cual mito, !lino portu verdad de pan bendito. oomo8.niña que asoma por la reja con la blusa corrida hasta la oreja

yla falda bajada hasta el huesito. Inaccesible al deshonor, floreces; creeré entimientras una mejicana en su tápalo neve loa dobleces de la tienda, a la8 seis de la mañana,

yal ..trenar su lujo. quede lleno el país, del aroma del estreno.

Como la sota moza, Patria mía, en piBo de metal, vives al día, de milagro. como la lotería.

Tu imagen. el Palacio Nacional. oon tu misma grandeza y ron tui~ual

estatura de niñoyde dedal. Te dará, frentealhambre Y al ohús, UD higo Sao Felipe de Jesúa.

Suave Patria; vendedora -de chía: quiero raptarte enlacuaresma opaca.

V. Su aproximación al simbolismo

sobre un garañ6n, y con matraca, yentreIOlitiros de la policía.

Tus entrañas no niegan un asilo para el ave que el párvulo sepulte en una caja de carretes de hilo,

ynuestra juventud, llorando oculta dentro deti. el cadáver hecho poma de aves que hablan nuestro mismo idioma.

Si me ahogo en tus julios, amíbaja desde el vergel de tu peinado denso frescura de rebozo y de tinaja. y si tirito, dejas que me arrope en tu respiración azul de incienso yen tus carnosos labios de rompope.

Por tu balcón de palmas bendecidas el Domingo de Ramos. yo desfilo lleno de sombra, porque tú trepidas.

Quieren morir tu ánimaytu estilo, cual muriéndo!1C van las cantadoras que en las ferias, con el bravío pecho empitonando la camisa, han hecho la lujuriayel ritmo de las horas.

Patria, te doy de tu dicha laclAVf':

sésiempre igual, fiel a tu espejo diario; cincuenta veces es igual el AVE taladrada en el hilo del rosario. y es más feliz que tú, Patria suave.

Sé igualyfiel; pupilas de abandono; sedienta voz; la trigarante faja en tus pechugas al vapor;yun trono a la intemperie, cual una sonaja: la carreta alegórica de paja.

(6)

Vemos, pues, que López Velarde sí conocía la obra de algunos poetas franceses de la época. Años más tard~: en 1~~4, Bernard? Ortiz de Montellano, miembro de la generaclOn de Contempora-neos" se preguntaba si López Velarde no sería un lector profundo y atento de la obra de Baudelaire.15 En eso no hacía sino seguir una perspectiva crítica señalada antes por Xavier Villaurrutia, quien había sostenido:

Sería injusto y artificial establecer un paralelo entre ambos poetas, e imposible anotar siquiera una imitación directa o señalar una influencia exterior y precisa. Entre la fonna de uno y otro no media más que un abismo. Pero si un abismo separa la fonna del arte de cada uno, otro abismo, el que se abre en sus espíritus, hace de Baudelaire y de Ramón López Velarde dos miembros de una misma familia, dos protagonistas de un drama que se repite a través del tiempo con desgarradora y magnífica angustia.16

Al igual que otro poeta de lengua francesa, Jules Laforgue, López Velarde logra fundir, en sorprendente contraste (como lo advirtió Phillips), lo metafísico con lo cotidiano. Ambos utilizan procedimientos lingüísticos de violentos e inesperados contrastes. Ambos esconden una inherente tristeza bajo la máscara de la ironía.

Al hablar de Anatole France en una breve prosa incluida enEl minutero,17 López Velarde forja varios conceptos que nos ayudan

en la empresa de conocer su propia estética. Ahí expresa: "Alma sin ira, sólo condenó lo defonne"; y más tarde: "En un lenguaje sin mancha, el melodioso censor vierte las piedades en que se cristaliza su enfado."

Tanto la poesía como la prosa del gran poeta están escritas así: con un lenguaje sin mancha en donde su alma sin ira cristalizó sus experiencias. Porque su dramática vida osciló entre dos dimensio-nes de eternidad: entre lo sagrado y lo sensual, entre lo carboniza· do y lo flameante. Y lo temerario de su poesía es que logró fijar el tiempo desbocado, situar en la cúspide de lo temporal su infinito anhelo de perfección. Sus alertas sentidos visuales, táctiles, olfati· vos y musicales le permitieron aprehender las esencias mas signifi· cativas del simbolismo, arte de sugerencias y de cóncavo misterio. Fusión de lo cotidiano y lo inusitado; del lenguaje coloquial junto al más raro y esplendente. Manejo' de estructuras intensas, no superficiales como en los modernistas. Amargura y burla, dramá. tica insatisfacción y desenfado. La emoción como fuente verdadera de toda creación. "Que la emoción nos mantenga. Que la emoción nos salve. La sinceridad absoluta y simple de emociones y place. res ... He aquí el secreto."l!!

Al cultivo de las letras López Velarde le llamó una filasafia en

acción. Creyó en las virtudes esenciales de la intuición y proclamó,

EL SUEÑO.

DE LOS

GUANTES

NEGROS.

Soñé quelaciudadestabadentro del más bien muerto de los mares muertos. Erauna madrugadadel inviemo ylloviznabangotasde silencio.

No másseñalvivientequelosecos de una llamada a misa, en el misterio de una capillaoceánica,a lo lejos.

De s6bito me salesalencuentro resucitadayoon tus guantesnegros.

Para

volar atí, lediósu vuelo el Espiritu Santo a mi esqueleto.

Alsujetarme oon tus guantes negros

me atrajistealocéano detu8eIlO

ynuestras cuatro manos se reunieron

en medio de tu pechoydemi pecho

oomosifueran los cuatro cimientos delafábrica de los universos.

c!Conservabas tu carne en cada hueso? El enigma de amor se veló entero en la prudencia de tus guantesnegros .••••

De"ElSóndel Corazón"

en "Novedad de la patria", que "sólo por corazonadas nos aproximamos al acierto". Sobre los seres y las cosas (como lo advirtió Phillips) proyectaba su propia espiritualidad, haciendo que alcanzaran la categoría de símbolos. Su mirada original, adánica, descubría impensadas correspondencias en la realidad. Creyó, tamo bién, que la verdadera originalidad poética era la de las sensacio· nes; de ella expresó que era "el sexo mismo del poeta".19

Su ser profundamente reflexivo, indagativo, no se contentaba con las sonoras superficies: sabía ir al fondo de lo real. Fulminado por el esplendor de la vida, por la vastedad táctil de la muerte, sabía transfigurar su propia circunstancia, electrocutándola, ponién· dala en tensión con corrientes mágicas y sagradas, reales yfatales. Su método creador, de raíz intensamente simbolista, queda magní· ficamente dilucidado en este fragmento:

(7)

alma. La suprema nitidez obliga a las buenas gentes a quedarse en tinieblas, como les ocurriría si en lugar de un foquillo eléctrico tuviesen a Sirio a un lado de la cama. Casi todos los que han pedido claridad literaria en el curso de los siglos, han pedido, realmente, una moderación de luz, a fin de guardarse la retina sin choques, dentro de una penumbra rutinaria que les permita andar sin tropiezo.2o

Para López Velarde, lo criollo era "lo que no cabe en lo hispano ficticio ni en lo aborigen de pega". Pugnaba por un arte plena, conscientemente mestizo. Por eso pudo escribir: "Yo anhelo expulsar de mí cualquier palabra, cualquier silaba que no nazca de la combustión de mis huesos.,,2 i

López Velarde llegó a ser un gran poeta porque era dueño de una honda, intensa vida interior. Del mismo texto anterior, que de manera tan exacta y aguda nos ayuda a conocer su propia estética, es este otro fragmento:

Se ha creído que el lujo de la expresión y, en general el ornato retórico, deben buscarse lejos del temblor de las alas de Psiquis. Yo me inclino a juzgar que, por el contrario, para conseguir la más aquilatada elegancia de la expresión, nada mejor que cortar la seda de la palabra sobre el talle viviente de la deidad que nos anima? 2

Su pensamiento es, pues, categórico: está lejos del ornato retórico y de las musicalidades externas del modernismo; lo que le preocupa es cortar la palabra del talle viviente y desnudo de la propia realidad. Por eso añade:

Si un preciosismo artificial o una fría correCClOn purista nos inducen a cortar púrpuras o brocados sobre patrones de gramá-tica y de retórica, para vestir el alma, corremos el riesgo de que la armoniosa y recóndita deidad deseche el brocado y la púrpura, porque no los ajustamos previamente a su talle de mariposa.23

Está claro: en poesía debemos huir de los preciosismos artificia-les del modernismo y de las frías correcciones puristas. Debemos desnudar el lenguaje (como ocurre en Bécquer, en Unamuno, en Antonio Machado, en Vallejo, etcétera) antes que vestirlo con postizos brillos de avalorio. Y más tarde, como auténtico postsim-bolista que es, López Velarde sostiene:

De mi parte, confieso que para recibir el mensaje lacónico de mi propia alma me reconcentro con esa intensidad con que en el abismo de la noche sentimos el latido infatigable de nuestras sienes y estamos escuchando el roce metódico de nuestra sangre

POR ESTE SOBRIO ESTILO

Estamanera de esparcir su aroma

=taar:~e:d~~~o~e~~~:la;

su marfil y su nácar; esta única maneraOODque porta la golilla de encaje; esta manera de tomar 6Umutismo en venero de palabras

y!iUbocaen ahorro ... Esta manera,

:~ ~:ri;;:~ae~~~~':n~~lriros; esta manp.ta de decir mi nombre con mofa y mimo. en bomenaje y burla, como que sabe que mi interno drama es. a la vez, sentimental y cómico; esta manera con que en la honda noche. de sobremesa enV81!O$parlamentos. se abate!iUsonrisa desmayada sobre el mantel; esta feliz manera con que niega &u brazo y con que otorga la emoción. cuando vamos depaseo

~~ :~I~~:a~~oi~6ri~d::¡¡~

...

de amor. te reverencio. estrelle. fiel que gustas de enlulatte: generoso y escondido azahar: rarilativ9: madurez que presides mis treinta años ron la abnegada castidad de un búcaro cuyasrosas adultas embalsaman le. cabecera de un convaleciente; enfermera medroso.; chibida escanciadora; amiga quete turbas con lurbación de niñaalrepasar nuestra común lectura: asustadizo comensal demifiesta: aliada limida; torcaz humilde que zureasalalba. en un tono menor.paratí solal ¡Bien hayas. crcatura pequeiiita y suprema. adueñada de la cumbre del corazón; artista8.un mismo tiempo mínima y pr6oer. que en las manos llevas mi vida como objeto de tu artel Estrella ). azahar: quelemarchites merecida en una paz celibatnria y que~onicescomo un lucero que se exlinguiese en el verdor de un prado o romo Oor que se transfigurase enel0CftS0azul, como en un lecho.

D."La8an4'"1J<ro14"

en la almohada. El alma finca sus delicias en transmitirnos su confidencia; pero exige para ello una soledad y un silencio de alcoba. .. y si me urge desterrar el más borroso vestigio de cosas extrañas a mis sustancias, es porque en mi alma convulsa hay una urgencia de danza religiosa y voluptuosa de un rito asiático. Y la danzante no abatirá sobre mis labios su desnudez ni su frenesí mientras me oiga mascullar una Silaba ociosa.24

(8)

preocupaciones espirituales. López Velarde n~desencarna, si~o q~e

encarna su palabra: la hace vehículo esencIal de su expenencla, latido apasionado de sus sueños y realidades más altos. Como lo dijo a propósito de su entrañable amigo Herrán, su sensualidad fundamenta su obra. Por eso expresó radiantemente su desprecio total y consciente del modernismo:

El escritor de actualidad posee, por ejemplo, esta receta: Patos heroicos. Después de cocidos, se parten en cuartos, se untan de salsa de Marquina, se les cubre con una capa de versos de la "Marcha triunfal" de Daría; se dejan sazonar, y ya fuera de la

lumbre se adornan con picos de cóndores de Chocano?5

Esta terrible sátira no pudo ser más penetrante.Se anticipó, en

varias décadas, a la crítica más reflexiva y vigente sobre el modernismo. Y algo más:

La inversión, en el arte literario, del procedimiento racional, del

procedimiento vital, ha colmado la medida de lo absurdo. Ya el espíritu no dicta a la palabra; ahora la palabra dicta al espíritu.

¡Infeliz dictado el de una esclava a su señor! Hoy se dice:

tengo esta frase que suena bien; pero ¿qué cosa vaya pensar o a sentir, para expresarlo, y encajar, al expresarlo, esta frase que suena bien? El académico tiene su bodega atestada de frases; el modernista ha abarrotado frases; pero ¿qué pensarán o sentirán el académico y el modernista para poner en juego sus frases? He aquí el campo en que ha vencido la palabra y en que

convendría su derrota.26

VI. Un alma al rojo vivo.

La esencial tarea poética de López Velarde consiste en desnudar su

alma, en presentárnosla al rojo vivo; su lenguaje, pues, no se viste

de coloridos innecesarios, ya que su virtud lírica pugna por

expresar matices, símbolos, estados de alma que poseen el mérito de trascenderlo, comunicándose al lector. Todas sus imagenes y metáforas poseen una base real: son estados de experiencia

profun-damente vividos por el autor. A las brasas de su ígnea primavera,

como lo dice en el poema "El candil", de su libroZozobra, las

hace estallar en el propio sentimiento del lector, traspasándole su fuego duradero. Es por medio de abstracciones como lo logra. Su pensamiento poético, ya transfigurado, pega en el blanco de nuestro propio pensamiento por medio de un contagio que crea una atmósfera de pasmo y de fascinación. El tema característico de su poesía es el de la mujer, anegada siempre por dos corrientes contradictorias que en él pactan y se funden: el amor y la muerte,

Eros y Tánatos. Como lo expresó en "Lo soez", nada podía

entender ni sentir sino a través de la mujer: "Por ella, acatando la

rima de Gustavo Adolfo, he creído en Dios; sólo por ella he conocido el puñal de hielo del ateísmo. De aquí que a las IniSIDas cuestiones abstractas me llegue con temperamento erótico."27

No hay duda: fue esetemperamento erótico, el que le permitió

tomar posesión de la realidad, infundiéndole un latido cósInico que continúa vigente. Esa especial imantación de su lirismo le hará

decir, en su "Poema de vejez y de amor" incluido en La sangre

devota:

El fulgur de tus ojos es el mismo

que el de las brasas en el incensario.

Como lo supo señalar Phillips, en el lirismo, lópez o velardiano existe la constante oposición que se establece entre lo que puede ser y lo que queda más allá de toda posibilidad. Para él, la realidad era un pájaro viviente que sabía alzar el vuelo sobre lo pedestre de la existencia, siempre enamorado de la luz. Lo real se le transfor' maba en sueño, y el sueño en realidad: desde estas dos dimensio-nes de absoluto miraba esplender el alma grave de todas las cosas.

A eso se debió su permanente oscilación entre lo sagrado y lo

(9)

ciaJ, su santo paganismo... Esos imanes le dejaban en el centro mismo de la tormenta: distante de Dios y lejanode Luzbel: en la mera torrentada conflictiva, en el dualismo desollado que nunca llegó a resolverse en él plenamente. "En la simultaneidad sagrada y diabólica del universo", como lo dijo en un instante de mosa lucidez. En medio de un horizonte de mariposas de sangre embriagadas con mÍlsiClS sacras, así vivió el poeta su ''hora de melodía, de calma Yde luz, por mí y por toda mi descendencia.

Asíla viviré con una intensidad incisiva, con la intensidad del que quierevivirél sololavida desu raza".2ll

-Desde el centro mismo de su tierra natal, roja , ardiente, el poeta inicia un welo sobre la realidad; anhela escapar de la devorante calcinación y se encuentra con otro fuego mayor: el de la poesía. En eUa arderá su espíritu, comunicándonos el temblor de su carne, la esplendente materia de sus suenos. El texto de su prosa "La última flecha", incluida en

El minutero,

es profundamente baudelairiano: "Nuestra última flecha será milagrosa, porque seremos tan veloces que alcanzaremos a dispararla y a recibirla, desempeftando, en un solo acto, el flechador y la víctima."

A este respecto, recordemos lo ~edecíamos en nuestro ensayo Baudelilire,

nuestro contemportlneo:

9

Mártir Yverdugo de sí mismo,

Héautontimorouménos,

víctima

y sacrificador, vivió su tormentosa vida terrena (como lo expresó él mismo) en una permanente tensión, en el cruce de fuerzas contrarias (el horror y el éxtasis de la vida).

ymás tarde:

éxtasis despierto sacude las alas para remontarse hacia las zonas del esplendor, de la embriaguez definitiva. Todo le pide sangre: la mujer y la estrella,30 porque ha vivido endiosado por la propia Naturaleza que posee flancos de borrasca, aliento de infinito. Y son las bayonetas del deseo las que le permiten herir la realidad para extraerle la vivificante sangre de la belleza. Extrae el color y la forma, la música y el perfume de la vida, para plantarlos como una perpetua oscilación entre los vientos de la muerte. Su agonía está construida entre vaivenes, entre correntadas, entre borrascas que lo llevan a las playas del esplendor. Lo chato y vulgar de lo cotidiano lo transforma en simetría, en euritmia, en latido de lo absoluto. De lo nimio y minúsculo asciende a lo sustancial. Supo descubrir nuevos territorios poéticos, tal como lo seftaló Phillips:

Así va ensanchando en el postmodernismo el terreno lírico, con nuevos temas más humildes. En esa dirección estética, López Velarde pudo captar en las cosas notas apenas advertidas por el ojo normal. Simultáneamente muchos escritores, en muchas latitudes, buscaban la misma salida del modernismo exótico y literarizado. Es decir, la mera presencia de estos temas tiene

Para Sartre el drama de Baudelaire consiste en que se mira a sí mismo desde dentro. Le compara con un mirlo blanco y ciego, cuya mirada reflexiva demasiado grande equivale a la ceguera.

"Le obsesiona la idea de cierta blancura extendida por sus alas, que todos los mirlos ven, de la que todos los mirlos le hablan, y que él es el único en ignorar." Su lucidez le llevará a ser

dos:

el espejo y su imagen; él y el

otro;

su propio testigo y a la vez el verdugo: el

Héautontimorouménos:

le suis le plaie et le couteau Et la victime et le bourreau.

RMAON LOPEZ VElARDE

y

LA

REVOLUClON MEXICANA

Próloflode

EIlMILO ABIlEU GOMEZ

En la suma de penetrada voluptuosidad que es la poesía de López Velarde, la dicha y la desolación se levantan con un henchido latido de río que inunda lo terrestre Lo poético y lo prosaico se unen para extraerle un nuevo acento al lenguaje; la vida y la muerte se abrazan sobre el abismo. Su anhelo despótico es por las cosas perennes, apresadas con una fiera intensidad. Su

(10)

E

N los claros domingos de mi pueblo, es costumbre que en la Plaza descubran las gentiles cabezas las mozas, Ysus ojos reflejan dulcedumbre y la banda en el kiosco toca lánguidas piezas.

y al caer sobre el pueblo la noche ensoñadora, los amantes se miran con la mejor mirada y la orquesta en sus flautas y violín atesora mil sonidos románticos en la noche enfiestada.

Los días de guardar en pueblos provincianos regalan al viandante gratos amaneceres

en que frescos los rostros, elLavalle en las manos,

camino de la iglesia van las mozas aprisa; que en los días festivos, entre "aquellas mujeres no hay una cara hermosa que se quede sin misa.

cierta importancia histórica y agrupa a López Velarde con otros muchos poetas que hacían lo mismo en la segunda década del siglo actual. Sin embargo, creemos que en el poeta mexicano ese procedimiento poético era más que una simple reacción retórica contra la poesía modernista y que constituye más bien un modo peculiar de ver la realidad sin desdeñar las cosas ordinarias que le servían de apoyo para la expresión de sus conflictos íntimos? I

VII. La tarea fundamental: definirse asI' mismo

La batalla poética en que estuvo alineado López Velarde consistió, como tarea fundamental, en definirse a sí mismo, en dejarnos el testimonio de su unicidad. Para él, la intensidad de la vida coincidió siempre con la intensidad de la muerte. De lo concreto arribó a lo abstracto, y viceversa. La angustia y la embriaguez fueron a manera de relámpagos que iluminaron lo oscuro de su existencia desposeída. Siempre se preocupó por situarse en el vértigo del minuto perdurable, para extraerle su núcleo de fulgor e intimidad. Sabía que toda raíz es amarga y esto le hizo exprimirle sus jugos, transformándolos en oleaje poético. Asimismo, supo permanecer indoblegable en medio del flujo y reflujo de lo existencial, erecto, como un faro de humanidad entrañable. A lo inerte lo hizo danzar, sonreír al agua, cuchichear a la lluvia. La

naturaleza toda se humanizó ante el latido tremendo de su ímpetu poético. Porque siempre supo experimentar a la poesía como una sustancia, "libre de los absolutismos de la perfección exterior".

Las palabras poéticas de López Velarde se muestran en libertad, danzando voluptuosamente porque él poseyó en grado sumo "la' lujuria del oficio", la "morbidez del estilo". Lo movía un noble afán de exactitud de verdad para consigo mismo y para con los demás. Su novedad lingüística no responde a la moda sino a la concentración. Su interés por lo nacional supo rebasar lo meramen· te pintoresco y folklórico. Su poesía es musical entendiendo este término no en el sentido periférico de los

mod~mistas,

sino en la manera grave y orquestal de Bécquer y los postsimbolistas, con los que está indudablemente emparentado. Esto lo advertimos en su poema "La estrofa que danza" de su libro Zozobra en donde las rimas anteriores parecen influidas por la poesía' de Edgar AlIan Poe:

con los toques undívagos de tu planta certera que fiera se amanera al marcar hechicera los multánimes giros de una sola quimera.

~ ~eacción de López Velarde es, pues, contra la exterior mUSIcalIdad y solemnidad de los modernistas. Al sustantivo lo individualiza; al adjetivo le da jerarquía. Por eso, González Martí·

NOTAS

1 Londres, Oxford University Press 1969

2 Cf op. cit., p. 9. ' 3 Londres, MacMillan, 1967. 232 pp. 4 Cf;op. cit., pp. 219 Y ss.

tard5eMexOlbco, LaM~asa de España en México, 1940. Volumen incluido más en ras, eXlco, FCE, 1966.

nez nos habló de "sus hallazgos verbales, su desgaire sabio, su nota personal inconfundible".32 Y a propósito de. su prosa, Allen Phillips ha señalado que está escrita bajo el signo de lo lírico: no es modernista:

Le servía siempre, como el verso, de molde para la expresión de auténticas emociones y situaciones espirituales.

Más tarde expresa el citado crítico que la propia poesía de López Velarde tendía a la sencillez, a un lirismo de tipo becque. riano, a cierta suavidad de terna y tono, rasgos generales de estilo que acompañan admirablemente las líneas esenciales que tomaba su poesía en La sangre devota. 33 .

El río sordo y lúgubre de la muerte siempre está presente en la obra de López Velarde, tal como lo hemos visto en este ensayo. El tiempo petrificado logra palpitar dentro del arrobo embriagante de su lenguaje. La intensidad es uno de sus baluartes. Su palabra se esculpe en la carne palpitante de lo real. Estuvo enamorado de lo incorruptible, de las melodías íntegras que conmueven al paso del hombre sobre la tierra. El supo dilucidarlo categóricamente: "Hoy mi tristeza no es tumulto, sino profundidad.,,34 Por eso mismo, el eco entrañable de su poesía continúa resonando en nostros. Es un alimento esencial, animado por la insaciable voluptuosidad.

6 Op. cit., p. 645. 7 Op. cit., p.649. 8 Ibidem.

9 Op. cit., p. 654.

10 Edición del Instituto Nacional de Bellas Artes, Departamento de Literatura, México, 1962. 356 pp.

11 Op. cit.• pp. 26, 32, 36 Y 38, respectivamente.

12 Vida moderna, México, núms. del 28 y 29 de mano de 1916.

13 "Ramón López Velarde", enMéxico Moderno, 1, núms. 11 y 12(lo de nov, 1921), p. 256.

14 Alfonso de Alba. "Liminar", p. 16.

15 "P. S. Baudelaire y López Velarde", enRueca, 111, núm. 12 (México,

otoño de 1944).

16 Textos y pretextos, pp. 21·22.

17 ef pp. 263-264.

18 "El secreto", enEl don de febreroy otras proSl1S, pp. 119 Y 121.

19 "Francisco GonzálezLeón",Ibidem, pp. 319-320.

20 "El alquiler de la vida y delamuerte", enEl don de febrero.

21 "Enrique Fernández Ledesma" y "La derrota de lapalabra".Ibidem,

pp. 255 Y 239.

22 Op. cit., p. 235.

23 Ibidem, pp. 235-236.

24 Op. cit., p. 239.

25 "La derrota delapalabra", p. 235.

26 Ibidem,p. 234.

27 El minutero, p.335.

28 "Meditación en la alameda", enEl minutero, p. 294.

29. México, Ediciones Finisterre, 1967. Véanse pp. 9 Y 18.

30 Cf. el poema "Anima adoratriz".

31 Ramón López Velarde: el poeta y el prosista, citado, pp. 219 y 220.

32. Cf. La apacible locura, México, Cuadernos Americanos, 1951.

Véanse pp. 92-93.

33 CfRamón López Velarde: el poetay el prosista, p.299.

Referencias

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